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Y a pesar de todo, nos queda la palabra

Vídeo. Esta es la palabra clave en el mundo de internet. Contenidos y mucho video. Y contenidos escritos, cortos y constantes. Con enlaces a páginas reconocidas que busquen la reciprocidad para un mayor empuje en el algoritmo del buscador. Y palabras clave. Muchas palabras clave. Las palabras mueven la economía digital pero parece que no exactamente las que tienen significado y significante sino más bien las palabras con valor monetario de cambio en la subasta Google. Dinero por posición. Plata o SEO. Vídeos que lleven el sello de la viralidad o, en su defecto, imágenes que respondan al nombre de meme cuando no al empuje del memo.

Video Killed the radio Star. Gran tema, proféticas palabras del grupo The Buggles allá por el 79 del pasado siglo XX. Y tenían la razón. El vídeo, la imagen, ha matado a la estrella de la radio. A la palabra en vivo. Hay un desplazamiento a borbotones del verbo al vídeo; a la imagen. A la forma más allá del fondo. Sin embargo, a pesar de este tsunami comunicativo, las palabras realmente claves, las que no tributan en el universo buscadores, aquellas que se declaman en directo o pre-grabadas (pero más allá de la escritura vana y el postureo), esas, siguen siendo el motor base de la comunicación y el empuje de los conceptos actuales imperantes en internet. Escasas, parcas en formas muchas veces, dependientes del algoritmo y el hackeo que las divulgue, pero con su carga fresca y lista para todo.

A pesar del sometimiento de la palabra al mercadeo de internet, el discurso, la oratoria, viven un momento de excelencia con muy pocos practicantes y muchos escuchantes. Pocos, pero con una gran carga para socavar en segundos conciencias, opiniones y predisposición de compra y voto.

Para cambiar política y economía. Todo en un terreno basto, inabarcable, casi infinito en cuanto a la proliferación, en eso llamado redes sociales.

El discurso bien articulado (aunque mayoritariamente falso y corto en sofisticaciones) define posiciones clave en la comunicación como lo es el concepto Post verdad.  Lo que en castellano de toda la vida se ha conocido como “paparruchas” hoy es el mantra de la comunicación y el discurso digital.

¿Por qué? Difícil de exponer con suficiente profundidad como para resultar académicamente aceptable, pero desde la óptica de la opinión, definir como Post verdad el bulo confiere un marco de referencia al discurso. UN nuevo significado. Un espacio para la metáfora engañosa que por repetición y espectacularidad accede al universo de lo creíble y discursivamente aceptable.

Porque, en el fondo, los discursos son palabras. Todas ellas llenas de cargas inconscientes que explotan en el centro de las consciencias.

Las palabras, declamadas en su justa medida dentro de un discurso estructurado con las metáforas pertinentes y en los foros adecuados, decantan las opiniones y las actitudes hacia las ideas con las que mejor uno se identifica, aunque perjudiquen más que beneficien. Y eso lo supieron muy bien los grupos conservadores y ultraconservadores en su apoyo a Trump y aquellos que han promovido los mismos ideales en Europa a través de los grupos más ultra.

La crisis económica y la de valores han establecido los cimientos. Pero los edificios se han construido a base de los ladrillos en forma de discurso fácil basado en algo sencillo: los marcos de referencia de las palabras. Lo que definen y redefinen. Un poder en el que los grupos conservadores americanos y europeos han invertido. En grupos de opinión que ayuden a comunicar mejor y más fácilmente sus ideas, que desbanquen las ideas de la sociedad del bienestar e impulsen la semilla neoliberalista. Atrayendo a las primeras hasta las posiciones de los segundos. Y, al mismo tiempo, logrando desarticular los razonamientos contrarios. En este caso, los sectores moderados o más progresistas de la sociedad.

Multitud de discursos que han estructurado una oratoria sólida, creíble y potente. Una oratoria capaz de dibujar y asentar un discurso casi monolítico y que facilita la manipulación del voto, la decisión de compra o cualquier otra elección que el individuo tome a solas ante promesas que no siempre quieren decir lo que dicen porque son Post verdad.

Todo esto no es nuevo. George Lakoff, reconocido lingüista norteamericano, profesor de Ciencia Cognitiva y Lingüística de la Universidad de Berkeley lo dejó claro en su libro “No pienses en un elefante” (2004). La oratoria parece estar de baja hoy en día. Pero es una sensación ilusoria.

En ciertos sectores es una herramienta de amplia eficacia y eficiencia. Quizás, esta situación debería hacernos plantear, desde un punto de vista del progresismo, la necesidad de contrarrestar discurso con discurso. Oratoria con oratoria. Y establecer la tradición occidental de esta disciplina como parte del propio sistema de educación de los países.

Solo enfrentando ideas y palabras en un choque dialéctico (idealista, casi hegeliano) apoyado en la difusión masiva de las redes sociales y los espacios de internet como foros o blogs, podrá construirse un discurso modulado fruto de la reflexión. Un discurso más estable y capaz de restablecer no solo las variables ideológicas sino también las económicas.

La expansión del concepto Post verdad se basa en el control del discurso y de la oratoria por parte de unas elites. Su reequilibrio pasa por una verdadera puesta en valor de esta disciplina dentro del marco de la importancia que adquieren los medios online en cuanto a expresión y comunicación. Herramientas ineludibles y motores de transformación social y económica.

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