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La precariedad de los que se van

38.000 jóvenes viajaron en 2013 desde España a Chile con la promesa de un puesto de trabajo en alguna de las 40 empresas españolas instaladas en el país

La mayoría firman contratos por obra con las condiciones de los trabajadores locales, tributan en Chile y viven en pisos compartidos porque no pueden llevarse a la familia

La homologación de títulos es la primera barrera para ejercer profesiones cualificadas en los planes de desarrollo de infraestructuras que ha lanzado el Gobierno austral

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Colas de emigrantes ante el consulado español en la Avenida Nueva Providencia de Santiago de Chile.

Colas de emigrantes ante el consulado español en la avenida Nueva Providencia de Santiago de Chile.

Chile se ha convertido en el nuevo 'El Dorado' para los emigrantes españoles. En 2013, unos 38.000 jóvenes de alta cualificación eligieron el lejano país de la Latinoamérica austral (14 horas de avión en vuelo directo) como destino para su exilio laboral, huyendo de la falta de horizontes en España.

Las razones de este éxodo hay que buscarlas, según los testimonios recogidos por eldiario.es, en el atractivo que representa para ingenieros y licenciados en las más diversas materias los ambiciosos planes de desarrollo de infraestructuras puestas en marcha en aquel país, y el carácter abierto de la economía chilena. De hecho, en 2013, Chile no sólo recibió a 38.000 trabajadores españoles, sino también a 40 empresas nacionales que han probado fortuna en todos los campos, pero particularmente en los del transporte ferroviario y por carretera, y en energías renovables.

Los jóvenes llegados a Chile (entre 23 y 35 años en su mayoría) se encuentran un país "en el que es fácil vivir y no es imposible adaptarse, pese a la tremenda desventaja de la distancia", según explican los emigrantes. Lo que realmente se convierte en un quebradero de cabeza para la legión de expatriados es la proliferación de las contrataciones temporales, tanto en las empresas españolas instaladas allí como en las chilenas que les fichan.

"Los proyectos para los que nos contratan son lo suficientemente largos como para tener que establecer en Chile tu residencia, tu fiscalidad, afrontar la homologación de tus títulos pero, a la vez, son lo suficientemente cortos como para no decidirse a dar el paso de traerte a tu familia", explica Gonzalo, arquitecto de profesión. Así, jóvenes altamente cualificados, con pareja e hijos en España, se ven obligados a volver a vivir en pisos compartidos "arrastrando el peso de la provisionalidad y la soledad", explica Marta, ingeniera de minas.

El consulado español en Santiago reconoce una cifra oficial de 58.000 españoles con residencia en el país. Pero la colonia española y también la opinión pública chilena son conscientes de que esta cifra está desfasada. En los últimos 24 meses en todo el país, pero en especial en las calles de la capital, se ha producido una verdadera inundación de emigrantes, a razón de más de 100 por día en 2013. "En los tres vuelos diarios que llegan desde España, en especial los de los fines de semana, más de la mitad de los españoles vienen para quedarse", asegura un agente de la aduana.

En el barrio de clase media alta de Providencia, en Santiago, se ha hecho célebre la larga cola diaria que forman los emigrantes españoles para hacer trámites en el consulado. Una imagen que no hace tanto tiempo teníamos reservada para los ecuatorianos, marroquíes o rumanos que protagonizaban interminables esperas frente a las comisarías españolas a la caza de un permiso de residencia.

"Si no aceptas emigrar, te echan"

"Los primeros que llegamos, o veníamos con trabajo o lo encontrábamos en menos de una semana, como es mi caso", afirma Javier, ingeniero de caminos. Ahora las cosas han cambiado y cuesta más colocarse "porque la economía chilena, lastrada por los problemas en la minería, sufre una cierta crisis".

Pero no todos los emigrantes españoles han llegado a Chile en las mismas condiciones. Un porcentaje aproximado entre el 7 y el 12% son empleados de las grandes, medianas y pequeñas empresas españolas que han conseguido contratos en los distintos planes de desarrollo de infraestructuras en Chile.

Es el caso de Miguel Ángel. La empresa de ingeniería donde trabaja, con un puesto en Madrid desde hace 12 años, le propuso trasladarse a Chile para desarrollar un contrato de diseño de una línea de metro en Santiago. "Dije que sí porque en la oficina española hace mucho tiempo que escasea el trabajo".

En el fondo se reconoce como un privilegiado. "Sigo con mi cotización de la Seguridad Social en España, mi sueldo en euros, y cobro dietas de desplazado". No obstante, afirma que "los expatriados de ahora no son como los de antes, que teníamos además plus de desplazados. Ahora hemos perdido un 40% de los ingresos porque ya no hay plus. Sencillamente, si no aceptas emigrar, te echan porque en España no hay trabajo".

La inmensa mayoría de los emigrantes españoles que llegan a Chile son contratados por empresas españolas o chilenas, pero con las condiciones laborales de los trabajadores del país suramericano. Rodrigo, ingeniero industrial, llegó a Chile con visado de turista a final de 2012, tras quedar en paro en Sevilla. "En tres semanas encontré trabajo, porque la empresa que me despidió en España había ganado aquí un concurso".

Sin embargo, las condiciones laborales cambiaron. "Mi contrato se atiene a la legislación chilena"; esto es, 45 horas de trabajo semanal frente a las 40 de España y 15 días naturales de vacaciones. "Cobro en pesos, tributo en Chile y me retienen el 7% de seguro sanitario y debo contratar la cobertura con una empresa privada", explica. Antes de nada –cuenta Rodrigo– "tuve que homologar mi título español de ingeniero, para lo que me obligaron a pasar un examen de cuatro asignaturas para conocer la legislación y los métodos de obra civil chilenos".

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