<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Bolland]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/gonzalo-bolland/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Bolland]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1021192/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Modernos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/modernos_132_2723659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c60bacd4-3966-4d99-8bea-c7ef9f128a4b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fuego hizo el papel de la televisión en una época anterior a la revolución industrial, pero actualmente no hay nada más hipnótico que la pantalla del televisor, el móvil, el ordenador o la tableta</p></div><p class="article-text">
        El hombre, la mujer, siempre ha tendido a dejarse hipnotizar f&aacute;cilmente dado que mantener en suspenso las facultades del cerebro es una manera bastante barata de distanciarse de la fatigosa tarea de pensar. El fuego hizo el papel de la televisi&oacute;n en una &eacute;poca anterior a la revoluci&oacute;n industrial, pero actualmente no hay nada m&aacute;s hipn&oacute;tico que la pantalla del televisor, el m&oacute;vil, el ordenador o la tableta. Contemplar un partido de tenis a trav&eacute;s de la peque&ntilde;a pantalla, por ejemplo, es un narc&oacute;tico muy poderoso, mucho m&aacute;s poderoso que la contemplaci&oacute;n del mar o del fuego que arde en una chimenea.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso a algunas personas les resulte tan f&aacute;cil desentenderse no solo del pr&oacute;jimo sino tambi&eacute;n de la naturaleza para vivir en una completa y televisiva soledad. El futuro es la soledad. La soledad distra&iacute;da con m&aacute;quinas. La soledad de la comida a domicilio y de la pornograf&iacute;a en Internet. Los j&oacute;venes parecen asumir este futuro sin cuestionarlo ya que se han entregado a las nuevas tecnolog&iacute;as con un entusiasmo ciego; como de enamorados o de drogadictos o de feligreses... No cuestionan las consecuencias de esta entrega del mismo modo que los soldados no cuestionan las &oacute;rdenes. La tecnolog&iacute;a les ha aislado.
    </p><p class="article-text">
        Hay j&oacute;venes que ya se pasan el fin de semana encerrados en su habitaci&oacute;n para ver de un tir&oacute;n, seguidamente, todas las temporadas de la serie Breaking Bad, por ejemplo. El contacto con los dem&aacute;s es solo a trav&eacute;s de una pantalla. Todo lo que saben lo saben porque lo leen en ellas. No escuchan las historias de sus mayores porque los mayores no aparecen en sus pantallas. M&aacute;s que desorientados parecen resignados. No pueden concentrarse en nada porque est&aacute;n aturdidos debido a la magnitud de la oferta; aturdidos por las cosas, por la descomunal cantidad de cosas que les son ofrecidas constantemente: coches, motos, patinetes el&eacute;ctricos, m&oacute;viles, ordenadores, zapatillas para hacer deporte, pornograf&iacute;a en internet para no tomarse la molestia de relacionarse con todos los sexos que les son contrarios, v&iacute;deo juegos, tele series, tabletas, viajes, drogas sint&eacute;ticas, marihuana, alcohol, reguet&oacute;n a todas horas...
    </p><p class="article-text">
        Menos trabajo, la sociedad de consumo les ofrece de todo... &ldquo;Algo les oprim&iacute;a&rdquo;, escribi&oacute; el novelista Malcolm Cowley haciendo referencia a la vida de los j&oacute;venes norteamericanos durante el periodo de entreguerras. &ldquo;Era la estupidez de la multitud, la prisa, la velocidad; era la producci&oacute;n en serie, nuestra civilizaci&oacute;n empresarial; o quiz&aacute; era la m&aacute;quina, desarrollada para satisfacer las necesidades de los hombres, pero que ahora controlaba esas necesidades y nos impon&iacute;a sus productos estandarizados mediante una publicidad y una vulgaridad ampliamente propagada&rdquo;. El presente es tan escurridizo, tan pasajero, que nunca resultamos tan modernos como cuando vivimos cometiendo los mismos errores que cometieron nuestros antepasados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/modernos_132_2723659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 May 2019 23:10:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c60bacd4-3966-4d99-8bea-c7ef9f128a4b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="70748" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c60bacd4-3966-4d99-8bea-c7ef9f128a4b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="70748" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Modernos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c60bacd4-3966-4d99-8bea-c7ef9f128a4b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin sustancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sustancia_132_1906951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El hombre ha logrado desarrollar la técnica más rápidamente que su capacidad para comprenderla</p></div><p class="article-text">
        El&iacute;as Cannetti, nacido en Bulgaria, descendiente de jud&iacute;os sefard&iacute;es que vieron c&oacute;mo su Ca&ntilde;ete original, nombre de la poblaci&oacute;n de Cuenca de la que proced&iacute;a, se transform&oacute; en Canneti y autor de una extensa obra literaria en lengua alemana que le proporcion&oacute; en Premio Nobel de Literatura en el a&ntilde;o 1981, escribi&oacute; que &ldquo;sentirse avergonzado de vivir en el siglo veinte es una muestra de decencia humana fundamental&rdquo;. Los 18 a&ntilde;os transcurridos del siglo actual parecen mantener la tendencia ya que la Historia, de pronto, ha dejado atr&aacute;s a la humanidad avanzando vertiginosamente hacia la robotizaci&oacute;n y hacia el estremecedor aburrimiento que ha de derivarse de vivir en sociedades altamente tecnificadas y totalmente deshumanizadas.
    </p><p class="article-text">
        El hombre ha logrado desarrollar la t&eacute;cnica m&aacute;s r&aacute;pidamente que su capacidad para comprenderla, pero no ha desterrado del planeta las guerras, los asesinatos, la opresi&oacute;n, el racismo, las limpiezas &eacute;tnicas y las tremendas desigualdades sociales que han provocado que todos vivamos m&aacute;s cerca de la cat&aacute;strofe econ&oacute;mica personal que nuestros padres. Hay quienes consideran que esta es una raz&oacute;n m&aacute;s que suficiente para a&ntilde;orar los modales victorianos de una &eacute;poca agr&iacute;cola, hedionda, preindustrial y silenciosa donde la ciencia no era el &uacute;nico dios y la tecnolog&iacute;a su sumo sacerdote pero como de momento no hay posibilidad alguna de trasladarse en el tiempo habr&aacute; que reconocer que el dinero o el retiro mon&aacute;stico son las &uacute;nicas posibilidades que nos quedan para huir del tiempo presente y, la verdad, ninguna de las dos parecen demasiado al alcance de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El dinero manda. No es que sea una novedad, pero s&iacute; conviene recordarlo de cuando en cuando dado que a&uacute;n hay personas, j&oacute;venes sobre todo, que consideran que es la democracia quien nos gobierna. El dinero manda sobre todo desde que empezamos a gestionar nuestras sociedades como si fuesen empresas donde nuestros dirigentes pol&iacute;ticos no son m&aacute;s que t&iacute;teres colocados en el centro del escenario por las grandes corporaciones econ&oacute;micas con fines &uacute;nicamente teatrales o cosm&eacute;ticos o caricaturescos...
    </p><p class="article-text">
        Cuando las delictivas pr&aacute;cticas de los bancos comenzaron a arruinar un pa&iacute;s tras otro, millones de ciudadanos, totalmente desencantados con el rescate a los banqueros por parte de los gobiernos, se apartaron del proceso pol&iacute;tico perdiendo toda esperanza de ser algo m&aacute;s que consumidores cuyo valor para la sociedad se mide &uacute;nicamente por la solvencia de su cr&eacute;dito bancario. Tras esa desmoralizante constataci&oacute;n hemos llegado a la curiosa circunstancia que muchos, bastantes ciudadanos, emigrantes incluidos, estamos percibiendo que nuestra identidad nacional no nos garantiza ser gobernados por aquellos dirigentes pol&iacute;ticos que elegimos en las urnas sino por corporaciones multinacionales que nadie ha votado en elecci&oacute;n democr&aacute;tica alguna.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso muchos, bastantes ciudadanos, ya no consideramos que tenga demasiada importancia darnos continuos golpes en el pecho para jurar ante dios, la bandera, la historia y el tertuliano de turno que somos m&aacute;s espa&ntilde;oles que un Cristo de tierra, m&aacute;s belgas que una c&aacute;scara de mejill&oacute;n o incluso m&aacute;s catalanes que Johan Cruyff, ya que reconocemos que nuestra identidad nacional es una cualidad del pasado; - a pesar, eso s&iacute;, de que nos est&eacute; resultando tan entretenido este fan&aacute;tico empe&ntilde;o que los independentistas catalanes est&aacute;n mostrando en su pretendido retorno a la Edad Media.
    </p><p class="article-text">
        La identidad nacional como raz&oacute;n, como sustento existencial, como gran logro que nos llena de orgullo y nos pone en pie para cantar a pleno pulm&oacute;n el himno de la patria - liturgia tan necesaria para mantener el negocio de las competiciones deportivas - a pesar del empe&ntilde;o de los nacionalistas, los movimientos de ultra derecha y otros nost&aacute;lgicos de la tribu, est&aacute; desapareciendo de las vidas de muchos, bastantes ciudadanos, lo mismo que en su d&iacute;a el lat&iacute;n desapareci&oacute; de las liturgias eclesi&aacute;sticas. No por que hayamos alcanzado la sabidur&iacute;a de no limitarnos con fronteras, lenguas, mojones, danzas folkl&oacute;ricas y dem&aacute;s distinciones ni por que consideremos que todos nuestros semejantes son nuestros hermanos tanto en la dicha como en la desgracia, sino porque las corporaciones econ&oacute;micas que nos gobiernan han decidido identificarnos tan solo como valor econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Para &eacute;stos, los hombres y las mujeres solo podemos tener dos identidades: la de consumidores o la de pobres desheredados. Lo &uacute;nico que realmente quieren saber de nosotros es si pertenecemos a una familia que vive bajo techo o a una familia que vive en cajas de cart&oacute;n; si somos gente que atraviesa r&iacute;os, oc&eacute;anos y monta&ntilde;as para instalarnos en la tierra prometida o gente que nos aburrimos en la tierra prometida; personas que compramos tornillos, zapatos, casas, alfileres, carne picada, puestos de trabajo y t&iacute;tulos acad&eacute;micos o personas que no compramos m&aacute;s que pa&ntilde;uelos de papel con los que sonarnos los mocos....
    </p><p class="article-text">
        Todos, eso s&iacute;, s&uacute;bditos ya de un capitalismo que ha liquidado para siempre el dogma de la fiabilidad del mercado, la religi&oacute;n del crecimiento y el mito de la meritocracia pero que nos obliga a movernos en la superficie de las cosas como tiburones. Es decir, siempre adelante. Justo hasta el borde del precipicio. Masas gigantescas, an&oacute;nimas y cada vez m&aacute;s desprotegidas de individuos de todas las razas, todas las religiones y todas las culturas que nos movemos siempre adelante haciendo lo que nos dicen que hay que hacer; o sea, producir como esclavos nubios, atender a la realidad que los medios de comunicaci&oacute;n nos impone, comprar en Zara, Amazon, Microsoft, Mercadona, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera para, as&iacute;, hacer m&aacute;s ricos a los ricos y tirar, luego, los fines de semana viendo pel&iacute;culas insustanciales, escuchando canciones insustanciales, leyendo tuits insustanciales, cocinando hamburguesas insustanciales y me&aacute;ndonos de gusto cada vez que Cristiano Ronaldo, o alg&uacute;n otro insustancial, marca un gol, escupe o cambia de peinado...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sustancia_132_1906951.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Oct 2018 18:59:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sin sustancia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desprotección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/desproteccion_132_1980244.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">ETA consiguió que el Estado prácticamente desapareciera en nuestra comunidad autónoma, con lo que ha supuesto de desprotección para los vascos no nacionalistas</p></div><p class="article-text">
        Tras la disoluci&oacute;n de los terroristas de ETA, muchos pol&iacute;ticos de nuestro pa&iacute;s, entre otros el &uacute;ltimo ministro de interior socialista Alfredo P&eacute;rez Rubalcaba, declararon a los medios de comunicaci&oacute;n que &ldquo;ETA ha estado cincuenta a&ntilde;os matando y al final no ha conseguido nada, absolutamente nada&rdquo;. No es cierto. No es cierto ya que entre otras nader&iacute;as ETA consigui&oacute; que el Estado pr&aacute;cticamente desapareciera en nuestra comunidad aut&oacute;noma, con lo que eso ha supuesto de desprotecci&oacute;n para los vascos no nacionalistas.
    </p><p class="article-text">
        Los militares, por ejemplo, han tenido prohibida la utilizaci&oacute;n de sus uniformes en nuestras calles desde los comienzos de la Transici&oacute;n democr&aacute;tica. El himno espa&ntilde;ol es una reliquia que los m&aacute;s viejos del lugar aseguran haber escuchado durante la dictadura franquista. La bandera nacional no ha sido contemplada en lugar alguno de nuestra comunidad sino era para envolver los ata&uacute;des de los guardias civiles asesinados.
    </p><p class="article-text">
        Los profesionales vascos no nacionalistas no aparecen en los medios de comunicaci&oacute;n p&uacute;blicos ni aunque descubran una vacuna para curar el fanatismo. La &uacute;ltima distinci&oacute;n que recibi&oacute; un trabajador de la cultura que ejerciera su labor en lengua castellana se remonta a alg&uacute;n c&oacute;dice escrito en una edad indeterminada. Las selecciones nacionales deportivas no celebran partido alguno en nuestras instalaciones ni aunque Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza resuciten de entre los muertos y resulta del todo imposible vislumbrar a alguno de nuestros ni&ntilde;os vistiendo una camiseta de la selecci&oacute;n nacional en ese cotidiano despliegue infantil de vestimentas del Athletic, la Real, el Alav&eacute;s o la selecci&oacute;n de Euskadi.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde ha quedado el Estado espa&ntilde;ol en nuestra comunidad? Seguramente en los tribunales de justicia, la liga de f&uacute;tbol, las escasas visitas reales y en el dinero que recibimos merced al Cupo derivado del Concierto Econ&oacute;mico con el que C&aacute;novas del Castillo nos obsequiara permitiendo, as&iacute;, el desarrollo de la econom&iacute;a vasca durante los decisivos a&ntilde;os de la revoluci&oacute;n industrial.
    </p><p class="article-text">
        Los nacionalistas tambi&eacute;n son muy amantes del dinero, que en esto no buscan la discordancia con el resto de los habitantes del planeta sino m&aacute;s bien todo lo contrario. No todo se va a reducir a la reivindicaci&oacute;n del pintxo, la chistorra, los gudaris, el Aberri Eguna, el arrastre de bueyes y las canciones de cuna y salitre que se entonan a los postres de abundantes y suculentas cenas sino tambi&eacute;n al dinero, que este, no provoc&aacute;ndoles el mismo entusiasmo que la demagogia sentimental, les gusta tanto como a cualquiera, que en esto no hay diferencias de lengua, raza o religi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Poco importa de donde venga. Poco importa si con eso consiguen lo que los diferentes lehendaharis han repetido tan a menudo: que aqu&iacute; se viv&iacute;a de cojones; tan cojonudamente bien que lo propio ser&iacute;a entonar continuas alabanzas a nuestro se&ntilde;or no solo por esta cat&oacute;lica gracia, que, curiosamente, durante la dictadura etarra a los no nacionalistas nunca nos fue tan alegremente concedida, sino tambi&eacute;n por los maravillosos obispos con los que fuimos bendecidos durante los a&ntilde;os de la barbarie terrorista.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo hecho para soportar aquella demoledora barbarie. Lo sufrido. Lo admitido. La resignaci&oacute;n con la que se aceptaron los asesinatos. El silencio. El miedo. Los destierros. La historia falseada y la escasez de trabajo &ndash; reservado este para quienes comulgaban con la doctrina localista &ndash; junto con las concesiones que se hicieron a los nacionalistas, tuvieron como prop&oacute;sito facilitar la convivencia dentro de nuestra comunidad aut&oacute;noma, pero una vez suprimidos los s&iacute;mbolos espa&ntilde;oles, viviendo casi de prestado, sin himno ni bandera, sin m&aacute;s referencias espa&ntilde;olas que los parientes de visita y limitados en nuestra vida cotidiana debido a la amenaza terrorista, los vascos no nacionalistas, permanentemente amedrentados pero aun as&iacute; manteniendo la escasa dignidad que en esos b&aacute;rbaros a&ntilde;os se respiraba en esta comunidad.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de los jud&iacute;os alemanes durante los a&ntilde;os 1933&ndash;1945, contamos cuando menos con la protecci&oacute;n de las Fuerzas de Seguridad del Estado para hacer frente a los b&aacute;rbaros, a sus corifeos y a los abusos del r&eacute;gimen nacionalista que tan vergonzosamente nos gobern&oacute; durante los a&ntilde;os en los que monse&ntilde;or Arzalluz nos vilipendiaba en sus muchas homil&iacute;as. En aquellos a&ntilde;os la presencia de los terroristas en nuestra cotidianidad tambi&eacute;n permiti&oacute; la transformaci&oacute;n de Bilbao; la villa, seg&uacute;n Miguel de Unamuno, que tuvo que defender su liberalismo durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX ante &ldquo;el embate de los jebos que llevaron a ella sus mezquinos rencores y sobre todo una grotesca mentalidad que se apacienta en liturgia, ortograf&iacute;a, leyendas de contrabando y en el fondo una monstruosa vanidad rural de aldeano que se ha hecho se&ntilde;orito en la villa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los liberales bilba&iacute;nos, orgullosamente invictos, resistieron durante a&ntilde;os los bombardeos carlistas, pero lo cierto es que los aldeanos que se hicieron se&ntilde;oritos en la villa, finalmente lograron vencer esa resistencia; sutilmente; sin bombardeos; tomando prestada la amenaza terrorista para conseguir sus prop&oacute;sitos, libr&aacute;ndose de los maquetos merced a las sucesivas reconversiones industriales, aprovech&aacute;ndose del destierro forzoso de muchos bilba&iacute;nos no nacionalistas, falseando la historia a las desdichadas generaciones que nos han de suceder, negando la capacidad de los no nacionalistas para defender los intereses de Euskadi y copando todos los puestos de trabajo: los negociados de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, la televisi&oacute;n, las cajas de ahorros, los museos, las cooperativas, las fiestas patronales, la devoci&oacute;n hacia la virgen de Bego&ntilde;a y hasta la historia de un club, el Athletic de Bilbao que se hiciera legendario, &uacute;nico, durante el terrible siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto es lo que a partir de ahora tratar&aacute;n de negar no solo quienes han abandonado las armas sino tambi&eacute;n aquellos que situ&aacute;ndose en la Universidad, los Ayuntamientos, las C&aacute;maras de Comercio, los medios de comunicaci&oacute;n p&uacute;blicos y otros centros de poder, a&uacute;n consideran que nosotros, los no nacionalistas, siendo unos supervivientes afortunados, nunca llegaremos a ser tan suficientemente vascos como monse&ntilde;or Seti&eacute;n, Egibar, Otegui, Ortuzar, Josu Ternera&hellip; y todos aquellos que por nacimiento o por resoluci&oacute;n divina, supongo, se consideran a s&iacute; mismos los vascos puros; los aut&eacute;nticos.
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s vascos, por supuesto, que la hierba que pisas cuando, en un atardecer cualquiera, subes al Pagasarri para contemplar c&oacute;mo, de noche, las luces de la antigua villa liberal de Bilbao, hoy agazapada bajo la boina nacionalista, parpadean en una lejan&iacute;a mon&oacute;tona, multitudinaria, desmemoriada y casi siempre lluviosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/desproteccion_132_1980244.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Aug 2018 16:38:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Desprotección]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Corrupción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/corrupcion_132_2765736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El precio de nuestra sociedad es muy barato; bastan con que nos alimenten con unos cuantos partidos de fútbol, un salario de mierda en un puesto de trabajo de mierda, mucha teleserie....</p></div><p class="article-text">
        No hay servidumbre mayor que la del dinero. Ni siquiera la del sexo, a pesar de que Jacques Brel dijera que hab&iacute;a conocido a aut&eacute;nticos criminales que las mujeres hab&iacute;an transformado en poetas. Los que habitamos este tiempo mediocre hemos entregado nuestra alma a los contables y todas las pasiones que hoy nos conmueven no se derivan ni de la religi&oacute;n ni del sexo ni de la ideolog&iacute;a sino de la cuenta de resultados; es decir del balance econ&oacute;mico de p&eacute;rdidas y ganancias.
    </p><p class="article-text">
        Las personas que nos interesan, aquellas a las que les prestamos una mayor atenci&oacute;n, son las que pueden proporcionarnos dinero ya sea mediante un puesto de trabajo, un negocio, una herencia o una recalificaci&oacute;n de los terrenos que el abuelo reg&oacute; con su sudor durante los a&ntilde;os de la alpargata, el caudillo, el seiscientos, las sopas de ajo y el vino con gaseosa. La corrupci&oacute;n se ha instalado as&iacute; en nuestras almas del mismo modo que el fascismo se ha instalado en la Presidencia de la Generalitat de Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Las personas ricas en pa&iacute;ses tan pobres como el nuestro, pa&iacute;ses castigados por los curas, las moscas, una aristocracia gandula y un sol de l&aacute;tigo, hebraico, no encuentran demasiadas dificultades para comprar a quienes necesiten para conseguir aquello que necesiten. Los constructores espa&ntilde;oles, por ejemplo, han destrozado Espa&ntilde;a, con perd&oacute;n, comprando a los alcaldes, los concejales, los notarios, los jueces, los periodistas, los polic&iacute;as, los registradores de la propiedad y otros diversos ciudadanos de much&iacute;simas comarcas nacionales para construir rascacielos, murallas arquitect&oacute;nicas, horrorosas colmenas de hormig&oacute;n y monstruosas urbanizaciones sobre arenales de dominio p&uacute;blico, desfigurando, as&iacute;, hermosos litorales, pueblos pesqueros, municipios singularmente hist&oacute;ricos y talando espl&eacute;ndidas, centenarias y frondosas arboledas que civilizaban el violento calor del verano.
    </p><p class="article-text">
        Todos tenemos un precio, que cantaba V&iacute;ctor Manuel hace muchos, much&iacute;simo a&ntilde;os, cuando la m&uacute;sica era una religi&oacute;n, la palabra una voluntad inteligente y la cultura una aspiraci&oacute;n noble, l&oacute;gica, posible a no ser que uno quisiera ser tonto, fan&aacute;tico nacionalista o miembro numerario del Opus Dei. El precio de nuestra sociedad es muy barato; bastan con que nos alimenten con unos cuantos partidos de f&uacute;tbol, un salario de mierda en un puesto de trabajo de mierda, mucha teleserie, mucho internet, mucha tertulia, mucho alcohol barato y mucho viaje a Benidorm con el Inserso  para que desistamos de nuestro compromiso diario de hacer de Espa&ntilde;a, con perd&oacute;n, un pa&iacute;s no solo de ciudadanos medianamente decentes sino tambi&eacute;n medianamente conscientes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/corrupcion_132_2765736.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Jun 2018 19:09:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Corrupción]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Corrupción,Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feedback]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/feedback_132_2124028.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Para él, como para todo los vascos que he conocido, los demás no somos más que unos pobres paletos que hace tres telediarios que hemos descubierto el agua corriente, los sacapuntas y el abecedario.."</p></div><p class="article-text">
        En un bar del Sardinero, en Santander, capital c&aacute;ntabra donde como en el resto del pa&iacute;s reina sin oposici&oacute;n alguna la hija m&aacute;s despiadada o m&aacute;s espabilada de Emilio Bot&iacute;n, adem&aacute;s de servir una curiosa combinaci&oacute;n de vino y vaya a saber usted qu&eacute; en unos porrones de cristal transparente, tienen la arraigada costumbre de no dar nunca la raz&oacute;n a los clientes. Su due&ntilde;o, un cuarent&oacute;n profundamente santanderino, calvo, tozudo, con un par de matrimonios rotos y una interminable capacidad para discutir de todo con todos, tiene la tarde metida en asuntos raciales y territoriales asegurando que los vascos tendemos a la soberbia porque esa es la &uacute;nica manera que hemos encontrado para disimular no solo nuestra timidez sino nuestra incapacidad para mantener una conversaci&oacute;n ya que, como largamente demostrara nuestro vasco m&aacute;s ilustre, o sea, don Miguel de Unamuno, tendemos al mon&oacute;logo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ten&iacute;a yo por aqu&iacute; un cliente de Sestao, un bebedor formidable, por cierto, que lo hablaba todo pero, eso s&iacute;, nunca le vi entablar conversaci&oacute;n con nadie. El t&iacute;o pontificaba; todo cuanto dec&iacute;a era como si lo estuviese diciendo el Papa, o sea un dogma de fe. Para &eacute;l, como para todo los vascos que he conocido, los dem&aacute;s no somos m&aacute;s que unos pobres paletos que hace tres telediarios que hemos descubierto el agua corriente, los sacapuntas y el abecedario... Joder, poco le importaba al t&iacute;o que aqu&iacute; estuvi&eacute;ramos hablando del Racing porque llegaba y de inmediato, sin saludar ni hostias, te comenzaba a largar un discurso sobre las casas colgantes de Cuenca, los negocios de Jes&uacute;s Gil, el material del que est&aacute;n hechos los pantalones vaqueros o de cualquier otra estupidez. Era inagotable el t&iacute;o, inagotable. El muy cabr&oacute;n no paraba de largar hasta, eso s&iacute;, que se le sub&iacute;a el vino a la cabeza y sal&iacute;a de aqu&iacute; dando traspi&eacute;s; borracho y convencido de que hab&iacute;a estado instruyendo a una manada de borregos. Adem&aacute;s el muy soberbio, que eso es lo que todos los vascos sois, jam&aacute;s acept&oacute; que nadie le pagara un vino y no es que fuera un multimillonario sino que se cre&iacute;a mejor que los dem&aacute;s, m&aacute;s importante que nadie, que en eso sois como los catalanes, que siempre os cre&eacute;is mejores que los dem&aacute;s y que si ten&eacute;is la m&aacute;s m&iacute;nima ocasi&oacute;n de demostrarlo perd&eacute;is el culo con tal de hacerlo... Hace tiempo que el muy cabr&oacute;n no viene por aqu&iacute;... Pero, joder lo que beb&iacute;a el t&iacute;o, joder... Seg&uacute;n me dijeron los hijos le internaron en una residencia porque hab&iacute;a comenzado a perder la cabeza, pero...&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
         Santo cielo, le digo, dejate de host&iacute;as que hace media hora que te he pedido un botell&iacute;n y un bocadillo de rabas... 
    </p><p class="article-text">
         Ya est&aacute; el vasco dando &oacute;rdenes, me responde...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/feedback_132_2124028.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 May 2018 18:07:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Feedback]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feministas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/feministas_132_2230425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fbe35b47-162d-4585-b1bf-1d4ac8ca54cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿De qué estamos hablando ahora? ¿De qué las mujeres logren la igualdad real con los hombres o de cambiar los valores de una sociedad aburrida, avejentada......?</p></div><p class="article-text">
        En los inicios de la revoluci&oacute;n industrial, que ha acabado saturando de coches el planeta, la vida de las mujeres trabajadoras se reduc&iacute;a a fregar, guisar, trabajar y parir, atrapadas, as&iacute;, en una espiral de faena que no les daba respiro, hasta que las hilanderas y las tejedoras de Lancashire comenzaron a reunirse en asociaciones, tiendas cooperativas y sindicatos como la Women's Trade Union League para rebelarse e iniciar el movimiento en favor de los derechos de la mujer.
    </p><p class="article-text">
        Las sufragistas inglesas del siglo XIX y primeros a&ntilde;os del XX eran espectaculares en sus acciones; arrojaban piedras contra los escaparates de Oxford Street, por ejemplo, o contra las ventanas de los despachos parlamentarios y ministeriales, adem&aacute;s de hacer huelgas de hambre o de lanzarse a la pista durante el derby de Epson para detener el caballo del Rey y morir en el intento como le ocurri&oacute; a la sufragista brit&aacute;nica Emily Wilding, el cuatro de junio de 1913. No obstante gran parte de sus reivindicaciones se limitaban a querer ser mujeres &lsquo;Eduardianas&rsquo; con derecho al voto y libre acceso a la sociedad, sin que por ello aspirasen a transformar la base sobre la que dicha sociedad se hab&iacute;a construido.
    </p><p class="article-text">
        En el continente, por el contrario, un buen n&uacute;mero de feministas de lengua alemana quer&iacute;an el voto como un preliminar a cambios muchos m&aacute;s profundos. No solo reclamaban su derecho a la participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica mediante el sufragio sino que cuestionaban la relaci&oacute;n entre el hombre y la mujer adem&aacute;s de interrogarse sobre asuntos que entonces se ten&iacute;an por incuestionables; asuntos como el matrimonio y la sexualidad, el amor libre, la planificaci&oacute;n familiar, el aborto, la homosexualidad, la religi&oacute;n, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera...
    </p><p class="article-text">
        Todo esto se analizaba en debates, panfletos y discursos a la espera de una transformaci&oacute;n total de los valores sociales de la &eacute;poca anterior a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en las islas brit&aacute;nicas estas ideas continentales se trataban con un cierto escepticismo o se recib&iacute;an con una total hostilidad pues se consideraba que minaban la respetabilidad del movimiento feminista, adem&aacute;s de negar rotundamente que las reivindicaciones de las mujeres pudieran vincularse con ataques al matrimonio, la monarqu&iacute;a, la religi&oacute;n establecida y la familia tradicional. La historia del feminismo discurre desde entonces entre estas dos corrientes.
    </p><p class="article-text">
        La corriente que reclama la igualdad con los hombres y la corriente que adem&aacute;s lucha por una transformaci&oacute;n radical de la sociedad. &iquest;De qu&eacute; estamos hablando ahora? &iquest;De qu&eacute; las mujeres logren la igualdad real con los hombres o de cambiar los valores de una sociedad aburrida, avejentada, desigual, hortera y profundamente anestesiada con tanta teleserie, tanto m&oacute;vil, tanto f&uacute;tbol, tanto tertuliano y tanta frase hecha? La respuesta est&aacute; en el viento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/feministas_132_2230425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Mar 2018 16:47:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fbe35b47-162d-4585-b1bf-1d4ac8ca54cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="61298" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fbe35b47-162d-4585-b1bf-1d4ac8ca54cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="61298" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Feministas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fbe35b47-162d-4585-b1bf-1d4ac8ca54cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Social democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/social-democracia_132_2900686.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestra izquierda política parece que aún no ha comprendido que los nacionalismos, todos, son profundamente contrarios al humanismo del que se deriva la social democracia entendida esta como una visión del mundo que rechaza las supersticiones, las pseudociencias y los fanatismos</p></div><p class="article-text">
        Una vez pasadas las fiestas navide&ntilde;as el mundo vuelve a discurrir en su vertiente m&aacute;s com&uacute;n y cotidiana, que es precisamente lo primero que se sacrifica en estas fiestas. Las bombillas se descuelgan de los &aacute;rboles. Los nacimientos se retiran. Los abetos artificiales se guardan en los armarios trasteros y as&iacute;, poco a poco, los adornos navide&ntilde;os van desapareciendo de nuestras vidas del mismo modo que las felicitaciones navide&ntilde;as desaparecen de los buzones para dar paso de nuevo a las facturas, los extractos bancarios, las multas, las recomendaciones urbanas y los folletos publicitarios.
    </p><p class="article-text">
        Casi siempre entramos en estas festividades con la intenci&oacute;n de no sucumbir a su t&eacute;rmino, con el vago prop&oacute;sito de no perdernos finalmente en un melanc&oacute;lico laberinto de recuerdos borrosos, paquetes deshechos, deseos frustrados, despedidas, viajes de regreso y dem&aacute;s distancias. Pero lo cierto es que ahora, en la memoria, ya solo quedan restos de las celebraciones lo mismo que en las bandejas de algunos frigor&iacute;ficos a&uacute;n quedan lonchas de jam&oacute;n desperdigadas junto a peque&ntilde;os racimos de uvas, latas de pat&eacute;, tartas desmigadas, trozos de turr&oacute;n, botellas descorchadas y langostinos sobrantes... 
    </p><p class="article-text">
        Nunca resulta f&aacute;cil reencontrarse de nuevo con la rutina. En estos d&iacute;as, muchos de nosotros tenemos que hacer un peque&ntilde;o esfuerzo mental para recordar quienes somos, para percibir, de nuevo, el material del que realmente estamos hechos. Por eso, tras el par&eacute;ntesis navide&ntilde;o, no parece que est&eacute; de m&aacute;s detenerse un instante frente el espejo tratando no solo de certificar el nuevo volumen adquirido por nuestro cuerpo sino tambi&eacute;n de reconocerse, de nuevo, en alguna de nuestras certezas. Un servidor, por ejemplo, por hablar de alguien de quien tengo alg&uacute;n conocimiento aunque sea m&iacute;nimo, es una persona plenamente convencida de que los grandes beneficiados de la crisis catalana son los periodistas catalanes que tan buen rendimiento econ&oacute;mico le est&aacute;n sacando y que siendo Espa&ntilde;a, con perd&oacute;n, un pa&iacute;s de localistas - Josep Pla dec&iacute;a que tambi&eacute;n somos un pa&iacute;s de hambrientos, onanistas y perturbados - a&uacute;n no hemos entendido bien que somos los ciudadanos los que tenemos derechos, cada vez menos, eso s&iacute;, no los territorios. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestra izquierda pol&iacute;tica, por ejemplo, parece que a&uacute;n no ha comprendido que los nacionalismos, todos, incluso los que se adornan con tirabuzones en el pelo, arco iris en las pancartas, porros colgando de la comisura de los labios, canciones de Bob Marley en los mitines y estribillos de Lluis Llach entonados en pretendidas juergas patri&oacute;ticas, son profundamente contrarios al humanismo del que se deriva la social democracia entendida esta como una visi&oacute;n del mundo que rechaza las supersticiones, las pseudociencias y los fanatismos. En resumidas cuentas una social democracia que rechaza todo aquello que se constituye con el &uacute;nico prop&oacute;sito de diferenciarse de los dem&aacute;s mediante una religi&oacute;n propia, una raza, una patria, una lengua o una manera particular de estar en el mundo mientras, distraidamente, se cocinan coles de Bruselas, se menosprecia a quienes no comulgan con nuestros mandamientos identitarios o se enarbolan banderas en los balcones de Madrid, en los batzokis del Pa&iacute;s Vasco o a las puertas de la c&aacute;rcel de Extremera. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/social-democracia_132_2900686.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jan 2018 14:06:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Social democracia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Éxito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/exito_132_2998192.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En Cataluña ya han descubierto que dado que la naturaleza humana es fundamentalmente primaria el triunfo es tan solo una cuestión tribal de modo que el éxito en dicho territorio se mide, actualmente, por el odio que generas al considerarte unionista o al considerarte independentista</p></div><p class="article-text">
        Hablan en una de esas tertulias que tanto abundan en los medios audiovisuales del &eacute;xito social. No creo que nadie sepa muy bien que es el &eacute;xito, ni social, ni no social, aunque siempre he sospechado que en este pa&iacute;s el &eacute;xito casi siempre ha consistido en sobrevivir tanto ahora, en esta democracia reglada por banqueros, constructores, concejales de urbanismo y siniestros propietarios de medios de comunicaci&oacute;n, como en las muchas dictaduras que tuvieron que sufrir nuestros antepasados.
    </p><p class="article-text">
        En este mundo todo es pasajero, todo, tanto el aburrimiento como la diversi&oacute;n, el entusiasmo como la depresi&oacute;n, todo menos la voluntad humana de triunfar en la vida. El problema es que el &eacute;xito social tambi&eacute;n est&aacute; sujeto a los caprichosos vaivenes de las modas, el tiempo y las envidias que provoca. Durante la posguerra espa&ntilde;ola, por ejemplo, el &eacute;xito era no morirse de hambre, despiojarse, tener un cura que velara por tu supervivencia y disfrutar del don de mantener el brazo en alto el tiempo suficiente ante el retrato del Caudillo como para que te nadie te delatara por rojo, mas&oacute;n, homosexual o contrario al r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta, para muchos vascos, el &eacute;xito consist&iacute;a en viajar hasta Madrid para comer una paella en Riscal, comprar penicilina en Chicote y bailar, luego, en Pasapoga con una rubia muy oxigenada que llevaba sobre los hombros desnudos un abrigo de mut&oacute;n. M&aacute;s tarde, durante los a&ntilde;os sesenta, el &eacute;xito se confundi&oacute; con el tama&ntilde;o del coche que conduc&iacute;as, con tener suficiente pelo como para hacerte pasar por un hippie californiano o con haber estado en las barricadas parisienses asegurando que bajo los adoquines estaba la playa y as&iacute; hasta nuestros d&iacute;as en que el triunfo social en esta lluviosa comunidad se mide por el l&iacute;mite del cr&eacute;dito que te concede la caja de ahorros para comprarte una segunda, tercera o cuarta residencia; por la cantidad de palmadas que puedes propinar sobre la espalda de alguno de nuestros cocineros m&aacute;s c&eacute;lebres; por el n&uacute;mero de invitaciones que recibes para inaugurar cualquier sandez en el Guggenheim o por los viajes ocasionales que te permiten disfrutar, alegremente, de la piscina, los restaurantes, la sauna, los campos de golf y las &ldquo;se&ntilde;oritas de compa&ntilde;&iacute;a&rdquo; m&aacute;s selectas en alguno de los hoteles m&aacute;s lujosos de este desdichado planeta.
    </p><p class="article-text">
        Y si adem&aacute;s esto &uacute;ltimo corre a cargo de alguna administraci&oacute;n p&uacute;blica, ya sea municipal, auton&oacute;mica, estatal o europea, no cabe la menor duda de que, uno, salido del vientre de su madre tas desvalido como cualquier hijo de vecino, ha triunfado en la vida.
    </p><p class="article-text">
        En Catalu&ntilde;a, sin embargo, ya han descubierto que dado que la naturaleza humana es fundamentalmente primaria el triunfo es tan solo una cuesti&oacute;n tribal de modo que el &eacute;xito en dicho territorio se mide, actualmente, por el odio que generas al considerarte unionista o al considerarte independentista. Cuantas m&aacute;s personas te odien por tu condici&oacute;n de unionista o por tu condici&oacute;n de independentista m&aacute;s c&eacute;lebre ser&aacute;s, lo que entre los tuyos, en tu manada, ser&aacute; un s&iacute;ntoma inequ&iacute;voco de que tras muchos esfuerzos has llegado a convertirte en una persona de &eacute;xito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/exito_132_2998192.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2017 17:42:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Éxito]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Franco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/franco_132_3099800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/afd76252-8082-4828-acd3-286eb45140e7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ciertas televisiones autonómicas no parecen tener demasiado interés en dar por definitivamente concluida la guerra civil de nuestros antepasados</p></div><p class="article-text">
        Hace 43 a&ntilde;os, por estas mismas fechas, el general Franco mor&iacute;a en la cama rodeado del manto de la virgen del Pilar, el brazo incorrupto de Santa Teresa, muchos cables, diferentes monitores cl&iacute;nicos y otras reliquias y objetos milagrosos que no hicieron m&aacute;s que proporcionarle a su yerno, el marqu&eacute;s de Villaverde, el decorado perfecto con el que convertir aquella agon&iacute;a en una ilustraci&oacute;n m&aacute;s del tradicional esperpento espa&ntilde;ol. Parec&iacute;a que con la muerte del general se liquidaba de una manera casi definitiva un largu&iacute;simo siglo diecinueve caracterizado por las guerras civiles, la desidia intelectual, los exilios, los pronunciamientos militares, los muchos privilegios eclesi&aacute;sticos y aquello tan goyesco de dirimir todas las disputas a hostia limpia, es decir, a garrotazos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo mucho me temo que nunca lograremos deshacernos del siglo diecinueve ya que, al parecer, el &uacute;nico lugar del planeta donde Franco todav&iacute;a no ha muerto es en esta desquiciada tierra de terratenientes gandules, toreros muertos, taxistas cabreados y ciudadanos permanentemente estafados por sus gobernantes. Durante todos estos a&ntilde;os nuestros nacionalistas se han encargado de mantenerlo vivo ya que en su infantil necesidad de lo absoluto, los nacionalistas siempre requieren de un enemigo contra el que vivir.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el criterio de los nacionalistas catalanes, por ejemplo, el conflicto con el Estado ha de mantenerse vivo a cualquier precio y como una de las ra&iacute;ces m&aacute;s profundas del conflicto est&aacute; en el franquismo, lo natural es mantener vivo a Franco ya sea rencarn&aacute;ndolo en la mediocre figura de Rajoy, en la de sus lerdos ministros del interior o en la de cualquier periodista, juez o pol&iacute;tico que no comparta los preceptos del honorable Puigdemont.
    </p><p class="article-text">
        Los ciudadanos hemos sido educados para adaptar la historia seg&uacute;n nuestras necesidades. Tal vez por esto C y tal vez por esto nadie se ha sorprendido demasiado cuando los universitarios catalanes convocan una huelga para protestar contra la represi&oacute;n franquista o cuando el domingo pasado apareci&oacute; en la capital catalana una pintada significando que Franco hab&iacute;a vuelto al tiempo que Puigdemont afirmaba que &ldquo;el gobierno espa&ntilde;ol, con el apoyo del Partido Socialista y Ciudadanos, ha emprendido el peor ataque a las instituciones y al pueblo de Catalunya desde los decretos del dictador militar Francisco Franco aboliendo la Generalitat de Catalunya&rdquo;. Nada nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Nada que nuestros ojos de mil novecientos diez, que dir&iacute;a Lorca, no hayan visto. Hace ya algunos a&ntilde;os, cuando monse&ntilde;or Arzallus nos deleitaba con su jesu&iacute;tica sabidur&iacute;a, en los d&iacute;as en que el Gobierno Vasco pretend&iacute;a que el Guernica de Picasso se instalara en el Pa&iacute;s Vasco, nuestro a&ntilde;orado monse&ntilde;or dijo aquello tan sutil de &ldquo;el cuadro para ellos y las bombas de Franco para nosotros&rdquo;. Claro, como si Franco nunca hubiera bombardeado Madrid. En fin...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/franco_132_3099800.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 15:51:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/afd76252-8082-4828-acd3-286eb45140e7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="626966" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/afd76252-8082-4828-acd3-286eb45140e7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="626966" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Franco]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/afd76252-8082-4828-acd3-286eb45140e7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siglo XIX]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/siglo-xix_132_3148422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante los últimos veinte años los nacionalistas catalanes no han tenido más proyecto político que apoderarse de la historia, la lengua, las costumbres, las banderas...</p></div><p class="article-text">
        El siglo diecinueve es el siglo de los fervores rom&aacute;nticos. Nunca est&aacute; de m&aacute;s revisitarlo dado que, entre otras desgracias, nos dio magn&iacute;ficos personajes hist&oacute;ricos, fabulosos pintores y dos de los escritores espa&ntilde;oles que mejor han sabido soportar el paso del tiempo, aunque tampoco es menos cierto que ese siglo, entre otros males, tambi&eacute;n nos depar&oacute; el suicidio por amor, el arte popular, la tuberculosis, el nacionalismo, la histeria, el sadismo, la bondad natural, la poes&iacute;a como sacerdocio, el alma colectiva de los pueblos y el sentido de la historia como m&eacute;todo para anular el sentido de los individuos.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de independencia que el president Puigdemont presentar&aacute; en el Parlamento catal&aacute;n es una secuela rom&aacute;ntica de este fat&iacute;dico siglo diecinueve que como todo fervor rom&aacute;ntico, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, termina derivando en religi&oacute;n desbordada. Esto es lo que cada vez resulta m&aacute;s evidente en nuestro pa&iacute;s. Los dirigentes pol&iacute;ticos nacionalistas, apelando a las caracter&iacute;sticas principales del temperamento rom&aacute;ntico, o sea, m&aacute;s al sentimiento que a la inteligencia, m&aacute;s al instinto que a la prudencia, se han convertido en los sacerdotes de este tiempo, en los l&iacute;deres religiosos de todos los ciudadanos que en lugar de vivir en el mundo que les ha tocado transitar, o sea, en el mundo presente, prefieren vivir en un mundo fabuloso, m&iacute;tico, supuesto, legendario; un mundo plagado de patra&ntilde;as, dioses ancestrales, reba&ntilde;os pastando, nostalgias matriarcales, p&aacute;rrocos cantando las alabanzas a nuestro Se&ntilde;or y todo el acostumbrado batiburrillo del populismo campestre.
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n dirigente pol&iacute;tico en su sano juicio tomar&iacute;a el siglo diecinueve como referente para un proyecto democr&aacute;tico de convivencia, pero, bueno, Puigdemont y Junqueras, puestos a desbarrar, han desbarrado en cosas bastante m&aacute;s graves; pactando con los de la CUP, por ejemplo, o volviendo a poner de moda aquello tan cansino que cantaba Lluis Llach. La propuesta sentimental del president pretende recuperar los supuestos derechos hist&oacute;ricos de un pueblo azuzando los sentimientos nacionalistas de la poblaci&oacute;n a pesar de que Josep Pla ya advirtiera que &ldquo;el nacionalismo es como un pedo, que a todo el mundo le huele mal, menos al que se lo tira&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para ello, los partidos que le sustentan no han dudado en apropiarse de las se&ntilde;as de identidad de toda una poblaci&oacute;n con el &uacute;nico prop&oacute;sito de perpetuarse en el poder y, ya puestos, continuar robando dinero p&uacute;blico como ya hicieran, con indudable &eacute;xito, por cierto, los muy honorables Jordi Pujol y Artur Mas. Durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os los nacionalistas catalanes no han tenido m&aacute;s proyecto pol&iacute;tico que apoderarse de la historia, la lengua, las costumbres, las banderas, las canciones y el dinero de una sociedad puramente sentimental, sistem&aacute;ticamente manipulable y a la que nunca nadie le ha ense&ntilde;ado que las cosas de este mundo acostumbran a ser limitadas y relativas.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s o menos lo que los dictadores nacionalistas de la Europa de entreguerras hicieron durante el catastr&oacute;fico siglo veinte alentados, tambi&eacute;n, por unas masas &ldquo;patri&oacute;ticas, fervorosas y democr&aacute;ticas&rdquo;... Como ya ocurriera durante el mandato de los dictadores anteriormente mencionados, mucho me temo que, tarde o temprano, si Satan&aacute;s no lo remedia, no tardaremos mucho en contemplar como una formidable muchedumbre sentimental recorre, a paso marcial, las calles de las principales ciudades catalanas cantando himnos belicosos, proclamas apocal&iacute;pticas, consignas pseudo hippies, tiernas canciones de odio y triunfales melod&iacute;as racistas... Todos, en alegre comandita, directos hacia el pr&oacute;ximo martirio o hacia el pr&oacute;ximo desastre... En definitiva, la historia mil veces repetida... 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/siglo-xix_132_3148422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Oct 2017 17:25:45 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Siglo XIX]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Carles Puigdemont,Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Insultos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/insultos_132_3163308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Unos líderes políticos sin soluciones, sin ideas, sin capacidad y sin proyectos, necesitan encontrar un enemigo donde sea para así reafirmarse.</p></div><p class="article-text">
        Lo &uacute;ltimo que se lleva en el mundo de la pol&iacute;tica es el insulto. No s&eacute; s&iacute; porque ya no hay ideas o porque la conversaci&oacute;n es una pr&aacute;ctica en desuso, pero lo cierto es que no existe nada tan moderno como insultarle a alguien, sobre todo en Espa&ntilde;a que, por herencia, sospecho, pero tambi&eacute;n por pereza, ya no se razona sino que directamente se odia que siempre resulta m&aacute;s c&oacute;modo y adem&aacute;s no da mucho que pensar..
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; la novedad: si quieres pertenecer al c&iacute;rculo selecto de los profesionales de la pol&iacute;tica no hables nunca de pol&iacute;tica ni de dinero, no escuches propuestas, no atiendas razones, no te intereses por los problemas de los dem&aacute;s, no elabores presupuestos para construir escuelas, hospitales, laboratorios o carreteras; lim&iacute;tate a llamarle est&uacute;pido a tu adversario, p&aacute;sate por la entrepierna - a ser posible en p&uacute;blico - sus resultados electorales, escribe art&iacute;culos en la prensa tildando de fascista a todo aqu&eacute;l que te lleve la contraria y luego brinda a la salud de tus muertos con una copa de champagne en la mano, porque los muertos de los dem&aacute;s, al fin y al cabo, no fueron m&aacute;s que unos sarnosos hijos de perra que nunca tuvieron m&aacute;s que la miserable existencia que siempre se merecieron.
    </p><p class="article-text">
        Este es el pa&iacute;s en el que vivimos. Cada vez m&aacute;s parecido al que vivieron nuestros antepasados durante las primeras d&eacute;cadas del siglo veinte: un lugar ret&oacute;rico donde unos l&iacute;deres pol&iacute;ticos sin soluciones, sin ideas, sin capacidad y sin proyectos, necesitan encontrar un enemigo donde sea para as&iacute; reafirmarse. Todo esto explica, en parte, el incremento electoral que los movimientos populistas est&aacute;n obteniendo en casi todos los estados europeos. Estas organizaciones son las &uacute;nicas, al parecer, que han encontrado a los culpables de todos nuestros problemas, las que m&aacute;s r&aacute;pidamente han conseguido definir al enemigo: ya saben, el enemigo es siempre el otro, sobre todo si es inmigrante, pero tambi&eacute;n aquel que tiene un criterio propio, que piensa por su cuenta, que no enarbola ninguna bandera y que adem&aacute;s no se atiene a los mandamientos del pueblo, la naci&oacute;n, la raza o la religi&oacute;n donde nosotros estamos situados.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto ilustra, por ejemplo, por qu&eacute; en Catalu&ntilde;a, ahora, hay hombres, mujeres, se&ntilde;oras bien peinadas, profesores de semi&oacute;tica y muchachos universitarios, progresistas, tatuados y bien alimentados con tofu, natillas de canela, galletas diet&eacute;ticas y hamburguesas de garbanzos que han tildado de fascista a Joan Manuel Serrat por haberse limitado a expresar su opini&oacute;n respecto al refer&eacute;ndum o a lo que sea que este domingo se celebra en Catalu&ntilde;a. Tal vez porque los representantes de nuestras democracias no andan muy sobrados de ideas, carecen de imaginaci&oacute;n, manifiestan tremendas limitaciones intelectuales y consideran que el respeto a los dem&aacute;s no es m&aacute;s que uno de los muchos f&oacute;siles que se han encontrado en Atapuerca entre nuestros pol&iacute;ticos, y por contagio entre el resto de los ciudadanos, ya todo se trata de resolver con una contundente demostraci&oacute;n de violencia verbal, dando, as&iacute;, por cierta aquella l&uacute;cida y desoladora m&aacute;xima de Bertrand Russell seg&uacute;n la cual &ldquo;el gran problema de la humanidad es que los est&uacute;pidos est&aacute;n seguros de todo y los inteligentes est&aacute;n llenos de dudas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/insultos_132_3163308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Sep 2017 16:20:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Insultos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Insultos,Políticos,Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pueblos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pueblos_132_3176112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La democracia, por imperfecta que sea, solo tiene en cuenta a los individuos, no a los pueblos</p></div><p class="article-text">
        No es que en los medios de comunicaci&oacute;n haya mucha informaci&oacute;n al respecto pero tengo entendido, seg&uacute;n me han comentado en el bar nuestro de cada d&iacute;a, que hay una preocupaci&oacute;n generalizada en este pa&iacute;s por lo que est&aacute; ocurriendo en la comunidad aut&oacute;noma catalana debido al deseo de buena parte del &ldquo;pueblo catal&aacute;n&rdquo; de independizarse de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Motivos para independizarse de Espa&ntilde;a nunca han faltado, m&aacute;s en este momento en que adem&aacute;s de tener que soportar a Rafael Hernando soltando sandeces cada vez que se desprende del palillo incrustado en la comisura de sus labios, estamos gobernados por gente que no solo se consideran los propietarios de este des&eacute;rtico pa&iacute;s desde que el cardenal Cisneros lo fundamentara sino que tambi&eacute;n llevan una enorme cantidad de a&ntilde;os minti&eacute;ndonos, despreci&aacute;ndonos, conden&aacute;ndonos a salarios de miseria, cuando no al desempleo, y rob&aacute;ndonos toneladas de dinero p&uacute;blico, pero con todo no estar&iacute;a de m&aacute;s que de una vez por todas en nuestra b&aacute;rbara historia milenaria no cedi&eacute;ramos a la tentaci&oacute;n de confundir la velocidad con el tocino ni a Espa&ntilde;a con los desvergonzados delincuentes que la mal gobiernan.
    </p><p class="article-text">
        El aprendizaje de la democracia, lo mismo que el de la decencia, tanto en Espa&ntilde;a como en las Cambimbas, es una disciplina solitaria mediante la cual uno se convierte en un ciudadano con derechos y deberes individuales sometidos a una justicia democr&aacute;tica y com&uacute;nmente aceptada. Hace ya tiempo que este individualismo occidental descubri&oacute; la dignidad insustituible de cada individuo, con independencia de la raza a la que pertenece, la naci&oacute;n, el sexo, la edad, la religi&oacute;n, los defectos f&iacute;sicos que tiene, el sistema de creencias que le sustenta o cualquier otro derecho colectivo; dicho de otra manera, el individualismo occidental &ndash; con todo lo que tiene de materialista, solitario y consumista - es el &uacute;nico que ha permitido el reconocimiento de los derechos del individuo con independencia de su comunidad y, si es necesario, tambi&eacute;n contra su comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, pocas cosas son tan necesarias en nuestro desquiciado territorio como acabar de una vez por todas con la m&iacute;stica del pueblo. No hay pueblos, hay individuos, aunque esto sea algo bastante dif&iacute;cil de admitir d&aacute;ndose una vuelta un s&aacute;bado por la tarde por un centro comercial. La democracia, por imperfecta que sea, solo tiene en cuenta a los individuos, no a los pueblos, ya que, como escribi&oacute; hace ya tiempo Daniel Cohn - Bendit, l&iacute;der, ya setent&oacute;n, del manoseado y legendario mayo del sesenta y ocho parisino, toda definici&oacute;n de pueblo tiende, inevitablemente, al fanatismo, al totalitarismo, al racismo y ah&iacute; est&aacute; la terrible y desdichada historia del siglo veinte europeo donde los fan&aacute;ticos consiguieron destrozar veces este continente repetidas veces...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pueblos_132_3176112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Sep 2017 16:47:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Pueblos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Pueblos,Cataluña,Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elecciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/elecciones_132_2661112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El entusiasmo ideológico del pasado, todo ese fervor dogmático, casi, casi religioso, ha sido sustituido por el dinero, que nos da casi tantos quebraderos de cabeza pero, cuando menos, nos procura más entretenimientos.</p></div><p class="article-text">
        En el limitado mundo que vivimos la gente no pretende m&aacute;s que cobrar un sueldo mensual, mirar la televisi&oacute;n, hacer el amor de vez en cuando, no aburrirse demasiado y tener la farmacia, el m&eacute;dico y las vacaciones pagadas. El ideal consiste en ser ni absolutamente pobre ni absolutamente rico, sino tener un estipendio, estar en una n&oacute;mina indestructible, tener agua corriente, electricidad, frigor&iacute;fico, microondas, ordenador, m&oacute;vil, videoconsola y un gigantesco televisor de &uacute;ltima generaci&oacute;n, adem&aacute;s, claro est&aacute;, de acudir al centro comercial de cuando en cuando en el coche con el que tambi&eacute;n se pasea a la familia. Eso es todo.
    </p><p class="article-text">
        El ciudadano medio de nuestro pa&iacute;s cada vez que tiene que acudir a las urnas concurre con este prop&oacute;sito. Con ning&uacute;n otro. En realidad la mayor&iacute;a de la gente deposita la papeleta con la esperanza de que los dirigentes que finalmente salgan elegidos &ndash;municipales, auton&oacute;micos o estatales, lo mismo da&ndash; dispongan de un m&iacute;nimo de capacidad para proporcionarles una estabilidad pol&iacute;tica, social y econ&oacute;mica que les procure cierta cantidad de dinero, un techo donde cobijarse, centros de salud que les atiendan, bares donde emborracharse los fines de semana, unos cu&aacute;ntos partidos de f&uacute;tbol que contemplar en la televisi&oacute;n y la posibilidad de ilusionarse con unos d&iacute;as de vacaciones en alguna capital centroeuropea, en alg&uacute;n pueblo de la arrasada costa mediterr&aacute;nea o en la ladera de alguna monta&ntilde;a solitaria, boscosa y ben&eacute;vola.
    </p><p class="article-text">
        El entusiasmo ideol&oacute;gico del pasado, todo ese fervor dogm&aacute;tico, casi, casi religioso, ha sido sustituido por el dinero, que nos da casi tantos quebraderos de cabeza pero, cuando menos, nos procura m&aacute;s entretenimientos.
    </p><p class="article-text">
        Las campa&ntilde;as electorales, como la que acaba de finalizar en nuestro desordenado pa&iacute;s, est&aacute;n muy bien para justificar el salario de los pol&iacute;ticos, para dar de comer a los periodistas, para gastar ingentes cantidades de dinero en propaganda y para inquietar, levemente, la aplastante desfachatez de los especuladores financieros y otros delincuentes &ndash;que son los que en realidad mandan&ndash;; pero no tienen m&aacute;s trascendencia que el chasquido de un rel&aacute;mpago en un cielo de verano o que una procesi&oacute;n de caracoles babeando.
    </p><p class="article-text">
        Yo no hago mucho caso a las campa&ntilde;as electorales. No por arrogancia, sino porque el disco rayado de los mitines electorales me lo s&eacute; de memoria, porque los pol&iacute;ticos que suelen presentarse, por lo general, no me descubren m&aacute;s que alguno de sus m&iacute;seros disfraces y porque, a&uacute;n ejerciendo de periodista, no me considero m&aacute;s lerdo que el com&uacute;n de los mortales, y hace ya a&ntilde;os que descubr&iacute; que la edad de las ideolog&iacute;as ha quedado tan atr&aacute;s en el tiempo como la edad de piedra.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la edad del poder puro y simple. Los nuevos patriotas trabajan para el poder econ&oacute;mico desde los despachos de la administraci&oacute;n p&uacute;blica. Aunque, en realidad, muchos de ellos, &ndash;los profesionales de la frase hecha, por ejemplo&ndash;, no buscan m&aacute;s que el mejor coche, el mejor chalet, las mejores chuletas, el mejor whisky, las mejores vacaciones y las mejores golfas que haya en el mercado. Lo dem&aacute;s es fe de beatas y atornillar viejos muebles mientras tuiteas la doctrina aristot&eacute;lica, o sea, musa del septentri&oacute;n, melancol&iacute;a...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/elecciones_132_2661112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Elecciones]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pereza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pereza_132_2685359.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En nuestro país hay un respeto mayúsculo por el poder. No sé si como consecuencia de la pereza o como tributo a nuestros legendarios dictadores.</p></div><p class="article-text">
        La pereza es un bien nacional. Sobre todo la que se fomenta desde los despachos de la administraci&oacute;n p&uacute;blica. Lo digo porque hace ya tiempo que considero que el tedio que se deriva de esta pereza es la m&aacute;xima felicidad a la que en este disparatado mundo se puede aspirar. Seguramente por eso, siempre que he tenido ocasi&oacute;n de visitar alguno de estos despachos de oficialidad p&uacute;blica me he sentido invadido, de pronto, por una dicha desconocida, por una satisfacci&oacute;n inmensa, por una especie de beatitud m&aacute;s propia de un sigiloso monje tibetano que del modesto contribuyente que soy. Sin embargo, en estos primaverales d&iacute;as de campa&ntilde;a electoral, observo con hondo pesar que en todos estos despachos se desarrolla una fren&eacute;tica actividad que no solo me confunde, sino que, al parecer, permite que los presidentes de las autonom&iacute;as y los alcaldes de los municipios inauguren todos los d&iacute;as un puente, una escuela, un hospital, una carretera, una fuente p&uacute;blica, una placa conmemorativa... Supongo que de esta manera nos dan cuenta de los continuos desvelos del poder por procurarnos una vida lo suficientemente agradable como para que nos merezca la pena vivirla.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s hay un respeto may&uacute;sculo por el poder. No s&eacute; si como consecuencia de la pereza o como tributo a nuestros legendarios dictadores. Solo as&iacute; se explica que Jordi Pujol, por ejemplo, estuviera tanto a&ntilde;os como presidente de la Generalitat, Esperanza Aguirre como m&aacute;xima mandataria de la Comunidad de Madrid, Manuel Fraga como jerarca de Galicia y nuestro incomparable &Aacute;ngel Mar&iacute;a Villar supere a todos ellos dirigiendo esa organizaci&oacute;n tan siniestramente misteriosa denominada Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de F&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        En esta largu&iacute;sima campa&ntilde;a electoral, los l&iacute;deres de los las nuevas formaciones pol&iacute;ticas, desechando las indudables virtudes de la pereza, est&aacute;n reclamando el cambio generacional; o sea, la participaci&oacute;n de los j&oacute;venes en la pol&iacute;tica ya sea mediante su entusiasmo, su voto o su compromiso. No s&eacute; si estos atender&aacute;n a su llamada pero tengo la impresi&oacute;n que los j&oacute;venes de esta &eacute;poca carecen de tiempo para escuchar a nadie, ya que est&aacute;n demasiado ocupados trabajando en las cocinas de las hamburgueser&iacute;as por un salario de mierda; redactando noticias en los medios de comunicaci&oacute;n a cambio de unas cuantas miserables monedas; perdiendo la vista ante cualquier pantalla de ordenador para mantener vigente un contrato basura de semanas; subi&eacute;ndose a los andamios con el bocadillo del mediod&iacute;a envuelto en el papel gastado de todos los t&iacute;tulos adquiridos o dando la brasa en la casa de sus padres para conseguir la calderilla suficiente que les permita perder la consciencia durante las alcoholizadas noches del fin de semana. Dilapidando, en definitiva, las buenas costumbres adquiridas mediante nuestra proverbial y tradicional pereza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pereza_132_2685359.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2015 09:58:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La pereza]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera II]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera-ii_132_2703325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace tiempo que los medios adquirieron el hábito de mostrarnos únicamente las tragedias que se suceden en el planeta. Durante la sobremesa de todos nuestros días no hacemos sino contemplarlas ante el televisor.</p></div><p class="article-text">
        Llueve y hace sol. Llueve de nuevo y no es un prodigio de brujas, cuentos de hadas, p&oacute;cimas m&aacute;gicas, lagartijas que juegan al escondite y otras fantas&iacute;as animadas de ayer y de hoy, sino la primavera. En la plaza, una muchacha se ha puesto a bailar. Parece reci&eacute;n salida de un anuncio de vermut: delgada, risue&ntilde;a, bronceada, tan hermosa que resultar&iacute;a f&aacute;cil confundirla con el fotograma de alguna pel&iacute;cula francesa vislumbrada durante la adolescencia: salta arriba y abajo, da una vuelta, toca las palmas y levanta al cielo las manos y los ojos, contenta y entregada...
    </p><p class="article-text">
        El mundo se nos cuenta desde la cat&aacute;strofe. Lo es, pero, por si acaso, todos los d&iacute;as nos lo recuerdan. La muchacha que se ha puesto a bailar en la plaza no abrir&aacute; ma&ntilde;ana ning&uacute;n telediario, no aparecer&aacute; en la portada de ning&uacute;n peri&oacute;dico, no ser&aacute; minuciosamente despellejada en ninguna tertulia radiof&oacute;nica porque, en este mediod&iacute;a primaveral, no ha asesinado a nadie, se ha limitado a saltar arriba y abajo, a dar una vuelta, a tocar las palmas y a levantar al cielo las manos y los ojos, contenta y entregada...
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que los medios adquirieron el h&aacute;bito de mostrarnos &uacute;nicamente las tragedias que se suceden en el planeta. Durante la sobremesa de todos nuestros d&iacute;as no hacemos sino contemplar manadas de ni&ntilde;os fam&eacute;licos, mujeres apu&ntilde;aladas por hombres destruidos, pol&iacute;ticos que se corrompen por una m&iacute;nima raci&oacute;n de codicia, cad&aacute;veres desmembrados que se amontonan en la calle tras cualquier atentado, hect&aacute;reas de bosques devoradas por incendios fabulosos o inmigrantes subsaharianos ahogados frente a las costas de nuestro para&iacute;so occidental. El diablo sabr&aacute; por qu&eacute;, pero lo cierto es que a la hora de elegir, los propietarios de los medios han elegido lo peor de la especie para mantenernos puntualmente informados del &uacute;ltimo asesinato, la &uacute;ltima violaci&oacute;n, la &uacute;ltima haza&ntilde;a terrorista o el &uacute;ltimo comunicado imb&eacute;cil de cualquier grupo de psic&oacute;patas. En esto ha terminado derivando el negocio al que hace ya muchos a&ntilde;os pertenezco.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas desgracias parecen la suma exacta del tiempo que nos ha tocado vivir. Aunque no son m&aacute;s que un limitado fragmento de la realidad hacia el que han sido enfocadas las c&aacute;maras. Pero m&aacute;s all&aacute; de estas c&aacute;maras existe otra realidad que nunca es televisada: la vida de las personas que, perdidas en el tr&aacute;nsito diario, an&oacute;nimas, sobrellevando como buenamente pueden las propias desdichas, trabajan como cient&iacute;ficos, profesores, enfermeras, taxistas, dependientes, m&eacute;dicos o m&uacute;sicos callejeros; personas que cuidan leprosos, pasan los fines de semana con minusv&aacute;lidos, cocinan para el disfrute de sus amigos, mantienen distra&iacute;dos a los ni&ntilde;os, escriben para mostrarnos lo que desconocemos o limpian las casas que habitamos con la misma minuciosidad con la que las monjas de clausura, hace ya tiempo, hilaban tapices...
    </p><p class="article-text">
        Llueve y hace sol. Llueve de nuevo y en la plaza una muchacha se ha puesto a bailar. Baila solo por el placer de animarse y de reir. O tal vez, porque el viento la empuja y una voz interior le canta que el mundo es de ella; bailarina, sin pareja...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera-ii_132_2703325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Primavera II]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera_132_2717680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Todos seríamos más cuerdos, más sanos, más guapos y bastante más felices si en este polvoriento país se hablara menos, se escuchara más, se mintiera lo justo y no se celebraran tanto la vulgaridad, la estupidez y la hipocresía como normas de convivencia.</p></div><p class="article-text">
        Todo es vender. Hagas lo que hagas, todo consiste en que alguien compre tu producto. Durante la primavera el producto, al parecer, es la felicidad de la especie humana, o sea, la satisfacci&oacute;n con tu propio cuerpo, tus man&iacute;as, tus neuronas, tu estilo de vida o el min&uacute;sculo salario con el que te paseas por el mundo. Siempre ocurre en primavera; m&aacute;s o menos por estas fechas; cuando los d&iacute;as se alargan, las lluvias son menos &aacute;speras, las temperaturas tienden a moderarse y los asalariados comenzamos a pensar en las vacaciones como si de una recompensa b&iacute;blica se tratara.
    </p><p class="article-text">
        Todos los a&ntilde;os es la misma cantinela. Los peri&oacute;dicos, de repente, comienzan a publicar suplementos dominicales dedicados a la belleza. Suplementos donde se nos revelan todas las estratagemas posibles para llegar a ser m&aacute;s cuerdos, m&aacute;s sanos y m&aacute;s felices. Las numeros&iacute;simas p&aacute;ginas aparecen, de pronto, plagadas de entrevistas con psic&oacute;logos, dietas para poner el cuerpo a punto, publicidad de tratamientos est&eacute;ticos que rejuvenecen el rostro, maquillajes que proporcionan misterio, liposucciones que eliminan las grasas, rinoplastias que consiguen el perfil adecuado, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera; todo con el sacrosanto prop&oacute;sito &ndash;casi, casi la obligaci&oacute;n&ndash; de llegar al verano siendo, adem&aacute;s de insoportablemente felices, altos, delgados, j&oacute;venes, guapos, positivos y, por supuesto, tanto o m&aacute;s optimistas que un tragaldabas en un fest&iacute;n de boda.
    </p><p class="article-text">
        La felicidad en papel couch&eacute; al alcance de la mano. El bienestar del cuerpo y de la mente servido en peque&ntilde;as dosis por psicoterapeutas, cirujanos, escritores de libros de autoayuda y la poderos&iacute;sima industria farmac&eacute;utica. Esto es lo que en primavera se nos trata de vender. Eso s&iacute;, lujosamente empaquetado y perfectamente disfrazado como periodismo.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto est&aacute; muy bien. Distrae mucho. Adem&aacute;s los suplementos suelen estar ilustrados con espl&eacute;ndidas fotograf&iacute;as de langostinos aderezados con souffl&eacute; liofilizado de frambuesas, mujeres prodigiosas, hombres proporcionados, delicados animales dom&eacute;sticos y playas limpias de pl&aacute;sticos, colillas, preservativos usados, botellines de cerveza y dem&aacute;s mierdas, pero, no s&eacute;, me parece que hay que tener el &aacute;nimo muy templado como para ser optimista viviendo en un pais donde hombres de la estatura moral de Jordi Pujol, Rodrigo Rato, Alberto Nu&ntilde;ez Feijo&oacute;, Miguel Blesa, Esperanza Aguirre&nbsp;y dem&aacute;s se dedican no solo a administrar los dineros p&uacute;blicos sino tambi&eacute;n a darnos a todos continuas lecciones de &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En fin, puede que sean cosas m&iacute;as, pero sospecho que en lugar de tanta correcci&oacute;n de arrugas con sustancias de relleno, tanta dieta adelgazante, tanta infusi&oacute;n de hierbas tibetanas y tanta crema hipoalerg&eacute;nica que acelera el proceso de combusti&oacute;n de calor&iacute;as, todos ser&iacute;amos m&aacute;s cuerdos, m&aacute;s sanos, m&aacute;s guapos y bastante m&aacute;s felices si en este polvoriento pa&iacute;s se hablara menos, se escuchara m&aacute;s, se mintiera lo justo, se limitaran los desmanes cometidos por los constructores, no se celebraran tanto la vulgaridad, la estupidez y la hipocres&iacute;a como normas de convivencia y ya puestos a pedir lo imposible, los asalariados cobr&aacute;ramos de acuerdo con nuestra capacidad, no en funci&oacute;n de nuestro g&eacute;nero, nuestros contactos, nuestros parentescos o nuestra pu&ntilde;etera filiaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera_132_2717680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Primavera]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descanso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/descanso_132_2269884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El hombre no quiere el descanso porque teme al aburrimiento. El hombre hace lo posible, noche y día, para no aburrirse, para sacudirse el tedio de encima, para no pensar, para no reflexionar, para no profundizar.</p></div><p class="article-text">
        Me temo que con la edad uno se va haciendo m&aacute;s mon&oacute;tono, m&aacute;s rutinario tanto en sus aficiones como en sus preocupaciones, as&iacute; que durante la semana santa me he dedicado, sobre todo, a observar todo aquello que la gente est&aacute; dispuesta a hacer con el &uacute;nico prop&oacute;sito de distraerse; con la intenci&oacute;n de llenar las horas durante eso que se suele denominar &ldquo;una temporada oficial de descanso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        He desechado trasladarme a las Seychelles dado que mi disparatado presupuesto no me permite demasiadas alegr&iacute;as, as&iacute; que he permanecido en este disparatado pa&iacute;s atento al comportamiento de las personas que, como yo, disfrutaban de unos breves d&iacute;as de merecido descanso. La conclusi&oacute;n que he sacado es que si el hombre no tuviera la posibilidad de reducir el tedio que le invade mediante el trabajo, la tristeza del mundo ser&iacute;a indescriptible o dicho de otra manera, de todas las cosas que se han inventado para no aburrirse, la que m&aacute;s rendimiento nos ha dado hasta ahora es trabajar; pero puesto que el calendario laboral no lo decidimos nosotros, durante unas cuantas semanas al a&ntilde;o nos vemos forzados a descansar ya que el invierno ha sido muy duro, hemos trabajado mucho, el cuerpo requiere descanso y los incontables profesionales que se dedican al turismo tambi&eacute;n tienen derecho a percibir un salario con el que alimentar a la familia.
    </p><p class="article-text">
        El hombre no quiere el descanso porque teme al aburrimiento. El hombre hace lo posible, noche y d&iacute;a, para no aburrirse, para sacudirse el tedio de encima, para no pensar, para no reflexionar, para no profundizar.
    </p><p class="article-text">
        La ventaja del trabajo es que aleja, moment&aacute;neamente, el pensamiento. Pensar es triste y por eso el hombre no piensa casi nunca. Ni siquiera hace falta ser un profesional de la pol&iacute;tica para cumplir con este requisito ya que est&aacute; comprobado que cuanto m&aacute;s se piense m&aacute;s r&aacute;pidamente se llega a la conclusi&oacute;n de que no hay nada nuevo bajo el sol. Nada. En verano hablamos del calor, en invierno del fr&iacute;o, en primavera de la lluvia y en oto&ntilde;o de la humedad. Siempre igual.
    </p><p class="article-text">
        El hombre est&aacute; dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de no pensar y seguramente por eso, puestos a ver, durante los d&iacute;as de la semana santa, he visto de todo: marroqu&iacute;es vendiendo linternas, muchachas mostr&aacute;ndose los tatuajes, jubilados discutiendo sobre futbolistas ya muertos, monjas comiendo una tonelada de garbanzos en una tasca decorada con motivos medievales, matrimonios comprando horrorosos ceniceros en una tienda de horrorosas dimensiones y gente mirando catedrales, estatuas, puentes, museos, paisajes y horizontes lluviosos; mucha, mucha gente colocada tras los ventanales de una taberna cualquiera y contemplando como la lluvia ca&iacute;a, como a plomo, sobre las farolas, los coches aparcados, los contenedores de basura y sobre los paraguas de los pocos transe&uacute;ntes que, desafiando las inclemencias del tiempo, paseaban su tedio por las calles, en espera, supongo, de concluir cuanto antes la llamada &ldquo;temporada oficial de descanso&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/descanso_132_2269884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Descanso]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tragedias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tragedias_132_4304221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c9ea574-ab87-4728-9779-111ad1b473ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al principio, cuando todos los medios de comunicación no hablan más que de la desgracia, el sentimentalismo lo invade todo, pero a los pocos días el desinterés, el olvido y la indiferencia son absolutos.</p></div><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en que los peri&oacute;dicos traen noticias impresionantes. Esto es casi tan frecuente como todas esas p&aacute;ginas que se dedican a las esquelas mortuorias, a los diferentes estados de &aacute;nimo de Cristiano Ronaldo o a los resultados de los m&uacute;ltiples sorteos que diariamente se celebran. En un lugar cualquiera del mundo se produce una cat&aacute;strofe, el hundimiento de un transbordador en el que se ahogan cientos de personas o un se&iacute;smo de proporciones devastadoras que produce veinticinco o treinta mil muertos. Da igual.
    </p><p class="article-text">
        Al principio, cuando todos los medios de comunicaci&oacute;n no hablan m&aacute;s que de la desgracia, el sentimentalismo lo invade todo, tanto las tertulias radiof&oacute;nicas como las declaraciones de los pol&iacute;ticos o las conversaciones en el ascensor, pero a los pocos d&iacute;as el desinter&eacute;s, el olvido y la indiferencia son absolutos. Seguramente esto es as&iacute; porque en la vida todo consiste en que a uno no le caiga un tiesto en la cabeza. Si cae sobre la de otro, no importa, ya que tenemos una tremenda capacidad para soportar las desgracias de los dem&aacute;s, a no ser, claro est&aacute;, que el tiesto caiga sobre la cabeza de un familiar debidamente apreciado o sobre la de la mascota preferida del primog&eacute;nito.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la vida lo m&aacute;s s&oacute;lido que el hombre va dejando tras de s&iacute; es un rastro interminable de basura, adem&aacute;s de unas cuantas pretensiones, m&aacute;s o menos disparatadas, que a veces le llevan a hincar banderas sobre la superficie lunar, dirigir multinacionales de electrodom&eacute;sticos, tratar de compendiar la fascinante, incierta y aterradora complejidad de la vida en un librito de versos o fundar una dinast&iacute;a de tratantes de ganado. Pero por lo general, todo esto no conduce m&aacute;s a que llevar una existencia m&aacute;s o menos rutinaria, m&aacute;s o menos mediocre y con una cierta dosis de insustancialidad.
    </p><p class="article-text">
        La basura es la materia humana m&aacute;s consistente. No porque sea el elemento b&aacute;sico con el que se rentabilizan los medios de comunicaci&oacute;n y otras muchas profesiones &ndash;f&iacute;jense, por ejemplo, en que se est&aacute; convirtiendo la arquitectura en nuestro pa&iacute;s&ndash;, sino porque as&iacute; ha sido desde los inicios de la determinante, transformadora y decimon&oacute;nica revoluci&oacute;n industrial. Lo dem&aacute;s, por trascendental que pueda parecernos, e incluso despiadadamente tr&aacute;gico en numerosas ocasiones, no suelen ser m&aacute;s que aparatosos titulares de prensa, frases hechas, discursos huecos, humo de cigarrillos inacabados y la habitual indiferencia que, poco a poco, lo invade todo, lo devora todo...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tragedias_132_4304221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1c9ea574-ab87-4728-9779-111ad1b473ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="162561" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1c9ea574-ab87-4728-9779-111ad1b473ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="162561" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Tragedias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1c9ea574-ab87-4728-9779-111ad1b473ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felices]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/felices_132_4316805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hubo un tiempo en que las personas felices no estaban bien consideradas. Más bien todo lo contrario. En realidad mostrarse feliz, incluso contento, resultaba como hortera, vulgar, ramplón, poco progresista.</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que las personas felices no estaban bien consideradas. M&aacute;s bien todo lo contrario. En realidad mostrarse feliz, incluso contento, resultaba como hortera, vulgar, rampl&oacute;n, poco progresista. Lo conveniente, entonces, era mostrarse continuamente ce&ntilde;udo, hacer dieta a base de pepinillos b&uacute;lgaros, beber vodka ucraniano, parecerse mucho a Lola Gaos y latigarse todas las noches la espalda con las cuerdas arrancadas a la guitarra de Raimon, Ovidi Monitor, Mikel Laboa o Pablo Guerrero.
    </p><p class="article-text">
        Fueron los a&ntilde;os de la n&aacute;usea sartriarna, la &uacute;ltima angustia de Juliette Greco, la lluvia cayendo permanentemente sobre la arrugada gabardina de Albert Camus y todas esas insoportables pel&iacute;culas h&uacute;ngaras, polacas, albanesas, rumanas, checoslovacas... Lo bueno de este tiempo &ndash;tan mediocre, por otra parte&ndash; es que todo el mundo quiere ser feliz; hasta los desgraciados.
    </p><p class="article-text">
        En la cultura de nuestra &eacute;poca, fundamentalmente televisiva, lo que m&aacute;s abunda son las estrategias publicitarias que consideran necesario, o cuando menos conveniente, que para alcanzar la felicidad, eso s&iacute;, una felicidad peque&ntilde;o burguesa, virtual, de democracia enmoquetada, ch&aacute;ndal casero, m&uacute;siquilla incesante de canciones est&uacute;pidas y pensamiento &uacute;nico, no tengas m&aacute;s remedio que conducir un veh&iacute;culo impresionante, pasar los fines de semana comprando nader&iacute;as en gigantescos centros comerciales, acceder a tu sucursal bancaria para abrazar a su director como si estuvieras abrazando a Jes&uacute;s de Nazaret y hablar por el m&oacute;vil, repleto de absurdas aplicaciones, mientras saltas a la comba, bailas claqu&eacute; sobre deslumbrantes baldosas egipcias o corres por deslumbrantes parques municipales en compa&ntilde;&iacute;a de hombres y mujeres de una juventud deslumbrante, esbelta, sana, interminable..
    </p><p class="article-text">
        Me entusiasman las personas felices. Las personas verdaderamente felices. No puedo remediarlo. Me entusiasman por escasas: las mujeres que te reciben como si les hubieras donado un palacio cubierto de atardeceres; los hombres que al fondo de la barra festejan con sonoras carcajadas el &uacute;ltimo chiste imb&eacute;cil del barman; los delincuentes que te revisan los bolsillos como si te estuvieran tributando un homenaje en vida y las madres, sobre todo las madres, las madres que acaban de tener su primer hijo y todav&iacute;a piensan que el primog&eacute;nito jam&aacute;s podr&aacute; convertirse en un chapero, en un hijoputa, en un concursante de Gran Hermano, en un periodista a sueldo de Cristiano Ronaldo o en un ferviente admirador de las pol&iacute;ticas neoliberales de Angela Merkel, impulsadas en nuestro desorientado pa&iacute;s por Mariano, Montoro, Sorayita, bonita, y dem&aacute;s...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/felices_132_4316805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Felices]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eficacia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/eficacia_132_4327266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una vez perdida la inocencia, no resulta difícil descubrir que todas las propuestas políticas, tarde o temprano, terminan convirtiéndose en un asunto de codicia. Los ricos gobiernan desde la impunidad. La oposición hace ya mucho, mucho tiempo que ha desaparecido.</p></div><p class="article-text">
        Mientras el planeta se dirige hacia un intrincado laberinto de corrupci&oacute;n, terrorismo, cr&iacute;menes, guerras, esc&aacute;ndalos, insultos, calumnias, abusos, fanatismos, deterioro del medio ambiente y dem&aacute;s estupideces humanas, me parece que ya solo se puede aspirar a las cosas m&aacute;s simples, si es que todav&iacute;a se puede aspirar a algo: a que los trenes, por ejemplo, lleguen a su hora, a que los tomates no sepan a derrota, a que la televisi&oacute;n no emita m&aacute;s basura de la estrictamente necesaria, a que los hombres del tiempo no se equivoquen cada vez que decido hacer castillos de arena en la playa o a que el suelo del bar donde escribo estas breves l&iacute;neas no est&eacute; cubierto de pringosas servilletas de papel, c&aacute;scaras de mejillones, restos de tortilla de patatas o propaganda de los muchos cursos, cursillos, seminarios, talleres, m&aacute;steres y dem&aacute;s que tengo que hacer para encontrar no solo la paz interior sino tambi&eacute;n la voluntad de convivir en armon&iacute;a con mis semejantes, el gato de mi vecino, la sombra grotesca de los pol&iacute;ticos que han destrozado este pa&iacute;s e incluso conmigo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Un m&iacute;nimo de eficacia. Esta es la religi&oacute;n a la que aspiro. Todo lo dem&aacute;s me importa un carajo. Lo &uacute;nico que pretendo es que no me atropelle un coche en un paso cebra, que no me vendan vino pele&oacute;n como si fuera un reserva del pa&iacute;s de los gabachos o a que el m&eacute;dico de guardia no me haga esperar horas y horas en la antesala de su consulta para recetarme un analg&eacute;sico caro, escaso y de dudosa validez. Las grandes verdades de este tiempo vienen casi siempre en la secci&oacute;n de los anuncios por palabras de los peri&oacute;dicos. Todo lo dem&aacute;s, por mucho ruido que produzca, no suele ser m&aacute;s que material para el pr&oacute;ximo derribo. No hay pretensi&oacute;n m&aacute;s realista que aquella que te procura un m&iacute;nimo instante de vida, por insustancial que sea, adem&aacute;s las pretensiones grandiosas, desmesuradas, no proporcionan m&aacute;s que disgustos, desenga&ntilde;os, decepciones; tanto para los pueblos como para las personas que las acometen.
    </p><p class="article-text">
        Los grandes ideales arrastran consigo demasiadas desventuras, demasiadas calamidades, as&iacute; que lo oportuno es atenerse al plato de fabes con almejas que te metes entre pecho y espalda mientras conversas con alguien cercano de lejanos paisajes, remotos placeres, libros le&iacute;dos, pel&iacute;culas vistas o personas perdidas; o sea, de cuestiones m&iacute;nimas pero consistentes. Cuando llueve lo propio es sentirse recompensado. Cuando hace sol, acercarse hasta el parque para leer los anuncios por palabras de los peri&oacute;dicos sentados sobre cualquier banco. Solos. Bajo la templada sombra de cualquier nogal. Eso es todo. Una vez perdida la inocencia, no resulta dif&iacute;cil descubrir que todas las propuestas pol&iacute;ticas, tarde o temprano, terminan convirti&eacute;ndose en un asunto de codicia. Los ricos gobiernan desde la impunidad. La oposici&oacute;n hace ya mucho, mucho tiempo que ha desaparecido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/eficacia_132_4327266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Eficacia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
