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    <title><![CDATA[elDiario.es - Habla Lavapiés]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/habla-lavapies/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Habla Lavapiés]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Soy Tribulete 7 o cómo una nevera nueva puede dar esperanza ante los buitres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/soy-tribulete-7-nevera-buitres-madrid-esperanza_1_13096087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/088a8c25-24a0-4c52-a630-7d93af72c506_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Soy Tribulete 7 o cómo una nevera nueva puede dar esperanza ante los buitres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un documental rodado en Lavapiés muestra la lucha de decenas de vecinos y enseña el camino para resistir ante la voracidad inmobiliaria que sacude la ciudad</p><p class="subtitle">OPINIÓN - Carrera Almeida vs Sánchez en la A-5 con el casco de obra puesto</p></div><p class="article-text">
        Antonia tiene una peque&ntilde;a nevera que gotea cada vez que abre. Se debate entre comprar otra o no, porque vive de alquiler en un piso de Lavapi&eacute;s y el propietario no le cobra mucha renta, pero tampoco le paga sus electrodom&eacute;sticos. Un d&iacute;a decide ir a una tienda y mirar modelos, peque&ntilde;itos, porque solo quiere guardar &ldquo;cuatro ajos&rdquo;, como dice ella.
    </p><p class="article-text">
        Cuando va de camino, una vecina le llama y frustra los planes: su casero va a vender a un fondo buitre el piso de alquiler y las otras 51 viviendas con las que comparte escalera. Antonia se queda en shock y decide pausar la compra, para volver a recoger el goteo de su refrigerador y a su incierto futuro.
    </p><p class="article-text">
        La siguiente escena -os estoy contando una pel&iacute;cula real- es con Antonia en la tienda de electrodom&eacute;sticos, hablando con el dependiente y escogiendo su nueva nevera. Eligiendo resistir junto a otras vecinas. Qued&aacute;ndose con la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        La met&aacute;fora de la nevera es uno de los hilos conductores de <em>Soy Tribulete 7</em>, un documental reci&eacute;n sacado del horno,&nbsp;que tuve la suerte de ver el pasado martes en el Teatro del Barrio, donde se mostr&oacute; al p&uacute;blico por primera vez. Sus autoras, las periodistas Leah Pattem y Elisa Gonz&aacute;lez, se han pasado dos a&ntilde;os grabando historias de los vecinos de este bloque, adquirido por el fondo Elix y ejemplo de los desahucios silenciosos que tienen lugar -a miles- en Madrid.
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                    alt="Las codirectoras Elisa González y Leah Pattem, en el centro de la imagen junto a la narradora (con el cartel) y dos de las vecinos de Tribulete 7"
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                Las codirectoras Elisa González y Leah Pattem, en el centro de la imagen junto a la narradora (con el cartel) y dos de las vecinos de Tribulete 7                            </span>
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        &ldquo;Lo cotidiano que tenemos en el barrio lo est&aacute;n vendiendo y lo est&aacute;n destruyendo. Est&aacute;n echando a nuestros vecinos para traer a turistas y queremos que se oiga&rdquo;, explicaba Elisa durante la presentaci&oacute;n sobre los procesos econ&oacute;micos que amenazan espacios como este edificio, cuyos habitantes son la pura esencia de Lavapi&eacute;s, el ADN que compone Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pasa en Tribulete 7 lleva mucho tiempo apareciendo en los medios de comunicaci&oacute;n. Somos Madrid <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/vecinos-tribulete-visten-luto-sabado-protestar-rodeados-musica-funeral-viviendas_1_11892336.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo ha contado varias veces</a>, incluyendo la &uacute;ltima gran victoria vecinal: la de<a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/imputan-altos-cargos-fondo-buitre-acoso-inmobiliario-vecinos-tribulete-7_1_12816943.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> sentar en el banquillo por acoso inmobiliario al fondo buitre</a>, acus&aacute;ndolo de llevar a cabo molestas obras de reforma con intenci&oacute;n de echar a los vecinos. De momento han conseguido expulsar a la mayor&iacute;a: solo quedan 15 de los 52 alquilados. Pero los inquilinos prometen quedarse todo lo que puedan.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una de los fotogramas de &#039;Soy Tribulete 7&#039;                            </span>
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        La historia de su lucha se hubiera podido perder en el tiempo, pero gracias a este magn&iacute;fico documental podr&aacute; pervivir y ense&ntilde;ar a otros el camino para resistir ante la voracidad inmobiliaria. La pel&iacute;cula, que tiene un enorme trabajo de grabaci&oacute;n y montaje detr&aacute;s (hay m&aacute;s de 1.000 horas de material, condensado en 53 minutos), acaba de echar a rodar y su camino de exhibici&oacute;n va a ser largo. Tambi&eacute;n costoso.
    </p><p class="article-text">
        De momento sus impulsoras est&aacute;n vendiendo carteles ilustrados del documental para financiar los siguientes pasos y ofrecen proyecciones gratuitas.&nbsp;En <a href="https://madridnofrills.com/estreno-documental-soy-tribulete7/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la web oficial del documental</a>&nbsp;tienes m&aacute;s informaci&oacute;n sobre ellas, as&iacute; como en el email de contacto (soytribulete7@gmail.com) y <a href="https://www.instagram.com/soytribulete7documental/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en sus redes sociales</a>, donde acaban de estrenar un tr&aacute;iler que te deja con ganas de conocer m&aacute;s historias. No desvelo ninguna otra porque merece la pena sentarse a verlas y escucharlas.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DWTeOxTiGBA/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        -------------------------------
    </p><p class="article-text">
        <em>*Esta es una parte&nbsp;</em><a href="https://mailchi.mp/eldiario/boletin-madrid-y-planes-de-ocio-6646366" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>del bolet&iacute;n de Somos Madrid que hemos enviado esta semana</em></a><em>. Si quieres recibir cada viernes textos como este, adem&aacute;s de las noticias m&aacute;s importantes que publicamos en la secci&oacute;n local, suscr&iacute;bete bajo estas l&iacute;neas.</em>
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            <aside class="news-outlook">
                
    
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 <p class="article-text"><hr/></p>
                                
            </aside>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Casado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/soy-tribulete-7-nevera-buitres-madrid-esperanza_1_13096087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 15:58:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Soy Tribulete 7 o cómo una nevera nueva puede dar esperanza ante los buitres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Especulación inmobiliaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lavapiés, entre la resistencia y el ahogo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/lavapies-resistencia-ahogo_1_12989495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a2bb4c7-4d1f-4d7e-9fc4-9340a30719c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x266y378.jpg" width="1200" height="675" alt="Lavapiés, entre la resistencia y el ahogo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De Lavapiés se ha escrito casi todo. Se ha contado su degradación, su exotización, su gentrificación, su turistificación y hasta su conversión en marca. Sin embargo, cuando uno vuelve hoy al barrio y camina por sus calles, lo que encuentra no es un relato cerrado, sino un conflicto abierto. Lavapiés no es un caso de manual, es una herida que no termina de cicatrizar</p><p class="subtitle">Lavapiés exige cambiar de foco y acabar con la hipervigilancia: “Si tanto funcionan las redadas, ¿por qué siguen haciéndolas?”</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo, hasta mediados de los noventa, en el que el barrio arrastr&oacute; de forma incesante una degradaci&oacute;n intensa, con infravivienda, abandono institucional y una fuerte estigmatizaci&oacute;n del barrio de &ldquo;los manolos y las manolas&rdquo;. Es a finales del siglo XX cuando la intervenci&oacute;n p&uacute;blica se activa, mediante una serie de programas de adecentamiento del espacio p&uacute;blico, rehabilitaci&oacute;n de edificios en ruina y mejoras o instalaciones de equipamientos p&uacute;blicos. Era necesario, estaba claro. Arquitect&oacute;nicamente, el barrio estaba reventado. La zona concentraba, y sigue concentrando, buena parte de la bolsa de infravivienda del centro de la ciudad. El problema no fue intervenir, sino c&oacute;mo y para qui&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el trasvase de recursos p&uacute;blicos hacia propietarios privados para rehabilitar viviendas sin controlar los precios de compraventa o alquiler abri&oacute; la puerta al primer ciclo contempor&aacute;neo, que, en los a&ntilde;os 2000, daba el pistoletazo de salida a un proceso de gentrificaci&oacute;n que no disimulaba en su programa de higienizaci&oacute;n social. A&uacute;n recuerdo una conversaci&oacute;n con la urbanista del Ayuntamiento donde expresaba, sin tapujos, que los j&oacute;venes y estudiantes de aquel entonces eras los &uacute;nicos en querer entrar a los pisos rehabilitados de corralas, con el tama&ntilde;o de una caja de cerillas, y los &uacute;nicos que querr&iacute;an vivir en un barrio, en sus t&eacute;rminos, &ldquo;multicultural&rdquo;. &nbsp;Ese fue el primer elemento que gener&oacute; el proceso incipiente. Lavapi&eacute;s era barato, c&eacute;ntrico y simb&oacute;licamente potente. Llegaron artistas, activistas, profesores, estudiantes, trabajadores culturales; gentes que buscaban un barrio vivo, mestizo, con alquileres todav&iacute;a accesibles.
    </p><p class="article-text">
        Entre 2005 y 2011 el perfil educativo del vecindario cambi&oacute; de forma radical. Lavapi&eacute;s se convirti&oacute; en el barrio de Madrid con las tasas m&aacute;s altas de poblaci&oacute;n con estudios superiores y con la mayor concentraci&oacute;n por km2 de Doctores (no m&eacute;dicos). La movilidad residencial se dispar&oacute;. Salieron hogares hacia el sur y sureste de Madrid; entraron residentes desde el norte de la ciudad, desde Chamber&iacute;, desde Malasa&ntilde;a, como una mancha de aceite bajando hacia el centro.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s lleg&oacute; otro actor que alter&oacute; por completo la ecuaci&oacute;n. La expansi&oacute;n de plataformas como Airbnb a partir de 2015 trajo consigo la turistificaci&oacute;n y dio un sorpasso a la gentrificaci&oacute;n, convirtiendo al barrio en una olla a presi&oacute;n entre varios procesos que se daban en el mismo lugar. La plusval&iacute;a dej&oacute; de concentrarse en la compraventa o en el alquiler residencial, que hab&iacute;a subido como la espuma entre 2005 y 2013, y se desplaz&oacute; hacia la vivienda tur&iacute;stica. El barrio, con su parque de casas peque&ntilde;as, interiores m&iacute;nimos, abuhardillados que nunca fueron vivienda y &aacute;ticos imposibles, result&oacute; especialmente tentador para inversionistas r&aacute;pidos. Muchas de las antiguas infraviviendas, dif&iacute;ciles de vender o alquilar para uso estable, eran perfectas ahora para convertir al barrio en parte de la escena &ldquo;city break&rdquo; europea y atraer turistas para estancias de dos noches. Ah&iacute; se abr&iacute;a una nueva brecha, otra pugna por el sentido del barrio. A la suma de turistas, gentrificadores de largo aliento, poblaci&oacute;n residente aut&oacute;ctona de procedencias geogr&aacute;fica variadas, canallitas, hosteleros cooperativistas y hosteleros capitalistas, a hoteles franquicia y a pensionados de toda la vida, se le suma una gentrificaci&oacute;n internacionalizada. Llegan residentes extranjeros de pa&iacute;ses desarrollados que encuentran en Lavapi&eacute;s su East London, su particular Williamsburg, una alternativa a zonas ya saturadas y demasiado pesadas como Malasa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, bloques enteros en lucha contra fondos buitre (los gentrificadores en may&uacute;scula), como Tribulete 7, que ha conseguido este a&ntilde;o sentar en el banquillo a la socimi &Eacute;lix Rental Housing II por coacciones y acoso inmobiliario. O las vecinas de San Ildefonso 20, que luchan por convertir su edificio en una cooperativa de viviendas. O Buenavista 25 y Zurita 22, que siguen la misma estela contra la productora Gloriamundi Producciones, tambi&eacute;n tenedora inmobiliaria. &nbsp;Y a esa presi&oacute;n econ&oacute;mica se suma una dimensi&oacute;n menos visible pero igual de determinante: Lavapi&eacute;s sigue concentrando una bolsa importante de poblaci&oacute;n migrante empobrecida, que vive en condiciones materiales muy duras y bajo una fuerte presencia policial. Desde 2012 se han instalado 48 c&aacute;maras de videovigilancia, m&aacute;s 17 adicionales en 2022. Las redadas por perfilamiento racial son constantes. El barrio es, al mismo tiempo, icono <em>cool</em> y espacio securitizado. Esa tensi&oacute;n atraviesa la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        La llamada eventizaci&oacute;n del barrio refuerza esa deriva. Tapapi&eacute;s y otros eventos multiplican el flujo de visitantes. Incluso parte del sector hostelero empieza a mostrar fatiga ante la saturaci&oacute;n con calles convertidas en escenario permanente, donde el vecino estable se siente figurante en su propio barrio. Y es que la promoci&oacute;n simb&oacute;lica hizo estragos en el barrio, con revistas de tendencias como Time Out etiquet&aacute;ndolo como el barrio m&aacute;s <em>cool</em> de Europa, convirtiendo su efecto reputacional en lucro inmobiliario. Cada ranking nuevo alimenta expectativas de renta. Cada titular empuja un poco m&aacute;s el precio del metro cuadrado. Y es que la gentrificaci&oacute;n tiene algo de parad&oacute;jico; si bien, por un lado, se trata de un ejercicio de aculturaci&oacute;n, de llegada de clases aburguesadas, biempensantes y con un habitus propio de aquel que no ha roto un plato en la vida, como clases ejemplificantes del buen gusto y los buenos modales; al mismo tiempo, es un ejercicio de apropiaci&oacute;n cultural, de compra de su identidad macarra, obrera, <em>rude</em>, pero en una versi&oacute;n neutralizada, estetizada (o si prefieren, esterilizada), que se pretende inocua.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, en una peque&ntilde;a zona que apenas ha sido tocada, entre la calle Embajadores y el Rastro, y que no form&oacute; parte de aquel primer el proceso de rehabilitaci&oacute;n urbana y que sigue siendo algo parecido al Lavapi&eacute;s de los 2000. Por ah&iacute; circula La Rosa, centro social okupado con una pata en Lavapi&eacute;s y otra en el Rastro, representa esa constelaci&oacute;n hist&oacute;rica de espacios autogestionados que han sostenido que otro barrio es posible. El caso reciente del intento de destrucci&oacute;n del edificio hist&oacute;rico que albergaba no solo patrimonio popular hist&oacute;rico que conservar sino lo que una vez fue el restaurante senegal&eacute;s Baobab, para reconvertirlo en hotel-c&aacute;psula, ha reactivado esa energ&iacute;a de resistencia. No es solo la defensa de un inmueble concreto, es la defensa de un l&iacute;mite. Cuando ocurre algo as&iacute;, siempre surge esa m&iacute;stica de la resistencia vecinal que intenta aplicar cierto nivel de contenci&oacute;n sobre un barrio que est&aacute; ahogado en todos los t&eacute;rminos.
    </p><p class="article-text">
        Lavapi&eacute;s al L&iacute;mite, plataforma integrada por 52 colectivos y asociaciones, ha convocado recientemente una manifestaci&oacute;n bajo el lema <em>Levantadas por nuestro barrio</em>. Es la reacci&oacute;n de quienes sienten que el barrio se les escapa de las manos. Lavapi&eacute;s est&aacute; ahogado por m&uacute;ltiples frentes: tur&iacute;stico, inmobiliario, simb&oacute;lico, policial. Lavapi&eacute;s no necesita m&aacute;s etiquetas ni m&aacute;s rankings. Necesita pol&iacute;ticas valientes que protejan la vivienda residencial, refuercen el comercio cotidiano y hagan desaparecer la dependencia del turismo. Necesita, en definitiva, recuperar margen para que la vida ordinaria vuelva a ser posible. Porque lo que est&aacute; en juego no es la nostalgia por un pasado idealizado. Es el derecho a permanecer.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Jorge Sequera</strong></em><em> es investigador de la UNED y director del Grupo de Estudios Cr&iacute;ticos Urbanos (GECU) e Investigador Principal (IP) del proyecto Horizon MSCA Staff Exchange NOMADIC: Nomad Movements and Digital Impacts in Cities.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <aside class="news-outlook">
                
    
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 <p class="article-text"><hr/></p>
                                
            </aside>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Sequera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/lavapies-resistencia-ahogo_1_12989495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 15:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lavapiés, entre la resistencia y el ahogo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Policías, franquistas y un periodista en el Rastro de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/policias-franquistas-periodista-rastro-madrid_129_11639691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc24cf3d-e062-4bad-b697-ff48eed00f0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Policías, franquistas y un periodista en el Rastro de Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tragicomedia en tres actos sobre la difícil andadura de la  Ley de Memoria Democrática</p><p class="subtitle">El Gobierno solo ha puesto una sanción desde que entró en vigor la ley de Memoria Democrática</p></div><p class="article-text">
        Personajes: PERIODISTA, POLIC&Iacute;A 1, POLIC&Iacute;A 2, DEPENDIENTE DEL PUESTO
    </p><p class="article-text">
        ACTO I
    </p><p class="article-text">
        Escena de colores brillantes. Aunque la tem&aacute;tica podr&iacute;a sugerirlo, ni el decorado ni el vestuario son en blanco y negro. Rastro de Madrid. Es un domingo de septiembre. Decenas de personas circulan en todas direcciones. Junto a una esquina, en un callej&oacute;n que sale de la v&iacute;a principal, hay un puesto solitario. Lo preside una bandera con el escudo franquista y otra con el s&iacute;mbolo de la Falange. Sobre la mesa se ve la mercanc&iacute;a que est&aacute; a la venta: llaveros, mecheros, camisetas y todo tipo de objetos con mensajes e im&aacute;genes que exaltan la dictadura y el fascismo. Tambi&eacute;n hay otros &ldquo;recuerdos&rdquo; con consignas insultantes contra el actual Gobierno. No son muchos los que se acercan a comprar, pero destaca la juventud de algunos de ellos. Junto al puesto, apoyados en la pared, hay dos polic&iacute;as municipales (POLIC&Iacute;A 1 Y POLIC&Iacute;A 2) que parecen estar protegiendo el puesto. Entra en escena PERIODISTA que contempla lo que ocurre y se dirige hacia los polic&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Buenos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: Buenos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Soy periodista. Me van a perdonar, pero exhibir esas banderas va contra la ley.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1 (con brusquedad)<strong>:</strong> Lo mismo que en un puesto de ah&iacute; arriba que tienen una bandera republicana o en muchos otros que hay camisetas con la cara del Che Guevara. Nosotros permitimos que cada cual se exprese como quiera.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA (algo sorprendido):&nbsp; La bandera republicana o la camiseta del Che no violan ninguna ley.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: La bandera republicana es anticonstitucional.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: No, perdone. No lo es. Lo que usted me est&aacute; diciendo es grave. Se lo digo porque voy a escribir una informaci&oacute;n sobre este lugar y citar&eacute; sus palabras.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1 (inc&oacute;modo y cada vez m&aacute;s enojado):<strong> </strong>C&iacute;teme usted lo que quiera. &iquest;Pero qu&eacute; ley viola la bandera franquista?
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: La Ley de Memoria Democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1 (con gesto displicente): Ya. Una ley que han hecho unos.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA (m&aacute;s sorprendido): Disculpe. Esa ley, como todas, la ha aprobado el Congreso de los Diputados. &iquest;Quiere decir que no hay que cumplir las leyes que aprueba un gobierno que no le gusta?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: &iexcl;Yo no he dicho eso!
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: S&iacute; lo ha dicho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: Mire, en Tirso de Molina hay un puesto que tiene banderas comunistas con la hoz y el martillo y muchas cosas m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Ya, pero ni la ley de Memoria Democr&aacute;tica ni ninguna otra proh&iacute;be la exhibici&oacute;n de esa bandera. Si en lugar de la franquista, ese puesto tuviera una bandera de ETA, &iquest;ustedes lo permitir&iacute;an?
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1 (duda unos instantes, visiblemente inc&oacute;modo): Pues ya lo ver&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Pues deber&iacute;an ustedes retirarla porque tambi&eacute;n est&aacute; prohibida por la ley.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: &iquest;A usted le molesta esa bandera? &iquest;Va a denunciarlo?
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Lo importante no es si me molesta o no&hellip; que s&iacute;&hellip; me molesta. Ver&eacute; si lo denuncio. Lo importante es que seg&uacute;n la ley ustedes no deber&iacute;an permitir que se exhibiera.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: Ahora mismo la retiro.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1 da dos pasos para girar la esquina, le dice algo a ENCARGADO DEL PUESTO y este, sin preguntar nada, retira la bandera franquista. Cae el tel&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        ACTO II
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1 tiene el DNI de PERIODISTA en la mano y est&aacute; anotando sus datos en una libreta. POLIC&Iacute;A 2, el m&aacute;s joven, mira la escena con evidente gesto de enojo. En el puesto se sigue exhibiendo la bandera con el escudo de la Falange y el resto de su mercader&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Ya que usted se ha empe&ntilde;ado en identificarme, cosa que no entiendo, voy a anotar su n&uacute;mero de placa.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: Haga lo que quiera.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: &iquest;Ustedes est&aacute;n aqu&iacute; para proteger el puesto y evitar que pueda haber incidentes?
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1: Nosotros estamos en esta esquina como pod&iacute;amos estar all&iacute; abajo o ah&iacute; arriba. Es la zona que nos corresponde.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Ya.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2 (irrumpe en la conversaci&oacute;n): &iquest;Qu&eacute; art&iacute;culo de la ley dice que esa bandera no se puede exhibir? D&iacute;game qu&eacute; art&iacute;culo y as&iacute; aprendemos todos.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Ahora mismo no lo recuerdo, pero si quiere se lo busco.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2 (desafiante): B&uacute;squelo porque ha venido usted aqu&iacute; dando lecciones y no sabe ni el art&iacute;culo que seg&uacute;n usted se est&aacute; vulnerando.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA (mientras consulta su m&oacute;vil): Yo lo busco y se lo ense&ntilde;o, pero deber&iacute;an ser sus superiores los que se encargaran de que ustedes conocieran las leyes que deben hacer cumplir. Aqu&iacute; est&aacute;. Art&iacute;culo 35, art&iacute;culo 38&hellip;
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 1 (mientras polic&iacute;a 2 coge el m&oacute;vil del periodista y lee):<strong> </strong>Ya, una ley que solo castiga a unos.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: &iquest;Quiere decir que no hay que cumplir una ley si no le gusta? A m&iacute; hay leyes que no me gustan, pero si las ha aprobado el Parlamento las tengo que cumplir, aunque no me gusten.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2 (le devuelve el m&oacute;vil al periodista): &iquest;Y seg&uacute;n usted esa bandera es la franquista?
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Seg&uacute;n yo, no. Esa la bandera franquista y ese puesto exalta la dictadura y a sus l&iacute;deres.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2: Esa bandera es muy anterior.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Vamos a ver, Franco se inspir&oacute; en s&iacute;mbolos anteriores, pero esa la bandera oficial de su dictadura.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2: Esa no es la bandera franquista.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: S&iacute; lo es y adem&aacute;s tienen la de la Falange y venden productos que hacen apolog&iacute;a del franquismo. &iquest;La cara de Franco no es un s&iacute;mbolo franquista?
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2 (muy tenso): Ya se ha retirado la bandera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Ya.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2: Le digo una cosa. Ha venido usted aqu&iacute; muy agresivo. La pr&oacute;xima vez que se dirija a la polic&iacute;a h&aacute;galo con m&aacute;s respeto. Me da igual que usted sea periodista o camarero u oficinista.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Perdone, pero no es lo mismo. Yo me he dirigido a ustedes como periodista, no como ciudadano. Como ciudadano, obviamente, soy igual que un camarero o un oficinista, pero aqu&iacute; estoy trabajando como periodista.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2: Si hubi&eacute;ramos actuado con usted como periodista, no le habr&iacute;amos podido decir nada. No estamos autorizados a hablar.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Y habr&iacute;an estado en su derecho, pero yo me he identificado desde el primer momento como periodista y he sido muy educado. Me he limitado a explicarles lo que est&aacute; ocurriendo
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2: Le advierto que, si usted nos cita en el art&iacute;culo, tomaremos las medidas oportunas.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Les citar&eacute;, respetando las leyes. Y, en cualquier caso, ustedes estar&aacute;n en su derecho de hacer lo que consideren oportuno.
    </p><p class="article-text">
        POLIC&Iacute;A 2: Buenos d&iacute;as. Disfrute del Rastro.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Adi&oacute;s.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA se aleja. La escena contin&uacute;a como si nada hubiera pasado. POLIC&Iacute;A 1 y POLIC&Iacute;A 2 permanecen en la esquina. DEPENDIENTE DEL PUESTO sigue vendiendo sus productos. La bandera franquista no est&aacute; a la vista. Cae el tel&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        ACTO III
    </p><p class="article-text">
        Peque&ntilde;a habitaci&oacute;n con dos camas. En una de las paredes hay una estanter&iacute;a de madera, antigua, repleta de libros. En una esquina se ve un armario a juego con la estanter&iacute;a. Se ve a PERIODISTA sentado en una de las camas. Tiene sobre las piernas un ordenador port&aacute;til en el que termina de escribir un texto que empieza a leer en voz alta.
    </p><p class="article-text">
        PERIODISTA: Tengo la sensaci&oacute;n, casi la certeza de que, si me hubiera presentado como un ciudadano m&aacute;s&hellip; habr&iacute;a tenido muchos m&aacute;s problemas con aquellos dos polic&iacute;as. A la cabeza me viene una imagen: la bandera franquista ondeando en el puesto, mientras el denunciante se iba detenido o con una denuncia en su contra guardada en la cartera. Confieso que, pese a esa supuesta protecci&oacute;n que me brinda mi oficio, le sigo dando vueltas al destino final que tendr&aacute;n mis datos personales. La actitud de los agentes y la manera en que, de forma oficial y ante un periodista, justificaban su rechazo a las leyes &ldquo;aprobadas por unos&rdquo; me provoca inquietud y sensaci&oacute;n de indefensi&oacute;n. Es alarmante que, ahora mismo, imagine mis datos difundidos p&uacute;blicamente en el chat de alg&uacute;n agitador ultra o en alg&uacute;n foro m&aacute;s privado y, por ello, quiz&aacute;s m&aacute;s peligroso. Es triste que tenga que escribir, una vez m&aacute;s, que no conf&iacute;o en la profesionalidad e imparcialidad de un buen sector de nuestras fuerzas policiales y militares. Es inquietante que me tenga que hacer m&aacute;s preguntas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Fue una an&eacute;cdota? &iquest;Un hecho aislado? &iquest;O estamos ante un comportamiento generalizado e incluso mayoritario entre las fuerzas policiales de este pa&iacute;s? Las encuestas de que disponemos sobre la ideolog&iacute;a predominante en el ej&eacute;rcito y los cuerpos de seguridad del Estado apuntan en la segunda direcci&oacute;n. El problema en s&iacute; no es la ideolog&iacute;a de los agentes, libres son de pensar como quieran, sino su tentaci&oacute;n de no aplicar las leyes que aprueban &ldquo;los otros&rdquo; y ser especialmente duros en la ejecuci&oacute;n de las que apoyan &ldquo;los suyos&rdquo;. En este punto, no son los estudios demosc&oacute;picos, sino los hechos los que acrecientan esa sospecha. La tibieza con la que se act&uacute;a contra la violencia provocada por manifestaciones y grupos de extrema derecha contrasta con la actitud que las fuerzas policiales despliegan en protestas de otro signo pol&iacute;tico. Una actitud que podr&iacute;a resumirse en dos ejemplos concretos: aquel &ldquo;a por ellos&rdquo; que cantaban los antidisturbios, camino de la Catalu&ntilde;a del <em>proc&eacute;s</em> y los chats policiales alabando a Hitler y amenazando a la entonces alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay muchos m&aacute;s ejemplos, demasiados. Ser&aacute; o no porque llevo a&ntilde;os estudiando el golpe de Estado de 1936 y la posterior dictadura, pero no puedo dejar de imaginar lo que ocurrir&iacute;a en Espa&ntilde;a si en alg&uacute;n momento se produce un intento golpista como aquel o como el que Trump lider&oacute;, hace mucho menos tiempo, en Estados Unidos. Pienso en qu&eacute; har&iacute;an esos dos agentes y el grueso de las fuerzas policiales y militares. Imagino, pienso y me sobreviene un sudor fr&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Se hace el silencio en la habitaci&oacute;n. PERIODISTA levanta la vista de la pantalla y mira al infinito. Cae el tel&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/policias-franquistas-periodista-rastro-madrid_129_11639691.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Sep 2024 10:48:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Policías, franquistas y un periodista en el Rastro de Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ley de Memoria Histórica,Franquismo,Periodistas,Policía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay derecho, no hay derechos: cuando llegamos tarde al desahucio de una anciana de 94 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/no-hay-derecho-no-hay-derechos-llegamos-tarde-desahucio-anciana-94-anos_129_11514496.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ba0d2e1-8ae1-4161-8a56-f3a1230e6923_16-9-discover-aspect-ratio_default_1098731.jpg" width="1013" height="570" alt="No hay derecho, no hay derechos: cuando llegamos tarde al desahucio de una anciana de 94 años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor preferiría haber llegado a escribir sobre el caso de Marina López, vecina de Lavapiés desahuciada esta mañana de su casa de los últimos 34 años por el impago de 12.000 euros. En lugar de ello, reflexiona acerca de la perdida de sensibilidad general de la sociedad sobre la tragedia de los desahucios. El próximo día 16 hay otro en el mismo barrio</p><p class="subtitle">Convocatoria para frenar el desahucio de un padre con discapacidad y su hija de seis años en Tetuán </p></div><p class="article-text">
        Detesto este mundo por permitir algo as&iacute;, a nosotros mismos &ndash;los ciudadanos&ndash; por no acertar a poner coto a la injusticia y a m&iacute; mismo por estar escribiendo un texto de opini&oacute;n a posteriori en lugar de la actualizaci&oacute;n de la noticia.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo podr&iacute;a haberse titulado: <em>Desahucian en Lavapi&eacute;s a Marina</em> &ndash;es imprescindible que aparezcan lo nombres propios&ndash;, <em>de 94 a&ntilde;os, por una deuda de 12.000 euros</em>. Ahora, ya es tarde.
    </p><p class="article-text">
        Aunque sea tarde, quiz&aacute; alguien deber&iacute;a poner una de esas placas color mostaza que se&ntilde;alan los domicilios de las gentes ilustres a la altura de la calle Doctor Fourquet 35, donde hoy se ha ejecutado el desahucio. Una que diga, &ldquo;Aqu&iacute; vivi&oacute; durante 34 a&ntilde;os Marina L&oacute;pez, se la llev&oacute; a la fuerza la polic&iacute;a. El Estado puso todo su empe&ntilde;o en desahuciarla&rdquo;. Con una placa similar en cada una de las casas donde se ha producido un desahucio en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a lo mejor la pr&oacute;xima vez no llegamos tarde.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1810977003161477492?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Quiz&aacute; seamos un poco m&aacute;s insensibles que en 2014, cuando el desahucio de Carmen, de 85 a&ntilde;os, levant&oacute; una ola de solidaridad y el Rayo Vallecano termin&oacute; pagando un alquiler para la anciana. Somos unas decenas de miles de desahucios m&aacute;s inhumanos que entonces. La semana pasada cont&aacute;bamos <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/tetuan/desahucian-alternativa-habitacional-hombre-hija-seis-anos-tetuan-no_1_11496695.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el desahucio de un padre y su hija</a> de su casa de toda la vida en Tetu&aacute;n. Hoy mismo el Movimiento por la vivienda ha conseguido aplazar el de <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/incertidumbre-multidesahucio-previsto-miercoles-puente-vallecas_1_11510116.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">doce familias en Puente de Vallecas</a> (desahucia la Sareb, el 51% de la cual pertenece al Estado). Habr&aacute;n desahuciado a otra persona tambi&eacute;n, sin nombre propio, sin que nadie se haya enterado.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lo de Carmen y el Rayo, Marina, que entonces ten&iacute;a m&aacute;s o menos la misma edad que ella, a&uacute;n pod&iacute;a pagar el alquiler. Ha faltado a la cita con su casero los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, y a&uacute;n as&iacute; es posible que el coste de los tres intentos de desahucios llevados a cabo de febrero a hoy, de acordonar esta ma&ntilde;ana su calle, llevar nueve <em>lecheras</em> y una dotaci&oacute;n de Samur Social no sea mucho menor que esos cochinos 12.000 euros, aunque fueran mucho para su pensi&oacute;n no contributiva. Un coste mucho mayor en t&eacute;rminos de lo que una sociedad puede soportar frente a un espejo, en todo caso.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1810636160412033390?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Vas a llorar leyendo <a href="https://elpais.com/espana/madrid/2024-07-10/el-desahucio-de-marina-lopez-condena-a-la-mujer-de-94-anos-a-terminar-su-vida-en-una-residencia-gritaba-que-la-mataran-ahi-adentro.html?ssm=TW_CC" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el testimonio de su sobrino en El Pa&iacute;s</a>. C&oacute;mo la polic&iacute;a, malencarada, ha arrancado a Marina de su hogar mientras gritaba que, para sacarla, tendr&iacute;an que matarla. C&oacute;mo han negado a la anciana la compa&ntilde;&iacute;a de sus vecinos, una mano amiga, el d&iacute;a de su desahucio. C&oacute;mo el Estado y su Polic&iacute;a Nacional han hecho carne aquella definici&oacute;n de Estado como monopolio de la violencia. Vas a llorar de rabia, seguro, con el v&iacute;deo que acompa&ntilde;a <a href="http://xlavapies.com/ejecutado-desahucio-marina-94-anos-lavapies/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a la cr&oacute;nica de XLavapi&eacute;s</a>, con la frialdad funcionarial de la expulsi&oacute;n y el arrebato vecinal de indignaci&oacute;n en forma de grito: &ldquo;&iexcl;verg&uuml;enza!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Pero en solo seis d&iacute;as hay programado otro desahucio en el barrio de Lavapi&eacute;s: a Zohra y su hijo de ocho a&ntilde;os los echan de casa en la calle Zurita y se ha convocado a las puertas de su hogar para intentar pararlo. A ver si esta vez empezamos a revertir la marcha de pies cansados y, cada uno desde nuestro lugar, acompa&ntilde;amos al Movimiento por la vivienda en su lucha incansable por hacer este mundo m&aacute;s habitable.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <aside class="news-outlook">
                
    
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 <p class="article-text"><hr/></p>
                                
            </aside>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis de la Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/no-hay-derecho-no-hay-derechos-llegamos-tarde-desahucio-anciana-94-anos_129_11514496.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jul 2024 15:56:33 +0000]]></pubDate>
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