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    <title><![CDATA[elDiario.es - Erri de Luca]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Erri de Luca]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Erri de Luca se adentra en la vejez como un explorador que araña tiempo para dar las gracias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/erri-luca-adentra-vejez-explorador-arana-tiempo-dar-gracias_128_13077857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1cd62c2e-fbb8-4eaf-888e-543f66ffa374_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Erri de Luca se adentra en la vejez como un explorador que araña tiempo para dar las gracias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reconocido escritor italiano publica ‘La edad experimental’ (Seix Barral), un libro de reflexiones sobre el envejecimiento coescrito con su amiga Inès de la Fressange
</p><p class="subtitle">El último Rincón de pensar - George Makari: comprender la xenofobia para poder combatirla</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El cuerpo en el que vivo no es m&iacute;o. [&hellip;] Es una m&aacute;quina antigua y misteriosa. Me adentro en su vejez como un explorador&rdquo;. El escritor Erri De Luca (N&aacute;poles, 1950), reflexiona sobre lo que &eacute;l llama &ldquo;la edad del tercer caballo&rdquo; en <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-edad-experimental/443280" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>La edad experimental</em></a> (2024; Seix Barral, 2026, trad. Carlos Gumpert), un libro que surge como compa&ntilde;ero del filme hom&oacute;nimo que rod&oacute; en 2024, un documental que sigue sus pasos a medida que se adentra en esta etapa. 
    </p><p class="article-text">
        La necesidad de ampliar esas ideas, de digerirlas, acaso de continuar meditando, fue su impulso para volcar sus reflexiones por escrito; al fin y al cabo, &eacute;l nunca ha partido, en sus obras, de un esquema predeterminado, sino que se toma la escritura, como la vida, como un proceso de exploraci&oacute;n constante, de lo que lo rodea y de s&iacute; mismo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un ejemplo de &ldquo;vejez experimental&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        Para entender c&oacute;mo afronta la senectud, hay que comprender c&oacute;mo ha vivido; y es que, como &eacute;l mismo admite, su testimonio es &ldquo;solo un ejemplo de vejez experimental. Cada uno es diferente y no reductible al canon&rdquo;. Una de las ventajas de la voz en primera persona, de esa concepci&oacute;n de la literatura inseparable del yo que define toda su narrativa, es que no cae en t&oacute;picos ni generalidades. Ni sabidur&iacute;a, ni achaques, ni honores; nada de lo que se acostumbra a decir cuando se habla de la vejez se repite aqu&iacute;. No, al menos, del modo habitual.
    </p><p class="article-text">
        Erri De Luca, como saben bien sus lectores asiduos, siempre ha sido un esp&iacute;ritu libre. Y no es un decir: se march&oacute; de casa a los dieciocho a&ntilde;os, trabaj&oacute; como alba&ntilde;il, integr&oacute; el movimiento de lucha izquierdista Lotta Continua, viaj&oacute; a pa&iacute;ses en guerra. No era tanto rebeld&iacute;a juvenil como una convicci&oacute;n &iacute;ntima de vivir conforme a sus principios, sin caer en los acomodamientos que tan a menudo dome&ntilde;an el eterno sue&ntilde;o de un mundo mejor de la juventud.
    </p><p class="article-text">
        A &eacute;l, la literatura &ndash;o, mejor dicho, la publicaci&oacute;n, porque la escritura, los libros, siempre estuvieron ah&iacute;&ndash; le lleg&oacute; casi a los cuarenta a&ntilde;os, y quiz&aacute; por eso ya se tiene la sensaci&oacute;n de leer a un hombre maduro, que ha vivido, que no escribe en vano, en cualquiera de sus textos. Y, aun as&iacute;, aun con su inevitable retorno sobre los mismos temas, siempre aporta nueva luz, nuevos matices. La edad experimental, que ya atina desde su propio t&iacute;tulo (la edad del ensayo y el error, la edad de la adaptaci&oacute;n, la edad de la humildad y el riesgo), no es una excepci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Vejez sin resignaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy aprendiendo que hay margen de mejora y de entusiasmo f&iacute;sico en el tiempo del tercer caballo. Lo monto a lo salvaje, sin silla ni bridas. Esta vejez va cuesta arriba, no cuesta abajo entre dimisiones&rdquo;. Esta es una idea clave: no concibe esta etapa como una sucesi&oacute;n de renuncias, sino que se empe&ntilde;a, incluso aunque esos abandonos forzosos no se puedan evitar, en esforzarse por vivir en la m&aacute;xima plenitud posible. Esto comienza con un cuidado m&aacute;s consciente de la salud: alimentaci&oacute;n, deporte, h&aacute;bitos. El objetivo no es tanto alargar la vida como intentar que, dure lo que dure, sea una existencia digna de vivirse.
    </p><p class="article-text">
        Sigue practicando el alpinismo, que le sirve de met&aacute;fora: la vejez no se entiende como una ca&iacute;da, sino como un ascenso, un empe&ntilde;o por alcanzar la c&uacute;spide, el prop&oacute;sito, sea el que sea. Y, como en esta disciplina, el objetivo no radica tanto en saborear la cima, un momento despu&eacute;s de todo ef&iacute;mero, como en llenarse del camino. Un camino, insiste &eacute;l, esforzado, es decir, activo. Ser&iacute;a f&aacute;cil quedarse sentado en el sof&aacute; u optar por el sendero llano; ahora bien, mantenerse en condiciones de salud dignas requiere un esfuerzo, una actitud, una voluntad. Esa es tal vez la revelaci&oacute;n m&aacute;s importante: la vejez como un aprendizaje.
    </p><p class="article-text">
        De alg&uacute;n modo, da una vuelta a la idea que equipara al anciano con el ni&ntilde;o en el sentido de no valerse por s&iacute; mismo, de depender de los dem&aacute;s; en lugar de eso, &eacute;l se queda con el mejor lado del ni&ntilde;o, esto es, la capacidad de aprender y de asombrarse ante las peque&ntilde;as maravillas cotidianas. 
    </p><p class="article-text">
        El autor recuerda el potencial del juego, de cualquier tipo de juego (en su anterior novela, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-las-reglas-del-mikado/397800" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Las reglas del Mikado</em></a>, el protagonista es un relojero que se entretiene con este pasatiempo). El juego conlleva la aceptaci&oacute;n del error, del acto de perder; entrena la mente de manera agradable, casi sin darnos cuenta. &Eacute;l lo complementa con aprendizajes m&aacute;s intelectuales: el estudio de los idiomas, que cultiva desde hace a&ntilde;os, o la memorizaci&oacute;n de versos. Si el alpinismo le mantiene el cuerpo en forma, el juego y los libros son su gimnasia mental.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo consiste en hacer. Esa escritura tan &iacute;ntima que le caracteriza no elude los lados amargos de la vejez, como la p&eacute;rdida de un amigo. Con todo, se resiste a caer en la nostalgia: dice que acoge los recuerdos como le vienen, sin hurgar en la herida, con esa serenidad de esp&iacute;ritu que emana siempre su voz. Cada d&iacute;a le ofrece nuevas (aunque sean min&uacute;sculas) novedades ante las que maravillarse, como el color de la aurora boreal de una ma&ntilde;ana concreta, que nunca ser&aacute; id&eacute;ntica a otra. Y, sobre todo, sigue amando: se atreve a acu&ntilde;ar este verbo, tan temido en la narrativa, para recordar que amar, sea a un compa&ntilde;ero o una acci&oacute;n, tambi&eacute;n es clave en la vejez. Este amor es m&aacute;s una actitud que una posesi&oacute;n; una forma de estar en el mundo que acoge el placer sin hedonismo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El contrapunto de In&egrave;s de la Fressange</strong></h2><p class="article-text">
        Como en otras ocasiones, el autor propone a alguien ajeno a su campo que coescriba el libro junto a &eacute;l. En este caso, su amiga In&egrave;s de la Fressange (Gassin, Var, 1957), modelo y autora de gu&iacute;as de estilo; &ldquo;sumamos escrituras impares&rdquo;, afirma &eacute;l. Consciente de que la imagen, la evoluci&oacute;n corporal, es otro aspecto que tener en cuenta en la tercera edad, le propone que comparta sus reflexiones; &eacute;l se reconoce un ignorante (y desinteresado a conciencia) en cuesti&oacute;n de moda; ha vestido siempre con sencillez, con el mismo despojamiento de su prosa limpia; el traje chaqueta le parece un uniforme engorroso.
    </p><p class="article-text">
        In&egrave;s, en contra de lo que los prejuicios pueden sugerir, se revela como una mujer que en cierto modo est&aacute; de vuelta de todo lo aprendido: tras una carrera dedicada a la moda, su mirada se dirige a la sobriedad, en la apariencia y en la vida, que se armonizan en uno mismo: sus pilares son los amigos, la naturaleza, los libros y la meditaci&oacute;n. Despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os evaluando la ropa femenina, aprecia el car&aacute;cter m&aacute;s b&aacute;sico, por lo general, de la indumentaria masculina. Y, si bien entona el mea culpa por formar parte de la generaci&oacute;n que levant&oacute; el mito de la eterna juventud como ideal de belleza, celebra que, hoy, cualquiera, a cualquier edad, pueda calzarse unas zapatillas deportivas y vestir con desenfado sin desentonar.
    </p><p class="article-text">
        Desprenderse de lo accesorio: ese es el lujo que ha hallado, todav&iacute;a no en la vejez, pero s&iacute; al hacerse mayor. Encuentra la elegancia en quien no la busca a conciencia: &ldquo;Tengo la impresi&oacute;n de que las personas elegantes de verdad son las que menos se preocupan por su apariencia. Lo que m&aacute;s aprecio de ellas es su alma. &iexcl;Aquellos a quienes admiro se parecen m&aacute;s a monjes que a &iacute;dolos!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sus reflexiones no se limitan al estilo. Con jovialidad, sin pretensiones &ndash;es la primera en admitir que no est&aacute; a la altura de su amigo en materia literaria&ndash;, habla de los j&oacute;venes en la actualidad y del papel que pueden jugar los mayores para ellos. Ella se interesa por la gente que comienza su carrera, los escucha, y trata de apoyarlos. &ldquo;Somos nosotros los que decidimos lo que se transmite&rdquo;, razona, optimista convencida del efecto mariposa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Dar las gracias</strong></h2><p class="article-text">
        Erri De Luca cuenta que, en los actos p&uacute;blicos de la vida literaria, procura acudir un rato antes, para conversar con el p&uacute;blico que se ha tomado la molestia de ir a escucharlo. Un gesto que no sorprende a quien lo haya le&iacute;do: la humildad, la compa&ntilde;&iacute;a, son sensaciones inherentes a su prosa. Leerlo, sea en sus evocaciones de la infancia o de los pescadores napolitanos, en sus estudios b&iacute;blicos y mitol&oacute;gicos, o aqu&iacute;, sobre la vejez, se asemeja un poco a escuchar a un amigo, un amigo que invita a charlar con &eacute;l de forma amigable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Solo necesito conseguir que me d&eacute; tiempo a decir gracias&rdquo;, escribe, y casi dan ganas de decirle que la gratitud tambi&eacute;n constituye una forma de estar en el mundo, que se puede poner en pr&aacute;ctica en cada movimiento, cada palabra, cada decisi&oacute;n. Y &eacute;l, consciente o no, lo hace. Lo hace al abrazar la naturaleza, abrazar el estudio, abrazar la amistad. Son una oposici&oacute;n, que no un rechazo, del abandono, la derrota, la muerte. As&iacute; es <em>La edad experimental</em>: una edad para vivirse. Sin mitificarla, pero tampoco sin degradarla; una edad como cualquier otra para seguir habitando, tranquilos, este planeta que nos acoge.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/erri-luca-adentra-vejez-explorador-arana-tiempo-dar-gracias_128_13077857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 20:47:04 +0000]]></pubDate>
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