<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Ramón Llull, el genio mediterráneo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ramón Llull, el genio mediterráneo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramon Llull, el beato incómodo para Roma convertido en maestro hermético]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-beato-incomodo-roma-convertido-maestro-hermetico_1_12694102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83874c5d-8d5c-4604-9681-ed16311f01b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ramon Llull, el beato incómodo para Roma convertido en maestro hermético"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El filósofo mallorquín no practicó la alquimia, pero su pensamiento nació del mismo universo simbólico. En él, como en la alquimia, convivían el deseo de comprender el mundo y el anhelo de transformarlo</p></div><p class="article-text">
        Tras la muerte de Ramon Llull, a principios del siglo XIV, comenzaron a circular por Europa c&oacute;dices firmados con su nombre, en los que se entremezclaban f&oacute;rmulas secretas, s&iacute;mbolos esot&eacute;ricos y promesas de transmutaciones imposibles. En esos grimorios se hablaba de piedras filosofales, quintas esencias y lenguajes herm&eacute;ticos. Sin embargo, los historiadores insisten en que el mallorqu&iacute;n nunca trabaj&oacute; en un laboratorio alqu&iacute;mico ni persigui&oacute; quimeras entre hornos y crisoles.
    </p><p class="article-text">
        Al parecer, aquellos tratados no eran obra suya; sin embargo, alguien se ampar&oacute; en su prestigio como garant&iacute;a de autoridad y los firm&oacute; con su nombre. Seg&uacute;n la academia, textos venerados por los alquimistas durante siglos &mdash;como el <em>Testamentum</em>, el <em>Codicillus</em> o el <em>Liber de secretis naturae</em>&mdash;, pese a llevar su nombre, no salieron de su pluma, aunque circularon como si fueran aut&eacute;nticos.
    </p><p class="article-text">
        Los tratados alqu&iacute;micos atribuidos a Llull no tienen una dataci&oacute;n precisa, ya que no fueron impresos en vida, sino que se transmitieron en forma de manuscritos entre los siglos XIV y XVII.
    </p><p class="article-text">
        Todos estos textos son considerados ap&oacute;crifos por la filolog&iacute;a moderna, aunque durante siglos fueron le&iacute;dos y copiados como si fueran obras genuinas de Llull. Su atribuci&oacute;n al fil&oacute;sofo mallorqu&iacute;n responde m&aacute;s a una estrategia de legitimaci&oacute;n por parte de alquimistas posteriores que a un v&iacute;nculo real con su pensamiento original.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08f2afd-2750-4a19-a4b7-59ff0d395c98_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08f2afd-2750-4a19-a4b7-59ff0d395c98_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08f2afd-2750-4a19-a4b7-59ff0d395c98_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08f2afd-2750-4a19-a4b7-59ff0d395c98_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08f2afd-2750-4a19-a4b7-59ff0d395c98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08f2afd-2750-4a19-a4b7-59ff0d395c98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e08f2afd-2750-4a19-a4b7-59ff0d395c98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ilustración del Opera Chemica (siglo XV), conservado en la Biblioteca Nacional Central de Florencia (BNCF), ms. Banco Rari 52. El beato Llull aparece en actitud de plegaria ante un ángel y un niño, mientras una mujer se arranca los cabellos junto a una fuente. Una escena cargada de simbolismo espiritual y alegórico, posiblemente vinculada al proceso de revelación interior."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ilustración del Opera Chemica (siglo XV), conservado en la Biblioteca Nacional Central de Florencia (BNCF), ms. Banco Rari 52. El beato Llull aparece en actitud de plegaria ante un ángel y un niño, mientras una mujer se arranca los cabellos junto a una fuente. Una escena cargada de simbolismo espiritual y alegórico, posiblemente vinculada al proceso de revelación interior.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Este fen&oacute;meno &mdash;conocido como pseudo-lulismo alqu&iacute;mico&mdash; condicion&oacute; profundamente su legado. <a href="https://culturacientifica.com/2016/12/20/llull-no-fue-alquimista/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El divulgador cient&iacute;fico C&eacute;sar Tom&eacute;</a> subraya la paradoja: &ldquo;Ramon Llull, el siervo de Dios&hellip; no fue alquimista. De hecho, conden&oacute; las pr&aacute;cticas asociadas a la alquimia. Pero su nombre consta como autor de varios textos alqu&iacute;micos que aparecieron tras su muerte&rdquo;. Su figura fue absorbida por el imaginario herm&eacute;tico y proyectada como maestro esot&eacute;rico m&aacute;s all&aacute; de lo que &eacute;l mismo propuso.
    </p><p class="article-text">
        Existe una afinidad profunda que ayuda a entender esta confusi&oacute;n. Tanto la alquimia como el <em>Ars Magna</em> comparten el impulso de desvelar la estructura secreta del universo. Ambas tradiciones recurren a diagramas, alfabetos operativos, s&iacute;mbolos y principios combinatorios. Esa cercan&iacute;a conceptual permiti&oacute; que los alquimistas renacentistas se apropiaran del nombre y del m&eacute;todo de Llull con naturalidad, como si su l&oacute;gica pudiera abrir tambi&eacute;n las puertas del misterio de la transmutaci&oacute;n de los metales.
    </p><p class="article-text">
        Incluso la literatura ha contribuido a esta aura ambigua. <a href="https://www.eldiario.es/illes-balears/cultura/miguel-unamuno-isla-dorada-obra-maestra-dios_1_11891068.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Miguel de Unamuno hablaba de un &ldquo;encendido orientalismo&rdquo;</a>, una espiritualidad fronteriza que desbordaba las categor&iacute;as de Occidente. Ese esp&iacute;ritu evocaba el cruce de culturas que marc&oacute; su vida, pero tambi&eacute;n el mestizaje entre raz&oacute;n y s&iacute;mbolo, entre l&oacute;gica y misterio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f8320c4-09a4-4f69-a701-c7d41ad8eeb7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f8320c4-09a4-4f69-a701-c7d41ad8eeb7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f8320c4-09a4-4f69-a701-c7d41ad8eeb7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f8320c4-09a4-4f69-a701-c7d41ad8eeb7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f8320c4-09a4-4f69-a701-c7d41ad8eeb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f8320c4-09a4-4f69-a701-c7d41ad8eeb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0f8320c4-09a4-4f69-a701-c7d41ad8eeb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Miniatura del Opera Chemica (siglo XV), Biblioteca Nacional Central de Florencia (BNCF), ms. Banco Rari 52. En la escena, Ramon Llull entrega una sustancia —quizá a un papa o monarca— mientras un niño observa. La imagen alude a la transmisión de un saber oculto, en clave alquímica, hacia el poder terrenal. Una alegoría sobre la legitimación del conocimiento esotérico."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Miniatura del Opera Chemica (siglo XV), Biblioteca Nacional Central de Florencia (BNCF), ms. Banco Rari 52. En la escena, Ramon Llull entrega una sustancia —quizá a un papa o monarca— mientras un niño observa. La imagen alude a la transmisión de un saber oculto, en clave alquímica, hacia el poder terrenal. Una alegoría sobre la legitimación del conocimiento esotérico.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El Mediterr&aacute;neo alqu&iacute;mico del siglo XIII</strong></h2><p class="article-text">
        En el Mediterr&aacute;neo medieval, la alquimia no era una rareza marginal, sino un saber prestigioso que ocupaba un lugar central en el universo intelectual. Sus ra&iacute;ces se hund&iacute;an en la tradici&oacute;n herm&eacute;tica egipcia &mdash;asociada a Hermes Trismegisto&mdash; y en la filosof&iacute;a natural griega. Pero fue en el mundo isl&aacute;mico, con el que Llull convivi&oacute; estrechamente, donde esa herencia alcanz&oacute; su m&aacute;xima sofisticaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sabios &aacute;rabes como Jabir ibn Hayyan (<em>Geber</em>) y Al-Razi (<em>Rhazes</em>) escribieron extensos tratados que entrelazaban observaci&oacute;n emp&iacute;rica, simbolismo aleg&oacute;rico y especulaci&oacute;n metaf&iacute;sica. Para ellos, la alquimia era una ciencia sagrada. No se limitaba a transformar metales, sino que aspiraba tambi&eacute;n a purificar el alma e imitar el orden divino. El laboratorio era un microcosmos, y cada operaci&oacute;n &mdash;destilar, sublimar, disolver&mdash; reproduc&iacute;a un proceso espiritual.
    </p><p class="article-text">
        Estos textos, redactados en &aacute;rabe, llegaron al Occidente cristiano a trav&eacute;s de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, especialmente gracias a la Escuela de Traductores de Toledo. Desde el siglo XII, equipos multiculturales formados por cristianos, jud&iacute;os y musulmanes colaboraron para traducir al lat&iacute;n centenares de manuscritos &aacute;rabes, entre ellos tratados alqu&iacute;micos, m&eacute;dicos, filos&oacute;ficos y astron&oacute;micos. Esta labor no solo abri&oacute; nuevas v&iacute;as de conocimiento, sino que transform&oacute; la cosmovisi&oacute;n del Occidente medieval y prepar&oacute; el terreno para el Humanismo y el Renacimiento.
    </p><p class="article-text">
        Llull mantuvo contacto con figuras clave del saber m&eacute;dico y esot&eacute;rico de su tiempo, como Arnau de Vilanova, m&eacute;dico de reyes y destacado alquimista. Ambos compartieron la inquietud por integrar ciencia, filosof&iacute;a y espiritualidad. Existi&oacute; entre ellos una sinton&iacute;a intelectual marcada por el intento de reconciliar fe y conocimiento, y por el uso del catal&aacute;n como lengua culta y de pensamiento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f855cc1-8f1a-4fa2-b2e6-da93bacecb95_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f855cc1-8f1a-4fa2-b2e6-da93bacecb95_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f855cc1-8f1a-4fa2-b2e6-da93bacecb95_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f855cc1-8f1a-4fa2-b2e6-da93bacecb95_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f855cc1-8f1a-4fa2-b2e6-da93bacecb95_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3f855cc1-8f1a-4fa2-b2e6-da93bacecb95_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3f855cc1-8f1a-4fa2-b2e6-da93bacecb95_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="A la izquierda, emblema alquímico con el acrónimo V·I·T·R·I·O·L (Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem), símbolo del viaje iniciático hacia la sabiduría oculta. A la derecha, una rueda combinatoria del Ars Magna de Llull, diseñada para desvelar verdades universales mediante permutaciones lógicas. La simetría geométrica y simbólica sugiere un paralelismo entre la alquimia y el pensamiento luliano."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                A la izquierda, emblema alquímico con el acrónimo V·I·T·R·I·O·L (Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem), símbolo del viaje iniciático hacia la sabiduría oculta. A la derecha, una rueda combinatoria del Ars Magna de Llull, diseñada para desvelar verdades universales mediante permutaciones lógicas. La simetría geométrica y simbólica sugiere un paralelismo entre la alquimia y el pensamiento luliano.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tal vez Llull no fue un alquimista operativo, pero su pensamiento naci&oacute; del mismo universo simb&oacute;lico. Su <a href="https://www.eldiario.es/illes-balears/cultura/ramon-llull-vida-ciencias_1_12371307.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ars Magna</a> comparte con la alquimia la ambici&oacute;n de desentra&ntilde;ar estructuras universales, correspondencias ocultas y principios comunes a todas las cosas. As&iacute; como el alquimista persegu&iacute;a la quintaesencia que unificara la materia, Llull aspiraba a un lenguaje com&uacute;n que armonizara la verdad revelada con la raz&oacute;n l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; por eso, siglos despu&eacute;s, su nombre terminar&iacute;a asociado a la alquimia. No por lo que hizo, sino por lo que representaba. Porque en &eacute;l &mdash;como en la alquimia&mdash; conviv&iacute;an el af&aacute;n de comprender el universo y el deseo profundo de transformarlo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El pseudo-Llull alquimista</strong></h2><p class="article-text">
        Para la Europa bajomedieval y renacentista, la imagen de Llull como maestro alquimista resultaba irresistible. Alquimistas an&oacute;nimos que buscaban legitimidad se amparaban en la autoridad de un sabio cristiano que hab&iacute;a dialogado con &aacute;rabes y jud&iacute;os. Su nombre se convirti&oacute; en una llave de prestigio, una marca de autenticidad que garantizaba la circulaci&oacute;n de manuscritos por universidades, cortes y monasterios.
    </p><p class="article-text">
        Para la academia actual, la llamada alquimia luliana no pertenece al Llull hist&oacute;rico. Durante los siglos XIV y XV circularon por Europa numerosas obras alqu&iacute;micas atribuidas a su nombre, pero la filolog&iacute;a ha demostrado que se trata de textos ap&oacute;crifos. En su tiempo, sin embargo, no se trazaba una distinci&oacute;n clara entre lo aut&eacute;ntico y lo falso. Para muchos, Llull era, sin discusi&oacute;n, un gran maestro de los secretos herm&eacute;ticos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Su nombre, arrebatado por sus admiradores, terminó vinculado al crisol alquímico. Quizá no fuera alquimista, pero su obra alimentó sin quererlo una tradición esotérica que hablaba su mismo idioma</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si el autor del <em>Ars Magna</em> no fue alquimista, existe &ldquo;otro&rdquo; Llull, construido con habilidad por autores an&oacute;nimos de los siglos XIV y XV, al que se atribuyeron obras sobre la consecuci&oacute;n de la piedra filosofal.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; naci&oacute; un segundo Llull, paralelo y ap&oacute;crifo. Un pseudo-Llull transformado en alquimista de laboratorio. Durante siglos, ese otro Llull convivi&oacute; con el verdadero, como anverso y reverso de una misma figura, y juntos alimentaron una de las leyendas m&aacute;s persistentes y fascinantes de la cultura europea.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El pseudo-lulismo alquímico condicionó profundamente su legado. Un segundo Llull, paralelo y apócrifo, convivió durante siglos con el verdadero</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>Sospechas y condenas</strong></h2><p class="article-text">
        El &ldquo;otro Llull&rdquo;, el alquimista ap&oacute;crifo y maestro secreto de la piedra filosofal, termin&oacute; por contaminar la memoria del verdadero. Aquel pensador que dedic&oacute; su vida a conciliar fe y raz&oacute;n, y a tender puentes entre cristianos, jud&iacute;os y musulmanes, pas&oacute; a ser, para ciertos sectores de la Iglesia, una figura ambigua, inc&oacute;moda y dif&iacute;cil de clasificar.
    </p><p class="article-text">
        Su apuesta por el di&aacute;logo interreligioso, su m&eacute;todo l&oacute;gico de ra&iacute;z combinatoria y la proliferaci&oacute;n de tratados esot&eacute;ricos falsamente firmados con su nombre lo convirtieron en un personaje sospechoso a los ojos de Roma. No fue acusado de herej&iacute;a de forma directa, pero sus ideas rozaban los l&iacute;mites doctrinales, y eso bastaba para despertar recelos.
    </p><p class="article-text">
        La censura eclesi&aacute;stica no se hizo esperar. En 1376, apenas sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, el papa Gregorio XI emiti&oacute; una bula condenando varias de sus doctrinas, en particular su interpretaci&oacute;n del dogma trinitario y su defensa de la raz&oacute;n como herramienta para alcanzar la verdad revelada. Dos siglos m&aacute;s tarde, en 1559, el papa Pablo IV incluy&oacute; varias obras lulianas en el primer <em>&Iacute;ndice de Libros Prohibidos</em>, confirmando que la sospecha sobre su legado segu&iacute;a viva.
    </p><p class="article-text">
        La exclusi&oacute;n de Llull como Padre de la Iglesia no fue &uacute;nicamente una cuesti&oacute;n teol&oacute;gica. Formaba parte de una purga ideol&oacute;gica m&aacute;s amplia, destinada a erradicar todo vestigio de ambig&uuml;edad, sincretismo o pensamiento libre. La alquimia, con sus s&iacute;mbolos oscuros y su lenguaje cifrado, representaba una amenaza para la ortodoxia. Y Llull, aunque nunca practic&oacute; la alquimia &mdash;al menos en sentido literal&mdash;, qued&oacute; inevitablemente vinculado a ella.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/62cc342a-1876-4e3a-a880-a4f53c27a52c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/62cc342a-1876-4e3a-a880-a4f53c27a52c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/62cc342a-1876-4e3a-a880-a4f53c27a52c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/62cc342a-1876-4e3a-a880-a4f53c27a52c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/62cc342a-1876-4e3a-a880-a4f53c27a52c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/62cc342a-1876-4e3a-a880-a4f53c27a52c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/62cc342a-1876-4e3a-a880-a4f53c27a52c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ilustración del Clavis Artis (1738), manuscrito atribuido a Zoroastro, conservado en la Biblioteca Civica Hortis de Trieste. Una figura coronada alimenta a un dragón con una esfera bicolor, bajo la influencia de un cometa y el símbolo de Mercurio. La escena condensa símbolos del proceso alquímico de transformación y transmutación."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ilustración del Clavis Artis (1738), manuscrito atribuido a Zoroastro, conservado en la Biblioteca Civica Hortis de Trieste. Una figura coronada alimenta a un dragón con una esfera bicolor, bajo la influencia de un cometa y el símbolo de Mercurio. La escena condensa símbolos del proceso alquímico de transformación y transmutación.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Durante siglos, su figura habit&oacute; una doble tensi&oacute;n. En Mallorca se le veneraba como un santo popular, defensor de la fe y m&aacute;rtir de la palabra. En Roma, en cambio, revisaban su perfil con cautela, fue un pensador demasiado racionalista, demasiado matem&aacute;tico, demasiado abierto al mundo &aacute;rabe como para ser canonizado sin reservas.
    </p><p class="article-text">
        Demasiado laico para el altar, demasiado libre para la ortodoxia, Ramon Llull qued&oacute; suspendido en ese filo delgado que separa al visionario del hereje, al pionero del sospechoso, al genio del marginal. Y en ese espacio intermedio &mdash;tierra de nadie entre la luz y la sombra&mdash; su pensamiento sigue presente hasta hoy.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Demasiado lógico para el altar, demasiado libre para la ortodoxia, Ramon Llull quedó suspendido en ese filo delgado que separa al visionario del hereje</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>El espejo de Newton</strong></h2><p class="article-text">
        El destino de Ramon Llull guarda un paralelismo tan curioso como inverso con el del f&iacute;sico ingl&eacute;s Isaac Newton. Ambos fueron consagrados como pilares del pensamiento racional: Llull, art&iacute;fice de una l&oacute;gica combinatoria al servicio de la teolog&iacute;a y el saber; Newton, padre de la f&iacute;sica moderna y emblema indiscutible de la ciencia ilustrada. Sin embargo, ambos arrastraron una sombra alqu&iacute;mica que la historia &mdash;cada una a su modo&mdash; prefiri&oacute; relegar.
    </p><p class="article-text">
        Newton se dedic&oacute; intensamente a la alquimia, aunque esa faceta fue silenciada por sus bi&oacute;grafos durante siglos. Solo en el siglo XX comenz&oacute; a salir a la luz la magnitud de ese legado oculto. Tras su muerte, sus manuscritos pasaron de mano en mano hasta que fueron subastados en 1936. Entre ellos aparecieron miles de p&aacute;ginas dedicadas al <em>Opus Magnum</em>, plagadas de s&iacute;mbolos cr&iacute;pticos, recetas herm&eacute;ticas y experimentos de laboratorio. El primero en reconocer su importancia fue el economista John Maynard Keynes, quien adquiri&oacute; parte del archivo y concluy&oacute;, con asombro: &ldquo;Newton no fue el primer hombre de la era de la raz&oacute;n, sino el &uacute;ltimo de los magos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fb2d570-9ded-4f6b-8d1c-a004afe7cf61_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fb2d570-9ded-4f6b-8d1c-a004afe7cf61_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fb2d570-9ded-4f6b-8d1c-a004afe7cf61_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fb2d570-9ded-4f6b-8d1c-a004afe7cf61_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fb2d570-9ded-4f6b-8d1c-a004afe7cf61_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fb2d570-9ded-4f6b-8d1c-a004afe7cf61_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6fb2d570-9ded-4f6b-8d1c-a004afe7cf61_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Miniatura del Clavis Artis (1738), manuscrito atribuido a Zoroastro y conservado en la Biblioteca Civica Hortis de Trieste. Una figura femenina se alza sobre un dragón enrollado mientras sostiene un sol negro. A sus espaldas, un hombre ara la tierra sembrando piedras. Alegoría de la transformación espiritual y material, eje del imaginario hermético."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Miniatura del Clavis Artis (1738), manuscrito atribuido a Zoroastro y conservado en la Biblioteca Civica Hortis de Trieste. Una figura femenina se alza sobre un dragón enrollado mientras sostiene un sol negro. A sus espaldas, un hombre ara la tierra sembrando piedras. Alegoría de la transformación espiritual y material, eje del imaginario hermético.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Solo tras d&eacute;cadas de investigaci&oacute;n &mdash;especialmente a partir de los a&ntilde;os setenta, cuando <a href="https://www.history.ox.ac.uk/newton-project" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sus textos fueron catalogados por el Newton Project de Oxford</a>&mdash; se acept&oacute; que Newton escribi&oacute; m&aacute;s sobre alquimia que sobre &oacute;ptica, c&aacute;lculo o astronom&iacute;a. Una autopsia realizada en 1979 revel&oacute; niveles elevados de mercurio en su organismo, prueba inequ&iacute;voca de una exposici&oacute;n prolongada a sustancias alqu&iacute;micas y de una vida secreta entregada al crisol.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Así como a Newton, también a Llull se le construyó una doble imagen: la del sabio racional y la del iniciado oculto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los acad&eacute;micos insisten en que Llull jam&aacute;s coquete&oacute; con hornos ni alambiques, pero la posteridad lo envolvi&oacute; en la leyenda herm&eacute;tica. A Newton, en cambio, se le amput&oacute; una dimensi&oacute;n esencial de su pensamiento. A uno se le a&ntilde;adi&oacute; una alquimia imaginaria; al otro se le ocult&oacute; la verdadera. Ambos casos demuestran que la historia no solo se construye con hechos, sino tambi&eacute;n con omisiones, proyecciones y secretos.
    </p><p class="article-text">
        Porque la alquimia, m&aacute;s all&aacute; del mito, representaba &mdash;en ambos casos&mdash; la ambici&oacute;n de acceder a un saber absoluto, una v&iacute;a simb&oacute;lica de transformaci&oacute;n interior y de revelaci&oacute;n universal. Y, desde ese &aacute;ngulo m&aacute;s profundo, no cabe duda de que tanto Llull como Newton fueron, cada uno a su manera, grandes alquimistas del conocimiento y la tradici&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-beato-incomodo-roma-convertido-maestro-hermetico_1_12694102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Oct 2025 04:31:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/83874c5d-8d5c-4604-9681-ed16311f01b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="119682" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/83874c5d-8d5c-4604-9681-ed16311f01b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="119682" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ramon Llull, el beato incómodo para Roma convertido en maestro hermético]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/83874c5d-8d5c-4604-9681-ed16311f01b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Filosofía,Mallorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramon Llull, l'arquitecte del saber que al segle XIII va establir les bases de la informàtica i la intel·ligència artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/ramon-llull-l-arquitecte-segle-xiii-establir-les-bases-informatica-i-intel-ligencia-artificial_129_12584404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ramon Llull, l&#039;arquitecte del saber que al segle XIII va establir les bases de la informàtica i la intel·ligència artificial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Molt abans que existissin els algorismes, aquest mallorquí ja havia dissenyat una màquina de pensar. En ple segle XIII, va combinar per primer cop lògica, teologia i poesia per crear un sistema simbòlic destinat a ordenar el coneixement i fomentar l'entesa entre cultures</p><p class="subtitle">Primera entrega - Ramon Llull, el geni mediterrani que va crear 'l'algoritme de Déu' i va unir totes les ciències
</p></div><p class="article-text">
        En ple segle XIII, sota el domini ferri del poder eclesi&agrave;stic i feudal, un laic mallorqu&iacute;, obstinat i visionari, va trencar motlles; estava conven&ccedil;ut que la ra&oacute; i la paraula podien &mdash;i havien de&mdash; reempla&ccedil;ar l&rsquo;espasa com a instruments de conversi&oacute;, di&agrave;leg i transformaci&oacute; del m&oacute;n. Ramon Llull no es va limitar a imaginar all&ograve; impossible. Tenia un pla molt ambici&oacute;s i una voluntat immune al des&agrave;nim. Aquest motor inesgotable, alimentat per l&rsquo;aud&agrave;cia intel&middot;lectual d&rsquo;un geni i el fervor espiritual d&rsquo;un sant, va impulsar cada passa d&rsquo;una vida extraordin&agrave;ria.
    </p><p class="article-text">
        La seva mirada fou radicalment innovadora, multidisciplin&agrave;ria i sist&egrave;mica en una &egrave;poca de compartiments estancs. Combin&agrave; teologia i l&ograve;gica, filosofia i ci&egrave;ncia, poesia i m&iacute;stica, conven&ccedil;ut que el coneixement havia de ser un teixit de connexions i relacions. Va ser dels primers a comprendre que la realitat s&rsquo;explica millor quan es creuen sabers, i que el pensament nom&eacute;s s&rsquo;expandeix si es combinen disciplines que altres consideren incompatibles.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Per a Llull, con&egrave;ixer era relacionar, i pensar era combinar&raquo;, va escriure Umberto Eco, reconeixent en ell un dels primers europeus que intentaren formalitzar el pensament hum&agrave;. Aquesta concepci&oacute; relacional del saber travess&agrave; tota la seva obra i la seva vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&#039;Per a Llull, conèixer era relacionar, i pensar era combinar&#039;, va escriure Umberto Eco, reconeixent en ell a un dels primers europeus que va intentar formalitzar el pensament humà. Aquesta concepció relacional del saber va travessar tota la seva obra i la seva vida
</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Representació tradicional de Ramon Llull, místic, lògic i poeta mallorquí del segle XIII, considerat precursor de la ciència de dades i la teologia racional. Monestir de Randa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Representació tradicional de Ramon Llull, místic, lògic i poeta mallorquí del segle XIII, considerat precursor de la ciència de dades i la teologia racional. Monestir de Randa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Revolucion&agrave; la manera de comunicar. Cap a 1311 dict&agrave; la seva <em>Vita coetanea</em>, una de les primeres autobiografies europees, conven&ccedil;ut que la seva vida havia d&rsquo;esdevenir missatge i exemple. Transform&agrave; la seva obra en un relat visual i did&agrave;ctic, enriquit amb diagrames, arbres l&ograve;gics i rodes m&ograve;bils per explicar idees complexes a p&uacute;blics diversos. L&rsquo;&uacute;s de recursos gr&agrave;fics com a eines pedag&ograve;giques i el disseny de sistemes visuals de coneixement anticiparen els mapes conceptuals moderns per diversos segles.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Va anticipar els principis de la divulgaci&oacute; moderna</strong></h2><p class="article-text">
        Amb una claredat ins&ograve;lita per al seu temps, sab&eacute; adaptar el missatge a cada interlocutor. Obr&iacute; una via in&egrave;dita emprant el catal&agrave; com a llengua de pensament filos&ograve;fic i cient&iacute;fic. En un m&oacute;n dominat pel llat&iacute;, s&rsquo;atrev&iacute; a formular q&uuml;estions de l&ograve;gica, metaf&iacute;sica i teologia en una llengua rom&agrave;nica i tamb&eacute; en &agrave;rab. Per primera vegada alg&uacute; segmentava el seu p&uacute;blic. Escrivia en llat&iacute; per als savis i universitaris, en &agrave;rab per als erudits musulmans del Magrib, i en catal&agrave; per a qui nom&eacute;s podia accedir al saber en la seva llengua materna. Aix&iacute; anticip&agrave; els principis de la divulgaci&oacute; moderna i de la comunicaci&oacute; estrat&egrave;gica adaptada a p&uacute;blics diversos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Figures de l´Ars Magna de Ramon Llull. Aquestes rodes combinatòries, eix del pensament lul·lià, representen l&#039;estructura lògica amb què Llull buscava demostrar racionalment la veritat universal, unint fe i raó en un llenguatge comú per a cristians, musulmans i jueus."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figures de l´Ars Magna de Ramon Llull. Aquestes rodes combinatòries, eix del pensament lul·lià, representen l&#039;estructura lògica amb què Llull buscava demostrar racionalment la veritat universal, unint fe i raó en un llenguatge comú per a cristians, musulmans i jueus.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tamb&eacute; ampli&agrave; els l&iacute;mits dels g&egrave;neres literaris. Mescl&agrave; el di&agrave;leg filos&ograve;fic, la novel&middot;la cavalleresca i l&rsquo;al&middot;legoria m&iacute;stica per fer accessibles idees profundes. Obres com <em>Blanquerna</em> (1283) i <em>El llibre d&rsquo;amic i amat</em> (1290) anticipen l&rsquo;&uacute;s de la narrativa com a eina espiritual. Per la seva part, <em>L&rsquo;arbre de la ci&egrave;ncia</em> (1295) representa un primer model d&rsquo;estructuraci&oacute; enciclop&egrave;dica del saber.
    </p><p class="article-text">
        A m&eacute;s, impuls&agrave; l&rsquo;aprenentatge de lleng&uuml;es orientals i elabor&agrave; plans de formaci&oacute; per a missioners i mediadors culturals amb la convicci&oacute; que comprendre l&rsquo;altre era el primer pas cap a una trobada veritable.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Llull va impulsar l&#039;aprenentatge de llengües orientals i va elaborar plans de formació per a missioners i mediadors culturals amb el convenciment que comprendre a l&#039;altre era el primer pas cap a una veritable trobada
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Conjug&agrave; tamb&eacute; contemplaci&oacute; i l&ograve;gica. Afirmava que l&rsquo;experi&egrave;ncia m&iacute;stica s&rsquo;havia d&rsquo;estructurar amb m&egrave;tode, avan&ccedil;ant-se aix&iacute; a corrents de m&iacute;stica racional. La seva afirmaci&oacute; que &ldquo;D&eacute;u &eacute;s en les relacions&rdquo; i la seva visi&oacute; d&rsquo;un univers interconnectat el converteixen en un precursor d&rsquo;una cosmovisi&oacute; relacional i ecol&ograve;gica que avui pren renovat sentit.
    </p><p class="article-text">
        Fins i tot el seu llegat visual deix&agrave; empremta m&eacute;s enll&agrave; de la seva mort. La seva vida fou narrada en dotze vinyetes al <em>Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum</em> (1325), manuscrit il&middot;lustrat pel seu deixeble Thomas Le My&eacute;sier, que convert&iacute; la seva biografia en all&ograve; que molts consideren el primer c&ograve;mic de la hist&ograve;ria.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Cova de Randa, on Llull va viure part de la seva vida aïllat, lliurant-se a la meditació ia la contemplació"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Cova de Randa, on Llull va viure part de la seva vida aïllat, lliurant-se a la meditació ia la contemplació                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Un somni universal basat en la l&ograve;gica i l&rsquo;amor</strong></h2><p class="article-text">
        Ramon Llull viatj&agrave; molt&iacute;ssim, tot i que no ho f&eacute;u ni per curiositat ni per negocis. El movia una idea molt m&eacute;s ambiciosa. Les seves passes per Par&iacute;s, Roma, Tunis, N&agrave;pols o Montpeller responien a un prop&ograve;sit diferent. El seu objectiu era obrir espais de di&agrave;leg en una Mediterr&agrave;nia esquin&ccedil;ada per guerres, croades i incomprensi&oacute;. Convertit en un savi errant de voluntat incansable, transform&agrave; cada itinerari en una missi&oacute; per fomentar l&rsquo;entesa entre cultures i religions.
    </p><p class="article-text">
        Tot i ser autodidacte, enseny&agrave; a la Sorbona de Par&iacute;s i debat&eacute; amb els doctors de l&rsquo;Esgl&eacute;sia a Roma. Cercava suport per al seu m&egrave;tode, l&rsquo;<em>Ars Magna</em>. Es reun&iacute; amb papes i reis, estreny&eacute; lla&ccedil;os amb professors i comerciants a Montpeller i G&egrave;nova, i s&rsquo;atrev&iacute; a predicar a Tunis i Bugia, en ple cor de l&rsquo;islam magrib&iacute;. Segons Maribel Ripoll, directora de la C&agrave;tedra Ramon Llull de la Universitat de les Illes Balears, &ldquo;la seva tenacitat superava la por i el rebuig, sempre estava disposat a tornar all&agrave; on li havien tancat les portes&rdquo;. Afegeix que &ldquo;la seva sort depenia de l&rsquo;interlocutor i del context, per&ograve; la seva convicci&oacute; era indestructible&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ramon Llull desembarca a terres musulmanes per predicar el cristianisme amb arguments racionals, no amb violència. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ramon Llull desembarca a terres musulmanes per predicar el cristianisme amb arguments racionals, no amb violència. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Escena de la persecució patida per Ramon Llull al nord d&#039;Àfrica després de predicar l&#039;entesa entre religions. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Escena de la persecució patida per Ramon Llull al nord d&#039;Àfrica després de predicar l&#039;entesa entre religions. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La seva tenacitat superava la por i el rebuig, sempre estava disposat a tornar on li havien tancat les portes. La seva sort depenia de l&#039;interlocutor i del context, però la seva convicció era indestructible
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Maribel Ripoll</span>
                                        <span>—</span> Directora de la Càtedra Ramon Llull de la Universitat de les Illes Balears
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A Par&iacute;s s&rsquo;enfront&agrave; a l&rsquo;escepticisme de la Sorbona, que en un principi rebutj&agrave; l&rsquo;<em>Ars Magna</em> per considerar-lo un m&egrave;tode extravagant. Tanmateix, l&rsquo;any 1310 aconsegu&iacute; l&rsquo;aprovaci&oacute; de mestres i alumnes, i trob&agrave; deixebles com Thomas Le My&eacute;sier. Aquest darrer recopil&agrave; i difongu&eacute; els seus escrits a la cort francesa, assegurant aix&iacute; que la seva obra no mor&iacute;s amb ell. &ldquo;Llull sab&eacute; crear aliances amb aquells que compartien el seu ideal d&rsquo;un cristianisme raonat&rdquo;, apunta Ripoll, remarcant la seva capacitat per connectar amb esperits afins en contextos molt diversos.
    </p><p class="article-text">
        Amb tot, els fracassos foren freq&uuml;ents. El projecte de l&rsquo;Escola de Miramar a Mallorca, fundada el 1276 amb el suport de Jaume II, qued&agrave; truncat. Les seves peticions per establir c&agrave;tedres d&rsquo;&agrave;rab trobaren resist&egrave;ncies. Les seves missions en terres musulmanes acabaren en arrestos o expulsions. Aquesta acumulaci&oacute; de frustracions cristal&middot;litz&agrave; en una obra singular. A <em>La Desconhort</em> (1295), Llull dona veu al seu desenc&iacute;s i plasma amb cruesa el desgast espiritual i emocional d&rsquo;un visionari que topava una vegada i una altra amb la incomprensi&oacute; del seu temps. Ripoll afirma que &ldquo;cada frac&agrave;s era per a ell una oportunitat de tornar-ho a intentar&rdquo;. All&ograve; que per a molts hauria estat una derrota definitiva, per ell era nom&eacute;s un nou comen&ccedil;ament.
    </p><p class="article-text">
        Mentre la mar transportava ex&egrave;rcits i mercaderies, ell la creuava armat &uacute;nicament amb manuscrits i la seva fe en la paraula. Amb cada travessia refor&ccedil;ava la seva convicci&oacute; que la ra&oacute; havia de substituir la viol&egrave;ncia. Aix&iacute; es forj&agrave; la figura del savi errant que en cada port deixava una llavor del seu somni universal, sostingut en la l&ograve;gica, l&rsquo;amor i la poesia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Itinerari dels viatges de Ramon Llull per la Mediterrània entre el 1264 i el 1316, en una incansable missió de diàleg intercultural, ensenyament i difusió de l&#039;Ars Magna"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Itinerari dels viatges de Ramon Llull per la Mediterrània entre el 1264 i el 1316, en una incansable missió de diàleg intercultural, ensenyament i difusió de l&#039;Ars Magna                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mentre la mar transportava exèrcits i mercaderies, ell el creuava armat únicament amb manuscrits i la seva fe en la paraula. Amb cada travessia reforçava la seva convicció que la raó havia de substituir a la violència. Així es va forjar la figura del savi errant que en cada port deixava una llavor del seu somni universal, sustentat en la lògica, l&#039;amor i la poesia
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>L&rsquo;arquitecte del saber</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ramon Llull no fou nom&eacute;s un viatger incansable. Tamb&eacute; fou un constructor d&rsquo;idees. La seva obra, vasta i ambiciosa, aspirava a ordenar el coneixement del seu temps i convertir-lo en una eina de di&agrave;leg i transformaci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Propos&agrave; que les veritats del m&oacute;n podien descobrir-se mitjan&ccedil;ant un m&egrave;tode l&ograve;gic i combinatori. Aix&iacute; va n&eacute;ixer l&rsquo;<em>Ars Magna</em> (1274), considerat avui com la primera m&agrave;quina de pensar de la hist&ograve;ria.
    </p><p class="article-text">
        Amb m&eacute;s de 280 t&iacute;tols en llat&iacute;, catal&agrave; i &agrave;rab &mdash;que abracen teologia, l&ograve;gica, filosofia, ci&egrave;ncia, poesia, medicina, dret i m&iacute;stica&mdash; es convert&iacute; en un veritable arquitecte del saber. Estava conven&ccedil;ut que la paraula i la ra&oacute; no nom&eacute;s podien apropar l&rsquo;&eacute;sser hum&agrave; a all&ograve; div&iacute;, sin&oacute; tamb&eacute; als altres.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Entrada al Santuari de Cura -o Monestir de Randa-, que, segons la tradició, ocupa el lloc on es va retirar i va rebre la il·luminació Ramon Llull"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Entrada al Santuari de Cura -o Monestir de Randa-, que, segons la tradició, ocupa el lloc on es va retirar i va rebre la il·luminació Ramon Llull                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Amb més de 280 títols en llatí, català i àrab, que abasten teologia, lògica, filosofia, ciència, poesia, medicina, dret i mística, [Ramon Llull] es va convertir en un veritable arquitecte del saber
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sense proposar-s&rsquo;ho, assent&agrave; les bases de la ci&egrave;ncia combinat&ograve;ria que, segles m&eacute;s tard, donaria lloc a la inform&agrave;tica i la intel&middot;lig&egrave;ncia artificial. L&rsquo;<em>Ars Magna</em> formalitzava el pensament mitjan&ccedil;ant un llenguatge simb&ograve;lic accessible a totes les cultures. Empra lletres per representar atributs com la bondat o la saviesa, rodes m&ograve;bils per combinar-les i taules per creuar conceptes. Anticip&agrave; la l&ograve;gica formal i els llenguatges computacionals. Des de la solitud i amb tinta damunt pergamins, un mallorqu&iacute; del segle XIII conceb&iacute; el primer algorisme modern i amb ell, el germen del programari.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Estàtua de Ramon Llull, al Santuari de Cura"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Estàtua de Ramon Llull, al Santuari de Cura                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sense proposar-s&#039;ho, va establir les bases de la ciència combinatòria que segles més tard donaria origen a la informàtica i la intel·ligència artificial. L&#039;Ars Magna formalitzava el pensament mitjançant un llenguatge simbòlic accessible a totes les cultures
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La seva influ&egrave;ncia s&rsquo;estengu&eacute; durant segles i deix&agrave; una empremta profunda en el pensament europeu. Giordano Bruno, fil&ograve;sof, astr&ograve;nom i poeta del Renaixement, el va anomenar &ldquo;l&rsquo;home meravell&oacute;s&rdquo; i trob&agrave; en el seu sistema combinatori una clau per imaginar una cosmologia plural i infinita. Prengu&eacute; les rodes lul&middot;lianes com a base per concebre un univers en expansi&oacute;, ple de mons habitats, i desafia la cosmovisi&oacute; geoc&egrave;ntrica dominant. Per aix&ograve; fou condemnat i cremat a la foguera el 1600. L&rsquo;&egrave;poca encara no estava preparada per acceptar un pensament sense l&iacute;mits. Tal com ell escrigu&eacute;: &ldquo;La llum divina &eacute;s sempre dins l&rsquo;home, presentant-se als sentits i a la comprensi&oacute;, per&ograve; l&rsquo;home la rebutja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ren&eacute; Descartes, considerat el pare de la filosofia moderna, vei&eacute; en Llull una llavor primerenca del seu m&egrave;tode anal&iacute;tic. Trob&agrave; en l&rsquo;estructura l&ograve;gica de l&rsquo;<em>Ars Magna</em> una afinitat amb el seu ideal de claredat, ordre i evid&egrave;ncia racional. La idea de descompondre all&ograve; complex en parts simples i reconstruir-ho amb coher&egrave;ncia ja estava impl&iacute;cita en l&rsquo;obra del mallorqu&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50615a12-d11b-4cfe-8b31-0cd07d44f234_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50615a12-d11b-4cfe-8b31-0cd07d44f234_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50615a12-d11b-4cfe-8b31-0cd07d44f234_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50615a12-d11b-4cfe-8b31-0cd07d44f234_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50615a12-d11b-4cfe-8b31-0cd07d44f234_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50615a12-d11b-4cfe-8b31-0cd07d44f234_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/50615a12-d11b-4cfe-8b31-0cd07d44f234_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Vistes des del Santuari de Cura"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Vistes des del Santuari de Cura                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Gottfried Wilhelm Leibniz, fil&ograve;sof, l&ograve;gic i matem&agrave;tic, fou qui m&eacute;s obertament reconegu&eacute; el seu deute intel&middot;lectual amb Llull. En la seva recerca d&rsquo;una <em>characteristica universalis</em>, un llenguatge simb&ograve;lic capa&ccedil; d&rsquo;expressar totes les veritats del coneixement hum&agrave; i resoldre disputes mitjan&ccedil;ant c&agrave;lculs, trob&agrave; en Llull un precursor directe. Afirm&agrave; que, per comprendre el seu propi sistema, calia comen&ccedil;ar per ell: &ldquo;Si pogu&eacute;ssim trobar signes adequats per expressar tots els nostres pensaments amb tanta claredat i precisi&oacute; com l&rsquo;aritm&egrave;tica expressa els nombres o la geometria les l&iacute;nies, podr&iacute;em fer el mateix en tots els &agrave;mbits del coneixement&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Leibniz, filòsof, lògic i matemàtic, va ser qui més obertament va reconèixer el seu deute intel·lectual amb Llull. En la seva cerca d&#039;una &#039;characteristica universalis&#039;, un llenguatge simbòlic capaç d&#039;expressar totes les veritats del coneixement humà i resoldre disputes mitjançant càlculs, va trobar en Llull un precursor directe
</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>L&rsquo;empremta infinita de Llull</strong></h2><p class="article-text">
        Avui les intel&middot;lig&egrave;ncies artificials calculen, classifiquen i prediuen a gran velocitat. Tanmateix, la intel&middot;lig&egrave;ncia m&eacute;s radical no &eacute;s la que acumula m&eacute;s dades, sin&oacute; la que s&rsquo;atreveix a demanar-se per a qu&egrave; es pensa i al servei de qui. Llull, amb les seves rodes de fusta i les seves taules combinat&ograve;ries, deix&agrave; una m&agrave;xima al respecte: la ra&oacute; nom&eacute;s t&eacute; sentit quan s&rsquo;alia amb l&rsquo;amor i es posa al servei d&rsquo;un m&oacute;n m&eacute;s just, m&eacute;s hum&agrave; i m&eacute;s vertader.
    </p><p class="article-text">
        En plena crisi ecol&ograve;gica, la seva intu&iuml;ci&oacute; que D&eacute;u habita en les relacions esdev&eacute; br&uacute;ixola per reconnectar amb un m&oacute;n fr&agrave;gil i interdependent.
    </p><p class="article-text">
        A Mallorca, la seva terra natal, continua viu com a s&iacute;mbol d&rsquo;identitat i d&rsquo;obertura al m&oacute;n. El seu nom el duen carrers, universitats, instituts i centres d&rsquo;investigaci&oacute;. Se&rsquo;l reconeix com el pare del catal&agrave; filos&ograve;fic i cient&iacute;fic, un pioner en divulgar coneixement en llengua vernacla i una figura que transcendeix credos, fronteres i ideologies.
    </p><p class="article-text">
        Per tot aix&ograve;, Ramon Llull no pertany nom&eacute;s a l&rsquo;edat mitjana. &Eacute;s una pres&egrave;ncia que interpel&middot;la el nostre present. Ens recorda que, fins i tot en els moments m&eacute;s foscos, una idea pot transformar-ho tot si troba alg&uacute; disposat a encarnar-la amb passi&oacute;. Aix&iacute; com ell ho f&eacute;u.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/ramon-llull-l-arquitecte-segle-xiii-establir-les-bases-informatica-i-intel-ligencia-artificial_129_12584404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Sep 2025 05:31:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="559652" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="559652" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ramon Llull, l'arquitecte del saber que al segle XIII va establir les bases de la informàtica i la intel·ligència artificial]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Ciencia,Teología,Islas Baleares,Mallorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramon Llull, el arquitecto del saber que en el siglo XIII sentó las bases de la informática y la inteligencia artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-arquitecto-siglo-xiii-sento-bases-informatica-inteligencia-artificial_129_12584351.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ramon Llull, el arquitecto del saber que en el siglo XIII sentó las bases de la informática y la inteligencia artificial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mucho antes de que existieran los algoritmos, este mallorquín ya había diseñado una máquina de pensar. Combinó por primera vez lógica, teología y poesía para crear un sistema simbólico destinado a ordenar el conocimiento y fomentar el entendimiento entre culturas</p><p class="subtitle">Primera entrega - Ramon Llull, el genio mediterráneo que creó 'el algoritmo de Dios' y unió todas las ciencias</p></div><p class="article-text">
        En pleno siglo XIII, bajo el dominio f&eacute;rreo del poder eclesi&aacute;stico y feudal, un laico mallorqu&iacute;n, obstinado y visionario, rompi&oacute; moldes; estaba convencido de que la raz&oacute;n y la palabra pod&iacute;an &mdash;y deb&iacute;an&mdash; reemplazar a la espada como instrumentos de conversi&oacute;n, di&aacute;logo y transformaci&oacute;n del mundo. Ramon Llull no se limit&oacute; a imaginar lo imposible. Ten&iacute;a un plan muy ambicioso y una voluntad inmune al desaliento. Ese motor inagotable, alimentado por la audacia intelectual de un genio y el fervor espiritual de un santo, impuls&oacute; cada paso de una vida extraordinaria.
    </p><p class="article-text">
        Su mirada fue radicalmente innovadora, multidisciplinar y sist&eacute;mica en una &eacute;poca de compartimentos estancos. Combin&oacute; teolog&iacute;a y l&oacute;gica, filosof&iacute;a y ciencia, poes&iacute;a y m&iacute;stica, convencido de que el conocimiento deb&iacute;a ser un tejido de conexiones y relaciones. Fue de los primeros en comprender que la realidad se explica mejor cuando se cruzan saberes y que el pensamiento solo se expande si combinan disciplinas que otros consideran incompatibles.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para Llull, conocer era relacionar, y pensar era combinar&rdquo;, escribi&oacute; Umberto Eco, reconociendo en &eacute;l a uno de los primeros europeos que intent&oacute; formalizar el pensamiento humano. Esa concepci&oacute;n relacional del saber atraves&oacute; toda su obra y su vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&#039;Para Llull, conocer era relacionar, y pensar era combinar&#039;, escribió Umberto Eco, reconociendo en él a uno de los primeros europeos que intentó formalizar el pensamiento humano. Esa concepción relacional del saber atravesó toda su obra y su vida</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3cfe8f31-80f2-4520-a90d-f9017c435e8a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Representación tradicional de Ramon Llull, místico, lógico y poeta mallorquín del siglo XIII, considerado precursor de la ciencia de datos y la teología racional. Monasterio de Randa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Representación tradicional de Ramon Llull, místico, lógico y poeta mallorquín del siglo XIII, considerado precursor de la ciencia de datos y la teología racional. Monasterio de Randa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Revolucion&oacute; la forma de comunicar. Hacia 1311 dict&oacute; su <em>Vita coetanea</em>, una de las primeras autobiograf&iacute;as europeas, convencido de que su vida deb&iacute;a convertirse en mensaje y ejemplo. Transform&oacute; su obra en un relato visual y did&aacute;ctico, enriquecido con diagramas, &aacute;rboles l&oacute;gicos y ruedas m&oacute;viles para explicar ideas complejas a p&uacute;blicos diversos. Su uso de recursos gr&aacute;ficos como herramientas pedag&oacute;gicas y su dise&ntilde;o de sistemas visuales de conocimiento anticiparon los mapas conceptuales modernos por varios siglos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Anticip&oacute; los principios de la divulgaci&oacute;n moderna</strong></h2><p class="article-text">
        Con una claridad ins&oacute;lita para su tiempo, supo adaptar el mensaje a cada interlocutor. Abri&oacute; una v&iacute;a in&eacute;dita al emplear el catal&aacute;n como lengua de pensamiento filos&oacute;fico y cient&iacute;fico. En un mundo dominado por el lat&iacute;n, se atrevi&oacute; a formular cuestiones de l&oacute;gica, metaf&iacute;sica y teolog&iacute;a en una lengua romance y tambi&eacute;n en &aacute;rabe. Por primera vez alguien segment&oacute; su audiencia. Escrib&iacute;a en lat&iacute;n para los sabios y universitarios, en &aacute;rabe para los eruditos musulmanes del Magreb, y en catal&aacute;n para quienes solo pod&iacute;an acceder al saber en su lengua materna. As&iacute; anticip&oacute; los principios de la divulgaci&oacute;n moderna y la comunicaci&oacute;n estrat&eacute;gica adaptada a p&uacute;blicos diversos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Figuras del Ars Magna de Ramon Llull. Estas ruedas combinatorias, eje del pensamiento luliano, representan la estructura lógica con la que Llull buscaba demostrar racionalmente la verdad universal, uniendo fe y razón en un lenguaje común para cristianos, musulmanes y judíos."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figuras del Ars Magna de Ramon Llull. Estas ruedas combinatorias, eje del pensamiento luliano, representan la estructura lógica con la que Llull buscaba demostrar racionalmente la verdad universal, uniendo fe y razón en un lenguaje común para cristianos, musulmanes y judíos.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ampli&oacute; los l&iacute;mites de los g&eacute;neros literarios. Mezcl&oacute; el di&aacute;logo filos&oacute;fico, la novela caballeresca y la alegor&iacute;a m&iacute;stica para hacer accesibles ideas profundas. Obras como <em>Blanquerna</em> (1283) y <em>El libro de amigo y amado</em> (1290) anticipan el uso de la narrativa como herramienta espiritual. Por su parte, <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em> (1295) representa un temprano modelo de estructuraci&oacute;n enciclop&eacute;dica del saber.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, impuls&oacute; el aprendizaje de lenguas orientales y elabor&oacute; planes de formaci&oacute;n para misioneros y mediadores culturales con el convencimiento de que comprender al otro era el primer paso hacia un verdadero encuentro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Llull impulsó el aprendizaje de lenguas orientales y elaboró planes de formación para misioneros y mediadores culturales con el convencimiento de que comprender al otro era el primer paso hacia un verdadero encuentro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Conjug&oacute; tambi&eacute;n contemplaci&oacute;n y l&oacute;gica. Afirmaba que la experiencia m&iacute;stica deb&iacute;a estructurarse con m&eacute;todo, adelant&aacute;ndose as&iacute; a corrientes de m&iacute;stica racional. Su afirmaci&oacute;n de que &ldquo;Dios est&aacute; en las relaciones&rdquo; y su visi&oacute;n de un universo interconectado lo convierten en un precursor de una cosmovisi&oacute;n relacional y ecol&oacute;gica que hoy cobra renovado sentido.
    </p><p class="article-text">
        Incluso su legado visual dej&oacute; huella m&aacute;s all&aacute; de su muerte. Su vida fue narrada en doce vi&ntilde;etas en el <em>Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum </em>(1325), manuscrito ilustrado por su disc&iacute;pulo Thomas Le My&eacute;sier, que convirti&oacute; su biograf&iacute;a en lo que muchos consideran el primer c&oacute;mic de la historia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fd69eaae-34f8-48ef-a1de-3c27083ac862_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Cueva de Randa, donde Llull vivió parte de su vida aislado, entregándose a la meditación y a la contemplación"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Cueva de Randa, donde Llull vivió parte de su vida aislado, entregándose a la meditación y a la contemplación                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Un sue&ntilde;o universal basado en la l&oacute;gica y el amor</strong></h2><p class="article-text">
        Ramon Llull viaj&oacute; much&iacute;simo, aunque no lo hizo ni por curiosidad ni por negocios. Lo mov&iacute;a una idea mucho m&aacute;s ambiciosa. Sus pasos por Par&iacute;s, Roma, T&uacute;nez, N&aacute;poles o Montpellier respond&iacute;an a un prop&oacute;sito distinto. Su objetivo era abrir espacios de di&aacute;logo en un Mediterr&aacute;neo desgarrado por guerras, cruzadas e incomprensi&oacute;n. Convertido en un sabio errante de voluntad incansable, transform&oacute; cada itinerario en una misi&oacute;n para fomentar el entendimiento entre culturas y religiones.
    </p><p class="article-text">
        Aunque autodidacta, ense&ntilde;&oacute; en la Sorbona de Par&iacute;s y debati&oacute; con los doctores de la Iglesia en Roma. Buscaba respaldo para su m&eacute;todo, el <em>Ars Magna</em>. Se reuni&oacute; con papas y reyes, estrech&oacute; lazos con profesores y comerciantes en Montpellier y G&eacute;nova, y se atrevi&oacute; a predicar en T&uacute;nez y Bug&iacute;a, en pleno coraz&oacute;n del islam magreb&iacute;. Seg&uacute;n Maribel Ripoll, directora de la C&aacute;tedra Ramon Llull de la Universitat de les Illes Balears (UIB), &ldquo;su tenacidad superaba el miedo y el rechazo, siempre estaba dispuesto a volver donde le hab&iacute;an cerrado las puertas&rdquo;. A&ntilde;ade que &ldquo;su suerte depend&iacute;a del interlocutor y del contexto, pero su convicci&oacute;n era inquebrantable&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/881946b2-372f-4b4e-8920-29654ef0e04c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ramon Llull desembarca en tierras musulmanas para predicar el cristianismo con argumentos racionales, no con violencia. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ramon Llull desembarca en tierras musulmanas para predicar el cristianismo con argumentos racionales, no con violencia. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/06b4f6a5-5378-4490-b8be-1f9391e0713b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Escena de la persecución sufrida por Ramon Llull en el norte de África tras predicar el entendimiento entre religiones. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Escena de la persecución sufrida por Ramon Llull en el norte de África tras predicar el entendimiento entre religiones. Miniatura del Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, ca. 1325                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Su tenacidad superaba el miedo y el rechazo, siempre estaba dispuesto a volver donde le habían cerrado las puertas. Su suerte dependía del interlocutor y del contexto, pero su convicción era inquebrantable</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Maribel Ripoll</span>
                                        <span>—</span> Directora de la Cátedra Ramon Llull de la Universitat de les Illes Balears
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Par&iacute;s se enfrent&oacute; al escepticismo de la Sorbona, que en un principio rechaz&oacute; su <em>Ars Magna</em> por considerarlo un m&eacute;todo extravagante. Sin embargo, en 1310 logr&oacute; la aprobaci&oacute;n de maestros y alumnos y encontr&oacute; disc&iacute;pulos como Thomas Le My&eacute;sier. Este &uacute;ltimo recopilar&iacute;a y difundir&iacute;a sus escritos en la corte francesa, asegurando as&iacute; que su obra no muriera con &eacute;l. &ldquo;Llull supo crear alianzas con quienes compart&iacute;an su ideal de un cristianismo razonado&rdquo;, apunta Ripoll, subrayando su capacidad para conectar con esp&iacute;ritus afines en contextos muy diversos.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, los fracasos fueron frecuentes. El proyecto de la Escuela de Miramar en Mallorca, fundada en 1276 con el apoyo de Jaume II, qued&oacute; truncado. Sus peticiones para establecer c&aacute;tedras de &aacute;rabe encontraron resistencia. Sus misiones en tierras musulmanas acabaron en arrestos o expulsiones. Esa acumulaci&oacute;n de frustraciones cristaliz&oacute; en una obra singular. En <em>La Desconhort</em> (1295), Llull da voz a su desencanto y plasma con crudeza el desgaste espiritual y emocional de un visionario que tropezaba una y otra vez con la incomprensi&oacute;n de su &eacute;poca. Ripoll afirma que &ldquo;cada fracaso era para &eacute;l una oportunidad de volver a intentarlo&rdquo;. Lo que para muchos habr&iacute;a sido una derrota definitiva, para &eacute;l era solo un nuevo comienzo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el mar transportaba ej&eacute;rcitos y mercanc&iacute;as, &eacute;l lo cruzaba armado &uacute;nicamente con manuscritos y su fe en la palabra. Con cada traves&iacute;a reforzaba su convicci&oacute;n de que la raz&oacute;n deb&iacute;a sustituir a la violencia. As&iacute; se forj&oacute; la figura del sabio errante que en cada puerto dejaba una semilla de su sue&ntilde;o universal, sustentado en la l&oacute;gica, el amor y la poes&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bcfd32c9-5d64-4572-a323-a7e8150f0be8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Itinerario de los viajes de Ramon Llull por el Mediterráneo entre 1264 y 1316, en una incansable misión de diálogo intercultural, enseñanza y difusión del Ars Magna"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Itinerario de los viajes de Ramon Llull por el Mediterráneo entre 1264 y 1316, en una incansable misión de diálogo intercultural, enseñanza y difusión del Ars Magna                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mientras el mar transportaba ejércitos y mercancías, él lo cruzaba armado únicamente con manuscritos y su fe en la palabra. Con cada travesía reforzaba su convicción de que la razón debía sustituir a la violencia. Así se forjó la figura del sabio errante que en cada puerto dejaba una semilla de su sueño universal, sustentado en la lógica, el amor y la poesía</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>El arquitecto del saber</strong></h2><p class="article-text">
        Ramon Llull no fue solo un viajero incansable. Tambi&eacute;n fue un constructor de ideas. Su obra, vasta y ambiciosa, aspir&oacute; a ordenar el conocimiento de su tiempo y convertirlo en una herramienta de di&aacute;logo y transformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Propuso que las verdades del mundo pod&iacute;an descubrirse mediante un m&eacute;todo l&oacute;gico y combinatorio. As&iacute; naci&oacute; el <em>Ars Magna</em> (1274), considerado hoy como la primera m&aacute;quina de pensar de la historia.
    </p><p class="article-text">
        Con m&aacute;s de 280 t&iacute;tulos en lat&iacute;n, catal&aacute;n y &aacute;rabe, que abarcan teolog&iacute;a, l&oacute;gica, filosof&iacute;a, ciencia, poes&iacute;a, medicina, derecho y m&iacute;stica, se convirti&oacute; en un verdadero arquitecto del saber. Estaba convencido de que la palabra y la raz&oacute;n no solo pod&iacute;an acercar al ser humano a lo divino, sino tambi&eacute;n a los dem&aacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f9476e4b-53e0-4850-8b07-1ae4ce85c304_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Entrada al Santuario de Cura -o Monasterio de Randa-, que, según la tradición, ocupa el lugar en el cual se retiró y recibió la iluminación Ramon Llull"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Entrada al Santuario de Cura -o Monasterio de Randa-, que, según la tradición, ocupa el lugar en el cual se retiró y recibió la iluminación Ramon Llull                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con más de 280 títulos en latín, catalán y árabe, que abarcan teología, lógica, filosofía, ciencia, poesía, medicina, derecho y mística, [Ramon Llull] se convirtió en un verdadero arquitecto del saber</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin propon&eacute;rselo, sent&oacute; las bases de la ciencia combinatoria que siglos m&aacute;s tarde dar&iacute;a origen a la inform&aacute;tica y la inteligencia artificial. El <em>Ars Magna</em> formalizaba el pensamiento mediante un lenguaje simb&oacute;lico accesible a todas las culturas. Usaba letras para representar atributos como la bondad o la sabidur&iacute;a, ruedas m&oacute;viles para combinarlas y tablas para cruzar conceptos. Anticip&oacute; la l&oacute;gica formal y los lenguajes computacionales. Desde la soledad y con tinta sobre pergaminos, un mallorqu&iacute;n del siglo XIII concibi&oacute; el primer algoritmo moderno y con &eacute;l el germen del software.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2ca25953-5e21-437b-8399-703ee57399a5_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Estatua de Ramon Llull, en el Santuario de Cura"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Estatua de Ramon Llull, en el Santuario de Cura                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sin proponérselo, sentó las bases de la ciencia combinatoria que siglos más tarde daría origen a la informática y la inteligencia artificial. El Ars Magna formalizaba el pensamiento mediante un lenguaje simbólico accesible a todas las culturas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Su influencia se extendi&oacute; por siglos y dej&oacute; una huella profunda en el pensamiento europeo. Giordano Bruno, fil&oacute;sofo, astr&oacute;nomo y poeta del Renacimiento, lo llam&oacute; &ldquo;el hombre maravilloso&rdquo; y encontr&oacute; en su sistema combinatorio una clave para imaginar una cosmolog&iacute;a plural e infinita. Tom&oacute; las ruedas lulianas como base para concebir un universo en expansi&oacute;n, lleno de mundos habitados, y desafi&oacute; la cosmovisi&oacute;n geoc&eacute;ntrica dominante. Por ello fue condenado y quemado en la hoguera en 1600. La &eacute;poca a&uacute;n no estaba preparada para aceptar un pensamiento sin l&iacute;mites. Como escribir&iacute;a: &ldquo;La luz divina est&aacute; siempre en el hombre, present&aacute;ndose a los sentidos y a la comprensi&oacute;n, pero el hombre la rechaza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ren&eacute; Descartes, considerado el padre de la filosof&iacute;a moderna, vio en Llull una semilla temprana de su m&eacute;todo anal&iacute;tico. Encontr&oacute; en la estructura l&oacute;gica del <em>Ars Magna</em> una afinidad con su ideal de claridad, orden y evidencia racional. La idea de descomponer lo complejo en partes simples y reconstruirlo con coherencia ya estaba impl&iacute;cita en la obra del mallorqu&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Gottfried Wilhelm Leibniz, fil&oacute;sofo, l&oacute;gico y matem&aacute;tico, fue quien m&aacute;s abiertamente reconoci&oacute; su deuda intelectual con Llull. En su b&uacute;squeda de una <em>characteristica universalis</em>, un lenguaje simb&oacute;lico capaz de expresar todas las verdades del conocimiento humano y resolver disputas mediante c&aacute;lculos, hall&oacute; en Llull un precursor directo. Afirm&oacute; que para comprender su propio sistema hab&iacute;a que empezar por &eacute;l. &ldquo;Si pudi&eacute;ramos encontrar signos adecuados para expresar todos nuestros pensamientos con tanta claridad y precisi&oacute;n como la aritm&eacute;tica expresa los n&uacute;meros o la geometr&iacute;a las l&iacute;neas, podr&iacute;amos hacer lo mismo en todos los &aacute;mbitos del conocimiento&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/db5a3514-8fd5-4512-8743-c15bda8b51f4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/db5a3514-8fd5-4512-8743-c15bda8b51f4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/db5a3514-8fd5-4512-8743-c15bda8b51f4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/db5a3514-8fd5-4512-8743-c15bda8b51f4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/db5a3514-8fd5-4512-8743-c15bda8b51f4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/db5a3514-8fd5-4512-8743-c15bda8b51f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/db5a3514-8fd5-4512-8743-c15bda8b51f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gottfried Wilhelm Leibniz, por  Bernhard Christoph Francke | Wikipedia"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gottfried Wilhelm Leibniz, por  Bernhard Christoph Francke | Wikipedia                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Leibniz, filósofo, lógico y matemático, fue quien más abiertamente reconoció su deuda intelectual con Llull. En su búsqueda de una &#039;characteristica universalis&#039;, un lenguaje simbólico capaz de expresar todas las verdades del conocimiento humano y resolver disputas mediante cálculos, halló en Llull un precursor directo</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>La huella infinita de Llull</strong></h2><p class="article-text">
        Hoy las inteligencias artificiales calculan, clasifican y predicen a gran velocidad. Sin embargo, la inteligencia m&aacute;s radical no es la que acumula m&aacute;s datos, sino la que se atreve a preguntarse para qu&eacute; se piensa y al servicio de qui&eacute;n. Llull, con sus ruedas de madera y sus tablas combinatorias, dej&oacute; una m&aacute;xima al respecto: La raz&oacute;n solo cobra sentido cuando se al&iacute;a con el amor y se pone al servicio de un mundo m&aacute;s justo, m&aacute;s humano y m&aacute;s verdadero.
    </p><p class="article-text">
        En plena crisis ecol&oacute;gica, su intuici&oacute;n de que Dios habita en las relaciones se convierte en br&uacute;jula para reconectar con un mundo fr&aacute;gil e interdependiente.
    </p><p class="article-text">
        En Mallorca, su tierra natal, sigue vivo como s&iacute;mbolo de identidad y apertura al mundo. Su nombre lo llevan calles, universidades, institutos y centros de investigaci&oacute;n. Se le reconoce como el padre del catal&aacute;n filos&oacute;fico y cient&iacute;fico, un pionero en divulgar conocimiento en lengua vern&aacute;cula y una figura que trasciende credos, fronteras e ideolog&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, Ramon Llull no pertenece solo a la Edad Media. Es una presencia que interpela nuestro presente. Nos recuerda que incluso en los momentos m&aacute;s oscuros, una idea puede transformarlo todo si encuentra a alguien dispuesto a encarnarla con pasi&oacute;n. Tal y como &eacute;l hizo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-arquitecto-siglo-xiii-sento-bases-informatica-inteligencia-artificial_129_12584351.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Sep 2025 05:30:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="559652" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="559652" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ramon Llull, el arquitecto del saber que en el siglo XIII sentó las bases de la informática y la inteligencia artificial]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/de8c956e-82c1-4692-9627-6d9160ba8b17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Ciencia,Teología,Islas Baleares,Mallorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida i mort de Ramon Llull, el 'Doctor Illuminatus']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/vida-i-mort-ramon-llull-doctor-illuminatus_132_12445505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x432y307.jpg" width="1200" height="675" alt="Vida i mort de Ramon Llull, el &#039;Doctor Illuminatus&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ramon Llull va néixer en una Mallorca de frontera, on va aprendre que fe, llengua i raó podien ser ponts. Llull convertí el seu pensament en herència per a les generacions futures, assegurant que la seva obra germinàs</p><p class="subtitle">Segon lliurament - Ramon Llull, el Quixot místic que somià en transformar la Mediterrània</p></div><p class="article-text">
        El mallorqu&iacute; Ramon Llull, qui es convertiria en el fil&ograve;sof i visionari conegut com a &ldquo;Doctor Illuminatus&rdquo;, era fill d&rsquo;una fam&iacute;lia catalana terratinent que creu&agrave; la mar amb Jaume I a la recerca de terres i futur despr&eacute;s de la conquesta de Mallorca. En aquella illa encara impregnada del seu passat isl&agrave;mic, envoltat d&rsquo;un ambient on s&rsquo;entrella&ccedil;aven lleng&uuml;es i cultures, comen&ccedil;&agrave; a forjar-se el pensament de l&rsquo;home extraordinari que somiaria amb un sistema capa&ccedil; d&rsquo;entendre D&eacute;u i influiria en generacions i generacions de pensadors.
    </p><p class="article-text">
        Les primeres not&iacute;cies documentades sobre la fam&iacute;lia Llull apareixen a Catalunya, a Sant Andreu de Llavaneres, amb ramificacions a Matar&oacute; i Sant Vicen&ccedil; de Montalt, on estaven emparentats amb la fam&iacute;lia Amat des del segle XII. El llinatge Llull ja figura en un document de 1231 que esmenta Pere Amat/Llull i Ramon Llull, pare del futur fil&ograve;sof.
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;s endavant, la fam&iacute;lia s&rsquo;establ&iacute; a Barcelona com a arrendat&agrave;ria i propiet&agrave;ria de terres i cases a la part nord de la ciutat &mdash;a l&rsquo;antic Born i Vilanova de la Mar, l&rsquo;arenal que vorejava la platja&mdash;, aix&iacute; com a la Verneda, el Clot (on avui s&rsquo;al&ccedil;a l&rsquo;estaci&oacute; del Nord), el barri de Sant Pere i Santa Coloma de Gramenet. Aquestes propietats reflecteixen la consolidaci&oacute; d&rsquo;un llinatge benestant, vinculat tant a l&rsquo;administraci&oacute; urbana com al comer&ccedil; i a la gesti&oacute; de terres.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la fam&iacute;lia materna de Ramon Llull, la informaci&oacute; &eacute;s m&eacute;s escassa. La seva mare, Elisabet de Mar&ccedil;al, hauria pertangut a una branca noble origin&agrave;ria d&rsquo;Erill, encara que tamb&eacute; es defensa que estava vinculada a l&rsquo;aristocr&agrave;cia mediterr&agrave;nia del llinatge dels Manresa. Aquest encreuament de llinatges situa Ramon al cor de la petita noblesa catalana, amb aspiracions d&rsquo;ascens social als nous territoris de conquesta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La família Llull es consolidà com a terratinent a Mallorca i Barcelona després de la conquesta de Jaume I. De jove, Llull estudià gramàtica, poesia i l’art trobadoresc abans de servir com a senescal del rei de Mallorca</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El matrimoni dels seus pares, Elisabet i Ramon Llull, residia a Barcelona fins que les oportunitats de colonitzaci&oacute; els portaren a sumar-se a l&rsquo;expedici&oacute; de Jaume I el 1229, establint-se com a colons privilegiats a la Mallorca acabada de conquerir, transformada de Madina Mayurqa en Regne de Mallorques. En una illa on la majoria de la poblaci&oacute; continuava essent musulmana, els nous colons cristians es convertiren en administradors d&rsquo;un territori h&iacute;brid, on el catal&agrave; i el llat&iacute; s&rsquo;entreteixien amb l&rsquo;&agrave;rab als carrers, mercats i camps.
    </p><p class="article-text">
        Va ser batejat a l&rsquo;esgl&eacute;sia de Santa Eul&agrave;lia de Ciutat. Als catorze anys, el 1246, inici&agrave; estudis elementals de gram&agrave;tica llatina, poesia, m&uacute;sica i l&rsquo;&ldquo;art dels trobadors&rdquo;, disciplines habituals per a un fill de fam&iacute;lia acomodada. Entre els quinze i els vint-i-cinc anys assist&iacute; amb freq&uuml;&egrave;ncia als actes de la cort reial, on comen&ccedil;&agrave; com a patge d&rsquo;honor de l&rsquo;infant Jaume II.
    </p><p class="article-text">
        Tal com explica el Dr. Pere Villalba (Ramon Llull essencial. Ed. Libros de Vanguardia, 2016), Llull ocup&agrave; el c&agrave;rrec de senescal de la taula del rei de Mallorca, un lloc que li atorgava prestigi, prebendes i certes obligacions de representaci&oacute;, per&ograve; que li deixava llibertat per participar en la vibrant vida cortesana. Aquest per&iacute;ode juvenil, marcat pel luxe, la poesia trobadoresca i les intrigues amoroses de palau, seria el preludi de la transformaci&oacute; radical que canviaria per sempre el dest&iacute; de Ramon Llull.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="L’assalt de la raó. Miniatures de les il·lustracions VI i VII del Breviculum de Ramon Llull, on es representa alegòricament l’assetjament de la fortalesa de l’heretgia per l’exèrcit de la fe i la raó. Aquesta doble pàgina, creada sota la supervisió de Thomas Le Myésier al segle XIV, converteix el pensament lul·lià en imatge, mostrant la seva croada intel·lectual a la recerca de l’entesa universal."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                L’assalt de la raó. Miniatures de les il·lustracions VI i VII del Breviculum de Ramon Llull, on es representa alegòricament l’assetjament de la fortalesa de l’heretgia per l’exèrcit de la fe i la raó. Aquesta doble pàgina, creada sota la supervisió de Thomas Le Myésier al segle XIV, converteix el pensament lul·lià en imatge, mostrant la seva croada intel·lectual a la recerca de l’entesa universal.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Un casament d&rsquo;altes mires</strong></h2><p class="article-text">
        Aix&iacute; es configur&agrave; l&rsquo;entorn familiar i cultural del futur pensador universal: una llar catalana i cristiana en una terra encara marcada pel seu llegat isl&agrave;mic, on les tensions i la conviv&egrave;ncia forjaven un espai de frontera espiritual i cultural. En aquella Mallorca conflictiva, on ressonaven les campanes de les esgl&eacute;sies al costat del murmuri de l&rsquo;&agrave;rab als socs, es form&agrave; la consci&egrave;ncia de Llull, ensenyant-li des de nin que el m&oacute;n era divers, i que la llengua, la fe i la ra&oacute; podien ser ponts i no nom&eacute;s murs.
    </p><p class="article-text">
        Ramon Llull es cas&agrave; a Ciutat &mdash;l&rsquo;actual Palma&mdash; amb Blanca Picany el 1257, quan tenia 25 anys. La fam&iacute;lia Picany posse&iuml;a encara m&eacute;s terres que els Llull i es dedicava amb &egrave;xit al comer&ccedil;, disposava d&rsquo;esclaus i d&rsquo;una xarxa d&rsquo;interessos que enfortia la seva posici&oacute; dins la jove societat mallorquina. Aquell casament fou, per tant, la uni&oacute; de dos llinatges benestants que trobaven en aquell enlla&ccedil; un punt de converg&egrave;ncia patrimonial i social.
    </p><p class="article-text">
        Un document datat poc despr&eacute;s del matrimoni anomena Ramon com a procurador universal dels b&eacute;ns de la fam&iacute;lia de la seva esposa, mentre constata que el jove ja era propietari d&rsquo;immobles a Barcelona, als voltants de Sant Andreu de Llavaneres, a Portaferrissa i a Santa Coloma de Gramenet. A m&eacute;s, posse&iuml;a terres a Mallorca, a prop de Palma. Tant el seu pare com el seu sogre havien mort, circumst&agrave;ncia que concentr&agrave; en Ramon la gesti&oacute; d&rsquo;un patrimoni considerable despr&eacute;s de l&rsquo;enlla&ccedil;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Incunable lul·lià a La Real (1499). És un dels 12 incunables que conserva el monestir de La Real. Inclou quatre relats en llatí de Ramon Llull que lloen la Mare de Déu, conten el naixement de Crist i recullen històries sobre el clergue Remundi."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Incunable lul·lià a La Real (1499). És un dels 12 incunables que conserva el monestir de La Real. Inclou quatre relats en llatí de Ramon Llull que lloen la Mare de Déu, conten el naixement de Crist i recullen històries sobre el clergue Remundi.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tanmateix, tot aquell ordre s&ograve;lid i prometedor es va trencar amb la seva conversi&oacute;. Perqu&egrave; la transformaci&oacute; de Ramon Llull no fou nom&eacute;s un gir espiritual: va ser una escissi&oacute; familiar profunda. Tenia esposa, dos fills i una fortuna consolidada quan decid&iacute; abandonar la vida cortesana per lliurar-se completament a la seva missi&oacute; de coneixement i fe. Repart&iacute; els seus b&eacute;ns entre la fam&iacute;lia, deix&agrave; enrere comoditats i prestigi social, i part&iacute; amb la determinaci&oacute; de conv&egrave;ncer el m&oacute;n de la veritat cristiana mitjan&ccedil;ant la ra&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Va ser un acte radical que escandalitz&agrave; el seu entorn i deix&agrave; l&rsquo;esposa i els fills enfrontats a una nova vida sense el pare ni l&rsquo;esp&ograve;s que coneixien. Mentre Llull s&rsquo;endinsava en la contemplaci&oacute;, l&rsquo;estudi i els viatges, aquells a qui estimava aprengueren a viure amb la seva abs&egrave;ncia, convertida en la primera ren&uacute;ncia d&rsquo;un home que, per abra&ccedil;ar la seva vocaci&oacute; universal, trenc&agrave; els lla&ccedil;os que el lligaven a casa seva i a la seva pr&ograve;pia sang.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La seva conversió suposà una escissió familiar: abandonà fortuna, esposa i fills per consagrar-se al coneixement i a la fe</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>L&rsquo;ermit&agrave;</strong></h2><p class="article-text">
        La vida de Ramon Llull no es pot entendre sense el moviment constant que la va impulsar. La seva conversi&oacute; no el reclogu&eacute; en la soledat, sin&oacute; que li obr&iacute; les portes d&rsquo;una Mediterr&agrave;nia ampla i convulsa, on es propos&agrave; ser pont entre civilitzacions. Al llarg de la seva vida emprengu&eacute; innombrables viatges, mogut no per la curiositat del mercader ni per l&rsquo;ambici&oacute; del diplom&agrave;tic professional, sin&oacute; pel prop&ograve;sit radical de dialogar i construir enteniment entre cristians, musulmans i jueus. Llull recorregu&eacute; corts, universitats i ports amb la seva <em>Ars Magna</em> davall el bra&ccedil;, cercant deixebles i protectors, polemitzant amb doctors i reptant savis musulmans als seus propis territoris. Va ser, en definitiva, un missioner de la paraula que convert&iacute; la Mediterr&agrave;nia en l&rsquo;escenari de la seva croada intel&middot;lectual.
    </p><p class="article-text">
        I, tanmateix, el viatger incansable fou tamb&eacute; un ermit&agrave;. La figura de l&rsquo;ermit&agrave; en la vida i obra de Ramon Llull transcendeix l&rsquo;imaginari popular. Llull confer&iacute; a aquesta figura una dimensi&oacute; m&iacute;stica i intel&middot;lectual d&rsquo;una radicalitat extraordin&agrave;ria. A la seva &egrave;poca, els ermitans eren focus d&rsquo;atracci&oacute; espiritual &mdash;basta pensar en Montserrat, on les ermites disperses atreien m&eacute;s fidels que el mateix monestir&mdash;. Mallorca, per la seva banda, estava esquitxada de coves i ermites, i Llull tingu&eacute; la seva a la muntanya de Randa, el 1274, on, en un retir aut&ograve;nom al marge dels convents, visqu&eacute; la seva &ldquo;segona il&middot;luminaci&oacute;&rdquo; i conceb&iacute; l&rsquo;<em>Ars Magna</em>. Posteriorment, en tingu&eacute; una altra als voltants del Monestir de Miramar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Va recórrer corts, ports i universitats amb la seva Ars Magna, decidit a dialogar amb savis musulmans i cristians</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al seu <em>Blanquerna</em> (<em>Llibre d&rsquo;Evast e Blanquerna</em>, 1283), Llull desenvolup&agrave; liter&agrave;riament aquest model espiritual. El protagonista recorre tots els estaments de la vida religiosa &mdash;monjo, abat, bisbe, papa&mdash; fins a renunciar volunt&agrave;riament al poder i retirar-se com a ermit&agrave;, com a forma m&eacute;s alta de lliurament espiritual. Aquest itinerari vocacional que Llull elabor&agrave; en la ficci&oacute; tingu&eacute; impacte en la hist&ograve;ria real. El seu contemporani, el papa Celest&iacute; V, dimit&iacute; del pontificat per retirar-se com a ermit&agrave; el 1294, i segles despr&eacute;s Benet XVI repetiria aquest gest.
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute;, en Ramon Llull es fonen el viatger i el contemplatiu. L&rsquo;home que creuava mars per dialogar amb savis i reis era el mateix que cercava en el silenci de Randa o Miramar la claredat de la contemplaci&oacute;. Sense aquella soledat no hauria nascut el seu sistema; i sense tots aquells viatges, no hauria tengut sentit. Llull enseny&agrave; que la contemplaci&oacute; no s&rsquo;oposa a l&rsquo;acci&oacute;, sin&oacute; que l&rsquo;alimenta, i que nom&eacute;s qui se retira pot tornar amb forces per transformar el m&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La cova de Ramon Llull a Randa (Algaida). Es troba al vessant sud del puig de Randa, dins els límits de la possessió d’Albenya. Tant la cova com el proper santuari de Cura foren declarats paratge pintoresc el 1951. Foto: Consell de Mallorca."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La cova de Ramon Llull a Randa (Algaida). Es troba al vessant sud del puig de Randa, dins els límits de la possessió d’Albenya. Tant la cova com el proper santuari de Cura foren declarats paratge pintoresc el 1951. Foto: Consell de Mallorca.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Una mort llegend&agrave;ria</strong></h2><p class="article-text">
        No existeix documentaci&oacute; concloent que permeti determinar si el &ldquo;Doctor Illuminatus&rdquo; va morir abans, durant o despr&eacute;s del seu retorn de Tunis a Mallorca. Tampoc se sap amb certesa si la seva defunci&oacute; es produ&iacute; el 1315 o el 1316, encara que alguns indicis apunten a aquesta darrera data. D&rsquo;una banda, la seva darrera obra est&agrave; datada al desembre de 1315; de l&rsquo;altra, &eacute;s possible que la dataci&oacute; tradicional de 1315 es bas&agrave;s en l&rsquo;estil florent&iacute;, que considerava que l&rsquo;any acabava al mar&ccedil; de l&rsquo;any seg&uuml;ent, la qual cosa situaria la seva mort als primers mesos de 1316.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No se sap si va morir el 1315 o el 1316. La tradició diu que fou lapidat a Tunis i que les seves despulles tornaren a Palma. Va disposar que el seu patrimoni servís per copiar els seus llibres en llatí i català, assegurant-ne la difusió després de la seva mort</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A manca de proves fermes, el relat m&eacute;s dif&oacute;s sobre la seva mort prov&eacute; de Nicolau de Pax (segles XV&ndash;XVI), qui conta que Ramon Llull fou lapidat el 29 de juny de 1315 a Tunis. Uns mercaders lligurs l&rsquo;haurien rescatat i embarcat de retorn cap a Mallorca, on va morir davant l&rsquo;illa de Cabrera. Les seves restes foren desembarcades a Portop&iacute; i traslladades solemnement a Palma, on fou sepultat al costat dels seus pares a la capella de Sant Marc.
    </p><p class="article-text">
        La creixent veneraci&oacute; popular dugu&eacute; aviat a traslladar les seves restes a l&rsquo;esgl&eacute;sia de Sant Francesc dels Frares Menors. All&agrave; arribaren dins una arca de fusta dipositada inicialment a la sagristia, amb l&rsquo;esperan&ccedil;a que la seva canonitzaci&oacute; fos imminent. Segons relata l&rsquo;historiador Joan Amig&oacute; (1871&ndash;1939), el 1350 un incendi destru&iacute; la sagristia, per&ograve; l&rsquo;arca rest&agrave; miraculosament intacta. Aleshores es constru&iacute; un sepulcre de pedra davall el tron de l&rsquo;altar major, on fou col&middot;locat el cos de Llull, embolicat amb una mortalla encara tacada de sang.
    </p><p class="article-text">
        Finalment, el 1478, les seves restes foren traslladades a la seva ubicaci&oacute; actual: la capella lateral esquerra del deambulatori de la bas&iacute;lica de Sant Francesc, a Palma, on el &ldquo;Doctor Illuminatus&rdquo; reposa, convertit en un s&iacute;mbol de Mallorca, que el vei&eacute; partir a la recerca de saviesa i di&agrave;leg.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tomba de Ramon Llull a Sant Francesc (Palma). Sepulcre del “Doctor Illuminatus” a la basílica de Sant Francesc, on reposen les seves restes des del 1478. Un lloc de memòria que recorda el pensador universal mallorquí."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tomba de Ramon Llull a Sant Francesc (Palma). Sepulcre del “Doctor Illuminatus” a la basílica de Sant Francesc, on reposen les seves restes des del 1478. Un lloc de memòria que recorda el pensador universal mallorquí.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El testament de Ramon Llull</strong></h2><p class="article-text">
        El 1313, Ramon Llull dict&agrave; el seu testament. Aquell document no nom&eacute;s distribu&iuml;a el seu modest patrimoni material, sin&oacute; que reflectia la seva fe inquebrantable, el seu comprom&iacute;s intel&middot;lectual i el seu desig que la seva obra transcend&iacute;s la seva pr&ograve;pia mort.
    </p><p class="article-text">
        Deix&agrave; vint sous al seu fill, Dom&egrave;nec Llull, i a la seva filla Magdalena, esposa de Pere de Sentmenat, reconeixent-los com a hereus de tot all&ograve; que els hagu&eacute;s donat en vida. Estengu&eacute; tamb&eacute; la seva generositat a diverses ordres religioses i parr&ograve;quies.
    </p><p class="article-text">
        El seu testament revela un prop&ograve;sit encara m&eacute;s gran: Llull no volgu&eacute; que la seva obra mor&iacute;s amb ell. Orden&agrave; copiar els seus darrers llibres en pergam&iacute; i difondre'ls en llat&iacute;, &agrave;rab i catal&agrave;, enviant-los a monestirs, mecenes i universitats on poguessin continuar essent llegits i debatuts. En vida havia entregat els seus llibres a papes, reis, sultans i mestres de la Sorbona; despr&eacute;s de la seva mort, volgu&eacute; mantenir viva aquella corrent, destinant toms complets al monestir cartoix&agrave; de Par&iacute;s i al noble genov&egrave;s Perceval Spinola, mentre confiava al monestir de La Real un cofre amb els seus manuscrits. Dispos&agrave; que els seus llibres fossin encadenats als armaris de les esgl&eacute;sies perqu&egrave; qualsevol els pogu&eacute;s llegir, sense distincions. Fins al final, Llull convert&iacute; el seu pensament en llavor, destinada a germinar entre les generacions futures. I aix&iacute; va succeir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/vida-i-mort-ramon-llull-doctor-illuminatus_132_12445505.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jul 2025 07:38:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x432y307.jpg" length="371769" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x432y307.jpg" type="image/jpeg" fileSize="371769" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Vida i mort de Ramon Llull, el 'Doctor Illuminatus']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x432y307.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Filosofía,Mallorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida y muerte de Ramon Llull, el 'Doctor Illuminatus']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/vida-muerte-ramon-llull-doctor-illuminatus_132_12445417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_1121278.jpg" width="679" height="382" alt="Ilustración de la edición de Obras literarias de Raimundo Lulio (Biblioteca de Autores Cristianos, 1948), que recoge textos traducidos al castellano como Blanquerna, Félix y sus poesías."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nació en una Mallorca fronteriza, donde aprendió que fe, lenguaje y razón podían ser puentes. El filósofo convirtió su pensamiento en herencia para las generaciones venideras, asegurando que su obra germinara</p><p class="subtitle">Segunda entrega - Ramon Llull, el Quijote místico que soñó con transformar el Mediterráneo</p></div><p class="article-text">
        El mallorqu&iacute;n Ramon Llull, quien se convertir&iacute;a en el fil&oacute;sofo y visionario apodado 'Doctor Illuminatus', fue hijo de una familia catalana terrateniente que cruz&oacute; el mar junto a Jaume I en busca de tierras y futuro tras la conquista de Mallorca. En aquella isla a&uacute;n impregnada de su pasado isl&aacute;mico, rodeado de un ambiente donde se entrelazaban lenguas y culturas, comenz&oacute; a forjarse el pensamiento del hombre extraordinario que so&ntilde;ar&iacute;a con un sistema capaz de entender a Dios e influir&iacute;a a generaciones y generaciones de pensadores.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras noticias documentadas sobre la familia Llull aparecen en Catalunya, en Sant Andreu de Llavaneres, con ramificaciones en Matar&oacute; y Sant Vicen&ccedil; de Montalt, donde estaban emparentados con la familia Amat desde el siglo XII. El apellido Llull figura ya en un documento de 1231 que menciona a Pere Amat/Llull y a Ramon Llull, padre del futuro fil&oacute;sofo.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, la familia se estableci&oacute; en Barcelona como arrendataria y propietaria de tierras y casas en la parte norte de la ciudad &mdash;en el antiguo Born y Vilanova de la Mar, el arenal que bordeaba la playa&mdash;, as&iacute; como en la Verneda, el Clot (donde hoy se alza la estaci&oacute;n del Nord), el barrio de Sant Pere y Santa Coloma de Gramenet. Estas propiedades reflejan la consolidaci&oacute;n de un linaje acomodado, vinculado tanto a la administraci&oacute;n urbana como al comercio y la gesti&oacute;n de tierras.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la familia materna de Ramon Llull, la informaci&oacute;n es m&aacute;s escasa. Su madre, Elisabet de Mar&ccedil;al, habr&iacute;a pertenecido a una rama noble originaria de Erill, aunque tambi&eacute;n se sostiene que estaba vinculada a la aristocracia mediterr&aacute;nea del linaje de los Manresa. Este cruce de linajes sit&uacute;a a Ramon en el coraz&oacute;n de la peque&ntilde;a nobleza catalana, con aspiraciones de ascenso social en los nuevos territorios de conquista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La familia Llull se consolidó como terrateniente en Mallorca y Barcelona tras la conquista de Jaume I. De joven, Llull estudió gramática, poesía y el arte trovadoresco antes de servir como senescal del rey de Mallorca</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El matrimonio de sus padres, Elisabet y Ramon Llull, resid&iacute;a en Barcelona hasta que las oportunidades de colonizaci&oacute;n les llevaron a sumarse a la expedici&oacute;n de Jaume I en 1229, estableci&eacute;ndose como colonos privilegiados en la reci&eacute;n conquistada Mallorca, transformada de Madina Mayurqa en Regne de Mallorques. En una isla donde la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n segu&iacute;a siendo musulmana, los nuevos colonos cristianos se convirtieron en administradores de un territorio h&iacute;brido, donde el catal&aacute;n y el lat&iacute;n se entretej&iacute;an con el &aacute;rabe en calles, mercados y campos.
    </p><p class="article-text">
        Fue bautizado en la iglesia de Santa Eul&agrave;lia de Palma. A los catorce a&ntilde;os, en 1246, inici&oacute; estudios elementales de gram&aacute;tica latina, poes&iacute;a, m&uacute;sica y el &ldquo;arte de los trovadores&rdquo;, disciplinas habituales para un hijo de familia acomodada. Entre los quince y los veinticinco a&ntilde;os asisti&oacute; con frecuencia a los actos de la corte real, donde comenz&oacute; como paje de honor del infante Jaume II.
    </p><p class="article-text">
        Tal como explica el Dr. Pere Villalba (<em>Ramon Llull essencial</em>. Ed. Libros de Vanguardia, 2016), Llull ocup&oacute; el cargo de senescal de la mesa del rey de Mallorca, un puesto que le otorgaba prestigio, prebendas y ciertas obligaciones de representaci&oacute;n, pero que le dejaba libertad para participar en la vibrante vida cortesana. Este per&iacute;odo cortesano, marcado por el lujo, la poes&iacute;a trovadoresca y las intrigas de palacio, ser&iacute;a el preludio de la transformaci&oacute;n radical que cambiar&iacute;a para siempre el destino de Ramon Llull.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bf956617-4653-44d0-ad16-4b0814a57e33_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El asalto de la razón. Miniaturas de las ilustraciones VI y VII del Breviculum de Ramon Llull, donde se representa alegóricamente el asedio de la fortaleza de la herejía por el ejército de la fe y la razón. Esta doble página, creada bajo la supervisión de Thomas Le Myésier en el siglo XIV, convierte el pensamiento luliano en imagen, mostrando su cruzada intelectual en busca del entendimiento universal."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El asalto de la razón. Miniaturas de las ilustraciones VI y VII del Breviculum de Ramon Llull, donde se representa alegóricamente el asedio de la fortaleza de la herejía por el ejército de la fe y la razón. Esta doble página, creada bajo la supervisión de Thomas Le Myésier en el siglo XIV, convierte el pensamiento luliano en imagen, mostrando su cruzada intelectual en busca del entendimiento universal.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Una boda de altos vuelos</strong></h2><p class="article-text">
        As&iacute; se configur&oacute; el entorno familiar y cultural del futuro pensador universal: un hogar catal&aacute;n y cristiano en una tierra marcada a&uacute;n por su legado isl&aacute;mico, donde las tensiones y la convivencia forjaban un espacio de frontera espiritual y cultural. En aquella Mallorca conflictiva, donde resonaban las campanas de las iglesias junto al murmullo del &aacute;rabe en los zocos, se forj&oacute; la conciencia de Llull, ense&ntilde;&aacute;ndole desde ni&ntilde;o que el mundo era diverso, y que el lenguaje, la fe y la raz&oacute;n pod&iacute;an ser puentes y no solo muros.
    </p><p class="article-text">
        Ramon Llull contrajo matrimonio en Ciutat &mdash;la actual Palma&mdash; con Blanca Picany en 1257, cuando contaba 25 a&ntilde;os. La familia Picany pose&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s tierras que los Llull y se dedicaba con &eacute;xito al comercio, disponiendo de esclavos y de una red de intereses que fortalec&iacute;a su posici&oacute;n en la joven sociedad mallorquina. Aquella boda fue, por tanto, la uni&oacute;n de dos linajes acomodados que encontraron en ese enlace un punto de convergencia patrimonial y social. Un documento fechado poco despu&eacute;s del matrimonio nombra a Ramon como procurador universal de los bienes de la familia de su esposa, mientras constata que el joven ya era propietario de inmuebles en Barcelona, en los alrededores de Sant Andreu de Llavaneres, en Portaferrissa y en Santa Coloma de Gramenet. Adem&aacute;s, pose&iacute;a tierras en Mallorca, pr&oacute;ximas a Palma.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7026c5a8-6e8c-4cb5-a03d-2674879272bc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Incunable luliano en La Real (1499). Es uno de los 12 incunables que conserva el monasterio de La Real. Incluye cuatro relatos en latín de Ramon Llull que alaban a la Virgen, narran el nacimiento de Cristo y recogen historias sobre el clérigo Remundi."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Incunable luliano en La Real (1499). Es uno de los 12 incunables que conserva el monasterio de La Real. Incluye cuatro relatos en latín de Ramon Llull que alaban a la Virgen, narran el nacimiento de Cristo y recogen historias sobre el clérigo Remundi.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tanto su padre como su suegro hab&iacute;an fallecido, circunstancia que concentr&oacute; en Ramon la gesti&oacute;n de un patrimonio considerable tras el enlace. Sin embargo, todo aquel orden s&oacute;lido y prometedor se quebr&oacute; con su conversi&oacute;n. Porque la transformaci&oacute;n de Ramon Llull no fue solo un giro espiritual: fue un desgarr&oacute;n familiar profundo. Ten&iacute;a esposa, dos hijos y una fortuna consolidada cuando decidi&oacute; abandonar la vida cortesana para entregarse por completo a su misi&oacute;n de conocimiento y fe. Reparti&oacute; sus bienes entre su familia, dej&oacute; atr&aacute;s comodidades y prestigio social, y se march&oacute; con la determinaci&oacute;n de convencer al mundo de la verdad cristiana mediante la raz&oacute;n. Fue un acto radical que escandaliz&oacute; a su entorno y dej&oacute; a su esposa e hijos enfrentados a una nueva vida sin el padre ni el esposo que conoc&iacute;an. Mientras Llull se sumerg&iacute;a en la contemplaci&oacute;n, el estudio y los viajes, aquellos a quienes amaba aprendieron a vivir con su ausencia, convertida en la primera renuncia de un hombre que, para abrazar su vocaci&oacute;n universal, rompi&oacute; los lazos que lo ataban a su casa y a su propia sangre.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Su conversión supuso un desgarró familiar: abandonó fortuna, esposa e hijos para consagrarse al conocimiento y la fe</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>El ermita&ntilde;o</strong></h3><p class="article-text">
        La vida de Ramon Llull no puede entenderse sin el movimiento constante que la impuls&oacute;. Su conversi&oacute;n no le recluy&oacute; en la soledad, sino que le abri&oacute; las puertas de un Mediterr&aacute;neo ancho y convulso, donde se propuso ser puente entre civilizaciones. A lo largo de su vida emprendi&oacute; innumerables viajes, movido no por la curiosidad del mercader ni la ambici&oacute;n del diplom&aacute;tico profesional, sino por el prop&oacute;sito radical de dialogar y construir entendimiento entre cristianos, musulmanes y jud&iacute;os. Llull recorri&oacute; cortes, universidades y puertos con su <em>Ars Magna</em> bajo el brazo, buscando disc&iacute;pulos y protectores, polemizando con doctores y retando a sabios musulmanes en sus propios territorios. Fue, en definitiva, un misionero de la palabra que convirti&oacute; el Mediterr&aacute;neo en el escenario de su cruzada intelectual.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, el viajero incansable fue tambi&eacute;n un ermita&ntilde;o. La figura del ermita&ntilde;o en la vida y la obra de Ramon Llull trasciende el imaginario popular. Llull confiri&oacute; a esta figura una dimensi&oacute;n m&iacute;stica e intelectual de una radicalidad extraordinaria. En su &eacute;poca, los ermita&ntilde;os eran focos de atracci&oacute;n espiritual &mdash;basta pensar en Montserrat, donde las ermitas dispersas atra&iacute;an a m&aacute;s fieles que el propio monasterio&mdash;. Mallorca, por su parte, estaba salpicada de cuevas y ermitas, y Llull tuvo la suya en la monta&ntilde;a de Randa, en 1274, donde, en un retiro aut&oacute;nomo al margen de conventos, vivi&oacute; su &ldquo;segunda iluminaci&oacute;n&rdquo; y concibi&oacute; el <em>Ars Magna</em>. Y, posteriormente, tuvo otra en las inmediaciones del Monasterio de Miramar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recorrió cortes, puertos y universidades con su Ars Magna, decidido a dialogar con sabios musulmanes y cristianos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En su <em>Blanquerna</em> (<em>Llibre d&rsquo;Evast e Blanquerna</em>, 1283), Llull desarroll&oacute; literariamente este modelo espiritual. El protagonista recorre todos los estamentos de la vida religiosa &mdash;monje, abad, obispo, papa&mdash; hasta renunciar voluntariamente al poder y retirarse como ermita&ntilde;o, como forma m&aacute;s alta de entrega espiritual. Este itinerario vocacional que Llull elabor&oacute; en la ficci&oacute;n tuvo impacto en la historia real. Su contempor&aacute;neo, el papa Celestino V, dimiti&oacute; del pontificado para retirarse como ermita&ntilde;o en 1294, y siglos despu&eacute;s Benedicto XVI repetir&iacute;a este gesto.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en Ramon Llull se funden el viajero y el contemplativo. El hombre que cruzaba mares para dialogar con sabios y reyes era el mismo que buscaba en el silencio de Randa o Miramar la claridad de la contemplaci&oacute;n. Sin esa soledad no habr&iacute;a nacido su sistema; y sin todos aquellos viajes, no habr&iacute;a tenido sentido. Llull ense&ntilde;&oacute; que la contemplaci&oacute;n no se opone a la acci&oacute;n, sino que la alimenta, y que solo quien se retira puede regresar con fuerzas para transformar el mundo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/36c9779b-6cf9-4c62-b7be-effd6ae1502a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La cueva de Ramon Llull en Randa (Algaida). Se sitúa en la vertiente sur del monte de Randa, dentro de los límites de la posesión de Albenya. Tanto la cueva como el próximo santuario de Cura fueron declarados paraje pintoresco en 1951."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La cueva de Ramon Llull en Randa (Algaida). Se sitúa en la vertiente sur del monte de Randa, dentro de los límites de la posesión de Albenya. Tanto la cueva como el próximo santuario de Cura fueron declarados paraje pintoresco en 1951.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Una muerte legendaria</strong></h2><p class="article-text">
        No existe documentaci&oacute;n concluyente que permita determinar si el 'Doctor Illuminatus' muri&oacute; antes, durante o despu&eacute;s de su regreso de T&uacute;nez a Mallorca. Tampoco se sabe con certeza si su fallecimiento se produjo en 1315 o en 1316, aunque algunos indicios apuntan a esta &uacute;ltima fecha. Por un lado, su &uacute;ltima obra est&aacute; fechada en diciembre de 1315; por otro, es posible que la dataci&oacute;n tradicional de 1315 se basara en el estilo florentino, que consideraba que el a&ntilde;o conclu&iacute;a en marzo del siguiente, lo que situar&iacute;a su muerte en los primeros meses de 1316.
    </p><p class="article-text">
        A falta de pruebas firmes, el relato m&aacute;s difundido sobre su muerte proviene de Nicolau de Pax (siglos XV&ndash;XVI), quien cuenta que Ramon Llull fue lapidado el 29 de junio de 1315 en T&uacute;nez. Unos mercaderes ligures lo habr&iacute;an rescatado y embarcado de regreso a Mallorca, donde muri&oacute; frente a la isla de Cabrera. Sus restos fueron desembarcados en Portop&iacute; y trasladados solemnemente a Palma, donde se le dio sepultura junto a sus padres en la capilla de Sant Marc.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No se sabe si murió en 1315 o 1316. La tradición dice que fue lapidado en Túnez y sus restos regresaron a Palma. Dictó que su patrimonio sirviera para copiar sus libros en latín y catalán, asegurando su difusión tras la muerte</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La creciente veneraci&oacute;n popular llev&oacute; pronto a trasladar sus restos a la iglesia de Sant Francesc dels Frares Menors. All&iacute; llegaron en un arca de madera depositada inicialmente en la sacrist&iacute;a, con la esperanza de que su canonizaci&oacute;n fuera inminente. Seg&uacute;n relata el historiador Joan Amig&oacute; (1871&ndash;1939), en 1350 un incendio destruy&oacute; la sacrist&iacute;a, pero el arca qued&oacute; milagrosamente intacta. Entonces se construy&oacute; un sepulcro de piedra bajo el trono del altar mayor, donde fue colocado el cuerpo de Llull, envuelto en una mortaja a&uacute;n manchada de sangre.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, en 1478, sus restos fueron trasladados a su ubicaci&oacute;n actual: la capilla lateral izquierda del deambulatorio de la bas&iacute;lica de Sant Francesc, en Palma, donde el 'Doctor Illuminatus' reposa, convertido en un s&iacute;mbolo de Mallorca que lo vio partir en busca de sabidur&iacute;a y di&aacute;logo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ab047706-a4cc-45ee-b103-db1ef5860e06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tumba de Ramon Llull en Sant Francesc (Palma). Sepulcro del “Doctor Illuminatus” en la basílica de Sant Francesc donde reposan sus restos desde 1478. Un lugar de memoria que recuerda al pensador universal mallorquín."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tumba de Ramon Llull en Sant Francesc (Palma). Sepulcro del “Doctor Illuminatus” en la basílica de Sant Francesc donde reposan sus restos desde 1478. Un lugar de memoria que recuerda al pensador universal mallorquín.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El testamento de Ramon Llull </strong></h2><p class="article-text">
        En 1313, Ramon Llull dict&oacute; su testamento. Aquel documento no solo distribu&iacute;a su modesto patrimonio material, sino que reflejaba su fe inquebrantable, su compromiso intelectual y su deseo de que su obra trascendiera su propia muerte. Dej&oacute; veinte sueldos a su hijo, Dom&egrave;nec Llull, y a su hija Magdalena, esposa de Pere de Sentmenat, reconoci&eacute;ndolos como herederos de todo lo que les hubiese donado en vida. Extendi&oacute; tambi&eacute;n su generosidad a diversas &oacute;rdenes religiosas y parroquias.
    </p><p class="article-text">
        Su testamento revela un prop&oacute;sito a&uacute;n mayor: Llull no quiso que su obra muriera con &eacute;l. Orden&oacute; copiar sus &uacute;ltimos libros en pergamino y difundirlos en lat&iacute;n, &aacute;rabe y catal&aacute;n, envi&aacute;ndolos a monasterios, mecenas y universidades donde pudieran seguir siendo le&iacute;dos y debatidos. En vida hab&iacute;a entregado sus libros a papas, reyes, sultanes y maestros de la Sorbona; tras su muerte, quiso mantener viva esa corriente, destinando tomos completos al monasterio cartujo de Par&iacute;s y al noble genov&eacute;s Perceval Spinola, mientras confiaba al monasterio de La Real un cofre con sus manuscritos. Dispuso que sus libros fueran encadenados en los armarios de las iglesias para que cualquiera pudiera leerlos, sin distinci&oacute;n. Hasta el final, Llull convirti&oacute; su pensamiento en semilla, destinada a germinar entre las generaciones futuras. Y as&iacute; sucedi&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/vida-muerte-ramon-llull-doctor-illuminatus_132_12445417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Jul 2025 20:29:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_1121278.jpg" length="371769" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_1121278.jpg" type="image/jpeg" fileSize="371769" width="679" height="382"/>
      <media:title><![CDATA[Vida y muerte de Ramon Llull, el 'Doctor Illuminatus']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/49f4d88d-082b-47aa-8553-25585e923999_16-9-discover-aspect-ratio_default_1121278.jpg" width="679" height="382"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Filosofía,Mallorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramon Llull, el Quixot místic que somià en transformar la Mediterrània]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-quixot-mistic-somia-transformar-mediterrania_132_12416208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" width="1200" height="675" alt="Ramon Llull, el Quixot místic que somià en transformar la Mediterrània"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Harold Bloom el situà a l’altura dels grans mites literaris. Fou un home d’acció contemplativa, un místic amb sistema</p><p class="subtitle">Primer lliurament - Ramon Llull, el geni mediterrani que va crear 'l'algoritme de Déu' i va unir totes les ciències
</p></div><p class="article-text">
        Ramon Llull tenia una pres&egrave;ncia menuda per&ograve; intensa. No imposava per l&rsquo;al&ccedil;ada &mdash;1,61 metres&mdash;, sin&oacute; per l&rsquo;energia del seu pensament i la profunditat de la seva mirada, que, com han suggerit artistes durant segles, semblava haver sostingut una llarga conversa amb l&rsquo;absolut. Un h&agrave;bit de tela aspre, la barba blanca i la calv&iacute;cie prematura definiren la seva iconografia. En les miniatures del Breviculum &mdash;aut&egrave;ntic c&ograve;dex visual del primer lul&middot;lisme&mdash; apareix escrivint, predicant, discutint: el cos com a extensi&oacute; d&rsquo;una ment incansable.
    </p><p class="article-text">
        El Breviculum fou compilat per Thomas Le My&eacute;sier, deixeble i admirador de Ramon Llull, cap al 1321. Aquest c&ograve;dex il&middot;lustrat &mdash;conservat avui a la Biblioteca de Karlsruhe, Alemanya&mdash; &eacute;s una de les fonts iconogr&agrave;fiques i biogr&agrave;fiques m&eacute;s importants sobre Llull.
    </p><p class="article-text">
        Fou concebut com una versi&oacute; visual i resumida del pensament i la vida del fil&ograve;sof mallorqu&iacute;, destinat originalment a la reina de Fran&ccedil;a, Jeanne de Bourgogne-Artois, per promoure la causa de canonitzaci&oacute; de Llull.
    </p><p class="article-text">
        El 1985, un estudi paleopatol&ograve;gic dirigit pel Dr. Bartomeu Nadal Moncadas, sobre les seves restes encara conservades a l&rsquo;esgl&eacute;sia de Sant Francesc de Palma, revel&agrave; un f&iacute;sic singular. Llull tenia cames robustes, escassa musculatura als bra&ccedil;os, abdomen una mica prominent i excel&middot;lent salut &ograve;ssia.
    </p><p class="article-text">
        Aquest mallorqu&iacute; universal habit&agrave; un cos resistent, modelat pels camins, les travessies i la contemplaci&oacute;. Fou un savi errant abans que un asceta de clausura. Les seves mans, m&eacute;s avesades a la ploma que a l&rsquo;espasa, ens llegaren una frase que resumeix la seva espiritualitat: &ldquo;Amor &eacute;s all&ograve; que als qui s&oacute;n lliures els redueix a esclavitud, i als esclaus els d&oacute;na llibertat.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Llull fou tamb&eacute; una ment que pens&agrave; profundament, que pat&iacute;, que estim&agrave;. La seva anatomia &mdash;com la seva obra&mdash; reflecteix la tensi&oacute; constant entre la finitud humana i l&rsquo;aspiraci&oacute; a l&rsquo;eternitat.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_50p_1120595.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_50p_1120595.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_75p_1120595.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_75p_1120595.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_default_1120595.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_default_1120595.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_default_1120595.jpg"
                    alt=" Llull debat amb pensadors islàmics en un entorn orientalitzat. L’escena simbolitza el seu ideal de controvèrsia racional i pacífica. A baix, la seva expulsió representa la fermesa davant el rebuig."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                 Llull debat amb pensadors islàmics en un entorn orientalitzat. L’escena simbolitza el seu ideal de controvèrsia racional i pacífica. A baix, la seva expulsió representa la fermesa davant el rebuig.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El joglar de D&eacute;u </strong></h2><p class="article-text">
        La hist&ograve;ria de Ramon Llull no es pot entendre sense la seva conversi&oacute;. Aquell moment d&rsquo;&egrave;xtasi marc&agrave; una fractura radical que part&iacute; la seva vida en dues meitats oposades. Amb trenta anys, en ple esplendor com a home de confian&ccedil;a de l&rsquo;infant Jaume &mdash;futur rei&mdash;, lliurat a les can&ccedil;ons trobadoresques, als amors il&middot;l&iacute;cits i als privilegis de palau, una s&egrave;rie de visions m&iacute;stiques el sacsejaren com llamps.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida de Ramon Llull va fer un gir radical després d’una sèrie de visions que el varen arrabassar de la seva còmoda existència cortesana. Va abandonar família, honors i riquesa per consagrar-se del tot a l’estudi, la contemplació i la diplomàcia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aix&iacute; ho relata a la seva <em>Vita coaetanea</em> (1311), dictada durant la seva estada a la cartoixa de Vauvert, a Par&iacute;s, i redactada per un escriv&agrave; an&ograve;nim sota la seva supervisi&oacute; directa, es tracta de la principal font autobiogr&agrave;fica sobre la seva vida. Hi narra la seva conversi&oacute;, les motivacions espirituals i intel&middot;lectuals, i tra&ccedil;a una justificaci&oacute; teol&ograve;gica de la seva obra i missi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aquell estremiment interior que descriu desencaden&agrave; una transformaci&oacute; irreversible. Llull abandon&agrave; la fam&iacute;lia, repart&iacute; els b&eacute;ns entre la seva dona i fills, i es retir&agrave; del m&oacute;n per convertir-se en el que ell mateix anomen&agrave; <em>joglar de D&eacute;u</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hi ha, per&ograve;, una altra llegenda que dona un gir menys transcendent i m&eacute;s tr&agrave;gic a la seva conversi&oacute;. Recollida per Llu&iacute;s Racionero a <em>Raimon, l&rsquo;alqu&iacute;mia de la bogeria</em> (Ed. Laia, 1985), atribueix el canvi no a la gr&agrave;cia divina, sin&oacute; a un trauma hum&agrave;. En ella, un Llull jove i obsessionat per una dama casada irromp a cavall en plena missa per festejar-la. Ella, acorralada, s&rsquo;obre el cosset i mostra un pit devastat pel c&agrave;ncer: &ldquo;...com una mustia heura viol&agrave;cia, li rosegava el pit&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        L&rsquo;impacte fou devastador. Com Siddharta davant el sofriment, Llull comprengu&eacute; que la veritat no es trobava en els plaers corruptes de la cort, sin&oacute; en el sentit &uacute;ltim de l&rsquo;exist&egrave;ncia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_1120594.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_1120594.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_1120594.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_1120594.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_1120594.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_1120594.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_1120594.jpg"
                    alt="Figures de l’Ars Magna de Ramon Llull. Aquestes rodes combinatòries, eix del pensament lul·lià, representen l’estructura lògica amb què Llull cercava demostrar racionalment la veritat universal, unint fe i raó en un llenguatge comú per a cristians, musulmans i jueus."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figures de l’Ars Magna de Ramon Llull. Aquestes rodes combinatòries, eix del pensament lul·lià, representen l’estructura lògica amb què Llull cercava demostrar racionalment la veritat universal, unint fe i raó en un llenguatge comú per a cristians, musulmans i jueus.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Despr&eacute;s d&rsquo;aquella sacsejada, emprengu&eacute; un pelegrinatge inici&agrave;tic per santuaris com Santiago de Compostel&middot;la i Rocamadour. Pass&agrave; mesos lliurat a l&rsquo;oraci&oacute;, al silenci i a la meditaci&oacute;. All&agrave; an&agrave; madurant el seu triple prop&ograve;sit, que ell considerava divinament inspirat: 1) Dissenyar un sistema racional i infal&middot;lible per dialogar amb els infidels; 2) Escriure el millor llibre possible per erradicar tots els errors metaf&iacute;sics; i 3) Fundar escoles per formar els missioners del futur.
    </p><p class="article-text">
        Quan torn&agrave; a Mallorca, el seu entorn no comprengu&eacute; aquella ruptura radical. La seva fam&iacute;lia pat&iacute; la seva abs&egrave;ncia i molts dels seus antics afins el titllaren d&rsquo;irresponsable. Llull fou, en efecte, un mal cap de fam&iacute;lia segons els c&agrave;nons d&rsquo;aleshores (i potser tamb&eacute; d&rsquo;ara): antepos&agrave; la seva vocaci&oacute; transcendent a qualsevol deure dom&egrave;stic.
    </p><p class="article-text">
        Conscient de les seves pr&ograve;pies limitacions, inici&agrave; un llarg per&iacute;ode d&rsquo;estudi autodidacte i rigor&oacute;s. Aprengu&eacute; llat&iacute; amb els monjos cistercencs de La Real i &agrave;rab amb un esclau musulm&agrave; que compr&agrave; com a mestre. Estudi&agrave; gram&agrave;tica, teologia, l&ograve;gica escol&agrave;stica i isl&agrave;mica. Aix&iacute; va n&eacute;ixer no nom&eacute;s un convers, sin&oacute; l&rsquo;arquitecte d&rsquo;una revoluci&oacute; intel&middot;lectual que anticip&agrave; la modernitat.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La il&middot;luminaci&oacute; a Randa </strong></h2><p class="article-text">
        Ramon Llull es retirava peri&ograve;dicament al puig de Randa, al cor de Mallorca, on passava llargues temporades lliurat a l&rsquo;oraci&oacute; i a la contemplaci&oacute;. En aquella solitud visqu&eacute; el que anomen&agrave; la seva &ldquo;segona il&middot;luminaci&oacute;&rdquo;. No fou un missatge dif&uacute;s, sin&oacute; una revelaci&oacute; concreta sobre com servir D&eacute;u. Comprengu&eacute; que havia de crear un m&egrave;tode, un art racional, per demostrar les veritats que ja havia comen&ccedil;at a plasmar al seu vast <em>Llibre de la contemplaci&oacute; en D&eacute;u</em> (ca. 1273&ndash;1274).
    </p><p class="article-text">
        No es tractava de predicar des de l&rsquo;autoritat, sin&oacute; de conv&egrave;ncer mitjan&ccedil;ant la ra&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El m&eacute;s innovador de la seva conversi&oacute; no fou nom&eacute;s la ren&uacute;ncia als plaers mundans, sin&oacute; la manera com conceb&iacute; la seva nova vocaci&oacute;. No cerc&agrave; refugi en la m&iacute;stica silenciosa ni en el retir mon&agrave;stic. Llull volia comunicar, persuadir, dialogar. Rebutj&agrave; la viol&egrave;ncia dels croats i la imposici&oacute; de la fe per la for&ccedil;a. La seva aspiraci&oacute; era discutir amb els infidels, no v&egrave;ncer-los. Aquesta actitud marc&agrave; una de les seves contribucions &egrave;tiques m&eacute;s agosarades.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La conversi&oacute; de Ramon Llull fou una revoluci&oacute; silenciosa. On altres es retiraven, ell avan&ccedil;ava. On altres condemnaven, ell volia dialogar&rdquo;, afirma Maribel Ripoll Perell&oacute;, fil&ograve;loga i directora de la C&agrave;tedra Ramon Llull (UIB).
    </p><p class="article-text">
        La seva eina no seria l&rsquo;espasa ni l&rsquo;autoritat eclesi&agrave;stica, sin&oacute; la ra&oacute;. Per aix&ograve; desenvolup&agrave; el seu <em>Ars Magna</em>, un sistema l&ograve;gic basat en la combinaci&oacute; de conceptes fonamentals &mdash;bondat, grandesa, eternitat, saviesa, voluntat...&mdash; amb els quals, segons ell, es podia demostrar la veritat mitjan&ccedil;ant arguments necessaris.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Llull no nom&eacute;s volia conv&egrave;ncer: volia mostrar. Amb les seves figures, donava una dimensi&oacute; visual al raonament&rdquo;, explica Ripoll.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la solitud del puig de Randa, Llull rebé el que interpretà com una revelació: un mètode per demostrar racionalment la veritat cristiana. Neix així el seu Ars Magna, sistema lògic de rodes i combinacions que aspirava a fer visible, comprensible i compartible el misteri diví</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Anthony Bonner, un dels seus principals estudiosos contemporanis, ho express&agrave; aix&iacute;: &ldquo;L&rsquo;Art de Ramon Llull &eacute;s un sistema semi-mec&agrave;nic per organitzar el pensament i, sobretot, per estructurar els conceptes b&agrave;sics de la fe, la religi&oacute; i la filosofia. &Eacute;s com un primer ordinador.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Per aquesta ra&oacute;, molts consideren Llull un precursor de la inform&agrave;tica, ja que ide&agrave; un mecanisme combinatori que, segles despr&eacute;s, inspiraria els fonaments de la l&ograve;gica simb&ograve;lica i els llenguatges formals. En reconeixement d&rsquo;aix&ograve;, el 2001 els enginyers inform&agrave;tics d&rsquo;Espanya el triaren com a patr&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; l&rsquo;<em>Ars Magna</em> no era, per a Llull, un simple artifici intel&middot;lectual o mec&agrave;nic. Era una via per estimar D&eacute;u amb l&rsquo;enteniment tant com amb el cor. La seva espiritualitat fou profundament innovadora: fusion&agrave; contemplaci&oacute; i l&ograve;gica, oraci&oacute; i dial&egrave;ctica, teologia i ci&egrave;ncia. En textos m&iacute;stics com el <em>Llibre d&rsquo;Amic e Amat</em>, es percep aquesta uni&oacute; entre ra&oacute; amorosa i fe raonada: l&rsquo;Estimat &mdash;D&eacute;u&mdash; &eacute;s cercat tant per l&rsquo;&agrave;nima que estima com per l&rsquo;&agrave;nima que pensa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No distingia entre ciència i teologia, entre medicina i lògica, entre poesia i diplomàcia. On altres veien enemics, ell veia interlocutors; on altres imposaven, ell raonava. La seva vida fou una croada intel·lectual sense precedents</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_50p_1120596.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_50p_1120596.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_75p_1120596.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_75p_1120596.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_default_1120596.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_default_1120596.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_default_1120596.jpg"
                    alt="Revelació, escriptura i ensenyament: tres escenes narren la gènesi de l’Ars Magna al Puig de Randa. Una teofania inicial dóna pas a la sistematització racional i, finalment, a la transmissió pública del saber"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Revelació, escriptura i ensenyament: tres escenes narren la gènesi de l’Ars Magna al Puig de Randa. Una teofania inicial dóna pas a la sistematització racional i, finalment, a la transmissió pública del saber                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Contacte amb el sufisme</strong></h2><p class="article-text">
        L&rsquo;aprenentatge de l&rsquo;&agrave;rab, que Ramon Llull emprengu&eacute; amb l&rsquo;ajuda d&rsquo;un esclau musulm&agrave; &mdash;la hist&ograve;ria del qual acab&agrave; tr&agrave;gicament&mdash; fou molt m&eacute;s que una decisi&oacute; pr&agrave;ctica: fou un acte radical de desarmament cultural. En una Europa que veia l&rsquo;islam com un enemic teol&ograve;gic i militar, Llull decid&iacute; tractar-lo com un interlocutor. Aprendre la llengua de l&rsquo;Alcor&agrave; fou, en el seu temps, un gest de rebel&middot;lia espiritual.
    </p><p class="article-text">
        Gr&agrave;cies a l&rsquo;&agrave;rab, no nom&eacute;s pogu&eacute; debatre amb savis musulmans i accedir als seus textos filos&ograve;fics i m&iacute;stics, sin&oacute; que es deix&agrave; afectar, en profunditat, per les seves idees. El sufisme, amb el seu &egrave;mfasi en l&rsquo;amor, la interioritat i l&rsquo;experi&egrave;ncia directa de D&eacute;u, deix&agrave; una empremta perceptible en el seu pensament. Tot i que no hi ha const&agrave;ncia d&rsquo;un vincle directe amb Ibn Arabi, ambd&oacute;s respiraven el mateix clima intel&middot;lectual d&rsquo;un Mediterrani mest&iacute;s, on cristians, jueus i musulmans compartien lleng&uuml;es, ciutats... i, a vegades, intu&iuml;cions metaf&iacute;siques.
    </p><p class="article-text">
        Ibn Arabi parlava de la unitat de l&rsquo;&eacute;sser i d&rsquo;un D&eacute;u reflectit en tota exist&egrave;ncia. Llull, des de la seva tradici&oacute; cristiana, perseguia quelcom semblant: demostrar que totes les veritats convergeixen en D&eacute;u i que la ra&oacute; amorosa podia tendir ponts entre credos. Aix&iacute; s&rsquo;entrellacen &mdash;m&eacute;s enll&agrave; dels arxius&mdash; dues de les aventures espirituals m&eacute;s agosarades de l'Edat Mitjana.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En aprendre àrab, Llull no sols accedí a una altra llengua, sinó a una altra cosmovisió. El seu acostament a l’islam no fou des de la superioritat, sinó des del diàleg. El seu pensament revela ecos del sufisme: la unitat de l’ésser, l’amor com a via de coneixement i la convicció que Déu es manifesta en totes les formes. Llull traduí aquest misticisme a un llenguatge lògic per travessar fronteres teològiques</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>L&rsquo;esclau que li enseny&agrave; a pensar en una altra llengua</strong></h2><p class="article-text">
        Per aprendre &agrave;rab, Llull compr&agrave; un esclau musulm&agrave; que havia estat mestre. Volia comprendre l&rsquo;islam des de dins. Per&ograve; la conviv&egrave;ncia acab&agrave; malament: l&rsquo;esclau, desesperat, intent&agrave; matar-lo, fou empresonat i es va su&iuml;cidar a la pres&oacute;. L&rsquo;episodi il&middot;lustra la intensitat d&rsquo;aquell encontre entre mons.
    </p><p class="article-text">
        Aprendre la llengua de &ldquo;l&rsquo;altre&rdquo; no era habitual; implicava obrir-se a la seva visi&oacute; del m&oacute;n. &ldquo;Llull aprengu&eacute; &agrave;rab per pensar amb l&rsquo;altre. La seva decisi&oacute; no fou ret&ograve;rica: fou pol&iacute;tica, espiritual i radicalment moderna&rdquo;, afirma Maribel Ripoll.
    </p><p class="article-text">
        Llull fou un pont vivent entre disciplines, lleng&uuml;es i cultures. &ldquo;Un curi&oacute;s intel&middot;lectual&rdquo;, com el defin&iacute; Antoni T&agrave;pies, interessat tant en all&ograve; sagrat com en all&ograve; quotidi&agrave;. Te&ograve;leg, l&ograve;gic, poeta, metge, astr&ograve;nom, jurista... la seva mirada era totalitzadora.
    </p><p class="article-text">
        Mentre es projectava cap a Par&iacute;s, Tunis o Jerusalem, la seva ruptura amb el m&oacute;n cortes&agrave; era definitiva. La seva esposa el denunci&agrave; davant el batle de Ciutat per desatendre els seus deures i el patrimoni. No nom&eacute;s renunci&agrave; als seus privilegis: tamb&eacute; fou vist com un mal esp&ograve;s i pare. Per&ograve; Llull ja havia triat un altre cam&iacute;, guiat per una vocaci&oacute; absoluta.
    </p><p class="article-text">
        Raimon Panikkar ho resum&iacute; amb lucidesa: &ldquo;Ramon Llull fou un &lsquo;foll&rsquo; &mdash;un boig. Per&ograve;, qu&egrave; significa boig? En aquest cas, aquell que no pensa en si mateix, sin&oacute; que es bolca completament cap a l&rsquo;altre&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>L&rsquo;evoluci&oacute; de Miramar</strong></h2><p class="article-text">
        L&rsquo;escola de Miramar, fundada el 1276 per Ramon Llull amb el suport del rei Jaume II de Mallorca, fou un projecte pioner en la hist&ograve;ria del cristianisme. Per primera vegada, s&rsquo;institucionalitzava una formaci&oacute; missionera basada no en el dogma, sin&oacute; en el coneixement de l&rsquo;&agrave;rab i en el di&agrave;leg raonat. Llull no aspirava a formar inquisidors, sin&oacute; ap&ograve;stols de l&rsquo;enteniment: homes capa&ccedil;os de parlar amb jueus i musulmans en la seva llengua, i d&rsquo;argumentar amb ra&oacute; i respecte. S&rsquo;avan&ccedil;&agrave; segles a l&rsquo;ideal d&rsquo;un cristianisme plural, dial&ograve;gic i obert a l&rsquo;altre.
    </p><p class="article-text">
        Durant els seus primers anys, Miramar fou un centre pedag&ograve;gic sense igual: una escola intercultural en la frontera viva del Mediterrani medieval. Per&ograve; el desinter&egrave;s institucional, la manca de finan&ccedil;ament i els canvis pol&iacute;tics precipitaren el seu declivi. A finals del segle XIII, deix&agrave; de funcionar com a escola missionera i pass&agrave; a mans del monestir cistercenc de La Real.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Amb la fundació de l’Estudi de Miramar, Llull institucionalitzà la seva visió: formar missioners preparats per al diàleg raonat amb altres religions. Tot i que l’escola decaigué aviat, fet que decebé profundament Llull</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Segles m&eacute;s tard, al XIX, l&rsquo;arxiduc Llu&iacute;s Salvador d&rsquo;&Agrave;ustria redescobr&iacute; el lloc i el restaur&agrave;, retornant-li la seva dimensi&oacute; simb&ograve;lica. Avui, Miramar encara es mant&eacute; dempeus, suspesa entre oliveres i penya-segats davant la mar, com un espai de contemplaci&oacute; on encara ressona el somni de Llull: unir fe i ra&oacute;, lleng&uuml;es i pobles en nom del coneixement compartit.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Na Foradada des de les immediacions del Monestir de Miramar. Serra de Tramuntana"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Na Foradada des de les immediacions del Monestir de Miramar. Serra de Tramuntana                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El Quixot mallorqu&iacute;</strong></h2><p class="article-text">
        L&rsquo;espiritualitat de Ramon Llull desafia qualsevol etiqueta. No fou monjo, ni escol&agrave;stic, ni reformador institucional. Fou un pensador errant, un agitador de l&rsquo;esperit, alg&uacute; que entengu&eacute; la conversi&oacute; no com a punt d&rsquo;arribada, sin&oacute; com a cam&iacute; sense descans. El seu D&eacute;u no exigia retir, sin&oacute; pres&egrave;ncia l&uacute;cida en el m&oacute;n: sortir a argumentar, estimar amb intel&middot;lig&egrave;ncia i actuar amb sentit.
    </p><p class="article-text">
        A Randa no hi va n&eacute;ixer nom&eacute;s un m&iacute;stic, sin&oacute; un nou model d&rsquo;intel&middot;lectual cristi&agrave;: el que uneix ra&oacute; i fe, llenguatge i amor, contemplaci&oacute; i acci&oacute;. Des d&rsquo;all&agrave; part&iacute; Llull &mdash;el &ldquo;joglar de D&eacute;u&rdquo;&mdash; en la seva croada de paraules, cercant no v&egrave;ncer, sin&oacute; conv&egrave;ncer, en un m&oacute;n dividit per credos i espases.
    </p><p class="article-text">
        Harold Bloom ho express&agrave; aix&iacute;: &ldquo;Nom&eacute;s Cervantes hauria pogut crear la vida de Llull com a ficci&oacute;.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        I &eacute;s que Ramon Llull fou, en certa manera, un Quixot anterior al seu temps. Un boig l&uacute;cid, un visionari rigor&oacute;s, un geni radical que somi&agrave; convertir el Mediterrani en un espai de di&agrave;leg. La seva vida fou m&eacute;s que una obra immensa, fou una aposta vital per la paraula com a pont i com a forma de redempci&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-quixot-mistic-somia-transformar-mediterrania_132_12416208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2025 09:02:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" length="38988" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" type="image/jpeg" fileSize="38988" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ramon Llull, el Quixot místic que somià en transformar la Mediterrània]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Filosofía,Mallorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramon Llull, el Quijote místico que soñó con transformar el Mediterráneo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-quijote-mistico-sono-transformar-mediterraneo_132_12415809.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" width="1200" height="675" alt="Ramon Llull, el Quijote místico que soñó con transformar el Mediterráneo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Harold Bloom lo situó a la altura de los grandes mitos literarios. Fue un hombre de acción contemplativa, un místico con sistema</p><p class="subtitle">Primera entrega - Ramon Llull, el genio mediterráneo que creó 'el algoritmo de Dios' y unió todas las ciencias</p></div><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Ram&oacute;n Llull ten&iacute;a una presencia menuda, pero intensa. No impon&iacute;a por su estatura &mdash;1,61 metros&mdash;, sino por la energ&iacute;a de su pensamiento y la profundidad de su mirada, que, como han sugerido artistas durante siglos, parec&iacute;a haber sostenido una larga conversaci&oacute;n con lo absoluto. Un h&aacute;bito de tela &aacute;spera, la barba blanca y la calvicie prematura definieron su iconograf&iacute;a. En las miniaturas del Breviculum &mdash;aut&eacute;ntico c&oacute;dice visual del primer lulismo&mdash; aparece escribiendo, predicando, discutiendo: el cuerpo como extensi&oacute;n de una mente incansable.
    </p><p class="article-text">
        El Breviculum fue compilado por Thomas Le My&eacute;sier, disc&iacute;pulo y admirador de Ramon Llull, hacia 1321. Este c&oacute;dice ilustrado &mdash;conservado hoy en la Biblioteca de Karlsruhe, Alemania&mdash; es una de las fuentes iconogr&aacute;ficas y biogr&aacute;ficas m&aacute;s importantes sobre Llull. Fue concebido como una versi&oacute;n visual y resumida del pensamiento y la vida del fil&oacute;sofo mallorqu&iacute;n, destinado originalmente a la reina de Francia, Jeanne de Bourgogne-Artois, para promover la causa de canonizaci&oacute;n de Llull.
    </p><p class="article-text">
        En 1985, un estudio paleopatol&oacute;gico dirigido por el Dr. Bartomeu Nadal Moncadas, sobre sus restos a&uacute;n conservados en la iglesia de Sant Francesc de Palma, revel&oacute; un f&iacute;sico singular. Llull tuvo piernas robustas, escasa musculatura en los brazos, abdomen algo prominente y excelente salud &oacute;sea.
    </p><p class="article-text">
        Este mallorqu&iacute;n universal habit&oacute; un cuerpo resistente, moldeado por los caminos, las traves&iacute;as y la contemplaci&oacute;n. Fue un sabio errante antes que un asceta de clausura. Sus manos, m&aacute;s habituadas a la pluma que a la espada, nos legaron una frase que resume su espiritualidad: &ldquo;Amor es aquello que a los que est&aacute;n libres reduce a esclavitud y a los esclavos pone en libertad&rdquo;. Llull fue tambi&eacute;n una mente que pens&oacute; profundamente, que padeci&oacute;, que am&oacute;. Su anatom&iacute;a &mdash;como su obra&mdash; refleja la tensi&oacute;n constante entre la finitud humana y la aspiraci&oacute;n a lo eterno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_50p_1120595.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_50p_1120595.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_75p_1120595.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_75p_1120595.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_default_1120595.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_default_1120595.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/95ed2b27-ad0d-4599-a5ae-6532129dceb5_source-aspect-ratio_default_1120595.jpg"
                    alt="Llull debate con pensadores islámicos en un entorno orientalizado. La escena simboliza su ideal de controversia racional y pacífica. Abajo, su expulsión representa la firmeza ante el rechazo."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Llull debate con pensadores islámicos en un entorno orientalizado. La escena simboliza su ideal de controversia racional y pacífica. Abajo, su expulsión representa la firmeza ante el rechazo.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El juglar de Dios </strong></h2><p class="article-text">
        La historia de Ramon Llull no puede entenderse sin su conversi&oacute;n. Aquel momento de &eacute;xtasis marc&oacute; una fractura radical que parti&oacute; su vida en dos mitades contrapuestas. A los treinta a&ntilde;os, en pleno esplendor como hombre de confianza del infante Jaume &mdash;futuro rey&mdash;, entregado a las canciones trovadorescas, los amores il&iacute;citos y los privilegios de palacio, una serie de visiones m&iacute;sticas lo sacudieron como rel&aacute;mpagos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida de Ramon Llull dio un giro radical tras una serie de visiones que lo arrancaron de su cómoda existencia cortesana. Abandonó familia, honores y riqueza para consagrarse por completo al estudio, la contemplación y la diplomacia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute; lo relata en su<em> Vita coaetanea </em>(1311), dictada durante su estancia en la cartuja de Vauvert, en Par&iacute;s. Fue redactada por un escriba an&oacute;nimo, bajo supervisi&oacute;n directa de Llull, y constituye la principal fuente autobiogr&aacute;fica sobre su vida. En ella narra su conversi&oacute;n, sus motivaciones espirituales e intelectuales, y traza una justificaci&oacute;n teol&oacute;gica de su obra y misi&oacute;n, autobiograf&iacute;a dictada en la vejez.
    </p><p class="article-text">
        Ese estremecimiento interior que describe desencaden&oacute; una transformaci&oacute;n irreversible. Llull abandon&oacute; a su familia, reparti&oacute; sus bienes entre su esposa e hijos, y se retir&oacute; del mundo para convertirse en lo que &eacute;l mismo llamar&aacute; 'juglar de Dios'.
    </p><p class="article-text">
        Existe, sin embargo, otra leyenda que da un giro menos trascendente y m&aacute;s tr&aacute;gico a su conversi&oacute;n. Recogida por Llu&iacute;s Racionero en <em>Raimon, la alquimia de la locura</em> (Ed. Laia, 1985), atribuye el cambio no a la gracia divina, sino a un trauma humano. En ella, un Llull joven y obsesionado por una dama casada irrumpe a caballo en plena misa para cortejarla. Ella, acorralada, se abre el corpi&ntilde;o y muestra un pecho devastado por el c&aacute;ncer: &ldquo;Como una mustia hiedra viol&aacute;cea, carcom&iacute;a su pecho&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El impacto fue devastador. Como Siddharta frente al sufrimiento, Llull comprendi&oacute; que la verdad no se hallaba en los placeres corruptos de la corte, sino en el sentido &uacute;ltimo de la existencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_1120594.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_50p_1120594.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_1120594.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_75p_1120594.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_1120594.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_1120594.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f3f535c-a179-4948-b939-ddb7636e4e9a_source-aspect-ratio_default_1120594.jpg"
                    alt="Figuras del Ars Magna de Ramon Llull. Estas ruedas combinatorias, eje del pensamiento luliano, representan la estructura lógica con la que Llull buscaba demostrar racionalmente la verdad universal, uniendo fe y razón en un lenguaje común para cristianos, musulmanes y judíos."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figuras del Ars Magna de Ramon Llull. Estas ruedas combinatorias, eje del pensamiento luliano, representan la estructura lógica con la que Llull buscaba demostrar racionalmente la verdad universal, uniendo fe y razón en un lenguaje común para cristianos, musulmanes y judíos.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tras esa sacudida, emprendi&oacute; un peregrinaje inici&aacute;tico por santuarios como Santiago de Compostela y Rocamadour. Pas&oacute; meses entregado a la oraci&oacute;n, al silencio y a la meditaci&oacute;n. All&iacute; fue madurando su triple prop&oacute;sito, que &eacute;l consideraba divinamente inspirado: dise&ntilde;ar un sistema racional e infalible para dialogar con los infieles, escribir el mejor libro posible para erradicar todos los errores metaf&iacute;sicos y fundar escuelas donde formar a los misioneros del futuro.
    </p><p class="article-text">
        Cuando regres&oacute; a Mallorca, su entorno no comprendi&oacute; aquella ruptura radical. Su familia sufri&oacute; su ausencia y muchos de sus antiguos allegados lo tacharon de irresponsable. Llull fue, en efecto, un mal cabeza de familia, seg&uacute;n los c&aacute;nones de entonces (y quiz&aacute; tambi&eacute;n de ahora): antepuso su vocaci&oacute;n trascendente a cualquier deber dom&eacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Consciente de sus propias limitaciones, inici&oacute; un largo per&iacute;odo de estudio autodidacta y riguroso. Aprendi&oacute; lat&iacute;n con los monjes cistercienses de La Real y &aacute;rabe con un esclavo musulm&aacute;n al que compr&oacute; como maestro. Estudi&oacute; gram&aacute;tica, teolog&iacute;a, l&oacute;gica escol&aacute;stica e isl&aacute;mica. As&iacute; naci&oacute; no solo un converso, sino el arquitecto de una revoluci&oacute;n intelectual que anticip&oacute; la modernidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La iluminaci&oacute;n en Randa </strong></h2><p class="article-text">
        Ramon Llull se retiraba peri&oacute;dicamente al monte de Randa, en el coraz&oacute;n de Mallorca, donde pasaba largas temporadas entregado a la oraci&oacute;n y la contemplaci&oacute;n. En aquella soledad vivi&oacute; lo que llam&oacute; su &ldquo;segunda iluminaci&oacute;n&rdquo;. No fue un mensaje difuso, sino una revelaci&oacute;n concreta sobre c&oacute;mo servir a Dios. Comprendi&oacute; que deb&iacute;a crear un m&eacute;todo, un arte racional, para demostrar las verdades que ya hab&iacute;a empezado a plasmar en su vasto <em>Llibre de la contemplaci&oacute; en D&eacute;u</em> (ca. 1273&ndash;1274). No se trataba de predicar desde la autoridad, sino de convencer mediante la raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s innovador de su conversi&oacute;n no fue solo la renuncia a los placeres mundanos, sino el modo en que concibi&oacute; su nueva vocaci&oacute;n. No busc&oacute; refugio en la m&iacute;stica silenciosa ni en el retiro mon&aacute;stico. Llull quer&iacute;a comunicar, persuadir, dialogar. Rechaz&oacute; la violencia de los cruzados y la imposici&oacute;n de la fe por la fuerza. Su aspiraci&oacute;n era discutir con los infieles, no derrotarlos. Esa actitud marc&oacute; una de sus contribuciones &eacute;ticas m&aacute;s audaces. &ldquo;La conversi&oacute;n de Ramon Llull fue una revoluci&oacute;n silenciosa. Donde otros se retiraban, &eacute;l avanz&oacute;. Donde otros condenaban, &eacute;l quiso dialogar&rdquo;, afirma Maribel Ripoll Perell&oacute;, fil&oacute;loga y directora de la C&aacute;tedra Ramon Llull (UIB). 
    </p><p class="article-text">
        Su herramienta no ser&iacute;a la espada ni la autoridad eclesi&aacute;stica, sino la raz&oacute;n. Para ello desarroll&oacute; su Ars Magna, un sistema l&oacute;gico basado en la combinaci&oacute;n de conceptos fundamentales &mdash;bondad, grandeza, eternidad, sabidur&iacute;a, voluntad...&mdash; con los que, seg&uacute;n &eacute;l, pod&iacute;a demostrarse la verdad mediante argumentos necesarios. &ldquo;Llull no solo quer&iacute;a convencer: quer&iacute;a mostrar. Con sus figuras, daba una dimensi&oacute;n visual al razonamiento&rdquo;, explica Ripoll.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la soledad del monte de Randa, Llull recibió lo que él interpretó como una revelación: un método para demostrar racionalmente la verdad cristiana. Nació entonces su Ars Magna, sistema lógico de ruedas y combinaciones que aspiraba a hacer visible, comprensible y compartible el misterio divino</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Anthony Bonner, uno de sus principales estudiosos contempor&aacute;neos, lo expres&oacute; as&iacute;: &ldquo;El Arte de Ramon Llull es un sistema semi-mec&aacute;nico para organizar el pensamiento y, sobre todo, para estructurar los conceptos b&aacute;sicos de la fe, la religi&oacute;n y la filosof&iacute;a. Es como un primer ordenador&rdquo;. Por esta raz&oacute;n, muchos consideran a Llull un precursor de la inform&aacute;tica, ya que ide&oacute; un mecanismo combinatorio que, siglos despu&eacute;s, inspirar&iacute;a los fundamentos de la l&oacute;gica simb&oacute;lica y los lenguajes formales. En reconocimiento a ello, en 2001 los ingenieros inform&aacute;ticos de Espa&ntilde;a lo eligieron como su patr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero el Ars Magna no era, para Llull, un mero artificio intelectual o mec&aacute;nico. Era una v&iacute;a para amar a Dios con el entendimiento tanto como con el coraz&oacute;n. Su espiritualidad fue profundamente innovadora: fusion&oacute; contemplaci&oacute;n y l&oacute;gica, oraci&oacute;n y dial&eacute;ctica, teolog&iacute;a y ciencia. En textos m&iacute;sticos como el <em>Llibre d&rsquo;Amic e Amat</em>, se percibe esa uni&oacute;n entre raz&oacute;n amorosa y fe razonada: el Amado &mdash;Dios&mdash; es buscado tanto por el alma que ama como por el alma que piensa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No distinguía entre ciencia y teología, entre medicina y lógica, entre poesía y diplomacia. Donde otros veían enemigos, él veía interlocutores; donde otros imponían, él razonaba. Su vida fue una cruzada intelectual sin precedentes</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_50p_1120596.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_50p_1120596.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_75p_1120596.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_75p_1120596.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_default_1120596.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_default_1120596.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d309ce76-2a08-4a71-8401-4cd52463a5ee_source-aspect-ratio_default_1120596.jpg"
                    alt="Revelación, escritura y enseñanza: tres escenas narran la génesis del Ars Magna en el Puig de Randa. Una teofanía inicial da paso a la sistematización racional y, finalmente, a la transmisión pública del saber."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Revelación, escritura y enseñanza: tres escenas narran la génesis del Ars Magna en el Puig de Randa. Una teofanía inicial da paso a la sistematización racional y, finalmente, a la transmisión pública del saber.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Contacto con el sufismo</strong></h2><p class="article-text">
        El aprendizaje del &aacute;rabe, que Ramon Llull emprendi&oacute; con la ayuda de un esclavo musulm&aacute;n &mdash;cuya historia termin&oacute; en tragedia&mdash; fue mucho m&aacute;s que una decisi&oacute;n pr&aacute;ctica: fue un acto radical de desarme cultural. En una Europa que ve&iacute;a al islam como enemigo teol&oacute;gico y militar, Llull eligi&oacute; tratarlo como interlocutor. Aprender la lengua del Cor&aacute;n fue, en su tiempo, un gesto de rebeld&iacute;a espiritual.
    </p><p class="article-text">
        Gracias al &aacute;rabe, no solo pudo debatir con sabios musulmanes y acceder a sus textos filos&oacute;ficos y m&iacute;sticos, sino que se dej&oacute; afectar, en lo profundo, por sus ideas. El sufismo, con su &eacute;nfasis en el amor, la interioridad y la experiencia directa de Dios, dej&oacute; una huella perceptible en su pensamiento. Aunque no hay constancia de un v&iacute;nculo directo con Ibn Arabi, ambos respiraban el mismo clima intelectual de un Mediterr&aacute;neo mestizo, donde cristianos, jud&iacute;os y musulmanes compart&iacute;an lenguas, ciudades... y, a veces, intuiciones metaf&iacute;sicas.
    </p><p class="article-text">
        Ibn Arabi hablaba de la unidad del ser y de un Dios reflejado en toda existencia. Llull, desde su tradici&oacute;n cristiana, persegu&iacute;a algo similar: demostrar que todas las verdades convergen en Dios y que la raz&oacute;n amorosa pod&iacute;a tender puentes entre credos. As&iacute; se entrelazan &mdash;m&aacute;s all&aacute; del archivo&mdash; dos de las aventuras espirituales m&aacute;s audaces del Medievo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Al aprender árabe, Llull se abrió no solo a otra lengua, sino a otra cosmovisión. Su acercamiento al islam no fue desde la superioridad, sino desde el diálogo. Su pensamiento revela ecos del sufismo la unidad del ser, el amor como vía de conocimiento, y la convicción de que Dios se manifiesta en todas las formas. Llull tradujo ese misticismo en un lenguaje lógico para cruzar fronteras teológicas</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>El esclavo que le ense&ntilde;&oacute; a pensar en otra lengua</strong></h2><p class="article-text">
        Para aprender &aacute;rabe, Llull compr&oacute; un esclavo musulm&aacute;n que hab&iacute;a sido maestro. Quer&iacute;a comprender el islam desde dentro. Pero la convivencia termin&oacute; mal: el esclavo, desesperado, intent&oacute; matarlo, fue apresado y se suicid&oacute; en prisi&oacute;n. El episodio ilustra la intensidad de ese encuentro entre mundos.
    </p><p class="article-text">
        Aprender la lengua del &ldquo;otro&rdquo; no era habitual; implicaba abrirse a su visi&oacute;n del mundo. &ldquo;Llull aprendi&oacute; &aacute;rabe para pensar con el otro. Su decisi&oacute;n no fue ret&oacute;rica: fue pol&iacute;tica, espiritual y radicalmente moderna&rdquo;, afirma Maribel Ripoll.
    </p><p class="article-text">
        Llull fue un puente viviente entre disciplinas, lenguas y culturas. &ldquo;Un curioso intelectual&rdquo;, como lo defini&oacute; Antoni T&agrave;pies, interesado tanto en lo sagrado como en lo cotidiano. Te&oacute;logo, l&oacute;gico, poeta, m&eacute;dico, astr&oacute;nomo, jurista... su mirada era totalizadora.
    </p><p class="article-text">
        Mientras se proyectaba hacia Par&iacute;s, T&uacute;nez o Jerusal&eacute;n, su ruptura con el mundo cortesano era definitiva. Su esposa lo denunci&oacute; ante el alcalde de Ciutat &mdash;Palma&mdash; por desatender sus deberes y patrimonio. No solo renunci&oacute; a sus privilegios: tambi&eacute;n fue visto como mal esposo y padre. Pero Llull ya hab&iacute;a elegido otro camino, guiado por una vocaci&oacute;n absoluta. Raimon Panikkar lo resumi&oacute; con lucidez: &ldquo;Ramon Llull fue un &lsquo;foll&rsquo; &mdash;un loco. Pero, &iquest;qu&eacute; significa loco? En este caso, aquel que no piensa en s&iacute; mismo, sino que se vuelca por completo hacia el otro&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La evoluci&oacute;n de Miramar</strong></h2><p class="article-text">
        La escuela de Miramar, fundada en 1276 por Ramon Llull con el apoyo del rey Jaume II de Mallorca, fue un proyecto pionero en la historia del cristianismo. Por primera vez, se institucionalizaba una formaci&oacute;n misionera basada no en el dogma, sino en el conocimiento del &aacute;rabe y en el di&aacute;logo razonado. Llull no aspiraba a formar inquisidores, sino ap&oacute;stoles del entendimiento: hombres capaces de hablar con jud&iacute;os y musulmanes en su lengua, y de argumentar con raz&oacute;n y respeto. Se adelant&oacute; siglos al ideal de un cristianismo plural, dial&oacute;gico y abierto al otro.
    </p><p class="article-text">
        Durante sus primeros a&ntilde;os, Miramar fue un centro pedag&oacute;gico sin igual: una escuela intercultural en la frontera viva del Mediterr&aacute;neo medieval. Pero el desinter&eacute;s institucional, la falta de financiaci&oacute;n y los cambios pol&iacute;ticos precipitaron su declive. A finales del siglo XIII, ces&oacute; como escuela misionera y pas&oacute; a manos del monasterio cisterciense de La Real.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con la fundación del Estudio de Miramar, Llull institucionalizó su visión: formar misioneros preparados para el diálogo razonado con otras religiones. Aunque la escuela decayó al poco tiempo, hecho que decepcionó profundamente a Llull</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Siglos m&aacute;s tarde, en el XIX, el archiduque Luis Salvador de Austria redescubri&oacute; el lugar y lo restaur&oacute;, devolvi&eacute;ndole su dimensi&oacute;n simb&oacute;lica. Hoy, Miramar sigue en pie, suspendida entre olivos y acantilados frente al mar, como un espacio de contemplaci&oacute;n donde a&uacute;n resuena el sue&ntilde;o de Llull: unir fe y raz&oacute;n, lenguas y pueblos en nombre del conocimiento compartido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5c4b6445-b1b1-4cac-8f3e-d4946ee7fe43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Na Foradada desde las inmediaciones del Monasterio de Miramar. Serra de Tramuntana."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Na Foradada desde las inmediaciones del Monasterio de Miramar. Serra de Tramuntana.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El Quijote mallorqu&iacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        La espiritualidad de Ramon Llull desaf&iacute;a cualquier etiqueta. No fue monje, ni escol&aacute;stico, ni reformador institucional. Fue un pensador errante, un agitador del esp&iacute;ritu, alguien que entendi&oacute; la conversi&oacute;n no como punto de llegada, sino como camino sin descanso. Su Dios no exig&iacute;a retiro, sino presencia l&uacute;cida en el mundo: salir a argumentar, amar con inteligencia y actuar con sentido.
    </p><p class="article-text">
        En Randa naci&oacute; no solo un m&iacute;stico, sino un nuevo modelo de intelectual cristiano: el que une raz&oacute;n y fe, lenguaje y amor, contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n. Desde all&iacute; parti&oacute; Llull &mdash;el &ldquo;juglar de Dios&rdquo;&mdash; en su cruzada de palabras, buscando no vencer, sino convencer, en un mundo dividido por credos y espadas. Harold Bloom lo expres&oacute; as&iacute;: &ldquo;Solo Cervantes habr&iacute;a podido crear la vida de Llull como ficci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Ramon Llull fue, en cierto modo, un Quijote anterior a su tiempo. Un loco l&uacute;cido, un visionario riguroso, un genio radical que so&ntilde;&oacute; con convertir el Mediterr&aacute;neo en un espacio de di&aacute;logo. Su vida fue m&aacute;s que una obra inmensa, fue una apuesta vital por la palabra como puente y como forma de redenci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/ramon-llull-genio-mediterraneo/ramon-llull-quijote-mistico-sono-transformar-mediterraneo_132_12415809.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2025 00:35:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" length="38988" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" type="image/jpeg" fileSize="38988" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ramon Llull, el Quijote místico que soñó con transformar el Mediterráneo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/332cbb9e-12d0-48fb-9193-1b034c466c24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x175y252.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Filosofía,Mallorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramon Llull, el geni mediterrani que va crear 'l'algoritme de Déu' i va unir totes les ciències]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/ramon-llull-geni-mediterrani-crear-l-algoritme-deu-i-unir-totes-les-ciencies_1_12373325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" width="928" height="522" alt="Ramon Llull, el geni mediterrani que va crear &#039;l&#039;algoritme de Déu&#039; i va unir totes les ciències"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquest franciscà laic, que a més va ser poeta, lògic i místic, va crear l'Ars Magna, un sistema que va anticipar la lògica computacional i va ser precursor de la Intel·ligència Artificial</p><p class="subtitle">Entrevista inèdita amb Cristóbal Serra, 12 anys després de la seva mort: “La civilització moderna està destinada a anar-se'n en orris”</p></div><p class="article-text">
        Nascut en una illa conquerida per la creu, visqu&eacute; entre tres lleng&uuml;es i somi&agrave; amb un llenguatge universal. Fou cortes&agrave; abans que m&iacute;stic, programador abans que exist&iacute;s la inform&agrave;tica, fil&ograve;sof abans que la universitat reconegu&eacute;s el seu geni. Ramon Llull (1232&ndash;1316) &eacute;s, per damunt de tot, un desafiament a les categories. Fou moltes coses alhora &mdash;te&ograve;leg, l&ograve;gic, poeta, cient&iacute;fic, missioner, diplom&agrave;tic&mdash; per&ograve; mai nom&eacute;s una. En una Europa de dogmes i fronteres, conceb&eacute; el coneixement com un pont.
    </p><p class="article-text">
        En un temps en qu&egrave; pensar era repetir, ell s&rsquo;atrev&iacute; a combinar. Invent&agrave; un sistema que transformava atributs divins en arguments racionals. El batej&agrave; com <em>Ars Magna</em>, i el propos&agrave; com una eina universal per demostrar la veritat mitjan&ccedil;ant la ra&oacute;. Amb ella volia conv&egrave;ncer cristians, jueus i musulmans, no amb l&rsquo;espasa ni amb l&rsquo;autoritat, sin&oacute; amb la intel&middot;lig&egrave;ncia compartida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Admir Ramon Llull i Juan de Herrera, perqu&egrave; s&oacute;n els &eacute;ssers m&eacute;s extremadament exagerats que conec&rdquo;, digu&eacute; Salvador Dal&iacute;, que l&rsquo;interpret&agrave; com pocs: no com un beat anacr&ograve;nic, sin&oacute; com un arquitecte de mons. Com Herrera amb l&rsquo;Escorial, Llull disseny&agrave; el seu propi monestir interior: una obra total on convivien la l&ograve;gica, la fe, la m&uacute;sica, l&rsquo;astronomia i l&rsquo;amor div&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Fou creador d&rsquo;una obra oce&agrave;nica en catal&agrave;, llat&iacute; i &agrave;rab. Elev&agrave; la llengua catalana al rang filos&ograve;fic, fou el primer europeu que escrigu&eacute; tractats teol&ograve;gics en &agrave;rab i empr&agrave; el llat&iacute; com a clau d&rsquo;acc&eacute;s al debat escol&agrave;stic. Fund&agrave; la literatura catalana, per&ograve; tamb&eacute; la diplom&agrave;cia intercultural. El seu <em>Llibre de meravelles</em> (1288), el <em>Blanquerna</em> (c. 1283) o el <em>Llibre d&rsquo;amic e amat</em> (incl&ograve;s a <em>Blanquerna</em>, c. 1283) no s&oacute;n nom&eacute;s joies liter&agrave;ries: s&oacute;n manifestos d&rsquo;una nova manera d&rsquo;entendre el saber com a cam&iacute; interior i exercici de ra&oacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Llull fou poeta, lògic, místic i científic alhora. Inventà un sistema per pensar l’absolut i escrigué en tres llengües per parlar amb el món</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/entrevista-inedita-amb-cristobal-serra-12-anys-despres-seva-mort-civilitzacio-moderna-destinada-anar-n-orris_1_11629904.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">L&rsquo;escriptor mallorqu&iacute; Crist&ograve;fol Serra</a> el descrigu&eacute; com &ldquo;un home inquiet, amb una intel&middot;lig&egrave;ncia prodigiosa i una imaginaci&oacute; desbordant&rdquo;, i denunci&agrave; l&rsquo;oblit parcial del seu llegat: &ldquo;L&rsquo;han redu&iuml;t a un autor de llibres religiosos en catal&agrave;, per&ograve; es margina la seva obra en llat&iacute;, que, per la seva dificultat, quasi ning&uacute; no ha llegit&rdquo;. El llegat de Llull &mdash;amb m&eacute;s de 280 t&iacute;tols conservats&mdash; abasta des de tractats de m&iacute;stica fins a manuals pedag&ograve;gics, des d&rsquo;utopies novel&middot;lades fins a diagrames algor&iacute;tmics. No cercava acumular saber, sin&oacute; ordenar-lo. I no per a uns pocs, sin&oacute; per a tothom: per a savis i pagesos, per a infidels i cristians, per al m&oacute;n sencer.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_50p_1119562.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_50p_1119562.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_75p_1119562.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_75p_1119562.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_default_1119562.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_default_1119562.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_default_1119562.jpg"
                    alt="Miniatura I. Breviculum de Thomas Le Myésier, deixeble directe de Llull. Ramon Llull apareix amb calvície frontal, cabell caigut, barba curta i encara vestit com un noble cortesà: capa, jupa interior i sabates de classe alta."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Miniatura I. Breviculum de Thomas Le Myésier, deixeble directe de Llull. Ramon Llull apareix amb calvície frontal, cabell caigut, barba curta i encara vestit com un noble cortesà: capa, jupa interior i sabates de classe alta.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>La forja d&rsquo;un pensament de frontera</strong></h3><p class="article-text">
        A Ramon Llull no el model&agrave; nom&eacute;s la fe ni la filosofia, sin&oacute; el territori. Nascut i crescut en una illa dividida, conquerida i reconfigurada: la Mallorca del segle XIII, escenari de tensions entre el passat isl&agrave;mic i el nou ordre cristi&agrave; imposat per Jaume I. Una illa que no nom&eacute;s canvi&agrave; de mans, sin&oacute; de llengua, de lleis i de lit&uacute;rgies.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1229 i 1231, l&rsquo;antiga <em>Madina Mayurqa</em> fou presa per la Corona d&rsquo;Arag&oacute; i rebatejada com a Ciutat de Mallorca. Per&ograve; la cultura isl&agrave;mica no desaparegu&eacute;: persist&iacute; en les veus dels esclaus que encara pregaven d&rsquo;amagat cap a la Meca. El jove Llull es cri&agrave; enmig d&rsquo;aquest encreuament: una Mallorca triling&uuml;e, conflictiva i f&egrave;rtil, habitada per catalans, jueus i mud&egrave;jars. &ldquo;Llull escrigu&eacute; en catal&agrave;, en &agrave;rab i en llat&iacute; [...] per fer arribar el seu missatge no sols a papes i reis, sin&oacute; tamb&eacute; a mercaders, dones i artesans&rdquo;, afirma Maribel Ripoll Perell&oacute;, fil&ograve;loga i directora de la C&agrave;tedra Ramon Llull a la Universitat de les Illes Balears.
    </p><p class="article-text">
        Mallorca no era un rac&oacute; perif&egrave;ric, sin&oacute; un node estrat&egrave;gic de la Mediterr&agrave;nia. Des dels seus ports sortien naus cap a Marsella, G&egrave;nova, Tunis o Bugia. Hi circulaven mercaderies, per&ograve; tamb&eacute; c&ograve;dexs, mapes i cosmogonies. S&rsquo;estima que dos ter&ccedil;os del tr&agrave;nsit mar&iacute;tim de l&rsquo;illa tenia com a destinaci&oacute; el nord d&rsquo;&Agrave;frica. L&rsquo;islam era a prop &mdash;f&iacute;sicament, comercialment i espiritualment&mdash; i per a Llull no fou una amena&ccedil;a, sin&oacute; una interpel&middot;laci&oacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mallorca, trilingüe i multicultural després de la conquesta cristiana, forjà la seva vocació universal i la seva decisió radical de dialogar amb l’altre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Llull entengu&eacute; que parlar la llengua de l&rsquo;altre era pensar amb ell. Per aix&ograve; no es limit&agrave; al llat&iacute;. Aprengu&eacute; &agrave;rab per debatre amb musulmans i escrigu&eacute; en catal&agrave; per arribar al poble pla. La seva elecci&oacute; triling&uuml;e no fou ret&ograve;rica: fou pol&iacute;tica i amb la intenci&oacute; de segmentar la seva audi&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Aquest contacte quotidi&agrave; amb la difer&egrave;ncia fou, probablement, la llavor de la seva vocaci&oacute; universalista. Des de ben prest se sent&iacute; impel&middot;lit a dialogar amb l&rsquo;altre, no a silenciar-lo. A raonar amb ell, no a convertir-lo per la for&ccedil;a. &ldquo;Llull fou m&iacute;stic i racional alhora. Des de la contemplaci&oacute; de D&eacute;u com a creador, cercava un m&egrave;tode efica&ccedil; per con&egrave;ixer la realitat creada&rdquo;, confirma Ripoll.
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute;, en la cru&iuml;lla de rutes i religions, comen&ccedil;&agrave; a gestar-se el Llull que segles despr&eacute;s seria reconegut com un pensador total: un home fet de contrastos, que tri&agrave; comprendre abans que imposar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Manuscrit autògraf de Ramon Llull. Document en català medieval, redactat de puny i lletra pel mateix Llull. Es conserva a la Biblioteca Nacional d’Espanya (Ministeri de Cultura). És una de les poques peces originals que testimonien la seva activitat escrita directa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Manuscrit autògraf de Ramon Llull. Document en català medieval, redactat de puny i lletra pel mateix Llull. Es conserva a la Biblioteca Nacional d’Espanya (Ministeri de Cultura). És una de les poques peces originals que testimonien la seva activitat escrita directa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>Cortes&agrave;, convers, savi i missioner</strong></h3><p class="article-text">
        Abans de convertir-se en fil&ograve;sof i visionari, Ramon Llull fou cortes&agrave;, poeta trobadoresc i home de plaers. Es movia entre els fastos de la cort de l&rsquo;infant Jaume II de Mallorca com a senescal, componia versos amorosos i gaudia d&rsquo;una posici&oacute; privilegiada. Era mund&agrave;, culte i molt intel&middot;ligent.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; alguna cosa es trenc&agrave;. Cap als trenta anys, segons narraria m&eacute;s tard en la seva autobiografia dictada a la cartoixa parisenca de Vauvert, Crist crucificat se li aparegu&eacute; cinc vegades (<em>Vita Coetanea</em>, 1311). Aquell esdeveniment no fou una met&agrave;fora, sin&oacute; una experi&egrave;ncia radical que alter&agrave; el curs de la seva vida. Renunci&agrave; als seus c&agrave;rrecs i b&eacute;ns, repart&iacute; la seva fortuna entre la seva esposa Blanca Picany i els seus fills, i es retir&agrave; al puig de Randa a cercar silenci i sentit.
    </p><p class="article-text">
        All&agrave; hi tengu&eacute; el que ell mateix anomen&agrave; &ldquo;la il&middot;luminaci&oacute;&rdquo;. La conseq&uuml;&egrave;ncia no fou una fugida del m&oacute;n, sin&oacute; un projecte: crear un m&egrave;tode racional per demostrar la veritat, v&agrave;lid en qualsevol llengua, per a qualsevol ment. Aix&iacute; nasqu&eacute; l&rsquo;<em>Ars Magna</em>. Per a Maribel, &ldquo;la conversi&oacute; de Ramon s&rsquo;ha d&rsquo;entendre en el seu context. La visi&oacute; del Crist crucificat i la il&middot;luminaci&oacute; de Randa poden llegir-se com una epifania personal, per&ograve; tamb&eacute; com un recurs per legitimar un sistema nou i radical.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Des d&rsquo;aleshores, la seva vida fou una missi&oacute;. No ingress&agrave; mai en cap orde, per&ograve; visqu&eacute; com un francisc&agrave; laic, entregat a la pobresa evang&egrave;lica, l&rsquo;escriptura incansable i el viatge incessant. El seu cos recorria camins mentre la seva ment constru&iuml;a sistemes. No cercava una fe cega, sin&oacute; comprensi&oacute; l&uacute;cida. Volia conv&egrave;ncer, no v&egrave;ncer.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Després d’una conversió fulminant, deixà la cort per lliurar-se a una vida d’escriptura, pobresa i raó al servei de la fe</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_50p_1119558.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_50p_1119558.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_75p_1119558.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_75p_1119558.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_default_1119558.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_default_1119558.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_default_1119558.jpg"
                    alt="Miniatura II. Breviculum de Thomas Le Myésier, deixeble directe de Llull. Llull, vestit de vermell —símbol del seu passat noble—, rep un hàbit auster de mans d’un bisbe (probablement de Mallorca). L’escena es desenvolupa davant un grup de testimonis: alguns l’observen amb sorpresa, altres amb reverència."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Miniatura II. Breviculum de Thomas Le Myésier, deixeble directe de Llull. Llull, vestit de vermell —símbol del seu passat noble—, rep un hàbit auster de mans d’un bisbe (probablement de Mallorca). L’escena es desenvolupa davant un grup de testimonis: alguns l’observen amb sorpresa, altres amb reverència.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>Pensador total</strong></h3><p class="article-text">
        Ramon Llull no volgu&eacute; simplement con&egrave;ixer-ho tot: volgu&eacute; connectar-ho tot. En un m&oacute;n on el saber estava dividit &mdash;la teologia d&rsquo;una banda, la filosofia de l&rsquo;altra, i la ci&egrave;ncia relegada als marges&mdash; ell somi&agrave; amb un sistema unificat, una arquitectura del pensament on les branques del coneixement brotassin d&rsquo;un mateix tronc.
    </p><p class="article-text">
        Fou, en el sentit m&eacute;s radical i rigor&oacute;s, un pensador total. Escrigu&eacute; m&eacute;s de 280 obres en catal&agrave;, llat&iacute; i &agrave;rab. Cada una era un engranatge del seu aparell intel&middot;lectual. A <em>El llibre de contemplaci&oacute; en D&eacute;u</em> (1271&ndash;1274) desplega una teologia m&iacute;stica monumental. A <em>Blanquerna</em> (c. 1283), novel&middot;la filos&ograve;fica i social, imagina una societat ideal guiada per la virtut. A <em>El llibre de l&rsquo;amic i l&rsquo;amat</em> (c. 1283), incl&ograve;s com a ap&egrave;ndix contemplatiu de <em>Blanquerna</em>, condensa l&rsquo;experi&egrave;ncia de l&rsquo;&agrave;nima amb una intensitat po&egrave;tica que anticipa sant Joan de la Creu. I a <em>L&rsquo;arbre de la ci&egrave;ncia</em> (1295&ndash;1296), dissenya una classificaci&oacute; org&agrave;nica del saber hum&agrave;, com un bosc estructurat per jerarquies de conceptes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La seva obra comprèn més de 280 títols. Uní teologia, ciència, literatura i lògica en un sistema coherent i visual del coneixement</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el cor d&rsquo;aquest univers es troba l&rsquo;<em>Ars Magna</em>: una m&agrave;quina l&ograve;gica que combinava nocions essencials (bondat, saviesa, gl&ograve;ria, just&iacute;cia...) per deduir conclusions mitjan&ccedil;ant figures m&ograve;bils. Fou un intent de formalitzar el pensament hum&agrave; abans de la l&ograve;gica simb&ograve;lica. Una mena d&rsquo;&agrave;lgebra de l&rsquo;absolut. &ldquo;Llull crea un sistema per relacionar veritats a partir d&rsquo;uns principis absoluts. La seva capacitat per posar en di&agrave;leg conceptes el fa radicalment modern. Amb les seves figures, donava una dimensi&oacute; visual al raonament&rdquo;, afirma Ripoll.
    </p><p class="article-text">
        La seva l&ograve;gica no exclo&iuml;a la fe: l&rsquo;afinava. En Llull, pensar era pregar. Ordenar conceptes, un acte d&rsquo;amor. Per aix&ograve; el seu sistema combinava geometria i passi&oacute;, rigor i contemplaci&oacute;. No era un escol&agrave;stic convencional, ni un m&iacute;stic sense m&egrave;tode: era ambdues coses alhora. A m&eacute;s, Llull no fou un pensador a&iuml;llat. Recorregu&eacute; universitats, biblioteques, monestirs i palaus cercant interlocutors. Enseny&agrave;, dict&agrave;, discut&iacute;. Lluit&agrave; perqu&egrave; la seva obra no qued&agrave;s sepultada en arxius, sin&oacute; que circul&agrave;s, s&rsquo;enseny&agrave;s i es compart&iacute;s. El seu pensament no volia romandre a la perif&egrave;ria: volia habitar el centre del m&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x186y81.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x186y81.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x186y81.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x186y81.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x186y81.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x186y81.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x186y81.jpg"
                    alt="Retrat de Ramon Llull per Ricard Anckermann (Palma, 1842 – Palma, 1907), ca. 1870. El pintor mallorquí captà amb força l&#039;arrobament místic de Llull, en una imatge que el consagra com a figura visionària i transcendent."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Retrat de Ramon Llull per Ricard Anckermann (Palma, 1842 – Palma, 1907), ca. 1870. El pintor mallorquí captà amb força l&#039;arrobament místic de Llull, en una imatge que el consagra com a figura visionària i transcendent.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>Viatger incansable</strong></h3><p class="article-text">
        L&rsquo;obra de Ramon Llull no va n&eacute;ixer dins una cel&middot;la ni en un escriptori fix. Va n&eacute;ixer en tr&agrave;nsit. Fou un pensador errant, un intel&middot;lectual del cam&iacute;. Per a ell, pensar era tamb&eacute; despla&ccedil;ar-se: posar el cos en la incertesa i la ment en el di&agrave;leg.
    </p><p class="article-text">
        Recorregu&eacute; la Mediterr&agrave;nia com un monjo sense h&agrave;bit per&ograve; amb m&egrave;tode. Viatj&agrave; a Par&iacute;s, capital del saber escol&agrave;stic, on s&rsquo;enfront&agrave; a l&rsquo;aristotelisme dominant i defens&agrave; la seva <em>Ars Magna</em> davant doctors de la Sorbona.
    </p><p class="article-text">
        A Montpeller trob&agrave; o&iuml;des atentes entre metges i te&ograve;legs. A Roma apel&middot;l&agrave; al papat per fundar escoles triling&uuml;es. A G&egrave;nova, N&agrave;pols, Pisa i Viena cerc&agrave; mecenes i deixebles. Per&ograve; fou al nord d&rsquo;&Agrave;frica &mdash;a Bugia, Tunis i potser Alexandria&mdash; on la seva aposta assol&iacute; la m&agrave;xima intensitat: parl&agrave; en &agrave;rab, debat&eacute; en p&uacute;blic, fou empresonat&hellip; i torn&agrave;.
    </p><p class="article-text">
        Llull no temia el conflicte. Entenia que el pensament nom&eacute;s t&eacute; valor si se sotmet a prova. Portava amb ell pergamins, rodes l&ograve;giques, taules combinat&ograve;ries&hellip; i la convicci&oacute; que la ra&oacute; podia ser m&eacute;s poderosa que qualsevol ex&egrave;rcit.
    </p><p class="article-text">
        Fins a una edat molt avan&ccedil;ada &mdash;m&eacute;s enll&agrave; dels vuitanta anys&mdash; continu&agrave; embarcant-se cap a ports hostils amb la intenci&oacute; de persuadir. El seu objectiu no era la vict&ograve;ria doctrinal, sin&oacute; l&rsquo;entesa. La Mediterr&agrave;nia no era per a ell un mur, sin&oacute; una aula immensa. Un espai on l&rsquo;altre no era enemic, sin&oacute; interlocutor.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recorregué Europa i el nord d’Àfrica per ensenyar, debatre i convèncer. Viatjà fins al final de la seva vida portant el seu sistema pertot</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Precursor de la intel&middot;lig&egrave;ncia artificial</strong></h3><p class="article-text">
        Molt abans que existissin ordinadors, algorismes o xarxes neuronals, Ramon Llull conceb&iacute; una m&agrave;quina del pensament. La seva <em>Ars Magna</em>, ideada al segle XIII, no era una met&agrave;fora: era un sistema l&ograve;gic, combinatori i visual amb el qual aspirava a demostrar les veritats universals mitjan&ccedil;ant la ra&oacute;. Rodes m&ograve;bils, lletres, taules, principis absoluts&hellip; Tot articulat amb precisi&oacute; per produir conclusions irrefutables. Fou el primer algorisme filos&ograve;fic de la hist&ograve;ria.
    </p><p class="article-text">
        No cre&agrave; el seu sistema per impressionar te&ograve;legs, sin&oacute; per dialogar amb el m&oacute;n. Amb cristians, musulmans i jueus. Volia que la veritat no s&rsquo;impos&agrave;s des d&rsquo;una autoritat indiscutible, sin&oacute; que pogu&eacute;s comprendre&rsquo;s des de la ra&oacute; compartida. El seu somni era tan agosarat com meticul&oacute;s: construir un llenguatge com&uacute; capa&ccedil; de superar barreres religioses, culturals i l&ograve;giques. El semi&ograve;leg i novel&middot;lista itali&agrave; Umberto Eco ho express&agrave; aix&iacute;: &ldquo;Llull, amb la seva <em>Ars Magna</em>, ofer&iacute; una de les primeres temptatives de formalitzaci&oacute; del pensament, anticipant aspectes fonamentals de la semi&ograve;tica moderna&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-Opmb-mU-KPI-4664', 'youtube', 'Opmb-mU-KPI', document.getElementById('yt-Opmb-mU-KPI-4664'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-Opmb-mU-KPI-4664 src="https://www.youtube.com/embed/Opmb-mU-KPI?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        El m&uacute;sic i compositor mallorqu&iacute; Joan Valent, que actualment prepara l&rsquo;&ograve;pera <em>Lo Foll</em>, dedicada a Ramon Llull, ha aprofundit en la seva obra i pensament. Despr&eacute;s d&rsquo;aquest estudi, veu en Llull una figura de pot&egrave;ncia contempor&agrave;nia encara insuficientment reconeguda: &ldquo;Les figures de l&rsquo;<em>Ars Magna</em> s&oacute;n el primer algorisme que ha documentat el m&oacute;n. &Eacute;s un algorisme que li don&agrave; D&eacute;u. Llull no &eacute;s passat. &Eacute;s futur. I &eacute;s un futur que ja ha arribat&rdquo;. I afegeix: &ldquo;&Eacute;s un personatge que ho mereix tot. &Eacute;s molt poc conegut. Nom&eacute;s se&rsquo;l reconeix per la llengua o la religi&oacute;, per&ograve; &eacute;s molt m&eacute;s que aix&ograve;&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La seva Ars Magna anticipà la lògica computacional. Fou precursor de la IA, de la semiótica moderna i del somni d’un llenguatge universal</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Les quatre figures de l’Ars brevis de Ramon Llull. Aquest diagrama mostra les cèlebres figures combinatòries del sistema lògic lul·lià: cercles mòbils, lletres simbòliques i estructures relacionals dissenyades per demostrar racionalment les veritats universals."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Les quatre figures de l’Ars brevis de Ramon Llull. Aquest diagrama mostra les cèlebres figures combinatòries del sistema lògic lul·lià: cercles mòbils, lletres simbòliques i estructures relacionals dissenyades per demostrar racionalment les veritats universals.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Llull, visionari i estructurador d&rsquo;idees, anticip&agrave; un model de pensament sistem&agrave;tic que avui s&rsquo;estudia en la intersecci&oacute; entre filosofia, semi&ograve;tica, computaci&oacute; simb&ograve;lica i di&agrave;leg intercultural.
    </p><p class="article-text">
        La seva influ&egrave;ncia, encara que parcialment oblidada durant segles, ressorg&iacute; en els fonaments del pensament modern. Inspir&agrave; Giordano Bruno. Anticip&agrave; la idea d&rsquo;un llenguatge formal en Leibniz. Avui, la seva obra s&rsquo;estudia en contextos que ell mai no hagu&eacute;s imaginat: teoria de sistemes, intel&middot;lig&egrave;ncia artificial simb&ograve;lica, semi&ograve;tica digital. Ho deix&agrave; escrit l&rsquo;escriptor argent&iacute; Jorge Luis Borges, amb una certa ironia: &ldquo;Raimund Luli invent&agrave; a la fi del segle XIII la m&agrave;quina de pensar. [...] La seva famosa inutilitat no disminueix el seu inter&egrave;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Llull no volia calcular. Volia fer intel&middot;ligible l&rsquo;absolut. La seva l&ograve;gica no era una eina de control, sin&oacute; de comuni&oacute;. El seu sistema no redu&iuml;a el misteri: l&rsquo;ordenava amb amor. Fou, en definitiva, un alquimista del pensament. I el seu llegat, lluny d&rsquo;esgotar-se en la hist&ograve;ria, continua interpel&middot;lant els desafiaments del present.
    </p><p class="article-text">
        Si alguna cosa ens recorda Ramon Llull, des del seu segle i la seva illa, &eacute;s que raonar no &eacute;s nom&eacute;s un exercici t&egrave;cnic. Tamb&eacute; &eacute;s una forma d&rsquo;estimar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/ramon-llull-geni-mediterrani-crear-l-algoritme-deu-i-unir-totes-les-ciencies_1_12373325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Jun 2025 06:10:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" length="247261" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" type="image/jpeg" fileSize="247261" width="928" height="522"/>
      <media:title><![CDATA[Ramon Llull, el geni mediterrani que va crear 'l'algoritme de Déu' i va unir totes les ciències]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" width="928" height="522"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Mallorca,Filosofía,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramon Llull, el genio mediterráneo que creó 'el algoritmo de Dios' y unió todas las ciencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cultura/ramon-llull-vida-ciencias_1_12371307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" width="928" height="522" alt="Ramon Llull, el genio mediterráneo que creó &#039;el algoritmo de Dios&#039; y unió todas las ciencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este franciscano laico, que además fue poeta, lógico y místico, creó el Ars Magna, un sistema que anticipó la lógica computacional y fue precursor de la Inteligencia Artificial</p><p class="subtitle">Entrevista inédita con Cristóbal Serra, a los 12 años de su muerte: “La civilización moderna está destinada a irse al garete”</p></div><p class="article-text">
        Naci&oacute; en una isla conquistada por la cruz, vivi&oacute; entre tres lenguas y so&ntilde;&oacute; con un lenguaje universal. Fue cortesano antes que m&iacute;stico, programador antes de que existiera la inform&aacute;tica, fil&oacute;sofo antes de que la universidad reconociera su genio. Ramon Llull (Palma, 1232&ndash;1316) es, ante todo, un desaf&iacute;o a las categor&iacute;as. Fue muchas cosas a la vez &mdash;te&oacute;logo, l&oacute;gico, poeta, cient&iacute;fico, misionero, diplom&aacute;tico&mdash; pero nunca fue solo una. En una Europa de dogmas y fronteras, pens&oacute; el conocimiento como un puente.
    </p><p class="article-text">
        En un tiempo en que pensar era repetir, &eacute;l se atrevi&oacute; a combinar. Invent&oacute; un sistema que transformaba atributos divinos en argumentos racionales. Lo llam&oacute; <em>Ars Magna</em> y lo propuso como herramienta universal para demostrar la verdad por medio de la raz&oacute;n. Con ella quer&iacute;a convencer a cristianos, jud&iacute;os y musulmanes, no con la espada ni con la autoridad, sino con la inteligencia compartida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Admiro a Ramon Llull y a Juan de Herrera porque son los seres m&aacute;s extremadamente exagerados que conozco&rdquo;, dijo Salvador Dal&iacute;, que lo entendi&oacute; como pocos: no como un beato anacr&oacute;nico, sino como un arquitecto de mundos. Como Herrera con El Escorial, Llull dise&ntilde;&oacute; su propio monasterio interior: una obra total donde conviv&iacute;an la l&oacute;gica, la fe, la m&uacute;sica, la astronom&iacute;a y el amor divino.
    </p><p class="article-text">
        Fue creador de una obra oce&aacute;nica en catal&aacute;n, lat&iacute;n y &aacute;rabe. Elev&oacute; la lengua catalana al rango filos&oacute;fico, fue el primer europeo en escribir tratados teol&oacute;gicos en &aacute;rabe y emple&oacute; el lat&iacute;n como llave de acceso al debate escol&aacute;stico. Fund&oacute; la literatura catalana, pero tambi&eacute;n la diplomacia intercultural. Su <em>Llibre de meravelles</em> (1288), su <em>Blanquerna</em> (c. 1283) o el <em>Llibre d&rsquo;amic e amat</em> (incluido en <em>Blanquerna</em>, c. 1283) no son solo joyas literarias: son manifiestos de una nueva forma de entender el saber como camino interior y ejercicio de raz&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Llull fue poeta, lógico, místico y científico a la vez. Inventó un sistema para pensar lo absoluto y escribió en tres lenguas para hablar con el mundo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/illes-balears/cultura/entrevista-inedita-cristobal-serra-12-anos-muerte-civilizacion-moderna-destinada-irse-garete_1_11627438.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El escritor mallorqu&iacute;n Crist&oacute;bal Serra</a> lo describi&oacute; como &ldquo;un hombre inquieto, con una inteligencia prodigiosa y una imaginaci&oacute;n desbordante&rdquo; y denunci&oacute; el olvido parcial de su legado: &ldquo;Lo han reducido a un autor de libros religiosos en catal&aacute;n, pero se margina su obra en lat&iacute;n, que, por su dificultad, casi nadie ha le&iacute;do&rdquo;, coment&oacute; en una entrevista ind&eacute;dita publicada por elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        El legado de Llull &mdash;con m&aacute;s de 280 t&iacute;tulos conservados&mdash; abarca desde tratados de m&iacute;stica hasta manuales pedag&oacute;gicos, desde utop&iacute;as noveladas hasta diagramas algor&iacute;tmicos. No buscaba acumular saber, sino ordenarlo. Y no para unos pocos, sino para todos: para sabios y campesinos, para infieles y cristianos, para el mundo entero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_50p_1119562.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_50p_1119562.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_75p_1119562.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_75p_1119562.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_default_1119562.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_default_1119562.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fac12d78-a62d-4b9c-8734-d3eafb0d8891_source-aspect-ratio_default_1119562.jpg"
                    alt="Miniatura I. Breviculum de Thomas Le Myésier, discípulo directo de Llull. Ramon Llull aparece con calvicie frontal, melena caída, barba corta y todavía vestido como noble cortesano: capa, chaleco interior y zapatos de alta clase."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Miniatura I. Breviculum de Thomas Le Myésier, discípulo directo de Llull. Ramon Llull aparece con calvicie frontal, melena caída, barba corta y todavía vestido como noble cortesano: capa, chaleco interior y zapatos de alta clase.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>La forja de un pensamiento fronterizo</strong></h3><p class="article-text">
        A Ramon Llull no lo molde&oacute; solo la fe ni la filosof&iacute;a, sino el territorio. Naci&oacute; y creci&oacute; en una isla dividida, conquistada y reconfigurada: la Mallorca del siglo XIII, escenario de tensiones entre el pasado isl&aacute;mico y el nuevo orden cristiano impuesto por Jaume I. Una isla que no solo cambi&oacute; de manos, sino de lengua, de leyes y de liturgias.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1229 y 1231, la antigua Madina Mayurqa fue tomada por la Corona de Arag&oacute;n y rebautizada como Ciutat de Mallorca. Sin embargo, la cultura isl&aacute;mica no desapareci&oacute;: persisti&oacute; en las voces de los esclavos que a&uacute;n rezaban clandestinamente hacia La Meca. El joven Llull se cri&oacute; en medio de este cruce: una Mallorca triling&uuml;e, conflictiva y f&eacute;rtil, habitada por catalanes, jud&iacute;os y mud&eacute;jares. &ldquo;Llull escribi&oacute; en catal&aacute;n, en &aacute;rabe y en lat&iacute;n [...] para hacer llegar su mensaje no solo a papas y reyes, sino tambi&eacute;n a mercaderes, mujeres y artesanos&rdquo;, afirma Maribel Ripoll Perell&oacute;, fil&oacute;loga y directora de la C&aacute;tedra Ramon Llull en la Universitat de les Illes Balears.
    </p><p class="article-text">
        Mallorca no era un rinc&oacute;n perif&eacute;rico, sino un nodo estrat&eacute;gico del Mediterr&aacute;neo. Desde sus puertos sal&iacute;an naves rumbo a Marsella, G&eacute;nova, T&uacute;nez o Bug&iacute;a. Circulaban mercanc&iacute;as, pero tambi&eacute;n c&oacute;dices, mapas y cosmolog&iacute;as. Se estima que dos tercios del tr&aacute;fico mar&iacute;timo de la isla ten&iacute;a como destino el norte de &Aacute;frica. El islam estaba cerca &mdash;f&iacute;sica, comercial y espiritualmente&mdash; y para Llull no fue una amenaza, sino una interpelaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mallorca, trilingüe y multicultural tras la conquista cristiana, forjó su vocación universal y su decisión radical de dialogar con el otro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Llull entendi&oacute; que hablar la lengua del otro era pensar con &eacute;l. Por eso no se limit&oacute; al lat&iacute;n. Aprendi&oacute; &aacute;rabe para debatir con musulmanes y escribi&oacute; en catal&aacute;n para llegar al pueblo llano. Su elecci&oacute;n triling&uuml;e no fue ret&oacute;rica: fue pol&iacute;tica y con la intenci&oacute;n de segmentar su audiencia.
    </p><p class="article-text">
        Ese contacto cotidiano con la diferencia fue, probablemente, la semilla de su vocaci&oacute;n universalista. Desde muy temprano se sinti&oacute; impelido a dialogar con el otro, no a silenciarlo. A razonar con &eacute;l, no a convertirlo por la fuerza. &ldquo;Llull fue m&iacute;stico y racional al mismo tiempo. Desde la contemplaci&oacute;n de Dios como creador, buscaba un m&eacute;todo eficaz para conocer la realidad creada&rdquo;, confirma Ripoll.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en el cruce de rutas y religiones, comenz&oacute; a gestarse el Llull que siglos despu&eacute;s ser&iacute;a reconocido como un pensador total: desde un hombre hecho de contrastes, que eligi&oacute; comprender antes que imponer.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1d3937bd-7e24-4d3b-8c73-533c1a260333_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Manuscrito autógrafo de Ramon Llull. Documento en catalán medieval, redactado de puño y letra por el propio Llull. Se conserva en la Biblioteca Nacional de España (Ministerio de Cultura). Es una de las escasas piezas originales que testimonian su actividad escrita directa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Manuscrito autógrafo de Ramon Llull. Documento en catalán medieval, redactado de puño y letra por el propio Llull. Se conserva en la Biblioteca Nacional de España (Ministerio de Cultura). Es una de las escasas piezas originales que testimonian su actividad escrita directa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>Cortesano, converso, sabio y misionero</strong></h3><p class="article-text">
        Antes de convertirse en fil&oacute;sofo y visionario, Ramon Llull fue cortesano, poeta trovadoresco y hombre de placeres. Se mov&iacute;a entre los fastos de la corte del infante Jaume II de Mallorca como senescal, compon&iacute;a versos amorosos y gozaba de una posici&oacute;n privilegiada. Era mundano, culto y muy inteligente.
    </p><p class="article-text">
        Pero algo se quebr&oacute;. Hacia los treinta a&ntilde;os, seg&uacute;n narrar&iacute;a m&aacute;s tarde en su autobiograf&iacute;a dictada en la cartuja parisina de Vauvert, tuvo la visi&oacute;n de que Cristo crucificado se le apareci&oacute; cinco veces (Vita Coet&agrave;nea, 1311). Aquel acontecimiento no fue una met&aacute;fora, sino una experiencia radical que alter&oacute; el curso de su vida. Renunci&oacute; a sus cargos y bienes, reparti&oacute; su fortuna entre su esposa Blanca Picany y sus hijos, y se retir&oacute; al monte de Randa en busca de silencio y sentido.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; tuvo lo que &eacute;l mismo llam&oacute; la &ldquo;iluminaci&oacute;n&rdquo;. La consecuencia no fue una huida del mundo, sino de un proyecto: crear un m&eacute;todo racional para demostrar la verdad, v&aacute;lido en cualquier lengua, para cualquier mente. As&iacute; naci&oacute; el <em>Ars Magna</em>. Para Maribel Ripoll,<em> </em>&ldquo;la conversi&oacute;n de Ramon debe entenderse en su contexto&rdquo;. &ldquo;La visi&oacute;n del Cristo crucificado y la iluminaci&oacute;n de Randa pueden leerse como una epifan&iacute;a personal, pero tambi&eacute;n como un recurso para legitimar un sistema nuevo y radical&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, su vida fue una misi&oacute;n. No ingres&oacute; nunca en una orden, pero vivi&oacute; como un franciscano laico, entregado a la pobreza evang&eacute;lica, la escritura incansable y el viaje incesante. Su cuerpo recorri&oacute; caminos mientras su mente constru&iacute;a sistemas. No buscaba fe ciega, sino comprensi&oacute;n l&uacute;cida. Quer&iacute;a convencer, no vencer.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tras una conversión fulminante, dejó la corte para entregarse a una vida de escritura, pobreza y razón al servicio de la fe</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_50p_1119558.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_50p_1119558.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_75p_1119558.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_75p_1119558.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_default_1119558.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_default_1119558.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c272621b-67d8-40a5-b40c-576532017321_source-aspect-ratio_default_1119558.jpg"
                    alt="Miniatura II. Breviculum de Thomas Le Myésier, discípulo directo de Llull. Llull, vestido de rojo —símbolo de su pasado noble—, recibe un hábito austero de manos de un obispo (probablemente de Mallorca). La escena transcurre ante un grupo de testigos: algunos lo observan con asombro, otros con reverencia."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Miniatura II. Breviculum de Thomas Le Myésier, discípulo directo de Llull. Llull, vestido de rojo —símbolo de su pasado noble—, recibe un hábito austero de manos de un obispo (probablemente de Mallorca). La escena transcurre ante un grupo de testigos: algunos lo observan con asombro, otros con reverencia.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>Pensador total</strong></h3><p class="article-text">
        Ramon Llull no quiso simplemente conocerlo todo: quiso conectarlo todo. En un mundo donde el saber estaba dividido &mdash;la teolog&iacute;a por un lado, la filosof&iacute;a por otro, y la ciencia relegada a los m&aacute;rgenes&mdash; &eacute;l so&ntilde;&oacute; con un sistema unificado, una arquitectura del pensamiento donde las ramas del conocimiento brotaran de un mismo tronco.
    </p><p class="article-text">
        Fue, en el sentido m&aacute;s radical y riguroso, un pensador total. Escribi&oacute; m&aacute;s de 280 obras en catal&aacute;n, lat&iacute;n y &aacute;rabe. Cada una era un engranaje de su maquinaria intelectual. En <em>El libro de contemplaci&oacute;n en Dios</em> (1271&ndash;1274) despliega una teolog&iacute;a m&iacute;stica monumental. En <em>Blanquerna</em> (c. 1283), novela filos&oacute;fica y social, imagina una sociedad ideal guiada por la virtud. En <em>El libro del amigo y el amado</em> (c. 1283), incluido como ap&eacute;ndice contemplativo de <em>Blanquerna</em>, condensa la experiencia del alma con una intensidad po&eacute;tica que anticipa a San Juan de la Cruz. Y en <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em> (1295&ndash;1296) dise&ntilde;a una clasificaci&oacute;n org&aacute;nica del saber humano, como un bosque estructurado por jerarqu&iacute;as de conceptos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Su obra abarca más de 280 títulos. Unió teología, ciencia, literatura y lógica en un sistema coherente y visual del conocimiento</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el coraz&oacute;n de ese universo se encuentra el <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/diario-turing/ramon-llull-ars-magna-pensantes_1_4508170.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ars Magna</a>: una m&aacute;quina l&oacute;gica que combinaba nociones esenciales (bondad, sabidur&iacute;a, gloria, justicia...) para deducir conclusiones mediante figuras m&oacute;viles. Fue un intento de formalizar el pensamiento humano antes de la l&oacute;gica simb&oacute;lica. Una especie de &aacute;lgebra de lo absoluto. &ldquo;Llull crea un sistema para relacionar verdades a partir de unos principios absolutos. Su capacidad para poner en di&aacute;logo conceptos lo hace radicalmente moderno. Con sus figuras, daba una dimensi&oacute;n visual al razonamiento&rdquo;, afirma Ripoll.
    </p><p class="article-text">
        Su l&oacute;gica no exclu&iacute;a la fe: la afinaba. En Llull, pensar era orar. Ordenar conceptos, un acto de amor. Por eso su sistema combinaba geometr&iacute;a y pasi&oacute;n, rigor y contemplaci&oacute;n. No era un escol&aacute;stico al uso, ni un m&iacute;stico sin m&eacute;todo: era ambos a la vez. Adem&aacute;s, Llull no fue un pensador aislado. Recorri&oacute; universidades, bibliotecas, monasterios y palacios buscando interlocutores. Ense&ntilde;&oacute;, dict&oacute;, discuti&oacute;. Luch&oacute; para que su obra no quedara sepultada en archivos, sino que circulase, se ense&ntilde;ara y se compartiera. Su pensamiento no quer&iacute;a quedarse en la periferia: quer&iacute;a habitar el centro del mundo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x186y81.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x186y81.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x186y81.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x186y81.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x186y81.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x186y81.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e1ea7478-c5d3-4a54-b3f4-6942b8d91fc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x186y81.jpg"
                    alt=" Retrato de Ramon Llull por Ricard Anckermann (Palma, 1842 – Palma, 1907), ca. 1870. El pintor mallorquín captó con fuerza el arrobamiento místico de Llull, en una imagen que lo consagra como figura visionaria y trascendente."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                 Retrato de Ramon Llull por Ricard Anckermann (Palma, 1842 – Palma, 1907), ca. 1870. El pintor mallorquín captó con fuerza el arrobamiento místico de Llull, en una imagen que lo consagra como figura visionaria y trascendente.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>Viajero incansable</strong></h3><p class="article-text">
        La obra de Ramon Llull no naci&oacute; en una celda ni en un escritorio fijo. Naci&oacute; en tr&aacute;nsito. Fue un pensador errante, un intelectual del camino. Para &eacute;l, pensar era tambi&eacute;n desplazarse: poner el cuerpo en la incertidumbre y la mente en el di&aacute;logo. Recorri&oacute; el Mediterr&aacute;neo como un monje sin h&aacute;bito, pero con m&eacute;todo. Viaj&oacute; a Par&iacute;s, capital del saber escol&aacute;stico, donde se enfrent&oacute; al aristotelismo dominante y defendi&oacute; su <em>Ars Magna</em> ante doctores de la Sorbona. 
    </p><p class="article-text">
        En Montpellier encontr&oacute; o&iacute;dos atentos entre m&eacute;dicos y te&oacute;logos. En Roma apel&oacute; al papado para fundar escuelas triling&uuml;es. En G&eacute;nova, N&aacute;poles, Pisa y Viena busc&oacute; mecenas y disc&iacute;pulos. Pero fue en el norte de &Aacute;frica &mdash;en Bug&iacute;a, T&uacute;nez y quiz&aacute;s Alejandr&iacute;a&mdash; donde su apuesta alcanz&oacute; su mayor intensidad: habl&oacute; en &aacute;rabe, debati&oacute; en p&uacute;blico, fue encarcelado&hellip; y volvi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Llull no tem&iacute;a al conflicto. Entend&iacute;a que el pensamiento solo vale si se somete a prueba. Llevaba consigo pergaminos, ruedas l&oacute;gicas, tablas combinatorias&hellip; y la convicci&oacute;n de que la raz&oacute;n pod&iacute;a ser m&aacute;s poderosa que cualquier ej&eacute;rcito. Hasta edad muy avanzada &mdash;m&aacute;s all&aacute; de los ochenta a&ntilde;os&mdash; sigui&oacute; embarc&aacute;ndose hacia puertos hostiles con intenci&oacute;n de persuadir. Su objetivo no era la victoria doctrinal, sino el entendimiento. El Mediterr&aacute;neo no era para &eacute;l un muro, sino un aula inmensa. Un espacio donde el otro no era enemigo, sino interlocutor.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recorrió Europa y el norte de África para enseñar, debatir y convencer. Viajó hasta el final de su vida llevando su sistema a todas partes</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Precursor de la inteligencia artificial</strong></h3><p class="article-text">
        Mucho antes de que existieran ordenadores, algoritmos o redes neuronales, Ramon Llull concibi&oacute; una m&aacute;quina del pensamiento. Su <em>Ars Magna</em>, ideada en el siglo XIII, no era una met&aacute;fora: era un sistema l&oacute;gico, combinatorio y visual con el que aspiraba a demostrar las verdades universales mediante la raz&oacute;n. Ruedas m&oacute;viles, letras, tablas, principios absolutos&hellip; Todo articulado con precisi&oacute;n para producir conclusiones irrefutables. Fue el primer algoritmo filos&oacute;fico de la historia.
    </p><p class="article-text">
        No cre&oacute; su sistema para impresionar a te&oacute;logos, sino para dialogar con el mundo. Con cristianos, musulmanes y jud&iacute;os. Quer&iacute;a que la verdad no se impusiera desde una autoridad incuestionable, sino que pudiera comprenderse desde la raz&oacute;n compartida. Su sue&ntilde;o era tan audaz como meticuloso: construir un lenguaje com&uacute;n capaz de superar barreras religiosas, culturales y l&oacute;gicas. El semi&oacute;logo y novelista italiano Umberto Eco lo expres&oacute; as&iacute;: &ldquo;Llull, con su <em>Ars Magna</em>, ofreci&oacute; una de las primeras tentativas de formalizaci&oacute;n del pensamiento, anticipando aspectos fundamentales de la semi&oacute;tica moderna&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-Opmb-mU-KPI-7688', 'youtube', 'Opmb-mU-KPI', document.getElementById('yt-Opmb-mU-KPI-7688'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-Opmb-mU-KPI-7688 src="https://www.youtube.com/embed/Opmb-mU-KPI?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        El m&uacute;sico y compositor mallorqu&iacute;n Joan Valent, que prepara actualmente la &oacute;pera <em>Lo Foll</em>, dedicada a Ramon Llull, ha profundizado en su obra y pensamiento. Tras ese estudio, ve en Llull una figura de potencia contempor&aacute;nea a&uacute;n insuficientemente reconocida: &ldquo;Las figuras del <em>Ars Magna</em> son el primer algoritmo que ha documentado el mundo. Es un algoritmo que le dio Dios. Llull no es pasado. Es futuro. Y es un futuro que ya ha llegado&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Es un personaje que lo merece todo. Es muy poco conocido. Solo se le reconoce por la lengua o la religi&oacute;n, pero es mucho m&aacute;s que eso&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Su Ars Magna anticipó la lógica computacional. Fue precursor de la IA, la semiótica moderna y el sueño de un lenguaje universal</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b7abe9f5-06f9-4946-8ef0-228ebcfb104d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Las cuatro figuras del Ars brevis de Ramon Llull. Este diagrama muestra las célebres figuras combinatorias del sistema lógico luliano: círculos móviles, letras simbólicas y estructuras relacionales diseñadas para demostrar racionalmente las verdades universales."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Las cuatro figuras del Ars brevis de Ramon Llull. Este diagrama muestra las célebres figuras combinatorias del sistema lógico luliano: círculos móviles, letras simbólicas y estructuras relacionales diseñadas para demostrar racionalmente las verdades universales.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Llull, visionario y estructurador de ideas, anticip&oacute; un modelo de pensamiento sistem&aacute;tico que hoy se estudia en la intersecci&oacute;n entre filosof&iacute;a, semi&oacute;tica, computaci&oacute;n simb&oacute;lica y di&aacute;logo intercultural. Su influencia, aunque parcialmente olvidada durante siglos, resurgi&oacute; en los cimientos del pensamiento moderno. Inspir&oacute; a Giordano Bruno. Anticip&oacute; la idea de un lenguaje formal en Leibniz. Hoy, su obra se estudia en contextos que &eacute;l jam&aacute;s imagin&oacute;: teor&iacute;a de sistemas, inteligencia artificial simb&oacute;lica, semi&oacute;tica digital. Lo dej&oacute; escrito el escritor argentino, <em>Jorge Luis Borges</em>, con cierta iron&iacute;a: &ldquo;Raimundo Lulio invent&oacute; a fines del siglo XIII la m&aacute;quina de pensar. [...] Su famosa inutilidad no disminuye su inter&eacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Llull no quer&iacute;a calcular. Quer&iacute;a hacer inteligible lo absoluto. Su l&oacute;gica no era una herramienta de control, sino de comuni&oacute;n. Su sistema no reduc&iacute;a el misterio: lo ordenaba con amor. Fue, en definitiva, un alquimista del pensamiento. Y su legado, lejos de agotarse en la historia, sigue hablando a los desaf&iacute;os del presente. Si algo nos recuerda Ramon Llull, desde su siglo y su isla, es que razonar no es solo un ejercicio t&eacute;cnico. Tambi&eacute;n es una forma de amar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Fraile]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cultura/ramon-llull-vida-ciencias_1_12371307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Jun 2025 20:09:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" length="247261" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" type="image/jpeg" fileSize="247261" width="928" height="522"/>
      <media:title><![CDATA[Ramon Llull, el genio mediterráneo que creó 'el algoritmo de Dios' y unió todas las ciencias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e3bb1e64-9017-4842-b560-a3f649f57fd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119549.jpg" width="928" height="522"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Mallorca,Filosofía,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
