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    <title><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Madre Tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/madre-tierra_129_13167633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &ldquo;3-en-uno, y todo vuelve a funcionar&rdquo;. As&iacute; se anuncia el aceite mineral m&aacute;s conocido del mercado. Todo un cl&aacute;sico que lubrica mecanismos, elimina los chirridos, limpia el metal y protege contra el &oacute;xido y la corrosi&oacute;n. No estar&iacute;a nada mal que el D&iacute;a Internacional de la Madre Tierra, que hoy 22 de abril se celebra, dispusiera de un remedio equiparable. Algo capaz de lubricar nuestras decisiones, eliminar viejos h&aacute;bitos y proteger el planeta que habitamos. 
    </p><p class="article-text">
        Esta jornada viene siendo promovida por la ONU desde 2009 con un objetivo claro: recordarnos que el bienestar humano depende de nuestra armon&iacute;a con la Naturaleza. Calentamiento global, contaminaci&oacute;n por tierra, mar y aire y p&eacute;rdida generalizada de biodiversidad forman parte del mismo problema. Un aut&eacute;ntico y colosal &ldquo;tres en uno&rdquo; de los desaf&iacute;os ambientales que exige soluciones integradas. 
    </p><p class="article-text">
        La ONU lo intenta de esta y otras maneras. Sin embargo, el esfuerzo global no avanza o lo hace con lentitud exasperante e indiferencia manifiesta. Pa&iacute;s a pa&iacute;s seguimos generando desigualdades, d&eacute;ficits democr&aacute;ticos, problemas de redistribuci&oacute;n de la riqueza, mermas de derechos humanos, conflictos armados, desequilibrios demogr&aacute;ficos y desastres ambientales. Fen&oacute;menos distintos pero profundamente conectados, como lo est&aacute; todo en la Madre Tierra. Desaciertos de tama&ntilde;o abismal m&aacute;s f&aacute;ciles de definir que de medir. En situaciones as&iacute; conviene recordar una idea sencilla atribuida al f&iacute;sico brit&aacute;nico <em>Lord Kelvin</em>: &ldquo;Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar&rdquo;. Por eso, si queremos cuidar el planeta, primero necesitamos medir c&oacute;mo lo estamos tratando. 
    </p><p class="article-text">
        Y para eso existe un indicador que a m&iacute; me gusta: la huella ecol&oacute;gica. &Iacute;ndice que utiliza para su c&aacute;lculo la superficie de tierra y agua necesarias para generar los recursos que consume un individuo o una poblaci&oacute;n (ciudad, regi&oacute;n o pa&iacute;s) y absorber los residuos que genera. Se expresa en hect&aacute;rea globales y ofrece una radiograf&iacute;a bastante acertada de nuestra relaci&oacute;n con el planeta. Y la imagen actual que proyecta no es tranquilizadora. Los humanos consumimos recursos como si dispusi&eacute;ramos de 1,75 planetas Tierra.&nbsp;En otras palabras, estamos agotando el capital natural en lugar de vivir de los muchos intereses que genera. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, como ya sabes, no todos en la Madre Tierra consumimos lo mismo ni de la misma manera. En los primeros puestos del ranking mundial del despilfarro planetario se encuentran Qatar, Luxemburgo, Emiratos &Aacute;rabes Unidos, Bahr&eacute;in, Kuwait, Estados Unidos, Canad&aacute;, Australia, Dinamarca, B&eacute;lgica, Singapur o Corea del Sur. Si toda la humanidad derrochara como ellos, necesitar&iacute;amos entre cuatro y ocho madres Tierra adicionales. Su huella ecol&oacute;gica por persona es descomunal y gastan naturaleza como si fuera confeti. Alemania aparece tambi&eacute;n en la parte alta. Francia no se queda muy atr&aacute;s. Italia y Espa&ntilde;a ocupan posiciones intermedias. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestra huella ronda las cuatro hect&aacute;reas globales por persona. Es menos que en el norte industrial. Pero consumimos muy por encima de lo sostenible. La Madre Tierra dispone de unas 1,6 hect&aacute;reas productivas por habitante. Todo lo que supera esta cifra est&aacute; en d&eacute;ficit ecol&oacute;gico. En el mundo entramos en ese d&eacute;bito en los a&ntilde;os 70, cuando nos dio por consumir masivamente todo tipo de productos de &ldquo;usar y tirar&rdquo;, se consolid&oacute; la &ldquo;obsolescencia programada&rdquo; de las m&aacute;quinas y practicamos el turismo masivo hasta los lugares m&aacute;s rec&oacute;nditos. 
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses africanos y varios asi&aacute;ticos se encuentran con la menor huella ecol&oacute;gica per c&aacute;pita. La huella ecol&oacute;gica revela as&iacute; una contradicci&oacute;n inc&oacute;moda: el bienestar material suele venir acompa&ntilde;ado de mayor presi&oacute;n sobre la biosfera. Sin embargo, tambi&eacute;n se&ntilde;ala caminos para reducirla. Los pa&iacute;ses con mayor huella deben reducir consumo y emisiones. Los pa&iacute;ses con menor huella deben desarrollarse usando tecnolog&iacute;as sostenibles desde el inicio. Energ&iacute;as renovables, descarbonizaci&oacute;n, transferencia tecnol&oacute;gica limpia a pa&iacute;ses en desarrollo, econom&iacute;a circular, consumo responsable, restauraci&oacute;n de ecosistemas, agricultura regenerativa, urbanismo eficiente, movilidad sostenible y educaci&oacute;n ambiental forman parte de las soluciones y podr&iacute;an aplicarse ya. El problema es la escala del desaf&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        Ocho mil millones de personas aspiran a vivir mejor. Y con raz&oacute;n. La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo hacerlo sin necesitar tres o m&aacute;s planetas. La ciencia tiene algunas respuestas. La pol&iacute;tica (con permiso de los imperios tecnol&oacute;gicos y de inversi&oacute;n) decide si se aplican. El tiempo ecol&oacute;gico, mientras tanto, sigue corriendo. Y el planeta, de momento, no dispone de repuesto. La Madre Tierra ya no tiene un aut&eacute;ntico &ldquo;tres en uno&rdquo; capaz de arreglarnos tanto y tan continuado estropicio humano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/madre-tierra_129_13167633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 15:03:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Madre Tierra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 41. En defensa de lo nuestro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-41-defensa_129_13152352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El primer d&iacute;a laborable despu&eacute;s de las vacaciones de la Semana Santa.
    </p><p class="article-text">
        El martes 7 de marzo, Marea Blanca organiz&oacute; una manifestaci&oacute;n en Logro&ntilde;o en defensa de la Sanidad P&uacute;blica. Pon&iacute;an el acento en la Atenci&oacute;n Primaria: en los centros de salud, en reclamar que la cita para ser atendido por tu m&eacute;dico de familia no sobrepase las 48 horas. Es una reivindicaci&oacute;n bondadosa, es deliciosamente infantil. No hay nada que reivindicar. S&iacute; mucho que exigir y recordar. El art&iacute;culo 43 de la constituci&oacute;n espa&ntilde;ola &ldquo;reconoce el derecho a la protecci&oacute;n de la salud&rdquo; y da un paso m&aacute;s al a&ntilde;adir que &ldquo;compete a los poderes p&uacute;blicos organizar y tutelar la salud p&uacute;blica a trav&eacute;s de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que si despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os los poderes p&uacute;blicos: instituciones gobiernos, siguen ampar&aacute;ndose en la falta de m&eacute;dicos para justificar lo que, a mi juicio, es injustificable porque no han cumplido con su trabajo. El deber de organizar y tutelar la salud p&uacute;blica no lo han cumplido. Ellos sabr&aacute;n por qu&eacute; y sus explicaciones nos tendr&iacute;an que dar. Est&aacute;n obligados a d&aacute;rnoslas.
    </p><p class="article-text">
        No nos podemos quedar con la muletilla de &ldquo;faltan m&eacute;dicos&rdquo;. Si faltan, que pongan medios para que eso no ocurra, empezando por organizar y coordinar bien las funciones de cada uno en su puesto de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Dice muy poco a favor de los gestores de la sanidad p&uacute;blica que tarden dos meses en citar a los pacientes para hacerles pruebas m&eacute;dicas. A muchos nos ha pasado y podemos demostrarlo; no es hablar por hablar o criticar por criticar. No se entiende que una resonancia magn&eacute;tica privada, la hagan de un d&iacute;a para otro y en el SERIS te tengan esperando bastante tiempo y de las listas de espera para las operaciones, mejor lo dejamos para otro d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Faltan m&eacute;dicos&rdquo; &iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os hace que &ldquo;faltan m&eacute;dicos&rdquo;? &iquest;Por qu&eacute; no los han cubierto en su momento? Dir&aacute;n que por qu&eacute; no hab&iacute;a, &iquest;por qu&eacute; no han eliminado barreras para el acceso a la medicina p&uacute;blica? Barreras burocr&aacute;ticas, no de formaci&oacute;n de los profesionales. Si la soluci&oacute;n es la contrataci&oacute;n de profesionales extranjeros, por qu&eacute; no se han entregado a la homologaci&oacute;n de t&iacute;tulos y la formaci&oacute;n pertinente de quienes vienen de fuera, en vez de decirnos por activa, pasiva y perifr&aacute;stica: &ldquo;faltan m&eacute;dicos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Siempre van a faltar si no se toman medidas. Entre ellas, pagarles en funci&oacute;n a la importancia del trabajo social que realizan.
    </p><p class="article-text">
        Y como no todo ha de ser negativo desde aqu&iacute; felicidades al servicio de oncolog&iacute;a del hospital San Pedro de Logro&ntilde;o. Son un ejemplo a seguir por otros m&eacute;dicos y enfermeras y felicitaciones tambi&eacute;n a los que desde las urgencias hospitalarias salvan la vida a los que llegan con un ictus o un infarto. En esos casos extremos, cada uno cumple con su trabajo y sabe qu&eacute; tiene que hacer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas y todos estamos obligados a saber, que nuestro sistema General de Sanidad es universal y gratuito. Est&aacute; descentralizado en las comunidades aut&oacute;nomas y se financia p&uacute;blicamente, (con los impuestos que pagamos todos o debi&eacute;ramos de pagar todos en funci&oacute;n a los ingresos y bienes que cada uno de nosotros tengamos).
    </p><p class="article-text">
        En esas concentraciones y manifestaciones de Marea Blanca, habr&iacute;a que preguntar a quienes no cumplen con el deber de organizar, coordinar y tutelar e insisten en que no vayamos al servicio de Urgencias:&nbsp;qu&eacute; hemos de hacer si en el centro de salud no nos atienden y la neumon&iacute;a avanza, el ap&eacute;ndice se rompe y la infecci&oacute;n de orina no se trata a tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas las personas tenemos derecho a una atenci&oacute;n sanitaria de calidad en condiciones de igualdad, pero este principio se ha incumplido por diversas decisiones pol&iacute;ticas, amparadas en las crisis econ&oacute;micas. En 2009 se implantaron tales recortes presupuestarios en el sistema p&uacute;blico de salud que a&uacute;n no nos hemos recuperado de aquella situaci&oacute;n. En 2012, el Gobierno retir&oacute; la tarjeta sanitaria a m&aacute;s de 750.000 personas, gran parte de ellas inmigrantes en situaci&oacute;n irregular. El caos administrativo fue may&uacute;sculo, la informaci&oacute;n no llego a todas las dependencias sanitarias por igual y no todos los funcionarios sab&iacute;an qu&eacute; ten&iacute;an que hacer. Despu&eacute;s vino la pandemia y el desastre creci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los recortes de 2009 fueron injustificables. La retirada de la tarjeta sanitaria tambi&eacute;n, aunque se subsan&oacute; en el 2018. El caos de la COVID comprensible. Que seis a&ntilde;os despu&eacute;s sigamos en las mismas es dejadez, apat&iacute;a, descoordinaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pasa en la sanidad y ocurre en todas las &aacute;reas administrativas. Los derechos de todos est&aacute;n en declive: sanitarios, educativos, de administraci&oacute;n de justicia, de acceso a la vivienda, de expresi&oacute;n, de opini&oacute;n&hellip; No debi&eacute;ramos renunciar a nuestros derechos. S&iacute; debi&eacute;ramos exigir el cumplimiento a ultranza de los mismos. Lo que es p&uacute;blico, lo pagamos todos con nuestros impuestos (o debi&eacute;ramos). Lo que es privado se lo paga cada cual con lo que tiene. &iexcl;Enhorabuena!.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde lo p&uacute;blico beneficiar a lo privado no se puede permitir. Defender lo nuestro, nos compete a todos y esta guerra s&iacute; es la nuestra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-41-defensa_129_13152352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Apr 2026 16:11:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 41. En defensa de lo nuestro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La disonancia imperial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/disonancia-imperial_129_13152455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La imagen, aunque surrealista, no es met&aacute;fora. Ocurri&oacute; en 2018 en el vasto desierto de Arizona, cuando agentes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos detuvieron a dos hombres de la Naci&oacute;n Tohono O'odham para <em>verificar su estatus migratorio</em>. No hab&iacute;a ning&uacute;n error burocr&aacute;tico. Los agentes, en terreno de la reserva ind&iacute;gena que cruza la frontera pol&iacute;tica entre M&eacute;xico y Estados Unidos, desconfiaban de la apariencia de aquellos ciudadanos estadounidenses, miembros de una comunidad cuyas ra&iacute;ces en ese paisaje se pierden siglos antes de que existiera un pasaporte o una valla. Este incidente, documentado por observadores internacionales, condensa una paradoja perfecta y desgarradora: el aparato estatal de un pa&iacute;s colonial, dise&ntilde;ado para vigilar y expulsar al forastero, se aplica contra los &uacute;nicos que, en sentido estricto, nunca migraron a ninguna parte. La paradoja no es un vestigio del pasado. Seg&uacute;n un reporte de la organizaci&oacute;n Native American Rights Fund (NARF), este tipo de incidentes fronterizos que involucran a miembros de tribus cuyos territorios son divididos por la frontera contin&uacute;an ocurriendo de forma regular, con al menos una docena de casos documentados solo entre 2021 y 2023. Es la l&oacute;gica &uacute;ltima de la conquista: primero te quitan la tierra, luego te declaran ilegal en ella. Como reza el lema del movimiento chicano, nosotros no cruzamos la frontera, la frontera nos cruz&oacute; a nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Este no es un caso aislado, sino el s&iacute;ntoma de una maquinaria cuyo combustible es una amnesia identitaria masiva. Para entenderla, hay que mirar al Servicio de Inmigraci&oacute;n y Control de Aduanas, el ICE. Desde su creaci&oacute;n en 2003, su presupuesto no ha dejado de crecer, superando los diez mil millones de d&oacute;lares anuales en 2024 y dispar&aacute;ndose hasta los 85.000 millones tras la aprobaci&oacute;n de la&nbsp;<em>One Big Beautiful Bill Act</em>&nbsp;en julio de 2025. Pero su verdadero poder no radica en el dinero, sino en un mandato que ha convertido la frontera en un fantasma m&oacute;vil. Bajo programas como Secure Communities, la colaboraci&oacute;n entre polic&iacute;as locales y el ICE transform&oacute; una multa de tr&aacute;fico en un condado de Kansas en el posible inicio de un procedimiento de deportaci&oacute;n. La frontera ya no est&aacute; solo en el R&iacute;o Grande; se internaliz&oacute;, haci&eacute;ndose presente en cualquier interacci&oacute;n entre un cuerpo le&iacute;do como sospechoso y la autoridad. El resultado lo cuantifica el centro TRAC de la Universidad de Syracuse: bajo la administraci&oacute;n Trump, las detenciones de inmigrantes sin antecedentes penales aumentaron un 40%. No se persegu&iacute;a un delito, sino una condici&oacute;n: la de ser un cuerpo fuera de lugar en el relato nacional.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; surge la primera gran disonancia. &iquest;Qui&eacute;n define ese <em>lugar</em>? La respuesta se teje en los pliegues olvidados de la historia estadounidense. La ret&oacute;rica de <em>Make America Great Again</em> y el movimiento MAGA se alimentan de la nostalgia por una homogeneidad blanca y anglosajona que es, ante todo, un mito. Como explica la historiadora Roxanne Dunbar-Ortiz, Estados Unidos fue fundado como un Estado colonial de colonos, un proyecto expansionista &ndash;el <em>Destino Manifiesto</em>&ndash; que requiri&oacute; el exterminio de poblaciones nativas y la esclavitud masiva de africanos. La <em>grandeza</em> nunca fue pura; se ciment&oacute; sobre un genocidio y un sistema de castas raciales. El pa&iacute;s de las oportunidades, s&iacute;, pero solo para algunos. Sin embargo, el mito es m&aacute;s fuerte que el hecho. Un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison encontr&oacute; que los seguidores de Trump tienden a renegociar los hechos hist&oacute;ricos para alinear el pasado con una identidad nacional positiva y sin mancha, minimizando la esclavitud o la segregaci&oacute;n. La amnesia no es un descuido; es un requisito de pertenencia. Esta misma l&oacute;gica amn&eacute;sica opera en la obsesi&oacute;n por la blancura pura, una obsesi&oacute;n que no se detiene en lo simb&oacute;lico, sino que desciende, con una literalidad casi cl&iacute;nica, hasta el cuerpo mismo. La moda del blanqueamiento anal &mdash;cuya demanda ha crecido de forma significativa en la &uacute;ltima d&eacute;cada, seg&uacute;n un informe de 2022 de la Academia Americana de Dermatolog&iacute;a&mdash; lleva esa l&oacute;gica a su expresi&oacute;n m&aacute;s grotesca y reveladora: la necesidad de purificar incluso lo que no se ve, reflejo de una ansiedad identitaria que necesita borrar cualquier rastro de diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica de olvido y pertenencia explica la segunda y m&aacute;s profunda disonancia: la de aquellos que, para encajar en el sue&ntilde;o blanco, tuvieron que aprender a odiar su propio reflejo. En los siglos XIX y principios del XX, oleadas de inmigrantes irlandeses, italianos, jud&iacute;os ashkenazis y eslavos llegaron a Estados Unidos y no fueron recibidos como blancos. La ciencia racial de la &eacute;poca y los informes del Congreso, como el Informe Dillingham de 1911, los clasificaban como razas separadas e inferiores, menos aptas para la autogobierno. Su camino hacia la <em>blancura</em>, como detalla la historiadora Nell Irvin Painter, fue un lento y doloroso proceso de asimilaci&oacute;n que implic&oacute; un pacto f&aacute;ustico: ganar aceptaci&oacute;n signific&oacute; distanciarse activamente de los negros, adoptar la jerarqu&iacute;a racial anglosajona y dirigir hacia abajo el desprecio que antes recib&iacute;an. Aprendieron que para ser considerados blancos, a veces hay que disparar contra el espejo de la propia historia. Esta tensi&oacute;n se encarna de forma ir&oacute;nica en la propia biograf&iacute;a del art&iacute;fice de la ret&oacute;rica MAGA. La familia de Donald Trump desciende de inmigrantes alemanes; su abuelo, Frederick Trump, naci&oacute; en Kallstadt, Alemania, y emigr&oacute; a Estados Unidos en 1885. El apellido original era<em> Drumpf</em>, una germanidad que fue anglicanizada en el proceso de asimilaci&oacute;n. El l&iacute;der que hoy encarna la defensa de una Am&eacute;rica blanca y aut&oacute;ctona es, &eacute;l mismo, producto de esa misma ola migratoria que una vez fue mirada con recelo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, la demograf&iacute;a del apoyo a Trump y al MAGA est&aacute; impregnada de este legado. No es el voto uniforme de una &eacute;lite econ&oacute;mica blanca, sino, como muestran los datos del Pew Research Center, el de blancos sin t&iacute;tulo universitario de zonas rurales y peque&ntilde;as ciudades, muchos de ellos descendientes de aquellos inmigrantes <em>blanqueados</em>. Su apoyo no se explica solo por la econom&iacute;a, sino por una ansiedad profunda sobre el estatus y la identidad en un pa&iacute;s que cambia demogr&aacute;ficamente. Para ellos, la ret&oacute;rica de Trump no invent&oacute; un enemigo; canaliz&oacute; un miedo ancestral y les ofreci&oacute; un guion heroico: ya no son los reci&eacute;n llegados en busca de aceptaci&oacute;n, sino los <em>verdaderos estadounidenses</em>, los nativos aut&eacute;nticos sitiados por una nueva <em>invasi&oacute;n</em>. Es la inversi&oacute;n final de la historia: el colonizado internaliza tan completamente la mentalidad del conquistador que se apropia incluso del estatus de v&iacute;ctima originaria.
    </p><p class="article-text">
        Desde la asimilaci&oacute;n forzosa hasta el apoyo activo: el mecanismo encuentra su expresi&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s retorcida en una nueva disonancia. No se trata solo de hijos de inmigrantes que votan por pol&iacute;ticas que habr&iacute;an expulsado a sus abuelos; en la coalici&oacute;n de Trump, este s&iacute;ndrome adopta formas a&uacute;n m&aacute;s parad&oacute;jicas. Un an&aacute;lisis del Pew Research Center de 2020 revel&oacute; que, si bien los votantes latinos en su mayor&iacute;a apoyaron a Joe Biden, Trump increment&oacute; su porcentaje de voto entre los hispanos en comparaci&oacute;n con 2016, logrando cerca del 38% seg&uacute;n algunas encuestas a pie de urna. Este apoyo, aunque minoritario, es significativo. Se concentra en sectores que, tras haber logrado un estatus econ&oacute;mico o legal precario, buscan distinguirse de los reci&eacute;n llegados, repitiendo el viejo patr&oacute;n de asimilaci&oacute;n a trav&eacute;s de la exclusi&oacute;n del otro m&aacute;s vulnerable. Pero la paradoja se profundiza al cruzar fronteras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Figuras como Mar&iacute;a Corina Machado, oposici&oacute;n venezolana de l&iacute;nea dura, encontraron en la ret&oacute;rica trumpista de <em>Am&eacute;rica First</em> y en su demonizaci&oacute;n del chavismo un aliado poderoso, a pesar de que la pol&iacute;tica migratoria de ese mismo aliado era notoriamente hostil hacia venezolanos y otros latinoamericanos en busca de asilo. El desenlace confirm&oacute; lo que la l&oacute;gica ya anunciaba: Trump deport&oacute; a venezolanos a El Salvador, negoci&oacute; con los aliados de Maduro cuando le convino, y dej&oacute; a Machado sin el respaldo que hab&iacute;a convertido en eje de su estrategia. Este alineamiento nunca fue pragmatismo geopol&iacute;tico. Fue la l&oacute;gica del colonizado que internaliza la mentalidad del conquistador hasta el punto de justificar su propia subordinaci&oacute;n: v&iacute;ctimas de un proyecto imperial anterior buscaron la protecci&oacute;n del poder hegem&oacute;nico contempor&aacute;neo, y ese poder los redujo exactamente a lo que siempre hace con sus vasallos: peones &uacute;tiles mientras convienen, prescindibles en cuanto no.
    </p><p class="article-text">
        La narrativa de la <em>invasi&oacute;n</em>, amplificada miles de veces en medios como Fox News, sirve para sellar este pacto. Presenta al inmigrante latinoamericano, y por extensi&oacute;n a cualquier persona de apariencia no blanca, como una amenaza existencial para la naci&oacute;n. Esta l&oacute;gica ignora deliberadamente que grandes extensiones del suroeste estadounidense, como el Arizona donde viven los Tohono O'odham, fueron arrancadas a M&eacute;xico por la fuerza en el siglo XIX. En este relato, el verdadero invasor es quien cruza la l&iacute;nea hoy, no quien la dibuj&oacute; a sangre y fuego ayer. La paradoja se resuelve entonces no con la raz&oacute;n, sino con la fuerza bruta. El Proyecto de Leyes de Odio del Southern Poverty Law Center documenta c&oacute;mo los grupos de odio se han multiplicado bajo este clima, muchos abrazando la teor&iacute;a conspirativa del <em>gran reemplazo.</em> La violencia es el corolario inevitable. El tiroteo masivo de El Paso en 2019, donde el asesino viaj&oacute; cientos de kil&oacute;metros para atacar a mexicoamericanos citando la <em>invasi&oacute;n hispana</em>, no fue un acto de locura aislada, sino la ejecuci&oacute;n l&oacute;gica de un discurso pol&iacute;tico que deshumaniza. Los cr&iacute;menes de odio motivados por prejuicios contra la etnia hispana o latina alcanzaron en 2023 los 812 incidentes registrados por el FBI, un 42,7% m&aacute;s que en 2020 y el dato m&aacute;s alto desde que la agencia comenz&oacute; a recopilar estad&iacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        Esta gram&aacute;tica del poder, que deshumaniza para despu&eacute;s negar, no se limita a los votantes o a las figuras extranjeras; se institucionaliza en el coraz&oacute;n mismo del Estado. En 2025, un a&ntilde;o r&eacute;cord para la agencia, 32 personas murieron bajo custodia o a manos del ICE, entre ellas Renee Nicole Good, poeta y madre de tres hijos disparada por el agente Jonathan Ross en Mine&aacute;polis el 7 de enero de 2026 mientras actuaba como observadora ciudadana en una redada &mdash;su muerte fue el noveno tiroteo de agentes del ICE desde septiembre de 2025&mdash;. La respuesta de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, cuando un periodista pregunt&oacute; por esas 32 muertes no fue una aclaraci&oacute;n, sino un ritual de purificaci&oacute;n discursiva. Al tachar al periodista de <em>activista de izquierdas</em> por el simple hecho de nombrar los hechos, ejecut&oacute; la operaci&oacute;n definitiva: convertir la evidencia de la violencia de Estado en un s&iacute;ntoma de la <em>parcialidad </em>de quien la menciona. La cifra deja de ser un dato verificable para convertirse en un arma ideol&oacute;gica. Es la amnesia activa traducida a t&aacute;ctica de comunicaci&oacute;n: no se discute lo ocurrido, se descalifica el derecho a preguntar sobre ello. As&iacute;, el c&iacute;rculo de la disonancia se cierra sobre s&iacute; mismo. La maquinaria que produce la violencia (ICE) y la que la justifica (la narrativa oficial) se sincronizan para silenciar cualquier reflejo inc&oacute;modo, incluso &mdash;o especialmente&mdash; cuando ese reflejo es el rostro de una poeta asesinada o una estad&iacute;stica de muertes en custodia. La ficci&oacute;n se defiende declarando la realidad como un acto de guerra partidista.
    </p><p class="article-text">
        El votante descendiente de sicilianos que pide un muro m&aacute;s alto y el agente que detiene al nativo Tohono O'odham no son hip&oacute;critas inconscientes. Son los centinelas de una ficci&oacute;n necesaria: la blancura como identidad, que es en s&iacute; misma una construcci&oacute;n movediza, un club cuyas reglas de entrada exigen olvidar la propia procedencia. El nativo detenido en su tierra es el espejo que este sue&ntilde;o no puede quebrar. Su mera existencia, anterior a cualquier frontera, es la prueba viviente de que la Am&eacute;rica blanca es un castillo de arena construido sobre una fosa com&uacute;n. Por eso la violencia debe ser constante: para negar, una y otra vez, el reflejo inc&oacute;modo. Y mientras esa ficci&oacute;n se sostenga, el &uacute;ltimo acto de la colonizaci&oacute;n seguir&aacute; repiti&eacute;ndose en el vasto desierto de Arizona, en una calle nevada de Mine&aacute;polis, en cualquier lugar donde un cuerpo considerado fuera de lugar se cruce con el aparato del Estado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/disonancia-imperial_129_13152455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Apr 2026 08:14:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La disonancia imperial]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa ante el espejo de Hungría]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/europa-espejo-hungria_129_13143710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os Hungr&iacute;a ha sido una advertencia inc&oacute;moda y persistente que Europa parec&iacute;a mirar siempre de reojo. Ahora, tras m&aacute;s de una d&eacute;cada de deriva autoritaria en la que el espacio de libertad se fue estrechando bajo el liderazgo de Viktor Orb&aacute;n, el resultado electoral ha alterado el tablero y puede empezar a ser tambi&eacute;n una oportunidad no solo para los h&uacute;ngaros, sino para toda Europa. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque, no nos enga&ntilde;emos, Hungr&iacute;a no se ha despertado siendo un pa&iacute;s progresista, ni su Parlamento refleja hoy una pluralidad ideol&oacute;gica amplia. La izquierda, de hecho, sigue sin tener espacio y presencia real.&nbsp;Pero algo se ha movido. La victoria de P&eacute;ter Magyar no es una revoluci&oacute;n, pero s&iacute; una grieta. Y a veces, la historia empieza precisamente as&iacute;, con una grieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando un gobierno decide convertir a una minor&iacute;a en un problema, no solo cambia las normas. Esas normas cambian el aire. Hacen que lo cotidiano pese m&aacute;s. Que un gesto, una palabra, una mirada, se carguen de significado. Y eso no creo que desaparezca de un d&iacute;a para otro por un resultado electoral.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s evidente lo hemos podido ver en el colectivo LGTBIQ+ h&uacute;ngaro, que durante estos a&ntilde;os, no solo ha visto recortados sus derechos en leyes concretas sino que, sobre todo, ha vivido algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de medir, pero mucho m&aacute;s corrosivo: un ambiente, un clima hostil en el que mostrarse era exponerse. En el que callar era, muchas veces, la &uacute;nica forma de protegerse. En el que una ley no solo regulaba, sino que se&ntilde;alaba.
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene no precipitarse con los diagn&oacute;sticos optimistas. Porque lo que se abre ahora no es una etapa de victorias r&aacute;pidas, sino algo m&aacute;s delicado como es la posibilidad de empezar a recomponer. Igual que cuando una casa ha estado a&ntilde;os deterior&aacute;ndose. Primero hay que asegurar la estructura, ventilar, dejar entrar la luz. Luego, ya vendr&aacute;n las reformas.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, Europa ha tratado el caso h&uacute;ngaro como quien aparta una piedra del camino, con cierta incomodidad, pero sin detenerse demasiado. Se hablaba de &ldquo;anomal&iacute;a&rdquo;, de &ldquo;caso aislado&rdquo; pero, si somos honestos, no lo era tanto. Porque lo que estaba ocurriendo en Hungr&iacute;a era, en realidad, la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de una tensi&oacute;n que sigue atravesando a toda Europa y que nos obliga a preguntarnos hasta qu&eacute; punto estamos dispuestos a defender de verdad nuestros propios valores. Y aqu&iacute;, hay que decirlo sin rodeos, la Uni&oacute;n Europea ha fallado.&nbsp;Ha llegado tarde. Ha dudado demasiado.&nbsp;Y, sobre todo, se ha atado a s&iacute; misma las manos.
    </p><p class="article-text">
        El sistema de unanimidad que en su momento ten&iacute;a sentido, se ha convertido en una especie de candado. Un candado que permite que quien vulnera las reglas del juego pueda, adem&aacute;s, bloquear cualquier respuesta como ha hecho Orb&aacute;n en estos a&ntilde;os. Una paradoja dif&iacute;cil de explicar&hellip; y a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de justificar por cuanto en medio de ese bloqueo institucional, hay personas concretas. Con nombres, con vidas, con miedos muy reales.
    </p><p class="article-text">
        El resultado electoral en Hungr&iacute;a dibuja una ventana que, aunque no sea perfecta, abre en Europa, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de avanzar en dos terrenos que parec&iacute;an completamente atascados.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, el de repensar de verdad los mecanismos de decisi&oacute;n en la Uni&oacute;n Europea; porque si algo ha quedado claro es que no se puede defender el Estado de derecho con herramientas que lo hacen inviable.
    </p><p class="article-text">
        Y por otro, y quiz&aacute; m&aacute;s importante, dar un paso adelante en la consolidaci&oacute;n real de los derechos fundamentales. Pero no con declaraciones bonitas. No escribi&eacute;ndolos como principios que suenan bien en los tratados. Sino garantizando que sean efectivos, medibles y exigibles.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos pensar que con reducir la hostilidad es suficiente. Que con rebajar el tono, con dejar de se&ntilde;alar, con permitir un m&iacute;nimo de convivencia, ya hemos avanzado bastante. Y s&iacute;, algo se avanza, pero no basta. Porque vivir sin ser atacado no es lo mismo que vivir con derechos. Porque tolerar no es lo mismo que reconocer y porque existir sin miedo no deber&iacute;a ser el techo, sino el punto de partida.
    </p><p class="article-text">
        Europa tiene ahora la oportunidad y la responsabilidad de ir m&aacute;s all&aacute; de ese m&iacute;nimo; de construir un marco en el que los derechos no dependan del gobierno de turno. En el que no haya que mirar cada elecci&oacute;n con incertidumbre. En el que nadie tenga que preguntarse si ma&ntilde;ana volver&aacute; a ser cuestionado.
    </p><p class="article-text">
        A veces hablamos de Europa como si fuera solo un entramado de normas, de equilibrios, de despachos en Bruselas. Pero Europa, en el fondo, es otra cosa. Es la idea sencilla, casi elemental, de que nadie deber&iacute;a sentirse extranjero en su propia vida. De que la dignidad no se negocia.&nbsp;De que hay l&iacute;mites que la pol&iacute;tica no deber&iacute;a cruzar.&nbsp;Suena b&aacute;sico. Y, sin embargo, hemos visto lo f&aacute;cil que es olvidarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hay motivos para mirar lo que ha pasado en Hungr&iacute;a con cierta esperanza. Ser&iacute;a injusto no reconocerlo. Para muchas personas, simplemente bajar la intensidad del conflicto, recuperar un poco de aire, ya es un alivio enorme. Pero, al mismo tiempo, conviene no perder de vista que nada de esto est&aacute; garantizado.
    </p><p class="article-text">
        Hemos visto claramente que los derechos no son irreversibles y que, cuando retroceden, lo hacen deprisa.&nbsp;Por eso, m&aacute;s all&aacute; de celebrar el momento, lo que toca ahora es decidir qu&eacute; hacemos con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Si Europa vuelve a conformarse, si vuelve a gestionar en lugar de transformar, si vuelve a posponer las decisiones dif&iacute;ciles, esta oportunidad se cerrar&aacute;. Y, probablemente, volveremos a encontrarnos en el mismo punto dentro de unos a&ntilde;os, en Hungr&iacute;a o en cualquier otro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hungr&iacute;a nos ha puesto frente a un espejo. No solo para ver lo que ha pasado all&iacute;, sino para preguntarnos qu&eacute; tipo de Europa queremos ser. Una que reacciona tarde y a medias.
    </p><p class="article-text">
         O una que entiende, de una vez, que los derechos no son un accesorio del proyecto europeo, sino su raz&oacute;n de ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/europa-espejo-hungria_129_13143710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 08:15:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Europa ante el espejo de Hungría]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Hungría,Viktor Orbán,Elecciones,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hoy es siempre todavía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hoy-todavia_129_13137646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Fue el despertar democr&aacute;tico violentado por el golpe de Estado de 1936, tambi&eacute;n la &uacute;nica posibilidad de enfrentar la caducidad de un Estado decimon&oacute;nico que irrumpi&oacute; en los albores del siglo XX y que se descompuso definitivamente con el hundimiento de la monarqu&iacute;a. La Segunda Rep&uacute;blica abord&oacute; en Espa&ntilde;a la urgencia de una reforma agraria, la necesidad de la universalizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n, la cuesti&oacute;n de las nacionalidades, la extensi&oacute;n de los derechos b&aacute;sicos a todos los ciudadanos e incluso implant&oacute; un impuesto sobre la renta de las personas f&iacute;sicas, algo absolutamente novedoso en aquel contexto. Adem&aacute;s, gener&oacute; en muy poco tiempo un equilibrio democr&aacute;tico que permiti&oacute;, en 1933, el retorno al poder de una oligarqu&iacute;a que hab&iacute;a ejercido un boicot permanente contra todas esas reformas, tan dif&iacute;ciles como necesarias. &ldquo;Para m&iacute;&nbsp;la Rep&uacute;blica significaba la posibilidad de desaparici&oacute;n de toda es vieja costra castiozoide, asfixiante de los mejores valores de nuestro pa&iacute;s&rdquo;, afirmaba en 1981, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su proclamaci&oacute;n, Jos&eacute; Antonio Maravall, una de las principales figuras de la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola&nbsp;fue aprobada por las Cortes Constituyentes el&nbsp;9 de diciembre de 1931 y&nbsp;por primera vez se reconoc&iacute;a en un texto constitucional la igualdad de derechos de mujeres y hombres en un r&eacute;gimen de libertad y de justicia&nbsp;y entre otras muchas propuestas de avance social la educaci&oacute;n se convert&iacute;a en el elemento esencial de equidad a trav&eacute;s de la escuela unificada convirtiendo a la ense&ntilde;anza primaria en gratuita y obligatoria y a los maestros, profesores y catedr&aacute;ticos de la ense&ntilde;anza oficial en funcionarios p&uacute;blicos.&nbsp;Adem&aacute;s la Rep&uacute;blica se compromet&iacute;a a facilitar a los espa&ntilde;oles econ&oacute;micamente necesitados el acceso a todos los grados de ense&ntilde;anza, una&nbsp;ense&ntilde;anza&nbsp;laica inspirada en ideales de solidaridad humana. Y, conviene resaltarlo, el art&iacute;culo 48 de esa constituci&oacute;n&nbsp;reconoc&iacute;a&nbsp;a las Iglesias el derecho a ense&ntilde;ar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la Rep&uacute;blica culmin&oacute; la Edad de Plata de la cultura, reflejada en la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza el proyecto de cambio educativo m&aacute;s importante de la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea que este a&ntilde;o cumple 150 a&ntilde;os. Su influencia social, pol&iacute;tica y cultural&nbsp;fue extraordinaria ya que desde 1876 hasta 1936 la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza se convirti&oacute; en el centro de gravedad de toda una &eacute;poca de la cultura espa&ntilde;ola y en un cauce para la introducci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s de las m&aacute;s avanzadas teor&iacute;as pedag&oacute;gicas y cient&iacute;ficas que se estaban desarrollando fuera de las fronteras espa&ntilde;olas. El sue&ntilde;o institucionista pasaba por que Espa&ntilde;a figurase en el mapa europeo del desarrollo cient&iacute;fico y cultural y, por supuesto, educativo. Por ello, adem&aacute;s de asesinar y depurar a los docentes, el franquismo elimin&oacute; todos los aspectos de renovaci&oacute;n y avances educativos conseguidos con anterioridad.
    </p><p class="article-text">
        Fue la Rep&uacute;blica la que impuls&oacute; el hermoso proyecto de las Misiones Pedag&oacute;gicas que dirigido por el riojano Manuel Bartolom&eacute; Coss&iacute;o se convirti&oacute; en una experiencia pedag&oacute;gica &uacute;nica en la historia de Espa&ntilde;a buscando acercar la cultura a los pueblos , sobre todo a los m&aacute;s&nbsp;pobres y necesitados abandonados. No olvidemos que&nbsp;el Gobierno de la Segunda Rep&uacute;blica se encontr&oacute; con la situaci&oacute;n de un mill&oacute;n de ni&ntilde;os sin escolarizar y la necesidad de crear alrededor de 27.000 escuelas. S&oacute;lo en el primer a&ntilde;o se crearon m&aacute;s de 7.000 nuevas escuelas, a la vez que se propiciaba el ritmo constante de creaci&oacute;n de bibliotecas en cualquiera de sus formas, permanentes o ambulantes. En las zonas rurales el 70% de los hombres eran analfabetos y la cifra resultaba m&aacute;s&nbsp;elevada en el caso de las mujeres, as&iacute; que las Misiones Pedag&oacute;gicas pretend&iacute;an fomentar la cultura general mediante bibliotecas populares, organizaci&oacute;n de lecturas, sesiones cinematogr&aacute;ficas y musicales o exposiciones de arte a trav&eacute;s museos itinerantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Segunda Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola no fue una improvisaci&oacute;n rupturista de un grupo de iluminados, sino que ten&iacute;a tras de s&iacute; un elaborado proyecto de futuro inmerso en la necesidad de cambio exigido por tantos siglos de desigualdad y atraso. Y como ello ofendi&oacute; a aquellos que entend&iacute;an la detentaci&oacute;n del poder como un privilegio secular, hereditario y eterno, la respuesta&nbsp;fue&nbsp;la rebeli&oacute;n militar y la posterior difamaci&oacute;n que identific&oacute; a la Segunda Rep&uacute;blica con desorden, caos y guerra.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as en los que florece un revisionismo neoconservador que se atribuye, sin ning&uacute;n sonrojo, la defensa exclusiva de los valores democr&aacute;ticos adue&ntilde;&aacute;ndose de la palabra &ldquo;libertad&rdquo; desde un sesgo excluyente, conviene recuperar el esp&iacute;ritu del republicanismo en su sentido hist&oacute;rico y conceptual. Porque&nbsp;el t&eacute;rmino <em>rep&uacute;blica</em> nos remite&nbsp;a la <em>res p&uacute;blica</em> (cosa de todos), es decir a si los seres humanos somos capaces de dotarnos a nosotros mismos de instrumentos de gobierno o&nbsp;dependemos necesariamente de alguna fuerza externa que nos d&eacute; forma y nos gu&iacute;e en nuestra andadura hist&oacute;rica. Es en la Grecia cl&aacute;sica donde se produce, por primera vez, la reflexi&oacute;n sobre si la sociedad es un producto propiamente humano y ser&aacute;n los autores cl&aacute;sicos quienes se&ntilde;alen a la rep&uacute;blica como el r&eacute;gimen pol&iacute;tico m&aacute;s &oacute;ptimo capaz de garantizar la felicidad y la justicia. Para los antiguos griegos, no es que la comunidad fuese m&aacute;s importante que el individuo, es que el individuo s&oacute;lo pod&iacute;a desarrollarse en comunidad c&iacute;vica. A partir de este principio la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo se organiza esa comunidad se convierte en el elemento clave sobre el que el ser humano ejerce de s&iacute; mismo, es decir, de ser racional y aut&oacute;nomo. Y la forma de organizaci&oacute;n que conocemos como rep&uacute;blica recorre el v&iacute;nculo existente entre los derechos del&nbsp;individuo y&nbsp;la sociedad que los posibilita al preguntarse por el poder y por las propias posibilidades de participar&nbsp;y formar parte de ese poder equitativamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El republicanismo, por tanto, se constituye en una tradici&oacute;n milenaria que arranca en el mediterr&aacute;neo antiguo cl&aacute;sico y reaparece en el mundo moderno impregnando los movimientos pol&iacute;ticos de cambio. El fil&oacute;sofo Inmanuel Kant lo precis&oacute; en su obra <em>La paz perpetua</em> afirmando la necesidad de que todos los pa&iacute;ses se doten de constituciones republicanas, ya que estas posibilitan a los ciudadanos la toma de decisiones como la del consentimiento para declarar la guerra. Pero no s&oacute;lo Kant. Pericles, Prot&aacute;goras, Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles, Montesquieu, Locke, Rousseau, Jefferson, Marx y otros muchos mantuvieron el debate sobre el republicanismo y su esencia: ser libre consiste en no tener que pedir permiso a otro para existir socialmente ejercitando la virtud de la ciudadan&iacute;a frente a la condici&oacute;n de s&uacute;bdito.
    </p><p class="article-text">
        El republicanismo como pensamiento y la rep&uacute;blica como forma pol&iacute;tica garantizan la ecuanimidad en el proceso de acceso al poder. La democracia tambi&eacute;n consiste en que cualquier miembro de la polis tenga la posibilidad de gobernarla porque la cualidad de ciudadano tambi&eacute;n se expresa en el desempe&ntilde;o posible, concreto, real y continuo del poder. Y, a diferencia de la monarqu&iacute;a, el proyecto republicano se basa en una doble soberan&iacute;a,&nbsp;individual y colectiva, y en el hecho de que todos somos &ldquo;soberanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy 14 de abril cumple a&ntilde;os una aspiraci&oacute;n que conven&iacute;a en la necesidad de dignificar la vida p&uacute;blica, defender la libertad y sostener la igualdad entre los seres humanos, promoviendo su desarrollo cultural y cient&iacute;fico. El modelo republicano se acerca m&aacute;s al lejano sue&ntilde;o de acceder a las magistraturas del Estado en t&eacute;rminos de igualdad social y la posibilidad de una transici&oacute;n hacia una rep&uacute;blica (con todos los <em>cu&aacute;ndos</em> que se le quieran a&ntilde;adir) puede tomarse como una evoluci&oacute;n natural de las formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica si somos capaces de superar el per&iacute;metro de los afectos ya que cuando el debate entre monarqu&iacute;a y rep&uacute;blica se sit&uacute;a en el plano de lo conveniente se convierte en una disputa est&eacute;ril. Y como nuestro pa&iacute;s tiene un l&uacute;gubre pasado acerca de lo que resulta m&aacute;s oportuno, la discusi&oacute;n debe situarse en el campo de lo racional y, por tanto, de lo ut&oacute;pico. Tal vez un monarca nos represente a todos pero, adem&aacute;s, nos gustar&iacute;a poder darle (o no) nuestra representatividad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una reciente entrevista Luis Arroyo, presidente del Ateneo de Madrid afirmaba que no es tan complicado que en Espa&ntilde;a haya una rep&uacute;blica porque basta con una reforma constitucional. Viniendo de un atene&iacute;sta suena muy bien porque los ateneos desde su defensa de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y el cultivo del arte y de las letras siempre estuvieron ligados a ese sentimiento de igualdad social que emana del republicanismo. Ojal&aacute; esos deseos sean &oacute;rdenes en su sentido m&aacute;s significativo: el de colocar las cosas en el lugar que les corresponde.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, la ilusi&oacute;n republicana entra&ntilde;a mucho m&aacute;s que una mera cr&iacute;tica a la monarqu&iacute;a y otra rep&uacute;blica posible, al igual que la utop&iacute;a, tambi&eacute;n est&aacute; en el horizonte. El resto pertenece al viento de la historia que ahora se detiene en el soplo de esperanza que atraves&oacute; Espa&ntilde;a aquel 14 abril de 1931. Hoy es el d&iacute;a de la Rep&uacute;blica, hoy es siempre todav&iacute;a. Lo dijo un poeta republicano que amaba &ldquo;mundos sutiles, ingr&aacute;vidos y gentiles como pompas de jab&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hoy-todavia_129_13137646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2026 08:36:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hoy es siempre todavía]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fábrica de la obediencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/fabrica-obediencia_129_13137160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Aunque pudiera parecerlo, no es una guerra entre ciencias y letras. Ni siquiera del aprendizaje de los oficios contra los estudios universitarios. Es un proyecto de ingenier&iacute;a social m&aacute;s sutil y eficaz. Lo que se castiga no es una rama del saber, sino un tipo de pensamiento: el lento, el inc&oacute;modo, el que cuestiona los cimientos. Lo que se premia es su contrario: el pensamiento aplicado, inmediato y funcional para la cadena productiva. El resultado no es una sociedad de ignorantes, sino una sociedad de especialistas d&oacute;ciles: ingenieros que no cuestionan para qu&eacute; sirve lo que construyen, m&eacute;dicos que no analizan los determinantes sociales de la salud, urbanistas pensando en el turista y no en los habitantes de las ciudades, y humanistas convertidos en gestores culturales o en rarezas anecd&oacute;ticas. El mensaje est&aacute; codificado en los datos duros y en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas: piensa dentro del caj&oacute;n asignado, o asume el coste de la irrelevancia econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Resistirte te se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        La narrativa de la&nbsp;<em>utilidad</em>&nbsp;es el arma principal. Se presenta como un hecho natural, pero es una construcci&oacute;n pol&iacute;tica. Los n&uacute;meros lo avalan sin margen para la duda. Seg&uacute;n el informe m&aacute;s reciente de la Fundaci&oacute;n CYD sobre inserci&oacute;n laboral de egresados universitarios (2025), los titulados en Artes y Humanidades presentan la menor tasa de afiliaci&oacute;n a la Seguridad Social a los cuatro a&ntilde;os de graduarse: un 63,5%, frente al 87% de los graduados en Inform&aacute;tica o al 94% en Medicina. Su salario medio &mdash;27.185 euros anuales de base de cotizaci&oacute;n&mdash; es el m&aacute;s bajo de todas las ramas, un 35% inferior al de Medicina y un 20% por debajo de Ingenier&iacute;a. Casi cuatro de cada diez humanistas trabajan a tiempo parcial. Esta brecha no nace de manera natural; es el fruto de un modelo que decide qu&eacute; conocimiento vale. Los Presupuestos Generales del Estado destinan fondos a universidades, pero su distribuci&oacute;n sigue la l&oacute;gica de la&nbsp;<em>excelencia medible</em>: patentes, transferencia tecnol&oacute;gica, colaboraci&oacute;n con empresa. La ANECA eval&uacute;a a un catedr&aacute;tico de &Eacute;tica con las mismas m&eacute;tricas que a un ingeniero de telecomunicaciones &mdash;publicaciones en revistas de alto impacto, proyectos competitivos&mdash;, una cuadratura del c&iacute;rculo que ignora que el impacto de la filosof&iacute;a o la historia es social, cultural y a largo plazo, no patentable en un registro de la propiedad industrial.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n es tan enorme que las propias facultades de Humanidades traicionan su esencia. Proliferan m&aacute;steres en&nbsp;<em>Gesti&oacute;n Cultural</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Humanidades Digitales</em>&nbsp;que, en el mejor de los casos, convierten el pensamiento cr&iacute;tico en una&nbsp;<em>habilidad blanda</em>&nbsp;para el mercado y, en el peor, en una burocracia de la creaci&oacute;n. La Fundaci&oacute;n CYD, en su ranking anual, sit&uacute;a siempre a las polit&eacute;cnicas en lo m&aacute;s alto de la contribuci&oacute;n a la&nbsp;<em>transferencia</em>. El mensaje cala: lo valioso es lo que se puede convertir en producto, en servicio, en beneficio contable inmediato.
    </p><p class="article-text">
        Esta brecha salarial no es un da&ntilde;o colateral; es un mecanismo disuasorio perfecto. La inseguridad material no es un accidente: es la herramienta maestra. Un estudio de la Fundaci&oacute;n La Caixa sobre condiciones laborales de artistas y profesionales de la cultura (2022) revela que cerca del 60% de los trabajadores del sector gana menos de 1.500 euros mensuales de su actividad principal, muy por debajo del salario medio nacional, y que m&aacute;s de la mitad declara dificultades para vivir de ella. Solo el 5% cree que la sociedad considera su trabajo esencial. Cuando un joven elige carrera, no lo hace en libertad. Lo hace bajo el peso de un c&aacute;lculo de supervivencia, amplificado por la familia, el orientador acad&eacute;mico y el ruido medi&aacute;tico:&nbsp;<em>&iquest;de qu&eacute; vas a vivir?</em>&nbsp;La pregunta que deber&iacute;a hacerse &mdash;<em>&iquest;en qu&eacute; sociedad quiero vivir?</em>&mdash; ha sido borrada del guion. El efecto es una autoselecci&oacute;n de clase: solo los hijos de las &eacute;lites pueden permitirse el&nbsp;<em>lujo</em>&nbsp;de estudiar Filosof&iacute;a o Historia del Arte sin que el fantasma de la pobreza les persiga. Las humanidades, anta&ntilde;o v&iacute;a de emancipaci&oacute;n, se arriesgan a ser un club para ricos o un gueto precarizado.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es que el desprecio institucional al sector cultural coexiste con un volumen econ&oacute;mico que deber&iacute;a avergonzar a sus detractores. Seg&uacute;n la Cuenta Sat&eacute;lite de la Cultura del Ministerio de Cultura (Revisi&oacute;n 2024), la cultura aport&oacute; en 2023 el 2,2% del PIB espa&ntilde;ol &mdash;el 3,4% si se suman las actividades vinculadas a la propiedad intelectual&mdash;, m&aacute;s que industrias que nadie cuestiona. El sector genera empleo para m&aacute;s de 755.000 personas &mdash;un 3,5% del empleo total&mdash;, moviliz&oacute; en 2023 m&aacute;s de 34 millones de viajes tur&iacute;sticos con un gasto asociado superior a los 32.500 millones de euros, y sostiene m&aacute;s de 185.000 empresas, el 87% de ellas en sectores como la edici&oacute;n, los museos, el audiovisual o las artes esc&eacute;nicas. A pesar de ello, el gasto que la Administraci&oacute;n General del Estado destin&oacute; a cultura en 2024 apenas alcanz&oacute; los 1.248 millones de euros, un 0,08% del PIB. Un sector que aporta el 2,2% de la riqueza nacional recibe a cambio el 0,08% en inversi&oacute;n p&uacute;blica. Las reglas son simples: o eres clase productiva, o eres clase extractiva. Y para este sistema, la cultura pertenece a la segunda categor&iacute;a no porque no genere riqueza, sino porque genera la riqueza que otros se llevan.
    </p><p class="article-text">
        Y cuidado, esta l&oacute;gica extractiva no perdona ni a las ciencias. Golpea con sa&ntilde;a a su coraz&oacute;n: la investigaci&oacute;n b&aacute;sica. Espa&ntilde;a destin&oacute; a I+D un 1,50% de su PIB en 2024 &mdash;m&aacute;ximo hist&oacute;rico seg&uacute;n el INE, s&iacute;, pero todav&iacute;a lejos del 3% que los sucesivos gobiernos han prometido y del 2,26% de media de la UE&mdash;. El problema es cualitativo tanto como cuantitativo. La mayor parte de ese gasto se concentra en investigaci&oacute;n aplicada y desarrollo experimental con demanda empresarial directa: las empresas financian el 47,7% del total, y su dinero fluye de forma abrumadora hacia Ingenier&iacute;a y Tecnolog&iacute;a, que absorbe m&aacute;s del 21% del gasto en I+D universitaria, mientras Humanidades aparece en los &uacute;ltimos puestos del reparto. No se financia la curiosidad; se financia la utilidad. Un proyecto de f&iacute;sica de materiales con aplicaci&oacute;n en bater&iacute;as tendr&aacute; m&aacute;s opciones que uno sobre cosmolog&iacute;a te&oacute;rica. Un estudio de sociolog&iacute;a encargado por una multinacional para optimizar su plantilla se priorizar&aacute; sobre una investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica sobre las condiciones laborales en los almacenes de Amazon. La convocatoria de proyectos del Ministerio de Ciencia eval&uacute;a&nbsp;<em>la transferencia y retorno socioecon&oacute;mico</em>. &iquest;C&oacute;mo calcula el&nbsp;<em>retorno</em>&nbsp;un proyecto de arqueolog&iacute;a que desmonta los mitos fundacionales de un nacionalismo? &iquest;O una investigaci&oacute;n en bio&eacute;tica sobre los l&iacute;mites de la inteligencia artificial? &iquest;O programas po&eacute;ticos en la tierra que alardea de la lengua o de Gonzalo de Berceo como bandera identitaria? El sistema es coherente: promueve una ciencia que aceita la maquinaria y margina la ciencia que examina el dise&ntilde;o de la m&aacute;quina y se pregunta si no deber&iacute;amos desmontarla.
    </p><p class="article-text">
        El resultado se proyecta directamente en el espacio p&uacute;blico. Basta encender la televisi&oacute;n: economistas ortodoxos y polit&oacute;logos del&nbsp;<em>establishment</em>&nbsp;copan las tertulias de&nbsp;<em>prime time</em>, mientras las voces de las humanidades aparecen, si aparecen, como an&eacute;cdota, efem&eacute;ride o&nbsp;<em>toque po&eacute;tico</em>&nbsp;desprovisto de peso anal&iacute;tico. No es casualidad: el espacio medi&aacute;tico reproduce y amplifica la jerarqu&iacute;a que el sistema educativo y financiero ha establecido previamente. Se habla del&nbsp;<em>d&eacute;ficit</em>&nbsp;con la frialdad de un contable, pero no se debate el modelo social que ese d&eacute;ficit sostiene. Se analiza la&nbsp;<em>competitividad</em>&nbsp;sin preguntarse&nbsp;<em>competitividad para qu&eacute; y para qui&eacute;n</em>. Ha triunfado la tertulizaci&oacute;n de la raz&oacute;n: todo debe ser r&aacute;pido, simple y contundente. La duda, el matiz, la profundidad hist&oacute;rica son enemigos del formato. Y sin ese contrapeso, el discurso p&uacute;blico queda cautivo de la tecnocracia y el populismo, dos caras de la misma moneda que desprecian por igual la reflexi&oacute;n pausada.
    </p><p class="article-text">
        El ant&iacute;doto, por tanto, no es la nostalgia. Es una reconceptualizaci&oacute;n radical que debe traducirse en hechos. El pensamiento cr&iacute;tico no es un lujo: es una infraestructura de salud democr&aacute;tica, tan esencial como el alcantarillado o la red el&eacute;ctrica. Esto exige una financiaci&oacute;n p&uacute;blica blindada para la investigaci&oacute;n b&aacute;sica en todas las disciplinas, con criterios de evaluaci&oacute;n diferenciados que valoren el impacto social y cultural, no solo el econ&oacute;mico. Implica reformular la orientaci&oacute;n acad&eacute;mica, no como un servicio de recursos humanos para empresas, sino como un espacio de exploraci&oacute;n vocacional y compromiso c&iacute;vico. Pasa por crear estructuras estables de apoyo a creadores e investigadores &mdash;no becas-proyecto con fecha de caducidad, sino financiaci&oacute;n sostenida que los libere de la tiran&iacute;a de la utilidad inmediata&mdash; y por exigir a los medios que traten a fil&oacute;sofos, historiadores y cient&iacute;ficos b&aacute;sicos como voces autorizadas en los debates de fondo, no como adornos de temporada.
    </p><p class="article-text">
        El problema real no es entre ciencias y letras. Es entre un modelo que fabrica especialistas sumisos y otro que aspira a formar ciudadanos l&uacute;cidos. Entre una sociedad que contrata pensamiento a medida y una que cultiva el pensamiento libre, aunque sea inc&oacute;modo. Cuesta imaginar qu&eacute; pa&iacute;s ser&iacute;a este sin Averroes, Cervantes, Ortega y Gasset o Mar&iacute;a Zambrano: cada uno, a su manera, traspas&oacute; las fronteras del idioma y la cultura nacional para convertirse en patrimonio del pensamiento mundial. Su legado demuestra que, cuando las circunstancias lo permitieron, el pensamiento espa&ntilde;ol no fue perif&eacute;rico, sino central y vanguardista.
    </p><p class="article-text">
        Desmontar la f&aacute;brica de la obediencia empieza por negarse a aceptar que el precio de pensar sea la irrelevancia econ&oacute;mica. Empieza por recordar, con los datos en la mano, que una sociedad que deja de financiar a sus poetas, sus fil&oacute;sofos y sus cient&iacute;ficos m&aacute;s inconformistas no est&aacute; ahorrando dinero. Est&aacute; desmantelando, ladrillo a ladrillo, su propia capacidad de imaginar un futuro diferente. Al final, lo que llaman&nbsp;<em>carreras sin salida</em>&nbsp;son, en realidad, las &uacute;nicas que podr&iacute;an se&ntilde;alarnos la salida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/fabrica-obediencia_129_13137160.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2026 15:49:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La fábrica de la obediencia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La guerra y el revés de Federer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/guerra-reves-federer_129_13132528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay gestos que elevan una disciplina hasta convertirla en arte. El rev&eacute;s de Roger Federer, por ejemplo, no era solo un golpe, era una declaraci&oacute;n est&eacute;tica. La pelota ven&iacute;a con mala intenci&oacute;n, con prisa, con violencia, y Federer respond&iacute;a con una elegancia casi ofensiva, como si a trav&eacute;s de su golpeo expusiera un manifiesto art&iacute;stico. La relaci&oacute;n de la pelota con las cuerdas de su raqueta no hac&iacute;a ruido, compon&iacute;a m&uacute;sica. No se impon&iacute;a a los rivales, los convenc&iacute;a. En el rev&eacute;s de Federer habitaba el talento, s&iacute;, pero tambi&eacute;n una forma de estar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        A Trump, Netanyahu, Vladimir Putin, Marco Rubio, Viktor Orban, o Milei no les pidas un rev&eacute;s liftado, ni siquiera que intenten colocar la bola junto a la l&iacute;nea. No lo van a entender. Como, probablemente, tampoco entender&aacute;n el mecanismo de un buen libro. Uno observa la geopol&iacute;tica internacional y descubre que la &uacute;nica estrategia es destruir la pista de juego. Hay martillazos, insultos y amenazas. La fuerza sustituye a la inteligencia. La fuerza sustituye a la b&uacute;squeda de la belleza, como si las relaciones internacionales consistieran en romper la raqueta contra la tierra batida esperando que les concedan el punto porque s&iacute;, porque el torneo es de su propiedad.
    </p><p class="article-text">
        Los genocidas, los amantes de la guerra, o la ultraderecha se parecen poco al rev&eacute;s de Federer y m&aacute;s a un pelotazo sin intenci&oacute;n, que lo mismo da si la pelota bota dentro o fuera de la pista o derriba la red. Siempre encontrar&aacute;n justificaciones para hacerse con el punto a su favor. Frente a la exquisitez del gesto t&eacute;cnico, el ruido; frente a la precisi&oacute;n, la brocha gorda.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; surge el falso planteamiento pol&iacute;tico de las soluciones f&aacute;ciles para los problemas complejos, que viene a ser el golpeo garrote con una raqueta en la mano. El problema es que ese estilo no se queda en las redes sociales, en las televisiones afines o en los discursos de dos horas. Se filtra y llega m&aacute;s all&aacute; -m&aacute;s cerca, m&aacute;s aqu&iacute;- de los d&eacute;spotas mundiales.
    </p><p class="article-text">
        Y de pronto aniquilar una civilizaci&oacute;n es una opci&oacute;n; invadir un pa&iacute;s vecino es algo normal y sin consecuencias, y aplicar el genocidio de una poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de las bombas, el hambre o la sed puede repetirse una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        El rev&eacute;s de Federer era exactamente lo contrario de todo eso. Era la demostraci&oacute;n de que la fuerza sin inteligencia tan s&oacute;lo es ruido y destrucci&oacute;n; de que la belleza no est&aacute; re&ntilde;ida con la eficacia. De que se puede responder a la violencia -de la pelota- con algo mejor que m&aacute;s violencia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso resulta tan inc&oacute;modo comparar. Porque en un lado est&aacute; la idea de que el mundo puede hacerse con precisi&oacute;n, con talento, con cierta armon&iacute;a. Y en el otro, la convicci&oacute;n de que basta con golpear m&aacute;s fuerte, m&aacute;s alto, m&aacute;s veces, hasta que algo -lo que sea- ceda o desaparezca.
    </p><p class="article-text">
        El problema del garrote es que, a diferencia del rev&eacute;s de Federer, no deja nada bello detr&aacute;s. Solo la sensaci&oacute;n de que el partido, as&iacute;, no merece la pena jugarlo. El rev&eacute;s de Federer era paciencia en un mundo acelerado. Era la prueba de que se puede ganar sin generar destrozos, sin levantar la voz, sin convertir cada intercambio en una guerra.
    </p><p class="article-text">
        Hay golpes que no se olvidan porque no son solo deporte, son una manera de ordenar el mundo. El rev&eacute;s de Roger Federer era uno de ellos. Lo que no recuerdo es porqu&eacute; guard&eacute; el v&iacute;deo del golpeo a c&aacute;mara lenta en la galer&iacute;a del m&oacute;vil. Quiz&aacute; nostalgia de una &eacute;poca en que trat&aacute;bamos de imitar al suizo. Sin lograrlo, claro. Tengo que verlo m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/guerra-reves-federer_129_13132528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 14:15:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La guerra y el revés de Federer]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El milagro de la reconversión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/milagro-reconversion_129_13121459.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entre bombardeos y bombardeos, muertos y m&aacute;s muertos, invasiones terrestres, subidas de precios del petr&oacute;leo, de la gasolina, el gasoil, los fertilizantes y los alimentos&hellip;&ldquo;<strong> esta guerra que no es nuestra&rdquo;</strong> nos ofrece destellos luminosos en nuestra zona de confort.
    </p><p class="article-text">
        Es un gusto comprobar como en la Universidad de La Rioja, las alumnas y alumnos son curso a curso m&aacute;s diversos. Los estudiantes de origen extranjero no solo est&aacute;n accediendo a estudios superiores, sino que sus calificaciones son brillantes.
    </p><p class="article-text">
        Escuchar a estos j&oacute;venes de origen pakistan&iacute; y marroqu&iacute;, entre otros, exponer sus trabajos ante profesores y compa&ntilde;eros, conversar e interesarse por asuntos de los m&aacute;s variado, incluida la actualidad, de la que nosotros huimos para no ver la parte fea de nuestro mundo occidental, es una actividad gratificante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Convendr&iacute;a que los logro&ntilde;eses acudieran a esos seminarios en los que quienes tienen todo el futuro por delante se forman en lo acad&eacute;mico y tambi&eacute;n en lo personal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos actos son abiertos al p&uacute;blico en general, aunque suelen pasar desapercibidos. Quiz&aacute;s por desconocimiento. &iexcl;Una pena!, porque podr&iacute;amos comprobar que no todos los j&oacute;venes, son una banda de mal educados, enganchados a las redes sociales y capaces de abusar, robar y maltratar, con el &uacute;nico objetivo de colgar esas escenas deplorables en X o en Tik Tok.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las guerras y genocidios, adem&aacute;s de las declaraciones irracionales de algunos pol&iacute;ticos, tambi&eacute;n nos asusta el n&uacute;mero creciente de ni&ntilde;os y adolescentes que est&aacute;n enganchados a las pantallas y que cada vez a edades m&aacute;s tempranas acceden a la pornograf&iacute;a. <strong>&ldquo;Esta s&iacute; es nuestra guerra&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos datos oficiales destacan que: &ldquo;uno de cada cuatro ni&ntilde;os accede al porno antes de los doce a&ntilde;os, con una edad de inicio que ya es a los ocho. La mitad de los menores de entre doce y quince y el 70 por ciento de los que tienen entre quince y diecisiete a&ntilde;os lo consumen con regularidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son cifras que han llevado al gobierno a poner en marcha: &ldquo;una estrategia para regular el acceso de los ni&ntilde;os y adolescentes a los contenidos pornogr&aacute;ficos y frenar la creciente influencia de estos en la educaci&oacute;n afectivo-sexual&rdquo;. Este p&aacute;rrafo entrecomillado, lo suscriben profesores, psic&oacute;logos y psiquiatras en general. Es una afirmaci&oacute;n en la que todos coinciden.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera quienes trabajan con menores afirman que: &ldquo;entre las consecuencias de esta mala educaci&oacute;n, est&aacute; la normalizaci&oacute;n de la violencia contra las mujeres a las que la pornograf&iacute;a cosifica y deshumaniza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente algo hemos hecho mal en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, para que nuestros menores act&uacute;en as&iacute; y algo seguimos haciendo mal cuando esas mismas estad&iacute;sticas oficiales, en este &uacute;ltimo mes de bombardeos muestran que los adolescentes utilizan cada vez m&aacute;s la inteligencia artificial para estudiar fuera del control de padres y profesores. Familias y expertos reclaman que se regule esta herramienta con riesgo para ni&ntilde;os y adolescentes y aseguran que, con la IA les est&aacute; pasando lo mismo que con las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Quiero contraponer las dos cuestiones: la de los j&oacute;venes de origen inmigrante que saben aprovechar las oportunidades que nuestra sociedad les brinda, frente al desencanto de nuestros adolescentes y j&oacute;venes que no encuentran satisfacci&oacute;n en lo que sus familias y la sociedad les ofrecemos. Han tenido todo desde el primer momento, sin dar nada a cambio y el esfuerzo, la paciencia y la reflexi&oacute;n son t&eacute;rminos que desconocen. Quieren seguir teni&eacute;ndolo todo y de forma inmediata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n, &ldquo;la mala educaci&oacute;n&rdquo; es una las asignaturas pendientes de la democracia. Hay ejemplos palmarios: las despedidas de solteros en la calle Laurel de Logro&ntilde;o y el comportamiento antisocial de esas cuadrillas. Los insultos y gritos de unos cuantos, en los campos de f&uacute;tbol, que no van a disfrutar del deporte y del juego, sino a dar rienda suelta al odio que llevan dentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Odio, a los que no son como ellos, ni como sus hijos, pero son mejores futbolistas y ganan m&aacute;s dinero que ellos y sus hijos. Ni la polic&iacute;a local de esta ciudad se gana el sueldo, cuando permite a los b&aacute;rbaros destrozar los lugares por los que pasan. Ni se ganan el sueldo los altos mandos de las federaciones de f&uacute;tbol, sean la espa&ntilde;ola o la que corresponda seg&uacute;n la categor&iacute;a del partido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el &uacute;ltimo martes de marzo, la Federaci&oacute;n espa&ntilde;ola de f&uacute;tbol, los &aacute;rbitros y los responsables del campo, hubieran suspendido el Espa&ntilde;a-Egipto, cuando los bestias empezaron a abuchear el himno de los jugadores visitantes, no hubi&eacute;ramos tenido que avergonzarnos al d&iacute;a siguiente, cuando todo el mundo supo como somos en este pa&iacute;s. Evidentemente no somos todos, pero meten tanto ruido que parecen mayor&iacute;a. La fuerza bruta, la testosterona, del macho ib&eacute;rico, necesita del mensaje f&aacute;cil, del capricho inmediato del me das o lo cojo por la fuerza. Necesitan de <strong>&ldquo;abascales&rdquo;,&ldquo;matamoros&rdquo;, &ldquo;acaballo&rdquo;</strong> que les griten lo que quieren o&iacute;r y de &ldquo;<strong>derechistas</strong>&rdquo; <strong>&ldquo;joseantonianos&rdquo; y &ldquo;franquistas&rdquo; </strong>que se quedan en aquella Espa&ntilde;a en blanco y negro que nos hundi&oacute; en la miseria, aunque a unos m&aacute;s que a otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; que entre procesi&oacute;n y procesi&oacute;n haya habido tiempo para la reflexi&oacute;n y para que el milagro de la resurrecci&oacute;n sea tambi&eacute;n <strong>el milagro de la reconversi&oacute;n.&nbsp; </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/milagro-reconversion_129_13121459.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 11:35:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El milagro de la reconversión]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mapas para navegar el colapso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mapas-navegar-colapso_129_13111072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando el mundo parece deshacerse en pedazos desconectados &mdash;el odio que se normaliza en redes, la pol&iacute;tica que se reduce a guerra tribal, la justicia que aplica dobles raseros&mdash;, volver la vista a quienes ya pensaron el desmontaje de la humanidad no es un acto de erudici&oacute;n, sino de urgencia. Hoy, esa capacidad de sostener la incertidumbre se pone a prueba constantemente. Tal vez por eso algunos pensadores del siglo XX, desde sus propias trincheras de exilio, persecuci&oacute;n o lucha anticolonial, dibujaron mapas tan precisos de los mecanismos del poder, el miedo y la deshumanizaci&oacute;n, que leerlos hoy produce un escalofr&iacute;o de reconocimiento. No predicen el futuro: iluminan las constantes que se suceden cotidianamente. Sus ideas ofrecen claves para entender por qu&eacute;, cuando todo parece nuevo, en realidad estamos repitiendo patrones viejos con ropaje digital.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos es Paul Gilroy, un soci&oacute;logo brit&aacute;nico de origen caribe&ntilde;o que dedic&oacute; su obra a desmontar la idea de <em>raza</em>. Demostr&oacute; que no es un hecho biol&oacute;gico &mdash;la gen&eacute;tica lo confirma&mdash; sino una <em>tecnolog&iacute;a</em> pol&iacute;tica, una herramienta inventada para justificar la jerarqu&iacute;a y la explotaci&oacute;n. Su batalla contra lo que llam&oacute; <em>absolutismo &eacute;tnico</em>, la creencia en culturas puras y aisladas, resuena como un trueno en nuestro presente. Cuando hoy un tuit convierte el jam&oacute;n en prueba de espa&ntilde;olidad, o habla de <em>esencia nacional</em> amenazada por <em>invasiones</em>, no estamos ante un debate sobre tradiciones. Estamos ante la misma l&oacute;gica descrita por Gilroy: la construcci&oacute;n de un <em>nosotros</em> que necesita un <em>ellos</em> para existir. La raza biol&oacute;gica ha sido desacreditada, pero la matriz racial &mdash;clasificar, jerarquizar, excluir&mdash; se recicla en ropajes culturales con id&eacute;ntica eficacia letal.
    </p><p class="article-text">
        Para entender la ansiedad que alimenta esa b&uacute;squeda de enemigos, resulta indispensable Zygmunt Bauman, un soci&oacute;logo polaco que sobrevivi&oacute; al Holocausto y dedic&oacute; su vida a analizar la fragilidad moderna. Acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino <em>modernidad l&iacute;quida</em> para describir un mundo donde lo s&oacute;lido &mdash;el empleo estable, las comunidades duraderas, las identidades fijas&mdash; se derrite. En ese vac&iacute;o, el miedo se privatiza: es una angustia que cada cual gestiona en soledad. Nuestra crisis del <em>tiempo suspendido</em> &mdash;generaciones enteras que no pueden proyectar una vida estable por la precariedad y la vivienda inalcanzable&mdash; es el paisaje perfecto para esta profec&iacute;a. Como Bauman anticip&oacute;, esa ansiedad l&iacute;quida no se dirige hacia causas complejas (la financiarizaci&oacute;n, la globalizaci&oacute;n asim&eacute;trica), sino que busca chivos expiatorios s&oacute;lidos: el inmigrante, el diferente. Los proyectos pol&iacute;ticos que triunfan hoy no son los que ofrecen soluciones a la liquidez, sino los que venden fortalezas identitarias: la naci&oacute;n como bunker, la tradici&oacute;n como muralla. Ofrecen, sobre todo, la certeza emocional de pertenecer a un club exclusivo en un mundo que te hace sentir insignificante.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo se decide qui&eacute;n merece protecci&oacute;n dentro de ese club y qui&eacute;n queda fuera? Aqu&iacute; las obras de Judith Butler, fil&oacute;sofa estadounidense, y Frantz Fanon, psiquiatra y revolucionario martiniqu&eacute;s, son iluminadoras. Butler pregunt&oacute;: &iquest;qu&eacute; hace que una vida sea <em>llorable</em> y otra <em>desechable</em>? &iquest;Qu&eacute; marcos sociales determinan qu&eacute; muertes nos conmueven y cu&aacute;les normalizamos? &iquest;Por qu&eacute; la prensa nos da el nombre de unas v&iacute;ctimas y no de otras? Fanon, desde su experiencia en Argelia colonizada, diseccion&oacute; el gesto fundamental del opresor: despojar al otro de humanidad, reducirlo a una categor&iacute;a (<em>el &aacute;rabe, el negro</em>) para poder dominarlo sin culpa. Se debate con vehemencia la presunci&oacute;n de inocencia de un hombre acusado de violencia machista, mientras se normaliza la detenci&oacute;n sin juicio de un migrante en un CIE. Nos conmovemos con una tragedia <em>cercana</em> y normalizamos un bombardeo lejano. La <em>desnudez reductora</em> que sufren hoy inmigrantes, pobres o disidentes &mdash;convertidos en <em>cifras, vagos</em> o <em>traidores</em>&mdash; es el mismo gesto analizado por Fanon: borrar la biograf&iacute;a del otro para justificar su exclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso no ser&iacute;a tan eficaz sin la capa m&aacute;s invisible y poderosa: la que describi&oacute; Pierre Bourdieu, soci&oacute;logo franc&eacute;s. &Eacute;l la llam&oacute; <em>violencia simb&oacute;lica</em>: la imposici&oacute;n de categor&iacute;as de pensamiento que hacen que el mundo injusto parezca natural. Es el poder que no necesita golpear, porque convence a la gente de que su lugar en el escal&oacute;n m&aacute;s bajo es merecido. La <em>gram&aacute;tica del odio</em> que hoy inunda discursos y redes no es m&aacute;s que esa violencia hecha carne. Cuando un chiste xen&oacute;fobo se comparte como&nbsp;<em>humor</em>&nbsp;o se estigmatiza al pobre como&nbsp;<em>vago</em>&nbsp;por sistema, se est&aacute; ejerciendo una violencia simb&oacute;lica. Y cuando esa violencia se viste de&nbsp;<em>sentido com&uacute;n</em>&nbsp;&mdash;cuando deja de percibirse como violencia&mdash;, el camino hacia la violencia f&iacute;sica ya est&aacute; allanado. Bourdieu nos recuerda que la batalla decisiva a menudo no es la de las leyes, sino la de las categor&iacute;as: qui&eacute;n define lo <em>normal</em>, lo <em>leg&iacute;timo</em>, lo <em>amenazante</em>.
    </p><p class="article-text">
        Estos mapas son poderosos, pero necesitan ser traducidos. Construidos desde la biblioteca y la panor&aacute;mica hist&oacute;rica, ganan un espesor distinto cuando se aplican al territorio concreto: a la Espa&ntilde;a de hoy, a sus barrios perif&eacute;ricos, a sus crisis de convivencia cotidiana. Aqu&iacute; se aprende que el racismo rara vez es biol&oacute;gico; es culturalista, nost&aacute;lgico, y sobre todo digestivo: se absorbe sin esfuerzo en la sobremesa, en el grupo de WhatsApp, en el comentario que nadie rebate porque hacerlo costar&iacute;a demasiado. Que esa par&aacute;lisis&nbsp;no es solo un fen&oacute;meno de guerras lejanas, sino la experiencia del mileurista con tres trabajos que no puede proyectar su vida m&aacute;s all&aacute; del pr&oacute;ximo recibo. Y, sobre todo, que la resistencia m&aacute;s eficaz no siempre es la gran movilizaci&oacute;n: a veces es el gesto microsc&oacute;pico e inc&oacute;modo, la negativa a re&iacute;r un chiste en la barra del bar, la interrupci&oacute;n del mantra tribal, el acto cotidiano de renombrar al otro como vecino y no como amenaza. Esa traducci&oacute;n no es una traici&oacute;n a los gigantes. Es el &uacute;nico modo de que sus ideas respiren.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dialogar con estos gigantes, entonces, es un acto de responsabilidad c&iacute;vica. En un mundo intoxicado por discursos simples y odios prefabricados, sus marcos te&oacute;ricos son herramientas de desescombro. Nos permiten ver que el presunto <em>sentido com&uacute;n</em> que nos rodea no es inocente, sino un campo de batalla donde se libra una guerra por nuestro miedo y nuestra lealtad. Que la rabia identitaria no brota de la nada, sino de una liquidez econ&oacute;mica y existencial h&aacute;bilmente explotada por arquitectos del resentimiento.
    </p><p class="article-text">
        La tarea, por tanto, no es citarlos con solemnidad, sino usar sus lentes para mirar nuestro presente con mayor claridad y menos autoenga&ntilde;o. Es traducir sus ideas complejas al lenguaje de lo cotidiano y, a la inversa, elevar la rabia concreta del barrio al nivel de un an&aacute;lisis que revele sus resortes ocultos. Su legado m&aacute;s valioso es una invitaci&oacute;n a dejar de ser esas personas que rehacen el mundo desde cero con cada prejuicio, y a elegir, en cambio, la labor m&aacute;s humilde y necesaria: aprender a nombrar con precisi&oacute;n los mecanismos que nos deshumanizan. Porque solo cuando identificamos con claridad los engranajes del odio, tenemos alguna posibilidad de desactivarlos. En ese trabajo tit&aacute;nico y cotidiano, los gigantes no caminan por nosotros, pero nos prestan la posibilidad de auparnos a sus hombros para ver, al menos, un poco m&aacute;s all&aacute; de nuestra corta cotidianidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mapas-navegar-colapso_129_13111072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 13:03:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mapas para navegar el colapso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bosques]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bosques_129_13108627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entrar en una catedral g&oacute;tica es como adentrase en un viejo bosque. Ambos templos impresionan. La penumbra agiganta las enormes columnas de piedra que se elevan como interminables troncos centenarios. La frescura de la gran nave, o el dosel verde, despierta sensaciones de lejanas latitudes. La humedad se respira. A trav&eacute;s de las apuntadas vidrieras, o las rendijas del denso palio de hojas, los rayos del sol dibujan sombras y diminutas estrellas suspendidas en el sacrosanto &eacute;ter. Y el silencio -si no hay m&aacute;s turistas cerca- te envuelve y gozas agradecido. Pero esas catedrales, o esos bosques, adem&aacute;s de belleza, tienen tambi&eacute;n mucha historia. 
    </p><p class="article-text">
        Y donde hoy se alzan hasta casi tocar los cielos, en muchas ocasiones, antes hubo una iglesia rom&aacute;nica que, lustros atr&aacute;s, otros asentaron sobre las piedras de una mezquita, un templo visig&oacute;tico o unas termas romanas; y todas, una tras otra, siglo a siglo: sobre un templo pagano. A los bosques les pasa algo parecido. Desde la &uacute;ltima glaciaci&oacute;n, el paisaje ib&eacute;rico ha ido levant&aacute;ndose como una catedral viva. Primero llegaron los bosques abiertos de con&iacute;feras y abedules; luego, con el clima templ&aacute;ndose, saucedas y matorrales; m&aacute;s tarde, robles y, al final, los hayedos del norte. Mientras tanto, el sur se llen&oacute; de encinas, quejigos y alcornoques. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado no fue un bosque uniforme, sino un mosaico de claros y arboledas que, como las viejas catedrales, nunca dejaron de reformarse con el paso del tiempo. Y aunque a los urbanitas nos cueste reconocerlo, los grandes bosques &ldquo;naturales&rdquo; que hoy admiramos en Espa&ntilde;a no son los primeros ni son v&iacute;rgenes. Son preciosos paisajes culturales que conviven con aprovechamientos milenarios (o gracias a ellos), acumulando memoria forestal del mismo modo que en las catedrales se acumula memoria espiritual. Y, como valiosos paisajes humanizados que son, deben gestionarse garantizando la &ldquo;persistencia de la masa&rdquo; y la biodiversidad, sin cometer excesos ni plantar &aacute;rboles donde &ldquo;nunca&rdquo; los hubo. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, cuya superficie arbolada (incluidos los cultivos de con&iacute;feras, eucaliptos y chopos) ha venido creciendo desde hace d&eacute;cadas a un ritmo promedio superior al 2% anual, el problema no es que falten masas forestales, pues, en porcentaje, nuestro pa&iacute;s est&aacute; cerca de la media europea. Pero desde hace d&eacute;cadas, el &eacute;xodo rural ha generado mucha masa forestal, tanto por reforestaci&oacute;n como por recolonizaci&oacute;n natural. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado es que el 70 por ciento del terreno arbolado actual son bosques seminaturales, m&aacute;s o menos densos y ricos en diversidad biol&oacute;gica y, el 30 por ciento restante, mon&oacute;tonas y extensas reforestaciones mucho menos biodiversas y m&aacute;s vulnerables a las sequ&iacute;as, los megaincendios, los grandes vendavales y las plagas que, cada vez con m&aacute;s fuerza y recurrencia, amplifica el calentamiento global. Tambi&eacute;n en esto nos ha vuelto a pillar el tren del clima y la merma de biodiversidad. Hace mucho que la gesti&oacute;n forestal de los t&eacute;cnicos, administraciones y propietarios particulares qued&oacute; anticuada por ignorar lo que ya defini&oacute; como un &ldquo;problema urgente&rdquo; en 1979 la Primera Conferencia Mundial sobe el Clima. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a (salvo excepciones) no hacen falta m&aacute;s masas forestales sino gestionar correctamente las que hay. Y como sucede con las viejas catedrales que no se atienden a tiempo, cada nueva intervenci&oacute;n implica ya decisiones t&eacute;cnicas, econ&oacute;micas y culturales m&aacute;s complejas, en las que hay que huir de las propuestas &ldquo;salvadoras&rdquo;, hijas, como casi siempre, del cortoplacismo pol&iacute;tico, la improvisaci&oacute;n, los intereses particulares y el reduccionismo corporativista de los profesionales. Estamos ante un problema multidisciplinar y no creo que el remedio pueda ser r&aacute;pido, ni f&aacute;cil, ni uniformemente aplicable en todos los lugares, y no llegar&aacute; a tiempo a todos los bosques necesitados; ni, quiz&aacute; tampoco, a todas las catedrales.
    </p><p class="article-text">
        El 21 de marzo se celebr&oacute; el D&iacute;a Mundial de los Bosques.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bosques_129_13108627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 06:55:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Bosques]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Bosques,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo que m&aacute;s nos extra&ntilde;a de la muerte o del sufrimiento sea que constituyen una fuente de consenso: no pueden discutirse y nuestra opini&oacute;n o voluntad no pueden disimularlos; (casi) nadie los quiere ni busca, sino que (casi) todos los rechazamos y esquivamos y tratamos de zafarnos de ellos o postergar el &aacute;spero encuentro con ellos hasta el &uacute;ltimo recodo del laberinto, donde la evidencia del tiempo y del dolor nos atrapan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede que el car&aacute;cter concluyente de la muerte nos interrogue m&aacute;s, o que haya determinado m&aacute;s la cosmovisi&oacute;n de todas las variadas tradiciones culturales, pero admitamos que la muerte (natural) carece de misterio: es un irrefutable y prosaico hecho biol&oacute;gico que nos alcanza a todos y, por tanto, es perfectamente razonable y justo, en el sentido de igualitario (otra cosa es que nuestra inteligencia, tan bellamente dotada de capacidad creadora como para imaginar el futuro, y en particular un futuro de ultratumba, no acepte que esa prodigiosa capacidad no se corresponda con una naturaleza <em>lo bastante</em> divina; y que nuestra conciencia no pueda sino escandalizarse, por estremecedor contraste, ante los cuerpos despojados de conciencia). Sin embargo, el sufrimiento s&iacute; es un misterio, pues es totalmente arbitrario, y por eso condiciona, remueve la experiencia humana de forma m&aacute;s radical: su afectaci&oacute;n es intempestiva y veleidosa e inescrutable, y de este modo, perfectamente irrazonable e injusta, o al menos odiosamente discriminatoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La muerte nos angustia porque no podemos evitarla y nos conmociona porque no podemos vencerla. El sufrimiento nos angustia porque no podemos evitarlo y nos violenta porque no podemos comprenderlo. Pero que el sufrimiento no pueda comprenderse, como no puede entenderse la maldad (a pesar de los esfuerzos psicoanal&iacute;ticos de tantos libros y pel&iacute;culas que, guiados por un determinismo que niega el libre albedr&iacute;o y las probabilidades terap&eacute;uticas de la ciencia, la fe o el arte, terminan motivando la m&aacute;s abyecta psicopat&iacute;a en rec&oacute;nditos traumas supuestamente insuperables), no significa que no pueda reaccionarse contra &eacute;l y vencerlo, es decir, dominarlo paliativamente o, incluso, sanarlo felizmente. Una sociedad que se resigna al sufrimiento es una sociedad derrotada, una sociedad <em>muerta.</em> La sociedad riojana todav&iacute;a no se ha resignado al sufrimiento, como acreditan los Premios Kil&oacute;metro Cero que entrega este peri&oacute;dico, pues los ganadores (Proyecto Hombre, El Llavero, RioxaNostra y el profesor Iv&aacute;n Fern&aacute;ndez) se rebelan, comprometen y trabajan para resta&ntilde;ar tantas ausencias y carencias, tantos padecimientos de distinta clase. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la controversia p&uacute;blica sobre el ejercicio de la eutanasia por Noelia Castillo ha permitido que asomen algunos signos preocupantes de resignaci&oacute;n al sufrimiento o, como m&iacute;nimo, de vacilaci&oacute;n &eacute;tica al respecto. No voy a polemizar sobre la eutanasia ni sobre su aplicaci&oacute;n a este caso concreto, entre otras razones porque, como jurista, su legalidad ha sido avalada judicialmente y por los informes t&eacute;cnicos preceptivos. Lo que voy a criticar es su tratamiento desenfocado en el foro o &aacute;gora de la discusi&oacute;n social y medi&aacute;tica (ya ven que la conformaci&oacute;n de una conversaci&oacute;n democr&aacute;tica madura es una de mis obsesiones). El debate se ha parapetado o enmascarado sustancialmente, y no de forma inocente (por la resonancia social o pol&iacute;tica y no s&oacute;lo personal de su decisi&oacute;n), detr&aacute;s del sufrimiento biogr&aacute;fico de la joven (padres divorciados, desahucio, internamiento en un centro de menores, agresiones sexuales, consumo de drogas, intento de suicidio), un sufrimiento que, no s&oacute;lo por acumulaci&oacute;n o aplastamiento, apela a nuestra m&aacute;s honesta ternura. Se ha justificado la decisi&oacute;n en esa atribulada biograf&iacute;a (me refiero, insisto, a la opini&oacute;n m&aacute;s frecuente, no al procedimiento administrativo), en la narraci&oacute;n de sus desgracias, m&aacute;s que en una enfermedad grave, cr&oacute;nica<em> </em>e irreversible o en las limitaciones intolerables de la autonom&iacute;a funcional cotidiana, que son los requisitos que exige la ley; desgracias contra las que otros se enfrentan y de las que, bien ayudados por profesionales y familiares y amigos, y con un esfuerzo encomiable, tratan de recuperarse y habitualmente lo consiguen. El debate se ha reorientado intencionalmente para inflamarlo de melodrama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es intelectualmente contradictorio y moralmente pueril que se confunda la compasi&oacute;n con la que nos debe conmover cualquier sufrimiento (o, incluso, con la que nos debe conmover, antes de su depuraci&oacute;n f&aacute;ctica, la percepci&oacute;n subjetiva que cada individuo pueda tener sobre su sufrimiento), con el apoyo institucional a que los sufrimientos biogr&aacute;ficos, siempre <em>irrazonables</em> y <em>arbitrarios,</em> puedan convertirse en <em>causa suficiente y justa</em> de una muerte asistida con recursos sanitarios p&uacute;blicos. Y, sin embargo, esa confusi&oacute;n se ha prodigado en demasiadas conversaciones durante los &uacute;ltimos d&iacute;as, de manera m&aacute;s abierta o subrepticia. Salvo quienes infligen sufrimiento de manera consciente y voluntaria, nadie merece sufrir en ning&uacute;n grado, precisamente porque tal sufrimiento siempre ser&aacute; anormal e injusto; pero es harto peligroso que nos resignemos a que la muerte sea la primera o una de las prioritarias soluciones al sufrimiento de una persona con una trayectoria vital turbulenta o abstrusa (y si nos resignamos, &iquest;a partir de qu&eacute; momento deviene en la &uacute;nica soluci&oacute;n?). Lo denuncio con dureza: esa tesis equivale a defender el suicidio, no la eutanasia. La muerte no es una <em>alternativa</em> o <em>salida</em> para el sufrimiento (biogr&aacute;fico), es la alternativa y la salida de la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa confusi&oacute;n acabar&iacute;a conduciendo, adem&aacute;s (y la amenaza es igualmente intimidante), a que se promueva la revisi&oacute;n sobre c&oacute;mo debe intervenir el Estado ante los sufrimientos de sus ciudadanos. &iquest;Acaso anhelamos que nos suministre medios que garanticen la prevenci&oacute;n y correcci&oacute;n de todos los sufrimientos que puedan cernirse cobre nosotros&hellip;? Por mi parte, me conformo con que las Administraciones P&uacute;blicas no acent&uacute;en los sufrimientos inherentes a cualquier itinerario vital. Y por eso me irrita que el mismo Estado que cumple eficazmente con la eutanasia solicitada por una ciudadana para acabar con su sufrimiento, permita que, cuando revisan incapacidades, los equipos m&eacute;dicos de la Seguridad Social se comporten como tribunales de tortura, tan alejados de la deontolog&iacute;a que deber&iacute;a inspirarlos (alejados no por el juicio cient&iacute;fico, que podr&aacute; depurarse, sino por la actitud inmisericorde: no les importa humillar al paciente). Y por eso me ofende que ese mismo Estado (en este caso, la gesti&oacute;n auton&oacute;mica del Gobierno vasco del PNV y del PSOE) fomente una interpretaci&oacute;n tan desviada del beneficio penitenciario de la semilibertad, que est&eacute; conllevando que terroristas de ETA que no se han arrepentido ni han colaborado con las autoridades, y que en algunos casos (como el de &lsquo;Anboto&rsquo;) han cumplido s&oacute;lo el 1% de su condena, regresen entre v&iacute;tores a las mismas calles donde viven los familiares de los asesinados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quien quiere o necesita politizar el dolor s&oacute;lo buscar&aacute; incrementar tu sufrimiento.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 08:55:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sanidad pública en el paraíso de la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sanidad-publica-paraiso-libertad_129_13108232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En el servicio de urgencias de uno de los grandes hospitales p&uacute;blicos de Madrid, en una sala abarrotada de pacientes en observaci&oacute;n, intento distraerme leyendo un art&iacute;culo de Santiago Alba Rico en <a href="https://elpais.com/opinion/2026-03-16/el-hombre-que-alza-la-voz-en-el-vagon-del-metro.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Pa&iacute;s</a> sobre por qu&eacute; evitamos mirar a los ojos a quienes piden dinero en el metro, alzando su voz y mostr&aacute;ndonos su vulnerabilidad. Pero, lejos de evadirme del contexto hospitalario, acabo pensando en nuestra propia vulnerabilidad como pacientes e imaginando si, en una hipot&eacute;tica e improbable visita, Isabel D&iacute;az Ayuso ser&iacute;a capaz no ya de mirarnos a los ojos &mdash;a nosotros y a los sanitarios que nos atienden con gran profesionalidad&mdash; sino simplemente de permanecer en este lugar.
    </p><p class="article-text">
        Apenas hay espacio entre los sillones y portasueros de los pacientes, que ocupan todas las paredes formando una especie de corro, como si de una sala de estar se tratara, y las pocas sillas disponibles para acompa&ntilde;antes dificultan a los celadores el traslado en silla de ruedas de los enfermos. Precisamente en uno de esos trayectos, atisbo otra sala mucho m&aacute;s grande llena de camas sin separaci&oacute;n, con los acompa&ntilde;antes concentrados en un grupo de sillas junto a la entrada, y conf&iacute;o en no tener que pasar la noche en esa suerte de hospital de campa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando llega la hora del cambio de turno de enfermer&iacute;a, es imposible no escuchar el parte m&eacute;dico del resto de pacientes porque el puesto de control apenas est&aacute; separado de nuestra peque&ntilde;a estancia llena de sillones. As&iacute; me entero, involuntariamente y con incomodidad manifiesta, de que a mi derecha se sienta una paciente oncol&oacute;gica cuyos dolores se han intensificado; enfrente, un hombre de mediana edad que sospechan que puede tener piedras en el ri&ntilde;&oacute;n; y un poco m&aacute;s all&aacute;, una chica joven que va a ser derivada a urgencias de ginecolog&iacute;a. Por suerte, una breve llamada de tel&eacute;fono me evita seguir conociendo m&aacute;s detalles m&eacute;dicos ajenos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si no hubiera llegado a urgencias por mi propio pie y no supiera que estoy en uno de los principales hospitales de referencia de nuestro pa&iacute;s, pensar&iacute;a que he tenido la mala suerte de caer enfermo en un lugar empobrecido, sin recursos para actualizar y redimensionar unas instalaciones sanitarias que han ido envejeciendo sin apenas inversi&oacute;n durante d&eacute;cadas. Pero esto es Madrid, donde abunda el dinero y tambi&eacute;n la libertad, que en este caso es una invitaci&oacute;n a que quien pueda haga uso de la sanidad privada, para poder seguir bajando los impuestos.
    </p><p class="article-text">
        La visita de Ayuso a las urgencias abarrotadas de este hospital es tan improbable como su encuentro con un hombre pidiendo dinero en el metro, porque en su universo ideol&oacute;gico la sanidad p&uacute;blica es una prestaci&oacute;n de beneficencia para quienes no tienen seguro privado y un servicio de &uacute;ltimo recurso para situaciones de mayor complejidad o gravedad en las que la sanidad privada no responde. Una propuesta pol&iacute;tica nunca enunciada abiertamente pero que ha cosechado gran &eacute;xito en un Madrid cada vez m&aacute;s segregado: al alejar a una parte relevante de los votantes de los servicios p&uacute;blicos, es posible dejar que se degraden sin apenas coste pol&iacute;tico, ofreciendo a cambio rebajas fiscales y ampliando las oportunidades de negocio de un pu&ntilde;ado de empresas privadas. Y a quienes no tienen m&aacute;s remedio que seguir utilizando esos maltrechos servicios p&uacute;blicos, se les anima a seguir esforz&aacute;ndose para liberarse ellos tambi&eacute;n de la beneficencia en el para&iacute;so de la libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sanidad-publica-paraiso-libertad_129_13108232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 11:22:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sanidad pública en el paraíso de la libertad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Hospitales,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adán en la barra del bar de un barrio periférico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/adan-barra-bar-barrio-periferico_129_13089273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En el bar de un barrio perif&eacute;rico, Ad&aacute;n no es un mito lejano. Es el hombre de la tercera birra, con su dignidad y su certeza. Su postura y su discurso encarnan, sin saberlo, las tres acepciones que el diccionario de la RAE reserva para una palabra en desuso: <em>adanismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        La primera acepci&oacute;n lo define como el <em>h&aacute;bito de comenzar una actividad como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente</em>. Esto es exactamente lo que hace el Ad&aacute;n de barra: fundar cada d&iacute;a su propio relato desde el minuto cero. En su memoria, el barrio era un lugar homog&eacute;neo y silencioso hasta que llegaron <em>los otros</em>. Borra de un plumazo las oleadas migratorias que han construido el pa&iacute;s, las tensiones hist&oacute;ricas siempre existentes, las luchas sociales que le han dado los derechos de los que disfruta y cualquier complejidad anterior a su propio malestar. Para &eacute;l, la historia comienza con su agravio. Este adanismo fundacional es un acto de olvido activo y de apropiaci&oacute;n del territorio narrativo. Convierte el espacio compartido en una esencia pura que debe ser defendida, y a los reci&eacute;n llegados, los iluminados, los pijos universitarios, en meros perturbadores de una paz que solo existi&oacute; en el relato sesgado de los poderes que lograron imponerse. Es la misma l&oacute;gica que, a escala mayor, justific&oacute; mitos de origen y pureza en la construcci&oacute;n de las naciones.
    </p><p class="article-text">
        La segunda acepci&oacute;n lo equipara al <em>desnudismo, pr&aacute;ctica de la desnudez</em>. Y aqu&iacute; reside uno de sus mecanismos m&aacute;s da&ntilde;inos. El adanismo no es la desnudez liberadora, sino la desnudez reductora. Consiste en despojar al otro de toda capa de humanidad, contexto o dignidad. El inmigrante es reducido a <em>una cifra</em>; el vecino de ideolog&iacute;a distinta, a <em>un traidor</em>; el pobre, a <em>un vago</em>. Se le quita la ropa de la biograf&iacute;a para dejarlo en pura categor&iacute;a, en pura amenaza. Esta desnudez no es &iacute;ntima, es p&uacute;blica y humillante. Se practica en la conversaci&oacute;n de bar, en el comentario de redes, en el chiste que estigmatiza. Es el prejuicio expuesto sin pudor, normalizado como <em>sentido com&uacute;n</em>. Ad&aacute;n, en su barra, desnuda a los dem&aacute;s para se&ntilde;alarlos mejor, y se desnuda a s&iacute; mismo, mostrando sin filtro su miedo. Es la misma operaci&oacute;n de deshumanizaci&oacute;n que hemos visto aplicada a otras escalas.
    </p><p class="article-text">
        La tercera acepci&oacute;n es circular: <em>adamismo. V&eacute;ase adanismo</em>. Esta autorreferencia perfecta captura el ritual de la repetici&oacute;n en el que se sustenta el fen&oacute;meno. El adanismo no es un discurso anal&iacute;tico; es un mantra grupal. Las mismas frases &mdash;<em>esto ya no es lo que era. Habr&iacute;a que echarlos a todos</em>&mdash; se repiten noche tras noche, entre las mismas personas, en el mismo lugar. Esta repetici&oacute;n no busca persuadir con argumentos, sino solidificar una verdad tribal mediante el eco. Cada repetici&oacute;n hace el relato m&aacute;s familiar, m&aacute;s real e impermeable al dato externo. El que calla, asiente. El que asiente, se convierte en c&oacute;mplice. As&iacute; se teje la comunidad identitaria: no en torno a lo que se construye juntos, sino en torno a lo que se excluye un&aacute;nimemente. Es la <em>hooliganizaci&oacute;n</em> de lo pol&iacute;tico, trasladada al &aacute;mbito vecinal.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este triplete t&oacute;xico &mdash;el olvido fundacional, la desnudez deshumanizante y la repetici&oacute;n ritual&mdash;, se suele oponer la gran teor&iacute;a, el dato macro, la declaraci&oacute;n institucional. Y fracasa. Porque el adanismo es inmune a los argumentos que no vibren en su misma frecuencia: la de lo local, lo vivido, lo cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la antropolog&iacute;a deja de ser solo una herramienta de an&aacute;lisis para volverse un imperativo &eacute;tico. La necesidad de participar no es solo c&iacute;vica; es antropol&oacute;gica. El ser humano es, por definici&oacute;n, un animal social que se constituye en y por el grupo. Pero cuando el grupo se define por la exclusi&oacute;n y el relato autista, se convierte en una patolog&iacute;a social. La participaci&oacute;n, por tanto, no es un complemento de la democracia; es la pr&aacute;ctica fundamental que impide que la tribu devore a la polis.
    </p><p class="article-text">
        Esta participaci&oacute;n, sin embargo, no puede ser gen&eacute;rica. Debe ser glocal: global en conciencia, local en gesto. Consiste en interrumpir el ritual en su mismo altar. No se trata de dar un mitin en el bar, sino de plantar una semilla de duda en el lenguaje de la barra. Es el arte de renombrar, frente a quien solo sabe nombrar para excluir. Devolver la historia donde hay olvido: <em>&iquest;seguro que este barrio fue siempre as&iacute;? Mi abuela recuerda cuando dec&iacute;an lo mismo de los que vinieron de los pueblos o de otras provincias</em>. Devolver la humanidad donde hay desnudez: <em>ese &ldquo;moro&rdquo; del que hablas es Karim, el que ayud&oacute; a mi padre a arreglar la furgoneta</em>. Y, sobre todo, romper la repetici&oacute;n con una disonancia: dejar de asentir, cuestionar el chiste, ofrecer un matiz.
    </p><p class="article-text">
        Esta intervenci&oacute;n es inc&oacute;moda. Exige salir de la comodidad del espectador &mdash;otra forma de adanismo, la de quien cree que puede observarlo todo sin ser parte de nada&mdash; y arriesgar el propio capital social en el grupo. Pero es el &uacute;nico ant&iacute;doto real. Porque el adanismo no se combate con decretos, sino con presencia contraria. Con la testaruda insistencia en que el vecino no es una categor&iacute;a, sino una biograf&iacute;a; que el barrio no es una fortaleza, sino un cruce de caminos; y que la identidad no es un patrimonio que se guarda, sino un di&aacute;logo que se sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; el otro Ad&aacute;n: uno mismo. En mi caso, un tipo que estudia, pasea, dibuja y escribe poemas en una ciudad de provincias; que habla de cuestiones que otros, m&aacute;s preparados, han tratado m&aacute;s y mejor, y que sin embargo tiene esa pulsi&oacute;n de dejar constancia de sus pensamientos, por si pudiesen ser &uacute;tiles para los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El Ad&aacute;n b&iacute;blico recibi&oacute; la tarea de nombrar el mundo. Los Adanes de las barras de los bares han aceptado esa tarea, pero han nombrado mal: han llamado <em>amenaza</em> a lo que era solo <em>diferente</em>. Nuestra tarea, quiz&aacute; la &uacute;nica &uacute;til, es renombrar el mundo a su lado. Palabra a palabra. Barrio a barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No para vencerles, sino para recordarles &mdash;y recordarnos&mdash; que ning&uacute;n lugar habitable se construy&oacute; jam&aacute;s levantando muros, sino tejiendo conversaciones. Y que la primera piedra de cualquier convivencia es la valent&iacute;a de decir, en voz baja pero clara, en el momento preciso: <em>en eso no te acompa&ntilde;o</em>.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n m&aacute;s importante no se decreta en el parlamento ni se viraliza en las redes. Sucede en la barra del bar, cuando el Ad&aacute;n de turno suelta su verdad y alguien, quiz&aacute; alguien como t&uacute; o como yo, decide que hoy no va a pasar. Que hoy, en esta barra concreta, el odio se queda sin su eco m&aacute;s c&oacute;modo. Esa es la participaci&oacute;n m&iacute;nima, esencial y revolucionaria. La que no espera a que cambie el mundo, sino que lo cambia empezando por su propia esquina.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/adan-barra-bar-barrio-periferico_129_13089273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 11:01:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Adán en la barra del bar de un barrio periférico]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los destinos de la tradición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/destinos-tradicion_129_13095823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En diciembre de 1829 se prohibi&oacute; el sati, la antigua tradici&oacute;n hind&uacute; de quemar a la viuda en la pira funeraria de su marido.<strong> </strong>Esta cruel tradici&oacute;n no fue una&nbsp;exclusividad oriental y algunos como Giordano Bruno, tal vez el m&aacute;s original de los pensadores renacentistas, lo pudo comprobar el 17 de febrero de 1600 cuando mor&iacute;a en la hoguera desnudo, atado a un palo y con la lengua sujeta por un trozo de madera para que no pudiera hablar tras haber<strong>&nbsp;</strong>desafiado a la Iglesia cat&oacute;lica&nbsp;afirmando&nbsp;que la tierra no era el centro del universo.
    </p><p class="article-text">
        El canibalismo, la guerra, la lapidaci&oacute;n, la muerte en la hoguera, la esclavitud, el machismo, son tradiciones execrables, m&aacute;s execrables cuanto m&aacute;s tradicionales. Y sin embargo &ldquo;La tradici&oacute;n es la tradici&oacute;n&rdquo; o &ldquo;No se puede romper una tradici&oacute;n&rdquo; fueron los principales argumentos esgrimidos por varios cofrades de Sagunto para justificar<a href="https://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2026-02-11/el-gobierno-estudia-revocar-el-interes-turistico-nacional-de-la-semana-santa-de-sagunto-por-excluir-a-las-mujeres.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;su rechazo a que las mujeres puedan procesionar&nbsp;</a>con ellos en la Semana Santa. La votaci&oacute;n celebrada en una ermita en la que participaron solo hombres, arroj&oacute; el resultado de 267 votos en contra y 114 a favor de modificar un art&iacute;culo de los estatutos para cambiar la palabra &ldquo;varones&rdquo; por la de &ldquo;personas&rdquo;. Al parecer hay 267 varones (28 cofrades m&aacute;s que hace cuatro a&ntilde;os)&nbsp;que no se sienten personas o que necesitan sentirse varones para hacer impersonales a otras personas llamadas mujeres. Resulta curioso porque la palabra&nbsp;var&oacute;n&nbsp;proviene del lat&iacute;n&nbsp;y originalmente significaba &ldquo;hombre&nbsp;esforzado o valiente&rdquo;.&nbsp;Sin embargo, no parece que el esfuerzo intelectual de estos varones ni su valent&iacute;a moral sea acorde al sustantivo por ellos votado desde otro sustantivo masculino&nbsp;denominado machismo.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna herida es un destino si tenemos la cura que pueda cauterizarla y nos alejamos de la par&aacute;lisis que la tradici&oacute;n parece haber puesto en nuestro devenir. Ninguna tradici&oacute;n es un destino y menos cuando es un desatino. Hay tradiciones est&uacute;pidas, tradiciones tr&aacute;gicas, tradiciones asesinas, tradiciones respetables y tradiciones muy traicioneras. Puesto que la&nbsp;palabra <em>tradici&oacute;n </em>y la palabra <em>traici&oacute;n</em> tienen la misma ra&iacute;z latina aprovech&eacute;mosla para recordar que debemos traicionar las tradiciones que atentan contra la igualdad. Y que, asimismo, deber&iacute;amos no traicionar el hecho de que esa misma igualdad debe pesar m&aacute;s en la identidad de una sociedad que el conjunto de todas sus tradiciones. No podemos seguir haciendo lo mismo cuando nada es lo mismo porque la transformaci&oacute;n de nuestros h&aacute;bitos es algo que forma parte de nuestro modo de ser tan modificado y tan modificable en el largo transcurrir de la especie humana. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el fil&oacute;sofo Ortega y Gasset que las revoluciones se hacen contra los usos, no contra los abusos porque, si son &uacute;nicamente contra los abusos, se quedan en meras revueltas que arreglan muy poco debido a que se mantienen los usos habituales en el pa&iacute;s que ocurren. Y hay usos que debemos poner en desuso por los abusos que conllevan. Por encima de las tradiciones est&aacute;n los derechos y muchos de esos j&oacute;venes que ahora enarbolan su ignorancia en forma de costumbre han podido estudiar gracias a que se pudo romper la vieja tradici&oacute;n de que solo unos pocos pod&iacute;an acceder a la educaci&oacute;n. Ellos tambi&eacute;n se enfrentan cada d&iacute;a a muchas tradiciones que cercenan su forma de relacionarse esgrimiendo que forman parte de otra generaci&oacute;n y que viven en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay cuatro obst&aacute;culos para alcanzar la verdad que acechan a todos los hombres, pese a su erudici&oacute;n, y que raramente permiten a nadie acceder con t&iacute;tulos claros al conocimiento; a saber: la sumisi&oacute;n a una autoridad indigna y culpable, la influencia de la costumbre, el prejuicio popular y el ocultamiento de nuestra propia ignorancia acompa&ntilde;ado por el despliegue ostentoso de nuestro conocimiento&rdquo;. Lo dijo el fil&oacute;sofo y escol&aacute;stico ingl&eacute;s Roger Bacon all&aacute; por el siglo XIII, pero a&uacute;n conserva intacta su vigencia para este tiempo y&nbsp;para este lugar. Algunas veces ir contra la tradici&oacute;n es hacer una enmienda a la &ldquo;tontalidad&rdquo; de&nbsp;quien m&aacute;s que cofrade es &ldquo;con fraude&rdquo; de ley, como&nbsp;sentenci&oacute; en un caso similar el Tribunal Constitucional en aplicaci&oacute;n, entre otros, del principio de igualdad establecido en el art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n que pone en su sitio a la tradici&oacute;n. Y, mientras tanto, el arzobispado de Valencia, siguiendo la tradici&oacute;n, guarda un sepulcral y blanqueado silencio, algo extra&ntilde;o con lo aficionada que es la jerarqu&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica a opinar de lo divino y de lo humano. Quiz&aacute;s espere a la Procesi&oacute;n del Silencio para que alguna mujer lo rompa a ritmo de saeta: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde vas, paloma blanca,/ con ese vuelo tan sereno? /Voy a quitarle los clavos/a Jes&uacute;s, el Nazareno<em>&rdquo;.</em> Urge desclavar las tradiciones&nbsp;enclavadas en la dureza de las tablas que permanecen fuera de la ley.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/destinos-tradicion_129_13095823.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 08:50:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los destinos de la tradición]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Echarse unas risas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/echarse-risas_129_13095831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una expresi&oacute;n que sostiene este pa&iacute;s m&aacute;s que el PIB y bastante m&aacute;s que los discursos institucionales: &lsquo;Echarse unas risas&rsquo;. No figura en la Constituci&oacute;n, pero deber&iacute;a ubicarse entre el derecho a la vivienda digna y el deber de contribuir con nuestros impuestos, porque hay semanas que solo se sostienen gracias a un chiste a tiempo, a una carcajada bien colocada, a ese momento en que alguien dice algo absurdo y el d&iacute;a, de pronto, deja de ser lunes aunque siga si&eacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas es un acto profundamente serio. No lo parece, porque se practica en bares, cocinas, chats de WhatsApp y pasillos de oficina, pero tiene algo de ingenier&iacute;a emocional. Uno entra al trabajo con la cara de quien ha dormido mal, ha discutido con el despertador y ha perdido una batalla con el caf&eacute;, y de pronto alguien suelta una tonter&iacute;a y todo se recoloca. No mejora el sueldo, no desaparecen los correos pendientes, pero el mundo deja de apretar tanto. Es como aflojarse la corbata del alma.
    </p><p class="article-text">
        En las familias, echarse unas risas es la versi&oacute;n dom&eacute;stica de la diplomacia internacional. Hay tensiones, hay silencios, hay ese comentario que podr&iacute;a escalar hasta convertirse en un conflicto generacional, y entonces aparece la risa como un mediador suizo. Un cu&ntilde;ado que imita a otro, una madre que exagera una an&eacute;cdota, un padre que cuenta el mismo chiste por vig&eacute;sima vez con la convicci&oacute;n de que sigue siendo nuevo. Y funciona. No porque sea brillante, sino porque es oportuno. La risa tiene esa capacidad de convertir un posible drama en una sobremesa.
    </p><p class="article-text">
        Con los amigos, la cosa adquiere otra dimensi&oacute;n. Ah&iacute; la risa no solo alivia, sino que construye memoria. Uno no recuerda exactamente qu&eacute; dijo nadie, pero s&iacute; recuerda haberse doblado sobre la mesa, haber tenido que pedir otra ronda solo para recuperar el aliento, haber salido a la calle con la sensaci&oacute;n de que el mundo, durante un rato, hab&iacute;a sido un lugar perfectamente habitable. Echarse unas risas con amigos es una forma de ahorro, se guardan para cuando vengan mal dadas.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que nadie planifica echarse unas risas. No hay agenda, no hay KPI, no hay PowerPoint. Sucede. Alguien tropieza con una palabra, alguien interpreta mal una frase, alguien se equivoca con una solemnidad impecable y el resto entiende que ah&iacute; hay oro. La risa nace muchas veces del error, que es el &uacute;nico terreno verdaderamente democr&aacute;tico, porque todos fallamos, luego todos podemos re&iacute;rnos.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas tambi&eacute;n tiene su riesgo. Una mala risa -fuera de lugar, fuera de tiempo- puede ser m&aacute;s peligrosa que el silencio. Pero cuando acierta, cuando se produce ese peque&ntilde;o milagro colectivo de re&iacute;rse juntos, el efecto es inmediato, se rebaja la gravedad, se humaniza la escena, se recuerda que, antes que empleados, padres, hijos o contribuyentes, somos gente intentando sobrevivir al d&iacute;a sin dramatizarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la expresi&oacute;n es tan precisa. No dice `re&iacute;rse&rsquo;, dice &lsquo;echarse unas risas&rsquo;, como quien se lanza a una piscina sin comprobar la temperatura. Hay algo voluntario, casi valiente, en decidir que, a pesar de todo, hoy toca re&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo que se toma demasiado en serio a s&iacute; mismo, echarse unas risas es casi un acto subversivo. Una manera de decir que no todo merece solemnidad, que no todo necesita un discurso, que hay momentos que solo piden una carcajada compartida y el peque&ntilde;o alivio de saber que, al menos por un rato, todo est&aacute; bien.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; Donald Trump, que asegura que puede bombardear un pa&iacute;s y asesinar a civiles por diversi&oacute;n, por echarse unas risas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/echarse-risas_129_13095831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 14:48:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Echarse unas risas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopía 39. Amén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopia-39-amen_129_13089206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ya se habr&aacute;n dado cuenta que uno de los negocios que m&aacute;s se abren en Logro&ntilde;o &uacute;ltimamente es el de los salones de manicura y pedicura. Tambi&eacute;n habr&aacute;n advertido que los carteles anunciadores de esos establecimientos destacan por sus colores vivos: rosa fucsia, principalmente. No tengo nada en contra de quienes inician un negocio en Logro&ntilde;o. Si me dan a elegir, me quedo con los salones de manicura y pedicura de los chinos, antes que los locales de juego que tambi&eacute;n tenemos en un buen n&uacute;mero y que cuando mantienen abierta la puerta de la calle, muestran un local oscuro, una barra para el consumo de los clientes, supongo que en su mayor&iacute;a de bebidas alcoh&oacute;licas y unas luces de ne&oacute;n que inducen a la precauci&oacute;n, a la inseguridad, al no saber que puede haber al otro lado de &ldquo;la boca del lobo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esos establecimientos de juego son de la misma cadena, lo que quiere decir que alguna empresa se est&aacute; forrando, a costa de la ludopat&iacute;a de quienes est&aacute;n enganchados a esa droga da&ntilde;ina que acaba con el bienestar econ&oacute;mico y emocional de individuos y de familias enteras, incluyendo los ni&ntilde;os que puedan pertenecer a las mismas y que ven y oyen como el juego destroza a sus padres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, ya me he acostumbrado a ver los carteles de esos establecimientos en calles tan c&eacute;ntricas como la Gran V&iacute;a, Portales, P&eacute;rez Gald&oacute;s&hellip; El local en que se han instalado fue, en otro tiempo, un comercio de aquel Logro&ntilde;o que presum&iacute;a de buenas y bonitas tiendas.
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos de turbulencias me llama la atenci&oacute;n ese fucsia que rechina en la calle Muro de Cervantes, enfrente de nuestro m&aacute;s preciado instituto de Secundaria y Bachillerato. El d&iacute;a que pas&eacute; por all&iacute; y lo vi pens&eacute;: &iquest;Por qu&eacute; el ayuntamiento permite este tipo de carteler&iacute;a en una calle cuyos edificios, todav&iacute;a conservan el sabor de la historia de la ciudad? La misma pregunta me hice pocos d&iacute;as despu&eacute;s cuando en la calle Daniel Trevijano comprob&eacute; que hab&iacute;a otro cartel igual, anunciando el mismo tipo de negocio. Seguro que hay m&aacute;s en otras calles , y por supuesto que hay m&aacute;s establecimientos&nbsp;cuyos escaparates y carteler&iacute;a en general espantan a un importante n&uacute;mero de logro&ntilde;eses.
    </p><p class="article-text">
        Ya que me he enredado con este asunto del Logro&ntilde;o hortera, tengo que citar tambi&eacute;n ese espacio que han abierto recientemente en la Calle Siervas de Jes&uacute;s y que desde al anochecer exhibe sus espantosas luces amarillas. Se llama Gula, la gente hace fila para entrar y comprar comida, ese tipo de &ldquo;comida basura&rdquo; que contribuye a incrementar el n&uacute;mero de diab&eacute;ticos y a que los comensales, muchos ni&ntilde;os y j&oacute;venes, entre ellos, aumenten los &iacute;ndices de colesterol desde tan temprana edad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otras ciudades, hay normativas municipales conservadoras, en el sentido de procurar para que las calles mantengan su esencia. En la m&iacute;a, en Logro&ntilde;o, apunto estuve de gritar cuando el pasado d&iacute;a 21, mientras esperaba para cruzar la Gran V&iacute;a desde los soportales y hacia la calle Chile, me deslumbr&oacute; otro amarillo hortera de una tienda de &ldquo;chuches&rdquo;:&nbsp;&ldquo;El Rinc&oacute;n&rdquo; , otra cadena comercial que en su momento destroz&oacute; la esquina de Vara de Rey, con Calvo Sotelo, en pleno Espol&oacute;n, y por lo visto est&aacute; dispuesta a extender el mal gusto a otros puntos de este Logro&ntilde;o deprimente. C&oacute;mo es l&oacute;gico, me acostumbrar&eacute; y ni siquiera me acordar&eacute; del Ayuntamiento. No merece la pena.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo dijo el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Sim&oacute;n, cuando ese mismo s&aacute;bado 21 de marzo, en una extraordinaria conferencia sobre &ldquo;La filosof&iacute;a de la pol&iacute;tica en democracia&rdquo; dijo: &ldquo;Nos creemos que, con votar cada cuatro a&ntilde;os, ya hemos cumplido y no es as&iacute;. La democracia es participaci&oacute;n. Participaci&oacute;n continua en asociaciones, sindicatos, partidos pol&iacute;ticos, colegios profesionales, clubes deportivos...&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos acostumbrado a no participar y es tan grande nuestra desilusi&oacute;n y desapego que ni siquiera nos vamos a poner el cintur&oacute;n de seguridad en esta &eacute;poca de turbulencias geopol&iacute;ticas.&nbsp;Menos mal que el dios de Donald Trump y el yhav&eacute; de Netanyahu nos librar&aacute;n de sus misiles, porque Logro&ntilde;o es tan peque&ntilde;o que no se ve en sus mapas. Am&eacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopia-39-amen_129_13089206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 09:13:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopía 39. Amén]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esas opiniones de las que usted me habla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/opiniones-habla_129_13070955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Se llaman opiniones. Se dicen en bares, se tuitean al calor de la &uacute;ltima noticia, se susurran en corrillos como verdades que el sistema no quiere que sepas. Parecen inofensivas, descargas de frustraci&oacute;n, ruido de fondo de una democracia cansada.
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia no es el relato de los hechos; es el rastro de las palabras que los hicieron posibles. Y en ese rastro, las palabras que hoy se escupen como sentido com&uacute;n tienen un eco viejo y terrible.
    </p><p class="article-text">
        Siempre empieza igual: con un <em>nosotros</em> que sufre y un <em>ellos</em> que disfruta. Se habla de la gente de bien, de la Espa&ntilde;a real, de la mayor&iacute;a silenciosa a la que una minor&iacute;a vociferante &mdash;extranjera, separatista, progresista&mdash; le roba el pa&iacute;s, el trabajo, la tranquilidad. Vagos, corruptos, delincuentes..., los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No se debate pol&iacute;tica; se custodia una esencia bajo asedio constante. El inmigrante ya no es una persona que huye de la guerra o la miseria; es una cifra que <em>nos colapsa</em> la sanidad, una sombra que <em>nos quita</em> la vivienda, un riesgo que <em>amenaza</em> a nuestras mujeres, como si no hubiesen sido amenazadas y agredidas hist&oacute;ricamente por nosotros mismos. El independentista no es un adversario con argumentos; es un traidor, un anti-Espa&ntilde;a. El que piensa distinto no es un conciudadano; es un enemigo de la patria, un &uacute;til de la conspiraci&oacute;n global. Las palabras dejan de describir realidades para crear trincheras. Y en una trinchera, al que est&aacute; al otro lado no se le convence; se le elimina.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n es la primera baja en este conflicto. Se desprecia el dato, se ridiculiza el matiz, se celebra el grito. Lo importante ya no es lo que es verdad, sino lo que <em>se siente</em> y <em>se vive</em> como verdad. Si las estad&iacute;sticas demuestran que la inmigraci&oacute;n no colapsa servicios ni dispara la criminalidad &mdash;datos del INE y del Ministerio del Interior&mdash;, es que las estad&iacute;sticas mienten.
    </p><p class="article-text">
        Si los jueces investigan a un l&iacute;der propio, es que la justicia est&aacute; politizada. No es que no existan casos de justicia politizada, pero nos quedamos solo con los que nos interesan.
    </p><p class="article-text">
        Se construye as&iacute; una realidad paralela, cerrada, impermeable, donde la &uacute;nica autoridad es la del que grita m&aacute;s fuerte y promete restaurar un orden m&iacute;tico, una Espa&ntilde;a homog&eacute;nea y gloriosa que solo existe en el deseo y en el resentimiento. En este relato, emerge con fuerza la leyenda de los que <em>viven de las paguitas</em>: el parado que no quiere trabajar, el inmigrante que viene a cobrar subsidios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se omite, sin embargo, que la principal partida del gasto social en Espa&ntilde;a son las pensiones contributivas, que concentran el grueso de los recursos muy por encima de las ayudas asistenciales. Se omite que los t&eacute;cnicos del Ministerio de Hacienda llevan a&ntilde;os estimando que el fraude fiscal en Espa&ntilde;a supera los 90.000 millones de euros anuales y que el grueso de esa evasi&oacute;n se concentra en grandes empresas y grandes patrimonios, no en los perceptores de rentas m&iacute;nimas. Mientras se se&ntilde;ala al pobre como <em>vago</em>, se silencia c&oacute;mo bancos, grandes comercios y sectores empresariales &mdash;especialmente aquellos que m&aacute;s emplean mano de obra migrante en condiciones precarias&mdash; se benefician de subvenciones, rescates p&uacute;blicos y desgravaciones millonarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es el mismo mecanismo de chivo expiatorio que us&oacute; el nazismo: antes de Auschwitz, hubo una campa&ntilde;a feroz que identific&oacute; al jud&iacute;o como <em>par&aacute;sito econ&oacute;mico</em>, acus&aacute;ndolo de acumular riqueza mientras <em>el pueblo alem&aacute;n</em> sufr&iacute;a. La ret&oacute;rica, aunque adaptada, es id&eacute;ntica: crear un enemigo interno al que culpar del malestar, desviando la atenci&oacute;n de los verdaderos centros de poder y desigualdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es aqu&iacute;, en este caldo de desprecio y mentira, donde nace el monstruo. Porque cuando el otro deja de ser humano &mdash;cuando es solo una categor&iacute;a, un problema, una amenaza&mdash;, la violencia deja de ser un tab&uacute; para convertirse en una soluci&oacute;n. Ya no es algo que horroriza; es algo que se empieza a entender. Se oye en los bares, al final de la tercera cerveza: <em>a esos habr&iacute;a que echarlos a todos. Habr&iacute;a que darles una lecci&oacute;n. Esto solo se arregla a hostias</em>. En las redes, el anonimato quita el &uacute;ltimo filtro: <em>deber&iacute;an quemar ese centro de menores</em>. <em>Ojal&aacute; les caiga una bomba</em>. <em>Ya est&aacute;n esos cansos. Son solo cuatro.</em> No son solo <em>trolls</em>; son vecinos, familiares, compa&ntilde;eros de trabajo, gente que, en otro contexto, podr&iacute;a parecer normal, sea lo que sea normal. Pero la gram&aacute;tica del odio ha hecho su trabajo: ha convertido la agresi&oacute;n en una fantas&iacute;a aceptable, incluso deseable. La violencia ya no es el &uacute;ltimo recurso del desesperado; es la primera opci&oacute;n del enfurecido.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, entonces, completa el c&iacute;rculo. Ya no es el arte de lo posible, sino la guerra por lo puro. Los discursos ya no buscan sumar; buscan movilizar al propio feudo contra la amenaza exterior. Se habla de <em>reconquista</em>, de <em>defensa</em>, de <em>limpieza</em>. Las met&aacute;foras son b&eacute;licas porque el objetivo ya no es convencer, sino vencer. Y en una guerra, todo vale. La mentira es estrategia, la difamaci&oacute;n es munici&oacute;n, la deshumanizaci&oacute;n es el entrenamiento b&aacute;sico. Lo vimos hace un siglo en Europa: primero se dijo que un pueblo era una plaga, luego un peligro, luego un c&aacute;ncer que hab&iacute;a que extirpar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie salt&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana a los campos de exterminio; antes hubo d&eacute;cadas de palabras que normalizaron la idea de que algunos seres humanos sobraban. Es el mismo mecanismo, ya visto en la historia, de transferencia del odio: el que se us&oacute; contra jud&iacute;os o gitanos hoy se reactiva. Durante la pandemia, circularon mensajes acusando a migrantes de <em>traer el virus</em>. Ahora, los conflictos en Gaza o Ir&aacute;n sirven para que viejos estereotipos antisemitas muten en islamofobia: palestinos e iran&iacute;s son insultados como <em>terroristas</em> por el mero hecho de existir, igual que antes se estigmatiz&oacute; al gitano como <em>delincuente</em> y hoy al magreb&iacute; o latinoamericano como <em>invasor</em>. Quienes denuncian este odio &mdash;colectivos antifascistas, periodistas&mdash; son a su vez criminalizados: en 2023, varios activistas fueron imputados por <em>des&oacute;rdenes p&uacute;blicos</em> tras protestar contra un acto de ultraderecha que llamaba a <em>defender Espa&ntilde;a</em> de <em>inmigrantes y rojos</em>. La inversi&oacute;n es perfecta: el que se&ntilde;ala la barbarie se convierte en el enemigo. Desgraciadamente, es solo un ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en Espa&ntilde;a, casi nadie se atreve a proponer abiertamente campos, pero existen los CIE: centros de internamiento para personas extranjeras sin papeles, de car&aacute;cter no penitenciario pero con r&eacute;gimen cerrado y custodia policial. El mecanismo es el mismo. Se empieza justificando la violencia verbal &mdash;<em>es que hay que decir las cosas claras</em>&mdash; y se termina normalizando la violencia f&iacute;sica &mdash;<em>algo habr&aacute;n hecho, se lo han buscado</em>&mdash;. Se empieza se&ntilde;alando a un grupo como problema y se termina viendo como leg&iacute;timo que alguien tome&nbsp;<em>cartas en el asunto</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada pintada xen&oacute;foba, cada agresi&oacute;n a un migrante, cada patada a un&nbsp;<em>homeless</em>&nbsp;es la punta de lanza de un discurso que lo prepar&oacute;. No son casos aislados: seg&uacute;n los informes del Ministerio del Interior, las agresiones por racismo y xenofobia se han multiplicado en la &uacute;ltima d&eacute;cada, con picos tras discursos que identificaban al&nbsp;<em>inmigrante</em>&nbsp;como amenaza. En 2024, un hombre fue apu&ntilde;alado en Valencia por&nbsp;<em>parecer magreb&iacute;</em>; meses antes, una mujer ecuatoriana fue golpeada en el metro de Madrid entre gritos de&nbsp;<em>vete a tu pa&iacute;s</em>. La aporofobia &mdash;el odio al pobre&mdash; sigue la misma l&oacute;gica: las denuncias por delitos de odio vinculados a la pobreza se han disparado m&aacute;s de un 30% en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, seg&uacute;n el Ministerio del Interior y entidades como Hogar S&iacute;. Muchos agresores repiten consignas escuchadas en medios:&nbsp;<em>ocupan espacio</em>,&nbsp;<em>son una plaga</em>. Son los soldados rasos de una guerra que primero se gan&oacute; en las palabras, los tontos &uacute;tiles, la infanter&iacute;a sacrificable.
    </p><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo social Harald Welzer, en su estudio sobre los perpetradores del Holocausto, document&oacute; que la mayor&iacute;a no eran monstruos ni fan&aacute;ticos: eran personas normales que hab&iacute;an interiorizado, paso a paso, un lenguaje que hac&iacute;a posible lo que antes era impensable. Su conclusi&oacute;n fue inc&oacute;moda: el problema no era la maldad excepcional, sino la normalidad del proceso.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando usted me habla de esas opiniones, no me hable de libertad de expresi&oacute;n. Hablemos de responsabilidad. Las palabras no son et&eacute;reas; construyen mundos. Y el mundo que se est&aacute; construyendo con este lenguaje es un mundo de muros, de sospecha, de miedo y, al final, de sangre. La barbarie nunca llega de golpe. Llega poco a poco, disfrazada de sentido com&uacute;n, de humor negro, de patriotismo, de decir la barbaridad m&aacute;s gorda. Llega cuando cambiar de canal nos parece m&aacute;s f&aacute;cil que cambiar de opini&oacute;n, cuando el odio se viste de cr&iacute;tica y la cobard&iacute;a se disfraza de pragmatismo.
    </p><p class="article-text">
        El ant&iacute;doto no es callar las opiniones. Es nombrar su consecuencia. Es recordar, cada vez que alguien suelta un <em>habr&iacute;a que...,</em> que en ese <em>habr&iacute;a</em> empieza todo. La distancia entre el insulto en redes y la pedrada en la calle es m&aacute;s corta de lo que creemos. Y que la &uacute;nica frontera que de verdad importa defender no es la de un territorio, sino la que separa las palabras que construyen comunidad de las palabras que excusan su destrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tras leer esto, puede que te replantees esas&nbsp;<em>opiniones</em>. O puede que no. Puede que sigas pensando que son solo palabras, que exagero, que el mundo es una jungla y hay que defenderse. Y en ese caso, amigo, no es que no lo sepas. Es que has decidido no saberlo. Y eso tambi&eacute;n es una elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cada uno elige el lado de la historia en el que quiere haber estado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/opiniones-habla_129_13070955.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 08:25:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Esas opiniones de las que usted me habla]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/agua_129_13084610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No hace mucho coment&eacute; en este medio que en Espa&ntilde;a el respeto a los r&iacute;os es una gran asignatura pendiente y los embalses nuestra obsesi&oacute;n. No soy nada mit&oacute;mano, pero me declaro abiertamente admirador de Pedro Arrojo Agudo, un f&iacute;sico espa&ntilde;ol, ambientalista y profesor de la Universidad de Zaragoza. Lleva d&eacute;cadas dedicando su incansable trabajo a reflexionar, hacer reflexionar y escribir defendiendo una forma distinta de entender y gestionar el agua y los r&iacute;os, no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a sino globalmente. Es, adem&aacute;s, Relator Especial de la ONU sobre derechos humanos en relaci&oacute;n con el agua potable y el saneamiento. De la misma manera que el Pereira de Tabucchi (Anagrama, 1994) elige la acci&oacute;n y la verdad frente a la comodidad, Arrojo sostiene que el agua no debe ser tratada como una mercanc&iacute;a ni gestionada por intereses privados, sino como un bien p&uacute;blico accesible a todas las personas. Objetivo que no est&aacute; nada mal para generarse incomprensiones con tantos poderes f&aacute;cticos. 
    </p><p class="article-text">
        Sostiene tambi&eacute;n Pedro Arrojo, que la gesti&oacute;n del agua debe tener un enfoque prioritario de derechos humanos. Y que esa gesti&oacute;n democr&aacute;tica del agua exige que no sea apropiable ni explotable por unos pocos, adem&aacute;s de que no se vea simplemente como recurso econ&oacute;mico (para regar, como desag&uuml;e de nuestras inmundicias urbanas e industriales o en turbinar electricidad, a&ntilde;ado). Para Arrojo (yo sostengo lo mismo), los r&iacute;os no son s&oacute;lo canales de agua, sino ecosistemas vivos que integran una parte muy importante de los paisajes, de la biodiversidad y de las comunidades humanas que dependen ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Y propone (luego, sostiene) hacer las paces con los r&iacute;os y dem&aacute;s ecosistemas acu&aacute;ticos, primando la sostenibilidad ambiental frente a la sobreexplotaci&oacute;n y los desv&iacute;os masivos del agua; adem&aacute;s, como Pereira, nos anima a ser valientes para reconocer que, si se destruyen los r&iacute;os y lagos y se contaminan los acu&iacute;feros, estamos matando nuestro futuro ecol&oacute;gico y social. Por si fuera poco, Arrojo es promotor de la Fundaci&oacute;n Nueva Cultura del Agua que, desde Zaragoza, <em>urbi et orbi</em> aboga por fomentar las iniciativas I+D+i, educaci&oacute;n, cooperaci&oacute;n para el desarrollo y defensa del medio ambiente relacionados con el agua. 
    </p><p class="article-text">
        Desde los a&ntilde;os 90, Arrojo sostuvo (no s&oacute;lo &eacute;l) amplias discrepancias con la productivista y decimon&oacute;nica redacci&oacute;n del Plan Hidrol&oacute;gico Nacional, que implicaba construir decenas de presas y trasvases sin valorar los costos sociales y ambientales tan altos que ello supondr&iacute;a de llevarse a cabo. Pero, erre que erre (sosteniendo y no enmendando), la Administraci&oacute;n mantiene iniciativas de ese calado sin abordar de verdad temas decisivos como, por ejemplo, el calentamiento global. A cuyo respecto Arrojo sostiene y advierte que la variabilidad clim&aacute;tica y las sequ&iacute;as intensificadas por el cambio clim&aacute;tico exigen una gesti&oacute;n m&aacute;s racional y ecol&oacute;gica del agua. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, que hay que hacer una transici&oacute;n h&iacute;drica sostenible priorizando la conservaci&oacute;n del recurso, los usos equilibrados y el reciclaje del agua si fuera necesario, por encima de los intereses estrictamente econ&oacute;micos. Lo que sostiene Pedro Arrojo lo puedes encontrar en las decenas de informes, libros y art&iacute;culos cient&iacute;ficos y divulgativos que lleva escritos sobre econom&iacute;a del agua, en los que incide y explora una nueva &eacute;tica del uso del agua, su gesti&oacute;n democr&aacute;tica, la modernizaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas higrol&oacute;gicas y la justicia h&iacute;drica. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, por que sostiene lo que sostiene, Pedro Arrojo Agudo fue galardonado en 2003 por los premios Goldman (unos hermanos fil&aacute;ntropos americanos) que, entre otros objetivos, tienen el de dar el reconocimiento merecido a individuos de todo el planeta que trabajan para proteger y mejorar el medio ambiente, y para inspirar a otros para que sigan el ejemplo de los ganadores del galard&oacute;n. Espa&ntilde;a no es ning&uacute;n buen ejemplo en el uso sostenible del agua, y me da la impresi&oacute;n de que, de seguir as&iacute;, nunca recibir&aacute; premio alguno por ello. Aqu&iacute;, antes se hace un embalse que un plan de ahorro del agua. Hoy 22 de marzo es el D&iacute;a Mundial del Agua. Es una pena que no lo podamos celebrar con rotundidad. Las ideas de Pedro Arrojo son, hoy por hoy, demasiado renovadoras para nuestra sociedad. Sostengo que no hay mucho avance que celebrar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/agua_129_13084610.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 08:25:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Agua]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solo, sin tilde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tilde_129_13084678.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ha aprobado la primera estrategia estatal para prevenir y combatir la soledad no deseada, &ldquo;uno de los fen&oacute;menos sociales de mayor relevancia&rdquo; ya que una de cada cinco personas se siente sola en Espa&ntilde;a. En una &eacute;poca en que la comunicaci&oacute;n masiva nos ofrece posibilidades de relacionarnos impensables hace tan solo unos a&ntilde;os, la sensaci&oacute;n de soledad ha crecido exponencialmente entre la ciudadan&iacute;a. Casi la mitad de la poblaci&oacute;n se ha sentido sola en alg&uacute;n momento y el 64 % de las personas mayores reconocen experimentar en alguna medida sentimientos de soledad no deseada. No se trata solo de que no tengamos tiempo para cuidar de nuestros mayores, sino de que no hacerlo evidencia nuestra incapacidad para cuidarnos porque vivimos con la autosuficiencia de quienes parecen creerse inmortales, una actitud de inconsciente soberbia de la que se nutren, precisamente, el olvido y la soledad.	
    </p><p class="article-text">
        Pero la soledad no es solo un asunto de personas mayores ya que el porcentaje de adolescentes que dicen sentirse solos y que reconocen que les cuesta relacionarse ha aumentado significativamente en la &uacute;ltima d&eacute;cada. La soledad tiene que ver tambi&eacute;n con no sentirse parte de un proyecto, de un mismo ser social y, en este sentido, existe una relaci&oacute;n transitiva entre la crispaci&oacute;n pol&iacute;tica, la soledad y la extrema derecha que manipula las emociones mediante el poder del miedo y de las soluciones simples. Sin olvidar la propia responsabilidad del ciudadano, muchas organizaciones&nbsp;usan el odio como lenitivo porque ese odio parece aliviar la soledad y da la sensaci&oacute;n de cierta autoestima, como ya nos advirti&oacute; la fil&oacute;sofa Hannah Arendt.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existe una industria del aislamiento social porque a los gastos causados por la soledad se les opone un negocio multimillonario. Como m&aacute;s de mil millones de personas en todo el mundo experimentan soledad las cifras est&aacute;n creciendo y se&nbsp;calcula que la soledad es un mercado enorme que podr&iacute;a superar los 500.000 millones de d&oacute;lares en el a&ntilde;o 2030. En ese mercado aparecen los robots sociales para personas mayores, las amistades generadas por Inteligencia Artifical, las aplicaciones de citas, las empresas que alquilan amigos las cl&iacute;nicas digitales de salud mental, o el negocio de los f&aacute;rmacos. La supuesta hiperconectividad nos desconecta y hace que la soledad aumente porque cada vez m&aacute;s personas afirman sentirse aisladas incluso estando rodeadas de otros.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Como parece que no podemos hacer nada con este capitalismo visceral, &eacute;l hace lo que quiere con nosotros: transforma la vida y la muerte en un negocio como ha demostrado la reciente guerra de Ir&aacute;n. Aquello de que si algo es gratis es que el precio eres t&uacute; se hace m&aacute;s evidente ahora que los valores son los de la bolsa y la verdad tan solo un peri&oacute;dico de Murcia. Incluso la expresi&oacute;n <em>soledad no deseada</em> suaviza&nbsp;esa soledad que nos ha deseado por causas ajenas a nosotros: la enfermedad, el trabajo, las relaciones personales, en definitiva, las bofetadas de la vida que casualmente acostumbran a impactar con m&aacute;s fuerza en la cara de los m&aacute;s desfavorecidos.
    </p><p class="article-text">
        Frente a los mercaderes de la salud mental, tenemos suficiente capacidad para pensar juntos sin pensar lo mismo, colaborar juntos sin hacer lo mismo y saber que no existe beneficio propio si no hay beneficio colectivo. El proyecto social com&uacute;n es el que sujeta nuestro desarrollo individual que se construye a base de elementos tan abundantes como las palabras y las caricias, la solidaridad y la empat&iacute;a desde&nbsp;la innata capacidad que los seres humanos tenemos para conmovernos.
    </p><p class="article-text">
        Al adverbio &laquo;solo&raquo; le hemos quitado hasta la tilde diacr&iacute;tica porque ya no nos interesa el matiz cr&iacute;tico, quiz&aacute;s porque nos dedicamos a acentuar bagatelas que m&aacute;s que con la gram&aacute;tica tienen que ver con la &ldquo;ego&iacute;stica&rdquo;. Olvidamos poner el signo ortogr&aacute;fico en el ser humano que est&aacute; al lado. Tan solo preocupados por nuestro atildado exhibicionismo huimos de las palabras que nos unen, prisioneros de las tildes que nos separan. Si la soledad es el lienzo en blanco del coraz&oacute;n, nos sobran pinceles y colores y nos falta poner el dibujo en la ternura. En el caso de la soledad, como en el amor, falta sobra y sobra falta. Solo eso. Sin tilde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tilde_129_13084678.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 09:08:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Solo, sin tilde]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual de convicciones reversibles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/manual-convicciones-reversibles_129_13083468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A principios de este a&ntilde;o, el presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capell&aacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/capellan-presidente-regional-pp-si-veta-vox-pactaria-xenofobos-no-creen-autonomias_1_12909760.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aseguraba en una entrevista en este mismo medio que &ldquo;nunca pactar&iacute;a con Vox</a> y no es estrategia, es convicci&oacute;n&rdquo;. As&iacute;, sin matices. Sin condiciones. Como quien traza una l&iacute;nea roja infranqueable&hellip; o eso parec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La entrevista sorprendi&oacute; a muchos porque contrastaba abiertamente con el comportamiento general de su partido.&nbsp;Tanto que, de hecho, lleg&oacute; a trascender incluso fuera de La Rioja. No es algo habitual, pero aquellas declaraciones llamaron la atenci&oacute;n hasta el punto de que el siempre agudo y nada sospechoso de tibieza progresista <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/marc-giro-dice-hormiguero-quiere-entrevistar-gonzalo-capellan-despues-leer-entrevista-rioja2_1_13046039.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marc Gir&oacute; lleg&oacute; a decir que le gustar&iacute;a entrevistar a Capell&aacute;n.</a> Le intrigaba, claro, porque un dirigente del Partido Popular tan rotundo frente a Vox merec&iacute;a, como m&iacute;nimo, una conversaci&oacute;n. Y es que no todos los d&iacute;as aparece un &ldquo;verso suelto&rdquo; en la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Pero, la verdad es que la frase ha envejecido mal. Muy mal. Porque apenas unas semanas despu&eacute;s, el mismo Capell&aacute;n ha aparecido alineado con la direcci&oacute;n nacional de su partido, participando sin complejos en la presi&oacute;n a Vox para cerrar cuanto antes los acuerdos de gobierno en las comunidades donde el Partido Popular no suma sin ellos. Ya no hay distancia. Ya no hay incomodidad. Ahora hay prisa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, viendo la foto de Capell&aacute;n junto al resto de dirigentes del PP, presionando a Vox para que facilite gobiernos, uno no puede evitar preguntarse qu&eacute; pensar&aacute; ahora Marc Gir&oacute;. Si sigue interesado en la entrevista&hellip; o si ahora la plantear&iacute;a en otros t&eacute;rminos. Quiz&aacute; ya no para explorar una excepci&oacute;n, sino para analizar un caso bastante m&aacute;s com&uacute;n: el de las convicciones que duran exactamente hasta que hacen falta los votos.
    </p><p class="article-text">
        Y claro, uno no puede evitar preguntarse si las convicciones de Gonzalo Capell&aacute;n son tan firmes como dice&hellip; o si, en realidad, son perfectamente reversibles.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo de Vox no es un episodio aislado. No es un tropiezo. Empieza a parecer un m&eacute;todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, esta misma semana hemos visto otro movimiento llamativo, un nuevo desmarque del discurso oficial de su partido, esta vez en relaci&oacute;n con el apoyo casi un&aacute;nime del Partido Popular a las posiciones belicistas de Estados Unidos. Capell&aacute;n, en cambio, ha optado por mostrarse contrario a la guerra, adoptando un tono prudente, casi pacifista.&nbsp;Y, de nuevo, surge la duda: &iquest;convicci&oacute;n o c&aacute;lculo? &iquest;Posici&oacute;n de principios o simple estrategia para ocupar ese espacio templado, ese centro pol&iacute;tico en el que intenta instalarse sin terminar de retratarse nunca?
    </p><p class="article-text">
        Porque no es la primera vez.&nbsp;Lo vimos tambi&eacute;n con la dana. En un momento en el que se exig&iacute;a claridad, responsabilidad y liderazgo, Capell&aacute;n opt&oacute; por la ambig&uuml;edad, por medir cada palabra, por no incomodar a nadie. Ni una posici&oacute;n firme, ni una cr&iacute;tica clara, ni un compromiso que pudiera generar desgaste. Perfil bajo. El justo para no molestar&hellip; y tampoco comprometerse. Aunque cuando el partido se lo pidi&oacute;, se romp&iacute;a las manos aplaudiendo al indigno Maz&oacute;n en el homenaje de &ldquo;desagravio&rdquo; que le dispens&oacute; el PP.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, m&aacute;s que prudencia, empieza a parecer una forma de esconderse. Una forma de hacer pol&iacute;tica en la que lo importante no es tanto lo que se defiende, sino evitar el coste de defenderlo.&nbsp;Primero se marca distancia cuando conviene. Luego se guarda silencio cuando el terreno es inc&oacute;modo. Y finalmente, cuando la realidad aprieta, se corrige el discurso sin demasiados problemas.
    </p><p class="article-text">
        Lo hemos visto con Vox. Lo intuimos ahora con la guerra. Lo sufrimos durante la Dana cuando se escondi&oacute; del homenaje de Estado a las v&iacute;ctimas poniendo como excusa la inauguraci&oacute;n del nuevo c&eacute;sped del campo de f&uacute;tbol de Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        Y, por si quedaba alguna duda sobre el marco en el que se mueve todo esto, ah&iacute; est&aacute; esa frase que retrata toda una forma de entender la pol&iacute;tica en el Partido Popular: &ldquo;mentir no es ilegal&rdquo;. Una afirmaci&oacute;n que no es solo un desliz desafortunado, sino toda una declaraci&oacute;n de principios. Porque cuando se asume que la verdad es secundaria, todo lo dem&aacute;s encaja mucho mejor.
    </p><p class="article-text">
        Encaja que se diga una cosa y se haga la contraria. Encaja que las l&iacute;neas rojas desaparezcan sin explicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante contradicciones puntuales del PP, ante un desliz o una mala tarde. Esto es algo m&aacute;s estructural. Es una manera de hacer pol&iacute;tica basada en la ambig&uuml;edad calculada. Se lanza un mensaje tranquilizador al electorado moderado, se construye una imagen de centralidad&hellip; y, mientras tanto, se deja siempre una puerta entreabierta para cuando la aritm&eacute;tica -la de verdad, la que decide gobiernos- obliga a tomar decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Por eso tambi&eacute;n conviene recordar que Capell&aacute;n no es nuevo en esto. No es un reci&eacute;n llegado a la pol&iacute;tica al que se le pueda conceder el beneficio de la duda, porque ya form&oacute; parte de un gobierno que aplic&oacute; sin titubeos pol&iacute;ticas profundamente ideol&oacute;gicas, alineadas con los sectores m&aacute;s duros de la derecha representada por el ministro Wert al que emul&oacute; desde La Rioja. Aquella etapa al frente de la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n no fue precisamente un ejercicio de moderaci&oacute;n. Y eso, por mucho que ahora se intente dulcificar el relato, sigue ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, lo de Capell&aacute;n deja de ser sorprendente para convertirse en previsible.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n pretende enga&ntilde;ar?&nbsp;Porque lo que estamos viendo con Vox no es una incoherencia aislada, sino la aplicaci&oacute;n disciplinada de la estrategia que han ido desarrollando todos los barones de su partido y el propio l&iacute;der nacional: mientras no necesito a Vox, lo desprecio; cuando lo necesito, lo normalizo. Y entre medias, intento mantener la ficci&oacute;n de que soy otra cosa. M&aacute;s moderado, m&aacute;s centrado, incluso -por momentos-, casi homologable a posiciones progresistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica, como la vida, tiene ese peque&ntilde;o inconveniente: que los hechos acaban pesando m&aacute;s que las palabras. Por eso cuesta tanto comprar este nuevo disfraz.&nbsp;Porque, en el fondo, todo encaja demasiado bien. Encaja el cambio de tono. Encaja la rapidez con la que desaparecen las l&iacute;neas rojas. Encaja esa imagen junto al resto de dirigentes del Partido Popular, todos a una, aclamando a Maz&oacute;n o reclamando acuerdos con Vox como quien reclama algo inevitable.&nbsp;Como quien ya ha asumido que aquello del &ldquo;nunca&rdquo; era, en realidad, un &ldquo;ya veremos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que quiz&aacute; esa sea la verdadera ense&ntilde;anza de todo esto. Que en el Partido Popular no hay un problema de contradicci&oacute;n, sino de sinceridad. No es que digan una cosa y luego hagan otra. Es que jam&aacute;s dicen la verdad (&ldquo;mentir no es delito&rdquo;), si con ello consideran que pueden obtener un beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Y, en esta l&oacute;gica, Capell&aacute;n no es ning&uacute;n verso suelto. Nunca lo ha sido. Ni antes, cuando aplicaba sin matices las pol&iacute;ticas m&aacute;s duras de su partido, ni ahora, cuando intenta revestirse de una moderaci&oacute;n que se desvanece en cuanto aparecen los votos necesarios. Su trayectoria es coherente, aunque su discurso no lo sea.
    </p><p class="article-text">
        Y eso es, precisamente, lo relevante. No estamos ante un dirigente que cambia de opini&oacute;n, sino ante alguien que adapta sus convicciones a las necesidades del momento.
    </p><p class="article-text">
        No es convicci&oacute;n. Es estrategia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 09:09:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Manual de convicciones reversibles]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Capellán,La Rioja]]></media:keywords>
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