<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/la-rioja/opinion/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuerpo anciano como lugar de disputa de la vivienda en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cuerpo-anciano-lugar-disputa-vivienda-espana_129_13595233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Maricarmen Abascal no muri&oacute; de causas naturales en abstracto. Muri&oacute; el 7 de octubre de 2026, catorce d&iacute;as despu&eacute;s de que la comisi&oacute;n judicial ejecutara su desahucio, el 23 de septiembre, en la casa de la calle Alcalde Sainz de Baranda donde viv&iacute;a desde 1956. Tras el lanzamiento permaneci&oacute; ingresada en el Hospital Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, con un deterioro progresivo que el Sindicato de Inquilinas y la prensa vinculan al estr&eacute;s de aquel proceso. Su caso es el punto de inflexi&oacute;n m&aacute;s n&iacute;tido en la pol&iacute;tica de vivienda espa&ntilde;ola de la &uacute;ltima d&eacute;cada: el desahucio desencaden&oacute; acampadas en m&aacute;s de una docena de ciudades y manifestaciones en m&aacute;s de cincuenta; el Congreso tumb&oacute; dos decretos de vivienda el 1 de octubre, con los votos de PP, Vox y Junts; el presidente del Gobierno adelant&oacute; las elecciones generales al 29 de noviembre; y CCOO, UGT y el Sindicato de Inquilinas convocaron una huelga general de 24 horas para el 11 de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        El desalojo re&uacute;ne tres elementos: un contrato de renta antigua de 1956, una empresa inmobiliaria que le plante&oacute; un alquiler m&aacute;s de tres veces superior al que pagaba, y sectores de la derecha que convirtieron a una anciana de 87 a&ntilde;os en objeto de burla y descalificaci&oacute;n moral. Cuando esos tres factores coincidieron, el cuerpo de Maricarmen dej&oacute; de poder tratarse como un asunto estrictamente privado y se convirti&oacute; en un s&iacute;mbolo de una crisis estructural. Mary Douglas sostuvo en&nbsp;<em>S&iacute;mbolos naturales</em>&nbsp;(1970) que el cuerpo f&iacute;sico es un modelo del cuerpo social: lo que una sociedad piensa de s&iacute; misma se lee en c&oacute;mo trata los cuerpos. Nancy Scheper-Hughes y Margaret Lock (1987) distinguieron tres cuerpos, el individual, el social y el pol&iacute;tico, y el de Maricarmen los re&uacute;ne: una mujer de 87 a&ntilde;os con movilidad reducida, un barrio que la rode&oacute; y un debate de Estado que se libr&oacute; sobre ella.
    </p><p class="article-text">
        Maricarmen lleg&oacute; al n&uacute;mero 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda, un sexto piso de unos 90 metros cuadrados en Retiro, cuando su padre firm&oacute; el contrato de alquiler, el 3 de septiembre de 1956. Su madre no pudo figurar como arrendataria: la ley franquista no se lo permit&iacute;a. Maricarmen, nacida en noviembre de 1938, ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. All&iacute; vivi&oacute; casi toda su vida. El contrato se subrog&oacute; a su madre tras la muerte del padre, en 1960 seg&uacute;n El Pa&iacute;s y en 1961 seg&uacute;n El Espa&ntilde;ol, y a ella misma en 2005, cuando falleci&oacute; la madre. Pagaba alrededor de 500 euros mensuales entre renta y gastos; las fuentes no coinciden en cu&aacute;nto era la renta estricta, que aparece entre 200 y 440 euros. Era un contrato que todo el mundo &mdash;incluida ella, seg&uacute;n su abogada, Beatriz Duro&mdash; daba por blindado.
    </p><p class="article-text">
        El 28 de junio de 2018, Urbagesti&oacute;n Desarrollo e Inversi&oacute;n S.L., una empresa inmobiliaria con sedes en Madrid y Valladolid, adquiri&oacute; el piso (no el edificio entero) y le ofreci&oacute; venderlo a Maricarmen por unos 250.000 euros, que ella no ten&iacute;a. Durante dos a&ntilde;os nada cambi&oacute;. En 2020, la empresa le comunic&oacute; que deb&iacute;a abandonar la vivienda: consideraba que la segunda subrogaci&oacute;n solo hab&iacute;a durado dos a&ntilde;os, el l&iacute;mite que fija la disposici&oacute;n transitoria segunda de la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 salvo que el subrogado tenga una discapacidad igual o superior al 65%. A Maricarmen se le reconoc&iacute;a un 50%, quince puntos por debajo. El Juzgado de Primera Instancia n&uacute;mero 90 de Madrid le dio la raz&oacute;n el 27 de enero de 2022. La Audiencia Provincial de Madrid revoc&oacute; esa sentencia el 30 de junio de 2022 y declar&oacute; extinguido el contrato, y el Tribunal Supremo inadmiti&oacute; el recurso de casaci&oacute;n por auto de 13 de diciembre de 2023, que dej&oacute; firme la resoluci&oacute;n. Setenta a&ntilde;os despu&eacute;s de que su madre no pudiera firmar el contrato, una ley democr&aacute;tica, la de 1994, volv&iacute;a a decidir qui&eacute;n ten&iacute;a derecho a quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Entre lo que dice la ley y lo que una comunidad considera justo existe una distancia que las ciencias sociales conocen como&nbsp;<em>econom&iacute;a moral</em>. E. P. Thompson la describi&oacute; en las multitudes inglesas del siglo XVIII y James Scott en el campesinado del sudeste asi&aacute;tico: en ambos casos la gente defend&iacute;a un derecho de subsistencia que ninguna norma escrita le reconoc&iacute;a. El derecho a quedarse en la casa donde se han vivido setenta a&ntilde;os pertenece a esa familia, y por eso el fallo judicial no cerr&oacute; el conflicto: lo llev&oacute; a la calle.
    </p><p class="article-text">
        Lo que vino despu&eacute;s fue un pulso de casi un a&ntilde;o: cuatro intentos de desahucio. Los tres primeros, en oto&ntilde;o de 2025 y en dos ocasiones durante junio de 2026, se suspendieron por movilizaci&oacute;n vecinal y presi&oacute;n del Sindicato de Inquilinas; entre medias, la ONU pidi&oacute; frenar los lanzamientos. En 2024, Urbagesti&oacute;n le hab&iacute;a notificado una subida del 275% sobre su renta, hasta 1.650 euros mensuales, que present&oacute; como una oferta por debajo de los 2.650 a los que, seg&uacute;n la empresa, se alquilaban ya otros pisos reformados del bloque; seg&uacute;n P&uacute;blico, lleg&oacute; a plantear esos 2.650 euros una vez recuperada la vivienda. Urbagesti&oacute;n asegura que ofreci&oacute; una renta bonificada entre un 40% y un 50% inferior al precio de mercado. La pensi&oacute;n de Maricarmen rondaba los 1.400 euros, aunque los medios la sit&uacute;an entre 1.300 y 1.450, de modo que incluso 1.650 euros la superaban.
    </p><p class="article-text">
        El 23 de septiembre de 2026, hacia las 13:00, la comisi&oacute;n judicial ejecut&oacute; el desahucio. Cientos de personas hab&iacute;an pasado la noche en la calle para intentar frenarlo. A Maricarmen la sacaron del edificio en camilla y los sanitarios del Samur la trasladaron al Hospital Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, ante los cientos de personas concentradas frente al inmueble. Nunca volvi&oacute; a casa. Sus pertenencias quedaron dentro del piso: no tuvo tiempo de recogerlas. Falleci&oacute; el 7 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        Desde los d&iacute;as siguientes al desahucio, parte de la derecha la convirti&oacute; en diana. El concejal de Vivienda del PP en Benalm&aacute;dena, Jos&eacute; Luis Bergillos, la llam&oacute;&nbsp;<em>puta sinverg&uuml;enza con miles de euros en el banco</em>&nbsp;durante una reuni&oacute;n del Consejo Sectorial de Vivienda. Ocurri&oacute; el mismo d&iacute;a en que Maricarmen muri&oacute;. Bergillos pidi&oacute; despu&eacute;s&nbsp;<em>sinceras disculpas</em>, admiti&oacute;&nbsp;<em>un grave error</em>&nbsp;y explic&oacute; que su intenci&oacute;n era denunciar el uso partidista del problema. Lo de los miles de euros carece de pruebas: el bulo concreto hablaba de 250.000 euros en el banco y de acciones de BBVA, Santander y Telef&oacute;nica; la abogada de Maricarmen lo calific&oacute; de&nbsp;<em>mentiras</em>&nbsp;ante Newtral, y Maldita.es advierte de que circula sin evidencia. Adem&aacute;s, su patrimonio, su pensi&oacute;n, su pasado laboral, su trato con los vecinos y hasta un v&iacute;deo en el que aparec&iacute;a caminando se usaron para cuestionar su relato; el v&iacute;deo era de octubre de 2025, seg&uacute;n Newtral. Circularon bulos sobre una segunda residencia en la playa y sobre comidas en restaurantes caros. Un titular de Voz.us la present&oacute; como&nbsp;<em>la privilegiada anciana</em>&nbsp;que el Gobierno utilizaba para intervenir el mercado de la vivienda. El 29 de septiembre, El Confidencial public&oacute; una columna de opini&oacute;n titulada <em>Maricarmen es una jeta (y alguien ten&iacute;a que decirlo)</em>, que sosten&iacute;a que se hab&iacute;a aprovechado de otro sin tener derecho a ello; la propia Audiencia Provincial, sin embargo, constat&oacute; que Maricarmen sigui&oacute; pagando la renta y viviendo en el piso. El 25 de septiembre, el espacio <em>Objetivo directo</em> de The Objective se titul&oacute;&nbsp;<em>La farsa de Maricarmen</em>&nbsp;y se pregunt&oacute; si hab&iacute;a detr&aacute;s una&nbsp;<em>operaci&oacute;n psicol&oacute;gica</em>; seg&uacute;n El Bolet&iacute;n, Roberto Vaquero sostuvo, sin pruebas, que a Maricarmen&nbsp;<em>le han prometido algo</em>.
    </p><p class="article-text">
        No fue un episodio aislado. El 27 de septiembre, la cuenta oficial de Vox en X escribi&oacute;:&nbsp;<em>toda Espa&ntilde;a sabe que si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen tendr&iacute;a casa</em>, y el 7 de octubre el portavoz de Vox en el Parlament, Ignacio Garriga, repiti&oacute; la f&oacute;rmula. El portavoz de IU en Benalm&aacute;dena, Enrique Pablo Centella, que abandon&oacute; la reuni&oacute;n en protesta, dijo que no entiende&nbsp;<em>c&oacute;mo Bergillos ha podido comprar los bulos de la extrema derecha</em>.
    </p><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis publicado el 8 de octubre por Marcelino Madrigal sobre casi 13.500 publicaciones en X, TikTok, YouTube y Telegram concluye que hubo una ofensiva contra Maricarmen, pero sin plan detr&aacute;s: ni granjas de <em>bots </em>ni mensajes copiados en masa, sino creadores con mucha audiencia que contaron la misma historia, cada uno en su red. A su juicio, pesaron m&aacute;s esos creadores que las declaraciones de los partidos. Seg&uacute;n su recuento, el alcance se concentr&oacute; en pocas manos: en X, tres tuits reunieron dos tercios de las visualizaciones hostiles.
    </p><p class="article-text">
        Entre los argumentos que m&aacute;s se repitieron, seg&uacute;n ese mismo an&aacute;lisis, estaba que Maricarmen pagaba poco, que viv&iacute;a en un barrio caro y que deber&iacute;a haberse comprado una casa. La acusaci&oacute;n da por hecho que el valor de un barrio pertenece a quien compra sus edificios. Los estudios urbanos y la antropolog&iacute;a sostienen que ese valor lo produce en buena medida quien lo habita. Jane Jacobs mostr&oacute; en&nbsp;<em>Muerte y vida de las grandes ciudades</em>&nbsp;(1961) que lo que hace segura y deseable una calle, los&nbsp;<em>ojos en la calle</em>&nbsp;de vecinos y comerciantes que se conocen, lo sostienen quienes la habitan y la usan a diario. Henri Lefebvre distingui&oacute; en&nbsp;<em>El derecho a la ciudad</em>&nbsp;(1968) el valor de uso, el de quienes viven un lugar, del valor de cambio, el que fija el mercado. Neil Smith llam&oacute; en 1979&nbsp;<em>rent gap</em>, brecha de renta, a la diferencia entre la renta del suelo que un solar rinde con su uso actual y la que rendir&iacute;a con su mejor uso posible. Aplicada por analog&iacute;a a este caso, la brecha separa un alquiler de unos 500 euros de los 2.650 a los que, seg&uacute;n Urbagesti&oacute;n, se alquilaban otros pisos reformados del bloque, o de los entre 1.980 y 2.300 euros que estimaba Idealista para un piso equivalente, sin que haga falta atribuir intenciones a nadie. La ley de 1994 limit&oacute; las subrogaciones de las rentas antiguas con vistas a su extinci&oacute;n, y el argumento de la propiedad, que no tiene por qu&eacute; subvencionar a un inquilino, tiene peso jur&iacute;dico. La antropolog&iacute;a pregunta otra cosa: de d&oacute;nde sale el valor que se cobra. Mindy Fullilove, psiquiatra, llam&oacute;&nbsp;<em>root shock</em>&nbsp;al trauma de arrancar a una comunidad de su barrio, y el psic&oacute;logo Marc Fried describi&oacute; en 1963 el duelo de los vecinos del West End de Boston realojados por una renovaci&oacute;n urbana, comparable al de perder a una persona querida. Que tres intentos de desahucio se frenaran por movilizaci&oacute;n vecinal indica que ese tejido exist&iacute;a y ten&iacute;a valor.
    </p><p class="article-text">
        El ataque tiene una particularidad: apunta a la edad. La columna de El Confidencial lo formula sin rodeos: reconoce que tiene 87 a&ntilde;os y que la sacan de su casa, pero sostiene que&nbsp;<em>no siempre ha tenido 87 a&ntilde;os</em>. La vejez, que en algunas sociedades funciona como un escudo moral, se trata aqu&iacute; como un dato que no cuenta. Simone de Beauvoir escribi&oacute; en&nbsp;<em>La vejez</em>&nbsp;(1970) que la sociedad trata a los viejos como una especie extra&ntilde;a y consigue que nadie vea en ellos a sus semejantes, y escribi&oacute; el libro&nbsp;<em>para quebrar la conspiraci&oacute;n del silencio</em>. Susan Sontag mostr&oacute; en 1972, en <em>The Double Standard of Aging</em>, que envejecer penaliza m&aacute;s a las mujeres que a los hombres; el insulto de Bergillos suma al desprecio por la edad un descr&eacute;dito sexual.
    </p><p class="article-text">
        La antropolog&iacute;a encuentra respeto a los mayores en unas sociedades y abandono en otras, y esa variaci&oacute;n ayuda a entender el ataque. Leo Simmons compar&oacute; en 1945 el trato a los ancianos en 71 sociedades y hall&oacute; que su prestigio crec&iacute;a donde conservaban derechos de propiedad e influencia en el gobierno, y ca&iacute;a con el clima duro. Igor Kopytoff sostuvo en 1971 que, en muchas sociedades africanas, los ancianos vivos y los ancestros muertos forman una misma categor&iacute;a, de modo que el respeto al mayor y el culto al antepasado son una misma l&iacute;nea; la tesis ha sido discutida por otros africanistas. Una sociedad que corta esa l&iacute;nea y ve en los mayores un obst&aacute;culo vivo en lugar de futuros ancestros queda m&aacute;s libre para atacarlos.
    </p><p class="article-text">
        La escasez hace el resto. Robert Binstock analiz&oacute; en 1983, en <em>The Aged as Scapegoat</em>, c&oacute;mo el discurso p&uacute;blico pasa de ver a los mayores como un colectivo necesitado y merecedor de ayuda a se&ntilde;alarlos como responsables de las dificultades de otros grupos. Ren&eacute; Girard explic&oacute; el mecanismo en&nbsp;<em>El chivo expiatorio</em>: una sociedad en crisis descarga su malestar sobre una v&iacute;ctima un&aacute;nimemente se&ntilde;alada, a la que atribuye la culpa y que lleva marcas que la hacen parecer diferente, como la pertenencia a una minor&iacute;a, la enfermedad o la debilidad. En un pa&iacute;s donde la emancipaci&oacute;n media llega a los 30 a&ntilde;os, una anciana con un alquiler de 500 euros en Retiro resulta una figura &uacute;til: encarna el privilegio de quien lleg&oacute; a tiempo y recibe un malestar que no encuentra otro destinatario. Aplicada entre generaciones, la l&oacute;gica del don de Marcel Mauss (dar, recibir, devolver) convierte a los mayores en acreedores de una deuda que los j&oacute;venes pueden preferir no reconocer. Maricarmen naci&oacute; en plena guerra civil y pertenece a la generaci&oacute;n que vivi&oacute; la posguerra y el desarrollismo, la que suele decirse que levant&oacute; el pa&iacute;s. Atacarla puede romper simb&oacute;licamente la cadena que permite a los j&oacute;venes reclamar, a su vez, que se les devuelva algo; por eso importa que entre quienes salieron a defenderla hubiera tantos j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        La muerte de Maricarmen desencaden&oacute; una disputa sobre la vivienda y otra sobre c&oacute;mo deb&iacute;a ser llorada. El 8 de octubre, el PP rechaz&oacute; un minuto de silencio en la Asamblea de Madrid con el argumento de que no iba a&nbsp;<em>contribuir a su utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica para hacer una campa&ntilde;a interesada</em>; M&aacute;s Madrid y PSOE lo guardaron en el atrio. En las Cortes de Arag&oacute;n, PP y Vox votaron en contra de la propuesta, y en el pleno del Ayuntamiento de Madrid sus concejales permanecieron sentados mientras la oposici&oacute;n guardaba el minuto. La negativa puede leerse como una disputa sobre qui&eacute;n tiene derecho a definir qu&eacute; significa esa muerte. En el marco del conflicto, un minuto de silencio pod&iacute;a interpretarse como el reconocimiento p&uacute;blico de que aquella muerte no era un hecho privado, sino el desenlace de un conflicto pol&iacute;tico y social. Judith Butler pregunt&oacute; en&nbsp;<em>Marcos de guerra</em>, a prop&oacute;sito de las guerras recientes, qu&eacute; vidas merecen duelo p&uacute;blico, y Katherine Verdery estudi&oacute; en&nbsp;<em>The Political Lives of Dead Bodies</em>&nbsp;(1999), a prop&oacute;sito de las reinhumaciones postsocialistas, por qu&eacute; los cuerpos muertos resultan s&iacute;mbolos pol&iacute;ticos tan eficaces. El cuerpo de Maricarmen entr&oacute; en esa disputa desde el d&iacute;a de su muerte.
    </p><p class="article-text">
        Conviene mirar de frente un paralelismo, con los t&eacute;rminos bien separados: el asesinato terrorista y un desahucio son hechos distintos, y lo que se compara es la operaci&oacute;n pol&iacute;tica sobre la memoria de las v&iacute;ctimas. Consuelo Ord&oacute;&ntilde;ez, presidenta de COVITE y hermana de Gregorio Ord&oacute;&ntilde;ez, concejal del PP asesinado por ETA en 1995, ha construido su trayectoria p&uacute;blica sobre una premisa inc&oacute;moda para todos: las v&iacute;ctimas no pertenecen a ning&uacute;n partido. Ha criticado al PP por instrumentalizar el dolor de las suyas y ha dicho que todos los partidos las han usado, aunque unos m&aacute;s que otros; ha pedido que&nbsp;<em>dejen en paz a las v&iacute;ctimas</em>. Su argumento, tal como lo leo, sostiene que el homenaje que convierte a las v&iacute;ctimas en munici&oacute;n electoral las traiciona.
    </p><p class="article-text">
        Aplicado a Maricarmen, la frontera exige distinguir tres operaciones. Una cosa es inventarle una biograf&iacute;a para destruirla &mdash;<em>miles de euros en el banco</em>&mdash; y otra insultarla:&nbsp;<em>Morocarmen</em>,&nbsp;<em>puta sinverg&uuml;enza</em>,&nbsp;<em>jeta</em>. La primera operaci&oacute;n es una falsificaci&oacute;n; la segunda, un descr&eacute;dito moral que produce un efecto semejante: desplazar la atenci&oacute;n desde las condiciones del desahucio hacia la conducta de la propia Maricarmen. Y otra muy distinta es recoger las palabras que ella misma dej&oacute; en un v&iacute;deo que el Sindicato de Inquilinas difundi&oacute; desde el Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n:&nbsp;<em>no he logrado defender mi casa, pero s&iacute; he luchado para que los dem&aacute;s aprendan a luchar por la suya</em>. La tercera es una herencia. La frontera entre las dos primeras operaciones y la tercera la traza la verificaci&oacute;n, y esa frontera es exactamente lo que est&aacute; en juego cuando una sociedad decide c&oacute;mo recordar a sus muertos.
    </p><p class="article-text">
        Comprobar este caso es m&aacute;s dif&iacute;cil de lo que parece, y la dificultad forma parte de la historia. La renta estricta de Maricarmen aparece entre 200 y 440 euros seg&uacute;n el medio; su pensi&oacute;n, entre 1.300 y 1.450; el padre muri&oacute; en 1960 o en 1961; la subida que le notific&oacute; la empresa fue de 1.650 o de 2.650 euros, y no siempre en el mismo orden; y Urbagesti&oacute;n es un fondo inmobiliario para unos y una micropyme para otros. Algunas diferencias se explican por lo que se mide, como la renta con o sin gastos. Otras parecen simples errores de redacci&oacute;n. Otras vienen de la etiqueta, porque&nbsp;<em>fondo buitre</em>&nbsp;y&nbsp;<em>micropyme</em>&nbsp;describen dos relatos y no la misma empresa. Y unas pocas son bulos, como los 250.000 euros del banco. El an&aacute;lisis de Madrigal sugiere que ese ruido no necesita un plan: basta con que la atenci&oacute;n se pueda convertir en dinero. No todos los medios participan en &eacute;l; Newtral y Maldita.es dedicaron piezas enteras a desmontar los bulos sobre Maricarmen. Pero cuando cada cifra se usa como arma, comprobar cada dato es un acto pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El ruido tambi&eacute;n cumple una funci&oacute;n social. Max Gluckman sostuvo en 1963 que el chisme y el esc&aacute;ndalo mantienen la unidad y los valores de un grupo, y que participar en ellos es un deber de pertenencia; Norbert Elias y John Scotson (1965) mostraron que el elogio de los establecidos y la deshonra de los forasteros se construyen con ese mismo material. Le&iacute;da as&iacute;, la ofensiva contra Maricarmen traza una frontera sobre qui&eacute;n forma parte de quienes merecen casa.
    </p><p class="article-text">
        Ese descr&eacute;dito tiene nombre en las ciencias sociales: culpabilizar a la v&iacute;ctima, como la populariz&oacute; William Ryan (1971). Convierte un problema estructural en una falta moral individual. Johan Galtung acu&ntilde;&oacute; en 1969 el concepto de&nbsp;<em>violencia estructural</em>&nbsp;y Paul Farmer lo llev&oacute; a la antropolog&iacute;a para nombrar lo que ese desplazamiento oculta, y Erving Goffman describi&oacute; en&nbsp;<em>Estigma</em>&nbsp;(1963) el atributo profundamente desacreditador que deteriora la identidad social de quien lo lleva, algo que ya vimos en&nbsp;<em>El rostro que se nos exige</em>. Si Maricarmen era una&nbsp;<em>jeta</em>&nbsp;o una&nbsp;<em>sinverg&uuml;enza</em>, el desahucio deja de ser una violencia sist&eacute;mica y pasa a ser una consecuencia justa de su conducta. El problema pasa a ser ella, y no el mercado de alquiler ni la especulaci&oacute;n. Ese gesto se volvi&oacute; contra quien lo practic&oacute; cuando Maricarmen muri&oacute;: la insultaron el mismo d&iacute;a de su muerte, y la comparaci&oacute;n entre el insulto y un cuerpo ya sin vida result&oacute; demasiado obscena para pasar desapercibida.
    </p><p class="article-text">
        El lunes 28 de septiembre, tras m&aacute;s de cuatro horas de reuni&oacute;n entre representantes de Maricarmen y de Urbagesti&oacute;n, con la mediaci&oacute;n de la EMVS del Ayuntamiento de Madrid, se alcanz&oacute; un acuerdo, a partir de una f&oacute;rmula que la empresa hab&iacute;a planteado el 25: un contrato de ocho a&ntilde;os y una renta que no superar&iacute;a el 30% de sus ingresos netos. La cantidad exacta estaba pendiente de documentaci&oacute;n, y su abogada la calculaba aproximadamente similar a la que pagaba antes; la calific&oacute; de&nbsp;<em>hist&oacute;rico</em>&nbsp;y lament&oacute; que llegara tarde. Maricarmen, que no pudo participar en la reuni&oacute;n por seguir ingresada, lo acept&oacute; el martes 29 desde el hospital y volver&iacute;a a casa al recibir el alta. El programa municipal le ofrec&iacute;a asesoramiento jur&iacute;dico, econ&oacute;mico, t&eacute;cnico y fiscal, y aseguraba a la propiedad contra el impago. El Ayuntamiento sostiene que la hab&iacute;a acompa&ntilde;ado a trav&eacute;s de servicios sociales y que le ofreci&oacute; un alojamiento alternativo sin coste en una residencia municipal. El 2 de octubre Urbagesti&oacute;n firm&oacute; el contrato y entreg&oacute; las llaves; Maricarmen deb&iacute;a firmar su parte el 8 de octubre, un d&iacute;a despu&eacute;s de morir.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la movilizaci&oacute;n ten&iacute;a vida propia. El s&aacute;bado 26 de septiembre, una marcha desde la Puerta del Sol hasta el Congreso, bajo el lema&nbsp;<em>Ni una Maricarmen m&aacute;s</em>, dio paso a la acampada. El Sindicato de Inquilinas ped&iacute;a la aprobaci&oacute;n &iacute;ntegra de lo que llamaba&nbsp;<em>decreto Maricarmen</em>, con renovaci&oacute;n autom&aacute;tica de los contratos, regulaci&oacute;n de los alquileres temporales y por habitaciones y paralizaci&oacute;n de los desahucios sin alternativa habitacional. El 1 de octubre, el Congreso rechaz&oacute; los dos reales decretos de vivienda del Gobierno, conocidos como&nbsp;<em>decretos Maricarmen</em>. El s&aacute;bado 3, el Sindicato de Inquilinas convoc&oacute; manifestaciones en m&aacute;s de cincuenta ciudades bajo el lema&nbsp;<em>Hacia la huelga general por la vivienda</em>. En Madrid, la Delegaci&oacute;n del Gobierno cont&oacute; 70.000 personas y los organizadores 500.000. En Valencia, la marcha termin&oacute; con disturbios ante el Palau de les Arts, donde se celebraba un congreso de inversi&oacute;n inmobiliaria: nueve polic&iacute;as nacionales heridos, una persona detenida y pelotas de goma lanzadas por los antidisturbios. La manifestaci&oacute;n de Barcelona se aplaz&oacute; por la lluvia y se celebr&oacute; el lunes 5: la Guardia Urbana cont&oacute; 20.000 personas, los organizadores 120.000, y acab&oacute; con cargas policiales y contenedores quemados. En M&aacute;laga, Granada, Zaragoza, C&aacute;diz, Santander y Palma salieron a la calle miles de personas. Ese mismo s&aacute;bado, unos 400 ultras, seg&uacute;n la Delegaci&oacute;n del Gobierno, convocados por el grupo Indignados por Espa&ntilde;a, intentaron llegar a la acampada de Sol y la polic&iacute;a los fren&oacute; en la calle de Alcal&aacute;; en Oviedo, la acampada denunci&oacute; agresiones verbales y un encontronazo con un grup&uacute;sculo fascista.
    </p><p class="article-text">
        En las marchas convivieron personas de varias generaciones: junto a los acampados veintea&ntilde;eros que no pueden emanciparse &mdash;la edad media de emancipaci&oacute;n en Espa&ntilde;a era de 30,0 a&ntilde;os en 2024, seg&uacute;n Eurostat, frente a 26,2 en la UE&mdash; estaban vecinos jubilados que llevan d&eacute;cadas en el mismo barrio. El c&aacute;ntico que el movimiento adopt&oacute;,&nbsp;<em>Maricarmen no est&aacute;s sola</em>, funcionaba en ambas direcciones: la juventud defend&iacute;a a la octogenaria, y la octogenaria se hab&iacute;a convertido en el rostro de un problema que la juventud reconoce como propio. El marco de una guerra entre generaciones por los recursos p&uacute;blicos, pensiones frente a salarios y mayores frente a j&oacute;venes, se top&oacute; con una acampada donde la reivindicaci&oacute;n era compartida.
    </p><p class="article-text">
        La frase de Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, resume el cambio de tono:&nbsp;<em>ocho d&iacute;as de poder popular han hecho m&aacute;s que ocho a&ntilde;os de Gobierno progresista</em>. El movimiento dej&oacute; de pedir y empez&oacute; a exigir. La acampada de la Puerta del Sol se mantuvo, ya como espacio aut&oacute;nomo tras la retirada parcial del Sindicato. El 5 de octubre, Pedro S&aacute;nchez anunci&oacute; elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre. Y el 7 de octubre, CCOO, UGT, el Sindicato de Inquilinas y otros sindicatos acordaron convocar una huelga general de 24 horas para el 11 de noviembre, la primera respaldada por CCOO y UGT desde 2012.
    </p><p class="article-text">
        El Sindicato de Inquilinas anunci&oacute; su muerte en un comunicado que firmaron tambi&eacute;n su familia y su abogada. Reconoc&iacute;a que se hab&iacute;a logrado&nbsp;<em>un acuerdo hist&oacute;rico</em>&nbsp;para que volviera a su vivienda, pero que la soluci&oacute;n lleg&oacute;&nbsp;<em>demasiado tarde</em>:&nbsp;<em>una situaci&oacute;n absolutamente evitable tras un proceso torturante</em>. El texto sostiene que lo ocurrido supone&nbsp;<em>un antes y un despu&eacute;s</em>&nbsp;y que el coste para llegar hasta ah&iacute;&nbsp;<em>ha sido demasiado alto</em>.
    </p><p class="article-text">
        La frase de Maricarmen sobre luchar por la casa de los dem&aacute;s ya funciona como consigna. El Sindicato de Inquilinas cit&oacute; adem&aacute;s otra petici&oacute;n suya, que seg&uacute;n el comunicado ella les repet&iacute;a siempre:&nbsp;<em>luchad, seguid luchando por lo que es vuestro</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hay una iron&iacute;a amarga en el arco de este caso. El acuerdo que le habr&iacute;a permitido volver a casa se cerr&oacute; el 28 de septiembre y las llaves se entregaron el 2 de octubre. Ella muri&oacute; el 7, un d&iacute;a antes de la fecha prevista para firmar. En medio, su cuerpo estuvo catorce d&iacute;as en una cama de hospital, separado del piso donde hab&iacute;a vivido setenta a&ntilde;os. Ese intervalo, entre la soluci&oacute;n sobre el papel y la muerte real, es el espacio donde habita la cr&iacute;tica m&aacute;s dura: el sistema encontr&oacute; una salida t&eacute;cnica, pero no lleg&oacute; a tiempo para la persona. Y en ese desfase, la vivienda dej&oacute; de ser un problema de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para convertirse en una cuesti&oacute;n de vida o muerte.
    </p><p class="article-text">
        Para la antropolog&iacute;a, el caso ofrece un objeto de estudio casi de laboratorio: c&oacute;mo un cuerpo anciano, sacado en camilla y luego insultado, se convierte en el punto de condensaci&oacute;n de una crisis estructural. Es lo que Victor Turner llam&oacute; un s&iacute;mbolo dominante, una categor&iacute;a que formul&oacute; para los s&iacute;mbolos rituales y que aqu&iacute; se extiende a un hecho pol&iacute;tico: un s&iacute;mbolo que condensa significados dispersos y une un polo sensorial, aqu&iacute; un cuerpo anciano sacado en camilla, con un polo ideol&oacute;gico, el derecho a la vivienda. Turner describi&oacute; tambi&eacute;n el&nbsp;<em>drama social</em>: una ruptura de la norma, una crisis que se extiende, un intento de reparaci&oacute;n y, al final, una reintegraci&oacute;n o una escisi&oacute;n. El caso sigue ese guion. La ruptura es el lanzamiento; la crisis, las acampadas, los decretos tumbados y las elecciones; la reparaci&oacute;n, el acuerdo del 28 de septiembre, lleg&oacute; tarde; y la reintegraci&oacute;n o la escisi&oacute;n queda abierta. Maricarmen no eligi&oacute; ser s&iacute;mbolo. La hicieron s&iacute;mbolo quienes la desahuciaron y quienes se burlaron de ella. Pero en el proceso, su biograf&iacute;a &mdash;setenta a&ntilde;os en un sexto piso de Retiro, un contrato de 1956, una pensi&oacute;n de en torno a 1.400 euros frente a un alquiler que la empresa plante&oacute;, seg&uacute;n las fuentes, entre 1.650 y 2.650 euros&mdash; se convirti&oacute; en el retrato de un pa&iacute;s donde vivir donde siempre has vivido ya no est&aacute; garantizado por nada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cuerpo-anciano-lugar-disputa-vivienda-espana_129_13595233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Oct 2026 11:19:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El cuerpo anciano como lugar de disputa de la vivienda en España]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciencia venció al virus,  pero no al prejuicio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciencia-vencio-virus-no-prejuicio_129_13584336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay prejuicios que cre&iacute;amos superados y que, sin embargo, siguen ah&iacute;, agazapados, esperando cualquier oportunidad para volver a ocupar el espacio que nunca debieron tener. El estigma asociado al VIH es uno de ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera iniciativa que present&eacute; y defend&iacute; como diputado ante el Parlamento de La Rioja en 1991 propon&iacute;a combatir la estigmatizaci&oacute;n de quienes viven con el VIH. Y me indigna comprobar que, 35 a&ntilde;os despu&eacute;s, mientras la ciencia ha conseguido avances extraordinarios, nuestra sociedad siga siendo incapaz de desprenderse de esos miedos injustificados, estereotipos y comportamientos discriminatorios.
    </p><p class="article-text">
        Cada 17 de octubre, la celebraci&oacute;n del Pride+ nos ofrece una nueva oportunidad para reivindicar esa dignidad. Pero, sobre todo, nos obliga a preguntarnos por qu&eacute; sigue siendo necesario hacerlo. No creo que sea una cuesti&oacute;n secundaria, ni una causa que deba defenderse &uacute;nicamente en determinadas fechas. Es una cuesti&oacute;n de derechos humanos, de justicia y de decencia democr&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivimos tiempos preocupantes. El odio al diferente, la homofobia, el racismo y los discursos autoritarios y postfascistas que cuestionan derechos conquistados con mucho esfuerzo est&aacute;n ganando presencia en el debate p&uacute;blico. Y no podemos ignorar que ese clima alimenta tambi&eacute;n viejos prejuicios contra las personas con VIH; prejuicios que vuelven a vincular el virus, de manera injusta y profundamente equivocada, con una determinada orientaci&oacute;n sexual o con supuestos comportamientos moralmente reprobables para algunos sectores.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo con claridad: <strong>el VIH no tiene orientaci&oacute;n sexual, no entiende de ideolog&iacute;as y no es un juicio moral sobre nadie</strong>. Puede afectar a cualquier persona. Asociarlo a una identidad concreta no solo demuestra desconocimiento sino que perpet&uacute;a una discriminaci&oacute;n que causa sufrimiento, alimenta el miedo y empuja a muchas personas a ocultar su situaci&oacute;n por temor al rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Y lo m&aacute;s indignante es que ese estigma persiste cuando los avances cient&iacute;ficos han cambiado radicalmente la realidad del VIH. Hoy, gracias a los tratamientos, las personas que viven con el virus pueden desarrollar una vida larga y plena. Sabemos, adem&aacute;s, que una persona con carga viral indetectable gracias al tratamiento no transmite sexualmente el VIH. Sin embargo, la desinformaci&oacute;n sigue alimentando el rechazo y nos demuestra que la ciencia ha avanzado mucho m&aacute;s deprisa que determinados prejuicios sociales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, no basta con disponer de buenos tratamientos. Necesitamos educaci&oacute;n, informaci&oacute;n rigurosa y una sociedad que deje de se&ntilde;alar a quienes viven con el VIH. Necesitamos combatir la discriminaci&oacute;n en el &aacute;mbito laboral, sanitario, afectivo y social. Y necesitamos que las instituciones asuman su responsabilidad, porque el silencio y la indiferencia tambi&eacute;n contribuyen a perpetuar el estigma.
    </p><p class="article-text">
        La visibilidad es una herramienta poderosa para romper ese silencio, pero nunca puede convertirse en una obligaci&oacute;n. Nadie debe sentirse forzado a revelar una circunstancia personal para demostrar nada a los dem&aacute;s. La responsabilidad no corresponde a quien teme ser rechazado, sino a quienes alimentan el rechazo y a quienes, pudiendo combatirlo, prefieren mirar hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        El Pride+, conocido tambi&eacute;n como &ldquo;Orgullo positivo&rdquo; que se celebra cada 17 de octubre debe ser una celebraci&oacute;n de la dignidad, pero tambi&eacute;n una llamada de atenci&oacute;n. Porque una sociedad verdaderamente libre no es aquella en la que algunas personas pueden mostrarse sin miedo, sino aquella en la que nadie tiene que esconderse para evitar la discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No podemos permitir que el odio normalice de nuevo lo que tanto esfuerzo nos ha costado combatir. Ni aceptar que el diagn&oacute;stico de una persona se convierta en motivo de sospecha, aislamiento o exclusi&oacute;n. <strong>Convivir con el VIH no resta dignidad, no limita derechos y no hace a nadie menos merecedor de respeto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque la lucha contra el estigma del VIH no pertenece &uacute;nicamente a quienes conviven con el virus. Nos corresponde a todos. Y quienes creemos en una sociedad m&aacute;s justa, m&aacute;s libre y m&aacute;s igualitaria tenemos la obligaci&oacute;n de seguir dando la cara por quienes siguen sufriendo el estigma y el rechazo de manera tan injusta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciencia-vencio-virus-no-prejuicio_129_13584336.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 10:09:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ciencia venció al virus,  pero no al prejuicio]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Virus,VIH,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apuntes preelectorales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/apuntes-preelectorales_129_13577155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        1. Hace solo un mes, todas las miradas estaban puestas en Ceuta, desde donde se retransmit&iacute;a una especie de apocalipsis contempor&aacute;neo que parec&iacute;a sintetizar muchos de los conflictos de nuestra &eacute;poca y amenazaba con convertirse en el epitafio de un gobierno sobrepasado por las circunstancias. Pero vivimos tiempos acelerados, de atenci&oacute;n ef&iacute;mera e incandescente, y nuestras miradas dif&iacute;cilmente duran mucho tiempo en la misma pantalla.
    </p><p class="article-text">
        2. Lejos de ser una cortina de humo, las protestas por el desahucio de Maricarmen son el estallido de un malestar que lleva tiempo gest&aacute;ndose y tiene ra&iacute;ces tan poco et&eacute;reas como los cimientos de las viviendas y la asfixia econ&oacute;mica que sufren sus habitantes. Que el caso de Maricarmen no sea el m&aacute;s representativo del problema de la vivienda en Espa&ntilde;a, por las circunstancias particulares de su contrato de alquiler, ni invalida las reivindicaciones &mdash;que son necesariamente generales&mdash; ni mucho menos justifica el escarnio y la falta de empat&iacute;a a los que hemos asistido.
    </p><p class="article-text">
        3. Por desgracia, no existe una varita m&aacute;gica para resolver el problema actual de la vivienda: algunas de sus causas, como la escasez de oferta y el d&eacute;ficit hist&oacute;rico de vivienda p&uacute;blica de alquiler, no se pueden solucionar de la noche a la ma&ntilde;ana. Sin embargo, las vidas asfixiadas (o imposibilitadas) de quienes sufren las peores consecuencias de esta crisis exigen una respuesta en el corto plazo, y la pol&iacute;tica es el arte de lo posible y de la priorizaci&oacute;n y el equilibrio de intereses, no un dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas perfectas en el vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        4. La discusi&oacute;n sobre las medidas m&aacute;s extraordinarias y coyunturales no deber&iacute;a eludir el necesario debate sobre el mercado hacia el que queremos avanzar: qu&eacute; modelos sostenibles de participaci&oacute;n p&uacute;blica y privada y con qu&eacute; l&iacute;mites al uso de las viviendas &mdash;y por extensi&oacute;n de las ciudades&mdash; como si fueran un producto de inversi&oacute;n cualquiera. El problema es que, en una esfera p&uacute;blica cada vez m&aacute;s polarizada y dominada por im&aacute;genes y consignas, es dif&iacute;cil que haya espacio para un debate que incorpore matices y considere tambi&eacute;n los posibles efectos indeseados de pol&iacute;ticas bienintencionadas. Adem&aacute;s, la distribuci&oacute;n de las competencias relevantes entre los distintos niveles de la administraci&oacute;n diluye la asunci&oacute;n de responsabilidades y, como la opini&oacute;n p&uacute;blica y la discusi&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute;n menos descentralizadas que la estructura administrativa, el Gobierno central tiende a llevarse m&aacute;s parte de la culpa de la que le corresponde.
    </p><p class="article-text">
        5. Aun as&iacute;, la izquierda ha conseguido volver a conectar con el sentimiento de rebeld&iacute;a, capturado cada vez m&aacute;s por fuerzas conservadoras, y el Gobierno intenta proyectar una promesa de futuro que va m&aacute;s all&aacute; de estirar el presente y evitar la temida llegada de la extrema derecha. Es, sin duda, el mejor marco posible para una cita electoral despu&eacute;s del desgaste acumulado en ocho a&ntilde;os de gobierno, pero, en estos tiempos de atenci&oacute;n ef&iacute;mera e incandescente, no sabemos cu&aacute;nto tiempo tardar&aacute;n nuestras miradas en saltar a otra pantalla. Y, aunque permanezcan puestas en el problema de la vivienda, &iquest;es posible sortear un cambio de ciclo que parec&iacute;a inevitable hace solo unos meses?, &iquest;puede haber un efecto Mamdani sin pasar antes por la pantalla previa de Trump &mdash;obviando a Ayuso&mdash;? Quiz&aacute;s el 29 de noviembre tambi&eacute;n averig&uuml;emos cu&aacute;l es el l&iacute;mite de la aceleraci&oacute;n de los tiempos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/apuntes-preelectorales_129_13577155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2026 08:43:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Apuntes preelectorales]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la libre circulación de ideas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/libre-circulacion-ideas_129_13578133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una iron&iacute;a hist&oacute;rica que duele: Miguel de Cervantes &mdash;un hombre perseguido por la justicia, cautivo, herido de guerra y bur&oacute;crata fracasado que escribi&oacute; la mayor obra sobre la libertad de la imaginaci&oacute;n&mdash;, el del Quijote que ridiculiza la pureza de sangre y la ortodoxia eclesi&aacute;stica, es hoy blandido como icono rancio por sectores que detestar&iacute;an al personaje real. Mientras, el Instituto Cervantes difunde una lengua que hablan casi 520 millones de personas, un hecho de diversidad que ciertos discursos reducen a emblema de pureza identitaria. Se celebra el idioma mientras se mira con recelo la creaci&oacute;n disidente que produce. Se invoca al autor del Quijote para defender una espa&ntilde;olidad esencialista que su obra desmonta piedra a piedra.
    </p><p class="article-text">
        Esta contradicci&oacute;n es solo el s&iacute;ntoma de una enfermedad m&aacute;s profunda. Bajo la ret&oacute;rica de la democratizaci&oacute;n y la soberan&iacute;a cultural, los sucesivos gobiernos &mdash;tambi&eacute;n el actual&mdash; han profundizado una burocratizaci&oacute;n creciente y una canalizaci&oacute;n del acceso a la cultura. El resultado es una brecha perversa: o entras por los canales oficiales &mdash;y aceptas sus condiciones&mdash; o tu voz queda marginalizada.
    </p><p class="article-text">
        El caso paradigm&aacute;tico es el libro y su DNI: el ISBN. No es obligatorio por ley, y ese es precisamente el se&ntilde;uelo. Lo que deber&iacute;a ser un mero tr&aacute;mite se ha convertido en un peaje econ&oacute;mico &mdash;45 euros para el autor que autopublica un solo t&iacute;tulo, aunque las editoriales con prefijo lo diluyan hasta 3 o 5 euros por libro&mdash; que golpea con m&aacute;s dureza a quien publica solo, sin estructura. Y no siempre fue as&iacute;: hasta 2010 el Estado lo gestionaba de forma gratuita; ese a&ntilde;o se privatiz&oacute; su gesti&oacute;n, que desde 2015 recae por completo en la Federaci&oacute;n de Gremios de Editores, una patronal privada. Pero el efecto es el mismo: sin ISBN, tu libro no entra en el circuito comercial, no lo piden las librer&iacute;as, no lo catalogan las bibliotecas, no lo lista Amazon. El sistema no naci&oacute; para excluir: naci&oacute; para coordinar un sector fragmentado, y en esa funci&oacute;n es eficaz. Pero la eficiencia distributiva tiene un coste que nadie decidi&oacute; expl&iacute;citamente: no hace falta prohibir nada. Basta con que todo el sector funcione exclusivamente con ese c&oacute;digo. Pero el cerco no termina ah&iacute;. Para ser visible, hay que subir los datos y metadatos de tus publicaciones a DILVE, la plaza mayor digital donde el sector entero &mdash;libreros, distribuidores, bibliotecas&mdash; consulta qu&eacute; existe y qu&eacute; no. No es una obligaci&oacute;n legal; es algo m&aacute;s eficaz. Es el punto de paso de facto: lo que no est&aacute; en DILVE es invisible para el circuito comercial. La distinci&oacute;n entre obligaci&oacute;n legal y necesidad pr&aacute;ctica es la coartada perfecta del sistema: nadie te obliga, pero si no pasas, desapareces. Libreros saturados la usan como radar. Lo que no est&aacute; ah&iacute; es un fantasma sin c&oacute;digo de barras. Se confunde deliberadamente la cultura con su comercio.
    </p><p class="article-text">
        DILVE no vende ideas, vende ejemplares. Reduce el libro a una ficha t&eacute;cnica con precio y etiquetas. Es el triunfo de la log&iacute;stica sobre el contenido. Quien habla de soberan&iacute;a cultural frente a los gigantes tecnol&oacute;gicos replica su modelo m&aacute;s perverso: crear un guardi&aacute;n &uacute;nico del acceso. Es el <em>algoritmo rojo</em>: una herramienta de presunta transparencia que, sin embargo, ejerce un monopolio de la visibilidad. La paradoja es perfecta: para resistirte al mercado global, debes someterte al cat&aacute;logo del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, ese mismo Estado act&uacute;a hacia el exterior como un vendedor ambulante de clich&eacute;s. La <em>Marca Espa&ntilde;a</em> reduce siglos de historia compleja a iconos vac&iacute;os: sol y playa, jam&oacute;n o flamenco de post&iacute;n. Se cosifica lo propio para el consumo r&aacute;pido del turista. Este relato mercantilizado rebota y empobrece la autopercepci&oacute;n nacional. Los proyectos culturales que no encajan en ese <em>branding </em>tienen m&aacute;s dif&iacute;cil conseguir apoyos. &iquest;Para qu&eacute; subvencionar un teatro contempor&aacute;neo cr&iacute;tico si se puede financiar un <em>tablao oficial</em>? &mdash;dejando fuera, claro, el flamenco de riesgo que sobrevive en los m&aacute;rgenes&mdash;. As&iacute;, Espa&ntilde;a act&uacute;a contra Espa&ntilde;a: asfixia su presente creativo con burocracia y canoniza una caricatura de su pasado para exportaci&oacute;n. Vende producto, no crea identidad.
    </p><p class="article-text">
        Este doble movimiento &mdash;asfixia burocr&aacute;tica interna, mercantilizaci&oacute;n externa&mdash; no es una singularidad espa&ntilde;ola. En Hungr&iacute;a o en Egipto el mecanismo cambia de forma &mdash;un oligopolio editorial af&iacute;n, una autoridad religiosa con potestad de confiscaci&oacute;n&mdash;, pero no de l&oacute;gica: no hace falta prohibir, basta con decidir qui&eacute;n recibe ayudas, qui&eacute;n aparece en las listas de lecturas, qui&eacute;n tiene acceso a los canales de distribuci&oacute;n. La tecnolog&iacute;a del control se adapta al r&eacute;gimen pol&iacute;tico; el gesto de fondo es el mismo.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este doble cerco &mdash;burocr&aacute;tico por dentro, mercantil por fuera&mdash; la resistencia es subterr&aacute;nea y fr&aacute;gil, pero real. En los m&aacute;rgenes, centenares de<strong>&nbsp;</strong>fanzines al a&ntilde;o circulan en fotocopias y PDFs, una econom&iacute;a de trueque y comunidad que rechaza entrar en ning&uacute;n mercado. Editoriales independientes sobreviven con tiradas de 500 a 2000 ejemplares, gracias a suscripciones, ferias nicho y una red de librer&iacute;as especializadas. Su viabilidad no se mide en beneficios, sino en influencia cultural y construcci&oacute;n de comunidad. Son un correctivo necesario al monopolio de los grandes grupos y a la canalizaci&oacute;n estatal. Demuestran que otra circulaci&oacute;n es posible, aunque a escala humana y con enorme esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el Estado sigue apostando por su modelo de ciudadano cultural ideal: aquel que consume en sus plataformas, asiste a eventos subvencionados y repite los esl&oacute;ganes de la marca. La realidad, sin embargo, es plural: est&aacute; quien piratea libros porque no puede pagarlos, quien solo puede leer en bibliotecas, el artista que organiza ferias alternativas, el <em>youtuber</em> que genera m&aacute;s debate que un canal p&uacute;blico, el turista que huye de los lugares oficiales buscando autenticidad. Esta brecha entre el modelo impuesto y la realidad viva deslegitima por completo las pol&iacute;ticas culturales. Se revelan como lo que son: instrumentos de control y propaganda.
    </p><p class="article-text">
        Este patr&oacute;n de control, sin embargo, no es exclusivo del libro. Se replica en la financiaci&oacute;n de medios, donde la publicidad oficial traza un mapa de la lealtad; en los requisitos kafkianos para acceder a subvenciones p&uacute;blicas, que solo una industria cultural profesionalizada y <em>bien conectada</em> puede navegar; o en la patrimonializaci&oacute;n de la cultura popular, que congela tradiciones vivas en espect&aacute;culos para folletos tur&iacute;sticos. En cada caso, el mecanismo es el mismo: se sustituye el ecosistema por el circuito oficial, y se confunde la vitalidad con la viabilidad administrativa. Detr&aacute;s de ello hay una sustituci&oacute;n muy concreta: decisiones pol&iacute;ticas &mdash;qu&eacute; se financia y qu&eacute; no&mdash; se toman con criterios de&nbsp;<em>marketing</em>, y se presentan como gesti&oacute;n neutral. La cultura, reducida a <em>contenido</em>, deja de ser un espacio de interrogaci&oacute;n para convertirse en un activo de la <em>Marca Espa&ntilde;a</em>. La pregunta ya no es <em>&iquest;qu&eacute; nos dice esto?</em> sino <em>&iquest;c&oacute;mo lo vendemos?</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta pulsi&oacute;n por controlar el flujo de las ideas es tan antigua como el poder organizado. Los emperadores Qin en la China del siglo III a.C. unificaron la escritura y ordenaron la quema de libros de escuelas de pensamiento rivales, enterrando vivos a sus estudiosos. El &Iacute;ndice de Libros Prohibidos de la Iglesia Cat&oacute;lica, vigente durante cuatro siglos, listaba t&iacute;tulos y, adem&aacute;s, dise&ntilde;&oacute; un sistema de permisos, censura previa y expurgaci&oacute;n que molde&oacute; el pensamiento europeo. Estos no eran actos de barbarie irracional, sino pol&iacute;ticas de ingenier&iacute;a cultural: la estandarizaci&oacute;n forzosa como herramienta de gobierno. La antropolog&iacute;a nos recuerda que los primeros Estados recaudaban impuestos y estandarizaban pesos, medidas y, crucialmente, lenguas y relatos. Esta pulsi&oacute;n no es neutral culturalmente: la antropolog&iacute;a pol&iacute;tica ha mostrado que la &ldquo;legibilidad&rdquo; &mdash;la capacidad de un Estado para ver y contar a su poblaci&oacute;n&mdash; se perfeccion&oacute; primero en la administraci&oacute;n colonial, con censos &eacute;tnicos, catastros y lenguas francas impuestas sobre la diversidad local, antes de volverse hacia dentro. El ISBN y DILVE aplican esa misma l&oacute;gica a la cultura propia: reducen la diversidad editorial a un c&oacute;digo legible para el aparato administrativo, exactamente como el catastro colonial reduc&iacute;a la tierra comunal a parcela fiscal. Es un colonialismo interno que ya no distingue entre metr&oacute;poli y periferia, porque toda cultura no registrada es hoy la nueva periferia. El poder siempre ha buscado fijar el canon, convertir el flujo vivo de la cultura en un patrimonio administrable.
    </p><p class="article-text">
        Pero este mecanismo de registro posee un reverso tenebroso que la historia conoce bien. Ah&iacute; est&aacute; la&nbsp;<em>Aktion wider den undeutschen Geist</em>&nbsp;de los nazis, que us&oacute; listas de editores para alimentar sus hogueras con libros de Heine, Mann o Freud en 1933. Y ah&iacute; est&aacute; tambi&eacute;n la quema de la biblioteca del Ateneo Riojano en Logro&ntilde;o en julio de 1936. La quema de libros no empieza con las llamas, sino con el registro. Primero se cataloga, se identifica, se localiza. Luego, se puede destruir. La inmensa mayor&iacute;a de cat&aacute;logos nunca se convierten en listas negras. Pero cuando un Estado centraliza el acceso y la visibilidad de la cultura, crea, sin buscarlo, el inventario que una lista negra necesitar&iacute;a si alg&uacute;n d&iacute;a llegara a existir. La distancia entre un cat&aacute;logo para libreros y una lista para la censura es, a veces, solo un cambio de gobierno, un p&aacute;nico moral o un giro en la ortodoxia.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, ya no es solo si una cultura capaz de producir un Cervantes &mdash;es decir, una cultura de libertad imaginativa y cr&iacute;tica&mdash; puede existir sin esos m&aacute;rgenes. La pregunta es si <em>alguna</em> cultura viva &mdash;m&aacute;s all&aacute; de los esl&oacute;ganes nacionales&mdash; puede florecer cuando el sistema secuestra los canales de circulaci&oacute;n. Las bibliotecas de Alejandr&iacute;a, los <em>scriptoria</em> medievales, las editoriales clandestinas que desafiaron dictaduras, y los fanzines de hoy comparten un axioma: las ideas necesitan circuitos libres, no registros. El verdadero patrimonio cultural no es el canon fijado por un ministerio, sino la conversaci&oacute;n incontrolable que sucede a su espalda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un mundo donde solo se ve lo que el sistema decide registrar es un mundo donde, precisamente, nunca habr&iacute;an encontrado editor los libros verdaderamente importantes. All&iacute;, en ese peaje del ISBN y ese cat&aacute;logo del que nadie te obliga a formar parte pero sin el cual no existes, los fantasmas son los libros que todav&iacute;a creen en las ideas.<em> </em>Los dem&aacute;s ya tienen ficha t&eacute;cnica, precio y visibilidad homologada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/libre-circulacion-ideas_129_13578133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Oct 2026 07:31:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Contra la libre circulación de ideas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 54: Votar para vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-54-votar-vivir_129_13567520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Pedro S&aacute;nchez es el presidente m&aacute;s odiado en la reciente historia de este pa&iacute;s. En la calle nadie le defiende y muchos le critican. El todav&iacute;a presidente del Gobierno provoca tal rechazo que sus enemigos: ciudadanos con derecho a voto expresan la indignaci&oacute;n en la peluquer&iacute;a, en la tienda de barrio, en la barra del bar y en las terrazas de calles y plazas, as&iacute; como en las reuniones de amigos, compa&ntilde;eros, etc. Cada vez son menos los que se callan, aunque sean personas poco dadas a hablar de pol&iacute;tica. Ese odio iracundo se reflejar&aacute; en las urnas del 29 de noviembre. Hace falta saber si la bilis del odio muta en abstenci&oacute;n, en apoyo a Vox/PP , en otra oportunidad para el PSOE, o en la izquierda a la izquierda reci&eacute;n bautizada como Frente Amplio. (En 1936 fue Frente Popular). Con odio o sin &eacute;l, con unidad de la izquierda a la izquierda o sin ella, lo cierto es que somos millones los espa&ntilde;oles que podremos votar en menos de dos meses. &iexcl;Vaya papeleta y qu&eacute; papeleta!.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los amigos de las redes sociales y de las tertulias vociferantes van a tener trabajo. Esos oyentes y espectadores acabar&aacute;n empachados y sordos. &iquest;Qu&eacute; haremos los amantes de la tranquilidad? Yo creo que me ir&eacute; a un monasterio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso es que soy aficionada a leer art&iacute;culos de opini&oacute;n e incluso guardo los que me gustan. He conservado algunos de los que entresaco los siguientes p&aacute;rrafos: &laquo;Cuando encontrar una casa resulta demasiado dif&iacute;cil o costoso&hellip; Los j&oacute;venes retrasan su emancipaci&oacute;n, las familias tienen m&aacute;s dificultades para mudarse y algunos trabajadores pueden renunciar a empleos porque no pueden permitirse vivir cerca de ellos. La escasez de vivienda puede dificultar la movilidad laboral y, en &uacute;ltima instancia, frenar la productividad. Por eso ampliar la oferta de alquiler es tambi&eacute;n una pol&iacute;tica de crecimiento y de igualdad de oportunidades&raquo;.(Aida Caldera, EL PA&Iacute;S 2/10/26).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La crisis de la vivienda es un s&iacute;ntoma; la enfermedad es la ineficacia de las democracias&hellip;El fracaso de los sistemas democr&aacute;ticos para responder a los retos de esta &eacute;poca abre abismos en los que se hunden demasiados ciudadanos y de los que brotan monstruos pol&iacute;ticos&rdquo;. (Andrea Rizzi, EL PA&Iacute;S 3/10/26).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gran parte de la sociedad espa&ntilde;ola, tanto los que votan a la derecha como a la izquierda, se encuentra a la espera de que ocurra algo; un algo de tal envergadura que trastoque la realidad hasta tal punto que, tras eso, nada vuelva a ser igual&rdquo;. ( Felix Riera LA VANGUARDIA 3/10/26).
    </p><p class="article-text">
        Y aunque soy de letras, y en los n&uacute;meros flojeo, tambi&eacute;n leo las interpretaciones que otros hacen de las encuestas. Esta me ha gustado y aqu&iacute; la dejo: &ldquo;La clave de las elecciones de 2023 es que el PSOE y el PP quedaron empatados arriba, por encima del 30%, y Vox y Sumar abajo, rondando el 12%. Pero ahora la ultraderecha se va seg&uacute;n las encuestas al 18% y la izquierda, que de momento va por separado,&nbsp;no&nbsp; llega al 9% entre todos&rdquo;. E. Cue, El Pais 5/10/26
    </p><p class="article-text">
        En elDiario.es del 6/10/26, Joan Subirats se refiere a la posibilidad de crear cooperativas de viviendas, como una parte de la soluci&oacute;n al problema. Pero, &eacute;l mismo reconoce que los cooperativistas tienen que desembolsar &ldquo;a priori&rdquo;, una buena cantidad de dinero de la que no disponen por lo que , a su entender, tendr&iacute;an que ser las administraciones p&uacute;blicas quienes pusieran ese dinero. Tambi&eacute;n hay quienes insisten en que el mercado es la soluci&oacute;n, aunque haya creado el problema y animan a construir, construir, construir, una experiencia demasiado bien conocida en Espa&ntilde;a y con los resultados que estamos viendo. En estos d&iacute;as conocemos tambi&eacute;n las pr&aacute;cticas habitacionales en Austria, (un pa&iacute;s gobernado por la extrema derecha) y en Copenhague donde el Ayuntamiento es el responsable de que sus vecinos tengan una vivienda digna. Lo mismo ocurren en Zurich, ciudad rica donde las haya, en un Pa&iacute;s tan rico como Suiza y que prefiere que los ricos m&aacute;s ricos se dediquen a otros negocios y dejen la vivienda para que hasta los vulnerables y las clases medias y bajas puedan/podamos vivir. 
    </p><p class="article-text">
        Solo en Espa&ntilde;a nos vemos obligados a Votar para vivir. 
    </p><p class="article-text">
        Votad para que no haya m&aacute;s Mari Carmen. Descanse en paz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-54-votar-vivir_129_13567520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 09:01:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 54: Votar para vivir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aves migratorias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aves-migratorias_129_13571316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Si alguien nos hubiera preguntado alguna vez qu&eacute; opinamos de las migraciones de aves, es posible que hubi&eacute;ramos contestado algo as&iacute;: &iquest;por qu&eacute; demonios tendr&iacute;a que importarme el destino de unos bichos con plumas que vuelan a cientos de metros de altura por encima de mi cabeza, si mis mayores problemas actuales son sobrevivir al alquiler o la hipoteca, al atasco de las ocho o pagar la factura de la luz, de la gasolina o del supermercado? La respuesta corta es que, si esos bichos dejan de volar, tu pincho de tortilla, tu caf&eacute; matutino o tu cesta de la compra van a empezar a costar todav&iacute;a m&aacute;s caros. La respuesta larga tiene que ver con nuestra propensi&oacute;n al olvido voluntario de los temas medioambientales debido a nuestro alicorto ombliguismo urbanita, pues la biosfera no entiende de compartimentos estancos. 
    </p><p class="article-text">
        Para la mayor&iacute;a de ciudadanos posmodernos, metidos en la burbuja de hormig&oacute;n y pantallas, la naturaleza ha quedado reducida al decorado id&iacute;lico de los documentales de la 2 o al lujo dominical para senderistas equipados con ropa de Decathlon. Globalmente pensamos &ndash; si es que alguna vez lo hemos hecho- que las aves migratorias son m&aacute;s bien un asunto rom&aacute;ntico, tal vez un poema de B&eacute;cquer o de Neruda, y nos evocan nostalgias, deseos de libertad y largos viajes a lejanas tierras. Craso error. El fen&oacute;meno de las migraciones intercontinentales (aqu&iacute; podr&iacute;amos incluir tambi&eacute;n a las de algunas mariposas, lib&eacute;lulas y murci&eacute;lagos, o las transoce&aacute;nicas de ciertas ballenas, tortugas, tiburones o atunes, entre otras muchas) no es un crucero de placer vacacional; es una maquinaria de precisi&oacute;n termodin&aacute;mica refinada por miles de a&ntilde;os de selecci&oacute;n natural que sostiene buena parte de la base de nuestra econom&iacute;a real. 
    </p><p class="article-text">
        Mirando el asunto desde una perspectiva puramente ego&iacute;sta y utilitaria -que es el &uacute;nico lenguaje que parecemos entender- las aves migratorias no viajan por turismo; viajan persiguiendo el motor termodin&aacute;mico del planeta. Y, sin saberlo, no solo pueden portar enfermedades, tambi&eacute;n transportan nutrientes incrementando la productividad de los ecosistemas, polinizan flores y dispersan semillas durante sus desplazamientos, mantienen las cadenas alimenticias con sus depredadores, favorecen la diversidad gen&eacute;tica, conectan ecosistemas muy separados y permiten a los animales sobrevivir a los cambios ambientales bruscos.&nbsp;Al hacerlo, act&uacute;an como una gran fuerza de intervenci&oacute;n ecol&oacute;gica. Multiplicad eso por los miles de millones de aves que cruzan las fronteras invisibles del planeta cada primavera u oto&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Uno tiene la impresi&oacute;n de que los animales han entendido algo que a nosotros todav&iacute;a nos cuesta: el planeta es solo uno. Y las migraciones son una de sus grandes arterias.&nbsp;Por eso me resulta especialmente inquietante el &uacute;ltimo informe mundial de Naciones Unidas: el 22% de las especies migratorias evaluadas se encuentra amenazado de extinci&oacute;n y el 44% est&aacute; disminuyendo en poblaci&oacute;n (los peor parados son los peces migratorios como el salm&oacute;n, con el 97% de ca&iacute;da). Y no es que los animales en general y las aves en particular hayan olvidado c&oacute;mo migrar. Es que cada vez se lo ponemos m&aacute;s dif&iacute;cil. Construimos carreteras all&iacute; donde hab&iacute;a corredores naturales, urbanizamos extensos territorios, desecamos humedales para la agricultura, contaminamos por tierra, mar y aire como si no hubiera un ma&ntilde;ana, llenamos de luces las noches, levantamos infraestructuras energ&eacute;ticas en rutas de paso y alteramos el clima que determina cu&aacute;ndo aparecen los alimentos de los que dependen. Y encima nos sorprendemos de que disminuyen sus poblaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Tengo claro que para proteger a una especie migratoria no basta con proteger el lugar donde se reproduce durante una parte del a&ntilde;o. Hay que proteger tambi&eacute;n los lugares donde descansa, pasa o se alimenta el resto del tiempo, y mantenerlos conectados entre s&iacute;. Qu&eacute; ser&iacute;a de nosotros sin las &aacute;reas de servicio de nuestras carreteras. Por eso, Naciones unidas ha identificado cerca de 10.000 &aacute;reas de importancia para las especies migratorias. Pero m&aacute;s de la mitad no dispone de la protecci&oacute;n adecuada. En consecuencia, opino que las migraciones, de animales en general y de aves en particular, deber&iacute;an ocupar un lugar mucho m&aacute;s importante en nuestra manera de ver la biodiversidad. Nos ense&ntilde;an que conservar la naturaleza no consiste en solo salvar especies o lugares concretos, sino tambi&eacute;n mantener las conexiones que hacen posible su existencia. 
    </p><p class="article-text">
        Una especie puede desaparecer de un lugar porque hemos destruido un humedal que le serv&iacute;a de descanso a 3.000 kil&oacute;metros de distancia. Una poblaci&oacute;n puede desplomarse en Europa porque las condiciones han cambiado en &Aacute;frica. Las extinciones, en otras palabras, pueden empezar muy lejos de donde finalmente las observamos. Me gustar&iacute;a que la pr&oacute;xima vez que veamos una bandada cruzar el cielo no vi&eacute;ramos bichos con plumas que, por necesidad, se marchan o regresan, sino una de las obras maestras de la evoluci&oacute;n. Y por qu&eacute; no tambi&eacute;n el delicado funcionamiento de un mundo que llevamos siglos tratando como si estuviera hecho de piezas independientes. Los animales no entienden de fronteras pol&iacute;ticas y las aves migratorias mucho menos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es 10 de octubre, Feliz d&iacute;a Mundial de las Aves Migratorias. Su lema este a&ntilde;o es &ldquo;Cada ave cuenta: &iexcl;Tus observaciones importan!&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aves-migratorias_129_13571316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 08:58:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Aves migratorias]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando un like vale más que el sentido común: ¿quién está educando a nuestros adolescentes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/like-vale-sentido-comun-educando-adolescentes_129_13568076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p><p class="subtitle">No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?
</p></div><p class="article-text">
        El Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja advierte de los riesgos de normalizar discursos machistas y falsas creencias cient&iacute;ficas a trav&eacute;s de los retos virales y reivindica la educaci&oacute;n social como herramienta para construir relaciones saludables, pensamiento cr&iacute;tico y convivencia.
    </p><p class="article-text">
        No ducharse para resultar m&aacute;s atractivo. Acumular olor corporal para conquistar a las chicas. &ldquo;Maximizar las feromonas&rdquo; como supuesto secreto del &eacute;xito sentimental. Lo que podr&iacute;a parecer una broma adolescente es la &uacute;ltima tendencia viral que circula por Tik Tok y que nos invita a plantearnos una pregunta mucho m&aacute;s importante: &iquest;qu&eacute; modelos de masculinidad, afectividad y relaciones personales estamos ofreciendo a nuestros j&oacute;venes?
    </p><p class="article-text">
        Desde el Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja (CEESRIOJA) queremos aprovechar la noticia publicada por <a href="https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es sobre el denominado pheromone maxxing </a>para abrir una reflexi&oacute;n que vaya m&aacute;s all&aacute; de la an&eacute;cdota, del esc&aacute;ndalo y de la tentaci&oacute;n de ridiculizar a quienes participan en estas modas.
    </p><p class="article-text">
        Porque el problema no es que un adolescente decida no ducharse un d&iacute;a. El problema comienza cuando aprende que para gustar debe obedecer una f&oacute;rmula, que las mujeres son una conquista y que su valor personal depende de su capacidad para resultar deseable.
    </p><p class="article-text">
        La masculinidad no deber&iacute;a aprenderse a golpe de algoritmo. La adolescencia es una etapa de exploraci&oacute;n, b&uacute;squeda de identidad, inseguridades y necesidad de pertenencia. Las redes sociales forman parte de ese proceso y ofrecen oportunidades extraordinarias para compartir, crear y aprender.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tambi&eacute;n pueden amplificar mensajes que presentan la masculinidad como una competici&oacute;n permanente basada en el f&iacute;sico, la testosterona, el dominio o la supuesta superioridad sobre las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        No toda persona que participa en un reto viral comparte esos planteamientos. En muchas ocasiones intervienen el humor, la curiosidad o la presi&oacute;n del grupo. Precisamente por eso debemos evitar las generalizaciones y las respuestas alarmistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco podemos ignorar que determinados discursos disfrazados de consejos para ligar reproducen prejuicios machistas, difunden afirmaciones sin respaldo cient&iacute;fico y reducen las relaciones humanas a estrategias de seducci&oacute;n. Las mujeres no son premios que se consiguen. Los hombres no tienen que demostrar continuamente su virilidad. Y el afecto no se mide en conquistas, seguidores ni visualizaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Educar tambi&eacute;n consiste en desmontar estas ideas antes de que se conviertan en referentes. No necesitamos j&oacute;venes obedientes, sino j&oacute;venes capaces de pensar. Desde CEESRIOJA consideramos que prohibir, ridiculizar o responder con sermones resulta insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos escuchar qu&eacute; hay detr&aacute;s de estas conductas: miedo al rechazo, necesidad de aceptaci&oacute;n, inseguridades corporales, soledad, presi&oacute;n grupal o desconocimiento sobre las relaciones afectivas.
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n no pasa por demonizar Tik Tok ni por culpabilizar a las familias. Pasa por asumir colectivamente nuestra responsabilidad educativa. Un reto puede desaparecer ma&ntilde;ana, pero las creencias sobre el cuerpo, la autoestima, el consentimiento, la igualdad y la manera de relacionarnos pueden permanecer durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Por eso reivindicamos una educaci&oacute;n afectivo-sexual rigurosa, el desarrollo de la alfabetizaci&oacute;n medi&aacute;tica y digital y la incorporaci&oacute;n efectiva de profesionales de la educaci&oacute;n social en los espacios donde crecen y conviven ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes: centros educativos, familias, servicios comunitarios, asociaciones juveniles y entornos digitales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco recomendaciones para adolescentes y j&oacute;venes</strong>
    </p><p class="article-text">
        1. No confundas popularidad con verdad. Que un v&iacute;deo tenga miles de visualizaciones no convierte sus afirmaciones en cient&iacute;ficas. Pregunta, contrasta y aprende a reconocer los enga&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        2. Tu cuerpo no necesita superar ning&uacute;n examen. La higiene, el descanso, la alimentaci&oacute;n y el autocuidado son cuestiones de salud y bienestar, no f&oacute;rmulas para conseguir aprobaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        3. No necesitas conquistar a nadie para demostrar lo que vales. Las relaciones saludables se construyen desde el respeto, la reciprocidad, la comunicaci&oacute;n y el consentimiento, nunca desde la manipulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        4. Atr&eacute;vete a ser diferente del grupo. No participar en un reto que te incomoda tambi&eacute;n es una forma de autonom&iacute;a, libertad y madurez.
    </p><p class="article-text">
        5. Habla de tus inseguridades. Si te preocupa tu apariencia, tu aceptaci&oacute;n social o tus relaciones, conversa con alguien de confianza. Pedir orientaci&oacute;n demuestra capacidad para cuidarte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco recomendaciones para las familias</strong>
    </p><p class="article-text">
        1. Pregunta antes de juzgar. Un &ldquo;&iquest;qu&eacute; te llama la atenci&oacute;n de ese v&iacute;deo?&rdquo; puede generar m&aacute;s aprendizaje que una prohibici&oacute;n o una bronca.
    </p><p class="article-text">
        2. Inter&eacute;sate por sus referentes digitales. Conoce a quienes siguen, qu&eacute; mensajes transmiten y qu&eacute; modelos de &eacute;xito, belleza y masculinidad promueven.
    </p><p class="article-text">
        3. Habla de afectividad sin tab&uacute;es. Aborda con naturalidad el deseo, el consentimiento, las relaciones sanas, la igualdad y el respeto a la diversidad.
    </p><p class="article-text">
        4. Evita las burlas y las humillaciones. Ridiculizar sus inquietudes o su cuerpo puede aumentar la inseguridad y dificultar que vuelvan a pedir ayuda. 
    </p><p class="article-text">
        5. Educa tambi&eacute;n con el ejemplo. La convivencia, los cuidados compartidos, el respeto entre mujeres y hombres y la expresi&oacute;n saludable de las emociones se aprenden en la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Educar antes de que el algoritmo decida</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde CEESRIOJA reclamamos a las administraciones p&uacute;blicas una apuesta sostenida por la prevenci&oacute;n socioeducativa, la formaci&oacute;n y el acompa&ntilde;amiento a las familias, as&iacute; como por la presencia de educadoras y educadores sociales en los centros educativos y en los programas comunitarios de infancia y juventud.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n resulta imprescindible que las plataformas digitales asuman su responsabilidad frente a la difusi&oacute;n de desinformaci&oacute;n, discursos discriminatorios y modelos de relaci&oacute;n perjudiciales.
    </p><p class="article-text">
        No podemos exigir pensamiento cr&iacute;tico a nuestros adolescentes si no les ofrecemos espacios donde aprender a desarrollarlo. Ni pedirles relaciones respetuosas si dejamos su educaci&oacute;n afectiva exclusivamente en manos de los algoritmos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la verdadera alarma no sea que algunos j&oacute;venes crean que dejar de ducharse les har&aacute; m&aacute;s atractivos. La verdadera alarma ser&iacute;a que las personas adultas dej&aacute;ramos de preguntarnos por qu&eacute; necesitan creerlo.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n social no pretende decidir c&oacute;mo deben ser nuestros j&oacute;venes, sino acompa&ntilde;arlos para que puedan descubrir qui&eacute;nes quieren ser, sin miedo, sin imposiciones y sin reproducir desigualdades.
    </p><p class="article-text">
        Porque la autoestima no se maximiza. Se cultiva. El respeto no se viraliza. Se practica. Y la convivencia no se improvisa. Se educa. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tomás Latasa Lerga, presidente del Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja (CEESRIOJA)]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/like-vale-sentido-comun-educando-adolescentes_129_13568076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2026 08:15:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando un like vale más que el sentido común: ¿quién está educando a nuestros adolescentes?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vivienda, ese viejo problema conocido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivienda-viejo-problema-conocido_129_13565666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Francamente, me resultari&#769;a frustrante que los medios de comunicacio&#769;n, a&#769;vidos de convertir en mercanci&#769;a las noticias, acertaran al asimilar la movilizacio&#769;n lograda por el Sindicato de Inquilinas con el 15-M.  Lo digo porque como persona de izquierdas debo confesar que el 15-M me parecio&#769; siempre un movimiento lastrado por un componente fantasma&#769;tico, algo carente de una base so&#769;lida para garantizar su continuidad. 
    </p><p class="article-text">
        Desde su origen, me sorprendio&#769; su descarado adanismo. Daba la impresio&#769;n de que llegaban haciendo tablarasa de todo precedente, rompiendo la continuidad de la lucha, despreciando cualquier logro, toda idea anterior.
    </p><p class="article-text">
         Percibo ahora algo parecido, de verdad, me preocupa la absurda discontinuidad de la lucha por el derecho a la vivienda. Pareceri&#769;a que cada quince an&#771;os, una juventud angustiada tuviera que movilizarse como si fuera la primera vez, como si se viera forzada a inventarlo todo, ignorando lo que fueron las luchas anteriores y, sobre todo, co&#769;mo se consiguieron los derechos o, mejor, las posiciones de ventaja en el disfuncional mercado de la vivienda. 
    </p><p class="article-text">
        Intentare&#769; explicarme con un dato de mi experiencia. Hace solo quince an&#771;os, Ada Colau saltaba a la fama como figura representativa de los movimientos antidesahucios surgidos tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la quiebra de Lehman Brothers. Ocupaba espacios en las tertulias televisivas y llenaba el aforo de las salas con sus charlas. Habi&#769;a una sociedad concienciada, enardecida, dispuesta a evitar, ya entonces, desahucios como el de Maricarmen. 
    </p><p class="article-text">
        En esas mismas fechas, sin apenas cobertura media&#769;tica, en Andaluci&#769;a se produci&#769;a un hito legislativo revolucionario: un gobierno del PSOE, sustentado por IU, elevaba a rango legal la posibilidad de expropiar el uso residencial de la viviendas en manos de los bancos y Fondos de Inversio&#769;n, como consecuencia de los pre&#769;stamos fallidos. Se intentaba con ello garantizar el derecho a una vivienda digna consagrado en la Constitucio&#769;n. 
    </p><p class="article-text">
        El Decreto-ley, primero, y despue&#769;s la Ley que contemplaban esta posibilidad, fueron anulados por el Tribunal Constitucional. Se utilizo&#769; un argumento sibilino, propio de leguleyos. Desde luego, no el que cabri&#769;a esperar del Inte&#769;rprete Ma&#769;ximo de la Constitucio&#769;n.
    </p><p class="article-text">
        Se dijo que el intere&#769;s social alegado quedaba suficientemente garantizado con las medidas adoptadas por el Gobierno presidido por Rajoy para paliar las consecuencias ma&#769;s graves de los desahucios. Adema&#769;s, se afirmo&#769;, puesto que la vivienda era el bien sobre el que recai&#769;an los pre&#769;stamos hipotecarios, constitui&#769;a el elemento esencial para garantizar la &ldquo;estabilidad del sistema financiero&rdquo; (el bien juri&#769;dico realmente protegido) y la legislacio&#769;n andaluza lo poni&#769;a en riesgo, al devaluar el precio de la vivienda con la posibilidad de su expropiacio&#769;n. 
    </p><p class="article-text">
        Las viviendas seri&#769;an enajenadas por su expectativa de valor en el mercado por la Sareb, ese engendro improvisado para salvar la cara de unos banqueros ineptos. Una estafa que nos ha costado mas de 55.000 millones de euros, quebrada en la actualidad, y que nadie sabe que&#769; beneficio ha reportado a quienes costeamos su capitalizacio&#769;n con nuestros impuestos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero tan importante como ello fue la posicio&#769;n y la doctrina del TC. Para el Inte&#769;rprete Ma&#769;ximo de la Constitucio&#769;n, la vivienda no era el bien cuya funcio&#769;n social exigi&#769;a que fuera destinada al uso habitacional para garantizar el derecho proclamado como principio en el arti&#769;culo 47 de la Constitucio&#769;n; era, sin ambages, un &ldquo;producto financiero&rdquo; orientado a salvaguardar la estabilidad del sector bancario. 
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo: en el sistema capitalista, ante la situacio&#769;n de peligro del dinero, cuando la prima de riesgo llega a los i&#769;ndices que en esa e&#769;poca alcanzo&#769;, determinados principios se relegan a un segundo plano y la Constitucio&#769;n aparece con el sesgo con que la definio&#769; Lasalle: &ldquo;la suma de factores reales de poder que rigen un pai&#769;s.&rdquo; Y el econo&#769;mico es el factor de poder ma&#769;s real. Para el venerable Tribunal reconocerlo asi&#769; era el verdadero &ldquo;canon de constitucionalidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y lo terrible es que ese pronunciamiento no produjo ninguna movilizacio&#769;n social, no merecio&#769; ni el ma&#769;s mi&#769;nimo esfuerzo pedago&#769;gico por quienes entonces protagonizaban la lucha por el derecho a la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Cuando paso&#769; el efecto drama&#769;tico de los desahucios, el movimiento se distendio&#769;, pero los efectos ya estaban alli&#769;. Habi&#769;amos perdido la batalla por las ideas y nuestras instituciones y conceptos juri&#769;dicos. Una batalla que no dimos, que nunca hemos sabido dar.
    </p><p class="article-text">
        Hoy nuestros jo&#769;venes exigen la aplicacio&#769;n del instituto expropiatorio y es como si pidieran la nacionalizacio&#769;n de los medios de produccio&#769;n. Una medida comunista-bolivariana en el argot neoliberal del ayusismo. La expropiacio&#769;n no es, nunca ha sido, una privacio&#769;n del derecho de propiedad; es una venta impuesta por la comunidad por razones de utilidad pu&#769;blica o intere&#769;s social. Una venta, no un robo o una confiscacio&#769;n.
    </p><p class="article-text">
         Las Leyes del Suelo de 1956 y 1974, el Texto Refundido de 1976, una legislacio&#769;n procedente de e&#769;poca franquista, contemplaban con total normalidad la expropiacio&#769;n como uno de los sistemas de ejecucio&#769;n de los planes urbani&#769;sticos. Esto significaba que podi&#769;a expropiarse la totalidad de un Sector. La expropiacio&#769;n del suelo exigido por el crecimiento de la ciudad, suponi&#769;a un medio de captacio&#769;n directa de las plusvali&#769;as urbani&#769;sticas que la misma ciudad generaba, tal como dispone el arti&#769;culo 47 de la Constitucio&#769;n.
    </p><p class="article-text">
        Aqui&#769; en Logron&#771;o, que no es precisamente Marinaleda, a mediados de los an&#771;os noventa se promovieron viviendas en re&#769;gimen de cooperativa, sobre suelo pu&#769;blico obtenido por expropiacio&#769;n. &iquest;Co&#769;mo se nos ha olvidado? &iquest;En que&#769; momento nos asalto&#769; esa suerte de amnesia de lo que significa la lucha y nuestro acervo cultural?
    </p><p class="article-text">
        Me importa sen&#771;alar este dato por una razo&#769;n muy sencilla. En el debate suscitado por los decretos-ley 26 y 27/2026, ambos de 29 de septiembre, he oi&#769;do en repetidas ocasiones invocar el marco de la realidad como el li&#769;mite limitante de las propuestas. En la derecha, el mero intento de traspasar ese li&#769;mite, se califica como un postulado de ma&#769;ximos que hace imposible el acuerdo. Obviamente, la expropiacio&#769;n rebasa esos li&#769;mites y queda excluida. Pues bien, el marco de la realidad tambie&#769;n lo definimos nosotros con nuestra lucha cultural. Hace solo treinta an&#771;os la expropiacio&#769;n era un elemento perfectamente aceptable y no un postulado inasumible de ma&#769;ximos. Y lo mismo cabe decir de los contratos indefinidos hasta el decreto Boyer. Ha sido la derecha la que, poco a poco, ha estrechado el marco de lo posible, y en el futuro, si no la paramos, lo estrechara&#769; ma&#769;s.
    </p><p class="article-text">
        Escuchaba el otro di&#769;a a una joven portavoz del Sindicato de Inquilinas formular en tono crispado una pregunta reto&#769;rica: &iquest;cua&#769;ndo, deci&#769;a, el derecho a especular se ha situado por encima del derecho a una vivienda? Me quede&#769; sorprendido, con ganas de decirle a mi vez: compan&#771;era, &iquest;cua&#769;ndo ha dejado de ser asi&#769;?
    </p><p class="article-text">
        Otra joven denunciaba airada que viviri&#769;a peor que sus padres porque ni a una vivienda tendri&#769;a acceso. No puedo consolarla, pero si&#769; me hubiera gustado decirle que no tomara como referencia a sus padres, que se remontara a sus abuelos, los que conocieron el chabolismo horizontal y vertical, no para aceptar esa situacio&#769;n resignadamante, sino para hacerse heredara de su lucha, la que les permitio&#769; salir de la miseria impuesta.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando escribo, se ha perdido una votacio&#769;n en el parlamento. Importa no engan&#771;arse; se ha perdido porque todavi&#769;a una mayori&#769;a social, la que padece la situacio&#769;n, no ha sido capaz de articular adecuadamente una mayori&#769;a poli&#769;tica y los referentes poli&#769;ticos, las formaciones de izquierda, tampoco han sabido encauzarla. Pero perder la votacio&#769;n parlamentaria no es perder la batalla social. Si se asume el verdadero significado de institutos tales como la prohibicio&#769;n de los desahucios a persona vulnerables cuando el ejecutor es un ente dedicado a la especulacio&#769;n; si se hace propia la idea de que en caso de que el titular de la vivienda ejecutada sea una persona fi&#769;sica debe garantizarse al inquilino una solucio&#769;n habitacional y que el juez que suspenda el alzamiento puede y debe exigi&#769;rsela a la Administracio&#769;n competente; si hacemos nuestros los principios ba&#769;sicos para la proteccio&#769;n del arrendamiento; si nos comprometemos en una tarea pedago&#769;gica de esa legislacio&#769;n protectora, si no damos un paso atra&#769;s, estaremos definiendo un nuevo marco de realidad que la derecha tendra&#769; que aceptar aunque no le guste.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tempo en que la izquierda no pretendi&#769;a solo intervenir en el mercado, queri&#769;a sacar la vivienda del mercado para garantizar el derecho de los que no podi&#769;an acceder a e&#769;l.
    </p><p class="article-text">
        Habi&#769;a medidas, racionales, rigurosas, factibles. Hay que recuperarlas, pero, ante todo, crear un movimiento que sea capaz de mantener una tensio&#769;n continuada en el tiempo. Que no nos olvidemos del problema hasta que vuelva a visitarnos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Rodríguez Rubio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivienda-viejo-problema-conocido_129_13565666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2026 10:25:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La vivienda, ese viejo problema conocido]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rostro que se nos exige]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/rostro-exige_129_13561153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando publiqu&eacute;&nbsp;<em>La careta y el rostro</em>, la poeta Julia Baigorri me se&ntilde;al&oacute; dos cosas. La primera, que su m&aacute;scara no era la de quien ha sido maltratada por sus compa&ntilde;eros, sino la de quien debe parecer feliz todos los d&iacute;as:&nbsp;<em>yo confieso que la llevo. Soy de las que cuando llega a casa cuelga la careta de mujer feliz, como Eleanor Rigby, y ah&iacute; surjo yo, con toda mi soledad, tristeza e incertidumbre.</em>&nbsp;La segunda, que el art&iacute;culo que le habr&iacute;a gustado leer era otro: el de las abusonas y abusones, los que se erigen en caudillos de un grupo y eligen a su v&iacute;ctima por ser guapa o fea, bajita o gorda, escu&aacute;lida o tartamuda, o simplemente porque perciben en ella demasiada sensibilidad.&nbsp;<em>En memoria de los ni&ntilde;os suicidados</em>, me escribi&oacute;,&nbsp;<em>los que sufrieron en silencio la tortura de ir al cole que era su campo de exterminio.</em>&nbsp;Este art&iacute;culo intenta responder a esa segunda petici&oacute;n, sin olvidar la primera.
    </p><p class="article-text">
        Empiezo por la primera m&aacute;scara, la de la felicidad obligada. Edgar Cabanas y Eva Illouz, en&nbsp;<em>Happycracia</em>, describen c&oacute;mo la felicidad se ha convertido en un mandato: una obligaci&oacute;n que se exhibe, m&aacute;s que un estado al que se llega. Los autores critican una determinada concepci&oacute;n de la psicolog&iacute;a positiva seg&uacute;n la cual el bienestar aparece como responsabilidad individual. De ah&iacute; la presi&oacute;n constante por estar feliz y, sobre todo, por parecerlo. La careta de Julia responde a un mandato social que no admite excepciones. En casa no puede decir&nbsp;<em>hoy no puedo</em>: cuelga la careta y espera a que se le borre el gesto de la sonrisa.
    </p><p class="article-text">
        Toda sociedad establece escalas, y esas escalas jerarquizan y excluyen. Erving Goffman lo describi&oacute; en&nbsp;<em>Estigma: la identidad deteriorada</em>&nbsp;(1963). Ante un desconocido, la primera impresi&oacute;n nos permite anticipar a qu&eacute; categor&iacute;a pertenece y qu&eacute; atributos tiene. Si descubrimos en &eacute;l algo que lo vuelve distinto y menos deseable, dejamos de verlo como una persona entera y corriente y pasamos a verlo como alguien manchado y rebajado. Ese acto de reducci&oacute;n es la escala en funcionamiento. La apariencia f&iacute;sica y los modales se miden con una vara invisible, y quien cae fuera del intervalo aceptable carga con lo que Goffman llama estigma: una identidad deteriorada que se le impone como condici&oacute;n permanente. A quien cae fuera se le clasifica antes de mirarlo. Lo que hace da&ntilde;o llega despu&eacute;s de clasificar, con el sistema de premios y castigos.
    </p><p class="article-text">
        Careta y rostro comparten origen. En lat&iacute;n,&nbsp;<em>persona</em>&nbsp;designaba la m&aacute;scara del actor, y una hip&oacute;tesis muy repetida la hace derivar del etrusco&nbsp;<em>phersu</em>. En el teatro cl&aacute;sico m&aacute;scara y persona eran una misma cosa: te pon&iacute;as la m&aacute;scara y eras ese alguien. Goffman llev&oacute; la intuici&oacute;n a toda la vida social en&nbsp;<em>La presentaci&oacute;n de la persona en la vida cotidiana</em>&nbsp;(1959): cada espacio es un escenario y en &eacute;l representamos un papel. Hay adem&aacute;s un giro que suele pasarse por alto: se nos exige llevar una careta y tambi&eacute;n tener un rostro determinado. Judith Butler distingue entre las vidas que una sociedad reconoce como inteligibles y las que arroja al terreno de lo abyecto, aquello que no puede leerse. Butler desarrolla esta distinci&oacute;n a prop&oacute;sito de las normas de inteligibilidad de g&eacute;nero; aqu&iacute; utilizo esa l&oacute;gica, de forma deliberadamente extensiva, para pensar otras formas de exclusi&oacute;n del &aacute;mbito de lo visible. De ah&iacute; una pregunta m&aacute;s cruel que la de la careta: si tu rostro mismo no cumple los requisitos, ni siquiera tienes derecho a una m&aacute;scara digna.
    </p><p class="article-text">
        Goffman y Butler describen el mecanismo de la exclusi&oacute;n, y las cifras del acoso escolar muestran c&oacute;mo se aplica. El VIII informe de la Fundaci&oacute;n ANAR y la Fundaci&oacute;n Mutua Madrile&ntilde;a recoge las respuestas de 18.245 estudiantes de 236 centros de cinco comunidades aut&oacute;nomas durante el curso 2025-2026. El 14,1% del alumnado dice que &eacute;l o alg&uacute;n compa&ntilde;ero de su clase sufre acoso o ciberbullying, frente al 12,3% del curso anterior. El acoso presencial, medido aparte, sube del 6,5% al 7,9%. Entre los motivos, que el alumnado pod&iacute;a marcar en varias opciones, el aspecto f&iacute;sico ocupa el primer lugar (78,9%), seguido de la cultura, la raza o la religi&oacute;n (54,9%) y de las cosas que la v&iacute;ctima hace o dice (50,3%). La orientaci&oacute;n sexual aparece en el 43%. Adem&aacute;s, los motivos que m&aacute;s crecen respecto al curso anterior son el aspecto f&iacute;sico, la cultura, la raza o la religi&oacute;n, y la orientaci&oacute;n sexual. El castigo cae sobre lo que se sale de la norma.
    </p><p class="article-text">
        Las formas que adopta el castigo son reveladoras: insultos, motes y burlas (86,4%), aislamiento (43,5%), rumores (32,7%) y agresiones f&iacute;sicas (29,7%). El aislamiento y la burla son las sanciones t&iacute;picas contra quien no encaja en la escala. El 27,6% de quienes sufren acoso presencial lo padece desde hace m&aacute;s de un a&ntilde;o. Es una condici&oacute;n que se repite:&nbsp;<em>t&uacute; eres as&iacute; y mereces que te traten as&iacute;</em>. Los docentes encuestados se&ntilde;alan la presi&oacute;n del grupo de iguales (89,3%) como factor decisivo, y el 81,9% ve el sentimiento de superioridad como el rasgo m&aacute;s asociado al agresor. En el 33% de los casos presenciales participan dos o m&aacute;s agresores. El acoso es una ejecuci&oacute;n colectiva de la norma: el grupo confirma su propia normalidad castigando al que se desv&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Julia ped&iacute;a mirar al otro lado: al que elige, al que jalea, al que mira. El estudio de Christina Salmivalli y sus colegas (1996) describi&oacute; los roles que cada ni&ntilde;o adopta en el acoso y los relacion&oacute; con su estatus en el grupo. En una muestra de 573 escolares finlandeses de sexto, identific&oacute; seis roles: v&iacute;ctima, agresor, reforzador del agresor, ayudante del agresor, defensor de la v&iacute;ctima y espectador. Los autores pudieron asignar un rol al 87% del alumnado y encontraron diferencias significativas en la distribuci&oacute;n de esos roles seg&uacute;n el sexo y el estatus social dentro del grupo. Un estudio con 441 adolescentes de dos institutos p&uacute;blicos de Castell&oacute;n (G&oacute;rriz y colaboradores, 2010), que asigna a cada alumno un &uacute;nico rol principal, reparte la clase as&iacute;: 19% agresores, 20% seguidores del agresor, 32% defensores, 25% p&uacute;blico y 4% v&iacute;ctimas. La conclusi&oacute;n de ambos trabajos es que el acoso funciona como fen&oacute;meno de grupo: la mayor&iacute;a de la clase participa, de forma activa o pasiva, en el clima que lo hace posible. Los reforzadores agreden riendo o jaleando, y a veces impidiendo que la v&iacute;ctima escape para ver c&oacute;mo la humillan. El p&uacute;blico, seg&uacute;n los autores del estudio de Castell&oacute;n, suele quedarse quieto por miedo a ser la siguiente v&iacute;ctima o a enemistarse con los agresores. Pero esos roles no son fijos: en su muestra, cuando el p&uacute;blico deja de ser pasivo, en el 81% de los casos pasa a defender a la v&iacute;ctima, y los defensores eran los compa&ntilde;eros m&aacute;s valorados por el grupo. El informe de ANAR apunta en la misma direcci&oacute;n: el 59,2% del alumnado cree que sus compa&ntilde;eros hacen algo ante un caso, 7,1 puntos m&aacute;s que el curso anterior. La clase puede inclinarse hacia un lado o hacia el otro.
    </p><p class="article-text">
        Sobre los suicidios hay que hablar con cuidado. En 2024 se quitaron la vida 90 menores de 20 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, frente a 76 el a&ntilde;o anterior, seg&uacute;n el INE. Es la cifra m&aacute;s alta de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y llega mientras el total de suicidios descend&iacute;a por segundo a&ntilde;o consecutivo. El INE no registra causas, y el Ministerio de Sanidad describe el suicidio como un fen&oacute;meno multicausal. Por eso pongo estas cifras junto a las del acoso sin unirlas con una flecha. En algunos casos concretos consta, adem&aacute;s, que hubo se&ntilde;ales de acoso y que la respuesta lleg&oacute; tarde. Sandra Pe&ntilde;a ten&iacute;a 14 a&ntilde;os, viv&iacute;a en Sevilla y se quit&oacute; la vida el 14 de octubre de 2025. Seg&uacute;n la investigaci&oacute;n judicial, el colegio supo del acoso en febrero de 2025, ocho meses antes, y su madre pidi&oacute; que la cambiaran de clase por los insultos y las burlas que recib&iacute;a. Un informe de la Inspecci&oacute;n Educativa se&ntilde;ala que no consta que el centro abriera un procedimiento corrector. En septiembre de 2026, la Audiencia de Sevilla confirm&oacute; el archivo de la causa penal contra los responsables del colegio: no aprecia entre su actuaci&oacute;n y la muerte la relaci&oacute;n de causalidad directa que exige el derecho penal. El mismo auto describe esa actuaci&oacute;n como &ldquo;deficitaria, insuficiente y contraria a la urgencia&rdquo; que un caso de acoso requiere, y reconoce que las medidas tomadas fueron tan leves que no surtieron efecto. A&ntilde;ade que el acoso influy&oacute; en el sentimiento de rechazo de Sandra hacia s&iacute; misma, aunque no de forma decisiva a efectos penales. Pide a la autoridad educativa m&aacute;s prontitud y contundencia, con supervisi&oacute;n de especialistas, y reclama la implicaci&oacute;n del alumnado y de la comunidad educativa, porque dejar toda la responsabilidad en el equipo directivo se ha mostrado insuficiente. El archivo cierra la v&iacute;a penal y deja abierta la civil para los padres. La justicia de menores investiga por separado, hasta donde consta,&nbsp;a las tres alumnas se&ntilde;aladas, y la Junta espera a la Fiscal&iacute;a de Menores para decidir la sanci&oacute;n al colegio. En Ja&eacute;n, dos adolescentes de 15 y 16 a&ntilde;os aparecieron sin vida en un parque del centro. Se habl&oacute; de acoso, y la Junta pidi&oacute; prudencia hasta que concluyera la investigaci&oacute;n policial: hay causas que tardan en conocerse. Detr&aacute;s de cada cifra hay alguien que ya no est&aacute;. Julia lo escribi&oacute; as&iacute;:&nbsp;<em>los que sufrieron en silencio la tortura de ir al cole que era su campo de exterminio solapado y consentido a espaldas de los padres ajenos a su sufrimiento.</em>
    </p><p class="article-text">
        Eleanor Rigby recoge el arroz que queda tras las bodas en la iglesia y vuelve a casa a ponerse la cara, que seg&uacute;n la canci&oacute;n guarda en un tarro junto a la puerta. La canci&oacute;n de los Beatles dura porque capta una forma de existir: la careta como estrategia de supervivencia cuando no hay otra. La soledad de Eleanor Rigby incluye no poder mostrar que est&aacute; sola. La careta del tarro oculta una infelicidad que no est&aacute; permitida, y en eso Eleanor Rigby y Julia Baigorri son la misma figura: la mujer que se pone la cara de felicidad al salir y la guarda al volver. En el espacio p&uacute;blico la careta te permite pasar el examen. Si sonr&iacute;es y pareces&nbsp;<em>normal</em>, cumples los indicadores que exige la escala y nadie te a&iacute;sla ni se r&iacute;e de ti. El precio es que t&uacute; tampoco est&aacute;s presente. La careta te protege y, al mismo tiempo, te cancela. En lugar de vivir, apruebas la inspecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y al llegar a casa? Goffman distingui&oacute; entre la regi&oacute;n anterior (<em>front region</em>), donde se desarrolla la actuaci&oacute;n ante los dem&aacute;s, y la regi&oacute;n posterior (<em>back region</em>), donde los requisitos de esa actuaci&oacute;n pueden relajarse. A&ntilde;ado una pregunta: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando la regi&oacute;n posterior es el &uacute;nico lugar donde puedes quitarte la careta y descubres que debajo hay agotamiento? Los datos espa&ntilde;oles de 2026 apuntan en esa direcci&oacute;n. El estudio de la Fundaci&oacute;n ONCE y la Fundaci&oacute;n AXA, con 4.100 adultos, sit&uacute;a en el 20,2% a quienes viven una soledad no deseada. La soledad llega al 49,1% entre quienes tienen problemas de salud mental, frente al 11% entre quienes no los tienen. Y el 77,6% de la poblaci&oacute;n considera bastante o muy dif&iacute;cil reconocer ante los dem&aacute;s que tiene un problema de salud mental. Quitarse la careta y decir&nbsp;<em>no estoy bien</em>&nbsp;es en s&iacute; un acto estigmatizado. El c&iacute;rculo se cierra: el dolor no se muestra en p&uacute;blico porque no se acepta, en privado sigue ah&iacute;, y llega la sospecha de que quiz&aacute; no hay un&nbsp;<em>yo real</em>, solo capas de caretas desgastadas.
    </p><p class="article-text">
        Marcel Mauss describi&oacute; en&nbsp;<em>Ensayo sobre el don</em>&nbsp;(1925) el&nbsp;<em>potlatch</em>&nbsp;de los pueblos del noroeste del Pac&iacute;fico: una forma de intercambio competitivo en la que el prestigio y el rango se pon&iacute;an en juego mediante la exhibici&oacute;n, la entrega y, en determinados casos, la destrucci&oacute;n de riqueza. En algunos&nbsp;<em>potlatch</em>&nbsp;se quemaban grandes cantidades de bienes y se romp&iacute;an o arrojaban al agua objetos de cobre para imponerse al rival. La m&aacute;scara exig&iacute;a un sacrificio real. Hoy la m&aacute;scara se valida de otra manera: exige destruir la propia cara para sobrevivir. All&iacute; se destru&iacute;a riqueza para imponerse, y aqu&iacute; se trata de borrarse hasta encajar.
    </p><p class="article-text">
        Julia me sugiri&oacute; que escribiera este art&iacute;culo en memoria de los ni&ntilde;os suicidados. No tengo capacidad de restituirles nada. Puedo decir lo que las cifras y los casos permiten decir: la crueldad se sostuvo entre muchos. Alguien eligi&oacute; a la v&iacute;ctima, y a su alrededor otros rieron o miraron hacia otro lado. Y en casa, muchas veces, nadie lo sab&iacute;a, porque el hijo se pon&iacute;a cada ma&ntilde;ana la careta de quien va al colegio como a un lugar normal. Esa careta dec&iacute;a que no pasaba nada. Debajo hab&iacute;a un ni&ntilde;o esperando que alguno de los que miraban hiciera algo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Si t&uacute; o alguien cercano necesita ayuda, el tel&eacute;fono 024 de atenci&oacute;n a la conducta suicida es gratuito y funciona las 24 horas.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/rostro-exige_129_13561153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Oct 2026 15:52:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El rostro que se nos exige]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La bola negra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bola-negra_129_13549171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La bola negra es la pel&iacute;cula que m&aacute;s est&aacute; dando que hablar en este 2026, que, por otro lado, est&aacute; siendo un a&ntilde;o de buenas pel&iacute;culas. En los festivales en los que se est&aacute; presentando est&aacute; obteniendo el reconocimiento de los diferentes jurados. En los cines comerciales se estren&oacute; el pasado viernes 25 de septiembre. Yo la vi el s&aacute;bado 26.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Me gust&oacute;? &iexcl;Qu&eacute; pregunta tan insuficiente para una pel&iacute;cula tan grande! Sin embargo, yo no la recomendar&iacute;a a todo el p&uacute;blico. Incluso advertir&iacute;a a los seguidores de los &ldquo;torrentes&rdquo; de Santiago Segura y similares que no acudan a verla. &iquest;Estoy diciendo que es una pel&iacute;cula de culto? Pues s&iacute;. Creo, ahora que lo escribo, que es una pel&iacute;cula de culto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tiene un estilo narrativo diferente. Los protagonistas, tres actores hasta ahora de segunda fila o casi desconocidos, hacen una interpretaci&oacute;n magistral. Los directores, tienen el m&eacute;rito de conseguir que los actores se metan en la carne de sus personajes y eso llega al espectador.
    </p><p class="article-text">
        Las actrices de reparto est&aacute;n soberbias: Lola Due&ntilde;as, no lo puede hacer mejor. Glen Closse est&aacute; magnifica en su peque&ntilde;o papel de historiadora e investigadora. Pen&eacute;lope Cruz es extraordinaria, canta, baila, provoca, reivindica, se defiende y defiende. Es una mujer luchadora, amante de la libertad en una &eacute;poca de represi&oacute;n. Hasta el peque&ntilde;o papel de Antonio de La Torre, padre del joven Carlos, es bueno.
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica se hace imprescindible en todas las escenas.&nbsp;El pasodoble: &ldquo;soldadito espa&ntilde;ol&rdquo; tiene dos interpretaciones. En la primera la voz dulce casi la de una ni&ntilde;a se introduce en ese soldado joven que no tiene m&aacute;s mundo que el de su madre. Ese soldado t&iacute;mido que toca la trompeta en la banda de su pueblo y que van a recibir a los nacionales, a los franquistas, porque creen que les traen la paz. Estamos en 1937 y no hay paz en Espa&ntilde;a. Una guerra civil enfrenta a dem&oacute;cratas y fascistas. Los aviones italianos cargados de bombas destruyen pueblos enteros, matan a sus gentes y los soldados de Franco recogen a los heridos los cargan en camiones y les dan &ldquo;el tiro de gracia&rdquo; en las cunetas.
    </p><p class="article-text">
        Ese pasodoble tan patriota, ese &ldquo;soldadito espa&ntilde;ol&rdquo; pierde la ternura de la voz infantil y se transforma en el coro de recias voces masculinas que representan la fuerza bruta y el deseo irracional de matar. La trompeta es un elemento clave, simb&oacute;lico y on&iacute;rico en la pel&iacute;cula. El resto de los temas y canciones se adaptan al relato como un guante a los dedos de la mano.
    </p><p class="article-text">
        Hay fotograf&iacute;as de belleza natural: la monta&ntilde;a nevada, el arroyo que cobija a Sebasti&aacute;n, la playa en la que, en sue&ntilde;os, ese deliciosamente ingenuo &ldquo;soldadito espa&ntilde;ol&rdquo; ve los cuerpos atractivos de esos hombres desnudos, la cima del acantilado que anuncia el precipicio de todo, sobre todo de la guerra, de la muerte, del odio, de la intransigencia&hellip; &nbsp;El bombardeo del casino, los restos del escombro tan blancos como la nieve que entra por la gran claraboya y la inmensa l&aacute;mpara en el centro del sal&oacute;n destruido&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y detr&aacute;s de todo Lorca, Federico Garc&iacute;a Lorca, un poeta homosexual en un tiempo sin libertad. Por eso lo mataron. Un gay que plasmaba como nadie la sociedad en la que viv&iacute;a: Yerma, la Casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre son ejemplos claros del autor dram&aacute;tico. Sus poemarios: El Romancero gitano, en el que sobresale: La Casada infiel y poeta en Nueva York son dos estilos tan distintos que resulta imposible creer que hayan salido de la misma pluma.
    </p><p class="article-text">
        'La bola negra' es esa pel&iacute;cula que se vale de la belleza del arte para ense&ntilde;ar esa parte de nuestra historia a la que no llegan los estudiantes de Secundaria y Bachillerato y que no quieren admitir aquellos descendientes del odio porque como se dice en la pel&iacute;cula: &ldquo;Espa&ntilde;a tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que rascar la tierra para que salgan&rdquo;. Gracias a los directores de &ldquo;La Bola negra&rdquo;: Javier Calvo y Javier Ambrossi y, de nuevo: &iexcl;Viva el cine espa&ntilde;ol!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bola-negra_129_13549171.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2026 08:45:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La bola negra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Congelada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/congelada_129_13552424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Le&iacute;a con estupor hace unas semanas la noticia de que la Real Federaci&oacute;n espa&ntilde;ola de f&uacute;tbol (RFEF) hab&iacute;a incorporado como ayuda a la maternidad, la financiaci&oacute;n de la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos, entre otras t&eacute;cnicas. La propuesta de la Federaci&oacute;n, en un intento, a mi juicio, de evitar pol&eacute;micas, se presentaba bajo un argumento aparentemente incontestable: &ldquo;nos lo han pedido ellas&rdquo;. Como si este dato proporcionara una especie de &ldquo;tranquilidad&rdquo;, o disipara cualquier duda de la &ldquo;honestidad&rdquo; de la medida. Sin embargo, lo m&aacute;s llamativo de todo es precisamente aquello que quedaba fuera del debate: c&oacute;mo ayudar a las deportistas que quieren ser madres durante su carrera profesional. Este es el meollo. No otro. Retrasar la maternidad mediante la financiaci&oacute;n de la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos puede ser, en determinadas circunstancias, un mal menor o una alternativa leg&iacute;tima, pero dif&iacute;cilmente debe convertirse en LA soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo cuando, hace ya algunos a&ntilde;os, Apple y Facebook anunciaron la financiaci&oacute;n del tratamiento de congelaci&oacute;n de &oacute;vulos para sus empleadas como una iniciativa destinada a retener el talento. Se presentaba como un beneficio, s&iacute;, pero si profundizabas en el discurso que acompa&ntilde;aba esta medida, afloraba una idea inquietante: congelar durante tus a&ntilde;os f&eacute;rtiles, para poder afrontar los a&ntilde;os m&aacute;s productivos para la empresa. Todav&iacute;a me permito utilizar este ejemplo en mis formaciones, para abrir un debate que sigue plenamente vigente.
    </p><p class="article-text">
        La profesionalizaci&oacute;n del deporte femenino ha situado en el debate p&uacute;blico la maternidad y sus obst&aacute;culos, y no son pocas las deportistas que han decidido alzar la voz. Ana Peleteiro, atleta, que decidi&oacute; ser madre tras ser bronce ol&iacute;mpico en Tokio 2020, criticaba esta medida de la RFEF y recordaba que el verdadero desaf&iacute;o consiste en asegurar que ser madre no suponga una penalizaci&oacute;n profesional en tu carrera. Blanca Manch&oacute;n, ol&iacute;mpica en windsurf en Tokio 2020, tiraba de iron&iacute;a para se&ntilde;alar lo supuestamente id&iacute;lico de financiar la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos de las futbolistas: las deportistas podr&iacute;an esperar a ser madres al terminar sus carreras deportivas, no dar problemas durante su etapa competitiva, y despu&eacute;s descongelar &oacute;vulos y quedarse embarazadas a los 40 a&ntilde;os. Maravilloso.
    </p><p class="article-text">
        Y es que lo preocupante es que hemos terminado adaptando los tiempos reproductivos a las exigencias de las estructuras laborales, en lugar de transformar estas estructuras para hacer posible la maternidad. Ah&iacute; reside el quid de la cuesti&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque congelar &oacute;vulos no es conciliar. Congelar &oacute;vulos es, en gran medida, desplazar la mirada de lo verdaderamente importante. Es asumir que la maternidad y la trayectoria profesional son incompatibles, y que corresponde a las mujeres modificar sus proyectos vitales para encajar en un modelo organizativo que permanece inalterado. Es hacer o&iacute;dos sordos a nuestros propios tiempos biol&oacute;gicos y sociales, convirtiendo maternidad y profesi&oacute;n en adversarias irreconciliables, cuando el verdadero reto deber&iacute;a ser abordar, de una vez por todas, las condiciones que hacen posible la (bendita) conciliaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, las madres, y tambi&eacute;n algunos padres, nos parecemos hoy a los funambulistas. No solo caminamos sobre la cuerda floja que supone compatibilizar las distintas esferas de la vida, sino que adem&aacute;s nos vemos en la obligaci&oacute;n de demostrar constantemente que somos capaces de hacerlo todo al mismo tiempo y sin perder el equilibrio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota al pie:</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las federaciones deportivas espa&ntilde;olas y las ligas profesionales estar&aacute;n obligadas a elaborar un plan espec&iacute;fico de conciliaci&oacute;n y corresponsabilidad con medidas concretas de protecci&oacute;n en los casos de maternidad y lactancia, que deber&aacute;n poner a disposici&oacute;n de las entidades deportivas integrantes de la federaci&oacute;n (art&iacute;culo 4 de la Ley 39/2022, de 30 de diciembre del Deporte).
    </p><p class="article-text">
        Se consideran nulas de pleno derecho las cl&aacute;usulas contractuales tendentes a permitir o favorecer la rescisi&oacute;n unilateral del contrato por raz&oacute;n de embarazo o maternidad de las mujeres deportistas (Pre&aacute;mbulo de la Ley 39/2022, de 30 de diciembre del Deporte).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eva Tobías Olarte]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/congelada_129_13552424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Oct 2026 07:41:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Congelada]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arar la tierra para recuperar las historias de amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/arar-tierra-recuperar-historias-amor_129_13543656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una imagen de Federico Garc&iacute;a Lorca que estos d&iacute;as, despu&eacute;s de ver <em>La bola negra</em>, no consigo quitarme de la cabeza: la del arado abriendo la tierra. Aparentemente la rompe, la hiere, la desordena. Pero el arado no destruye: prepara la tierra para que algo pueda volver a nacer. Y un d&iacute;a, el arado se detiene. Debajo hay un mosaico griego. Una historia que llevaba siglos esperando. Quiz&aacute; tambi&eacute;n una historia de amor.
    </p><p class="article-text">
        He pensado mucho en esa imagen al salir del cine. <em>La bola negra</em> enlaza tres vidas de &eacute;pocas diferentes atravesadas por la sexualidad, el deseo, el dolor y la herencia, recuperando adem&aacute;s una de las obras que Lorca dej&oacute; inacabadas. Tal vez por eso uno sale con la sensaci&oacute;n de que algunas historias nunca terminan del todo. Permanecen debajo de nosotros, esperando que alguien vuelva a remover la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Porque cambian las leyes, las palabras, las ciudades y las generaciones. Cambian nuestras formas de relacionarnos. Pero hay algo profundamente humano que permanece: la necesidad de amar y ser amado, de sentirnos reconocidos y de poder vivir nuestra identidad sin miedo. Ah&iacute; la educaci&oacute;n social tiene mucho que decir.
    </p><p class="article-text">
        Educar tambi&eacute;n significa aprender a convivir con quien piensa, siente, ama o vive de manera diferente. Trabajar el disenso sin convertirlo en enemistad. Ense&ntilde;ar que cuidar no es controlar y que acompa&ntilde;ar no consiste en decidir por la otra persona. Es construir comunidades en las que cada ser humano pueda llegar a ser quien quiera ser, respetando a los dem&aacute;s y sinti&eacute;ndose tambi&eacute;n respetado.
    </p><p class="article-text">
        No es una reflexi&oacute;n ajena al presente. Vivimos rodeados de ruido. Casos y acusaciones de corrupci&oacute;n ocupan titulares; Ceuta atraviesa una extraordinaria presi&oacute;n migratoria y humanitaria, reconocida oficialmente por el Estado, mientras el debate social se endurece. Solo durante agosto, el observatorio estatal OBERAXE detect&oacute; m&aacute;s de 101.000 contenidos reportables de odio y narrativas discriminatorias en redes, un 76 % m&aacute;s que el mes anterior; el 39 % estaba relacionado con la crisis de Ceuta.
    </p><p class="article-text">
        Corremos el riesgo de acostumbrarnos a mirarnos como adversarios antes que como personas. Y, sin embargo, seguimos enamor&aacute;ndonos. Seguimos cuidando a nuestros padres, abrazando a nuestros hijos, echando de menos a quien se fue, esperando un mensaje, tomando una mano en un hospital, acogiendo a quien llega, reconcili&aacute;ndonos despu&eacute;s de una discusi&oacute;n. Seguimos buscando a alguien con quien compartir la vida. Quiz&aacute; ah&iacute; resida una de nuestras mayores esperanzas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso necesitamos volver a arar la tierra. No para borrar el pasado, sino para encontrar las historias que quedaron debajo. Las de quienes amaron a escondidas. Las de quienes tuvieron que marcharse. Las de quienes no pudieron decir &laquo;te quiero&raquo; en voz alta. Y tambi&eacute;n las historias que hoy estamos escribiendo y que deber&iacute;amos procurar que no tengan que ser desenterradas dentro de cien a&ntilde;os para comprender cu&aacute;nto sufrimiento provocaron nuestros silencios.
    </p><p class="article-text">
        Honrar la vida y la convivencia no deber&iacute;a ser una consigna. Es una tarea cotidiana y un compromiso ciudadano. Tal vez el arado vuelva a detenerse muchas veces. Ojal&aacute; sepamos agacharnos, retirar la tierra con cuidado y mirar lo encontrado sin miedo.
    </p><p class="article-text">
        Porque debajo de tantas capas de historia seguimos encontrando lo mismo: seres humanos intentando amar y ser amados. Y mientras haya amor, habr&aacute; esperanza. Porque, al final, quiz&aacute; sea el amor lo que verdaderamente da sentido a la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tomás Latasa Lerga. Presidente del Colegio Profesional de Educación Social de La Rioja]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/arar-tierra-recuperar-historias-amor_129_13543656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 11:34:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Arar la tierra para recuperar las historias de amor]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De puntillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/puntillas_129_13537405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay series que entretienen, otras que emocionan y hay algunas que, cuando terminan, obligan a quedarse un rato en silencio. O incluso unos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Eso me ha ocurrido con cada cap&iacute;tulo de <em>Tip Toe</em>, la serie de Russell T. Davies que est&aacute;n emitiendo en HBO. No porque cuente algo que no supi&eacute;ramos ya, sino precisamente porque consigue convertir en una historia cotidiana algo que quiz&aacute; llevamos demasiado tiempo contemplando con una cierta distancia como es el regreso de la intolerancia, la normalizaci&oacute;n del odio y el miedo entre quienes cre&iacute;amos que ya hab&iacute;amos aprendido a vivir en libertad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Ser queer en 2026 es un acto pol&iacute;tico&rdquo;,</strong> esta es una frase que dice un personaje de la serie, que se me ha quedado grabada<strong>.</strong>&nbsp;Y es que, despu&eacute;s de d&eacute;cadas de avances, de leyes que reconocen derechos, de una mayor visibilidad y de generaciones que han crecido viendo con mucha m&aacute;s naturalidad distintas formas de amar y de construir una familia, podr&iacute;amos pensar que es una frase exagerada, que pertenece a otro tiempo, pero quiz&aacute; hemos cometido un error llegando a pensar que, porque hemos conseguido derechos, tambi&eacute;n hab&iacute;amos conseguido acabar con los prejuicios. Y no es as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a injusto y falso negar la transformaci&oacute;n profunda que ha experimentado la sociedad espa&ntilde;ola. Personas que durante buena parte de su vida tuvieron que esconder qui&eacute;nes eran pudieron finalmente mostrarse como son. Muchas familias han podido vivir con normalidad una realidad que antes estaba marcada por el silencio. Miles de personas han podido besar a su pareja en p&uacute;blico sin sentir que estaban cometiendo una provocaci&oacute;n.&nbsp;Pero que hayamos avanzado no significa que el camino haya terminado. Las leyes pueden cambiar una sociedad, pero no consiguen eliminar de un plumazo todos sus prejuicios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo hemos dado por supuesto que las nuevas generaciones ser&iacute;an necesariamente m&aacute;s tolerantes que las anteriores y, probablemente, en muchos aspectos, lo sean. Pero esa certeza empieza a necesitar muchos m&aacute;s matices porque las personas j&oacute;venes tambi&eacute;n est&aacute;n expuestas a un ecosistema digital en el que conviven la informaci&oacute;n, la diversidad y la solidaridad con contenidos que convierten al diferente en una amenaza, que ridiculizan los derechos de las minor&iacute;as o que presentan la igualdad como una imposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El odio ya no necesita una esquina oscura para mostrarse. Tiene un tel&eacute;fono m&oacute;vil, un algoritmo y miles de personas dispuestas a compartir una mentira antes de que nadie tenga tiempo de desmontarla. Y tiene algo todav&iacute;a m&aacute;s peligroso que es la capacidad de hacer que determinados discursos parezcan normales.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo aspecto me parece esencial porque la homofobia no comienza necesariamente con una agresi&oacute;n. A veces comienza con una broma, con un insulto que vuelve a provocar risas; con la idea de que &ldquo;ya no se puede decir nada&rdquo;. Con la utilizaci&oacute;n sistem&aacute;tica de las personas LGTBIQ+ como objeto de provocaci&oacute;n pol&iacute;tica. Con la insistencia en presentar nuestra visibilidad como adoctrinamiento o nuestra igualdad como un privilegio.
    </p><p class="article-text">
        El salto entre una cosa y otra no es autom&aacute;tico. Ser&iacute;a absurdo decir que cada chiste hom&oacute;fobo conduce a una agresi&oacute;n, pero tambi&eacute;n ser&iacute;a ingenuo pensar que el lenguaje no construye el clima social en el que determinadas conductas pueden llegar a considerarse aceptables.
    </p><p class="article-text">
        El propio Russell T. Davies ha explicado que <em>Tip Toe</em> nace, en parte, de su preocupaci&oacute;n por una sociedad cada vez m&aacute;s irritable e intolerante y por la manera en que las redes sociales favorecen una comunicaci&oacute;n basada en mensajes breves, contundentes y cargados de confrontaci&oacute;n.&nbsp;Y ah&iacute; es, precisamente, donde creo que la serie deja de ser solamente una serie sobre personas LGTBIQ+, porque lo que est&aacute; describiendo puede aplicarse tambi&eacute;n a otros colectivos como el de los inmigrantes, los sintecho, los &ldquo;invasores&rdquo; de Ceuta&hellip;, o incluso las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una sociedad empieza a acostumbrarse a se&ntilde;alar al diferente, todos deber&iacute;amos preocuparnos.&nbsp;Cuando el insulto deja de dar verg&uuml;enza y empieza a provocar aplausos, deber&iacute;amos preocuparnos. Cuando la mentira se convierte en un arma y la indignaci&oacute;n permanente sustituye a la conversaci&oacute;n, deber&iacute;amos preocuparnos. Y cuando gran parte de una generaci&oacute;n empieza a recibir desde las redes sociales mensajes que cuestionan la dignidad o los derechos de otras personas, deber&iacute;amos preocuparnos todav&iacute;a m&aacute;s, porque se est&aacute; construyendo un relato en el que determinadas personas empiezan a sentirse moralmente legitimadas para despreciar a otras.
    </p><p class="article-text">
        Y conste que no escribo esto desde el miedo, lo escribo precisamente desde la memoria de quien pertenece al colectivo LGTBIQ+. Y quiz&aacute; por eso <em>Tip Toe</em> me ha golpeado de una manera especialmente profunda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque quienes hemos vivido determinados momentos de nuestra historia reciente, sabemos que los derechos que hoy parecen evidentes no aparecieron por generaci&oacute;n espont&aacute;nea. Otras personas tuvieron que enfrentarse antes a la incomprensi&oacute;n, al insulto, al rechazo, al silencio y, en muchos casos, a la violencia para que otros pudi&eacute;ramos vivir de una manera m&aacute;s libre.
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas deber&iacute;amos saber que los avances no son para siempre y que los derechos que hoy tenemos tambi&eacute;n pueden perderse.&nbsp;Los derechos se conquistan, pero tambi&eacute;n hay que defenderlos. Porque lo que hoy parece garantizado puede dejar de estarlo ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a escuchamos a diario a dirigentes de VOX reclamar la derogaci&oacute;n de las leyes trans y presentar estas normas como una amenaza para los menores o describir las pol&iacute;ticas LGTBI como imposiciones ideol&oacute;gicas. Y en 2026, con el respaldo del PP en algunas comunicades aut&oacute;nomas, siguen calificando determinadas leyes LGTBI de &ldquo;ideol&oacute;gicas&rdquo;, &ldquo;invasivas&rdquo; o alejadas de la evidencia cient&iacute;fica. En La Rioja, por ejemplo, VOX reclama expresamente la derogaci&oacute;n de la ley auton&oacute;mica de identidad y expresi&oacute;n de g&eacute;nero, calific&aacute;ndola de &ldquo;disparate&rdquo; y vinculando su aplicaci&oacute;n con el &ldquo;adoctrinamiento&rdquo; en las aulas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con cualquiera de esas posiciones pol&iacute;ticas porque, en democracia, todas las leyes pueden discutirse y reformarse, pero cuando se repite sistem&aacute;ticamente que un colectivo representa una amenaza, que sus derechos son una imposici&oacute;n ideol&oacute;gica, que su visibilidad es adoctrinamiento o que sus reivindicaciones forman parte de una agenda que pretende destruir la familia o borrar a las mujeres, no estamos hablando simplemente de una discrepancia legislativa. Estamos construyendo un relato sobre qui&eacute;nes somos y sobre qu&eacute; lugar debemos ocupar en la sociedad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ese relato importa porque el retroceso no tiene que empezar necesariamente con una ley que elimina un derecho. Puede empezar mucho antes. Puede empezar cuando los ciudadanos dejamos de ejercer esos derechos. Cuando alguien decide no coger de la mano a su pareja por miedo. Cuando una chica o un chico evitan decir en clase que es gay. Cuando una familia decide no hablar de sus dos madres o de sus dos padres para evitar problemas. Cuando alguien escucha un insulto y prefiere callarse. Cuando una persona LGTBIQ+ empieza a pensar que quiz&aacute; es mejor no llamar demasiado la atenci&oacute;n. En definitiva, <strong>c</strong>uando volvemos a caminar<strong> de puntillas.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese es, para m&iacute;, el verdadero significado del t&iacute;tulo de la serie. Uno de los personajes explica que antes entraba en una habitaci&oacute;n diciendo &ldquo;&iexcl;tachaa&aacute;n!&rdquo; y ahora camina de puntillas &ldquo;por si acaso&rdquo;.&nbsp;Esa frase resume una amenaza que no deber&iacute;amos despreciar.
    </p><p class="article-text">
        Porque no hemos luchado durante d&eacute;cadas para que las personas LGTBIQ+ aprendamos de nuevo a escondernos.&nbsp;No hemos conquistado la libertad para vivir pendientes de qui&eacute;n nos mira. No hemos conseguido visibilidad para volver a pedir perd&oacute;n por existir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque tambi&eacute;n es cierto que tampoco deber&iacute;amos caer en el error contrario y pensar que todo est&aacute; perdido, porque no lo est&aacute;.&nbsp;Nuestra sociedad ha cambiado y lo ha hecho para mejor en much&iacute;simos aspectos. Precisamente por eso tenemos algo muy valioso que proteger.&nbsp;Lo que necesitamos ahora no es miedo, sino vigilancia. No es enfrentamiento, sino firmeza. No es responder al odio con m&aacute;s odio, sino impedir que el odio vuelva a convertirse en una forma aceptable de relacionarse con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos educaci&oacute;n, instituciones que no miren hacia otro lado; combatir la discriminaci&oacute;n all&iacute; donde aparezca; exigir responsabilidades cuando se cruza la l&iacute;nea entre la libertad de expresi&oacute;n y la agresi&oacute;n o la incitaci&oacute;n al odio. Y necesitamos, sobre todo, recuperar la idea de que los derechos de una minor&iacute;a no son solo un asunto de esa minor&iacute;a. Son un asunto de todos porque son una cuesti&oacute;n de democracia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso me ha dejado tan inquieto <em>Tip Toe</em>. Porque no quiero creer que sea una profec&iacute;a ni que pretenda serlo. Pero s&iacute; creo que es una advertencia muy seria. Una llamada de atenci&oacute;n sobre lo que puede ocurrir cuando una sociedad se acostumbra demasiado al ruido, al insulto, a la deshumanizaci&oacute;n y a la polarizaci&oacute;n.&nbsp;Y las advertencias solo sirven cuando todav&iacute;a estamos a tiempo de actuar. Por eso creo que debemos estar alerta. No porque debamos vivir con miedo, sino porque conocemos demasiado bien el precio de bajar la guardia.
    </p><p class="article-text">
        Hay una generaci&oacute;n que luch&oacute; para poder salir de la oscuridad. Hay otra que ha crecido creyendo que esa libertad era algo natural.&nbsp;A ambas nos corresponde ahora la misma responsabilidad:&nbsp;<strong>negarnos a volver a entrar en una habitaci&oacute;n de puntillas. </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/puntillas_129_13537405.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 07:50:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De puntillas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política también debe tener alma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/politica-debe-alma_129_13539438.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay momentos en los que la pol&iacute;tica parece empe&ntilde;ada en olvidar que detr&aacute;s de cada cifra hay una persona, detr&aacute;s de cada frontera hay una historia y detr&aacute;s de cada decisi&oacute;n p&uacute;blica hay vidas que pueden cambiar para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras pronunciadas hace unos d&iacute;as por el canciller alem&aacute;n, Friedrich Merz, deber&iacute;an invitarnos a una reflexi&oacute;n que va mucho m&aacute;s all&aacute; de Alemania. Merz record&oacute; que Alemania es un pa&iacute;s de inmigrantes y defendi&oacute; que la xenofobia no tiene cabida en su sociedad, al tiempo que se&ntilde;alaba la importancia de la inmigraci&oacute;n para sectores esenciales de su econom&iacute;a. Ojal&aacute;, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o tomara ejemplo, en vez de copiar el discurso extremo de Santiago Abascal.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de negar que la inmigraci&oacute;n plantee desaf&iacute;os. Los plantea, y los Estados tienen la obligaci&oacute;n de gestionar sus fronteras, garantizar la seguridad, ordenar los flujos migratorios y construir pol&iacute;ticas de integraci&oacute;n eficaces. Pero una cosa es gestionar un fen&oacute;meno complejo y otra muy distinta convertir el miedo, la pobreza o el origen de las personas en instrumentos de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica. Espa&ntilde;a deber&iacute;a ser capaz de mantener esa diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; ocurriendo en Ceuta nos obliga a mirar de frente una realidad que resulta inc&oacute;moda.&nbsp;Ceuta no puede ser solamente una cuesti&oacute;n de cifras, de controles fronterizos o de titulares. Es tambi&eacute;n un drama humano. Y reconocerlo no significa ignorar las dificultades de los vecinos de Ceuta, ni minimizar la presi&oacute;n que soportan sus servicios p&uacute;blicos, ni desconocer la responsabilidad que corresponde al Estado y a la Uni&oacute;n Europea. Significa exigir una respuesta p&uacute;blica a la altura de la dimensi&oacute;n del problema. Una respuesta ordenada, firme cuando deba serlo, pero tambi&eacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        Porque el humanismo no significa ausencia de normas. Significa que las normas no pueden hacernos perder de vista la dignidad de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos tiempos en los que parece que la pol&iacute;tica premia cada vez m&aacute;s la exageraci&oacute;n, la desconfianza y la divisi&oacute;n. Hay quien encuentra rentabilidad electoral en se&ntilde;alar al diferente, en convertir al extranjero en amenaza o en presentar a quien tiene menos como responsable de los problemas de quien tiene algo m&aacute;s. Es una deriva peligrosa.
    </p><p class="article-text">
        El racismo y la aporofobia no deber&iacute;an encontrar acomodo en una sociedad democr&aacute;tica y solidaria como la espa&ntilde;ola. Tampoco deber&iacute;an convertirse en lenguaje habitual de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. No son tiempos en los que est&eacute; especialmente de moda reivindicar una visi&oacute;n humanista de la pol&iacute;tica. Precisamente por eso resulta m&aacute;s importante hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        El papa Le&oacute;n XIV, durante su visita a Espa&ntilde;a en junio, habl&oacute; en Tenerife de una sociedad y de una ciudad &laquo;sin murallas&raquo; y record&oacute; que algunas de las barreras m&aacute;s dif&iacute;ciles de derribar no son de piedra, sino las que nacen de la mirada, del miedo o de la indiferencia.
    </p><p class="article-text">
        Es una reflexi&oacute;n que trasciende las creencias religiosas y que deber&iacute;a interpelar tambi&eacute;n a quienes ejercemos responsabilidades p&uacute;blicas: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando dejamos de mirar a las personas como personas?
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad puede tener fronteras y, al mismo tiempo, tener conciencia. Puede defender la legalidad y, al mismo tiempo, defender la dignidad humana. Puede reclamar una inmigraci&oacute;n ordenada y, al mismo tiempo, negarse a que quienes huyen del hambre, de la guerra o de la persecuci&oacute;n sean utilizados como piezas de una estrategia electoral.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo especialmente irresponsable en dividir a una sociedad a la que despu&eacute;s se pretende gobernar, y desde luego, en mi condici&oacute;n de candidato a presidir La Rioja, me niego a contribuir a la divisi&oacute;n, al ruido, a la crispaci&oacute;n y al enfrentamiento entre riojanos y riojanas. Propongo al resto de candidatos sellar un acuerdo para una campa&ntilde;a limpia, centrada en los problemas de nuestros vecinos y vecinas, lejos de la crispaci&oacute;n nacional.
    </p><p class="article-text">
        La Rioja conoce bien el valor de la convivencia. Es una tierra tranquila, acogedora y amable. Una tierra de pueblos y ciudades donde durante generaciones hemos sabido que una comunidad no se construye preguntando permanentemente de d&oacute;nde viene cada persona, sino procurando que todos puedan sentirse parte de ella. La pol&iacute;tica tiene una enorme capacidad para crear realidad. Puede alimentar el miedo o puede generar confianza. Puede levantar muros o construir puentes. Puede convertir las diferencias en trincheras o entenderlas como parte de una sociedad plural. Y esa elecci&oacute;n importa.
    </p><p class="article-text">
        No deber&iacute;amos aceptar que para obtener votos haya que sacrificar valores. No deber&iacute;amos asumir que para ganar una discusi&oacute;n pol&iacute;tica hay que perder un poco de humanidad. Y, sobre todo, no deber&iacute;amos acostumbrarnos a que el sufrimiento de otros se convierta en una herramienta para obtener r&eacute;ditos electorales. La pol&iacute;tica necesita resultados, naturalmente. Necesita gesti&oacute;n, presupuestos, leyes, servicios p&uacute;blicos y decisiones. Pero tambi&eacute;n necesita principios.
    </p><p class="article-text">
        Porque gobernar no consiste &uacute;nicamente en administrar una sociedad. Consiste, en buena medida, en decidir qu&eacute; tipo de sociedad queremos ser. Y ante el drama de Ceuta, ante quienes llegan huyendo del horror y ante cualquier persona que se encuentra en una situaci&oacute;n de extrema vulnerabilidad, quiz&aacute; la primera pregunta que deber&iacute;amos hacernos no sea cu&aacute;nto nos puede beneficiar pol&iacute;ticamente su sufrimiento. Quiz&aacute; debamos preguntarnos, sencillamente, qu&eacute; har&iacute;amos si esa persona fuera uno de los nuestros.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta a esa pregunta dice mucho de una sociedad. Y tambi&eacute;n dice mucho de su pol&iacute;tica. Cuando llegu&eacute; a la pol&iacute;tica auton&oacute;mica me plante&eacute; un objetivo: convertir La Rioja en la excepci&oacute;n de di&aacute;logo, respeto y acuerdo que confirme la regla general de crispaci&oacute;n, divisi&oacute;n y desacuerdo. Todav&iacute;a no lo he conseguido, pero me niego a tirar la toalla. Lo merece la pol&iacute;tica, pero, sobre todo, lo merece la tierra a la que amo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier García Ibáñez. Candidato del PSOE a presidente del Gobierno de La Rioja]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/politica-debe-alma_129_13539438.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2026 12:01:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La política también debe tener alma]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que no cabe en el precio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-precio_129_13541618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El litro de gasolina cuesta lo que cuesta extraer el crudo, refinarlo, transportarlo, y el margen de quien lo vende. No cuesta lo que cuesta quemarlo. La tonelada de carbono que sube a la atm&oacute;sfera cuando ese litro arde no aparece en el surtidor, no se descuenta de la cuenta, no la asume nadie en el momento de pagar. La paga otra persona, en otro sitio, y durante mucho m&aacute;s tiempo del que dura una vida: el CO&#8322; se queda en la atm&oacute;sfera durante siglos. El precio, aqu&iacute;, no es que mienta: es que no llega a contar toda la historia.
    </p><p class="article-text">
        A esto los economistas lo llaman externalidad: un coste real que el precio no recoge porque quien lo sufre no es quien compra ni quien vende. Llamarlo <em>fallo del mercado</em> sugiere un error t&eacute;cnico, corregible con un ajuste. Es, en realidad, un l&iacute;mite de origen. El precio solo sabe contar lo que pasa entre dos partes que negocian. Todo lo que le pasa a un tercero &mdash;al r&iacute;o, a la generaci&oacute;n siguiente, al pueblo que no particip&oacute; en la transacci&oacute;n&mdash; queda, por dise&ntilde;o, fuera de la cuenta &mdash;y fuera del mapa&mdash;. Y hay cosas que no solo quedan fuera: no se dejan meter dentro.
    </p><p class="article-text">
        Karl Polanyi ya hab&iacute;a puesto el dedo ah&iacute;, aunque no hablara de clima. Llam&oacute; <em>mercanc&iacute;as ficticias</em> a la tierra, el trabajo y el dinero: cosas que el mercado trata como si se hubieran producido para la venta, cuando en realidad no se produjeron para eso. Nadie fabrica un r&iacute;o pensando en venderlo. Nadie cultiva una capa de ozono. Y sin embargo el mercado necesita tratarlos como si fueran mercanc&iacute;as cualquiera, con su precio y su curva, porque de otro modo no sabe qu&eacute; hacer con ellos. El resultado, advert&iacute;a Polanyi, es que esa ficci&oacute;n tiene un coste: tratar la tierra como mercanc&iacute;a acaba por agotarla, igual que tratar el trabajo como mercanc&iacute;a acaba por agotar a quien lo ejerce.
    </p><p class="article-text">
        Y el tercero que queda fuera del precio no es solo humano, ni siquiera futuro humano. Un bosque talado no tiene manera de sentarse a negociar su propio precio, ni la tendr&aacute; nunca, y no porque el turno se demore, sino porque no hay lenguaje de mercado en el que un r&iacute;o o una especie puedan hablar por s&iacute; mismos. Cuando desaparece un anfibio o una variedad de trigo, no hay factura pendiente ni deuda que cobrar &mdash;hay, simplemente, un silencio que el precio nunca registr&oacute; porque nunca estuvo dise&ntilde;ado para escucharlo&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, la respuesta a este l&iacute;mite tuvo un nombre: la tragedia de los comunes. Garrett Hardin, en 1968, imagin&oacute; un pasto compartido donde cada pastor a&ntilde;ade una oveja m&aacute;s porque el beneficio es suyo y el coste se reparte entre todos, hasta que el pasto se agota y todos pierden. La conclusi&oacute;n que se sac&oacute; de ah&iacute;, durante a&ntilde;os, fue que lo compartido est&aacute; condenado: o se privatiza, o lo gestiona el Estado, porque dejado autogestionarse a la gente se destruye solo.
    </p><p class="article-text">
        Elinor Ostrom pas&oacute; buena parte de su carrera demostrando, con trabajo de campo, que eso no es verdad, o no siempre. Estudi&oacute; sistemas de riego en Espa&ntilde;a, bosques comunitarios en M&eacute;xico, pesquer&iacute;as en distintas partes del mundo, y encontr&oacute; comunidades que llevaban siglos gestionando un recurso compartido sin privatizarlo y sin que nadie desde fuera se lo impusiera: con normas propias y sanciones que los mismos vecinos vigilaban. El propio Hardin, a&ntilde;os despu&eacute;s, reconoci&oacute; que deber&iacute;a haber titulado su ensayo <em>la tragedia de los comunes sin regular</em>: el pasto se agota cuando nadie se conoce y nadie rinde cuentas a nadie. Cuando hay comunidad el recurso compartido puede sostenerse durante generaciones sin necesitar un precio que lo discipline.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Taibo lleva a&ntilde;os insistiendo en un argumento m&aacute;s inc&oacute;modo todav&iacute;a: que ni siquiera arreglando el precio se arregla esto. Taibo desplaza la pregunta hacia la obsesi&oacute;n con que la cuenta, cualquier cuenta, tenga que crecer siempre. El decrecimiento que defiende no pide un capitalismo mejor calculado, con externalidades por fin internalizadas; pide producir y consumir menos en las sociedades ricas &mdash;y repartir de otro modo lo que queda: el trabajo, el tiempo, la energ&iacute;a&mdash;, deliberadamente, como condici&oacute;n para que el planeta &mdash;y quienes lo habitan sin voto en el mercado&mdash; tengan margen para seguir existiendo. Es una cr&iacute;tica que va un paso m&aacute;s all&aacute; de Polanyi: no basta con dejar de fingir que la tierra es una mercanc&iacute;a como otra cualquiera: hay que dejar de exigirle que rinda cada vez m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ostrom y Taibo no hablan exactamente de lo mismo. Ella mostr&oacute; que una comunidad peque&ntilde;a puede gestionar bien lo que comparte, cara a cara, con reglas propias. &Eacute;l pide algo m&aacute;s grande: que sociedades enteras dejen de exigir crecimiento. No est&aacute; claro que lo primero baste sin lo segundo, ni que lo segundo funcione sin comunidades capaces de gestionar de cerca lo que les toca gestionar. Este ensayo no lo resuelve. Solo deja constancia de que ah&iacute; hay un salto de escala sin puente todav&iacute;a. Puentes con nombre ya existen: cuencas hidrogr&aacute;ficas, bioregiones, gobernanza multinivel; pero nombrarlos no es lo mismo que haberlos construido.
    </p><p class="article-text">
        Los mercados de emisiones y los impuestos al carbono son, en el fondo, el intento contrario a Taibo: no salir del precio, sino estirarlo hasta que quepa lo que antes no cab&iacute;a. Ponerle precio a la tonelada de carbono, decidir cu&aacute;nto vale un bosque en pie frente a uno talado. Pero en cuanto alguien tiene que fijar ese n&uacute;mero, vuelve la pregunta de siempre: &iquest;qui&eacute;n decide, y con qu&eacute; criterio, que un bosque en Indonesia vale menos que una f&aacute;brica en Alemania? &mdash;y quien decide suele ser quien tiene m&aacute;s poder de negociaci&oacute;n, no quien tiene mejor criterio. Antes de esa pregunta hay otras dos, m&aacute;s prosaicas y no menos decisivas: qui&eacute;n mide la tonelada de carbono que un bosque en pie evita emitir, y con qu&eacute; margen de error; y si pagar por no talar un bosque que de todos modos no iba a talarse reduce algo, o solo mueve el dinero de un bolsillo a otro. Contar lo que antes no cab&iacute;a extiende la misma curva, m&aacute;s ambiciosa, sin dejar de fingir que todo puede caber en una cuenta. Puede que el precio no cuente mal: puede que haya cosas que, sencillamente, no se dejan contar.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; el hilo que conecta todo esto con lo que ya hab&iacute;amos visto: la escasez, dec&iacute;amos ayer, no se descubre, se fabrica o se impone. El clima a&ntilde;ade una vuelta de tuerca. Aqu&iacute; ni siquiera hace falta fabricar la escasez: basta con no contarla. El coste clim&aacute;tico del petr&oacute;leo no est&aacute; escondido por un c&aacute;rtel ni por un algoritmo; est&aacute; simplemente fuera del marco, como si no existiera mientras nadie lo mire.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo alguien lo est&aacute; pagando ya. No con dinero, con sequ&iacute;a, con cosecha perdida, con una isla que pierde metros de costa cada a&ntilde;o. Y ese alguien casi nunca es quien m&aacute;s ha emitido: son los pa&iacute;ses del Sur Global, las comunidades que apenas participaron en la industrializaci&oacute;n, quienes cargan primero con la factura de un precio que otros dejaron sin pagar. La cuenta existe, pero quien la gener&oacute; no es quien la paga. Eso no convierte al Sur Global en mera v&iacute;ctima: tambi&eacute;n emite, y emitir&aacute; m&aacute;s a medida que se desarrolle. La justicia clim&aacute;tica no puede ser solo que el Norte compense: tiene que dejar margen para que el Sur tenga tambi&eacute;n derecho a crecer dentro de los l&iacute;mites que quedan.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; el mapa vuelve a encontrar una falla, esta vez de otra manera: dibuja solo lo que cabe en el papel y deja fuera lo que no cabe. Un boceto tambi&eacute;n decide, con su propio silencio, qu&eacute; cuenta como paisaje y qu&eacute; no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-precio_129_13541618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2026 09:46:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo que no cabe en el precio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para cuidar tu alimentación y la de los tuyos, productos de aquí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cuidar-alimentacion-productos_129_13540078.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Aunque todav&iacute;a no se est&aacute;n cerrando operaciones comerciales tras la &uacute;ltima cosecha, te&oacute;ricamente, seg&uacute;n el Observatorio de Precios de la Consejer&iacute;a de Agricultura, los cerealistas ganar&iacute;amos dinero: El trigo est&aacute; a 23,50 los 100 kilos, mientras que el coste de producci&oacute;n se sit&uacute;a en 21,65. Pero esta cuenta tiene trampa, ya que el coste de producci&oacute;n est&aacute; calculado para la campa&ntilde;a de 2025, m&aacute;s productiva, para empezar, y que adem&aacute;s no tuvo ni por asomo los mismos costes que hemos tenido que soportar los agricultores despu&eacute;s del comienzo en febrero de una guerra en el Golfo P&eacute;rsico, guerra que claramente desde la Uni&oacute;n condenamos. Seg&uacute;n datos recabados por la UAGR en La Rioja, el gas&oacute;leo B ha subido un 68% mientras que los fertilizantes han experimentado una subida que va del 8,47% del nitrato al 19,23% del &ldquo;triple 15&rdquo; (nitrato, f&oacute;sforo y potasio). Es decir, mientras que los ciudadanos han visto este a&ntilde;o c&oacute;mo sub&iacute;a el precio de su cesta de la compra, los agricultores pagamos la crisis mundial desencadenada, ya que a nosotros los precios no nos los suben proporcionalmente a lo que nos suben los costes.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto repercute especialmente en la renta de los agricultores que se dedican a los cultivos extensivos (cereales, leguminosas, alubia y guisante verde, patata). Pero no me olvido de otros sectores, como la ganader&iacute;a, tambi&eacute;n afectada por el incremento del precio de los forrajes, ya que han tenido que aumentar las compras debido a las olas de calor que han achicharrado los pastos. Esto, mientras el precio de la carne desciende, por ejemplo la de vacuno, gracias a las importaciones de carne de Brasil tras la entrada en vigor del acuerdo UE-Mercosur.
    </p><p class="article-text">
        Ante todo este desmadre, desde la UAGR-COAG agradecemos las ayudas puestas en marcha, tanto por el gobierno estatal como por el riojano, pero vemos que, primero, son claramente insuficientes para compensar nuestras p&eacute;rdidas; y adem&aacute;s hay que tener en cuenta que las cobramos, si nos llegan, mucho despu&eacute;s de sufrir los aumentos bestiales en los costes de producci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se puede hacer m&aacute;s para rescatar al sector agrario de la grav&iacute;sima situaci&oacute;n que atraviesa? Desde luego, y as&iacute; se lo vamos planteando a la Consejer&iacute;a en las reuniones mensuales que tenemos, y al Ministerio, a trav&eacute;s de COAG. No nos cansamos de repetirlo, pero &iexcl;no queremos ayudas! Queremos que nos paguen claramente por encima de los costes de producci&oacute;n, como marca la Ley de la Cadena, Ley que se incumple impunemente, sin que las diferentes administraciones cumplan con su obligaci&oacute;n de hacerla efectiva.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n venimos reclamando que la Comisi&oacute;n Nacional de los Mercados y la Competencia act&uacute;e firmemente contra las grandes petroleras, ya que es evidente su especulaci&oacute;n con los precios de los carburantes, subi&eacute;ndolos autom&aacute;ticamente ante cualquier rumor de conflicto internacional, se concrete o no la amenaza, pero que despu&eacute;s aplican los descensos de los precios a menor velocidad que a la que cae una pluma perezosa en un d&iacute;a sin viento.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa que las administraciones p&uacute;blicas deber&iacute;an hacer, sobre todo la estatal y la europea, es controlar las importaciones que llegan a Espa&ntilde;a de pa&iacute;ses terceros. Una competencia desleal que sufrimos los agricultores y ganaderos, ya que estos alimentos entran en nuestro circuito sin tener que haber cumplido las mil y una normas sanitarias, medioambientales, burocr&aacute;ticas o laborales que a nosotros nos asfixian. As&iacute;, por ejemplo, siendo como somos un pa&iacute;s deficitario en cereales, no podemos consentir la entrada de grano a nuestros puertos sin los est&aacute;ndares de calidad y seguridad que tenemos que cumplir en la UE, lo que nos provoca unos costes de producci&oacute;n muy superiores a los que tienen en pa&iacute;ses terceros.
    </p><p class="article-text">
        A este hilo de las importaciones, &iexcl;basta ya de manipular a la opini&oacute;n p&uacute;blica con la situaci&oacute;n de los agricultores ucranianos! Nos indigna que se venda el apoyo a sus peque&ntilde;os productores, cuando la realidad es que los grandes beneficiados de las ventajas que da la UE para importar cereal de Ucrania van a parar a los grandes fondos de inversi&oacute;n que acaparan millones de hect&aacute;reas de cultivo y tienen su sede social en pa&iacute;ses como Chipre, Luxemburgo, EE.UU, Pa&iacute;ses Bajos, Arabia Saud&iacute;... Claro que nos solidarizamos con el pueblo de Ucrania, pero no es cierto que con esta pol&iacute;tica arancelaria se le beneficie, sino a fondos como Kernel Holding, que dispone de 360 000 hect&aacute;reas. Teniendo esto en cuenta, y dada la situaci&oacute;n de guerra que sufre Ucrania, en la Uni&oacute;n nos preguntamos si realmente todo ese cereal que entra en los puertos espa&ntilde;oles, propiedad de estos grandes fondos que invierten por todo el mundo, proviene realmente de campos ucranianos, o solo es la excusa para inundar con m&aacute;s facilidad el mercado espa&ntilde;ol del grano.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en un momento clave para el futuro del sector agrario europeo, ya que se sigue en este momento discutiendo la PAC que tendremos a partir de 2028. Hago desde aqu&iacute; un llamamiento a los parlamentarios europeos riojanos para que no abandonen a los agricultores y a los ganaderos de su tierra. El Parlamento Europeo puede evitar el hachazo presupuestario que planifica la Comisi&oacute;n, en un momento en el que es m&aacute;s necesario que nunca un presupuesto fuerte. Si adem&aacute;s se aprueba la renacionalizaci&oacute;n y la cofinanciaci&oacute;n, habr&aacute; Estados Miembros, o incluso Comunidades Aut&oacute;nomas, que apuesten m&aacute;s que el resto, generando desigualdad entre los profesionales del sector agrario europeo.
    </p><p class="article-text">
        Si contin&uacute;an as&iacute; las cosas, con bajos precios, altos costes de producci&oacute;n, ayudas que no compensan y menos presupuesto, tenemos claro que donde se produzca por debajo de 3 500 kg/ha, el cereal no tiene ning&uacute;n futuro. Y hay muchas zonas de Espa&ntilde;a, y de La Rioja, donde conseguir esas producciones ya era dif&iacute;cil, por lo que si sumamos el cambio clim&aacute;tico&hellip;. &iquest;Y qu&eacute; se va a hacer con tantas y tantas hect&aacute;reas llecas? &iquest;Se van a abandonar? Porque no todo lo van a llenar de placas y molinos, digo yo. Y con fincas abandonadas y la desaparici&oacute;n de la ganader&iacute;a extensiva, &iquest;qui&eacute;n va a dominar ese polvor&iacute;n cada verano? 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; somos catastrofistas? Pues cosas parecidas anunci&aacute;bamos para el sector vitivin&iacute;cola hace a&ntilde;os, y ya vemos lo que est&aacute; pasando: ya hay vi&ntilde;as abandonadas, los que reclamaban antes plantaciones, rogando ahora por arranque subvencionado, y lo que viene&hellip; Y esto pasa no solo debido a que las administraciones no velan porque se cumpla la Ley de la Cadena, sino tambi&eacute;n porque parte de las organizaciones que representan a los agricultores est&aacute;n permitiendo un claro abuso de la posici&oacute;n de dominio que tienen las grandes bodegas. No hay ning&uacute;n club privado en el que todos los socios que aportan capital no reciban su parte correspondiente de los beneficios. Pero aqu&iacute; parte de los socios se al&iacute;an con las grandes bodegas para que pase esto, permiti&eacute;ndoles como digo abusar de su posici&oacute;n de dominio. 
    </p><p class="article-text">
        Pero quiero concluir con un grito de esperanza: la alimentaci&oacute;n es demasiado importante como para dejarla en manos de la especulaci&oacute;n mercantil, de los acaparadores de tierras, de los empresarios sin coraz&oacute;n de los fondos de inversi&oacute;n. No se puede prescindir de las materias primas agrarias, que son la base de la alimentaci&oacute;n. Los cereales, por ejemplo, que no solo sirven para el consumo humano (pan, pasta&hellip;), sino que son la base fundamental del pienso con el que los ganaderos cr&iacute;an sus animales. Por eso, conf&iacute;o en que tarde o temprano los gobernantes europeos, espa&ntilde;oles y riojanos se dar&aacute;n cuenta y proteger&aacute;n la agricultura y la ganader&iacute;a. Porque ya lo est&aacute;n haciendo otros pa&iacute;ses, m&aacute;s o menos desarrollados, China, India&hellip;, que est&aacute;n protegiendo su sector agrario como esencial que es. As&iacute; pues, desde la Uni&oacute;n de Agricultores y Ganaderos de La Rioja seguiremos peleando por un sector agrario fuerte, rentable y que provea a la sociedad de alimentos sanos, seguros y nutritivos. Nos va la vida en ello. Pero no solo a los agricultores y a los ganaderos. A todos, que todos-as comemos varias veces al d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Termino animando a todos los agricultores y ganaderos y a sus familias a participar en las movilizaciones que las tres organizaciones profesionales agrarias riojanas vamos a convocar en breve: algunos dir&aacute;n que no sirven para nada, pero que sepan que la devoluci&oacute;n de los 20 c&eacute;ntimos/litro del gas&oacute;leo B es fruto de varias manifestaciones y la negociaci&oacute;n posterior que COAG hizo con el Ministerio pertinente en 2005. Eso, y que quietos ya vemos a d&oacute;nde nos est&aacute;n llevando&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Salinas Bezares, presidente UAGR-COAG]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cuidar-alimentacion-productos_129_13540078.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Sep 2026 09:00:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Para cuidar tu alimentación y la de los tuyos, productos de aquí]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teresa y los árboles de ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/teresa-arboles-ciudad_129_13539428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay ciudades que presumen de tener muchos &aacute;rboles y ciudades que, adem&aacute;s, los cuidan. No es lo mismo. Las primeras -la m&iacute;a es as&iacute;- pueden llenar sus folletos tur&iacute;sticos de fotograf&iacute;as verdes, anunciar miles de nuevas plantaciones y contar troncos como quien cuenta farolas. Las segundas entienden que un &aacute;rbol no es solo un elemento decorativo que se instala, se recorta y se sustituye cuando deja de encajar en el dibujo desarrollista de una calle. 
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;rbol urbano es&nbsp;o debe ser otra cosa. Su verdor anima el alma. Es sombra natural cuando aprieta el verano, refugio para p&aacute;jaros e insectos, filtro para la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica y ac&uacute;stica, regulador de la temperatura y la humedad y, sobre todo, tiempo. Mucho tiempo. Cada &aacute;rbol adulto proporciona unos beneficios que ninguna plantaci&oacute;n reci&eacute;n inaugurada puede ofrecer en lustros. Por eso, cuando una ciudad pierde un &aacute;rbol grande y frondoso y lo sustituye por otro peque&ntilde;o, no ha ganado un &aacute;rbol: ha perdido d&eacute;cadas, historia, bienestar ciudadano y dinero p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n parece sencilla, pero algunas pol&iacute;ticas municipales se empecinan en complicarla. Basta escuchar las quejas de muchos ciudadanos para comprobarlo. Vecinos y organizaciones ecologistas han denunciado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os podas que consideran excesivas, ejemplares eliminados en obras de reurbanizaci&oacute;n y alcorques que permanecen vac&iacute;os mientras se anuncian a bombo y platillo nuevas plantaciones. Tendr&iacute;a cierta gracia, si no fuera porque detr&aacute;s de ellas hay una p&eacute;rdida real: se anuncia que se plantar&aacute;n tropecientos &aacute;rboles, que a saber qu&eacute; futuro les aguarda y, al mismo tiempo, se arrancan ejemplares que ya daban sombra. 
    </p><p class="article-text">
        Plantar &aacute;rboles est&aacute; bien. Conservar los que ya tenemos est&aacute; mucho mejor. Podarlos en demas&iacute;a impide que &ldquo;paren&rdquo; el ruido urbano y que den la sombra y el frescor cada vez m&aacute;s necesarios en esta caliente globalizaci&oacute;n. Desnudarlos tan severamente los deja como a m&aacute;stiles varados en una playa de cemento. El cuidado ecol&oacute;gico del arbolado empieza precisamente por ah&iacute;: no hacerle da&ntilde;o innecesariamente. Una poda no deber&iacute;a ser una competici&oacute;n de motosierras. Tampoco deber&iacute;a utilizarse para conseguir que todos los ejemplares tengan la misma apariencia, como si la naturaleza necesitara pasar por una academia de peluquer&iacute;a municipal. 
    </p><p class="article-text">
        Un &aacute;rbol sano tiene una estructura propia, una copa propia y una manera propia de crecer. La poda debe responder a necesidades concretas y altruistas: seguridad, ramas da&ntilde;adas, interferencias inevitables o problemas fitosanitarios; no a la simple obsesi&oacute;n de unos cuantos por dejar su calle &ldquo;limpia&rdquo; y &ldquo;uniforme&rdquo;. Todo buen Ayuntamiento deber&iacute;a defender criterios de poda m&aacute;s naturales, alejados de los desmoches, de las viejas costumbres y de las formas artificiales; por cierto, muy caros de mantener. 
    </p><p class="article-text">
        Las cuadrillas de poda sistem&aacute;tica son gravosas y deber&iacute;an estar mejor formadas para esa labor (por ejemplo, en desinfecci&oacute;n de los &uacute;tiles de poda para evitar propagar enfermedades), as&iacute; como para otros trabajos de mantenimiento mucho m&aacute;s importantes y necesarios. Los t&eacute;cnicos funcionarios p&uacute;blicos que ordenan y presupuestan esas tareas tambi&eacute;n deber&iacute;an aprender y ponerse al d&iacute;a. Adem&aacute;s, no cualquier persona est&aacute; capacitada para ejercer como concejal de parques y jardines. Parece que los eligieran a sorteo. Un modelo verdaderamente ecourbano deber&iacute;a ser bastante menos espectacular. Menos motosierra y m&aacute;s observaci&oacute;n. Menos actuaci&oacute;n por rutina y m&aacute;s diagn&oacute;stico. Antes de cortar, mirar. Antes de arrancar, preguntarse si existe otra alternativa. Antes de sustituir un &aacute;rbol adulto, calcular qu&eacute; se pierde realmente. La man&iacute;a de plantar por todas partes, por ejemplo, abedules en ciudades mediterr&aacute;neas es un error frecuente: su fronda amarilla es espectacular en oto&ntilde;o, s&iacute;, pero no est&aacute;n adaptados a tanto calor y, sobre todo, no dan la sombra que necesitamos ahora y en el futuro. 
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s est&aacute; el suelo, ese gran olvidado. De poco sirve plantar &aacute;rboles mientras se compacta la tierra a su alrededor, se impermeabiliza, se cubre cada cent&iacute;metro de superficie con cemento o se deja el tronco atrapado en un alcorque diminuto. Las ra&iacute;ces necesitan espacio, agua, aire y un suelo vivo. El &aacute;rbol no vive solamente por encima de la acera. Los pavimentos porosos, permeables o drenantes, que minoran inundaciones, rellenan acu&iacute;feros y reducen el calor, son frecuentes en las ciudades m&aacute;s sostenibles y las hacen m&aacute;s habitables en los d&iacute;as de mucho calor o de lluvias torrenciales. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conviene abandonar otra vieja costumbre: tratar a cualquier insecto como una invasi&oacute;n enemiga. En una ciudad ecol&oacute;gica, las plagas se controlan mediante prevenci&oacute;n y manejo integrado. Olv&iacute;dense de una vez de los &ldquo;glifosatos&rdquo; y las &ldquo;malas hierbas&rdquo;. Son t&eacute;rminos que deber&iacute;a pertenecer al pasado. Primero se identifica el problema; despu&eacute;s se valora si realmente pone en peligro al &aacute;rbol. Se favorecen los organismos beneficiosos, se mejora el riego y el suelo y se recurre a tratamientos espec&iacute;ficos &uacute;nicamente cuando son necesarios. 
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, los ciudadanos tenemos que aprender a convivir con los &aacute;rboles. Con sus hojas. Con sus frutos. Con alguna rama que necesita vigilancia. Con la sombra que cambia de sitio seg&uacute;n avanza el d&iacute;a. Una ciudad habitable no es solo cemento y asfalto, es aquella en la que todav&iacute;a queda algo de naturaleza haciendo de las suyas. Se&ntilde;ores alcaldes, deber&iacute;an empezar a medir las pol&iacute;ticas de arbolado de otra manera. No por cu&aacute;ntos &aacute;rboles se plantan en una rueda de prensa, sino por cu&aacute;ntos llegan a viejos. No por la cantidad de alcorques inaugurados, sino por los que lucen una frondosa copa sobre nuestras cabezas. No por la cantidad de podas realizadas, sino por la salud de los &aacute;rboles despu&eacute;s de hacerlas. 
    </p><p class="article-text">
        Porque el &aacute;rbol urbano no necesita que lo tratemos como un adorno verde. Necesita que dejemos de verlo como un estorbo. Y quiz&aacute; esa sea la verdadera prueba ecol&oacute;gica de toda corporaci&oacute;n local: comprobar qu&eacute; hace cuando un &aacute;rbol crece demasiado, cuando sus ra&iacute;ces levantan alguna baldosa, cuando sus ramas molestan a una fachada o cuando una obra exige cambiar el trazado. Si la primera respuesta es siempre &ldquo;cortar&rdquo;, todav&iacute;a no hemos entendido nada. Si la primera pregunta es &ldquo;&iquest;c&oacute;mo podemos conservarlo?&rdquo;, entonces quiz&aacute; estemos empezando a construir ciudades verdaderamente verdes, se&ntilde;ores alcaldes.
    </p><p class="article-text">
        In memoriam: Teresa Alonso fue una asidua paseante de su ciudad, de sus espacios verdes. Le encantaban los &aacute;rboles y poco a poco aprendi&oacute; a distinguir cada una de las especies. Seguro que aprobar&iacute;a esta opini&oacute;n. Va por ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/teresa-arboles-ciudad_129_13539428.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Sep 2026 08:25:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Teresa y los árboles de ciudad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 53. El lado bueno de las cosas y San Mateo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-53-lado-bueno-cosas-san-mateo_129_13529611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ya ha empezado el curso. El colegio Duquesa de la Victoria de Logro&ntilde;o fue el que ocup&oacute; m&aacute;s espacio en los peri&oacute;dicos regionales, en los informativos de las cadenas de televisi&oacute;n con apellido Rioja y en los espacios de radio tambi&eacute;n de &aacute;mbito auton&oacute;mico. La causa que origin&oacute; la atenci&oacute;n de los periodistas fue la originalidad de los profesores del Duquesa. Se disfrazaron de abanicos, llevaron al cole alg&uacute;n ventilador, se vistieron con buzos de trabajo del personal de mantenimiento que se encarga de que las instalaciones del centro funcionen. Fue una manera simp&aacute;tica de dar la bienvenida a los alumnos el primer d&iacute;a del curso 2026/2027 y de denunciar, al mismo tiempo, que la temporada escolar empezaba como acab&oacute;: sin un sistema de climatizaci&oacute;n que suavice las altas temperaturas que estamos viviendo en septiembre y que igualan a las que resistimos el pasado mes de junio, cuando acab&oacute; el curso 2025/2026.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casualmente, unos d&iacute;as antes del comienzo de las clases escuch&eacute; en un bolet&iacute;n informativo que el Gobierno de Espa&ntilde;a hab&iacute;a aprobado una inversi&oacute;n de 200 millones de euros, para que los centros p&uacute;blicos de ense&ntilde;anza primaria, secundaria y bachillerato de todo el territorio del Estado pusieran en marcha actuaciones de instalaci&oacute;n o mejora de eficiencia energ&eacute;tica, incluyendo la climatizaci&oacute;n. La noticia terminaba diciendo que &uacute;nicamente Canarias hab&iacute;a solicitado esas ayudas.
    </p><p class="article-text">
        Como cada vez entiendo menos el mundo en el que vivo me pregunt&eacute;: &iquest;Por qu&eacute; las dem&aacute;s comunidades renuncian a esas ayudas?. Y sobre todo, &iquest;por qu&eacute; la Comunidad aut&oacute;noma de La Rioja, no ha solicitado esas aportaciones?. Creo que soy la &uacute;nica persona que se pregunta esas cosas. No lo entiendo.
    </p><p class="article-text">
        Como mi condici&oacute;n de jubilada no me permite preguntar ni a la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n del Gobierno de La Rioja; ni a la Delegaci&oacute;n del Gobierno en esta Comunidad si los 200 millones de euros se tendr&iacute;an que repartir en funci&oacute;n del n&uacute;mero de centros o de alumnos, o en definitiva, cu&aacute;les eran las condiciones para optar a la parte correspondiente de esa cantidad de dinero, seguir&eacute; sin conocer las causas. Lo lamento por los padres y abuelos que tienen a sus descendientes en las aulas as&aacute;ndose como pollos y mi p&eacute;same tambi&eacute;n para los maestros y profesores que soportan las mismas temperaturas que los menores y adem&aacute;s tienen que reavivarlos de alguna manera.
    </p><p class="article-text">
        Por cierto que tambi&eacute;n escuch&eacute;, otro d&iacute;a en otro informativo, y refiri&eacute;ndose al gran desembolso de las familias con hijos universitarios que el Gobierno de&nbsp;La Naci&oacute;n destinaba 100 millones de euros, para la creaci&oacute;n de residencias universitarias&hellip;oye, yo aqu&iacute; lo dejo, son temas que no me afectan, ni tengo&nbsp;hijos, ni tengo nietos&hellip;!Viva el individualismo! Y &laquo;el que venga atr&aacute;s que arree&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        No me dejan preocuparme por lo que tengo m&aacute;s cerca porque me siento como &laquo;la voz que clama en el desierto&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces: &iquest;qu&eacute; hago me preocupo por el estrecho de Ormuz?. &iquest;Y Gaza, qu&eacute; hay de Gaza?; &iquest;y la Uni&oacute;n Europea, d&oacute;nde est&aacute; la Uni&oacute;n Europea?;
    </p><p class="article-text">
        Alguien sabe algo de una se&ntilde;ora que se llama &Uacute;rsula Von der Leyen?. &iquest;Y Ceuta?, &iquest;qui&eacute;n gana con todo lo que pasa en Ceuta?&hellip;ay perd&oacute;n!, con lo de Ceuta gana VOX. Ando yo muy despistada.
    </p><p class="article-text">
        Lo bueno, porque siempre hay que buscar el lado positivo de las cosas es que todo esto pasar&aacute;. Cosas peores han ocurrido y tambi&eacute;n han pasado. No me voy a preocupar ahora por estas tonter&iacute;as. Ni tampoco por el precio de la gasolina, total con poner siempre la misma cantidad: 40 euros, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Y si el verano se alarga mejor. Favor que nos hace el cambio clim&aacute;tico porque dicen que el precio del gas est&aacute; subiendo, de hecho la bombona de butano ya est&aacute; m&aacute;s cara&hellip; A m&iacute; me da igual, como no tengo butano.
    </p><p class="article-text">
        De los agricultores siempre se ha dicho que siempre se est&aacute;n quejando y la verdad es que llevan una temporada...
    </p><p class="article-text">
        El caso es que estoy cambiando tanto que he terminado un libro de relatos: &laquo;Mujeres elegantes&raquo; de Milena Busquets. Al principio me cost&oacute;, pero despu&eacute;s dije esta escritora es de las m&iacute;as: &iexcl;Viva la iron&iacute;a y el colmillo afilado!.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora estoy leyendo 'El olor de las almendras amargas', un paseo por la ciencia de los venenos y su presencia en el arte y la ficci&oacute;n, de Daniel Torregrosa. Es como asistir a un taller de toxicolog&iacute;a, aprender la clasificaci&oacute;n de los distintos venenos y entender que en el campo de los asesinatos hay venenos que no dejan huella&hellip; Depende de la cantidad y de la paciencia. No hay que matar de inmediato, hay que saber que los venenos se pueden tomar su tiempo. Los de nuestra era, (los venenos), tienen nombres como: individualismo, redes sociales, IA, Trump, Netanyahu, odio, polarizaci&oacute;n&hellip; Pero, no me hagan caso<strong>&hellip; Hay que ver el lado bueno de las cosas y para eso est&aacute;n las fiestas: !Viva San Mateo!.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-53-lado-bueno-cosas-san-mateo_129_13529611.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 15:03:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 53. El lado bueno de las cosas y San Mateo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La careta y el rostro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/careta-rostro_129_13526075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay personas que solo parecen virtuosas cuando saben que alguien las est&aacute; mirando. El problema es que ahora esa mirada no desaparece nunca: se ha metido en el bolsillo, en la pantalla y, finalmente, dentro del cuerpo. Esta brecha, lejos de ser una mera an&eacute;cdota moral, es un dato estructural verificable, un s&iacute;ntoma de c&oacute;mo el poder y la ideolog&iacute;a operan hoy sobre todo mediante la construcci&oacute;n de una apariencia obligatoria y la internalizaci&oacute;n de la vigilancia, m&aacute;s que mediante la imposici&oacute;n violenta.
    </p><p class="article-text">
        La ley &mdash;lo jural&mdash; establece el marco formal. Es el conjunto de normas que, como ya se&ntilde;al&oacute; &Eacute;mile Durkheim, se presenta como un hecho social exterior y coercitivo. Sin embargo, la sociolog&iacute;a contempor&aacute;nea demuestra que su eficacia real depende menos de su letra que de su incorporaci&oacute;n en los cuerpos y las rutinas. Michel Foucault analiz&oacute; este proceso al estudiar el pan&oacute;ptico de Jeremy Bentham, un dispositivo arquitect&oacute;nico que produce disciplina mediante la sensaci&oacute;n de una mirada siempre posible, sin necesidad de la fuerza. La sociedad actual es la heredera de ese modelo: vivimos en un r&eacute;gimen de visibilidad constante donde la principal obligaci&oacute;n es parecer conforme.
    </p><p class="article-text">
        Los datos revelan la consistencia de esta doble piel. Seg&uacute;n el Eurobar&oacute;metro sobre corrupci&oacute;n de 2023, el 89% de los espa&ntilde;oles cree que la corrupci&oacute;n est&aacute; extendida en su pa&iacute;s, mientras que solo en torno al 2% declara haber sufrido una solicitud de soborno en los &uacute;ltimos 12 meses. La grieta es evidente: se cree en un sistema viciado, pero se participa de &eacute;l en una proporci&oacute;n declarada m&iacute;nima. Esta disonancia encuentra su s&iacute;mbolo en casos donde el cuerpo mismo que deber&iacute;a encarnar la ley opera desde una posici&oacute;n de excepci&oacute;n. Juan Carlos I regulariz&oacute; su situaci&oacute;n fiscal con Hacienda mediante dos pagos voluntarios: 678.393,72 euros en diciembre de 2020 y 4.395.901,96 euros en febrero de 2021, un total superior a 5 millones de euros. En marzo de 2022, la Fiscal&iacute;a del Tribunal Supremo archiv&oacute; provisionalmente las investigaciones, aceptando la validez despenalizadora de esas regularizaciones. Sin embargo, desde noviembre de 2024, una querella de magistrados y fiscales retirados sostiene precisamente lo contrario: que los pagos se hicieron cuando el rey em&eacute;rito ya conoc&iacute;a la existencia de diligencias judiciales, lo que anular&iacute;a su efecto eximente. El Tribunal Supremo desestim&oacute; la querella en mayo de 2025, respaldando el archivo fiscal de 2022 y considerando que los querellantes no aportaban hechos ni pruebas nuevas que justificaran reabrir el caso. El gesto de regularizaci&oacute;n a posteriori &mdash;y la disputa sobre si fue una operaci&oacute;n de apariencia o una reparaci&oacute;n real&mdash; subraya c&oacute;mo el privilegio puede habitar, temporalmente, un espacio efectivo al margen de la vigilancia ordinaria, mientras mantiene la apariencia jural de la instituci&oacute;n que representa.
    </p><p class="article-text">
        La psicolog&iacute;a social ofrece experimentos clave. Entre 1961 y 1962, Stanley Milgram demostr&oacute; que personas comunes estaban dispuestas a infligir supuesto dolor extremo a un tercero por obediencia a una autoridad revestida de legitimidad cient&iacute;fica. En su versi&oacute;n original, el 65% de los participantes continu&oacute; administrando descargas hasta el nivel m&aacute;ximo de 450 voltios, a pesar de los gritos de protesta del supuesto aprendiz. Milgram hab&iacute;a preguntado a psiquiatras y estudiantes cu&aacute;l cre&iacute;an que ser&iacute;a el resultado: la estimaci&oacute;n media era que apenas un 1% llegar&iacute;a hasta el final. La brecha entre la predicci&oacute;n y la conducta real es, en s&iacute; misma, el hallazgo central: los sujetos no ignoraban el da&ntilde;o, pero la estructura de la situaci&oacute;n &mdash;la bata blanca, el mandato institucional, la gradualidad de las &oacute;rdenes&mdash; anulaba la reflexi&oacute;n moral.
    </p><p class="article-text">
        Esta internalizaci&oacute;n es el n&uacute;cleo de la ideolog&iacute;a eficaz. Louis Althusser insisti&oacute; en que la ideolog&iacute;a es, ante todo, lo que se hace a trav&eacute;s de los aparatos ideol&oacute;gicos de Estado &mdash;la escuela, la familia, los medios&mdash;, m&aacute;s que lo que se piensa. Estos aparatos no ense&ntilde;an s&oacute;lo doctrinas; moldean gestos, cortes&iacute;as y silencios. La cara p&uacute;blica que exhibimos es, en gran medida, el producto de este entrenamiento. Seg&uacute;n el Eurobar&oacute;metro sobre clima de 2021, el 93% de los europeos considera el cambio clim&aacute;tico un problema grave y el 78% lo considera un problema muy grave. Sin embargo, solo el 64% de media europea declara haber tomado medidas concretas para combatirlo. La conciencia declarada choca con la inercia de lo cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja contempor&aacute;nea reside en que la vigilancia ya no es s&oacute;lo externa. La llegada de las redes sociales y la econom&iacute;a de la reputaci&oacute;n han hecho de cada individuo su propio guardi&aacute;n. Se construye un yo p&uacute;blico meticulosamente editado &mdash;solidario, consciente, exitoso&mdash; que a menudo funciona como una segunda piel asfixiante. Como observ&oacute; el soci&oacute;logo Erving Goffman en La presentaci&oacute;n de la persona en la vida cotidiana, todo espacio social se convierte en un escenario donde interpretamos un papel. La diferencia hoy es que el backstage &mdash;ese lugar donde se relaja la actuaci&oacute;n&mdash; se reduce cada vez m&aacute;s. En este contexto, la performatividad del discurso puede alcanzar su punto m&aacute;s c&iacute;nico: la figura p&uacute;blica que construye su imagen sobre la defensa de los derechos de las mujeres mientras, en los espacios no vigilados del poder, ejerce comportamientos de abuso. El caso del productor Harvey Weinstein expone esta fractura en su grado m&aacute;s c&iacute;nico. Weinstein fue condenado en Nueva York en 2020, una sentencia que fue anulada en 2024 por motivos procesales; en la repetici&oacute;n del juicio, en 2025, el jurado lo declar&oacute; culpable de la agresi&oacute;n a Miriam Haley, lo absolvi&oacute; en otro cargo y no lleg&oacute; a un veredicto en el cargo de violaci&oacute;n, que la fiscal&iacute;a neoyorquina retir&oacute; en junio de 2026 tras dos jurados sin acuerdo. Un d&iacute;a despu&eacute;s, un tribunal de apelaci&oacute;n de California confirm&oacute; su condena de 2022 por violaci&oacute;n y agresi&oacute;n sexual, aunque anul&oacute; la pena de 16 a&ntilde;os y orden&oacute; que fuera sentenciado de nuevo; sigue a la espera de sentencia en Nueva York. Weinstein construy&oacute; meticulosamente una imagen p&uacute;blica de aliado del feminismo&hellip; Mientras tanto, ejerc&iacute;a un sistem&aacute;tico abuso sexual que, seg&uacute;n las investigaciones period&iacute;sticas y judiciales, era conocido o sospechado por un n&uacute;mero significativo de personas del sector.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso de autovigilancia y edici&oacute;n encuentra su motor y su mercado en la arquitectura de las plataformas digitales. Como explica la investigadora Shoshana Zuboff en La era del capitalismo de la vigilancia (2019), los comportamientos humanos &mdash;incluida nuestra performatividad social&mdash; son extra&iacute;dos, analizados y convertidos en datos de predicci&oacute;n para venderse como seguros de comportamiento comercial. El like, el share, la correcci&oacute;n pol&iacute;tica exhibida, no son solo gestos de reconocimiento social; son la materia prima de un mercado que incentiva econ&oacute;micamente la construcci&oacute;n de la careta m&aacute;s rentable. La brecha entre lo que se es y lo que se muestra deja de ser un asunto moral para convertirse en un algoritmo: los algoritmos de recomendaci&oacute;n amplifican las conductas que generan m&aacute;s interacci&oacute;n, con independencia de su correspondencia con una supuesta verdad privada. El efecto agregado puede describirse como un sesgo hacia la coherencia con la tendencia, aunque no haya un dise&ntilde;o intencional que lo persiga.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; conducta emerge, entonces, cuando la luz se apaga y la c&aacute;mara se desconecta? Esta intimidad, sin embargo, quiz&aacute;s no est&eacute; del todo vac&iacute;a. Lo que persiste en ella, lejos del vac&iacute;o que cabr&iacute;a esperar, es el residuo m&aacute;s denso y automatizado de la actuaci&oacute;n p&uacute;blica: el habitus internalizado que Bourdieu describi&oacute;, ahora nutrido por d&eacute;cadas de guiones digitales. La verdadera paradoja consiste en descubrir que, en la supuesta soledad, seguimos interpretando &mdash;para un auditorio interno, para el fantasma de la mirada social&mdash;, porque la frontera entre el personaje y la persona se ha disuelto en el ejercicio constante. El yo que creemos aut&eacute;ntico puede ser la versi&oacute;n m&aacute;s gastada y privada de la careta. Los estudios sobre desviaci&oacute;n se&ntilde;alan que, en ausencia de sanci&oacute;n social inmediata (verg&uuml;enza), el cumplimiento de normas se debilita. Harold G. Grasmick y Robert J. Bursik Jr. mostraron en 1990 que la verg&uuml;enza &mdash;el juicio que la propia conciencia impone al violar una norma internalizada&mdash; funciona como un mecanismo de control social an&aacute;logo a la sanci&oacute;n estatal: inhibe conductas como la evasi&oacute;n fiscal, el hurto menor y la conducci&oacute;n bajo los efectos del alcohol. Lo relevante aqu&iacute; es que la norma, una vez incorporada, act&uacute;a sin necesidad de vigilancia externa &mdash;el sujeto se castiga a s&iacute; mismo&mdash; m&aacute;s que el hecho de que la mirada externa sea m&aacute;s fuerte que la ley. Pero en un mundo donde la mirada es potencialmente total, ese cuando nadie nos vigila &mdash;como dice un estribillo de la banda gallega Vimbio&mdash;, se convierte en un instante cada vez m&aacute;s raro y psicol&oacute;gicamente cargado. La verdadera conducta efectiva quiz&aacute;s ya no sea la que ocurre en la oscuridad, sino la que persiste incluso en la intimidad vac&iacute;a, automatizada por a&ntilde;os de performatividad.
    </p><p class="article-text">
        La noci&oacute;n de una verdad privada entendida como un n&uacute;cleo aut&eacute;ntico previo a la socializaci&oacute;n no encuentra respaldo emp&iacute;rico en la sociolog&iacute;a ni en la psicolog&iacute;a social contempor&aacute;neas. Desde Goffman, sabemos que incluso los espacios de retirada &mdash;el backstage&mdash; no suspenden la actuaci&oacute;n, sino que activan otros guiones internalizados. Bourdieu mostr&oacute; que el habitus opera de forma pre-reflexiva, reproduciendo disposiciones sociales incluso en ausencia de vigilancia externa. Los estudios sobre autocontrol y conformidad normativa indican que la conducta no se transforma radicalmente cuando cesa la observaci&oacute;n, sino que var&iacute;a en grado seg&uacute;n la probabilidad percibida de evaluaci&oacute;n. El rostro es aquello que se forma, se modifica y a veces se reconoce en la tensi&oacute;n entre las distintas m&aacute;scaras que habitamos. Lo que llamamos intimidad es, en gran medida, el espacio donde la norma ya ha sido incorporada y act&uacute;a sin necesidad de ser representada.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una sociedad de cinismo funcional, como describi&oacute; Slavoj &#381;i&#382;ek: sabemos que la careta es falsa, pero insistimos en llevarla porque el juego social lo exige. Los casos del privilegio fiscal y del abuso encubierto no son anomal&iacute;as, sino la expresi&oacute;n l&oacute;gica de un sistema que ha convertido la virtud en un activo de la marca personal y la ley en un decorado para la excepci&oacute;n. La hipocres&iacute;a, por tanto, deja de ser un vicio individual para convertirse en una competencia sist&eacute;mica: se premia la capacidad de gestionar la discrepancia entre el s&iacute;mbolo y la pr&aacute;ctica, de mantener la apariencia intacta mientras la conducta efectiva opera en otra l&oacute;gica. Esta doble piel es un rasgo funcional de un mercado donde la &eacute;tica es susceptible de ser performada. Es una hip&oacute;tesis interpretativa, no una conclusi&oacute;n emp&iacute;rica: los datos muestran la brecha, no su origen. Es, en definitiva, el lubricante estructural que permite que las contradicciones entre el ideal y lo real no s&oacute;lo sean tolerables, sino tambi&eacute;n productivas para el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta econom&iacute;a de la apariencia, la antropolog&iacute;a nos devuelve un ritual que funciona con una l&oacute;gica inversa. El potlatch, estudiado por Marcel Mauss entre los pueblos del Pac&iacute;fico Noroeste, era una ceremonia en la que el prestigio y la autoridad se ganaban mediante un acto efectivo, tangible y observado por todos: la destrucci&oacute;n ritual de riqueza. Para validar su m&aacute;scara de poder, el jefe deb&iacute;a quemar mantas, romper cobres, dar hasta la ruina. La m&aacute;scara exig&iacute;a un sacrificio real, no su simulaci&oacute;n. Hoy, en cambio, el prestigio p&uacute;blico se construye con frecuencia sobre la representaci&oacute;n de virtud o poder, y el acto material que la respalda &mdash;cuando existe&mdash; suele ser menos visible y menos costoso que la destrucci&oacute;n ritual de riqueza. El potlatch tambi&eacute;n era una puesta en escena, sujeta a sus propias reglas. Lo que separa una &eacute;poca de otra es el tipo de acto que valida la m&aacute;scara: all&iacute;, un sacrificio material p&uacute;blico e irreversible; aqu&iacute;, a menudo, basta una donaci&oacute;n discreta, una fundaci&oacute;n con nombre propio o una campa&ntilde;a bien gestionada. La hip&oacute;tesis, de nuevo, es interpretativa: sugiere un cambio en el tipo de acto que valida la m&aacute;scara, no la desaparici&oacute;n del acto.
    </p><p class="article-text">
        Al final, la fotograf&iacute;a m&aacute;s reveladora de una &eacute;poca se encuentra en el desgaste entre la suela del zapato y el suelo de sus callejones vac&iacute;os, m&aacute;s que en su legislaci&oacute;n o su propaganda. Es en ese roce silencioso, en lo que hacemos cuando creemos estar solos, donde se inscribe la textura real de este tiempo. Una textura que, cada vez m&aacute;s, tememos mirar a los ojos, porque sospechamos que no hay un rostro debajo de la careta, sino otra careta, y luego otra, y que el ritual que alguna vez uni&oacute; ambas cosas era, sobre todo, un pacto con la mirada de los dem&aacute;s y no con la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Queda abierta, sin embargo, la pregunta de si esa sospecha es un hallazgo emp&iacute;rico o una hip&oacute;tesis m&aacute;s. Los datos disponibles muestran brechas consistentes entre lo que se declara y lo que se hace; no muestran, en cambio, que el rostro haya desaparecido por completo. Lo que aqu&iacute; se ha sostenido es una interpretaci&oacute;n: que la m&aacute;scara ha dejado de ser un instrumento para convertirse en un producto, y que la intimidad, m&aacute;s que un refugio de autenticidad, es el lugar donde la norma sigue actuando sin necesidad de ser representada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/careta-rostro_129_13526075.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 12:03:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La careta y el rostro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Mateo 2026 o el vacío de nuestra identidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/san-mateo-2026-vacio-identidad_129_13524949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Tengo 68 a&ntilde;os y, como logro&ntilde;&eacute;s que ha vivido y disfrutado de nuestras Fiestas de la Vendimia desde siempre, contemplo con una mezcla de nostalgia e indignaci&oacute;n la deriva que han tomado. Pasear estos d&iacute;as por el paseo del Espol&oacute;n, el Parque del Carmen, la Plaza del Ayuntamiento, el Parque Gallarza o la Plaza Primero de Mayo produce una enorme tristeza. A nadie le extra&ntilde;a ya que este a&ntilde;o se pueda aparcar el coche a la primera en cualquier barrio de Logro&ntilde;o; la cruda realidad es que much&iacute;simos vecinos han preferido hacer las maletas e irse fuera antes que quedarse en unas fiestas descafeinadas y sin el alma de siempre.
    </p><p class="article-text">
        Asistimos a una incomprensible contradicci&oacute;n institucional. Mientras los escenarios principales se abren a espect&aacute;culos internacionales y artistas que ni siquiera son espa&ntilde;oles, financiados con el dinero de todos los contribuyentes, se arrincona y olvida a los grandes referentes en activo de nuestra tierra. &iquest;D&oacute;nde queda el espacio de honor para figuras de la talla de Chema Pur&oacute;n o &Aacute;ngela Muro? &iquest;Por qu&eacute; se prescinde del folk de Illo Gronio o Maladanza, o del pop-rock y punk local de bandas que arrastran masas como Los Mutag&eacute;nicos, Error Fatal o Zapatr&uacute;s? Incluso m&uacute;sicos tradicionales como Juancho Ruiz han tenido que alzar la voz ante este vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        El problema cultural y de relevo en nuestra regi&oacute;n es profundo y estructural. Sirva como ejemplo alarmante el sector de las charangas, claves en la animaci&oacute;n callejera y en nuestras pe&ntilde;as: la inmensa mayor&iacute;a de sus m&uacute;sicos tienen que ser contratados y tra&iacute;dos de fuera de La Rioja porque aqu&iacute; ya no hay relevo, no hay cantera o, simplemente, los m&uacute;sicos de la tierra no quieren participar ante la falta de incentivos y el nulo apoyo institucional durante el resto del a&ntilde;o. Pero la crisis va m&aacute;s all&aacute; de la m&uacute;sica; est&aacute; afectando al tejido mismo de la fiesta popular. Hasta las tradicionales degustaciones en los barrios peligran por la falta de manos voluntarias, llegando al extremo de verse carteles pegados por las calles donde se buscan desesperadamente cuadrillas porque aqu&iacute; ya no se encuentran.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tan dif&iacute;cil es apostar por lo nuestro? Lanzo desde aqu&iacute; una propuesta justa a los responsables del Ayuntamiento de Logro&ntilde;o: dediquen un solo d&iacute;a entero de la semana de San Mateo exclusivamente al talento riojano. Un d&iacute;a completo de orgullo regional donde joteros, cantautores, solistas y bandas de todos los estilos llenen cada rinc&oacute;n de la ciudad. Unas fiestas de la vendimia que dan la espalda a sus propios barrios, a sus mayores, a su tejido social y a sus creadores para priorizar lo extranjero, corren el peligro inminente de perder completamente su identidad, su memoria y su alma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Ramón Ruiz Urraca]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/san-mateo-2026-vacio-identidad_129_13524949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 07:26:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[San Mateo 2026 o el vacío de nuestra identidad]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
