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Cinco jóvenes hackers que hicieron saltar la Red por los aires

John Hacking

David Sarabia

Con 16 años, Adam Mudd ya era hacker. Hay otros que empiezan antes, algunos que despuntan después. Su programa, Titanium Stresser, lanzó entre diciembre de 2013 y marzo de 2015 casi 600 ataques de denegación de servicio (DDoS) contra 181 direcciones IP. Entre sus víctimas se encontraban multinacionales como Microsoft o empresas como TeamSpeak (un programa utilizado habitualmente por gamers para comunicarse entre sí), los videojuegos Minecraft y RuneScape o Xbox Live, el servicio en Internet de la videoconsola Xbox.

El Tribunal Penal de Inglaterra, conocido popularmente como Old Bailey, le considera culpable no ya solo de atacar cientos de empresas, sino también de enriquecerse a costa de la venta de su programa. Le han condenado a dos años de cárcel. La máxima cámara de los jueces británicos le acusa también de haber dirigido más de 1,7 millones de ataques a webs de todo el mundo y de ganar cerca de 386.000 libras en dólares y bitcoins.

Aunque ahora Mudd tiene 20 años y está diagnosticado con síndrome de Asperger, el Tribunal le juzga por los delitos que cometió a la edad de 16, cuando aún vivía en casa de sus padres. Según Jonathan Polnay, el fiscal que instruye el caso, Titanium Stresser llegó a tener 112.000 usuarios registrados que hackearon, a su vez, más de 666.000 dominios en todo el mundo. Como Mudd, hay otros muchos hackers que durante su adolescencia ya eran auténticos quebraderos de cabeza para los gobiernos, las empresas o las instituciones. Recordamos algunos de ellos:

Aaron Swartz

Swartz (1986-2013) es uno de los nombres propios de Internet. Vivimos en un mundo de RSS y, en parte, es por su culpa. Él es uno de los cofundadores del Really Simple Syndication, que está en todo sin que nos demos cuenta: cuando antes había que suscribirse específicamente a los contenidos que nos interesasen, ahora los agregadores de noticias funcionan de forma automática y nos permiten obtener la información al instante.

Pero Swartz no pasó a la historia por eso ni por ser uno de los primeros del concepto Creative Commons. En 2009, con 21 años, creó la Open Library, una base de datos de libros colaborativa en Internet, y un año más tarde se convirtió en miembro del equipo de investigación de la Universidad de Harvard. Las ideas de Swartz pasaban más por el libre acceso a la Cultura que por el robo de datos, que fue de lo que el gobierno de EEUU le acusó. Al ser un investigador, Swartz tenía acceso a una cuenta JSTOR de invitado. Normalmente, solo pueden entrar a este archivo las bibliotecas y los editores de publicaciones científicas y su base de datos cuenta con más de 60 millones de páginas web. En septiembre de 2010, Swartz utilizó la red del MIT (el Instituto Tecnológico de Massachussets) para descargarse unos 4,8 millones de publicaciones a través de JSTOR. Para no ser descubierto, guardaba el portátil dentro de un armario en un cuarto de servicio, hasta que el organismo descubrió el ordenador, colocó una cámara y pilló a Swartz in fraganti.

En 2011, el joven fue detenido, y dos años después, el gobierno de EEUU le acusaba de 13 delitos. Se enfrentaba a más de 50 años de cárcel y a una multa de cuatro millones de dólares. Swartz se suicidó en enero de 2013 con 26 años, y con él desapareció una de las mentes más maravillosas que ha dado el mundo en los últimos tiempos.

George Hotz

Para algunos, Hotz es un genio. Para otros Hotz, es un demonio. Con solo 17 años creó blackra1n, un exploit para hackear el sistema operativo del iPhone. Hotz consiguió, en contra de la idea inicial de Apple para que el teléfono solo operase bajo la compañía AT&T, que el dispositivo pudiera conectarse a cualquier operador.

Conocido en Internet como “Geohot” o “million75”, Hotz también fue denunciado por Sony al subir a YouTube en 2010 un tutorial en el que explicaba cómo hackear una PlayStation 3 para instalar mods (modificaciones para juegos) o hacer copias. En 2011, Mark Zuckerberg, el CEO de Facebook, le contrató y tres años después, fundó su propia empresa, Towelroot. Ahora forma parte del Project Zero, con el que busca bugs (errores) a lo largo y ancho de Internet y colabora para que la Red, en definitiva, funcione mejor y sea más segura.

Kevin Mitnick

Mitnick es un habitual de los congresos de hackers y un cracker profesional que lleva desde principios de los 80 tentando la seguridad de las grandes empresas. Pero su debilidad son los teléfonos móviles. La Justicia estadounidense ha dicho de él que es “el criminal informático más buscado en la historia de los EEUU”, y en su larga lista de hackeos está, por ejemplo, entrar al ordenador del comando de la fuerza aérea de Defensa, al del Pentágono o al Security Pacific Bank. Estuvo en la cárcel de 1995 a 2000.

En 2014, durante una charla explicó con pelos y señales cómo, haciendo uso de la ingeniería social y un poco de habilidad, consiguió en seis llamadas telefónicas acceder al código fuente de un teléfono Motorola que estaba en fase de desarrollo. Pero a su lista de hackeos también se suma IBM, Nokia, Fujitsu...

Jonathan James

Ostenta el título de ser la primera persona encarcelada en EEUU con 16 años bajo el delito de “hacking”. James, también conocido como C0mrade, entró al ordenador de la NASA y consiguió acceder al código fuente con el que el departamento militar gestionaba sus comunicaciones con la Estación Espacial Internacional. Cuando esto trascendió, la NASA tuvo que reiniciar sus servidores, algo que le costó al Gobierno de EEUU unos 41.000 dólares. En una entrevista en 2001 con PBS, James explicaba que solo “estaba jugando, viendo de lo que era capaz de hacer”.

En 2008, mientras estaba siendo investigado la Justicia estadounidense, James se suicidó de un disparo. En su nota de suicidio explicaba que el gobierno iba tras él y que pronto le interpondrían más cargos que, en realidad, nunca cometió.

Kristina Svechinskaya

Esta hacker rusa se ha especializado en atacar bancos. A su vez, ha sido considerada como una de las mejores alumnas de la Universidad de Nueva York y su especialidad es el uso de troyanos, un tipo de virus que, después de infectar el ordenador permite al atacante tomar el control del dispositivo.

Con 20 años, el gobierno de EEUU la detuvo y está acusada de fraude ante varios bancos ingleses y estadounidenses, así como de usar y crear pasaportes falsos. Se enfrenta a 40 años de cárcel. También se estima que, entre todos los robos, Svechinskaya podría haberse hecho con más de tres millones de dólares.

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