Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

“Tenemos un Código Penal injusto que continúa creyendo en el pederasta arrepentido”

Miguel Ángel Hurtado en su entrevista con Gonzo, en El Intermedio / La Sexta

Jesús Bastante

Miguel Ángel Hurtado sufrió abusos sexuales por parte de un sacerdote en Barcelona durante su adolescencia. Hoy trabaja como psiquiatra en Londres, y es uno de los responsables de la sección española de SNAP (principal asociación de víctimas de la pederastia clerical). Su nombre salió a la luz hace un año y medio, por su apoyo a Daniel, víctima del clan de los Romanones en Granada. Ahora, lanza una campaña vía Change.org, bajo el título “No habrá paz para los malvados” y que quiere exigir “al futuro presidente del Gobierno” que los delitos por abusos a menores no prescriban. En apenas dos días se han rebasado las 200.000 firmas. Su entrevista en El Intermedio ha ayudado también a que se conozca su caso.

En la actualidad, los tiempos de prescripción de este tipo de delitos en la justicia canónica son de 20 años. En el Código Penal de España, la prescripción va desde los tres años para los delitos más leves, hasta los 15 años para los graves. En Reino Unido por ejemplo, donde vive Miguel Ángel, esa situación no se produce porque los delitos sexuales contra menores no prescriben. “Cuatro de cada diez denuncias por delitos sexuales afectan a menores de edad. Esta situación es producto de un Código Penal injusto que de forma irresponsable continúa creyendo ciegamente en la quimera del pederasta arrepentido sacrificando los derechos de las víctimas y poniendo en peligro a nuevas generaciones”, incide Miguel Ángel.

“Tenía fe en Dios”

“Yo tenía 16 años cuando fui abusado por el sacerdote que dirigía el grupo de jóvenes católicos al que acudía en Barcelona. En esa época estaba pasando una situación familiar complicada, tenía carencias afectivas importantes y eso me hizo ser especialmente vulnerable a los abusos”, explica. Confiesa que “era una persona creyente y la fe que tenía en Dios y en la Iglesia me impedía imaginarme que un sacerdote en el que confiaba podía ser en verdad un lobo con piel de cordero”.

Cuando se decidió a denunciar, ya era tarde desde el punto de vista jurídico. Los posibles delitos ya habían prescrito. La respuesta de las autoridades eclesiásticas fue “muy decepcionante. Su principal objetivo era evitar el escándalo a toda costa y que la reputación de la Iglesia no se viera dañada. Fue doloroso darse cuenta de que para algunos obispos las víctimas no somos parte importante de la Iglesia a la que hay que proteger y cuidar”.

En 2011, tras la muerte de su padre, Miguel Ángel decidió enfrentarse a sus demonios. “Me di cuenta de cómo los abusos habían marcado mi vida. Y me comencé a sentir culpable por no hacer más para que casos como el mío no se repitieran. Contacté con SNAP, una organización de víctimas internacionales. Y con ellos comencé a hacer acciones de protesta como acudir al Comité de los Derechos del Niño en Naciones Unidas para demandar al Vaticano una respuesta más contundente contra la pederastia clerical y el encubrimiento episcopal”.

En todo el mundo, SNAP cuenta con 19.000 miembros. En España hay muy pocos, porque “el tema de los abusos en la Iglesia en nuestro país sigue siendo un tema tabú. Escuchamos casos en otros países y parece como que estas cosas pasan muy lejos, cuando casos como el de Daniel demuestran esto no es así”.

“Las víctimas no somos el enemigo”, subraya Miguel Ángel Hurtado. “Lo son los lobos con piel de cordero que abusan de críos y los sepulcros blanqueados que dan lecciones de moral en los púlpitos pero que luego en privado encubren y protegen a delincuentes. La Iglesia de Jesucristo tiene que traer luz al mundo, no oscuridad”.

Etiquetas
stats