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Mark Twain e Hispano Olivetti, reunidos en libro sobre la máquina de escribir

En 1965 la Institución de Formación del Profesorado de Enseñanaza laboral se celebra el Primer Curso de mecanización administrativa organizado por el Ministerio de Educación Nacional  con la colaboración de Hispano Olivetti.

EFE

Barcelona —

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El escritor Mark Twain presumía de que fue de los primeros en usar una máquina de escribir y la fábrica de la Hispano Olivetti en Barcelona llegó a emplear más de 3.200 personas, unas anécdotas e historias que se reúnen en un libro sobre la revolucionaria invención que significó la ahora obsoleta máquina de escribir.

"Pulsacions mecàniques. Històries de la màquina d'escriure" (Pulsaciones mecánicas. Historias de la máquina de escribir) es el título del libro, editado por el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña (mNACTEC) y escrito por el conservador de este centro Óscar González.

Óscar González ha explicado a Efe que el mNACTEC dispone de una colección de más de 150 ejemplares de máquinas de escribir, de las que se expone sólo una pequeña muestra por falta de espacio.

La obra rememora los primeros modelos de máquinas de escribir, desde que en 1714 Henry Mills patentara en Gran Bretaña una "máquina para transcribir cartas" de la que no ha quedado constancia y varios ensayos más sucedidos un siglo después hasta que en la década de 1870 el danés Rasmus Hans Johan Malling-Hansen y el norteamericano Christopher Latham Sholes patentaron los primeros modelos con éxito comercial.

A partir de ese momento, irán apareciendo un gran número de marcas y modelos, con diseños y soluciones técnicas muy diversas, para acabar convergiendo en los años treinta del siglo XX en un tipo de máquina más o menos estándar.

Ya en la década de los sesenta, la empresa norteamericana IBM sacudió el mercado introduciendo el modelo Selectric, "un canto del cisne de una tecnología que, al final del siglo XX, quedó definitivamente obsoleta ante la aparición de los ordenadores personales", ha considerado González.

La obra recoge que la consecuencia más destacable de la introducción de la máquina de escribir fue la incorporación de la mujer en el mercado laboral, especialmente en el ámbito de las oficinas, que hasta ese momento había sido exclusivamente masculino.

Entre los años 1890 y 1900 en Estados Unidos el número de mujeres empleadas como mecanógrafas aumentó un 305 % y en el censo federal del año 1900, en el grupo de trabajo denominado 'stenographers and typewriters', más de tres cuartas partes de la población adulta consignada eran mujeres.

El libro ilustra que, desde un principio, "se manifestó la cosificación de la mujer a través del doble significado de la palabra inglesa 'typerwriter', que podía identificar tanto la máquina como a la mujer que la hacía servir", se afirma.

En este contexto la figura de la mujer mecanógrafa supeditada a figuras masculinas fue un cliché habitual, tanto en el cine como en la publicidad de buena parte del siglo XX, de las que se muestran numerosos ejemplos en la obra con fotografías y reproducciones de anuncios.

Otro capítulo relata que el escritor norteamericano Samuel Langhorne Clemens, conocido por su pseudónimo de Mark Twain (1835-1910), se reivindicó en sus memorias como el primer escritor en entregar a su editor una obra mecanografiada aunque existen evidencias de que la primera autora fue la actriz británica Frances Anne Kemble (1809-1893).

Kemble escribió con una máquina Sholes & Gliden (1868) artículos autobiográficos para la revista Atlantic Montly el año 1875.

La otra gran figura que se relaciona con las primeras máquinas de escribir es el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), que adquirió una Malling-Hansen en 1882 y abonó 400 marcos de la época por la máquina y el transporte, el doble de sus ingresos anuales.

La fábrica Hispano Olivetti cuenta con un capítulo propio en el libro, dado el peso económico y laboral que llegó a tener, al emplear durante su época de esplendor en los años sesenta del siglo XX, a más de 3.200 trabajadores y ser uno de los máximos productores mundiales de máquinas de escribir.

Las producciones anuales de esta fábrica barcelonesa, de matriz italiana, fueron tan elevadas que una parte de las mismas se destinaban a la exportación, principalmente a Estados Unidos.

Divina Beas

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Publicado el
23 de febrero de 2020 - 12:59 h

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