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Por qué llevar abrigo en un sitio cerrado le hará sentir más frío al salir a la calle

Hombre calentándose del frío con un abrigo y gorro

Michael Evans

Profesor titular de neurociencia, Universidad de Keele —

Si alguna vez ha trabajado en una oficina, un almacén o un aula en los que las corrientes de aire le dejaban helado, quizá haya tenido la tentación de no quitarse el abrigo. Es posible que los demás se lo desaconsejaran porque “cuando salgas sentirás más frío”, lo que parece ir contra toda lógica. ¿Debería hacer todo lo posible para mantener el calor en un lugar frío? Resulta que las cosas no son tan simples. Para entenderlo bien, lo primero que necesitamos saber es por qué sentimos frío.

El cuerpo está cubierto por pequeños sensores de temperatura conocidos como termorreceptores o receptores sensibles al frío, situados en fibras nerviosas especializadas de la piel. Cuando la temperatura desciende, estos receptores comienzan a enviar señales al cerebro, codificando la temperatura que percibe el nervio. También son llamados receptores de mentol, ya que responden de la misma manera al químico mentol, que produce sensación de frío cuando se aplica en la piel.

Como las fibras nerviosas están repartidas por todo el cuerpo, ingresan en el sistema nervioso central a diferentes niveles. Los receptores situados en los brazos, el torso, las piernas o los hombros están conectados con las neuronas de la médula espinal, mientras que los receptores que se encuentran en la cara, la cabeza o la boca conectan directamente con el tallo cerebral. Pero debido a que los nervios conducen las señales eléctricas rápidamente, la distancia entre la parte del cuerpo que siente frío y el cerebro no se corresponde con la rapidez con la que detectamos el frío.

Las señales viajan hasta un control multisensorial situado en el centro del cerebro que recibe el nombre de tálamo. Desde el tálamo, las señales pasan a la corteza somatosensorial, encargada de crear la sensación y la consciencia de la sensación de frío. A partir de aquí, el cerebro puede averiguar tanto el punto exacto del cuerpo en el que se siente frío como cuánto frío siente (hasta cierto punto). Si nos exponemos a temperaturas extremas, ya sean calientes o frías, experimentaremos dolor debido a los daños sufridos en la piel.

Cuando usted salga a la calle (o a cualquier sitio en el que haga más frío que donde estaba), su sistema nervioso detectará la temperatura a través de la parte de la piel expuesta, que suele ser la cara. Vestir un abrigo en interiores aumentará la temperatura media de la piel, incluyendo las partes expuestas. Por lo tanto, cuando salga sentirá el aire más frío, especialmente en las partes expuestas de la piel. Si no se hubiera abrigado en el interior no sentiría tanto contraste, ya que la diferencia de temperatura sería menor.

Su abrigo aislará su cuerpo de la pronunciada bajada de temperatura, pero no su cara. Esa sensación se vería más acentuada si vestir el abrigo en el interior le hubiera hecho sudar, ya que enfriaría más rápidamente la parte expuesta de la piel.

Sin embargo, una vez que supere la sensación de frío inicial su abrigo seguirá haciendo su trabajo y comenzará a sentirse mejor. El cuerpo humano mantiene la temperatura media en 37℃, salvo en casos de enfermedad o exposición a temperaturas extremas. Incluso si siente frío al salir, la prenda le ayudará a reducir la pérdida de calor en su cuerpo y le resultará más fácil mantener la temperatura media (y también aislará su piel del aire frío).

Calentando

Ya se haya puesto o no el abrigo cuando salió, su cuerpo tiene una manera eficaz para entrar en calor. En su viaje al cerebro, las señales también pasan por el hipotálamo (una compleja colección de células nerviosas situadas en la base del cerebro), así como por la amígdala y otros centros que se encuentran bajo el hipotálamo, en la médula espinal. El hipotálamo controla, entre otras cosas, nuestra respuesta a la temperatura, mientras que la amígdala regula nuestras emociones.

Cuando las señales activan estos centros, el cuerpo intenta aumentar su temperatura (especialmente la central) mediante un sistema coordinado de temblores, alejando la sangre de la piel e incrementando la frecuencia cardiaca y la respiración para estimular la circulación, manteniendo el oxígeno y nutrientes que esta proporciona. A través de esta respuesta multiorgánica el cuerpo evita la pérdida de calor por la piel, y genera una temperatura estable mediante la actividad muscular y ciertas reacciones bioquímicas.

Esto significa que técnicamente debería perder peso al pasar frío, ya que el cuerpo se ve forzado a generar más calor. En cualquier caso, no le recomendaría salir a la calle en invierno sin su abrigo como técnica para adelgazar. Es cierto que la obesidad reduce la esperanza de vida, pero también lo hace el frío, y de una manera mucho más agresiva.

El autor quiere agradecer a Stanislaw Glazewski, de la Universidad de Keele, su contribución a este artículo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.The Conversationoriginal

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