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Esperando la inmunidad en las viviendas comunitarias de la Galicia envejecida

Esperando la inmunidad en las viviendas comunitarias de la Galicia envejecida
Quintela de Leirado (Ourense) —

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Quintela de Leirado (Ourense), 23 ene (EFE).- En la vivienda comunitaria de Xacebáns, en Quintela de Leirado, en Ourense, sus moradores, de avanzada edad, ya han recibido las dos dosis de la vacuna contra la covid-19 que les permitirá contar con la ansiada inmunidad.

María Penín tiene 78 años, es gallega y tuvo mucho miedo. De hecho “al principio" sólo quería esconderse, ha comentado a Efe. Esta septuagenaria ya respira, no obstante, más aliviada a la espera de “ver qué pasa”.

Las incógnitas que existen en torno a la vacuna provocan que nadie se plantee todavía relajar las medidas. Y mucho menos la población sensible.

Por el momento, la higiene de manos, los turnos para comer, los grupos burbuja y las visitas limitadas a un día por semana son las medidas que siguen en estas instalaciones, libres del bicho hasta la fecha.

El objetivo es evitar la entrada de este minúsculo patógeno.

El ayuntamiento de Quintela de Leirado, en la comarca de Terra de Celanova, destaca por la avanzada edad de sus habitantes. No en vano, los datos del Instituto Galego de Estadística (IGE) sitúan a la provincia de Ourense a la cabeza del envejecimiento en Galicia, con un 31 por ciento de jubilados.

El índice de envejecimiento, parámetro que mide el número de personas de 65 años o más por cada cien menores de 20, es preocupante.

Por cada centenar de menores de veinte años en Ourense hay 236 mayores de 65 o más edad. Esto convierte a la circunscripción en un laboratorio demográfico de primer orden.

Completado el ciclo de la diana contra el SARS-CoV-2, los usuarios de Xacebáns hablan con más confianza del antígeno. “Lo del covid lo veo fatal pero la vacuna bien”. Es la percepción general de estos residentes, que desde que empezó la pandemia se confinaron en la vivienda comunitaria.

Penín, quien afirma ser "realista”, solventa la soledad con llamadas telefónicas.

Concha tiene casi 83 años y no siente miedo, después de una dura vida trabajando. Sabe que con el antídoto en funcionamiento “al menos" podrá "salir más tranquila a pasear”, tras meses sin hacerlo de ese modo. “Sabes que estás tranquilo y, de la otra manera, no”.

Belén Álvarez, directora de esta vivienda comunitaria emplazada en un antiguo cuartel de la Guardia Civil, restaurado y que estuvo libre de coronavirus desde el inicio de la pandemia, ha dicho a Efe que las medidas anticovid se mantendrán sin grandes variaciones.

Al inicio de la crisis sanitaria, esta profesional tuvo claro que había que encerrarse y evitar las visitas. “El 90 por ciento tiene más de ochenta años. Es complicado. Por mucho que tomes todas las medidas, tienes mucho miedo”, abunda.

El objetivo ahora es seguir manteniendo las precauciones ya muy instauradas, "a ver cómo va evolucionando la cosa". "Una vez que llevas tanto tiempo así, da igual un mes o dos más”, zanja Álvarz.

La situación actual pasa por "tener esa seguridad de que tenemos un escudo más, pero con cuidado. Es algo que no se ve y todavía no sabemos cómo va a actuar la vacuna”, concluye.

En las aldeas todavía les toca esperar un poco más, en principio hasta marzo, para poder comenzar a inyectarse, según los plazos manejados por el Gobierno central.

Julia Domínguez, vecina de Xacebáns, en Quintela, suspira deseando que la vacuna “venga lo más pronto posible”, convencida de que “es lo único que nos puede salvaguardar”.

Su marido tiene 85 años y padece alzhéimer. Él echa en falta todo lo que hacía: bajar a la plaza y jugar.

Por Lorena Rodríguez de la Torre

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