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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Rambla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/jose-manuel-rambla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Rambla]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El pestilente recuerdo de Moby Dick]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/cultura/pestilente-recuerdo-moby-dick_1_3551963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd3f8a09-8cd6-4492-a99c-dba2fe7e55db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una escena del montaje de Hongaresa Teatre"></p><p class="article-text">
        El 29 de diciembre de 1954 ten&iacute;a lugar en el varadero de la Compa&ntilde;&iacute;a Carbonera de Las Palmas una extra&ntilde;a botadura. No se trataba ni de un buque mercante, ni de un nav&iacute;o de guerra. Lo que la se&ntilde;orita Amalia Guill&eacute;n, la inevitable hija del gobernador civil para este tipo de acto, bautiz&oacute; aquel d&iacute;a estampando una botella de champ&aacute;n contra su casco era una ballena. Y no una cualquiera, no. Era <em>La Ballena Blanca</em>, un artificial monstruo marino construido sobre la estructura de un viejo barco-aljibe para dar vida a la m&iacute;tica <em>Moby Dick,</em> cuyas &uacute;ltimas escenas estaba filmando por entonces John Huston junto a la costa canaria. Con ella y la tranquilidad de las aguas del archipi&eacute;lago, Huston, Gregory Peck y el resto del equipo confiaban en poder finalizar el rodaje, despu&eacute;s de que sus dos &ldquo;ballenas&rdquo; anteriores, impulsadas por la fuerza de los temporales, se hubiesen dado a la fuga en mares m&aacute;s brav&iacute;os como los galeses.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ignoraba Huston es que aquel mismo a&ntilde;o otra Moby Dick atra&iacute;a la atenci&oacute;n de unos espa&ntilde;oles atenazados por la negritud de la posguerra, el hambre mal disimulado con el levantamiento de la cartilla de racionamiento y la brutal represi&oacute;n del r&eacute;gimen. Era una enorme ballena hembra de 20 metros de longitud y 60 toneladas, que hab&iacute;a sido capturada, seg&uacute;n las &eacute;picas cr&oacute;nicas de la &eacute;poca, entre el 12 y el 14 de abril del 54 en las aguas del Estrecho. Quienes la cazaron -o la encontraron varada en la playa, seg&uacute;n versiones menos literarias- tuvieron la ocurrencia de embalsamar al animal y pasearlo por Espa&ntilde;a como atracci&oacute;n de feria, tal vez seducidos por el aparente &eacute;xito econ&oacute;mico que un a&ntilde;o antes hab&iacute;a logrado el brit&aacute;nico Leif Soegaard, exhibiendo un ejemplar mucho m&aacute;s peque&ntilde;o por toda Europa y Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Fue as&iacute; como el animal inici&oacute; su peregrinar por Madrid, Barcelona, Burgos, Zamora o Zaragoza. Tambi&eacute;n hay constancia de un espect&aacute;culo similar en C&oacute;rdoba y Sevilla, aunque en esta &uacute;ltima ciudad se presentara en 1955 asegurando formar parte de una gira por Francia, Suiza, Italia o Alemania que habr&iacute;a sido vista por m&aacute;s de 24 millones de espectadores. En cada parada sus promotores no escatimaban alardes pseudodid&aacute;ctico para destacar el novedoso m&eacute;todo cient&iacute;fico empleado para su conservaci&oacute;n, a base de inyecciones de formalina y aire comprimido. O al recordar que su peso equival&iacute;a al de 15 elefantes o un centenar de toros: solo su lengua pesaba dos toneladas y su coraz&oacute;n media, aunque por paradojas de la evoluci&oacute;n su cerebro no superaba los siete quilos.
    </p><p class="article-text">
        Incluso, fiel a la fiereza de su hom&oacute;nima, esta Moby Dick disecada protagonizar&iacute;a alguna tragedia durante su romer&iacute;a, como cuando en marzo del 55 el cami&oacute;n que la transportaba &ndash;presentado como el m&aacute;s grande del mundo- destroz&oacute; las conducciones de agua de Lorca, no sabemos si por el peso de su carga o por las endebles construcciones de la &eacute;poca. Sin embargo, el peso no ser&iacute;a la principal amenaza de la ballena. La m&aacute;s implacable ser&iacute;a el olor, como ya augurara Alberto Ins&uacute;a en un art&iacute;culo para <em>La Vanguardia</em> sobre la visita del cet&aacute;ceo a Madrid. En &eacute;l alertaba sobre la fetidez que provocan estos mam&iacute;feros marinos al descomponerse, asegurando que &ldquo;no es posible, ni aun por la qu&iacute;mica de Luzbel, inventar una mayor y m&aacute;s horrible pestilencia&rdquo;. Por ello, ante la perspectiva de la larga gira por Espa&ntilde;a, el autor de <em>El negro que ten&iacute;a el alma blanca</em> mostraba su temor, no exento de sarcasmo, a que &ldquo;no haya suficiente formol para evitar que se corrompa y recupere su diab&oacute;lica pestilencia&rdquo;.
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        Y, en efecto, eso es lo que acab&oacute; ocurriendo, pues conforme iban pasando los meses del pobre cad&aacute;ver marino iba fluyendo un olor tan nauseabundo que apenas dejaba inmunes a los millares de moscas que se arremolinaban alrededor de sus tristes restos. Para evitarlo, Ins&uacute;a hab&iacute;a propuesto con pragmatismo y humor negro comerse al animal, lo cual no era alternativa descabellada para los tiempos de carencias que corr&iacute;an. De hecho, por aquella &eacute;poca no eran extra&ntilde;os en la prensa de Barcelona los anuncios de carne ballena, mucho m&aacute;s asequible que la de ternera, para mitigar el hambre de prote&iacute;nas y esperanza que tan extendida estaba por aquella &eacute;poca. Pero no se hizo.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que el cuerpo de aquel gigante continu&oacute; su curso natural de putrefacci&oacute;n hasta que la repugnancia hizo imposible por m&aacute;s tiempo su exhibici&oacute;n. Tal vez aquel final tan poco memorable explique el desinter&eacute;s de John Huston por la peculiar odisea de este cet&aacute;ceo por la Espa&ntilde;a franquista. De este modo, la decr&eacute;pita Moby Dick se qued&oacute; sin una pel&iacute;cula que perfectamente podr&iacute;a haber rivalizado con las quimeras cinematogr&aacute;ficas que a&ntilde;os m&aacute;s tarde filmar&iacute;a el alem&aacute;n Werner Herzog. S&iacute; tuvo, por el contrario, su minuto de gloria en el NODO y no pocos chistes y chirigotas que har&iacute;an perdurable en el tiempo el recuerdo de su viaje.
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia lo merec&iacute;a. De hecho, el h&uacute;ngaro L&aacute;szl&oacute; Krasznahorkai, que curiosamente naci&oacute; aquel mismo a&ntilde;o de 1954, har&iacute;a de la visita de unos feriantes que exhib&iacute;an una ballena disecada el desencadenante de su novela <em>Melancol&iacute;a de la resistencia</em>, met&aacute;fora de la decadencia del r&eacute;gimen totalitario de su pa&iacute;s que el realizador magiar B&eacute;la Tarr adaptar&iacute;a al cine con <em>Armon&iacute;as de Werckmeister </em>(2000). Y entre nosotros, otro particular <em>h&uacute;ngaro</em>, el dramaturgo valenciano Paco Zarzoso rescata ahora las vicisitudes de la carpetovet&oacute;nica ballena en el &uacute;ltimo montaje de Companyia Hongaresa de Teatre, <em>Ultramarins</em>, que se estren&oacute; recientemente en Sagunto y que en mayo tiene programada su presentaci&oacute;n en Valencia.
    </p><p class="article-text">
        Zarzoso conoci&oacute; las vicisitudes de la ballena por los recuerdos que dej&oacute; en el Puerto de Sagunto, una de las escalas que el grotesco espect&aacute;culo realiz&oacute; por la geograf&iacute;a valenciana. El resultado fue esta obra que se estren&oacute; en 1999, bajo la direcci&oacute;n de Yvette Vigat&aacute;, en el Festival Internacional de Sitges y en la Sala Beckett de Barcelona. Pero nunca antes hab&iacute;a sido presentada fuera de Catalu&ntilde;a, donde la pieza obtuvo los prestigiosos premios Ciutat de Barcelona y Serra d&rsquo;Or. El nuevo montaje que ahora llega a los escenarios est&aacute; dirigido por el propio autor e interpretado por la actriz Lola Lopez -que junto a Zarzoso y la dramaturga catalana Llu&iuml;sa Cunill&eacute; conforman la sant&iacute;sima trinidad de la Hongaresa-, Pep Ricart y Miguel L&aacute;zaro.
    </p><p class="article-text">
        La obra nos cuenta la historia de dos feriantes, padre e hija, que pasean una ballena disecada por los pueblos de la Espa&ntilde;a profunda de los a&ntilde;os 50. En uno de estos pueblos olvidados coincidir&aacute;n con un viajante, un encuentro con el que pondr&aacute;n punto y final a un espect&aacute;culo itinerante que ambos saben ya condenado a la putrefacci&oacute;n. La barroca escenograf&iacute;a de Dami&aacute;n Gon&ccedil;alves, los vestuarios de Jos&aacute;n Carbonell y el espacio sonoro de Marcos Sproston consiguen recrear la polvorienta y casposa realidad espa&ntilde;ola de aquella d&eacute;cada. Sin embargo, fiel a su trayectoria como uno de los principales exponentes de la nueva dramaturgia, Zarzoso huye en su texto de la aproximaci&oacute;n hist&oacute;rica y realista para situar al espectador ante un discurso po&eacute;tico no exento de melancol&iacute;a: el tr&aacute;nsito de un tiempo en el que la evocaci&oacute;n del mar era capaz de despertar los sue&ntilde;os, hacia otro m&aacute;s prosaico donde el protoconsumismo se abr&iacute;a paso junto a los reclamos m&aacute;s disparatados de un vendedor ambulante.
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente esa po&eacute;tica lo que convierte <em>Ultramarins</em> en una obra tan intemporal como vigente. Aunque su vigencia sea, por desgracia, mucho m&aacute;s mundana. En marzo de 1955, influida por la ballena embalsamada o por la pel&iacute;cula de Huston sobre el cl&aacute;sico de Melville, la cabalgata del ninot sacaba a las calles de Valencia a la m&iacute;tica Moby Dick. En 2017, la falla del Mercat de la capital del Turia pretende hacer socio de honor a la Fundaci&oacute;n Francisco Franco. Sin duda, la pestilencia de la viaje ballena sigue en el aire. Con toda su putrefacci&oacute;n y todas sus moscas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/cultura/pestilente-recuerdo-moby-dick_1_3551963.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Mar 2017 10:56:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Moby Dick,José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Correlación de fuerzas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/correlacion-fuerzas_132_3117026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hubo una vez un refer&eacute;ndum, hace mucho, mucho tiempo, que afectaba a la integridad territorial de Espa&ntilde;a. Frente a &eacute;l, Mariano Rajoy se mostr&oacute; tajante ante los periodistas. Aquella consulta, afirm&oacute;, no ten&iacute;a &ldquo;ning&uacute;n valor legal&rdquo; y su resultado adolec&iacute;a de una total &ldquo;falta de credibilidad&rdquo;. Pese a ello, Rajoy no anunci&oacute; el env&iacute;o miles polic&iacute;as y guardias civiles patrocinados por Piol&iacute;n, ni ning&uacute;n fiscal orden&oacute; detenciones, ni se amenaz&oacute; con tomar medidas que restringieran el autogobierno de aquel territorio, ni se incit&oacute; a la poblaci&oacute;n a manifestar su patriotismo con banderas por las calles pese a las presiones de algunas minor&iacute;as fascistoides. No, Rajoy, consciente de la complejidad de un conflicto que se remontaba en el tiempo, asegur&oacute; que lo que de verdad importaba era solucionar aquel contencioso y por eso defendi&oacute; con firmeza la &uacute;nica alternativa posible: el di&aacute;logo. Hab&iacute;a que &ldquo;continuar esas conversaciones con determinaci&oacute;n y con cautela&rdquo;, sentenci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El p&aacute;rrafo anterior, obviamente, no se refiere a Catalunya, ni siquiera como un ejercicio futuro de pol&iacute;tica ficci&oacute;n. Aquellas declaraciones tuvieron lugar en noviembre de 2002, cuando el hoy presidente de gobierno ocupaba el cargo de vicepresidente en el ejecutivo del ultramontano Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar. Tambi&eacute;n aquel refer&eacute;ndum fue real. Lo celebraron los ciudadanos del Pe&ntilde;&oacute;n de Gibraltar que mayoritariamente se pronunciaron en contra de una soberan&iacute;a compartida con Espa&ntilde;a. Y la voluntad de di&aacute;logo tambi&eacute;n parece firme y real: 15 a&ntilde;os han transcurrido desde entones sin que nadie en este pa&iacute;s se haya rasgado las vestiduras ni sienta herido su orgullo patrio.
    </p><p class="article-text">
        Se me reprochar&aacute;, posiblemente con raz&oacute;n, que comparar el caso de Gibraltar con Catalunya es un absurdo. Pero hay ocasiones, cuando la realidad enfila la resbaladiza senda de los delirios, en que solo la reducci&oacute;n al absurdo nos puede rescatar de nuestros propios patetismos. S&iacute;, desde el punto de vista pol&iacute;tico, legal y emocional las diferencias entre ambos casos son enormes. Pero sobre todo difieren en un aspecto que, a mi juicio, permite explicar parad&oacute;jicamente la situaci&oacute;n en la que nos encontramos: la correlaci&oacute;n de fuerzas. Solo unos meses antes de aquellas prudentes palabras de Rajoy, el gobierno de Aznar no dud&oacute; en enarbolar las banderas y movilizar hasta la cabra de la legi&oacute;n, como si un nuevo trauma del 98 amenazase a Espa&ntilde;a por el pe&ntilde;asco de Perejil. Obviamente, en aquel caso, la correlaci&oacute;n de fuerzas era distinta.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hoy es distinta. Pero no solo entre el estado, con toda su maquinaria jur&iacute;dica, policial e incluso militar, y un <em>govern</em> catal&aacute;n que solo puede esgrimir la fuerza moral de, al menos, dos millones de pac&iacute;ficos y desarmados ciudadanos. Tambi&eacute;n ha cambiado la correlaci&oacute;n sociol&oacute;gica de fuerzas en el seno de la sociedad espa&ntilde;ola. El gran error pol&iacute;tico de los independentistas catalanes ha sido no calibrar la repercusi&oacute;n real que ese cambio generar&iacute;a al pasar de su leg&iacute;tima reivindicaci&oacute;n al derecho a decidir a los hechos consumados del unilateralismo. El gran as en la manga de Rajoy fue haber visto con antelaci&oacute;n que ese d&iacute;a llegar&iacute;a. Por eso desde el 2006, cuando el PP dinamit&oacute; el Estatut y con &eacute;l el consenso social en Catalunya, el presidente del gobierno se ha limitado a sentarse a esperar y hacer lo que mejor sabe: nada. La conclusi&oacute;n ser&aacute; que el mismo Senado que lleva 12 a&ntilde;os sin convocar la comisi&oacute;n general de las comunidades aut&oacute;nomas, que deber&iacute;a reunirse por ley todos los a&ntilde;os, ser&aacute; el encargado de suspender el autogobierno catal&aacute;n como respuesta a una independencia que no se ha proclamado.
    </p><p class="article-text">
        Pero la nueva correlaci&oacute;n de fuerzas no afecta solo a Catalunya, se siente por toda Espa&ntilde;a. La derecha espa&ntilde;ola que reconquist&oacute; la Moncloa acorralada por la corrupci&oacute;n, cuestionada por su ultraliberalismo generador de pobreza, debilitada parlamentariamente, interpelada por la necesidad de regenerar las instituciones p&uacute;blicas, hoy se encuentra m&aacute;s c&oacute;moda que nunca en una realidad donde su cr&iacute;ticos conservadores se ven obligados a censurarle por su derecha, donde los constitucionalistas acogen sin verg&uuml;enza a su lado los sones del <em>Cara al Sol</em> y los saludos fascistas, donde la ultraderecha vuelve a golpear en las calles de Valencia o a acosar impunemente a cargos p&uacute;blicos, donde se hacen malabarismos legales para encarcelar activistas sociales, donde se puede hablar sin sonrojo de prohibir ideas, donde los maestros son puestos bajo sospecha.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, la correlaci&oacute;n de fuerza ha cambiado en Espa&ntilde;a, aunque Pedro S&aacute;nchez prefiera no verlo. Por ingenuidad o por connivencia, poco importa. De nuevo el miedo est&aacute; volviendo a cambiar de bando para cebarse en los de siempre. Con m&aacute;s fuerza que nunca. Otra vez las palabras de Gil de Biedma vienen a recordarnos nuestra condena: De todas las historias de la Historia/ sin duda la m&aacute;s triste es la de Espa&ntilde;a,/ porque termina mal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/correlacion-fuerzas_132_3117026.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Oct 2017 12:07:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Correlación de fuerzas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Cataluña,Mariano Rajoy,Pedro Sánchez,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cataluña y el piolet de Trostky]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/cataluna-piolet-trostky_132_3181477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ha vuelto a ser noticia el famoso piolet con el que Ram&oacute;n Mercader asesin&oacute; a Trotsky. Desaparecido durante d&eacute;cadas, el mort&iacute;fero artilugio sale ahora a la luz como la pieza estrella del futuro museo del espionaje que prev&eacute; inaugurar en Washington un coleccionista privado. Y con &eacute;l tambi&eacute;n ha regresado la pol&eacute;mica sobre los motivos que llevaron al agente estalinista a utilizar tan peculiar artefacto para su atentado. Por lo com&uacute;n, la mayor&iacute;a de las hip&oacute;tesis coinciden en subrayar que Mercader buscaba un arma contundente, capaz de garantizarle el &eacute;xito de su acci&oacute;n, y silenciosa para proporcionarle alguna opci&oacute;n de huida. Sin duda se trata de teor&iacute;as bien fundadas. Sin embargo, eluden un aspecto crucial en esta truculenta historia: el origen espa&ntilde;ol y catal&aacute;n del asesino.
    </p><p class="article-text">
        Porque las Espa&ntilde;as -como las llamaban los antiguos con mejor criterio que los modernos- casan mal con las discretas y sofisticadas armas de los esp&iacute;as de pel&iacute;cula. Hasta las efectivas pistolas parecen encajar poco en un imaginario que desde el romanticismo qued&oacute; atado al primitivo trabuco. En Espa&ntilde;a, las Espa&ntilde;as, la tierra de Puerto Hurraco, la amenaza fatal no sabe de sutilezas y se siente m&aacute;s c&oacute;moda en el garrotazo goyesco. Por su parte Catalu&ntilde;a, a pesar del m&iacute;tico <em>seny</em>, no es inmune a ese atavismo que incluso reivindica en su himno: <em>bon cop de fal&ccedil;</em>. Y si fundimos en una &uacute;nica pieza aquel garrote y esta hoz, el resultado se asemeja en gran medida al piolet elegido por Mercader<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        La presencia del garrotazo ha marcado de m&uacute;ltiples formas la historia de Espa&ntilde;a, de las Espa&ntilde;as. Tuvo su versi&oacute;n inquisitorial, su versi&oacute;n absolutista, su versi&oacute;n nacionalcatolicista y hoy, en nuestra pluscuamperfecta monarqu&iacute;a parlamentaria, Mariano Rajoy inaugura su versi&oacute;n constitucionalista y legalista a prop&oacute;sito del refer&eacute;ndum catal&aacute;n. Para justificarlo el presidente recurre a uno de los platos m&aacute;s ins&iacute;pidos de nuestra gastronom&iacute;a (pluri)nacional: la felizmente olvidada pescadilla que se muerde la cola. As&iacute;, nos recuerda que el 1-O es ilegal porque lo convoca una instituci&oacute;n constitucionalmente incompetente, el gobern catal&aacute;. Pero el c&iacute;rculo pescadillesco se cierra cuando la Generalitat catalana, a su vez, toma esta iniciativa porque la instituci&oacute;n constititucionalmente competente se niega a convocar una consulta ciudadana que cuenta con el apoyo del 70% de catalanes, independentistas y no.
    </p><p class="article-text">
        La soser&iacute;a de esta receta ha llevado a promover una variante seductora para paladares m&aacute;s exigentes o remilgados. Consiste en cuestionar el 1-O por carecer de garant&iacute;as democr&aacute;ticas. La vicepresidenta Soraya S&aacute;ez de Santamar&iacute;a ha llegado a hablar hasta de golpe de estado, argumento en el que seguramente pensaba el torero Juan Jos&eacute; Padilla mientras daba la vuelta al ruedo en la plaza jienense de Villacarrillo envuelto en la bandera franquista. Garant&iacute;as que, sin embargo, resultan harto dif&iacute;ciles de cumplir a menos que el &oacute;rgano constitucionalmente competente para convocar consultas est&eacute; dispuesto a colaborar en su organizaci&oacute;n. Y se niega en redondo. La pescadilla vuelve a hacer acto de presencia por mucho que el lim&oacute;n y el perejil intenten enmascarar su aburrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Pa&iacute;ses con gastronom&iacute;as menos imaginativas que la espa&ntilde;ola han logrado superar esa maldici&oacute;n de la pescadilla recurriendo a la pimienta democr&aacute;tica del di&aacute;logo. En suma, han buscado mecanismos legales que permitan encauzar un conflicto de car&aacute;cter netamente pol&iacute;tico. Lo hicieron los canadienses en Quebec. E incluso los brit&aacute;nicos, famosos internacionalmente por su ineptitud para la cocina, lograron aderezar el plato al gusto de los vecinos escoceses. Sin embargo, aqu&iacute;, la derecha gobernante se enroca en su empe&ntilde;o en presentar la sobria pescadilla como un plato exquisito. Y ello a pesar de su responsabilidad en el desencadenante del problema tras impugnar el estatuto catal&aacute;n, social y pol&iacute;ticamente consensuado. Y lo que es peor, tras haber permanecido m&aacute;s de dos lustros en el m&aacute;s absoluto inmovilismo, enconando el conflicto y elevando d&iacute;a a d&iacute;a el n&uacute;mero de catalanes que no ven m&aacute;s salida que la definitiva desconexi&oacute;n. Convencidos de que la controversia podr&iacute;a resultarle fruct&iacute;fera fuera de Catalu&ntilde;a y tratando de transformar la imagen corrupta de saqueador de Espa&ntilde;a en la de su salvador, Rajoy y los suyos, reforzados por los balbuceos de una parte de la izquierda, se han limitado a aplicar la &uacute;nica concepci&oacute;n de di&aacute;logo que conocen: el erre que erre.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando se impone la inercia, ese mal espa&ntilde;ol tan criticado por la generaci&oacute;n del 98, lo que termina apareciendo es el castizo garrote. Aunque, al menos por ahora, en lugar de adoptar la forma de la fiel infanter&iacute;a prefiera las vestimentas m&aacute;s modernas de la toga judicial y de la no menos leal fiscal&iacute;a. Ante el desaf&iacute;o irresponsable de los independentistas, todo el peso de la ley. Es as&iacute; como en nombre de la democracia se proh&iacute;ben actos p&uacute;blicos hasta en Madrid, se registran imprentas y peri&oacute;dicos, se amenaza a cientos de alcaldes y concejales o se amedranta a funcionarios p&uacute;blicos. Hasta los carteros se convierten en sospechosos si por azar transportan en su saca alguna carta con veleidades pro refer&eacute;ndum.
    </p><p class="article-text">
        Rajoy, con el respaldo de Albert Rivera y la supuesta responsabilidad de estado de los socialista, aplica en pol&iacute;tica la misma l&oacute;gica que el marido machista hacia la esposa que le pide el divorcio: confiar en conservar un matrimonio imposible con el expeditivo recurso de mantener a la mujer atada a la cama en nombre de una pretendida unidad de destino constitucional. Lo malo de esto son las peligrosas espirales que tales estrategias pueden desencadenar y que al menor descuido terminan completando el mis&oacute;gino refr&aacute;n con alguna pata quebrada. Por desgracia, el entusiasmo <em>hooligan</em> con que algunos reclaman el escarmiento del garrotazo no dejan mucho resquicio al optimismo.
    </p><p class="article-text">
        Como tampoco ayuda el unilateralismo con el que el independentismo ha respondido al bloqueo del estado central, transformando en ingenuo voluntarismo las incertidumbres que se abren por delante. Es as&iacute; como, inspirado por la &eacute;pica del <em>cop de fal&ccedil;</em>, el esperpento se col&oacute; en el Parlament durante la tramitaci&oacute;n de la consulta. Una actitud que no solo permiti&oacute; a Xavier Garc&iacute;a Albiol o Carlos Carrizosa recurrir al c&iacute;nico victimismo, sino que, lo que es m&aacute;s preocupante, en la pr&aacute;ctica dejaba sin puentes para integrarse en el proceso al menos a ese 30% de su poblaci&oacute;n reacia al refer&eacute;ndum.
    </p><p class="article-text">
        Mal anda una democracia incapaz de generar alternativas que le permitan abordar positivamente sus contradicciones y las demandas de sus ciudadanos. Dif&iacute;cilmente Espa&ntilde;a puede llegar a ser Espa&ntilde;a, las Espa&ntilde;as, si le niega a los catalanes su capacidad de decidir su futuro. Y dif&iacute;cilmente Catalu&ntilde;a podr&aacute; echar a andar sin crear desde el primer paso cauces de integraci&oacute;n para aquellos ciudadanos reticentes al caminar en solitario. Por eso, hoy la mejor forma de defender Espa&ntilde;a, las Espa&ntilde;as, y el &uacute;nico medio de construir una Catalu&ntilde;a independiente coinciden: ambas pasan, irremediablemente, por darle la voz a los catalanes.
    </p><p class="article-text">
        El 1-O podr&iacute;a haber sido una oportunidad para ese encuentro. Lamentablemente no lo ser&aacute;. Ante esto, habr&aacute; que esperar acontecimientos y superar a toda costa la sombra del piolet sobre nuestras cabezas. Para ello tendremos que exigir responsabilidad y responsabilidades. Aunque sin caer en la equidistancia. Si desde Barcelona se ha confundido legitimidad con democracia, desde Madrid se resquebraja el consenso colectivo con una pretendida sobreactuaci&oacute;n democr&aacute;tica y legalista. Claro que la actitud de la derecha espa&ntilde;ola no es nueva: ah&iacute; est&aacute; la Ley Mordaza. En la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica que se nos ofrece solo podremos ser independentistas sin alterar la unidad patria. O republicanos sin cuestionar al monarca. En suma, se nos concede la gracia de ser ciudadanos mientras no olvidemos nuestro deber de comportarnos como s&uacute;bditos. De este modo, los conservadores se mantienen as&iacute; fieles a su propia tradici&oacute;n. Ya lo advert&iacute;a en 1920 Manuel Aza&ntilde;a, precisamente tras una condena judicial, la dictada por un tribunal valenciano contra Miguel de Unamuno por injurias al rey: &ldquo;En Espa&ntilde;a se disfruta virtualmente de cierto n&uacute;mero de libertades: a condici&oacute;n de no usarlas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/cataluna-piolet-trostky_132_3181477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Sep 2017 09:03:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cataluña y el piolet de Trostky]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Referéndum 1-O,José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los emprendedores y la huida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/emprendedores-huida_132_3292126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Desde que nos transformaron por decreto en emprendedores todos andamos locos por emprender. Cualquier cosa, algo sencillo que nos permita ir tirando, si es posible aprovechando las virtudes de las nuevas redes sociales con alguna aplicaci&oacute;n de mendicidad <em>online</em>, por ejemplo. O convertirnos en telemamporreros, telechaperos o telelimpiadores de urinarios virtualmente p&uacute;blicos. Cualquier cosa que nos reconfortara un poco esa moral que ya debe de andar por los subsuelos y le alegrara los datos de empleo a la ministra F&aacute;tima B&aacute;&ntilde;ez, como alegra al cuerpo un amor de verano. Vamos, que nos conformamos con emprender lo que sea. Porque si pudi&eacute;ramos elegir -es decir, si realmente pudi&eacute;ramos hacerlo- lo que de verdad nos gustar&iacute;a a la inmensa mayor&iacute;a de nosotros es emprender la huida.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, este af&aacute;n por la huida es la aut&eacute;ntica transversalidad de estos tiempos, aunque Laclau todav&iacute;a no haya reparado en ello. Los ricos los primeros, por supuesto. Porque, veamos, &iquest;con cu&aacute;ntos ricos nos encontramos por la calle, paseando al perro o esperando pagar en el chino? Ninguno. Y sin embargo los ricos existen. Incluso los muy, muy ricos. Solo que para el resto de los mortales son como la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, que solo la vemos en las estad&iacute;sticas. La &uacute;ltima oportunidad de vislumbrarlos nos la ha facilitado el Ministerio de Hacienda al publicar los datos definitivos de los contribuyentes en 2015.&nbsp; Seg&uacute;n este informe, 686.616 de nuestros vecinos, el 3,76% de todos los espa&ntilde;olitos que hicimos aquel a&ntilde;o la declaraci&oacute;n del IRPF, declararon unos ingresos superiores a los 60.000 euros.
    </p><p class="article-text">
        La cifra no est&aacute; mal y se pone mucho mejor entre los ricos muy ricos. Es el caso de esos 74.558 afortunados ciudadanos (el 0,41% del total) que se repartieron unos ingresos de 13,3 millones de euros, es decir, m&aacute;s de todo lo que obtuvieron juntos los 4,1 millones de sus sufridos compatriotas que debieron conformarse con menos de 6.000 euros para pasar aquel a&ntilde;o. Pero hasta en esto de la opulencia hay clases, ya se sabe. Y si no que les pregunten a los 7.194 afortunados (el 0,04%) que se embolsaron de media ese a&ntilde;o 799.286 euros (y 54 c&eacute;ntimos que, por cierto, no perdonaron). En el mercado de la vida, la suya se cotiza 84,6 veces m&aacute;s que la de los 11,1 millones de ciudadanos de este pa&iacute;s (el 61,3% de los paganos a la Agencia Tributaria) que ingresaron menos de 21.000 euros. O 225 veces m&aacute;s que la de esos 4 millones de fracasados que no pudieron reunir ni 3.555 (y 83 c&eacute;ntimos que, en su caso, no estaban en condiciones de perdonar).
    </p><p class="article-text">
        Puede que alg&uacute;n rom&aacute;ntico est&eacute; tentado en pensar que la huida de los ricos est&aacute; provocada por su sensaci&oacute;n de acorralamiento, por el sentimiento de asedio que les despertar&iacute;a el estar rodeados de pobres y de esa nueva clase media <em>lowcost</em> que prolifera en nuestras ciudades. Pero no, estos est&aacute;n demasiado ocupados en su nueva condici&oacute;n de emprendedores como para tener tiempo para imaginar revoluciones. El magnate de nuestros d&iacute;as ignora los peligros del exilio y su huida tiene m&aacute;s que ver con el tedio de la opulencia que con el miedo a la guillotina. Por eso EtonMusk, el multimillonaria creador de Pay Pal, sue&ntilde;a con conquistar Marte o nuestros potentados se desviven por asentarse en espacios fugados del espacio terrenal, selectas ninguna parte como La Finca, esa exclusiva urbanizaci&oacute;n fundada en Pozuelo de Alarc&oacute;n por Luis Garc&iacute;a Cereceda, el amigo &iacute;ntimo de Felipe Gonz&aacute;lez, para arrebatarle el glamour a La Moraleja. Es la huida llevada a sus &uacute;ltimas consecuencias: el rico se distancia hasta tal extremo del pobre mundo que termina evaporando su propia presencia. Es la era de los magnates invisibles, millonarios <em>offshore</em> que acaban asumiendo la misma incorporeidad que sus movimientos de capital en perpetua fuga hacia para&iacute;sos fiscales.
    </p><p class="article-text">
        Para quienes no formamos parte del club de los elegidos, el ansia de huida tiene perfiles m&aacute;s prosaicos. Tambi&eacute;n m&aacute;s desesperanzados. Sabemos que queremos escapar del aqu&iacute;, pero ignoramos d&oacute;nde est&aacute; ese all&aacute; que nos de refugio. Ni siquiera el M&aacute;s All&aacute; nos sirve a estas alturas. En realidad, el &uacute;nico destino que nos queda abierto es el naufragio. Existencial en unos casos y oportunamente tratable con ese Prozac que nos vende el inquilino de alguna de Las Fincas de la estratosfera. Viscosamente real para otros, como los cuarenta y nueve devorados por el Mar de Albor&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Otra posibilidad, por supuesto, ser&iacute;a renunciar a la fuga. Olvidar lo lejano y detenernos a mirar lo que nos rodea. El problema es que si observamos con atenci&oacute;n igual acabamos viendo hasta a los ricos y eso ser&iacute;a una impertinencia. Es lo que les pas&oacute; a los emprendedores n&oacute;madas de Deliveroo. Dejaron de pedalear con sus paquetes, echaron un vistazo alrededor y decidieron montar una huelga. Varios de ellos ya han pagado la groser&iacute;a con el despido, que es una forma de ser devueltos a empujones al anhelo de so&ntilde;ar escapadas. El resto aprendimos la lecci&oacute;n y nos aplicamos con m&aacute;s empe&ntilde;o si cabe en idear planes con los que emprender nuestra imposible huida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/emprendedores-huida_132_3292126.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Jul 2017 11:32:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los emprendedores y la huida]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rajoy, Sánchez y el ronquido de los colibrís]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/rajoy-sanchez-ronquido-colibris_132_3323114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Pocos p&aacute;jaros consiguen despertar una sensaci&oacute;n de alegr&iacute;a tan delicada como el colibr&iacute; o picaflor. Su diminuto cuerpecito, su trepidante aletear entre las flores, la intensidad brillante de su plumaje, todo ello le convierte en la evocaci&oacute;n perfecta del para&iacute;so, de la paz infinita, de la felicidad sin tiempos. Pero hace mucho que sabemos que detr&aacute;s de la belleza m&aacute;s fr&aacute;gil siempre acaba rondando alg&uacute;n defecto que viene a alterar nuestras idealizaciones. Pues bien, el peque&ntilde;o colibr&iacute; no iba a ser una excepci&oacute;n. Porque hoy descubrimos para nuestra decepci&oacute;n que el gracioso pajarillo tambi&eacute;n tiene su lado oculto, no tanto como el simp&aacute;tico ping&uuml;ino aficionado a la necrofilia, pero casi. Y es que, seg&uacute;n han logrado desvelar unos abnegados ornit&oacute;logos, nuestro entra&ntilde;able colibr&iacute; ronca.
    </p><p class="article-text">
        La culpa de todo la tiene el torpor, ese extra&ntilde;o letargo en el que entran algunos animales hasta reducir casi a la nada su m&aacute;s m&iacute;nima actividad metab&oacute;lica. Al entrar en esa fase, el colibr&iacute; se sit&uacute;a al borde mismo de la muerte de la que solo puede escapar aspirando una buena dosis de aire, acci&oacute;n desesperada responsable de ese peculiar ronquido, tan impropio a su apariencia de fragilidad como el estruendoso eructo con que algunos infantes dan por concluida su satisfacci&oacute;n corporal tras una maternal lactancia.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, los misterios del torporson tan aleatorios y caprichosos que hasta resulta tentador trasladar sus efectos a latitudes menos buc&oacute;licas que las que acostumbra a habitar el colibr&iacute;. Por ejemplo a nuestro Congreso de Diputados, donde Mariano Rajoy nos tiene acostumbrados a ese letargo absoluto que ha sabido convertir en su m&aacute;s firme estrategia de supervivencia pol&iacute;tica. Cuando se ve obligado a superar ese estado, cuando las circunstancias o los dardos de Irene Montero le empujan a dejar atr&aacute;s la hibernaci&oacute;n de la pantalla de plasma, al presidente le gustar&iacute;a poder alcanzar la gracia ligera de colibr&iacute; y revolotear por las floridas estad&iacute;sticas de su para&iacute;so imaginado con la misma delicadeza con que la avecilla transita persiguiendo el delicioso n&eacute;ctar entre las exuberantes selvas. Pero es entonces cuando la naturaleza, de s&uacute;bito, impone su implacable ley y al presidente le asalta el ronquido. O lo que es lo mismo, toma la palabra Rafael Hernando el palad&iacute;n de los gru&ntilde;idos.
    </p><p class="article-text">
        Pero como ya se&ntilde;alaba antes, la culpa no es suya, sino del torpor. El mismo torpor del que pretenden escapar los socialistas para que Pedro S&aacute;nchez, su cruce darwiniano entre colibr&iacute; y ave f&eacute;nix, zigzaguee alegre entre los p&eacute;talo de las rosas rojas con la m&uacute;sica de fondo de Guns N&rsquo;Roses. Porque tambi&eacute;n ellos han acumulado demasiado sue&ntilde;o con las constantes vitales al borde del colapso. Tanto que, como su referente conservador, el gran patriarca del partido Felipe Gonz&aacute;lez ha optado por realizar tambi&eacute;n sus &uacute;ltimas comparecencias bajo la atm&oacute;sfera controlada del plasma. As&iacute; que tampoco resulta extra&ntilde;o que cuando, tras desperezarse la dormidera con las primarias, S&aacute;nchez se dispon&iacute;a a emprender su vuelo m&aacute;gico le hayan salido algunos inoportunos ronquidos como los proferidos contra esos j&oacute;venes que en su entusiasmo adolescente aspiraban a pasear la bandera tricolor por los pasillos del 39 Congreso. O sonidos broncos como los dirigidos contra Ximo Puig, ense&ntilde;ando al mismo tiempo un diente inaudito por el afilado pico de colibr&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Claro que hay ocasiones en que el entorno altera este tipo de fen&oacute;menos. Es lo que ocurre cuando comparamos la realidad concreta con el id&iacute;lico holograma en el que tan a gusto se siente Rajoy. Porque ah&iacute; fuera los aromas que le llegan de Soto del Real tienen poco en com&uacute;n con la fragancia de syringa. Del mismo modo que la negritud con que tantos espa&ntilde;oles afrontan el d&iacute;a a d&iacute;a, entre recortes y ajustes -como los que evaporan de los presupuestos las partidas contra la violencia machista-, desconoce por completo el fulgor colorista de la heliconia. Como tampoco lo tiene f&aacute;cil S&aacute;nchez para disfrutar de los jardines plurinacionales mientras cierra filas con el gobierno al grito de Santiago y cierra Espa&ntilde;a. Por no hablar del patio interior. Especialmente el patio por antonomasia, el andaluz, donde le aguardan agazapados m&aacute;s cardos que jazmines. O del acelerado viraje no apto para sensibles al v&eacute;rtigo, de reivindicar un 15M que no hace nada era visto como una ingenua excitaci&oacute;n que en su d&iacute;a le hac&iacute;a el juego al PP.
    </p><p class="article-text">
        Nos interpela entonces una duda: si los ecosistemas en que se desenvuelven Rajoy y S&aacute;nchez son poco propicios para los colibr&iacute;s, &iquest;podr&iacute;a eso significar que alguno de ellos &ndash;o ambos&ndash; en realidad nunca fueron ni ser&aacute;n picaflores? &iquest;Cabr&iacute;a pensar en ese caso que lo que imagin&aacute;bamos ronquidos son en realidad estertores?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/rajoy-sanchez-ronquido-colibris_132_3323114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jun 2017 17:43:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Rajoy, Sánchez y el ronquido de los colibrís]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Mariano Rajoy,Pedro Sánchez,José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria olvidada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-olvidada_132_3389231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Nos dice el Diccionario de la Real Academia en su primera acepci&oacute;n de la palabra <em>memoria</em> que esta vendr&iacute;a definida por la facultad ps&iacute;quica que nos permite retener y recordar el pasado. Tambi&eacute;n nos recuerda en otra que para la filosof&iacute;a escol&aacute;stica se trata de una de las potencialidades del alma. En total, el diccionario contempla catorce acepciones y, aunque en alguna de ellas no falta referencias indirectas a significados que superan la b&aacute;sica relaci&oacute;n entre una persona y el pasado, lo cierto es que la academia restringe nuestra relaci&oacute;n con el ayer al mero &aacute;mbito del individuo.
    </p><p class="article-text">
        Esta limitaci&oacute;n no deja de ser significativa en un pa&iacute;s que lleva a&ntilde;os discutiendo sobre la memoria compartida, como estamos viendo estos d&iacute;as con la revisi&oacute;n del callejero de Valencia. Esta otra dimensi&oacute;n nos sit&uacute;a ante un terreno diferente, el colectivo, cuyos resortes para articular el recuerdo no dependen tanto de facultades ps&iacute;quicas como de condicionantes pol&iacute;ticos. Y la pol&iacute;tica es por esencia el territorio del conflicto, de la confrontaci&oacute;n de intereses contrapuestos, de las relaciones de fuerza y de poder. Si en la memoria individual Freud nos ayuda entender las motivaciones que nos conducen a recordar u olvidar nuestro pasado, para la memoria colectiva nos siguen resultando mucho m&aacute;s &uacute;tiles las herencias de Carlos Marx.
    </p><p class="article-text">
        En su &uacute;ltimo libro, Alfons Cervera deja explicita esta dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de la memoria desde el mismo t&iacute;tulo: <em>Yo no voy a olvidar porque otros quieran. </em>La memoria se reclama as&iacute; moradora consciente de ese espacio de conflicto, donde algunos &ndash;y muy poderosos- est&aacute;n interesados en nuestro olvidos. La amnesia se presenta de este modo como el resultado de un ejercicio de poder, el recuerdo como un acto de resistencia. Pero ello no deber&iacute;a llevarnos a una acomodaticia interpretaci&oacute;n maniquea, siempre tentadora, en la que reconfortados por nuestra superioridad &eacute;tica como perdedores nos limitemos a maldecir de nuestros vencedores. Al fin y al cabo, si algo no falta en este pa&iacute;s son los dispuestos al olvido voluntario.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, como en el psicoan&aacute;lisis, tambi&eacute;n aqu&iacute; es necesaria la introspecci&oacute;n. O la autocr&iacute;tica, como tan rimbombantemente le gusta decir a la izquierda, pero tan pocas veces est&aacute; dispuesta a aplicar. En este sentido, resulta especialmente acertado que este volumen se abra, precisamente, con un texto que nos habla de Max Aub, tal vez el autor m&aacute;s espa&ntilde;ol del siglo XX, precisamente porque no naci&oacute; aqu&iacute;, porque su espa&ntilde;olidad fue una elecci&oacute;n voluntaria. Una decisi&oacute;n tan existencial e intensa que le empujar&iacute;a a vivir la mayor parte de su vida fuera de Espa&ntilde;a, condenado al exilio y a un olvido que todav&iacute;a hoy le persigue como pudimos ver recientemente en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        A &eacute;l le debemos posiblemente la primera gran reflexi&oacute;n sobre la memoria de lo que en Espa&ntilde;a signific&oacute; la II Rep&uacute;blica y la guerra civil. O lo que es lo mismo, la primera gran reflexi&oacute;n sobre un olvido que a &eacute;l, que arrastraba por la vida las cicatrices de aquel tiempo, le resultaba resignadamente insufrible: &ldquo;Fuimos; no somos historia. La historia est&aacute; hecha de cenizas. No somos viejos ni siquiera arrinconados; sencillamente la gente olvida&rdquo;. Lo afirmaba en uno de sus pr&oacute;logos al libro que estaba escribiendo sobre Luis Bu&ntilde;uel y al que dedicar&iacute;a los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida. Precisamente, la preparaci&oacute;n de este trabajo le llev&oacute; a viajar a Espa&ntilde;a en 1969, por primera vez desde que acabara la guerra. Fruto de ese viaje y del choque entre sus recuerdos y aquel presente, surgir&iacute;a otro libro, <em>La gallina ciega</em>, una pionera reflexi&oacute;n en voz alta sobre nuestra memoria. &ldquo;Estuve el mayor tiempo posible con gente joven o que lo fue hasta hace poco; extra&ntilde;os y familiares: ninguno me pregunt&oacute; nunca nada acerca de la guerra civil&rdquo;, comenta. Y sentencia: &ldquo;Sencillamente, les tiene sin cuidado&rdquo;. Sus conclusiones son desgarradoras: &ldquo;Lo que sucede es que los espa&ntilde;oles han perdido hace tiempo la idea de lo que es la libertad. Se creen libres porque pueden escoger, el domingo, entre ir a los toros o al f&uacute;tbol. Pero no tienen concepto alguno &ndash;ya no lo tienen- de lo que fue, de lo que ha venido a ser para ellos, la libertad&rdquo;. Y concluye: &ldquo;aqu&iacute; no es que no haya libertad. Es peor: no se nota su falta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Max Aub, pues, la memoria no es percibida como un simple ejercicio de nostalgia o melancol&iacute;a. La memoria es testimonio de un tiempo que quiso ser y el &uacute;nico elemento capaz de conectar a los espa&ntilde;oles con los viejos anhelos de libertad. Por eso, acallar la memoria fue una prioridad del franquismo, tan necesaria para su consolidaci&oacute;n como fusilar o encarcelar opositores. Hab&iacute;a que implantar el olvido y como se&ntilde;ala Aub: &ldquo;el r&eacute;gimen se encarg&oacute; de ello; para eso venci&oacute; y convenci&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente la muerte del dictador no sirvi&oacute; para recuperar el recuerdo. Aquella pac&iacute;fica e idealizada transici&oacute;n democr&aacute;tica, que dej&oacute; tras de s&iacute; m&aacute;s de 600 muertos, infinitamente m&aacute;s que la rupturista Revoluci&oacute;n de los Claveles en Portugal o las revueltas del Mayo Franc&eacute;s, no llevaba en su agenda reivindicar la memoria. De hecho, como se&ntilde;ala Alfons Cervera en uno de sus cap&iacute;tulos, los nuevos tiempos renunciaron a ser nuevos porque &ldquo;una vez m&aacute;s la historia se convert&iacute;a en un batiburrillo de intereses pol&iacute;ticos que interven&iacute;an por encima de una profunda y justa reflexi&oacute;n sobre el pasado, un pasado que se quedaba quieto, obligadamente quieto entre los falsos algodones de una transici&oacute;n que no hablaba de una nueva &eacute;poca sino de amartillar, como si de un viejo Colt 45 se tratara, un acuerdo pol&iacute;tico de m&iacute;nimos que supondr&iacute;a la aceptaci&oacute;n en herencia de una buena parte estructural del franquismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo aqu&iacute; es precisa la introspecci&oacute;n colectiva. Y otro escritor, inevitablemente citado por Cervera, nos la plantea con toda crudeza. Reflexionaba as&iacute; el a&ntilde;orado Rafael Chirbes: &ldquo;El pacto que se les propuso a los espa&ntilde;oles, bajo el razonable argumento de cambiar pasado por futuro, fue un cambio de ideolog&iacute;a por bienestar; es decir, un trueque de verdad por dinero. Y el pa&iacute;s lo acept&oacute;&rdquo;. Para legitimar este pacto fue preciso transformar la memoria en un ejercicio circense que permitiera fijar la esencia democr&aacute;tica del pa&iacute;s en el gesto de un joven rey una noche de febrero, anulando as&iacute; el recuerdo de la guerra civil, la guerrilla antifranquista o la oposici&oacute;n a la dictadura. O en un malabarismo hist&oacute;rico, como el que llevar&iacute;a a Felipe Gonz&aacute;lez en 1988, durante las conmemoraciones del IV centenario de Carlos III, a buscar las ra&iacute;ces modernizadoras del pa&iacute;s en aquel despotismo ilustrado para, con aquel triple salto mortal, evitar el recuerdo de la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; llegamos hasta donde estamos. Aunque en los &uacute;ltimos a&ntilde;os algunas cosas han cambiado y desde hace una d&eacute;cada la memoria parece haber entrado, por fin, en el debate p&uacute;blico. A ello ha contribuido en gran medida la propia crisis del r&eacute;gimen de 1975. La prosperidad y modernidad anunciada han terminado dando paso a un capitalismo neoliberal ferozmente existente, asentado sobre la precariedad, la pobreza y la desigualdad, mientras el &aacute;mbito pol&iacute;tico se hund&iacute;a en las ci&eacute;nagas de la corrupci&oacute;n y las cajas B. Aquel viejo trueque de verdad por dinero, del que nos hablaba Chirbes, dej&oacute; de funcionar y hoy son muchos los que, sabedores de que el dinero est&aacute; en alg&uacute;n para&iacute;so fiscal, se interrogan ahora sobre d&oacute;nde est&aacute; la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Pero como tantas veces suele ocurrir en la historia, si hoy la memoria parece estar en el centro del debate es, sobre todo, al esfuerzo callado de los nadie. Se trata de esos ciudadanos an&oacute;nimos, a menudo incomprendidos, que durante todos los a&ntilde;os de silencio han estado perseverando en la lucha por recuperar un peque&ntilde;o trocito de memoria que el franquismo les arrebat&oacute; para enterrarlo en una cuneta, seres queridos y dram&aacute;ticamente perdidos a los que despu&eacute;s la democracia quiso mantener enterrados en la gran fosa com&uacute;n del olvido. Alfons Cervera dedica este libro a uno de ellos, Vicente Mu&ntilde;iz, como encarnaci&oacute;n de tantos otros que, como &eacute;l, se negaron a aceptar el silencio: sus padres, Amado y &Aacute;gueda, militantes del POUM, fueron fusilados en Valencia un mismo d&iacute;a de 1941. Vicente fue entonces internado en un hospicio y lleva a&ntilde;os revindicando la dignidad de sus apellidos.
    </p><p class="article-text">
        Con todos los Mu&ntilde;iz de este pa&iacute;s mantenemos una profunda deuda democr&aacute;tica. A ellos les debemos que se haya mantenido viva la memoria democr&aacute;tica de este pa&iacute;s. Tambi&eacute;n que se hayan promulgado leyes como la de la Memoria Hist&oacute;rica. Una ley que ha supuesto algunos avances, pero tambi&eacute;n no pocas sombras, como destaca Alfons Cervera en este libro. Porque el esp&iacute;ritu de esta ley ha ido articulando un nuevo relato impregnado de perversidad: la equidistancia. Esa mirada hacia el pasado en el que ambos bandos fueron iguales y cometieron unas mismas locuras, afortunadamente superadas ya superadas, nos dicen, en favor de la reconciliaci&oacute;n. No es anecd&oacute;tico, en este sentido, que uno de los primeros gestos de Zapatero, all&aacute; por 2004, fuera reunir a dos veteranos de la Divisi&oacute;n Azul y la Divisi&oacute;n Leclerc en el desfile de las fuerzas armadas.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo, el discurso pol&iacute;tico, como la Real Academia, busca despolitizar la memoria, arrebatarle ese recuerdo vivo de libertad que extra&ntilde;aba Max Aub en la Espa&ntilde;a de 1969. Y en su ayuda no faltan escritores dispuestos a propagar, con el respaldo de los grandes grupos medi&aacute;ticos, el nuevo relato de la equidistancia. Ah&iacute; est&aacute;n los Javier Cercas, los Andr&eacute;s Trapiello, los Mu&ntilde;oz Molina, o los eternos buscadores de esa Tercera Espa&ntilde;a que alejada del extremismo de las otras dos, nos permita tranquilizar los remordimientos de conciencia con relatos sentimentales. Tambi&eacute;n de ellos nos habla Cervera en este libro, de esa aparente y presunta moda que parece rodear hoy a la memoria hist&oacute;rica con un &ldquo;batiburrillo&rdquo;, como &eacute;l lo define, que termina por mezclarlo y confundirlo todo.
    </p><p class="article-text">
        De todas estas cosas trata, en suma, el libro de Alfons Cervera. Un ejercicio de reflexi&oacute;n que viene a ser el complemento perfecto para su producci&oacute;n literaria, ese ciclo de novelas sobre la memoria con las que durante mucho tiempo, el escritor ha venido manteniendo vivo un debate que otros &aacute;mbitos -pol&iacute;ticos, sociales o acad&eacute;micos- manten&iacute;an, en el mejor de los casos, en hibernaci&oacute;n. Por ello, ser&iacute;a igualmente acertado afirmar que las novelas de Alfons Cervera son el complemento perfecto de su &uacute;ltimo libro. Al fin y al cabo, si volvemos a hacer caso de la sabidur&iacute;a de Max Aub: &ldquo;A lo m&aacute;s que puede aspirar la Historia es a ser una buena obra literaria&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-olvidada_132_3389231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 May 2017 10:25:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La memoria olvidada]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Alfons Cervera]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la moción de censura a la loción de ternura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/mocion-censura-locion-ternura_132_3421111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Es bien conocida la afici&oacute;n que Zeus ten&iacute;a por el transformismo a la hora de dar rienda suelta a sus inclinaciones calenturientas. Ignoramos si &Aacute;ngela Merkel fue la &uacute;ltima encarnaci&oacute;n de la m&aacute;xima autoridad del Olimpo, pero es sabido que la divinidad griega ya logr&oacute; en una ocasi&oacute;n secuestrar a Europa convertido en un toro. Del mismo modo, la hermosa Leda fue sorprendida por el sical&iacute;ptico dios transformado en cisne y aunque no sabemos muchos detalles de aquel inesperado encuentro a orillas del r&iacute;o Eurotas, la buena muchacha sali&oacute; de aquel incidente poniendo alg&uacute;n que otro huevo.
    </p><p class="article-text">
        Pero las artes de la transmutaci&oacute;n no son monopolio de Zeus. La derecha espa&ntilde;ola demostr&oacute; sus habilidades en este campo al pasar sin despeinarse del nacionalcatolicisimo a la democracia. Y en ese travestismo sigue empe&ntilde;ado el PP, ahora a cuentas de la corrupci&oacute;n, como hemos podido comprobar estos d&iacute;as con la milagrosa transformaci&oacute;n de Carlos Fabra que, gracias a la p&eacute;rdida de algunos quilos, un m&iacute;nimo cambio en el peinado y la sustituci&oacute;n de las gafas oscuras por un ojo de cristal, ha logrado ocultar su imagen de disc&iacute;pulo aventajado de Corleone tras un apacible <em>look</em> de viajante de comercio.
    </p><p class="article-text">
        Pero por desgracia para Mariano Rajoy los populares no son inmortales ni alcanzan el poder de los dioses. As&iacute; que a veces &ndash;demasiadas veces&ndash; se les corre el maquillaje dejando entrever el tufillo de cuartel y sacrist&iacute;a, a Gallard&oacute;n se le cuelen estrofas del <em>Cara al sol</em> mientras carga el f&eacute;retro de alg&uacute;n falangista valeroso de la familia, o les estalla un nuevo esc&aacute;ndalo por mucho empe&ntilde;o que Manuel Moix ponga en disimular su condici&oacute;n de Fiscal General Anticorrupci&oacute;n. El problema para ellos es que si el personal acept&oacute; su disimulo democr&aacute;tico a cambio de un sue&ntilde;o de prosperidad inmobiliaria, ahora el disfraz de honestidad resulta m&aacute;s dif&iacute;cil de asimilar con esta salida de la crisis que nos deja m&aacute;s exitosamente pobres.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia es que, indignada por tener tantas razones para indignarse, la gente anda ya cansada de tanta mascarada. Y si a ello le sumamos la debilidad parlamentaria del PP, a nadie deber&iacute;a asombrar la moci&oacute;n de censura propuesta por Podemos. A nadie, claro, que no sean el PSOE, Ciudadanos o el PNV. Porque estos grupos, seducidos por los logros obtenidos por la derecha con sus dotes para el travestismo, se afanan estos d&iacute;as en dejar constancia de sus maneras en el dif&iacute;cil arte de dar gato por liebre. Descubrimos as&iacute; c&oacute;mo la iniciativa lanzada por Pablo Iglesias no hace m&aacute;s que reforzar a un PP que ya estaba acorralado por la firme oposici&oacute;n que ellos realizaban cuando propiciaban la investidura de Rajoy, imped&iacute;an la comparecencia del amigo de B&aacute;rcenas en el Congreso, favorec&iacute;an la continuidad de los populares en Murcia o negociaban con Montoro los presupuestos.
    </p><p class="article-text">
        Una delirante argumentaci&oacute;n que en el caso de los socialistas roza el paroxismo al reprochar a Podemos su &ldquo;mala fe&rdquo; al presentar una moci&oacute;n sin los apoyos necesarios y con el af&aacute;n de afianzarse electoralmente como alternativa, pecados que solo pod&iacute;an ser virtud cuando los comet&iacute;a Felipe Gonz&aacute;lez en 1980 a costa de UCD y del PCE. O cuando los mismos que decapitaron a Pedro S&aacute;nchez por tener el supuesto apoyo de Podemos, le recriminan al partido de Iglesias que no apoyara en su d&iacute;a a un S&aacute;nchez que, como honesta y autocr&iacute;ticamente reconoc&iacute;a hace poco Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez Tapias, estaba ideol&oacute;gicamente blindado por Albert Rivera para impedir un pacto por la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que tiene vivir en los tiempos de la posverdad. Aunque todav&iacute;a haya quienes piensen que ante del deterioro democr&aacute;tico de ministros y fiscales en fluida comunicaci&oacute;n con los corruptos, frente a la proliferaci&oacute;n de cajas B, financiaciones ilegales y cuentas suizas, o contra el constante saqueo de nuestro bienestar y nuestras libertades, es necesario un contundente posicionamiento &eacute;tico. Para todos esos ingenuos melanc&oacute;licos Susana D&iacute;az ya tiene lista una respuesta inapelable, f&aacute;cil de entender en cualquiera de los &ldquo;acentos&rdquo; de Espa&ntilde;a. Solo necesitar&aacute; unos m&iacute;nimos cambios, nimiedades comparadas con los que tuvo que acometer Zeus para ser un cisne o Fraga para parecer dem&oacute;crata. Frente a la meliflua <em>moci&oacute;n de censura</em> de esa &ldquo;izquierda in&uacute;til&rdquo;, la presidenta andaluza contraatacar&aacute; con una rotunda <em>loci&oacute;n de ternura</em>. Rajoy ya se sabe contra las cuerdas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/mocion-censura-locion-ternura_132_3421111.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 May 2017 11:41:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De la moción de censura a la loción de ternura]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Moción de censura,Podemos,Mariano Rajoy,Susana Díaz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La androide que me amó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/androide-amo_132_3474195.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El pasado viernes, Zheng Jiajia se sinti&oacute; la persona m&aacute;s feliz de los m&aacute;s de 9 millones de habitantes de la ciudad china de Hangzhou. Y no era para menos pue se trataba del d&iacute;a de su boda. No es que fuese muy mayor, pero con 31 a&ntilde;os a Zheng ya comenzaban a pesarle los continuos comentarios maliciosos de amigos y familiares que le auguraban una larga vejez de solter&iacute;a, especialmente despu&eacute;s de sus &uacute;ltimos desenga&ntilde;os amorosos. Se sab&iacute;a retra&iacute;do y no especialmente agraciado, as&iacute; que la perspectiva de una vida en soledad era una obsesi&oacute;n que comenzaba a perseguirle en sus no menos solitarias noches. Por eso el viernes estaba exultante observando de reojo la felicidad de su madre o la alegr&iacute;a de sus amigos al ver desmentidas sus tristes predicciones. Y tambi&eacute;n, claro, gozoso de ver a su lado a la peque&ntilde;a Yingying. Tan fr&aacute;gil, tan bella, cubierta por el pa&ntilde;uelo rojo que marca la tradici&oacute;n, tan decidida a pronunciar aquel definitivo <em>s&iacute; quiero</em>, como si aquellas dos palabras fueran las que dieran sentido a su vida. Cuando las escuch&oacute; Zheng se sinti&oacute; el centro de aquella moderna urbe a orillas del r&iacute;o Qiantang. M&aacute;s a&uacute;n, el centro del mundo entero.
    </p><p class="article-text">
        Y en cierto modo as&iacute; era, pues eran muchos los medios de comunicaci&oacute;n internacional pendientes del feliz acontecimiento. No porque hubiera algo especial en el l&oacute;gico nerviosismo del novio, sino porque Yingying, la peque&ntilde;a Yingyng, era en realidad un fr&aacute;gil y bello robot. Zheng la cre&oacute; en 2016 pero no fue hasta hace un par de meses en que este joven ingeniero comprendi&oacute; la profundidad de sus sentimientos. En el amor, ya se sabe, nada est&aacute; previsto. La suya ha sido el primer caso en la historia en que un humano y un androide unen sus destinos hasta que la muerte o el reseteo les separe. Sin embargo, las historias de amor con criaturas artificiales no son nuevas. Se cuenta de Descartes que al morir en 1640 la hija que tuvo con su criada Helena Jans Van der Storn, el fil&oacute;sofo construy&oacute; un aut&oacute;mata con sus caracter&iacute;sticas al que bautiz&oacute; con el nombre de la ni&ntilde;a, Francine. Seg&uacute;n estos rumores, Descartes no se separaba de aquel evocador artefacto en ninguno de sus viajes, hasta que un capit&aacute;n de barco lo tir&oacute; por la borda tras quedar espantado con su descubrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco han sido constatadas las informaciones que nos hablan de artificiales <em>dames de voyage</em>, precursoras de las modernas mu&ntilde;ecas hinchables, que acompa&ntilde;aban a los marineros del XVII en sus solitarias traves&iacute;as. Sin embargo, el <em>Koshoku Tabimakura</em>, una antolog&iacute;a japonesa de relatos pornogr&aacute;ficos de aquella misma &eacute;poca, ya nos deja testimonio de la existencia de artefactos con los que saciar los apetitos er&oacute;ticos, aunque ignoramos si alguno de sus usuarios dio el salto del b&aacute;sico deseo sexual al sentimiento amoroso. Esa evoluci&oacute;n s&iacute; la encontraremos a principios del XIX cuando E. T. A. Hoffmann nos presente al protagonista de <em>El hombre de arena</em> enamorado hasta la locura de Olimpia, un aut&oacute;mata con formas de mujer. Desde entonces los ejemplos no han faltado. Especialmente en el s&eacute;ptimo arte: desde Michel Piccoli perdidamente apasionado en <em>Tama&ntilde;o natural</em> (1973) de Luis Garc&iacute;a Berlanga hasta Joaquin Phoenix obsesionado por Samantha, la voz de su ordenador en el filme de Spike Jonze <em>Her</em> (2013).
    </p><p class="article-text">
        Desconocemos las pulsiones er&oacute;ticas que unen a Shenz con su artificial esposa, pero algo sabemos de los defectos f&iacute;sicos que no le importan de ella. Tenemos noticias, por ejemplo, de sus considerables limitaciones para la conversaci&oacute;n, reducidas por su esposo y creador a aquellas pobres y elementales frases que est&aacute; dispuesto a escuchar de su mujer. Como tambi&eacute;n hemos conocido su incapacidad para andar, tal vez porque el ingeniero chino busc&oacute; con su amoroso artilugio una actualizaci&oacute;n al siglo XXI de la vieja m&aacute;xima que recomienda para el matrimonio la pata quebrada. En cualquier caso, esta inmovilidad podr&iacute;a cambiar pues Zheng no descarta dotar a su esposa de algunos movimientos que la capaciten para ayudar en el trabajo dom&eacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez en ello radique el &eacute;xito de estas relaciones inanimadas que por la parte humana parecen monopolizar los hombres, aunque la mayor&iacute;a de ellos prefieran el ciberconcubinato al matrimonio. &Eacute;xito atestiguado por las grandes ventas alcanzadas por RealDoll, una firma norteamericana especializada en la fabricaci&oacute;n de mu&ntilde;ecas er&oacute;ticas hiperrealistas. Aunque la firma ha empezado a incluir en su cat&aacute;logo algunos modelos masculinos, el grueso de su producci&oacute;n siguen siendo mujeres tan artificiales como perfectas. Mujeres sumisas de sensualidad desbordada desde el m&oacute;dico precio de 6.000 euros. Todo al gusto del consumidor: el color de los ojos, la redondez de sus nalgas, el tama&ntilde;o de sus pezones.
    </p><p class="article-text">
        Algunos ver&aacute;n en esto el reflejo de una sociedad condenada a la soledad e incapaz de soltar el lastre de la misoginia. Pero tal vez es un prejuicio precipitado. Seguro que no faltar&aacute;n quienes, por el contrario, lo considerar&aacute;n una oportunidad para la emancipaci&oacute;n de la mujer. La directora del Instituto de Mujer, Lucia del Carmen Cer&oacute;n Hern&aacute;ndez, por ejemplo, conocida por su flexibilidad imaginativa para abordar los asuntos <em>femeninos</em>, seguro que no lo descartar&iacute;a como una propuesta realista para atajar la violencia machista, convencida de que siempre ser&aacute; mejor que el var&oacute;n incapaz de refrenar sus instintos se desahogue con una hembra mec&aacute;nica que con su santa esposa. Por otro lado, los v&iacute;nculos entre sexo y tecnolog&iacute;a no son ajenos a la derecha espa&ntilde;ola. Es sabido que Alonso Aznar, v&aacute;stago del mesi&aacute;nico expresidente y Ana Botella, invirti&oacute; en su d&iacute;a en la puesta en marcha de una APP para propiciar encuentros sexuales. Por ello, no ser&iacute;a descartable que, visto lo visto, se anime ahora a promover la fabricaci&oacute;n de aut&oacute;matas resignadas. Mujeres de dise&ntilde;o artificial listas para ser asesinadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/androide-amo_132_3474195.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Apr 2017 07:59:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La androide que me amó]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rajoy y los noruegos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/rajoy-noruegos_132_3508246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Mariano Rajoy, como buen gallego, se siente a gusto en esos territorios indeterminados en los que ni se va ni se viene. Ignoro por qu&eacute; lo gallegos tienen esa peculiaridad. Tal vez sea por la acumulada inmigraci&oacute;n sobre sus espaldas, que les hizo confiar m&aacute;s en los trayectos que en la direcci&oacute;n final de sus destinos. O su condici&oacute;n de habitantes del Finisterre, ese confuso espacio de encuentro entre lo que empieza y lo que termina que desorienta nuestros sentidos. Lo cierto es que, sea la causa que sea, los gallegos son as&iacute; y Rajoy no iba a ser la excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Eso explicar&iacute;a la raz&oacute;n por la que el presidente se encuentra m&aacute;s seguro en sus reflexiones metaf&iacute;sicas, que algunos err&oacute;neamente han tomado por lapsus, que en la concreci&oacute;n de sus planteamientos. Es por eso que el inquilino de la Moncloa est&aacute; como pez en el agua cuando nos sorprende con pensamientos de compleja hermen&eacute;utica como &ldquo;Espa&ntilde;a es una gran naci&oacute;n y los espa&ntilde;oles muy espa&ntilde;oles y mucho espa&ntilde;oles&rdquo;, o con cualquier otra de sus famosas sentencias que intentan en vano desentra&ntilde;ar los m&aacute;s sabios cabalistas. Por el contrario, cuando Rajoy desciende al terreno farragoso de lo concreto tiene una irrefrenable inclinaci&oacute;n a meter la pata, por no recurrir a una descripci&oacute;n m&aacute;s escatol&oacute;gica de su comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        Una de las &uacute;ltimas ocasiones en que hemos podido comprobar su desafortunada relaci&oacute;n con lo concreto se produjo hace poco, cuando el presidente tuvo a bien recomendarnos un libro para que comprendi&eacute;ramos la suerte que tenemos por ser &ldquo;mucho espa&ntilde;oles&rdquo;.  Rajoy debi&oacute; crecerse ese d&iacute;a y decidi&oacute; invitarnos sin ambages la lectura de <em>1.785 motivos por los que hasta un noruego querr&iacute;a ser espa&ntilde;ol</em>. Y as&iacute; fue como gracias a su consejo los &ldquo;muy espa&ntilde;oles&rdquo; nos despertamos perplejos unos d&iacute;as m&aacute;s tarde al conocer que Noruega es el pa&iacute;s m&aacute;s feliz del mundo, mientras que el nuestro, en el puesto 34 del ranking de la felicidad, a duras penas supera en estas alegr&iacute;as al melanc&oacute;lico fado portugu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Claro que la felicidad es un &aacute;mbito complejo y contradictorio. La de los noruegos, por ejemplo, no se ve empa&ntilde;ada por su condici&oacute;n de l&iacute;deres planetarios en la caza de ballenas. De hecho, seg&uacute;n los cient&iacute;ficos, ese placentero y exultante estado de &aacute;nimo no es m&aacute;s que una correcta combinaci&oacute;n de  endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina, un c&oacute;ctel qu&iacute;mico que por desgracia no es posible obtener en laboratorio. As&iacute; que, por muchas recetas veganas y vida saludable y positiva que nos recomienden endocrinos y neurocient&iacute;ficos, el secreto de la felicidad contin&uacute;a estando bien guardado.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, a lo m&aacute;ximo que pueden aspirar los gobiernos bienintencionados no es tanto a ordenar por decreto la felicidad de sus ciudadanos, como a intentar corregir las causas de sus infelicidades. Asegurar unas amplias libertades que eviten que un mal chiste te lleve a la c&aacute;rcel. Propiciar un clima de tolerancia que no condene a la sospecha al diferente, ya sea por la persona con quien comparte la cama o por la creencia que profese. Garantizar la salud y la ense&ntilde;anza como un derecho universal e irrenunciable de todas las personas. Hacer de la solidaridad un compromiso de convivencia entre la gente. Velar porque hombres y mujeres gocen con la seguridad de un techo y un trabajo digno. Combatir la desigualdad, la precariedad y la pobreza que amenazan con cuestionar la estabilidad de nuestras sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna, los deslices tienen en ocasiones la virtud de permitirnos rectificar nuestros errores, pues solo cuando reparamos en ellos estamos en condiciones de superarlos. Conociendo a Rajoy estoy convencido de que este ser&aacute; su caso. De hecho estoy plenamente seguro de que habr&aacute; sacado sus conclusiones de la desafortunada alusi&oacute;n a los noruegos tras estudiar a fondo ese modelo n&oacute;rdico que tan feliz hace a los habitantes de los fiordos. No descartar&iacute;a incluso que ahora mismo se encuentre negociando con Albert Rivera las primeras medidas para corregir la infelicidad de sus compatriotas. As&iacute; que los muy espa&ntilde;oles y muchos espa&ntilde;oles estamos de suerte: cualquier d&iacute;a de estos Rajoy legalizar&aacute; por decreto la caza de ballenas. Y todos tan felices.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/rajoy-noruegos_132_3508246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Mar 2017 14:57:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Rajoy y los noruegos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre dinosaurios y saltamontes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/dinosaurios-saltamontes_132_3561504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El pasado nos fascina, como nos fascinaba el futuro cuando exist&iacute;a. Tal vez esa sugesti&oacute;n resida en la libertad que nos otorga el interpretarlo, el reconstruirlo y, llegado el caso, reescribirlo a nuestro antojo. Una peculiaridad que, en cierto modo, compart&iacute;a -cuando exist&iacute;a, claro- con el futuro, que siempre se mostraba abierto a los caprichos de nuestra imaginaci&oacute;n. Por el contrario el presente acostumbra a ser m&aacute;s prosaico y nuestra relaci&oacute;n con &eacute;l suele asemejarse m&aacute;s bien con la que mantenemos con nuestras zapatillas de andar por casa, a las que nos acostumbramos por su cotidiano calor pese a la fealdad de su dise&ntilde;o afelpado.
    </p><p class="article-text">
        Con el pasado eso no pasa, como bien saben los escritores de voluminosas novelas hist&oacute;ricas. Y cuanto m&aacute;s remoto es ese pasado m&aacute;s logra cautivarnos. Es lo que nos ocurre con los dinosaurios, capaces de conquistarnos con la rotundidad de sus nombres antediluvianos: Diplodocus, Tyrannosaurus Rex, Brontosaurus. Pero sobre todo nos atrae su fragilidad de gigantes, seres majestuosos que reinaron sobre el planeta que terminaron siendo erradicados por el capricho de un meteorito desorbitado cuya azarosa trayectoria le llev&oacute; a chocar con la Tierra. No sentimos lo mismo, por ejemplo, ante los saltamontes aunque su vulnerable destino no corra mucha mejor suerte.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo es as&iacute;: los saltamontes se est&aacute;n extinguiendo. Lo ha puesto de relieve un documentado estudio realizado durante m&aacute;s de dos a&ntilde;os por 150 investigadores de la Uni&oacute;n Internacional para la Conservaci&oacute;n de la Naturaleza. Seg&uacute;n este trabajo de las 739 especies end&eacute;micas que existen en Europa de estos invertebrados, 231 est&aacute;n a punto de desaparecer. Su sentencia en este caso no llega ca&iacute;da del espacio sideral, sino dictada por los nuevos h&aacute;bitos humanos que han desplazado y reducido sus h&aacute;bitats naturales con el impacto de los campos de golf, las escapadas de <em>trekking</em> y nuestro saludable turismo rural.
    </p><p class="article-text">
        El suyo es un ocaso sin pena ni gloria, pues su improductiva existencia ni siquiera les hace protagonistas de alguna sensibilizada recogida de firmas como las que peri&oacute;dicamente nos alertan del trastorno que sufriremos cuando la desaparici&oacute;n de las abejas se lleve por delante la dulce miel de nuestras despensas. Pero sobre todo, nuestra indiferencia hacia la suerte de estos peque&ntilde;os seres viene determinada por su condici&oacute;n de diminutos representantes del presente, aunque sea ese presente caduco de nuestra infancia. Porque su intr&eacute;pido salto es un leve recuerdo de aquel ahora, cuando se as&iacute;an a nuestra ropa con asustada determinaci&oacute;n mientras pase&aacute;bamos por el campo en verano.
    </p><p class="article-text">
        Sus formas de diminuto monstruo espacial, llevaron a la Hammer a presentarlo en 1967 como una amenaza extraterrestre en el filme de <strong>Rod Ward Baker</strong> <em>&iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; entonces?,</em> una de esas pel&iacute;culas que a&ntilde;os m&aacute;s tarde ver&iacute;amos en una televisi&oacute;n en blanco y negro mientras cen&aacute;bamos un bocadillo de carne con tomate. Curiosamente ser&iacute;a en la pantalla donde aquellos saltamontes gal&aacute;cticos y los dinosaurios competir&iacute;an por seducir nuestros miedos, pues poco antes la misma productora hab&iacute;a presentado su <em>Hace un mill&oacute;n de a&ntilde;os</em> (1966) de <strong>Don Chaffey </strong>donde los grandes saurios eran los protagonistas. Ganaron los dinosaurios, pero m&aacute;s que por la espectacularidad de sus moles, su victoria fue debida a las diminutas dimensiones del taparrabos de una <strong>Raquel Welch</strong> transformada para la ocasi&oacute;n en una troglodita tan voluptuosa como inveros&iacute;mil.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, la verde figura del saltamontes no estaba hecha para dar miedo. M&aacute;s bien predispon&iacute;a a la ternura, como sabr&iacute;a explotar con &eacute;xito a mediados de los 70 la serie de animaci&oacute;n japonesa <em>La abeja Maya</em> y su simp&aacute;tico personaje Flip. Tambi&eacute;n por entonces, lograr&iacute;a encarnar el af&aacute;n inquieto de perfecci&oacute;n interior y sabidur&iacute;a en aquel Peque&ntilde;o Saltamontes interpretado por <strong>David Carradine</strong> en <em>Kung Fu,</em> cuando las series televisivas no aspiraban a suplantar a la novela decimon&oacute;nica sino que se contentaban con ser la recompensa a nuestros deberes escolares terminados.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, los saltamontes forman parte de nuestro presente acabado, como los bocadillos de carne con tomate o las gastadas zapatillas de andar por casa. Por eso su extinci&oacute;n pasar&aacute; sin pena ni gloria, sin inspirar ninguna superproducci&oacute;n a <strong>Steven Spielberg</strong>. Esa gloria queda reservada para los dinosaurios y sus pasados remotos. En cuanto al futuro tampoco hay que hacerse vanas esperanzas. El futuro, si acaso alg&uacute;n d&iacute;a vuelve, ser&aacute; cosa de <strong>Kafka</strong> y de las cucarachas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/dinosaurios-saltamontes_132_3561504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Feb 2017 12:33:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre dinosaurios y saltamontes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Dinosaurios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fronteras y amores en El Tarajal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/fronteras-amores-tarajal_132_3588565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Si la fe mueve monta&ntilde;as, otros sentimientos, como el amor, no se detienen ante barreras con vocaci&oacute;n infranqueable. Fronteras como las que separan la vida y la muerte, por ejemplo. Ah&iacute; est&aacute; para demostrarlo el rom&aacute;ntico episodio de Isabel de Segura y Juan de Marcilla, los amantes turolenses de esa ciudad que tambi&eacute;n existe, seg&uacute;n afirman sus pobladores, y que este a&ntilde;o se apresura a celebrar por todo lo grande el 800 aniversario del conmovedor desenlace de sus famosos enamorados. Hasta una &oacute;pera anda preparando para la ocasi&oacute;n el compositor Javier Navarrete, que en 2007 salt&oacute; a la fama gracias a su nominaci&oacute;n al Oscar por su banda sonora al filme de Guillermo del Toro <em>El laberinto del fauno</em>.
    </p><p class="article-text">
        Y el caso de los amantes ma&ntilde;os no es ins&oacute;lito. Parecida suerte corrieron algunos siglos m&aacute;s tarde los j&oacute;venes amantes de Verona, cuya tr&aacute;gica relaci&oacute;n imposible, en medio de las disputas entre los Montesco y los Capuletos, se encarg&oacute; de inmortalizar Shakespeare para convertirla en s&iacute;mbolo indiscutible del amor. Dante Alligheri, por su parte, nos dej&oacute; constancia de la determinaci&oacute;n del enamorado que no vacila en descender al m&aacute;s siniestro c&iacute;rculo de los infiernos con tal de reencontrarse con la inmaculada pureza de su enamorada Beatriz.
    </p><p class="article-text">
        Se replicar&aacute;, y no sin raz&oacute;n, que se trata de historias con inclinaci&oacute;n literaria, experiencias m&aacute;s hechas para la pluma o el reclamo tur&iacute;stico, que para reflejar nuestras propias vivencias. El amor entre los comunes presentan perfiles m&aacute;s mundanos y su fuerza para superar fronteras suele tener las alas m&aacute;s cortas, por muchos encuentros felices e infelices que haya propiciado m&aacute;s de un viaje al Caribe. Y es que en la vida real los sentimientos acostumbran m&aacute;s a darse de bruces con las barreras que a superarlas con al alg&uacute;n gesto po&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Bien lo saben los familiares de las v&iacute;ctimas de El Tarajal, aquellos an&oacute;nimos 15 africanos que un 4 de febrero de 2014 murieron ahogados frente a la playa de Ceuta entre culatazos, botes de humo y balas de goma de la guardia civil. Todo su amor de padres, madres o hermanos no conmovi&oacute; lo m&aacute;s m&iacute;nimo a los responsables consulares en la camerunesa ciudad de Yaund&eacute; que les denegaron el visado para viajar a Espa&ntilde;a con el irresponsable prop&oacute;sito de identificar los cad&aacute;veres de su hijos o hermanos y la provocativa actitud de homenajear a sus muertos.
    </p><p class="article-text">
        Su caso ha vuelto a ser actualidad estos d&iacute;as, cuando se cumplen tres a&ntilde;os de la tragedia y despu&eacute;s de que la Audiencia Provincial de C&aacute;diz haya ordenado reabrir las diligencias archivadas. Sin embargo, la ONG Caminando Fronteras ven&iacute;a denunciando esta situaci&oacute;n desde hac&iacute;a meses, aunque los medios serios se acuerden ahora de su historia. Ya se sabe, frente al impulso de las emociones siempre es bueno dejar pasar ese tiempo prudencial que todo lo cura. Tal vez por eso nuestras autoridades prefirieron guardar unos d&iacute;as de silencio antes de informar sobre la aparici&oacute;n del peque&ntilde;o Samuel y su cuerpo de cuatro a&ntilde;os flotando en la costa gaditana tras naufragar hace unas semanas la patera en la que viajaba hacia la muerte.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, el tiempo es mejor consejero para el amor que la poes&iacute;a. Todo lo acaba curando, aunque como a los protagonistas de <em>La, la land</em>, nos obligue a pagar un cierto peaje de melancol&iacute;a. Adem&aacute;s, siempre es muy f&aacute;cil de llenar para hacer m&aacute;s llevadera nuestra espera hacia el olvido. Por ejemplo, escandaliz&aacute;ndonos ante la maldad gen&eacute;tica de Donald Trump hacia los inmigrantes, indign&aacute;ndonos frente a sus p&eacute;rfidos planes de levantar muros imposibles contra el amor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/fronteras-amores-tarajal_132_3588565.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Feb 2017 15:07:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Fronteras y amores en El Tarajal]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Inmigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donald Trump se despide del IVAM]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/donald-trump-despide-ivam_132_3615008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Resulta tentador imaginar que las ocurrentes declaraciones de <strong>Kellyanne</strong> <strong>Conway</strong> se idearon en Valencia. Y no me atrever&iacute;a a afirmar que no fue as&iacute;. Porque la calificaci&oacute;n como &ldquo;hechos alternativos&rdquo; que la asesora de <strong>Donald</strong> <strong>Trump</strong> aplic&oacute; a la versi&oacute;n manipulada que el portavoz de la Casa Blanca, <strong>Sean</strong> <strong>Spicer</strong>, dio sobre el n&uacute;mero de asistentes a la toma de posesi&oacute;n de su jefe, son sin duda el colof&oacute;n perfecto a la exposici&oacute;n <em><strong>Fake</strong></em> que esta semana ser&aacute; clausurada en el <strong>IVAM</strong>. La muestra nos plantea una seductora reflexi&oacute;n sobre las relaciones siempre ambiguas entre lo verdadero y lo falso, sobre las traicioneras intenciones de la verosimilitud, sobre la verdad como construcci&oacute;n social. En &uacute;ltima instancia, como destaca <strong>Jorge Luis Marzo</strong> en el cat&aacute;logo, nos interroga sobre nuestra propia inclinaci&oacute;n al autoenga&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n podr&iacute;an ser parte de una campa&ntilde;a de marketing editorial. As&iacute; nos inclinar&iacute;a a pensar la informaci&oacute;n publicada por <em><strong>The Guardian</strong></em>, seg&uacute;n la cual, tras los comentarios de Conway se han disparado las ventas de <em><strong>1984</strong></em>. Y es que las manifestaciones de la asesora de Trump parecen haber despertado un renovado inter&eacute;s por aquella distop&iacute;a recreada por<strong> Georges Orwell </strong>que se asentaba sobre la l&oacute;gica de la neolengua y el doble pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, la existencia de estos precedentes orwellianos deber&iacute;a llevarnos m&aacute;s bien a preguntarnos por qu&eacute; hemos recibidos con tanta excitada indignaci&oacute;n los argumentos de Conway. La reacci&oacute;n parece cuanto menos exagerada para una sociedad como la norteamericana con pocos motivos para las sorpresas despu&eacute;s de hechos alternativos tan recordados como las armas de destrucci&oacute;n masiva bajo las arenas del desierto mesopot&aacute;mico. Por no hablar de la espa&ntilde;ola donde los hechos alternativos mostraron todo su siniestro esplendor en 11M y donde responsables del partido gobernante mantienen sin pudor que ni estamos ni estuvimos en la guerra de Iraq.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, cabr&iacute;a preguntarse si en el fondo el sobreactuado rasgado de vestiduras al que asistimos estos d&iacute;as no viene a esconder el imperio definitivo de los hechos alternativos. M&aacute;s a&uacute;n, si el propio Donald Trump no es en el fondo m&aacute;s que una hecho alternativo que venga tranquilizar nuestras desorientadas conciencias. Un nuevo relato que nos permita canalizar nuestra rabia hacia el proyectado muro frente al que se estrellar&aacute;n mexicanos y centroamericanos, mientras aislamos en el inconsciente los kil&oacute;metros de valla de espinas en tierras de Melilla. Un monstruo machista deleznable que permita hacer m&aacute;s llevadero nuestro goteo de mujeres asesinadas. Un hortera racista impresentable que convierta en entra&ntilde;ables las miserias de nuestros CIE y la eficacia de nuestras deportaciones. Un proteccionista ultramontano que maquille de modernidad la sangr&iacute;a globalizadora. Un multimillonario bocazas y soez que haga pasar por elegancia la habilidad del 1% para hacerse con nuestra riqueza.
    </p><p class="article-text">
        La construcci&oacute;n social adquiere as&iacute; unos tintes casi circenses, donde el m&aacute;s dif&iacute;cil todav&iacute;a se convierte en el momento m&aacute;s esperado del viejo arte de la manipulaci&oacute;n. La mentira desnudada como mentira para tapar las verg&uuml;enzas de nuestras mentiras. Trump, el magnate antisistema convertido en un <em>fake</em> de la era de la posverdad, capaz de hacer tambalearse a nuestras estructuras emocionales mientras dispara los beneficios de Wall Street. La neolengua de los hechos alternativos transformada en costumbrismo. Por eso, como se&ntilde;ala Marzo, puede que lo m&aacute;s importante no sea confirmar las sospechas demasiado evidentes de que estamos siendo manipulados, sino atrevernos a cuestionar los mecanismos que nos llevan a aceptar la verosimilitud de nuestros propios enga&ntilde;os. Solo por ello ya estar&iacute;a justificada una visita a la exposici&oacute;n del IVAM. Pero habr&aacute; que ir con mucha paciencia. Si han conseguido que la asesora de Trump se implique en la clausura de la muestra, las colas frente al museo estar&aacute;n m&aacute;s que aseguradas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/donald-trump-despide-ivam_132_3615008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Jan 2017 13:19:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Donald Trump se despide del IVAM]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cañizares y el silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/canizares-silencio_132_3643398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En su &uacute;ltima pel&iacute;cula, Scorsese nos presenta el conflicto interior de un joven jesuita portugu&eacute;s ante el silencio de Dios frente a la cruenta persecuci&oacute;n religiosa en el Jap&oacute;n del siglo XVII. Una tormentosa vivencia de la fe que el protagonista experimenta en una realidad que le resulta extra&ntilde;a y le supera, una lucha &iacute;ntima por la redenci&oacute;n que acabar&aacute; conduci&eacute;ndole a la apostas&iacute;a. Filme honestamente cristiano, <em>Silencio</em> reivindica la humildad de una b&uacute;squeda personal de la transcendencia que cuestiona la intransigencia religiosa tanto como la soberbia fan&aacute;tica de una fe inquebrantable.
    </p><p class="article-text">
        Ignoro si el cardenal Ca&ntilde;izares ha visto ya esta pel&iacute;cula basada en la novela hom&oacute;nima de Shusako Endo. Y deber&iacute;a, ya que no resulta dif&iacute;cil imaginarlo con el mismo dolor de conciencia que sufre el jesuita ante una realidad hostil empe&ntilde;ada en poner a prueba la firmeza de sus creencias. Claro que aqu&iacute; terminan las coincidencias. Porque a diferencia del personaje de ficci&oacute;n, el arzobispo de Valencia prefiere sofocar el silencio de Dios con el estruendoso ruido medi&aacute;tico de sus anuncios del apocalipsis.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima ocasi&oacute;n ha sido a prop&oacute;sito de las directrices de la Generalitat para que todos los centros educativos, incluidos los concertados y religiosos, tomen las medidas necesarias para normalizar la integraci&oacute;n de los alumnos transexuales. Tras esta medida, y pese a admitir las buenas intenciones de quienes la defienden, al cardenal le ha faltado tiempo para salir al paso de la Maldad inherente a las teor&iacute;as de g&eacute;nero y la irremediable destrucci&oacute;n de la familia que conllevan estas, a su juicio, diab&oacute;licas doctrinas.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que Ca&ntilde;izares se habr&aacute; documentado antes de lanzar tales afirmaciones y que como m&iacute;nimo habr&aacute; consultado el catecismo de Joseph Ratzinger. Y que tal vez es este tiempo absorto de estudio el que le impide leer con un m&iacute;nimo de distanciamiento lo que ocurre fuera de las puertas del Arzobispado. O simplemente ojear los datos estad&iacute;sticos que le llegan de los registros de sus parroquias y que le recuerdan que s&oacute;lo 808 parejas valencianas se casaron por la iglesia de los 4519 matrimonios celebrados en 2016. Un pobre 17,9% del total, por debajo incluso de la media del 22% registrada en esta Espa&ntilde;a anta&ntilde;o martillo de herejes. O tal vez s&iacute; conoc&iacute;a esta informaci&oacute;n, pero a su fe le reconfortaba pensar que las estad&iacute;sticas, como a las balas, las carga el Diablo.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que los matrimonios, y en especial aquellos como Dios o Ca&ntilde;izares mandan, tienen cada vez menos que ver con la familia. Si es que alguna vez lo tuvieron. Porque lo que nos advierten los soci&oacute;logos es que lo que prima en ellos es la conveniencia. Un inter&eacute;s que ha ido mudando con el tiempo, de modo que si hace s&oacute;lo unas d&eacute;cadas el matrimonio era la v&iacute;a socialmente reconocida de acceso a la sexualidad (y tambi&eacute;n al adulterio, claro), hoy se le percibe m&aacute;s bien como un simple tr&aacute;mite administrativo con el que regularizar la situaci&oacute;n de los hijos, realizar la declaraci&oacute;n de Hacienda conjunta, compartir hipoteca o tener acceso a una Seguridad Social que la precariedad laboral nos arrebata.
    </p><p class="article-text">
        La prueba m&aacute;s irrefutable de ello es que el d&iacute;a de la boda ha dejado de ser el m&aacute;s feliz de nuestras vidas. Su lugar en la colecci&oacute;n de momentos inolvidables lo ocupa ahora el viajar, seg&uacute;n un estudio realizado por Booking, el servicio de contrataci&oacute;n de hoteles por internet. Aunque en realidad, buscar la felicidad en otro lugar distinto al de nuestra dif&iacute;cil y dura cotidianidad tampoco es nada nuevo pues, no en vano, la Iglesia lleva m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os prometi&eacute;ndonosla en el otro mundo. Pero ya se sabe, los tiempos cambian como bien sabe el <strong>Papa Francisco</strong>. Por eso, no ser&iacute;a descartable que pronto Scorsese nos sorprendiera con una pel&iacute;cula sobre la espiritualidad redentora en los vuelos de <em>low cost</em>. Ni tampoco que cualquier d&iacute;a Ca&ntilde;izares amenace con la excomuni&oacute;n a los lectores de la <em>Lonely Planet</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/canizares-silencio_132_3643398.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Jan 2017 12:53:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cañizares y el silencio]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cardenales,Arzobispado de Valencia,José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los magos y el fisco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/jose-manuel-rambla-opinion_132_3653600.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Gracias a los m&oacute;viles de &uacute;ltima generaci&oacute;n con acceso a internet que distribuy&oacute; Papa Noel la pasada Navidad, hoy son pocos los ni&ntilde;os que no saben que los Reyes son los padres. Otra cosa es que finjan ignorarlo para no quebrar la ilusi&oacute;n de sus progenitores y abuelos, conscientes de que, adem&aacute;s, esas pocas horas de inocencia simulada les ser&aacute;n convenientemente retribuidas con nuevas d&aacute;divas en la l&oacute;gica de amor y consumismo compulsivos que impera en estas fechas tan entra&ntilde;ables en las que recordamos el nacimiento del Mes&iacute;as de los pobres.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, esto no significa que no quede espacio para el misterio en torno a la tradici&oacute;n de los Reyes Magos.  Porque si ya no existe secreto alguno respecto a la identidad de los Reyes, la oscuridad todav&iacute;a acompa&ntilde;a en gran medida al adjetivo que les acompa&ntilde;a: &iquest;Qui&eacute;nes son hoy los magos? No se trata, por supuesto, de ese prestidigitador que gracias a la agilidad de sus dedos o la sofisticaci&oacute;n de sus aparatos es capaz de realizar los m&aacute;s extraordinarios prodigios como sacar conejos de una chistera o partir en pedazos a una bella se&ntilde;orita que, pese a sus embarazosas circunstancias, permanecer&aacute; sonriente mientras su tronco es desplazado de su uni&oacute;n con la cabeza y las extremidades. Me refiero al mago, al hechicero, al brujo, ese conocedor de los secretos m&aacute;s arcanos que le permiten controlar las fuerzas m&aacute;s poderosas para ponerlas al servicio de su voluntad.
    </p><p class="article-text">
        Su existencia en las sociedades humanas se remonta a los tiempos en que el fuego era un enigma. Milenios m&aacute;s tarde, cuando en las hoy castigadas tierras mesopot&aacute;micas comenz&oacute; a dar sus primeros pasos la palabra escrita, la presencia de conjuros en las primitivas tablillas volver&aacute; a dejarnos constancia de estos fabulosos personajes que desde entonces no han dejado de acompa&ntilde;arnos. Incluso en &eacute;pocas m&aacute;s recientes tenemos noticias de famosas pugnas entre magos, como las que enfrentaron a finales del XIX a Stanislas de Guaita y el siniestro Boullan.  Aunque el influjo de estas artes ocultas se mantuvo hasta el pasado siglo con personajes tan fascinantes como Aleister Crowley o MacGregor Mathers o Gerald Gardner y su movimiento de la Wicca, lo cierto es que la proyecci&oacute;n de la magia ha entrado en un declive tal vez irreversible pese a los &eacute;xitos de Harry Potter.
    </p><p class="article-text">
        Pese a las ansias de espiritualidad que caracterizan el mundo posmoderno, no es extra&ntilde;o este cambio. Hoy las incursiones en las realidades paralelas y las fuerzas ocultas, parecen tener poco margen en una sociedad marcada donde el software nos permite acceder a eso que se ha dado en llamar realidad ampliada. La capacidad de hacer aparecer y desaparecer -pasiones, deseos, poder, salud, inmortalidad- que caracterizaba la magia, tiene dif&iacute;cil competir en un mundo donde la virtualidad pone todo al alcance de la mano. En cualquier caso, en nuestros d&iacute;as todav&iacute;a queda un &uacute;ltimo reducto para el mago: las finanzas. Y all&iacute; su poder resulta asombroso.
    </p><p class="article-text">
        Lo pon&iacute;an de manifiesto en su &uacute;ltimo informe los t&eacute;cnicos de Hacienda. Seg&uacute;n sus estimaciones, estos nuevos hechiceros habr&iacute;an hecho evaporarse delante de nuestras narices unos 255.559 millones de euros gracias a sus conjuros fiscales. En beneficio de las grandes empresas, claro, las &uacute;nicas capaces de poder pagar sus servicios. Sus p&oacute;cimas y conjuros son tan efectivas que han conseguido el extraordinario prodigio de lograr que las grandes multinacionales paguen de media un 6% de sus resultados contables obtenidos en Espa&ntilde;a, mientas la panader&iacute;a de la esquina o cualquier otra empresa peque&ntilde;a paga el 14,6%. Es tal el poder que, por ejemplo, el Corte Ingl&eacute;s, con unos beneficios que aumentaron un 34% solo en 2015, no ha pagado al fisco ni un miserable euro desde 2011. Y lo que todav&iacute;a es m&aacute;s extraordinario, el ministerio de Montoro le ha devuelto en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os m&aacute;s de 343 millones de euros. Hasta un aprendiz de brujo tan mediocre como Luis de Miguel, el cerebro financiero de la trama G&uuml;rtel, se vanagloriaba recientemente ante el juez de haber conseguido que Alcampo no hubiera pagado el impuesto de sociedades en 20 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que la influencia de la magia alcanzaba tales dimensiones que algunas personas asumieron el firme prop&oacute;sito de desvelar sus trampas. Fue el caso del ilusionista Houdini que dedic&oacute; buena parte de sus energ&iacute;as en denunciar a aquellos supuestos magos que usaban sus artificios para enga&ntilde;ar y estafar a los incautos. Por desgracia, los actuales magos fiscales no tienen quien les persiga. Peor a&uacute;n, si aparecen ellos tienen el poder de hacerlos desaparecer. Es lo que ha ocurrido con el proyecto de la Agencia Antifraude proyectada por la Generalitat Valenciana. Pese a su conocida voluntad por acabar con el fraude fiscal y la corrupci&oacute;n, el gobierno de Rajoy se ha apresurado a frenar la iniciativa. Y es que los hechizos de estos magos son capaces de anular la voluntad del presidente m&aacute;s testarudo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/jose-manuel-rambla-opinion_132_3653600.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jan 2017 16:44:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los magos y el fisco]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La inmortalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/inmortalidad_132_3661626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La prueba definitiva de que la Navidad ablanda los corazones es que hasta el PP ha encontrado un hueco estos d&iacute;as para preocuparse por los problemas sociales. Pero no por cualquier problemilla de poca monta como la precariedad, la pobreza o las desigualdades. Esos no son m&aacute;s que excusas improvisadas por perroflautas para malmeter contra las acertadas recetas econ&oacute;micas que dios nos manda, como pedag&oacute;gicamente dir&iacute;a nuestro presidente Rajoy. No, los populares no son amigos de andarse por las ramas y puestos a se&ntilde;alar problemas sociales prefieren ir a lo fundamental. A la madre de todos los problemas, vamos. Y esa no es otra que el envejecimiento de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que ah&iacute; los tenemos, convocando contrarreloj <em>think tanks</em> para encontrar alguna soluci&oacute;n a tan peliagudo contratiempo. Por lo pronto, como adelantaba estos d&iacute;as Javier Maroto, este preocupante envejecimiento ser&aacute; el principal asunto social que abordar&aacute;n en su congreso nacional de febrero. Aunque habr&iacute;a que matizar un poco estos temores. Porque, en realidad, el envejecimiento no es lo que m&aacute;s inquieta a los populares. De hecho, si tenemos presente que la mayor&iacute;a de sus votantes tiene m&aacute;s de 60 a&ntilde;os, la l&oacute;gica nos llevar&iacute;a a pensar que con una sociedad envejecida ser&iacute;a una Jauja electoral para PP. Pensemos, por ejemplo, que si Matusal&eacute;n -que seg&uacute;n la Biblia lleg&oacute; a los 969 a&ntilde;os- estuviera empadronado, pongamos por caso, en Calahorra, podr&iacute;a votar a Rajoy en m&aacute;s 235 elecciones. Pero no es tan f&aacute;cil. No porque el santo var&oacute;n no est&eacute; empadronado en Calahorra, sino porque, seg&uacute;n estudios del Albert Einstein Collage of Medicine de Nueva York, los humanos tienen complicado superar la barrera vital de los 125 a&ntilde;os. Vamos, que lo de Matusal&eacute;n solo fue un capricho de dios, tan inexplicable como sus recetas econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; est&aacute; el quid de la cuesti&oacute;n que tanto preocupa en la calle G&eacute;nova: la impertinente inclinaci&oacute;n que tienen los humanos, incluyendo en esta categor&iacute;a a los votantes del PP, por morirse. As&iacute;, lo que podr&iacute;a ser el panorama id&iacute;lico para los conservadores espa&ntilde;oles, amenaza con convertirse en su peor pesadilla si dentro de unas d&eacute;cadas resulta que la Santa Muerte les deja sin electores fieles. Es comprensible pues la alarma desatada en las filas populares. Y aunque por el momento Maroto no ha adelantado posibles alternativas, conociendo el tes&oacute;n de los populares por ir a la ra&iacute;z de los problemas, suponemos que todas las opciones barajadas partir&aacute;n de la &uacute;nica premisa posible: conquistar la inmortalidad. &iquest;C&oacute;mo? Eso ya es otro cantar.
    </p><p class="article-text">
        Algunos sectores del partido parecen inclinarse por la v&iacute;a del constitucional. Se tratar&iacute;a de incluir la inmortalidad en esa posible reforma de la Constituci&oacute;n de la que tanto se habla. La muerte quedar&iacute;a as&iacute; tan proscrita de este pa&iacute;s como el refer&eacute;ndum de Catalu&ntilde;a. Y si La Parca osara desacatar la Carta Magna y aparecer por estas tierras podr&iacute;a ser procesada por el Tribunal Superior de Justicia con la misma sa&ntilde;a constitucionalista que Carmen Forcadell. Adem&aacute;s, esta opci&oacute;n tendr&iacute;a la ventaja a&ntilde;adida de favorecer el di&aacute;logo parlamentario con los socialistas, que tampoco andan muy sobrados de votantes longevos. Se resucitar&iacute;a as&iacute; el esp&iacute;ritu de consenso del art&iacute;culo 135.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la prudencia reclamada por Rajoy y Soraya S&aacute;ez de Santamar&iacute;a a la hora de abordar cambios constitucionales, despierta algunas dudas sobre el futuro de esta v&iacute;a para instaurar la inmortalidad. Por eso, otros sectores del PP se mostrar&iacute;an m&aacute;s esperanzados con los augurios de Jos&eacute; Luis Cordeiro. Este investigador de la Singularity University, el centro impulsado desde Silicon Valley por gigantes como Google, est&aacute; convencido de que en el 2045 la inmortalidad ser&aacute; opcional. Y todo gracias a los avances de la inteligencia artificial, que dentro de poco estar&aacute; en condiciones de superar a la inteligencia humana y desarrollarse de forma aut&oacute;noma con potencialidades, a su juicio, inimaginables. Aunque el optimismo visionario de Cordeiro resulta atractivo para la derecha espa&ntilde;ola, tampoco faltan voces esc&eacute;pticas dados los reparos hist&oacute;ricos de los conservadores espa&ntilde;oles frente a la inteligencia, por muy artificial que se presente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, todo parece indicar que la opci&oacute;n que m&aacute;s cohesi&oacute;n estar&iacute;a generando en las filas populares ser&iacute;a abordar la inmortalidad a partir de la an&eacute;mona de mar, una peculiar criatura que parece inmune a la muerte. Lo cierto es que la comunidad cient&iacute;fica no deja de mostrar inter&eacute;s por este curioso ser que parece inmortal y cuya cuerpo, adem&aacute;s, permanece siempre lozano, ajeno al declive y la decadencia. Pero estas no son las &uacute;nicas virtudes de esta planta subacu&aacute;tica capaz de comer y defecar por el mismo orificio. Tambi&eacute;n cuenta con un sistema nervioso muy simple, lo que aleja los riesgos electorales de una inteligencia demasiado desarrollada, pero capaz de provocar una conducta depredadora muy activa que ser&iacute;a imprescindible para que los futuros jubilados inmortales pudieran sobrevivir en este oc&eacute;ano neoliberal sin un sistema p&uacute;blico de pensiones.
    </p><p class="article-text">
        Por eso no resulta sorprendente que este curioso ser est&eacute; desatando todo tipo de especulaciones. Incluso hay quien no descarta la posibilidad de que, en realidad, el propio Rajoy no sea m&aacute;s que una de estas an&eacute;monas sin otro objetivo vital que dejar pasar el tiempo toda la eternidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/inmortalidad_132_3661626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Dec 2016 11:43:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La inmortalidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Mariano Rajoy,PP - Partido Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patrimonio de la Humanidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/patrimonio-humanidad_132_3700884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Valencia, como Par&iacute;s, fue una fiesta. Y no era para menos. La noticia llegaba de Addis Abeba y corr&iacute;a por el Cap i Casal con m&aacute;s fuerza que la <em>riu&agrave;</em> del 57: la Unesco declaraba a las Fallas todo un Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. As&iacute; que, por fin, nuestra at&aacute;vica fiesta del fuego alcanzaba la misma categor&iacute;a que la cerveza belga, el merengue dominicano, la cultura charra mexicana o la rumba cubana, de luto esta &uacute;ltima por la muerte de Fidel e imposibilitada por ello de dar rienda suelta a la alegr&iacute;a como en las calles valencianas. O si se prefiere, a la altura del Misterio de Elx, el Tribunal de las Aguas o la Mare de Deu de la Salut de Algemes&iacute;, patrimonios patrios anteriormente admitido que, en cualquier caso, dif&iacute;cilmente est&aacute;n tan arraigados en el ADN de esta tierra de las flores, de la luz y del amor como la algarab&iacute;a que envuelve a nuestras fiestas de Sant Josep.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de la Unesco se suma al otro hito reciente de nuestra historia universal. Me refiero, claro, a la confirmaci&oacute;n del emoticono de la paella que desde el pasado verano se pasea con luz propia por los intangibles espacios del <em>WhatsApp</em>. Y no considero anecd&oacute;tica la vinculaci&oacute;n de estas menciones pues, en definitiva, ambas distinciones nos confirman como referentes incuestionables de lo inmaterial, lo intangible, del reino vaporoso de lo intangible. Se trata de una particularidad muy valenciana y explica en gran medida nuestra pasi&oacute;n por la <em>masclet&agrave;</em>, ese espect&aacute;culo atronador que inevitablemente acaba evapor&aacute;ndose con el humo de la p&oacute;lvora, sin dejar m&aacute;s huella f&iacute;sica que el rastro quemado de la explosi&oacute;n en las calzadas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso no me extra&ntilde;ar&iacute;a que, animados por la buena racha, algunos se animen a promover nuevas candidaturas para la Unesco. Por ejemplo, la de declarar tambi&eacute;n a Rita Barber&aacute; Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La inmaterialidad evitar&iacute;a as&iacute; la pol&eacute;mica abierta por la proposici&oacute;n de dedicarle una plaza o una calle a la exalcaldesa de Espa&ntilde;a, contentando de este modo tanto a tirios deseosos de beatificarla como a los troyanos inc&oacute;modos con la perspectiva de un homenaje f&iacute;sico aqu&iacute; en la tierra. Al fin y al cabo, algo tan poco tangible como la humareda de la masclet&agrave; es buena parte de ese et&eacute;reo legado de la exlideresa expulsada del PP y hoy resucitada por los mismos que ayer la negaban: esa holograf&iacute;a triunfalista hecha de Formula 1 y maquetas de Calatrava, construida en el cielo mientras Rita, desde el privatizado balc&oacute;n del ayuntamiento, se apresuraba a negar a pie de suelo la f&iacute;sica corporeidad del Cabanyal o a las v&iacute;ctimas del metro.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, hoy debemos de estar satisfechos con la distinci&oacute;n a las Fallas de la Unesco. Patrimonio de la Humanidad. Hasta hace poco los valencianos ve&iacute;amos con resignaci&oacute;n como desde el poder y sus allegados solo se prestaba atenci&oacute;n a la primera parte de este binomio, el patrimonio. El patrimonio ajeno, se entiende. El patrimonio colectivo, se sobreentiende. Fue as&iacute; como se repartieron fondos, se distribuyeron mordidas y se intercambiaron tajadas a costa de las arcas p&uacute;blicas y las decencias c&iacute;vicas. Tambi&eacute;n en esto Valencia alcanz&oacute; fama mundial. Pero en este caso por motivos bien materiales diestramente, gestionados a la perfecci&oacute;n por Correa, el Bigotes, Rus o el Yonki del Dinero de turno.
    </p><p class="article-text">
        Ahora la Unesco con el acuerdo de Addis Abeba no solo equipara el patrimonio de nuestras fiestas josefinas al yoga de la India o los Veinticuatro Periodos Solares de la cultura china. Tambi&eacute;n nos permite recuperar aquel complemento perdido de la Humanidad que durante tanto tiempo qued&oacute; el olvido mientras algunos se llevaban nuestro patrimonio. Bienvenido sea, aunque sea inmaterial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/patrimonio-humanidad_132_3700884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Dec 2016 16:53:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Patrimonio de la Humanidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Fallas,Valencia,UNESCO,Patrimonio de la Humanidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fallera monárquica y los protocolos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/fallera-monarquica-protocolos_132_3717022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Los disgustos, como los problemas, nunca llegan solos. Hace unos d&iacute;as nos despert&aacute;bamos sobresaltados al conocer que los norteamericanos son racistas. Es verdad que d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n nos desayun&aacute;bamos con la noticia de alg&uacute;n polic&iacute;a de aquel pa&iacute;s que decid&iacute;a fre&iacute;r a tiros a alguno de sus compatriotas negros (o afrodescendiente, como dicen los pol&iacute;ticamente correctos que ignoran que todo el g&eacute;nero humano procede de &Aacute;frica). Pero, bueno, achac&aacute;bamos el caso a un exceso de celo profesional del agente ante la sospechosa actitud del ciudadano en cuesti&oacute;n de situarse delante del ca&ntilde;&oacute;n de su pistola ignorante de que el tiro al blanco s&iacute; distingue colores. Hizo falta que eligieran a Trump para sacarnos de nuestro error. Qu&eacute; disgusto.
    </p><p class="article-text">
        Pero, como ya he dicho, estas decepciones nunca llegan solas. As&iacute; que ahora, justo cuando la Unesco tiene que decidir si reconoce a las Fallas como Patrimonio de la Humanidad, nos sorprenden unas recomendaciones de la Junta Central Fallera a las Falleras Mayores y su corte de honor que parecen m&aacute;s redactadas por el jefe de protocolo de Boko Haram que por una entidad c&iacute;vica de un pa&iacute;s democr&aacute;tico. Las fallas son machistas, qu&eacute; disgusto.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, la proliferaci&oacute;n de ninots femeninos con pechos y nalgas desorbitados ya hab&iacute;a provocado alguna sospecha si bien preferimos pensar que detr&aacute;s lat&iacute;a ese componente cultural de la fiesta. Vamos, que en esos toques mis&oacute;ginos en realidad se escond&iacute;a un homenaje velado a la Venus de Wilendorf, Rubens, Fellini o, en &uacute;ltima instancia, al cine landista de los a&ntilde;os 70. Pero nuestras esperanzas se evaporaron al filtrarse el dichoso manual de protocolo que ha terminado provocando m&aacute;s regueros de tinta que la Wikileaks y los papeles de Panam&aacute; juntos.
    </p><p class="article-text">
        Y no es para menos repasando las recomendaciones incluidas en el documento. Con todo, a mi juicio, lo peor de todo no est&aacute; en las directrices dictadas a prop&oacute;sito de la indumentaria, que tanta indignaci&oacute;n ha desatado.  No, el problema no radica en que se les vete el uso de transparencias y escotes excesivos, ni que se les asigne un comisario pol&iacute;tico que vigile e imponga el recato en su vestimenta. Lo realmente escandaloso de tan mefistot&eacute;licas cl&aacute;usulas es su exigencia de que las elegidas como &ldquo;representantes&rdquo; de la mujer valencianaacepten su condici&oacute;n de &ldquo;sometidas&rdquo; a la Junta Central Fallera que les advierte que &ldquo;su opini&oacute;n personal&rdquo; no cuenta, ni se les reconoce ninguna posibilidad de actuar por &ldquo;iniciativa propia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se argumentar&aacute; como descargo que las afectadas ostentan un cargo de representaci&oacute;n simb&oacute;lico y libremente asumido. Incluso no faltar&aacute; quien recuerde que en las mismas circunstancias se encuentra nada menos que el rey de Espa&ntilde;a, que en aras de su neutralidad, debe de abstenerse de mostrar sus  opiniones. Un extremo, por cierto, que nadie le record&oacute; al flamante Felipe VI  cuando alab&oacute; en la apertura de las Cortes la &ldquo;generosidad&rdquo; de quienes permit&iacute;an gobernar a Rajoy en lugar de sincerarse sobre qu&eacute; piensa, por ejemplo, de su padre o su cu&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco faltar&aacute;n quienes justifiquen las recomendaciones de recato por  el propio bien de las falleras. Y aqu&iacute;, justo es admitirlo, algo de raz&oacute;n no les falta, no en lo que respecta a las medidas de las faldas y escotes, pero s&iacute; en lo tocante al uso de los bolsos. Porque en ocasiones estos delicados complementos lejos de remarcar la elegancia, ponen al descubierto las verg&uuml;enzas con m&aacute;s efectividad que la m&aacute;s sensual transparencia. Y si no que se lo pregunten al Rita Barber&aacute; cuya afici&oacute;n a los bolsos Vuitton la dej&oacute; m&aacute;s en evidencia que si hubiera sido pillada tom&aacute;ndose un gin-tonic en picard&iacute;as. Por cierto, nuestro monarca no tuvo problema alguno en recibir a la senadora valenciana durante ese acto de igualitarismo democr&aacute;tico que fue el besamanos. Conociendo su sincero rechazo de la corrupci&oacute;n, seguro que fue un encuentro en contra de su voluntad. Es lo malo de estas figuras simb&oacute;licas, sean falleras o mon&aacute;rquicas, que se les impide tener iniciativa propia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/fallera-monarquica-protocolos_132_3717022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Nov 2016 16:22:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La fallera monárquica y los protocolos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Valencia,Fallas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El payaso de McDonals’s o el entierro de la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/payaso-mcdonalss-entierro-democracia_132_3739002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Florencia no quiere que el payaso de McDonald&rsquo;s se pasee por la Piazza del Duomo. Y es que el gigante de la comida r&aacute;pida desentona con sus colores rojizos de k&eacute;tchup junto a la majestuosidad renacentista de su catedral, de modo que su alcalde, <strong>Dario Nardello</strong>, ha decidido denegar la autorizaci&oacute;n para instalar uno de estos populares establecimientos en plena joya urban&iacute;stica, arquitect&oacute;nica y tur&iacute;stica de la capital toscana. El ayuntamiento justifica la medida con una normativa que impide la apertura de locales que no ofrezcan a sus clientes productos t&iacute;picos de la regi&oacute;n. Un argumento que no parece haber convencido demasiado a la multinacional norteamericana que, seg&uacute;n informa el diario brit&aacute;nico <em>The Independent</em>, ha respondido con <a href="http://www.independent.co.uk/news/world/europe/mcdonalds-sue-florence-city-italy-restaurant-application-refused-a7404726.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un contencioso reclamando 20 millones de d&oacute;lares</a> a la ciudad por los perjuicios estimados.
    </p><p class="article-text">
        No poco de esta pol&eacute;mica la estamos viviendo tambi&eacute;n estos d&iacute;as a prop&oacute;sito de la controvertida elecci&oacute;n de <strong>Donald Trump</strong> como pr&oacute;ximo presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. El payaso de peinado inveros&iacute;mil, con su verborrea racista, chabacana y machista, se exhibe victorioso por la plaza m&aacute;s marm&oacute;rea de nuestra gran ciudad imaginaria: la democracia. Y la visi&oacute;n de tal provocaci&oacute;n resulta insufrible para los biempensantes educados en tradici&oacute;n renacentista, que no pueden contener la misma urticaria que invade la epidermis del alcalde Nardello solo de imaginar restos de hamburguesa o <em>nuggets</em> de pollo a los pies de las equilibradas formas de la catedral de <strong>Brunelleschi</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los aspavientos, sin embargo, tienen algo de sobreactuado. No porque considere que no hay diferencias entre Trump y <strong>Hillary Clinton</strong>, como se apresuran al destacar los izquierdistas de turno siempre dispuestos a explicarnos la realidad sustituyendo la cr&iacute;tica marxista por la frase lapidaria.  Diferencias haylas, para lo bueno y lo malo.Pero mientras m&aacute;s nos llama la atenci&oacute;n el extravagante clown que contamina visualmente nuestras flamantes plazas, menos nos percatamos de lo cada vez m&aacute;s gentrificadas y contaminadas tur&iacute;sticamente que est&aacute;n nuestros centro hist&oacute;ricos, por mucho <em>panino col Lampredoto</em> que podamos degustar mientras paseamos junto a los muros de Santa Maria dil Fiore.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un fen&oacute;meno del que no se salva nuestra agonizante y maltratada plaza democr&aacute;tica. Al ciudadano de a pie, el que intenta dilucidar el futuro de su pensi&oacute;n en los posos de ese caf&eacute; que apura antes de entrar a su trabajo cada d&iacute;a m&aacute;s precario, se le est&aacute; abocando a decidir la forma en que prefiere que se ejecute el derribo de tan apreciado centro hist&oacute;rico. Elegir entre el autoritarismo posfascista, reconfortado por el retorno aparente a la profundidad segura de la caverna, o la intemperie de una globalizaci&oacute;n que le arrebata su identidad ciudadana y social mientras traslada la toma de decisiones sobre su vida a fr&iacute;as oficinas de Bruselas o a p&aacute;ramos incorp&oacute;reos en los remotos y secretos reinos de la CETA o el TTIP donde el gobierno democr&aacute;tico se sustituye por la gobernanza tecnocr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, quienes estos d&iacute;as se rasgan las vestiduras, liberales o socialdem&oacute;cratas, por el resultado de las presidenciales norteamericanas son los mismos que durante los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os han ido vaciando de contenido la democracia a mayor gloria de la racionalidad enloquecida del capital financiero. Quienes llevan d&eacute;cadas desmantelando nuestras d&eacute;biles protecciones sociales, hoy se escandalizan porque el payaso Trump se pasea por su privatizada Piazza del Duomo. Frente a tal provocaci&oacute;n, su reacci&oacute;n es descarnadamente clasista: responsabilizar de lo sucedido a los ignorantes, a los pobres, a los carentes de esos m&iacute;nimos estudios universitarios que les permitan conocer lo correcto. Poco importa que, como destacara en <em>The Guardian</em> la periodista <strong>Sarah Smarsh</strong>, achacar a la clase obrera estadounidense la victoria de Trump sea un relato por demostrar. Ahora lo importante es situar definitivamente a la soberan&iacute;a popular en el depravado c&iacute;rculo de los sospechosos habituales siempre dispuesta a votar lo que se hab&iacute;a decidido que no le conviene.
    </p><p class="article-text">
        Es el problema que tienen los anteojos macroecon&oacute;micos que ciegan a nuestras &eacute;lites. Esos que les impiden ver las clarividentes ense&ntilde;anzas que nos dejara <strong>Rosa Luxemburgo</strong>: cuando se niega un futuro colectivo para los pueblos, la alternativa que se cuela acostumbra a serla barbarie, aunque intente confundirnos disfrazada de payaso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/payaso-mcdonalss-entierro-democracia_132_3739002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Nov 2016 22:07:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El payaso de McDonals’s o el entierro de la democracia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rajoy y los monstruos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/rajoy-monstruos_132_3756259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El Barroco fue un tiempo de excesos, de teatralidad, incluso de sobreactuaci&oacute;n. No sorprende por ello que las cr&oacute;nicas nos den cuenta de la curiosidad y el inter&eacute;s que despert&oacute; en aquella Corte <a href="http://revista-sanssoleil.com/wp-content/uploads/2015/12/3-FLORES.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la visi&oacute;n de lo monstruoso</a>, extra&ntilde;os seres que no eran sino pobres diablos a los que la vida no dejaba m&aacute;s alternativa que la de sobrevivir exhibiendo sus malformaciones o su enfermedad. Enanos, obesos, gigantes, mujeres barbudas y deformes conformaron as&iacute; una desdichada legi&oacute;n de miserables condenados a mendigar unas monedas por las calles o, si el azar se pon&iacute;a de su lado, atraer la atenci&oacute;n del monarca y los cortesanos.
    </p><p class="article-text">
        Entre ellos destacaron all&aacute; por 1629 los hermanos <strong>L&aacute;zaro y Juan Bautista Colloreto</strong>. Hab&iacute;an nacido en Italia. El primero era de facciones hermosas, de cabellera rubia y rizada. El segundo, por el contrario, presentaba un aspecto mortecino, sus ojos permanec&iacute;an cerrados, era incapaz de o&iacute;r, ver ni oler, apenas ten&iacute;a movilidad, le faltaba una de las piernas, exhalaba halitosis y de su boca no cesaba de manar una desagradable espumilla. Por si fuera poco, estaba adherido a su hermano por el pecho. Este extra&ntilde;o caso de siameses no solo desat&oacute; admiraci&oacute;n en la Corte, sino un interesante debate teol&oacute;gico sobre si los Colloreto ten&iacute;an una o dos almas y en consecuencia si deb&iacute;an de ser bautizados independientemente por cada una de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as me viene a la mente el caso de los hermanos Colloreto cada vez que me asalta alg&uacute;n nuevo an&aacute;lisis o valoraci&oacute;n de la reciente investidura de <strong>Mariano Rajoy</strong> gracias a la abstenci&oacute;n socialista decretada por <strong>Susana D&iacute;az</strong>. Tal vez ello se deba a que en su af&aacute;n por evitar unas nuevas elecciones en Navidad, PP y PSOE han terminado haciendo coincidir la votaci&oacute;n con estos d&iacute;as tan predispuestos a los monstruos y los horrores desde que el imperialista Halloween le arrebat&oacute; el protagonismo al Tenorio en la v&iacute;spera de Todos los Santos.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el bipartidismo en Espa&ntilde;a ha terminado adoptando una extravagante evoluci&oacute;n. Comenz&oacute; como dos hermanos mal avenidos, uno guapo y otro feo como los <strong>Calatrava</strong>. Tradicionalmente la socialdemocracia adoptaba el rostro bello de la modernidad, frente a una derecha de boca grande, intransigencia y casposidad. Despu&eacute;s, como la pareja de c&oacute;micos fueron armonizando sus diferencias al calor del &eacute;xito encontrando cada vez m&aacute;s puntos en com&uacute;n en la defensa de Occidente, la lucha contra los intentos de romper Espa&ntilde;a y su adhesi&oacute;n a esa nueva unidad de destino en lo universal que es la globalizaci&oacute;n neoliberal. Tantos eran los puntos de encuentro entre ambos que al aparecer extra&ntilde;os intrusos como Podemos, muchos pensamos que los dos hermanos olvidar&iacute;an sus roces y se fundir&iacute;an en un abrazo fraterno en forma de gran coalici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero no fue as&iacute;. Las leyes del evolucionismo saltaron por los aires en esta ocasi&oacute;n y dieron forma a una criatura como la que formaban los hermanos Colloreto. Es lo que los cl&aacute;sicos denominaban <em>omphalus parasiticus</em>, uno de esos extra&ntilde;os casos de siamesas en los que uno de los individuos sobrevive a duras penas como un mero par&aacute;sito del otro hermano. Y no menos extraordinario fue comprobar c&oacute;mo, adem&aacute;s, intercambiaron sus peculiaridades f&iacute;sicas de forma que el hasta entonces feo y repelente se proyectaba como hermosamente conciliador, pese a su sarcasmo gallego, mientras que el que fuera modernamente bello no consegu&iacute;a disimular la halitosis que provocaba su abstenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia del siglo XVII, hoy la medicina y la cirug&iacute;a han avanzado una barbaridad en el tratamiento de estas extra&ntilde;as enfermedades. En esa l&iacute;nea asegura ir el doblemente dimisionario <strong>Pedro S&aacute;nchez</strong>, quien anuncia tener dispuesto el bistur&iacute; de cara al pr&oacute;ximo congreso extraordinario socialista para separar lo que, a su juicio, nunca tuvo que estar unido. Claro que no todos piensan igual. Algunos entre no ser nada y ser monstruo se quedan con lo segundo. Por lo pronto, los mismos que auparon a Rajoy a la Moncloa por considerar una irresponsabilidad que Espa&ntilde;a estuviera un a&ntilde;o sin gobierno, ahora no les preocupa tanto el tiempo que su propio partido deba pasar sin cabeza que les dirija.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, algunos se sienten c&oacute;modos como monstruos. Aunque sean monstruos agonizantes y con halitosis. Y si no que le pregunten a <strong>Rafael Herrando</strong>, tan feliz estos d&iacute;as de Halloween con su disfraz de payaso diab&oacute;lico. &iquest;O acaso no es un disfraz?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/rajoy-monstruos_132_3756259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Oct 2016 17:14:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Rajoy y los monstruos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Manuel Rambla,PSOE,PP - Partido Popular,Mariano Rajoy,Pedro Sánchez,Rafael Hernando]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Operación Flotador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/operacion-flotador_132_3773779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A todos los ni&ntilde;os les gusta jugar al veo-veo. Y las adivinanzas. Bueno, a los ni&ntilde;os y a los mayores. Porque desentra&ntilde;ar aquello que se presenta oculto es un ejercicio mucho m&aacute;s tentador que el pilates. As&iacute; ha sido desde aquellos tiempos inmemoriales cuando Edipo se cruz&oacute; con la enigm&aacute;tica Esfinge, o cuando el tozudo Champollion se empe&ntilde;&oacute; en descifrar los jerogl&iacute;ficos d&aacute;ndole vueltas a la piedra Rosetta. Por no hablar, por supuesto, de las inolvidables invitaciones que Agatha Christie y Conan Doyle nos hac&iacute;an desde sus novelas para descubrir qu&eacute; estaba haciendo el mayordomo en el momento del crimen.
    </p><p class="article-text">
        Pero como pasa en esta vida, todo tiene su rev&eacute;s y el mismo trabajo que muchos invierten en tratar de desvelar lo opaco, lo ocupan otros en dificultarlo. Es as&iacute; como a lo largo de la historia han surgido los redactores de la C&aacute;bala o manuscritos tan herm&eacute;ticos como aquel famoso de Voynech escrito en una lengua m&aacute;s extravagante y secreta que los &eacute;lficos idiomas de Tolkien. Y de ello han hecho oficio los concienzudos cript&oacute;grafos de los m&aacute;s variados servicios secretos del mundo, celosos con que sus mensajes en clave permanezcan a salvo de las indiscreciones del Wikileaks de turno.
    </p><p class="article-text">
        Algunos de estos bur&oacute;cratas del secreto parecen encontrarse &uacute;ltimamente entre los encargados de poner nombre a las operaciones policiales puestas en marcha contra la corrupci&oacute;n en el PP. En ocasiones es f&aacute;cil sacar a la luz el misterio, como ocurre con ese famoso G&uuml;rtel tras el que se esconde el apellido germanizado de una de sus principales implicados. Sin embargo, el origen de la denominaci&oacute;n resulta tan extra&ntilde;o en otros que acaba provocando todo tipo de especulaciones.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que ocurre con el &uacute;ltimo episodio conocido (hasta ahora). Me refiero a la controvertida &ldquo;Operaci&oacute;n Flotador&rdquo; en la que se han visto implicados el ex alcalde de Sagunto, diputado auton&oacute;mico y responsable del comit&eacute; de garant&iacute;as del PP valenciano, Alfredo Castell&oacute;, junto a otros ediles y ex ediles populares en la capital del Camp de Morvedre. Trat&aacute;ndose de un supuesto asunto de prevaricaci&oacute;n y cohecho que afecta a Sagunto, hubiese sido m&aacute;s sencillo haber bautizado el operativo policial en aquel ayuntamiento como &ldquo;Operaci&oacute;n An&iacute;bal&rdquo;. U &ldquo;Operaci&oacute;n Elefante&rdquo; si se pretend&iacute;a dota el despliegue de un contenido m&aacute;s iconoclasta. Incluso &ldquo;Operaci&oacute;n S&oacute;nica la Cortesana&rdquo; que le habr&iacute;a permitido darle un toque literario a la actuaci&oacute;n de la Unidad Central de Delincuencia Econ&oacute;mica y Fiscal de la polic&iacute;a judicial.
    </p><p class="article-text">
        Pero no. Se opt&oacute; por &ldquo;Operaci&oacute;n Flotador&rdquo;, &iquest;por qu&eacute;? La primera posible respuesta ser&iacute;a que el funcionario encargado de elegir el nombre quiso hacer un homenaje encubierto a Zygmunt Bauman y sus teor&iacute;as de la realidad l&iacute;quida. Sin embargo, no son pocas las voces esc&eacute;pticas que ponen en duda que el fil&oacute;sofo y soci&oacute;logo polaco se encuentre entre los libros de cabecera del funcionario policial de turno. Por eso hay otros que prefieren abordar la cuesti&oacute;n desde otra perspectiva y optan por interrogarse sobre qui&eacute;n es el destinatario de tan pol&eacute;mico flotador. La castigada sociedad, se apresuran a indicar los m&aacute;s filantr&oacute;picos, esa doliente ciudadan&iacute;a tan necesitada de asideros a los que amarrarse para flotar en el nauseabundo mar de mierda que les rodea.
    </p><p class="article-text">
        Algunos, sin embargo, se muestran m&aacute;s cautelosos y creen ver en estos hechos unas manos que chapotean en las turbulentas aguas de la calle Quart por mantenerse a flote en la recomposici&oacute;n del PP valenciano.  Manos tan desesperadas que no dudan en hundir a cualquier otro naufrago que compita en la pugna por un hueco en el preciado salvavidas. Las extra&ntilde;as circunstancias que rodean el origen de las investigaciones vendr&iacute;an a confirmarles la veracidad de tan estrafalarias sospechas.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, lo &uacute;nico claro es que la mejor forma de guardar un secreto es manteni&eacute;ndose callado. O en su defecto tirar balones fuera&hellip; en nombre de la prudencia, claro, y el secreto de la investigaci&oacute;n. Tal vez por ello Castell&oacute; ha optado por derivar hacia Isabel Bonig cualquier interrogaci&oacute;n sobre su futuro pol&iacute;tico. Y la dirigente popular se muestra categ&oacute;rica al respecto: Dios dir&aacute;. Una cosa s&iacute; es segura: el diputado hoy en el punto de mira no le tiene miedo al agua. Sus a&ntilde;os de experiencia en pesca con mosca as&iacute; lo acreditan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rambla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/operacion-flotador_132_3773779.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 17:15:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Operación Flotador]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sagunto,Alfredo Castelló,José Manuel Rambla]]></media:keywords>
    </item>
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