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    <title><![CDATA[elDiario.es - Murcia y aparte]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Murcia y aparte]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Arden las calles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/arden-calles_132_13604779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59e71ed4-73c3-43f6-b8f4-4bad8162a972_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x608y594.jpg" width="1200" height="675" alt="Arden las calles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 91% de los municipios de la Región de Murcia se sitúa entre el 25% de los municipios con menor renta de España, con una renta media neta inferior a 13.218 euros anuales por habitante, según el Atlas de Distribución de Renta de los Hogares del INE, con datos de 2024. Es la proporción más alta de todas las comunidades autonómas</p></div><p class="article-text">
        Arden las calles. En Francia se suceden los tumultos, los saqueos e incluso se incendian edificios hist&oacute;ricos como el ayuntamiento de Limoges. En Madrid, sin llegar a esos extremos, prosigue la acampada de Sol, imitada en otras ciudades espa&ntilde;olas, para reclamar el derecho a una vivienda digna mientras el profesorado hace huelga para mejorar las condiciones y la financiaci&oacute;n de la educaci&oacute;n p&uacute;blica. En ambos casos, en las fechas previas a unas elecciones, el 29N en el caso de Espa&ntilde;a, y las elecciones presidenciales del pr&oacute;ximo mes de abril en el pa&iacute;s vecino, y con la intervenci&oacute;n violenta de la polic&iacute;a como nexo de uni&oacute;n. Italia, Albania, Serbia, B&eacute;lgica, son escenarios de las protestas, sobre todo por parte de la juventud, contra el coste de vida y los recortes educativos. Muchas manifestaciones terminan en enfrentamientos violentos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la derecha y la ultraderecha de los pa&iacute;ses europeos acusan a los manifestantes de poco menos ser &ldquo;terroristas de extrema izquierda&rdquo;, de ser unos &ldquo;mamarrachos&rdquo; (Ayuso dixit), o culpan a la inmigraci&oacute;n de estos conflictos, se obvia el origen de esta situaci&oacute;n que afecta a gran parte de la sociedad, en la que la dificultad de acceder a una vivienda es la punta del iceberg. El coste de la vida va muy por delante de la subida de los salarios, imposibilitando el ahorro; se generalizan los trabajos precarios, sobre todo entre la juventud, que impiden su emancipaci&oacute;n; se ahondan las diferencias entre ricos y pobres, etc...
    </p><p class="article-text">
        El 91% de los municipios de la Regi&oacute;n de Murcia se sit&uacute;a entre el 25% de los municipios con menor renta de Espa&ntilde;a, con una renta media neta inferior a 13.218 euros anuales por habitante, seg&uacute;n el Atlas de Distribuci&oacute;n de Renta de los Hogares del INE, con datos de 2024. Es la proporci&oacute;n m&aacute;s alta de todas las comunidades auton&oacute;mas. S&oacute;lo cuatro municipios, Murcia, Cartagena, Oj&oacute;s y Molina de Segura, superan esa cifra, pero para situarse en el escalaf&oacute;n siguiente, los municipios con renta media-baja, lo que no invita al entusiasmo. Mientras tanto, el precio medio del alquiler en la Regi&oacute;n de Murcia supera por primera vez los 800 euros. Todo esto provoca que la quinta parte de las trabajadoras y trabajadores de la Regi&oacute;n, el 20%, a pesar de tener un empleo, est&eacute; por debajo del umbral de la pobreza. 
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a lidera el crecimiento econ&oacute;mico de la UE, con previsiones de aumentar el PIB un 2,4% en 2026, el triple que la media europea y, por primera vez en d&eacute;cadas, la tasa de paro est&aacute; por debajo del 10%. Sin embargo, ese crecimiento no alcanza a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, y se sustenta gracias a la precariedad laboral. La juventud actual, la llamada 'generaci&oacute;n Z', es la generaci&oacute;n mejor preparada de la historia. M&aacute;s de la mitad de los y las j&oacute;venes de entre 25 y 34 a&ntilde;os poseen estudios superiores, cuando en el a&ntilde;o 2000 esa cifra no llegaba al 35%. Pero ese nivel educativo no se corresponde con el tipo de empleo que suelen desempe&ntilde;ar. Seg&uacute;n la OCDE, en Espa&ntilde;a, m&aacute;s del 35% de los trabajadores con estudios superiores ocupan puestos que no requieren ese nivel, frente a una media del 22-23% en los pa&iacute;ses del entorno, y su salario no les permite independizarse de sus padres. Es la primera generaci&oacute;n que vive peor que lo hicieron sus padres, lo que crea una sensaci&oacute;n de frustraci&oacute;n y de que, por mucho que se esfuercen, no llegan a cumplir sus objetivos, tan sencillos como iniciar una vida independiente y, mucho menos, vivir en pareja o fundar una familia.
    </p><p class="article-text">
        Es com&uacute;n que los estudiantes compartan piso para poder hacer frente a los gastos de vivienda. Pero esta circunstancia alcanza tambi&eacute;n a j&oacute;venes adultos con empleo, en los que la crisis habitacional est&aacute; obligando tambi&eacute;n a personas mayores de 35 o incluso 55 a&ntilde;os a compartir piso por necesidad. La mayor&iacute;a social ha estado demasiado tiempo callada, viendo c&oacute;mo las grandes empresas del Ibex-35, los bancos, las empresas energ&eacute;ticas, las grandes distribuidoras de alimentaci&oacute;n, multiplican sus beneficios mientras es cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil llegar a fin de mes. Los sindicatos han convocado una huelga para el pr&oacute;ximo 11 de noviembre, justo antes del inicio de la campa&ntilde;a electoral. Esta huelga va dirigida tanto al actual gobierno como al que venga despu&eacute;s, sea del signo que sea. Es una llamada de atenci&oacute;n a los poderes p&uacute;blicos de que ya no bastan las palabras, sino que es imperioso pasar a la acci&oacute;n para cambiar esta situaci&oacute;n. Esperemos que tomen nota.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico García Charton]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/arden-calles_132_13604779.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Oct 2026 04:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Arden las calles]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dolor en los desahucios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/dolor-desahucios_132_13589121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9caffc4c-e195-4931-8712-d6baa95b7b0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x905y290.jpg" width="1200" height="675" alt="Dolor en los desahucios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pérdida del hogar produce un inmenso dolor, destroza y marca de por vida. Se pierde salud mental y también física</p></div><p class="article-text">
        La experiencia personal y desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de acompa&ntilde;ar a familias en los procesos de desahucio est&aacute; marcada por el dolor que las v&iacute;ctimas sienten y que expresan como pueden entre sollozos y balbuceos. Es un dolor desgarrador que les rompe la vida y que no les permite mirar a sus hijos e hijas porque tienen el convencimiento de que les dejan sin futuro. En cierta ocasi&oacute;n, una madre me dec&iacute;a con l&aacute;grimas en los ojos que c&oacute;mo le iba a explicar a sus hijos que ten&iacute;an que abandonar su casa, irse de su colegio y alejarse de sus amigos y amigas; que cuando sus hijos le preguntar&aacute;n el porqu&eacute; no sab&iacute;a qu&eacute; les iba a responder.
    </p><p class="article-text">
        La muerte de Maricarmen, esa gran mujer luchadora de 87 a&ntilde;os desahuciada de su hogar en Madrid, nos ha conmocionado en lo m&aacute;s profundo de nuestro coraz&oacute;n y es el reflejo de una sociedad donde el dinero se ha convertido en idolatr&iacute;a y en su altar sacrificamos vidas humanas, sobre todo, de los m&aacute;s vulnerables. Enseguida han saltado los adoradores del dinero lanzando su odio y desprecio contra Maricarmen porque ha luchado por su hogar en una zona de Madrid que se considera de rentas altas. Dec&iacute;an despectivamente de una manera resumida: &iquest;c&oacute;mo una mujer pensionista que paga 500 euros y no puede pagar m&aacute;s pretende quedarse en esa vivienda? Fuera, vividora y vete a una zona m&aacute;s pobre, que es donde te corresponde.
    </p><p class="article-text">
        Mi experiencia personal en los desahucios es ver un gran dolor. Muchas veces desde el silencio, la verg&uuml;enza y la culpabilidad. La p&eacute;rdida del hogar produce un inmenso dolor, destroza y marca de por vida. Se pierde salud mental y tambi&eacute;n f&iacute;sica. Es el dolor de los desahucios. La toma de ansiol&iacute;ticos se convierte en la &uacute;nica forma de soportar este dolor porque la pregunta d&oacute;nde ir&eacute; y qu&eacute; va a ser de nuestras vidas se convierten en un martillo emocional. Los menores y adolescentes que sufren un desahucio se encuentran con un terrible trauma que los marca para siempre. Se a&iacute;slan y mueren por dentro, al igual que sus padres y madres.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; raz&oacute;n llevaba Hannah Arendt cuando afirmaba que &ldquo;la muerte de la empat&iacute;a humana es uno de los primeros y m&aacute;s reveladores signos de una cultura a punto de caer en la barbarie&rdquo;. Quieren los poderosos, esas &eacute;lites econ&oacute;micas, financieras, sociales y pol&iacute;ticas que muera la empat&iacute;a, que alcancemos un grado tal de insensibilizaci&oacute;n y deshumanizaci&oacute;n que nos lleve a justificar las injusticias sociales y legitimar el sufrimiento de los dem&aacute;s. Se trata de apoyar esas pol&iacute;ticas de avaricia, codicia y ambici&oacute;n de los adinerados y despotricar, maldecir y humillar a los m&aacute;s empobrecidos y m&aacute;s vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Un peque&ntilde;o homenaje a Maricarmen y a todas las maric&aacute;rmenes que han sufrido un desahucio y que han perdido la vida porque no son muertes naturales; son muertes sociales porque este sistema cruel y b&aacute;rbaro les quit&oacute; la vida, las mataron. De ah&iacute;, el lema 'no son muertes, son asesinatos'. 
    </p><p class="article-text">
        El mayor homenaje son todas esas acampadas en tantos lugares de la geograf&iacute;a espa&ntilde;ola en reivindicaci&oacute;n del derecho a la vivienda con medidas que la hagan realidad. Tambi&eacute;n le a&ntilde;ado el derecho al trabajo digno y a una vida digna, tal y como es el lema de la huelga general del 11 de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        Sue&ntilde;o con que la empat&iacute;a despierta nuestra sensibilizaci&oacute;n con el sufrimiento y el dolor de los dem&aacute;s, pero para ello hay que destronar la idolatr&iacute;a del dinero y poner en el centro la vida de toda persona con toda su dignidad, empatizar con su dolor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Sánchez, 'el cura de la PAH']]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/dolor-desahucios_132_13589121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2026 04:00:21 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Bon jour, Ginesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bon-jour-ginesa_132_13587126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43dee899-8674-4c28-aa66-fa25097e6468_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x922y589.jpg" width="1200" height="675" alt="Bon jour, Ginesa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nueva libertad no lleva gorro frigio ni se llama Marianne, seguramente no pasará al Olimpo de las activistas, pero que importa eso ahora</p></div><p class="article-text">
        Resulta que ser cenizo es algo inevitable porque forma parte de nuestra bendita humanidad. &nbsp;Esto es una mala noticia para los psic&oacute;logos y los coach. Los primeros podr&aacute;n decir por fin que tener miedo es l&oacute;gico, puesto que nuestras patolog&iacute;as se asocian a la poca calidad de vida, la incertidumbre, a la ausencia de relato. Si son honestos nos recomendar&aacute;n entonces afiliarnos a un sindicato. A los segundos no les funcionar&aacute; ya lo del <em>mindfulness</em>, ni la respiraci&oacute;n asistida con inspiradoras frases. Me dejo a los <em>influencers</em> a prop&oacute;sito, pues al tributar la mayor&iacute;a en Andorra, no merecen consideraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El miedo no es una sensaci&oacute;n cobarde, sino de alerta ante el peligro. Lo llevamos en la sangre desde las cavernas. Por eso las malas noticias venden m&aacute;s. Lo explic&oacute; hace unos d&iacute;as, con mejores argumentos, en el ciclo &lsquo;Cartagena Piensa&rsquo;, Fernando Valladares, brillant&iacute;simo bi&oacute;logo del Centro Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas, optimista irredento, experto en Cambio Clim&aacute;tico y divulgador. Tiene el raro don de explicar muy sencillo el verbo cient&iacute;fico, tan alejado de nuestras mentes de peat&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuerpo y cerebro reaccionan con mucha m&aacute;s fuerza a los est&iacute;mulos negativos, buscan seguridad antes que entrar en raz&oacute;n. Con estos elementos tan b&aacute;sicos, directos a las tripas, se dise&ntilde;a la propaganda m&aacute;s feroz y efectiva. Por eso unos j&oacute;venes cantan &lsquo;Monta&ntilde;as Nevadas&rsquo;, El &lsquo;Careto al sol&rsquo; o el &lsquo;Oriamendi&rsquo;. &iquest;Sabr&aacute;n, en su ciego ardor guerrero, que la letra del himno carlista se escribi&oacute; en euskera?. Dig&aacute;moslo claro, lo que s&iacute; saben de pe a p&aacute; mayor las &uacute;ltimas generaciones de chicas y chicos son todas las canciones de nuestra Rosal&iacute;a, diva suprema, musa de la diversidad. Los de la caverna son violentos, es otra evidencia. La buena noticia que el cerebro l&iacute;mbico debe registrar es que, frente a ese ruido amenazante, existe todo un nuevo movimiento que se organiza, vota, razona.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Cuando la dopamina se ha liado en plan rom&aacute;ntico con el algoritmo, se produce en redes la recompensa intermitente o <em>doomscrulling</em>, que as&iacute; escrito todo junto parece lenguaje de <em>gym,</em> aunque quiere decir lectura compulsiva de noticias feas. En estos d&iacute;as se han consumido bastantes m&aacute;s de las digeribles, algunas de ellas con acento murciano. Se trata, como ya sabemos todos por nuestros m&oacute;viles de cabecera, del D&iacute;a de la Hispanidad, donde tambi&eacute;n las evidencias apuntan a que hab&iacute;a mucho Acho, espero por favor que sin autob&uacute;s ni bocadillo de mortadela. Otra vez m&aacute;s el <em>fascischorus line</em> habitual contra presidente. Desde luego, parec&iacute;a todo orquestado. En este pa&iacute;s, con la bendici&oacute;n de los subcampeones de la oposici&oacute;n, el insulto ya es protocolo tradicional.&nbsp;Pero una cosa, queridos odiadores: de verdad que aburre mucho esto, qu&eacute; pereza.
    </p><p class="article-text">
        A por at&uacute;n y ver al duque, el tour carpetovet&oacute;nico tambi&eacute;n fue a la Puerta del Sol a insultar, provocar, pero sobre todo defender a Espa&ntilde;a y su bandera. All&iacute; hemos conocido a la nueva libertad guiando al pueblo, una concejala popular de Torre Pacheco, (&iquest;otra vez?) gritando a los j&oacute;venes acampados insultos que por aqu&iacute; no quiero ni debo transcribir. Palabras de pol&iacute;tica de altura, que jam&aacute;s sabr&iacute;an entender Voltaire, Rousseau, Diderot, ni Montesquieu. Frases cortas, a veces de solo un par de s&iacute;labas. O tres, pero vaya contundencia.
    </p><p class="article-text">
        La se&ntilde;ora, su clara inteligencia, la dicci&oacute;n perfecta, esa exquisita educaci&oacute;n, junto a su mini coral juvenil han dado la vuelta al pa&iacute;s, otro orgullo m&aacute;s para nuestra regi&oacute;n. La nueva libertad no lleva gorro frigio ni se llama Marianne, seguramente no pasar&aacute; al Olimpo de las activistas, pero que importa eso ahora. Bonjour et bienvenue, Ginesa. Conociendo el percal de esta tierra tan muda para reaccionar, supongo que a las mujeres de todas las edades de su partido les habr&aacute; parecido bien tan estelar aparici&oacute;n. Ya saben, una admiradora, una amiga, una esclava, una sierva.
    </p><p class="article-text">
        A pocos metros de la charla de Fernando Valladares, un peque&ntilde;o grupo asisti&oacute; ese d&iacute;a a la inauguraci&oacute;n de la nueva iluminaci&oacute;n del Palacio Consistorial. Esa parte institucional, silenciosa, solemne. En la otra esquina, cientos de j&oacute;venes aplaud&iacute;an al cient&iacute;fico. Conviviendo en paz, futuro y statu quo, como siempre debe ser. No s&eacute; por qu&eacute;, lo que de verdad brillaba fuerte no eran las luces del Ayuntamiento. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazarena Balaguer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bon-jour-ginesa_132_13587126.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2026 04:00:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bon jour, Ginesa]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[La revolución de los cuidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/revolucion-cuidados_132_13583954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/676ad225-cb68-41df-8810-e74c3fe007be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La revolución de los cuidados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestra autonomía es, en buena medida, el resultado de cuidados previos que preferimos olvidar</p></div><p class="article-text">
        Hab&iacute;a pensado escribir un art&iacute;culo sobre los movimientos sociales en Espa&ntilde;a, un tema sobre el que ten&iacute;a algunas ideas y no pocas dudas, pero durante el viaje de regreso a Murcia ocurri&oacute; algo que me hizo cambiar de prop&oacute;sito. En el tren, cerca de m&iacute;, viajaba una pareja de personas mayores. Ella parec&iacute;a padecer alguna enfermedad, aunque no pod&iacute;a saberlo. &Eacute;l estaba pendiente de sus movimientos, le preparaba la comida y despu&eacute;s le daba sus medicinas, la ayudaba sin que tuviera que ped&iacute;rselo y, de vez en cuando, la besaba en la cara. No eran besos distra&iacute;dos, de esos que damos casi por costumbre, sino besos que parec&iacute;an decir algo que yo, naturalmente, desconoc&iacute;a. Me enamor&oacute; aquella ternura, quiz&aacute; porque no es frecuente presenciarla entre desconocidos, o quiz&aacute; porque nos hemos acostumbrado a no mirar.
    </p><p class="article-text">
        Ignoro cu&aacute;nto tiempo llevaban juntos ni qu&eacute; dificultades hab&iacute;an atravesado. Durante unas horas, contempl&eacute; a alguien cuidando a otra persona sin que pareciera esperar nada a cambio. Anne Carson ha escrito sobre esa distancia que persiste incluso entre quienes se aman, sobre aquello que nunca llegamos a conocer ni a poseer del otro. Pens&eacute; que quiz&aacute; cuidar consista tambi&eacute;n en eso, es decir, en permanecer cerca sin pretender que la vida ajena nos pertenezca. Y comprend&iacute; que deb&iacute;a escribir sobre los cuidados, esa palabra corriente para una realidad de la que depende casi todo.
    </p><p class="article-text">
        Nos gusta pensar que somos independientes, que nuestra vida nos pertenece y que hemos llegado hasta donde estamos por nuestros propios m&eacute;ritos. Olvidamos, acaso por conveniencia, que antes de poder elegir alguien nos sostuvo, nos aliment&oacute; y nos protegi&oacute;, y que probablemente volveremos a necesitarlo. Nuestra autonom&iacute;a es, en buena medida, el resultado de cuidados previos que preferimos olvidar.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos, empero, en una &eacute;poca en la que la l&oacute;gica del mercado parece haberse extendido m&aacute;s all&aacute; de la econom&iacute;a. El neoliberalismo no explica por s&iacute; solo nuestras transformaciones sociales, pero ha contribuido a consolidar una manera de pensar que mide las relaciones por lo que aportan y a las personas por su utilidad. Algunos gobernantes administran el Estado como una empresa y tratan a los ciudadanos como clientes. Nosotros tampoco estamos libres de esa tentaci&oacute;n. Hasta el lenguaje del afecto parece tomado de la contabilidad: invertir en una relaci&oacute;n, valorar lo recibido, calcular si merece la pena continuar.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, no deber&iacute;amos confundir el compromiso con la obligaci&oacute;n de permanecer donde nos hacen da&ntilde;o. La libertad de abandonar relaciones perjudiciales constituye una conquista irrenunciable. Pero una cosa es poder marcharse y otra suponer que nuestras decisiones no dejan consecuencias en quienes permanecen. A veces confundimos la autonom&iacute;a con no deber nada a nadie, como si ser libres nos dispensara de responder por nuestros actos.
    </p><p class="article-text">
        Cuidar supone resistirse a esa indiferencia. No significa complacer siempre, renunciar a uno mismo ni sustituir la voluntad ajena. Significa reconocer que el otro tiene una biograf&iacute;a que desconocemos y una dignidad independiente de lo que pueda ofrecernos. Nadie puede hacerse cargo de todas las vidas, pero tampoco deber&iacute;amos comportarnos como si la nuestra fuera la &uacute;nica que importara.
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; algo de esto durante mi participaci&oacute;n en la PAH. Recuerdo especialmente un desahucio que conseguimos paralizar, el de una pareja de ancianos que nos abrazaron llorando hasta que terminamos llorando con ellos. Dos compa&ntilde;eras y yo continuamos visit&aacute;ndolos hasta que fallecieron. Fueron, de alg&uacute;n modo, mis abuelos pol&iacute;ticos. Hab&iacute;amos acudido para impedir una injusticia y encontramos una relaci&oacute;n que sobrevivi&oacute; a aquella ma&ntilde;ana. Comprend&iacute; entonces que la solidaridad no termina cuando desaparecen las pancartas y que cuidar tambi&eacute;n significa permanecer cuando nadie nos observa.
    </p><p class="article-text">
        Pero nadie deber&iacute;a depender de encontrar personas generosas para conservar su vivienda o recibir atenci&oacute;n sanitaria. El Estado de bienestar expresa precisamente esa convicci&oacute;n: que una sociedad no puede juzgarse &uacute;nicamente por la riqueza que produce, sino tambi&eacute;n por las vidas que protege. La eficiencia de los servicios p&uacute;blicos importa, desde luego, porque los recursos son limitados; lo que resulta dif&iacute;cilmente defendible es convertir la rentabilidad en su finalidad &uacute;ltima. Quienes ejercen el poder deber&iacute;an recordarlo: gobernar no consiste solo en defender convicciones, sino en responder por las consecuencias previsibles de las decisiones, especialmente para quienes apenas tienen voz. Y esa responsabilidad exige controles y garant&iacute;as, no solo buenas intenciones.
    </p><p class="article-text">
        El Derecho comienza a reconocerlo. En 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoci&oacute;, mediante una opini&oacute;n consultiva, el cuidado como un derecho humano aut&oacute;nomo, articulado en tres dimensiones: ser cuidado, cuidar y autocuidado. Es una referencia relevante, aunque no incorpore, por s&iacute; misma, un nuevo derecho fundamental al ordenamiento espa&ntilde;ol. Tampoco se trata de imponer afectos, algo tan imposible como indeseable, sino de garantizar condiciones para que cuidar y recibir cuidados no supongan sacrificar la propia dignidad ni perpetuar su reparto desigual, todav&iacute;a soportado en gran medida por las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; necesitemos tambi&eacute;n una constituci&oacute;n de cuidados. No otra Constituci&oacute;n, sino una lectura m&aacute;s exigente de la nuestra, que proclama a Espa&ntilde;a como Estado social y democr&aacute;tico de Derecho, reconoce la dignidad humana y obliga a promover una libertad y una igualdad reales y efectivas. Una constituci&oacute;n de cuidados no exigir&iacute;a que nos quisi&eacute;ramos, sino que enfermar, envejecer o cuidar de alguien no implicara perder la propia autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esa responsabilidad tambi&eacute;n alcanza a nuestra convivencia democr&aacute;tica. Los movimientos sociales recuerdan que cuidar no siempre significa acompa&ntilde;ar en silencio; a veces exige protestar y transformar las instituciones. La defensa del Mar Menor ofrece un ejemplo: una movilizaci&oacute;n ciudadana contribuy&oacute; a que la Ley 19/2022 reconociera la personalidad jur&iacute;dica a la laguna y a su cuenca. Tambi&eacute;n podemos proteger aquello que no tiene voz y de lo que depender&aacute;n quienes todav&iacute;a no han nacido.
    </p><p class="article-text">
        Pero ninguna causa justa nos exime de escuchar a quienes discrepan. Cuidar la democracia exige defender sus instituciones sin confundirlas con quienes las ocupan, reconocer nuestros errores y recordar que el adversario no deja de ser una persona.
    </p><p class="article-text">
        He seguido pensando en aquel hombre del tren, en la manera en que preparaba la merienda de su compa&ntilde;era y la besaba como si aquel gesto, repetido quiz&aacute; durante a&ntilde;os, conservara intacto su sentido. Ninguna ley puede imponer una ternura semejante; pero acaso deber&iacute;amos juzgar nuestras leyes, nuestras instituciones y nuestra idea de progreso por lo que hacen para que nadie quede abandonado cuando m&aacute;s necesita de los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil Gandía]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/revolucion-cuidados_132_13583954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2026 04:00:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La revolución de los cuidados]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tortuga mora, en peligro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/tortuga-mora-peligro_132_13582786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08261813-24e3-4c6d-877b-38421833e264_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La tortuga mora, en peligro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
La carretera se ha convertido en un riesgo mortal para las tortugas</p></div><p class="article-text">
        La tortuga mora (<em>Testudo graeca</em>) es una especie muy valiosa del sureste y un emblema del patrimonio natural de nuestra tierra. La regi&oacute;n alberga cerca del 60% de su poblaci&oacute;n. Es una tortuga terrestre estrictamente protegida y declarada como vulnerable ante el riesgo de extinci&oacute;n. Sus poblaciones principales se encuentran en Lorca, &Aacute;guilas, Puerto Lumbreras, Mazarr&oacute;n y Cartagena. Necesitamos medidas activas urgentes para revertir esta situaci&oacute;n de riesgo.
    </p><p class="article-text">
        La tortuga mora es, como todos los reptiles, un animal ectotermo o de sangre fr&iacute;a y no supera el kilogramo de peso. El h&aacute;bitat de la tortuga est&aacute; compuesto de matorral con especies como albaida, romero, cornical, espino o esparto, que conforman tipos de h&aacute;bitats de inter&eacute;s comunitario seg&uacute;n la Directiva H&aacute;bitats. Este matorral se puede mezclar con peque&ntilde;as extensiones cultivadas en secano o formaciones abiertas de pino carrasco o de encina. Presenta dos periodos de inactividad (invierno y verano) que se alternan con dos de actividad (primavera y oto&ntilde;o), siendo la actividad primaveral m&aacute;s importante que la de oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Unas de las amenazas principales es la fragmentaci&oacute;n y p&eacute;rdida de sus h&aacute;bitats, causados por la actividad agr&iacute;cola intensiva y la urbanizaci&oacute;n. La agroindustria intensiva, el urbanismo y las infraestructuras se perfilan como principales causantes de la fragmentaci&oacute;n y p&eacute;rdida del 22% del h&aacute;bitat de la especie, ya que son las actividades que m&aacute;s transforman el territorio. Los incendios forestales tambi&eacute;n afectan a esta especie de una manera significativa. Hay que tomar diferentes medidas de protecci&oacute;n, algunas voluntarias en forma de buenas pr&aacute;cticas, otras consensuadas con los propietarios de los terrenos, para mejorar la conexi&oacute;n entre &aacute;reas que se encuentran actualmente aisladas. 
    </p><p class="article-text">
        La carretera se ha convertido en un riesgo mortal para las tortugas. Se necesitan se&ntilde;ales verticales de tr&aacute;fico que informen de la presencia de fauna silvestre y un&nbsp;mayor control de la velocidad de los veh&iacute;culos. Los atropellos en v&iacute;as que cruzan espacios naturales causan una alta mortalidad. Hace dos a&ntilde;os, la asociaci&oacute;n ambiental de &Aacute;guilas, Amacope, denunciaba la elevada mortandad por atropello de ejemplares de tortuga mora en la carretera que une las playas aguile&ntilde;as de Calabardina y El Sombrerico, en el parque natural de Cabo Cope y Calnegre
    </p><p class="article-text">
        Otra amenaza es la recogida de tortugas silvestres para usarlas como mascotas, que est&aacute; catalogada como delito. Liberar ejemplares criados en cautividad tiene un impacto negativo porque introduce enfermedades y debilita la gen&eacute;tica de las poblaciones silvestres. Las hibridaciones, derivadas de la suelta de estos ejemplares, suponen impactos graves en sus poblaciones. A esta situaci&oacute;n se suman las consecuencias del calentamiento global y el cambio clim&aacute;tico, que desplaza el h&aacute;bitat de la tortuga hacia el norte, a mayor velocidad de la que la especie puede adaptarse.
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima d&eacute;cada, se ha realizado un seguimiento bastante exhaustivo por parte de la Universidad Miguel Hern&aacute;ndez, en el que diversas organizaciones ambientales han colaborado en algunas localizaciones; obteniendo mucha informaci&oacute;n de la especie, con estudios gen&eacute;ticos, de enfermedades, par&aacute;sitos, mutaciones, etc. Hay que afrontar el problema de su conservaci&oacute;n con acciones efectivas de nuestras administraciones, en un contexto de calentamiento global y m&uacute;ltiples amenazas.
    </p><p class="article-text">
        La Consejer&iacute;a de Medio Ambiente ha elaborado un proyecto de un Plan de Conservaci&oacute;n de la Tortuga Mora, con el objetivo de regular el uso del suelo rural, la restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica y garantizar la supervivencia de la especie; con aportaciones muy significativas de Ecologistas en Acci&oacute;n. Hubo una aprobaci&oacute;n inicial en 2025, pero no su aprobaci&oacute;n definitiva ni su puesta en pr&aacute;ctica hasta la fecha.
    </p><p class="article-text">
        El pasado agosto, el estado espa&ntilde;ol envi&oacute; a la Comisi&oacute;n Europea el proyecto de Plan Nacional de Restauraci&oacute;n de la Naturaleza, una hoja de ruta que deber&aacute; concretarse antes de septiembre de 2027. La identificaci&oacute;n de buena parte de los h&aacute;bitats deteriorados es la adecuada, pero hay omisiones relevantes para la regi&oacute;n como la tortuga mora. Es necesario ampliar los objetivos del plan y revisar algunas exclusiones como esta.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra sociedad civil y sus instituciones tiene la obligaci&oacute;n legal y moral de conservar esta especie singular, que deber&iacute;a ser considerada un emblema regional y un patrimonio natural; de cuya conservaci&oacute;n se puede sentir leg&iacute;timo orgullo. El reto de llegar a ser una sociedad ambiental y resiliente es hacer compatible la actividad econ&oacute;mica con la conservaci&oacute;n de especies emblem&aacute;ticas de nuestro territorio, de cuya custodia somos responsables.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro Belmonte Espejo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/tortuga-mora-peligro_132_13582786.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 04:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tortuga mora, en peligro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién rescatará al voto náufrago?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/rescatara-voto-naufrago_132_13570899.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/add5154a-ee0b-43b2-b7ea-4a0107f845ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién rescatará al voto náufrago?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No creo que haga falta otro partido bisagra. Creo que los que ya existen deberían preguntarse cuánta gente han ido dejando varada por el camino
</p></div><p class="article-text">
        Siempre se ha dicho que la derecha vota. Que vota siempre. Mientras, una parte de la izquierda se queda en casa porque no le convence el candidato, est&aacute; enfadada con su partido o sencillamente siente que no cree ni quiere formar parte del sistema. Eso s&iacute;, despu&eacute;s puede pasarse cuatro a&ntilde;os quej&aacute;ndose del resultado.
    </p><p class="article-text">
        Pero si traz&aacute;semos una l&iacute;nea divisoria entre el sistema y nosotros, nos partir&iacute;amos por la mitad, porque somos sistema, tambi&eacute;n cuando decidimos no participar. Y la abstenci&oacute;n tiene consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez me interesa menos qui&eacute;n es de izquierdas o de derechas y centro m&aacute;s mi inter&eacute;s en qui&eacute;n ha dejado de saber a qui&eacute;n votar. Porque creo que hay un voto que durante mucho tiempo hemos llamado indeciso, desencantado o hu&eacute;rfano, pero empiezo a pensar que se parece m&aacute;s a un voto n&aacute;ufrago.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El hu&eacute;rfano ha perdido a alguien. El n&aacute;ufrago ha perdido el barco.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y puede seguir sabiendo perfectamente de d&oacute;nde viene. Puede continuar siendo de izquierdas o de derechas, pero haber dejado de reconocer como propio el barco en el que viajaba.
    </p><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha agrandado la ruptura entre una parte de la ciudadan&iacute;a y quienes la representan. Corrupci&oacute;n, promesas incumplidas, reproches cruzados y un Congreso que demasiadas veces contemplamos como un circo donde importa m&aacute;s demostrar que la culpa es del otro que encontrar una soluci&oacute;n. La gente se cansa y, sobre todo, se agota de que la tomen por tonta. Ah&iacute; empieza a romperse algo m&aacute;s importante que la fidelidad a unas siglas: la credibilidad.
    </p><p class="article-text">
        La Regi&oacute;n de Murcia ofrece estos d&iacute;as una fotograf&iacute;a especialmente interesante. El &uacute;ltimo Bar&oacute;metro de Verano del CEMOP sit&uacute;a al PP en el 43,1% de los votos, a Vox como segunda fuerza con un 25,4%, al PSOE en el 17,7% y a Podemos-IU-AV en el 5,3%.
    </p><p class="article-text">
        Pero esa fotograf&iacute;a tiene una particularidad: fue tomada antes de que Pedro S&aacute;nchez anunciara las elecciones generales del 29 de noviembre. El trabajo de campo termin&oacute; el 17 de septiembre. Por tanto, el CEMOP nos dice d&oacute;nde estaban los electores antes de que comenzara una campa&ntilde;a que intentar&aacute; precisamente moverlos.
    </p><p class="article-text">
        Y me interesa mucho m&aacute;s eso que la clasificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La inmigraci&oacute;n, la vivienda y el coste de la vida aparecen entre las preocupaciones de los murcianos. Hay un dato especialmente revelador: el 72,1% de los encuestados considera que el impacto de la inmigraci&oacute;n irregular influir&aacute; en su voto.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de votar ya no somos solamente lo que pensamos. Tambi&eacute;n somos lo que necesitamos.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; volvemos al n&aacute;ufrago.
    </p><p class="article-text">
        Hay antiguos votantes socialistas decepcionados. Hay votantes de una derecha moderada que pod&iacute;an reconocerse en un Partido Popular de gesti&oacute;n, experiencia y sentido institucional y que ahora contemplan su negociaci&oacute;n constante con Vox. Hay antiguos votantes de Ciudadanos, quienes se abstuvieron y quienes siguen sin saber qu&eacute; har&aacute;n el 29 de noviembre cuando vuelvan a encontrarse delante de una urna.
    </p><p class="article-text">
        El voto n&aacute;ufrago no es necesariamente de centro. Ese es, creo, uno de los errores que cometemos al intentar situarlo. Seguimos empe&ntilde;ados en colocar al elector en una l&iacute;nea horizontal que va de izquierda a derecha cuando puede que &eacute;l est&eacute; preocupado por otra cosa: por su alquiler, por encontrar trabajo, por llegar a fin de mes, por la inmigraci&oacute;n, por los servicios p&uacute;blicos, por sus hijos, por la seguridad o por aquello que ma&ntilde;ana ocurra y hoy todav&iacute;a ni siquiera forma parte de la conversaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n puede servir para mantener movilizados a quienes ya est&aacute;n convencidos, pero no necesariamente para recuperar a quienes han dejado de estarlo. Cuando se rompe la confianza tambi&eacute;n se debilitan las fidelidades y entonces uno empieza a pensar menos en d&oacute;nde le dicen que debe situarse y m&aacute;s en qui&eacute;n podr&iacute;a resolver aquello que necesita.
    </p><p class="article-text">
        No creo que un nuevo partido de centro pudiera solucionarlo. Creo m&aacute;s bien en algo mucho menos sofisticado: la aplicaci&oacute;n del sentido com&uacute;n. Qu&eacute; pena que el PP haya dejado de utilizarlo como lema porque, en este momento, pocos mensajes podr&iacute;an tener m&aacute;s fuerza que reivindicar el menos com&uacute;n y probablemente m&aacute;s codiciado de los sentidos.
    </p><p class="article-text">
        No vamos a resucitar Ciudadanos. En lo que s&iacute; creo, con firmeza y con toda la ingenuidad que se me quiera atribuir, es en sentarse, acordar, gobernar, discrepar y volver a sentarse. Y no creo que haga falta otro partido bisagra. Creo que los que ya existen deber&iacute;an preguntarse cu&aacute;nta gente han ido dejando varada por el camino.
    </p><p class="article-text">
        Porque ah&iacute; puede estar una de las grandes disputas del 29 de noviembre: no solo convencer al que piensa como t&uacute;, sino recuperar a quien dej&oacute; de confiar en ti.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo CEMOP nos dice d&oacute;nde estaban muchos de esos electores antes de la convocatoria. Ahora empieza algo bastante m&aacute;s dif&iacute;cil: saber hacia d&oacute;nde se mover&aacute;n cuando tengan que decidir.
    </p><p class="article-text">
        El voto n&aacute;ufrago puede quedarse flotando, agarrarse a otro barco o decidir que ninguno merece todav&iacute;a su confianza. Los partidos har&aacute;n bien en no darlo por suyo y en hacer algo bastante m&aacute;s dif&iacute;cil: merecerlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Porque esta vez puede que ese voto n&aacute;ufrago alcance la orilla.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Nicolás Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/rescatara-voto-naufrago_132_13570899.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2026 04:01:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién rescatará al voto náufrago?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Puede el Trabajo Social ser sospechoso?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/trabajo-social-sospechoso_132_13559703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09219496-e356-465c-8c0c-183345c2e03c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Puede el Trabajo Social ser sospechoso?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos una sociedad que reconozca a quienes sostienen nuestros servicios sociales y que no permita que una profesión tan imprescindible como el Trabajo Social sea utilizada como munición en la batalla política</p></div><p class="article-text">
        Hay momentos en los que una sociedad deber&iacute;a detenerse y preguntarse hasta d&oacute;nde estamos dispuestos a llegar y la Regi&oacute;n de Murcia est&aacute; viviendo uno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        El discurso de la derecha sobre inmigraci&oacute;n ya no se limita a reclamar m&aacute;s control de las fronteras, m&aacute;s medios para la Guardia Civil o una pol&iacute;tica eficaz contra las mafias. El siguiente paso es mucho m&aacute;s preocupante, convertir en sospechosos a quienes ayudan a las personas migrantes.
    </p><p class="article-text">
        Vox lleva tiempo cuestionando la labor de las ONG que trabajan con migrantes, present&aacute;ndolas como parte del supuesto &ldquo;efecto llamada&rdquo; y poniendo en cuesti&oacute;n la financiaci&oacute;n p&uacute;blica de sus programas. Y el PP de L&oacute;pez Miras, lejos de plantar cara a ese discurso, ha endurecido progresivamente su posici&oacute;n sobre inmigraci&oacute;n para disputar a Vox ese espacio pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es peligroso, el migrante deja de ser una persona con derechos para convertirse en un problema pol&iacute;tico, y quien lo atiende, es sospechoso de colaborar con ese problema.
    </p><p class="article-text">
        Hay una v&iacute;ctima de esta batalla de la que se habla demasiado poco, los profesionales que trabajan cada d&iacute;a con las personas m&aacute;s vulnerables y entre ellos, los Trabajadores Sociales.
    </p><p class="article-text">
        Una profesi&oacute;n esencial y, sin embargo, insuficientemente reconocida en Espa&ntilde;a. Profesionales que no se limitan a conceder ayudas, como algunos pretenden hacer creer. Eval&uacute;an situaciones sociales, elaboran diagn&oacute;sticos, dise&ntilde;an intervenciones, acompa&ntilde;an procesos de inclusi&oacute;n, protegen a menores y familias, coordinan recursos y administraciones y trabajan para que las personas puedan recuperar autonom&iacute;a y ejercer sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un trabajador social atiende a una persona migrante no est&aacute; haciendo pol&iacute;tica migratoria. Est&aacute; haciendo su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando interviene con un menor extranjero no acompa&ntilde;ado, no est&aacute; premiando la inmigraci&oacute;n irregular. Est&aacute; protegiendo a un menor.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una ONG proporciona alojamiento, orientaci&oacute;n jur&iacute;dica o atenci&oacute;n social, no est&aacute; organizando ninguna invasi&oacute;n. Est&aacute; intentando resolver, con recursos muchas veces insuficientes, una realidad que las administraciones p&uacute;blicas no pueden ignorar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta especialmente injusto que se est&eacute; instalando un discurso que coloca bajo sospecha a quienes desempe&ntilde;an esas tareas.
    </p><p class="article-text">
        Porque detr&aacute;s de cada expediente hay un profesional. Detr&aacute;s de cada informe hay formaci&oacute;n, conocimiento, responsabilidad y muchas horas de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        El Trabajo Social no es caridad. Es una profesi&oacute;n. Y una sociedad que necesita profesionales para atender a sus ciudadanos m&aacute;s vulnerables deber&iacute;a reconocerlos y dignificar su trabajo como merece.
    </p><p class="article-text">
        Las ONG tampoco organizan las pateras, controlan las mafias ni provocan las guerras o la pobreza. Atienden a personas que ya est&aacute;n aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Podemos discutir sobre fronteras, inmigraci&oacute;n irregular, recursos y seguridad. Es leg&iacute;timo y necesario.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no deber&iacute;a ser aceptable es convertir al migrante en chivo expiatorio y despu&eacute;s se&ntilde;alar como c&oacute;mplice a quien intenta ayudarlo.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; tambi&eacute;n deber&iacute;a escucharse con mucha m&aacute;s claridad la voz de la moral cat&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        No toda la Iglesia murciana permanece callada. Organizaciones y colectivos cat&oacute;licos de la Di&oacute;cesis de Cartagena han defendido p&uacute;blicamente la acogida, la dignidad y la convivencia.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso cabe preguntarse por qu&eacute; esa voz no resulta mucho m&aacute;s contundente cuando determinados discursos pol&iacute;ticos se&ntilde;alan al extranjero y ponen bajo sospecha a quien lo atiende. Porque hay silencios que tambi&eacute;n tienen consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Murcia conoce perfectamente la aportaci&oacute;n de la inmigraci&oacute;n. Miles de personas extranjeras trabajan en nuestros campos, empresas, servicios y hogares. Son parte de nuestra sociedad. Y tambi&eacute;n lo son quienes dedican su vida profesional a acompa&ntilde;arlas cuando m&aacute;s lo necesitan.
    </p><p class="article-text">
        No necesitamos una sociedad que castigue la solidaridad. Necesitamos una sociedad que reconozca a quienes sostienen nuestros servicios sociales y que no permita que una profesi&oacute;n tan imprescindible como el Trabajo Social sea utilizada como munici&oacute;n en la batalla pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando se empieza se&ntilde;alando al migrante, despu&eacute;s a la ONG, luego al trabajador social y finalmente a cualquiera que se atreva a defender la dignidad humana, el problema ya no es la inmigraci&oacute;n,<em><strong> </strong></em>es la clase de sociedad que queremos ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/trabajo-social-sospechoso_132_13559703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Oct 2026 04:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Puede el Trabajo Social ser sospechoso?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Código griego para echar a un nazi sin patadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/codigo-griego-echar-nazi-patadas_132_13554803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/984eb44a-83d6-4b37-ab7c-16298186b011_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1077y534.jpg" width="1200" height="675" alt="Código griego para echar a un nazi sin patadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace dos meses, los ceutíes advertían a los nazis patrios que acudieron a envenenar sus calles que ellos no son Torre Pacheco, donde hace unos días se presentó un partido ultra en el que hay dos condenados por delitos de odio</p></div><p class="article-text">
        Aunque haya pasado tiempo, la historia de Pot&agrave;mias, un pueblo peque&ntilde;o de la isla griega de Thassos deber&iacute;a contarse mucho, sobre todo ahora que de historias luminosas andamos flojos y, sobre todo, hambrientos. Si existiera un inventario de lecciones de la gente an&oacute;nima, esa misma que se escribe con may&uacute;scula, los hombres y mujeres de este peque&ntilde;o rinc&oacute;n del Egeo deber&iacute;an figurar. Son la muestra de que los matones no son nada si no hay miedo, que los superh&eacute;roes verdaderos son muchos m&aacute;s de lo que creemos, aunque quiz&aacute; nunca conozcamos sus nombres, ni veamos sus caras en un <em>reel.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; a finales de un fr&iacute;o marzo, hace m&aacute;s de trece a&ntilde;os. Estaban preparando su gran evento, la Feria del Pueblo, aunque hab&iacute;a poco que celebrar. Los griegos estaban sufriendo el segundo rescate bancario. La clase media hab&iacute;a perdido sus ahorros y tuvo que recurrir al comedor social. Se hac&iacute;an pagos con tarjetas de pl&aacute;stico, las legumbres costaban m&aacute;s que la langosta. Una generaci&oacute;n entera de j&oacute;venes tuvo que emigrar al norte de Europa. Petros M&aacute;rkaris cuenta todo esto, con humor tierno y estoico, en su saga polic&iacute;aca del inspector Kosta Jaritos, que es novela negra, pero tambi&eacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a desembarc&oacute; en el puerto de Skala, a solo tres kil&oacute;metros de Pot&agrave;mias un grupo numeroso de hombres rapados, vestidos con est&eacute;tica militar. Algunos llevaban tatuado el 88, un c&oacute;digo de la parafernalia hitleriana. Llevaban comida, bebida, productos de limpieza, todo lo b&aacute;sico e incluso algo de vino Retsina, que es una bebida ancestral. Cargaron varios camiones, entre c&aacute;nticos de &iexcl;Sangre, honor, Amanecer Dorado!&raquo; (Aima, timi, Chrysi Avgi) que no se les quita de la boca ni el honor ni la sangre a estos seres de cerebro roto. Despu&eacute;s subieron en ruda y alegre camarader&iacute;a machota hasta el pueblo, donde pensaban hacer su labor ben&eacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Este grupo, que primero fue asociaci&oacute;n y luego partido pol&iacute;tico, repart&iacute;a comida entre la poblaci&oacute;n vulnerable, pero solo a los griegos aut&eacute;nticos, para lo que ten&iacute;an que acreditar su pureza de sangre helena con el carnet de identidad. En el pueblo hab&iacute;an organizado un recibimiento digno el Centro de Cultura, un grupo de vecinos y el equipo de f&uacute;tbol local. Les esperaron tranquilos, con peque&ntilde;as pancartas donde hab&iacute;an escrito &lsquo;El fascismo no pasar&aacute;&rsquo;. Reconoc&iacute;an r&aacute;pido a la gentuza. A los nazis les hab&iacute;an combatido con cari&ntilde;o partisano cuando ocuparon las islas en la Segunda Guerra Mundial. Les dijeron que no necesitaban caridad racista, que el fascismo no era bienvenido. Dejaron para el final las tres palabras m&aacute;gicas: &Eacute;xo, ap&oacute;, ed&oacute;. Que en griego quiere decir fuera de aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los muchachos no llegaron a descargar sus camiones y se fueron con sus banderas mustias, su <em>merchandising </em>t&oacute;xico y sus idioteces honorables y sangrientas. De esta manera, un peque&ntilde;o pueblo griego ingres&oacute; en la mitolog&iacute;a de los h&eacute;roes. Meses despu&eacute;s, Amanecer Dorado asesin&oacute; en un barrio de Atenas al rapero Pavlos Fyssas, lo que supuso su final. La justicia griega ha confirmado en firme este a&ntilde;o penas de diez a&ntilde;os de c&aacute;rcel para la c&uacute;pula. 
    </p><p class="article-text">
        Hace dos meses, los ceut&iacute;es advert&iacute;an a los nazis patrios que acudieron a envenenar sus calles que ellos no son Torre Pacheco, donde hace unos d&iacute;as se present&oacute; un partido ultra en el que hay dos condenados por delitos de odio. La idea es abrir una sede en Cartagena, imagino que despu&eacute;s de un conveniente estudio de mercado, ya que en otros municipios no les han recibido tan bien. Sabemos que un local neonazi supone un tremendo foco de inseguridad. Violencia verbal y f&iacute;sica, subida en los &iacute;ndices de criminalidad, disturbios, caos a mansalva. Todo esto, basado naturalmente en evidencias, lo saben los analistas del Centro Nacional de Inteligencia, las administraciones, por supuesto las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Pero todos los gr&aacute;ficos y estudios del mundo no sirven mucho si los ciudadanos no reconocemos el peligro en nuestras calles y barrios. Por eso vuelvo al pac&iacute;fico c&oacute;digo griego para echar a un nazi de tu vida en plan suave, sin palabras feas ni patadas. Hay un truco infalible, hacerlo en comunidad. Ay, los griegos. Se nos olvida siempre que inventaron el pensamiento. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazarena Balaguer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/codigo-griego-echar-nazi-patadas_132_13554803.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2026 04:00:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Código griego para echar a un nazi sin patadas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y, sin embargo, la ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/embargo-ciudad_132_13547738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e616af3b-5eb0-4e64-9ff9-ee3d78ad7f3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x941y913.jpg" width="1200" height="675" alt="Y, sin embargo, la ciudad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La precariedad residencial no consiste solo en no tener casa. Consiste también en vivir bajo la sospecha de que mañana quizá no puedas seguir viviendo donde hoy has hecho tu vida</p></div><p class="article-text">
        Quiz&aacute; este art&iacute;culo ya lo hab&iacute;a escrito. O, al menos, hab&iacute;a escrito algunas de sus partes sin saber que pertenec&iacute;an al mismo art&iacute;culo, lo cual es una forma bastante habitual de pensar: comprender solo despu&eacute;s de llevar tiempo pensando en ello.
    </p><p class="article-text">
        He hablado de la vivienda. De esa pretensi&oacute;n que parec&iacute;a modesta y un derecho &mdash;tener un lugar propio&mdash;, que empieza a convertirse en un privilegio. Tambi&eacute;n he escrito sobre el deambular. Sobre caminar sin rumbo por una ciudad, una extra&ntilde;a forma de posesi&oacute;n: hacer nuestro un lugar sin quit&aacute;rselo a nadie.
    </p><p class="article-text">
        Lo pienso desde hace tiempo. Seguramente desde mucho antes de saber que lo pensaba. Jumilla fue mi patria chica. La infancia. Mi primera medida del mundo. All&iacute; me cri&eacute; tomando la fresca.
    </p><p class="article-text">
        Murcia ha sido la casa de la que siempre me fui y a la que siempre volv&iacute;. Madrid me ense&ntilde;&oacute; el anonimato, pero tambi&eacute;n la libertad de ser uno m&aacute;s entre la multitud. Londres fue la inmensidad y la convivencia con lo diferente; tambi&eacute;n esa extra&ntilde;a intimidad de saberse solo entre millones de personas. Las Palmas de Gran Canaria lleg&oacute; despu&eacute;s. Fue vitalidad, y all&iacute; comprend&iacute; tambi&eacute;n la gravedad que estaba adquiriendo el problema de la vivienda. Los precios. La dificultad de permanecer.
    </p><p class="article-text">
        Porque la precariedad residencial no consiste solo en no tener casa. Consiste tambi&eacute;n en vivir bajo la sospecha de que ma&ntilde;ana quiz&aacute; no puedas seguir viviendo donde hoy has hecho tu vida.
    </p><p class="article-text">
        Y vuelvo a Jumilla.
    </p><p class="article-text">
        Tomar la fresca era muy poca cosa. Se sacaban las sillas a la puerta cuando ca&iacute;a la tarde. Los mayores hablaban. Los j&oacute;venes est&aacute;bamos all&iacute;. Alguien pasaba y se deten&iacute;a. Nadie hab&iacute;a quedado con nadie y, sin embargo, todos acab&aacute;bamos encontr&aacute;ndonos.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo pens&eacute; en aquello como se piensa en las cosas de la infancia, con esa indulgencia que concedemos a lo perdido. Ahora creo que hab&iacute;a algo m&aacute;s. Aquella silla ocupaba unos metros de calle con absoluta naturalidad. Nadie compraba el derecho a sentarse. Nadie ten&iacute;a que justificar su presencia. La calle serv&iacute;a para pasar, desde luego, pero tambi&eacute;n para quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Y acaso una ciudad empiece a dejar de ser nuestra cuando quedarse en ella exige siempre alguna contraprestaci&oacute;n. No se trata de idealizar aquel tiempo. Tambi&eacute;n hab&iacute;a desigualdades, exclusiones y controles sociales que la memoria suele olvidar. Pero exist&iacute;a un uso cotidiano, improductivo, incluso ocioso, del espacio com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se pod&iacute;a sencillamente estar.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; empieza, me parece, el verdadero problema de la vivienda. Hablamos de alquileres, hipotecas, metros cuadrados, precios. Es inevitable. Pero una casa no termina en sus paredes. Habitar significa poder permanecer en un entorno. Llegar al trabajo. Encontrar una escuela. Disponer de una plaza. Caminar. Encontrarse con alguien.
    </p><p class="article-text">
        Una vivienda digna exige algo m&aacute;s que un techo. Se puede tener casa y haber perdido la ciudad. Porque la ciudad tiene valor y ese valor puede convertirse en precio. El barrio se convierte en una inversi&oacute;n. La vivienda, en activo. El centro hist&oacute;rico, en marca. Hasta la autenticidad puede acabar vendi&eacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces sucede algo parad&oacute;jico: aquello que hace atractivo un lugar termina expulsando a quienes contribuyeron a que as&iacute; fuera. No siempre mediante un desahucio. A veces basta con transformar lentamente los usos, los precios, las costumbres, hasta que alguien descubre que sigue viviendo en el mismo sitio, pero ya no vive del todo en el mismo lugar.
    </p><p class="article-text">
        La terraza sustituye a la silla. El visitante al vecino. La experiencia a la vida cotidiana. Una calle puede seguir siendo jur&iacute;dicamente p&uacute;blica y resultar cada vez menos com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n no es impedir que las ciudades cambien, sino preguntarse para qui&eacute;n cambian. Una plaza rehabilitada, un barrio m&aacute;s limpio, una calle peatonal pueden ser magn&iacute;ficas noticias. Pero hay algo profundamente contradictorio cuando quienes deber&iacute;an disfrutar de esas mejoras ya no pueden permitirse vivir junto a ellas.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad es, adem&aacute;s, conflicto. Encuentro y encontronazo. Personas que llegan. Personas que se marchan. Personas que quisieran quedarse. Quiz&aacute; por eso desconf&iacute;o de la ciudad excesivamente ordenada, donde cada espacio prescribe lo que debemos hacer, cada presencia necesita una finalidad y, para permanecer, casi siempre hay que consumir. Una ciudad as&iacute; empieza a parecerse demasiado a un producto.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, cuando este art&iacute;culo estaba pr&aacute;cticamente escrito, ocurri&oacute; una de esas casualidades que pertenecen a la materia misma de las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Antes de entrar al Teatro Circo de Murcia, habl&eacute; con Inma Miralles cuya mirada art&iacute;stica mira de verdad y no solo ve. &Iacute;bamos a ver <em>El caso del amor fantasma</em>, escrita y dirigida por Pablo L&oacute;pez Pellicer, una obra sobre la fragilidad de ciertos v&iacute;nculos y la responsabilidad que implica admitir que el otro est&aacute; ah&iacute;. Mirarlo, no solo verlo; sostenerlo, no solo con palabras, sino tambi&eacute;n con acciones.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, al llegar a casa, observ&eacute; los cuadros de Inma y le&iacute; sus poemas. Ella hab&iacute;a mirado la ciudad antes de que yo escribiera estas p&aacute;ginas. Yo conoc&iacute; su mirada cuando ya estaban casi escritas. Y, sin embargo, acabaron encontr&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n eso es una ciudad: vidas que se cruzan sin haberse citado.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Fulgor nocturno</em> los edificios se amontonan bajo un azul intenso. No aparecen personas, aunque parecen estar todas dentro. En <em>Ciudad cuerpo</em> la arquitectura se vuelve materia: rugosa, herida, casi org&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo contiene una intuici&oacute;n poderosa: la ciudad es cuerpo porque se vive con el cuerpo. Se camina. Se roza. Se ocupa. Se padece.
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute; el poema. Un hombre frente a una columna. Un cuerpo que parece descomponerse. La materia reclama una sem&aacute;ntica. Y de pronto quedan esas palabras: &laquo;y, sin embargo, la ciudad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fue inevitable recordar aquel &laquo;y sin embargo&raquo; de Sabina sobre el amor. Algo parecido ocurre con las ciudades. Nos cansan. Nos enamoran. Nos encarecen la vida. A veces nos expulsan. Otras nos sostienen.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez porque la ciudad sea precisamente eso: esos cruces. Inma y yo hablando antes del teatro. Londres entre desconocidos. Madrid y el anonimato. Murcia como regreso. Las Palmas como vigor. Jumilla y unas sillas en la calle.
    </p><p class="article-text">
        El Derecho sabe proteger la propiedad. Sabe ordenar el suelo. Sabe regular los arrendamientos. Pero no solo sirve para ordenar lo que existe. El Derecho tambi&eacute;n es una forma de imaginar.
    </p><p class="article-text">
        Puede imaginar c&oacute;mo queremos vivir juntos. Qu&eacute; queremos proteger. A qui&eacute;n estamos dispuestos a ver. Qu&eacute; cosas no estamos dispuestos a convertir en mercanc&iacute;a. Puede imaginar, incluso, que habitar una ciudad implica algo m&aacute;s que disponer de los recursos necesarios para pagarla.
    </p><p class="article-text">
        Si no siempre lo hace, quiz&aacute; no sea porque no pueda. Quiz&aacute; sea porque sobre esa mirada prevalece otra: una mirada que mide antes de comprender, que calcula antes de cuidar, que pregunta cu&aacute;nto vale un lugar antes de preguntarse qui&eacute;n puede vivir en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando esa mirada se impone, la ciudad deja poco a poco de ser el lugar donde vivimos para convertirse en el lugar del que alguien obtiene rentabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el problema no es solo jur&iacute;dico. Ni solo econ&oacute;mico. Es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n de imaginaci&oacute;n: decidir qu&eacute; ciudad consideramos posible y, sobre todo, digna de protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; tomar la fresca no vuelva. Tampoco importa demasiado. Las costumbres desaparecen y otras ocupan su lugar. Ser&iacute;a absurdo pretender que una ciudad siguiera siendo aquella en la que fuimos ni&ntilde;os solo porque a&uacute;n recordamos c&oacute;mo era.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo importante nunca fue la fresca: era aquella silla. O, mejor: la naturalidad con la que pod&iacute;amos ponerla en la calle y quedarnos all&iacute;. Sin comprar nada. Sin justificar nada. Sin demostrar que aquel pedazo de ciudad nos perteneciera.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la pregunta decisiva no es cu&aacute;nto vale una ciudad, sino qui&eacute;n todav&iacute;a puede sentarse en ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil Gandía]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/embargo-ciudad_132_13547738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Y, sin embargo, la ciudad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/vivienda_132_13545088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c21ee174-b87d-4318-8323-badf8b96aac7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la Región de Murcia, el precio medio general del alquiler está en torno los 997 euros mensuales, variando según los metros cuadrados y la zona</p></div><p class="article-text">
        El desahucio de Maricarmen nos ha conmovido a todos/as. Se ha convertido en uno de los paradigmas del derecho a una vivienda digna, Hay muchas Maricarmen en nuestro pa&iacute;s. En nuestra tierra, otro ejemplo, Ana y Pepe, j&oacute;venes con magros salarios, no pueden alquilar una vivienda decente ni mucho menos meterse en una hipoteca para comprar un piso.
    </p><p class="article-text">
        Parece obvio recordar el art&iacute;culo 47 de nuestra Constituci&oacute;n: &ldquo;Todos los espa&ntilde;oles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes p&uacute;blicos promover&aacute;n las condiciones necesarias y establecer&aacute;n las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El reciente Decreto-ley 3/2026, de Vivienda Asequible de la Regi&oacute;n de Murcia, en su pre&aacute;mbulo, tambi&eacute;n se&ntilde;ala que &ldquo;los poderes p&uacute;blicos son conscientes de que actualmente nos encontramos en un escenario de emergencia en materia de vivienda&hellip;la falta de oferta de viviendas con el consiguiente efecto que ello produce en el precio de las mismas, siendo este &uacute;ltimo factor el que m&aacute;s afecta al acceso a la vivienda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todas estas declaraciones de intenciones, la vivienda sigue sin ser un derecho para la ciudadan&iacute;a y cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil el acceso a ella. En la&nbsp;Regi&oacute;n de Murcia, el precio medio general del alquiler est&aacute; en torno los 997 euros mensuales, variando seg&uacute;n los metros cuadrados y la zona, y las habitaciones en piso compartido oscilan en torno unos 306 euros al mes.
    </p><p class="article-text">
        La Fundaci&oacute;n de Estudios de Econom&iacute;a Aplicada (Fedea), en su estudio 'El coste de la vivienda y la pobreza oculta en Espa&ntilde;a', describe que el 6,1% de los ciudadanos de la regi&oacute;n que no son pobres por nivel de renta pasar&iacute;an a serlo tras restar lo que pagan en hipoteca o alquiler. Es decir, 70.000 murcianos y murcianas caer&iacute;an en la denominada 'pobreza oculta' despu&eacute;s de pagar los gastos de vivienda. El pago del alquiler o la hipoteca son elementos de empobrecimiento en capas vulnerables de la sociedad murciana.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Popular est&aacute; en el Gobierno regional 31 a&ntilde;os y su pol&iacute;tica de vivienda protegida ha sido &iacute;nfima o inexistente. Sus gobernantes no pueden aducir una preocupaci&oacute;n significativa sobre el tema, porque no lo es. &nbsp;En el a&ntilde;o 2023, nuestro presidente regional, L&oacute;pez Miras, se vino arriba y prometi&oacute; la construcci&oacute;n de 3.100 viviendas de protecci&oacute;n oficial, lo que hoy se llama vivienda asequible. Sin embargo, seguimos esperando su materializaci&oacute;n en acciones concretas.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana se&ntilde;alan que, en el primer trimestre de 2026, no se ha construido ni una sola vivienda protegida (ni iniciadas ni terminadas) en nuestra tierra. Tenemos el dudoso honor de encabezar el ranking, junto a Asturias y Canarias de comunidades sin actividad en VPO o Vivienda Asequible. Mientras tanto, el resto alcanzaba los m&aacute;ximos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En septiembre, el presidente regional anunci&oacute; una convocatoria de 16 millones&nbsp;de euros para ayudar a 2.300 j&oacute;venes, entre 18 y 35 a&ntilde;os, a pagar el alquiler. Cubrir&aacute;n gastos correspondientes a dos a&ntilde;os completos de alquiler, 2026 y 2027, y permitir&aacute;n a los beneficiarios recibir hasta 300 euros mensuales cuando tengan alquilada una vivienda y hasta 200 euros al mes en el caso de una habitaci&oacute;n. L&oacute;pez Miras se&ntilde;alaba que la convocatoria &laquo;hist&oacute;rica&raquo; se pondr&aacute; en marcha antes de final de a&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        En la Regi&oacute;n de Murcia hay 343.380 personas entre los 18 y los 35 a&ntilde;os, seg&uacute;n los datos del Centro Regional de Estad&iacute;stica de Murcia (CREM). Si se cubrieran todas las ayudas, esta convocatoria afectar&iacute;a al 0&rsquo;6% de la poblaci&oacute;n joven. Efectivamente, es &laquo;hist&oacute;rica&raquo;. Aunque tambi&eacute;n se podr&iacute;a decir que por algo se empieza; pero, &iquest;no se pod&iacute;a haber comenzado hace diez a&ntilde;os o m&aacute;s? 
    </p><p class="article-text">
        Los ayuntamiento debieran, adem&aacute;s de licitar suelo, construir viviendas. El consistorio debiera ser una agente en la construcci&oacute;n de viviendas sociales, en r&eacute;gimen de alquiler o compra, con una Agencia Local de Vivienda Asequible como se ha hecho en otras ciudades de la Uni&oacute;n Europea (UE). Necesitamos un Plan Regional de Vivienda P&uacute;blica, para construir un parque de viviendas sociales, que proteja y facilite el acceso a inmuebles asequibles a trav&eacute;s de precios limitados de venta o alquiler y ayudas p&uacute;blicas del Plan Estatal de vivienda 2026-2030. Es necesario topar, mientras tanto, los precios del alquiler y una moratoria urgente a los desahucios.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda no puede ser un negocio, sino un servicio p&uacute;blico de calidad, equivalente a la salud o la educaci&oacute;n. La vivienda, como un derecho social b&aacute;sico, es un eje fundamental frente a la crisis ecosocial y la especulaci&oacute;n urban&iacute;stica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro Belmonte Espejo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/vivienda_132_13545088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 04:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Peccata minuta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/peccata-minuta_132_13535702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca236b29-c9fe-4e9f-a699-af919d2b2d7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Peccata minuta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Defender la laguna no significa criminalizar a los agricultores, sino distinguir entre quienes cumplen y quienes incumplen, perseguir las prácticas contaminantes y evitar que los costes recaigan sobre toda la sociedad</p></div><p class="article-text">
        La sentencia del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) Regi&oacute;n de Murcia que confirma la responsabilidad de una empresa agr&iacute;cola por los da&ntilde;os ocasionados al Mar Menor vuelve a plantear una cuesti&oacute;n, qui&eacute;n asume los costes de la contaminaci&oacute;n y qui&eacute;n prefiere mirar hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        El TSJ de la regi&oacute;n ha confirmado la responsabilidad medioambiental de una empresa agr&iacute;cola por el vertido de unos 159.400 metros c&uacute;bicos de salmuera con nitratos al Mar Menor entre 2012 y 2016, as&iacute; como la reclamaci&oacute;n de 97.603 euros por los costes de prevenci&oacute;n y reparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No es una consigna pol&iacute;tica, es una resoluci&oacute;n judicial. La justicia recuerda que quien contamina debe reparar el da&ntilde;o. Pero tambi&eacute;n deja en evidencia la pol&iacute;tica ambiental del Gobierno regional del PP, presidido por Fernando L&oacute;pez Miras.
    </p><p class="article-text">
        El Mar Menor no se ha deteriorado de la noche a la ma&ntilde;ana. D&eacute;cadas de presi&oacute;n agr&iacute;cola, vertidos, transformaci&oacute;n del territorio y controles insuficientes han desembocado en una crisis ecol&oacute;gica con episodios dram&aacute;ticos, como las mortandades masivas de peces de 2019 y 2021.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el Ejecutivo regional insiste en presentar la protecci&oacute;n ambiental y los intereses agrarios como incompatibles. Es una falsa disyuntiva. Defender la laguna no significa criminalizar a los agricultores, sino distinguir entre quienes cumplen y quienes incumplen, perseguir las pr&aacute;cticas contaminantes y evitar que los costes recaigan sobre toda la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Lo preocupante es que, mientras los tribunales confirman responsabilidades, el PP impulsa modificaciones de la Ley del Mar Menor criticadas por organizaciones ecologistas, vecinos, sindicatos y oposici&oacute;n. Sus defensores hablan de adaptar las sanciones a la normativa estatal, sus cr&iacute;ticos advierten de rebajas para los infractores y de mayor flexibilidad para acceder a ayudas p&uacute;blicas tras cometer infracciones graves o muy graves.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno regional no puede responder a este debate con propaganda ni mayor&iacute;as parlamentarias coyunturales. Debe explicar por qu&eacute; promueve cambios que pueden beneficiar a quienes incumplen las normas ambientales. La protecci&oacute;n del Mar Menor no puede subordinarse a los intereses de determinados sectores ni a los equilibrios pol&iacute;ticos del PP.
    </p><p class="article-text">
        La sentencia demuestra que la contaminaci&oacute;n puede generar responsabilidades concretas. Pero tambi&eacute;n que no basta con actuar cuando el da&ntilde;o ya est&aacute; hecho. Hace falta inspeccionar, prevenir, multar y sancionar a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El Mar Menor necesita controles eficaces, una ordenaci&oacute;n rigurosa de su cuenca y una reducci&oacute;n real de los aportes contaminantes. Apoyar al sector agrario no significa proteger cualquier pr&aacute;ctica empresarial.
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;pez Miras deber&iacute;a asumir que proteger la laguna es una obligaci&oacute;n institucional, no una concesi&oacute;n a la oposici&oacute;n ni a los ecologistas. La recuperaci&oacute;n de nuestra joya de la corona El Mar Menor, debe estar por encima de cualquier inter&eacute;s partidista. Y quien contamine, sea quien sea, deber&iacute;a pagar y no solo una peccata minuta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/peccata-minuta_132_13535702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2026 04:01:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Peccata minuta]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fascismo ya está aquí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fascismo_132_13531823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/515920bd-2ff2-471c-8dae-3ab4fa94495d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x464y491.jpg" width="1200" height="675" alt="El fascismo ya está aquí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizá nos merecemos como sociedad aprender esta lección una y otra vez, ya que no nos entra en la cabeza. Quizá el fascismo viene para comernos y, tontos de nosotros, le hemos dejado la mesa puesta.</p></div><p class="article-text">
        El fascismo ya est&aacute; aqu&iacute;, y viene para comernos. Al menos, esa es la sensaci&oacute;n que me persigue desde hace un tiempo. Har&iacute;a falta cerrar los ojos y no salir de casa para ignorar la creciente facilidad del movimiento conservador o abiertamente fascista para expresarse p&uacute;blicamente y, por alguna raz&oacute;n, sin verg&uuml;enza alguna. Es quiz&aacute; eso lo que m&aacute;s asuste. 
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, en uno de los accesos de la Catedral de Murcia se produjo una dantesca imagen digna de tiempos m&aacute;s inc&iacute;vicos: un grupo de personas (hombres, mujeres y ni&ntilde;os) haciendo el saludo fascista en medio de una de las calles m&aacute;s c&eacute;ntricas y llamativas de la ciudad de Murcia. Yo he nacido en Murcia, y personalmente no recuerdo presenciar jam&aacute;s en la v&iacute;a p&uacute;blica algo similar a eso. 
    </p><p class="article-text">
        Es complicado explicar qu&eacute; es lo realmente aterrador de esta imagen. Quiz&aacute; sea la impunidad con la que esas personas se ven para manifestar esa simbolog&iacute;a sin miedo a ser detenidos o reprendidos por las autoridades. Tambi&eacute;n es posible que sea presenciar en vivo y en directo c&oacute;mo ni&ntilde;os peque&ntilde;os, sin culpa alguna de las familias en las que han nacido, son adoctrinados para adorar s&iacute;mbolos y saludos tan en contra de la educaci&oacute;n y de la uni&oacute;n para con el resto de personas. 
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, lo verdaderamente importante es la absurda facilidad con la que dejamos pasar estos peque&ntilde;os detalles mientras se abren paso por nuestra sociedad, y se aprovecha de las grietas sin tapar y las heridas del pasado de nuestro pa&iacute;s. Murcia no es un vertedero fascista, estoy seguro de ello. Por muchas encuestas realizadas con resultados verdes y azules en su mayor&iacute;a, o pueblos y pedan&iacute;as donde la derecha llegue a gobernar, Murcia no es un lugar para exponer ese odio al diferente, al extranjero, al vulnerable. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es lugar para mancillar la belleza de sus calles o el inter&eacute;s tur&iacute;stico que despierta con rocambolescas congregaciones hechas casi &uacute;nicamente para llamar la atenci&oacute;n. Somos una tierra de milenaria riqueza cultural, y de una educaci&oacute;n bella constituida con valores de ayudar al necesitado. En este momento, son solo unos pocos junt&aacute;ndose en Murcia con este prop&oacute;sito, aunque lo verdaderamente peligroso del fascismo nunca ha sido sus intenciones, sino lo r&aacute;pido que se expande manchando la mente y las acciones de quienes lo comulgan. 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, hay intereses detr&aacute;s de que esta ideolog&iacute;a vuelva a ser poderosa entre lo popular, unos intereses oscuros e ignorantes, guiados por el poder y el dinero, en busca del &ldquo;pan para hoy y hambre para ma&ntilde;ana&rdquo; social. No estamos tan lejos de la sociedad que vio morir a un dictador en su cama, por mucho que nos llamen locos al recalcarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Estamos repitiendo los mismos errores, quiz&aacute; peores todav&iacute;a, que hace tres o cuatro generaciones. Pero esta vez, somos nosotros los que estamos cavando nuestra propia tumba. Quiz&aacute; nos merecemos como sociedad aprender esta lecci&oacute;n una y otra vez, ya que no nos entra en la cabeza. Quiz&aacute; el fascismo viene para comernos y, tontos de nosotros, le hemos dejado la mesa puesta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Fernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fascismo_132_13531823.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 04:00:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fascismo ya está aquí]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿De verdad que me voy a quedar soltero para toda la vida?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/quedar-soltero-vida_132_13531666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La frontera está en algún lugar entre la responsabilidad y el miedo, y todavía me cuesta saber exactamente dónde. He elegido estar solo, aunque sigo preguntándome cuánto hay de elección y cuánto de incapacidad en esa decisión</p></div><p class="article-text">
        Anoche estuve en &ldquo;A Gallete&rdquo;. El festival de cultura murciana que organiza elDiario.es Regi&oacute;n de Murcia terminaba la jornada con un c&oacute;ctel y, como suele ocurrir en estos encuentros, lo que se vive despu&eacute;s de los escenarios acaba siendo casi tan interesante como lo que sucede encima de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Entre conversaciones sobre cultura, proyectos, trabajo y Murcia apareci&oacute; varias veces un asunto que no estaba en ning&uacute;n programa: las parejas. Se comentaba que una de las cosas bonitas de este festival era que hab&iacute;a muchas parejas entre quienes lo organizan, quienes participan y quienes forman parte de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        No estaban hablando de m&iacute;, pero termin&eacute; pensando en m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tengo 49 a&ntilde;os y nunca he tenido pareja. Bueno, s&iacute;: hubo un Castillo en el aire cuando ten&iacute;a 23 a&ntilde;os. Dur&oacute; unos cuatro a&ntilde;os, fue la primera relaci&oacute;n de mi vida y, hasta hoy, la &uacute;ltima. Y aquella conversaci&oacute;n, en mitad de un c&oacute;ctel, me devolvi&oacute; a una pregunta que llevo tiempo haci&eacute;ndome: &iquest;de verdad me voy a quedar soltero para toda la vida?
    </p><p class="article-text">
        Y si algo me inquieta es saber si mi ausencia de pareja tiene que ver con esos cambios que no he conseguido hacer o con aquellos que, en el fondo, tampoco he querido hacer.
    </p><p class="article-text">
        He gozado de la fortuna de ser amado, mucho, por personas bell&iacute;simas que han pasado por mi vida y que me han querido de una manera que todav&iacute;a hoy me conmueve recordar. En mis experiencias siempre me he entregado. 
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n no s&eacute; si me dej&eacute; querer; qu&eacute; carajo, s&iacute; lo s&eacute;: no. Las relaciones terminaban y yo me quedaba con la sensaci&oacute;n de hacer da&ntilde;o. Me resist&iacute;a a seguir conquistando corazones, alimentando expectativas y despu&eacute;s destroz&aacute;ndolos. Decid&iacute; renunciar a estar acompa&ntilde;ado y pagar el precio de la soledad. Me pareci&oacute; m&aacute;s justo renunciar a mi propia posibilidad de felicidad que seguir intentando encontrar la m&iacute;a en la felicidad de otra persona. Y ca&iacute; en ese t&oacute;pico: &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a amar a nadie si no era capaz de amarme a m&iacute; mismo?
    </p><p class="article-text">
        Dentro de m&iacute; existe una idea antigua y persistente: no soy merecedor. S&eacute; que esa idea no se corresponde con la realidad. He sido querido, he querido y he construido v&iacute;nculos profundos. Cuido con cari&ntilde;o incluso aquello que aparentemente no necesita ser cuidado: una planta, un mueble, una prenda, una piedra o una monta&ntilde;a. Tengo una enorme capacidad para querer. De eso s&iacute; estoy seguro. Lo que me cuesta es dejar que me quieran.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo confund&iacute; el miedo a hacer da&ntilde;o con la responsabilidad de no hacerlo, y tambi&eacute;n hay ego&iacute;smo: me he encari&ntilde;ado r&aacute;pidamente de algunas personas y despu&eacute;s he sentido que necesitaba otra cosa, porque siempre me ha atra&iacute;do lo diferente, algo m&aacute;s, algo distinto, no necesariamente mejor. Pod&iacute;a ser aburrimiento, una necesidad excesiva de libertad o esa parte de m&iacute; que nunca ha querido renunciar a determinadas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Nunca he entendido el amor como una cuesti&oacute;n de medias naranjas, porque el amor no aparece terminado: se construye, se hace. Dos personas se encuentran, se conocen, se equivocan, se descubren, negocian, renuncian, aprenden y vuelven a elegirse; el amor es, al fin y al cabo, un camino a recorrer acompa&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        Aferrarme a determinadas partes de mi vida puede ser ego&iacute;smo, pero tambi&eacute;n honestidad. Decidir vivir sin pareja porque uno sabe que carece de disposici&oacute;n para ofrecer determinadas cosas puede ser m&aacute;s honesto que prometerlas.
    </p><p class="article-text">
        La frontera est&aacute; en alg&uacute;n lugar entre la responsabilidad y el miedo, y todav&iacute;a me cuesta saber exactamente d&oacute;nde. He elegido estar solo, aunque sigo pregunt&aacute;ndome cu&aacute;nto hay de elecci&oacute;n y cu&aacute;nto de incapacidad en esa decisi&oacute;n. Quiz&aacute; termin&eacute; aqu&iacute; porque sigo sin conseguir cambiar aquellas cosas de m&iacute; que no gustan a los dem&aacute;s y tampoco a m&iacute;, pero existe una posibilidad m&aacute;s dif&iacute;cil de aceptar: que lo haya intentado y no haya podido, porque haya cosas de m&iacute; que todav&iacute;a no s&eacute; transformar. Y tampoco pasa nada.
    </p><p class="article-text">
        Llegu&eacute; a pensar que deb&iacute;a arreglarme para poder tener pareja. Eso que los americanos llaman &ldquo;you are broken&rdquo;: est&aacute;s roto. He construido una idea tan exigente del amor que nadie, ni siquiera yo, podr&iacute;a estar a la altura, cuando en realidad nadie llega completamente preparado a una relaci&oacute;n; necesitamos llegar siendo honestos: esto soy, esto puedo darte, esto todav&iacute;a me cuesta.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo pens&eacute; que proteger a alguien consist&iacute;a en mantener cierta distancia si exist&iacute;a la posibilidad de terminar haci&eacute;ndole da&ntilde;o. Ahora veo el ego&iacute;smo que puede haber en eso. &iquest;Y si estoy decidiendo por otra persona que no merece la pena correr el riesgo de quererme? &iquest;Y si estoy llamando responsabilidad a algo que tambi&eacute;n es miedo?
    </p><p class="article-text">
        Tengo miedo y tengo incertidumbre. Existe una parte de m&iacute; que teme que, si alguien me quiere de verdad, termine descubriendo que soy un fraude. S&eacute; que s&eacute; amar, lo que temo es que alguien me ame y yo no sea capaz de sostener ese amor y descubrir que aquello que durante a&ntilde;os he llamado responsabilidad era, en parte, una manera de esconder mi propia sensaci&oacute;n de no merecer.
    </p><p class="article-text">
        Y, al mismo tiempo, siento que la soledad tampoco es mi destino. Nos necesitamos. Una pareja puede formar parte de esa necesidad, pero tambi&eacute;n est&aacute;n los dem&aacute;s: necesitamos que nos quieran, querer, cuidar y ser cuidados, compartir y sentir que alguien nos mira y nos reconoce. He nacido para querer y para ser querido. De eso s&iacute; estoy seguro.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece la contradicci&oacute;n que m&aacute;s me cuesta aceptar: &iquest;y si no hay nada que arreglar?
    </p><p class="article-text">
        A mis 49 a&ntilde;os tambi&eacute;n tengo que aceptar que quiz&aacute; esta vida que he construido me gusta tal como es. Que puedo querer una pareja y, al mismo tiempo, estar bien sin ella. Que una cosa es desear algo y otra necesitarlo para sentir que mi vida est&aacute; completa.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta sigue ah&iacute;: &iquest;quiero realmente una pareja o quiero la idea de tenerla? No encuentro una respuesta y quiz&aacute; tampoco la tenga nunca. Lo que s&iacute; s&eacute; es que ya no quiero seguir buscando una explicaci&oacute;n que me convierta en culpable o en v&iacute;ctima.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica respuesta honesta que puedo darme hoy es que no s&eacute; si me voy a quedar soltero para toda la vida. Por ahora, me conformo con no necesitar buscar una respuesta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Nicolás Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/quedar-soltero-vida_132_13531666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 04:00:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿De verdad que me voy a quedar soltero para toda la vida?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,elDiario.es,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La semana de la movilidad, un fracaso anunciado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/semana-movilidad-fracaso-anunciado_132_13531703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ba05727-d825-463a-9683-9d39e68dac9e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La semana de la movilidad, un fracaso anunciado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este Día Internacional sin Coches, como todos los días, hago uso de mi bicicleta para ir y venir de mi trabajo y no noto diferencia alguna con un día cualquiera: atascos de tráfico, sobre todo en las horas punta, contaminación y escasez de autobuses</p></div><p class="article-text">
        Se acaba de celebrar la Semana Europea de la Movilidad en las principales ciudades del pa&iacute;s, entre las que se encuentran Murcia y Cartagena, con multitud de eventos y actividades cuyo objetivo, en teor&iacute;a, consiste en concienciar a la ciudadan&iacute;a y a los gobernantes sobre los efectos negativos del uso excesivo del coche en las ciudades. Este acontecimiento se viene organizando de forma ininterrumpida en nuestra regi&oacute;n desde 2002, por lo que ya vamos por la 25&ordf; edici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Rutas en bicicleta y patines, el 'Parking Day', iniciativa por la que se ocupan espacios reservados a los coches, plazas de aparcamiento, para convertirlos temporalmente en parques, zonas verdes y espacios para las personas o visitas guiadas de espacios p&uacute;blicos de las ciudades, son algunas de las actividades que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, se ofrecen a la ciudadan&iacute;a. La semana culmina con el D&iacute;a Sin Coches, establecido por la ONU todos los 22 de septiembre, como un modo de sensibilizar sobre el excesivo tr&aacute;fico y fomentar el uso de la bicicleta y del transporte p&uacute;blico, y animar a la gente a caminar.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este D&iacute;a Internacional sin Coches, como todos los d&iacute;as, hago uso de mi bicicleta para ir y venir de mi trabajo por los carriles bici (aunque habr&iacute;a que rebautizarlos como &ldquo;carriles patinete&rdquo;, por la ocupaci&oacute;n casi exclusiva de los carriles por parte de este medio de locomoci&oacute;n), y no noto diferencia alguna con un d&iacute;a cualquiera: atascos de tr&aacute;fico, sobre todo en las horas punta, contaminaci&oacute;n y escasez de autobuses. El colmo se produce cuando en el d&iacute;a sin coches se producen esperas de hasta media hora para acceder por la A-7 a las pedan&iacute;as de Guadalupe y La &Ntilde;ora, coincidiendo con el inicio de curso en la UCAM. 
    </p><p class="article-text">
        Los distintos ayuntamientos se ven obligados a celebrar estos eventos para no quedarse descolgados y demostrar que somos ciudades &ldquo;modernas&rdquo;, a la vanguardia de las principales ciudades europeas. Pero cualquier comparaci&oacute;n con nuestros vecinos europeos es odiosa. Vale que en Murcia hay carriles bici, instalados a partir de 2017 de forma t&iacute;mida, con solo 7,5 km, y ampliados a partir de 2021 con 100 km m&aacute;s, con un alcalde socialista por cierto, pero no constituyen una red continua, sino que se cortan en determinados puntos y no conectan de forma adecuada con las pedan&iacute;as. A eso se suma la ausencia de un sistema eficaz de alquiler de bicicletas, pese a los intentos pasados, por los problemas con el suministro de veh&iacute;culos y recambios que impiden un servicio adecuado y, por qu&eacute; no decirlo, por el maltrato que sufren estos veh&iacute;culos por parte de algunos ciudadanos inc&iacute;vicos (todos recordamos el video viral del joven que, en 2017, tir&oacute; una bici de alquiler al r&iacute;o Segura).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; decir del transporte p&uacute;blico de la ciudad de Murcia? Calificado por muchos como &ldquo;el peor transporte p&uacute;blico de Espa&ntilde;a&rdquo;, esta impresi&oacute;n se ve corroborada por la poca frecuencia de paso de los autobuses, sobre todo hacia las pedan&iacute;as, con esperas de m&aacute;s de media hora en la mayor&iacute;a de los casos y aglomeraciones extremas en ciertas lineas que incluso obligan a pasajeros a quedarse en tierra ante la imposibilidad de acceder al veh&iacute;culo. Si para el Ayuntamiento de Murcia el mayor &eacute;xito en cuanto a la movilidad es la implantaci&oacute;n del tranvib&uacute;s, que solo realiza el trayecto del centro de la ciudad al Hospital de la Arrixaca, nos hacemos una idea de cu&aacute;l es el nivel de implicaci&oacute;n del Consistorio en la mejora del transporte p&uacute;blico. Todo esto traduce en el descenso del n&uacute;mero de viajeros en autob&uacute;s en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, un 6,5% menos que en 2025, la cifra m&aacute;s alta de Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al tranv&iacute;a, seguimos sin tener fecha de inicio de obras de la linea Sur, anunciada desde 2010. A todo esto hay que a&ntilde;adir la conflictividad surgida con los trabajadores del tranv&iacute;a y de los autobuses urbanos, que reclaman un calendario laboral anual que garantice la regulaci&oacute;n transparente de los descansos, festivos y turnos para favorecer la conciliaci&oacute;n laboral y familiar de las plantillas. 
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;o tras a&ntilde;o se celebra la Semana de la Movilidad sin demasiado entusiasmo por parte de los ayuntamientos, como una cita ineludible en el calendario, pero sin aportar soluciones reales al problema del tr&aacute;fico. Sin embargo, hace a&ntilde;os que las soluciones est&aacute;n ah&iacute; y se aplican en ciudades europeas: mejora de la frecuencia de los autobuses urbanos, peatonalizaci&oacute;n del centro de la ciudad, impidiendo el paso a veh&iacute;culos privados en determinadas zonas del centro; prohibici&oacute;n del paso de veh&iacute;culos al centro si no es para ir al lugar de trabajo, de compras o a una cita m&eacute;dica, como ocurre en Par&iacute;s; ampliaci&oacute;n y conexi&oacute;n de los carriles bici, de modo que se pueda transitar por ellos en todo momento, llegando a las pedan&iacute;as. Sin la aplicaci&oacute;n de &eacute;stas y otras medidas, las sucesivas semanas de la movilidad ser&aacute;n nuevos fracasos anunciados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico García Charton]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/semana-movilidad-fracaso-anunciado_132_13531703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 11:22:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La semana de la movilidad, un fracaso anunciado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Murcia,Cartagena,Movilidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resilientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/resilientes_132_13526575.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f8359d96-57ff-45c1-b456-e9da82571f9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Resilientes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una administración resiliente debiera proteger la cohesión social y generar confianza en una democracia real, inclusiva, que ponga el centro en los derechos humanos</p></div><p class="article-text">
        Definici&oacute;n de Resiliencia (RAE): 
    </p><p class="article-text">
        1. Capacidad de adaptaci&oacute;n de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situaci&oacute;n adversos.
    </p><p class="article-text">
        2. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbaci&oacute;n a la que hab&iacute;a estado sometido.
    </p><p class="article-text">
        Ahmed se levanta a las 5 de la madrugada para viajar una hora y media en una furgoneta con otros emigrantes. Luego hace diez horas de trabajo agr&iacute;cola por el salario m&iacute;nimo, sin cobrar las horas extras.
    </p><p class="article-text">
        Lucia, emigrante, combina varios trabajos para poder enviar algo de dinero a su familia, vive con varias personas. Le gustar&iacute;a tener un solo trabajo y una vivienda para vivir con sus hijos/as.
    </p><p class="article-text">
        Antonio, de Murcia, ha acabado la carrera y un m&aacute;ster. Trabaja por un sueldo m&iacute;nimo en la hosteler&iacute;a. Ha pensado buscar trabajo de lo suyo en Italia o Francia.
    </p><p class="article-text">
        Lola, una joven de Cartagena, frustrada por no encontrar trabajo de lo suyo, acepta una plaza de <em>au pair</em> en Gran Breta&ntilde;a. Piensa as&iacute; mejorar su ingl&eacute;s, pero no tiene nada claro su futuro.
    </p><p class="article-text">
        Eduardo y Ana, pareja, con trabajos muy precarios, viven con sus padres porque no puede permitirse alquilar una vivienda, ni mucho menos meterse en una hipoteca con sus salarios.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a, m&eacute;dica, trabaja en urgencias de un hospital con jornadas de trabajo y guardias extenuantes. Algunas veces siente la incomprensi&oacute;n de una parte de la poblaci&oacute;n usuaria. Sigue teniendo una firme vocaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Elena y Pura, son pareja, todav&iacute;a tienen que controlar no besarse demasiado en la calle por las miradas de odio e insultos que han recibido, pero a pesar de todo siguen d&aacute;ndose muestras de afecto.
    </p><p class="article-text">
        Elena, viuda, de Lorca, con una pensi&oacute;n indigna, tiene que vivir en parte de la solidaridad de su familia y afrontar un futuro de soledad, pero tiene ganas de vivir y salir con las amigas,
    </p><p class="article-text">
        Carmen es profesora en una ciudad cercana a Murcia, en un centro p&uacute;blico. Reclama la disminuci&oacute;n de ratios en las aulas, atenci&oacute;n a la diversidad y una mayor implicaci&oacute;n de la comunidad educativa. No ha disminuido su vocaci&oacute;n de ense&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        Son ejemplos de personas resilientes concretas (los nombres est&aacute;n cambiados) que forman parte de nuestra sociedad civil murciana y a las que se tendr&iacute;a que dar una respuesta desde nuestras instituciones m&aacute;s cercanas: la administraci&oacute;n local y regional.
    </p><p class="article-text">
        El Mar Menor es un ejemplo de ecosistema resiliente que pueden llegar a no serlo. Nuestra laguna salada sufre un grave proceso de eutrofizaci&oacute;n derivado de vertidos agr&iacute;colas (nitratos), mineros y urbanos. En 2022 se aprob&oacute; una ley hist&oacute;rica que le otorg&oacute; personalidad jur&iacute;dica propia, convirti&eacute;ndolo en el primer ecosistema de Europa con derechos legales equiparables a los de una persona o empresa. Pero ahora la reforma de la Ley de Protecci&oacute;n y Recuperaci&oacute;n del Mar Menor supone un paso atr&aacute;s muy significativo.
    </p><p class="article-text">
        Una administraci&oacute;n resiliente debiera proteger la cohesi&oacute;n social y generar confianza en una democracia real, inclusiva, que ponga el centro en los derechos humanos. Las instituciones tienen que modificar sus modelos de gesti&oacute;n ante la emergencia y desigualdad social, la vivienda o la mitigaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico. Necesitamos acciones proactivas institucionales que den esperanza y futuro a la gente y hagan frente a la desigualdad social que cada vez se convierte en un agujero negro.
    </p><p class="article-text">
        La gobernanza democr&aacute;tica necesita ser inclusiva y resiliente. Necesita tener empat&iacute;a con la amplia mayor&iacute;a social que la componen y con los grupos sociales m&aacute;s vulnerables. No se&nbsp;pueden dejar grupos y personas en el camino. Las administraciones tienen que atender los problemas y demandas de la gente que pesan m&aacute;s que los intereses de la agroindustria, urban&iacute;sticos y financieros en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n es un espacio fundamental para la construcci&oacute;n de resiliencia, ya que en ella se desarrollan no solo procesos de aprendizaje, sino procesos m&aacute;s complejos de socializaci&oacute;n y desarrollo subjetivo. Para generar sujetos capaces de actuar en nuestra sociedad es necesario construir resiliencia. 
    </p><p class="article-text">
        La desigualdad social, la vivienda, el trabajo digno, el Mar Menor y los impactos regionales del calentamiento global son ejemplos a los que una administraci&oacute;n cercana y resiliente tiene que dar respuesta en el corto y medio plazo. Necesitamos una democracia m&aacute;s inclusiva que sirva a la gente, cubra sus necesidades y mejore sus vidas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro Belmonte Espejo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/resilientes_132_13526575.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 04:00:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Resilientes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del discurso del odio a la violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/discurso-odio-violencia_132_13524605.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45f7b4b4-ed0b-40ff-8b18-a111c494c79a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x689y256.jpg" width="1200" height="675" alt="Del discurso del odio a la violencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando se habla de "invasión", "sustitución" o "peligro migratorio" de forma constante y sin matices, se genera un terreno fértil para que algunos individuos concluyan que la violencia es una respuesta legítima</p></div><p class="article-text">
        Las sociedades democr&aacute;ticas se sostienen sobre un principio fundamental: la convivencia entre personas diferentes. Cuando ese principio se erosiona mediante discursos que se&ntilde;alan, estigmatizan y convierten a determinados colectivos en enemigos p&uacute;blicos, las consecuencias no tardan en aparecer. Lo que comienza como una campa&ntilde;a de confrontaci&oacute;n verbal termina traduci&eacute;ndose en agresiones, persecuciones y violencia f&iacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Los recientes acontecimientos registrados en Ceuta y distintos puntos del pa&iacute;s muestran con preocupante claridad un fen&oacute;meno ampliamente estudiado por la sociolog&iacute;a, la criminolog&iacute;a y los organismos de derechos humanos: la transformaci&oacute;n del discurso extremista en violencia real.
    </p><p class="article-text">
        Durante las &uacute;ltimas semanas, grupos organizados han protagonizado acciones dirigidas contra personas migrantes en diversos enclaves de Ceuta. Entre otras actuaciones, se han denunciado ataques a asentamientos informales, la quema de refugios improvisados en zonas como Ben&iacute;tez, El Trampol&iacute;n o El Tarajal, as&iacute; como acciones de persecuci&oacute;n y se&ntilde;alamiento de personas migrantes o entidades sociales que ayudan a ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y mujeres en situaci&oacute;n de vulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        No se trata &uacute;nicamente de episodios aislados. Lo preocupante es el clima social que los hace posibles. Cuando determinados mensajes presentan a colectivos enteros como una amenaza colectiva, cuando se habla de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, &ldquo;sustituci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;peligro migratorio&rdquo; de forma constante y sin matices, se genera un terreno f&eacute;rtil para que algunos individuos concluyan que la violencia es una respuesta leg&iacute;tima.
    </p><p class="article-text">
        La historia reciente demuestra que los ataques f&iacute;sicos rara vez aparecen de forma espont&aacute;nea. Antes existe un proceso gradual de deshumanizaci&oacute;n. Primero se cuestiona la pertenencia de determinados grupos a la comunidad. Despu&eacute;s se les responsabiliza de problemas complejos. Finalmente, algunos individuos terminan creyendo que actuar contra esa persona o un determinado colectivo, est&aacute; justificado.
    </p><p class="article-text">
        Pero el fen&oacute;meno va m&aacute;s all&aacute; de las personas migrantes. Ciudadanos espa&ntilde;oles de confesi&oacute;n musulmana, vecinos nacidos en Espa&ntilde;a con ascendencia magreb&iacute; o simplemente personas con apariencia &aacute;rabe han denunciado situaciones de acoso, insultos y agresiones. El prejuicio opera sin distinguir nacionalidades, trayectorias personales ni grados de integraci&oacute;n. La sospecha colectiva sustituye al conocimiento individual.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los ejemplos m&aacute;s estremecedores tuvo lugar en Ceuta cuando un ni&ntilde;o de ocho a&ntilde;os result&oacute; herido tras recibir un disparo de perdigones efectuado presuntamente por individuos encapuchados organizados. La imagen de un menor convertido en v&iacute;ctima de un clima de hostilidad colectiva deber&iacute;a servir como se&ntilde;al de alarma para toda la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la reciente agresi&oacute;n sufrida por Hamza en la localidad murciana de Mula &mdash;donde denunci&oacute; haber recibido un botellazo en la cabeza&mdash;, ilustra de manera perfecta c&oacute;mo funcionan los mecanismos de radicalizaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los relatos difundidos p&uacute;blicamente y manifestados, los insultos precedieron a la agresi&oacute;n f&iacute;sica. La frase atribuida a los agresores contiene varios elementos cl&aacute;sicos de los delitos motivados por odio: &ldquo;Moro de mierda, vas a pagar por lo de Ceuta, te voy a matar a ti y a tu familia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva de an&aacute;lisis social, este comportamiento revela tres mecanismos fundamentales:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>El primero es la colectivizaci&oacute;n de la culpa. Hamza deja de ser percibido como una persona concreta, con nombre, historia y derechos propios. Se convierte en representante involuntario de un colectivo al que se atribuyen responsabilidades que no le pertenecen. Bajo esta l&oacute;gica, cualquier persona identificada como musulmana o de origen magreb&iacute; pasa a ser culpable de los acontecimientos ocurridos en otros lugares.</li>
                                    <li>El segundo mecanismo es la deshumanizaci&oacute;n. El uso de insultos racistas pretende degradar la condici&oacute;n humana de la v&iacute;ctima. Diversos estudios han demostrado que cuando una persona deja de ser vista como un igual resulta m&aacute;s f&aacute;cil justificar la violencia contra ella.</li>
                                    <li>El tercer elemento es la construcci&oacute;n de una supuesta amenaza existencial. El agresor se convence de que act&uacute;a en defensa propia o en defensa de la comunidad, aunque la realidad no respalde esa percepci&oacute;n. Es precisamente esta l&oacute;gica la que explica por qu&eacute; determinados discursos extremistas terminan desembocando en comportamientos violentos.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La Regi&oacute;n de Murcia no es ajena a esta realidad. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, organizaciones sociales, entidades de defensa de los derechos humanos y organismos especializados hemos alertado sobre distintos episodios de tensi&oacute;n y racismo que evidencian la necesidad de fortalecer las estrategias de prevenci&oacute;n y convivencia.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta situaci&oacute;n, la respuesta debe producirse en varios niveles de forma simult&aacute;nea:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>En primer lugar, corresponde a las autoridades policiales y judiciales investigar con rigor cualquier posible motivaci&oacute;n discriminatoria. Los delitos de odio no solo atacan a una v&iacute;ctima concreta; buscan enviar un mensaje de miedo a toda una comunidad.</li>
                                    <li>En segundo lugar, las instituciones p&uacute;blicas, Ayuntamiento de Mula, Gobierno y Asamblea Regional, tienen la responsabilidad de condenar de manera firme y un&aacute;nime cualquier manifestaci&oacute;n de racismo o xenofobia. La ambig&uuml;edad, el silencio o la minimizaci&oacute;n de estos hechos pueden interpretarse como formas de tolerancia frente a la violencia.</li>
                                    <li>Finalmente, la sociedad civil, los medios de comunicaci&oacute;n, las asociaciones vecinales y los colectivos ciudadanos deben contribuir a desmontar los relatos que presentan a determinados grupos humanos como enemigos colectivos. La convivencia se construye reconociendo al otro como vecino, compa&ntilde;ero de trabajo, estudiante o ciudadano, no como una amenaza abstracta.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Las democracias no se rompen &uacute;nicamente por los actos violentos que llegan a ocupar titulares. Tambi&eacute;n se deterioran cuando el odio se normaliza en conversaciones cotidianas, discursos p&uacute;blicos y espacios digitales. Las palabras tienen consecuencias. Lo que se tolera hoy en el lenguaje puede convertirse ma&ntilde;ana en agresi&oacute;n f&iacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la defensa de los derechos humanos no es solo una cuesti&oacute;n jur&iacute;dica. Es sobre todo un compromiso &eacute;tico y una responsabilidad compartida por toda la sociedad. Frenar la espiral del odio antes de que produzca nuevas v&iacute;ctimas constituye una responsabilidad compartida por instituciones, partidos pol&iacute;ticos, medios de comunicaci&oacute;n y ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando una sociedad permite que una persona que convive en nuestro barrio, municipio,... sea atacado por su origen, su religi&oacute;n o su apariencia, no solo pierde la v&iacute;ctima. Pierde la comunidad entera. Y recuperar la confianza quebrada siempre resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que protegerla a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;&iexcl;Solidaridad y Justicia para Hamza!!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Guirado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/discurso-odio-violencia_132_13524605.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 04:00:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del discurso del odio a la violencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cultura 'A Gallete']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cultura-gallete_132_13518286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4eb153a6-b8d7-4dd1-9065-890a906c15ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x697y201.jpg" width="1200" height="675" alt="Cultura &#039;A Gallete&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la Región de Murcia la cultura bulle en los últimos años a una temperatura cada vez más alta: en todos los ámbitos posibles; desde el Do It Yourself (hazlo tú mismo) punk, del que también ha bebido el feminismo, hasta lo más granado de la industria nacional e internacional</p></div><p class="article-text">
        Recuerdo con nitidez la primera vez que visit&eacute; la Alhambra. Ten&iacute;a&nbsp;unos siete u&nbsp;ocho&nbsp;a&ntilde;os, y llevaba una peque&ntilde;a libreta en la que iba describiendo lo que ve&iacute;a en cada sala y le pon&iacute;a nota, como una especie de&nbsp;cr&iacute;tica de arte peque&ntilde;a y repipi. Tambi&eacute;n cuando me le&iacute; por primera vez y de forma paralela el libro que mi padre ten&iacute;a entre sus manos y, de este modo, salt&eacute; a la literatura adulta desde Barco de Vapor y Alfaguara Juvenil: era &lsquo;La insoportable levedad del ser&rsquo; de Milan Kundera. O cuando escuch&eacute; un concierto de Chavela Vargas en el Teatro Romea la noche antes de un examen de Lengua en COU. Son momentos que puedo rememorar a la perfecci&oacute;n por la honda impresi&oacute;n que me causaron. No han sido los &uacute;nicos, por supuesto, pero s&iacute; de los m&aacute;s precoces. La cultura, el arte y la artesan&iacute;a nos permite respirar, comprendernos, hacernos preguntas, ser cr&iacute;ticos, explorar ideas y emociones que no son solo odio, no sentirnos solos, deleitarnos con la belleza, conversar con los muertos y tambi&eacute;n con los vivos. Como dijo Federico Garc&iacute;a Lorca en 1931 durante la inauguraci&oacute;n de una biblioteca en Fuerte Vaqueros: &ldquo;No s&oacute;lo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pedir&iacute;a un pan; sino que pedir&iacute;a medio pan y un libro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la Regi&oacute;n de Murcia la cultura bulle en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a una temperatura cada vez m&aacute;s alta: en todos los &aacute;mbitos posibles; desde el&nbsp;<em>Do It Yourself</em>&nbsp;(hazlo t&uacute; mismo) punk, del que tambi&eacute;n ha bebido el feminismo, hasta lo m&aacute;s granado de la industria nacional e internacional; con murcianas de rompe y rasga que est&aacute;n dispuestas a expresar sus voces&nbsp;y con la enorme&nbsp;diversidad que entreteje nuestra historia y cultura, tanto la alta como la&nbsp;baja, la popular como la exquisita, la costera como la huertana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la edici&oacute;n&nbsp;de elDiario.es en la Regi&oacute;n de Murcia celebramos los d&iacute;as&nbsp;<a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=b89a930cc8&amp;e=76182036de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>22 y 23 de septiembre&nbsp;</strong></a>una nueva edici&oacute;n del Festival de Cultura Murciana&nbsp;<a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=359497d406&amp;e=76182036de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>'</strong></a><a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=d96f2b7a9b&amp;e=76182036de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>A Gallete</strong></a>', un encuentro que vuelve a apostar por el talento y la creaci&oacute;n de la Regi&oacute;n como protagonistas. Las jornadas tendr&aacute;n lugar de 19.00 a 23.00 horas, en el Pabell&oacute;n 2 del HUB Audiovisual del Cuartel de Artiller&iacute;a de Murcia, con entrada gratuita hasta completar aforo.
    </p><p class="article-text">
        El festival plantea dos jornadas de conversaciones en torno a distintas disciplinas de la cultura contempor&aacute;nea. Arquitectura, fotograf&iacute;a, dise&ntilde;o y m&uacute;sica ser&aacute;n los ejes de un programa que reunir&aacute; a profesionales consolidados y nuevas voces para compartir experiencias, reflexionar sobre sus respectivos sectores y abordar los retos a los que se enfrenta la creaci&oacute;n cultural en la Regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Arquitectos como Pablo Carbonell, Laura Ort&iacute;n, Dictinio de Castillo, Tatiana Poggi y Joaqu&iacute;n Mart&iacute;nez Vicente; fot&oacute;grafos como Alfonso Dur&aacute;n, Pilar Morales,&nbsp;<a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=6f513b0562&amp;e=76182036de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Silvia Marte</strong></a>&nbsp;y David de Flores (La C&aacute;mara Roja); dise&ntilde;adoras como Miriam Garc&iacute;a (Broken Finger), Raquel Castillo, Marta&eacute; Mart&iacute;nez (Las Culpass) y Tesi Andreu (Tessara); o m&uacute;sicos como Ruth Lorenzo, Nando Efe y Curro Tropiko (Awakate),&nbsp;<a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=cc9f5ffd0f&amp;e=76182036de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Julia Cry</strong></a>&nbsp;y Juan Antonio Franco y Paloma Vicente (Verde Columbares) protagonizar&aacute;n unas jornadas moderadas por Mar&iacute;a Jos&eacute; Climent, A&iacute;ta Salinas, Irene Rodr&iacute;guez (@laguiavintage) y Miguel A. T&eacute;bar, que terminar&aacute;n con un c&oacute;ctel al ritmo de las DJ VONDEE y Lady Dilema.
    </p><p class="article-text">
        El premio de esta edici&oacute;n, un botijo hecho para la ocasi&oacute;n por Diego Liz&aacute;n, ir&aacute; a parar a la compa&ntilde;&iacute;a teatral&nbsp;<a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=ffd16a3797&amp;e=76182036de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Zoo Cabaret</strong></a>, que hemos ido buscando en las diferentes&nbsp;<a href="https://eldiario.us6.list-manage.com/track/click?u=c69ba1ef3f044e29f01e39064&amp;id=f4c64a79a1&amp;e=76182036de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>madrigueras</strong></a>&nbsp;que han tenido en la huerta, como si fu&eacute;ramos Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Queremos bebernos las palabras de estos murcianos y murcianas 'A Gallete'. &iexcl;Os esperamos en el barrio de El Camen con much&iacute;sima ilusi&oacute;n en lo que supone nuestro und&eacute;cimo cumplea&ntilde;os!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisa Reche]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cultura-gallete_132_13518286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2026 04:01:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cultura 'A Gallete']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La desfachatez de nuestro servicio de autobuses]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/desfachatez-servicio-autobuses_132_13518272.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2369e807-e96e-486d-98b2-591c241c4329_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1283y799.jpg" width="1200" height="675" alt="La desfachatez de nuestro servicio de autobuses"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Ayuntamiento de Murcia ha puesto sobre la mesa un contrato de 731,5 millones de euros para diez años. [...] ¿Por qué no se ha planteado seriamente la creación de una empresa pública municipal de transporte?</p></div><p class="article-text">
        Hay una palabra que los gobiernos del Partido Popular utilizan con enorme facilidad cuando hablan de servicios p&uacute;blicos, &ldquo;eficacia&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La pronuncian para justificar privatizaciones, concesiones y contratos millonarios. Como si la eficiencia tuviera necesariamente un propietario privado y gestionar directamente un servicio p&uacute;blico fuera una especie de pecado administrativo.
    </p><p class="article-text">
        La huelga del transporte que estos d&iacute;as afecta a Murcia y Cartagena deber&iacute;a servirnos para algo m&aacute;s que para calcular cu&aacute;nto tardamos en coger el autob&uacute;s. Deber&iacute;a obligarnos a preguntarnos &iquest;qu&eacute; modelo de transporte p&uacute;blico estamos construyendo?
    </p><p class="article-text">
        Porque los conductores de autob&uacute;s no atienden a meros clientes. Atienden a ciudadanos con derechos.
    </p><p class="article-text">
        Los trabajadores reclaman poder conocer sus horarios y descansos con suficiente antelaci&oacute;n, organizar su vida y conciliar. Mientras empresas y sindicatos son incapaces de alcanzar un acuerdo, miles de ciudadanos sufren las consecuencias. La respuesta ser&aacute; la de siempre, &ldquo;La huelga perjudica a los ciudadanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que una huelga provoca molestias. Pero resulta curioso que quienes m&aacute;s se indignan por ellas sean muchas veces los mismos que aceptan sin demasiadas preguntas que servicios esenciales financiados con dinero p&uacute;blico sean gestionados como negocios privados. Y, ah&iacute; est&aacute; el verdadero debate.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento de Murcia ha puesto sobre la mesa un contrato de 731,5 millones de euros para diez a&ntilde;os. Una cantidad semejante deber&iacute;a provocar, una pregunta. &iquest;Por qu&eacute; no se ha planteado seriamente la creaci&oacute;n de una empresa p&uacute;blica municipal de transporte?
    </p><p class="article-text">
        No digo que la gesti&oacute;n p&uacute;blica sea autom&aacute;ticamente m&aacute;s barata. Digo algo mucho m&aacute;s elemental: con 731,5 M&euro; comprometidos durante una d&eacute;cada, lo m&iacute;nimo exigible es comparar alternativas. Gesti&oacute;n privada frente a gesti&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Mismos autobuses. Mismas l&iacute;neas. Mismas frecuencias. Mismos trabajadores. Mantenimiento, combustible, tecnolog&iacute;a e inversiones. Y despu&eacute;s de ver n&uacute;meros encima de la mesa. &iquest;Cu&aacute;nto cuesta cada modelo? &iquest;Cu&aacute;nto dinero p&uacute;blico recibe? &iquest;Cu&aacute;nto acaba en beneficio empresarial? &iquest;Cu&aacute;nto costar&iacute;a una gesti&oacute;n directa?
    </p><p class="article-text">
        Que me lo demuestren con datos, porque el PP tiene todo el derecho a defender la iniciativa privada. Forma parte de su ideolog&iacute;a. Lo que no puede hacer es convertir esa preferencia ideol&oacute;gica en una verdad econ&oacute;mica incuestionable.
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n privada no es sin&oacute;nimo autom&aacute;tico de eficiencia. Y la gesti&oacute;n p&uacute;blica tampoco de ineficiencia. Lo sensato ser&iacute;a comparar.
    </p><p class="article-text">
        Pero en la Regi&oacute;n de Murcia llevamos demasiado tiempo aceptando un modelo en el que se privatiza la gesti&oacute;n y se entrega a empresas privadas una actividad que seguimos pagando entre todos.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando llegan los problemas, vuelve a aparecer la Administraci&oacute;n para poner m&aacute;s dinero, garantizar servicios m&iacute;nimos, corregir deficiencias o solucionar aquello que, seg&uacute;n nos dijeron, el mercado iba a gestionar mejor.
    </p><p class="article-text">
        Curiosa concepci&oacute;n de la eficiencia, el beneficio se privatiza y el coste de los problemas se socializa. Mientras tanto, cuando los trabajadores protestan, se les acusa de perjudicar al ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        Pero un transporte p&uacute;blico de calidad necesita tambi&eacute;n buenos profesionales, conductores con salarios dignos, descansos adecuados y horarios previsibles. La calidad del servicio y la calidad del empleo no son cuestiones separadas.
    </p><p class="article-text">
        No podemos exigir autobuses puntuales mientras aceptamos condiciones laborales que dificultan la vida de quienes los conducen.
    </p><p class="article-text">
        Y la huelga deber&iacute;a incomodar pol&iacute;ticamente a los gobiernos responsables del servicio. No porque los trabajadores est&eacute;n equivocados por hacer huelga. Al contrario, el derecho de huelga existe precisamente porque, cuando la negociaci&oacute;n fracasa, los trabajadores necesitan una herramienta para defender sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        El problema es haber construido un modelo en el que un servicio esencial depende de intereses empresariales mientras las administraciones p&uacute;blicas contin&uacute;an poniendo el dinero. El problema del PP no es defender la iniciativa privada, su problema comienza cuando confunde lo p&uacute;blico con aquello que puede convertirse en negocio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ve una residencia de mayores y piensa en una concesi&oacute;n. Cuando ve un autob&uacute;s y piensa en un contrato. Cuando ve un servicio sanitario y piensa en una externalizaci&oacute;n. Eso no es gestionar lo p&uacute;blico. Es renunciar a la capacidad de gestionar directamente aquello que pertenece a todos.
    </p><p class="article-text">
        Porque un autob&uacute;s no es solamente un veh&iacute;culo. Es lo que permite a una persona mayor acudir al m&eacute;dico, a un estudiante llegar a clase, a un trabajador acudir a su puesto de trabajo o a una familia prescindir de un segundo veh&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Eso es valor p&uacute;blico. Y eso tambi&eacute;n deber&iacute;a formar parte de la ecuaci&oacute;n cuando hablamos de eficiencia. As&iacute; que, &iquest;Queremos un transporte p&uacute;blico al servicio de los ciudadanos o un negocio privado financiado con dinero p&uacute;blico?
    </p><p class="article-text">
        Porque gobernar lo p&uacute;blico no deber&iacute;a consistir en buscar qui&eacute;n puede hacer negocio con ello, sino<strong> </strong>en garantizar derechos.
    </p><p class="article-text">
        Y eso se llama servicio p&uacute;blico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/desfachatez-servicio-autobuses_132_13518272.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2026 04:01:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La desfachatez de nuestro servicio de autobuses]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Doce mil macetas asesinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/doce-mil-macetas-asesinas_132_13518261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70ad37b4-f49a-40f7-a3a7-b8c2b7bdec7c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151436.jpg" width="1833" height="1031" alt="Doce mil macetas asesinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como cada vez que hay eventos en la ciudad, el centro, el puerto y la Alameda se decoran con paneles grandes que pueden tener hasta trescientos cacharros de plástico, coronados con preciosas flores</p></div><p class="article-text">
        Antes de que Paul Bowles fuera un gur&uacute; de la generaci&oacute;n Beat y despu&eacute;s de que el y su mujer Jane se instalaran en el cosmopolita T&aacute;nger, existi&oacute; una c&eacute;lebre maceta. Por culpa de sus poderes, a Jane Bowles, que era la m&aacute;s genia de los dos, le estall&oacute; literalmente la cabeza. Esta es la historia que recordaba el escritor en incontables entrevistas, a lo largo de los a&ntilde;os. Ech&oacute; siempre la culpa a la ayudante de su esposa, una mujer nativa, quien manejaba la energ&iacute;a oscura desde un humilde tiesto.
    </p><p class="article-text">
        Los encantamientos a trav&eacute;s de las macetas son un tema recurrente en muchas culturas, no solo las norteafricanas. Los franceses primero, y luego los republicanos espa&ntilde;oles exiliados en Or&aacute;n, aprendieron de la tradici&oacute;n oral estas maneras antiguas de retorcer destinos. Los hijos de sus hijos tambi&eacute;n. Sirven u&ntilde;as, dientes, trozos de piel seca, fotos recientes, hilos de colores, alg&uacute;n cabello suelto. Tornillos, clavos, alfileres, como en los rituales que Marie Vadeau hac&iacute;a en Nueva Orleans, tras escuchar tantos secretos de las mujeres a las que pein&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Los sortilegios sanan, enamoran, enferman, matan. La tierra canaliza esa energ&iacute;a entre los mundos, seg&uacute;n estas creencias, o la superstici&oacute;n. Esto es infalible como recurso literario. Paul Bowles escribi&oacute; sobre aquella magia vegetal, precursora de la IA, en su novela &lsquo;Amor por un pu&ntilde;ado de pelos&rsquo; con Mohamed Mrabet, su alter ego marroqu&iacute;. Juntos recibieron desde el caf&eacute; Baba, su centro de operaciones, a varias generaciones de una especie casi extinguida, el peregrino intelectual. A Bowles no solo le debemos su magn&eacute;tico &lsquo;El cielo protector&rsquo;, tambi&eacute;n acu&ntilde;&oacute; la famosa frase sobre lo que es ser un viajero, o un vulgar turista. Con los <em>selfies</em>, esa diferencia se difumin&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Una maceta resulta hoy el s&iacute;mbolo m&aacute;s gr&aacute;fico de resistencia urbana contra el urbanismo depredador, porque no hay imagen que explique mejor la felicidad sencilla. Las doce mil que adornan estos d&iacute;as Cartagena podr&iacute;an ser como las de Bowles, inteligentes, teledirigidas, algo asesinas. Como cada vez que hay eventos en la ciudad, el centro, el puerto y la Alameda se decoran con paneles grandes que pueden tener hasta trescientos cacharros de pl&aacute;stico, coronados con preciosas flores. Algunas composiciones son tan bonitas que no se entiende por qu&eacute; diablos no se pueden conservar. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando este jolgorio se termine, todas ser&aacute;n retiradas y enterradas vivas en un gran contenedor. Es triste, pero no hay brigadas del feng-shui ni de <em>buenrollismo </em>de las energ&iacute;as positivas<em>, </em>las que sean, que defiendan a estos seres que respiran. Solo algunos vecinos piadosos que, por las noches, las retiran antes de su ejecuci&oacute;n. Digo yo que para perpetrar un <em>maceticidio</em> tan tremendo<em> </em>cada<em> </em>vez que en mi ciudad se celebra algo, el dinero p&uacute;blico debe sobrar como en Carthago Nova, donde nuestros ancestros viv&iacute;an con <em>key words</em> tan parecidas a las nuestras. Mucho circo. De pan, lo justo. Brazos en alto, toros y religi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las plantas no tengan cerebro, la ciencia de vanguardia ha descubierto que pueden recordar, comunicarse, reconocer a sus iguales, defenderse. Esto &uacute;ltimo es lo que me gusta m&aacute;s. En el maravilloso ensayo &acute;Planta sapiens&rsquo;, sobre la inteligencia secreta de las plantas, Paco Calvo y Natalie Lawrence demuestran por qu&eacute; el pensamiento vegetal es descentralizado, y como se conecta con su entorno. Calvo, que es Catedr&aacute;tico de L&oacute;gica y Filosof&iacute;a de la Ciencia en la Universidad de Murcia y director del Laboratorio de Inteligencia M&iacute;nima, abunda en la idea de que hay que tratar a las plantas como sujetos. Cuenta tambi&eacute;n que nos cuesta entenderlas, entre otras cosas, porque crecen para vivir, pero no se pueden desplazar. Aunque no ser&aacute; el caso de las macetas cartageneras. No les dar&aacute; tiempo a disfrutar mucho. Ser&aacute;n flores de unos pocos d&iacute;as, nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando leamos en oficiales y relamidos textos que doce mil macetas decorar&aacute;n las calles cartageneras, hay que aguantar el diafragma, para que el aire pase muy lento. A lo mejor esos laureles o verdolagas o geranios lloran, quien sabe si nos avisan de algo que no vemos. Lo que sabemos es que la Naturaleza les importa un bledo. De qu&eacute; no ser&aacute;n capaces si tiran a la basura la belleza. De qu&eacute; no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazarena Balaguer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/doce-mil-macetas-asesinas_132_13518261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2026 04:01:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por una mirada, un mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/mirada-mundo_132_13515457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37bcfc92-ca5c-4824-ba85-86241759377e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1149y577.jpg" width="1200" height="675" alt="Por una mirada, un mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mirar a alguien es devolverle algo de su singularidad allí donde la costumbre, la distancia o la categoría habían colocado simplemente a la inmigrante</p></div><p class="article-text">
        Hay algo curioso en los v&iacute;nculos: no siempre sabemos cu&aacute;ndo terminan. Esto vale para la pareja, para la amistad, para los hermanos, para quienes estuvieron muy cerca de nosotros y un d&iacute;a dejaron de estarlo. Casi nunca existe una fecha precisa en la que uno pueda decir: <em>Hasta ayer cre&iacute;a sentir; hoy ya no, aunque no sabr&iacute;a decir cu&aacute;ndo ocurri&oacute;, si es que ocurri&oacute;</em>. A veces dejamos de buscar a alguien y seguimos queri&eacute;ndolo; otras, seguimos preocup&aacute;ndonos por &eacute;l y no sabemos muy bien por qu&eacute;. Tal vez ciertos v&iacute;nculos no concluyan del todo, sino que se desplacen dentro de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; puede desaparecer antes es la mirada. Podemos seguir viendo a alguien y haber dejado de mirarlo. Porque mirar nunca es del todo inocente: podemos observar a alguien con disimulo, pero el encuentro de dos miradas nos expone.
    </p><p class="article-text">
        He vuelto a ver estos d&iacute;as dos pel&iacute;culas: <em>Cuentos de Tokio</em> y <em>Lost in Translation</em>. Y mientras las ve&iacute;a, record&eacute; una tercera que vi en su estreno: <em>El perd&oacute;n</em>, del cineasta murciano Joaqu&iacute;n Lis&oacute;n. A veces anoto en un papel ideas sin mucho orden: una frase, una escena, algo le&iacute;do, cualquier cosa que se queda conmigo por una raz&oacute;n imprecisa. Despu&eacute;s intento reunirlas y, casi inevitablemente, termino pregunt&aacute;ndome si tienen algo que ver con mi especialidad jur&iacute;dica. Es un juego, claro; pero, como todos los juegos que merecen la pena, hay que tom&aacute;rselo en serio. Esta vez, al juntar los papeles, aparec&iacute;a, una y otra vez, la misma palabra: mirar.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Lost in Translation</em>, dos personas que probablemente no volver&aacute;n a cruzarse se conceden al final unos segundos de atenci&oacute;n absoluta. &Eacute;l le susurra algo que nosotros no escuchamos. Quiz&aacute; sea mejor as&iacute;. En <em>Cuentos de Tokio</em> ocurre algo distinto y, en el fondo, parecido. Unos padres ancianos visitan a sus hijos, que apenas tienen tiempo para ellos. Lo inquietante es que no son malos hijos. Si lo fueran, todo resultar&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil. Est&aacute;n ocupados: trabajo, familias, obligaciones. Noriko &mdash;que ni siquiera es su hija&mdash; encuentra tiempo para estar con ellos.
    </p><p class="article-text">
        Ozu parece saber que la bondad produce una belleza discreta mediante una especie de tri&aacute;ngulo de miradas: dos personas distintas que, por un instante, dejan de ocupar el centro de s&iacute; mismas y hacen converger su atenci&oacute;n en algo compartido. No hace falta comprenderlo todo del otro. A veces basta con desplazarse de uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; mis apuntes empiezan a acercarse al derecho internacional. Salvando todas las distancias &mdash;que son muchas&mdash;, una de las grandes transformaciones jur&iacute;dicas posteriores a la Segunda Guerra Mundial consisti&oacute; precisamente en desplazar el centro de la mirada. Durante mucho tiempo, el orden internacional se construy&oacute; en torno al Estado y la soberan&iacute;a. Despu&eacute;s de la barbarie, la Carta de las Naciones Unidas de 1945 y, sobre todo, la Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos de 1948 expresaron algo que hoy nos parece obvio y entonces no lo era: detr&aacute;s del Estado hab&iacute;a seres humanos. El individuo no reemplaz&oacute; al Estado, pero empez&oacute; a hacerse visible en un orden jur&iacute;dico que hab&iacute;a contemplado el mundo durante demasiado tiempo desde la perspectiva de la soberan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A ese proceso lo llamamos humanizaci&oacute;n del derecho internacional. Siempre me ha interesado la expresi&oacute;n porque dice m&aacute;s de lo que aparenta. Humanizar el Derecho no es volverlo sentimental ni renunciar a sus categor&iacute;as. El Derecho necesita distinguir entre nacional y extranjero, refugiado y migrante, residente y solicitante de asilo. El peligro empieza cuando la categor&iacute;a sustituye a la persona que pretende describir.
    </p><p class="article-text">
        Lo hacemos tambi&eacute;n fuera de la ley. Decimos: mi ex, mi jefe, la cuidadora, el camarero, y creemos haber dicho algo cuando quiz&aacute; solo nos hemos ahorrado el trabajo de imaginar qui&eacute;n es. La categor&iacute;a nos ahorra el rostro.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que estamos hechos de c&eacute;lulas y &aacute;tomos, pero tambi&eacute;n de historias con sus consecuencias. Cada persona lleva una que comenz&oacute; antes de nosotros y quiz&aacute; contin&uacute;e cuando ya no formemos parte de ella. Casi nunca la conocemos entera, ni hace falta. Humanizar la mirada quiz&aacute; consista en aceptar que detr&aacute;s de lo que vemos hay mucho que ignoramos.
    </p><p class="article-text">
        La ficci&oacute;n de la invulnerabilidad sostiene la distancia: creer que las historias ajenas no nos conciernen. La vulnerabilidad del otro incomoda porque nos recuerda la propia. Esa fragilidad muestra lo que preferimos mantener invisible. La ternura comienza cuando reconocemos esa cercan&iacute;a y dejamos que nos afecte. Tambi&eacute;n el dolor ajeno reclama ser mirado &mdash;de verdad&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Por eso pienso en las personas migrantes, sin techo o en situaci&oacute;n de exclusi&oacute;n, que viven entre nosotros. Trabajan en nuestros campos, cuidan a nuestros mayores, limpian casas y hoteles, sirven mesas, reparten comida o esperan un autob&uacute;s de madrugada. Las vemos a diario, pero podemos discutir durante horas sobre los inmigrantes sin imaginar a uno solo.
    </p><p class="article-text">
        Y existe otra forma de no mirar: reducir una realidad compleja a un &uacute;nico culpable. Hay quien convierte la inmigraci&oacute;n en la explicaci&oacute;n de casi todos nuestros malestares, y quien atribuye la hostilidad &uacute;nicamente a quienes obtienen r&eacute;dito pol&iacute;tico de ella. Entre una simplificaci&oacute;n y otra quedan fuera de campo la precariedad, la vivienda inaccesible, los salarios insuficientes, la desigualdad y la sensaci&oacute;n de competir por recursos escasos. Son causas menos c&oacute;modas: no pueden expulsarse en una frontera ni asignarse a un &uacute;nico adversario.
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto borra los problemas jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos reales. Un Estado tiene el derecho y la obligaci&oacute;n de controlar sus fronteras dentro de lo que el Derecho permite. Humanizar la mirada no consiste en negar esas fronteras ni en sustituir las normas por buenos sentimientos. Consiste en discutir sobre expulsiones, devoluciones, asilo o control fronterizo, sin olvidar qui&eacute;n las sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso record&eacute;<em> El perd&oacute;n</em>. La pel&iacute;cula de Joaqu&iacute;n Lis&oacute;n, rodada en distintos lugares de la Regi&oacute;n de Murcia, aborda la inmigraci&oacute;n y la reparaci&oacute;n del da&ntilde;o mediante el encuentro entre Ana, una m&eacute;dica espa&ntilde;ola, y Nala, una mujer senegalesa. Hay algo sencillo en una de sus im&aacute;genes que se me qued&oacute; dentro: la m&eacute;dica no solo atiende a la migrante; la mira.
    </p><p class="article-text">
        Puede parecer poca cosa. No lo es. Mirar a alguien es devolverle algo de su singularidad all&iacute; donde la costumbre, la distancia o la categor&iacute;a hab&iacute;an colocado simplemente a <em>la inmigrante</em>. Quiz&aacute; esa mirada sea una forma simb&oacute;lica de reparaci&oacute;n. En una tierra atravesada desde hace siglos por acequias, me gusta pensar que tambi&eacute;n la mirada puede ser un cauce: una manera humilde de hacer llegar al otro algo que le era debido.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza hace a&uacute;n m&aacute;s f&aacute;cil dejar de mirar. Nuestro vocabulario lo delata. El extranjero con recursos suele ser residente, inversor, expatriado o turista. El extranjero pobre es sencillamente un inmigrante. No miramos igual al que llega con una tarjeta de cr&eacute;dito que al que llega con una bolsa. Tal vez porque el segundo nos recuerda lo que preferir&iacute;amos olvidar: que la seguridad es precaria, que las vidas se tuercen y que cualquiera puede necesitar, alguna vez, que le hagan sitio.
    </p><p class="article-text">
        Eso fue tambi&eacute;n, en una escala incomparablemente mayor, lo que el derecho internacional comenz&oacute; a hacer despu&eacute;s de la guerra: modificar el lugar desde el que miraba. No elimin&oacute; la soberan&iacute;a ni convirti&oacute; al individuo en el &uacute;nico centro del orden jur&iacute;dico. Hizo algo m&aacute;s modesto y quiz&aacute; m&aacute;s profundo: impuso l&iacute;mites a lo que el poder pod&iacute;a hacerle a una persona y reconoci&oacute; que la dignidad humana no desaparece al cruzar una frontera.
    </p><p class="article-text">
        Una frontera delimita un territorio; no delimita la dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso aquellos apuntes no estaban tan separados como cre&iacute;a. Humanizar no significa querer a todos, ni conservar todos los v&iacute;nculos, ni abrir todas las fronteras. A veces hay que marcharse y a veces hay que cerrar una puerta. Tambi&eacute;n los Estados tienen puertas y fronteras. La cuesti&oacute;n es si, al cerrarlas, necesitamos dejar de reconocer a quien permanece al otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s de que el derecho internacional empezara a colocar al ser humano en su campo de visi&oacute;n, quiz&aacute; seguimos aprendiendo una lecci&oacute;n sencilla de formular y dif&iacute;cil de practicar: detr&aacute;s de cada categor&iacute;a hay alguien. Humanizar la mirada consiste, al final, en no dejar de ver al otro cuando empieza a incomodarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil Gandía]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2026 04:00:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por una mirada, un mundo]]></media:title>
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