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    <title><![CDATA[elDiario.es - Murcia y aparte]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Murcia y aparte]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Abril lector y los comandos del libro castigado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/abril-lector-comandos-libro-castigado_132_13168892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/675be322-231e-49f4-a7ac-a3a159df6bb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141392.jpg" width="5472" height="3078" alt="Abril lector y los comandos del libro castigado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En las tripas se me quedan las publicaciones que niegan la violencia machista, como una mala digestión. Van ya dieciséis mujeres asesinadas por hombres en lo que va de año en España
</p></div><p class="article-text">
        En las librer&iacute;as pasan cosas porque dentro de ellas hay miles de universos que pertenecen al lector. Hace poco m&aacute;s de una d&eacute;cada, Jen Campbell escribi&oacute; en su peque&ntilde;o estudio de Edimburgo unas reflexiones hilarantes en las que contaba su experiencia como librera, junto a las de otros compa&ntilde;eros de su pa&iacute;s. Aqu&iacute;, la editorial Malpaso le a&ntilde;adi&oacute; an&eacute;cdotas de librer&iacute;as espa&ntilde;olas. &lsquo;Cosas raras que se oyen en las librer&iacute;as&rsquo; se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno editorial. 
    </p><p class="article-text">
        Campbell no planeaba ser una escritora superventas, sino compartir el amor por su precioso oficio. Contar esas cosas absurdas, geniales o pat&eacute;ticas que los lectores hacemos rebuscando en las estanter&iacute;as, recordando algo que le&iacute;mos, descubriendo nuestras interesantes vidas frente al mostrador. Como siempre ocurre con todo lo que se hace con pasi&oacute;n, a la escritora se le fue tan de las manos el asunto, que arranc&oacute; a volar con vida propia. Anticip&oacute; tendencias. Ahora se escapa abril del calendario, terminan las agendas de actos oficiales y las librer&iacute;as se quedan habitadas solamente por su infanter&iacute;a m&aacute;s leal. 
    </p><p class="article-text">
        Hay, sin embargo, un fen&oacute;meno que se repite desde hace a&ntilde;os. Algo ocurre en las estanter&iacute;as y algunos libros est&aacute;n de espaldas, como si un duende les cambiara el sitio. Es el <em>Poltergeist </em>de los lectores cabreados que, por ser le&iacute;dos (y reflexivos) nunca ser&aacute;n capaces de destruir un libro, pero tampoco soportan un contenido peligroso, y lo ocultan entre el resto. Esta forma tan deliciosamente <em>trendy </em>de neutralizar lo chungo se conoce como <em>Hidingbook</em>. Comenz&oacute; en Estados Unidos cuando salieron de la caverna demasiados textos reaccionarios, y el criterio de los lectores de raza se afil&oacute;. La gota que colm&oacute; el vaso fue aquel best seller del negacionista Robert Kennedy Jr, &lsquo;The real Anthony Fauci&rsquo;, donde su autor abunda en que las vacunas y el VIH son inocuos. Entonces, comandos silenciosos de lectores daban la vuelta al libro, y ese inocente cortafuegos activista se expandi&oacute; hasta las librer&iacute;as europeas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este abril lector he visto en algunos establecimientos de esta bendita tierra libros llorosos, castigados en sus estantes, de cara a la pared. Todos tienen en com&uacute;n el puntazo reaccionario. Hay nacionalismos supremacistas, incluido el espa&ntilde;ol, violencias vicarias monetizadas, m&aacute;s antivacunas, insistentes revisionistas del Holocausto y otras pamplinas sin rigor. 
    </p><p class="article-text">
        En las tripas se me quedan las publicaciones que niegan la violencia machista, como una mala digesti&oacute;n. Van ya diecis&eacute;is mujeres asesinadas por hombres en lo que va de a&ntilde;o en Espa&ntilde;a. Murcia es una de las comunidades con m&aacute;s denuncias por violencia de g&eacute;nero. Hace solo unos d&iacute;as, un diputado del partido del partido ultra ped&iacute;a aqu&iacute; combatir &ldquo;incluso con violencia&rdquo; contra las mujeres que deciden abortar. Y as&iacute;, del disparate al <em>tru&ntilde;olibro</em>, es como se amplifican estas ideas. Los activistas lectores aplican, desde su libertad, la paradoja de Popper: Si toleras a los intolerantes, acabar&aacute;n con el sistema. La moda de los libros de extraterrestres era, con mucho, m&aacute;s divertida y mejor.
    </p><p class="article-text">
        Un amigo librero que no deja entrar textos reaccionarios en su tienda, resta importancia a la repercusi&oacute;n de estas publicaciones de baja calidad. Su teor&iacute;a es razonable. La gente que compra esas teor&iacute;as jam&aacute;s lee. Tiene raz&oacute;n. Los malvados hicieron hogueras en la Opernplatz, los ignorantes echaron sus propios libros en ellas. 
    </p><p class="article-text">
        El investigador Olivier Mannoni, uno de los mayores expertos en nazismo, tard&oacute; diez a&ntilde;os en traducir &lsquo;Mein Kampf&rsquo; para la editora franco-suiza Fayard. Demostr&oacute; la perversi&oacute;n de ese lenguaje que, por ejemplo, invirti&oacute; palabras como despiadado, brutal o fan&aacute;tico en honorables y positivas. En una reciente entrevista que la escritora y periodista Isabelle Carceles le hizo para &lsquo;El Courrier&rsquo; de Ginebra, recordaba como los &ldquo;fetiches verbales del mal&rdquo; se escuchan de nuevo en Europa. A&ntilde;ado aqu&iacute; dos de factura patria, frescos. Reemplazo. Prioridad Nacional.
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor el <em>Hidingbook</em> resulta ser ant&iacute;doto contra el exceso de atenci&oacute;n al cu&ntilde;adismo de motosierra. Tambi&eacute;n apagar radios y pantallas, cuando hablan. Que regresen a la oscuridad. No mirar, cerrar los ojos, como Indiana y su novia Marion amarrados a ese poste, a punto casi de perder, cuando los malos sueltan las furias del Arca. As&iacute;, quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a tengamos m&aacute;s librer&iacute;as que casas de apuestas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazarena Balaguer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/abril-lector-comandos-libro-castigado_132_13168892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 07:56:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abril lector y los comandos del libro castigado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La universidad pública: entre el mérito y la degradación institucional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/universidad-publica-merito-degradacion-institucional_132_13167584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/233dabfc-d57f-4972-b924-db59b1c1a0e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La universidad pública: entre el mérito y la degradación institucional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tenemos muchas cosas buenas que cuidar y preservar en la universidad como para permitir que una minoría de listillos se apropie de la institución y monte un chiringuito en favor de su círculo de intereses</p></div><p class="article-text">
        Hay un t&eacute;rmino con una gran precisi&oacute;n terminol&oacute;gica que se ha usado entre mis amigos desde anta&ntilde;o: &ldquo;asco-pena&rdquo;. Siempre lo hemos usado para referirnos a situaciones tan surrealistas que rozan la pateticidad y parten de una malicia que genera un gran rechazo, calificable como &ldquo;asco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando he le&iacute;do lo que est&aacute; sucediendo con las elecciones a rector de la que fue mi universidad (la UMU), he pensado: &ldquo;vaya asco-pena&rdquo;. Es lo mismo que pens&eacute; cuando supe c&oacute;mo funcionan las elecciones del colegio de abogados; aprovecho para se&ntilde;alar esto y que no caiga en el olvido.
    </p><p class="article-text">
        Por dar algo de contexto a lo que os cuento, el rector saliente de la UMU ha pasado a incorporarse a la CROEM, en un movimiento que algunos han interpretado como una puerta giratoria. Al mismo tiempo, ha surgido cierto revuelo en torno a la gesti&oacute;n de la campa&ntilde;a por parte de una de las candidaturas, con comentarios sobre la implicaci&oacute;n activa de profesores en la movilizaci&oacute;n del voto estudiantil, en ocasiones vinculada a incentivos informales y al peso que puede tener la relaci&oacute;n acad&eacute;mica en este tipo de din&aacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Vamos a decir que esto es una prueba de lo bien que funciona el sistema educativo para promover el pensamiento cr&iacute;tico o el pensamiento, simplemente, no solo entre alumnos, sino tambi&eacute;n entre los profesores que se han prestado a favorecer la endogamia e invalidaci&oacute;n de una instituci&oacute;n que deber&iacute;a ser la fuente de conocimiento de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he pecado de idealista respecto a lo que la universidad significa. Nunca me ha gustado que est&eacute; plenamente enfocada a ser una m&aacute;quina generadora de mano de obra. La he visto siempre como un espacio de investigaci&oacute;n, conocimiento, prosperidad y de acogida para quien quiere aprender y crear v&iacute;nculos desde y con el conocimiento. Esa era mi romantizaci&oacute;n de la universidad. Es natural la frustraci&oacute;n que supone contrastar la realidad de las universidades espa&ntilde;olas frente a esa idea.
    </p><p class="article-text">
        Hoy d&iacute;a tenemos m&aacute;s bien un cuadro de Goya bien &ldquo;performado&rdquo;: entre los que pelean las c&aacute;tedras como galones pol&iacute;ticos, los que hacen pi&ntilde;a para derribar a compa&ntilde;eros de departamento, los que compran votos, los pol&iacute;ticos pidiendo reconocimientos acad&eacute;micos que no les corresponden por m&eacute;rito, los que trafican con la normativa de esta gran instituci&oacute;n y los grandes afectados: los alumnos.
    </p><p class="article-text">
        Hay algunos que no olvidamos ciertas cosas que vienen desde 2008, que no olvidamos los tasazos que hicieron que la universidad p&uacute;blica dejara de ser para todos o las normas de progresi&oacute;n y permanencia que pusieron requisitos para poder respirar a quienes necesit&aacute;bamos compatibilizar trabajo y estudios.
    </p><p class="article-text">
        Yo no lo tuve nada f&aacute;cil gracias a gente como la que hoy nos facilita esos titulares, desde el corrupto de base hasta el pol&iacute;tico de ministerio. Antes sent&iacute;a una rabia inmensa y ahora veo este show desde mi posici&oacute;n y siento ese &ldquo;asco-pena&rdquo; que os comentaba al principio.
    </p><p class="article-text">
        Por hablar algo en positivo, dir&iacute;a que no hay que dar por desperdiciada la universidad p&uacute;blica por estas cosas, que es el lugar donde debe prosperar quien quiera hacerlo y no solo quien pueda. Dir&iacute;a que es donde los est&aacute;ndares de calidad deben estar m&aacute;s altos, donde debe ser dif&iacute;cil aprobar la asignatura de Derecho Procesal. Que tambi&eacute;n es el lugar en que se investiga y se avanza paso a paso en cuestiones importantes para la sociedad y que brinda un trasvase de conocimiento imprescindible para mejorar.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos muchas cosas buenas que cuidar y preservar en la universidad como para permitir que una minor&iacute;a de listillos se apropie de la instituci&oacute;n y monte un chiringuito en favor de su c&iacute;rculo de intereses. Si lo hacen, por lo menos que se les caiga la cara de verg&uuml;enza, que se les haga cr&iacute;tica, que no tengan paz. Y un &uacute;ltimo apunte: un sistema corrupto no puede educar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rebeca González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/universidad-publica-merito-degradacion-institucional_132_13167584.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 04:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La universidad pública: entre el mérito y la degradación institucional]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-si-servicio-publico-no-prestamos_132_13166014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4881f59-38f5-434c-a4b3-c1e50b5d9575_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reciente decisión del Tribunal Central de Recursos Contractuales de tumbar la licitación del nuevo contrato de autobuses no es solo un tropiezo administrativo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Murcia llevamos d&eacute;cadas aceptando una contradicci&oacute;n que apenas se discute: consideramos el transporte urbano un servicio p&uacute;blico esencial, pero su gesti&oacute;n sigue en manos privadas. Y no pasa nada&hellip; hasta que pasa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reciente decisi&oacute;n del Tribunal Central de Recursos Contractuales de tumbar la licitaci&oacute;n del nuevo contrato de autobuses no es solo un tropiezo administrativo. Es el s&iacute;ntoma de un modelo que hace aguas: contratos complejos, recursos constantes, retrasos acumulados y una sensaci&oacute;n generalizada de que el servicio nunca termina de estar a la altura.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante a&ntilde;os, el debate p&uacute;blico ha defendido, con raz&oacute;n, la importancia de blindar la sanidad o la educaci&oacute;n. Pero rara vez se aplica ese mismo criterio a otros servicios que tambi&eacute;n son p&uacute;blicos por ley y por sentido com&uacute;n. El transporte urbano es uno de ellos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque no hablamos de un servicio cualquiera. Hablamos de c&oacute;mo se mueve una ciudad, de qui&eacute;n puede acceder a su trabajo, de si vivir en una pedan&iacute;a es una desventaja o no. Hablamos, en definitiva, de igualdad, de favorecer la gesti&oacute;n del tiempo, de calidad de vida. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El modelo concesional tiene l&oacute;gica sobre el papel: el Ayuntamiento fija condiciones y una empresa especializada presta el servicio. Pero en la pr&aacute;ctica, ese equilibrio se rompe con facilidad. Cuando el contrato falla, todo falla. Cuando el dise&ntilde;o es defectuoso, las consecuencias duran a&ntilde;os. Y cuando hay conflictos, el margen de maniobra p&uacute;blica es limitado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Frente a esto, la gesti&oacute;n directa mediante una empresa p&uacute;blica no es una utop&iacute;a ni una rareza. Es, de hecho, el modelo habitual en muchas ciudades.&nbsp;Barcelona y Madrid gestionan su red a trav&eacute;s de empresas p&uacute;blicas, una empresa 100% municipal que ha sido capaz de modernizar su flota y asumir un papel clave en la movilidad urbana.&nbsp;Europa, urbes como Nantes o Rennes de un tama&ntilde;o medio a la de nuestra ciudad hacen lo propio, donde incluso los estudios han mostrado que la gesti&oacute;n p&uacute;blica puede ser m&aacute;s eficiente que la privada en determinadas condiciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Tal vez no sean sistemas perfectos, pero funcionan. Y, sobre todo, responden a una l&oacute;gica distinta: la del servicio, y no a la del beneficio.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Eso no significa ignorar los riesgos. Crear una empresa p&uacute;blica exige inversi&oacute;n, planificaci&oacute;n y una gesti&oacute;n profesional que evite caer en ineficiencias o en el cortoplacismo pol&iacute;tico. Pero seguir como hasta ahora tambi&eacute;n tiene costes, aunque sean menos visibles: dependencia, rigidez contractual y una mejora del servicio que siempre parece aplazarse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La cuesti&oacute;n de fondo no es ideol&oacute;gica, sino de coherencia. Si defendemos que ciertos servicios deben garantizarse desde lo p&uacute;blico por su impacto en la vida de la gente, esa defensa no puede quedarse a medias. No puede limitarse a algunos &aacute;mbitos mientras en otros aceptamos modelos que, una y otra vez, generan problemas estructurales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Murcia tiene ahora una oportunidad, aunque venga de la mano de un rev&eacute;s jur&iacute;dico. M&aacute;s all&aacute; de rehacer un contrato, quiz&aacute; ha llegado el momento de replantear el modelo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque si por ley la competencia y la gesti&oacute;n del servicio de transporte es p&uacute;blico, la pregunta es inevitable: &iquest;por qu&eacute; no lo prestamos como tal?</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-si-servicio-publico-no-prestamos_132_13166014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 04:01:06 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta de un cura al consejero murciano de Salud, Juan José Pedreño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carta-cura-consejero-murciano-salud-juan-jose-pedreno_132_13162550.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1f426e1-df4d-4e9b-962b-3618a7cd5e9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta de un cura al consejero murciano de Salud, Juan José Pedreño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Te he escuchado en varias ocasiones y nunca había tenido la sensación de que tuvieras un discurso deshumanizador como este, en el que no entras a valorar el hecho de que la sanidad pública se está deteriorando en beneficio de la privada</p></div><p class="article-text">
        Me ha llegado por redes sociales un v&iacute;deo de tu intervenci&oacute;n acerca del proceso de regularizaci&oacute;n extraordinaria en relaci&oacute;n con la sanidad, en el que dices que el sistema est&aacute; tensionado por sus propios ciudadanos, a lo que se a&ntilde;ade la poblaci&oacute;n migrante que se encuentra de forma irregular en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Te he escuchado en varias ocasiones y nunca hab&iacute;a tenido la sensaci&oacute;n de que tuvieras un discurso deshumanizador como este, en el que no entras a valorar el hecho de que la sanidad p&uacute;blica se est&aacute; deteriorando en beneficio de la privada. Aunque te quieres cubrir las espaldas aludiendo a la falta de financiaci&oacute;n, tu discurso se puede catalogar de aporof&oacute;bico, de rechazo al pobre. &iquest;Tienes los mismos planteamientos con las personas que est&aacute;n de turismo en la Regi&oacute;n? No has hablado de la dignidad humana y de los cuidados vinculados a la profesi&oacute;n sanitaria. Has hablado de estas personas, insisto en lo de &amp;lt;<personas>&gt;, como una mera carga, como una amenaza para el sistema sanitario, sin contar con una mirada humanizadora, como la tiene la propia Iglesia Cat&oacute;lica. Antes de ser consejero de Salud, eres persona y eres m&eacute;dico.</personas>
    </p><p class="article-text">
        Buscando por internet algo sobre vuestro c&oacute;digo deontol&oacute;gico, he encontrado este texto que me parece que os puede interpelar en las actuales circunstancias, en las que criminalizar y rechazar a las personas migrantes pobres significa obtener votos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;tica m&eacute;dica para una pr&aacute;ctica profesional responsable. En una profesi&oacute;n donde la confianza, el juicio cl&iacute;nico y la responsabilidad van de la mano, disponer de un C&oacute;digo actualizado es m&aacute;s que una necesidad: es una garant&iacute;a para el m&eacute;dico, para el paciente y para la sociedad. Este nuevo marco &eacute;tico fortalece el ejercicio profesional, aline&aacute;ndolo con los valores que siempre han definido la medicina:&nbsp;respeto, compromiso, humanidad y rigor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde queda la humanidad en tu discurso? Rechazar esta regularizaci&oacute;n es condenar a estas personas a la explotaci&oacute;n, a la exclusi&oacute;n y a que no tengan una consideraci&oacute;n de ciudadanos. &nbsp;Hay un intento de retratarlas como una amenaza y un gasto, lo cual abre la puerta al racismo. Cualquier persona tiene que ser tratada dignamente y esto tambi&eacute;n se aplica a la salud. Te aconsejo que, cuando puedas, veas el XXXIX Seminario Interdisciplinar de Bio&eacute;tica de la Universidad Pontificia de Comillas, celebrado el 10 de marzo del 2026 que desmonta cualquier consideraci&oacute;n racista desde un punto de vista &eacute;tico y econ&oacute;mico. L&aacute;stima que estas visiones queden sepultadas por los discursos de odio.
    </p><p class="article-text">
        Veo venir el discurso aporof&oacute;bico y con tintes xen&oacute;fobos para que la poblaci&oacute;n piense que los problemas en la sanidad se deben a la falta de financiaci&oacute;n del gobierno central mientras no sea de tu mismo partido. Tambi&eacute;n a los migrantes cuya situaci&oacute;n administrativa ha sido regularizada -aqu&iacute; hay que subrayar que una persona no es irregular o ilegal-. Los datos econ&oacute;micos que ten&eacute;is desmienten esta argumentaci&oacute;n porque cuando se han hecho otras regularizaciones -tambi&eacute;n por parte del Partido Popular, lo cual aplaudo-, se han logrado incrementar los ingresos de la la Seguridad Social y la recaudaci&oacute;n, adem&aacute;s de la contribuci&oacute;n que se ha hecho al aumento del Producto Interior Bruto (PIB).  Todo esto sin perder de vista el planteamiento previo: la dignidad humana.
    </p><p class="article-text">
        Siento una gran preocupaci&oacute;n por el hecho de que personas buenas, aunque no comparta determinados planteamientos sociales con ellas, se sumen al engranaje de la deshumanizaci&oacute;n de las personas migrantes y refugiadas. No es tarde para reaccionar porque nunca es tarde para amar, fraternizar y cuidar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Sánchez, 'el cura de la PAH']]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carta-cura-consejero-murciano-salud-juan-jose-pedreno_132_13162550.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:00:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta de un cura al consejero murciano de Salud, Juan José Pedreño]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A vueltas con el problema de la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/vueltas-problema-vivienda_132_13162354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7150cc30-03c4-405b-9797-540ae58520ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A vueltas con el problema de la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema no es, desde luego, la falta de oferta, sino los disparatados precios que se piden para que este bien de primera necesidad cambie de mano</p></div><p class="article-text">
        Hay una idea que, desde los medios de comunicaci&oacute;n, incluidos los medios p&uacute;blicos, no paran de repetirnos, que en Espa&ntilde;a faltan viviendas, y que esa escasez de la oferta es la principal causa de los altos precios tanto de compra como de alquiler. Sin embargo, si se hace una b&uacute;squeda r&aacute;pida en un portal especializado en viviendas, se comprueba que, a d&iacute;a de hoy, hay disponibles, s&oacute;lo en el municipio de Murcia, m&aacute;s de 3.500 viviendas listas para ser adquiridas, y m&aacute;s de 800 de alquiler. Si ampliamos la b&uacute;squeda a toda la regi&oacute;n, esas cifras suben a 11.000 a la venta y unas 2.000 en alquiler. La oferta de venta de viviendas en toda Espa&ntilde;a asciende a unas 700.000 y a m&aacute;s de tres millones en alquiler.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es, desde luego, la falta de oferta, sino los disparatados precios que se piden para que este bien de primera necesidad cambie de mano, con un abismo entre las condiciones de habitabilidad de esas viviendas, muchas de las cuales rozan la categor&iacute;a de infravivienda, con los precios que demandan los propietarios, muy por encima de salarios reales de la poblaci&oacute;n. La ideolog&iacute;a 'liberal', adem&aacute;s, y de nuevo, clama contra los impuestos, cuya existencia responsabiliza de los altos precios, y nunca a la avaricia y el ansia de obtener los m&aacute;ximos beneficios con el menor esfuerzo posible.
    </p><p class="article-text">
        En las grandes ciudades los llamados 'fondos buitre', principalmente Blackstone y CaixaBank, poseen m&aacute;s de 100.000 viviendas, que mantienen apalancadas a la espera de que la especulaci&oacute;n les sea favorable, mientras que el 10% de las casas pertenecen a grandes tenedores. A esto se suma el auge del alquiler tur&iacute;stico, con unos 330.000 pisos de este tipo en Espa&ntilde;a, un 1,24% del parque total, aunque esa cifra aumenta hasta el 10% en ciudades como M&aacute;laga, provocando un verdadero problema al influir en los precios generales de alquiler en determinadas zonas.
    </p><p class="article-text">
        El lobby de la construcci&oacute;n nos repite que es necesario construir en nuestro pa&iacute;s entre 500.000 y 700.000 viviendas nuevas, mientras que los datos del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica cifran en 3,8 millones de viviendas vac&iacute;as en Espa&ntilde;a, el 58% de las cuales se encuentran en poblaciones de menos de 50.000 habitantes. La Regi&oacute;n de Murcia cuenta con m&aacute;s de 100.000 viviendas vac&iacute;as, cerca de la tercera parte del parque total de viviendas, siendo una de las cifras m&aacute;s elevadas de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y tampoco es cierto que la construcci&oacute;n de cientos de miles de viviendas nuevas vaya a rebajar el precio global, seg&uacute;n la teor&iacute;a de la 'mano invisible' de Adam Smith. El 'boom' inmobiliario que transform&oacute; el paisaje de nuestro pa&iacute;s entre 1997 y 2007, en la que se construyeron m&aacute;s de cinco millones de viviendas, m&aacute;s que en el conjunto de Francia, Gran Breta&ntilde;a y Alemania, no supuso la baja de precios, sino todo lo contrario, con un alza de m&aacute;s del 140% en siete a&ntilde;os, y provoc&oacute; la crisis subsiguiente de 2008, con los resultados que conocemos de cifras de paro del 27%.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno va a aprobar en Consejo de Ministros el Plan de Vivienda 2026-2030, dotado de 7.000 millones de euros, cuyos objetivos son aumentar el parque p&uacute;blico de viviendas, sobre todo destinado al alquiler, y el fomento de la rehabilitaci&oacute;n, as&iacute; como el blindaje permanente del parque p&uacute;blico de vivienda para evitar su venta. Sin embargo, no incide en el principal problema de la vivienda, los precios abusivos tanto de venta como de alquiler. La medida de este plan que consiste en ayudas al alquiler de 300 euros al mes para j&oacute;venes y de 600 euros al mes para alquileres en general no es sino un parche, ya que solo alcanzar&aacute; a un n&uacute;mero limitado de personas, adem&aacute;s de que su cumplimiento depende de las comunidades aut&oacute;nomas, que ser&aacute;n las responsables de su aplicaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ya se ha visto que la reciente Ley de Vivienda, que incluye el l&iacute;mite de los precios de los alquileres en zonas tensionadas, la redefinici&oacute;n de los grandes tenedores, pasando a esa categor&iacute;a los propietarios de m&aacute;s de cinco viviendas y la declaraci&oacute;n de zonas tensionadas cuando el precio del alquiler o hipoteca supera el 30% de los ingresos medios de las familias, no ha funcionado sobre todo por la negativa de las comunidades aut&oacute;nomas a aplicar dicha ley, incluido el Gobierno regional de L&oacute;pez Miras.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, el Gobierno regional se jacta de su propio plan de vivienda, consistente principalmente en avales a menores de 35 a&ntilde;os para la compra de la primera vivienda. Por lo visto, L&oacute;pez Miras no conoce la realidad de la juventud murciana. La precariedad en el empleo en la juventud es un obst&aacute;culo para siquiera pensar en comprar un piso, por lo que dudo de que esta medida alcance a mucha gente.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n queda mucho por hacer para que se cumpla el articulo 47 de la Constituci&oacute;n, aquel que reconoce el derecho de todos los ciudadanos a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y, sobre todo, que obliga a los poderes p&uacute;blicos a promover las condiciones necesarias, regular el uso del suelo conforme al inter&eacute;s general para evitar la especulaci&oacute;n y garantizar la participaci&oacute;n de la comunidad en las plusval&iacute;as urban&iacute;sticas. Habr&aacute; que calibrar y corregir el desequilibrio que existe entre la obtenci&oacute;n de beneficios desorbitados frente a la consecuci&oacute;n de un derecho fundamental sancionado por la Carta de Derechos Humanos desde 1948.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico García Charton]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/vueltas-problema-vivienda_132_13162354.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:00:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A vueltas con el problema de la vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poder opaco: medios, silencio y crisis en Murcia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/opaco-medios-silencio-crisis-murcia_132_13163030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bd4da2c-c6ef-4a6d-b88c-30aa29ac0f9e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El poder opaco: medios, silencio y crisis en Murcia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La fragilidad de los medios, agravada por la caída de los ingresos publicitarios, ha reforzado su dependencia de la financiación institucional, que es distribuida con escasa transparencia premiando a medios afines</p></div><p class="article-text">
        Siempre me ha llamado la atenci&oacute;n, desde que volv&iacute; de Italia a Murcia, una diferencia en el tratamiento informativo del poder: en el PSOE era relativamente f&aacute;cil identificar qui&eacute;n mandaba y cu&aacute;les eran las familias; en el Partido Popular y en Vox, no. En estos casos, el poder resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de rastrear. No es solo una impresi&oacute;n. Basta revisar las hemerotecas: frente a los mapas detallados de nombres y relaciones que los periodistas han ido trazando durante a&ntilde;os para reconstruir el poder socialista o de otros partidos progresistas, apenas existen intentos equivalentes para interpretar las din&aacute;micas internas del PP o de Vox. Solo han trascendido episodios concretos &mdash;como el enfrentamiento entre Patricia Fern&aacute;ndez y Fernando L&oacute;pez Miras&mdash;, convertidos en excepci&oacute;n m&aacute;s que en regla. En el caso de Vox, adem&aacute;s, muchas de sus decisiones, purgas y contrataciones solo han sido conocidas cuando han saltado a la prensa nacional, sin un seguimiento sostenido en el &aacute;mbito regional. Y todo ello mientras la sucesi&oacute;n de Ballesta, dentro y fuera del Ayuntamiento de Murcia, deriva cada vez m&aacute;s en una carrera de codos que lleva tiempo en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Esta asimetr&iacute;a no es casual. Responde, en gran medida, a c&oacute;mo funcionan los medios de comunicaci&oacute;n y a las condiciones en las que producen informaci&oacute;n. All&iacute; donde existen mecanismos de democracia interna &mdash;primarias, procesos competitivos, estructuras m&aacute;s permeables&mdash; el poder se vuelve narrable. Se filtra, se discute, se expone. En esos contextos, los medios encuentran material para construir relatos, aunque a menudo lo hagan desde el conflicto, presentando la propia democracia interna como problema en lugar de como una expresi&oacute;n normal de pluralismo pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, all&iacute; donde esos mecanismos se controlan o se diluyen, el relato se vuelve opaco. El poder no desaparece: simplemente deja de circular por canales visibles y se desplaza hacia redes informales, dif&iacute;ciles de penetrar para quien no conoce sus c&oacute;digos. La pol&iacute;tica se acerca entonces a la l&oacute;gica de un 'selectorado' restringido, donde las decisiones relevantes se toman en c&iacute;rculos cerrados y el conocimiento sobre qui&eacute;n manda realmente queda reservado a quienes manejan nombres, v&iacute;nculos y lealtades. No hay ausencia de poder, sino d&eacute;ficit de democracia: no solo se dificulta su comprensi&oacute;n, sino tambi&eacute;n su relato.
    </p><p class="article-text">
        Parte de esa ausencia tiene que ver con un segundo vector menos visible, pero igualmente determinante: la dependencia de las fuentes. El periodismo pol&iacute;tico, especialmente en &aacute;mbitos locales o auton&oacute;micos, se sostiene en gran medida sobre el acceso. Quien rompe ese equilibrio y se&ntilde;ala din&aacute;micas internas corre el riesgo de quedar fuera de los circuitos de informaci&oacute;n y perder futuras filtraciones. En entornos cerrados, adem&aacute;s, las fuentes no hablan o lo hacen bajo condiciones de anonimato que rara vez permiten construir un relato publicable con garant&iacute;as. El resultado es un incentivo claro a la contenci&oacute;n: no tanto por falta de conocimiento, sino por el coste que tiene convertir ese conocimiento en informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El problema, sin embargo, no es solo la opacidad, sino el silencio: el miedo &mdash;pol&iacute;tico, medi&aacute;tico o econ&oacute;mico&mdash; impide que esos nombres se pronuncien. Como dice Verbal Kint en <em>Sospechosos habituales</em>, &ldquo;el mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no exist&iacute;a&rdquo;: el poder siempre es m&aacute;s eficaz cuando nadie se atreve a nombrarlo.
    </p><p class="article-text">
        Esto revela una l&oacute;gica operativa poco reconocida: los medios no act&uacute;an &uacute;nicamente como observadores neutrales, sino tambi&eacute;n como gestores del riesgo informativo. Publicar exige respaldo, pruebas s&oacute;lidas o validaci&oacute;n externa. En ausencia de esas condiciones, se opta por f&oacute;rmulas m&aacute;s ambiguas que permiten insinuar sin afirmar. As&iacute; se configura una jerarqu&iacute;a impl&iacute;cita en la que determinados conflictos necesitan ser 'certificados' antes de hacerse plenamente visibles, mientras otros circulan en un terreno difuso donde todo el mundo sabe, pero pocos dicen. 
    </p><p class="article-text">
        Ese silencio no es casual: es autocensura nacida del miedo, en una regi&oacute;n que periodistas de prestigio han perdido su empleo. Un miedo con varias caras, entre ellas una especialmente relevante: la econ&oacute;mica. La fragilidad de los medios, agravada por la ca&iacute;da de los ingresos publicitarios, ha reforzado su dependencia de la financiaci&oacute;n institucional, que es distribuida con escasa transparencia premiando a medios afines. Esa dependencia introduce un incentivo evidente a la prudencia &mdash;cuando no a la contenci&oacute;n&mdash; en la cobertura de determinados actores pol&iacute;ticos. El problema deja as&iacute; de ser solo editorial para convertirse en una cuesti&oacute;n de gobernanza: sin reglas claras y supervisadas, la autonom&iacute;a real de los medios queda condicionada y su funci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de sus editoriales, puesta en tela de juicio, pues sin utilidad real, su valor cae.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello favorece un fen&oacute;meno igualmente relevante: la persistencia de determinados perfiles pol&iacute;ticos que, por su presencia o su forma de actuar, operan mediante la intimidaci&oacute;n simb&oacute;lica sin activar una respuesta social proporcional dentro de sus propias organizaciones. Son figuras que transitan de puesto en puesto sin que los costes reputacionales act&uacute;en como mecanismo de correcci&oacute;n. Su estilo &mdash;a medio camino entre la provocaci&oacute;n y la normalizaci&oacute;n de lo inaceptable&mdash; acaba siendo tolerado como parte del paisaje pol&iacute;tico. Hasta el punto de que sus nombres se omiten, no sea que se&ntilde;alarlos desencadene reacciones con consecuencias econ&oacute;micas, incluidas posibles p&eacute;rdidas de ingresos publicitarios abonando el camino para el poder desp&oacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la situaci&oacute;n del Ayuntamiento de Murcia no puede entenderse como un episodio aislado, sino como la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de ese mismo patr&oacute;n de opacidad y control del relato. La recuperaci&oacute;n de espacios por parte del Partido Popular en barrios que fueron clave en el conflicto del soterramiento apunta menos a una estrategia de gobierno que a una din&aacute;mica interna de reposicionamiento. Todo indica que el foco est&aacute; en la gesti&oacute;n de una sucesi&oacute;n m&aacute;s que en la resoluci&oacute;n de problemas de un ayuntamiento ahogado. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras distintos perfiles del Ejecutivo regional se sit&uacute;an, el Ayuntamiento proyecta una imagen de creciente desorden. Los ejemplos son conocidos: un sistema de transporte p&uacute;blico con licitaciones retrasadas o mal planteadas que no saldr&aacute;n esta legislatura, problemas persistentes de limpieza, quejas acumuladas en barrios y pedan&iacute;as, atascos estructurales como los de la Ronda Sur o la renuncia del jefe de bomberos, que evidencia tensiones internas y fallos de direcci&oacute;n. No se trata de incidentes aislados, sino de una acumulaci&oacute;n de disfunciones que dibuja un problema de gesti&oacute;n sostenido, pero que no tienen reflejo en lo medios. 
    </p><p class="article-text">
        A ello se suman elementos m&aacute;s simb&oacute;licos, como la hibridaci&oacute;n entre cofrad&iacute;as y pol&iacute;tica o el control reforzado sobre territorios donde la percepci&oacute;n de abandono es creciente. Pero m&aacute;s all&aacute; de lo simb&oacute;lico, lo determinante sigue siendo la capacidad &mdash;o la incapacidad&mdash; de ejecutar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de forma coherente.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n es inc&oacute;moda, pero dif&iacute;cil de evitar: la falta de escrutinio sostenido no es solo un problema medi&aacute;tico, sino un factor que agrava la propia crisis de gobierno. Cuando el poder no se nombra, cuando sus din&aacute;micas no se explican y cuando sus fallos no se exponen con claridad, las posibilidades de correcci&oacute;n se reducen y perdemos todos. Y en ese escenario, lo que queda no es un proyecto, sino una l&oacute;gica de mera conservaci&oacute;n del poder en la que la opacidad deja de ser una consecuencia para convertirse en una herramienta para que todo siga como siempre, pero el resultado es la p&eacute;rdida de la democracia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Domingo Centenero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/opaco-medios-silencio-crisis-murcia_132_13163030.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 04:00:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El poder opaco: medios, silencio y crisis en Murcia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La llamada de Vox a la violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/llamada-vox-violencia_132_13158215.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ca74141-d75e-45c7-9c57-718620b9679a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1112275.jpg" width="1955" height="1100" alt="La llamada de Vox a la violencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde la irrupción del trumpismo en la escena planetaria los tiempos de la agenda ultra se han acelerado</p></div><p class="article-text">
        El mi&eacute;rcoles 15 de abril el diputado regional de Vox&nbsp;Antonio Mart&iacute;nez Nieto llam&oacute; a combatir incluso con la violencia la, seg&uacute;n sus palabras, &ldquo;aberraci&oacute;n moral del aborto y la eutanasia&rdquo;. Todo ello al hilo de la&nbsp;moci&oacute;n del PP que exig&iacute;a al Gobierno de Espa&ntilde;a una ley de cuidados paliativos, que seg&uacute;n Mart&iacute;nez Nieto se iba a convertir en &ldquo;un refuerzo de la eutanasia&rdquo;. Arguyen que el gobierno quiere meter en la Constituci&oacute;n la cultura de la muerte. Y lo dice el diputado de un partido que est&aacute; entusiastamente a favor de la guerra en Oriente Medio, una guerra que, a su l&iacute;der, Santiago Abascal, le genera &ldquo;gran esperanza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La guerra les parece una opci&oacute;n esperanzadora, pero que una mujer decida sobre su propio cuerpo o que una persona elija la eutanasia para dejar de sufrir les resulta intolerable. Es una expresi&oacute;n m&aacute;s de la crueldad que caracteriza al pensamiento de ultraderecha.
    </p><p class="article-text">
        Observamos c&oacute;mo la ret&oacute;rica de estos particos se vuelve cada vez m&aacute;s agresiva. En esa gradaci&oacute;n, el paso previo al uso de la violencia es la llamada a la violencia. En esta ocasi&oacute;n Vox ha dado un salto cualitativo y esa llamada la ha hecho desde la tribuna de la Asamblea Regional. Ya no es una convocatoria en redes para linchar a migrantes en Torre Pacheco, ya no es un chiste de cuarto cubata sobre feminazis en la barra de un bar, ya no es una soflama racista en un mitin ante los suyos, ya no es el exabrupto contra el gobierno de un tertuliano en horario de m&aacute;xima audiencia: ahora, desde la sede de la soberan&iacute;a popular Vox est&aacute; pidiendo utilizar la violencia para cargar contra leyes aprobadas por el gobierno, leyes que han sido demandadas por la ciudan&iacute;a, votadas y aceptadas. A ver qu&eacute; nombre le ponemos a eso.
    </p><p class="article-text">
        No es casual, en pol&iacute;tica nada lo es. Desde la irrupci&oacute;n del trumpismo en la escena planetaria los tiempos de la agenda ultra se han acelerado. Este hecho ha tenido lugar la misma semana en que hemos sido testigos del vergonzoso ejemplo del diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a S&aacute;nchez subi&eacute;ndose al estrado de la C&aacute;mara Baja para amagar con agredir a su vicepresidente Alfonso Rodr&iacute;guez G&oacute;mez de Celis, algo que nos retrotrae al 23F. La chulesca actitud del diputado de Vox le hac&iacute;a parecer un cruce entre Tejero y Torrente adem&aacute;s de suponer un salto de 45 a&ntilde;os atr&aacute;s en el tiempo. No podemos pasarlo por alto ni normalizarlo. Deben preocuparnos mucho estas faltas de respeto a la democracia, estas actitudes aut&eacute;nticamente antisistema porque a lo que aspiran es a que la democracia caiga para ser sustituida por un gobierno autocr&aacute;tico al estilo de lo que est&aacute; haciendo Trump en EE. UU. y de lo que ha hecho Orb&aacute;n durante los 16 a&ntilde;os de liderazgo en Hungr&iacute;a, que, afortunadamente, han quedado atr&aacute;s en las &uacute;ltimas elecciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente estos exabruptos tienen conexi&oacute;n por una parte con la rabia por la ca&iacute;da estrepitosa de Orb&aacute;n, un dirigente que ha sido faro y gu&iacute;a, adem&aacute;s de financiaci&oacute;n para los partidos ultras europeos, en particular para Vox; y por otra con los indecorosos ejemplos de histrionismo de figuras como Milei o Trump, especialmente de este &uacute;ltimo cuya performance p&uacute;blica despierta a propios y extra&ntilde;os serias dudas sobre su salud mental. Nos gobiernan individuos que est&aacute;n para que los encierren (y no es una met&aacute;fora) y que tienen a su alcance el bot&oacute;n nuclear. Como para no preocuparnos.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo al tema que nos ocupa, la violencia primero se verbaliza y despu&eacute;s se act&uacute;a. Es muy grave lo que ha sucedido en Murcia, donde se han traspasado todos los l&iacute;mites hasta llevar esa violencia a la sede gobierno regional. Por ese motivo debemos decir alto y claro que no podemos tolerar este tipo de actitudes y amenazas en nuestras instituciones, no podemos tolerar ataques a la expresi&oacute;n de la soberan&iacute;a popular y a la independencia de las leyes.
    </p><p class="article-text">
        En respuesta, desde la Asamblea Feminista se ha emitido el siguiente <a href="https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdPjnApl_r0cssfBrSIGhVwlkM5KiH_ryCBoy1Be0S81EjTrw/viewform" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comunicado</a> de repulsa al que se pueden adherir tanto colectivos como personas de forma individual. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fórum de Política Feminista de Murcia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/llamada-vox-violencia_132_13158215.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2026 04:00:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La llamada de Vox a la violencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La violencia nunca se fue]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/violencia_132_13155784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d70ef9ae-8dd0-4ef9-b324-7c72e9984a93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La violencia nunca se fue"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy no hablo solo de palabras ni de un discurso político extremista concreto. Hablo de responsabilidades. De años permitiendo que el derecho al aborto no se garantice en la sanidad pública de la Región de Murcia</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La semana pasada fue noticia que un diputado de Vox, al que no voy a nombrar por no darle publicidad, ha soltado en sede parlamentaria que hab&iacute;a que combatir &laquo;incluso con violencia&raquo; el aborto y la eutanasia, y hasta a m&iacute; -que m&aacute;s bien peco de impulsiva que de prudente- me ha costado reaccionar a sus palabras, pero no por falta de argumentos ni tampoco de memoria, sino porque, en realidad, nada de esto es nuevo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Son a&ntilde;os los que algunas llevamos gritando que en esta tierra se han vulnerado y se vulneran los derechos de las mujeres por pura ideolog&iacute;a. Es una realidad documentada, denunciada y sostenida en el tiempo con total normalidad institucional. Y durante todos estos a&ntilde;os yo misma he podido comprobar -con datos, con testimonios y con demasiadas historias que a&uacute;n me pesan y me retumban muy dentro- c&oacute;mo a las mujeres que necesitaban interrumpir un embarazo se las expulsaba de la sanidad p&uacute;blica. Y no, esto que digo no es una forma de hablar: es exactamente eso. Derivaciones sistem&aacute;ticas a cl&iacute;nicas privadas, incluso en casos m&eacute;dicos graves, en una regi&oacute;n donde pr&aacute;cticamente ning&uacute;n aborto se realiza en el sistema p&uacute;blico. He conocido a mujeres enviadas a cientos de kil&oacute;metros de sus casas para interrumpir un embarazo por causas m&eacute;dicas, destrozadas, solas, sin recursos y sin ning&uacute;n tipo de acompa&ntilde;amiento psicol&oacute;gico. Y tambi&eacute;n he visto c&oacute;mo todo eso se negaba, c&oacute;mo se les daba la espalda, c&oacute;mo se cuestionaban sus relatos, sus decisiones y hasta su dolor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">He visto c&oacute;mo se firmaban convenios para perpetuar ese modelo, c&oacute;mo se colocaba al frente de un comit&eacute; &eacute;tico a un ginec&oacute;logo antiabortista declarado, c&oacute;mo se normalizaba la presi&oacute;n en las puertas de las cl&iacute;nicas, c&oacute;mo se invitaba a rezar frente a ellas desde marquesinas de las paradas de los autobuses p&uacute;blicos de nuestras calles y c&oacute;mo se toleraban pr&aacute;cticas que no tienen nada de humanas, como pretender obligar a escuchar un latido antes de una intervenci&oacute;n. Todo eso lo he escuchado de quienes, al mismo tiempo, dec&iacute;an y dicen con orgullo defender la vida, pero no tienen ning&uacute;n problema en pisotear la dignidad de las mujeres y convertir sus derechos en un campo de batalla ideol&oacute;gico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quiz&aacute; sea por todo eso que me sorprenda ya poco el esc&aacute;ndalo de estos d&iacute;as. &iquest;De verdad alguien cree que la violencia ha empezado ahora, que ha aparecido de repente porque ese diputado la nombr&oacute; o incit&oacute; a ella en voz alta? La violencia nunca se fue. Ha estado en cada decisi&oacute;n pol&iacute;tica que ha impedido el acceso real a un derecho consolidado, en cada obst&aacute;culo impuesto desde las instituciones, en cada mujer obligada a salir de su entorno para poder decidir sobre su propio cuerpo, en cada intento de culpabilizarla, de se&ntilde;alarla o de hacerla pasar por un calvario innecesario. Y, por supuesto, ha estado tambi&eacute;n en el silencio y en la comodidad de quienes han preferido no mirarlas, y en quienes han sostenido gobiernos, acuerdos y mayor&iacute;as a cambio de no cuestionar nada de esto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hoy no hablo solo de palabras ni de un discurso pol&iacute;tico extremista concreto. Hablo de responsabilidades. De a&ntilde;os permitiendo que el derecho al aborto no se garantice en la sanidad p&uacute;blica de la Regi&oacute;n de Murcia, de a&ntilde;os tolerando que quienes deben evaluar estas decisiones lo hagan desde posiciones ideol&oacute;gicas abiertamente contrarias a ellas, de a&ntilde;os mirando hacia otro lado mientras se constru&iacute;a un sistema que, en la pr&aacute;ctica, nos expulsa, nos se&ntilde;ala y nos abandona. Y ahora, de repente, todo son manos a la cabeza. Incluso de los propios c&oacute;mplices. No cuela.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Se&ntilde;or diputado de Vox sin nombre, sus palabras son odio, pero no son una anomal&iacute;a en esta historia: son solo la consecuencia l&oacute;gica de todo lo que se les ha permitido antes y de todo lo que nos han obligado, a nosotras, a las mujeres, a retroceder en esta tierra. Hace mucho tiempo que algunas dijimos que hab&iacute;a que seguir gritando, y eso es justo lo que ahora hago frente a quienes, como usted, siguen empe&ntilde;ados en salvarnos del infierno, frente a quienes nos siguen juzgando como a brujas pecadoras, frente a quienes deciden por nosotras o frente a cualquiera que sigan perpetuando este sistema de violencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">D&eacute;jennos en paz. Con nuestros cuerpos, con nuestras decisiones, con nuestros derechos y hasta con nuestros errores. Entiendan ya, los unos y los otros -en esta regi&oacute;n, tanto monta, monta tanto, los de Vox como los de Fernando- que, aunque les pese, ustedes no tienen nada que decir sobre lo que siempre ha sido algo nuestro. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nosotras decidimos.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lara Hernández Abellán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/violencia_132_13155784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 07:53:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La violencia nunca se fue]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/transfuguismo-convirtio-sistema_132_13145008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7483443b-9e82-4509-a98e-ae43c0fbf1c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El debate público ya no gira en torno a si sería legítimo alterar la voluntad expresada en las urnas mediante tránsfugas. La discusión se limita a valorar si la operación sería viable o conveniente</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la pol&iacute;tica murciana hay anomal&iacute;as que, con el paso del tiempo, dejan de escandalizar y empiezan a parecer normales. El transfuguismo es una de ellas. Lo que deber&iacute;a provocar un rechazo inmediato, que un cargo electo abandone el partido con el que se present&oacute; a las elecciones y utilice su esca&ntilde;o para alterar mayor&iacute;as parlamentarias, se ha ido aceptando con una inquietante naturalidad. En pocos lugares se percibe con tanta claridad como en el laboratorio de la Regi&oacute;n de Murcia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La crisis interna en Vox vuelve a colocar sobre la mesa un escenario que en cualquier democracia m&iacute;nimamente exigente resultar&iacute;a inaceptable, pero que aqu&iacute; se analiza con fr&iacute;a aritm&eacute;tica parlamentaria, a L&oacute;pez Miras le bastar&iacute;an dos diputados para aguantar hasta mayo de 2027.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La aprobaci&oacute;n de los presupuestos y la estabilidad del Ejecutivo dependen de apoyos externos cada vez m&aacute;s inciertos. En ese contexto, la ruptura de apenas dos diputados de Vox bastar&iacute;a para convertir una minor&iacute;a parlamentaria en una mayor&iacute;a funcional.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El debate p&uacute;blico ya no gira en torno a si ser&iacute;a leg&iacute;timo alterar la voluntad expresada en las urnas mediante tr&aacute;nsfugas. La discusi&oacute;n se limita a valorar si la operaci&oacute;n ser&iacute;a viable o conveniente. El transfuguismo ha dejado de ser un problema democr&aacute;tico para convertirse en una variable estrat&eacute;gica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia conoce bien este mecanismo. En 2021, una moci&oacute;n de censura impulsada por el partido que gan&oacute; las elecciones auton&oacute;micas del 2019 parec&iacute;a destinada a desalojar al Partido Popular del gobierno regional. La operaci&oacute;n se desplom&oacute; cuando Ciudadanos, quien le facilit&oacute; la investidura a L&oacute;pez Miras, siete de sus diputados, entre ellos nada m&aacute;s y nada menos que el Presidente de la Asamblea Regional, abandonaron la disciplina de su partido y con alguna prebenda terminaron sosteniendo al Ejecutivo de L&oacute;pez Miras. Aquella maniobra convirti&oacute; el Parlamento murciano en el ejemplo m&aacute;s visible de c&oacute;mo un pu&ntilde;ado de esca&ntilde;os puede deshacer en unos d&iacute;as lo que los votantes decidieron en las urnas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Lo m&aacute;s llamativo es que estas pr&aacute;cticas no ocurren en un vac&iacute;o pol&iacute;tico. La Comunidad Aut&oacute;noma de Murcia es una regi&oacute;n donde las redes de poder informal, empresariales, religiosas, universitarias han tenido hist&oacute;ricamente una influencia considerable en la vida p&uacute;blica. Durante a&ntilde;os, uno de esos polos de influencia gir&oacute; en torno a la UCAM y a la figura de su fundador, el empresario ya fallecido Jos&eacute; Luis Mendoza.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mendoza no solo construy&oacute; una universidad privada; tambi&eacute;n articul&oacute; un entorno social y pol&iacute;tico lleno de privilegios con capacidad de proyectarse en distintos &aacute;mbitos de la vida p&uacute;blica murciana. Dentro de ese ecosistema se ha desarrollado parte de la trayectoria pol&iacute;tica de dirigentes como, Antelo ferviente disc&iacute;pulo despu&eacute;s de abandonar el baloncesto y uno de sus yernos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las redes de influencia rara vez desaparecen cuando cambian las siglas partidistas. Simplemente se adaptan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el problema de fondo no es qui&eacute;n pueda protagonizar un eventual transfuguismo ni qui&eacute;n pueda beneficiarse de &eacute;l. El problema es que el sistema pol&iacute;tico murciano lleva d&eacute;cadas reconociendo formalmente que el transfuguismo es una pr&aacute;ctica nociva y, al mismo tiempo, toler&aacute;ndolo cuando resulta &uacute;til.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El llamado Pacto Antitransfuguismo naci&oacute; precisamente para evitar que los partidos utilizaran deserciones individuales para alterar mayor&iacute;as institucionales. En teor&iacute;a, todas las fuerzas pol&iacute;ticas lo respaldan. En la pr&aacute;ctica, su cumplimiento suele evaporarse cuando la aritm&eacute;tica parlamentaria empieza a apretar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia se ha convertido demasiadas veces en el laboratorio donde estas contradicciones se hacen visibles. Cada nuevo episodio rebaja un poco m&aacute;s el umbral de tolerancia democr&aacute;tica. Cada nuevo caso de transfuguismo se discute menos en t&eacute;rminos &eacute;ticos y m&aacute;s en t&eacute;rminos de oportunidad pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y ese desplazamiento del debate es, quiz&aacute;, la se&ntilde;al m&aacute;s preocupante de todas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si la estabilidad de un gobierno depende de convencer a uno o dos diputados para que abandonen el partido con el que fueron elegidos, el problema no es solo la fragilidad parlamentaria. El problema es haber aceptado que los esca&ntilde;os pueden transformarse en piezas intercambiables dentro de un mercado pol&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando una democracia llega a ese punto, el transfuguismo deja de ser una anomal&iacute;a. Se convierte en sistema.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/transfuguismo-convirtio-sistema_132_13145008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La desidia del gobierno de la ciudad de Murcia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/desidia-gobierno-ciudad-murcia_132_13144059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02110e7c-33ba-4413-b181-c9045b8106fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140817.jpg" width="2037" height="1146" alt="La desidia del gobierno de la ciudad de Murcia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La forma más eficaz de devaluar un barrio no es solo dejar que se deteriore, sino acompañar ese deterioro con un relato constante de inseguridad, conflicto o decadencia</p></div><p class="article-text">
        En 1982, Wilson y Kelling formularon la conocida teor&iacute;a de las ventanas rotas: cuando un entorno tolera el deterioro &mdash;un bache sin arreglar, una ventana rota, una farola fundida, una calle sucia, una llamada a la polic&iacute;a por un coche mal aparcado, vados que no se respetan o una hoguera que se repite semana tras semana sin respuesta&mdash; y, cuando el problema llega a redes, una cuenta falsa responde insinuando que quien denuncia ni siquiera ha llamado. Esto, inevitablemente, lleva a preguntarse si acert&oacute; o manejaba otros datos y lo que se transmite no es solo abandono material, sino un mensaje pol&iacute;tico mucho m&aacute;s profundo: aqu&iacute; no pasa nada. Y cuando no pasa nada, todo acaba pasando y es lo que est&aacute; sucediendo con muchos barrios y pedan&iacute;as de la ciudad de Murcia. 
    </p><p class="article-text">
        La teor&iacute;a de las ventanas rotas, en ocasiones, se ha utilizado, sobre todo, para justificar pol&iacute;ticas de orden p&uacute;blico restrictivas en determinadas zonas. Sin embargo, la misma tiene una lectura m&aacute;s inc&oacute;moda: el deterioro no siempre es casual. Puede ser inducido, amplificado o, simplemente, ignorado. No siempre es negligencia; a veces es estrategia para devaluar una zona: comprar barato y vender caro despu&eacute;s. Y otras, sencillamente, desgobierno. 
    </p><p class="article-text">
        Creo que nadie puede dudar que existe una relaci&oacute;n directa entre degradaci&oacute;n percibida y valor urbano. La forma m&aacute;s eficaz de devaluar un barrio no es solo dejar que se deteriore, sino acompa&ntilde;ar ese deterioro con un relato constante de inseguridad, conflicto o decadencia. No hace falta que sea del todo cierto; basta con que sea cre&iacute;ble y repetido. Aqu&iacute; es donde entran ciertos discursos vecinales y medi&aacute;ticos que, en teor&iacute;a, buscan defender el barrio, pero acaban construyendo una imagen profundamente distorsionada. El caso del sur de Murcia &mdash;El Carmen, San P&iacute;o X, Barriomar&mdash; es paradigm&aacute;tico. En los &uacute;ltimos meses se ha instalado la idea de que estos barrios atraviesan una situaci&oacute;n equiparable a contextos de exclusi&oacute;n severa. Se se&ntilde;alan problemas reales, pero se amplifican hasta configurar un relato de colapso que perjudica a quienes viven all&iacute;, clase con aspiraciones de mejorar. Una an&eacute;cdota reciente lo ilustra bien. Hace unos d&iacute;as recogimos a un familiar en el pueblo para ir a comer a la playa que, por su edad, no accede a internet. Durante el trayecto, nos explic&oacute; con total convicci&oacute;n que en nuestro barrio: el Carmen, San Pio X&hellip; &ldquo;te roban hasta los tornillos&rdquo; y que aquello era poco menos que un estercolero. No hablaba desde la experiencia, sino desde lo que hab&iacute;a o&iacute;do en la televisi&oacute;n p&uacute;blica que le acompa&ntilde;a, La 7. Ese es el dato relevante: si alguien ajeno al entorno repite ese discurso con seguridad, es que el mensaje ha calado y obtiene votantes para determinados partidos lejos de donde se produce esa situaci&oacute;n de degradaci&oacute;n, que, por otro lado, es culpa del partido que gobierna.
    </p><p class="article-text">
        La realidad hoy, no hace falta ya ni leer a Baudrillard, es pura construcci&oacute;n medi&aacute;tica. Los simulacros se basan en establecer comparaciones impactantes, pero falsas. Se ha llegado a equiparar El Carmen con las 3.000 Viviendas de Sevilla. Conviene detenerse aqu&iacute;. He vivido all&iacute;, en la residencia universitaria Flora Trist&aacute;n, creada por la rectora Rosario Valpuesta, precisamente para intervenir en un entorno de exclusi&oacute;n real. Y no, no tiene nada que ver. No es cuesti&oacute;n de matices, sino de escala: estructura social, condiciones urbanas, presencia institucional. Confundir ambos contextos no solo distorsiona la realidad local, tambi&eacute;n banaliza la gravedad de otros. Cuando se pierde la escala, se pierde la capacidad de intervenir. Y ese es uno de los problemas centrales.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, hay algunas cosas que se est&aacute;n ignorando: la posici&oacute;n estrat&eacute;gica del barrio. El Carmen no es periferia; es la prolongaci&oacute;n natural de la Gran V&iacute;a hacia el sur. La l&oacute;gica urbana es clara: los ejes centrales no se detienen en un r&iacute;o, contin&uacute;an. Y cuando contin&uacute;an, arrastran actividad, inversi&oacute;n y centralidad.&nbsp;Algunos indicios ya son visibles. La llegada de ciertos usos comerciales &mdash;aunque sean tan poco sofisticados como un Burger King&mdash; responde a flujos y expectativas de crecimiento. A esto se suma un factor clave: el futuro paso del tranv&iacute;a. Donde hay infraestructura estructurante, hay ciudad en expansi&oacute;n. Esto tiene consecuencias claras. Si ese eje sur se consolida, la conexi&oacute;n con la autov&iacute;a deber&aacute; replantearse. No puede seguir dependiendo de los mismos accesos. Ser&aacute; necesario redistribuir flujos, dise&ntilde;ar nuevas entradas, pensar la ciudad en t&eacute;rminos m&aacute;s amplios. Y eso, hoy, no se est&aacute; haciendo, lo que provoca, entre otras cosas problemas serios de acceso y salida de la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        Ese vac&iacute;o de planificaci&oacute;n del ayuntamiento contrasta con la intensidad del relato negativo. Un relato que no es inocuo: contribuye a devaluar el barrio en el corto plazo y abre oportunidades para quienes s&iacute; anticipan su crecimiento. Se compra barato hoy lo que ser&aacute; caro ma&ntilde;ana. Mientras tanto, quienes m&aacute;s contribuyen a ese discurso suelen ser quienes menos visi&oacute;n tienen. Denuncian degradaci&oacute;n sin advertir que est&aacute;n ayudando a producirla. Es en este punto aparece la responsabilidad pol&iacute;tica, que es directa. El Ayuntamiento de Murcia no est&aacute; corrigiendo esta deriva; la est&aacute; permitiendo en un contexto evidente de desgobierno. Tras dos a&ntilde;os de mandato, los proyectos estructurales siguen paralizados, el ayuntamiento no responde a cuestiones b&aacute;sicas, las decisiones estrat&eacute;gicas no llegan y la ciudad avanza por inercia. La consecuencia es clara: ni se act&uacute;a sobre los problemas reales ni se combate el relato que los amplifica. No hay una pol&iacute;tica definida para el sur ni una visi&oacute;n que sit&uacute;e estos barrios en el mapa de crecimiento de la ciudad. El resultado es doblemente perjudicial. Por un lado, se consolida una imagen distorsionada. Por otro, se pierde la oportunidad de ordenar un desarrollo que ya est&aacute; en marcha. Ni se arreglan las ventanas ni se evita que alguien diga que el edificio entero est&aacute; en ruinas.
    </p><p class="article-text">
        Conviene recordarlo: una ciudad no se degrada solo por sus grietas f&iacute;sicas, sino por la ausencia de quien debe repararlas. Y en Murcia, hoy, ese vac&iacute;o empieza a hacerse demasiado evidente. Lo pagamos quienes vivimos en determinados barrios, donde las llamadas a la administraci&oacute;n caen en saco roto: coches que bloquean garajes, veh&iacute;culos sobre las aceras, hogueras improvisadas&hellip; El ayuntamiento debe responder, como tambi&eacute;n sus instituciones, pero da la impresi&oacute;n de que resulta m&aacute;s rentable dejar que el deterioro avance, abrazar la teor&iacute;a de las ventanas rotas y empujar as&iacute; a que el malestar termine orientando el voto. Una forma, cuanto menos, inquietante de hacer pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Domingo Centenero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/desidia-gobierno-ciudad-murcia_132_13144059.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La desidia del gobierno de la ciudad de Murcia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la descarga cognitiva al colapso del conocimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/descarga-cognitiva-colapso-conocimiento_132_13141119.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6e64609-b72d-43b4-ae07-bf74f103329a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la descarga cognitiva al colapso del conocimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La capacidad colectiva de formular preguntas que nadie se ha planteado antes, de erigir marcos conceptuales que generan nuevos conocimientos, está desapareciendo silenciosamente</p></div><p class="article-text">
        Sabemos que el cerebro humano es maleable y por su plasticidad es capaz de renovarse en el transcurso de nuestras vidas, reconfigur&aacute;ndose constantemente, generando nuevas conexiones neuronales a partir de nuevas experiencias o por lesiones y circunstancias traum&aacute;ticas. De ah&iacute; la importancia que cobra la pr&aacute;ctica continua de nuevos y diferentes aprendizajes manteniendo la mente activa, sea cual sea la etapa de nuestras vidas. Pero el cerebro tambi&eacute;n puede reorganizarse de forma desadaptativa a ra&iacute;z de enfermedades o mediante conductas patol&oacute;gicas, o bien, estilos de pensamiento derivados de estados de ansiedad o escenarios de sufrimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los hechos que nos llama la atenci&oacute;n es el calado que est&aacute; adquiriendo la denominada &ldquo;descarga cognitiva&rdquo; y su derivada &ldquo;pereza metacognitiva&rdquo; en la mente humana, a ra&iacute;z de nuestros comportamientos inmersos en el manejo de dispositivos tecnol&oacute;gicos de comunicaci&oacute;n y el uso de aplicaciones de la Inteligencia Artificial. A lo largo de la historia de la humanidad, la inserci&oacute;n de recursos tecnol&oacute;gicos en las tareas de aprendizaje y en nuestras vidas siempre ha conllevado ciertos procesos de descarga cognitiva (<em>cognitive offloading</em>) mediante el traslado de operaciones mentales a soportes y artefactos externos, como cuando escribimos unas notas en un papel para recordar posteriormente, o cuando utilizamos calculadoras electr&oacute;nicas para operaciones matem&aacute;ticas. Lo inoperante es transferir aquello que deber&iacute;amos preservar para desarrollar competencias mentales esenciales o hacerlo sin conciencia de qu&eacute; perdemos o ganamos en ello.
    </p><p class="article-text">
        Pero la intensidad y la velocidad que se observan hoy en estas conductas con los recursos TIC afectan marcadamente a nuestra mente, posibilitando una <a href="https://www.telefonica.com/es/sala-comunicacion/blog/estamos-disenando-eficiencia-atrofia-cognitiva/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">atrofia cognitiva</a> debida a un menor esfuerzo en el ejercicio de la memoria, en los procesos de razonamiento y la resoluci&oacute;n de problemas. Lo cual tambi&eacute;n induce lo que se denomina &ldquo;pereza metacognitiva&rdquo;, a saber, la tendencia a evitar el coste de pensar sobre el propio pensar: eligiendo la respuesta o soluci&oacute;n m&aacute;s c&oacute;moda en vez de activar estrategias de planificaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n sobre un asunto. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Anita Feridouni planteaba en: &ldquo;<a href="https://theconversation.com/la-mente-en-modo-bajo-consumo-para-que-pensar-si-la-ia-ya-lo-hace-273316" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La mente en modo &lsquo;bajo consumo&rsquo;: &iquest;para qu&eacute; pensar si la IA ya lo hace?</a>&rdquo; que la delegaci&oacute;n sistem&aacute;tica de tareas cognitivas no solo amenaza nuestra autonom&iacute;a y pensamiento cr&iacute;tico, sino que permite a la IA operar como una infraestructura que accede al inconsciente para condicionar el comportamiento. Sin esfuerzo cognitivo, la informaci&oacute;n no se integra; simplemente pasa. 
    </p><p class="article-text">
        Menciona en su art&iacute;culo el interesant&iacute;simo estudio de Michael Gerlich, (<a href="https://www.mdpi.com/2075-4698/15/1/6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicado en Societies 2025</a>) quien destaca que el riesgo no es que la tecnolog&iacute;a piense por nosotros, sino que nos acostumbre a evitar el esfuerzo anal&iacute;tico necesario para evaluar la informaci&oacute;n de forma independiente y perdamos progresivamente nuestra capacidad de pensamiento cr&iacute;tico. Esta autora se&ntilde;ala tambi&eacute;n de manera oportuna procedimientos para introducir fricciones deseables en el manejo de la IA y la necesidad de diversificar y confrontar la producci&oacute;n de conocimiento, frente a la tendencia de los algoritmos a homogeneizar el pensamiento. 
    </p><p class="article-text">
        En el campo donde transitan controversias extremas que duda en concebir argumentos s&oacute;lidos sobre el uso equilibrado de los recursos de la IA y el papel aut&oacute;nomo y provechoso del pensamiento humano, nos encontramos con un reciente modelo anal&iacute;tico sorprendente y, a su vez, preocupante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Daron Acemoglu, premio Nobel y economista del MIT, ha publicado hace poco, junto a Dingwen Kong y Asuman Ozdaglar, un art&iacute;culo titulado &ldquo;<a href="https://www.nber.org/papers/w34910" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Inteligencia Artificial, Cognici&oacute;n Humana y Colapso del Conocimiento</a>&rdquo; en el que investigan c&oacute;mo la IA generativa, y en particular la IA agentiva (un tipo de inteligencia artificial que funciona de forma independiente para dise&ntilde;ar, ejecutar y optimizar flujos de trabajo, lo que permite tomar decisiones con mayor eficacia), influye en los incentivos de aprendizaje humanos y en la evoluci&oacute;n a largo plazo del ecosistema de informaci&oacute;n de la sociedad, y exponen un modelo anal&iacute;tico con una de las conclusiones m&aacute;s temibles sobre inteligencia artificial: Si la IA llega a ser lo suficientemente precisa, puede destruir por completo la capacidad de la civilizaci&oacute;n humana para generar nuevos conocimientos.
    </p><p class="article-text">
        En palabras de los autores de este impresionante estudio: &ldquo;El modelo pone de relieve una marcada tensi&oacute;n din&aacute;mica: si bien la IA agencial puede mejorar la calidad de las decisiones contempor&aacute;neas, tambi&eacute;n puede erosionar los incentivos de aprendizaje que sustentan el conocimiento colectivo a largo plazo. Cuando el esfuerzo humano es suficientemente el&aacute;stico y las recomendaciones agenciales superan un umbral de precisi&oacute;n, la econom&iacute;a puede caer en un estado estacionario de colapso del conocimiento en el que el conocimiento general desaparece en &uacute;ltima instancia, a pesar del asesoramiento personalizado de alta calidad.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando la IA provee respuestas personalizadas y precisas a todas las preguntas que, de otro modo, las personas tendr&iacute;an que averiguar por s&iacute; mismas? Individualmente, cada persona sale beneficiada. Obtienen respuestas correctas m&aacute;s r&aacute;pido. Pero dejan de realizar el trabajo cognitivo que sustenta la base de conocimiento colectivo.
    </p><p class="article-text">
        El modelo demuestra la existencia, por un lado, de un estado constante de alto nivel de conocimiento donde el aprendizaje humano y la asistencia de la IA coexisten de forma productiva. Y un estado estacionario de &ldquo;colapso del conocimiento&rdquo;, donde el conocimiento humano colectivo ha desaparecido pr&aacute;cticamente por completo; los individuos a&uacute;n reciben buenas recomendaciones personalizadas de IA, pero la infraestructura intelectual compartida que permite nuevos descubrimientos ha desaparecido. Y la transici&oacute;n entre ellas no es gradual.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un efecto umbral. Por debajo de cierto nivel de precisi&oacute;n de la IA, la sociedad se mantiene en un equilibrio de alto conocimiento. Por encima de ese umbral, el sistema se desequilibra. Y una vez que se desequilibra, el &ldquo;colapso de conocimiento&rdquo; se retroalimenta. La capacidad colectiva de formular preguntas que nadie se ha planteado antes, de erigir marcos conceptuales que generan nuevos conocimientos, est&aacute; desapareciendo silenciosamente. Nos convertimos en individualmente racionales, pero colectivamente catastr&oacute;ficos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Navarro Carretero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/descarga-cognitiva-colapso-conocimiento_132_13141119.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 04:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la descarga cognitiva al colapso del conocimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tecnología,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa inacabada: política, distancia y pertenencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/europa-inacabada-politica-distancia-pertenencia_132_13142563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/baa34431-9051-4038-ad7c-0e65d2a644de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa inacabada: política, distancia y pertenencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
Entre Hungría y Murcia se dibuja, por tanto, una misma tensión, aunque adopte formas distintas</p></div><p class="article-text">
        Europa vuelve a mirarse en el espejo de sus propias incertidumbres, como si el tiempo hubiese acelerado de tal modo su curso que ya no bastara con reconocer lo que ocurre, sino que fuera preciso, antes incluso, aprender a orientarse en ello. Las recientes elecciones en Hungr&iacute;a han reabierto una cuesti&oacute;n que nunca termin&oacute; de cerrarse: hasta qu&eacute; punto el proyecto europeo es capaz de sostener una coherencia interna entre sus principios declarados y las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas que se desarrollan en su seno. No se trata de una anomal&iacute;a aislada, ni de una excepci&oacute;n f&aacute;cilmente delimitable, sino de una manifestaci&oacute;n visible de una tensi&oacute;n m&aacute;s profunda, estructural, que atraviesa a Europa desde dentro.
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; el problema no resida solo en esa tensi&oacute;n, sino en el modo en que Europa se piensa a s&iacute; misma. Hay en esa mirada una tentaci&oacute;n persistente: la de reconocerse en el espejo, como Narciso, complacida en una imagen que cree propia y suficiente, o como el retrato de Dorian Grey, que oculta en su superficie intacta las huellas de sus propias contradicciones. Europa se ha narrado durante mucho tiempo como el lugar de la raz&oacute;n, de los derechos, de la universalidad. Sin embargo, esa narraci&oacute;n, cuando no se somete a cr&iacute;tica, corre el riesgo de convertirse en una forma de autocelebraci&oacute;n que impide ver lo que queda fuera de su campo de visi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Porque Europa, en realidad, no es una unidad compacta, ni un bloque homog&eacute;neo, sino un campo de fuerzas en el que conviven tradiciones, intereses, culturas pol&iacute;ticas y expectativas que no siempre convergen. La pertenencia a la Uni&oacute;n no elimina esa diversidad, sino que la articula &mdash;a veces con &eacute;xito, otras con dificultad&mdash; en un marco com&uacute;n. Hungr&iacute;a pone de relieve, precisamente, ese l&iacute;mite: es posible formar parte del proyecto europeo y, al mismo tiempo, reinterpretar desde dentro algunos de sus fundamentos. No hay ruptura, sino desplazamiento; no hay salida, sino una redefinici&oacute;n silenciosa de lo que significa estar dentro.
    </p><p class="article-text">
        Esta ambig&uuml;edad no es exclusiva del &aacute;mbito estatal. Se reproduce, con otras formas y otras intensidades, en los espacios regionales. La Regi&oacute;n de Murcia, situada en el extremo sur de Europa, podr&iacute;a parecer ajena a estas tensiones pol&iacute;ticas de gran escala. Sin embargo, su inserci&oacute;n en el entramado europeo es profunda. Las pol&iacute;ticas agr&iacute;colas, las estrategias de sostenibilidad, la regulaci&oacute;n de los mercados, la gesti&oacute;n de los recursos h&iacute;dricos, el reconocimiento del Mar Menor como sujeto de derecho (&uacute;nico norma que existe el respecto en la UE): todo ello est&aacute; atravesado por decisiones que se adoptan en el marco europeo. Europa no es, en este sentido, una abstracci&oacute;n distante, sino una realidad que incide directamente en la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, esa presencia efectiva convive con una percepci&oacute;n de lejan&iacute;a. Las decisiones llegan, pero no siempre se comprenden; los efectos se experimentan, pero no siempre se asocian con su origen. Se produce as&iacute; una forma de disociaci&oacute;n caracter&iacute;stica de nuestro tiempo: se participa en un sistema cuyos mecanismos resultan opacos, cuyos procesos decisorios se perciben como ajenos. Europa aparece entonces como una instancia que act&uacute;a, pero no como un espacio plenamente compartido.
    </p><p class="article-text">
        Entre Hungr&iacute;a y Murcia se dibuja, por tanto, una misma tensi&oacute;n, aunque adopte formas distintas. En el primer caso, se manifiesta como una reconfiguraci&oacute;n pol&iacute;tica que cuestiona los equilibrios internos de la Uni&oacute;n. En el segundo, como una distancia silenciosa entre la integraci&oacute;n formal y la apropiaci&oacute;n real del proyecto europeo. Pero en ambos late una cuesti&oacute;n com&uacute;n: la dificultad de sostener un sentido compartido en un contexto de creciente complejidad.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde resulta necesario ensanchar la mirada. Pensar Europa &uacute;nicamente desde sus propias categor&iacute;as puede conducir a un c&iacute;rculo cerrado, a una autorreferencialidad que limita su capacidad de comprensi&oacute;n. Incorporar perspectivas que hist&oacute;ricamente han quedado en los m&aacute;rgenes &mdash;miradas cr&iacute;ticas que interrogan la centralidad europea&mdash; permite desplazar el eje del an&aacute;lisis. No para negar lo que Europa ha sido, sino para someterlo a examen. Para preguntarse hasta qu&eacute; punto su universalismo ha sido, en ocasiones, una forma de particularismo expandido, o dicho llanamente: colonialismo o neocolonialismo (como los tratados de externalizaci&oacute;n de las fronteras); hasta qu&eacute; punto su relato de emancipaci&oacute;n ha convivido con pr&aacute;cticas de exclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde esa apertura, Europa deja de ser un sujeto que se contempla a s&iacute; mismo y pasa a ser un espacio que se construye en relaci&oacute;n con otros. Ya no se trata de sostener una imagen, sino de habitar una pluralidad. No de reafirmar una identidad cerrada, sino de hacer posible una convivencia que reconozca la diferencia sin convertirla en frontera.
    </p><p class="article-text">
        Esta exigencia se vuelve m&aacute;s urgente en un escenario marcado por la incertidumbre. Durante d&eacute;cadas, Europa se pens&oacute; a s&iacute; misma como la culminaci&oacute;n de un proceso de racionalizaci&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y jur&iacute;dica. Esa imagen, sin desaparecer del todo, se ha visto erosionada por una serie de crisis que han puesto de manifiesto la fragilidad de sus equilibrios. La pandemia, las tensiones geopol&iacute;ticas, las transformaciones econ&oacute;micas y tecnol&oacute;gicas han introducido un grado de incertidumbre que desborda los marcos tradicionales de interpretaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la pol&iacute;tica europea ya no puede apoyarse en la expectativa de un progreso lineal. M&aacute;s bien se mueve en un terreno inestable, donde las decisiones deben adoptarse en condiciones de incertidumbre y donde las consecuencias de esas decisiones son dif&iacute;ciles de prever. La relaci&oacute;n entre econom&iacute;a y pol&iacute;tica, que durante mucho tiempo pareci&oacute; resuelta a favor de la primera, vuelve a plantearse en t&eacute;rminos problem&aacute;ticos. La primac&iacute;a de los criterios economicistas muestra hoy sus l&iacute;mites frente a demandas sociales, territoriales y ambientales que no pueden reducirse a esa l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        La Regi&oacute;n de Murcia ofrece, en este sentido, un ejemplo elocuente. Su modelo econ&oacute;mico, profundamente vinculado a la agricultura intensiva y a la gesti&oacute;n de recursos escasos como el agua, se encuentra en el cruce de m&uacute;ltiples pol&iacute;ticas europeas. Las exigencias de sostenibilidad, las regulaciones ambientales, las din&aacute;micas del mercado interior: todo ello configura un marco en el que las decisiones locales est&aacute;n condicionadas por orientaciones globales. Y, sin embargo, la traducci&oacute;n de esas orientaciones en pr&aacute;cticas concretas no es autom&aacute;tica ni lineal. Requiere mediaciones, adaptaciones, interpretaciones que, a menudo, generan tensiones.
    </p><p class="article-text">
        Estas tensiones no son simplemente t&eacute;cnicas. Remiten a la cuesti&oacute;n m&aacute;s amplia del sentido del proyecto europeo. &iquest;Es Europa un espacio de coordinaci&oacute;n econ&oacute;mica, o es tambi&eacute;n una comunidad pol&iacute;tica capaz de generar v&iacute;nculos de pertenencia? &iquest;Puede sostenerse sobre la base de normas y procedimientos, o necesita algo m&aacute;s, una experiencia compartida que le otorgue legitimidad? Las respuestas a estas preguntas no est&aacute;n dadas de antemano. Se construyen, en todo caso, a trav&eacute;s de las pr&aacute;cticas, de las decisiones, de los conflictos.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, los l&iacute;mites de Europa no son solo geogr&aacute;ficos. Son l&iacute;mites pol&iacute;ticos, culturales, incluso simb&oacute;licos, que se redefinen continuamente. Europa no es un mapa cerrado, sino un espacio en movimiento, cuya configuraci&oacute;n depende de decisiones que nunca son neutrales. Incluir o excluir, integrar o diferenciar, avanzar o detenerse: cada una de estas opciones contribuye a dibujar sus contornos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego, en &uacute;ltima instancia, es la posibilidad de sostener un proyecto com&uacute;n en un mundo marcado por la incertidumbre. No se trata de recuperar una ilusi&oacute;n perdida, ni de restaurar un modelo que ya no responde a las condiciones actuales. Se trata, m&aacute;s bien, de asumir la complejidad como punto de partida, de reconocer que Europa no puede ofrecer respuestas simples a problemas complejos.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, entonces, la cuesti&oacute;n no sea si Europa debe seguir mir&aacute;ndose en el espejo, sino qu&eacute; tipo de espacio quiere habitar. Si uno cerrado sobre su propia imagen, o una habitaci&oacute;n abierta, capaz de acoger otras voces, otras experiencias, otras formas de entender lo com&uacute;n, desde las propias periferias como Murcia hasta la propia Bruselas. Entre el reflejo complaciente y la apertura inclusiva se juega, hoy, algo m&aacute;s que una identidad: se juega la posibilidad misma de Europa como proyecto pol&iacute;tico compartido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil Gandía]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/europa-inacabada-politica-distancia-pertenencia_132_13142563.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Europa inacabada: política, distancia y pertenencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los delfines viajan en autobús]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/delfines-viajan-autobus_132_13131375.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/acaee61f-1117-46c5-882e-0656f74ea20b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los delfines viajan en autobús"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la parada del bus que va y viene desde el hospital al centro, han coincidido una mañana cualquiera un crío subsahariano que no tendrá los dieciocho y una mujer blanca que va al trabajo</p></div><p class="article-text">
        De vez en cuando, los delfines entran por la d&aacute;rsena del puerto y ese d&iacute;a se convierten en leyenda. Hace unos meses pasaron cerca de un falucho con remeras del club del barrio de Santa Luc&iacute;a, que los pudieron grabar. Si en vez de humanos norteamericanos, o chinos, o ex sovi&eacute;ticos, hubiera ido un delf&iacute;n a la Luna, conocer&iacute;amos de ella mucho m&aacute;s. Encontrar&iacute;a agua, si corriera por sus cr&aacute;teres. No nos habr&iacute;a endilgado desde el cohete un motivador discurso sobre la cooperaci&oacute;n entre especies, mientras en la Tierra nos machacamos a bombazos. Nadie sabe tanto de empat&iacute;a como este inteligent&iacute;simo animal.
    </p><p class="article-text">
        A los pescadores de Santa Luc&iacute;a les da suerte que un delf&iacute;n aparezca por las aguas con m&aacute;s solera de la costa cartagenera, incluso tambi&eacute;n de la murciana, dicho con perd&oacute;n, pero es que aqu&iacute; hay mucho linaje acumulado. Los marineros viejos cuentan que, si tu barco naufraga, te llevar&aacute;n en brazos a la orilla. Los pescadores j&oacute;venes ahora vienen de &Aacute;frica. Andan de muy temprano absortos en el trabajo con las redes, con sus petates al lado y unas alfombras peque&ntilde;as puestas al Este, en las que hacen su oraci&oacute;n. El barrio conserva su identidad milenaria, hecha de muchas culturas de idiomas distintos que conviven en paz, como lo hicieron nuestros antepasados, trabajadores de aluvi&oacute;n. As&iacute; ha sido y ser&aacute;, por mucho que moleste a algunos, por los siglos de los siglos. 
    </p><p class="article-text">
        En la parada del bus que va y viene desde el hospital al centro, han coincidido una ma&ntilde;ana cualquiera un cr&iacute;o subsahariano que no tendr&aacute; los dieciocho y una mujer blanca que va al trabajo. &Eacute;l lleva unos cascos puestos, cazadora clara, zapatillas deportivas de &uacute;ltima generaci&oacute;n, como cualquiera de su edad. Dice buenos d&iacute;as a la se&ntilde;ora, que le devuelve el saludo con algo de extra&ntilde;eza, pues que un chaval demuestre esos modales no es lo que se dice habitual. Mientras el chico busca algo en su bolsa, ella recorre a pasos cortos la acera, porque no utiliza los bancos de las paradas. Pero hoy s&iacute; tendr&aacute; que hacerlo, porque el chaval ha sacado una servilleta de papel para limpiar la mitad del asiento. Lo muestra con orgullo, los brazos extendidos, se&ntilde;alando. Con una sonrisa blanqu&iacute;sima y radiante, dice en castellano, pronunciando las erres muy francesas: Se&ntilde;ora, por favor, aqu&iacute;. Entonces ella le da las gracias y, por primera vez en su rutina de pasajera de autob&uacute;s urbano, se sienta.
    </p><p class="article-text">
        En el trayecto corto que bordea el litoral pesquero han cruzado algunas frases: el joven se afana en practicar su nuevo idioma, parece reci&eacute;n llegado. La mujer, a ratos, mira por la ventana c&oacute;mo el paisaje cambia desde las antiguas casas con techo de l&aacute;guena a los edificios m&aacute;s dom&oacute;ticos y cuquis del Paseo. Por la acera, los senderistas van apretando el paso por el sendero azul, dejando atr&aacute;s murales con pinturas marineras. &nbsp;Cuando el viaje acaba, se despiden con la amabilidad de vecinos que se acaban de conocer. Le ha dicho su nombre, que suena algo as&iacute; como Dofan Myad&eacute;, quiz&aacute; de Senegal, de Mal&iacute;, Gambia, Guinea, qui&eacute;n sabe. Dofan significa delf&iacute;n en lengua wolof. Tiene toda la vida por delante. 
    </p><p class="article-text">
        Eso piensa ella mientras se encamina a su trabajo, donde tendr&aacute; que soportar a nueve hombres y mujeres (por lo menos) entregados a difundir odio con la ficci&oacute;n cansina de machetes, violaciones y otras viejas fantas&iacute;as er&oacute;tico-festivas del nuevo <em>Cristofascismo</em> nuclear. Son los fans, conviene ahora mucho recordarlo, de ese ped&oacute;filo senil que puede aniquilar el mundo, aunque sea cobarde y no se atreva. El muchacho no lo tendr&aacute; f&aacute;cil en una tierra donde pueden hacerle a&ntilde;icos su ilusi&oacute;n cuatro matones de esos que creen que la libertad es comer jam&oacute;n y tomar ca&ntilde;as. Con suerte, estudiar&aacute;, ocupar&aacute; puestos de responsabilidad y no de la Caba&ntilde;a del T&iacute;o Tom. Un d&iacute;a, desayunando en una cafeter&iacute;a con compa&ntilde;eros de su promoci&oacute;n, le prestar&aacute; atenci&oacute;n a la mujer de melena corta que est&aacute; saliendo en la tele. Le suena esa mirada clara. La conoci&oacute; aquella vez en la parada del bus. Entonces se hablaron como personas, de igual a igual.&nbsp;Ahora comprende por qu&eacute; se siente en casa. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazarena Balaguer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/delfines-viajan-autobus_132_13131375.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 04:00:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los delfines viajan en autobús]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ficción de un solo sistema de formación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ficcion-sistema-formacion_132_13131289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11a20aba-bada-4526-bc67-fbd25b4bdd47_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140454.jpg" width="762" height="429" alt="La ficción de un solo sistema de formación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El resultado es un sistema que, bajo la apariencia de libertad de elección, termina separando al alumnado por origen social</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la Regi&oacute;n de Murcia se habla de &ldquo;sistema educativo sostenido con fondos p&uacute;blicos&rdquo; como si fuera una realidad homog&eacute;nea. No lo es. En la pr&aacute;ctica, existen dos redes: una p&uacute;blica y otra concertada. Ambas financiadas con dinero p&uacute;blico, pero no sometidas a las mismas condiciones ni con los mismos resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los datos son conocidos, aunque pocas veces se ponen en el centro del debate: la escuela p&uacute;blica concentra mucho m&aacute;s alumnado de origen extranjero, familias con menos recursos y estudiantes con mayores necesidades educativas. La concertada, en cambio, mantiene en general perfiles m&aacute;s homog&eacute;neos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No es casualidad. Es el resultado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante d&eacute;cadas, la pol&iacute;tica educativa en la Regi&oacute;n de Murcia por parte del Partido Popular ha apostado por sostener y ampliar la red concertada mientras la escuela p&uacute;blica ha tenido que absorber m&aacute;s presi&oacute;n con menos recursos relativos. No hace falta buscar grandes declaraciones: basta con observar c&oacute;mo ha evolucionado el sistema.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En barrios como La Flota en la ciudad de Murcia, esta dualidad se ve con claridad. La concertada no solo est&aacute; presente: en algunos casos iguala o supera a la p&uacute;blica. Pero la diferencia no est&aacute; solo en el n&uacute;mero de centros, sino en qui&eacute;n acaba en cada uno de ellos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las cuotas &ldquo;voluntarias&rdquo;, determinados proyectos educativos o din&aacute;micas de admisi&oacute;n act&uacute;an como filtros silenciosos. No excluyen de forma expl&iacute;cita, pero s&iacute; ordenan. Y lo hacen siempre en la misma direcci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El resultado es un sistema que, bajo la apariencia de libertad de elecci&oacute;n, termina separando al alumnado por origen social.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; es donde la cuesti&oacute;n deja de ser t&eacute;cnica y pasa a ser pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque cuando un sistema financiado con dinero p&uacute;blico no garantiza una distribuci&oacute;n equilibrada del alumnado, no estamos ante una simple diferencia de modelos. Estamos ante una forma de organizar la desigualdad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Se puede defender la existencia de la concertada. Lo que resulta m&aacute;s dif&iacute;cil es justificar que, con fondos p&uacute;blicos, funcione como una red paralela que no asume las mismas responsabilidades.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hablar de esto no es ideolog&iacute;a. Es describir lo que ocurre.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y en la Regi&oacute;n de Murcia, lo que ocurre es que no hay un solo sistema educativo. Hay dos. Y no juegan con las mismas reglas.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ficcion-sistema-formacion_132_13131289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 04:00:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ficción de un solo sistema de formación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No estar también es política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-politica_132_13120882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b09aefa4-c000-4cb6-96e8-c57f198b50d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No estar también es política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante años, la mayoría de cargos públicos -de todos los colores- hemos estado presentes en procesiones y actos religiosos desde el respeto institucional. Se sigue haciendo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ha acabado la Semana Santa. D&iacute;as de tradici&oacute;n, pero tambi&eacute;n de reflexi&oacute;n sobre lo que somos como sociedad y lo que decidimos mantener, cambiar o cuestionar. Yo siempre digo que las tradiciones, por muy arraigadas que est&eacute;n, no son intocables, sino que evolucionan -o deber&iacute;an hacerlo- al ritmo de un mundo que tambi&eacute;n cambia. Para m&iacute; este a&ntilde;o ha sido una Semana Santa muy distinta a las &uacute;ltimas. No solo porque no haya salido en ninguna procesi&oacute;n como miembro de la Corporaci&oacute;n que sigo siendo, sino porque tampoco he salido siquiera a verlas. Me he quedado en casa, y no por desinter&eacute;s, sino precisamente por todo lo contrario, porque ten&iacute;a la necesidad de parar, de escucharme y, sobre todo, de entender. Habr&aacute; quien piense que salir en ellas forma parte de mis obligaciones como cargo p&uacute;blico. Es un debate leg&iacute;timo en el que no voy a intentar convencer a nadie. Pero tambi&eacute;n lo es preguntarse qu&eacute; significa realmente representar y hasta qu&eacute; punto esa representaci&oacute;n debe imponerse incluso cuando entra en conflicto con lo que una es y lo que piensa. Y antes de dar todas esas explicaciones hacia fuera, a veces a una le toca encontrarlas dentro. Y es lo que he estado haciendo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante a&ntilde;os, la mayor&iacute;a de cargos p&uacute;blicos -de todos los colores- hemos estado presentes en procesiones y actos religiosos desde el respeto institucional. Se sigue haciendo. En mi caso, han sido m&aacute;s de diez a&ntilde;os, como concejala y como diputada, e incontables las procesiones a las que he asistido. Siempre he entendido que hab&iacute;a algo que estaba por encima de cualquier duda m&iacute;a personal: los creyentes del partido que representaba, la tradici&oacute;n, la fe y el respeto colectivo. Y desde ah&iacute; estuve, incluso cuando no todo me encajaba por dentro. Pero hay momentos que te lo remueven a&uacute;n m&aacute;s todo. Que te obligan a recolocarte y a replantearte d&oacute;nde est&aacute;s y por qu&eacute;. Salir de un partido y dejar de responder a unas siglas no es solo un cambio pol&iacute;tico, es tambi&eacute;n una oportunidad -o m&aacute;s bien una responsabilidad- de ser todav&iacute;a m&aacute;s honesta contigo misma. Y en ese proceso es cuando te surgen este tipo de preguntas inc&oacute;modas, constantes e inevitables.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En los &uacute;ltimos meses se han abierto debates inc&oacute;modos de los que he participado sin ning&uacute;n temor. Algunos, como el del burka, donde se&ntilde;alar la opresi&oacute;n y la invisibilidad de muchas mujeres sigue generando silencios estrat&eacute;gicos dependiendo de a qui&eacute;n afecte o cu&aacute;ndo convenga hablar. Otros, mucho m&aacute;s cercanos, como el de la elecci&oacute;n de Reinas de las fiestas, donde he defendido que se sigue exponiendo a ni&ntilde;as y adolescentes a ser valoradas por su f&iacute;sico mientras se habla, en paralelo, de cuidar mucho m&aacute;s la salud mental o de defender la igualdad. Tradiciones que est&aacute;n tan profundamente arraigadas que, cuando se cuestionan, encuentran resistencia incluso en quienes defienden discursos que deber&iacute;an ser coherentes con esas cr&iacute;ticas. Sin embargo, tambi&eacute;n he comprobado que la realidad aqu&iacute; es muy compleja. Muchas de esas ni&ntilde;as y j&oacute;venes lo viven con tal ilusi&oacute;n que forman parte de ello sin cuestionarlo y asumen como normal participar en unas tradiciones que incluyen vestirse de una determinada manera, portar s&iacute;mbolos religiosos o cumplir con roles que rara vez se les explican. S&eacute; que todo esto no invalida la pregunta de fondo, pero s&iacute; la hace -creo- m&aacute;s inc&oacute;moda, porque, seg&uacute;n la mayor&iacute;a: &iquest;hasta qu&eacute; punto lo que se acepta con tanta normalidad deber&iacute;a revisarse? Y es ah&iacute; donde yo salto porque lo que creo es que, por muy normalizada o arraigada que una tradici&oacute;n est&eacute; en un pueblo, quienes tenemos responsabilidad pol&iacute;tica debemos preocuparnos por sus consecuencias y no escabullirnos con cobard&iacute;a entre la opini&oacute;n generalizada de las masas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y a todo esto le vuelvo a sumar el recuerdo del &uacute;ltimo preg&oacute;n del mayo pasado en un acto p&uacute;blico, financiado con dinero p&uacute;blico, donde se lanzaron mensajes que cuestionaban directamente los derechos de las mujeres y donde lo m&aacute;s significativo no fue solo lo que se dijo, sino lo que no vino despu&eacute;s: ni disculpas, ni rectificaciones, solo la justificaci&oacute;n de que tambi&eacute;n hay quien piensa as&iacute; y que tambi&eacute;n hay que representarlos. Cuando los derechos entran en conflicto con los votos, el silencio suele inclinar la balanza. Ni lo he olvidado ni creo que deba olvidarse. Aunque, mientras algunas decidimos no hacerlo, parar y reflexionar sobre qu&eacute; significa estar, otras formas de representar lo p&uacute;blico no solo se normalizan, sino que hasta se celebran. Ah&iacute; est&aacute; el ejemplo del presidente de la Regi&oacute;n participando como parte activa de un desfile en Lorca, subido a una cuadriga y encarnando un papel dentro de la propia escenificaci&oacute;n. Y claro, ah&iacute; las preguntas se me vuelven inevitables: &iquest;qu&eacute; se considera representar y qu&eacute; no? &iquest;Y qui&eacute;n decide d&oacute;nde est&aacute; el l&iacute;mite?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En todo este contexto, queriendo como quiero a mi pueblo y sin olvidar en ning&uacute;n momento d&oacute;nde estoy, lo que intento explicar es que no siempre es f&aacute;cil ocupar determinados espacios. No cuando se sabe de antemano que una postura inc&oacute;moda, como han podido ser las m&iacute;as, genera rechazo, silencios&hellip; ni cuando tu presencia puede interpretarse como una validaci&oacute;n de todo lo que ha ocurrido o hasta reabrir heridas no curadas. A veces, no estar tambi&eacute;n es una forma de posicionarse. Y dejo claro que nunca desde el desprecio, sino desde el respeto, pero tambi&eacute;n desde mi mayor coherencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Para m&iacute; representar a tu pueblo no deber&iacute;a implicar nunca el renunciar a ser una misma. Ni callar cuando sientes que te toca hablar. Ni estar cuando lo que tienes son dudas o conflictos como estos. Quiz&aacute; la verdadera responsabilidad no est&eacute; solo en acudir a un acto, sino en saber por qu&eacute; se est&aacute; -o por qu&eacute; no- en esos determinados lugares.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Equivocarse forma parte del camino. Pero hay algo que deber&iacute;a pesarnos m&aacute;s que cualquier acierto calculado y son nuestros propios principios. Esos que no siempre son c&oacute;modos, que a veces tienen un coste demasiado alto, pero que tambi&eacute;n te permiten poder seguir reconoci&eacute;ndote o que los que de verdad te respetan o te quieren sigan sin sorprenderse cuando no te ven en seg&uacute;n qu&eacute; sitios, como el que tampoco se muevan de tu lado por muchos tropiezos que sigas dando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y ya que han empezado las Fiestas de Primavera de Murcia, recuerdo tambi&eacute;n que hay otros temas que siguen igual. Que hay colectivos como la Agrupaci&oacute;n Sardinera de Murcia que contin&uacute;an recibiendo subvenciones p&uacute;blicas mientras mantienen pr&aacute;cticas que excluyen a las mujeres de participar en igualdad, como subir a sus carrozas o formar parte activa de los desfiles. Y como pienso exactamente lo mismo que siempre al respecto, seguir&eacute; sin verlos ni mucho menos aplaudirlos. Gota a gota o verso a verso, quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a haya tradiciones tan machistas como estas que alguien se atreva a cuestionar cuando entre a formar parte del gobierno de un ayuntamiento. Hasta el momento, incluso pudiendo haber sido, eso no ha ocurrido, pero seguiremos esperando el milagro.&nbsp;&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lara Hernández Abellán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-politica_132_13120882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 09:13:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No estar también es política]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pero, ¿dónde están los jóvenes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/jovenes_132_13120847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43430621-187e-43e7-b37a-42082895b302_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pero, ¿dónde están los jóvenes?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No había jóvenes en la manifestación del 'No a la guerra' en Murcia el pasado sábado. Pero seguro que sucede algo más</p></div><p class="article-text">
        Uno recuerda las manifestaciones multitudinarias que se celebraron hace 23 a&ntilde;os, cuando la guerra era en Irak y no en Ir&aacute;n. Conviene refrescar la memoria: en 2003 el gobierno de Aznar nos meti&oacute; en una guerra promovida por los Estados Unidos, y el 93% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola lo rechaz&oacute;. Llenamos entonces las calles de Espa&ntilde;a y en las movilizaciones se ve&iacute;an manifestantes de todas las edades: desde viejos hasta ni&ntilde;os, pasando por adultos, j&oacute;venes y adolescentes. Hab&iacute;a de todo. El 'No a la guerra' fue la consigna seguida por todos y, muy especialmente, por los j&oacute;venes del momento. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora vuelven esos tiempos b&eacute;licos y, aunque nuestro gobierno actual ha optado por la prudencia y no nos ha metido en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Ir&aacute;n, una parte de la sociedad (desde luego no el 93% de anta&ntilde;o) tambi&eacute;n cree necesario salir a las calles para seguir gritando en 2026 'No a la guerra' a la vista de las masacres del &uacute;ltimo quinquenio: Ucrania, Gaza e Ir&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pero hay m&aacute;s diferencias, y saltan a la vista. En las calles de Murcia, el s&aacute;bado 28 de marzo nos manifestamos un buen mont&oacute;n de gente. Y al igual que suced&iacute;a en las otras ciudades espa&ntilde;olas, hab&iacute;a un rasgo definitorio: abundaban las cabezas canosas. Una generaci&oacute;n brillante de mujeres y hombres que lucharon por las libertades, bati&eacute;ndose el cobre en los a&ntilde;os setenta, ochenta y noventa, y que ahora tienen 80, 70 o 60 a&ntilde;os, era la que predominaba en las calles murcianas al igual que en las calles espa&ntilde;olas. Me di una vuelta desde la cabecera hasta la cola, y entre los miles de personas asistentes hab&iacute;a una ausencia clamorosa: los j&oacute;venes. No vi ni a un veintea&ntilde;ero. Treinta&ntilde;eros, pocos. Algunos de cuarenta. Y la aplastante mayor&iacute;a &eacute;ramos todos mayores de cincuenta. Me sent&iacute;, por un lado, orgulloso de pertenecer al grupo de los que est&aacute;n del lado bueno de la historia. Y por otro, desolado al ver que nuestros j&oacute;venes no est&aacute;n luchando por su futuro. Y no es que no est&eacute;n en estas causas: es que no est&aacute;n en casi ninguna. 
    </p><p class="article-text">
        El caso es que no hab&iacute;a j&oacute;venes ni en las pancartas de los partidos pol&iacute;ticos que hab&iacute;a en la manifestaci&oacute;n (en ninguna de las pancartas), ni hab&iacute;a j&oacute;venes ecologistas, ni hab&iacute;a j&oacute;venes de las universidades, ni de los institutos, ni de ning&uacute;n colectivo organizado ni viejuno ni juvenil, ni en las feministas tampoco. Solo hab&iacute;a all&iacute; adultos muy adultos. La mayor&iacute;a, dign&iacute;simos <em>peloplatas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pregunto a mi alrededor, y todo el mundo me da respuestas parciales que explican algo, no todo, de este fen&oacute;meno que est&aacute; ocurriendo. Es que los j&oacute;venes se sienten abandonados por los <em>boomers</em>. Es que est&aacute;n secuestrados por los tel&eacute;fonos m&oacute;viles. Es que el gobierno regional del PP ha ido laminando todas las organizaciones juveniles que no son de su cuerda. Es que todos los j&oacute;venes se han hecho de ultraderecha. Es que les enga&ntilde;an los youtubers de Andorra y los <em>criptobros</em>,<em> alvises</em> y <em>vitoquiles</em> de moda. Es que. Es que... 
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si esta dimisi&oacute;n juvenil no ser&aacute; una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de la at&aacute;vica abulia murciana o del no menos castizo pasotismo espa&ntilde;ol, que a veces vuelve en oleadas que nadie se explica. Pero leo y miro lo que est&aacute; pasando en Estados Unidos y resulta que las protestas anti-Trump las est&aacute;n liderando figuras como Bruce Springsteen (por el amor de dios: cada a&ntilde;o lo amo m&aacute;s), Robert de Niro, quien ha puesto toda su mucha testosterona al servicio de una buena causa (los ataques que hace con mucha mala hostia sobre la figura de Trump son emocionantes) y tambi&eacute;n hemos podido ver la bravura de mujeres artistas que han tirado para adelante arriesgando prestigio (quiz&aacute; a esa edad ya no tienen miedo de perder nada) y dando la cara de forma ejemplar: actrices como Susan Sarandon o Jane Fonda y cantantes como Joan B&aacute;ez. No he visto a nadie m&aacute;s. Bueno, s&iacute;: un sorprendente Arnold Schwarzenegger, qui&eacute;n lo dir&iacute;a. &iquest;Sus edades? Respectivamente: 76, 82, 79, 88, 85 y 78 a&ntilde;os. Los l&iacute;deres culturales de la protesta son muy, muy viejos, rayando ya la ancianidad. Como en Murcia, tambi&eacute;n en USA los j&oacute;venes est&aacute;n ausentes &iquest;o alguien conoce a alg&uacute;n joven l&iacute;der o lideresa cuya cara y nombre est&eacute;n al frente de algo all&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Bob Dylan en una canci&oacute;n de los revueltos tiempos sesenteros aquello de <em>something is happening, and you don&rsquo;t know what it is. Do you, Mr Jones?</em>, y yo me pregunto con bastante verg&uuml;enza si no seremos nosotros los despistados Mr. Jones del presente que no nos estamos enterando de qu&eacute; es lo que est&aacute; pasando por ah&iacute; abajo con los j&oacute;venes, a la misma vez que tambi&eacute;n me pregunto si es que de verdad est&aacute; pasando algo o, a&uacute;n peor, constatando que no pasa nada de nada. El caso es que yo contemplaba las cabezas canosas que se manifestaban por Murcia y me dec&iacute;a a m&iacute; mismo: antes las calles las tomaban los j&oacute;venes, y ahora las calles las toman los viejos, y si esto sigue as&iacute;, en diez o veinte a&ntilde;os no quedar&aacute; nadie que luche por nada. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/jovenes_132_13120847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 09:05:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pero, ¿dónde están los jóvenes?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murcia o el riesgo de parecerse a sí misma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-riesgo-parecerse-si_132_13110971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6815a7c9-60dd-4605-9ed2-bcf421c910ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murcia o el riesgo de parecerse a sí misma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tal vez convendría, en suma, desplazar la mirada. No para negar la importancia de la Semana Santa o de las Fiestas de Primavera, sino para situarlas en un contexto más amplio</p></div><p class="article-text">
        Hay territorios cuya identidad parece haberse vuelto visible solo cuando se representa, como si lo vivido necesitara de su escenificaci&oacute;n para ser reconocido. La Regi&oacute;n de Murcia pertenece, en parte, a ese tipo de geograf&iacute;as: un espacio cuya imagen p&uacute;blica &mdash;y, en ocasiones, su autopercepci&oacute;n&mdash; se articula en torno a rituales peri&oacute;dicos intensos, codificados y reiterados. La Semana Santa, con su solemnidad est&eacute;tica, y las Fiestas de Primavera, con su vitalismo expansivo, constituyen los dos polos de esa representaci&oacute;n. Entre ambas, se despliega una narrativa de lo murciano que oscila entre la ceremonia barroca y la exuberancia popular.
    </p><p class="article-text">
        La Semana Santa murciana, particularmente en la capital y en localidades como Lorca o Cartagena o Jumilla, ofrece una escenograf&iacute;a de gran densidad simb&oacute;lica. No es &uacute;nicamente una manifestaci&oacute;n religiosa, aunque su ra&iacute;z lo sea; es, sobre todo, una forma de ordenar el tiempo y de estructurar la comunidad en torno a un relato compartido. Los pasos, las t&uacute;nicas, la m&uacute;sica procesional, los itinerarios que se repiten con precisi&oacute;n casi lit&uacute;rgica, constituyen un lenguaje que expresa continuidad. En t&eacute;rminos culturales, no estamos ante un adorno, sino ante un dispositivo de memoria. La identidad, en este contexto, aparece como una pr&aacute;ctica reiterada que permite a una comunidad reconocerse en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Algo semejante ocurre con las Fiestas de Primavera de Murcia capital, aunque en un registro distinto. Del recogimiento se pasa a la expansi&oacute;n, del silencio ritual al ruido festivo. El Bando de la Huerta (recomiendo la pel&iacute;cula <em>&iquest;d&oacute;nde est&aacute; mi acequia?</em> <em>Anatom&iacute;a forense de una ciudad,</em> del director murciano Joaqu&iacute;n Lis&oacute;n por su cr&iacute;tica a la p&eacute;rdida real de la huerta murciana y de los huertanos) y el Entierro de la Sardina funcionan como formas de afirmaci&oacute;n identitaria en clave celebratoria. El traje huertano, la gastronom&iacute;a, la ocupaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, configuran una est&eacute;tica de la abundancia que no reproduce fielmente el pasado, sino que lo reinterpreta. La tradici&oacute;n se vuelve performativa: no se hereda sin m&aacute;s, sino que se act&uacute;a. Y en esa actuaci&oacute;n hay una simplificaci&oacute;n inevitable, una estilizaci&oacute;n que convierte lo vivido en s&iacute;mbolo, y para algunos, en mito.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute;, podr&iacute;a afirmarse que ambas celebraciones constituyen expresiones leg&iacute;timas y valiosas de la identidad regional. Sin embargo, su misma potencia plantea una ambig&uuml;edad: lo que se muestra con tanta claridad tiende a ocupar todo el campo de lo visible. La Regi&oacute;n corre el riesgo de ser percibida &mdash;y de percibirse a s&iacute; misma&mdash; a trav&eacute;s de estas im&aacute;genes recurrentes. Como si lo murciano pudiera agotarse en la solemnidad de sus procesiones o en la alegr&iacute;a de sus desfiles.
    </p><p class="article-text">
        Es en este punto donde se hace necesaria una cr&iacute;tica, no destructiva, sino clarificadora. Porque quiz&aacute; el problema no resida en la existencia de estas fiestas, sino en su conversi&oacute;n en un fetiche de la identidad. Siguiendo la intuici&oacute;n de Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, el fetiche no es simplemente algo venerado, sino algo que sustituye a lo real. Una forma que, al repetirse, deja de remitir a una experiencia viva y se convierte en un objeto autosuficiente. La identidad, cuando se fetichiza, se vuelve manejable, consumible, tranquilizadora.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la identidad murciana, tal como se escenifica en estos eventos, corre el riesgo de convertirse en un artefacto cerrado. Una imagen que ya no necesita ser interrogada porque parece decirlo todo. Ferlosio desconfiaba de las palabras que, a fuerza de repetirse, se vac&iacute;an de contenido; algo similar ocurre con ciertas formas de representaci&oacute;n cultural. Cuando se reiteran sin fisuras, dejan de se&ntilde;alar algo exterior a ellas y comienzan a girar sobre s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia m&aacute;s problem&aacute;tica de este proceso no es la p&eacute;rdida de autenticidad &mdash;categor&iacute;a siempre discutible&mdash;, sino la clausura de posibilidades. La identidad, en lugar de ser una relaci&oacute;n abierta, se convierte en un objeto fijo. Y, lo que es m&aacute;s relevante, se vuelve normativa: define qu&eacute; cuenta como propio y qu&eacute; queda fuera. Aquello que no participa de esa est&eacute;tica &mdash;lo que no es procesi&oacute;n ni desfile, lo que no encaja en el repertorio festivo ni en el programa de las concejal&iacute;as de cultura (ocio, realmente)&mdash; tiende a quedar relegado a una zona de invisibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es precisamente en esa zona donde se est&aacute; configurando, cada vez con mayor claridad, un tejido cultural no oficial. Un conjunto de pr&aacute;cticas que no se reconocen en la l&oacute;gica del folclore ni en la del ocio festivo. Espacios independientes, iniciativas art&iacute;sticas, proyectos colectivos que no buscan representar a la Regi&oacute;n, sino habitarla de otro modo. Aqu&iacute; la cultura no se presenta como repetici&oacute;n, sino como exploraci&oacute;n. No como identidad fijada, sino como proceso.
    </p><p class="article-text">
        Este tejido no compite con las celebraciones tradicionales; m&aacute;s bien, introduce una tensi&oacute;n necesaria. Mientras aquellas estabilizan la identidad, estas la problematizan. Y en esa problematizaci&oacute;n reside una forma m&aacute;s exigente de belleza. No una belleza inmediata, sino una que requiere atenci&oacute;n, tiempo y disposici&oacute;n para lo no evidente. Una belleza que no se ofrece como espect&aacute;culo, sino como experiencia.
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica constructiva consistir&iacute;a, por tanto, en reabrir la pregunta por la identidad. No asumir que ya sabemos qu&eacute; es lo murciano porque lo vemos escenificado cada a&ntilde;o, sino interrogar qu&eacute; queda fuera de esa escenificaci&oacute;n. Reconocer que la cultura de un territorio no se agota en sus momentos de m&aacute;xima visibilidad, sino que incluye tambi&eacute;n aquellas pr&aacute;cticas menos codificadas, m&aacute;s fr&aacute;giles, pero no por ello menos significativas.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, la lecci&oacute;n que puede extraerse es una invitaci&oacute;n a la desconfianza productiva. Desconfiar de toda identidad que se presente como definitiva, que se deje consumir sin resistencia. Y, al mismo tiempo, atender a aquello que no encaja, a lo que no se deja representar f&aacute;cilmente. Porque es ah&iacute;, en ese excedente, donde la cultura conserva su capacidad de generar sentido y comunidad abierta.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez convendr&iacute;a, en suma, desplazar la mirada. No para negar la importancia de la Semana Santa o de las Fiestas de Primavera, sino para situarlas en un contexto m&aacute;s amplio. Entenderlas como una parte &mdash;relevante, pero no exclusiva&mdash; de una realidad cultural m&aacute;s compleja. Y asumir que la verdadera riqueza de la Regi&oacute;n de Murcia no reside &uacute;nicamente en aquello que se celebra, sino tambi&eacute;n en aquello que, sin calendario ni ceremonia, sigue ocurriendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil Gandía]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-riesgo-parecerse-si_132_13110971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 04:00:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Murcia o el riesgo de parecerse a sí misma]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El SMI como coartada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3a7b5b6-9d42-4eec-8c45-60e35bbe8b32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El SMI como coartada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En política, cuestionar sistemáticamente el procedimiento es, en la práctica, una forma eficaz de bloquear el resultado</p></div><p class="article-text">
        El Ejecutivo regional asegura no oponerse a la subida del SMI, pero su bater&iacute;a de objeciones legales y t&eacute;cnicas revela una estrategia pol&iacute;tica clara: ralentizar, cuestionar y, en la pr&aacute;ctica, debilitar una de las pocas herramientas eficaces contra la precariedad. Hay una forma muy reconocible de oponerse a los avances sociales sin decirlo abiertamente: no negar el objetivo, pero s&iacute; discutir cada paso necesario para alcanzarlo. Eso es exactamente lo que est&aacute; haciendo el Gobierno regional con la subida del Salario M&iacute;nimo Interprofesional (SMI).
    </p><p class="article-text">
        El argumento oficial, no estamos en contra de la subida, sino de c&oacute;mo se aplica, suena razonable en la superficie. Pero cuando se examina de cerca, se convierte en una coartada. Porque en pol&iacute;tica, cuestionar sistem&aacute;ticamente el procedimiento es, en la pr&aacute;ctica, una forma eficaz de bloquear el resultado.
    </p><p class="article-text">
        El Ejecutivo auton&oacute;mico habla de &ldquo;vulneraci&oacute;n de la legalidad&rdquo;, de &ldquo;jerarqu&iacute;a normativa&rdquo; y de &ldquo;debilitamiento de la negociaci&oacute;n colectiva&rdquo;. Conceptos jur&iacute;dicos complejos que, sin embargo, contrastan con una realidad mucho m&aacute;s simple: miles de trabajadores en la Regi&oacute;n de Murcia siguen atrapados en salarios bajos, convenios bloqueados y una precariedad estructural que no se resuelve sola.
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil tomarse en serio la defensa de la negociaci&oacute;n colectiva cuando esta lleva a&ntilde;os fallando precisamente en los sectores m&aacute;s vulnerables. &iquest;D&oacute;nde estaba esa preocupaci&oacute;n institucional cuando los convenios no se actualizaban o cuando los sueldos quedaban por debajo de lo necesario para vivir con dignidad? Apelar ahora a ese marco como escudo frente al SMI no parece una defensa del di&aacute;logo social, sino un intento de preservar un statu quo claramente insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es solo un debate t&eacute;cnico, sino un modelo de sociedad. El SMI representa una l&iacute;nea roja: el m&iacute;nimo que una econom&iacute;a considera aceptable para vivir. Y en contextos donde el mercado laboral no corrige por s&iacute; mismo las desigualdades, cuestionar esa herramienta equivale a asumir, aunque no se diga expl&iacute;citamente, que hay trabajadores que pueden seguir cobrando por debajo de ese umbral.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el &eacute;nfasis en aspectos como si el c&aacute;lculo debe basarse en el IPC o en otros indicadores econ&oacute;micos introduce una falsa neutralidad t&eacute;cnica. No es un debate inocente. Es una forma de desplazar la discusi&oacute;n lejos de su n&uacute;cleo pol&iacute;tico: qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde con cada decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, sindicatos como UGT y CCOO han se&ntilde;alado algo inc&oacute;modo pero evidente: m&aacute;s de 150.000 personas en la Regi&oacute;n dependen directamente del SMI. Para ellas, este no es un debate jur&iacute;dico ni acad&eacute;mico. Es una cuesti&oacute;n de supervivencia cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la postura del Gobierno regional no puede leerse como una mera discrepancia t&eacute;cnica. Es una toma de posici&oacute;n pol&iacute;tica. Y como tal, conviene nombrarla sin rodeos: poner en cuesti&oacute;n el SMI en los t&eacute;rminos actuales significa, de facto, alinearse con quienes prefieren salarios m&aacute;s bajos y menor intervenci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, no es si se est&aacute; a favor o en contra de la subida en abstracto. La pregunta es si se est&aacute; dispuesto a asumir las consecuencias reales de frenarla, diluirla o condicionarla hasta vaciarla de contenido. Porque a estas alturas, lo que est&aacute; en juego no es el procedimiento. Es la dignidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 04:01:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El SMI como coartada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De mentiras y bulos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/mentiras-bulos_132_13110522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42cb6f95-0d68-475c-bb13-6b22b0142258_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De mentiras y bulos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Gobierno regional, con el presidente López Miras a la cabeza, no es ajeno a la utilización de bulos que les son muy rentables electoralmente, empezando por el bulo del "cierre del trasvase Tajo-Segura", argumento usado repetidamente desde la llegada al poder del PP en la Región de Murcia</p></div><p class="article-text">
        Vivimos en el imperio del bulo y las mentiras calculadas. No hay d&iacute;a en que no nos intenten colar alg&uacute;n bulo, sobre todo proveniente de la extrema derecha, aunque el Partido Popular se ha abonado a esta manera de hacer pol&iacute;tica, conscientes de que tiene m&aacute;s impacto en su electorado y entre las personas indecisas cuanto mayor es la barbaridad que sueltan y cuanto mayor n&uacute;mero de mentiras dicen en una misma frase.
    </p><p class="article-text">
        En la era de la Inteligencia Artificial y de las redes sociales ya nada es lo que parece. Pululan por las redes videos hechos con IA, los llamados <em>deepfakes</em>, en los que aparecen escenas violentas, bombardeos y asaltos ficticios o suplantaciones de identidad de los rivales pol&iacute;ticos, videos que calan en las mentes deseosas de usar esas im&aacute;genes para atacar al rival pol&iacute;tico o para tumbar al gobierno. En Francia, hace unos meses, se viraliz&oacute; un video falso hecho con IA en el que se ve&iacute;a a un numeroso grupo de inmigrantes saltando entre las bancadas de la Asamblea Nacional, gritando e insultando, como si del asalto al Capitolio (ese s&iacute; real) se tratara. La extrema derecha no tard&oacute; en utilizarlo para, una vez m&aacute;s, criminalizar al colectivo inmigrante, aunque no se tard&oacute; en desmentir el bulo, pero ya hab&iacute;a conseguido su objetivo, soliviantar al sector m&aacute;s radical de la sociedad francesa.
    </p><p class="article-text">
        El campe&oacute;n de los bulos es, de nuevo, Donald Trump. El mandatario norteamericano ha usado la IA para mostrar a Obama siendo detenido por la polic&iacute;a en el despacho oval, a Kamala Harris en un decorado digno de la URSS o a la cantante Taylor Swift, dem&oacute;crata confesa, apoyando a Trump. El colmo se alcanz&oacute; en 2023 cuando el equipo de Trump manipul&oacute; un video en el que un presentador de la CNN contrario al presidente declaraba (falsamente) su apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Las mentiras y los bulos son un <em>modus operandi</em> cada vez m&aacute;s frecuente en la pol&iacute;tica nacional, todos ellos desde la derecha y la ultraderecha. Desde el bulo de que &ldquo;se est&aacute;n destruyendo las presas en Espa&ntilde;a&rdquo;, pasando porque &ldquo;los inmigrantes irregulares reciben ayudas en cuanto pisan el pa&iacute;s&rdquo;, por la teor&iacute;a del &ldquo;gran reemplazo&rdquo; (usado tambi&eacute;n en Francia), o la vinculaci&oacute;n entre inmigraci&oacute;n y delincuencia, entre otros muchos, usan la estrategia de &ldquo;miente que algo queda&rdquo;, impregnando las mentes desinformadas y &aacute;vidas de utilizar cualquier cosa que les sirva para atacar al gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        Cap&iacute;tulo aparte lo constituye la sarta de mentiras vertidas sobre la Agenda 2030 de la UE, un cat&aacute;logo de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para mejorar la sostenibilidad y combatir la pobreza. As&iacute;, es falso que la Agenda 2030 proh&iacute;ba el consumo de carne o l&aacute;cteos, o que imponga comer insectos, como no es cierto que se limitar&aacute;n los viajes o se prohibir&aacute; la propiedad privada (coche, vivienda). Y, por supuesto, la Agenda 2030 no es un plan para que una &eacute;lite global gobierne el mundo o elimine las soberan&iacute;as nacionales, tal y como repiten incesantemente desde Vox.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno regional, con el presidente L&oacute;pez Miras a la cabeza, no es ajeno a la utilizaci&oacute;n de bulos que les son muy rentables electoralmente, empezando por el bulo del &ldquo;cierre del trasvase Tajo-Segura&rdquo;, argumento usado repetidamente desde la llegada al poder del Partido Popular en la Regi&oacute;n de Murcia, all&aacute; por 1996, con Ram&oacute;n Luis Valc&aacute;rcel como presidente. L&oacute;pez Miras echa mano del manido mantra cada cierto tiempo, sobre todo cuando se dirige al lobby de los regantes, para asegurar la fidelidad del colectivo de agricultores y ganaderos, pero lo cierto es que nunca ha dejado de venir agua desde el Tajo, a pesar de la oposici&oacute;n de los miembros de su propio partido de la Comunidad Aut&oacute;noma de Castilla-La Mancha. El mayor esc&aacute;ndalo por la difusi&oacute;n de bulos en nuestra regi&oacute;n provino a ra&iacute;z de la agresi&oacute;n a una persona de 68 a&ntilde;os en Torre Pacheco. La difusi&oacute;n de un video falso, por parte de los medios de la ultraderecha, de otra agresi&oacute;n, provoc&oacute; la reacci&oacute;n violenta de una parte de la poblaci&oacute;n contra toda persona de origen magreb&iacute;, cuando nunca ha habido problemas de convivencia. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, en mi opini&oacute;n, lo que m&aacute;s est&aacute; degradando la democracia en nuestro pa&iacute;s es el uso de bulos y mentiras en sede parlamentaria, algo cada vez m&aacute;s habitual. Sus se&ntilde;or&iacute;as, en virtud del art&iacute;culo 71 de la Constituci&oacute;n, seg&uacute;n el cual &ldquo;los Diputados y Senadores gozar&aacute;n de inviolabilidad por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones&rdquo;, abusan en sus intervenciones en las sesiones de control al gobierno de las mentiras, las exageraciones y los bulos, a sabiendas de que sus soflamas no tendr&aacute;n consecuencias penales o pol&iacute;ticas. Pero esto desanima a la ciudadan&iacute;a y nos aleja del respeto que hay que tenerle a las instituciones cuando ni siquiera la bancada de la oposici&oacute;n, sobre todo, respeta la verdad. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la constante labor pedag&oacute;gica de p&aacute;ginas web especializadas en desmentir bulos y de especialistas que confrontan con datos los intentos de desinformaci&oacute;n, parece que se est&aacute; perdiendo la batalla contra la mentira institucionalizada, que solo favorece al auge de la ultraderecha. Es necesario no cejar en el empe&ntilde;o e ir desmintiendo esos bulos y mentiras, aunque sea una ardua tarea. La democracia lo merece.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico García Charton]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/mentiras-bulos_132_13110522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De mentiras y bulos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Política,Vox,PP Murcia,Bulos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El desierto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/desierto_132_13102666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e4f1418-4579-4142-8786-ba8f606ed439_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El desierto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En vez de pelear contra el enemigo común, luchamos entre nosotras. Es como si a alguien le hubiera salido muy bien el plan. Es lo que dice siempre Antonia: Pobres contra pobres"</p></div><p class="article-text">
        <em>Nuevo cuento de la serie &ldquo;Mari contra la pobreza&rdquo;. Mari vive en un barrio murciano, trabaja de camarera, tiene dos hijos (Jaime y Jorge) y un dinosaurio. El dinosaurio (que podr&iacute;a ser el mismo que sale en el cuento de Augusto Monterroso) representa la fuerza interior de Mari, la fuente de energ&iacute;a que le permite enfrentarse a todos los problemas cotidianos que provoca vivir en situaci&oacute;n de pobreza. Mari comparte el protagonismo de estas historias con sus amigas Tamara y Henriette. Ellas representan a todas aquellas mujeres que pelean a diario contra la pobreza y queremos que sea el reconocimiento de la EAPN-RM a su valor y esfuerzo. Este cuento vuelve a contar con una ilustraci&oacute;n original de la artista Laia Dom&egrave;nech.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Puedes leer el resto de cuentos de Mari </em><a href="https://www.eldiario.es/autores/federico-montalban-lopez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>aqu&iacute;</em></a><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hay ciertas palabras que Tamara dice cada vez que tiene ocasi&oacute;n: expropiaci&oacute;n, emancipaci&oacute;n, autonom&iacute;a, sororidad&hellip; Son palabras, dice, que, ellas m&aacute;s que el resto, solo tienen sentido si se dicen y si se hacen.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo es ese refr&aacute;n que dijiste el otro d&iacute;a? -le pregunta a Henriette.
    </p><p class="article-text">
        -If you can walk the walk, don&acute;t talk the talk -le responde Henriette y traduce de forma libre: Si no est&aacute;s dispuesta a andar el camino, m&aacute;s vale que te calles.
    </p><p class="article-text">
        -Pues eso mismo digo yo -remata Tamara.
    </p><p class="article-text">
        Su empe&ntilde;o en decir y hacer, hacer y decir, le suele meter en alg&uacute;n l&iacute;o que otro pero considera que es un precio bajo con tal de ser <em>m&iacute;nimamente </em>coherente. Pone siempre el &eacute;nfasis en el <em>m&iacute;nimamente, </em>consciente como es de que se debe conformar con ser mucho menos coherente con sus ideas de lo que le gustar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A veces, para poder recurrir a esas palabras que tanto le gustan, debe adjetivarlas. As&iacute;, al hecho de que cada una de las 3 amigas pague una plataforma y as&iacute; puedan tener las 3 pagando solo una, le llama sororidad audiovisual. La idea fue de ella y lo hizo pensando m&aacute;s en los chiquillos que en ella misma. Para Tamara, Jaime, Jorge y Endurance son como sobrinos y piensa que tienen el mismo derecho que el resto a ver las series de moda. Aunque Jorge y Endurance han resultado ser algo exquisitos en sus gustos y cada vez que quieren ver una pel&iacute;cula o una serie, resulta que no est&aacute; en las plataformas que tienen contratadas y acaban siempre descarg&aacute;ndolas de cualquier manera de internet.
    </p><p class="article-text">
        Ni a Mari ni a Henriette le hacen mucha gracia las series que les ha dado por ver. Ellos se excusan diciendo que se tienen que documentar para el siguiente comic que quieren hacer y ellas, m&aacute;s que nada porque saben valorar una excusa bien elaborada, se resignan y consienten.
    </p><p class="article-text">
        Los viernes suelen quedar las 3 amigas para cenar juntas y ver alguna serie. Algunas veces, se les suma Jaime pero esa noche hab&iacute;a quedado con un amigo.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Un amigo y un amigo <em>amigo</em>? -le pregunt&oacute; Tamara siempre dispuesta a chinchar.
    </p><p class="article-text">
        Jaime se limit&oacute; a sonrojarse como respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Jorge y Endurance estaban viendo una serie de <em>tecnozombies</em> en la habitaci&oacute;n del segundo. La estaban viendo en la tablet pero deb&iacute;an tener el volumen a mil porque al sal&oacute;n, donde estaban ellas tres, llegaban ruidos de explosiones, gritos, chirridos de modem antiguo y mordiscos de toda clase. Tamara hab&iacute;a tra&iacute;do una inesperada botella de vino y ten&iacute;a a sus amigas preocupadas. Ten&iacute;an la costumbre de que, cuando alguna recib&iacute;a una mala noticia, invitaba a las otras a una botella de vino. Mari y Henriette esperaban que Tamara les contara qu&eacute; hab&iacute;a pasado pero ella no parec&iacute;a estar con &aacute;nimo de hablar. Tampoco nadie dec&iacute;a de poner un cap&iacute;tulo de la serie que estaban viendo.
    </p><p class="article-text">
        Tamara abri&oacute; el vino y les dijo que no era nada importante, que no se preocuparan y que ya les contar&iacute;a en otro momento.
    </p><p class="article-text">
        -H&aacute;blanos del desierto -le pidi&oacute; a Henriette.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Del desierto o del desierto <em>desierto? </em>-le pregunt&oacute; Henriette intentando levantarle el &aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;an esa broma entre las 3 de que el padre de Endurance era el desierto y Henriette sol&iacute;a contar historias en todos los tonos sobre ese desierto en particular. 
    </p><p class="article-text">
        -Del desierto.
    </p><p class="article-text">
        Ni un desierto ni otro eran temas de conversaci&oacute;n de los que Henriette se escabullera. No sol&iacute;a desaprovechar ninguna ocasi&oacute;n de contar una historia ni de poner de su propia cosecha si la realidad no hab&iacute;a conseguido pulir del todo el relato de los hechos. Cuando Henriette hablaba, sol&iacute;a tener un efecto hipn&oacute;tico en quien la escuchaba, como si fuera una encantadora de serpientes. 
    </p><p class="article-text">
        -El desierto es terrible -empez&oacute; Henriette- pero no lo es menos el mar. Cuando has caminado miles de kil&oacute;metros y solo te quedan 14 para llegar a Europa, piensas que lo peor ha pasado. Y no es as&iacute;. Todo el rato nos est&aacute;bamos contando historias y la mayor&iacute;a eran terror&iacute;ficas. La gasolina que mezclada con el agua salada te quema la piel. Las olas que vuelcan las pateras como si fueran hojas de papel. Los chalecos salvavidas rellenos de piedras que te arrastran hasta el fondo. Supongo que est&aacute;bamos todas muertas de miedo y por eso solo cont&aacute;bamos cosas terribles. Taiwo no era as&iacute;. Ella siempre contaba historias alegres. Aunque fuera una alegr&iacute;a extra&ntilde;a. Hablaba de una cantina que hab&iacute;a en el fondo del Estrecho donde beb&iacute;an gratis quienes se ahogaban. Contaba tambi&eacute;n que, de vez en cuando, hay quien encuentra un tesoro oculto en mitad de las dunas y puede parar el viaje y dar media vuelta.
    </p><p class="article-text">
        &amp;gt;&amp;gt;No hay forma de agotar los horrores que se esconden en el desierto y en el Estrecho pero tambi&eacute;n os digo que encontr&eacute; muchos gestos de apoyo, mucha bondad y una humanidad&hellip; descarnada que me recuerda mucho a vuestra amistad. Yo no estar&iacute;a hoy aqu&iacute; si no hubiera contado con la ayuda de Taiwo o del desierto <em>desierto</em>.
    </p><p class="article-text">
        &amp;gt;&amp;gt;Creo que vivimos en un pesimismo dirigido e interesado que nos hace poner el acento en lo malo, en contarnos siempre lo que sale mal, las miserias de unos y otros. En todas esas series que ven Jorge y Endurance, da igual que sean de zombies, de cat&aacute;strofes naturales o de alien&iacute;genas, los malos verdaderos son los otros humanos. En vez de pelear contra el enemigo com&uacute;n, luchamos entre nosotras. Es como si a alguien le hubiera salido muy bien el plan. Es lo que dice siempre Antonia: Pobres contra pobres.
    </p><p class="article-text">
        &amp;gt;&amp;gt;Me niego a pensar as&iacute;. Creo que la mayor&iacute;a de la gente es buena gente.
    </p><p class="article-text">
        Tamara torci&oacute; el gesto. El dinosaurio sinti&oacute; una incomodidad extra&ntilde;a y tuvo que cambiar de postura. De la habitaci&oacute;n en la que estaban Endurance y Jorge lleg&oacute; una sucesi&oacute;n exagerada de alaridos.
    </p><p class="article-text">
        Henriette continu&oacute; su historia.
    </p><p class="article-text">
        -Nadie rellenaba los chalecos salvavidas con piedras pero los hab&iacute;a mejores y peores. A m&iacute; me toc&oacute; uno que a todas luces no val&iacute;a para nada. Taiwo se empe&ntilde;&oacute; en cambiarmelo. Me dijo que ella sab&iacute;a nadar como un delf&iacute;n y que a m&iacute; se me notaba que empezaba a contar por dos. Da igual c&oacute;mo sea el viaje por el Estrecho, antes o despu&eacute;s te toca lanzarte al agua y nadar. Me volv&iacute; loca buscando a Taiwo al llegar a la orilla y no la encontr&eacute;. Y como puedo pensar lo que quiera, he decidido que las corrientes la arrastraron lejos de m&iacute; y que no se gan&oacute; el derecho a beber gratis en la cantina del fondo del mar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Habitualmente, los cuentos de Mari contra la pobreza acaban con una serie de datos que completan la historia que se ha contado. En este caso no vamos a ofrecer ning&uacute;n datos. Para conocer la realidad de la traves&iacute;a del desierto y el cruce del Estrecho, recomendamos la lectura de la web ylos informes de </em><a href="https://caminandofronteras.org/monitoreo/monitoreo-derecho-a-la-vida-2025/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Caminando Fronteras</em></a><em> y de </em><a href="https://porcausa.org/somos-lo-que-hacemos/industria-del-control-migratorio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>PorCausa</em></a><em>.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Montalbán López]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 09:35:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El desierto]]></media:title>
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