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Primero, la idea

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Para montar una empresa, lo primero que necesitas es una idea. Una idea que satisfaga una necesidad manifestada o un proyecto que consiga generar una carencia para luego cubrirla. Los capitales vendrán después, siempre y cuando ofrezcas una combinación de rentabilidad, riesgo y sostenibilidad adecuada para la inversión. Del mismo modo, necesitarás conocer el grado de saturación de tu bien o servicio, tanto en el ámbito sectorial como en el territorial.

No obstante, lo que parecía una idea infalible, testada bajo fuego real, comienza a hacer aguas, con la consiguiente desaparición de la empresa, arrastrando consigo todo lo invertido (si no más) con ella. De ahí que el porcentaje de empresas que mueren es alto, y más si su creación se hace en un entorno de urgencia y angustia. Por ello hace falta mayor especialización y ajuste del diseño del negocio.

Es cierto que muchas veces la aversión de determinados perfiles permite que existan mayores dificultades para que los euros entren en la cuenta corriente. Pero, en estos casos, existen alternativas en que la aventura de emprender no signifique dejar expuesta toda nuestra estructura patrimonial.

Una de las figuras son los denominados microcréditos de promoción pública, como, por ejemplo, los respaldados por la Comisión Europea y el propio Banco Europeo de Inversiones, estando gestionado por el Fondo Europeo de Inversiones.

El importe puede girar alrededor de los 25.000 euros, los cuales se ponen a disposición con el fin de generar una nueva idea de negocio. Esta tipología permite aumentar la probabilidad de la obtención de financiación a través del reparto del riesgo. Principalmente está dirigido a personas con alta estancia en una situación de desempleo o colectivos relativamente con menor propensión a ser atendidos, bien porque se mueven en rangos de edad fuera de los habituales o por otra razón de relevancia estimada.

Otra figura en el ámbito de lo privado, principalmente, son los denominados bussines angels situándose en el entorno de las calificadas como venture capitals. En este caso se trata de poner en contacto a actuantes en el emprendimiento con inversores privados puros y duros, a cambio de permitirles participar de forma colaborativa. Pero, ojo, aceptar dinero en estas condiciones es permitir que se introduzcan en el esquema de las propias decisiones, con el efecto que sobre el control eso implica.

En definitiva, visto lo visto, con el fin de dar más seguridad y solvencia a nuestro modelo de negocio, hay que evaluarlo de forma detenida desde diferentes prismas, empezando por nuestra propia pasión para, acto seguido, contrastarlo con nuestro conocimiento y bien ponerlo en marcha o bien adquirirlo de forma previa.

*Economista

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