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Vecinos de Pina respiran aliviados pero miran de reojo las próximas riadas

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Los trabajos para contener el río en la ribera baja de la provincia de Zaragoza se han centrado hoy en Pina de Ebro, por donde ha pasado la punta de una crecida que ha mantenido en vilo a los vecinos, que ahora miran con preocupación las próximas avenidas convencidos de que no tardarán en llegar.

Respiran aliviados porque finalmente no han tenido que desalojar sus viviendas, pero coinciden en la gravedad de unos hechos que se repiten cada vez con más frecuencia.

Muchos de ellos se han acercado esta tarde a las inmediaciones del río para comprobar cómo el agua había inundado el parque 'Javier Blasco Zumeta', el más transitado de este municipio, donde se ha ubicado el puesto de mando de todo el operativo.

De todos los pueblos de la Ribera Baja, Pina de Ebro era la localidad que más riesgo presentaba. Sobre ella había una amenaza de desalojo del casco urbano, ubicado a tan solo cien metros del río, que había llevado a los vecinos a ensayar una evacuación.

Pero, afortunadamente, ese desalojo se ha quedado en un simulacro gracias a los trabajos de contención y refuerzo de las motas que durante toda la noche han realizado los más de 300 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) desplegados en la zona.

"Oficialmente y con toda seguridad no puedo decir que descartamos del todo un desalojo pero, con las últimas noticias que tenemos, no parece que se vaya a producir", comenta la alcaldesa, Marisa Fanlo.

Las calles de esta localidad, donde residen 2.500 personas, se han llenado de efectivos, vehículos especializados y maquinaria pesada, un despliegue que, al tiempo que alertaba de la gravedad de la crecida, ha transmitido también cierta tranquilidad.

Inmaculada Bello vive en el número 6 de la calle Soto. Su casa es la más cercana al cauce del río Ebro. A unos pasos de su portal, el agua inundaba un parque, que es el centro recreativo del pueblo.

"Hoy he dormido tranquila porque he oído cómo trabajan durante toda la noche" -ha apuntado-, aunque ha añadido que el miedo lo tienen siempre y ha cargado contra la prohibición de retirar las gravas del Ebro.

"Desde que no limpian el río, tenemos más crecidas", añade su marido, Miguel Ángel del Lazo.

Coincide con ella Ana, otra de las vecinas, que esta tarde paseaba por las choperas con su hijo: "cuando el río baja seco, se ve claramente todo lo que lleva y ahora, después de una crecida, todavía más".

"Lo decimos siempre, pero no nos escuchan", lamenta Antonio Expósito, quien ha vivido estos días con cierta incertidumbre y con el equipaje preparado para salir corriendo en caso de desalojo.

Todos tienen la sensación de vivir en una especie de bucle temporal cuando hablan de crecidas y, por eso, miran con preocupación las próximas, convencidos de que llegarán.

"Vendrán más riadas porque este año ha nevado mucho", indica Carlos Gallego, responsable del restaurante 'Los Caprichos".

Sobre el terreno, unos 140 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias en turnos de 12 y 16 horas -en total hay desplegados 387- han realizado trabajos de contención y achique.

En concreto, en esta localidad han construido un dique con estructura metálica para reforzar una de las motas del municipio.

La preocupación se centraba en este punto porque en el caso de que el río hubiera desbordado esta defensa, el agua habría llegado hasta el casco urbano.

A primera hora de la tarde, cuando el río pasaba a unos 8 metros de altura por el municipio, la UME había reforzado 400 metros de longitud y preveía terminar los trabajos esta misma tarde, según ha señalado a EFE la brigada Raquel Ramiro.

"Esta vez hemos tenido más tiempo para trabajar que en la crecida de 2015, que fue una riada más torrencial y rápida", subraya el teniente Rubén Cabezas del IV batallón de la UME de Zaragoza que coordina la emergencia.

Junto a Pina de Ebro, el resto de municipios de la Ribera Baja no han bajado la guardia desde que conocieron la magnitud de la crecida; no podían permitírselo pues en la memoria están los estragos causados por el río en 2015 (una avenida que se ha tomado como referencia).

Alfranca, Nuez, Fuentes o Quinto, todas con el apellido 'De Ebro', que da idea de su ubicación junto al cauce, han sufrido la crecida con miles de hectáreas anegadas que han echado a perder cultivos de cereales, cebolla, alfalfa o maíz.

Por Marta Salguero

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