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Pausa y lamento

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César Martín

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(Quizás ahora, momentáneamente, quieto, pétreo, inmóvil en un mar de dudas)

Pese a todo, palabra. No importa el hilo conductor. Es tiempo de la emoción, del dar sin medir el calor de un abrazo. En lo dicho queda el reflejo de la sonoridad de lo que se expresa. La tonalidad indefinida, el verbo sin precisar entre pasivas e imperativos, dicotomías del que habla, vive, hiere… No obstante, sin querer, jamás sabrás la verdad. Inservible el esfuerzo y las dos miradas de soslayo. Se acabó la complicidad, inútil, jamás lograrás penetrar en el universo ciego que creé para mí. Las vocales son solo eso, sonidos abiertos sin posibilidad de una realidad transparente.

Y en el intermedio, ocaso. Resbalan en la ventana las verdades que jamás quisiste oír. Yo no tengo la culpa de tus medias tintas. Si no mojas el pan en la salsa, que es el tiempo, ahora, en el instante, luego, no pidas daños y perjuicios. Esto sucede con la inmediatez del que lo capta, cobarde. Las lamentaciones de las que haces bandera solo son la excusa para no asimilar que esto, querido, es auténtico, y pasa, vaya que si pasa, así, directo, inesperado, espontáneo, matador…

Hoy me llega tu radiografía cargada de muerte, de frío espacio para la vida. En el campo del blanco y negro solo queda espacio para la imagen técnica, de manual. Afuera de tu prejuicio quedan las calamidades, la falta de agallas para coger de frente los acontecimientos, para amarrar la realidad cargada de plástico, de horas de bisturí inservible. Todo cabe en tu universo vacío. ¿Acaso importa si algún día regresarás?

No obstante, tu mierda viene cargada de autenticidad. En el litigio nadie pondría en duda el martirio de tanto tiempo acá. Padeciste, padeces y no sé si padecerás. El castigo supera la pena, ya no hay nada por lo que luchar.

Y pese a todo amor, del bueno, del incondicional, del que brota del abrazo sincero. Pocos son los que creen y yo me entusiasmo. El fallo no estará en no haberlo intentado. Tampoco será el éxito la moneda de cambio. A estas alturas de la película todo se traduce en este ímpetu natural por traspasar lo establecido.

No llegaré. El objetivo está demasiado lejos. A veces pienso que nos pasamos de utopía; otras siento que la edad no es motivo para seguir en la lucha. No hay muerte que no me duela, que diría el poeta, no hay un bando ganador…

Entre tanto, la vida suspira, el aire es otro y una sonrisa surge entre la muchachada que obedece órdenes de manual, inquebrantables, indisolubles, y por qué no, prácticamente irresolubles.

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