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Un 6 de enero diferente: miles de 'Reyes Magos de Verdad' se apuntan a llevar regalos a colectivos sin recursos

Entrega de regalos de Reyes Magos de Verdad / RRMM de Verdad.

Aurora Santos-Olmo

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Marta tiene seis años y vive en Madrid. Como cada año, espera impaciente la llegada de los Reyes Magos: “He sacado muy buenas notas y mi profesora dice que me porto muy bien”, ha escrito en su carta. Aunque su madre le ha dicho varias veces que vienen el día 6 de enero, todos los días de la Navidad, al levantarse, va con cuidado al salón, por si esa visita mágica se hubiera adelantado. Este es su día favorito del año.

También es el de Samuel, María o Gabriela. Son niños como Marta, pero no pueden vivir con sus padres. Están en centros de acogida con otros niños que han sido abandonados o cuyos progenitores están en la cárcel. Su situación es diferente, pero la ilusión por este día y por la Navidad es la misma que la de los demás.

Hace once años, Isabel Lacambra, Paloma Lladó y un grupo de amigas –voluntarias – lo corroboraron: “Estábamos en uno de los centros a los que acudíamos habitualmente a acompañar a niños. Acostumbradas a las respuestas de nuestros hijos cuando les preguntamos qué van a pedir a los Reyes, le hicimos esa pregunta a uno de los niños que vivían allí. Respondió que nunca había escrito una carta porque nunca le habían traído lo que quería”, cuenta Lacambra en conversación con eldiario.es.

En ese momento, decidieron que esos niños tendrían el mismo día de Reyes que cualquiera de los que vive con sus padres y tiene una vida más cómoda. “Esa noche mandamos un correo electrónico a nuestros conocidos y a la mañana siguiente, ya había 150 personas que querían apuntarse para llevarles un regalo”. Se pusieron manos a la obra y les pidieron a los niños – tanto en ese centro como en otros dos más pequeños – que escribieran su carta a los Reyes, que luego entregarían a los voluntarios que habían mandado un correo electrónico para que pudieran comprarlo. Así nació Reyes Magos de Verdad.

“El proceso para participar es muy sencillo” –explica Lacambra –: “Los niños y mayores escriben su carta a los Reyes Magos y piden de una a tres cosas, que tienen que tener un precio de entre 25 y 35 euros cada una. Después, nosotras, las coordinadoras, las recogemos de los centros, las escaneamos de una en una y las mandamos a la gente que se ha ido apuntando en la web para participar, donde puede elegir a qué grupo de edad regala”. Esto lo hacen antes de la primera semana de diciembre.

Para que todo esté listo a tiempo, cada año, al acabar el verano, se ponen manos a la obra. Contactan con los centros y les piden las cartas. “Trabajamos con una carta y un regalo. No queremos un regalo cualquiera, queremos ese regalo que ha pedido ese niño: que se lo traigas para él”. Habla Carmela, que fue reina maga aquella primera vez y todavía sigue siéndolo. Desde el segundo año –cuando decidió ser coordinadora – su salón se llena de paquetes cada Navidad: “Mis porteros me dicen que se me va a caer la casa”, ríe.

Como ella, otras 49 personas son coordinadoras. Una tarea que compaginan con su rutina diaria: “Nosotras siempre decimos que somos un grupo de marujas que tenemos nuestros trabajos y nuestras familias y que hacemos esto robándole tiempo a ambas cosas”, se sincera.

Se autodefinen como “intermediarias de los Reyes Magos” y, para realizar su trabajo correctamente, cuentan con la ayuda de sus pajes: “Mis hijos, de 18 y 20 años están encantados y me hacen de secretarios cuando llegan los regalos a casa”, narra. Entre otras cosas, tienen que clasificar los paquetes, comprobando que están correctamente etiquetados, para asegurarse de que llegarán correctamente a su destinatario. Antes de eso, habrán escaneado las cartas y enviado por correo electrónico.

También colaboran como pajes sus porteros o las empresas de mensajería, como GLS: “Nos ayuda a que los paquetes lleguen a su destino cuando es fuera de nuestra zona. Nos lo hacen por pura colaboración y son también Reyes Magos de Verdad”, expresa Carmela.

Cada vez en más sitios

Cada vez con más incorporaciones, en 2018, la iniciativa, que nació en Madrid, llegó a 14 provincias y en ella colaboraron miles de voluntarios que llevaron ilusión a más de 11.000 niños y ancianos en el día de Reyes. “Es precioso ver el entusiasmo que pone cada uno. Algunos incluso te llaman desde el centro comercial para ver si le gustará más una cosa u otra al destinatario. Ves familias enteras, cómo compran y envuelven el regalo, con todo detalle. Es emocionante”, relata Isabel Lacambra.

La que es una de las fundadoras de Reyes Magos de Verdad valora que la iniciativa pase también a las generaciones más jóvenes: “Hay niños pequeños que cocinan galletas y las venden en el cole, para comprar con lo que han sacado el regalo de un niño o de una niña. O también los chicos y chicas, que quedan y en lugar de tomar algo, ponen dinero y piden la carta de un niño para comprar un regalo entre todos”. Cuando tienen el paquete, lo llevan al punto que les indican las coordinadoras.

“Cuando ya tenemos todos los regalos de cada centro, se los llevamos y ellos hacen la entrega, organizando una visita de los de Reyes Magos”, explica Carmela. “El regalador no se lo da directamente al niño. Lo hacemos así por la magia de la Navidad: los Reyes Magos nunca nos entregaron a nosotros, nos dejaron los regalos en el nacimiento o en el árbol”, añade.

Desde la organización, insisten en que se compre tan solo una de las cosas que escriben en la carta, porque “la entrega se hace a la vez y no queremos que uno tenga tres regalos y otro solo uno”. Aunque, como en todo, hay excepciones: “Si un niño pide cosas más baratas, en el mismo paquete les meten más para completar. La idea es que todos reciban por igual”, cuenta Lacambra.

MC y Luisa, han escrito, como Marta, su carta. La primera es una niña que asegura a los Reyes: “Me he esforzado mucho en el cole. (…) Mi asignatura favorita es inglés, porque de mayor me gustaría ser actriz en América”. La segunda es una mujer anciana que, explica, ha “cambiado de domicilio y estoy aquí en casa de las Hermanitas de los Pobres”. Ambas son destinatarias de los regalos de los Reyes Magos de Verdad ya que el proyecto está ahora pensado para niños y niñas de hasta 14 años –aunque también colaboran con dos centros de personas discapacitadas – y personas mayores. “Nosotros creemos en los Reyes Magos, seguimos creyendo en la magia de la Navidad”, dice Carmela.

Una magia que se ve de manera distinta según el momento de la vida de cada uno: “Para un niño de cuatro o cinco años, es fascinante; para un adolescente que ha tenido una vida súper difícil y que piensa que no le importa nada a nadie, que de repente le llegue un regalo de alguien que no conoce de nada, que se ha preocupado por buscar lo que más quería, es espectacular”, continúa.

“Y lo mismo pasa con los ancianos: tenemos centros de ancianitos bastante abandonados, y para ellos pensar que hay gente que quiere que sean felices ese día, que le traen su regalito, es lo más tierno del mundo”, zanja Carmela.

Durante los once años de vida de Reyes Magos de Verdad, son muchas las anécdotas que han llegado a coordinadoras y voluntarios. Desde cartas, a procesos de compra y entregas de regalos: “Las historias son preciosas: hay niños que te piden todo el catálogo; otros, la muñeca que está de moda; otros una sartén, porque la que tienen sus papás no tiene mango y se queman los dedos al cocinar. También material escolar o sacos de dormir, porque a lo mejor viven en una casa tres familias, y en la habitación solo hay una cama y los demás duermen en el suelo”, expresa Isabel Lacambra.

“Hubo un año que una niña pidió un disco de Beyoncé” –continúa – cuando abrió el paquete fue tal la ansiedad que le dio porque nunca había tenido lo que ella pedía, que casi nos la tuvimos que llevar al hospital“.

A lo largo de su historia, en la organización se han encontrado con experiencias que 'cierran el círculo': personas que han estado en casas de acogida en su infancia y que ahora, de un modo u otro, han querido participar con esta iniciativa. Como un mensajero, que hace unos días pasó por uno de los centros: “Nos dijo que en su juventud había estado en una casa de acogida. Ahora es mayor y tiene su trabajo. Nos contó que para él este era un momento muy importante: cuando gente que no te conoce de nada te hace un regalo. Nos dijo que él quería aportar con su regalo y llegar a todos los niños que pudiera”, asegura Isabel.

“O uno de los voluntarios, que le tocó regalar a una niña que pedía sus primeras pinturitas –relata Carmela.– Él era un chico. Entonces, se fue comprarlas y en la tienda le tocó una dependienta 'un poco seca'. Le decía que qué pinturitas. Y él tampoco sabía de qué tipo. Entonces, le contó que se había apuntado a Reyes Magos de Verdad, que le habían mandado una carta y se la enseñó. La dependienta la leyó y se puso a llorar, porque ella había sido una niña de un centro de acogida. Acabaron los dos llorando y, después de haberle contado la historia, le recomendó fenomenal, le regaló cosas y le hizo el paquete más bonito. Lo hizo pensando en ella y en la ilusión que le habría hecho recibirlo entonces”.

Ilusión que cada año reparten los Reyes Magos por las casas y que con iniciativas como esta, miles de personas la llevan a esos lugares donde tiene más difícil llegar. “Los Reyes Magos de verdad son personas con una generosidad inmensa y con ganas de transmitir la magia de los Reyes Magos en todo el mundo”, concluye Carmela.

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