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Contaminación lumínica, la peligrosa luz que amenaza la biodiversidad

Luciérnagas en el bosque de Santa Clara, en el estado de Tlaxcala (México).

EFE

Madrid —

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Desorientación, trastornos de la rutina, desplazamiento a otros hábitats, desajustes en la cadena trófica o mortalidad, son algunos de los efectos negativos que la contaminación lumínica provoca sobre la fauna y que hacen peligrar el equilibrio de ecosistemas y la pérdida de biodiversidad.

Expertos consultados por EFE explican los efectos y consecuencias que tiene la contaminación lumínica sobre los animales y su comportamiento.

La contaminación lumínica “es como un pesticida más en la práctica”, ha explicado el astrofísico en el Departamento de Calidad del Cielo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA) y miembro de la Junta Directiva de la International Dark Sky Asociation, Alejandro Sánchez de Miguel.

Es uno de los factores más importantes del llamado “apocalipsis de los insectos”, es decir, la pérdida “en los últimos 25 años de alrededor del 75 % de los insectos”.

Además, de una “alteración significativa” en la cadena trófica al ocupar los insectos una posición intermedia, la atracción de estos hacia la luz de las ciudades y pueblos provoca que otras especies se trasladen fuera de sus hábitats.

Esto supone un “factor de riesgo adicional” tanto para los animales como para la salud humana, ya que pueden ocasionar “plagas agrícolas o enfermedades”, sostiene Sánchez de Miguel.

Los seres vivos que han evolucionado lo han hecho “bajo un régimen de luz y oscuridad” que con la iluminación artificial se ha visto trastocado, ha señalado por su parte el biólogo de la Estación Biológica de Doñana, Airam Rodríguez, un impacto que “se empezó a estudiar en torno al 2006”.

No obstante, “hay muchos animales de hábito nocturno que viven con alta contaminación lumínica y apenas perciben que es de noche”, ha explicado el titular en el área de Zoología de la Universidad de Valencia, Joaquín Baixeras.

Sin embargo, los sistemas de navegación y sensorial, así como el ritmo cronobiológico de las especies nocturnas están adaptados a bajas condiciones de luz, según Baixeras, y el efecto “más negativo” de esta contaminación es “la mortalidad directa”.

Es lo que sucede con la pardela cenicienta en Canarias, concretamente en Tenerife -entre el 20 de octubre y el 10 de noviembre- se rescatan 2800 polluelos que caen deslumbrados, ha explicado Rodríguez, a pesar de que “se estima que esta cantidad solo representa el 60 % de los ejemplares”.

Mientras las crías de tortuga marina se desorientan por la luz y cuando eclosionan del huevo en las playas, se dirigen hacia tierra en lugar de al mar, y muchas “acaban deshidratadas, engullidas o atropelladas”, según Rodríguez.

La contaminación lumínica también provoca el declive de las luciérnagas, especie en la que la función de la luz se emite en búsqueda de pareja, y el exceso de luz artificial impide que se encuentren y bloquea su sistema de comunicación.

“Los insectos viven muy poco tiempo” y en ese periodo deben “alimentarse y reproducirse”, con la la luz se les “obliga a desviar su atención hacia estos focos”, ha explicado Baixeras.

Los polinizadores nocturnos podrían ver reducidas sus colonias, lo que afectaría a la polinización de las plantas y, con ello, se disminuiría la cantidad de frutos y semillas disponibles.

Rodríguez considera que esta contaminación hace “una limpieza de genotipos” con “un efecto en cascada” que conlleva “un deterioro de la biodiversidad al perderse especies, individuos y las relaciones surgidas entre los ejemplares”.

Se deben adoptar medidas como alumbrar “lo esencial” para proteger la biodiversidad, según Baixeras, mientras Rodríguez apuesta por sistemas con sensores de personas y de baja intensidad, y Sánchez de Miguel por apagar el alumbrado ornamental.

Coinciden en la necesidad de realizar “informes de impacto ambiental” donde biólogos y ambientalistas evalúen el impacto de este tipo de contaminación y sus efectos en la pérdida de biodiversidad.

Por Natalia Molina Iñigo

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