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Enrique Oramas: “Como creador artístico, Canarias te da la oportunidad de sobrevivir a las resacas”

Entrevista con el pintor tinerfeño, que en la actualidad expone, hasta el 31 de mayo, una selección de su obra en la sala vallisoletana del Palacio Pimentel, dependiente de la Diputación Provincial

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Retrato del pintor Enrique Oramas

Retrato del pintor Enrique Oramas

El artista suele irse y volver, pero también a veces se aleja para quedarse en lo nuevo, lo descubierto; renuncia al retorno. En otras ocasiones, incluso se llega a perder. No es el caso de Enrique Oramas, que va y viene (al menos por ahora), que pisa sobre diferentes latitudes, más arriba y más abajo, en busca del equilibrio que dé algo tan elemental como poder estar y ser con el arte.

Oramas se ha llevado su creatividad, hecha de carbón, grafito, papel…, a Valladolid (exposición Tensiones disimétricas), donde se deja ver para, como él afirma, “seguir tratando de indagar en la posibilidad de que una civilización se pueda dar con esta luz avasalladora”, o también para “descubrir, compartir; aprender a mentir con honestidad… para dialogar con dudas nuevas. Aprender a sugerir y evocar con más certeza”, que es lo que sin duda parece que le gustaría.

El pintor tinerfeño, preguntado sobre su Canarias y cómo esta hace brotar el arte, si es que lo consigue, apunta algo muy básico y elemental: “Se necesita normalidad, educación y humildad en una política cultural que, como en otras muchas regiones españolas, no se percibe”.

¿Cómo surge la posibilidad de dar el salto a Valladolid, de montar en la sala del Palacio Pimentel de esa Diputación, y qué resume puede usted hacer de lo que allí se verá colgado?

Cuando visité por primera vez la sala del Palacio Pimentel, tuve la sensación de que el espacio podía dialogar bien con la obra, hacerla visible respetando sus lecturas. El criterio de los responsables de Cultura en la Diputación hizo posible que se dieran algunas tensiones. ¡Suerte la mía!

Pieza que se ha montado en la sala de Valladolid

Pieza que se ha montado en la sala de Valladolid

¿Qué concepto artístico o idea común ejerce como cordón umbilical en Tensiones Disimétricas, que así ha denominado su nuevo montaje?

La idea es que la mirada cambie en función de la cota en la que te encuentres. Los resultados evocan disparidad, pero todos se muestran plausibles.

En el material informativo creado para la exposición, la comisaria de la muestra, Alicia Carnicer Mederos, habla de “volver a mirar”... ¿Es esta nueva instalación, al menos en parte, una vuelta de tuerca al concepto artístico-emocional de su obra plástica?

El vaso siempre está medio vacío... ¿O no? Alicia Carnicer habla de perseverancia... y define con claridad, en el catálogo que acompaña la muestra y a través de una cita de María Zambrano, cuál es la intención de “volver a mirar”: “(…) No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos”.

¿De qué materiales se vale para idear esa tan especial “caligrafía medioambiental” y qué técnica pictórica es la que marca el paso?

El poliéster ha proporcionado el acercamiento a la luz que impregna la nueva polis y los deshechos que esta arroja a las periferias. Esa luz que la imputa. El carbón, el grafito, el papel… siguen tratando de indagar en la posibilidad de que una civilización se pueda dar con esta luz avasalladora.

¿Puede el viaje al lugar del abandono, del paisaje desolado y herido, casi muerto, ser la imagen o la fotografía que fecunde un nuevo arte, que dé lugar a la construcción de otro paisaje, “ambivalente y estético”, como define Alicia Carnicer, pero en último término encerrado en un cuadro?

Quizás germine el anhelo en la estancia eclipsada de Giotto, iluminada por la filuda luz de Turrell...

¿Cómo espera que reaccione el visitante a su muestra de Valladolid, con piezas repletas de figuraciones pero también de abstracciones, de claros y de oscuros?

¡Con clemencia!

Obra de Enrique Oramas

Obra de Enrique Oramas

Ahora llega a Valladolid y siempre está vivo el ir y venir de Madrid a Tenerife... Pero ¿qué más queda? ¿Cuáles son sus aspiraciones artísticas, o si lo prefiere, que se trae entre manos?

Descubrir, compartir. Aprender a mentir con honestidad… para dialogar con dudas nuevas. Aprender a sugerir y evocar con más certeza.

¿Cuál sigue siendo, y por lo tanto no ha dejado de serlo, su alimento creativo y cómo se lleva eso de estar lejos de donde surgen casi siempre las mejores oportunidades?

Debo alimentar la percepción. La oportunidad está en nuestro trabajo, la genera cada individuo. Y la propicia la ausencia de prejuicios.

¿Qué da Canarias a la creación artística y qué quita?

Canarias te da la oportunidad de sobrevivir a las resacas. En este momento, arrebata la singularidad; nos mordió la globalidad. Los gestores de la cultura determinan dónde comienzan las periferias, y las centralizan para ofertar una impostura confortable, exponible y expansible. Un malabar efímero, justificable. Un producto que, en ocasiones, se aleja del arte, de la cultura en general.

¿Qué se necesita con urgencia y estabilidad para que el volcán potencial de creación que parece que hay en las islas explote y dé al fin muchas alegrías?

El artista quisiera hacer su trabajo y vivir de este. Cada vez hay más agentes que nos siguen vendiendo y proponiendo plataformas en las que los artistas deben aprender a venderse, deben esforzarse en cultivar lenguajes originales y competitivos, deben desarrollar su destreza social para con galeristas, comisarios, agentes culturales y marchantes... Además de hacer su trabajo. Todo es poco. Se me ocurre que se necesita normalidad, educación y humildad, en una política cultural que en Canarias, como en otras muchas regiones españolas, no se percibe.

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