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Lecciones para sobrevivir a la crisis del periodismo

El periodista de Tiempo Argentino estudió durante seis meses en el Instituto Reuters de la Universidad de Oxford los modelos de membresía de eldiario.es y del francés Mediapart

Este artículo es la versión en español del resumen de su estudio publicado en la web del instituto. Aquí está disponible su informe completo (en inglés)

La redacción de Tiempo Argentino

La redacción de Tiempo Argentino J.B.

No es el periodismo lo que está en crisis sino el modelo de negocio que lo sostuvo durante décadas. Así lo demuestra lo que sucedió en Argentina el 24 de abril de 2016. Ese día Tiempo Argentino agotó en cuatro horas los 30.000 ejemplares de su primera edición impresa como cooperativa. Ese mismo periódico vendía 10 veces menos ejemplares 80 días antes. Entonces el diario era propiedad de un empresario que veía en el periodismo una oportunidad para hacer dinero. Cuando vio amenazada su rentabilidad, primero dejó de pagar los sueldos de los periodistas y luego dejó de imprimir los diarios.

Parecía el fin de otro medio, pero fue el inicio de algo más importante.

El día que se anunció el cierre, los trabajadores que lo habíamos hecho durante seis años decidimos ocupar la redacción. No nos moveríamos de allí hasta que el dueño pagara las indemnizaciones. Tiramos colchones entre las computadoras y comenzamos una permanencia que se prolongaría durante diez meses.

Armamos festivales de música para recaudar dinero y marchas para dar a conocer lo que nos pasaba. Usamos las redes sociales para contar nuestra pelea y también para publicar artículos periodísticos que seguíamos escribiendo sobre lo que ocurría en el país. Sin los condicionamientos del viejo dueño (y aun sin un diario donde publicarlas), nuestras notas tenían más lectores que antes.

Así fue como decidimos publicar un suplemento especial el 24 de marzo, el día en que se recordaría el 40 aniversario del último golpe de Estado. Queríamos encontrarnos con los lectores y averiguar si les interesaba apoyar un proyecto autogestionado. Aquel día agotamos todos los suplementos y volvimos al diario donde dormíamos con cientos de correos electrónicos y energía renovada.

Decidimos formar una cooperativa de trabajo sin ánimo de lucro, donde todos los integrantes participan en la toma de decisiones y apostamos por el financiamiento de los lectores. Sin saberlo, estábamos desarrollando el primer modelo de membresía en Argentina. Para eso nos inspiramos en lo que estaban haciendo otros medios, en especial eldiario.es en España. Lo estudiamos y adaptamos su propuesta.

Así nació Tiempo Argentino. Un diario digital con una edición impresa los domingos (el día en que la venta de diarios se triplica). Un medio con suscriptores (que reciben la edición impresa en su casa), socios (que pagan un adicional para apoyar la construcción de un proyecto independiente) y con muchos más lectores que acceden a los contenidos gratuitamente. Porque apostamos a un esquema solidario: quien paga no lo hace por información exclusiva sino para que más gente pueda leernos.

En tres años, Tiempo logró sostener unos 100 puestos de trabajo, mientras los medios tradicionales despedían a unos 3.000 periodistas en Buenos Aires. Ese milagro ocurrió gracias al apoyo de los lectores, cuyo aporte representa el 70% de los ingresos de la cooperativa.

La búsqueda de un camino diferente

Rasmus Kleis Nielsen y Nicola Bruno escribieron que para los medios nuevos "la supervivencia es un éxito". La sensación de fragilidad en el caso de Tiempo parecía más grande. No contábamos con respaldo financiero y dependíamos de reinvertir nuestros ingresos. Para colmo, la crisis económica empeoró y los cambios en los consumos informativos ampliaron su presión sobre los medios.

Como presidente de la cooperativa, me hacía varias preguntas. ¿Cuántos lectores hay dispuestos a pagar por información en tiempos de saturación y desconfianza? ¿Cuántos modelos existen que apuesten al financiamiento de la audiencia? ¿Qué podemos aprender de las experiencias en otras latitudes?

Esas preguntas motivaron mi residencia de investigación en el Instituto Reuters para el estudio del periodismo. Durante seis meses, estudié distintos proyectos y decidí centrarme en los dos que me parecieron más interesantes por su crecimiento e incidencia: eldiario.es en España y Mediapart en Francia.

Ambos fueron fundados por periodistas de reconocida trayectoria que procuraron mantener el control sobre la línea editorial y la propiedad accionaria. A pesar de sus pocos años, alcanzaron el podio entre los medios que generan más confianza en los lectores.

La presentación de el caso de Tiempo Argentino y su cooperativo.

La presentación de el caso de Tiempo Argentino y su cooperativa en Google Initiative.

Pregunté y leí sobre ellos, pero necesitaba más. Por eso, pasé tiempo en sus redacciones. Vi cómo trabajaban y los entrevisté. Finalmente conversé con los fundadores de otros medios que surgieron en el mismo contexto e intentaron el apoyo de sus lectores, pero sin lograr todavía el mismo impacto. Así sumé las experiencias deInfolibre, La Mareay Contexto en España; y la de Rue89yLes Jours en Francia.

Conclusiones de las experiencias europeas

Traté de sintetizar este aprendizaje en el trabajo que presenté al finalizar mi beca y que ahora se publica. Allí pueden conocer las redacciones por dentro y leer las razones que motivaron cada decisión que tomaron. También, analizar las diferencias y ver ejemplos de cómo funcionan sus modelos de negocio. Pero para que nadie quede al margen de los aprendizajes, resumo aquí algunas conclusiones:

1. Diagnóstico similar

Tanto eldiario.es como Mediapart surgen en contextos de crisis de representatividad de las instituciones. Esa desconfianza afectaba tanto al poder político y judicial como a los medios de comunicación, que habían pasado a ser propiedad mayoritaria de grandes corporaciones con evidentes conflictos de intereses para informar. Ambos medios identificaron que había un público huérfano de referencias. Apoyar a eldiario.es o Mediapart sería también defender los valores democráticos.

"La clave es que el modelo de negocio blinda el modelo editorial", me dijo Escolar en una de las entrevistas para la investigación. "Si eldiario.es hubiera nacido apoyado por un fondo de inversión o por un grupo de comunicación más grande, pues no hubiésemos hecho las cosas que hicimos".

Mediapart resumió ese planteamiento en su lema: "Solo nuestros lectores pueden comprarnos". Y creó un modelo sin publicidad sostenido 100% en suscripciones. Edwy Plenel, su director, sintetizó su propuesta de la siguiente forma: "Somos valiosos por la información que brindamos. Los lectores nos ayudan a existir porque, de lo contrario, habría muchas cosas de las que no se enterarían".

2. Membresía o suscripción, esa es la cuestión

Como se desprende de las palabras de Plenel, la propuesta de Mediapart fue transaccional desde un principio: quien quiera leer, debe pagar. De todos modos, su modelo incluye promociones y puertas de acceso alternativas para que el muro de pago no impida conocer un medio nuevo. "Creemos que la gente llega por las primicias de investigación y se queda por el resto de los contenidos", me explicó Marie-Helene Smiejan, co-fundadora y responsable financiera.

Edwy Plenel, director de publicación de Mediapart.

Edwy Plenel, director de publicación de Mediapart. Place Au Peuple

El tiempo les dio la razón. Poco antes que ellos, había nacido en Francia Rue89, un medio inspirado en el coreano OhMyNews, que promovía el periodismo ciudadano y mezclaba en su portada artículos de periodistas profesionales con blogueros. Apostaron por el tráfico y su éxito fue tan rápido como efímero. Fueron el primer medio nativo digital en alcanzar el millón de usuarios únicos en Francia. Pero la explosión de la burbuja de Internet los obligó a vender la empresa a los cuatro años de su fundación. Hoy dependen de Le Monde con un equipo de cuatro personas.

Mediapart tardó más en alcanzar popularidad y aún hoy no es un medio masivo. Su apuesta es ser ineludible y la evolución de suscriptores exhibe el éxito de la estrategia.

Los saltos en suscriptores están asociados a grandes investigaciones. La primera el affaire Bettencourt (propietaria de L'oreal). La segunda las cuentas no declaradas del entonces ministro de Presupuesto.

eldiario.es apostó a un modelo diferente: no era necesario pagar para leer. "Si te fijas objetivos de audiencia estás siempre en el corto plazo: que algo explote en las redes. Pero cuando piensas que el objetivo es cómo hacer para que alguien pague por algo que puede ser gratis, tienes que pensar en el largo plazo", me explicó Escolar. eldiario.es dio un salto en socios en 2018 al destapar el escándalo del máster falso de Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid.

Con el destape del Caso Cifuentes, eldiario.es incrementó un 30% sus socios en dos meses. En todo el año, el aumento fue de un 50%.

En su fundación, el capital inicial de eldiario.es apenas representaba un 20% del capital inicial de Mediapart (600.000 euros vs 2,8 millones de euros). Por eso, su apuesta requería diversificar las fuentes de ingresos y por eso el principal canal siempre fue la publicidad, aunque el aporte de ningún anunciante individual está por encima del aporte de los lectores.

La redacción de Mediapart.

La redacción de Mediapart.

Seis meses después de eldiario.es, nació el medio español Infolibre, un diario con un enfoque similar y que apuntaba al mismo público. Infolibre nació con una redacción más grande (19 vs 12) y con un capital inicial más alto (un millón de euros). Pero pusieron sus investigaciones detrás de un muro de pago y dejaron que las noticias de último minuto fueran gratuitas en un entorno con publicidad. Siete años después, la redacción de eldiario.es es cuatro veces mayor que la de Infolibre y su presupuesto, seis veces mayor. eldiario.es tiene más de 34.000 socios. Infolibre, menos de 10.000 suscriptores.

3. Propiedad de periodistas pero abordaje profesional

Para proteger su línea editorial, los fundadores decidieron que el capital quedara bajo el control de los periodistas. En eldiario.es el 70% está en poder de los periodistas fundadores. En Mediapart, al momento de su creación, el 43% estaba en propiedad de la redacción y un 17%, en manos de una "sociedad de lectores". Para asegurar que el interés público quedaría por delante del lucro, en 2019, los fundadores de Mediapart crearon una fundación sin fines de lucro que compró todo el capital accionario.

Garantizada la independencia editorial, ambos medios entendieron que era necesario profesionalizar el área empresarial. Por eso, el personal administrativo de su plantilla creció más que el periodístico en estos años.

4. Innovadores, de izquierdas y guías en medio de la 'infoxicación'

Tanto eldiario.es como Mediapart son proyectos que innovaron en sus países. Nacieron con redacciones reducidas y escalables. Se propusieron ser una guía en contextos de infoxicación (intoxicación informativa). Apostaron a la fidelización del lector antes que al volumen y eso se ve en las métricas de sus sitios.

eldiario.es es el primer sitio en lectores frecuentes entre los nativos digitales de España y el quinto contando los diarios con soporte papel. A pesar de que sus contenidos son sólo para suscriptores, Mediapart ya es décimo en lectores frecuentes. En ambos casos, más de la mitad de los lectores accede a los portales de manera directa e intencionada, sin usar puertas laterales como las redes sociales o buscadores.

La redacción de eldiario.es

La redacción de eldiario.es

Otra particularidad de ambos es que su público se identifica con una posición ideológica a la izquierda del lector promedio en sus países. En Mediapart, la edad media es más elevada, probablemente debido al requisito excluyente de pago. En eldiario.es, según las cifras del Digital News Report, el público es más jóven y feminizado. Cabe recordar que fue el primer medio español en nombrar una redactora jefa de género (El País fue el primero en nombrar a una "corresponsal" de género).

5. Discurso pedagógico, transparencia y participación

Tanto para eldiario.es como para Mediapart, el discurso del medio tiene una importancia fundamental para atar la propuesta periodística con la empresarial. Por eso interpelan permanentemente a sus lectores explicándoles que su aporte es el que les permite producir la información que necesitan. Ese pedido se sustenta en una política de estricta transparencia que busca generar más confianza. Estrategia que se complementa con un llamado a la participación de los socios/suscriptores:

  • En eldiario.es hay columnas quincenales en las que la redacción responde preguntas de los lectores. Los socios reciben una revista monográfica trimestral y participan de actividades temáticas organizadas por la redacción. Sus comentarios en las notas son destacados del resto. Muchos periodistas, además, responden a los comentarios de sus propios artículos.
  • En Mediapart invitan a los suscriptores a escribir en su plataforma de blogs (única parte de la web de acceso libre). Una selección de posteos luego aparece en la portada del periódico. Los suscriptores pueden comunicarse con los periodistas, asistir a las filmaciones de Mediapart Live (un programa semanal que se transmite por Youtube) y a los eventos especiales que organizan en la redacción.

Aprendizajes y adaptaciones para Argentina

¿Es posible llevar adelante proyectos de este tipo en Argentina? ¿Qué tipo de adaptaciones deberían realizarse?

Un rápido repaso por las estadísticas exhibe diferencias estructurales entre los países, pero también algunos puntos en común. Tanto en el interés por las noticias, como en la confianza en los medios, la Argentina se encuentra entre España y Francia. En la propensión a pagar por contenidos informativos digitales, el porcentaje es similar en los tres países.

En Francia y España la principal fuente informativa es la televisión, mientras que en Argentina es online. Aquí el consumo informativo de redes es mucho mayor que en los países europeos.

En Argentina, sin embargo, el acceso directo a los portales de noticias es más alto (22%) que en España (20%) y Francia (17%). También aquí existe un hábito extendido de buscar noticias en Internet. En los últimos tiempos, cada vez más gente dice buscar fuentes prestigiosas para recuperar la confianza.

Estos factores abren el escenario a la aparición de nuevos proyectos que conecten con esas necesidades. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en Sudamérica aún hay muy pocos medios que hayan apostado al financiamiento de la audiencia y, por tanto, muy poca cultura del pago por noticias. Queda mucho por hacer.

Tiempo fue el primer medio argentino en desarrollar un modelo de membresía. Su ejemplo lo siguieron otros que incluso alcanzaron mayor cantidad de socios como El Destape (lanzado por un periodista tras ser despedido de la TV en el marco de denuncias de censura) o Futurock (una radio online cuya programación se alimentó de influencers en las redes sociales). Este último medio logró involucrar a los menores de 35 años, un nicho poco explorado y carente de promociones de suscripción para noticias (aunque muy fuerte para otros consumos como Spotify o Netflix).

Los menores de 35 años en Argentina no tienen hábito desarrollado de pagar por contenidos informativos, ni existen promociones que apunten a ellos.

Otro elemento característico de Argentina es que la publicidad gubernamental siempre ha sido alta en los medios privados. Eso probablemente influyó en que la caída en las ventas de diarios y la de la publicidad privada no afectaran su rentabilidad durante años.

Recién en mayo de 2017 los medios tradicionales lanzaron sus primeros modelos de muros porosos que dejan abiertas muchas formas de eludirlos. La cautela es comprensible. El principal sitio informativo en Argentina (Infobae) es un diario online de acceso libre cuya apuesta es el tráfico y la publicidad.

El escenario descrito permite todo tipo de interpretaciones. Algunos pueden pararse en las diferencias para argumentar por qué en Argentina no pueden hacerse medios iguales a eldiario.es o Mediapart. Otros nos centraremos en los caminos posibles y las oportunidades para adaptar ideas. Lo que nos separa es el riesgo que estamos dispuestos a asumir para hacer periodismo.

Cuando Tiempo se transformó en cooperativa, a sus trabajadores no les quedaba otra alternativa. Pero el camino que se hizo fue inverso a los estudiados en Europa: no hubo capital inicial, se empezó con una redacción grande y sin experiencia digital, y no se pudo profesionalizar áreas clave. Su historia cooperativa coincidió con caídas constantes en el PIB en Argentina, aumento de desempleo y pobreza, lo que generó una caída del consumo. Sin embargo, el diario sobrevivió porque su búsqueda logró identificar a la audiencia y conectar con sus intereses. ¿Puede hoy reinventarse para salir de una situación de supervivencia? ¿Son las condiciones en que nació el proyecto una limitación para seguir innovando al ritmo que requiere un medio en estos tiempos?

"Nadie debe esperar que las revoluciones del mañana sean lideradas por los actores económicos tradicionales", plantea la socióloga Julia Cagé en su libro "Salvando a los medios" (2016). ¿Qué tipo de estructura societaria deben tener los medios del mañana para garantizar su independencia? ¿Qué forma de interpelación a los lectores deben usar? ¿Cuál es la mejor estrategia para mantenerlos activos? Las preguntas son parecidas a las del principio, pero reconocen un proceso de aprendizaje. Parafraseando a Héctor Schmucler, padre de los estudios de comunicación en América Latina, la labor del intelectual y del periodista no debe ser dar respuestas finales, sino contribuir a mejorar las preguntas.

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