<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Letra Pequeña]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Letra Pequeña]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/letrapequena_isaacrosa" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Te acuerdas de aquel paseo que dimos, cogidos de la mano?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/acuerdas-paseo-dimos-cogidos-mano_132_1001378.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c9c9797-dde2-4afa-b723-bdba720109c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="¿Te acuerdas de aquel paseo que dimos, cogidos de la mano?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nostalgias que apuntan al futuro; un cuento para leer cualquier tarde en el balcón</p></div><p class="article-text">
        Estamos los dos en el balc&oacute;n, apoyados en la barandilla, la calle desierta ah&iacute; abajo, ventanas iluminadas en la fachada de enfrente, y arriba un rect&aacute;ngulo estrecho de cielo urbanizado, sin estrellas.
    </p><p class="article-text">
        -Ya es primavera &ndash;dice Manel.
    </p><p class="article-text">
        -En el Corte Ingl&eacute;s &ndash;le completo la frase.
    </p><p class="article-text">
        -Eres una borde. &iquest;Nos escapamos esta noche? Estar&iacute;a bien salir un rato.
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, claro, a bailar &ndash;respondo, en efecto demasiado borde. Llevamos unos d&iacute;as de tensi&oacute;n dom&eacute;stica, hemos discutido esta misma ma&ntilde;ana y a m&iacute; todav&iacute;a me dura el mal humor.
    </p><p class="article-text">
        Quedamos unos segundos en silencio cotilleando el vecindario frente a nosotros: cenas familiares, penumbras azuladas de televisores, una silueta borrosa tras la ventana esmerilada de un ba&ntilde;o, una mujer que pedalea aburrida en una est&aacute;tica. Y el del saxof&oacute;n. Tiene la ventana abierta y ataca con el saxo un tema que cruza la calle como un cable hasta nosotros. Veo la sonrisa de Manel al reconocer la melod&iacute;a, y me digo a m&iacute; misma: venga, Luisa, acepta esta casualidad musical como oportunidad para reconciliaros.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Te suena? &ndash;me pregunta, y la silba por si no me he enterado.
    </p><p class="article-text">
        -Mmmm&hellip; No caigo ahora &ndash;bromeo, como muestra de buena disposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Siempre que la oigo vuelvo a aquel d&iacute;a&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Peligro, desprendimiento inminente de nostalgia, despejen la calle &ndash;imito voz de meg&aacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        -R&iacute;ete, pero es que cuando me acuerdo me parece incre&iacute;ble que nos conoci&eacute;semos, porque pod&iacute;a no haber sucedido, y no estar&iacute;amos hoy aqu&iacute; t&uacute; y yo. Falt&oacute; poco aquel d&iacute;a para no encontrarnos. F&iacute;jate que yo no pensaba salir, llevaba ya tres d&iacute;as seguidos de fiesta. Me convencieron los compa&ntilde;eros del curro para tomar unas cervezas, como todos los viernes a la salida. &ldquo;Una y me voy&rdquo;, promet&iacute;. Recuerdo que estaban todos los bares llenos, nadie se quer&iacute;a ir a casa, era el d&iacute;a grande de las fiestas. Para llegar a la barra ten&iacute;as que abrirte paso con el machete entre cuerpos apretados. Y entre tantos bares y tanta gente se produjo, oh, el milagro: t&uacute; y yo nos encontramos.
    </p><p class="article-text">
        El del saxof&oacute;n sigue poni&eacute;ndonos banda sonora, y decido unirme al juego nost&aacute;lgico:
    </p><p class="article-text">
        -El milagro puedes agradec&eacute;rselo a mi compa&ntilde;era de piso de entonces: nada m&aacute;s llegar a las fiestas se perdi&oacute; con &iexcl;un italiano! al que acababa de conocer, y me dej&oacute; colgada. Por eso llam&eacute; a mi amigo Rafa y termin&eacute; uni&eacute;ndome a vuestro grupo, no ten&iacute;a ganas de irme ya a casa.
    </p><p class="article-text">
        -Apareciste en el bar, diste abrazos y besaste a todo el mundo. Rafa nos present&oacute;, y t&uacute; me diste dos besos, pero no los t&iacute;picos besos tirados al aire sin siquiera rozar, sino dos besos bien plantados. Muac, muac.
    </p><p class="article-text">
        -Y ah&iacute; ya te enamoraste de m&iacute;, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        -No, eso fue un poco despu&eacute;s. Al principio no me fij&eacute; mucho en ti, pensaba que estabas con Rafa, ya que &eacute;l te echaba el brazo por el hombro mientras hablabais. Siempre tan sob&oacute;n. De all&iacute; nos fuimos al concierto y&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -No, primero estuvimos en el parque, compartiendo unos litros.
    </p><p class="article-text">
        Pasamos un rato reconstruyendo aquel d&iacute;a, legendario de tantas veces que nos lo hemos contado, aunque hoy con especial detalle. El concierto en la plaza, los empujones para llegar al escenario, las oleadas nerviosas del p&uacute;blico que nos acercaban y alejaban. Cuando por fin empezamos a hablar entre nosotros, y ten&iacute;amos que aproximar la cara para hacernos o&iacute;r, la calidez de su aliento en mi oreja. Lo mucho que bailamos pese a que casi no pod&iacute;amos movernos. Y cuando al salir del concierto, para no perdernos, nos dimos la mano y as&iacute; avanzamos entre la multitud, tomados de las manos calientes que siguieron enlazadas cuando alcanzamos una calle m&aacute;s despejada y ya no nos soltamos. El bar en que nos metimos muertos de hambre y que estaba lleno de viejos, lo que nos re&iacute;mos con aquellos abuelos, acabamos bailando pasodobles, cada uno con una pareja que nos doblaba la edad. El largo paseo que dimos por el casco antiguo, hab&iacute;a gente por todas partes y nosotros camin&aacute;bamos sin rumbo, a paso lento, por el puro placer de recorrer la ciudad, hacerla nuestra, estirar por sus calles el hilo de nuestro deseo. Aquella plaza en la que nos sentamos a descansar, en un banco, apretados para aliviarnos el relente de la madrugada, y a la que luego hemos vuelto tantas veces para sentarnos en el mismo banco.
    </p><p class="article-text">
        -Y el amanecer en la playa, descalzos sobre la arena fresca.
    </p><p class="article-text">
        -Algo m&aacute;s que descalzos.
    </p><p class="article-text">
        -Eso ya es contenido adulto, ten cuidado no haya ni&ntilde;os escuchando.
    </p><p class="article-text">
        -No hab&iacute;a quien nos metiera en casa aquel d&iacute;a. Tras la playa buscamos un bar de desayunos, no quer&iacute;amos irnos a dormir, seguimos deambulando por el paseo mar&iacute;timo, por parques llenos ya de deportistas, y avenidas donde los comerciantes levantaban perezosos las persianas a nuestro paso. Qu&eacute; bien se estaba en la calle, qu&eacute; acogedor era el mundo en aquellas horas felices.
    </p><p class="article-text">
        El del saxo hace ya un rato que call&oacute;, quedan pocas luces encendidas en el edificio de enfrente. &iquest;Le brillan los ojos a Manel? Enfatiza sus palabras con un suspiro:
    </p><p class="article-text">
        -Me meter&iacute;a ahora mismo en la m&aacute;quina del tiempo para aparecer en aquel d&iacute;a. Las fiestas, el paseo, la playa, la deriva por la ciudad. &iquest;T&uacute; no?
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute; que te ha dado fuerte la nostalgia. Pero s&iacute;, no me importar&iacute;a volver a estar all&iacute;, fue bonito.
    </p><p class="article-text">
        -No solo por nuestro primer encuentro: todo en aquel d&iacute;a era especial, la ciudad parec&iacute;a electrizada, nos recorr&iacute;a a todos una energ&iacute;a que no hab&iacute;a d&oacute;nde encerrar. Todo el mundo recuerda las fiestas de aquel a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        -Normal. Fueron las primeras despu&eacute;s de la cuarentena. No hac&iacute;a ni dos meses que hab&iacute;an levantado el estado de alarma.
    </p><p class="article-text">
        -Celebr&aacute;bamos que est&aacute;bamos vivos. Que hab&iacute;amos recuperado todo aquello que llegamos a creer perdido.
    </p><p class="article-text">
        -Recuerdo que durante un tiempo, cada vez que en una pel&iacute;cula ve&iacute;a gente abrazarse, cogerse de la mano por la calle o simplemente hablar a corta distancia, me sobresaltaba, sent&iacute;a un reflejo de extra&ntilde;eza.
    </p><p class="article-text">
        -No me importar&iacute;a pasar una cuarentena contigo, amor.
    </p><p class="article-text">
        -Eso ni en broma. Venga, &iquest;salimos un rato? Todav&iacute;a hay bares abiertos.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qu&eacute; tal un paseo nocturno por el casco antiguo? Sin rumbo, a paso lento, por el puro placer de recorrer la ciudad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Acabaremos en la playa, te veo venir.
    </p><p class="article-text">
        -V&aacute;monos. A la calle. Ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/acuerdas-paseo-dimos-cogidos-mano_132_1001378.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2020 21:50:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9c9c9797-dde2-4afa-b723-bdba720109c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="234483" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9c9c9797-dde2-4afa-b723-bdba720109c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="234483" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[¿Te acuerdas de aquel paseo que dimos, cogidos de la mano?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9c9c9797-dde2-4afa-b723-bdba720109c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aquí no hay quien trabaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/trabaje_132_1001758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8cf8de5-7f9b-4329-96f2-1242e09e45a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Aquí no hay quien trabaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un cuento sobre vidas aisladas que en el encierro encuentran un espacio común</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;a uno.
    </p><p class="article-text">
        Me llama el subdirector del peri&oacute;dico:
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo lo llevas, nos env&iacute;as ya lo tuyo?
    </p><p class="article-text">
        Cojo aire antes de responder:
    </p><p class="article-text">
        -Lo llevo mal. Muy mal. Y no os lo voy a enviar hasta ma&ntilde;ana. Mi hija lleva toda la ma&ntilde;ana con la flauta, tocando en bucle el himno de Andaluc&iacute;a, que le han ense&ntilde;ado en el colegio, y el himno del Betis, que ha aprendido en Youtube. Si le quito la flauta es peor, porque entonces se pelea con su hermana y una de las dos acaba llorando. Mi mujer no me ayuda para que est&eacute;n calladas o al menos no me abran la puerta cada cinco minutos, porque est&aacute; enfadada conmigo desde anoche. Te ahorro los motivos de su enfado; miserias conyugales de fondo, que estos d&iacute;as se agudizan. Y si solo fuera en casa&hellip; El vecino de arriba ha decidido aprovechar la reclusi&oacute;n para hacer bricolaje. Martillazos r&iacute;tmicos, taladro, m&aacute;s martillazos, m&aacute;s taladro. Cuando descansa, le coge relevo el profesor de guitarra, entre nosotros conocido como &ldquo;el pesao de la guitarrita&rdquo;, que vive en la otra escalera y debe de estar impartiendo clases por Skype. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s? El ni&ntilde;ato del primero lleva toda la ma&ntilde;ana discutiendo a gritos con su madre, aunque a veces no lo oigo porque lo eclipsa el televisor a todo volumen de la loca de los gatos, anciana que vive en el bloque de enfrente. Un piso por debajo de ella est&aacute; la hippie, que no hace ruido, lo suyo es la contaminaci&oacute;n visual: no pod&iacute;a hacer su yoga en el sal&oacute;n, tiene que sacar sus posturitas al balc&oacute;n justo frente a la ventana donde estoy trabajando. Y no me digas que coja el ordenador y me vaya a otro sitio, porque solo me queda la cocina, y all&iacute; a las interrupciones familiares tendr&iacute;a que sumar la parejita feliz de abajo, que cuando no se les oye follar con esc&aacute;ndalo es porque est&aacute;n discutiendo bobadas melodram&aacute;ticas de reci&eacute;n casados. Ah, a&ntilde;ade si quieres la contaminaci&oacute;n olfativa, el guiso especiad&iacute;simo que sube desde la olla de los moros del bajo. Y su numerosa prole, toda la ma&ntilde;ana dando pelotazos en el patio o haciendo ladrar al perro&hellip;
    </p><p class="article-text">
        No, claro que no le suelto al subdirector mi retah&iacute;la quejumbrosa y costumbrista. Le digo que ya casi lo tengo y le prometo que lo termino de corregir y se lo env&iacute;o en unos minutos.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;a dos.
    </p><p class="article-text">
        Anoche consegu&iacute; enviar el texto. Digo &ldquo;anoche&rdquo; por consolarme, para no recordar que apenas he dormido. Amanec&iacute;a ya sobre el bloque de enfrente cuando mand&eacute; el correo, tras varias horas de trabajo mientras todos dorm&iacute;an. &iquest;Todos? Casi todos: el vecino de arriba debe de ser insomne y no le vale con la tele nocturna. O eso, o es carpintero y se ha tomado en serio lo del teletrabajo: se pas&oacute; la noche serrando algo, un ris-ris que no era tan alto como para molestar a los durmientes, pero lo suficiente para no dejar de o&iacute;rlo y adormecerme con su melod&iacute;a mon&oacute;tona y dulce: ris-ris, ris-ris, ris-ris&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Lo envi&eacute; a la redacci&oacute;n, me tom&eacute; una leche con galletas y me met&iacute; en la cama destemplado. Busqu&eacute; calor apret&aacute;ndome contra Marta, pero incluso dormida me guarda rencor: se alej&oacute; hacia el borde de la cama, encendi&oacute; la radio para o&iacute;r las noticias, acab&oacute; por levantarse e hizo el suficiente ruido en la cocina para despertar a las ni&ntilde;as, declarando as&iacute; inaugurado otro d&iacute;a id&eacute;ntico al de ayer: la flauta de la peque&ntilde;a, las rabietas de su hermana, el taladro arriba, la guitarra reiterando los mismos acordes para el estudiante inepto, el televisor de la loca de los gatos ya desde primera hora. El ni&ntilde;ato hoy no chill&oacute; apenas, salvo cuando su madre le ped&iacute;a que bajase la m&uacute;sica. La hippie al menos no abri&oacute; el balc&oacute;n, y la parejita pas&oacute; la ma&ntilde;ana tranquila hasta el polvo sobreactuado de antes de comer.
    </p><p class="article-text">
        Los moritos dieron por saco un rato con la pelota, pero inesperadamente se convirtieron en mis aliados: invitaron a mis ni&ntilde;as a jugar en el patio y, aunque a su madre no le hac&iacute;a mucha gracia, yo les di permiso para salir bajo promesa de no jugar a nada que implicase contacto f&iacute;sico. Adi&oacute;s flauta por un par de horas. Cuando volvieron a casa tra&iacute;an unos pastelillos que hab&iacute;a preparado la madre de los moritos. No pens&aacute;bamos probarlos por precauci&oacute;n, pero Marta baj&oacute; a darle las gracias y, aunque no entr&oacute; en su casa y mantuvo dos metros de separaci&oacute;n, se pasaron casi una hora de charla, cosa sorprendente, pues hasta ahora no hab&iacute;amos intercambiado con ellos m&aacute;s que saludos corteses en el portal.
    </p><p class="article-text">
        La tarde ha sido m&aacute;s productiva: el profesor de guitarra no ten&iacute;a m&aacute;s alumnos y ha ofrecido un recital de guitarra en su balc&oacute;n, que ha conseguido que todos los vecinos escuchen y abandonen un rato sus bricolajes, discusiones, televisores, yogas y ladridos. Cada uno asomado a su ventana o terraza, amansados por la m&uacute;sica, ni&ntilde;os incluidos, lo que he aprovechado para trabajar sin interrupciones dos incre&iacute;bles horas, con el solo fondo de la guitarra que para nada molestaba, y las m&iacute;nimas interrupciones de los aplausos vecinales entre tema y tema. Ojal&aacute; todos los d&iacute;as as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;a tres.
    </p><p class="article-text">
        Me las promet&iacute;a muy felices ayer, pero esta ma&ntilde;ana volvimos a las andadas. El d&iacute;a de la marmota: martillazos, taladro, guitarra principiante, flauta b&eacute;tica, broncas adolescentes, telediario para sordos, yoga de exterior, matrimoniadas, cocina ex&oacute;tica, balonazos. Normal que se acabase sumando a la juerga un nuevo invitado: un beb&eacute; de llanto continuo e insufrible que no sab&iacute;amos ubicar, una familia que lleg&oacute; hace semanas al bloque. Por momentos parec&iacute;an incluso compenetrados, orquestales: dos martillazos, un balonazo, un grito, dos ladridos; dos martillazos, un balonazo, un grito, dos ladridos; y como base la guitarra y la flauta, cada una en su bucle, y el llanto del beb&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Incapaz de escribir m&aacute;s de dos palabras seguidas, acab&eacute; yo tambi&eacute;n por sumarme al concierto: acept&eacute; la invitaci&oacute;n de mis hijas para encender el karaoke en el sal&oacute;n, y reconozco que me relaj&oacute; un rato. Hasta acabamos cantando una juntos Marta y yo, una de Kiko Veneno que es nuestra desde que nos conocimos, y que interpretamos con tanto entusiasmo que alguien nos aplaudi&oacute; en el patio.
    </p><p class="article-text">
        La tarde ha sido algo mejor: la hippie ha propuesto, a gritos desde su balc&oacute;n, una clase colectiva de yoga para todo el que quisiera unirse. Y tanto ha insistido en los beneficios de la respiraci&oacute;n profunda y la relajaci&oacute;n para sobrellevar estos d&iacute;as, que ha conseguido que el vecino de arriba soltase un rato el taladro, el m&uacute;sico aparcase su instrumento, la loca de los gatos apagase la tele, e incluso mis ni&ntilde;as y los moritos se hayan apuntado a la clase. Cada uno en su balc&oacute;n, tan reconcentrados que hasta me incomodaba el exceso de silencio. Me asom&eacute; y me impact&oacute; la estampa: en cada piso, un vecino congelado en la misma postura, los ojos cerrados, la respiraci&oacute;n tranquila. Lo sent&iacute; como un regalo que me hac&iacute;an, una hora sin ruido que aprovech&eacute; para avanzar con mi texto.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;a cuatro
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana comenz&oacute; amenazadora, con toda la orquesta entregada a sus afanes desde muy temprano: el carpintero, el m&uacute;sico, la tertulia televisiva a todo volumen, la m&uacute;sica insoportable del ni&ntilde;ato. La parejita se puso a discutir por una minucia tan rid&iacute;cula que me daban ganas de bajar y contarles mis quince a&ntilde;os de matrimonio para que se callasen su mierda. Y adem&aacute;s el beb&eacute;, su llanto que por s&iacute; mismo ya invalidaba cualquier intento de concentrarme, nadie puede trabajar escuchando de fondo a un beb&eacute; que llora de esa manera.
    </p><p class="article-text">
        Como Marta tampoco lo soportaba, decidi&oacute; salir y averiguar de d&oacute;nde ven&iacute;a. Encontr&oacute; a la nueva familia dos pisos m&aacute;s arriba y, sin entrar en su piso, desde el descansillo, dio varios consejos a la joven y desesperada madre para calmar a su hijo. Con &eacute;xito, pues poco despu&eacute;s dej&oacute; de llorar.
    </p><p class="article-text">
        La tarde ha sido algo m&aacute;s tranquila, que no silenciosa. Sin m&uacute;sica ni ruido, les ha dado a todos por hablar. Y como nadie va a ir a casa de otros, hablan por el patio, desde balcones y ventanas, imposible no o&iacute;rlos. Marta ha tranquilizado a la loca de los gatos, que estaba asustada por un bulo que le lleg&oacute; al tel&eacute;fono, aunque ha tenido que hacerlo a voces para atravesar el patio y vencer su sordera. Han acabado intercambiando recetas de bizcocho, conversaci&oacute;n a la que se ha sumado la madre de los moritos con su propio recetario. Por su parte, el profesor de guitarra y la monitora de yoga, cada uno desde su piso separados por el patio, han compartido &ldquo;penas de aut&oacute;nomos&rdquo;, as&iacute; llamaban a sus quejas comunes sobre cotizaciones altas, ingresos bajos y burocracia entorpecedora. Han terminado casi asoci&aacute;ndose: cuando vuelva la normalidad ofrecer&aacute;n a sus respectivos alumnos una clase gratis de guitarra o de yoga para probar, y les har&aacute;n precio especial si se apuntan a las dos. Oy&eacute;ndolos me entraron ganas de sumarme a la conversaci&oacute;n, aportar mis propias &ldquo;penas de aut&oacute;nomo.
    </p><p class="article-text">
        Al menos los ni&ntilde;os han estado m&aacute;s tranquilos, las nuestras y los de otros pisos: todos han aceptado la invitaci&oacute;n del vecino de arriba, el del bricolaje, para practicar origami. Cada uno asomado desde su casa con un folio en la mano, &eacute;l iba dando instrucciones: dobl&aacute;is por aqu&iacute;, pleg&aacute;is as&iacute;, levant&aacute;is esta pesta&ntilde;a, tir&aacute;is de este lado, y hac&eacute;is volar el avi&oacute;n&hellip; Hay que agradecerle que ha conseguido tener callada a toda la chiquiller&iacute;a de la manzana, y de paso no ha encendido el taladro.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;a cinco.
    </p><p class="article-text">
        Hoy por la ma&ntilde;ana mejor&oacute; mi ambiente de trabajo: las ni&ntilde;as bajaron al patio con el resto de cr&iacute;os, que no podemos tenerlos todo el d&iacute;a en casa. Se llevaron cuadernos y libros para hacer los deberes, y el vecino de arriba, que resulta que es profesor jubilado, se ofreci&oacute; a acompa&ntilde;arlos y resolver dudas matem&aacute;ticas. Respetando los dos metros de distancia, por supuesto. La de los gatos les baj&oacute; un bizcocho, aunque yo les dije a los m&iacute;os que no comieran nada, por si acaso. El de la guitarra y la del yoga siguieron con su sociedad, ahora mediante videollamada, para no distraer a los estudiantes. Est&aacute;n planeando una actividad conjunta de relajaci&oacute;n musical para ofertarla cuando todo esto pase.
    </p><p class="article-text">
        Marta y la vecina del bajo &ndash;a la que me ha pedido que deje de referirme como &ldquo;la madre de los moritos&rdquo;&ndash; pasaron la ma&ntilde;ana hablando por las ventanas de no s&eacute; qu&eacute; problema que tiene su marido con el permiso de trabajo. Marta prometi&oacute; comentarlo con un abogado de su despacho, especializado en extranjer&iacute;a. Pero entonces se asom&oacute; la muchacha de debajo, la de la parejita, que estaba oyendo la conversaci&oacute;n y resulta que pertenece a un colectivo, o sindicato o algo as&iacute;, y va a ayudar al hombre con sus papeles. O&iacute;a sus voces y me distra&iacute;an un poco, pero consegu&iacute; trabajar unas horas tranquilas.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba seguir por la tarde, pero se rompi&oacute; el alto el fuego. De vuelta cada uno en su casa, han reanudado las hostilidades: el de la guitarra con un alumno a distancia, el jubilado martillando con furia, la tele de la se&ntilde;ora a todo trapo, la parejita follando ol&iacute;mpicamente, el perro aullando, mi flautista un rato tocando y otro rato disputando con su hermana, y Marta ri&ntilde;&eacute;ndolas para que la dejasen hablar por tel&eacute;fono que ten&iacute;a que resolver algo de su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ya estaba yo a punto de salir al balc&oacute;n y gritarles a todos para que se callasen de una puta vez y cerrasen las ventanas que aqu&iacute; no hay quien trabaje, ha cesado de pronto el estruendo. Pero faltaba la traca final: la hippie, que hab&iacute;a estado todo el d&iacute;a metida en casa, se ha asomado al balc&oacute;n y ha convocado con voces y silbidos a todo el vecindario:
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qui&eacute;n se apunta a echar un bingo? Venga, que nos aburrimos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, ya s&eacute; que suena incre&iacute;ble, pero as&iacute; ha sido: ha propuesto jugar un bingo. Cada uno desde su casa, y ella con el bombo y las bolas. Por supuesto, se han apuntado todos, a cual m&aacute;s entusiasmado: el profesor de m&uacute;sica, el jubilado, la de los gatos, los del bajo, la parejita y mi familia al completo. Cada uno ha hecho su propio cart&oacute;n en un trozo de papel.
    </p><p class="article-text">
        -Vente a jugar, Isaac, que llevas todo el d&iacute;a trabajando &ndash;me ha dicho mi mujer, pero me he negado, no est&aacute; el d&iacute;a para bingos.
    </p><p class="article-text">
        Casi habr&iacute;a hecho mejor jugando, porque apenas he podido escribir dos p&aacute;rrafos; escuchaba de fondo a la monitora de yoga, que en cada bola imitaba el tono del binguero feriante: &ldquo;El cuarenta y treeeees, cuatro-tres. El catoooorce, uno-cuatro. El sieeeete&hellip;&rdquo;, hasta que alguien cantaba &ldquo;L&iacute;nea&rdquo; y luego &ldquo;Bingo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al cuarto o quinto bingo se han aburrido, y entonces ha venido el concurso de chistes, en el que han participado todos &ndash;nunca habr&iacute;a pensado que Amador, que es como se llama mi vecino del taladro, tuviera tanta gracia-. Agotados los chistes, la se&ntilde;ora a la que siempre hemos conocido como &ldquo;la loca de los gatos&rdquo; y que ahora s&eacute; que se llama Isabel, ha compartido con el vecindario sus recuerdos de cuando era una cr&iacute;a y construyeron estos pisos, lo que ha dado pie para que la familia Demnati, que as&iacute; se apellidan los marroqu&iacute;es del bajo, cuente historias de su pa&iacute;s de origen. La madre ha acabado entonando una canci&oacute;n popular en &aacute;rabe, que ha emocionado a todos, incluso a m&iacute;, que segu&iacute;a sentado frente al ordenador, resisti&eacute;ndome a salir.
    </p><p class="article-text">
        La canci&oacute;n ha sido una invitaci&oacute;n para que el profesor de m&uacute;sica sacase la guitarra, y ya ten&iacute;amos la fiesta montada: se ha arrancado a cantar el <em>Gracias a la vida</em> y todo el patio, al principio t&iacute;midamente, ha terminado por corear &ldquo;gracias a la vida que me ha dado tanto / me ha dado la marcha de mis pies descalzos / con ellos anduve ciudades y charcos&hellip;&rdquo;. De ah&iacute; ha saltado a &ldquo;Pedro Navaja&rdquo; para que todos cantasen &ldquo;la vida te da sorpresas / sorpresas te da la vida&rdquo;; y luego han venido las peticiones: un bolero para la se&ntilde;ora Isabel, una de los Beatles para Amador. El ni&ntilde;ato, que ya me he enterado de que se llama Jorge, ha pedido el <em>Bella Ciao</em>, que la conoce por una serie. La han entonado todos juntos, y reconozco que yo no pod&iacute;a resistirme, la tarareaba desde mi mesa de trabajo. De <em>Bella Ciao</em> han pasado f&aacute;cilmente al <em>No nos mover&aacute;n</em>, luego mi hija ha querido que canten el himno del Betis, con protestas burlonas de los sevillistas; el joven Jorge ha propuesto varias que el guitarrista no conoc&iacute;a, hasta que los reci&eacute;n casados han pedido una muy &ntilde;o&ntilde;a que supongo han culminado con un beso que explicar&iacute;a el &ldquo;ooooohhh&rdquo; cari&ntilde;oso del vecindario.
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo est&aacute; sonando una de Kiko Veneno que ha pedido Marta. Ha venido a buscarme para que me sume. Le he dicho que no puedo, que tengo que terminar este cuento, que me est&aacute; costando mucho escribirlo, que aqu&iacute; no hay quien trabaje.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/trabaje_132_1001758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2020 22:50:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d8cf8de5-7f9b-4329-96f2-1242e09e45a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="201814" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d8cf8de5-7f9b-4329-96f2-1242e09e45a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="201814" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Aquí no hay quien trabaje]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d8cf8de5-7f9b-4329-96f2-1242e09e45a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Teletrabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Había una vez un rey]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/vez-rey_132_1002091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0801dc89-5703-425b-84e0-9545ae3da545_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Había una vez un rey."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un viejo cuento popular con final feliz, para dormir bien</p></div><p class="article-text">
        -Va, cu&eacute;ntanos otro cuento, pero ahora uno que tenga final feliz.
    </p><p class="article-text">
        -Vale, pero el &uacute;ltimo, que es tarde. Uno de Gianni Rodari, a ver qu&eacute; os parece: Hab&iacute;a una vez un rey que era muy querido en su pa&iacute;s, donde reinaba desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os sin sobresaltos. Aquel rey era muy aficionado a la caza&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qu&eacute; cazaba? &iquest;Osos?
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, osos. Y elefantes. Sucedi&oacute; que un d&iacute;a, estando de caza lejos del palacio, sufri&oacute; un accidente&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Se cay&oacute; del caballo?
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;&hellip; No, no iba a caballo, creo. &iquest;Me dej&aacute;is que siga contando?
    </p><p class="article-text">
        -Vale, pero &iquest;terminar&aacute; bien?
    </p><p class="article-text">
        -Si me dej&aacute;is acabarlo, prometo que tendr&eacute;is vuestro final feliz. Tras su accidente, el rey descubri&oacute; que ya no era tan querido por las gentes de su pa&iacute;s, as&iacute; que decidi&oacute; retirarse y dejar el trono a su hijo, el pr&iacute;ncipe&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y eso vale? &iquest;Los reyes no son reyes hasta que se mueren?
    </p><p class="article-text">
        -El rey de nuestro cuento pudo retirarse, y desde ese d&iacute;a se dedic&oacute; a recibir homenajes, viajar y pasar m&aacute;s tiempo con&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -La reina.
    </p><p class="article-text">
        -No, la reina no lo acompa&ntilde;aba, sol&iacute;a ir con una amiga. Una amiga especial. Un d&iacute;a esta amiga cont&oacute; que el viejo rey le hab&iacute;a regalado una millonada, y entonces se descubri&oacute; que el rey hab&iacute;a recibido cien millones de otro rey amigo, y se los hab&iacute;a llevado a un para&iacute;so fiscal.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Suiza?
    </p><p class="article-text">
        -Casi. En un banco suizo, pero en Bahamas, mediante una fundaci&oacute;n paname&ntilde;a y usando testaferros. Pero fue la justicia suiza quien sigui&oacute; el rastro del dinero, por si proced&iacute;a del cobro de comisiones en grandes obras internacionales. Y empezaron a salir informaciones sobre el patrimonio del rey, oculto en el extranjero, y que no parec&iacute;a guardar proporci&oacute;n con el dinero que sus s&uacute;bditos le hab&iacute;an pagado durante su reinado.
    </p><p class="article-text">
        -Lo investigar&iacute;an, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        -Hubo alg&uacute;n intento, pero la justicia de su pa&iacute;s lo archiv&oacute;, porque el rey era inviolable cuando se produjeron los&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo que inviolable?
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;La persona del rey es inviolable y no est&aacute; sujeta a responsabilidad&hellip;&rdquo; Lo dec&iacute;a la constituci&oacute;n de aquel pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        -Pero se entiende que la inviolabilidad se refiere a actos relacionados con su labor institucional, no a cualquier delito que pudiese cometer como ciudadano, &iquest;no? &iquest;Si mataba a alguien tambi&eacute;n era inviolable?
    </p><p class="article-text">
        -Eso era objeto de discusi&oacute;n entre juristas, con cada vez m&aacute;s partidarios de una interpretaci&oacute;n restringida de la inviolabilidad. Pero a la hora de la verdad, los tribunales no se andaban con matices. Era inviolable y punto. Ni siquiera investigaban.
    </p><p class="article-text">
        -Este cuento no va a terminar bien&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Paciencia, ya ver&eacute;is que s&iacute;. En el parlamento de aquel pa&iacute;s hab&iacute;a grupos que ped&iacute;an una comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n sobre sus negocios y patrimonio, sin conseguirla, porque los partidos mon&aacute;rquicos la bloqueaban una y otra vez. Pero la fiscal&iacute;a suiza sigui&oacute; su trabajo, y fueron apareciendo nuevos datos que afectaban al viejo rey, a sus empresarios amigos, testaferros amigos, reyes amigos y, por supuesto, amigas especiales. El esc&aacute;ndalo crec&iacute;a y crec&iacute;a, tanto que finalmente uno de los partidos mon&aacute;rquicos, presionado por sus decepcionados votantes, se vio obligado a permitir una comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n, aunque con muchas limitaciones, a puerta cerrada, controlada por los mon&aacute;rquicos, y por supuesto sin que compareciese el viejo rey. Solo consigui&oacute; aumentar el enfado en las calles, que ya no solo se dirig&iacute;a al anterior rey, ahora tambi&eacute;n contra su hijo rey: cada vez que este sal&iacute;a del palacio y acud&iacute;a a un lugar p&uacute;blico, se encontraba el rechazo ruidoso de la gente, que le ped&iacute;a cuentas por lo que hab&iacute;a hecho su predecesor. Tanto, que el rey hijo acab&oacute; por pedir perd&oacute;n por lo de su padre.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;En serio pidi&oacute; perd&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        -Bueno, a su manera. Aprovech&oacute; un discurso de inauguraci&oacute;n de cualquier cosa para pronunciar unas palabras poco claras, m&aacute;s bien indirectas y con la boca peque&ntilde;a, sobre la ejemplaridad y los errores, sin siquiera nombrar a su padre, pero que sus cortesanos r&aacute;pidamente convirtieron en indudable expresi&oacute;n de disculpa, mensaje hist&oacute;rico, gesto ejemplar, ruptura con su padre, compromiso con la democracia, transparencia y dem&aacute;s loas, que a esas alturas eran insuficientes para la mayor&iacute;a de ciudadanos, porque segu&iacute;an llegando informaciones desde el extranjero, y aparec&iacute;an grabaciones, documentos, testigos y amigas especiales con ganas de hablar. El cerco se estrechaba.
    </p><p class="article-text">
        -Pero segu&iacute;a siendo inviolable, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, pero tambi&eacute;n ese blindaje empez&oacute; a resquebrajarse, porque se conocieron hechos posteriores a su abdicaci&oacute;n, cuando ya no era inviolable. El primero en intentarlo fue un ciudadano, un particular, que present&oacute; una querella en el Tribunal Supremo contra el viejo rey, al considerarse perjudicado por su comportamiento. Cohecho, fraude fiscal, malversaci&oacute;n, tr&aacute;fico de influencias&hellip; Los jueces lo archivaron deprisa, bas&aacute;ndose en cuestiones formales, al haber sobrese&iacute;do ya antes otro tribunal una primera investigaci&oacute;n por falta de indicios. Pero ahora hab&iacute;a nuevos indicios, muchos y evidentes indicios, y tras ese primer intento, se multiplicaron las querellas de particulares y de colectivos, que tambi&eacute;n buscaron amparo en la justicia de otros pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        -Esto se pone interesante&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Mientras los jueces no daban abasto archivando querellas, el fiscal suizo decidi&oacute; acusar al viejo rey y pedir su procesamiento. El tribunal suizo envi&oacute; una comisi&oacute;n rogatoria, que fue denegada por el gobierno de aquel pa&iacute;s que, si bien ya no quer&iacute;a tanto a su viejo rey, segu&iacute;a protegi&eacute;ndolo a la desesperada, poniendo como excusa ahora su avanzada edad y su delicado estado de salud.
    </p><p class="article-text">
        -Ya. Al final el rey del cuento se fue de rositas, &iquest;es eso?
    </p><p class="article-text">
        -Esperad, que ahora viene lo mejor. Cuando parec&iacute;a que la v&iacute;a judicial estaba agotada, el sindicato de t&eacute;cnicos de Hacienda pidi&oacute; a la Agencia Tributaria que investigase al viejo rey en tanto que contribuyente, por si hab&iacute;a cometido alg&uacute;n delito fiscal. De las informaciones aparecidas result&oacute; que ten&iacute;a bienes en el extranjero que no hab&iacute;a declarado en los a&ntilde;os posteriores a su abdicaci&oacute;n: cuentas bancarias y propiedades en otros pa&iacute;ses por las que no habr&iacute;a tributado en el suyo. Un posible fraude fiscal que no habr&iacute;a prescrito y sobre el que no actuaba la inviolabilidad por ser posterior. No se pod&iacute;a investigar el origen de su patrimonio, pero s&iacute; sus declaraciones de impuestos. La presi&oacute;n ciudadana en enormes manifestaciones, secundada por algunos partidos y medios, oblig&oacute; a Hacienda a abrir una investigaci&oacute;n. En ella qued&oacute; demostrada la existencia de una estructura opaca para ocultar bienes y evadir impuestos, mediante testaferros, fundaciones y para&iacute;sos fiscales. Es decir, fraude fiscal, m&aacute;s un posible delito de blanqueo de capitales.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y lo acabaron condenando?
    </p><p class="article-text">
        -Ya llega, ya llega... Aquello era tan escandaloso que la Agencia Tributaria se vio obligada a presentar una denuncia, y los jueces esta vez tuvieron que admitirla.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Pero lo condenaron o no?
    </p><p class="article-text">
        -La justicia, que no es tan impaciente como vosotros, se tom&oacute; su tiempo. Mucho tiempo. La instrucci&oacute;n fue lenta. Muuuuy lenta. Cambi&oacute; varias veces el juez instructor. Los abogados usaron todos los recursos posibles para dilatarla. El juicio se aplaz&oacute; una y otra vez. Algunos dec&iacute;an que era una maniobra para ver si el viejo rey se mor&iacute;a antes y as&iacute; ya no hac&iacute;a falta juzgarlo. Otros, que era un intento por desactivar el esc&aacute;ndalo, que se fuese extinguiendo; pero los ciudadanos segu&iacute;an movilizados, y el rey hijo llevaba tiempo sin poder acudir a un acto p&uacute;blico sin abucheos. Finalmente se celebr&oacute; el juicio, al que no tuvo que asistir el viejo rey por su delicada salud, y donde fiscal&iacute;a y abogac&iacute;a del Estado parec&iacute;an ser parte de su equipo de defensa.
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Venga ya, dinos de una vez si lo condenaron!
    </p><p class="article-text">
        -Lo absolvieron de los delitos m&aacute;s graves, cuyas condenas cayeron sobre el resto de implicados: testaferros, comisionistas, empresarios, amigas especiales. Pero s&iacute; lo condenaron por fraude fiscal, pues era incuestionable que no hab&iacute;a declarado sus bienes en el extranjero. Su abogado intent&oacute; presentarlo como una v&iacute;ctima, un buen hombre que de tan bueno que era se hab&iacute;an aprovechado de &eacute;l sus socios y amigas. Pero no se libr&oacute; de esa condena. Como gesto de colaboraci&oacute;n, el viejo rey regulariz&oacute; su situaci&oacute;n con Hacienda, pag&oacute; la deuda completa y reconoci&oacute; los hechos. As&iacute; consigui&oacute; que le condenasen con la pena m&aacute;s baja: unos meses de c&aacute;rcel que por supuesto no cumplir&iacute;a, y una multa millonaria.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y eso fue todo?
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Os parece poco un rey condenado? Os recuerdo que al principio del cuento era un rey in-vio-la-ble. Y acab&oacute; condenado. Repito: el rey inviolable acab&oacute; condenado. Lo que adem&aacute;s supuso que muchos ayuntamientos, por la presi&oacute;n ciudadana, le retirasen su nombre a hospitales, universidades, colegios, bibliotecas, parques, avenidas, puentes, premios, becas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y qu&eacute; pas&oacute; con su hijo? &iquest;Sigui&oacute; reinando como si nada?
    </p><p class="article-text">
        -Ese ya es otro cuento, y es cuento largo. Lo dejamos para otro d&iacute;a, que es tarde.
    </p><p class="article-text">
        -Pues vaya final feliz tan esmirriado. Y adem&aacute;s, esto es un cuento, no es real, te lo has inventado todo. Es justicia po&eacute;tica, que al final ni es justicia ni es po&eacute;tica. &iexcl;Es solo un cuento!
    </p><p class="article-text">
        -Y as&iacute; acaba el cuento del rey inviolable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/vez-rey_132_1002091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2020 19:52:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0801dc89-5703-425b-84e0-9545ae3da545_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="208033" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0801dc89-5703-425b-84e0-9545ae3da545_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="208033" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Había una vez un rey]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0801dc89-5703-425b-84e0-9545ae3da545_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esto no es arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/arte_132_1002304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0155d572-703d-4762-8c10-e5528d246718_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Esto no es arte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un relato ficticio sobre la esperada polémica de cada año en la feria ARCO, que quizás esta vez haya ido demasiado lejos</p></div><p class="article-text">
        Dice un visitante que esto no es arte y lo repite levantando la voz, para que el resto de visitantes que tambi&eacute;n se ha acercado le oiga: esto-no-es-arte. Dice su acompa&ntilde;ante que eso lo puede hacer su hijo de tres a&ntilde;os; y que si es una broma, no tiene gracia. Dice un galerista cercano que hala, c&oacute;mo no, ya estaba tardando en aparecer el escandalito de ARCO de todos los a&ntilde;os, parece que hay algunos que tienen que montar el circo para que les hagan casito. Dice otro galerista que el list&oacute;n est&aacute; cada vez m&aacute;s alto, lo de sacar a Franco ya estaba muy trillado y se ve que hay quien ha decidido ir m&aacute;s lejos, mucho m&aacute;s lejos. Dice el primer galerista que s&iacute;, que estar&aacute; muy trillado, pero el finland&eacute;s ese del dibujito de &ldquo;Franco no fue tan malo como dicen&rdquo; ha conseguido su minuto de fama, y hasta ha vendido su mamarrachada. Dice el otro galerista que para mamarrachada esta que tienen ahora delante y ante la que cada vez se concentra m&aacute;s gente; mamarrachada, y encima sin firma, an&oacute;nima.
    </p><p class="article-text">
        Dice la directora de una galer&iacute;a cercana que ella no sabe nada, que la obra no es suya, que ya estaba ah&iacute; cuando lleg&oacute; esta ma&ntilde;ana, y que deber&iacute;an llamar a seguridad, o mejor a&uacute;n, al servicio de limpieza, y que directamente la echen a la basura. Dice una joven artista que ella ha visto en la feria muchas obras que s&iacute; merecer&iacute;an acabar en la basura, pero que no es el caso de esta; que puede molestar m&aacute;s o menos, pero es una obra de arte y hay que respetarla. Dice el primer visitante que esto no es arte, y ahora lo exclama: &iexcl;esto no es arte! Dice otra vez su acompa&ntilde;ante que eso lo puede hacer su hijo de tres a&ntilde;os, y a&ntilde;ade, ahora con m&aacute;s &eacute;nfasis: y si es una broma, no-tiene-gracia.
    </p><p class="article-text">
        Dice el periodista desplazado a ARCO que hoy es su d&iacute;a de suerte, que por fin ha encontrado la pieza que necesitaba para su cr&oacute;nica, que ya estaba aburrido de recopilar tontadas por los pasillos de IFEMA en cumplimiento del encargo de su jefe de Cultura (&ldquo;busca algo pol&eacute;mico, pero pol&eacute;mico de verdad, no chorraditas de Franco; y si no lo encuentras, haz una lista de las obras m&aacute;s absurdas de ARCO, ya sabes: el vaso de agua medio lleno, el pl&aacute;tano en la pared, que esas bobadas siempre funcionan en redes&rdquo;); y as&iacute;, despu&eacute;s de patearse los dos pabellones de la feria, el periodista ha apuntado y fotografiado un buen n&uacute;mero de tontadas: instalaciones con fruta podrida, con ropa arrugada, con pelo humano, ladrillos, espejitos, trampantojos; tontadas car&iacute;simas adem&aacute;s; pero por fin ha encontrado lo que buscaba.
    </p><p class="article-text">
        Dice el reportero de televisi&oacute;n que por favor se aparten un momento y le dejen sitio para trabajar, que tiene que grabar una pieza sobre la feria y quiere que se vea bien esta obra. Dice un comprador, atra&iacute;do por el revuelo de gente, que est&aacute; ya harto de seudoartistas que buscan la provocaci&oacute;n f&aacute;cil, que esto no tiene nada que ver con el verdadero arte pol&iacute;tico. Dice otro comprador que la culpa es de la propia feria, que como no puede competir con las grandes, cada a&ntilde;o apuesta toda su visibilidad a que haya alg&uacute;n esc&aacute;ndalo. Dice un galerista, llegado desde el fondo del pabell&oacute;n, que quien sea el que ha creado esa obra, si es que se puede llamar obra, se ha pasado de la raya: una cosa es hacer gracietas con Franco, o plantar un ninot del rey, un ratito de ruido y salir en la tele; y otra bien diferente es esto que no sabe ni c&oacute;mo calificar.
    </p><p class="article-text">
        Dice un tuitero &ndash;el primero que comparte una foto de la obra&ndash; que le parece alucinante que permitan algo as&iacute; en ARCO, por muy artista que sea. Dice otro tuitero, en respuesta al primero, que no se lo cree, que la foto apesta claramente a fake. Dice el primer tuitero que &eacute;l tampoco se lo cre&iacute;a cuando lo vio, pero ah&iacute; est&aacute;, totalmente cierto, y publica otra foto en la que sale &eacute;l junto a la obra, un selfi. Dicen sucesivos tuiteros que qu&eacute; mierda es esa, que qui&eacute;n es el genio, que se va a liar gorda, que esto es arte, que esto no es arte, que si estamos locos o qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Dice un peri&oacute;dico digital, el primero en dar la noticia, que &ldquo;La pol&eacute;mica regresa con fuerza a ARCO&rdquo;. Dice otro peri&oacute;dico, minutos despu&eacute;s, que &ldquo;La obra de un artista an&oacute;nimo escandaliza la feria&rdquo;, y lo acompa&ntilde;a de una fotograf&iacute;a de la misma. Dicen otros medios, a lo largo de la ma&ntilde;ana, que &ldquo;hay divisi&oacute;n de opiniones entre los profesionales y visitantes de la feria&rdquo;, &ldquo;la galer&iacute;a responsable de la instalaci&oacute;n no ha querido desvelar el nombre del autor&rdquo;, &ldquo;la direcci&oacute;n de la feria no ha respondido a las preguntas de este peri&oacute;dico&rdquo;. Dicen los lectores, en cientos de comentarios a esas mismas noticias, que es una verg&uuml;enza, que da mucho asco, que ol&eacute; por el artista, que estas cosas solo pasan en Espa&ntilde;a, que en nombre del arte no vale todo, que ya est&aacute;n otra vez los ofendiditos, que hay determinadas l&iacute;neas rojas que no se pueden cruzar, que estas cosas en los ochenta se hac&iacute;an y no escandalizaban a nadie, que si el artista es tan valiente que se meta con Mahoma, que viva la libertad de expresi&oacute;n, que si tanto os gusta la obra la pod&eacute;is poner en vuestra casa.
    </p><p class="article-text">
        Dice un vigilante de seguridad que por favor circulen, que est&aacute;n entorpeciendo el paso a las galer&iacute;as de alrededor. Dicen varios visitantes que han venido desde provincias lim&iacute;trofes y no lim&iacute;trofes solo para ver la obra. Dice un galerista que varios colegas est&aacute;n reuniendo firmas para enviar un escrito a la direcci&oacute;n de la feria, hartos de tanto show. Dice una joven artista que nadie est&aacute; entendiendo la obra, que es ir&oacute;nica y po&eacute;tica, no deber&iacute;a molestar a nadie. Dice el jefe de seguridad a varios de sus empleados que coloquen un per&iacute;metro alrededor de esa cosa, y que nadie toque nada hasta que reciban instrucciones.
    </p><p class="article-text">
        Dice la directora del programa televisivo matutino que quiere saber qu&eacute; opinan sus tertulianos, y que ella defiende m&aacute;s que nadie la libertad de expresi&oacute;n pero mira t&uacute;, hay cosas que no se pueden tolerar, y que esperen un momento porque vamos a conectar en directo con ARCO. Dice el reportero, desde la feria, que los servicios de seguridad han tenido que inmovilizar a un visitante que intent&oacute; destrozar la obra, que se han vivido momentos de tensi&oacute;n y los &aacute;nimos est&aacute;n muy caldeados. Dice un tertuliano del mismo programa que en momentos as&iacute; toca defender la libertad art&iacute;stica y de expresi&oacute;n, por mucho que nos pueda molestar una obra de arte. Dice otro tertuliano que a esa basura no se le puede llamar arte, y que es un insulto a la inteligencia, y una humillaci&oacute;n para millones de personas. Dice la directora del programa que atenci&oacute;n, tenemos noticia de &uacute;ltima hora: ya hay una primera denuncia, una asociaci&oacute;n de abogados ha presentado una denuncia en un juzgado contra la galer&iacute;a que exhibe la obra, contra el artista cuya identidad a&uacute;n se desconoce, y contra la direcci&oacute;n de la feria.
    </p><p class="article-text">
        Dicen fuentes de la direcci&oacute;n de ARCO con las que ha podido hablar este peri&oacute;dico que por ahora no se plantean tomar ninguna medida, pero que son conscientes del malestar existente y quieren mostrar su respeto a quienes puedan sentirse ofendidos. Dice la presidenta de la Comunidad de Madrid que le parece nauseabundo, que siente mucha verg&uuml;enza, y que este es el tipo de arte que le gusta a los socialistas y al comunismo bolivariano, pero seguro que en Cuba o en Venezuela no podr&iacute;an hacer algo as&iacute;. Dice un portavoz de Vox que eso no se puede llamar arte, en todo caso arte degenerado, y que este es el consenso progre que domina la cultura espa&ntilde;ola. Dice el l&iacute;der del Partido Popular que va a pedir la comparecencia urgente del ministro de Cultura en el Congreso.
    </p><p class="article-text">
        Dice la portavoz del Gobierno, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, que el Ejecutivo no tiene nada que decir sobre ese asunto por el que le preguntan, pero que en cualquier caso, ella no es partidaria de limitar la libertad de expresi&oacute;n, aunque entiende el malestar. Dice en sus redes un dirigente de Unidas Podemos que le parece de muy mal gusto la obra en cuesti&oacute;n, pero que por encima de todo est&aacute; la libertad de expresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dice el editorial de un diario de derechas que el arte no puede convertirse en coartada para el &ldquo;todo vale&rdquo;. Dice el editorial de otro peri&oacute;dico&nbsp;&ndash;m&aacute;s de derechas que el anterior&ndash; que si la direcci&oacute;n de la feria no act&uacute;a, quiz&aacute;s deber&iacute;a hacerlo la Fiscal&iacute;a, pues hay derechos que proteger. Dicen varios columnistas que el an&oacute;nimo artista es un oportunista, que es un canalla, que es un miserable, que es un cobarde, que es un terrorista. Dice en la tele un experto jurista que no ve delito por ninguna parte. Dice en la misma tele otro experto jurista que la libertad de expresi&oacute;n tambi&eacute;n tiene l&iacute;mites, y cita varios art&iacute;culos del C&oacute;digo Penal que podr&iacute;an ser de aplicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dicen los m&aacute;s de doscientos manifestantes en la entrada de IFEMA que la feria debe retirar de inmediato la obra. Dice un polic&iacute;a que la concentraci&oacute;n no est&aacute; autorizada y que no pueden seguir cortando el tr&aacute;fico. Dicen varios corresponsales extranjeros que la sociedad espa&ntilde;ola est&aacute; dividida por culpa de una controvertida obra de arte.
    </p><p class="article-text">
        Dice la direcci&oacute;n de IFEMA, en un comunicado, que ha solicitado a la galer&iacute;a la retirada de la obra desde el m&aacute;ximo respeto a la libertad de expresi&oacute;n, porque entiende que la pol&eacute;mica que ha provocado en los medios de comunicaci&oacute;n la exhibici&oacute;n de esa pieza est&aacute; perjudicando la visibilidad del conjunto de contenidos que re&uacute;ne Arco, y por tanto, es su responsabilidad, como organizadora, tratar de alejar de su desarrollo los discursos que desv&iacute;en la atenci&oacute;n del conjunto de la feria.
    </p><p class="article-text">
        Dice la responsable de la galer&iacute;a donde se exhibe la obra que en efecto los m&aacute;ximos responsables del recinto ferial le han solicitado la retirada, y que ella ha accedido a la misma, porque la obra ya ha cumplido su funci&oacute;n provocadora y no tiene sentido prolongar una situaci&oacute;n que se nos puede ir de las manos.
    </p><p class="article-text">
        Dicen varios galeristas que no est&aacute;n de acuerdo con la retirada, que les parece m&aacute;s escandalosa que la propia obra. Dice el director del Museo Reina Sof&iacute;a que encuentra muy preocupante lo sucedido, y que es otra muestra del retroceso que estamos viviendo, no solo en Espa&ntilde;a. Dice una acad&eacute;mica de Bellas Artes que no comparte una decisi&oacute;n tan grave como est&uacute;pida, inaceptable en democracia. Dice un artista, que protagoniz&oacute; otra pol&eacute;mica en una edici&oacute;n anterior, que esto tiene un nombre: censura. Dice un galerista extranjero que en sus muchos a&ntilde;os de ferias por todo el mundo, nunca ha conocido una censura tan zafia. Dice un coleccionista de arte, que prefiere mantener el anonimato, que lo ocurrido es intolerable, impropio de una democracia.
    </p><p class="article-text">
        Dice un manifiesto, firmado por varias decenas de creadores culturales, que la libertad art&iacute;stica y de expresi&oacute;n est&aacute;n amenazadas en Espa&ntilde;a, y que est&aacute;s libertades incluyen, seg&uacute;n la jurisprudencia internacional, el derecho de perturbar y ofender; y que en el mundo de la creaci&oacute;n art&iacute;stica la provocaci&oacute;n extrema, desagradable y ofensiva puede ser una forma leg&iacute;tima de ejercicio de la cr&iacute;tica pol&iacute;tica, y merece la m&aacute;xima protecci&oacute;n posible.
    </p><p class="article-text">
        Dice en un auto el titular del Juzgado de Instrucci&oacute;n n&uacute;mero 11 de Madrid que admite la denuncia presentada por una asociaci&oacute;n de abogados, porque la obra incluye mensajes que pudieran no estar amparados por la libertad de expresi&oacute;n, y no cabe excluir la posibilidad de que sean de aplicaci&oacute;n determinados delitos, motivos m&aacute;s que suficientes para el procesamiento.
    </p><p class="article-text">
        Dicen varios portavoces parlamentarios que parecemos Turqu&iacute;a, que la democracia est&aacute; en retroceso, que en una sociedad madura no puede haber temas intocables, y que lo sucedido es el en&eacute;simo caso de censura y persecuci&oacute;n tras lo sufrido por otros artistas, raperos o tuiteros.
    </p><p class="article-text">
        Dicen los lectores de este cuento que ya vale, que hemos llegado casi al final y seguimos sin saber en qu&eacute; consiste la dichosa obra, qu&eacute; representa, sobre qu&eacute; asunto, a qui&eacute;n ofende.
    </p><p class="article-text">
        Dice el autor que siente decepcionarlos pero prefiere que cada lector o lectora imagine su propio esc&aacute;ndalo y complete as&iacute; el cuento: que decida qu&eacute; tipo de obra art&iacute;stica podr&iacute;a motivar tales reacciones, qu&eacute; temas son hoy tan delicados, si hay alguno intocable; si tenemos la piel demasiado fina y cualquier provocaci&oacute;n nos irrita y pone otra vez en marcha la espiral medi&aacute;tica, pol&iacute;tica, social y judicial; o si por el contrario estamos ya curados de espanto, nuestra capacidad de esc&aacute;ndalo ha sido tantas veces rebasada que har&iacute;a falta un enorme esfuerzo de provocaci&oacute;n para afectarnos.
    </p><p class="article-text">
        Dice el autor que pueden compartir sus conclusiones m&aacute;s abajo, en los comentarios.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        <em>(Dice el autor, por &uacute;ltimo, que en el cuento aparecen numerosos pr&eacute;stamos de anteriores esc&aacute;ndalos: fragmentos literales de noticias, declaraciones, comunicados, autos judiciales, manifiestos&hellip;)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/arte_132_1002304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Feb 2020 20:12:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0155d572-703d-4762-8c10-e5528d246718_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="207271" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0155d572-703d-4762-8c10-e5528d246718_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="207271" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Esto no es arte]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0155d572-703d-4762-8c10-e5528d246718_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ropa limpia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/ropa-limpia_132_1002538.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/367365e2-2cf2-4298-99fa-13a505b28acd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ropa limpia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un relato sobre caminantes del alambre, y cosas que se rompen y no tienen reparación ni reemplazo</p></div><p class="article-text">
        1-ROPA DELICADA
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Os ha pasado lo de esas veces que mir&aacute;is el saldo bancario a mediados de mes, y os dec&iacute;s &ldquo;este mes no vamos tan mal, a lo mejor hasta ahorramos algo&rdquo;, y de pronto os cargan un recibo, qu&eacute; se yo, el seguro del coche, y se os acaba de golpe el mes? &iquest;Te ha pasado que te llegue una multa de tr&aacute;fico, te apresures a pagarla para no perder la bonificaci&oacute;n, y en seguida te arrepientas porque a&uacute;n queda mucho mes por delante? Amigo aut&oacute;nomo, &iquest;cu&aacute;ntas veces te han retrasado el pago de una factura que ya hab&iacute;as contado entre tus ingresos, o que incluso ya te hab&iacute;as gastado? Y vosotras, familias, &iquest;se os ha jodido la lavadora a mediados de mes y hab&eacute;is tenido que esperar al d&iacute;a uno para cobrar la n&oacute;mina, el paro o las facturas pendientes, y as&iacute; poder comprar una nueva?
    </p><p class="article-text">
        Pues ahora imaginaos que os pasa todo a la vez. Seguro de coche, multa, factura retrasada. A mediados de un febrero que ya naci&oacute; herido por el empinado enero previo, y cuando todav&iacute;a no te has recuperado de los gastos navide&ntilde;os. El d&iacute;a trece te pasan el seguro del coche (378 euros); tu marido decide el mismo d&iacute;a pagar una multa bonificada (150 euros) sin agotar el plazo de veinte d&iacute;as porque no sab&iacute;a lo del seguro; al d&iacute;a siguiente un cliente le dice que se retrasar&aacute; varias semanas en el abono de una factura (850 euros brutos). Total: que el fin de mes, que normalmente se nos adelanta tres o cuatro d&iacute;as, una semana como mucho, nos alcanz&oacute; este febrero en el d&iacute;a catorce. Tocaba apretarse, y mucho.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos tenido suerte que sea febrero, con 28 d&iacute;as, que si nos pasa en marzo con 31&hellip;&rdquo;, fue todo lo que se le ocurri&oacute; a Salva cuando le ense&ntilde;&eacute; el saldo de la cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces la lavadora. Que cualquier mes nos habr&iacute;a hecho un descosido, no digo que no, pero os cuento todo lo anterior para que valor&eacute;is la coincidencia de infortunios. Y yo tan tonta que llamo al servicio oficial, como si necesitase la visita de un t&eacute;cnico que me dijese a la cara lo que ya sab&iacute;a: &ldquo;c&oacute;mprese otra, se&ntilde;ora, le va a salir m&aacute;s cara la reparaci&oacute;n&rdquo;. Y setenta euros por el desplazamiento y el brev&iacute;simo trabajo de retirar la lavadora, desatornillar la cubierta, asomarse a las entra&ntilde;as y certificar la defunci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        2-PRELAVADO
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tendremos que esperar al d&iacute;a uno&rdquo;, decidimos despu&eacute;s de consultar varias webs de outlet. Ya que vamos a comprarla, que sea medio decente y nos dure otros doce a&ntilde;os, no cualquier marca desconocida que nos deje tirados. Lo barato acaba saliendo caro, ya se sabe.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pues nada, bajar&eacute; al r&iacute;o a lavar la ropa&rdquo;, dije en broma, pero tambi&eacute;n en serio, porque con dos ni&ntilde;as peque&ntilde;as, las camisas de Salva y mi uniforme, salimos a lavadora casi diaria, y la aver&iacute;a nos pill&oacute; con el cesto lleno tras varios d&iacute;as de lluvia. A perro flaco, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Da gracias que ha sido la lavadora&rdquo;, quit&oacute; hierro &eacute;l, como siempre: pod&iacute;a haber sido el coche, y a ver c&oacute;mo trabajaba entonces; o el ordenador, y habr&iacute;a tenido que ir un par de semanas al locutorio, como le pas&oacute; cuando se jodi&oacute; el anterior port&aacute;til hace un a&ntilde;o y que tambi&eacute;n coincidi&oacute; con un mes infausto. Por cierto, &iquest;sab&eacute;is que el locutorio estaba aqu&iacute;, en este mismo local? Tiene gracia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la pobreza entra por puerta, el amor no s&eacute; qu&eacute;, eso que dicen: ah&iacute; est&aacute;bamos los dos, delante de la lavadora muerta, con los ni&ntilde;os ya en la cama. Le reproch&eacute; que no hubiese esperado los veinte d&iacute;as para pagar la multa; &eacute;l dijo que mejor pagarla cuando se tiene el dinero, que luego se nos pasa el plazo y pagamos el doble; contraataca record&aacute;ndome lo de la comida navide&ntilde;a con toda mi familia y que yo me empe&ntilde;&eacute; en que pag&aacute;ramos nosotros por una vez, 170 euros que, seg&uacute;n &eacute;l, nos apa&ntilde;ar&iacute;an lo que queda de mes; yo le recuerdo que aqu&iacute; el que va por la vida pagando comidas es &eacute;l, cada vez que se re&uacute;ne con un cliente, y de paso le digo que si no corriese tanto, no le podr&iacute;an tantas multas; &eacute;l me propone que le pida otra vez un pr&eacute;stamo a mi padre; yo le acuso de hacer siempre la jodida cuenta de la lechera con sus trabajos venideros y sus facturas pendientes y que lo raro es que no se nos caiga el c&aacute;ntaro m&aacute;s veces; y as&iacute; acabamos esa noche, cada uno mirando para un lado en la cama y bufando en la oscuridad. Por una puta lavadora.
    </p><p class="article-text">
        3-DETERGENTE
    </p><p class="article-text">
        El primer d&iacute;a me fui a casa de mi suegra, pero cruzarte la ciudad con una maleta de ropa sucia, echar dos horas de espera y ch&aacute;chara, y vuelta a casa con la maleta limpia, lo haces un d&iacute;a, no m&aacute;s. La segunda colada fue un favor de la vecina, pero tampoco se puede abusar. As&iacute; que para la tercera ya me vine aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Reconozco que ese primer d&iacute;a entr&eacute; con recelo, me pesaban m&aacute;s los prejuicios que el saco de ropa sucia. He dicho recelo, pero ser&eacute; sincera: asco. Me daba asco entrar. Tra&iacute;a el recuerdo del negocio anterior en este mismo local, el locutorio del que Salva volv&iacute;a contando lo cochambroso que era, los teclados grasientos, las cucarachas que corr&iacute;an entre los cables. Que no es el caso ahora, lo s&eacute;, pero yo ven&iacute;a ya repugnada de casa, y le sumaba el asco por meter las braguitas de mis ni&ntilde;as en una lavadora donde cualquiera habr&iacute;a metido antes su ropa sucia y dejado sus pelos, mugre, piel muerta.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he sido asquerosita, el mismo asco que me daba dormir en un hotel por muy limpio que estuviera, cuando hace mil a&ntilde;os todav&iacute;a viaj&aacute;bamos y dorm&iacute;amos en hoteles. Aqu&iacute; era algo m&aacute;s: un asco que no s&eacute; si llamar moral, no quiero que os ofend&aacute;is. Pero es que cuando entr&eacute; el primer d&iacute;a, se me cay&oacute; el alma a los pies. Qu&eacute; hago yo aqu&iacute;, me pregunt&eacute; cuando os vi sentados esperando la colada. En realidad no os vi, o m&aacute;s bien os vi como esperaba veros, la primera impresi&oacute;n tambi&eacute;n la tra&iacute;a ya de casa junto con el detergente y las monedas: gente acabada, gente que no tiene ni para una lavadora en casa, o que no tienen ni para una casa. Que esto no es como en las pel&iacute;culas americanas, donde todo el mundo va a la lavander&iacute;a; esto es Espa&ntilde;a, y la ropa sucia se lava en casa.
    </p><p class="article-text">
        Ya imagino lo que pensar&iacute;ais de m&iacute; aquel primer d&iacute;a: la se&ntilde;orit&iacute;sima que se pone guantes de pl&aacute;stico antes de abrir la portezuela, revisa bien el interior, y mete su ropa en una bolsa de malla para que toque lo menos posible las paredes del tambor. La estirada que en vez de sentarse como los dem&aacute;s y unirse a la conversaci&oacute;n, se va afuera y espera apoyada en un coche, muerta de fr&iacute;o, hasta que su lavadora termina, recoge deprisa y se marcha con un adi&oacute;s para nadie.
    </p><p class="article-text">
        4-SUAVIZANTE
    </p><p class="article-text">
        Me fui relajando seg&uacute;n vine m&aacute;s d&iacute;as, pronto dej&eacute; los guantes tras no encontrar en la ropa limpia ning&uacute;n pelo ajeno, me qued&eacute; dentro a esperar aunque no levantase los ojos del m&oacute;vil. Pero no era capaz de dirigiros la palabra, tuvisteis que ser vosotros los que me hablaseis el d&iacute;a que me visteis llorar.
    </p><p class="article-text">
        Aquel d&iacute;a yo ven&iacute;a ya tocada, con cansancio acumulado de tantos d&iacute;as en que los de por s&iacute; complicados horarios dom&eacute;sticos se nos hab&iacute;an trastocado por las visitas a la lavander&iacute;a, con Salva toda la semana de viaje, y yo tirando de amigos y vecinos para no traer a las ni&ntilde;as. Llev&aacute;bamos sin apenas hablarnos desde la noche de la discusi&oacute;n, cada ma&ntilde;ana al levantarme ve&iacute;a en la cocina la lavadora muerta y era como ver nuestro amor, como una puta met&aacute;fora de andar por casa, nuestro amor igual de reventado y obsoleto. Por si no llevaba ya el &aacute;nimo bastante arrastrado, un rato antes me hab&iacute;a jodido que una madre pija, en la puerta del cole, me contase que se iba el fin de semana de escapada rom&aacute;ntica con su marido. As&iacute; lo llam&oacute;, escapada rom&aacute;ntica, las mierdas que o&iacute;mos en la publicidad y vamos por ah&iacute; repitiendo. &ldquo;Deber&iacute;ais hacer una escapada rom&aacute;ntica tambi&eacute;n vosotros de vez en cuando, es muy saludable para cualquier matrimonio&rdquo;, me aconsej&oacute;, y yo me contuve las ganas de sacar all&iacute; mismo los calzoncillos sucios de Salva y decirle mira, guapa, mira qu&eacute; escapada rom&aacute;ntica vamos a hacer nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Para rematar, antes de entrar aqu&iacute; me llam&oacute; mi madre, y no le dije ad&oacute;nde iba porque no le quer&iacute;a contar lo de la lavadora para que no se piense que nos va mal, porque yo hasta ese momento segu&iacute;a pensando que no nos va mal, que tiramos como cualquier familia, que solo era una mala racha.
    </p><p class="article-text">
        Llegaba yo as&iacute; de fr&aacute;gil, cuando entro en la lavander&iacute;a, me voy a una m&aacute;quina libre, y al abrir el monedero me encuentro diez c&eacute;ntimos. Otra vez Salva me hab&iacute;a cogido dinero sin avisarme. Del cajero no pod&iacute;a sacar, porque cuando se nos adelanta el fin de mes retiramos lo poco que quede antes de que nos lo reba&ntilde;en con alg&uacute;n recibo. As&iacute; que ten&iacute;a que volver a casa cargada con el saco de ropa, ver si Salva hab&iacute;a dejado algo en el caj&oacute;n, o echarle mano a la hucha de las ni&ntilde;as, y ya no me sal&iacute;an las cuentas horarias, ir, volver, completar el ciclo de lavado, dejar la ropa en casa, llegar a tiempo al trabajo, y de propina un mensaje en el tel&eacute;fono: la pija del colegio que me enviaba un enlace del &ldquo;hotel con encanto&rdquo;, y unas caritas sonrientes y corazones, &ldquo;daos un caprichito vosotros tambi&eacute;n, pareja!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Me visteis llorar, y os acercasteis y me preguntasteis si estaba bien; y como yo segu&iacute;a con el monedero abierto en la mano, reunisteis varias monedas y me las ofrecisteis, ni siquiera me las ofrecisteis, la metisteis directamente en la ranura y me cogisteis la bolsa y pusisteis mi ropa y echasteis detergente y me preguntasteis si quer&iacute;a prelavado o programa corto, elegisteis por m&iacute; porque yo segu&iacute;a llorando, un llanto que no pod&iacute;a ser por unas monedas ni por un WhatsApp tan bienintencionado como impertinente, ni siquiera por un electrodom&eacute;stico averiado, pero eso fue lo que os expliqu&eacute;: estoy bien, no es nada, estoy un poco cansada, se me pasa en seguida, es que se nos estrope&oacute; la lavadora y ha coincidido con una mala racha, una cadena de peque&ntilde;os infortunios; os cont&eacute; el seguro del coche, la multa, la factura atrasada, hablando entre hipidos y mocos, no vay&aacute;is a pensar que estamos tan mal, es solo una mala racha, repet&iacute;, una mala racha.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Malas rachas tenemos todos&rdquo;, dijisteis; &ldquo;malas rachas tenemos todos, pero hay quien las salva con holgura, y quienes nos caemos con cualquier imprevisto: un despido, una subida brusca del alquiler, un familiar enfermo, el dentista&hellip;&rdquo; &ldquo;O una lavadora rota&rdquo;, remat&oacute; alguien.
    </p><p class="article-text">
        5-ACLARADO
    </p><p class="article-text">
        En lo que tard&oacute; mi ropa en lavarse me contasteis vuestras malas rachas. Primero hablaste t&uacute;, la m&aacute;s cercana, a ti, como a m&iacute;, se te rompi&oacute; un d&iacute;a la lavadora, no pod&iacute;as comprar una nueva en ese momento, y acabaste por enga&ntilde;arte de que es mejor vivir sin ella, que sale m&aacute;s barato venir aqu&iacute;, te ahorras luz y agua, es incluso m&aacute;s ecol&oacute;gico, y encima tienes un ratito de tertulia. Luego contasteis los que llegasteis a Espa&ntilde;a y el &uacute;nico piso donde os alquilaron una habitaci&oacute;n asequible no tiene lavadora, ni el propietario os deja instalarla por no s&eacute; qu&eacute; problema con anteriores inquilinos. La pareja que viv&iacute;s en un cuchitril de cama mueble y cocina en armario, doce metros cuadrados que la inmobiliaria troce&oacute; de un piso antiguo, y donde no os cabe m&aacute;s que una mini lavadora de camping para la ropa interior. Los que perdisteis el piso, los desahuciados que est&aacute;is provisionalmente en casa de un familiar y no quer&eacute;is abusar m&aacute;s. El m&aacute;s joven, t&uacute; que en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os has cambiado tantas veces de trabajo, casa y hasta ciudad, que viajas con lo puesto, y a veces hay suerte y el piso est&aacute; equipado, y otras, como ahora, que no. El divorciado que a los cincuenta compartes piso con otro divorciado que etiqueta su comida de la nevera, tiene sus propios platos y vasos, y usa en exclusiva la lavadora por haberla comprado &eacute;l. Los dos okupas que viv&iacute;s en el piso vac&iacute;o de un banco, hasta que os vuelvan a echar.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; nos encontramos todos, cada uno con su mala racha a cuestas.
    </p><p class="article-text">
        6-CENTRIFUGADO
    </p><p class="article-text">
        Os vais a re&iacute;r, pero me entran ganas de, cuando llegue el pr&oacute;ximo d&iacute;a uno y me ingresen la n&oacute;mina y a Salva sus facturas del mes pasado, no comprar tampoco entonces la lavadora. Gastarnos los trescientos euros en una escapada rom&aacute;ntica. Estoy bromeando, claro, no es eso. Tampoco pienso dejar de comprarla porque sepa que el d&iacute;a uno ser&aacute; todav&iacute;a arriesgado gastar esos trescientos o menos euros, sin antes aclarar qu&eacute; pasa con la factura atrasada de Salva; que no ser&iacute;a la primera vez que una atrasada se convierte en impagada y el cliente entra en concurso de acreedores y adi&oacute;s muy buenas. Ni siquiera lo digo porque tema que el mes que viene contin&uacute;e la mala racha y sea el coche, o me asignen menos horas en el trabajo, o cualquier otro imprevisto.
    </p><p class="article-text">
        Lo digo por seguir viniendo aqu&iacute; dos o tres veces por semana. Por seguir encontr&aacute;ndoos. Porque tras el asco de los primeros d&iacute;as, y una vez recuperada mi maltrecha autoestima, ahora me siento bien aqu&iacute;, no quiero perder estas dos horas. Porque con vosotros puedo hablar lo que no me atrevo a decirle a Salva para que no me intente tranquilizar con su cuento de la lechera; ni a mi madre para que no se agobie por el futuro de las ni&ntilde;as; ni a la pija del colegio, ni a las compa&ntilde;eras de trabajo, que algunas est&aacute;n peor que yo; no puedo decirles lo que s&iacute; puedo decir aqu&iacute;: que estamos mal, claro que estamos mal; que no somos pobres, pero vivimos en el alambre, o quiz&aacute;s s&iacute; somos t&eacute;cnicamente pobres, pero nos sacudimos esa etiqueta con temor y con orgullo y continuamos un mes y otro mes caminando por ese alambre con pasitos cortos y sin mirar abajo, y de vez en cuando pierdes pie y te quedas ah&iacute;, con los brazos en cruz y una pierna al aire, el cable temblando y otra vez te has salvado pero quiz&aacute;s la pr&oacute;xima no lo cuentes.
    </p><p class="article-text">
        Y que tengo miedo: a vosotros os puedo confesar que tengo miedo, porque s&eacute; que me entend&eacute;is y ten&eacute;is el mismo miedo, y compartirlo es una forma de quit&aacute;rnoslo un poquito, aunque sea durante dos horas, sentirnos menos solas. Que tengo miedo a que se me rompa otra lavadora, o me rompan el contrato de trabajo, o a Salva se le rompa una pierna y no pueda salir a buscar clientes, o mi madre se rompa la cadera y tengamos que pagar a quien la cuide, o se nos rompa el amor como en la canci&oacute;n y no de tanto usarlo y acabemos divorciados y m&aacute;s pobres, o tantas cosas que se te pueden romper de un d&iacute;a para otro y sin que puedas pagar la reparaci&oacute;n o el reemplazo.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; puedo contar todo eso, como vosotros cont&aacute;is vuestras propias fracturas; aqu&iacute; me entend&eacute;is, nos entendemos, esta conversaci&oacute;n que ya no podr&iacute;a imaginar en ning&uacute;n otro sitio, solo aqu&iacute;, con el zumbido de fondo de las lavadoras girando, y supongo que os pasa que cuando termina el ciclo, cuando abr&iacute;s la portezuela y sac&aacute;is la ropa y la met&eacute;is en la bolsa y os desped&iacute;s y volv&eacute;is a casa, sois otras, sois otros, ese alivio, esa tranquilidad de regresar con la ropa tan limpia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/ropa-limpia_132_1002538.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Feb 2020 20:07:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/367365e2-2cf2-4298-99fa-13a505b28acd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="166377" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/367365e2-2cf2-4298-99fa-13a505b28acd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="166377" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Ropa limpia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/367365e2-2cf2-4298-99fa-13a505b28acd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un viaje inolvidable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/viaje-inolvidable_132_1002848.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92791462-0e7d-427b-823a-e569e0ec63a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un viaje inolvidable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un cuento sobre destinos turísticos que tras el escaparate ocultan un reverso desamparado</p></div><p class="article-text">
        Mira que ten&iacute;amos ganas de conocer el pa&iacute;s. Nos lo hab&iacute;an recomendado amigos que veranearon en sus costas o pasaron puentes en alguna de sus ciudades, y todos coincid&iacute;an: un destino bueno, bonito y barato. Bueno era su clima suave, la hospitalidad de los nativos, la gastronom&iacute;a tan diferente a la nuestra. Bonito, por su patrimonio monumental, sus paisajes y formidables playas. Y barato, bastante barato para ser un pa&iacute;s tan tur&iacute;stico. El idioma tampoco era un obst&aacute;culo, con el ingl&eacute;s te entienden en cualquier parte. Como adem&aacute;s conseguimos unos billetes low-cost, qu&eacute; m&aacute;s pod&iacute;amos pedirle a una semana de vacaciones en pleno febrero. All&aacute; nos fuimos mi marido y yo.
    </p><p class="article-text">
        Y no te negar&eacute; que pasamos muchos momentos estupendos y s&iacute;, visitamos lugares hermosos, comimos maravillosamente y nos bronceamos en sus fabulosas playas aprovechando su invierno templado. Pero si te digo que ha sido un viaje &ldquo;inolvidable&rdquo;, no estoy pensando en pueblos con encanto o apabullantes puestas de sol. Digamos que encontramos un pa&iacute;s muy diferente al esperado, otro pa&iacute;s del que no hablan las gu&iacute;as tur&iacute;sticas ni las webs de opiniones, ni por supuesto las campa&ntilde;as promocionales de su gobierno, que ha sabido vender al exterior un pa&iacute;s moderno, amable, pr&oacute;spero, sin conflictos.
    </p><p class="article-text">
        La llegada, y los primeros d&iacute;as, fueron inmejorables. Nos recibi&oacute; un aeropuerto impresionante, de esos con varios premios de arquitectura. La l&iacute;nea de metro que nos condujo al centro parec&iacute;a reci&eacute;n construida para nosotros, y cuando asomamos a la superficie encontramos una capital que, a primera vista, era homologable a otras grandes ciudades occidentales: rascacielos, centros comerciales, atascos de tr&aacute;fico. Civilizaci&oacute;n, orden, dinero. Dimos por hecho que nuestro hotel estaba en un barrio acomodado, en ning&uacute;n momento cre&iacute;mos que todo el pa&iacute;s se pareciese a aquellas calles impecables, con boutiques de primeras firmas internacionales, hoteles de lujo, restaurantes con estrellas, coches de gama alta, gente elegante.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, nos aloj&aacute;bamos en una de las zonas m&aacute;s exclusivas de la capital, pero en los tres d&iacute;as que pasamos recorriendo la ciudad no vimos nada que desentonase con cualquier calle de nuestro pa&iacute;s: edificios en buen estado, comercios, grandes almacenes, franquicias, transporte p&uacute;blico eficiente, vecinos yendo y viniendo de sus trabajos, mucho turismo, y un ambiente simp&aacute;tico, festivo incluso, con bares nocturnos siempre llenos. Comimos bien, aunque a m&iacute; no me gust&oacute; tanto la cocina local como a mi marido, que s&iacute; lo quiso probar todo. S&iacute;, es cierto que vimos mendigos por las aceras, y en una plaza c&eacute;ntrica encontramos una comunidad de indigentes acartonados bajo un paso elevado. Nada extra&ntilde;o, lo mismo que en cualquier pa&iacute;s occidental, el nuestro incluido, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Pues no. Hab&iacute;a mucho m&aacute;s. Si solo hubi&eacute;semos visitado esos pocos distritos de la capital, y hubi&eacute;semos regresado a casa por el mismo metro y aeropuerto, nos habr&iacute;amos llevado la misma impresi&oacute;n que tantos turistas: bueno, bonito y barato. Y ser&iacute;a una postal incompleta.
    </p><p class="article-text">
        Al tercer d&iacute;a alquilamos un coche para viajar m&aacute;s al sur. Nada m&aacute;s dejar la capital, nos despistamos en la autopista por no entender bien las se&ntilde;ales en el idioma local. Tomamos la salida equivocada y, en vez de una v&iacute;a de servicio, un pol&iacute;gono o una gasolinera, aquel desv&iacute;o result&oacute; ser un portal a otra dimensi&oacute;n, un agujero que de pronto nos llev&oacute; a otro pa&iacute;s, incluso dir&iacute;a que a otro continente. O directamente al infierno.
    </p><p class="article-text">
        Avanzamos por un carril que en seguida perdi&oacute; el asfalto para convertirse en camino embarrado y bacheado. Como hab&iacute;a casas bajas a los lados, pensamos que se trataba de alg&uacute;n pueblo pintoresco y decidimos continuar, a la aventura y con la c&aacute;mara preparada. Pero seg&uacute;n recorr&iacute;amos el camino, las casas se iban mostrando m&aacute;s deterioradas, como en descomposici&oacute;n progresiva: fachadas sin enlucir, materiales pobres o aprovechados de usos anteriores, tejados de chapa, ventanas que eran solo agujeros con maderas o cartones, caravanas desguazadas, y finalmente chabolas, amontonamientos de tableros y pl&aacute;sticos, telas sobre palos, ra&iacute;das tiendas de campa&ntilde;a que parec&iacute;an flotar en charcos. Tambi&eacute;n sus habitantes iban mutando a peor seg&uacute;n avanz&aacute;bamos: se multiplicaban las hogueras a los lados del camino, donde se calentaban familias enteras, pero tambi&eacute;n muertos vivientes, toxic&oacute;manos que apenas se sosten&iacute;an en pie, y ni&ntilde;os. Muchos ni&ntilde;os. Decenas, cientos de ni&ntilde;os que jugaban entre escombros y basura. Vimos ratas. Perros, muchos perros, y tambi&eacute;n perros muertos. Escombros, zapatos perdidos, gallinas picoteando entre desperdicios. El viento revoleaba bolsas de pl&aacute;stico. Se masticaba el hedor de un cercano vertedero, donde deb&iacute;an de estar quemando toneladas de basura.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; avanzamos durante diez, doce, quiz&aacute;s m&aacute;s kil&oacute;metros llenos de casas precarias y cobertizos infames donde deb&iacute;an de vivir varios miles de personas. Nos cruz&aacute;bamos con furgonetas llenas de chatarra, y coches destartalados de los que bajaban drogadictos para clavarse su dosis all&iacute; mismo y a veces caer desplomados en medio del camino. &iquest;De verdad segu&iacute;amos estando en el mismo pa&iacute;s?
    </p><p class="article-text">
        Nos sucedi&oacute; algo parecido dos d&iacute;as despu&eacute;s, cientos de kil&oacute;metros al sur, en una de las ciudades m&aacute;s tur&iacute;sticas del pa&iacute;s, una de las que m&aacute;s nos hab&iacute;an recomendado los amigos: &ldquo;No os perd&aacute;is su centro hist&oacute;rico, es como un viaje al pasado&rdquo;. En efecto, tras recorrer el casco antiguo, visitar la catedral y perdernos por sus callejuelas, acabamos viajando al pasado. Pero no a un pasado hist&oacute;rico y embellecido, como el que en una plaza teatralizaban actores con trajes de &eacute;poca, sino a un pasado de miseria y oscuridad: de regreso al hotel decidimos pasear en vez de coger un taxi y, tras recorrer una avenida llena de tiendas y restaurantes, al girar una simple esquina ca&iacute;mos de golpe en otro tiempo, en otra &eacute;poca, en otro planeta: edificios cuyas fachadas parec&iacute;an bombardeadas, ventanas melladas que exhib&iacute;an su desolado interior, basura esparcida o quemada, aguas fecales inundando portales y aceras, coches desguazados, gente a la intemperie, locales convertidos en hogares para varias familias hacinadas. Se nos acercaron algunos ni&ntilde;os, todos ellos gitanos, no entend&iacute;amos lo que dec&iacute;an en su idioma, les dimos unas monedas y nos alejamos deprisa de aquellas calles desamparadas, con m&aacute;s pesar que temor.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el hotel, la recepcionista nos advirti&oacute; de que hab&iacute;amos sido muy imprudentes por atravesar aquel barrio. En ingl&eacute;s nos explic&oacute; que hab&iacute;a otros similares, guetos donde miles de personas malviv&iacute;an sin futuro, estigmatizados desde siempre. En ese momento se uni&oacute; a la conversaci&oacute;n una limpiadora, que para nuestra sorpresa tambi&eacute;n hablaba ingl&eacute;s. Nos cont&oacute; la situaci&oacute;n de su hermana, que no ten&iacute;a trabajo y sobreviv&iacute;a dif&iacute;cilmente con dos hijos. Los hab&iacute;an echado de su casa por no poder pagarla. Ella misma, pese a tener trabajo, hab&iacute;a dejado de pagar la luz alg&uacute;n mes, porque &ldquo;deb&iacute;a elegir luz o comida&rdquo;, y hab&iacute;a sufrido ya varios cortes de suministro.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo peor estaba por llegar: cuando retomamos el viaje, ahora rumbo a la costa. Quer&iacute;amos terminar la semana en alguna de las playas, recordando las palabras de tantos amigos que nos lo aconsejaban: &ldquo;kil&oacute;metros de arena blanca rodeados por un parque natural, grandes dunas, chiringuitos con el mejor pescado, zonas nudistas y olas perfectas para practicar surf&rdquo;. Recorrimos la comarca buscando una de aquellas playas, atravesamos unos bell&iacute;simos humedales, poblados por miles de aves como nunca hab&iacute;amos visto. Hasta que nos confundimos de carretera, y otra vez se abri&oacute; un agujero ante nosotros: esta vez encontramos lo que cualquiera, si lo viese en fotograf&iacute;as, habr&iacute;a tomado por un campo de refugiados. Aunque sospecho que hasta los campos de refugiados tienen mejores condiciones.
    </p><p class="article-text">
        A pocos kil&oacute;metros de una playa incre&iacute;ble, y al borde de un protegid&iacute;simo parque natural, cientos o tal vez miles de personas, negras la mayor&iacute;a, viven sin m&aacute;s techo que cartones y pl&aacute;sticos sostenidos de cualquier manera. Por supuesto sin electricidad, agua corriente o retrete, compartiendo colchones mugrientos o durmiendo directamente en el suelo, en peque&ntilde;os refugios que a veces no tienen altura suficiente para ponerse de pie, y donde acumulan maletas, sus escasos enseres, los m&aacute;s afortunados un hornillo para calentar la comida, el agua que traen de una fuente lejana, o sus cuerpos en las noches heladas. Algunos nos contaron que llevan cuatro o cinco a&ntilde;os all&iacute;. Trabajan en las explotaciones agr&iacute;colas de la zona, y lo poco que ganan no les permite salir, y tampoco los vecinos del pueblo m&aacute;s cercano les dan facilidades para alquilar una vivienda compartida.
    </p><p class="article-text">
        Pasamos los dos &uacute;ltimos d&iacute;as en la playa, pero conmocionados por todos aquellos episodios. &iquest;Nos ha gustado el pa&iacute;s? Mucho, es realmente hermoso, sus gentes encantadoras, su gastronom&iacute;a deliciosa y s&iacute;, sus precios muy asequibles. Pero no entendemos c&oacute;mo puede convivir toda aquella miseria y abandono en un pa&iacute;s que a la vez exhibe riqueza, modernidad, futuro.
    </p><p class="article-text">
        En el avi&oacute;n, ya de vuelta a casa, mi marido me ense&ntilde;&oacute; una noticia del peri&oacute;dico: el relator de la ONU sobre extrema pobreza hab&iacute;a estado en el pa&iacute;s pocos d&iacute;as antes que nosotros. &ldquo;Y f&iacute;jate, entre otros lugares pas&oacute; por los mismos que hemos conocido&rdquo;, me se&ntilde;al&oacute; mi marido, y ley&oacute; en el reportaje nombres que nos resultaban familiares: la Ca&ntilde;ada Real en Madrid, los Pajaritos y el Pol&iacute;gono Sur en Sevilla, los campos de fresa en Huelva. Me ley&oacute; algunos datos sobre exclusi&oacute;n, desigualdad, precariedad laboral, desahucios, colectivos en riesgo o pobreza infantil, y varios testimonios de personas que se sienten abandonadas. Nos llamaron especialmente la atenci&oacute;n unas palabras del relator de la ONU: <em>&ldquo;He visitado sitios que muchos espa&ntilde;oles no reconocer&iacute;an como parte de su pa&iacute;s&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Eso mismo pensamos nosotros: que seguramente haya espa&ntilde;oles que, si visitan esos mismos lugares, o leen sobre ellos en un reportaje o en el relato que de sus vacaciones hacen unos turistas extranjeros, quiz&aacute;s no los reconozcan, y crean que les est&aacute;n hablando de otro pa&iacute;s, de otro continente u otra &eacute;poca. Pero no: es Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/viaje-inolvidable_132_1002848.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Feb 2020 19:40:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/92791462-0e7d-427b-823a-e569e0ec63a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="199603" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/92791462-0e7d-427b-823a-e569e0ec63a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="199603" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Un viaje inolvidable]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/92791462-0e7d-427b-823a-e569e0ec63a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Boomer KO]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/boomer-ko_132_1003030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8eacacb4-c983-49d6-a2e1-a0ec3d81d6be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Boomer KO"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un cuento sobre empresas dinámicas, trabajadores ambiciosos y edades difíciles</p></div><p class="article-text">
        Ahora todos vamos de listos, ahora resulta que todo el mundo se lo ol&iacute;a, que todos sospech&aacute;bamos algo desde el primer d&iacute;a, pero no es verdad: nos la col&oacute; a todos. A todos. Desde el jefe de recursos humanos que le hizo la entrevista, hasta la de administraci&oacute;n que tecle&oacute; sus datos personales en el contrato, pasando por cada uno de los que compartimos departamento con &eacute;l: todos ca&iacute;mos, a todos nos enga&ntilde;&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que era un t&iacute;o rarillo, pero por esta empresa pasa gente de lo m&aacute;s freak. Con la rotaci&oacute;n que tenemos, entre los que se queman ellos solos y ya no vuelven el lunes, los que no renuevan tras el per&iacute;odo de prueba o son despedidos, y los que encuentran algo mejor y adi&oacute;s muy buenas, no hay semana que no llegue alguien nuevo. Yo, que no llevo ni un a&ntilde;o, he visto de todo. As&iacute; que tampoco nos &iacute;bamos a extra&ntilde;ar por un raro m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana hemos comentado junto a la m&aacute;quina del caf&eacute; lo sucedido, y cada uno ha aportado su propio episodio, su momento en que pens&oacute; que Jota (Jos&eacute; Antonio, pero desde el primer d&iacute;a quiso que lo llam&aacute;semos Jota) era un chaval un tanto peculiar. Hemos compartido an&eacute;cdotas, medio en serio y medio en broma, con las que mitigar el malestar que nos une:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era muy callado, y tardaba en responder cuando le preguntabas algo, como si midiese bien cada palabra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hab&iacute;a visto ninguna serie de las que coment&aacute;bamos, dec&iacute;a que las conoc&iacute;a pero se le notaba que ni hab&iacute;a o&iacute;do hablar de la mayor&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aseguraba que hab&iacute;a estudiado en la Aut&oacute;noma, pero cuando le pregunt&eacute; detalles por si hab&iacute;amos coincidido o ten&iacute;amos amigos comunes, se hizo un l&iacute;o con las fechas y acab&oacute; cambiando de tema&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el grupo de WhatsApp del afterwork apenas participaba, &iquest;verdad? Y las pocas veces que lo hac&iacute;a era de pronto el t&iacute;o con mejor rollo del mundo y escrib&iacute;a mucho LOL, WTF, YOLO, MEH y cosas as&iacute; que a veces no ven&iacute;an a cuento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No ten&iacute;a ni idea de TikTok, pens&eacute; que me tomaba el pelo cuando le pregunt&eacute; si ten&iacute;a cuenta y no sab&iacute;a de qu&eacute; le estaba hablando. Busqu&eacute; en Instagram y tampoco est&aacute;, por lo menos no con su nombre. Apuesto a que tiene cuenta&hellip; &iexcl;de Facebook!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;&iexcl;No sab&iacute;a qui&eacute;n era Yung Beef, ni le sonaba el nombre!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Yung Beef dices? Pero si un d&iacute;a lo pill&eacute; tarareando una&hellip; &iexcl;de Sabina!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esperad, esperad. Lo m&aacute;s flipante: llegaba muchas ma&ntilde;anas con un peri&oacute;dico en la mano, y no era un gratuito, ni siquiera un deportivo, &iexcl;hab&iacute;a comprado un peri&oacute;dico en el kiosco! &iexcl;Un puto peri&oacute;dico!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Re&iacute;mos todos, pero en seguida se nos quiebra la risa. Poca broma. En realidad nos sentimos mal. Muy mal. Nos gustar&iacute;a ayudarle, aunque ya sea tarde. La hemos cagado, pobre hombre.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Antonio, o Jota, lleg&oacute; poco antes de navidades. Lo vimos entrar en nuestro departamento acompa&ntilde;ado por el jefe de recursos humanos, que lo present&oacute; a Jaime, nuestro coordinador, con su broma de siempre: &ldquo;M&iacute;ster, aqu&iacute; te entrego al &uacute;ltimo fichaje, ya ha pasado el reconocimiento m&eacute;dico. S&aacute;calo a jugar y a ver cu&aacute;ntos goles mete&rdquo;; y luego una palmada recia en el lomo del reci&eacute;n llegado: &ldquo;&iexcl;A sudar la camiseta, crack!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El coordinador le explic&oacute; r&aacute;pidamente la estructura del departamento, la programaci&oacute;n y objetivos mensuales, el sistema de calidad y dem&aacute;s b&aacute;sicos; le ense&ntilde;&oacute; su mesa de trabajo, y luego nos lo fue presentando. Yo dir&iacute;a que cuando le di la mano por primera vez not&eacute; algo extra&ntilde;o, pero seguramente es una reelaboraci&oacute;n posterior, a partir de lo que ahora s&eacute;. Aquel primer d&iacute;a ni me fijar&iacute;a en &eacute;l, casi ni levantar&iacute;a la vista de mi pantalla, y no encontrar&iacute;a nada sospechoso en su outfit, que no recuerdo, pero que supongo como el del resto de d&iacute;as, como el de ayer mismo cuando lo vimos por &uacute;ltima vez: vaqueros slim, camisa de le&ntilde;ador con camiseta debajo, y unas New Balance. Como cualquiera de nosotros. Tampoco llamaba la atenci&oacute;n su corte de pelo, rapado por los lados y abundante arriba, su barba muy cuidada o sus gafas de pasta azul. Uno m&aacute;s en una empresa llena de veintea&ntilde;eros y treinta&ntilde;eros, otro joven que daba el perfil que busca la direcci&oacute;n, tal como los reclama en las ofertas de empleo: <em>&ldquo;Empresa l&iacute;der en el sector selecciona j&oacute;venes din&aacute;micos, con ambici&oacute;n, actitud positiva y ganas de crecer&hellip;&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Jota no era muy din&aacute;mico, m&aacute;s bien reservado, pero en el poco tiempo que ha estado con nosotros demostr&oacute; sobrada ambici&oacute;n, actitud m&aacute;s que positiva, y ganas enormes de crecer. Sus resultados han sido muy buenos, nos lo confirm&oacute; esta ma&ntilde;ana el coordinador, que no comparte la decisi&oacute;n de la empresa de despedirlo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entiendo la p&eacute;rdida de confianza, lo que ha hecho no es un asunto menor, de acuerdo. Pero era uno de nuestros mejores&hellip; muchachos. Uno de los mejores que he tenido en a&ntilde;os. No vamos a encontrar muchos como &eacute;l, con su formaci&oacute;n, contactos, experiencia y madurez. Una pena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n fue el primero en manifestar alguna sospecha sobre aquel nuevo fichaje? Hoy en el caf&eacute; nos disput&aacute;bamos la primicia, qui&eacute;n cal&oacute; antes a Jota:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Record&aacute;is que yo un d&iacute;a hice una broma sobre su forma de hablar? A veces dec&iacute;a cosas como 'tranqui, tronco', 'efectiviwonder', 'que yo tengo mucha mili'; y todo le parec&iacute;a 'guay'. Joder, colega, hablas igual que mi viejo, le solt&eacute; aquel d&iacute;a, pero lo dije de co&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ese pelo suyo tan moreno, moren&iacute;simo, negro nuclear&hellip; Y la barba igual, parec&iacute;a fake&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya os cont&eacute; el d&iacute;a que lo vi por la calle con una piba, y cuando lo salud&eacute; pareci&oacute; inc&oacute;modo, ni me la present&oacute;. Al d&iacute;a siguiente le coment&eacute;, eh, t&iacute;o, vaya pib&oacute;n, y me devolvi&oacute; una sonrisa g&eacute;lida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Como cuando en el bar, aquella noche a la salida del curro, se le acerc&oacute; un se&ntilde;or y lo salud&oacute;, &iquest;os acord&aacute;is? Lo llam&oacute; Pepe, no Jota, y lo mir&oacute; con extra&ntilde;eza, como dudando de si era &eacute;l. Jota lo cogi&oacute; del brazo y se lo llev&oacute; al fondo de la barra, le dijo algo al o&iacute;do y yo vi la cara de pasmado que se le quedaba al otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; que un t&iacute;o use maquillaje tampoco me choca demasiado, yo mismo me he puesto eye-liner para salir de fiesta. Pero es que algunas ma&ntilde;anas ven&iacute;a pintado como una puerta, joder, cantaba desde lejos; y flipo que no os dieseis cuenta hasta que os lo dije&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fuimos acumulando indicios durante semanas, aunque el principal motivo de sospecha no ten&iacute;a que ver con su aspecto f&iacute;sico, su color de pelo o su conversaci&oacute;n: era su rendimiento laboral. El primero en llegar, el &uacute;ltimo en irse. El que mejores resultados del departamento sac&oacute; en el &uacute;nico mes que complet&oacute;. El que m&aacute;s iniciativa mostraba, el que propon&iacute;a las mejores soluciones en la reuni&oacute;n de coordinaci&oacute;n. El m&aacute;s din&aacute;mico, el m&aacute;s ambicioso. Tambi&eacute;n era el que te ayudaba con un marr&oacute;n, es verdad, todos lo comprobamos.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que la semana pasada, por fin, hablamos claro. El martes por la noche, aprovechando que &eacute;l no se qued&oacute; ese d&iacute;a al afterwork. Fui yo quien puso palabras a lo que ya todos pens&aacute;bamos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escuchadme, gente: estoy rallado con Jota. Muy rallado. Ese t&iacute;o no es quien dice ser&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy contigo: no s&eacute; a qu&eacute; juega, pero est&aacute; claro que no es uno de los nuestros. Es como si estuviera&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Disfrazado? Hace tiempo que lo pienso. No me creo nada de &eacute;l. Todo suena falso: cuando habla de su familia, cuando cuenta an&eacute;cdotas de sus compa&ntilde;eros de piso o del festival al que dice que fue el verano pasado. Est&aacute; interpretando un papel. Me entran ganas de frotarle la cara con un kleenex para ver qu&eacute; hay debajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tenemos que averiguar de qu&eacute; va ese t&iacute;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente empezamos a investigar. Primero lo stalkeamos, claro, rastreamos en el buscador y las redes sociales con su nombre y apellidos, pero eran demasiado comunes y no encontramos nada determinante. As&iacute; que me camel&eacute; a mi amiga de recursos humanos, que me ense&ntilde;&oacute; el curr&iacute;culum de Jota, solo leerlo sin poder sacarle una foto. Por lo que pude ver, ten&iacute;a buen nivel acad&eacute;mico pero muy poca experiencia laboral, lo que hac&iacute;a m&aacute;s sorprendente la facilidad con que se hac&iacute;a cargo de cada vez m&aacute;s tareas.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma tarde otro compa&ntilde;ero y yo esperamos en el bar de enfrente hasta que lo vimos salir, el &uacute;ltimo, como siempre. Lo seguimos a distancia, cre&iacute;amos que iba al Metro, pero abri&oacute; un coche aparcado no muy lejos de la empresa, un modelo viejo, de m&aacute;s de quince a&ntilde;os. Como hab&iacute;a memorizado su direcci&oacute;n del curr&iacute;culum, pillamos un Uber y fuimos directos a su casa, al piso que seg&uacute;n &eacute;l compart&iacute;a con otros dos treinta&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        Era un barrio al sur, al pie de la autov&iacute;a de circunvalaci&oacute;n, un pu&ntilde;ado de torres apretadas cerca de un centro comercial. Al llegar, frente al portal, vimos venir su coche, nos agachamos para no ser descubiertos y pas&oacute; de largo, deb&iacute;a de estar buscando aparcamiento, la calle atestada de veh&iacute;culos en doble fila. Sin mucho pensar, aprovechamos la ventaja: entramos en su portal cuando sal&iacute;a un vecino, miramos el buz&oacute;n y encontramos su nombre y apellidos, que al menos s&iacute; coincid&iacute;an con los de su curr&iacute;culum, junto a varios nombres m&aacute;s: una Mar&iacute;a del Carmen, y otros dos nombres, Teresa y Ricardo, que compart&iacute;an el primer apellido de nuestro Jota, y ten&iacute;an por segundo el de la tal Mar&iacute;a del Carmen. Es decir, sus hijos. Que estuviera casado y con dos ni&ntilde;os no nos impresion&oacute; tanto como cuando a continuaci&oacute;n llamamos al timbre, fingi&eacute;ndonos comerciales de inmobiliaria, y abri&oacute; la puerta una piba de veintipocos a&ntilde;os. La tomamos por su mujer, la imaginamos madre de dos beb&eacute;s, hasta que a su espalda asom&oacute; una se&ntilde;ora que le pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n ha llamado, Tere?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La prueba definitiva lleg&oacute; al d&iacute;a siguiente: la chica de administraci&oacute;n nos ense&ntilde;&oacute; la fotocopia del DNI que Jota hab&iacute;a entregado para que le hicieran el contrato, y que claramente ella ni hab&iacute;a mirado. A esas alturas ya no nos sorprendi&oacute; comprobar que nuestro Jota hab&iacute;a nacido&hellip; en 1966.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Joder, cincuenta y cuatro tacos&rdquo;, dijimos varios a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Antes de abordarlo, nos reunimos sin &eacute;l esa misma noche, en un bar distinto al habitual. Los &aacute;nimos estaban ya bastante calentitos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Cincuenta y cuatro tacos! Un puto viejo disfrazado de millennial, de qu&eacute; va ese t&iacute;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Igual es poli y est&aacute; investigando algo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;, detective, no te jode. No has visto t&uacute; pel&iacute;culas&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo digo que es un jefe, que se hace pasar por uno de nosotros para espiarnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A ver si va a ser como el programa ese, el del jefe disfrazado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Infiltrado, el jefe infiltrado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;C&oacute;mo va a ser eso, si no hay c&aacute;maras ni nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pues igual es un jefe que se ha flipado viendo el programa ese, y ha decidido hacerlo por su cuenta, para conocer la empresa desde dentro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;, para que nos confiemos y a la m&iacute;nima nos pone en la calle&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;O un consultor que est&aacute; evalu&aacute;ndonos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sea quien sea, lo que est&aacute; claro es que va a jodernos. Hay que hacer algo. Se acab&oacute; el carnaval&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; hicimos ayer: esperamos a que se acercase a la m&aacute;quina del caf&eacute;, y aqu&iacute; mismo lo acorralamos entre todos los del departamento. Nos vio venir, y antes de que nadie abriese la boca ya le cambi&oacute; la cara, se dio cuenta de que lo hab&iacute;amos pillado:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hola, &iquest;puedo ayudaros en algo?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se acab&oacute; el juego, Jos&eacute; Antonio. &iquest;O prefieres que te llamemos Pepe?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vaya pib&oacute;n, vaya pib&oacute;n&hellip; Y resulta que era tu hija, cabr&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Pensabas que ibas a enga&ntilde;arnos con ese tinte cutre, un poco de maquillaje y ropa de tu hijo?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Puedo explic&aacute;roslo&rdquo;, balbuce&oacute;, y le exigimos que s&iacute;, que nos lo explicara todo, desde el principio.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando esper&aacute;bamos que nos confesase que en realidad era el nuevo director general, o el CEO venido de la sede central, o un detective contratado para descubrir a alg&uacute;n empleado desleal, nos encontramos con una historia bien distinta: Jos&eacute; Antonio, Jota, nos dijo que s&iacute;, que ten&iacute;a cincuenta y cuatro a&ntilde;os. Hab&iacute;a pasado casi veinte en una empresa, hasta que un ERE fusil&oacute; a todos los empleados de m&aacute;s de cuarenta y cinco. Llevaba seis a&ntilde;os buscando trabajo, y todo lo que hab&iacute;a conseguido en ese tiempo era un par de contratos temporales, fracasar como aut&oacute;nomo llevando la representaci&oacute;n de una marca, suspender dos oposiciones del Estado y de la Comunidad, agotar la prestaci&oacute;n por desempleo, el subsidio y lo que le quedaba de la indemnizaci&oacute;n por despido, malvivir con la ayuda de 430 euros para parados mayores, hacer incontables cursos, acudir a sesiones sobre t&eacute;cnicas de b&uacute;squeda de empleo, enviar correos y curr&iacute;culum a decenas, cientos de ofertas de trabajo, enviar distintas versiones del curr&iacute;culum, rebajando la formaci&oacute;n y la experiencia para poder optar a puestos de diferentes sectores y categor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Con voz quebrada nos dijo que estaba ya harto de anuncios de empleo que directamente buscan personas de menos de cincuenta, de menos de cuarenta y cinco, de menos de cuarenta. Harto de entrevistadores que tuercen el gesto al leer su fecha de nacimiento, y a veces se lo reconoc&iacute;an con dolorosa sinceridad: lo siento, su curr&iacute;culum es excelente, pero buscamos gente joven, din&aacute;mica, ambiciosa. Harto de ser despreciado porque piensen que con esa edad eres conflictivo, exigir&aacute;s m&aacute;s, esperar&aacute;s mejor remuneraci&oacute;n, enfermar&aacute;s m&aacute;s a menudo, ser&aacute;s menos d&oacute;cil, aguantar&aacute;s menos abusos, ser&aacute;s menos flexible, te adaptar&aacute;s peor a los cambios, te sindicar&aacute;s y revolver&aacute;s a los trabajadores m&aacute;s j&oacute;venes; y mientras hablaba lo escuch&aacute;bamos en silencio, todos conmovidos, de pronto viendo lo evidente de su disfraz, grotesco al escuchar su voz veterana. Al o&iacute;r su relato pareciera que la m&aacute;scara se descompusiese, como si el maquillaje se desconchase, el tinte se apagara, la piel del cuello perdiera tensi&oacute;n descolgando papada, se le embolsasen ojeras y corriesen surcos alrededor de la boca, perdiera luz la piel sobre las mejillas huesudas y brillo los ojos, asomasen alambres de orejas y nariz, y se le oscureciese la voz mientras terminaba de contar su historia, su vieja historia.
    </p><p class="article-text">
        La idea, termin&oacute; por confesarnos, la idea se la hab&iacute;a dado su hija Tere, un d&iacute;a que lo vio regresar derrotado de otra entrevista de trabajo: &ldquo;Oye, pap&aacute;, siempre que nos ven juntos nos hacen la broma de si soy tu novia o tu hermana, y es verdad que te conservas bien, no aparentas la edad que tienes. Se me est&aacute; ocurriendo algo muy loco&hellip;&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/boomer-ko_132_1003030.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Feb 2020 20:30:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8eacacb4-c983-49d6-a2e1-a0ec3d81d6be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="234704" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8eacacb4-c983-49d6-a2e1-a0ec3d81d6be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="234704" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Boomer KO]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8eacacb4-c983-49d6-a2e1-a0ec3d81d6be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mensaje en una botella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/mensaje-botella_132_1003341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/997a8286-9dd7-484b-b232-f82a7d827517_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mensaje en una botella"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un cuento sobre náufragos rurales, frutas que se pudren en la tierra y promociones de aceite "compra tres y paga dos"</p></div><p class="article-text">
        Estoy preparado para llorar. Abro la malla de cebollas, escojo la m&aacute;s grande, la coloco sobre la tabla, le meto el cuchillo, la parto en dos mitades, y ya me empiezan a picar los ojos y a moquear la nariz. Mira que he probado todos los trucos, hasta los m&aacute;s idiotas: meterla un minuto en el congelador antes de manipularla, untar el cuchillo con vinagre, incluso ponerme una piel de cebolla en la cabeza o gafas de bucear, pero nada, el llanto diario cada vez que cocino.
    </p><p class="article-text">
        Primero la parto en dos mitades, y luego retiro la primera capa. Pero en esta cebolla una parte de la piel est&aacute; ya despegada, apenas sujeta a la siguiente capa, sale limpia con solo pinzarla. Y bajo esa primera capa, tres n&uacute;meros, escritos no s&eacute; si con alg&uacute;n tipo de rotulador, pero son tres n&uacute;meros sin duda: 625. Levanto la media cebolla, la acerco para verla mejor, pese al aumento del lagrimeo. Ah&iacute; est&aacute;n, un 6, un 2 y un 5.
    </p><p class="article-text">
        -Mira qu&eacute; curioso &ndash;le digo a Bel&eacute;n&ndash;, esta cebolla trae sorpresa, como un huevo kinder. Le han escrito unos n&uacute;meros bajo la piel.
    </p><p class="article-text">
        -Pues ya van dos kinder esta semana &ndash;me explica mi mujer&ndash;, el otro d&iacute;a cog&iacute; una patata y ten&iacute;a un 700 inscrito, alguien se lo hab&iacute;a grabado con un cuchillo.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;En serio? No me dijiste nada.
    </p><p class="article-text">
        -Pens&eacute; que hab&iacute;a sido Dani, que cuando se aburre hace cosas as&iacute;. Quiz&aacute;s ha hecho &eacute;l tambi&eacute;n lo de la cebolla.
    </p><p class="article-text">
        -No, la he sacado de la malla que acabo de traer del s&uacute;per.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Te has acordado del aceite? &iquest;Estaba la oferta esa del tres por dos?
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, y la leche &ndash;no quiero cambiar de conversaci&oacute;n&ndash;. Volviendo a la cebolla&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Has probado lo de mojarla antes?
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        -La cebolla &ndash;y se&ntilde;ala mis ojos enrojecidos&ndash;, el truco ese de meterla en agua antes de cortarla.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; podr&iacute;a quedar la historia, una an&eacute;cdota insignificante que no da ni para compartir en la hora del caf&eacute; con los compa&ntilde;eros (&ldquo;No os vais a creer lo que encontr&eacute; &iexcl;en una cebolla!&rdquo;), una tonter&iacute;a de nuestro hijo, o la acci&oacute;n inofensiva de un trabajador aburrido en la planta de envasado, algo que en seguida olvidar&iacute;amos, de no ser porque cuando abro la botella de aceite de oliva y la vuelco sobre la sart&eacute;n, observo algo extra&ntilde;o en su interior.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Esto tambi&eacute;n lo ha hecho Dani? &ndash;pregunto a Bel&eacute;n, con la botella en alto.
    </p><p class="article-text">
        Ella se acerca y la observa a la luz, arruga la nariz.
    </p><p class="article-text">
        -Parece un papel doblado &ndash;le informo&ndash;. Y la botella es nueva, la acabo de abrir.
    </p><p class="article-text">
        -Ll&eacute;vala y que te la cambien &ndash;dice ella, siempre tan pragm&aacute;tica&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;No te da curiosidad saber qu&eacute; es?
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Curiosidad? No empieces con tus fantas&iacute;as. Es un trozo de etiqueta o cualquier otra mierda que se les cay&oacute; en el dep&oacute;sito de aceite antes de envasar. A saber las guarrer&iacute;as que nos tragaremos sin darnos cuenta. Eso nos pasa por comprar marca blanca. Ve y que te la cambien por otra. O espera, igual tenemos derecho a alguna compensaci&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y si es&hellip; un mensaje?
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, claro. Un mensaje en una botella. El n&aacute;ufrago del olivar, ya te digo. &iquest;Has tirado el ticket de compra?
    </p><p class="article-text">
        Acepto ir ma&ntilde;ana a devolver la botella, aunque paso un rato intentando pescar con un pincho de brocheta el objeto flotante no identificado, sin conseguirlo.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Eres t&uacute; el que pone n&uacute;meros en las patatas? &ndash;pregunto a Dani durante la cena, pero no sabe de qu&eacute; le hablo.
    </p><p class="article-text">
        -No le hagas caso a tu padre, que siempre imagina una aventura o un misterio a la vuelta de la esquina &ndash;se burla Bel&eacute;n, y vuelve a contar lo del d&iacute;a que apareci&oacute; una mancha de humedad en la pared del trastero y yo insist&iacute;a en ver una cara, unos rasgos humanos, y hasta investigu&eacute; si el edificio estaba construido sobre un antiguo cementerio o convento desaparecido.
    </p><p class="article-text">
        Nos re&iacute;mos, yo tambi&eacute;n, y recuperamos otras an&eacute;cdotas que ilustran mi frustrada vocaci&oacute;n de detective, an&eacute;cdotas hinchadas y deformadas con el paso de los a&ntilde;os, hasta que mi mujer deja de re&iacute;r cuando desviste la naranja que se va a comer de postre. &ldquo;Coge las naranjas que vienen envueltas en papel, que son mejores&rdquo;, me dice siempre en el s&uacute;per. Y ahora acaba de desnudar una de ellas, extiende el envoltorio y me lo muestra sorprendida:
    </p><p class="article-text">
        -Mira t&uacute; por d&oacute;nde, aqu&iacute; tienes otro de tus misterios.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Me hab&eacute;is preparado un juego de pistas? &ndash;bromeo, cojo el papel y me lo acerco. A bol&iacute;grafo, alguien ha escrito una direcci&oacute;n de Internet.
    </p><p class="article-text">
        -Ser&aacute; alguna promoci&oacute;n &ndash;dice ella.
    </p><p class="article-text">
        -Pues a m&iacute; no me ha tocado nada &ndash;protesta Dani al abrir su yogur y leer bajo la tapa el decepcionante &ldquo;sigue buscando, hay miles de regalos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin recoger la mesa, vamos al ordenador y tecleo la direcci&oacute;n que aparece en el envoltorio de la naranja. Es un v&iacute;deo de Youtube, de poco m&aacute;s de dos minutos, que alguien colg&oacute; hace solo tres d&iacute;as pero ya tiene m&aacute;s de treinta mil reproducciones.
    </p><p class="article-text">
        Vemos un campo de naranjos, con cientos, miles de naranjas tiradas por el suelo entre los &aacute;rboles, una enorme alfombra anaranjada. La c&aacute;mara se acerca y es visible la pudrici&oacute;n de la fruta abandonada.
    </p><p class="article-text">
        -Le&iacute; la noticia hace unos d&iacute;as &ndash;recuerdo&ndash;. En no s&eacute; qu&eacute; comarca dejaron las naranjas sin recoger porque al precio que se las pagan no salen las cuentas.
    </p><p class="article-text">
        -Pues no ser&aacute; porque en el s&uacute;per las vendan baratas &ndash;a&ntilde;ade Bel&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El v&iacute;deo sigue, y ahora vemos otros campos, donde cambia el fruto pero se repite el alfombrado: sand&iacute;as desperdigadas como balones, pepinos descomponi&eacute;ndose, lechugas ajardinando una extensa parcela sin recolectar, manzanas picoteadas por las moscas.
    </p><p class="article-text">
        -Qu&eacute; pena de comida tirada, con la de hambre que hay en el mundo &ndash;lamenta Dani, sincero.
    </p><p class="article-text">
        Cuando acaba el v&iacute;deo, tecleo en el buscador &ldquo;cebolla 625&rdquo;. Pero me aparecen p&aacute;ginas dispares, &ldquo;625 recetas con cebolla&rdquo;, o webs cuyo contacto es un tel&eacute;fono que incluye esos n&uacute;meros. Tecleo entonces &ldquo;cebolla 625 patata 700&rdquo;, y ahora s&iacute; me aparecen varias noticias con sentido: comparativas de precios en origen y en destino de varios productos agrarios, un &iacute;ndice de precios que cada mes se&ntilde;ala cu&aacute;nto se paga al productor, y qu&eacute; incremento tiene al llegar al consumidor final.
    </p><p class="article-text">
        -La cebolla se encarece un 625%, la patata un 700% &ndash;leo en voz alta&ndash;. Al agricultor le pagan la patata a 15 c&eacute;ntimos, y nosotros la compramos en el s&uacute;per a m&aacute;s de un euro el kilo.
    </p><p class="article-text">
        -Pues alguien se quedar&aacute; la diferencia por el camino &ndash;protesta mi mujer. Yo sigo leyendo:
    </p><p class="article-text">
        -Mira, la mandarina se paga en origen a 27 c&eacute;ntimos. Pues yo la he comprado hoy a casi dos euros el kilo.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;En serio has pagado dos euros por un kilo de mandarinas? &ndash;reacciona Bel&eacute;n&ndash;. Tengo que ir yo a hacer la compra, contigo no llegamos a fin de mes.
    </p><p class="article-text">
        -F&iacute;jate en la aceituna, poco m&aacute;s de 70 c&eacute;ntimos el kilo, y luego te la meten en una lata de 200 gramos y te cobran dos o tres euros.
    </p><p class="article-text">
        Ya que estoy en el ordenador, me asomo a Twitter, con intenci&oacute;n de tuitear algo sobre nuestros hallazgos. Descubro en las tendencias del d&iacute;a el hashtag #SOScampo. Hago clic y voy pasando deprisa los muchos mensajes que lo utilizan.
    </p><p class="article-text">
        -Parece que no somos los &uacute;nicos que hemos encontrado en la playa una botella con mensaje.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra cebolla no es excepcional, muchos cuentan un hallazgo similar, y tambi&eacute;n patatas grabadas con el 700, y envoltorios de naranjas y mandarinas con el mismo enlace al v&iacute;deo que ya vimos. Pero adem&aacute;s hay quien ha encontrado un peque&ntilde;o papel doblado y clavado en el tallo de un racimo de uvas, que al desplegarlo relata (con letra solo visible a la lupa) la forma en que una cadena de supermercados presiona a los productores para rebajar los precios. Otro usuario ense&ntilde;a la foto de un pl&aacute;tano que trae rotulado a lo largo un lema a favor de precios m&iacute;nimos y contra la importaci&oacute;n desde pa&iacute;ses con salarios m&aacute;s bajos. Una caja de fresas desvela, en el cart&oacute;n bajo la fruta, el testimonio que un trabajador ha inscrito a bol&iacute;grafo, detallando sus duras condiciones de trabajo y su miserable jornal.
    </p><p class="article-text">
        Bajo el mismo hashtag #SOScampo encuentro tambi&eacute;n hilos de mensajes que escriben los propios agricultores. Productores de ciruela o melocot&oacute;n que cuentan c&oacute;mo los precios recibidos no cubren los gastos de producci&oacute;n; ganaderos que se dicen asfixiados por el abaratamiento de la leche; familias que viven de la cereza y lamentan que ni siquiera agruparse en cooperativas los protege de los grandes intermediarios; otros que denuncian el funcionamiento de la PAC, o detallan la manera en que las grandes superficies venden a p&eacute;rdidas algunos productos para as&iacute; atraer a los clientes con descuentos, y ponen como ejemplo las promociones de aceite que tiran los precios y de paso ponen m&aacute;s presi&oacute;n sobre los olivareros. Entonces me acuerdo de nuestra botella de aceite, compra tres y paga dos. Corro a la cocina a recuperarla.
    </p><p class="article-text">
        -Yo no me quedo sin leerlo &ndash;explico a mi mujer cuando me ve vaciar la botella, pasando todo el aceite a una jarra, hasta que por fin sale el trozo de papel. Se resbala entre los dedos, pringoso, me cuesta extenderlo y cuando lo consigo puedo leer, por fin, el mensaje que un n&aacute;ufrago nos ha enviado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/mensaje-botella_132_1003341.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Feb 2020 19:32:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/997a8286-9dd7-484b-b232-f82a7d827517_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="256410" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/997a8286-9dd7-484b-b232-f82a7d827517_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="256410" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Mensaje en una botella]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/997a8286-9dd7-484b-b232-f82a7d827517_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Agricultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Serías capaz de vivir un mes con 950 euros?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/capaz-vivir-mes-euros_132_1063191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2498619a-8a55-4c70-a0d5-3b8b0e898b66_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="¿Serías capaz de vivir un mes con 950 euros?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ficción sobre salarios mínimos y retos inesperados</p></div><p class="article-text">
        Venga, os cuento lo m&iacute;o, atenci&oacute;n. Empec&eacute; el mes, d&iacute;a 1, teniendo en la cuenta:
    </p><p class="article-text">
        <strong>950 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese primer d&iacute;a ya rest&eacute; 385 euros del piso (es de alquiler, compartido con mi pareja, ella tambi&eacute;n trabaja y vamos a medias en los gastos), y otros 60 euros de suministros dom&eacute;sticos (luz, gas, agua, tel&eacute;fono; tambi&eacute;n en eso vamos a medias). Me quedaban:
    </p><p class="article-text">
        <strong>505 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah, esperad, que se me olvidaba incluir el abono transporte mensual, que son&hellip; Dejadme ver&hellip; 54,60 euros. As&iacute; que al final de ese primer d&iacute;a del mes me quedaban en la cuenta:
    </p><p class="article-text">
        <strong>450,40 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        En alimentaci&oacute;n hab&iacute;a estimado 8 euros diarios, comiendo y cenando todos los d&iacute;as en casa, comprando todo de oferta, marca blanca por supuesto, y renunciando a ciertos productos. Eso ser&iacute;an 56 euros a la semana, pero al final ha sido un poco m&aacute;s: la primera semana 65,05, la segunda 73,15, y la tercera consegu&iacute; dejarlo en 57,10 euros&hellip; En lo que va de esta cuarta semana ya llevo 98 euros, tuve que comprar varias cosas para la casa. Aqu&iacute; tengo los tickets si quer&eacute;is comprobarlo. Si restamos esas casi cuatro semanas de gastos b&aacute;sicos de manutenci&oacute;n, me quedan todav&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        <strong>158,10 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s? Me he tomado varios caf&eacute;s a media ma&ntilde;ana, en la media hora de descanso. Y unas pocas cervezas a la salida, muy pocas y siempre buscando los bares m&aacute;s baratos. En total, 49 euros en esas tres semanas. As&iacute; que me quedan:
    </p><p class="article-text">
        <strong>99,10 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Luego hay unos cuantos gastos menores que no tengo apuntados, calderilla sin control: alguna compra fuera del s&uacute;per, una caja de frenadol para el catarro, enviar una cosa por correo, algo de gasolina los pocos d&iacute;as que he tenido que mover el coche&hellip; Restando todo eso me quedan en la cuenta:
    </p><p class="article-text">
        <strong>3,25 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y estamos a d&iacute;a 26. Solo cinco d&iacute;as para terminar el mes, pero yo creo que con lo que tengo en la nevera, y un par de veces que vaya a comer a casa de mi madre, podr&iacute;a llegar al d&iacute;a 31 y salvar el mes&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ni de co&ntilde;a, t&iacute;o. No llegas. Te quedan tres putos euros, no vas a estar cinco d&iacute;as comiendo arroz y espaguetis. No lo has conseguido, fuera.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bueno, espera al 31, todav&iacute;a tengo opciones. Pero a ver t&uacute;, listo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo, fatal, mira. Empiezo el mes con:
    </p><p class="article-text">
        <strong>950 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le quito mi parte de la letra mensual de la hipoteca (a medias con mi mujer tambi&eacute;n), la mitad de los suministros b&aacute;sicos y el combustible (que yo necesito el coche para ir a currar), y ya solo me quedan:
    </p><p class="article-text">
        <strong>380 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora suma las compras del s&uacute;per, dos d&iacute;as que he tenido que comer fuera de casa, una camisa que me compr&eacute; rebajad&iacute;sima, dos multas de la zona azul, y cuatro chuminadas m&aacute;s pero todas necesarias, ni un m&iacute;nimo lujo. Hasta he quitado Netflix, me pasa un amigo su clave para ver series. Pues a&uacute;n as&iacute;, a d&iacute;a 26 que estamos hoy, me quedan en la cuenta:
    </p><p class="article-text">
        <strong>-67,80 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Casi 70 euros? T&uacute; eres rico, chaval.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;F&iacute;jate bien, que lleva un &ldquo;menos&rdquo; delante. N&uacute;meros rojos, colega. Menos sesenta y siete euros con ochenta putos c&eacute;ntimos. Me qued&eacute; casi a cero hace tres d&iacute;as, y me han pasado una factura del tel&eacute;fono que me est&aacute;n llamando del banco para no devolverla. Un desastre. Y eso que este mes hemos limpiado nosotros la casa.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Aprended de m&iacute;, derrochadores. Mirad mi saldo bancario de hoy:
    </p><p class="article-text">
        <strong>173,20 euros</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;No te lo crees ni t&uacute;! &iexcl;A ver esos gastos, fullero!
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Aqu&iacute; los ten&eacute;is, comprobadlo vosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A ver, a ver, que t&uacute; no tienes pareja, y los solteros acaban gastando m&aacute;s&hellip; &iquest;C&oacute;mo que 200 euros de vivienda? &iquest;Vives en un piso patera o qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Una habitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No hay habitaciones por 200 euros.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La encontr&eacute; en una web de compartir piso, listillo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;S&iacute;? &iquest;D&oacute;nde? &iquest;En un pueblo de Teruel?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, est&aacute; dentro de la comunidad. En Pinto. O Valdemoro, no s&eacute;, uno de esos sitios.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero entonces est&aacute;s fuera de la zona A, as&iacute; que m&eacute;tele m&aacute;s al abono transporte, que tendr&aacute;s que coger el Cercan&iacute;as para llegar al curro. Y estos gastos de alimentaci&oacute;n&hellip; Te est&aacute;s quedando con nosotros.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Austeridad total, chavales. Si buscas bien, encuentras ofertas. Hasta he puesto alg&uacute;n kilo este mes, que la comida barata engorda, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues yo casi lo consigo, solo me sobran estos &uacute;ltimos cinco d&iacute;as y habr&iacute;a acabado el mes.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Pero si t&uacute; vives en casa de tus padres, y comes a mesa puesta! &iquest;En serio te has fundido 950 euros en menos de cuatro semanas? Puto vicioso, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A m&iacute; no me ha durado una semana.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Otro vicioso. &iexcl;Pero si vives en un piso de tu familia y no te cuesta nada!
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tengo que pagar la comunidad, que con la calefacci&oacute;n, la piscina y el segurata es una pasta. Con eso, el colegio del ni&ntilde;o, la luz y tel&eacute;fono, ya se me han ido los 950 euros antes de poner un pie en la calle, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues yo estoy a punto de conseguirlo. Si no tengo ning&uacute;n gasto imprevisto, llego a final de mes. Tengo todav&iacute;a treinta euros en la cuenta.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;De ti me lo creo, guapa, que con tal de ganar una apuesta eres capaz de cualquier cosa.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me ha costado, no te creas, llevo todo el mes en plan monje cartujo. Fumando tabaco de liar. Y ni un gintonic me he tomado.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute; que te ha dado fuerte, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tampoco viene mal un mes de prescindir de lo superfluo y vivir con menos. Es como hacer un plan detox a lo bestia. Y luego vuelves a la vida normal con m&aacute;s ganas.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues esa es la &ldquo;vida normal&rdquo; para muchos, rica.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No te pongas aguafiestas, que te veo venir.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Vida normal? &iquest;Y qu&eacute; hacen si un mes tienen un imprevisto, una aver&iacute;a del coche, la lavadora que se jode? &iquest;No compran ropa? &iquest;No van al dentista?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;No se divorcian?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Venga ya, seguro que la mayor&iacute;a de quienes cobran el salario m&iacute;nimo son chavales que viven con sus padres. O mujeres, con maridos que ganan un buen sueldo. No me creo que nadie viva de verdad con 950 euros&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y con menos, te lo digo yo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No te pueden pagar menos de eso, &iquest;no? Por algo se llama salario &ldquo;m&iacute;nimo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Preg&uacute;ntaselo a la chica que trabaja en la tienda de tu madre, a ver qu&eacute; te cuenta.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bueno, pero ella est&aacute; contratada a tiempo parcial, solo trabaja fines de semana y algunas tardes. Y nadie la obliga a trabajar ah&iacute;, como nadie la oblig&oacute; a dejar de estudiar y no encontrar mejores trabajos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No te cabrees, oye.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Que no se cabree nadie, que esto es solo un juego.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y por ahora voy ganando yo, que todav&iacute;a me queda dinero en la cuenta. Me vais a pagar entre todos la cena que nos apostamos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues tendr&aacute;s que esperar a que cobremos el mes que viene, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Menudo exitazo lo del #SMIChallenge. El otro d&iacute;a tuve una comida con varios clientes, y en la sobremesa sali&oacute; el tema. Result&oacute; que todos lo estaban haciendo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Una comida con clientes? No la pagar&iacute;as t&uacute;, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mi cu&ntilde;ado tambi&eacute;n se ha apuntado. El gilipollas hace todos los retos que se entera por Facebook: el de echarte un cubo de agua helada, el de lanzar la botella, el de comerte un chile picante o el de ponerte a bailar en sitios inesperados. No iba a perderse el #SMIChallenge.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En la tele escuch&eacute; a un tertuliano que tambi&eacute;n lo est&aacute; haciendo. En su caso dijo que era para demostrar que el salario m&iacute;nimo es m&aacute;s que digno, que se puede vivir incluso con menos. Lo hace para criticar la &uacute;ltima subida, claro.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y pol&iacute;ticos, hay varios que lo est&aacute;n haciendo y lo comparten en redes. Y sindicalistas.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya, pero esos lo hacen en serio, para demostrar que, a pesar de la subida, 950 euros sigue siendo un sueldo muy bajo, y as&iacute; preparar el terreno para el pr&oacute;ximo aumento. Fueron ellos los que lanzaron el reto, como una denuncia: &ldquo;&iquest;Ser&iacute;as capaz de vivir un mes con 950 euros? S&uacute;mate al #SMIChallenge&rdquo;. Qu&eacute; panda de capullos. Cuando hayan visto el cachondeo que hay con el tema, se habr&aacute;n arrepentido de la idea, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;C&oacute;mo era eso que has dicho del plan detox? Voy a tuitearlo, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Venga, compa&ntilde;eros del metal, vamos a tomar algo, que es fin de semana.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y qu&eacute; pasa con el #SMIChallenge? &iquest;Ya no lo seguimos?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hagamos un botell&oacute;n, como cuando &eacute;ramos j&oacute;venes. O mejor, vamos a tu casa.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Que no, acu&eacute;rdate de que solo tengo una habitaci&oacute;n en piso compartido, jaja.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues mejor, que se apunten tambi&eacute;n tus compa&ntilde;eros. &iquest;Son panchitos o qu&eacute;? &iquest;D&oacute;nde era, en Pinto o en Valdemoro?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/capaz-vivir-mes-euros_132_1063191.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jan 2020 19:34:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2498619a-8a55-4c70-a0d5-3b8b0e898b66_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="167131" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2498619a-8a55-4c70-a0d5-3b8b0e898b66_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="167131" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[¿Serías capaz de vivir un mes con 950 euros?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2498619a-8a55-4c70-a0d5-3b8b0e898b66_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mis hijos son míos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/hijos_132_1073822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b90cac2-addd-4493-94d5-3fe548384ff1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mis hijos son míos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ficción ambientada en un futuro cercanísimo donde los partidarios del veto parental (el mal llamado "pin parental") han conseguido imponer su intransigencia en los centros educativos. No sin resistencias insospechadas</p></div><p class="article-text">
        Es la madre de &Aacute;lvaro quien da la voz de alarma. Un mi&eacute;rcoles por la tarde entra en la habitaci&oacute;n de su hijo, busca en su mochila la agenda para firmarle un justificante por haber faltado a clase &ndash;una peque&ntilde;a gastroenteritis&ndash;, cuando al meter la mano encuentra la agenda, el estuche, libros de texto, cuadernos. Y un folleto colorido. Lo acerca a la luz del flexo: parece un c&oacute;mic, de pocas p&aacute;ginas. Antes que el t&iacute;tulo o el dibujo de portada, lo que llama su atenci&oacute;n es un logo en la primera p&aacute;gina, y unas siglas: L, G, T, B.
    </p><p class="article-text">
        Hojea deprisa y lee por encima, atiende a los t&iacute;tulos de los cap&iacute;tulos: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa ser hetero, homosexual o bisexual?&rdquo;, &ldquo;Minor&iacute;as sexuales&rdquo;, &ldquo;Homofobia&rdquo;, &ldquo;Salir del armario&rdquo;&hellip; En las vi&ntilde;etas, un adolescente besa a otro chico, dos mujeres se casan, dos muchachos en la cama hablan de la importancia del preservativo para prevenir infecciones de transmisi&oacute;n sexual&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Es ella la que telefonea a casa de Quique, cuyo padre, sin soltar el tel&eacute;fono, corre al dormitorio de su hijo, abre su mochila y encuentra el mismo folleto, y otro m&aacute;s: un &ldquo;Manual para educar en la diversidad afectivo-sexual desde la familia&rdquo;. Hasta ah&iacute; pod&iacute;amos llegar.
    </p><p class="article-text">
        El padre de Quique lo comenta de inmediato en el grupo de WhatsApp que comparten con varias familias del centro y ense&ntilde;a fotos de los hallazgos. Otros dos padres confirman que tambi&eacute;n han encontrado esos materiales en las mochilas de sus hijos. Los afectados acuerdan verse al d&iacute;a siguiente a la entrada del centro.
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, esos materiales son de una actividad reciente &ndash;les confirma el director por la ma&ntilde;ana en su despacho, con los folletos sobre su mesa.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qu&eacute; actividad? &ndash;pregunta la madre de &Aacute;lvaro.
    </p><p class="article-text">
        -Una charla para prevenir el bullying homof&oacute;bico &ndash;explica el director con calma&ndash;. Contamos con la colaboraci&oacute;n de la Federaci&oacute;n L&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -GTB, ya nos sabemos las letras &ndash;le interrumpe el padre de Quique&ndash;. Nos parece muy grave que nuestros hijos sean adoctrinados sin nuestra autorizaci&oacute;n &ndash;expresa.
    </p><p class="article-text">
        -Aqu&iacute; no adoctrinamos &ndash;responde el director con paciencia de a&ntilde;os&ndash;; aqu&iacute; educamos.
    </p><p class="article-text">
        -Desde este curso, el centro est&aacute; obligado por ley a informar a las familias de cualquier actividad que afecte a cuestiones morales o sobre la sexualidad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -No hace falta que me lo recuerde &ndash;interrumpe el director, y ahora su voz y su gesto muestran cansancio, un cansancio de meses, de muchos meses: cansancio de demasiadas escenas similares, cansancio de pol&eacute;micas pol&iacute;ticas, cansancio de acudir a manifestaciones contra el veto parental, cansancio de ver otras manifestaciones a favor de lo que ellos llamaban &ldquo;pin parental&rdquo;, cansancio de esc&aacute;ndalos period&iacute;sticos, tertulianos a todas horas, anuncios del Gobierno, denuncias judiciales, recursos, campa&ntilde;as, bulos, carteles y pintadas en la fachada, circulares de la consejer&iacute;a advirtiendo a los centros del nuevo reglamento, sanciones, nuevas protestas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El enfadad&iacute;simo padre de Juan Antonio corta sus pensamientos:
    </p><p class="article-text">
        -Nos consta que nuestros hijos han recibido contenidos que atentan contra su conciencia e intimidad, y contra el derecho de las familias en asuntos que afectan a la formaci&oacute;n moral. Y se ha hecho sin nuestro consentimiento.
    </p><p class="article-text">
        -No creo que haya ocurrido nada as&iacute; &ndash;responde el director, que quiere acabar cuanto antes, se pone en pie&ndash;. La nueva ley nos obliga a informar previamente a las familias, y ning&uacute;n alumno asiste sin antes traer la autorizaci&oacute;n firmada.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;En serio cree que nosotros hemos autorizado que nuestros hijos reciban&hellip; esto? &ndash;pregunta la madre de Roc&iacute;o, agitando en la mano uno de los folletos.
    </p><p class="article-text">
        -Ustedes sabr&aacute;n. Quiz&aacute;s lo firmaron sin leer, pensaron que era para una excursi&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Disculpe? &iquest;Est&aacute; insinuando que no nos tomamos en serio la educaci&oacute;n de nuestros hijos?
    </p><p class="article-text">
        -Yo no insin&uacute;o nada &ndash;trata de apaciguar el director&ndash;. Averiguar&eacute; qu&eacute; ha pasado. Tal vez otros alumnos les dejaron esos materiales a sus hijos. Vuelvan ma&ntilde;ana y lo aclaramos, seguro que todo es un malentendido.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, se repite la escena en el mismo despacho y con los mismos protagonistas. El director pone sobre la mesa un archivador de cart&oacute;n, y saca de &eacute;l varios papeles que extiende en el tablero.
    </p><p class="article-text">
        -Aqu&iacute; las tienen. Sus autorizaciones firmadas.
    </p><p class="article-text">
        Las madres y padres se acercan, cogen los papeles con desconfianza, leen apellidos y las intercambian entre ellos. Hay un instante de silencio, se dir&iacute;a estupor, hasta que el padre de Quique pone voz a lo que todos piensan:
    </p><p class="article-text">
        -Yo no he firmado esto.
    </p><p class="article-text">
        -Yo tampoco.
    </p><p class="article-text">
        -Yo nunca firmar&iacute;a algo as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        -Sin embargo, son sus firmas &ndash;insiste el director, y saca del archivador otros papeles similares&ndash;. He comprobado autorizaciones anteriores, de excursiones, deportes y otras actividades, y las firmas coinciden.
    </p><p class="article-text">
        -No coinciden &ndash;niega la madre de &Aacute;lvaro&ndash;. Parece mi firma, s&iacute;, pero esto es&hellip; una falsificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Alguien ha imitado mi firma &ndash;respalda el padre de Juan Antonio.
    </p><p class="article-text">
        -No me puedo creer que haya profesores falsificando autorizaciones &ndash;dice la madre de Roc&iacute;o, subrayando sus palabras con una gravedad algo impostada.
    </p><p class="article-text">
        -Es un delito &ndash;a&ntilde;ade otro&ndash;. Suplantaci&oacute;n de identidad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Aqu&iacute; nadie ha suplantado ni falsificado nada &ndash;se defiende el director, que intenta rebajar la tensi&oacute;n&ndash;. Esp&eacute;renme aqu&iacute;, voy a buscar al profesor que coordin&oacute; la actividad.
    </p><p class="article-text">
        En su ausencia, la tensi&oacute;n no se rebaja sino que se alimenta con el intercambio de frases enojadas. Alguien sugiere acudir a alguna tele o radio amiga para que se sepa lo sucedido, hay que hacer ruido, nos van a apoyar muchas familias en toda Espa&ntilde;a. Otro va m&aacute;s all&aacute;: acudamos primero a la comisar&iacute;a, pongamos una denuncia, qu&eacute; mayor ruido que eso. Ya est&aacute;n viendo el titular inminente de alg&uacute;n peri&oacute;dico: &ldquo;Un profesor falsifica firmas para adoctrinar a los alumnos sin consentimiento familiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El director regresa acompa&ntilde;ado por un profesor, el de Historia, que les informa al entrar:
    </p><p class="article-text">
        -Yo recog&iacute; las autorizaciones.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Usted imparti&oacute; esa actividad? &ndash;pregunta uno de los padres.
    </p><p class="article-text">
        -Tal como informamos en su momento, contamos con la colaboraci&oacute;n de un monitor de la Federaci&oacute;n L&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -GTB, ya sabemos, pero &iquest;estuvo usted presente durante la actividad?
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, claro&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;En todo momento? &ndash;insiste el mismo padre, con maneras de abogado de pel&iacute;cula de juicios.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Esto es un interrogatorio? &ndash;sonr&iacute;e el profesor, que a&ntilde;ade una broma mal acogida: &ldquo;&iquest;Puedo llamar a mi abogado?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        -Creo que estamos llevando demasiado lejos un asunto menor &ndash;intermedia el director&ndash;. La explicaci&oacute;n m&aacute;s probable es que ustedes firmasen sin leer bien de qu&eacute; se trataba, a todos nos pasa.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Puede ser que el monitor manipulase las autorizaciones y se las entregase firmadas al profesor? &ndash;propone una madre detectivesca.
    </p><p class="article-text">
        -Yo mismo las recog&iacute; &ndash;intenta razonar el profesor&ndash;. Me las entregaron en mano los alumnos antes de la actividad. No tengo nada m&aacute;s que decirles. Pregunten a sus hijos. Y si me disculpan, tengo que volver a clase.
    </p><p class="article-text">
        -Es todo lo que podemos decirles &ndash;concluye el director&ndash;. Sus hijos entregaron la autorizaci&oacute;n firmada, aqu&iacute; las tienen. Caso cerrado.
    </p><p class="article-text">
        A la salida, madres y padres contin&uacute;an en una cafeter&iacute;a cercana, donde intercambian hip&oacute;tesis:
    </p><p class="article-text">
        -Mi autorizaci&oacute;n estaba firmada con bol&iacute;grafo negro, y yo siempre uso azul.
    </p><p class="article-text">
        -Esto es cosa de los de la Federaci&oacute;n esa LBTG.
    </p><p class="article-text">
        -Es LGTB, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        -Lo que sea. Nunca han aceptado el pin parental, tal vez se lo est&aacute;n saltando con autorizaciones falsificadas.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y si ha pasado m&aacute;s veces? El ocho de marzo hicieron un taller de ideolog&iacute;a de g&eacute;nero, quiz&aacute;s tambi&eacute;n participaron nuestros hijos.
    </p><p class="article-text">
        -El profesor de Historia ese &iquest;no es homosexual?
    </p><p class="article-text">
        -Mis hijos son m&iacute;os, no del Estado ni de los profesores, y si yo no quiero que les adoctrinen los LTGB&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -LGTB.
    </p><p class="article-text">
        -Elegeteleches, lo que sea. O ponemos pie en pared, o va a pasar m&aacute;s veces.
    </p><p class="article-text">
        -Pienso hablar con mi &Aacute;lvaro en cuanto llegue a casa.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y est&aacute;s segura de que te dir&aacute; la verdad? Quiz&aacute;s encubra al profesor, o al monitor. Puede sentirse coaccionado, tener miedo de que le acusen de chivato.
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, yo creo que el profesor ese es homosexual.
    </p><p class="article-text">
        Ya en casa, la madre de &Aacute;lvaro va a su habitaci&oacute;n y vuelve a mirar en la mochila. No hay m&aacute;s materiales, por suerte. Revisa los libros, y saca uno de sus cuadernos, precisamente el de Historia. Lo abre, pasa p&aacute;ginas, apuntes de clase, ejercicios, redacciones, nada extra&ntilde;o. En las &uacute;ltimas p&aacute;ginas del cuaderno, &Aacute;lvaro ha hecho dibujitos. Personajes del Fortnite, grandes letras con estilo de graffiti, el escudo del Madrid, formas geom&eacute;tricas propias del aburrimiento, alg&uacute;n dibujo obsceno, tachones. Y firmas. S&iacute;, firmas. Toda una p&aacute;gina llena de firmas. Varias versiones de una misma firma. Sucesivos intentos, como cuando uno trata de imitar la letra ajena y prueba varias veces hasta conseguirla. La firma de ella, y tambi&eacute;n la del padre.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De verdad fue su propio hijo quien falsific&oacute; la autorizaci&oacute;n? Cuesta creerlo. Recuerda que el a&ntilde;o pasado ya lo hizo con un parte por mal comportamiento, para que no lo viesen sus padres: lo firm&oacute; &eacute;l mismo y lo devolvi&oacute; al tutor, que sospech&oacute; y avis&oacute; a la familia. Pero esto es diferente. Por qu&eacute; iba &Aacute;lvaro a hacer algo as&iacute;, qu&eacute; inter&eacute;s podr&iacute;a tener su hijo en asistir a una actividad a la que sabe de sobra que sus padres se oponen. &iquest;Habr&aacute; sucumbido el pobre a la presi&oacute;n ambiental? &iquest;Tendr&aacute; miedo a ser se&ntilde;alado por los dem&aacute;s, que le llamasen hom&oacute;fobo, machista, facha y cosas peores? Eso ha debido de suceder. Presi&oacute;n, coacci&oacute;n. La propaganda progre, que ha hecho mucho da&ntilde;o. No se le ocurre otro motivo para que su hijo falsifique una autorizaci&oacute;n para asistir a una actividad as&iacute;, contra el criterio de sus padres. Es un buen chico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/hijos_132_1073822.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jan 2020 20:09:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7b90cac2-addd-4493-94d5-3fe548384ff1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="150969" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7b90cac2-addd-4493-94d5-3fe548384ff1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="150969" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Mis hijos son míos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7b90cac2-addd-4493-94d5-3fe548384ff1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Educación,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los crispados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/crispados_132_1085757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9d58e12-de28-43d4-b319-4229266d40f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Los crispados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El nivel de enfrentamiento que vimos durante la investidura, ¿es reflejo de una realidad social? ¿Contribuye a provocarla? Hemos venido a este bar para comprobarlo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Lo que Pedro S&aacute;nchez pretende formar es un gobierno con comunistas, independentistas y batasunos!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;En serio no hay entre los diputados socialistas ning&uacute;n valiente que se atreva a votar en contra?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Que se tomen una tila los de la derecha, los de la ultra derecha, y los de la ultra-ultra derecha!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Marchando una de tila!&rdquo;, brome&eacute; desde la barra, pero nadie me oy&oacute;, hablaban todos a la vez, gritaban. Y no solo los de la mesa: tambi&eacute;n varios clientes que hab&iacute;an dejado en la barra sus caf&eacute;s y tostadas y, de pie tras las sillas, participaban en la bronca.
    </p><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de tres a&ntilde;os que vienen todas las ma&ntilde;anas a desayunar a mi bar, siempre el mismo grupo: cinco hombres y tres mujeres, treinta y pocos a&ntilde;os la m&aacute;s joven, cerca de sesenta el mayor. Todos trabajan en las oficinas municipales que est&aacute;n a la vuelta de la esquina, y se juntan aqu&iacute; a la hora del desayuno. Puede que alg&uacute;n d&iacute;a falte uno, que alguien se incorpore ya casi al final, pero ninguna ma&ntilde;ana faltan, siempre se sientan en la mesa junto al ventanal, y no hace falta que me pidan, que ya me s&eacute; lo que toma cada uno, c&oacute;mo le gusta el caf&eacute; a este, de qu&eacute; se pide aquella la tostada, qui&eacute;n quiere sacarina.
    </p><p class="article-text">
        Pues en estos tres a&ntilde;os no los hab&iacute;a visto nunca discutir como la otra ma&ntilde;ana. Alguna vez se pican por el f&uacute;tbol, s&iacute;, sobre todo los hombres. Y es cierto que en las &uacute;ltimas elecciones ya protagonizaron varias ma&ntilde;anas de encendida discusi&oacute;n pol&iacute;tica. Pero nunca como el otro d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entraron en el bar, yo ten&iacute;a puesta la tele con una de esas tertulias matutinas, donde esa ma&ntilde;ana los periodistas comentaban la sesi&oacute;n de investidura del d&iacute;a anterior, y de vez en cuando met&iacute;an fragmentos de v&iacute;deo de lo que hab&iacute;a dicho cada l&iacute;der pol&iacute;tico en el debate.
    </p><p class="article-text">
        Entonces llegaron, ven&iacute;an los ocho habituales, cinco hombres y tres mujeres. Se les ve&iacute;a de buen humor, uno estaba terminando de contar algo gracioso, les o&iacute;a re&iacute;r mientras colocaba tazas en la cafetera. Uno de ellos se&ntilde;al&oacute; al televisor, las im&aacute;genes de la investidura, las palabras de un diputado intentando hacerse o&iacute;r entre el griter&iacute;o del Congreso. Se&ntilde;al&oacute; al televisor y coment&oacute; a sus compa&ntilde;eros:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Menudo espect&aacute;culo montaron esos ayer, &iquest;eh? Qu&eacute; verg&uuml;enza. Lo &uacute;nico que consiguen es calentar a sus votantes. Menos mal que no nos parecemos a ellos. La gente es m&aacute;s tranquila, en la calle no hay esa crispaci&oacute;n, &iquest;verdad?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es verdad&rdquo;, dijo otro, &ldquo;no estamos tan crispados, pero conseguir&aacute;n que lo estemos. Porque no me dir&eacute;is que lo de Pedro S&aacute;nchez no es una verg&uuml;enza y una desfachatez&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Verg&uuml;enza y desfachatez la de las derechas, que no aceptan el resultado electoral&rdquo;, le contest&oacute; una de sus compa&ntilde;eras en el otro extremo de la mesa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Venga ya!&rdquo;, insisti&oacute; el otro: &ldquo;lo que no se puede aguantar es la indignidad y la mentira para perpetuarse en el poder. Yo le preguntar&iacute;a al presidente: se&ntilde;or S&aacute;nchez, &iquest;usted duerme bien? &iquest;Ha dormido bien esta noche? &iquest;Ha conseguido conciliar el sue&ntilde;o teniendo esos socios de gobierno?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Ha puesto el futuro de Espa&ntilde;a en manos de terroristas y golpistas!&rdquo;, le apoy&oacute; una de las mujeres mientras mojaba un churro en el caf&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pues si no os gustan estos socios, lo ten&iacute;ais muy f&aacute;cil&rdquo;, levant&oacute; la voz la m&aacute;s joven, &ldquo;haberos abstenido para que saliese adelante la investidura, ya que sois tan constitucionalistas, o me vas t&uacute; a decir que&hellip;&rdquo;, pero no la dej&oacute; terminar el que ten&iacute;a al lado, que levant&oacute; m&aacute;s la voz:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ayer tuvimos que soportar la nauseabunda intervenci&oacute;n de la batasuna esa, que insult&oacute; al rey. Y el presidente S&aacute;nchez no dijo nada, no defendi&oacute; al rey, ni a la Constituci&oacute;n, ni a las v&iacute;ctimas del terrorismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pues el de Bildu no estuvo mal, dijo unas cuantas verdades&rdquo;, coment&oacute; uno, y el que ten&iacute;a al lado gir&oacute; de golpe la silla y le dio la espalda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya est&aacute; el jurado de la Voz&rdquo;, brome&oacute; el primero, pero nadie estaba para risas. Tom&oacute; la palabra el de m&aacute;s edad:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No habl&eacute;is en nombre de las v&iacute;ctimas del terrorismo, basta ya de usar su dolor en vuestro beneficio. Y en cuanto al rey, defendi&eacute;ndolo as&iacute; solo vais a conseguir que se identifique al rey con la derecha, la ultra derecha y la ultra-ultra derecha. Vosotros, que tanto habl&aacute;is del rey, sois la mayor amenaza para la monarqu&iacute;a en Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Viva el rey!&rdquo;, grit&oacute; uno desde la barra, y consigui&oacute; varios &ldquo;vivas&rdquo; entre la clientela, por lo que a&ntilde;adi&oacute; un &ldquo;&iexcl;Viva Espa&ntilde;a!&rdquo;, que encontr&oacute; a&uacute;n m&aacute;s eco.
    </p><p class="article-text">
        Varios clientes se acercaron a la mesa y se sumaron a la bronca, y ah&iacute; ya todos hablaban a la vez, solo me llegaban retazos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Es un peligro para Espa&ntilde;a!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;M&aacute;s Perez Gald&oacute;s y menos P&eacute;rez Reverte!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si mi hermana estuviera en prisi&oacute;n, tambi&eacute;n me importar&iacute;a un comino la gobernabilidad&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se ha consumado la traici&oacute;n a Espa&ntilde;a&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Traicionar a Espa&ntilde;a es atacar los derechos de los trabajadores, regalar dinero p&uacute;blico a los bancos, vender viviendas p&uacute;blicas a fondos buitres&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Deber&iacute;ais pedir perd&oacute;n por los cr&iacute;menes de las milicias socialistas y comunistas en Paracuellos&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;No necesitan tila, necesitan educaci&oacute;n!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Marchando una de educaci&oacute;n!&rdquo;, brome&eacute; desde detr&aacute;s de la barra, pero nadie me o&iacute;a a esas alturas, casi todo el bar participaba de la trifulca, y por si no hubiese bastante griter&iacute;o, la tele segu&iacute;a encendida, de modo que se solapaba con las voces de mis clientes.
    </p><p class="article-text">
        Entonces me di cuenta. Joder. Mir&eacute; el televisor, me acerqu&eacute; para escucharlo mejor, sub&iacute; un poco m&aacute;s el volumen. Estaban dando un fragmento de la intervenci&oacute;n de un diputado durante el debate de investidura del d&iacute;a anterior. Y justo en ese momento, un cliente en la mesa del desayuno consegu&iacute;a imponer su voz sobre los gritos de los dem&aacute;s:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&aacute;nchez no puede seguir jugando&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Sub&iacute; m&aacute;s el volumen del televisor, donde un diputado dec&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&aacute;nchez no puede seguir jugando&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip; a la ruleta rusa con nuestro pa&iacute;s&hellip;&rdquo;, sigui&oacute; el de la mesa, mientras el de la tele dec&iacute;a &ldquo;&hellip; a la ruleta rusa con nuestro pa&iacute;s&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El resto del bar call&oacute; un segundo, al notar la duplicidad, el eco sorpresivo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip;y pretender encima que le pongamos la bala&rdquo;, remataron a la vez el de la mesa y el de la tele.
    </p><p class="article-text">
        Graciosa coincidencia, pensaron todos, y siguieron a lo suyo, ahora una de las mujeres que en la mesa dec&iacute;a: &ldquo;a S&aacute;nchez no le ha votado ning&uacute;n espa&ntilde;ol para hacer&hellip;&rdquo;, mientras en la tele una diputada dec&iacute;a: &ldquo;a S&aacute;nchez no le ha votado ning&uacute;n espa&ntilde;ol para hacer&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Como yo hab&iacute;a puesto al m&aacute;ximo el volumen del televisor, todos escucharon perfectamente c&oacute;mo la trabajadora en pausa de desayuno y la diputada en sesi&oacute;n de investidura terminaban la misma frase al mismo tiempo, palabra sobre palabra: &ldquo;&hellip;para hacer lo que est&aacute; haciendo; este acuerdo infame no estaba escrito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora s&iacute;, quedaron todos callados, mirando boquiabiertos a la tele y a la mesa, la tele y la mesa, mientras la &uacute;ltima interviniente se remov&iacute;a inc&oacute;moda en su silla.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a lo intent&oacute; uno m&aacute;s, uno de los que se hab&iacute;an acercado desde la barra, el de los vivas al rey y a Espa&ntilde;a. Aprovech&oacute; el silencio y comenz&oacute;: &ldquo;S&aacute;nchez ha cometido el mayor&hellip;&rdquo;, pero en la tele un l&iacute;der pol&iacute;tico estaba ya diciendo &ldquo;&hellip;el mayor fraude electoral de la democracia&hellip;&rdquo;, y la voz del cliente del bar fue achic&aacute;ndose al decir que el presidente era &ldquo;un mentiroso, un estafador profesional&hellip;&rdquo;, hasta que call&oacute; para dejar que el de la tele terminase su enumeraci&oacute;n: &ldquo;&hellip;un pol&iacute;tico indigno y un personaje sin escr&uacute;pulos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno se sinti&oacute; con fuerzas para seguir. En silencio, todos miraron al televisor, donde otro diputado interven&iacute;a con dureza: &ldquo;hemos tenido que presenciar el chantaje en directo de un partido cuyo l&iacute;der est&aacute; en la c&aacute;rcel&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Justo lo que yo iba a decir&rdquo;, coment&oacute; uno en la mesa, no s&eacute; si en serio o por rebajar la tensi&oacute;n con una broma, pero lo cierto es que todos rieron la ocurrencia, al principio con una risilla floja, casi de tos, que fue contagi&aacute;ndose por el bar, hasta que otro se&ntilde;al&oacute; al televisor y, cuando iba a empezar a hablar otro diputado, imit&oacute; su voz con bastante gracia y dobl&oacute; sus palabras: &ldquo;&iexcl;Este es el gobierno m&aacute;s radical de la historia!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ahora s&iacute; re&iacute;mos todos con ganas, una carcajada compartida y escandalosa, un calambrazo que cruz&oacute; el local y me alcanz&oacute; hasta a m&iacute;, en la barra. Apagu&eacute; la tele y me un&iacute; a sus risas, sus palmadas, sus imitaciones bufas de portavoces pol&iacute;ticos, uno que se subi&oacute; solemne a una silla como si fuese la tribuna del Congreso; otra que intent&oacute; repetir muy seria lo de los terroristas y golpistas, pero le venci&oacute; la risa a mitad de la frase; el de los vivas al rey, que ahora daba vivas al vino, a los churros y a la madre que nos pari&oacute;, y as&iacute; fueron saliendo del bar, que se hab&iacute;a acabado la media hora del desayuno y ten&iacute;an que volver a trabajar. Escuch&eacute; sus risotadas mientras se alejaban por la calle, y todav&iacute;a me segu&iacute; riendo un rato con los seis o siete clientes que quedaban en el bar, ya esa risa tonta con l&aacute;grimas y suspiros que no se acaba de ir.
    </p><p class="article-text">
        Cuando por fin se nos pas&oacute;, nos quedamos en silencio, casi avergonzados de repente, cada uno ocupado en algo para disimular: uno ojeando el peri&oacute;dico, otro removiendo el caf&eacute; vac&iacute;o, yo colocando platillos y sobres de az&uacute;car en la barra&hellip; Hasta que de pronto se abri&oacute; la puerta y asom&oacute; uno de los de antes, del grupito de la mesa, que se hab&iacute;a olvidado la bufanda. Y fue verlo entrar, que tra&iacute;a todav&iacute;a la tonter&iacute;a de la calle, y ah&iacute; que estallamos todos de nuevo, riendo como locos, crispados, s&iacute;, pero crispados de risa. Para acabar de arreglarlo, encend&iacute; otra vez la tele y echamos un rato largo ri&eacute;ndonos de los tertulianos.
    </p><p class="article-text">
        (Nota: todas las frases usadas est&aacute;n tomadas literalmente de las dos sesiones de debate de investidura).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/crispados_132_1085757.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2020 20:46:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d9d58e12-de28-43d4-b319-4229266d40f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="226874" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d9d58e12-de28-43d4-b319-4229266d40f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="226874" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Los crispados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d9d58e12-de28-43d4-b319-4229266d40f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Gobierno,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Noche de reyes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/noche-reyes_132_1094743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9444a35-d23d-4cbe-8810-e6ba8f023e73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Noche de reyes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Quiénes han traído esos regalos que mañana encontrarás junto a los zapatos?</p></div><p class="article-text">
        -Vaya nochecita, joder. Hora y pico atrapado en un atasco. Yo no s&eacute; qu&eacute; hace la gente que no est&aacute; ya en su casa, &iexcl;que es la noche de reyes, hostia! &iexcl;A la cama tempranito todo el mundo!
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; entr&oacute; el Negro en el bar, a voces. Ech&oacute; un vistazo por el local, y reconoci&oacute; al fondo de la barra a sus dos compa&ntilde;eros: el Barbas y el Viejo. Se dieron abrazos ruidosos, y pidieron tres tercios.
    </p><p class="article-text">
        -Pero, &iquest;has terminado de repartir o no? &ndash;le pregunt&oacute; el Viejo.
    </p><p class="article-text">
        -Qu&eacute; va, todav&iacute;a tengo unos cuantos regalitos por entregar, pero he hecho una parada t&eacute;cnica, que sab&iacute;a que os encontrar&iacute;a aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        -Pues ten cuidado con esto, capullo &ndash;avis&oacute; el Barbas mostrando la botella&ndash;; no te vayan a hacer un control.
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Qu&eacute; control ni qu&eacute; ni&ntilde;o muerto! &ndash;ri&oacute; el Negro&ndash;. No me he cruzado ni un coche patrulla, esos ya est&aacute;n en sus casas poniendo los zapatitos en el sal&oacute;n. Los &uacute;nicos pringaos que seguimos currando a estas horas somos nosotros tres, como siempre. Los putos reyes de la noche.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y el Gordo, no le toca hoy repartir? &ndash;pregunt&oacute; el Viejo, y le contest&oacute; el Barbas:
    </p><p class="article-text">
        -El Gordo est&aacute; jodido, se agarr&oacute; una lumbalgia en Nochebuena, de cargar como un burro.
    </p><p class="article-text">
        Los tres bebieron a la vez de sus cervezas, unos segundos de silencio, un &aacute;ngel que cruz&oacute; el local e hizo callar al resto de clientes, los habituales a esas horas y en ese bar cercano a la estaci&oacute;n de tren: trabajadores de servicios municipales en turno de noche que tomaban un caf&eacute; antes de entrar, j&oacute;venes que buscaban bebida barata o algo para comer a cualquier hora del d&iacute;a o la noche, vecinos solitarios que all&iacute; encontraban compa&ntilde;&iacute;a en otros solitarios, gente pintoresca o sospechosa que merodea siempre alrededor de las estaciones. Pero esa noche hab&iacute;a m&aacute;s mesas vac&iacute;as que de costumbre. &ldquo;Otro que se marcha a poner los zapatitos&rdquo;, re&iacute;a el Negro cada vez que alguien se desped&iacute;a, y le gritaba: &ldquo;&iexcl;No te olvides de poner turr&oacute;n y unas copitas de an&iacute;s!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        -Estoy hasta los huevos de navidades &ndash;dijo por fin el Barbas&ndash;. Lo de hoy es el remate. No damos abasto, cada a&ntilde;o hay que repartir m&aacute;s regalos. Y la puta cabalgata me mata, la ciudad entera atascada con carrozas de Frozen o del Corte Ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        -A m&iacute; me ha ca&iacute;do una buena bronca &ndash;cont&oacute; el Viejo&ndash;. Entregu&eacute; un paquete donde no era, y no veas c&oacute;mo se puso el padrecito de familia cuando lo abri&oacute; y vio que no era lo que hab&iacute;a pedido. La culpa no ha sido m&iacute;a, estaba mal la direcci&oacute;n, pero la bronca me la he comido yo, para variar.
    </p><p class="article-text">
        -Son los del almac&eacute;n &ndash;explic&oacute; el Negro&ndash;, pero tampoco se les puede culpar, que est&aacute;n desbordados. Yo creo que van a montar otra huelga pronto, porque as&iacute; no se puede trabajar.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y con los perros, qu&eacute; hacemos? &ndash;pregunt&oacute; el Barbas&ndash;. Yo estoy harto de llegar a un adosado y que me salga un bicharraco ladrando. Al Gordo le mordi&oacute; uno el otro d&iacute;a, cuando entraba en un casopl&oacute;n de una urbanizaci&oacute;n. Le he dicho mil veces que lleve encima un spray de esos para defenderse.
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Que se lo pida a los reyes! &ndash;dijo el Viejo, y rieron los tres.
    </p><p class="article-text">
        -Lo que no le pase al Gordo &ndash;ri&oacute; el Negro&ndash;. Tambi&eacute;n le levantaron varios paquetes, en la misma Nochebuena. Le siguieron y, mientras sub&iacute;a a un piso para dejar un regalo, le abrieron el veh&iacute;culo, rajaron varias cajas para seleccionar lo de m&aacute;s valor, y a correr con el bot&iacute;n. Ahora tiene que pelearse con el seguro.
    </p><p class="article-text">
        Otro sorbo simult&aacute;neo a las cervezas, otro silencio. El Barbas fue al ba&ntilde;o, el Viejo le hizo a la camarera el truco de los palillos, y el Negro sali&oacute; a la calle a echar un vistazo, no fuera que a &eacute;l tambi&eacute;n le levantaran la carga.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Sab&eacute;is cu&aacute;l es el regalo de moda este a&ntilde;o? &ndash;pregunt&oacute; el Barbas, ya los tres reunidos.
    </p><p class="article-text">
        -Esa es f&aacute;cil &ndash;ri&oacute; el Viejo&ndash;. El chisme ese del cl&iacute;toris. Yo no s&eacute; cu&aacute;ntos he repartido.
    </p><p class="article-text">
        -Acabar&aacute;n en un caj&oacute;n &ndash;sentenci&oacute; el Negro&ndash;, como los libros electr&oacute;nicos o las pulseras de actividad de hace unos a&ntilde;os. La gente pide por pedir, porque ya tienen de todo.
    </p><p class="article-text">
        -T&uacute; d&eacute;jales que pidan, que as&iacute; tenemos trabajo.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y vosotros qu&eacute; le hab&eacute;is pedido a los reyes?
    </p><p class="article-text">
        El Barbas dijo que unas vacaciones. Eso s&iacute;, pagadas. Con una semana se conformaba.
    </p><p class="article-text">
        El Viejo cogi&oacute; una servilleta de papel e hizo el teatrillo de leer su carta, con voz de gordopilo: &ldquo;Queridos reyes magos, este a&ntilde;o he sido un ni&ntilde;o bueno, me he portado bien, he trabajado como una bestia, as&iacute; que traedme cosas bonitas: un m&oacute;vil nuevo, un vino rico, unas entradas para el Madrid, un satisfyer de esos pero para hombre, una subida de tarifas, un plus por repartir en festivos, una bonificaci&oacute;n en la cuota de aut&oacute;nomo, terminar de pagar el cami&oacute;n&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Rieron los tres amigos, viejos compa&ntilde;eros, m&aacute;s de quince a&ntilde;os tomando tercios en ese bar al final del d&iacute;a, desde los tiempos en que eran transportistas de la misma distribuidora, y ya entonces se llamaban por sus motes: el Negro, que ni &eacute;l mismo sabe de d&oacute;nde le viene, pero todo el mundo lo conoce as&iacute;; el Barbas, que s&iacute; lleva una larga barba desflecada de chivo; y el Viejo, que es el m&aacute;s joven de los tres pero tiene todo el pelo cano.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y t&uacute;, Negro, qu&eacute; has pedido a los reyes?
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Yo? Una capa de visibilidad.
    </p><p class="article-text">
        -Querr&aacute;s decir de invisibilidad. Mi ni&ntilde;o tiene una de esas, como la de Harry Potter. Te la pones, instalas una aplicaci&oacute;n en el m&oacute;vil, y no sales en las fotos.
    </p><p class="article-text">
        -No, no, yo quiero una capa de visibilidad, para que me vean. Que parece que no existimos, hostias. Somos los que movemos este pa&iacute;s, todo el d&iacute;a llevando y trayendo paquetes, pedidos de internet, comidas a domicilio, medicamentos, la compra del s&uacute;per cuando el s&uacute;per est&aacute; cerrado, entregas urgentes, cosas imprescindibles y caprichitos, piezas para que un taller no pare y suministros de &uacute;ltima hora, el producto que se agot&oacute; en la tienda, la ropa para que te la pruebes y luego la devuelvas, el &uacute;ltimo tel&eacute;fono nada m&aacute;s salir de f&aacute;brica, ramos de flores para tu enamorada, hielo y tabaco para tu fiesta de madrugada&hellip; Unos con la furgoneta, otros con la moto o la bici, algunos a patita. Pero solo nos ven para echarnos la bronca si llegamos tarde o aparcamos en doble fila. &iexcl;Una capa de visibilidad para que me vean, que parece que las cosas llegan solas o las reparten drones!
    </p><p class="article-text">
        El Negro iba subiendo la voz, todo el bar pendiente de sus palabras:
    </p><p class="article-text">
        -Y cuando llegan estas fiestas entra&ntilde;ables, &iquest;qui&eacute;n se deja los cuernos para que la ma&ntilde;ana del d&iacute;a seis todos los putos zapatitos est&eacute;n llenos de regalitos? Nosotros, claro. Cuando veo a un ni&ntilde;o listillo que dice que ya se ha enterado del secreto, que ya sabe qui&eacute;nes son los reyes magos, me entran ganas de decirle: &ldquo;&iquest;Los reyes? &iquest;T&uacute; sabes qui&eacute;nes son los reyes, criatura? Tus padres seguro que no son, ya te lo digo yo, que lo &uacute;nico que han hecho es sentarse un rato en el ordenador, entrar en la tienda online, buscar la videoconsola o la equipaci&oacute;n de f&uacute;tbol que te hayas pedido, y hacer clic para pagar con la tarjeta. Y a partir de ah&iacute;, tu videoconsola saldr&aacute; del almac&eacute;n y cruzar&aacute; medio pa&iacute;s o medio planeta en camiones, trenes o barcos, de centro log&iacute;stico en centro log&iacute;stico, hasta que llegue al almac&eacute;n de tu ciudad, y nos tocar&aacute; a nosotros encajarla en un pal&eacute; con los regalos de otros ni&ntilde;os como t&uacute;, y llevarlo en el cami&oacute;n, en la furgo, algunos en el coche particular, o andando con un carrito o una gran mochila a la espalda, currar diez o doce horas seguidas, comernos todos los atascos, arriesgar accidentes para cumplir los plazos de entrega, confiar que haya alguien en casa, entregarle a pap&aacute; el regalito y todav&iacute;a nos pondr&aacute; mala cara si nos retrasamos, y ah&iacute; te lo vas a encontrar por la ma&ntilde;ana en los zapatos: &iexcl;chach&aacute;n! &iquest;Los reyes son Melchor, Gaspar y Baltasar? &iquest;Los reyes son los padres? &iexcl;Los cojones! &iexcl;Los reyes somos nosotros! &iexcl;Tus reyes soy yo!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El bar entero, o los diez o doce que todav&iacute;a no se hab&iacute;an marchado, aplaudieron las palabras del Negro, hasta que se abri&oacute; la puerta y entr&oacute; un tipo con cara de mala hostia:
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;De qui&eacute;n es la furgoneta esa en doble fila? Joder, llevo una hora pitando. El que sea, que la quite, que quiero salir y largarme a casa. &iexcl;Que van a llegar los reyes y me van a pillar despierto!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/noche-reyes_132_1094743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jan 2020 21:41:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a9444a35-d23d-4cbe-8810-e6ba8f023e73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="262488" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a9444a35-d23d-4cbe-8810-e6ba8f023e73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="262488" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Noche de reyes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a9444a35-d23d-4cbe-8810-e6ba8f023e73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Reyes Magos,Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gracias, amigo invisible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/gracias-amigo-invisible_132_1170527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77972ab8-671e-461e-b1d0-c47836de300d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Gracias, amigo invisible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">la primera cena navideña colaborativa, ideal para autónomos, freelances, riders, repartidores, comerciales…</p></div><p class="article-text">
        -&iquest;Es una inocentada? &ndash;pregunt&eacute; en voz alta. En una mano, mi regalo del amigo invisible; en la otra, el envoltorio arrugado. Mir&eacute; el reloj y comprob&eacute; que pasaban ocho minutos de las doce de la noche: por tanto, ya era 28 de diciembre.
    </p><p class="article-text">
        Pero no, no era una inocentada, y si ten&iacute;a alguna duda, me la despej&oacute; el siguiente regalo en salir del contenedor. Era para el irland&eacute;s, y yo me tem&iacute; lo peor cuando o&iacute; a la de la manita inocente gritar su nombre: &ldquo;Mister Doyle&rdquo;, y una risilla cruz&oacute; el sal&oacute;n. El irland&eacute;s cogi&oacute; el regalo con precauci&oacute;n, en plan paquete bomba, porque aunque no hablaba mucho espa&ntilde;ol, ya entend&iacute;a de qu&eacute; iba todo aquello, qu&eacute; rumbo estaba tomando la noche, la cena, la cena de navidad, la puta cena de navidad para colaboradores. A qui&eacute;n se le ocurrir&iacute;a la genial idea de organizarla. &iquest;A qui&eacute;n? A m&iacute;, joder, a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y la idea era genial, s&iacute;. Lo fue en origen, as&iacute; me lo reconocieron todos, tambi&eacute;n el irland&eacute;s cuando la expuse a principios de mes en Berl&iacute;n, aprovechando la reuni&oacute;n mensual de country managers:
    </p><p class="article-text">
        -En la filial espa&ntilde;ola se nos ha ocurrido una acci&oacute;n motivadora, para mejorar la relaci&oacute;n con nuestros colaboradores, y de paso potenciar la imagen corporativa: una cena navide&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lost in translation&rdquo;, pens&eacute; al ver c&oacute;mo el resto de directores nacionales se sonre&iacute;an e intercambiaban miradas de burla. &ldquo;Han debido de pensar que vamos a hacer una cena ben&eacute;fica o cualquier mierda as&iacute;&rdquo;. En seguida lo aclar&eacute;, con mi mejor ingl&eacute;s:
    </p><p class="article-text">
        -En Espa&ntilde;a es tradici&oacute;n que en las empresas se organicen cenas de navidad, a las que asisten todos los trabajadores, y tambi&eacute;n los directivos. Son una gran oportunidad para confraternizar, aliviar tensiones, poner objetivos en com&uacute;n y elevar el esp&iacute;ritu de equipo.
    </p><p class="article-text">
        Como segu&iacute;an sin entender, cambi&eacute; el tono:
    </p><p class="article-text">
        -Los trabajadores comen y beben, muchos se emborrachan, algunos resuelven tensiones sexuales pendientes, est&aacute; permitido decir lo que se piensa de los superiores, algunos se arrepentir&aacute;n durante todo el a&ntilde;o por lo que hicieron y dijeron esa noche&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ahora s&iacute;, hubo carcajadas y aplausos en la sala de reuniones, y a&ntilde;ad&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        -Y tambi&eacute;n hay regalos. El amigo invisible.
    </p><p class="article-text">
        Y cuatro semanas despu&eacute;s, ah&iacute; estaba el dichoso amigo invisible con sus regalos: un carro-contenedor del que una voluntaria de mano inocente iba sacando paquetes y cantando los nombres de los afortunados.
    </p><p class="article-text">
        Insisto: sobre el papel, la idea era buena. El propio Doyle, fundador de la plataforma, me hab&iacute;a felicitado en Berl&iacute;n: &ldquo;<em>Very inspiring</em>!&rdquo;. En efecto, una idea inspiradora: una cena de navidad para quienes de otra forma no habr&iacute;an tenido cena de empresa: nuestros colaboradores.
    </p><p class="article-text">
        Como de costumbre, la idea no fue bien recibida al principio. Pero no me preocup&oacute;, ocurre con cada uno de nuestros pasos: provocan incomprensi&oacute;n, desconfianza, rechazo, miedo. Somos una empresa altamente innovadora, vamos por delante de nuestros competidores, y el precio a pagar es ese. Cada una de nuestras decisiones ha sido observada con lupa, denunciada preventivamente por los sindicatos, investigada por la inspecci&oacute;n de trabajo, criticada por tertulianos, saboteada por activistas, se&ntilde;alada como irregular por otras empresas del sector&hellip; Y finalmente, poco tiempo despu&eacute;s, aceptada, normalizada, y por supuesto imitada por esas mismas empresas. Abrimos el camino por el que otros vendr&aacute;n, siempre por detr&aacute;s. Somos pioneros. Trailblazers.
    </p><p class="article-text">
        A ninguna compa&ntilde;&iacute;a de la econom&iacute;a colaborativa se le hab&iacute;a ocurrido organizar una cena navide&ntilde;a para sus colaboradores. Ni a ninguna de esas empresas que, sin pertenecer propiamente a la econom&iacute;a colaborativa, tampoco tienen apenas trabajadores en plantilla, toda su producci&oacute;n externalizada en aut&oacute;nomos, freelances, comerciales con contrato mercantil, repartidores con veh&iacute;culo propio, cooperativas de extrabajadores. A ninguna se le hab&iacute;a ocurrido agradecer a sus colaboradores con algo as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a, la idea no fue bien recibida: que si nos est&aacute;bamos burlando de nuestros colaboradores, que mejor har&iacute;amos si en vez de una invitaci&oacute;n a cenar les envi&aacute;semos un contrato de trabajo, y en lugar de un amigo invisible, unas cotizaciones a la Seguridad Social&hellip; Otros nos censuraron por no buscar m&aacute;s que publicidad gratuita, noticias, viralidad en redes.
    </p><p class="article-text">
        A cambio, la respuesta de los colaboradores fue magn&iacute;fica, sorprendentemente positiva: tantos se apuntaron a la cena, que tuvimos que modificar los planes iniciales, trasladar el evento a un sal&oacute;n de celebraciones con m&aacute;s aforo, pues confirmaron su asistencia m&aacute;s de trescientos colaboradores.
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito fue tan grande, la atenci&oacute;n medi&aacute;tica tan importante, y el impacto en redes sociales tan rotundo, que no tuve que insistir mucho para convencer al irland&eacute;s: acept&oacute; encantado participar en &ldquo;la primera cena navide&ntilde;a colaborativa&rdquo;, como ya era conocida en la prensa. Y llegado el gran d&iacute;a, all&iacute; est&aacute;bamos, en la mesa presidencial del sal&oacute;n: el irland&eacute;s en el centro, y a los lados el jefe de operaciones, el director comercial, la dircom, y yo, como country manager. Frente a nosotros, trescientos veinticuatro colaboradores, distribuidos en mesas de doce, atendidas por una treintena de camareros, y al fondo del sal&oacute;n, un grupo musical para amenizar la cena. Ah, y lo m&aacute;s importante: a veinte euros el cubierto, gracias a que la central irlandesa acept&oacute; que pag&aacute;semos parte del importe.
    </p><p class="article-text">
        El amigo invisible era la guinda del evento. No pod&iacute;a faltar en una cena navide&ntilde;a de empresa. Y para darle un toque propio, lo organizamos utilizando el mismo algoritmo que reparte tareas y recompensas entre nuestros colaboradores: la app determin&oacute; qui&eacute;n regalar&iacute;a a qui&eacute;n, y qu&eacute; importe tendr&iacute;a el obsequio, seg&uacute;n la puntuaci&oacute;n asignada a cada colaborador, y sus ratios internas de disponibilidad y productividad. Los mejores colaboradores obtendr&iacute;an los mejores regalos. Nuestro amigo invisible reproducir&iacute;a nuestro modelo empresarial hasta sus &uacute;ltimas consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Al llegar al local, los invitados dejaban en el guardarropa su regalo, etiquetado con el nombre del afortunado, y todos juntos fueron introducidos en un gran carro-contenedor con nuestros colores, como los que recorren los pasillos de nuestros almacenes. Por supuesto, los cuatro directivos y el irland&eacute;s decidimos participar tambi&eacute;n en el amigo invisible, aunque preferimos que la propia empresa se encargase de nuestros obsequios, para no crear suspicacias entre los colaboradores. Regalos corporativos en nuestro caso, pero tambi&eacute;n los dejamos en el carro-contenedor, etiquetados con nuestros nombres.
    </p><p class="article-text">
        La cena discurri&oacute; tranquila, nada anticipaba lo que acab&oacute; ocurriendo. Ruidosa, por supuesto, con m&aacute;s de trescientas personas hablando a la vez, riendo, gritando de una mesa a otra, coreando ocasionalmente canciones. Nos sorprendi&oacute; gratamente el buen ambiente, la complicidad que parec&iacute;a haber entre los asistentes, si ten&iacute;amos en cuenta que la mayor&iacute;a era la primera vez que se ve&iacute;a. Ese hab&iacute;a sido uno de los incentivos de la cena, as&iacute; se la presentamos a los colaboradores: &ldquo;una oportunidad para conocer a otros como t&uacute;, un encuentro sin precedentes entre quienes hac&eacute;is grande nuestra marca, una ocasi&oacute;n &uacute;nica para dejar de ser nicknames en una plataforma y poder vernos las caras y presentarnos con nuestros nombres, una noche en que tus habituales competidores se convertir&aacute;n en amigos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        -Pues para ser la primera vez que est&aacute;n juntos, se llevan muy bien &ndash;dijo la dircom, levantando mucho la voz para hacerse o&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        -Nadie dir&iacute;a que pelean entre ellos a navajazos por conseguir un servicio &ndash;a&ntilde;adi&oacute; el jefe de operaciones, y se&ntilde;al&oacute; a una mesa donde ocho o diez colaboradores se hac&iacute;an fotos abrazados.
    </p><p class="article-text">
        -Ay c&oacute;mo ser latinos, sangre caliente &ndash;balbuce&oacute; el irland&eacute;s en su precario castellano. Se le ve&iacute;a divertido, estaba disfrutando la noche, y lo demostr&oacute; paseando por entre las mesas, deteni&eacute;ndose en cada una para saludarlos uno por uno, conocer sus nombres y darles las gracias como fundador de la compa&ntilde;&iacute;a. Es cierto que hubo colaboradores que aprovecharon la presencia del irland&eacute;s para quejarse por las condiciones de servicio, pedir una actualizaci&oacute;n de tarifas, lanzar un comentario sarc&aacute;stico sobre la &uacute;ltima presentaci&oacute;n de resultados empresariales, o censurar que prescindi&eacute;semos de aquellos colaboradores que montaron una protesta a la entrada de la sede espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Pero en general el ambiente era muy bueno, festivo, y as&iacute; podr&iacute;a haber seguido la noche: habr&iacute;amos terminado los postres, comenzar&iacute;a la barra libre, se retirar&iacute;an las mesas para bailar, reinar&iacute;a el DJ, los primeros borrachos se desplomar&iacute;an en los sof&aacute;s, los fumadores buscar&iacute;an el jard&iacute;n, los ad&uacute;lteros disputar&iacute;an los ba&ntilde;os con los cocain&oacute;manos, los graciosos agotar&iacute;an paciencias, alguien grabar&iacute;a en v&iacute;deo a quien al d&iacute;a siguiente se arrepentir&iacute;a, y poco a poco nos ir&iacute;amos todos retirando, algunos a dormir, otros a seguir la fiesta en bares, en un karaoke, en la &uacute;ltima discoteca, un after. As&iacute; podr&iacute;a haber terminado la noche, de no ser por el amigo invisible. El puto amigo invisible. A qui&eacute;n se le ocurrir&iacute;a la genial idea de montar un amigo invisible. &iquest;A qui&eacute;n? A m&iacute;, joder, a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pocos minutos antes de las doce de la noche, sub&iacute; al escenario, ped&iacute; a los m&uacute;sicos que dejasen de tocar, agarr&eacute; el micr&oacute;fono y anunci&eacute; el momento m&aacute;s esperado de la noche, el que yo pensaba el momento m&aacute;s esperado de la noche, y que en efecto result&oacute; serlo. Para todos.
    </p><p class="article-text">
        Mand&eacute; traer el carro-contenedor con m&aacute;s de trescientos paquetes, y ped&iacute; una mano inocente que fuese sacando los regalos. Se ofreci&oacute; una joven, saludada con silbidos y aplausos entusiastas. Le ced&iacute; el micr&oacute;fono, y ella iba leyendo una por una las etiquetas y llamando a los afortunados, que sub&iacute;an al escenario, recib&iacute;an su misterioso regalo, y lo abr&iacute;an all&iacute; mismo para que todos los presentes participasen de la sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros veinte paquetes desvelaron contenidos inofensivos, los t&iacute;picos de un amigo invisible de cena de empresa: calcetines simp&aacute;ticos, accesorios para el m&oacute;vil, cremas de belleza, tazas de desayuno, una broma aislada de sex-shop; que todos agradec&iacute;an diciendo eso de &ldquo;gracias, amigo invisible&rdquo;. Hasta que lleg&oacute; el primer regalo para la mesa presidencial: un paquete dirigido al director comercial.
    </p><p class="article-text">
        El aludido cruz&oacute; el sal&oacute;n y subi&oacute; al escenario. Mir&oacute; sorprendido el envoltorio, que no era el papel corporativo en que hab&iacute;amos previsto nuestros regalos. Ley&oacute; su nombre en la etiqueta, para descartar el error, y lo abri&oacute;. &ldquo;Un libro&rdquo;, sonri&oacute; al sacarlo, pero cuando fue a leer el t&iacute;tulo de la novela o del manual de management que esperaba encontrar, se le quebr&oacute; la voz:
    </p><p class="article-text">
        -Estatuto de los&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Trabajadores!&rdquo;, grit&oacute; de pronto la multitud, que parec&iacute;a adivinar de qu&eacute; se trataba solo con escuchar la primera palabra del t&iacute;tulo: Estatuto de los Trabajadores. As&iacute; era: alguien le hab&iacute;a regalado al director comercial un ejemplar encuadernado del Estatuto de los Trabajadores, la ley que regula en Espa&ntilde;a las relaciones laborales.
    </p><p class="article-text">
        Un bromista, pensamos, as&iacute; lo pens&oacute; el director comercial, que encaj&oacute; la broma con mucha elegancia:
    </p><p class="article-text">
        -Gracias, amigo invisible. Me lo leer&eacute;, aunque me han dicho que est&aacute; mejor la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Las escasas risas en respuesta ya deber&iacute;an habernos alertado, pero decidimos seguir adelante. La mano inocente sac&oacute; otra tanda de lencer&iacute;as, objetos de escritorio, relojes baratos, pa&ntilde;uelos y fundas de m&oacute;vil, hasta que apareci&oacute; un paquete que iba al nombre de la dircom.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra directora de comunicaci&oacute;n, que al parecer no se hab&iacute;a enterado del regalo anterior por estar en el ba&ntilde;o, avanz&oacute; por el sal&oacute;n, subi&oacute; sonriente al escenario, agarr&oacute; un paquete rectangular y plano, y lo abri&oacute;. Era un marco, un gran marco tama&ntilde;o folio, de madera y cristal, para colgar en la pared. Y llevaba enmarcada una p&aacute;gina de peri&oacute;dico, una noticia. La dircom reconoci&oacute; la tipograf&iacute;a period&iacute;stica, y supongo que pens&oacute; que era una noticia sobre alguna acci&oacute;n publicitaria de la que ella era responsable, el lanzamiento de un nuevo producto, una mejora de resultados. Pero no.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Que lo ense&ntilde;e, que lo ense&ntilde;e!&rdquo;, core&oacute; el sal&oacute;n, al ver c&oacute;mo la dircom amagaba con dejar el escenario sin mostrar su regalo. Levant&oacute; el marco un par de segundos, lo suficiente para que los comensales pudiesen leer el titular de la noticia: se refer&iacute;a a una sentencia judicial reciente, que afectaba a otra empresa de nuestro sector, una empresa competidora que hab&iacute;a sido condenada a contratar como trabajadores a cientos de sus colaboradores, y a pagar las cotizaciones atrasadas a la Seguridad Social.
    </p><p class="article-text">
        Por si ten&iacute;amos la tentaci&oacute;n de marcharnos apresuradamente de la fiesta, la mano inocente tom&oacute; del carro-contenedor el siguiente regalo, y grit&oacute; el nombre del jefe de operaciones. Como no parec&iacute;a muy convencido, fue acompa&ntilde;ado hasta el escenario por varios colaboradores, que lo tomaban del brazo y el hombro amistosamente para que no volviese a casa sin su regalo.
    </p><p class="article-text">
        Al menos el suyo no ten&iacute;a forma de libro ni de marco, sino de cilindro. Lo desenvolvi&oacute;, y encontr&oacute; uno de esos tubos donde se guardan planos y documentos enrollados. En su interior no hab&iacute;a un mapa antiguo, ni una bonita fotograf&iacute;a para enmarcar, ni una orla de su paso por alguna escuela de negocios, sino los veinte folios del informe elaborado por el gabinete jur&iacute;dico de cierto sindicato; informe que se publicar&iacute;a al d&iacute;a siguiente, y que acusaba a nuestra empresa de mantener a cientos de trabajadores en fraude de ley, falsos aut&oacute;nomos a los que no se reconoc&iacute;a la relaci&oacute;n laboral.
    </p><p class="article-text">
        Con la noche ya desbocada, y el irland&eacute;s pidiendo a la dircom que le tradujese lo que estaba ocurriendo, me toc&oacute; abrir mi regalo. En una cesta de mimbre, de esas que traen jabones y sales de ba&ntilde;o, hab&iacute;an colocado varios objetos: un calendario de mesa, un im&aacute;n de nevera, un bol&iacute;grafo, una agenda del nuevo a&ntilde;o, un llavero, un mechero y una funda de m&oacute;vil. Todos con el logo y los colores del mismo sindicato cuyo gabinete jur&iacute;dico hab&iacute;a elaborado aquel informe.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Es una inocentada? &ndash;pregunt&eacute; en voz alta. Mir&eacute; el reloj y comprob&eacute; que pasaban ocho minutos de las doce de la noche: por tanto ya era 28 de diciembre. Ojal&aacute; hubiese sido una inocentada.
    </p><p class="article-text">
        El siguiente regalo en salir del contenedor era para el irland&eacute;s, y yo me tem&iacute; lo peor cuando o&iacute; a la manita inocente gritar su nombre: &ldquo;Mister Doyle&rdquo;, y una risilla cruz&oacute; el sal&oacute;n. El irland&eacute;s cogi&oacute; el regalo con precauci&oacute;n, en plan paquete bomba, porque ya entend&iacute;a de qu&eacute; iba todo aquello, qu&eacute; rumbo estaba tomando la noche, la cena, la cena de navidad, la puta cena de navidad para colaboradores.
    </p><p class="article-text">
        No hizo falta que lo ense&ntilde;ase, todos adivinamos el contenido de aquella carpeta de cart&oacute;n que apareci&oacute; bajo el envoltorio. Lo adivinamos los del equipo directivo, porque hab&iacute;amos unido todas las piezas previas y solo nos faltaba esa. Y lo adivinaron los trescientos veinticuatro colaboradores, que aplaudieron, gritaron y silbaron alborozados cuando el irland&eacute;s abri&oacute; la carpeta y se encontr&oacute; el documento de demanda colectiva que unos d&iacute;as despu&eacute;s, en la primera fecha h&aacute;bil, presentar&iacute;an los representantes sindicales de nuestros colaboradores en el Juzgado de lo Social. Gracias, amigo invisible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/gracias-amigo-invisible_132_1170527.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Dec 2019 20:22:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/77972ab8-671e-461e-b1d0-c47836de300d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="321617" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/77972ab8-671e-461e-b1d0-c47836de300d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="321617" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Gracias, amigo invisible]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/77972ab8-671e-461e-b1d0-c47836de300d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pocas luces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/pocas-luces_132_1177015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41103171-0f5c-46e2-b541-299254c6e757_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pocas luces"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué ciudad ganará la competición por el alumbrado navideño más impresionante, con más bombillas, con más potencia lumínica?</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Diez, nueve, ocho&hellip;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El alcalde empez&oacute; la cuenta atr&aacute;s, micr&oacute;fono en mano, y claro que nos unimos todos a gritos, la plaza entera descontando n&uacute;meros, cuarenta mil personas seg&uacute;n el ayuntamiento, seis mil seg&uacute;n la polic&iacute;a. Si est&aacute;bamos en la plaza aquellos cuarenta mil o seis mil, era porque quer&iacute;amos ver el nuevo alumbrado, la esperada Segunda Fase, averiguar cu&aacute;l era la sorpresa, cu&aacute;ntos de los rumores de la &uacute;ltima semana se confirmaban. Si cuarenta mil o seis mil vecinos hab&iacute;amos acudido a la convocatoria, si llev&aacute;bamos dos horas pasando fr&iacute;o y cantando villancicos y bailando al ritmo del grupo de versiones que ameniz&oacute; la espera, y si ahora core&aacute;bamos con el alcalde el diez, el nueve, el ocho, era evidentemente porque no compart&iacute;amos las cr&iacute;ticas de algunos, no hab&iacute;amos secundado el llamamiento en redes sociales a protestar, y hasta hab&iacute;amos abucheado a los cuatro o cinco pesados que, minutos antes de la hora anunciada, saltaron al escenario y desplegaron una pancarta que dec&iacute;a &ldquo;Navidad sin despilfarro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ****
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Siete, seis&hellip;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Despilfarro? &iquest;Qu&eacute; despilfarro? El alcalde lo hab&iacute;a explicado varias veces durante la semana: el alumbrado navide&ntilde;o, el ya instalado, hab&iacute;a atra&iacute;do a miles de turistas desde que se encendi&oacute; a primeros de mes, los comerciantes del centro esperaban un aumento de ventas, los hoteles y restaurantes se llenaron durante el puente de diciembre, la ciudad recib&iacute;a atenci&oacute;n de medios de todo el planeta, no pod&iacute;a haber dinero mejor invertido. Por algo ser&iacute;a que cada vez m&aacute;s ciudades se lanzaban a &ldquo;la guerra de las luces&rdquo;, la competici&oacute;n anual por ver qui&eacute;n colocaba m&aacute;s bombillas y con los dise&ntilde;os m&aacute;s originales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la Segunda Fase, que ahora inauguraba el alcalde: para recuperar el liderato, porque desde que a finales de noviembre encendimos nuestro alumbrado, otras ciudades se hab&iacute;an empe&ntilde;ado en superarnos, a&ntilde;adiendo aunque fuese una bombilla m&aacute;s, una noria unos metros m&aacute;s alta, un mapping m&aacute;s sofisticado, un famoso con m&aacute;s tir&oacute;n el d&iacute;a del encendido. &ldquo;No nos quedaremos atr&aacute;s&rdquo;, anunci&oacute; el alcalde a mediados de diciembre: &ldquo;Esos que presumen de luces, en realidad, tienen muy pocas luces, no se dan cuenta de que nosotros competimos en otra liga: con Nueva York, Par&iacute;s o Tokio, en la Champions de las luces navide&ntilde;as. Pero si quieren guerra, la tendr&aacute;n&rdquo;. Y remat&oacute; con una c&oacute;mica imitaci&oacute;n de los Hermanos Marx: &ldquo;&iexcl;Traed m&aacute;s luces, que es la guerra!&rdquo;, que ninguno de los periodistas becarios presentes en la rueda de prensa entendi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y vaya si trajeron m&aacute;s luces: la Segunda Fase inclu&iacute;a otros cuatro millones de bombillas para sumar a las ya instaladas &ndash;l&aacute;mparas LED, subray&oacute; el alcalde, para acallar a los ecologistas&ndash;; adem&aacute;s de una segunda noria panor&aacute;mica, un bosque de &aacute;rboles navide&ntilde;os, un laberinto de neones y otras sorpresas que se desvelar&iacute;an a las siete de la tarde del veinticuatro de diciembre, al encender la Segunda Fase del alumbrado.
    </p><p class="article-text">
        Entre las inc&oacute;gnitas, la gigantesca estructura que contempl&aacute;bamos en el centro de la plaza, cuya forma nos entreten&iacute;amos en esclarecer a la espera de que su iluminaci&oacute;n la desvelase.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que es una Torre Eiffel&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&eacute; dices, parece un Pap&aacute; Noel colosal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que podremos subir, eso parecen escaleras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ****
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Cinco, cuatro&hellip;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Las cr&iacute;ticas no se hicieron esperar, claro. Los habituales gru&ntilde;ones, los que ya en a&ntilde;os anteriores vieron mal el gasto en decoraci&oacute;n navide&ntilde;a, y que este a&ntilde;o protestaron al conocer el aumento de presupuesto, estallaron tras el anuncio de la Segunda Fase. Acusaron al alcalde de megaloman&iacute;a, y de desviar recursos habiendo tantas necesidades. Dijeron que con lo que costaban las luces se pod&iacute;a pagar la factura de electricidad anual de no s&eacute; cu&aacute;ntos cientos de hogares e hicieron un rato demagogia hablando de la pobreza energ&eacute;tica, las familias que no pueden encender la calefacci&oacute;n, o que les cortan la luz por impago.
    </p><p class="article-text">
        Y no es que los cuarenta mil o seis mil que acudimos a la inauguraci&oacute;n seamos insensibles a esos problemas, claro que no. Pero lo mismo podr&iacute;amos decir de otros gastos navide&ntilde;os, que seguro que esos que tanto critican luego van y ponen en su casa el arbolito, las luces del balc&oacute;n, y por supuesto compran regalos y langostinos habiendo tantas familias necesitadas. Que si nos ponemos demagogos, nos ponemos todos.
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s pesados que fueron, sus cr&iacute;ticas tuvieron poco eco. La mayor&iacute;a de vecinos recibimos con agrado el anuncio de la Segunda Fase, sobre todo cuando supimos que no se limitar&iacute;a al centro de la ciudad: el alumbrado especial se extender&iacute;a por todos los barrios, muy especialmente en aquellos m&aacute;s humildes, m&aacute;s desatendidos, y que ahora tambi&eacute;n ser&iacute;an protagonistas: en todas las plazas y calles principales habr&iacute;a r&eacute;plicas, a menor escala, del instalado en el centro, incluidas peque&ntilde;as norias, mappings y laberintos de luz, que se encender&iacute;an a la misma hora, las siete de la tarde del veinticuatro de diciembre, Nochebuena, en el momento en que el alcalde apretase el bot&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        ****
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Tres!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El alcalde acerc&oacute; la mano al enorme bot&oacute;n azul que hab&iacute;an colocado en el escenario, un calambre de excitaci&oacute;n cruz&oacute; la plaza de un extremo a otro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Dos!
    </p><p class="article-text">
        Por fin &iacute;bamos a saber cu&aacute;les de los muchos rumores eran ciertos: que hab&iacute;a contratado al Circo del Sol, que un conocido director de cine hab&iacute;a preparado un espect&aacute;culo comparable a la inauguraci&oacute;n de unos Juegos Ol&iacute;mpicos, que un mago har&iacute;a desaparecer el ayuntamiento con un impresionante efecto &oacute;ptico, que una gran bola navide&ntilde;a descender&iacute;a del cielo y de ella saldr&iacute;a el capit&aacute;n de nuestro equipo de f&uacute;tbol, o una presentadora televisiva, o un actor que triunfa en Hollywood, o un miembro de la Familia Real, o los protagonistas de una conocida serie, o todos los citados a la vez, que los rumores fueron a m&aacute;s seg&uacute;n se acercaba la fecha.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Uno!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Todos levantamos un brazo, en la mano el m&oacute;vil con la c&aacute;mara activa para captar en v&iacute;deo el momento en que por fin se encender&iacute;a la Segunda Fase, cuarenta mil o seis mil m&oacute;viles grabando el mismo momento en cuarenta mil o seis mil v&iacute;deos id&eacute;nticos que pronto recorrer&iacute;an las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Cero!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Y apret&oacute; el bot&oacute;n con un manotazo.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se encendi&oacute; nada. Ni la gran estructura del centro de la plaza. Ni la segunda noria. Ni el bosque, ni el laberinto. Ni sus r&eacute;plicas en los barrios. Ni los cuatro millones de nuevas luces LED.
    </p><p class="article-text">
        No se encendi&oacute; nada. Ni siquiera los diez millones de bombillas que ya luc&iacute;an en la primera fase. Ni una sola bombilla alumbr&oacute; la noche de la ciudad: no solo no se activ&oacute; el alumbrado navide&ntilde;o, sino que se apagaron todas las dem&aacute;s luces. Todas: farolas, fachadas monumentales, comercios y nuestras casas. Apag&oacute;n total. El alcalde puls&oacute; el bot&oacute;n, y la ciudad se fue a negro.
    </p><p class="article-text">
        Al principio, claro, pensamos que era parte del espect&aacute;culo. Una genialidad: apagar la ciudad entera, para que as&iacute; brillase m&aacute;s a&uacute;n el alumbrado navide&ntilde;o. La primera reacci&oacute;n fue positiva: gritamos, aplaudimos, silbamos, iluminados por los peque&ntilde;os rect&aacute;ngulos blancos de las pantallas de cuarenta mil o seis mil m&oacute;viles que segu&iacute;an en alto, grabando la oscuridad total en vez del esperado estallido lum&iacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Como pasaban los segundos, y en seguida los minutos, y no se encend&iacute;a nada, empezamos a mosquearnos. Nadie sab&iacute;a nada, el alcalde gritaba desde el escenario pero no le entend&iacute;amos, con el micr&oacute;fono tambi&eacute;n apagado. A nuestros tel&eacute;fonos llegaban mensajes de familiares y amigos que desde los barrios nos confirmaban que tambi&eacute;n ellos estaban a oscuras. Y en las redes empezaba a hablarse de chapuza, pero tambi&eacute;n de sabotaje. Esta &uacute;ltima fue la primera palabra que pronunci&oacute; el alcalde cuando quince minutos despu&eacute;s volvi&oacute; la luz a la plaza:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un sabotaje. Eso me acaban de decir desde la polic&iacute;a municipal, queridos vecinos: ha sido un sabotaje&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La primera versi&oacute;n, que en seguida recogieron los medios, fue esa: alguien hab&iacute;a saboteado el nuevo alumbrado navide&ntilde;o. Y adem&aacute;s ten&iacute;an pruebas: la polic&iacute;a hab&iacute;a descubierto, en varias calles de barrios perif&eacute;ricos, unos cables caseros que alguien hab&iacute;a conectado al alumbrado navide&ntilde;o. Todav&iacute;a no hab&iacute;a mucha informaci&oacute;n, no se sab&iacute;a qu&eacute; tipo de aparatos hab&iacute;an enchufado mediante rudimentarios empalmes, pero la intenci&oacute;n era clara: quer&iacute;an provocar una sobrecarga en la red, un exceso de demanda el&eacute;ctrica que colapsase las centrales suministradoras. Un cortocircuito. Y lo hab&iacute;an conseguido: en cuanto el alcalde conect&oacute; el nuevo alumbrado, el aumento de potencia satur&oacute; el sistema y se apag&oacute; la luz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No os preocup&eacute;is, que ya lo hemos resuelto&rdquo;, anunci&oacute; nuestro primer gobernante para evitar que nos march&aacute;semos. &ldquo;Los enemigos de la Navidad no se saldr&aacute;n con la suya. Vamos a demostr&aacute;rselo. &iexcl;All&aacute; vamos otra vez, seguidme!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Acerc&oacute; de nuevo la mano al bot&oacute;n, y reanud&oacute; la cuenta atr&aacute;s, y nosotros con &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Diez, nueve, ocho, siete, seis&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Volvimos a levantar los tel&eacute;fonos, c&aacute;maras preparadas, y dos o tres televisiones estatales conectadas en directo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cinco, cuatro, tres, dos, uno&hellip; &iexcl;Cero!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Y se fue otra vez la luz. De toda la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Parte de los cuarenta mil o seis mil se lo tom&oacute; a cachondeo; pero otra parte empezaba a impacientarse. Eran casi las siete y media, todos quer&iacute;amos llegar a casa para la cena de Nochebuena, que adem&aacute;s se ve&iacute;a amenazada por el apag&oacute;n: hornos interrumpidos a medio asar la carne, neveras que no enfriar&iacute;an las bebidas con las que quer&iacute;amos brindar, gente sin duchar, vestir o maquillar y buscando velas en alg&uacute;n caj&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El segundo apag&oacute;n dur&oacute; m&aacute;s que el primero. Algunos nos quedamos en la plaza, porque con la ciudad a oscuras no confi&aacute;bamos en poder sacar el coche del parking, o que el transporte p&uacute;blico circulase para llegar a nuestros barrios. Otros, por curiosidad, por ver c&oacute;mo acababa aquella historia; o por protestar, que los abucheos iban a m&aacute;s. Muchos s&iacute; salieron de la plaza, iluminando el suelo con las linternas de sus m&oacute;viles, y se perdieron por las avenidas pr&oacute;ximas, oscurecidas como no se hab&iacute;a visto en d&eacute;cadas, en siglos dec&iacute;an algunos, desde los tiempos anteriores al alumbrado p&uacute;blico, cuando la gente se encerraba en casa al ponerse el sol por miedo a las peligrosas calles oscuras. En la plaza, algunos levantamos la cabeza para mirar las estrellas, de pronto presentes, la V&iacute;a L&aacute;ctea espumeando como nunca la hab&iacute;amos visto, se&ntilde;al&aacute;bamos puntos brillantes que no sab&iacute;amos nombrar, hac&iacute;amos fotos imposibles al cielo sin contaminaci&oacute;n lum&iacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        A las ocho y media, el alcalde retom&oacute; el micr&oacute;fono, una vez restablecido el suministro, la plaza ya con poco m&aacute;s de tres mil o quiz&aacute;s apenas quinientos vecinos. Insisti&oacute; en el sabotaje y, furioso, acus&oacute; directamente a quienes m&aacute;s hab&iacute;an protestado por el despilfarro de luces: la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, los ecologistas; hasta insinu&oacute; que entre los saboteadores pod&iacute;a haber gente de otras ciudades, esas que quer&iacute;an guerra, y que &ldquo;quiz&aacute;s nos hacen guerra sucia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero no podr&aacute;n con nosotros, no ganar&aacute;n. La polic&iacute;a municipal ha encontrado nuevos cables enganchados a instalaciones navide&ntilde;as, en distintos puntos de la ciudad. Esto no es cosa de dos o tres resentidos: hablamos de un grupo numeroso, organizado, una banda, con preparaci&oacute;n para manipular cables, capaces de colapsar todo el sistema el&eacute;ctrico de una ciudad. Los voy a llamar por su nombre: &iexcl;son terroristas! Terroristas de la Navidad, quieren asustarnos, quieren que no celebremos, &iexcl;pero no podr&aacute;n con nosotros!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Dicho lo cual, apret&oacute; por tercera vez el bot&oacute;n, ahora ya sin cuenta atr&aacute;s ni tonter&iacute;as, de un pu&ntilde;etazo que hundi&oacute; el interruptor en el panel met&aacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        No nos sorprendi&oacute; el nuevo apag&oacute;n. Ni siquiera protestamos, preferimos retirarnos en silencio, regresar a pie y a tientas a nuestros barrios, para ver si pod&iacute;amos salvar la cena, aunque fuesen platos fr&iacute;os a la luz de las velas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y encima nos perdemos el discurso del Rey&rdquo;, dijo alg&uacute;n gracioso, inidentificable a oscuras.
    </p><p class="article-text">
        De camino a casa, le&iacute;mos las noticias que ya circulaban a esa hora: en efecto, hab&iacute;a por toda la ciudad cables enganchados al alumbrado navide&ntilde;o, empalmes caseros, en algunos barrios se contaban por decenas en una misma instalaci&oacute;n. Siguiendo algunos de esos cables, los t&eacute;cnicos de la compa&ntilde;&iacute;a hab&iacute;an llegado a domicilios particulares: familias que hab&iacute;an decidido enganchar la electricidad de su hogar al alumbrado navide&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        La polic&iacute;a sospechaba que se trataba de una acci&oacute;n coordinada, pues alguien les hab&iacute;a ayudado en una acci&oacute;n que requer&iacute;a unos m&iacute;nimos conocimientos de electricista; pero sobre todo porque, al ser descubiertas, todas las familias dieron a la polic&iacute;a la misma explicaci&oacute;n, repiti&eacute;ndola casi palabra por palabra: llevaban mucho tiempo sin poder encender la calefacci&oacute;n, deb&iacute;an limitar a lo m&aacute;s b&aacute;sico el consumo de luz, algunos directamente hab&iacute;an sufrido cortes de suministro por no pagar los &uacute;ltimos recibos. Y siendo una fecha tan especial, todos quer&iacute;an celebrar la Nochebuena con los suyos sin pasar fr&iacute;o, cocinar en el horno, incluso encender el arbolito (&ldquo;de luces LED, se&ntilde;or agente&rdquo;) sin pensar en la pr&oacute;xima factura, aunque fuese por una noche. &ldquo;Feliz Navidad&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/pocas-luces_132_1177015.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Dec 2019 19:57:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/41103171-0f5c-46e2-b541-299254c6e757_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="220604" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/41103171-0f5c-46e2-b541-299254c6e757_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="220604" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Pocas luces]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/41103171-0f5c-46e2-b541-299254c6e757_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué se puede esperar cuando se está esperando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/puede-esperar-esperando_132_1188240.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93072ea0-e3ae-4f22-a312-761e9651494f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Qué se puede esperar cuando se está esperando"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ficción sobre un país con la natalidad en mínimos históricos</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Cuatro semanas, cinco? Hablamos de la noche del concierto, eso est&aacute; claro, la &uacute;nica en que se confiaron. La sit&uacute;a en el calendario. Casi cinco semanas.
    </p><p class="article-text">
        Cinco semanas: de uno a dos mil&iacute;metros. &Oacute;rganos vitales, huesos y sistema nervioso inician ya su desarrollo. Esbozo de ojos y orejas. Empieza a formarse el tubo neuronal, y la estructura de tejido embrionario que terminar&aacute; siendo el coraz&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s? Nauseas, no. &iquest;Olfato m&aacute;s sensible? Puede ser. M&aacute;s ganas de orinar, dir&iacute;a que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Sentada en el v&aacute;ter, m&oacute;vil en mano, Marga hace b&uacute;squedas en Google alterando hoy la rutina de cada ma&ntilde;ana (que suele ser: primero la informaci&oacute;n meteorol&oacute;gica, luego el saldo y movimientos de la cuenta bancaria, despu&eacute;s Instagram). &iquest;C&oacute;mo se llamaba, &aacute;cido qu&eacute;? Con solo teclear &ldquo;&aacute;cido&rdquo;, el buscador autocompleta, el algoritmo predice bien sus deseos tras las b&uacute;squedas repetitivas de los &uacute;ltimos tres d&iacute;as: &ldquo;&aacute;cido f&oacute;lico&rdquo;, eso es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no me has despertado?&rdquo;, irrumpe Jes&uacute;s en el ba&ntilde;o, &ldquo;voy de culo, tengo una vista a las nueve pero debo pasar antes por el despacho&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay una cosa que quiero contarte&rdquo;, dice ella, pero &eacute;l ya no la oye bajo el chorro de la ducha. Insiste, levanta la voz: &ldquo;&iquest;Volver&aacute;s tarde hoy tambi&eacute;n?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy cenamos juntos, prometido&rdquo;, miente por el pasillo, huellas mojadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te lo cuento entonces a la noche&rdquo;, propone ella, para s&iacute; misma porque Jes&uacute;s no la oye desde el dormitorio. Se desabrocha el pijama frente al espejo empa&ntilde;ado. Se acaricia el vientre flojo con tanta teatralidad que le da la risa, la mano en c&iacute;rculos alrededor del ombligo. Toma los pechos, los alza, masajea, aprieta hasta que consigue que en efecto duelan. &ldquo;Mayor sensibilidad en los senos&rdquo;, le dice al espejo con voz de viejo obstetra. Un beso de despedida, y a Jes&uacute;s se le ha ido la mano con el perfume, o quiz&aacute;s podemos marcar en la lista &ldquo;olfato sensible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el ascensor, Marga coincide con la vecina del tercero, se sonr&iacute;en con id&eacute;nticas caras de sue&ntilde;o bajo el maquillaje. Como cada ma&ntilde;ana, la vecina lleva al ni&ntilde;o dormido en el carro, envuelto en una manta. Al salir del portal la sigue, van en la misma direcci&oacute;n, la ve empujar el carro deprisa, en la esquina coincide con un padre que conduce una silla con un ni&ntilde;o un poco m&aacute;s mayor, uno o dos a&ntilde;os, tambi&eacute;n dormido y cubierto por una burbuja de pl&aacute;stico. Los ve alejarse hacia la guarder&iacute;a que todav&iacute;a ni ha encendido el r&oacute;tulo. Se cruza con un beb&eacute; m&aacute;s afortunado, va dormido en brazos de su madre y entra en un portal, adivina la casa de los abuelos.
    </p><p class="article-text">
        En el autob&uacute;s cede el asiento a una embarazada, con una barriga indudable, en la que s&iacute; se puede hacer girar una mano en c&iacute;rculos anchos y amorosos. Incumpliendo su insociabilidad matutina, le entran ganas de hablar con ella. Le pregunta de cu&aacute;nto est&aacute; (de siete meses), si sabe qu&eacute; es (ni&ntilde;o), si es el primero (y el &uacute;ltimo, que ya pasa de los cuarenta). &ldquo;Perdona que sea tan cotilla, es que yo tambi&eacute;n&hellip;&rdquo;, balbucea Marga, y obtiene una sonrisa, una felicitaci&oacute;n, complicidad y unas preguntas que contesta divertida (de muy pocas semanas, es el primero, le gustar&iacute;a una ni&ntilde;a, luego la parejita, treinta y dos a&ntilde;os, el padre est&aacute; muy ilusionado), pero que lamenta nada m&aacute;s bajar del autob&uacute;s, es f&aacute;cil que se encuentre a la misma embarazada otras ma&ntilde;anas, y qu&eacute; le contar&aacute; si resulta que no.
    </p><p class="article-text">
        En el pol&iacute;gono de oficinas hay una farmacia, pero todav&iacute;a cerrada a estas horas. En el escaparate observa un expositor de puericultura, con m&aacute;s extra&ntilde;eza que curiosidad. Mucha tecnolog&iacute;a que ni siquiera sab&iacute;a que existiera, acorde a la renta media de las familias que viven en los adosados tras los edificios de oficinas. Le fascina un term&oacute;metro para tomar la temperatura en la frente, con forma de pistola l&aacute;ser, promete hacerlo en solo tres segundos, ahorr&aacute;ndote perder medio minuto en colocarle un lento term&oacute;metro en la axila a tu beb&eacute;. En la foto publicitaria, una madre estupenda lo apoya en la frente de su fotog&eacute;nico hijo casi sin acercarse a &eacute;l, estirando el brazo, y es inevitable pensar en una reponedora que etiqueta productos en el supermercado.
    </p><p class="article-text">
        A media ma&ntilde;ana se acuerda de la farmacia, cuando una compa&ntilde;era de departamento anuncia que sale un momento a comprar Frenadol, que est&aacute; muy mala, mala mal&iacute;sima, mala de acostarse y no salir de casa, dice riendo entre toses. La de recepci&oacute;n le encarga que le traiga Dalsy: se ha venido con su hija, que en el colegio no los cogen con fiebre ni les quieren dar medicamentos, as&iacute; se lo cuenta a todo el que llega y se sorprende de ver a la ni&ntilde;a sentada a su lado, dibujando en papel usado. En un rato vendr&aacute; la abuela a por ella, asegura la recepcionista. Marga est&aacute; a punto de pedirle un favor a la del Frenadol, que le compre una cosa de la farmacia, y hasta se lo va a pedir con una sonrisa boba, pero se frena a tiempo, se da cuenta de la imprudencia, no quiere levantar esa liebre y que se acaben enterando todos, incluido el que en la entrevista de selecci&oacute;n le pregunt&oacute; si ten&iacute;a hijos (no) y si ten&iacute;a intenci&oacute;n de tenerlos (nunca lo he pensado, soy todav&iacute;a muy joven).
    </p><p class="article-text">
        A mediod&iacute;a llama a Jes&uacute;s, le recuerda su promesa de cenar juntos, &eacute;l le habla del cliente que le ha ocupado la ma&ntilde;ana: un divorcio a dentelladas, otra pareja que se quer&iacute;an mucho y ahora disputan a cara de perro la custodia, el piso, rebajar cien euros a la pensi&oacute;n de los hijos. &ldquo;Nada extraordinario, lo de todos los d&iacute;as&rdquo;, asegura, y le pregunta c&oacute;mo est&aacute; ella, y Marga se inventa un leve mareo, unas peque&ntilde;as nauseas, algo que le habr&aacute; sentado mal, una mentira inofensiva y que puede preparar el terreno en caso de que haya algo que celebrar (&iquest;celebrar?) esta noche.
    </p><p class="article-text">
        Parece que hoy no se puede hablar de otra cosa, piensa durante la comida: sentadas alrededor de la mesa de reuniones que usan de comedor, una compa&ntilde;era ense&ntilde;a en su m&oacute;vil fotos del reci&eacute;n nacido de su prima (qu&eacute; monada por favor, yo quiero uno as&iacute;; pues yo no lo quiero ni en foto; si quieres yo te regalo el m&iacute;o, ya criado, pero te aviso que es una ruina); otra habla de una amiga que ya tiene dos y se ha vuelto a quedar embarazada (qu&eacute; locura tres hijos; esa tiene los suyos y los m&iacute;os, como el pollo de la estad&iacute;stica; lo bueno es que compras de todo una vez y lo van heredando los hermanos; ya me lo dir&aacute;s cuando quieran ir los tres a la universidad); un compa&ntilde;ero comenta la noticia de la ca&iacute;da hist&oacute;rica de la natalidad y se enciende la tertulia (estamos a nivel de posguerra; y m&aacute;s que va a bajar si seguimos as&iacute;; pues nuestras madres no eran precisamente ricas y se quedaban embarazadas; no compares, &eacute;pocas distintas; yo lo que pregunto es c&oacute;mo una familia viv&iacute;a antes con un solo sueldo y les daba para casa, coche y vacaciones mientras ahora con dos sueldos casi no pagamos el alquiler; &ldquo;emosido enga&ntilde;ado&rdquo;; la que quiere hijos, los tiene y se ajusta con lo que tenga, sin excusas econ&oacute;micas; y qu&eacute; pasa con la conciliaci&oacute;n; lo que pasa es que queremos mantener una calidad de vida que no es compatible con el sacrificio de tener un hijo; lo que no es compatible es tener hijos con estos horarios y sueldos; hab&eacute;is le&iacute;do eso de las malas madres, yo tambi&eacute;n estoy harta de sentirme culpable).
    </p><p class="article-text">
        Mientras atiende llamadas por la tarde, curiosea en Idealista: pisos de tres dormitorios, luego de dos, despu&eacute;s en otro barrio, en la periferia, en una ciudad dormitorio, en provincias lim&iacute;trofes. Encuentra varias tiendas online de segunda mano para beb&eacute;s: carros, cunas, ropa, juguetes, sacaleches, y s&iacute;, term&oacute;metros para la frente, en solo tres segundos, sin tener ni que tocar a tu hijo. Busca tambi&eacute;n en Google: instrucciones para hacer el test, mejor la primera orina de la ma&ntilde;ana. Derechos laborales de las trabajadoras embarazadas. Despido y embarazo. Embarazo y renovaci&oacute;n de contrato. Retraso menstrual, causas m&aacute;s frecuentes. Se detiene en una p&aacute;gina sobre amenorrea y estr&eacute;s, el cortisol que puede retrasar o suprimir la menstruaci&oacute;n durante meses en situaciones de estr&eacute;s laboral o tensi&oacute;n emocional mantenidas a lo largo del tiempo. Se fija en la publicidad que el algoritmo listillo le ha colocado en lo alto: &ldquo;Qu&eacute; se puede esperar cuando se est&aacute; esperando&rdquo;, la gu&iacute;a del embarazo m&aacute;s vendida en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        A las seis la llama su hermana, Maru: le pregunta si puede hacerle el enorme favor de recoger al ni&ntilde;o de las extraescolares, ella est&aacute; con el mayor en el logopeda y no llega a tiempo, el padre est&aacute; de viaje, pero si no puede ya se lo pedir&aacute; a alguna vecina. No, no puede. Antes de despedirse, Maru le comenta lo mismo que est&aacute; advirtiendo a toda la familia: que estas navidades no quiere ver ni un juguete, que si quieren regalar a sus ni&ntilde;os, que sea ropa y zapatos. &ldquo;Al&eacute;grate, que todo eso lo heredar&aacute;n los tuyos el d&iacute;a que por fin te animes&rdquo;, son sus &uacute;ltimas palabras.
    </p><p class="article-text">
        La tarde se complica por un malentendido con un cliente, y cuando sale ya est&aacute; cerrada la farmacia. Lo suyo no es una urgencia, y aun as&iacute; consulta el cartel con las que abren de guardia, pero recuerda una en el centro comercial que cierra a las diez.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quer&iacute;a una prueba de embarazo&rdquo;, dice con la boca chica, de pronto avergonzada, rid&iacute;cula, tras disimular un par de minutos mirando esterilizadores y humidificadores hasta asegurarse de que no haya nadie m&aacute;s en la tienda. La farmac&eacute;utica le ense&ntilde;a varias marcas. &ldquo;Me vale cualquiera, el m&aacute;s barato&rdquo;, pide ella. La farmac&eacute;utica no se da por enterada y le presenta uno digital, otro que es fiable desde el primer d&iacute;a, uno que es m&aacute;s ancho y permite recoger mejor la orina, solo le falta ofrecerle uno que se apoye en la frente y en tres segundos te d&eacute; el resultado. &ldquo;El m&aacute;s barato, por favor&rdquo;, insiste ella, que por un momento hasta considera no comprarlo, no hacerlo, qu&eacute; estupidez, esperar y que le venga de una vez la regla ma&ntilde;ana o la semana pr&oacute;xima. Al darle el cambio, la farmac&eacute;utica le desea suerte, e indiscreta la anima a tener hijos, que se nos est&aacute; quedando un pa&iacute;s de viejos y alguien tendr&aacute; que pagar las pensiones. El mal humor le dura hasta que llega a casa.
    </p><p class="article-text">
        Lee el prospecto, no tiene ganas de orinar, decide esperar a Jes&uacute;s y hacerlo juntos, as&iacute; al menos se echan unas risas. Prepara la cena, pone la mesa y entretiene la espera hojeando un cat&aacute;logo de reyes que dejaron en el buz&oacute;n. Los juguetes van ordenados por edades, como si vieses el &aacute;lbum de un ni&ntilde;o que en las primeras p&aacute;ginas es un beb&eacute; tumbado en la alfombra de actividades, va del triciclo a la bicicleta y de los Lego al videojuego, y termina siendo un adolescente con auriculares inal&aacute;mbricos y su primer dron. Se detiene en la secci&oacute;n de beb&eacute;s. Cochecitos de tres piezas. Cunas. Ba&ntilde;eras. Tronas. Cambiadores. C&oacute;modas. Accesorios. Cunas de viaje (&iquest;qu&eacute; viaje?). Seguridad en casa. Todo eso lo heredar&aacute;n los tuyos el d&iacute;a que por fin te animes. Pasa las p&aacute;ginas de golpe, como un folioscopio, para que el beb&eacute; crezca en segundos hasta la adolescencia, y se imagina a esa misma velocidad su cuerpo transform&aacute;ndose, ensanchando, abultando, hinch&aacute;ndose imparable como un globo que si pincha expulsa a chorros el aire, el hueco, la nada, y ella que sale disparada y revolea y golpea de pared en pared hasta caer desinflada en un rinc&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como Jes&uacute;s ni siquiera contesta a sus mensajes (est&aacute; conduciendo o, peor a&uacute;n, sigue reunido), rasga el envase, saca el test, se sienta en el v&aacute;ter y lo coloca entre las piernas. Lo empapa bien y lo deja en el poyete de la ba&ntilde;era. No quiere mirarlo durante los tres minutos de espera, se va a la cocina, saca una cerveza y enciende un cigarrillo. Luego vuelve al ba&ntilde;o, asoma con miedo, cierra un instante los ojos, y al abrirlos sonr&iacute;e aliviada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/puede-esperar-esperando_132_1188240.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Dec 2019 20:06:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/93072ea0-e3ae-4f22-a312-761e9651494f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="148155" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/93072ea0-e3ae-4f22-a312-761e9651494f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="148155" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Qué se puede esperar cuando se está esperando]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/93072ea0-e3ae-4f22-a312-761e9651494f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Maternidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Crucero por el Clima (100% reciclado)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/crucero-clima-reciclado_132_1200380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb7c0a90-333c-47a7-9a63-193e12fe27fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El Crucero por el Clima (100% reciclado)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la Cumbre del Clima de Madrid, una ficción sobre la próxima cumbre, a la que los participantes irán con la lección aprendida</p></div><p class="article-text">
        Relaci&oacute;n de objetos flotantes encontrados el 28 de octubre de 2020 en aguas del Atl&aacute;ntico Norte, a 600 km de la Isla de Terranova, en la posici&oacute;n 41.44 N 50.24 W, desperdigados en unos dos kil&oacute;metros a la redonda:
    </p><p class="article-text">
        -Varios miles de folletos (papel reciclado 100%) con el programa completo de la Cumbre del Clima COP26 Glasgow 2020. Incluyen mensajes de bienvenida de la Reina Isabel II y del primer ministro brit&aacute;nico, agenda diaria de plenarios, calendario de actos, conferencias y eventos paralelos, informaci&oacute;n pr&aacute;ctica, lista de patrocinadores, y el programa de la I Cumbre Juvenil del Clima &ldquo;The Future is Young&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        -Cientos de pasajes (papel reciclado 100%) para el crucero &ldquo;Climate Action Cruise&rdquo; con salida en Nueva York (Estados Unidos) el 25 de octubre de 2020, y llegada prevista a Glasgow (Escocia, UK) el 9 de noviembre de 2020.
    </p><p class="article-text">
        -Una carpeta (cart&oacute;n reciclado 100%) que contiene el listado (papel reciclado 100%) de viajeros del crucero &ldquo;Climate Action Cruise&rdquo;, ordenados por pa&iacute;ses de origen y repartidos seg&uacute;n &aacute;rea: organismos internacionales, gobiernos, empresas, sociedad civil, medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Mil doscientas maletas con un contenido aproximado de tres mil pantalones, cinco mil camisas, seis mil corbatas, dos mil chaquetas, dos mil faldas, dos mil quinientos pares de zapatos y un n&uacute;mero no precisado de prendas interiores y productos de aseo.
    </p><p class="article-text">
        -Un n&uacute;mero indefinido de juegos de s&aacute;banas y toallas elaboradas con algod&oacute;n org&aacute;nico por Inditex, edici&oacute;n especial &ldquo;Climate Action Cruise&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        -Dos mil bolsas de tela con el logo de la Cumbre del Clima COP26 Glasgow 2020, que contienen el kit de bienvenida para delegados: un juego de cubiertos de bamb&uacute;, una botella de vidrio reciclado, un vaso t&eacute;rmico de cart&oacute;n, una pajita de papel y un agitador de caf&eacute; de madera biodegradable.
    </p><p class="article-text">
        -Cientos de cubos de reciclaje: azules para el papel, amarillos para los envases, verdes para el vidrio, marrones para restos org&aacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        -Un n&uacute;mero indefinido de sillas, mesas, camas y mobiliario variado, elaborado todo ello con bamb&uacute;, madera de bosques sostenibles y cart&oacute;n reciclado.
    </p><p class="article-text">
        -Un millar de cartas de restaurante (papel reciclado 100%) redactadas en cuatro idiomas con el men&uacute; especial &ldquo;La Tierra se agota&rdquo;, men&uacute; dise&ntilde;ado para la anterior Cumbre del Clima COP25 de Madrid por el Celler de Can Roca, y recuperado en 2020 para los invitados a la cena principal del crucero &ldquo;Climate Action Cruise&rdquo;. Basado en productos locales, respetando a los peque&ntilde;os productores, y servido en vajilla de vidrio reciclado, busca que el comensal tome conciencia sobre los efectos del cambio clim&aacute;tico:
    </p><p class="article-text">
        Primer entrante: &ldquo;Agua clara &amp; Agua sucia&rdquo; (Mensaje: el problema global del agua). Caldo liofilizado de trompetas de la muerte, trufa, boletus edulis y garbanzos tostados. Agua vegetal transparente a 100&ordm;C vertida en el plato para convertirse en un caldo sucio, aunque sabroso.
    </p><p class="article-text">
        Segundo plato: &ldquo;Mares calientes, comer desequilibrio&rdquo; (Mensaje: la sostenibilidad de los oc&eacute;anos). Mousse de plancton, salicornia, algas, gigartina pistillata, hinojo marino, enoki, semilla de calabaza, albahaca, lobularia mar&iacute;tima y flores.
    </p><p class="article-text">
        Tercer plato: &ldquo;Variedades invasivas&rdquo; (Mensaje: preservar la biodiversidad). Opuntia ficus del Parc Natural del Cap de Creus y cangrejo azul del Parque Natural del Delta del Ebro.
    </p><p class="article-text">
        Postre: &ldquo;Caf&eacute; y Petit Fours&rdquo; (Mensaje: producci&oacute;n sostenible a nivel medioambiental, social y humano). Crema de habas de cacao con mousse de chocolate e infusi&oacute;n de la cascarilla de cacao, elaborado con habas de la comunidad ind&iacute;gena de los arhuacos colombianos.
    </p><p class="article-text">
        -Cientos de copias del dossier de prensa (papel reciclado 100%) de la compa&ntilde;&iacute;a propietaria del barco. Contiene gr&aacute;ficas con el aumento de la demanda de viajes transoce&aacute;nicos en el &uacute;ltimo a&ntilde;o (el ya conocido en el sector tur&iacute;stico como &ldquo;Efecto Greta&rdquo;), previsiones de crecimiento para el sector crucerista, especialmente en el segmento de lujo (&ldquo;Viajar despacio, el verdadero lujo&rdquo;), y un an&aacute;lisis de las nuevas rutas que ser&aacute;n posibles gracias al deshielo &aacute;rtico por el aumento de la temperatura del planeta, acortando los viajes y ofreciendo mejores experiencias medioambientales a los viajeros. El dossier incluye entrevistas con cantantes, actores, deportistas y consejeros delegados de empresas tecnol&oacute;gicas que en el &uacute;ltimo a&ntilde;o han cruzado el Atl&aacute;ntico en sus propios catamaranes.
    </p><p class="article-text">
        -Cuatro violines, un chelo, dos saxofones, tres clarinetes y dos guitarras (instrumentos todos ellos fabricados a partir de materiales reciclados), y varias partituras (papel reciclado 100%).
    </p><p class="article-text">
        -Varios cientos de tel&eacute;fonos m&oacute;viles de gama alta (producidos sin sustancias contaminantes ni materiales t&oacute;xicos, con bater&iacute;as m&aacute;s eficientes, certificado de comercio justo y carcasas de resina), regalados a los pasajeros por cortes&iacute;a de los patrocinadores del &ldquo;Climate Action Cruise&rdquo;. Las tarjetas de memoria de estos terminales contienen v&iacute;deos y fotograf&iacute;as tomadas por los pasajeros durante los tres primeros d&iacute;as de traves&iacute;a: la subida a bordo, el photocall de recepci&oacute;n, detalles de los camarotes, vistas de Nueva York desde la cubierta, la solemne despedida, selfis con la Estatua de la Libertad de fondo, panor&aacute;micas del cielo nocturno estrellado, primeros planos de los platos servidos en la cena, retratos de grupo en los que aparecen distintos pasajeros en actitud amistosa, v&iacute;deos del momento en que el cantante de U2 improvisa junto a la orquesta la canci&oacute;n compuesta por &eacute;l mismo para la cumbre de Glasgow, v&iacute;deos del karaoke nocturno donde puede reconocerse a varios primeros ministros interpretando temas populares, un v&iacute;deo de varios CEO de empresas energ&eacute;ticas cantando en el karaoke el tema &ldquo;My heart will go on&rdquo; de C&eacute;line Dion, fotos de icebergs a la deriva vistos a gran distancia desde la cubierta del barco, un v&iacute;deo de la conferencia &ldquo;Cambio Clim&aacute;tico: Crisis en chino es sin&oacute;nimo de oportunidad&rdquo; celebrada a bordo, varios autorretratos de hombres desnudos ante el espejo o en posturas sexuales y que no han podido ser identificados, fotograf&iacute;as de los asistentes al Baile Ben&eacute;fico por el Clima, fotos de un gran iceberg observado a media distancia, v&iacute;deos del brindis ofrecido por el capit&aacute;n del barco en el que da la bienvenida a todos los pasajeros y celebra la magn&iacute;fica idea de que los principales participantes de la Cumbre del Clima COP26 de Glasgow hayan renunciado a viajar en avi&oacute;n y compartan la traves&iacute;a en barco desde la sede de Naciones Unidas en Nueva York dando as&iacute; un ejemplo de sostenibilidad y conciencia ambiental a millones de personas en todo el planeta, fotos de la exposici&oacute;n art&iacute;stica &ldquo;Pintemos de verde el futuro&rdquo; patrocinada por Endesa, ExxonMobil y Coca-Cola, un selfi del alcalde de Madrid con el cantante de U2, fotos de pies desnudos en las tumbonas de la cubierta con la estela del barco de fondo, un retrato de grupo de varios primeros ministros compartiendo mesa en el restaurante, selfis de varios pasajeros sin identificar en la cubierta del barco con un iceberg a corta distancia, selfis de los mismos pasajeros con el iceberg a&uacute;n m&aacute;s cerca, selfis de pasajeros sin identificar vestidos con chalecos salvavidas y haciendo el gesto de 'ok' con el pulgar hacia arriba, una foto de la orquesta en la cubierta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/crucero-clima-reciclado_132_1200380.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2019 20:13:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cb7c0a90-333c-47a7-9a63-193e12fe27fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="151347" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cb7c0a90-333c-47a7-9a63-193e12fe27fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="151347" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El Crucero por el Clima (100% reciclado)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cb7c0a90-333c-47a7-9a63-193e12fe27fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cop25,Cumbre del Clima,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mírame a la cara]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/mirame-cara_132_1229117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f49b79c-7d40-458b-9961-61f8b46f0b94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mírame a la cara"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ficción sobre negacionistas de la violencia machista que no aguantan la mirada</p></div><p class="article-text">
        No falla, qu&eacute; previsibles y qu&eacute; cansinas son las feminazis. Las ve venir en cuanto llega a un sitio, por ejemplo este restaurante: nada m&aacute;s entrar por la puerta, todo el mundo lo mira, se paran las conversaciones, lo miran y lo reconocen, cuchichean, y no tarda en acercarse la primera loca: una se&ntilde;ora de m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, que espera unos segundos hasta ver qu&eacute; mesa eligen &eacute;l y sus dos colaboradores del grupo municipal. Entonces ella se levanta de la mesa en la que est&aacute; comiendo con otra mujer, viene hasta la mesa vac&iacute;a de al lado, y se sienta en la silla m&aacute;s cercana a &eacute;l. Sus colaboradores lo miran, esperan instrucciones, susurran &ldquo;&iquest;nos vamos?&rdquo;, pero &eacute;l los tranquiliza con una sonrisa: no pasa nada, nosotros como si nada, comemos con normalidad, ni caso.
    </p><p class="article-text">
        La mujer comienza la retah&iacute;la de costumbre: &ldquo;Al principio yo no me daba cuenta, me parec&iacute;a normal, las tensiones t&iacute;picas de toda pareja, un hombre con fuerte car&aacute;cter&hellip;&rdquo;. Ella no levanta mucho la voz, lo justo para que &eacute;l la oiga por encima del ruido ambiental del restaurante. &ldquo;&hellip;Me despreciaba, me insultaba, me llamaba puta delante de los ni&ntilde;os&hellip;&rdquo;. Los dos colaboradores no pueden evitar mirarla, intentan clavar los ojos en el plato de lubina y sin querer la acaban mirando, pero &eacute;l no: &eacute;l mantiene la frente alta, la vista dirigida hacia el televisor que hay junto a la barra, que emite la informaci&oacute;n del tiempo, observa el mapa de soles y nubes mientras mastica, y es prodigiosa su capacidad para mantener inalterable todo el rostro excepto la mand&iacute;bula que sacude despacio para masticar el pescado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip;Cuando beb&iacute;a era mucho peor, y pronto los insultos dieron paso a los empujones, cogerme del cuello, la primera bofetada&hellip;&rdquo;. Parece que va a llover esta semana, dice uno de sus colaboradores, que intenta tambi&eacute;n mirar al televisor. &Eacute;l no contesta, sigue masticando impert&eacute;rrito, ni siquiera se distrae con los dos o tres clientes que en ese momento fotograf&iacute;an la escena con sus m&oacute;viles.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip;Hace tres a&ntilde;os le pusieron una orden de alejamiento, pero yo sigo viviendo con miedo&rdquo;, concluye ella, o tal vez es solo una pausa, no ser&iacute;a la primera hist&eacute;rica que al terminar vuelve al principio y repite la historia. Pero no: la mujer a&ntilde;ade como conclusi&oacute;n el esperado &ldquo;m&iacute;rame a la cara si te atreves&rdquo;, y como no hay respuesta, se levanta y vuelve a la mesa donde qued&oacute; su amiga. Al pasar por delante entra un instante en su campo de visi&oacute;n, lo mira pero no encuentra m&aacute;s que dos ojos de estatua.
    </p><p class="article-text">
        No pasa nada, dice &eacute;l a sus colaboradores; no pasa nada, hay que tener callo para aguantar, y estas no saben todo el que yo tengo. No me conocen. Ya veremos qui&eacute;n se cansa antes, yo desde luego no.
    </p><p class="article-text">
        La escena se repite solo una hora despu&eacute;s, ahora en el vag&oacute;n del AVE. Viaja en Preferente, y se sienta en el lado de la ventanilla, ocupando el asiento contiguo un diputado, compa&ntilde;ero de partido que viaja con &eacute;l, lo que limita las maniobras de posibles saboteadoras.
    </p><p class="article-text">
        Pero por supuesto ha vuelto a suceder: al entrar en el vag&oacute;n, una joven que estaba colocando la maleta lo ha visto, lo ha mirado, ha formado en su cara la inconfundible expresi&oacute;n de &ldquo;&iexcl;mira a qui&eacute;n tenemos aqu&iacute;!&rdquo;. Se ha acercado y le ha pedido al viajero que va en el asiento delantero que por favor le cambie el sitio. Como el viajero no estaba conforme, ella le ha dado una explicaci&oacute;n en voz baja, al o&iacute;do. El viajero se ha girado sin ning&uacute;n disimulo, ha mirado a nuestro hombre por el hueco entre asientos, lo ha reconocido y entonces s&iacute; ha aceptado cambiar el asiento a la muchacha, que sin esperar a que el tren arranque se ha colocado de rodillas en la butaca, en sentido contrario a la marcha, para poder asomarse por encima del respaldo y mirarlo de cerca, de frente.
    </p><p class="article-text">
        Pero &eacute;l ya ha girado la cabeza hacia la ventanilla, y en esa posici&oacute;n piensa permanecer hasta que ella termine su melodram&aacute;tica letan&iacute;a: &ldquo;&hellip;mi padre nos dec&iacute;a que era una mala madre, que se acostaba con otros hombres, que no nos quer&iacute;a&hellip;&rdquo;, y &eacute;l mientras observa casi sin pesta&ntilde;ear el and&eacute;n de la estaci&oacute;n, los &uacute;ltimos viajeros que corren para subir al tren, el movimiento por fin, &ldquo;&hellip;cuando lo o&iacute;amos llegar nos &iacute;bamos a la habitaci&oacute;n, mi hermano peque&ntilde;o se meaba encima del miedo que le entraba&hellip;&rdquo;, trenes en v&iacute;a muerta y cubiertos de grafitis, contenedores de mercanc&iacute;as, viejas naves de ladrillo, la M30 atascada, un parque perif&eacute;rico,&ldquo;&hellip;la cogi&oacute; del cuello y le estamp&oacute; la cabeza contra la pared&hellip;&rdquo;, el diputado que viaja a su lado pide a la joven que por favor respete pero &eacute;l, sin dejar de mirar a la ventanilla, le hace un gesto con la mano, un gesto de tranquilo, d&eacute;jala, estoy bien, &ldquo;&hellip;me puse a gritar por la ventana y un vecino llam&oacute; a la polic&iacute;a&hellip;&rdquo;, un pol&iacute;gono industrial, un centro comercial, otro pol&iacute;gono industrial, adosados, un desguace, un tren que cruza en sentido contrario y le sobresalta un instante aunque apenas descompone la expresi&oacute;n ausente, &ldquo;&hellip;no ten&iacute;amos ad&oacute;nde ir, nos fuimos con lo puesto&hellip;&rdquo;, una ciudad dormitorio a lo lejos, primeros cultivos y frutales, otro pol&iacute;gono, &ldquo;&hellip;dijo que mi madre le hab&iacute;a arruinado la vida, y que tarde o temprano se lo har&iacute;a pagar&hellip;&rdquo;, &iquest;estar&aacute; dispuesta a seguir hablando durante las casi dos horas de viaje?, &ldquo;&hellip;yo todav&iacute;a tengo pesadillas.&rdquo; Por fin se le acaba la historia, y solo a&ntilde;ade, en voz muy alta para que todo el vag&oacute;n la escuche: &ldquo;m&iacute;rame a la cara, ten el valor de mirarme a la cara&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No la mira, y sin mirarla escucha a su compa&ntilde;ero que pide por favor a otros viajeros que dejen de hacer fotos, pero qu&eacute; m&aacute;s da, una foto m&aacute;s que se sume a la docena de fotos que ya le han tomado en la &uacute;ltima semana, y que circulan por millares en las redes sociales: todas las fotos copian un mismo gesto, el de la foto primera, la del d&iacute;a que en el ayuntamiento, tras su discurso contra ese sinsentido de la violencia de g&eacute;nero, aquella inmigrante de la silla de ruedas se volvi&oacute; hacia &eacute;l, y le recrimin&oacute; durante dos interminables minutos, sin que &eacute;l girase apenas la cabeza, mirando hacia otro lado, sin importarle los fot&oacute;grafos. Aquello fue evidentemente un montaje, buscaban la foto condenatoria, &iexcl;la v&iacute;ctima frente a la bestia fascista!, &iexcl;el cobarde que no se atreve a mirarla a la cara! Fue un montaje, obvio, como lo ha sido el resto de fotos de esta semana: en dos restaurantes, en el avi&oacute;n, caminando por la calle, al terminar una rueda de prensa, ahora en el AVE. En cada foto, una mujer diferente: una clienta, una viajera, una viandante, una periodista, o esta joven del tren. Y en todas las fotos &eacute;l, en la misma postura: mirando hacia otra parte, hacia el televisor del bar, hacia las nubes, hacia los tejados, hacia la ventanilla del tren ahora, siempre con la misma expresi&oacute;n firme.
    </p><p class="article-text">
        No pasa nada, le dice a su compa&ntilde;ero de asiento cuando por fin la loca se cansa, se calla y se sienta mirando hacia delante. No pasa nada, no hay que seguirles el juego, es lo que quieren, que las tomemos en serio y respondamos, pero es mejor hacer como que no existen, castigarlas con nuestra indiferencia y con la firmeza de nuestras convicciones, no vamos a darles publicidad gratuita, no vamos a darles el gusto de sustituir la foto en la que miro hacia otro lado por otra foto en la que me enfrente a una de ellas, eso es lo que buscan y no se lo vamos a regalar. Tampoco vamos a denunciarlas, ni a tomar medidas de seguridad, porque eso las victimizar&iacute;a, les dar&iacute;a publicidad gratuita, multiplicar&iacute;a su acci&oacute;n, ser&iacute;an muchas m&aacute;s las que se sumasen a esa gilipollez de #M&iacute;rameALaCara que lleva varios d&iacute;as circulando.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n le quedan unas horas al d&iacute;a, as&iacute; que da tiempo a nuevos encontronazos: nada m&aacute;s dejar la estaci&oacute;n, un taxista le cuenta el caso de una vecina asesinada en su pueblo, lo cuenta mientras busca su mirada en el retrovisor sin encontrarla, &eacute;l vuelto hacia la ventanilla, mirando el anochecer en las calles, y el taxista que sigue con la historia de una mujer degollada delante de sus hijos. Despu&eacute;s de cobrarle la carrera y darle la factura, todav&iacute;a le dice, desde el retrovisor: &ldquo;m&iacute;rame a la cara y dime que la violencia machista no existe&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y todav&iacute;a otro m&aacute;s, al llegar al hotel: aunque milagrosamente la recepcionista no le dice nada, s&iacute; sucede en el ascensor: a punto de cerrarse las puertas, entra a la carrera una mujer con traje chaqueta y trolley, que pareciera va camino de su habitaci&oacute;n, pero que nada m&aacute;s entrar y cerrarse las puertas se gira hacia &eacute;l y empieza: &ldquo;yo era muy joven y estaba muy enamorada&hellip;&rdquo;. &Eacute;l gira raudo la cabeza a la derecha, pero se encuentra un espejo, y en &eacute;l la mirada repetida de la mujer, &ldquo;&hellip;me siento culpable por haber aguantado tanto&hellip;&rdquo;. El ascensor tiene espejos en todas las paredes, incluida las puertas acristaladas, as&iacute; que concentra su mirada en el peque&ntilde;o cartel que anuncia el horario del desayuno y el men&uacute; del restaurante, &ldquo;&hellip;me insultaba, me dec&iacute;a que era una mierda y sin &eacute;l no sabr&iacute;a hacer nada en la vida&hellip;&rdquo;, buf&eacute; desayuno de 7 a 10 de lunes a viernes, de 7.30 a 11 los fines de semana y festivos, &ldquo;&hellip;si le dec&iacute;a que no ten&iacute;a ganas de follar se volv&iacute;a m&aacute;s agresivo, as&iacute; que acababa qued&aacute;ndome quieta&hellip;&rdquo;, ensalada c&eacute;sar, sopa de cocido, parrillada de verdura, &ldquo;&hellip;luego ven&iacute;a muy cari&ntilde;oso y me ped&iacute;a perd&oacute;n, y me dec&iacute;a que me quer&iacute;a demasiado, que a &eacute;l le dol&iacute;a m&aacute;s que a m&iacute;&hellip;&rdquo;, chuletas de cordero, secreto ib&eacute;rico, dorada a la plancha, &ldquo;&hellip;aguant&eacute; siete a&ntilde;os as&iacute;, no s&eacute; c&oacute;mo pude&hellip;&rdquo;, ensalada c&eacute;sar, sopa de cocido, parrillada de verdura, &ldquo;&hellip;yo he tenido m&aacute;s suerte que otras&hellip;&rdquo;, y por fin se abre su planta y sale deprisa, dejando atr&aacute;s la voz que le grita &ldquo;&iexcl;m&iacute;rame a la cara, fascista!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pide que le traigan la cena a la habitaci&oacute;n, as&iacute; se ahorra otra escena en el restaurante, y cierra la puerta deprisa al camarero nada m&aacute;s entregarle la bandeja, por si acaso.
    </p><p class="article-text">
        Antes de dormirse hace una b&uacute;squeda r&aacute;pida en twitter, las fotos de hoy que no dejan de circular, mientras el hashtag #M&iacute;rameALaCara sigue en lo m&aacute;s alto.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente baja muy temprano y logra salvar el desayuno sin que ning&uacute;n cliente ni camarero lo importune. Tiene suerte tambi&eacute;n con el taxista, que no solo no le suelta una historia tr&aacute;gica, sino que resulta ser un taxista de los suyos, les vot&oacute; en las elecciones, le muestra su apoyo y le da &aacute;nimos. Pasa la ma&ntilde;ana reunido con la direcci&oacute;n regional del partido, comen en la misma sede para evitar los restaurantes, y en el viaje de vuelta se repite el numerito en el tren: ahora una se&ntilde;ora de avanzada edad que, sentada en su misma fila pero al otro lado del pasillo, cuenta durante todo el viaje y para todo el vag&oacute;n c&oacute;mo el cabr&oacute;n de su yerno maltrat&oacute; a su hija durante a&ntilde;os. Le acaba doliendo el cuello de estar girado hacia la ventanilla, donde adem&aacute;s el reflejo le muestra a la anciana, fantasmal mientras le pide que la mire, que se atreva a mirarla a la cara mientras habla.
    </p><p class="article-text">
        Desde la estaci&oacute;n elige ir andando hacia la cl&iacute;nica dental, donde tiene cita para un curetaje que lleva aplazando desde las anteriores elecciones. Por la calle acelera el paso, y a&uacute;n as&iacute; no consigue dejar atr&aacute;s a un grupo de estudiantes que hablan todas a la vez y apenas se entiende la historia que cuentan de una compa&ntilde;era que fue violada o algo as&iacute;. Se golpea la rodilla con un bolardo por ir mirando hacia los tejados.
    </p><p class="article-text">
        Se siente a salvo en la sala de espera de la cl&iacute;nica. No hay m&aacute;s clientes con cita, nadie que le cuente otra de esas historias inventadas y le obligue a fijar la atenci&oacute;n en los p&oacute;steres con gente de sonrisa blanqu&iacute;sima. Se tranquiliza cuando el dentista sale a saludarle, son muchos a&ntilde;os ya de relaci&oacute;n, y aunque sabe que cojea del pie izquierdo, es un profesional que no juzga a sus clientes.
    </p><p class="article-text">
        El dentista lo hace pasar, lo sienta en el sill&oacute;n, le coloca el babero y con un par de pinchazos h&aacute;biles le anestesia media boca.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te voy a dejar en buenas manos, que yo tengo una intervenci&oacute;n&rdquo;, dice el doctor, y &eacute;l est&aacute; a punto de protestar, intenta articular palabra pero se le descuelga la mand&iacute;bula dormida, ve salir al dentista y ve entrar a su compa&ntilde;era de consulta, a la que ha visto otras veces pero nunca le ha tratado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Buenas tardes, veamos qu&eacute; tenemos aqu&iacute;, abra bien esa boca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como adivina lo que le espera, gira instintivamente la cabeza, fija la mirada en los carteles con ilustraciones esquem&aacute;ticas de dientes y enc&iacute;as, una l&aacute;mina de una playa paradis&iacute;aca, un dibujo infantil del rat&oacute;n p&eacute;rez, un reloj de pared que marca las seis y veinte, pero la mujer le toma la barbilla floja y le hace volver la cabeza hacia arriba, hacia el techo, hacia la l&aacute;mpara cegadora, hacia ella que acerca mucho la cara y se asoma a su boca abierta:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;M&iacute;rame a la cara&rdquo;, dice ella, que obviamente le ha reconocido, el tuteo es revelador, una declaraci&oacute;n de intenciones, ni siquiera se le ocurre cerrar los ojos, la mira boquiabierto, desencajado, la mira a la cara mientras ella le escarba en las enc&iacute;as con la cureta, ve su boca moverse tras la mascarilla quir&uacute;rgica, oye su voz baja pero firme: &ldquo;Mi madre se cas&oacute; muy joven&hellip;&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/mirame-cara_132_1229117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Nov 2019 20:34:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2f49b79c-7d40-458b-9961-61f8b46f0b94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="30941" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2f49b79c-7d40-458b-9961-61f8b46f0b94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="30941" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Mírame a la cara]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2f49b79c-7d40-458b-9961-61f8b46f0b94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[F for Fake]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/for-fake_132_1239400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3372150c-6f97-4f07-b3ef-6b492df60015_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="F for Fake"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ficción sobre tecnología ‘deepfake’, máscaras que desenmascaran y verdades engañosas</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Os acord&aacute;is del Equipo E? Qu&eacute; tiempos aquellos&rdquo;, dice mi cu&ntilde;ado, y nos ense&ntilde;a en su m&oacute;vil aquel viejo v&iacute;deo tan simp&aacute;tico que todos recordamos, con los principales pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles convertidos en Hannibal, Murdoch, M.A&hellip;. Hace solo dos a&ntilde;os de aquel v&iacute;deo, de aquellas elecciones, y parece que fue hace un siglo.
    </p><p class="article-text">
        Todos nos re&iacute;mos al verlo ahora de nuevo, y nos sorprende lo f&aacute;cil que era entonces detectar las manipulaciones. Como a&uacute;n faltan unos minutos para que empiece el mensaje navide&ntilde;o del rey, nos dedicamos todos a buscar otros v&iacute;deos de aquella &eacute;poca tan reciente y tan remota, la prehistoria del deepfake.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mirad, el de Nicholas Cage protagonizando todos los cl&aacute;sicos del cine&rdquo;, dice mi mujer mostrando su pantalla.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mejor este de Jim Carrey en <em>El Resplandor</em>&rdquo;, propone mi hermana.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Oh, &iquest;record&aacute;is este otro? El tipo aquel que imitaba a Tom Cruise y de repente se le pon&iacute;a cara de Tom Cruise. C&oacute;mo nos dej&oacute; boquiabiertos, &iquest;eh?&rdquo;, insiste mi mujer.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo tengo aqu&iacute; uno de Scarlett Johansson en una pel&iacute;cula porno&rdquo;, bromea mi cu&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Callaos, que va a empezar&rdquo;, dice el abuelo. En el televisor ondea la bandera de Espa&ntilde;a, suena el himno, leemos el r&oacute;tulo cl&aacute;sico de 'Mensaje de Navidad de S.M. El Rey'.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;D&oacute;nde se ha visto esto? &iexcl;Toda Espa&ntilde;a pendiente de un mensaje del rey!&rdquo;, dice mi mujer.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Seguro que es el aut&eacute;ntico?&rdquo;, pregunta mi cu&ntilde;ado cuando aparece en pantalla el monarca en su despacho. El abuelo le manda callar, pero no sirve de nada, porque en la calle comienzan las cacerolas, silbatos, bocinas y gritos.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, qu&eacute; tiempos aquellos, cuando el deepfake era una broma viral, una secci&oacute;n de un programa de la tele, una creaci&oacute;n ingeniosa de alg&uacute;n friki inform&aacute;tico, un cat&aacute;logo de actrices porno con rostro de famosas, y unas pocas manipulaciones pol&iacute;ticas tan burdas que casi nadie mord&iacute;a el anzuelo.
    </p><p class="article-text">
        La cosa cambi&oacute; cuando aparecieron los primeros v&iacute;deos que adem&aacute;s de la imagen falsificaban el sonido. Nos impresion&oacute; la veracidad con que lograban poner en boca de alguien palabras que nunca pronunci&oacute;. Nos divirti&oacute; ver a ministros contando chistes en el Congreso, futbolistas anunciando que se retiraban, Franco pidiendo perd&oacute;n a sus v&iacute;ctimas... Y todo tan bien hecho que no faltaban los cr&eacute;dulos que se los cre&iacute;an en cada ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Luego lleg&oacute; aquel v&iacute;deo del presidente del Gobierno: supuestamente grabado en una reuni&oacute;n a puerta cerrada de su partido, anunciaba su intenci&oacute;n de permitir un refer&eacute;ndum de autodeterminaci&oacute;n en Catalu&ntilde;a. Buena se arm&oacute;. Aunque el gobierno denunci&oacute; de inmediato que era un montaje, el v&iacute;deo no fue cuestionado por las herramientas de verificaci&oacute;n de entonces, y varios medios lo dieron por bueno, las derechas convocaron a la gente a las calles, los independentistas salieron a celebrar, y en Madrid hubo incidentes que no fueron a mayores porque en seguida se difundi&oacute; otro v&iacute;deo que demostraba el montaje, c&oacute;mo al presidente le hab&iacute;an alterado digitalmente el movimiento de labios y las palabras para que dijera tal cosa.
    </p><p class="article-text">
        Aquello abri&oacute; el debate, y algunos pidieron una reforma legislativa, l&iacute;mites, sanciones, endurecer el c&oacute;digo penal. La tecnolog&iacute;a deepfake acabar&aacute; con la democracia, nos dijeron. Supondr&aacute; la muerte de la verdad y el triunfo de la mentira, avisaron. Quedaremos a merced de manipuladores, nos insistieron. Todos seremos v&iacute;ctimas de quienes controlen esas tecnolog&iacute;as, alarmaron.
    </p><p class="article-text">
        Pero justo entonces aparecieron las primeras apps gratuitas y de f&aacute;cil manejo. Aunque nos alertaron de sus peligros, todos las descargamos y comenzamos a hacer nuestros propios v&iacute;deos. La mayor&iacute;a como diversi&oacute;n: nos convert&iacute;amos en protagonistas de nuestras pel&iacute;culas favoritas, reviv&iacute;amos a familiares muertos, pon&iacute;amos rostro anciano a nuestros hijos, bes&aacute;bamos a la actriz o actor de nuestros sue&ntilde;os, marc&aacute;bamos goles hist&oacute;ricos o presid&iacute;amos el gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, no todo el mundo le dio uso l&uacute;dico. Hubo quien se veng&oacute; de su ex pareja colocando su rostro en escenas humillantes que luego difund&iacute;a; hubo alg&uacute;n caso de suplantaci&oacute;n de identidad; y m&aacute;s de uno perdi&oacute; su empleo por pasarse de gracioso usando la imagen y voz de su jefe. Pero fueron hechos aislados, que los medios magnificaban para insistir en su prohibici&oacute;n. &ldquo;Es como darle un arma cargada a cada ciudadano&rdquo;, lleg&oacute; a decir un portavoz de la oposici&oacute;n, que exigi&oacute; prohibir las apps, y m&aacute;s dureza en las sanciones antes de que &ldquo;la nueva ley de la selva que ha tra&iacute;do la tecnolog&iacute;a acabe con la democracia, la verdad y las libertades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que s&iacute; es el rey de verdad&rdquo;, dice el abuelo se&ntilde;alando al televisor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Claro, pap&aacute;, si es Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola, ah&iacute; no van a colar un fake&rdquo;, le explica mi hermana, pero apenas los o&iacute;mos, ni tampoco al rey, porque la cacerolada ya no est&aacute; solo en la calle: mis sobrinos irrumpen en el sal&oacute;n con un par de ollas y cucharones met&aacute;licos, adem&aacute;s de una vuvuzela. Todos nos asomamos al balc&oacute;n, mi mujer propone bajar a la calle y sumarnos a la manifestaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y no vamos a o&iacute;r lo que dice?&rdquo;, pregunta mi cu&ntilde;ado, que es el &uacute;nico que sigue mirando la tele.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El primer v&iacute;deo en cruzar la l&iacute;nea roja fue aquel del rey borracho. Entonces nos impact&oacute; mucho, aunque con todo lo que vino despu&eacute;s, ahora lo recordamos como una broma infantil. El v&iacute;deo mostraba al rey hablar con dificultad, tambalearse al andar, canturrear, re&iacute;r con esa risa floja de los beodos. Era impecable, no se ve&iacute;a ni un p&iacute;xel raro, ni un pesta&ntilde;eo an&oacute;malo. Incluso su voz, aunque fuese voz de borracho, era la misma voz que le hab&iacute;amos o&iacute;do en tantos discursos. Pero &iquest;hubo alguien que de verdad creyese que aquel era el rey? &iquest;No est&aacute;bamos ya todos prevenidos sobre los deepfakes, tras ver tantos v&iacute;deos y haberlos protagonizado nosotros mismos?
    </p><p class="article-text">
        No lo pens&oacute; as&iacute; el ministro, que anunci&oacute; que emprender&iacute;a acciones; ni el fiscal que present&oacute; cargos; ni el juez que orden&oacute; a la polic&iacute;a investigar la autor&iacute;a; ni el tribunal que acab&oacute; condenando a un joven asturiano por calumnias e injurias a la corona.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; torpeza la de ministro, fiscal, juez, tribunal, y los medios que celebraron la condena e insistieron en castigar con dureza la manipulaci&oacute;n de v&iacute;deos y audios. Hoy deben de estar todos acord&aacute;ndose de aquella condena, de aquel primer v&iacute;deo que al d&iacute;a siguiente de la sentencia circulaba por todos los m&oacute;viles, grupos de Whatsapp, redes sociales; y que en seguida encontr&oacute; respuesta en cientos de v&iacute;deos caseros hechos en solidaridad con el condenado. Hasta nosotros hicimos uno, aprovechando la comida familiar de los domingos: una tonter&iacute;a inofensiva, un v&iacute;deo en el que todos ten&iacute;amos la cara y la voz del rey, desde el abuelo hasta el beb&eacute; de mi hermana. Lo mismo hicieron miles de personas, que se grabaron en situaciones cotidianas y se pusieron el rostro y la voz del monarca, de modo que nos encontramos con incontables escenas del rey durmiendo, duch&aacute;ndose, cocinando, conduciendo, poniendo ladrillos, repartiendo comida a domicilio, y en otras situaciones algo m&aacute;s comprometidas; adem&aacute;s de por supuesto convertir al rey en protagonista de pel&iacute;culas, series de televisi&oacute;n, conciertos, y todo tipo de momentos hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; pod&iacute;a haber quedado la broma, que entonces todav&iacute;a era una broma sin demasiada intenci&oacute;n pol&iacute;tica. Pero la bola hab&iacute;a echado a rodar, y otras dos condenas judiciales le imprimieron mayor velocidad y tama&ntilde;o. Todos recordamos hoy, mientras ignoramos el discurso navide&ntilde;o y salimos con la cacerola al balc&oacute;n o con la bandera a la calle, todos recordamos aquel v&iacute;deo en que el rey hablaba con su hija, la princesa. Mientras paseaban los dos por el Pardo, el rey le explicaba a la princesa, con ins&oacute;lita franqueza, de d&oacute;nde ven&iacute;a la monarqu&iacute;a, c&oacute;mo hab&iacute;a llegado al trono el abuelo, por qu&eacute; ella iba a ser reina, la inviolabilidad de que gozaban, el coste total que ten&iacute;a la instituci&oacute;n para los ciudadanos, lo arcaica y antidemocr&aacute;tica que es una monarqu&iacute;a. No era el rey ni era la princesa, claro, sino dos actores a los que alguien hab&iacute;a cambiado rostros y voces. Y aunque todos sab&iacute;amos que era un fake, caus&oacute; gran impresi&oacute;n ver al rey explicando a la futura reina qu&eacute; supone la corona. Como escribi&oacute; alguien en esos d&iacute;as, todos sab&iacute;amos que el v&iacute;deo era falso, pero todo lo que se dec&iacute;a en &eacute;l era rigurosamente cierto; y para muchas personas el efecto emocional de escuchar aquellas palabras en boca del mism&iacute;simo rey &ndash;aun sabiendo que no era &eacute;l- fue enorme.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, aquel v&iacute;deo ya no era an&oacute;nimo: llevaba la firma de una plataforma republicana de reciente creaci&oacute;n, formada por varios partidos, sindicatos, organizaciones y cada vez m&aacute;s ciudadanos. La misma plataforma que, ignorando la amenaza de acciones judiciales, public&oacute; en las semanas siguientes nuevos v&iacute;deos fake sobre el rey. O mejor dicho: &ldquo;v&iacute;deos fake pero veraces; manipulaciones que desvelan una realidad manipulada; porque a veces es necesario enmascararse para desenmascarar, y enga&ntilde;ar para mostrar la verdad&rdquo;. As&iacute; dec&iacute;a la proclama que acompa&ntilde;aba aquellos v&iacute;deos, y que terminaba advirtiendo que &ldquo;la monarqu&iacute;a, su imagen p&uacute;blica, es el peor fake&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mediante actores caracterizados digitalmente, aquellos v&iacute;deos recreaban escenas de la vida del rey, del actual y del anterior, y de sus familias: sus vidas acomodadas, sus amistades m&aacute;s controvertidas, sus relaciones con el poder econ&oacute;mico, cacer&iacute;as, vacaciones lujosas, problemas familiares, y algunas sombras sobre su patrimonio. Todo era falso, lo sab&iacute;amos, pero no pod&iacute;amos dejar de ver los v&iacute;deos como si en vez de recreaciones fuesen grabaciones aut&eacute;nticas de todo aquello que se nos hab&iacute;a ocultado durante d&eacute;cadas: la monarqu&iacute;a a la luz del d&iacute;a. El rey desnudo.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que nuestra familia no fue la &uacute;nica que se volvi&oacute; republicana en aquellas intensas semanas. No es que hasta entonces fu&eacute;semos mon&aacute;rquicos, en realidad nos daba igual, no estaba entre nuestras preocupaciones, nunca hab&iacute;amos siquiera hablado del asunto en una comida familiar m&aacute;s all&aacute; de comentar una noticia o compartir un chiste. Y de pronto nos reun&iacute;amos y no habl&aacute;bamos de otra cosa, nos pas&aacute;bamos v&iacute;deos, nos indign&aacute;bamos al escucharle decir palabras que quiz&aacute;s nunca hab&iacute;a pronunciado, pero que eran totalmente veros&iacute;miles.
    </p><p class="article-text">
        De nada sirvieron las nuevas denuncias y multas. Las enormes manifestaciones de la pasada primavera ya dejaron claro que hab&iacute;a dejado de ser un mero asunto de v&iacute;deos falsos, para convertirse en un conflicto pol&iacute;tico que acompa&ntilde;aba al rey en cada acto p&uacute;blico, a menudo abucheado. Quer&iacute;amos un refer&eacute;ndum. Quer&iacute;amos elegir al jefe del Estado. As&iacute; lo dijimos en las manifestaciones, que concluyeron con un manifiesto republicano&hellip; que por supuesto ley&oacute; el mism&iacute;simo rey en una gran pantalla, pese a que la polic&iacute;a trat&oacute; de impedirlo.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; hemos llegado a esta nochebuena, en la que por primera vez en a&ntilde;os est&aacute;bamos todos expectantes por escuchar el tradicional discurso. Normal tanta expectaci&oacute;n, despu&eacute;s de la que se li&oacute; hace solo dos d&iacute;as por culpa de la &ldquo;filtraci&oacute;n&rdquo;. A la mayor&iacute;a nos lleg&oacute; por Whatsapp o redes sociales, pero algunos se la encontraron en un telediario y en varios medios digitales que informaron con cautela y a falta de confirmaci&oacute;n oficial: se hab&iacute;a filtrado la grabaci&oacute;n del discurso navide&ntilde;o, que el rey ya hab&iacute;a dejado listo para su emisi&oacute;n esta noche. La filtraci&oacute;n mostraba un discurso navide&ntilde;o breve, brev&iacute;simo: sin pre&aacute;mbulos ni la habitual oratoria gris, el rey comienza diciendo que no es ajeno al malestar ciudadano con la instituci&oacute;n; expresa su firme convicci&oacute;n democr&aacute;tica; y termina anunciando&hellip; su decisi&oacute;n de pedir al gobierno y a las Cortes que convoquen un refer&eacute;ndum sobre la continuidad de la monarqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, todos pensamos que se trataba de un v&iacute;deo falso, el deepfake definitivo. Pero ni las apps de verificaci&oacute;n que todos llevamos en el m&oacute;vil, ni las herramientas m&aacute;s avanzadas con las que cuentan los periodistas y la polic&iacute;a, han podido demostrar que se trate de un montaje. Hay expertos que advierten de que la tecnolog&iacute;a de falseo va siempre un paso por delante de la tecnolog&iacute;a de verificaci&oacute;n, y que quiz&aacute;s nos encontramos ante el v&iacute;deo falso m&aacute;s perfecto que hayamos visto nunca. Tanto, que es imposible de verificar. No falta quien apunta al espionaje ruso, que podr&iacute;a estar interesado en desestabilizar un pa&iacute;s europeo. Y aunque el gobierno y la propia Casa Real llevan dos d&iacute;as negando la filtraci&oacute;n, ya no importa si es verdadero o falso. Ni siquiera hemos esperado a comprobarlo: ah&iacute; est&aacute; el monarca, en todos los televisores del pa&iacute;s, hablando sin que nadie lo oiga con tanto grito, silbato, petardo, cacerola.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Seguro que es el aut&eacute;ntico?&rdquo;, vuelve a preguntar mi cu&ntilde;ado antes de venirse con nosotros a la calle.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/for-fake_132_1239400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Nov 2019 19:53:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3372150c-6f97-4f07-b3ef-6b492df60015_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="203912" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3372150c-6f97-4f07-b3ef-6b492df60015_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="203912" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[F for Fake]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3372150c-6f97-4f07-b3ef-6b492df60015_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Rey,Monarquía,República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mételos en tu casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/metelos-casa_132_1250915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d4547a1-8196-4fa6-bc2a-6a0d4a2847e2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mételos en tu casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ficción sobre los menas, que no son una tribu urbana ni una raza aparte, sino menores solos. Y sobre ultraderechistas que los usan como munición</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si los menas son sus ni&ntilde;os, que los metan en su casa&rdquo;&hellip; &ldquo;La situaci&oacute;n es insostenible, los menas son un problema grave en nuestros barrios, tenemos que proteger el derecho a caminar con tranquilidad sin ser asaltado por una manada de menas&rdquo;&hellip; &ldquo;Las mujeres no pueden andar solas por la calle&rdquo;&hellip; &ldquo;Los menas est&aacute;n aterrorizando a nuestras mujeres, a nuestros hijos, y a algunos hombres tambi&eacute;n en barrios de todas las ciudades&rdquo;&hellip; &ldquo;Destruyen la tranquilidad y la convivencia&rdquo;&hellip; &ldquo;Es el resultado de una pol&iacute;tica migratoria suicida&rdquo;&hellip; &ldquo;Cada vez que abren un nuevo centro de menas, las mafias se movilizan, est&aacute;n provocando un efecto llamada&rdquo;&hellip; &ldquo;Y a quienes no les gusta esta verdad, les decimos: si los menas son vuestros ni&ntilde;os como dec&iacute;s, metedlos en vuestra casa&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; a punto de pedirle al taxista que cambie de emisora o quite la radio, pero prefiere no exponerse. Ya cuando se subi&oacute; al coche y el conductor la mir&oacute; por el retrovisor, le pareci&oacute; que la reconoc&iacute;a. Le sonar&iacute;a su cara de verla en la tele. Quiz&aacute;s la vio en el debate electoral. Y la ha vuelto a mirar, no sabe si con reproche o complicidad, cuando el locutor de la radio ha denunciado el &ldquo;discurso del odio contra los menores extranjeros&rdquo;. Despu&eacute;s ha dado paso al montaje con todos esos cortes de sonido, fragmentos de m&iacute;tines, debates, entrevistas e intervenciones parlamentarias, de los &uacute;ltimos meses. Algunas frases son de ella, es su voz, y al o&iacute;rlas ha buscado en el retrovisor al taxista, que no la ha mirado. Quiz&aacute;s no la ha reconocido.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es ah&iacute;, d&eacute;jeme en esa esquina&rdquo;, indica mientras saca la cartera del bolso. Y entonces los ve: en la misma esquina, en el banco que hay frente a la entrada de su casa. Son dos. Uno lleva puesta la capucha de la sudadera, sentado en el respaldo, con los pies en el asiento. El otro, con gorra, est&aacute; de pie.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Puede por favor esperar a que entre en casa?&rdquo;, pregunta al taxista, al que deja un par de euros de propina. El hombre sonr&iacute;e afirmativamente, y ella sigue sin saber de qu&eacute; pie cojea, si esa sonrisa es solidaria o burlona, la poca luz de la farola le oculta los ojos, solo ve los dientes al sonre&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        Los dos muchachos del banco se giran al verla venir, y como ella evita mirarlos, no sabe si la siguen con los ojos cuando abre la cancela y la cierra deprisa a su espalda, aligera los pocos pasos hasta la entrada, sube los dos escalones, mete la llave, entra y da un portazo detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Todo bien, cari&ntilde;o?&rdquo;, pregunta su marido al verla llegar. &ldquo;Todo bien&rdquo;, responde ella, y cambia de conversaci&oacute;n: los ni&ntilde;os, la cena, el fr&iacute;o, qu&eacute; tal tu d&iacute;a. Mientras &eacute;l le cuenta desde el ba&ntilde;o un rifirrafe de hoy en el Congreso, ella descorre la cortina del dormitorio lo justo para ver la calle, el banco que queda fuera del alcance de la farola pero en el que ahora cuenta tres, cuatro figuras: dos sentados y dos de pie, las brasas de sus cigarrillos, el rect&aacute;ngulo de luz de un m&oacute;vil, y un destello que podr&iacute;a ser de cristal, una botella.
    </p><p class="article-text">
        Se olvida de ello durante el d&iacute;a siguiente, apenas tiene un minuto tranquilo entre reuniones parlamentarias, una entrevista, llamadas, pasar por la sede, un directo en la radio a &uacute;ltima hora. Pero cuando regresa en otro taxi a casa, ya de noche, ah&iacute; est&aacute;n otra vez. No, no son los mismos de ayer: son m&aacute;s. Sin bajar del coche cuenta seis en el banco: cuatro sentados y dos de pie. Y unos metros m&aacute;s all&aacute;, apoyados en el cap&oacute; de un coche, otros dos.
    </p><p class="article-text">
        Pide de nuevo al taxista que no se vaya hasta que haya completado los pocos metros a paso ligero, abierto la cancela, acertado con la llave en la cerradura, y est&eacute; a salvo en casa. Piensa comentarlo con su marido, pero &eacute;l se adelanta:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Los has visto?&rdquo;, y se&ntilde;ala con el pulgar hacia la puerta, la calle.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hacen ah&iacute;?&rdquo;, pregunta ella en voz baja, como si pudiesen o&iacute;rla.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No lo s&eacute;, pero no me gustan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Suben a la primera planta, y sin encender la luz se asoman tras la puerta acristalada de la terraza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy son m&aacute;s&rdquo;, dice &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mira, all&iacute; hay otros dos&rdquo;, se&ntilde;ala ella a la acera de enfrente, dos sentados en el escal&oacute;n de un portal.
    </p><p class="article-text">
        Les llegan las voces de los que est&aacute;n abajo. Hablan en voz muy alta, escandalosos, con esa lengua b&aacute;rbara que tienen y que parece que todo lo que dicen es violento. R&iacute;en a gritos, se dan manotazos en los hombros.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto no es normal. En este barrio no&rdquo;, dice &eacute;l. Y acuerdan esperar al d&iacute;a siguiente antes de hacer nada. Conf&iacute;an en que sea algo puntual y ma&ntilde;ana desaparezcan. Avisar&aacute;n a los ni&ntilde;os para que vayan con cuidado. Advertir&aacute;n a la chica para que no abra la puerta a nadie.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No puede ser casualidad&rdquo;, dice el marido al d&iacute;a siguiente, asomados por la misma terraza y a la misma hora, ya noche. Han contado doce, repartidos entre el banco, los coches, el escal&oacute;n de enfrente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No puede ser casualidad que est&eacute;n justo delante de nuestra casa&rdquo;, insiste &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s pensando?&rdquo; , pregunta ella.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Que esto es un montaje. Que nos la quieren liar. Un escrache de esos. Un escrache mena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;T&uacute; crees que es algo organizado?&rdquo;, se sorprende ella, aunque pens&oacute; lo mismo unos minutos antes, al llegar y verlos otra vez en el banco.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya te digo. Esto lo han montado los que ya sabemos. Les jode mucho todo lo que venimos diciendo, y nos lo quieren hacer pagar. Quieren asustarnos. Pero van listos. Ma&ntilde;ana lo resuelvo, ya ver&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero al d&iacute;a siguiente, cuando ella llega a casa y pasa entre la docena de muchachos que charlan en el banco y alrededores, su marido tiene malas noticias:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He hecho un par de llamadas esta ma&ntilde;ana, a nuestra gente en la polic&iacute;a, por si se daban una vuelta por aqu&iacute;. Me han dicho que si no ponemos una denuncia, no pueden hacer nada, y mientras no nos hagan nada no podemos denunciarlos. Solo por estar ah&iacute; no se consideran una amenaza. Entonces he hablado con los del Ayuntamiento, y misterio resuelto. Si&eacute;ntate para escuchar esto. &iquest;Preparada?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Hace una pausa dram&aacute;tica, circense, que la pone m&aacute;s nerviosa. Habla por fin:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos han puesto&hellip; &iexcl;un piso de acogida! Al lado de nuestra casa. No, peor: dos pisos. Seis menas en cada piso, doce en total, esos doce que ves ah&iacute; abajo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ella balbucea, no entiende nada, acaba por re&iacute;rse, una risa sobreactuada, que compite con las risas gritonas que llegan desde la calle. &Eacute;l no se r&iacute;e:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No bromeo. Una oeneg&eacute;, de esas que colaboran con la administraci&oacute;n, ha alquilado dos pisos en ese edificio de enfrente. Pisos tutelados, para acoger menas. Como lo oyes. Han metido a seis en cada piso, el m&aacute;ximo permitido. Doce menas frente a nuestra casa. Y obviamente no es una casualidad, lo han hecho porque nosotros vivimos aqu&iacute;. Una provocaci&oacute;n. Nos est&aacute;n troleando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero&hellip; &iquest;c&oacute;mo pueden&hellip;?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pueden. Todo en regla. Tienen convenio firmado. Los menas viven ah&iacute; con varios educadores. Los han escolarizado en el distrito. Entran y salen de los pisos cuando quieren. Ah&iacute; los tienes, toda la tarde en la calle.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Esto es&hellip; se est&aacute;n&hellip; riendo de nosotros?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Totalmente. Hay m&aacute;s. Mi primera duda no era legal, ni administrativa: lo primero que me pregunt&eacute; es c&oacute;mo pod&iacute;an pagar dos alquileres en este barrio. Se supone que funcionan con ayudas p&uacute;blicas, y ya sabemos lo que vale un piso aqu&iacute;. Ahora viene lo mejor: les ayudan a pagar el alquiler&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una risotada llega desde la calle, como una mala teleserie de risas enlatadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n les ayuda?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Qui&eacute;n va a ser. Los de siempre. No he preguntado mucho, pero hay varios colectivos que ponen dinero, y sospecho que tambi&eacute;n han hecho un crowdfunding o algo de eso. Gente dispuesta a pagar para que nos coloquen unos menas en la puerta de casa, &iquest;puedes cre&eacute;rtelo?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo lo cuenta a los espectadores, al d&iacute;a siguiente, el primer reportero que aparece por la ma&ntilde;ana, muy temprano. Conexi&oacute;n televisiva en directo: &ldquo;Menas junto a la casa de dos conocidos dirigentes, precisamente dos de los que m&aacute;s han destacado por su rechazo a los menores inmigrantes no acompa&ntilde;ados, los llamados menas. Y ahora los tienen en la puerta de su casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo ven mientras desayunan. Lo ven en el televisor de la cocina, que apagan de inmediato para que sus hijos no sepan m&aacute;s de lo que ya saben. Lo ven por la ventana: la unidad m&oacute;vil en doble fila, el periodista con el micr&oacute;fono, el c&aacute;mara tomando recursos de la fachada, el equipo de otra cadena que ya est&aacute; montando su propia conexi&oacute;n, los vecinos curiosos, y los menas que a esa hora salen del edificio de enfrente con mochilas y carpetas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No tenemos nada que decir&rdquo;, es la respuesta de ella al salir y encontrarse con los periodistas. Se mete deprisa en un coche que viene a recogerla. Su marido s&iacute; se detiene ante los micr&oacute;fonos: &ldquo;Esto demuestra lo mucho que les importan los menas a esos que dicen ser sus protectores. Los utilizan para jugar con ellos, para montar un numerito pol&iacute;tico, y de paso molestar a una familia con hijos, y a muchos vecinos que no tienen nada que ver pero tambi&eacute;n lo van a sufrir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A media ma&ntilde;ana, en una tertulia televisiva, entra en directo uno de los educadores de la ONG: &ldquo;No queremos molestar a nadie, todo lo contrario. Quienes m&aacute;s rechazo sienten hacia los menores extranjeros son quienes nunca se los encuentran en su calle, quienes no los conocen. Hay mucho desconocimiento. Quiz&aacute;s, si los ven a diario, comprobar&aacute;n que no son esos j&oacute;venes delincuentes y peligrosos que creen algunos, sino chicos que llegan en situaci&oacute;n muy dif&iacute;cil, que buscan un futuro y se esfuerzan por salir adelante. Hemos ido casa por casa present&aacute;ndonos a los vecinos, cont&aacute;ndoles el trabajo que hacemos, y la respuesta est&aacute; siendo muy buena. Hay una vecina que se ha ofrecido a cocinarnos algunos d&iacute;as, y a cambio los chavales le traen la compra y le hacen recados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro matrimonio protagonista no tarda en comprobarlo: la anciana de dos casas m&aacute;s abajo viene del mercado acompa&ntilde;ada por el chico de la gorra, que le lleva las bolsas. Camina junto a ella, le cuenta algo. A otros dos los ven volver del instituto junto a un par de gemelos que viven al final de la calle. Se despiden choc&aacute;ndose las manos. Ellos lo ven todo desde la ventana del segundo piso y no pueden creerlo. Como si fuese un enorme teatro, una representaci&oacute;n en la que todo el barrio se hubiese confabulado para burlarse de ellos. Como si las casas de enfrente fuesen un decorado, solo fachadas, y esos vecinos actores contratados para la ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es un montaje. Una campa&ntilde;a publicitaria, muy listos. Me apuesto a que han hecho un casting para seleccionar a los menas, han buscado a los m&aacute;s buenecitos. Te digo m&aacute;s: seguro que no son ni menas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; son menores extranjeros no acompa&ntilde;ados. Al menos eso afirma el telediario de la noche, que cuenta las historias de varios de los acogidos en aquellos dos pisos. La historia de O., que dej&oacute; Marruecos despu&eacute;s de que su padre muriese y su familia se quedase sin recursos; cruz&oacute; a la pen&iacute;nsula escondido en los bajos de un cami&oacute;n, quiere sacarse el bachillerato y sue&ntilde;a con llegar a la universidad. La historia de M., que desde Costa de Marfil recorri&oacute; miles de kil&oacute;metros por Mali, N&iacute;ger, Argelia y Marruecos, entr&oacute; en Espa&ntilde;a oculto en un contenedor, pas&oacute; por un centro de menores desbordado y sin recursos, donde asegura que sufri&oacute; malos tratos, y ahora estudia un m&oacute;dulo de formaci&oacute;n, quiere ser cocinero. La historia de R., de Tetu&aacute;n, que se vino a Espa&ntilde;a despu&eacute;s de que todos los chavales de su barrio hubiesen emigrado; cruz&oacute; en patera sin saber nadar, durmi&oacute; en la calle durante semanas, conoci&oacute; a una familia que le ayud&oacute;, sufri&oacute; una paliza de unos neonazis, quiere ser carpintero como su padre. La historia de Y., marroqu&iacute; tambi&eacute;n, que vivi&oacute; un tiempo en la calle, y s&iacute; reconoce que hizo &ldquo;cosas malas&rdquo;, acab&oacute; encerrado en un centro, ahora solo quiere trabajar y mandar dinero a su familia, pero tiene miedo porque dentro de dos meses cumple dieciocho a&ntilde;os y se quedar&aacute; en la calle sin nada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Ya vale de publirreportaje!&rdquo;, protesta el marido, apaga el televisor. Ella sigue en la ventana. Ya no est&aacute;n solo los doce de los dos pisos, ahora hay unos pocos m&aacute;s, seguramente amigos venidos de otras casas de acogida. Se reparten por la calle, unos en el banco, otros en la acera de enfrente, varios en la plazoleta de m&aacute;s all&aacute;, donde dan patadas a un bal&oacute;n. Aparece un coche de polic&iacute;a, reduce la marcha pero no se detiene. Pasa de largo.
    </p><p class="article-text">
        La l&iacute;nea roja se cruza el viernes, cuando ella llega a casa algo m&aacute;s tarde y se lo encuentra por sorpresa. Viene agotada, con una fuerte jaqueca tras una tensa rueda de prensa donde le han preguntado por todo ese asunto urban&iacute;stico que la prensa enemiga insiste en explotar, un tema viejo del que ella ya ha dado todas las explicaciones. Los rumores sobre su inminente imputaci&oacute;n son solo eso, rumores. Como no ha querido responder nada m&aacute;s acerca de sus actividades como arquitecta, ni de la reforma de su casa, los periodistas han mordido en otro sitio, sin aflojar la dentellada: le han preguntado por los menas, si tiene problemas de convivencia con ellos, si ha cambiado su opini&oacute;n ahora que los tiene tan cerca, si le da miedo salir.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces llega a casa y se encuentra con que la l&iacute;nea roja la ha cruzado uno de sus hijos. Lo encuentra en su habitaci&oacute;n acompa&ntilde;ado por tres amigos, nada extra&ntilde;o siendo viernes. Dos son habituales, de su mismo colegio, ya han estado antes en casa, buenos chicos. El tercero es el de la gorra, el mismo al que ha visto otras tardes sentado en el banco. &ldquo;Este es Omar, mam&aacute;&rdquo;, informa su hijo al ver la cara de la madre; &ldquo;se ha venido a ver el partido con nosotros, &iacute;bamos a pedir unas pizzas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por fin, esta ma&ntilde;ana un coche de polic&iacute;a se detiene frente a su casa. Est&aacute;n terminando de desayunar, los chicos ya se han ido a clase, ellos a punto de salir para la sede del partido, donde tienen ejecutiva. Desde la ventana ven el coche parar en doble fila, los dos polic&iacute;as que se bajan. Cada uno con su taza de desayuno, se miran y sonr&iacute;en.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya era hora&rdquo;, dice ella. &ldquo;Algo habr&aacute;n hecho, tarde o temprano ten&iacute;a que pasar&rdquo;, a&ntilde;ade &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Suena el timbre. Se miran sorprendidos. &iquest;Vendr&aacute;n buscando testigos de alg&uacute;n suceso? Salen juntos a abrir la puerta. Tras los dos polic&iacute;as hay un par de c&aacute;maras de televisi&oacute;n, varios fot&oacute;grafos, periodistas con el micr&oacute;fono preparado, aunque ninguno franquea la cancela.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que se han confundido de casa, es all&iacute; enfrente&rdquo;, dice ella, y se&ntilde;ala el portal al otro lado de la calle, del que en este momento salen tres menas corriendo, llegan tarde a clase.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se han confundido, aclara uno de los polic&iacute;as, que lee dos nombres y pregunta si son ellos. Viene a entregarles dos citaciones judiciales, una para ella y otra para su marido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/metelos-casa_132_1250915.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Nov 2019 20:23:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7d4547a1-8196-4fa6-bc2a-6a0d4a2847e2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="206943" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7d4547a1-8196-4fa6-bc2a-6a0d4a2847e2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="206943" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Mételos en tu casa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7d4547a1-8196-4fa6-bc2a-6a0d4a2847e2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No votaste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/votaste_132_1263992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8070b622-a9e1-4c8a-938e-a8577bf0e7cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="No votaste"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ficción para leer en jornada electoral, cuando todavía estás a tiempo de votar y no convertirte en protagonista de este cuento</p></div><p class="article-text">
        No votaste. Todos sabemos que no votaste, no hay d&iacute;a que no te lo recordemos. A veces como broma, amigos o vecinos que te palmean la espalda y te recuerdan que aquel d&iacute;a no votaste, te quedaste en casa, ay si hubieses votado; pero otras somos desconocidos quienes te abordamos por la calle, te escribimos mensajes, nos acercamos en un bar al reconocer tu cara tantas veces vista en televisi&oacute;n y difundida en redes sociales, y el tono es otro: te reprochamos que no votaste, te acusamos, te culpamos, te seguimos por la calle, te se&ntilde;alamos para que todos lo sepan, te gritamos, te insultamos: no votaste, cabr&oacute;n, no votaste y mira d&oacute;nde estamos ahora.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, como no votaron varios millones que se abstuvieron contigo aquel 10 de noviembre de 2019. Entonces, &iquest;por qu&eacute; te reprochamos, acusamos, culpamos, se&ntilde;alamos, gritamos a ti, si hubo tantos abstencionistas aquel domingo? &iquest;Por qu&eacute; a ellos nadie los reconoce por la calle ni difunden su foto en redes sociales? Es incluso probable que algunos de los que te incriminan tampoco votasen aquel d&iacute;a. Pero necesit&aacute;bamos un chivo expiatorio, un culpable con rostro y nombre, y ah&iacute; estabas t&uacute;, que no votaste y todos lo sabemos.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, te levantaste aquel domingo de noviembre con la decisi&oacute;n ya tomada: t&uacute; ya hab&iacute;as votado en abril, cuando te convencieron de la emergencia democr&aacute;tica, votar para frenar a la ultraderecha, y ese d&iacute;a no faltaste. Pero la repetici&oacute;n electoral te cabre&oacute;, te sentiste estafado por la incapacidad de unos y otros para formar gobierno, &iexcl;que hicieran ellos su trabajo, que no pasasen el problema a los ciudadanos, que no contasen contigo!
    </p><p class="article-text">
        No votaste, por mucho que te insistieron tus compa&ntilde;eros de piso, tus colegas del trabajo, varios de tus familiares, los candidatos de izquierda en debates y entrevistas, y unos cuantos periodistas y tertulianos que otra vez te dijeron que hab&iacute;a que votar para frenar al fascismo, pero t&uacute; les recordaste a todos que ya hab&iacute;as frenado al fascismo en abril, que ya estaba bien, a otro con ese cuento.
    </p><p class="article-text">
        No votaste porque adem&aacute;s estabas tranquilo. Muy tranquilo: ninguna encuesta vaticinaba un resultado como el que al final se produjo. &ldquo;Las encuestas han vuelto a fallar&rdquo;, dir&iacute;an despu&eacute;s los polit&oacute;logos. &ldquo;Subestimamos la abstenci&oacute;n&rdquo;, lamentar&iacute;an los encuestadores. &ldquo;Hubo un exceso de confianza en los votantes que se quedaron en casa&rdquo;, repitieron los candidatos derrotados. &ldquo;Vivimos tiempos de incertidumbre, ha vuelto a saltar la sorpresa, el cisne negro, como Trump, como el Brexit&rdquo;, dir&iacute;an los analistas al d&iacute;a siguiente. Pero hasta aquel domingo nadie se hab&iacute;a jugado ni un caf&eacute; en una porra con resultados como los que acabaron dejando las urnas. Por eso estabas tranquilo, muy tranquilo, as&iacute; se lo dijiste aquella ma&ntilde;ana a tus dos compa&ntilde;eros de piso cuando volvieron de votar y te preguntaron si de verdad te ibas a quedar en casa:
    </p><p class="article-text">
        -Yo estoy muy tranquilo, no me van a echar en falta.
    </p><p class="article-text">
        -Si no votas, luego no te quejes.
    </p><p class="article-text">
        -No os preocup&eacute;is, no me quejar&eacute; &ndash;y te tumbaste en el sof&aacute; para subrayar tu decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Si no votas, nos jodes a nosotros tambi&eacute;n &ndash;insistieron.
    </p><p class="article-text">
        -No me hag&aacute;is chantaje, yo ya vot&eacute; en abril.
    </p><p class="article-text">
        -Si no votas, avanzar&aacute;n los fascistas.
    </p><p class="article-text">
        -Lo mismito que en abril. A otro con ese cuento.
    </p><p class="article-text">
        No votaste por la ma&ntilde;ana, tampoco por la tarde, cuando te llam&oacute; tu madre y te pregunt&oacute; si ya hab&iacute;as votado, y se mostr&oacute; decepcionada:
    </p><p class="article-text">
        -Nos jugamos mucho, porque ellos no se van a abstener, votar&aacute;n todos.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y cu&aacute;ntas veces nos van a contar el mismo &ldquo;que viene el lobo&rdquo;, mam&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        No votaste tampoco al final de la tarde, cuando tus compa&ntilde;eros de piso te dieron la &uacute;ltima oportunidad:
    </p><p class="article-text">
        -Todav&iacute;a llegas a tiempo al colegio.
    </p><p class="article-text">
        -Demasiado tarde &ndash;rechazaste.
    </p><p class="article-text">
        -Quedan quince minutos para que cierren, corre y llegas.
    </p><p class="article-text">
        -No voy a votar, ya os lo dije, pesados.
    </p><p class="article-text">
        -Hay rumores de que puede haber sorpresa, muchos nervios, con tanta abstenci&oacute;n puede pasar cualquier cosa.
    </p><p class="article-text">
        -Rumores, rumores. Vete a convencer a todos los dem&aacute;s abstencionistas, yo solo soy uno m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        -Cada voto cuenta.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, te lo recordaron otra vez a las ocho en punto tus compa&ntilde;eros de piso, tu madre al tel&eacute;fono, tus colegas por Whatsapp, cuando se cerraron los colegios y apareci&oacute; en televisi&oacute;n el primer sondeo a pie de urna.
    </p><p class="article-text">
        -Joder, esto pinta muy feo &ndash;dijo uno de tus compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        -Es solo un sondeo, hay que esperar resultados oficiales &ndash;quisiste tranquilizarle, tranquilizarte t&uacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;No votaste!, te reprocharon tus compa&ntilde;eros con los primeros resultados oficiales. T&uacute; quisiste aparentar calma:
    </p><p class="article-text">
        -El porcentaje de voto escrutado es todav&iacute;a muy peque&ntilde;o, ni caso.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, por qu&eacute; no votaste, por qu&eacute;, por qu&eacute;, te pregunt&oacute; ret&oacute;ricamente tu madre cuando el recuento ya iba por el treinta por ciento.
    </p><p class="article-text">
        -Queda mucho voto por contar, mam&aacute;. Siempre meten primero los pueblos peque&ntilde;os, luego pega un vuelco.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, y mira lo que has conseguido, te recrimin&oacute; una amiga por Whatsapp con el recuento ya por encima del setenta por ciento.
    </p><p class="article-text">
        -La noche va a ser larga &ndash;insististe-, hay varios esca&ntilde;os en el aire, no tienen por qu&eacute; caer todos del mismo lado. Y falta el voto por correo.
    </p><p class="article-text">
        No votaste. Ya est&aacute; dicho. No votaste y ya sabemos cu&aacute;l fue el resultado cuando d&iacute;as despu&eacute;s se resolvieron todas las impugnaciones y se sum&oacute; el &uacute;ltimo voto. El voto decisivo, el que tuvo en vilo al pa&iacute;s entero durante una semana, el disputado voto que finalmente rompi&oacute; el incre&iacute;ble empate por el &uacute;ltimo esca&ntilde;o de tu provincia, el esca&ntilde;o que hizo posible una mayor&iacute;a que ninguna encuesta hab&iacute;a previsto y que solo la alt&iacute;sima abstenci&oacute;n hizo posible.
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Un voto! &ndash;te grit&oacute; tu madre en la comida familiar del siguiente domingo-, &iexcl;un solo voto, el que t&uacute; no metiste en la urna!
    </p><p class="article-text">
        -No dramatices, mam&aacute;. Fuimos muchos los que no votamos.
    </p><p class="article-text">
        -Pero con que hubieses votado t&uacute;, habr&iacute;a cambiado el resultado.
    </p><p class="article-text">
        -D&iacute;selo a los otros millones de abstencionistas. Cada uno de sus votos fue ese &uacute;ltimo voto que no lleg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, te reprocharon tus compa&ntilde;eros de piso una y otra vez en las semanas siguientes: cuando se form&oacute; el nuevo gobierno, cuando anunciaron las primeras medidas, aprobaron los primeros decretos e hicieron los primeros gestos para marcar la llegada de un nuevo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, te acusaron tus colegas de trabajo repetidamente en los meses siguientes, cuando presentaron el primer proyecto de presupuestos, cuando anunciaron las pr&oacute;ximas reformas legislativas, cuando la ultraderecha entr&oacute; en gobiernos auton&oacute;micos y municipales en cumplimiento del pacto nacional firmado entre los tres partidos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No votaste?, te pregunt&oacute; la periodista que te llam&oacute; semanas despu&eacute;s de las elecciones. Trabajaba en el mismo peri&oacute;dico digital que uno de tus compa&ntilde;eros de piso; &eacute;l le hab&iacute;a contado tu historia, casi como una broma: &ldquo;Yo conozco al que no vot&oacute; ese d&iacute;a, el hombre que habr&iacute;a cambiado el resultado si hubiese votado&rdquo;. Te tomaste t&uacute; tambi&eacute;n a broma la llamada, le reconociste a la periodista que en efecto no hab&iacute;as votado, pero que eran muchos los abstencionistas, era una tonter&iacute;a personificarlo en ti. &ldquo;Pero visto el resultado, &iquest;te arrepientes, habr&iacute;as ido a votar de saberlo?&rdquo;, insisti&oacute; ella. &ldquo;Por supuesto&rdquo;, sonre&iacute;ste, &ldquo;si llego a saber que por un solo voto se decid&iacute;a el resultado, habr&iacute;a ido a primera hora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, vaya, vaya, te coment&oacute; un vecino al d&iacute;a siguiente en el ascensor, despu&eacute;s de a&ntilde;os sin haber cruzado m&aacute;s que buenos d&iacute;as. Lo entendiste cuando abriste en el m&oacute;vil la portada del peri&oacute;dico digital, y ah&iacute; estaba el titular: &ldquo;El joven que tuvo en sus manos cambiar el resultado electoral&rdquo;. Qu&eacute; disparate, pensaste divertido, y hasta te complaci&oacute; ese minuto de popularidad imprevista. &ldquo;S&iacute;, yo soy el hombre que pudo cambiar el resultado de las elecciones&rdquo;, sonre&iacute;ste esa ma&ntilde;ana al llegar al trabajo, todos hab&iacute;an le&iacute;do ya la noticia. Te fue haciendo menos gracia seg&uacute;n avanzaba el d&iacute;a y la noticia se manten&iacute;a como la m&aacute;s le&iacute;da. Dejaste de leer los comentarios de los lectores cuando pasaron de cuatrocientos, porque adem&aacute;s eran cada vez m&aacute;s insultantes. Y a &uacute;ltima hora de esa misma tarde ya circulaba tu foto por las redes sociales, alguien la hab&iacute;a encontrado pese a que la periodista solo escribi&oacute; tu nombre, la inicial del apellido, edad y localidad de residencia. Pensaste que el filtrador hab&iacute;a sido tu enfadado compa&ntilde;ero de piso, pero &eacute;l neg&oacute; la acusaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, cu&eacute;ntanos por qu&eacute; no votaste, te preguntaron dos periodistas en el portal de tu casa al d&iacute;a siguiente, acompa&ntilde;ados por dos c&aacute;maras televisivas. Rechazaste la propuesta de una cadena para que fueses al plat&oacute; a contar tu abstenci&oacute;n; y rechazaste igualmente conectar en directo con la tertulia matutina en la que hablaron de ti aunque no estuvieras, mostrando en bucle las im&aacute;genes captadas a la puerta de tu casa, tu cara de sorpresa, tus palabras de disculpa, tu alejamiento a paso r&aacute;pido hacia el metro.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, te se&ntilde;al&oacute; una se&ntilde;ora esa misma tarde en el supermercado, te hab&iacute;a visto en la tele y te reconoc&iacute;a. No votaste, repiti&oacute; en voz alta para que la oyesen otros compradores, reponedores, cajeras, alguno te hizo una foto con el m&oacute;vil, te largaste sin terminar la compra.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, te repet&iacute;an miles de mensajes que te obligaron a cerrar tus perfiles en redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, te reproch&oacute; el presentador de la tertulia televisiva cuando finalmente aceptaste acudir a su programa. Lo hiciste con la esperanza de aclarar el malentendido, despejar la absurda acusaci&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        -No, no vot&eacute;, vale. Pero como yo hubo millones, y cada uno de esos votos pudo cambiar el resultado, no tiene sentido que yo me convierta en el&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Pero t&uacute; no votaste &ndash;insisti&oacute; el presentador.
    </p><p class="article-text">
        -Ya lo he reconocido, pero por qu&eacute; no se lo dicen tambi&eacute;n a&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -No votaste &ndash;te interrumpi&oacute;, agresivo-, &iquest;eres consciente de que si hubieses votado hoy estar&iacute;amos en otro escenario? Pudiste cambiar la historia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Qu&eacute; chorrada &ndash;protestaste-, esto no tiene sentido, es periodismo espect&aacute;culo, no pienso prestarme a este circo, las elecciones no se deciden por un voto y yo no&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -Pues estas se decidieron por un solo voto &ndash;apunt&oacute; uno de los tertulianos-.
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Pero no fue mi voto! &ndash;clamaste desesperado.
    </p><p class="article-text">
        -Si pudieses volver atr&aacute;s en el tiempo&hellip; &ndash;reanud&oacute; el presentador.
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Eso est&aacute; muy bien como juego, pero es imposible, no puedo volver atr&aacute;s! &ndash;suplicaste, pero el periodista te interrumpi&oacute; porque quer&iacute;a dar paso a una noticia de &uacute;ltima hora, que anunci&oacute; con expresi&oacute;n dram&aacute;tica: unas declaraciones del nuevo ministro de Seguridad Nacional desvelando las pr&oacute;ximas medidas en relaci&oacute;n con Catalu&ntilde;a y en materia de inmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No votaste, y desde entonces no hay d&iacute;a que no te lo recordemos. A veces como broma, amigos o vecinos que te palmean la espalda y te recuerdan que aquel d&iacute;a no votaste, te quedaste en casa, ay si hubieses votado; pero otras somos desconocidos quienes te abordamos por la calle, te escribimos mensajes, nos acercamos en un bar al reconocer tu cara tantas veces vista en televisi&oacute;n y difundida en redes sociales, y el tono es otro: te reprochamos que no votaste, te acusamos, te culpamos, te seguimos por la calle, te se&ntilde;alamos para que todos lo sepan, te gritamos, te insultamos: no votaste, cabr&oacute;n, no votaste y mira d&oacute;nde estamos ahora.
    </p><p class="article-text">
        No votaste. No votaste. No votaste. No-vo-tas-te. Te lo repites t&uacute; mismo en el espejo, e intentas convencerte de que no eres t&uacute;, que no fue tu voto, que fueron muchos los abstencionistas, pero no puedes evitar un deseo, un deseo est&uacute;pido, un deseo infantil: que todo haya sido un mal sue&ntilde;o del que todav&iacute;a puedas despertar; que esto no sea m&aacute;s que un cuento, un mal cuento, un cuento tonto e inveros&iacute;mil, un cuento tendencioso escrito para movilizar el voto y disuadir a los abstencionistas, un cuento que lees en la ma&ntilde;ana del domingo 10 de noviembre cuando todav&iacute;a est&aacute;s a tiempo de votar, corre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isaac Rosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/letrapequena_isaacrosa/votaste_132_1263992.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2019 19:54:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8070b622-a9e1-4c8a-938e-a8577bf0e7cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="344465" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8070b622-a9e1-4c8a-938e-a8577bf0e7cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="344465" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[No votaste]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8070b622-a9e1-4c8a-938e-a8577bf0e7cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones 10N 2019]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
