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Retorno a la cueva

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José Miguel González Hernández

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Solo nos atrevimos a bajar de los árboles cuando tuvimos posibilidades de domesticación del entorno. Hace casi tres millones de años estábamos en la denominada Edad de Piedra, la cual se estima que concluyó sobre el 10.000 antes de Cristo, año arriba, año abajo. En aquel entonces, la sociedad funcionaba en grupos tribales de poca entidad que fueron evolucionando poco a poco en relación con el orden social que se iba configurando.

En el paleolítico inferior vivían en cuevas como protección. Es en estos tiempos donde se data el probable descubrimiento del fuego. Pasados unos miles de años (allá por el 30.000 antes de Cristo), se comenzaron a crear unas rudimentarias armas que permitían hacer incursiones más profundas y procuraron que se dejara de ser carroñero, para pasar al denominado paleolítico superior, cuando comienza a configurarse el concepto de sociedad primitiva en el que los hombres salían a cazar y protegían a las mujeres y niños a la vez que recolectaban frutos y trabajaban las pieles que les servían para cubrirse.

Comenzamos a pintar fronteras y a limitar el acceso. Se erigieron banderas y aparecieron los dioses que explicaban lo inexplicable. Y así, poco a poco, hasta llegar a hoy, cuando se nos estructura una sociedad basada en la competitividad, ganándole tiempo al tiempo, continuando con la caza y la recolección, pero en otros ámbitos de la vida.

Pero lo que hubiera parecido que no tiene techo, realmente se ha manifestado como un importante contratiempo. Más horario laboral, más productividad hace que termine por tener un cambio de pendiente, ocasionando el efecto contrario al que se busca. De hecho, es estima que casi el 30% de nuestro tiempo dedicado a la ocupación se difumina y desaparece.

Por ello hay que buscar un sistema con mayor compatibilidad con la propia genética humana, debiéndolo acompasar con la evolución tecnológica a la que estamos expuestos debido a que continuamente nos vemos obligados a integrarnos en grandes grupos sociales. Pasamos más tiempo en nuestros trabajos que en casa, de ahí que la sociedad se esté construyendo a golpe de expediente.

Así que debemos moldear nuestro estilo de vida para que se adapte a nuestra biología más allá de poner una plantita en el despacho. Teniendo en cuenta que dormíamos en los árboles por temor a ser devorados, que aparecieron las cuevas como posibles fortificaciones que pudieran mantener la espalda cubierta, que creamos las armas como instrumentos de protección a la vez de ataque…, ahora, en la actualidad, no nos da el día para hacer todo lo que debemos realizar.

Entonces ¿cuál es el próximo paso para poder seguir protegiéndonos? Porque volver a la cueva no parece la mejor de las opciones. Bueno, si tiene wifi, podemos hablar...

*Economista

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