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Vaticano, la tienda

La cuentas del Estado Vaticano también se nutren del merchandising oficial: euros, calendarios, sellos y posters

La Iglesia vende bendiciones en pergamino, pero asegura que lo que gana con ellas "lo retorna como limosnas"

El tirón mediático de Francisco puede mejorar los ingresos relacionados con los 'souvenir' del Papa

Agenda oficial del Papa Francisco. Foto: Observatorio Romano.

Agenda oficial del Papa Francisco. Foto: Observatorio Romano.

Monseñor Konrad Krajewski es el limosnero del Papa Francisco. En lugar de trabajar tras el escritorio de su despacho en la Limosnería de Ciudad del Vaticano, el nuevo Papa le pidió que saliera por las noches y se mezclara entre el pueblo romano. Le pidió, incluso, que le dejara acompañarle. Francisco recomendó a este arzobispo, según reveló Krajewski: "Cuando alguien te llame excelencia pídele un tasa de cinco euros para los pobres".

No es mal consejo, pues su trabajo no sólo consiste en repartir, sino en recoger. Con una mano regala tarjetas telefónicas en Lampedusa o billetes de metro a los romanos y con la otra vende souvenirs. La Limosnería, que se remonta al siglo XIII, expende la Bendición Apostólica, firmada a mano por el propio Krajewski en nombre del Papa. Se trata de un pergamino que cuesta entre 25 y 45 euros –según el modelo– y que puede solicitar cualquier católico de cualquier país en ocasiones especiales como el matrimonio, el bautismo de un hijo, la primera comunión, la ordenación, la mayoría de edad y algunos cumpleaños redondos, entre otros casos. Se trata de un papel con la foto del Papa y un mensaje dedicado a la persona, escrito en letras góticas. Hay diferentes variantes, expuestas en las paredes de la oficina abierta al público.

La Limosnería, ubicada en un edificio dentro del Estado Vaticano, señala que de los ingresos por la venta de las bendiciones, una parte se va a pagar el coste de los diplomas y el resto se va íntegro a la beneficencia.

Limosnería vaticana

Limosnería vaticana

La Oficina Numismática y Filatélica del Estado Vaticano vende sellos y euros con el rostro del Papa –los de Francisco se han acuñado en marzo– en su edificio dentro del Estado más pequeño del mundo. La moneda más barata es la de 50 céntimos con la efigie del papa Francisco, que viene dentro de una tarjeta de plástico que puede comprarse por 3,50 euros. Otros objetos de colección son más caros, como los estuches alrededor de los 200 euros o la moneda de oro de valor nominal 50 euros y precio de 1.090 euros. También se pueden comprar sobres y carpetas, todo con decoración papal.

Los rostros de la Iglesia venden merchandising, sobre todo los más amables como los papas Francisco, Juan XXIII o Juan Pablo II. Para manejar la imagen que su líder, la Iglesia Católica dentro de la organización de la Santa Sede, dispone del Servicio Fotográfico de l'Osservatore romano, el periódico oficial. Este organismo vende impresiones al público de cualquier foto de su catálogo, con precios que van de 2 a 100 euros, según tamaño. Además, ejercen como agencia fotográfica y venden permisos para publicar fotos en libros, periódicos o diferente merchandising, cuyos precios no son públicos porque depende de la tirada, el coste del objeto final o el propósito. También es aquí donde pueden comprarse las agendas (15 euros) y los calendarios oficiales del Papa (de 4 a 9 euros).

Fuente de ingresos

Una de las principales fuentes de ingresos del estado son los Museos Vaticanos, que apuntó a las cuentas más de 91 millones de euros en 2011. Los turistas encuentran tiendas hasta en la terraza superior de la cúpula de la basílica de San Pedro, donde unas monjas venden souvenirs a los que llegan, después de esperar largas colas y pagar siete euros por coger un ascensor y subir más de 300 peldaños.

Aunque en 2011 el balance económico de la Santa Sede fue deficitario con casi 15 millones de euros, en 2012 arrojó un superávit de más de dos millones de euros. Unas cuentas que no escapan al escándalo tanto por las gestiones del Banco Vaticano como las sospechas de lavado de dinero negro por parte de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica.

Lo que la Iglesia vende no es sólo material. El divorcio católico, denominado nulidad matrimonial, tiene un coste mínimo de 700 euros y está expedido por las diócesis. Cada capítulo de nulidad añadido cuesta 250 euros, cada pericia suma 350 euros o 700 si ha de aplicarse a los dos esposos y los gastos de tribunal, que hay que sumar a lo anterior, cuestan 400 euros. No obstante, tiene la vía canónica un recurso similar a la justicia gratuita de la vía civil para disolver matrimonios. La nulidad puede salirle gratis al católico que demuestre que sus ingresos no alcanzan el doble del salario mínimo.

La devoción por el catolicismo llega hasta el fervor religioso por las reliquias de los considerados santos, que no vende la Iglesia Católica. Reliquia puede ser una cabeza, un brazo, un poco de pelo, de piel o un objeto que formó parte de la vida de esa persona, conservado dentro de un relicario. La Iglesia se aleja de estas devociones extremas pero hay maneras de comprarlas.

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