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Florencio, enfermo crónico: "Tengo menos miedo yo que mi familia".

Fotografía facilitada por él mismo de Florencio, quien tres días a la semana pasa cuatro horas en la unidad de diálisis del hospital 12 de octubre de Madrid. Ahora con el doble de precauciones pero sin más temor, pese al riesgo exponencial que supone el COVID-19 para un enfermo crónico, en diálisis. Él se encomienda a la sanidad pública, la conoce bien. "Tengo menos miedo yo que mi familia".

EFE

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Tres días a la semana, Florencio pasa cuatro horas en el hospital. Ahora con el doble de precauciones pero sin más temor, pese al riesgo exponencial que supone el COVID-19 para un enfermo crónico, en diálisis. Él se encomienda a la sanidad pública, la conoce bien. "Tengo menos miedo yo que mi familia".

Es miércoles y hoy no toca ir al hospital. Pero sí a por pan, que congela ya para toda la semana. Preferiría que ésta fuera su única salida en días, pero no tiene elección. Martes, jueves y sábado va al 12 de Octubre de Madrid, donde lleva dos años en hemodiálisis, aunque sus problemas con los riñones se remontan a 1998 con una diálisis intermitente, solo interrumpida por un trasplante en 2004.

Florencio, de 53 años, no ve su historial clínico como un lastre en esto tiempos, sino como una experiencia para afrontar la situación actual mejor que otros, al menos anímicamente.

Lo dice porque conoce los entresijos de nuestro sistema de seguridad social y "lo bien que te asisten aun con la evidente falta de material". "Es por eso que tengo menos miedo de coger el virus que mi familia, que no tiene diálisis", asegura. Probablemente es el sano quien, "por miedo a lo desconocido, le tema más al coronavirus".

¡Ten cuidado!, le insisten todos. Suena a frase hecha pero no lo es. Por su enfermedad, lo lleva de serie. La higiene no se negocia.

Florencio recuerda una anécdota cuando era cocinero -con hemodiálisis no puede trabajar- para ilustrarlo. "Nos decían que era más peligrosa una persona sana pero guarra que una que tuviera una enfermedad y fuese limpia porque no tenia riesgo de contagiar nada".

"Mi vida diaria no ha cambiado con el virus", dice con una entereza y tranquilidad igual de contagiosa que el COVID-19, "lo que hay que hacer es doblar las precauciones y tener sentido común".

Pero sí, hay detalles que han variado. El desplazamiento al hospital es un ejemplo. La ambulancia ya no es una opción, hay que evitarlas porque es un foco de contagio y ahí los pacientes que reciben diálisis se transforman en personas de muy alto riesgo.

Florencio, que vive a un kilómetro del hospital, va andando o en coche y regresa en transporte público, ya que sale muy cansado. Entra con guantes y mascarilla y sale igual, pero con otros nuevos. Siempre se los proporcionan allí, en su unidad, que es clave para evitar el contagio ya que se accede desde la calle, sin recorrer el hospital y, por tanto, sin exponerse innecesariamente al virus.

Porque expuesto, lo está, para qué negarlo. "Es obvio que voy más tranquilo a la compra que al hospital, porque tengo que pasar por taquillas, cambiarme de ropa, ponerme el pijama, etc."

Los mayores cambios los nota en su "box" de cuatro personas. No hay contagiados, pero por el protocolo es como si los hubiera. No es para menos porque el daño renal incrementa los efectos del virus.

Sí que hubo un susto, una falsa alarma. Una mujer de su box vino con fiebre, pero la prueba dio negativo. "Menos mal", dice Florencio, porque sabe que hubiera tenido consecuencias para él.

Porque, con síntomas, su unidad quedaría aislada y se extremarían más aun los cuidados pero seguiría recibiendo la diálisis, eso no se negocia. No es una opción. De hecho, varios enfermos de la unidad de diálisis del 12 de octubre tienen coronavirus. Y sí, ha habido fallecimientos, pero mejor no hablar, porque todos se conocen.

El ambiente es otro ahora. Antes era más desenfadado, no tan frío. Hablan menos entre ellos -"es más incómodo por las mascarillas"- y la TV que antes les entretenía ahora es monotemática. Se nota la preocupación y el aislamiento, porque ahora los sanitarios procuran reducir el contacto a la mínima expresión.

La fotografía de la situación actual es la de las enfermeras. "Antes atendían en manga corta con ropa normal, hablaban mucho más con nosotros, conmigo entraban varias a hablar de recetas de cocina pero ahora impone mucho verlas, a veces tengo que preguntar quién eres, aunque las distingo por la voz". Ellas, ahora, se presentan.

Todas "tratan" de ir con EPI, porque "andan escasas de equipos de protección y ponen mucho celo en cuidar el material". Con ellos es aun más importante, porque sin test, ellas no saben si los enfermos crónicos son positivos o negativos por coronavirus.

En realidad el protocolo para los negativos dice que no hay que ponerse nada adicional, pero las enfermeras lo hacen dadas las circunstancias porque los pacientes no están controlados fuera del hospital. Vienen de sus casas.

Lo que no ha cambiado es el trato. "Siempre ha sido maravilloso, aunque ahora más aun, están hechas de otra pasta". Pero a su 'box' ya solo entra una. Tiene su favorita. "Todas son de 10, pero hay alguna que es de 11". Ella es Rita. "Para mí, es matrícula de honor".

Por Rafael Martínez

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Publicado el
17 de abril de 2020 - 12:08 h

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