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    <title><![CDATA[elDiario.es - Bala de Plata]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Bala de Plata]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Esponja Bob y la araña del Guggenheim]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/esponja-bob-arana-museo-guggenheim_132_4960011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Un ingl&eacute;s vino a Bilbao &#9472;fue en 2002, 2003 o por ah&iacute;&#9472;, pero no para ver la r&iacute;a y el mar, como dice la canci&oacute;n popular, sino para comprar tabaco y alcohol, que aqu&iacute; est&aacute; bastante m&aacute;s barato que en la p&eacute;rfida Albi&oacute;n. Y s&iacute; se qued&oacute; para los restos, acorde con la letra de la sencilla bilbainada, pero no por la salacidad de las bilbainitas, sino por la ara&ntilde;a de acero de diez metros de alto que hay junto al museo Guggenheim. Mas no adelantemos acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        El ingl&eacute;s de marras se llamaba Robert Anthony Dunghill, m&aacute;s conocido como The Sponge o directamente Esponja Bob. Natural y vecino de Liverpool; chatarrero de profesi&oacute;n y algo buhonero; de treinta a&ntilde;os de edad f&iacute;sica y quince en la mental; escuchimizado: un desperdicio de maternidad salvado in extremis del agujero del retrete porque no tiraron de la bomba; pelirrojo como una alucinaci&oacute;n; feo desde que era feto, m&aacute;s feo que una vomitona de fish and chips with ketchup &#63719;su alimento base&#63719;; gran amante de la ginebra; ajeno a la palabra escrita m&aacute;s all&aacute; de lemas de camiseta; resto m&aacute;s que cociente intelectual; soltero sin compromiso posible ni imaginable y de inclinaci&oacute;n sexual difusa expresada v&iacute;a onanismo.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que el bueno de Bob, que se hab&iacute;a visto con unas cuantas pounds extra en el bolsillo a cuenta de un oscuro business con una compraventa de hojalata robada y una partida de condones caducados, hab&iacute;a decidido 
    </p><p class="article-text">
        fund&iacute;rselas en un viajecito a Bilbao para comprar ginebra Beefeater y unos cartones de Marlboro. Y adem&aacute;s vino en agosto, coincidiendo con la Aste Nagusia, la semana de fiestas de la Villa, de la que un compa&ntilde;ero de libaciones del Green Sperm, el pub de su calle, le hab&iacute;a hablado maravillas. Le cont&oacute; que toda la ciudad se transformaba en un inmenso bar al aire libre con chiringuitos por doquier que los nativos llamaban txoznas; que se sentir&iacute;a a&uacute;n mejor que en casa porque podr&iacute;a mear en medio de la calle y llenar todo de mierda sin llevarse una hostia; y que no dejara de conocer la misteriosa bebida llamada kalimotxo, que a temperatura ambiente y trasegada por hectolitros, ten&iacute;a curiosas propiedades alucin&oacute;genas. Pero lo que decidi&oacute; finalmente a Bob a 
    </p><p class="article-text">
        visitar Bilbao fue la descripci&oacute;n de sus legendarios gin tonics, que serv&iacute;an con tres dedos de ginebra y en vasos como cubos. El gu&iacute;a tur&iacute;stico a&ntilde;adi&oacute; que untaban el borde del vaso con corteza de lim&oacute;n verde y remov&iacute;an el combinado con una larga cuchara, pero que a pesar de estas repugnantes pr&aacute;cticas, los tragos val&iacute;an la pena.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que Esponja Bob se embarc&oacute; en Portsmouth en el ferry Pride of Bilbao. No llevaba equipaje alguno; para dos d&iacute;as, con lo puesto. Vest&iacute;a su camiseta favorita, la que resum&iacute;a su filosof&iacute;a de vida en la frase: Drink like a fish y en la que junto al lema imperativo se ve&iacute;a a un pez globo hipertrofiado con ojos como canicas y parecido a Peter Lorre. Completaban su atuendo unos informes pantalones hasta la rodilla con m&aacute;s de una docena de bolsillos, unas sandalias tipo franciscano con calcetines color pistacho y una gorra del rev&eacute;s con la Union Jack que por lo menos tapaba sus cerdas color zanahoria cortadas a cepillo.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; la noche de viaje en el casino del ferry, dale que te pego con las m&aacute;quinas tragaperras. Le sali&oacute; m&aacute;s caro que si hubiera cogido camarote en primera. Para compensar el descalabro, decidi&oacute; que prescindir&iacute;a de buscar una pensi&oacute;n cutre en Bilbao. Como era verano, dormir&iacute;a al raso donde se desmayara en el c&eacute;nit del ceboll&oacute;n. La ausencia de una ducha le resultaba asunto balad&iacute;, era brit&aacute;nico. Y tras dos d&iacute;as de jarana et&iacute;lica, de vuelta a Liverpool en vuelos charter. Volar con resaca ser&iacute;a su &uacute;nica concesi&oacute;n a la aventura. Adem&aacute;s, se comprar&iacute;a el alcohol y el tabaco en el aeropuerto de Bilbao, con lo cual se asegurar&iacute;a regresar a casa con el bot&iacute;n intacto.
    </p><p class="article-text">
        Desembarc&oacute; en Santurce y lleg&oacute; a Bilbao en el tren de cercan&iacute;as. Respir&oacute; con alivio al ver que en la estaci&oacute;n hab&iacute;a un Burger King. Ya ten&iacute;a d&oacute;nde forrajear sin prevenci&oacute;n. Le hab&iacute;an prevenido sobre los horrores de la cocina ind&iacute;gena: cefal&oacute;podos ba&ntilde;ados en una salsa negra; lenguas de merluza; bistecs crudos; una especie de gusanos gordos y oscuros, terminados en una u&ntilde;a monstruosa como de monstruo extraterrestre, por los que los lugare&ntilde;os perd&iacute;an el culo; y bacalao, no rebozado y frito en margarina con aceite de girasol, como God manda, sino en tajadas del tama&ntilde;o de baldosas y anegado por una densa salsa amarilla y untuosa como el moco.
    </p><p class="article-text">
        Prometi&eacute;ndoselas muy felices, Esponja Bob pape&oacute; en el burger y despu&eacute;s enfil&oacute; hacia el Casco Viejo, el coraz&oacute;n de las tinieblas. Ni en su resaca m&aacute;s l&oacute;brega habr&iacute;a imaginado lo que le aguardaba.
    </p><p class="article-text">
        RESUMEN CASI TELEGR&Aacute;FICO, POR RESPETO A LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR, DEL DESCENSO E INMERSI&Oacute;N EN EL LIMO Y LOS INFIERNOS DE ESPONJA BOB. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que la Aste Nagusia bilbaina puede ser demasiado heavy incluso para un tuercebotas dips&oacute;mano de Liverpool. Hasta que anocheci&oacute;, lo &uacute;nico que hizo Bob fue anclarse a una barra y beberse una docena de gin tonics, todos en el mismo bar, uno de la calle Barencalle que le pareci&oacute; lo suficientemente destartalado y barato. Por la noche, ya muy pedo, se sumergi&oacute; en la marea humana, visit&oacute; las insalubres txoznas de El Arenal y se vio involucrado por metic&oacute;n en una ri&ntilde;a tumultuaria. 
    </p><p class="article-text">
        El conflicto fue entre las comparsas festivas, patri&oacute;ticas y uniformadas Txutxi Barrila y Txotxo Kandado, hordas a la saz&oacute;n muy enardecidas. El motivo de la batalla campal fue la acusaci&oacute;n mutua de robo del cepillo de las huchas para los presos de ETA. Bob cobr&oacute; en especias de ambas bandas. Con la cara llena de hostias, vag&oacute; sin rumbo por la ribera de la r&iacute;a. Tuvo la suerte, entre comillas, de encontrarse un botell&oacute;n familiar de kalimotxo tibio, propiedad de un rockabilly que le estaba sacando brillo a una lumpen en las escaleras del muelle y no se 
    </p><p class="article-text">
        percat&oacute; de la sustracci&oacute;n. Bob se atiz&oacute; el brebaje completo sin dejar de caminar y perdi&oacute; el conocimiento ante el museo Guggenheim. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando despert&oacute;, al amanecer, sufri&oacute; un insoportable ataque de terror. Una ara&ntilde;a enorme, gigantesca, estaba sobre &eacute;l, le rodeaba con sus enormes y negras patas y le mostraba su abdomen transparente y lleno de huevos blancos y repulsivos. Esto era el delirium tremens, ya le hab&iacute;a llegado el turno a &eacute;l, y era a&uacute;n peor de lo que le hab&iacute;an contado Furry Spider y Pink Cockroach. Incluso vio moverse a la ara&ntilde;a, la gran escultura de Louise Bourgeois hecha de acero, bronce y m&aacute;rmol, que parece un monstruo de pel&iacute;cula de serie B americana, por ejemplo de El incre&iacute;ble hombre menguante, aquella en la que un chiquitillo se enfrentaba con una ara&ntilde;a proporcionalmente de ese pelo, o de Tar&aacute;ntula, que acojon&oacute; a Bobby de chaval por verla tambi&eacute;n con resaca. Y no lo soport&oacute;. Salt&oacute; la barandilla y se tir&oacute; a la r&iacute;a de cabeza. Como era marea baja, se qued&oacute; clavado en el limo del fondo. Un instante despu&eacute;s pas&oacute; por all&iacute; el Pil-Pil, barquito recreativo lleno de borrachos vociferantes, que le cort&oacute; los huevos con la h&eacute;lice a modo de descabello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/esponja-bob-arana-museo-guggenheim_132_4960011.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Mar 2014 18:34:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Esponja Bob y la araña del Guggenheim]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Museo Guggenheim Bilbao,Liverpool,Aste Nagusia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sombrereros locos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/sombrereros-locos_132_5039686.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el plan de matar a su tacaña madre salía bien, ella, como única  heredera de la pingüe fortuna, escaparía por fin de una vida siempre  escatimada y, antes de convertirse en una vieja, podría realizar el  deseo de comer en ese y otros restaurantes exclusivos de Bilbao.</p></div><p class="article-text">
        Ella y su novio, ambos en la cincuentena, se pusieron de acuerdo en cometer el asesinato en un descanso de su cotidiano trote vespertino por el paseo de Abandoibarra. Lo hablaron haciendo estiramientos junto a las patas de la escultura de la inquietante ara&ntilde;a de Louise Bourgeois, que compone con el arco rojo del puente de la Salve y el titanio del Guggenheim una estampa de pel&iacute;cula de serie B de ciencia ficci&oacute;n. Ella mir&oacute; con anhelo la entrada del Nerua, el restaurante de lujo adosado al museo. Si el plan de matar a su taca&ntilde;a madre sal&iacute;a bien, ella, como &uacute;nica heredera de la ping&uuml;e fortuna, escapar&iacute;a por fin de una vida siempre escatimada y, antes de convertirse en una vieja, podr&iacute;a realizar el deseo de comer en ese y otros restaurantes exclusivos de Bilbao.
    </p><p class="article-text">
        La hija viv&iacute;a con su madre, una vivaz anciana de resistente mala salud, en un espacioso piso de la calle Buenos Aires. Todas las ma&ntilde;anas, la hija le compraba a la madre para el desayuno un bollo de mantequilla en la reputada pasteler&iacute;a y cafeter&iacute;a New York. Esa costumbre y un centenar de term&oacute;metros almacenados le dieron la idea de c&oacute;mo ejecutar el parricidio.
    </p><p class="article-text">
        La hija trabajaba por un bajo salario en una tienda de todo a un euro situada enfrente del reconstruido mercado de La Ribera. La venta de term&oacute;metros con barra de mercurio hab&iacute;a sido prohibida, por la toxicidad del metal l&iacute;quido, y una partida de term&oacute;metros de pared con barra roja &#9472;el mercurio es incoloro y precisa un colorante para poder verlo&#9472; permanec&iacute;a olvidada en el almac&eacute;n. La hija sab&iacute;a que el mercurio es un veneno que mata poco a poco y apenas deja rastro. As&iacute; se lo cont&oacute; a su novio, en voz baja, mientras tomaban unos vinos por el Casco Viejo.
    </p><p class="article-text">
        El novio viv&iacute;a en un modesto piso de Barrencalle. Bajo su casa estaba el Katu Zaharra, un veterano bar de copas y rock que era su &uacute;ltima parada et&iacute;lica antes de trepar por la angosta escalera del inmueble. Pero antes de tomar la espuela en el Katu, el novio, una vez que se libraba de ella, cruzaba la r&iacute;a y pon&iacute;a en pr&aacute;ctica su doble vida en los servicios de locales nocturnos de ambiente homosexual.
    </p><p class="article-text">
        Cada ma&ntilde;ana, la hija abri&oacute; el bollo del desayuno de su madre y rompi&oacute; con sumo cuidado la barra de un term&oacute;metro sobre la mantequilla. Las inaprensibles bolitas rojas quedaban atrapadas en la blanca capa, componiendo un extra&ntilde;o homenaje a los colores emblem&aacute;ticos de Bilbao. Despu&eacute;s, montaba el bollo de nuevo y se lo serv&iacute;a a la madre, que lo devoraba con apetito de anciana.
    </p><p class="article-text">
        Pero al cabo de cuarenta d&iacute;as y cuarenta term&oacute;metros la vieja segu&iacute;a viva y sin dar muestras de mayores problemas de salud que los habituales. El novio le explic&oacute; a su novia que se hab&iacute;a informado de por qu&eacute; la maquinaci&oacute;n no funcionaba. Hac&iacute;a falta mucha m&aacute;s cantidad de mercurio por dosis para que causara la muerte. El mercurio en peque&ntilde;as cantidades lo que vuelve es loco. La novia reconoci&oacute; que su madre se mostraba &uacute;ltimamente a&uacute;n m&aacute;s exc&eacute;ntrica. El novio recalc&oacute; que por eso se dec&iacute;a en el pasado, cuando las calles iban por gremios, que la de Sombrerer&iacute;a estaba llena de tenderos chalados. Los sombrereros usaban mercurio para tratar las badanas. Sin olvidar al sombrerero loco de 'Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas'.
    </p><p class="article-text">
        Decidieron que hab&iacute;a que duplicar la dosis. Todav&iacute;a quedaban en el almac&eacute;n de la tienda de La Ribera m&aacute;s de sesenta term&oacute;metros que nadie iba a echar en falta.
    </p><p class="article-text">
        Mas la m&uacute;sica del azar y sus sorprendentes compases encadenados hicieron que la l&uacute;gubre opereta matinal desafinara. Fue al poco tiempo del incremento de mercurio por bollo. La chica que ven&iacute;a a limpiar el piso de la calle Buenos Aires vio el bollo en el desayuno todav&iacute;a intacto de la madre, que hab&iacute;a ido al ba&ntilde;o antes de dar cuenta del mismo. Como buena dominicana golosa cedi&oacute; a la tentaci&oacute;n de abrir el bollo y untar un dedo en la mantequilla. Y all&iacute; se encontr&oacute; con el peculiar sembrado de bolitas rojas, que intent&oacute; en vano coger y no supo lo que eran. Cerr&oacute; el bollo y no dijo nada a la se&ntilde;ora ni a la hija, a la que detestaba porque era una estirada y una borde con ella. Pero la chica trabajaba tambi&eacute;n en el servicio de habitaciones del hotel Abando y ten&iacute;a amistad con una camarera de la cafeter&iacute;a, a la que cont&oacute; el hallazgo. La camarera, picada a su vez por la curiosidad, se lo coment&oacute; a su marido, que era polic&iacute;a, un ertzaina. El marido le dijo que se lo preguntar&iacute;a a los de la cient&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        La polic&iacute;a se person&oacute; en el piso de la madre a la hora del desayuno, que era siempre la misma. Tras las comprobaciones precisas, la hija fue interrogada a fondo y cant&oacute; pronto, pero mantuvo a su novio al margen. Fue detenida y el juez dict&oacute; auto de prisi&oacute;n preventiva. El novio no volvi&oacute; a verla y desapareci&oacute; de escena.
    </p><p class="article-text">
        Y en su desenlace es donde el caso trasciende de ser una trama negra tan salpicada de caspa como de mercurio, a elevarse a la grandeza de los conflictos de la condici&oacute;n humana de las tragedias de Shakespeare. La hija qued&oacute; a un lado, entre rejas, y el protagonismo lo tom&oacute; la madre. La anciana se sinti&oacute; hundida hasta la m&aacute;s profunda desolaci&oacute;n al saber que su hija hab&iacute;a querido asesinarla por dinero. Pero una madre hace cualquier cosa por una hija, m&aacute;s all&aacute; de cualquier extrema circunstancia. La madre se puso en contacto con el mejor abogado penalista de la ciudad. Le pidi&oacute; que consiguiera que su hija pasara en la c&aacute;rcel el menor tiempo posible. El dinero que fuera a costarle no le importaba.
    </p><p class="article-text">
        El abogado pr&aacute;cticamente gan&oacute; el juicio, obteniendo una sentencia de pena m&iacute;nima que la hija ya hab&iacute;a cumplido casi en su totalidad.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, al final, madre e hija volvieron a vivir solas, juntas. Nunca hablaron del asunto; tejieron ambas una sordina mutua de silencio. La hija sigui&oacute; viendo los restaurantes de lujo solo desde la entrada y comprando cada d&iacute;a un bollo de mantequilla a la madre en la vecina pasteler&iacute;a New York. La anciana, hasta su muerte, nunca mir&oacute; si dentro del bollo la mantequilla volv&iacute;a a ser roja, como la sangre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/sombrereros-locos_132_5039686.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Feb 2014 19:08:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sombrereros locos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Campanas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/campanas-curas-bilbao-catedral-el-embrujo-de-shanghai_132_5072696.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El quijotesco y excéntrico capitán Blay es uno de los personajes que más  me gusta de esa subyugante novela de Juan Marsé que se titula 'El  embrujo de Shanghai'. El viejo ácrata, que va por la calle con gafas de  soldador y pijama, expresa su mala leche y buen humor matinal asegurando  que se va a comer un cura</p></div><p class="article-text">
        El quijotesco y exc&eacute;ntrico capit&aacute;n Blay es uno de los personajes que m&aacute;s me gusta de esa subyugante novela de Juan Mars&eacute; que se titula 'El embrujo de Shanghai'. El viejo &aacute;crata, que va por la calle con gafas de soldador y pijama, expresa su mala leche y buen humor matinal asegurando que se va a comer un cura &#9472;no dice a un cura, sino un cura, como si se tratara de un besugo o un cocido&#9472; a modo de tapa de acompa&ntilde;amiento del vinazo infame que trasiega en la taberna habitual.
    </p><p class="article-text">
        Como reflejo condicionado de perro de Pavlov, anhelo yo tambi&eacute;n comerme un cura &#9472;sin mediaci&oacute;n de cocina, devorarlo crudo&#9472; cada vez que suena una campana de iglesia. Y no es solo por raz&oacute;n de que los reaccionarios curas &#9472;valga el pleonasmo&#9472; les dieran las campanas a los carlistas para que las fundieran y forjaran ca&ntilde;ones. Explico el porqu&eacute; &uacute;ltimo de esta relaci&oacute;n ta&ntilde;ido campanil con clerofobia can&iacute;bal.
    </p><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os viv&iacute; en un piso situado frente a la catedral de Bilbao y, todav&iacute;a hoy, paso en &eacute;l muchos fines de semana. Es estupendo tener como vista dom&eacute;stica la fachada de una catedral g&oacute;tica, pero como precio de este gozo visual hay que pagar el precio auditivo de aguantar el rotundo toque de las campanas del campanario. Est&aacute;n coordinadas con el reloj de la torre; desde las nueve  de la ma&ntilde;ana a las diez de la noche tocan cada cuarto y las horas completas. Malditos curas &#9472;en Nochevieja, sospechosamente, siempre se les para el reloj. Ser&aacute; para que la peque&ntilde;a banda de desorientados beodos que se congrega en la plazuela de Santiago no brame ni celebre el laico fin de a&ntilde;o con sus horas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del suplicio de las campanas horarias &#9472;todas hieren, la &uacute;ltima mata&#9472;, al que uno se acaba acostumbrando, hay algo peor: los toques de celebraci&oacute;n, aut&eacute;nticas baladas al estilo 'heavy' con subidas, bajadas y cuelgues en tr&eacute;molo a volumen de discoteca de pol&iacute;gono y m&aacute;s largos que un mes sin vino. Desquiciantes. Una aut&eacute;ntica provocaci&oacute;n que me lleva a la blasfemia escatol&oacute;gica y menoscaba mi riguroso ate&iacute;smo por la incongruencia de insultar a la inexistencia. Estas ofensivas desde el campanario las practican los festivos antes de las doce, cerca de las siete, y en d&iacute;as de celebraci&oacute;n religiosa a todo bronce. As&iacute; que me pasa como en la canci&oacute;n aquella de Alaska, con una variante: en vez de mil campanas suenan en mi coraz&oacute;n, lo hacen en mi mel&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A estas horrendas baladas no se acostumbra uno, pero al menos s&eacute; cu&aacute;ndo van a atronar y tengo la oportunidad de huir. Mas, y aqu&iacute; llega el colmo, el da&ntilde;o irreparable y la explicaci&oacute;n de mi reflejo condicionado, una tarde, a hora no computada, inesperadamente, una r&aacute;faga nueva de ta&ntilde;idos, de intensidad, arritmia y duraci&oacute;n desconocida &#9472;quiz&aacute; un experimento de rizado del rizo de la tortura&#9472; me pill&oacute; desprevenido y entreteni&eacute;ndome en compa&ntilde;&iacute;a; c&oacute;mo decirlo, arrobado en esa placentera pr&aacute;ctica que se suele denominar con un n&uacute;mero una unidad inferior a setenta. Y el susto de mi compa&ntilde;era se tradujo en un seco mordisco en mi segundo &oacute;rgano favorito. No fue de graves consecuencias f&iacute;sicas, pero s&iacute; ps&iacute;quicas. Desde entonces padezco una fobia insuperable al sexo oral. He pensado en demandar a los curas de la catedral por da&ntilde;os psicol&oacute;gicos graves y empobrecimiento cuantioso de mi vida espiritual, pero no hubo m&aacute;s testigos de la monstruosidad perpetrada que la mordedora involuntaria &#9472;quiero creer&#9472;. Ni siquiera albergo la esperanza de que un rayo caiga en la torre y funda las campanas, ya que tienen pararrayos los malditos curas.     
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/campanas-curas-bilbao-catedral-el-embrujo-de-shanghai_132_5072696.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jan 2014 18:26:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Campanas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Bilbao,Catedrales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tontos y vino (2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/tontos-vino_132_5101084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuatro amigos se hab&iacute;an citado para una de sus partidas de p&oacute;quer, que sol&iacute;an prolongarse toda la noche.Tan aficionados al juego como a la gastronom&iacute;a y al buen vino, sol&iacute;an hacer tres descansos repartidos durante la noche que sumados compon&iacute;an una cena de fino picoteo. Uno de los jugadores iba a llevar una botella de Vega Sicilia &Uacute;nico; la destinar&iacute;an a regar el &uacute;ltimo par&eacute;ntesis y a que acompa&ntilde;ara un cuarto de kilo de jam&oacute;n de Guijuelo cortado a cuchillo.
    </p><p class="article-text">
        El que tra&iacute;a el Vega Sicilia lleg&oacute; antes de la hora a la casa del anfitri&oacute;n. Este le convenci&oacute; para que gastaran una broma a uno de los ausentes, al que llamaremos Juli&aacute;n, que se las daba de sibarita y entendido. Se bebieron el Vega Sicilia y rellenaron la botella con un crianza muy vulgar al que enriquecieron con un chorrete de brandy Cardenal Mendoza y unas gotas de falso vinagre de M&oacute;dena: puro caramelo. Encorcharon la botella y le volvieron a poner la caperuza de plomo. Para disimular, bastar&iacute;a con que uno de ellos trajera la botella ya descorchada para decantar el vino, con el fin de que se oxigenara, en presencia de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El anfitri&oacute;n aseguraba que Juli&aacute;n tragar&iacute;a. En caso contrario, reconocer&iacute;an la broma y ofrecer&iacute;an la debida satisfacci&oacute;n con un Pingus que el anfitri&oacute;n guardaba como oro en pa&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En el primer descanso se soplaron un Tokay blanco dulce -la aportaci&oacute;n de Juli&aacute;n- y se comieron unos pinchos de <em>foie</em> fresco a la plancha sobre pan de nueces. En el segundo, un priorato tinto, un Clos de L&rsquo;Obac, con un revuelto de hongos. Y hacia las cinco de la ma&ntilde;ana lleg&oacute; el turno del 'Vega Sicilia'. Los cuatro probaron el vino con ceremonia. El anfitri&oacute;n y su compinche alimentaron la chanza ponderando el caldo con calor e imaginaci&oacute;n. Sin embargo, el del Clos de L&rsquo;Obac, el otro enga&ntilde;ado, dijo que le resultaba un vino muy vulgar. A&ntilde;adi&oacute; que era la primera vez que beb&iacute;a un Vega Sicilia &Uacute;nico, pero que desde luego no le parec&iacute;a gran cosa. Juli&aacute;n, que por cierto iba ganando, se qued&oacute; pensativo y los dos bromistas expectantes ante su reacci&oacute;n. Juli&aacute;n volvi&oacute; a probar el 'n&eacute;ctar' con jactancia y a continuaci&oacute;n, tras descalificar el plebeyo paladar del protest&oacute;n, expres&oacute; con lo m&aacute;s florido de su verborrea vinosa todas las virtudes, matices y sugerencias de aquel mejunje, y a&ntilde;adi&oacute; que desde luego un Vega Sicilia no lo era por casualidad: ah&iacute; estaba la prueba. &ldquo;Es aterciopelado, franco, intenso, bals&aacute;mico, suntuoso, con aromas de regaliz, cuero, vainilla y frutas confitadas. La evoluci&oacute;n de los taninos en boca es sedosa, espectacular. En conjunto, carnoso, sublime: un estandarte&rdquo;, concluy&oacute; el merecedor de abrevar en charcos. Los bromistas nunca se atrevieron a revelar la tomadura de pelo. El fantoche hubiera quedado demasiado en rid&iacute;culo y, por otra parte, tampoco ganaba tanto. Si lee este art&iacute;culo-relato, espero no ser responsable de la ruptura de una a&ntilde;eja timba de p&oacute;quer entre amigos.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/tontos-vino_132_5101084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Dec 2013 20:18:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tontos y vino (2)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tontos y vino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/tontos-vino_132_5119993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El vino y sus alrededores resulta un territorio id&oacute;neo para que los tontos se luzcan. No es raro en algunos restaurantes de cierto pelo que a veces no se revela m&aacute;s que en las &iacute;nfulas y los precios que el sumiller de la casa, poseedor de un certero ojo cl&iacute;nico para distinguir de un vistazo qui&eacute;n de entre los comensales de una mesa es el m&aacute;s tonto y adem&aacute;s va a pagar la factura, oficie ante este toda la parafernalia de descorche y servicio de la botella de vino escogida. Como la geisha que prodiga sutiles atenciones, el sumiller har&aacute; creer al futuro pagador que ese ritual en torno al vino le est&aacute; dedicado en exclusiva por raz&oacute;n de su evidente sapiencia enol&oacute;gica. Entonces el tonto, dependiendo de su grado de pedanter&iacute;a y esnobismo, se sentir&aacute; m&aacute;s cosmopolita que nunca y se dir&aacute; mentalmente, sin falsas inmodestias, que es todo un 'connaisseur'; como tal lo ha distinguido ese impecable profesional solo con el par de comentarios precisos que ha deslizado con bien fingida campechan&iacute;a y como tal le trata en consecuencia.
    </p><p class="article-text">
        En esos restaurantes de cierto pelo que no es m&aacute;s que un peluqu&iacute;n, un gato de cabello sint&eacute;tico, que son muy de dise&ntilde;o y de una cocina que confunde la creaci&oacute;n gastron&oacute;mica con la amalgama arbitraria, ese sumiller p&iacute;caro desde luego no representativo de la generalidad de su gremio, digno hijo de la corte de los milagros y del patio de Monipodio, lo que le habr&aacute; colocado al pedante es el vino o el champ&aacute;n que &eacute;l ha querido, el que conviene sacar de la bodega porque est&aacute; pr&oacute;ximo a la agon&iacute;a o la combusti&oacute;n espont&aacute;nea. Despu&eacute;s, tras el descorche efectuado con movimientos de prestidigitador, le tender&aacute; al pardillo el corcho en una bandejita de plata para que lo escrute y ratifique el perfecto grado de humedad, esponjamiento y coloraci&oacute;n, que constate que no huele m&aacute;s que a corcho e incluso le invitar&aacute; a que valore la aparici&oacute;n de tartratos, los cristalitos que se han formado en el borde. En ese momento, el 'connaisseur' aprovechar&aacute; el rollo del corcho para explicar a sus invitados lo que es el vino acorchado y que es un mal que no tiene nada que ver con el corcho. &ldquo;Se trata en realidad de un pernicioso virus&rdquo;, dir&aacute; a la que est&eacute; m&aacute;s buena de la mesa. Y por &uacute;ltimo, probar&aacute; el vino tras menear la copa produciendo un peque&ntilde;o maremoto circular, pondr&aacute; los ojos en blanco, tragar&aacute;, suspirar&aacute; con ese aire levemente cansado de sufrir con paciencia las responsabilidades de peque&ntilde;o amo del mundo y soltar&aacute; un &ldquo;excelente&rdquo; o &ldquo;perfecto&rdquo;, y antes de que el sumiller se escape para cazar a otro fantoche, apostillar&aacute; con alguna docta valoraci&oacute;n sobre el 'bouquet', las sensaciones en boca &#63719;si habla de maderas y frutos silvestres habr&iacute;a que estudiar la recuperaci&oacute;n de la pena de galeras&#63719;, el cuerpo y el retrogusto, mientras alguno de los comensales piensa m&aacute;s que en el retrogusto en el retroceso que producir&iacute;a un fusil de asalto al dispararle a quemarropa al tonto. Qu&eacute; menos que pague la comida a cambio de tener que aguantarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/tontos-vino_132_5119993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Dec 2013 18:51:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tontos y vino]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Multas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/ley-de-seguridad-fernandez-diaz-multas_132_5142150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La Ley de Seguridad Ciudadana, popularizada como 'ley Fernández', se   queda corta en su propuesta de multas por infracciones que alteran el   orden público o socavan las instituciones y sus emblemas y   representantes. El  Gobierno debería osar ir más allá y multarlos sin complejos, según   interpretaciones extensivas de los supuestos contemplados.</p></div><p class="article-text">
        La Ley de Seguridad Ciudadana, popularizada como 'ley Fern&aacute;ndez', se  queda corta en su propuesta de multas por infracciones que alteran el  orden p&uacute;blico o socavan las instituciones y sus emblemas y  representantes. Como lo que se pretende con esa ley es que los  ciudadanos no puedan ni protestar por el pisoteo de sus derechos, el  Gobierno deber&iacute;a osar ir m&aacute;s all&aacute; y multarlos sin complejos, seg&uacute;n  interpretaciones extensivas de los supuestos contemplados. Un poco de  imaginaci&oacute;n te&ntilde;ida de esa esencia tan liberal del PP.
    </p><p class="article-text">
        Por  ejemplo: grupo de tontos beodos y vociferantes que celebran una  despedida de soltero por las calles; pueden dar mucho juego  recaudatorio. Multa por botell&oacute;n espont&aacute;neo y por beber de las botellas a  morro &#9472;doble 
    </p><p class="article-text">
        multa en la corte de los milagros por befa a la  alcaldesa&#9472;; multa si corean algo, aunque sea de &iacute;ndole sexual  imaginaria, por manifestaci&oacute;n no comunicada previamente y m&aacute;s multa  porque tienen toda la pinta de que ir&aacute;n de putas; multa si pasan por  delante del Congreso, aunque sea en s&aacute;bado por la noche; multa porque el  novio va disfrazado de monja y se mete en una iglesia en plena misa  para comprobar si lo toman por una monja de verdad y multa porque adem&aacute;s  lleva una careta de F&aacute;tima B&aacute;&ntilde;ez y espanta a la feligres&iacute;a; multa por  escrache porque la careta es muy buena y los maderos creen que los  amigos del novio atormentan a la ministra; multa a todo el grupo porque  los maderos se ven obligados a tundirlo a palos y esas im&aacute;genes,  grabadas por la propia F&aacute;tima B&aacute;&ntilde;ez que pasaba casualmente por all&iacute; y  duda si le est&aacute;n haciendo de verdad un escrache o si es un milagro de la  Virgen, las cuelga la ministra en Internet y los maderos se sienten  deshonrados; multa al novio por ir doblemente encapuchado en su  alteraci&oacute;n del orden p&uacute;blico; multa por deslumbrar a los maderos al  reflejarse la luz de las farolas en las botellas que aferran; multa por  llamar a los maderos hijos de las mercenarias del amor y nueva multa por  posible apolog&iacute;a de la prostituci&oacute;n; multa por abandono de droga en la  v&iacute;a p&uacute;blica, ya que durante la trifulca a uno de ellos se le cay&oacute; una  china de hach&iacute;s y luego no la ha encontrado; multa porque otro se ha  subido a un le&oacute;n del Congreso para huir de la tunda y se la ha pegado  desde lo alto de la melena, dando con contumacia y en plan subversivo  con el bolo contra la bola; otra multa por manifestaci&oacute;n no autorizada  porque gritan &laquo;&iexcl;alto!, &iexcl;no m&aacute;s!&raquo;, para ver si dejan de recibir porrazos y  se interpreta como referente al lema 'stop' desahucios; multa por  limpiarse la sangre de la paliza con pa&ntilde;uelos de papel, tirarlos al  suelo e incurrir en pr&aacute;ctica salvaje con basura y otros&iacute; multa por  peligrosidad sanitaria: sangre probablemente contaminada; multa por  obstaculizar la calle al desplomarse desmayados y quedar en desordenado  tropel&hellip; Rebaja de todas las multas por eximente parcial de mansedumbre  ciudadana al ser tontos y estar aturdidos por el alcohol y los palos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/ley-de-seguridad-fernandez-diaz-multas_132_5142150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Nov 2013 17:50:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Multas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Leyes,Multas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diamantes para la eternidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/james-bond-sean-connery-marilyn-monroe-hotel-carlton_132_5152607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        'Diamantes para la eternidad' se titul&oacute; una de las pel&iacute;culas de James Bond interpretadas por Sean Connery. Y Marilyn Monroe cantaba que los diamantes son los mejores amigos de una chica. 
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a una guapa viuda berlinesa que luc&iacute;a el cad&aacute;ver de su marido en el dedo anular de la mano derecha.
    </p><p class="article-text">
        Hay una empresa de pompas f&uacute;nebres en Berl&iacute;n, en el barrio de Spandau -donde estaba la c&aacute;rcel en la que se pudri&oacute; solo Rudolf Hess-, que por unos siete mil euros a&iacute;sla de las cenizas de un cad&aacute;ver el veinte por ciento de carbono que contiene el cuerpo humano y, tras un complicado proceso de presiones y calentamientos, lo convierte en un diamante de 1,25 quilates que se talla y en el que se graba con l&aacute;ser el nombre del finado. Para poder verlo har&aacute; falta una buena lupa, imagino.
    </p><p class="article-text">
        Lo del diamante funerario fue una de las &uacute;ltimas voluntades del marido de la berlinesa y en su testamento destin&oacute; esa cantidad a tal efecto. Deduje que la guapa viuda consideraba que mucho mejor habr&iacute;an estado esos siete mil euros en su cuenta y las cenizas de su marido en el fr&iacute;o B&aacute;ltico, a tenor de c&oacute;mo golpeaba con el solitario diamante, engarzado en un anillo de oro blanco, la copa vac&iacute;a en demanda de que el camarero del bar en el que est&aacute;bamos le 
    </p><p class="article-text">
        sirviera al punto m&aacute;s Riesling.
    </p><p class="article-text">
        Otra peculiar voluntad testamentaria fue la de un rico empresario bilba&iacute;no. La larga historia comenz&oacute; a principios de los a&ntilde;os treinta del pasado siglo. El empresario, casado y padre de familia, ten&iacute;a una joven amante de gran belleza con la que se acostaba en el Hotel Carlton, en la habitaci&oacute;n que &eacute;l pagaba y donde ella viv&iacute;a mantenida a pensi&oacute;n completa. Durante el tiempo que dur&oacute; la relaci&oacute;n, el empresario colm&oacute; a su amante de atenciones y regalos, entre los que no faltaron numerosas joyas.
    </p><p class="article-text">
        Al empresario le descubrieron un c&aacute;ncer avanzado y le pronosticaron poco tiempo de vida. Antes de fallecer, el empresario se preocup&oacute; por el futuro de su amante, que no ten&iacute;a oficio ni beneficio y padec&iacute;a alergia al trabajo. El empresario dej&oacute; un codicilo secreto en manos del albacea por el cual, a su muerte, la mujer pod&iacute;a seguir viviendo en la habitaci&oacute;n de ese hotel de cinco estrellas en las mismas condiciones y durante cincuenta a&ntilde;os exactos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando muri&oacute; el empresario, poco antes de la Guerra Civil, la mujer contaba treinta y pocos a&ntilde;os. Ella ten&iacute;a otro rendido admirador, un joyero, al que consideraba buen amigo pero desde&ntilde;aba sus pretensiones amorosas. Durante d&eacute;cadas, la mujer fue vendiendo a su resignado admirador, una a una, seg&uacute;n necesitaba dinero, las joyas que en su d&iacute;a le regal&oacute; el generoso amante fallecido. El joyero se las fue comprando religiosamente y a buen precio.
    </p><p class="article-text">
        La longeva hu&eacute;sped del Carlton no se cas&oacute; ni tuvo m&aacute;s amantes. Le dio por la beater&iacute;a meapilas y opt&oacute; por la castidad. Cuando ya era una anciana, el joyero muri&oacute;. La mujer llev&oacute; a vender una de las &uacute;ltimas joyas que le quedaban al socio de su amigo. El hombre se vio en la penosa situaci&oacute;n de tener que decirle que esa joya que le ofrec&iacute;a era falsa, como lo fueron todas las que su socio le compr&oacute; de su bolsillo durante tantos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La mujer comprendi&oacute; entonces la intensidad del amor que le hab&iacute;a profesado aquel hombre, al mismo tiempo que le falt&oacute; capacidad para entender la extra&ntilde;a mezcla de generosidad y enga&ntilde;o cicatero del que fue su amante.
    </p><p class="article-text">
        Esta hermosa y melanc&oacute;lica historia de amor, orlada de cierto humor negro, tiene un triste ep&iacute;logo. 
    </p><p class="article-text">
        La mujer rebas&oacute; con su edad el medio siglo de alojamiento y manutenci&oacute;n que ten&iacute;a pagados en el hotel Carlton. Con m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os cumplidos, tuvo que abandonar la lujosa habitaci&oacute;n, los salones y el comedor que hab&iacute;an sido su hogar durante toda la vida. La acogi&oacute; el asilo municipal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/james-bond-sean-connery-marilyn-monroe-hotel-carlton_132_5152607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Nov 2013 18:48:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Diamantes para la eternidad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando te pierde el ingenio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/pierde-ingenio_132_5165243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Este rollo de las redes sociales y sus servidumbres, tal y como está  montado en la actualidad, comienza a cargarme más que un tonto con un  megáfono.</p></div><p class="article-text">
        Algunas personas se pierden por un golpe de ingenio. Es droga dura de la que no son capaces de abstenerse manteniendo la boca cerrada o el teclado quieto. Por soltar una ingeniosidad m&aacute;s o menos brillante, hacer un juego de palabras de sarcasmo cruel o apa&ntilde;ar un chiste falt&oacute;n, se meten en problemas por la ausencia de oportunidad de la gracia o su carga insultante en un ambiente de hostilidad manifiesta. Los ocurrentes a cualquier precio son como los pilotos de caza que atacan en condiciones suicidas. En medio de una tormenta pavorosa y rodeados de un enemigo muy superior en n&uacute;mero lanzan el misil cueste lo que cueste. Por ejemplo a Quevedo le pod&iacute;a a veces el ingenio y se met&iacute;a en serios l&iacute;os por dar rienda suelta a su rapidez mental. Incluso su literatura se resiente un poco de un exceso de ingeniosidad, que nunca ahorra ni atempera.
    </p><p class="article-text">
        Si se me ocurre la gracia, la suelto, porque si no reviento. Le pas&oacute; a un tuercebotas que conozco muy bien. Un d&iacute;a, en una tasca de adl&aacute;teres de ETA &#9472;corr&iacute;a 2002; tiempo de plomo con dianas muy diversas y multiplicables&#9472;, el tuercebotas, bien pedo, le dijo al due&ntilde;o y a toda la agreste parroquia del bar, refiri&eacute;ndose al cartel en la pared de fotograf&iacute;as de presos, separados los retratos por cuadrados de colores en un orden irregular, que a ver si pod&iacute;a rascar alguno de esos recuadros por si le sal&iacute;an tres presos en raya y ten&iacute;a premio. El premio se lo fueron a dar en efectivo dos chavalotes del fondo de la barra que ten&iacute;an a sus viejos en el maco royendo barrote. El due&ntilde;o del tugurio evit&oacute; al tuercebotas, por ser cliente habitual, la mano de hostias, pero lo ech&oacute; del local de por vida, sin posibilidad alguna de remisi&oacute;n de la pena de deportaci&oacute;n hostelera.
    </p><p class="article-text">
        En Twitter, que frecuento poco &#9472;resulta ya obsesivo o&iacute;r a todas horas por la calle el silbidito ese odioso en los m&oacute;viles indicando que se acaba de recibir un 'tuit'&#9472;, observo a veces estos desbarres del ingenio. El ingenioso de turno suelta el comentario o la apreciaci&oacute;n graciosa y no parece importarle que esta pueda llegar a ojos de quien es objeto de su golpecito de ingenio. Me refiero a los que escriben las gracias con su nombre. Los que se escudan en pseud&oacute;nimos como Jack el Destripador o Mi Puta Calavera gozan de patente de corso para insultar con total impunidad. Este rollo de las redes sociales y sus servidumbres, tal y como est&aacute; montado en la actualidad, comienza a cargarme m&aacute;s que un tonto con un meg&aacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Terminar&eacute; el art&iacute;culo refiriendo un alarde de ingenio de los buenos, de los de la iron&iacute;a inteligente. Quiz&aacute; alguno de mis improbables lectores &#9472;como dice Manuel Rodr&iacute;guez Rivero&#9472; no lo conozca. Una dama laborista le dijo a Churchill: &ldquo;Sir Winston, si usted fuera mi marido le echar&iacute;a cianuro en el t&eacute;&rdquo;. A lo que Churchill respondi&oacute; con brillantez y presteza: &ldquo;Se&ntilde;ora, si usted fuera mi esposa, probablemente me lo tomar&iacute;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/pierde-ingenio_132_5165243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Nov 2013 18:27:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando te pierde el ingenio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vanidad y sexo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/vanidad-sexo-luis-bunuel-jean-claude-carriere_132_5176973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En 'Mi &uacute;ltimo suspiro', la estupenda autobiograf&iacute;a de Luis Bu&ntilde;uel escrita m&aacute;s o menos al dictado por su guionista habitual de la &uacute;ltima &eacute;poca, Jean-Claude Carri&egrave;re, se refiere una divertida an&eacute;cdota que demuestra que uno de los grandes acicates del sexo -o de todo en realidad- es la vanidad. Bu&ntilde;uel cenaba con su amigo Luis Alcoriza &#9472;el estimable director de 'Tiburoneros' o la negra comedia 'Mec&aacute;nica nacional'&#9472;, que se las daba de gran seductor. 
    </p><p class="article-text">
        Durante la cena, que era en el restaurante del hotel, Bu&ntilde;uel le hizo observar a Alcoriza que una bella y solitaria dama no le quitaba ojo. Anim&oacute; a su amigo a pasar al ataque, incluso le ret&oacute; con una apuesta. Alcoriza no se hizo de rogar y fue a la mesa de la dama. Al poco rato de conversaci&oacute;n, se levantaron y se fueron juntos. Al pasar junto a Bu&ntilde;uel, Alcoriza le gui&ntilde;&oacute; un ojo con suficiencia. Ya en la habitaci&oacute;n, y al desnudar a la dama, Alcoriza se percat&oacute; de que ten&iacute;a algo escrito en el vientre. El texto era el siguiente: &ldquo;Cortes&iacute;a de tu amigo Luis Bu&ntilde;uel. Feliz cumplea&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Bu&ntilde;uel siempre se quej&oacute; de que la sed de sexo era algo que pod&iacute;a resultar agobiante, un yugo y un tirano por el que se comet&iacute;an muchos errores. En el mismo libro, cuenta Carri&egrave;re que una ma&ntilde;ana le llam&oacute; don Luis muy alegre para decirle que por fin se hab&iacute;a librado del yugo, ya no sent&iacute;a apetencia, el sexo le resultaba indiferente. Pocos meses antes hab&iacute;a cumplido ochenta y un a&ntilde;os. Precisamente en 'Tristana', la adaptaci&oacute;n que hizo Bu&ntilde;uel de la novela de Gald&oacute;s, el viejo hidalgo venido a menos, interpretado por Fernando Rey, pasea por las calles de Toledo y se cruza con una moza garrida. Fernando Rey le lanza un piropo y la moza le llama viejo. A lo que el hidalgo, mientras se atusa el bigote soberbio con gesto ampuloso y algo rid&iacute;culo, le opone: &ldquo;No tan viejo que el diablo est&eacute; ya muerto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un conocido, uno de esos tipos a los que les gusta contar que frecuenta a las putas, dec&iacute;a que &eacute;l desde luego ya sab&iacute;a que fingen que se excitan con los clientes e incluso que llegan a correrse -Charles Simic contaba de una mujer que fing&iacute;a el orgasmo incluso cuando se masturbaba a solas-, con una excepci&oacute;n, una prostituta con la que sol&iacute;a follar y que se pon&iacute;a tan cachonda con &eacute;l que no pod&iacute;a evitar el orgasmo. &Eacute;l lo notaba: era evidente. A&ntilde;adi&oacute; que es que modestia aparte &eacute;l lo hac&iacute;a muy bien, de libro &#9472;&iquest;de reclamaciones?&#9472;. Le pregunt&eacute; si alguna vez la chica, agradecida por el gran placer recibido, no le hab&iacute;a cobrado. Cambi&oacute; de tema al punto. La vanidad y la estupidez con frecuencia van de la mano y se besan en p&uacute;blico escandalosamente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/vanidad-sexo-luis-bunuel-jean-claude-carriere_132_5176973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Nov 2013 20:34:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vanidad y sexo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sexo,Luis Buñuel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alucinógenos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/alucinogenos_132_5188532.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace unas noches presenci&eacute; un curioso espect&aacute;culo en un bar de copas del Casco Viejo de Bilbao. El barrio estaba desierto, el bar de marras era de lo poco que estaba todav&iacute;a abierto y entr&eacute; a tomar un trago con unos amigos. El camarero y los escasos parroquianos, siete u ocho, ten&iacute;an todos los ojos como si estuvieran iluminados por la luz del fin del mundo; drogados hasta las patas con algo alucin&oacute;geno; muy pasados de rosca: enloquecidos, pesados y en el caso de un par de ellos, agresivos. El camarero manten&iacute;a el tipo y nos puso, aunque con cierto esfuerzo ag&oacute;nico, unos 'gin tonics' legales, pero los dem&aacute;s parec&iacute;an, como digo, de la cuadrilla de la ni&ntilde;a de 'El exorcista'. No me extra&ntilde;a que en el Medievo consideraran a las aldeanas vascas y navarras que se colocaban con belladona brujas pose&iacute;das por el Diablo.
    </p><p class="article-text">
        Me he enterado despu&eacute;s que vuelve a estar de moda comer hongos alucin&oacute;genos, entre ellos los 'monguis' que en mi &eacute;poca de dar tumbos entre la Barcelona de 'El V&iacute;bora' y el Madrid de la movida, dejaron colgado a perpetuidad a m&aacute;s de uno, al igual que pas&oacute; con los &aacute;cidos que ten&iacute;an carga de LSD, de &aacute;cido lis&eacute;rgico de verdad. En esa &eacute;poca de los ochenta, como la mayor&iacute;a de los que est&aacute;bamos en el rollo, en alg&uacute;n rollo, coquete&eacute; con diversas drogas y me fum&eacute; media tonelada de hach&iacute;s, pero nunca me atrev&iacute; con un &aacute;cido. Consider&eacute;, con temor y creo que con acierto, que ya ten&iacute;a por m&iacute; mismo una mente lo suficientemente calenturienta y alucin&oacute;gena como para correr el riesgo de un mal viaje con LSD. La posibilidad de sufrir alucinaciones de terror, me disuadi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que a un amigo que ten&iacute;a un 'pub' en la calle Aribau de Barcelona, su socio, un cretino, le ech&oacute; a escondidas un &aacute;cido en la cerveza. Mi amigo, que se llamaba Joaqu&iacute;n, me cont&oacute; que de repente crey&oacute; que se estaba volviendo loco, que no sab&iacute;a lo que le pasaba, pero desde luego nada bueno: un ramalazo de pura demencia incontrolable, el sonido que le ven&iacute;a como a densas vaharadas y una alteraci&oacute;n de la visi&oacute;n, del espacio que le rodeaba. Salt&oacute; la barra, sali&oacute; corriendo calle abajo y no supo lo que hizo.
    </p><p class="article-text">
        Ya que esto es Internet y no hay problema de espacio, perm&iacute;tanme que concluya este art&iacute;culo con un fragmento de mi libro 'Tratado sobre la resaca', en el que cont&eacute; el ataque de psicosis que sufr&iacute; el 31 de enero de 1984 en el expreso Barcelona-Bilbao. Menos mal que nunca me com&iacute; un &aacute;cido. Aun as&iacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Viv&iacute;a por aquel entonces en Barcelona, ten&iacute;a veinticuatro a&ntilde;os y llevaba una temporada de desmadre absoluto. Com&iacute;a poco, dorm&iacute;a menos, manten&iacute;a bastantes relaciones sexuales 'dentro de mis modestas posibilidades', consum&iacute;a toda la coca&iacute;na que pod&iacute;a, fumaba mucho hach&iacute;s y beb&iacute;a riadas de 'gin tonics'. Complet&eacute; el cuadro tomando Katovit, un complejo de vitamina B con un componente de anfetamina que me dio la puntilla. 
    </p><p class="article-text">
        Consider&eacute; que ten&iacute;a que parar un poco aquella escalada de desenfreno y decid&iacute; ir a Bilbao a pasar unos d&iacute;as en casa. Le invit&eacute; a venir conmigo a Toni Mena, mi amigo y dibujante, que acept&oacute;, en mala hora para &eacute;l. Entre otras cosas, en 1984 era guionista de c&oacute;mics en la revista 'El V&iacute;bora' y Toni dibujaba mis guiones.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que montamos en el expreso que tarda toda la noche en hacer el recorrido de Barcelona a Bilbao. Era d&iacute;a de labor y el vag&oacute;n de literas del tren, en el que viaj&aacute;bamos, iba casi vac&iacute;o. Tras fumar los &uacute;ltimos canutos nos tumbamos en nuestras sendas literas, las superiores, para intentar dormir. Llevaba cuarenta y ocho horas sin poder hacerlo y estaba ya bastante acojonado. Pero tampoco consegu&iacute; pegar ojo. Avanzaba la noche y mi estado de excitaci&oacute;n no cesaba. Supongo que tras unas cuantas horas sin beber alcohol comenc&eacute; a padecer la resaca, pero mi organismo estaba todav&iacute;a tan dopado que no lo notaba. Empec&eacute; a sentir angustia y tuve la mala idea de intentar entretenerme con los haces de luz blanca que penetraban fugazmente por el resquicio de ventanilla que no tapaba la persiana bajada y trazaban ef&iacute;meros dibujos en el techo del compartimiento en penumbra. Y entonces comenz&oacute; a suceder. No imagin&eacute;, sino que vi fantasmas en el techo. No recuerdo bien c&oacute;mo eran; unas figuras estilizadas que me sonre&iacute;an con unas bocas como de dibujos animados crueles. Siempre he sido un peliculero y las alucinaciones que sufr&iacute; aquella noche se correspondieron con mi imaginario cin&eacute;filo; tambi&eacute;n con el lastre de la educaci&oacute;n religiosa. 
    </p><p class="article-text">
        En medio de lo posible intent&eacute; conservar la calma y decirme que yo mismo me forzaba a ver aquello y me produc&iacute;a aquellas alucinaciones. Pero no deb&iacute; de ser convincente porque el desfile de grotescos fantasmas persisti&oacute;. Cerr&eacute; los ojos para privar a las alucinaciones del canal de acceso por la vista y entonces el horror subi&oacute; de grado y cambi&oacute; de sentido por el que asaltarme. 
    </p><p class="article-text">
        Not&eacute; por toda la cara el contacto de algo as&iacute; como unas manitas fr&iacute;as, h&uacute;medas y diminutas, como de ni&ntilde;os peque&ntilde;os que acabaran de lav&aacute;rselas. El p&aacute;nico me gan&oacute;. Abr&iacute; los ojos, me incorpor&eacute;, encend&iacute; las luces y despert&eacute; a gritos al pobre Toni, que dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente. Le cont&eacute; a trompicones lo que me suced&iacute;a y que necesitaba que pararan el tren; quer&iacute;a salir de all&iacute;. Intent&oacute; calmarme y como no lo consegu&iacute;a se visti&oacute; para salir a buscar al interventor y pedir ayuda. 
    </p><p class="article-text">
        Y all&iacute; me qued&eacute;, solo. En camiseta y calzoncillos, sentado en la alta litera, envuelto en una manta &aacute;spera, ba&ntilde;ado por la fantasmal luz fluorescente, bamboleado por el r&iacute;tmico traqueteo del tren y aturdido por el ruido constante y mon&oacute;tono de la marcha. Cerr&eacute; los ojos de nuevo y los aterradores contactos en el rostro se repitieron. Los abr&iacute; y cesaron, pero una voz profunda comenz&oacute; a hablarme en el interior de la cabeza con un demencial mensaje mesi&aacute;nico, algo as&iacute; como que era el elegido para organizar a la humanidad en una nueva sociedad basada en la mutua confianza. Y yo respond&iacute;a mentalmente, como un mes&iacute;as de pacotilla y de natural vago, que eso era una pesada carga y que no quer&iacute;a apurar ese c&aacute;liz.
    </p><p class="article-text">
        La voz desapareci&oacute; al cabo de un rato, pero s&oacute;lo para dar el relevo a una nueva angustia. Pasaba el tiempo y Toni no volv&iacute;a. Me sent&iacute;a incapaz de moverme de la litera, de salir del compartimiento. De repente comprend&iacute;. No es que lo pensara, sino que tuve la aterradora certeza. Lo que suced&iacute;a era que me hab&iacute;a vuelto loco, loco de remate. Estaba seguro de que en ese momento hab&iacute;a en el compartimiento personas que me hablaban y me tocaban y no lo percib&iacute;a porque la demencia me hab&iacute;a aislado sensorialmente. No, no era eso. Era algo peor. Me puse a gemir y a llorar. No me hab&iacute;a vuelto loco, sino que hab&iacute;a muerto. Y la muerte era as&iacute;: quedarte solo para siempre en el lugar en el que has estirado la pata. Grit&eacute; desesperado por el terror.
    </p><p class="article-text">
        Toni apareci&oacute; por fin y por lo menos ese espanto se disip&oacute;. Me dijo que no encontraba al interventor y que no hab&iacute;a nadie m&aacute;s en todo el vag&oacute;n. Iba a ir a buscarlo por el resto del tren. Y cuando le rogaba que no me dejara solo, mi amigo, mi &uacute;nico v&iacute;nculo con la realidad y la cordura, que me sosten&iacute;a la cara con las manos y ten&iacute;a su rostro cerca del m&iacute;o, con los ojos enrojecidos por haberle arrancado del sue&ntilde;o, me traicion&oacute;. Vi c&oacute;mo sus ojos se transformaban en los amarillentos y fijos de un reptil, en los de una gran serpiente. Cerr&eacute; los ojos, solloc&eacute; y se lo cont&eacute;. Sali&oacute; corriendo a conseguir ayuda como fuera.
    </p><p class="article-text">
        No recuerdo si tuve m&aacute;s alucinaciones visuales, t&aacute;ctiles o mentales durante su nueva ausencia. Toni volvi&oacute; con el interventor, al que intent&eacute; agredir. Despu&eacute;s amenac&eacute; con demandar a Renfe y hacerme rico a costa de la indemnizaci&oacute;n que les iba a sacar.
    </p><p class="article-text">
        El tren lleg&oacute; a Tudela, Navarra, donde ten&iacute;a parada. Consiguieron que me vistiera y bajamos del convoy. En la estaci&oacute;n desierta y helada hab&iacute;a un tel&eacute;fono p&uacute;blico y Toni pod&iacute;a llamar a lo que hubiera de instalaci&oacute;n hospitalaria en Tudela. All&iacute; nos dejaron solos y el tren parti&oacute;. Creo recordar que mientras Toni ped&iacute;a una ambulancia me escap&eacute; a una cercana gasolinera y que quise pegarme con los empleados. Y que fueron buena gente y no correspondieron a la fama de brutos, m&aacute;s brutos y de Tudela y no me hincharon a hostias. Y s&iacute; recuerdo con nitidez que antes de subir a la ambulancia mir&eacute; los rotos del asfalto y &eacute;stos se transformaron en peque&ntilde;as culebras que serpenteaban enloquecidas.
    </p><p class="article-text">
        En la cama hospitalaria me llenaron por v&iacute;a intravenosa de tranquilizantes y suero. No consiguieron hacerme dormir, no lo hice hasta la noche siguiente, pero el ataque ces&oacute;. Despu&eacute;s de aquella noche que no olvidar&eacute; mientras viva, pas&eacute; un periodo a&uacute;n m&aacute;s desequilibrado e intratable que de costumbre, pero no volv&iacute; a sufrir un ataque de psicosis. Y nunca se ha repetido. Pero la fuerte impresi&oacute;n que me dej&oacute; poner un pie tras la aut&eacute;ntica l&iacute;nea de sombra, donde est&aacute; el pa&iacute;s de la locura y mora el horror, jam&aacute;s me ha abandonado&ldquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/alucinogenos_132_5188532.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2013 04:07:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Alucinógenos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El misterio de los chistes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/chistes-el-rey-juan-carlos-jaimito-quevedo_132_5849754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Siempre me ha parecido que los chistes populares y anónimos están rodeados de un halo enigmático y misterioso.</p></div><p class="article-text">
        Llevo cuatro veces siendo miembro del jurado de un concurso de 'microcuentos' humor&iacute;sticos. En esta &uacute;ltima ocasi&oacute;n nos la metieron, aunque solo durante tres d&iacute;as. El breve relato ganador se basaba en la misma idea y ten&iacute;a el mismo desenlace que un chiste que se encuentra en la red -hoy en d&iacute;a hay que comprobarlo todo-. Lo descalificamos m&aacute;s por apropiaci&oacute;n indebida que por plagio, al tratarse de un chiste an&oacute;nimo, sin autor conocido.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me ha parecido que los chistes populares y an&oacute;nimos est&aacute;n rodeados de un halo enigm&aacute;tico y misterioso. &iquest;Qui&eacute;nes los inventan y los propagan por primera vez, iniciando el boca-o&iacute;do, esa cadena de progresi&oacute;n que hasta el auge de Internet era la reina de los ecos? Qui&eacute;n sabe. Un humorista profesional idea chistes y los escribe. En algunos casos, estos artefactos fabricados tienen suerte, salen de las manos de su recreador, se convierten en chistes que repiten personas dispares y se instalan en el imaginario sat&iacute;rico o grotesco del acervo popular. Pero esto no es lo habitual. Los mejores chistes son de procedencia desconocida y autor an&oacute;nimo, corren como la mentira y adquieren con el suficiente tiempo la categor&iacute;a de modestos cl&aacute;sicos. Sobre todo cuando su iron&iacute;a o sarcasmo tiene como objetivo ridiculizar los desmanes del poder y la falta de libertad. Por ejemplo, un viejo chiste ruso. Le preguntan al camarada secretario si ya ha o&iacute;do el nuevo chiste que se cuenta sobre &eacute;l. El funcionario sovi&eacute;tico responde divertido que s&iacute;, que es muy bueno y que ya ha llenado tres campos de concentraci&oacute;n con los que lo cuentan.
    </p><p class="article-text">
        Durante mi infancia, en los a&ntilde;os sesenta, corr&iacute;an por el colegio chistes curiosos. Uno naif y algo surrealista lo protagonizaba Quevedo en plan estrella escatol&oacute;gica -por supuesto, no sab&iacute;amos qui&eacute;n era-. A Quevedo le entraba un apret&oacute;n, se bajaba las calzas y obraba en la calle de espaldas al personal. Un pisaverdes que ve&iacute;a tan feo espect&aacute;culo, exclamaba: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; veo!&rdquo;. A lo que el autor de 'El Busc&oacute;n' reaccionaba extra&ntilde;ado: &ldquo;&iexcl;Anda, hasta por el culo me conocen!&rdquo;. Tambi&eacute;n se contaban chistes de dos alemanes que se llamaban Otto y Fritz. Tal vez su origen se remontara a la Divisi&oacute;n Azul. Y desde luego los m&aacute;s populares eran los de las andanzas de Jaimito -no s&eacute; si ya olvidados-, aquel chaval calentorro y gamberro que provocaba desastres. En Italia tuvo el careto de &Aacute;lvaro Vitali en una serie de pel&iacute;culas bastante prescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Sean quienes sean los autores de los chistes populares, reciban mi reconocimiento cuando alcanzan cotas de ingenio y mala leche como aquel del Rey. Llaman al timbre del palacio de La Zarzuela. Su majestad el rey Juan Carlos acude a abrir la puerta. Pero antes de hacerlo saca de los bolsillos de su bat&oacute;n varios papeles y duda cu&aacute;l escoger. Al final sonr&iacute;e satisfecho, se queda con uno, guarda los dem&aacute;s y lee: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/chistes-el-rey-juan-carlos-jaimito-quevedo_132_5849754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Oct 2013 09:37:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El misterio de los chistes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zumalacárregui y el as de oros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/zumalacarregui-guerra-carlista-napoleon-dunant-el-viejo_132_5842027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El azar y la necesidad han propiciado hallazgos gastron&oacute;micos a lo largo de la historia. Por ejemplo, un plato hoy casi olvidado, el pollo a la Marengo, debe su nombre a la victoria de Napole&oacute;n sobre los austriacos en 1800. Tras 
    </p><p class="article-text">
        la batalla, su cocinero, Dunant el Joven &#9472;quien debi&oacute; de eclipsar con su fama a Dunant el Viejo, pues nada consta de este &uacute;ltimo&#9472;, que hab&iacute;a perdido las vituallas, dio de cenar a Bonaparte con lo que los soldados pillaron a punta de bayoneta por los alrededores: un pollo, tomates, huevos y unos cangrejos de r&iacute;o. Con esta mezcolanza y el co&ntilde;ac de la propia petaca de Napole&oacute;n, Dunant invent&oacute; el contundente plato.
    </p><p class="article-text">
        La tortilla de patata: el as de oros de la cocina popular espa&ntilde;ola. Tan sencilla y a la vez tan dif&iacute;cil de comer una realmente bien hecha. En Madrid, dar con una buena tortilla es tan raro como encontrar algo que no quiera privatizar el PP. Suelen ser como el universo, tienden a curvarse sobre s&iacute; mismas. Dice la leyenda que el descubrimiento de la tortilla de patata se debe al gran apetito del caudillo carlista Tom&aacute;s de Zumalac&aacute;rregui &#9472;as&iacute; como Berlanga ten&iacute;a la costumbre o pr&aacute;ctica fetiche de que en todas sus pel&iacute;culas deb&iacute;a aparecer citado el Imperio Austroh&uacute;ngaro, a m&iacute; me pasa lo mismo con Zumalac&aacute;rregui en todos mis libros&#9472;. Al parecer, el general pernoctaba en un caser&iacute;o de alg&uacute;n lugar del norte de Navarra y la casera no ten&iacute;a m&aacute;s que huevos y patatas para saciar la gazuza de Zumalac&aacute;rregui, que aseguraban que era a&uacute;n mayor que el di&aacute;metro de su boina, la cual precisaba de un aro met&aacute;lico para no quedar fl&aacute;ccida y desparramada como un sufl&eacute; malogrado. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, la aldeana se dedic&oacute; a cuajar a fuego lento, en una cazuela de barro con un fondo de manteca de gorrino, huevos y patatas troceadas, a la vez. Y a esa masa, que no consta si el t&iacute;o Tom&aacute;s trag&oacute; o no, se consider&oacute; una aproximaci&oacute;n o rudimentario antecedente de la tortilla de patata &#9472;es probable que en una barra de la corte de los milagros se la hubieran conseguido colocar a un guiri&#9472;. Poco despu&eacute;s, el general carca morir&iacute;a por una bala perdida que lo encontr&oacute; en el sitio de Bilbao de 1835. Lo cont&eacute; as&iacute; en mi novelita de aventuras 'El oro de los carlistas': &ldquo;Zumalac&aacute;rregui fue transportado a pie, en una camilla, por cuarenta granaderos de su fiel batall&oacute;n de Gu&iacute;as de Navarra, quienes se turnaron para cargarlo. Lo llevaron primero a Durango y de ah&iacute; a Cegama, en Guip&uacute;zcoa, donde quer&iacute;a ser atendido por el 'petriquillo' &#9472;curandero&#9472; de esa aldea, en el que confiaba. Aunque la herida no era grave, un balazo a cinco cent&iacute;metros de la rodilla, muri&oacute; de una infecci&oacute;n generalizada por el tiempo perdido en el lento viaje&rdquo;. No dej&oacute; de ser una muerte de lo m&aacute;s carlista. 
    </p><p class="article-text">
        En la Segunda Guerra Carlista, en otro asedio a Bilbao, el m&aacute;s famoso y largo, el de 1874, se dice que se invent&oacute; el bacalao al pil-pil por la simple conjunci&oacute;n de que en los almacenes del puerto hab&iacute;a bacalao y aceite de oliva.
    </p><p class="article-text">
        En el sitio de Par&iacute;s por los prusianos de 1870, el hambre vaci&oacute; el zool&oacute;gico del Jardin des Plantes. Un restaurante de lujo aprovech&oacute; la escabechina zool&oacute;gica para mantener su carta variada y exclusiva. En su estupenda 'Historia de la Gastronom&iacute;a', N&eacute;stor Luj&aacute;n escribe que en la carta de Navidad, el prestigioso restaurante Voisin ofrec&iacute;a a su clientela consom&eacute; de elefante, 'civet' de canguro, camello rustido a la inglesa y pernil de lobo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/zumalacarregui-guerra-carlista-napoleon-dunant-el-viejo_132_5842027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Oct 2013 20:33:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Zumalacárregui y el as de oros]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paranoia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/kafka-blogs-internet-email_132_5836406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Estoy pillando &uacute;ltimamente cierta paranoia con el correo electr&oacute;nico. Me explico. Cuando descubr&iacute; este maravilloso avance tecnol&oacute;gico fui consciente de que era la herramienta laboral so&ntilde;ada. Soy del a&ntilde;o en que Castro entr&oacute; en La Habana y en mis primeros tiempos de guionista me serv&iacute;a de una m&aacute;quina de escribir Lexicon forjada con el mismo hierro que la armadura de Viriato, el 'tippex', la fotocopia y el correo certificado &#9472;lo m&aacute;s cargante; las oficinas de Correos sol&iacute;an ser como de gui&oacute;n de Azcona&#9472;. El fax mejor&oacute; mucho las cosas, pero no serv&iacute;a para mandar trabajos largos. El correo electr&oacute;nico lo resolvi&oacute; todo con la prodigiosa magia de la ventanita de enviar: miles de p&aacute;ginas en segundos; hasta novelas hist&oacute;ricas de densidad gran&iacute;tica se echa a la espalda sin parpadear el servidor de correo.
    </p><p class="article-text">
        Pero desde hace un tiempo, sobre todo en cuestiones relacionadas con el festival La Risa de Bilbao, he cogido miedo al 'email', a contestar cartas de personas desconocidas y darles explicaciones por cortes&iacute;a &#9472;no volver&eacute; a incurrir en ese error&#9472;. Sucede demasiado a menudo algo muy parecido al t&iacute;pico gag de la chica maciza que hace autoestop. El conductor pardillo para encantado, sonr&iacute;e a la ninfa de oreja a oreja y le abre la puerta del coche. Entonces, la chica pega un silbido y aparecen sus acompa&ntilde;antes ocultos: un grupo con pinta a ser Los &Aacute;ngeles del Infierno sin moto. Porque ahora, detr&aacute;s de cada persona est&aacute; su blog &#9472;los blogs son ya como los culos o las opiniones, todo el mundo tiene uno; incluso esta secci&oacute;n de El Diario Norte en la que escribo se encuadra en un apartado de blogs&#9472;, o pertenece a alguna asociaci&oacute;n de 'letraheridos' o 'comiqueros' con criterio de comisario pol&iacute;tico que lanzan sus dardos desde una web. Total, que la carta que has respondido creyendo que va a quedar en el &aacute;mbito del intercambio privado, te la encuentras publicada en Internet en uno de esos blogs o webs. 
    </p><p class="article-text">
        Pero esto &#9472;por algo as&iacute; gan&eacute; un juicio por vulneraci&oacute;n de la privacidad a una revista de cuyo nombre no quiero acordarme&#9472; no es lo peor. Tras la carta publicada sin permiso llegan los comentarios a la misma, hechos por gente que excluye su identidad con un ingenioso pseud&oacute;nimo y una fotito, por ejemplo de una guillotina o una picadora de carne, para dar rienda suelta con impunidad al resentimiento y la ferocidad. Abunda en esos comentarios la mala hostia, el rencor, la dureza, la descalificaci&oacute;n y el insulto, demostrando que el patriotismo no es el &uacute;nico refugio de los canallas.
    </p><p class="article-text">
        A Kafka, con su sentido literario de la paranoia y la man&iacute;a persecutoria, le habr&iacute;a encantado esta dimensi&oacute;n de Internet. Es muy probable que le hubiera servido para un cap&iacute;tulo de 'El castillo' o 'El proceso'. Ya que es un tema un poquit&iacute;n monstruoso que da algo de miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/kafka-blogs-internet-email_132_5836406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Oct 2013 08:14:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Paranoia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Blogs,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Robert Crumb]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/robert-crumb_132_5818450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Estoy ilusionado y contento porque dentro de unos pocos d&iacute;as voy a conocer en persona a Robert Crumb. Viene al festival La Risa de Bilbao, que tengo el honor de dirigir, porque ha aceptado recibir nuestro premio y ser entrevistado ante el p&uacute;blico por otro ac&eacute;rrimo &lsquo;crumbiano&rsquo;, Santiago Segura. Si para Fernando Trueba &#9472;que tambi&eacute;n viene&#9472; en el cine Dios es Billy Wilder, para m&iacute; lo es Robert Crumb en el c&oacute;mic.
    </p><p class="article-text">
        Crumb vive desde 1991 en un pueblito al sureste de Francia, lejos del mundanal ruido; ese ruido superfluo y aturdidor que atruena en todas partes y que a m&iacute; me molesta tanto como a su campechano personaje Mister Natural, gur&uacute; im&aacute;n de pirados, y a &eacute;l. Su emigraci&oacute;n de Estados Unidos, Crumb la explic&oacute; as&iacute;: &ldquo;Primero dej&eacute; las anfetaminas, luego el &aacute;cido, los porros, el alcohol y finalmente Am&eacute;rica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Crumb es el m&aacute;ximo representante del c&oacute;mic de humor 'underground', un 'outsider' por antonomasia que no se casa con nada que no le agrade y, al mismo tiempo, desde ese contestatario y contracultural punto de partida 'underground' se ha convertido en uno de los artistas internacionales m&aacute;s influyentes de los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os, m&aacute;s all&aacute; de su expresi&oacute;n a trav&eacute;s del noveno arte. Crumb conjuga el ser un esp&iacute;ritu libre, exhibicionista y escandaloso con un dibujo de personalidad y trazo genial. Por ejemplo su serie 'Mis problemas con las mujeres', en la que &eacute;l mismo aparece como personaje atormentado, neur&oacute;tico y a la vez hedonista hasta el delirio, fascinado y deliciosamente amedrentado por mujeres de f&iacute;sico poderoso a las que desea con desesperaci&oacute;n y consigue con frecuencia. Crumb, ventajas de ser el autor, folla mucho y de  modos peculiares en sus c&oacute;mics a base de ser un zalamero humillado que se convierte en un salvaje imparable cuando la polla le manda. A veces se hace el c&iacute;nico: &ldquo;Hay gente que toma mi trabajo demasiado en serio. Y cuanto m&aacute;s en serio me toman, m&aacute;s dinero gano&rdquo;; pero su lado de apacible coleccionista de discos antiguos de folk y jazz americano y su insobornable decencia intelectual lo delatan como un buen tipo.
    </p><p class="article-text">
        Sus personajes son memorables. El rijoso y cantama&ntilde;anas Fritz the Cat, del que Crumb acab&oacute; harto y se lo carg&oacute; con un picahielos por mano de una feroz mujer avestruz; el inmundo y diminuto Snoid, que vive en un culo; la colosal negra Angelfood McSpade, cuyo aroma sexual vuelve locos a los hombres; el ya citado Mister Natural, poli&eacute;drico personaje del que no se sabe muy bien si es un t&iacute;o majo o un cabr&oacute;n, y su disc&iacute;pulo, el lerdo y dubitativo Flakey Foont.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima gran obra por el momento de Robert Crumb, que acaba de cumplir setenta a&ntilde;os, ha sido la monumental novela gr&aacute;fica 'G&eacute;nesis', donde la perfecci&oacute;n y riqueza de su dibujo llega a la maestr&iacute;a absoluta. Crumb dijo del descomunal reto: &ldquo;He acabado completamente agotado, casi enfermo. &iexcl;Incluso he llegado a pensar en no volver a dibujar jam&aacute;s!&rdquo; Espero que no sea as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en 1983, hace treinta a&ntilde;os, el circunspecto pero tambi&eacute;n amable director de 'El V&iacute;bora', Jos&eacute; Mar&iacute;a Berenguer, me acept&oacute; como guionista para su casa, lo primero que pens&eacute; es que iba a publicar en la misma revista en que lo hac&iacute;a Robert Crumb. Y eso me hizo feliz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/robert-crumb_132_5818450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2013 07:05:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Robert Crumb]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El humor del caos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/humor-caos_132_5804660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En una de aquellas pel&iacute;culas mosaico, de cortos unidos &#9472;podr&iacute;a ser el nombre de otro partido con vocaci&oacute;n de idiotez proselitista&#9472;, que proliferaron en el cine italiano de los setenta, recuerdo uno hilarante, creo que dirigido por Dino Risi, que protagoniza el gran Ugo Tognazzi, quien hace de un adusto general que va a presidir un desfile militar. Le entra un inoportuno apret&oacute;n que tiene que resolver en un suc&iacute;simo retrete. La impedimenta de gorra de plato, banda, faja, medallas, guantes, cinto, pistolera, sable, botas altas y dem&aacute;s quincalla, le dificulta de un modo insalvable la labor escatol&oacute;gica; toda la parafernalia se le va cayendo una a una dentro del infecto v&aacute;ter y la va rescatando de mala manera, provocando con el salvamento de cada abalorio la ca&iacute;da al asqueroso agujero del siguiente. Tognazzi no altera su cara hier&aacute;tica de resignado estoicismo durante todo el desastre &#9472;el mejor contrapunto c&oacute;mico a la f&eacute;tida acci&oacute;n&#9472; ni al final, en que impotente, sobrepasado por su caos individual y lleno de mierda hasta los codos y la cara, saca la reglamentaria pistola y se salta la tapa de los sesos. Una eficaz s&aacute;tira antimilitarista v&iacute;a excremental y un buen ejemplo de humor del caos.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; hace poco un ensayo muy recomendable. Se trata de &lsquo;Humoristas&rsquo; &#9472;editorial &Aacute;tico de los Libros&#9472;, escrito por ese brillante intelectual que es Paul Johnson, quien pasa revista desde autores con humor como Nancy Mitford, Dickens y Chesterton hasta descubrir la vertiente humor&iacute;stica de Benjamin Franklin, Samuel Johnson y Toulouse-Lautrec. Johnson establece un grupo propio con los que llama humoristas del caos, entre los que considera a Chaplin, los hermanos Marx, Laurel y Hardy y los cuadros de William Hogarth, sus pinturas corales que muestran nutridos alborotos y ri&ntilde;as tumultuarias. Yo a&ntilde;adir&iacute;a a Buster Keaton, que mientras siembra o padece el caos mantiene tambi&eacute;n inalterable su famosa cara de palo, a Harold Lloyd, al Woody Allen de la primera &eacute;poca y a los Monty Python.
    </p><p class="article-text">
        Es un humor que basa su probada eficacia en el exacerbamiento, hasta sus &uacute;ltimas consecuencias, de la tendencia natural de las cosas a caer en la entrop&iacute;a y el caos. Chaplin en la cadena de montaje de &lsquo;Tiempos modernos, Keaton en &lsquo;El maquinista de la General&rsquo; y sobre todo &lsquo;El navegante&rsquo; o la inolvidable secuencia del camarote de los hermanos Marx atest&aacute;ndose de visitantes hasta el desbordamiento final. Y desde luego la producci&oacute;n de caos ininterrumpida y en progresi&oacute;n ascendente de Peter Sellers en &lsquo;El guateque&rsquo;, de Blake Edwards.
    </p><p class="article-text">
        Ese humor del caos juega con la manipulaci&oacute;n, el manejo imposible y el descalabro de elementos exteriores, ya sean objetos o personas. Tambi&eacute;n hay otro tipo de humor del caos, que es de bajo presupuesto, verbal, involuntario y no precisa mayor puesta en escena que el mon&oacute;logo delirante ni otro esfuerzo por parte del espectador que una fuerte sensaci&oacute;n de verg&uuml;enza ajena. Es el humor del caos mental, en el que la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, se ha revelado como una maestra insuperable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/humor-caos_132_5804660.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Sep 2013 17:55:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El humor del caos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Relleno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/relleno_132_5796552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Gordito Relleno era un personaje de tebeo dibujado por Pe&ntilde;arroya para &lsquo;Pulgarcito&rsquo;, una de las publicaciones de los hermanos Bruguera &#9472;quienes ten&iacute;an el mismo respeto por los derechos de autor que un falangista por el sufragio universal&#9472; durante el franquismo. El orondo Gordito cumpl&iacute;a la primera acepci&oacute;n de relleno, estaba muy lleno, y era un p&aacute;nfilo, de cabeza y narizota perfectamente circular, al que timaba todo el mundo y que provocaba desastres por donde iba, fiel al humor del caos, uno de los mejores.
    </p><p class="article-text">
        El relleno es tambi&eacute;n lo que se mete en lo que se ha dejado hueco a tal efecto; pr&aacute;ctica frecuente en gastronom&iacute;a. A Fat Freddy, uno de los Freak Brothers de Gilbert Shelton, le preguntan a ver de qu&eacute; ha rellenado el pavo de acci&oacute;n de gracias, que estaba muy bueno. El cantama&ntilde;anas de Freddy responde extra&ntilde;ado que de nada, el pavo ya estaba lleno de por s&iacute;. El relleno incierto da pie a trapacer&iacute;as culinarias. Recordaba mi querido amigo, el pintor Gonzalo J&aacute;uregui, el reciclaje v&iacute;a relleno en un viejo bar de la calle Ascao de Bilbao. Eran las legendarias bolas sorpresa: unos bu&ntilde;uelos de masa frita que conten&iacute;an huevo con chorizo o at&uacute;n en escabeche o morcilla o&hellip; No se sab&iacute;a con qu&eacute; pincho de la v&iacute;spera o antev&iacute;spera te ibas a encontrar hasta hincar el diente en la ocultadora masa. Ya contaba Gila que en su pensi&oacute;n no hab&iacute;a que dejar olvidado nada sobre la mesa del comedor &#9472;hab&iacute;a desaparecido el viol&iacute;n de un pensionista que era m&uacute;sico callejero&#9472;, pues te lo encontrabas al d&iacute;a siguiente en el relleno de las croquetas.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; la idea del relleno como lo superfluo, ese de relleno, que da volumen o extensi&oacute;n para camuflar y arropar la escasa enjundia de algo. Por ejemplo, en muchos telediarios. Deber&iacute;a de estar castigado con pena de galeras o de una cena &iacute;ntima con Carlos Floriano o F&aacute;tima B&aacute;&ntilde;ez &#9472;hay que ser piadoso, limit&eacute;moslo a las galeras&#9472;. Ya sabes de antemano que cuando dicen, pues hace mucho calor en Albacete, acto seguido el relleno va a ser una lacerante aportaci&oacute;n del paisanaje al que le han preguntado c&oacute;mo lleva la chicharrera y responde con esos id&eacute;nticos lugares comunes que producen sudor, pero fr&iacute;o. La cerveza fresquita, una buena sombra, el abanico, el botijo, la oraci&oacute;n, la abulia, el cilicio, mover las orejas&hellip; En literatura tambi&eacute;n es moneda corriente el de relleno. De hecho, caen en mis manos, y se me caen pronto de las mismas, libros que son todo puro relleno, lo cual reviste cierta condici&oacute;n prodigiosa, he de reconocer.
    </p><p class="article-text">
        Con la naturaleza del relleno de la infame vida pol&iacute;tica que nos rodea, o m&aacute;s bien nos asedia, no hay lugar para el equ&iacute;voco. Es solo aire, eso s&iacute;, cada vez m&aacute;s denso y f&eacute;tido. Los pr&oacute;ceres de la patria siguen considerando, quiz&aacute; con raz&oacute;n, que somos tan f&aacute;ciles de enga&ntilde;ar como el c&aacute;ndido Gordito Relleno.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/relleno_132_5796552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Sep 2013 18:06:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Relleno]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tugurios veraniegos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/tugurios-veraniegos_132_5764971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        O&iacute;do a un parroquiano de aire patibulario en una taberna de Chipiona, C&aacute;diz, que se llamaba El Re&ntilde;idero porque en la trastienda ten&iacute;an un peque&ntilde;o anfiteatro de piedra donde por las noches hac&iacute;an peleas de gallos. &laquo;Ni&ntilde;o. Ponme un dedito de JB; as&iacute;, hasta el nudillo, con media Pepsi del tiempo.&raquo; Hab&iacute;a ido por recomendaci&oacute;n a la taberna de marras, que era &lsquo;Freaks&rsquo; en versi&oacute;n gaditana, porque ten&iacute;a fama de servir el mejor jam&oacute;n cortado a cuchillo de toda la provincia de C&aacute;diz. Fui por la tarde, con mi hija, que tendr&iacute;a entonces unos ocho a&ntilde;os. Los parroquianos &#8213;un&aacute;nimes y variados cubatas, nada de cerveza o manzanillas&#8213; se quedaron fascinados con un juego de esos de palitos chinos que ten&iacute;a la ni&ntilde;a. Al poco, el juego manejado por mi hija se convirti&oacute; en el centro de atenci&oacute;n de la agreste parroquia; todos lo miraban embobados. Esta catarsis me produjo cierto estupor, pero no me rest&oacute; las ganas de probar aquel sublime jam&oacute;n y de acompa&ntilde;arlo con media botellita de manzanilla helada. 
    </p><p class="article-text">
        En un chiringuito de una de las playas de Rota, tambi&eacute;n provincia de C&aacute;diz, pon&iacute;an sardinas asadas. La peste de las sardinas asolaba la playa. Las serv&iacute;an en unos platitos de pl&aacute;stico, en principio desechables, aunque algunos ten&iacute;an pinta de haber hecho m&aacute;s de un servicio. La rotunda jefa era la que asaba las sardinas y la barra la atend&iacute;a un camarero chupadillo. A pesar del pluriempleo de los platos de pl&aacute;stico, se les hab&iacute;an terminado. El camarero le dijo a la jefa:
    </p><p class="article-text">
           &#8213;Jefa, que no quedan platillos, &iquest;qu&eacute; hago con las sardinas?
    </p><p class="article-text">
            &#8213;Las pones en papel de peri&oacute;dico &lsquo;as&iacute;n&rsquo; de momento, &iquest;o es que lo quieres para leer?
    </p><p class="article-text">
        En aquel inmundo chiringuito escrib&iacute; a mano un art&iacute;culo sobre una mesa de pl&aacute;stico pringoso asentada en un suelo de tablas cochambrosas cuajado de colillas. Como reflejo condicionado de perro de Pavlov, aquel establo al aire libre me hizo recordar algunos de los infiernos hosteleros en que por muy diversas razones, ser el &uacute;nico en cien kil&oacute;metros a la redonda, invitaci&oacute;n ineludible, tr&aacute;nsito, desorientaci&oacute;n o simple masoquismo, uno cae en verano. Para que se hagan una idea de lo granado de mi particular galer&iacute;a de horrores hosteleros estivales, un chino de Madrid en el que sin duda me com&iacute; las costillas del abuelo Tchong y acab&oacute; precintado por sanidad, no fue de lo peor, pues invitaban a licor de lagarto. He yantado en sitios de men&uacute; del d&iacute;a en que lo &uacute;nico que les faltaba era atar los cubiertos a la mesa con cadenitas para que la clientela no se los llevara. He bebido en bares tan cutres, desangelados, tristes y destartalados, que conservo la direcci&oacute;n de alguno de ellos por si decido suicidarme. Si es as&iacute;, ir&eacute; a uno de esos tascucios a beber el &uacute;ltimo trago. Y estar all&iacute;, y mirar alrededor, me dar&aacute; el impulso final para volarme la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Y recuerdo un bar de carretera, a mitad de camino hacia ninguna parte, en que el camarero, que se parec&iacute;a al Calabacillas de Vel&aacute;zquez, mientras secaba vasos, mataba moscas de vez en cuando con el mismo trapo. Pero no pod&iacute;as huir del asqueroso lugar porque el olor que ven&iacute;a de la cocina &#8213;el de sardinas de Rota resultaba Chanel n&uacute;mero cinco en comparaci&oacute;n&#8213; era tan nauseabundo y penetrante que te mareaba y no encontrabas la puerta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/tugurios-veraniegos_132_5764971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Aug 2013 17:37:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tugurios veraniegos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fornicadora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/fornicadora_132_5756559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Como es sabido, el sentido del gusto se complementa con el del olfato para percibir los sabores de todo lo que nos metemos a la boca, el gusto para paladearlos. Mi abuela Mari carec&iacute;a totalmente de olfato, no era capaz de oler ni amoniaco con lej&iacute;a y todo le sab&iacute;a igual. Dec&iacute;a que le sacaba parecido gusto a un chusco de pan de la v&iacute;spera que a su yantar favorito, las abominables cabezas de cordero que rust&iacute;a en el horno; una de las im&aacute;genes traum&aacute;ticas de mi infancia; partidas en dos, con los sesitos demediados, un ojo ab&uacute;lico en cada mitad y una risa siniestra y sim&eacute;trica como de calavera calcinada en el desierto. Qui&eacute;n sabe si en ese rasado de sabores a mi abuela todo le sab&iacute;a a pan duro o a cabeza de cordero. O quiz&aacute; a un tercer alimento, tal vez noble, pato a la naranja o caviar, que nunca prob&oacute; ni supo que exist&iacute;a. Intuyo muy de lejos que en esto del gusto ins&iacute;pido o surrealista de mi abuela hay una met&aacute;fora de calado filos&oacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Pero aun contando con el discernidor olfato para percibir los sabores, seg&uacute;n los puristas desde que se invent&oacute; el cultivo en invernadero y el bid&eacute; ya nada sabe como antes. Aunque los &lsquo;bon vivant&rsquo; franceses intentaron compensarlo con un conjuro cosmopolita. Aseguran que cuando mejor sabe una dama es despu&eacute;s de beber dos copas de Dom P&eacute;rignon y caminar cien metros por los Campos El&iacute;seos calzada con zapatos de tac&oacute;n de aguja. Mas parece ser que hay que tener cuidado con lo de besar los distintos labios femeninos con fruici&oacute;n y ta&ntilde;er campanillas en tr&eacute;molo, pues te puedes pillar un c&aacute;ncer de lengua peor que si fumaras en pipa. Ah&iacute; est&aacute; Michael Douglas, reputado pilonero, para corroborarlo.
    </p><p class="article-text">
        Sabores, olores y gustos ven&eacute;reos, todo un subjetivo submundo. En mi mili, en las oficinas de reclutamiento de Barcelona, los dos mejores entretenimientos de mi conmilit&oacute;n, el turolense Corsino, eran espiar a Satir&oacute;n, el lavandero, un peque&ntilde;o gaditano lujurioso como un mono a quien le gustaba mene&aacute;rsela en el apestoso cuarto de las s&aacute;banas sucias, y comerse los pelos del co&ntilde;o que le mandaba su novia por carta. Esto &uacute;ltimo requiere una explicaci&oacute;n. A Corsino, que era uno de los alba&ntilde;iles del acuartelamiento, le parec&iacute;a chic escribir a su novia a m&aacute;quina y me ped&iacute;a que lo hiciera yo, m&aacute;s o menos al dictado &#9472;me dejaba a&ntilde;adir de mi cosecha alg&uacute;n pinito po&eacute;tico rom&aacute;ntico que dejaba la misiva niquelada y a Corsino entusiasmado&#9472;. De este modo me enter&eacute; de que le dec&iacute;a que ya se hab&iacute;a cosido los galones de cabo primero, era soldado m&aacute;s raso que la llanada alavesa, y de lo de las peticiones de pelitos del pubis, que le daba verg&uuml;enza revelar, aunque yo le aseguraba que en mi labor de mecan&oacute;grafo era como un confesor obligado por el secreto. As&iacute;, la novia le enviaba en cada sobre un surtido de pendejos negros y rizados que pon&iacute;an a Corsino m&aacute;s caliente que el mosquet&oacute;n de Daniel Boone. Los olisqueaba y me dec&iacute;a que le ol&iacute;an a tomillo, a jara y a no s&eacute; qu&eacute; m&aacute;s, los besaba y terminaba por engullirlos en pleno paroxismo, muy ciego de canutos. Con lo cual siempre ten&iacute;a que pedir nueva remesa. Me ense&ntilde;&oacute; una foto de la novia. Era tendente al hirsutismo, con una sola ceja, unida en el entrecejo, que recordaba a la gaviota del PP. No parec&iacute;a correr el riesgo de quedarse pelona por mucho que le metiera tijera al monte de Venus o felpudo para consolar a su amado.
    </p><p class="article-text">
        Y es que los olores o perfumes naturales o cosm&eacute;ticos son muy sugerentes y comprometidos; embriagadores e hipn&oacute;ticos. Seg&uacute;n ha dicho un melillense islamista que lanza arengas incendiarias, las mujeres musulmanas que se ponen perfume son fornicadoras. Est&aacute; claro que lo de pasarse en Ramad&aacute;n todo el d&iacute;a sin comer nada y sin beber ni agua no es bueno para el discurrir de la mente. Sin saberlo, el puritano ha dado con una campa&ntilde;a publicitaria osada que podr&iacute;a calar. Fornicadora, el perfume de la mujer fatal segura de s&iacute; misma. 
    </p><p class="article-text">
        Y si se suma Fornicadora al Dom P&eacute;rignon y el pase&iacute;to con zapatos de tac&oacute;n de aguja por los Campos El&iacute;seos, gran celebraci&oacute;n oral.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/fornicadora_132_5756559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jul 2013 07:55:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Fornicadora]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Exceso de grasa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/exceso-grasa_132_5750736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No me refiero a la que adorna con barroquismo el contorno de mi menda, sino a un divertido desprop&oacute;sito que tuve el gusto de presenciar en un bar de M&aacute;laga. Fue en 2002. Acababa de publicar la que es mi novela m&aacute;s conocida &#9472;o menos desconocida&#9472;, &lsquo;Alacranes en su tinta&rsquo;, y me hab&iacute;an invitado a presentarla en la feria del libro de esa ciudad, que se monta en verano. La cita era a la tarde y llegu&eacute; al mediod&iacute;a. Como no me apetec&iacute;a comer solo, decid&iacute; hacerlo informalmente, de tapas y finos, por varios bares de la zona adecuada. En uno de ellos, grande y de mucho meneo, el techo del bar era un firmamento de jamones colgados. Quedaban algunos fuera de la barra, sobre las cabezas de los clientes. En seguida vi el peligro, la espada de Damocles. Los jamones ten&iacute;an clavados en la base esos vasitos c&oacute;nicos de pl&aacute;stico con un pincho &#8213;no s&eacute; el nombre espec&iacute;fico&#8213; para recoger la grasa l&iacute;quida que sueltan. Estaban todos llenos a rebosar. Hac&iacute;a mucho calor y en el local no hab&iacute;a aire acondicionado, el desastre era inminente. Ped&iacute; otro fino para verlo. Sucedi&oacute; a los pocos minutos y adem&aacute;s sobre un se&ntilde;or mayor que vest&iacute;a un traje color gris perla; como de gui&oacute;n. El chorret&oacute;n de grasa le dio en un hombro y descendi&oacute; por toda la chaqueta. El hombre se qued&oacute; petrificado y mir&oacute; al techo como si pidiera una explicaci&oacute;n a Dios encarnado en el jam&oacute;n. Uno de los camareros, un chaval, se acerc&oacute;, mir&oacute; el desaguisado, mir&oacute; el jam&oacute;n agresor con gravedad y dijo poniendo gesto de enterado:
    </p><p class="article-text">
           &#8213;Se ve&iacute;a venir.
    </p><p class="article-text">
           El se&ntilde;or engrasado mene&oacute; la cabeza con resignaci&oacute;n fatalista y le dijo:
    </p><p class="article-text">
           &#8213;Qu&eacute; malasombra tienes, chaval.
    </p><p class="article-text">
        Sali&oacute; de la barra el encargado con un trapito empapado en agua caliente, pidiendo al se&ntilde;or, que deb&iacute;a de ser un cliente habitual, mil disculpas con f&oacute;rmulas lacayunas y rog&aacute;ndole que les trajera la factura de la tintorer&iacute;a, mientras frotaba en&eacute;rgicamente con el trapo. Pero lo m&aacute;s alucinante fue que el camarero malasombra, cumpliendo &oacute;rdenes, subi&oacute; a una escalera para revisar los jamones y evitar que volviera a suceder lo mismo. El espabilado chaval, en vez de vaciar de grasa los recipientes, fue rellenando con los que estaban a rebosar los que estaban menos llenos, con lo cual dej&oacute; todos al borde del derrame. Estuve a punto de quedarme m&aacute;s rato, para ver el siguiente bautismo de grasa, pero tambi&eacute;n me apetec&iacute;a cambiar de bar.
    </p><p class="article-text">
        Esta peque&ntilde;a an&eacute;cdota de la grasa a rebosar se asemeja a la situaci&oacute;n actual del PP gobernante acosado por las sucesivas vueltas de tuerca que aprieta cada vez m&aacute;s el cuello de hierro del garrote vil, las que va dando la medida estrategia de B&aacute;rcenas. Parece que muchos de los pr&oacute;ceres tienen el vasito muy lleno, a punto de verlo colmado y que la grasa les caiga encima y los pringue del todo; pero incapaces de librarse de ese exceso de grasa infamante, viendo que ya es imposible vaciar el propio vaso, intentan aliviar un poco el desborde llen&aacute;ndoselo m&aacute;s unos a otros. Que les caiga de una vez toda la grasa, llegue al suelo, la pisen y se den el batacazo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/exceso-grasa_132_5750736.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jul 2013 08:44:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Exceso de grasa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[PP - Partido Popular,Luis Bárcenas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Porvenir literario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/porvenir-literario_132_5742249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &lsquo;El viaje a ninguna parte&rsquo;, de 1986, es una memorable pel&iacute;cula dirigida por Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez que cuenta las vicisitudes de una precaria compa&ntilde;&iacute;a de c&oacute;micos de la legua durante los duros a&ntilde;os cuarenta, en pleno franquismo. Encabezada por el propio Fern&aacute;n G&oacute;mez, la tropa de c&oacute;micos representa peque&ntilde;os dramas y comedias de pueblo en pueblo, actuando en los bares o donde les dejan, sometidos a todo tipo de inclemencias y a un futuro cada vez m&aacute;s incierto, ya que los pueblerinos prefieren el cine, que tambi&eacute;n les ofrece otro buscavidas mediante proyecciones itinerantes.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez me acuerdo m&aacute;s de &lsquo;El viaje a ninguna parte&rsquo;, y me estremezco. La mayor&iacute;a de los que nos hemos ganado la vida juntando palabras para contar historias lo tenemos en este oscuro presente m&aacute;s claro que la sopa del hospicio de Oliver Twist. La venta de libros en papel m&aacute;s que bajar se ha ido al fondo del pozo calzada con zapatitos de cemento, lo digital se piratea tanto que parece que Barbanegra estuviese al mando del expolio, al cine espa&ntilde;ol se lo ha cargado el Gobierno del PP en una &lsquo;vendetta&rsquo; cuya articulaci&oacute;n estudia la Camorra napolitana para aprender, apenas se producen tampoco series de televisi&oacute;n y, eso s&iacute;, las columnas de peri&oacute;dicos se pagan cada vez m&aacute;s de puta madre; que Dios aprieta pero no te da garrote vil.
    </p><p class="article-text">
        Visto el panorama, habr&aacute; que aplicarse ense&ntilde;anzas y m&eacute;todos de supervivencia de Guzm&aacute;n de Alfarache, Lazarillo de Tormes, Estebanillo Gonz&aacute;lez o El Busc&oacute;n llamado don Pablos Cimorras, ejemplo de vagabundos y espejo de taca&ntilde;os. He intercambiado impresiones y pareceres con numerosos colegas y estamos todos llenos de planes, ilusi&oacute;n y optimismo en este viaje a ninguna parte en el que nos convertiremos en &lsquo;letraheridos&rsquo; de la legua hasta que lleguemos por fin a nuestro puerto de Itaca: que nos coma el olvido.
    </p><p class="article-text">
        Un colega, que me ruega que no desvele su identidad por motivos obvios, va a montar en un zagu&aacute;n que ha ocupado por la fuerza, leyendo su propia obra en voz alta, un taller de caricias y suspiros con &lsquo;risoterapia&rsquo; y &lsquo;odoterapia&rsquo;. La risa la produce &eacute;l y los olores su santa, a quien le rugen los alerones cuando pasa el platillo para cosechar la voluntad del alumnado. Una colega suelta una conferencia sobre la Generaci&oacute;n del 98 en bares de copas mientras se desnuda y est&aacute; pensando en hacer pases m&aacute;s completos en su cama y vis a vis. Un antiguo compa&ntilde;ero guionista graba con c&aacute;mara mental un documental sobre los puentes desde su perspectiva, dormir debajo de ellos. Otro autor me ha dicho que va a matar a su editor, con sa&ntilde;a, para poder vivir en el trullo a cuenta del Estado. Y mi querido amigo Fernando Mar&iacute;as y yo vamos a iniciar una amplia gira por pueblos de Castilla La Mancha. Contaremos en las tabernas chistes verdes que protagonizar&aacute; la se&ntilde;ora Cospedal, luego pasaremos la gorra o aceptaremos cortezas de queso y tragos de vino de la tierra y el mocer&iacute;o tendr&aacute; derecho a tirarnos al pil&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Bas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/bala-de-plata/porvenir-literario_132_5742249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jul 2013 18:08:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Porvenir literario]]></media:title>
    </item>
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