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The Guardian en español

Gina Miller, la mujer que frenó el Brexit en los tribunales

Gina Miller, directora del fondo de inversión SCM Private, posa a las puertas del Tribunal Superior de Londres (Reino Unido)

Alice Ross

La empresaria que ha ideado el desafío legal para que haya una consulta parlamentaria antes de que May active el Brexit explica que este caso lo motivaron sus miedos a que Reino Unido se enfrentase a un “futuro incierto”. En una entrevista con the Guardian, Gina Miller cuenta que sabía que la sentencia le haría impopular entre muchos de los votantes pro Brexit. Sin embargo, cree que Reino Unido ha fracasado consigo mismo y con el resto de Europa votando por la salida del bloque en lugar de hacer reformas desde dentro.

“Nunca fui de los que creen que esto se trataba de quedarse o salir. Tuve la convicción, y la sigo teniendo, de que había que permanecer, reformar y revisar”, comenta Miller. “En estos momentos, Reino Unido ocupa un lugar muy poderoso en Europa... y no solo nos hemos defraudado a nosotros mismos sino que hemos defraudado a toda Europa por no hacernos cargo de este desafío”.

Antes de poner en marcha este caso, la mujer de 51 años que dirige la empresa de inversiones SCM Private con su marido, Alan, ha pasado una década haciendo campaña por la transparencia en las inversiones y en los fondos de pensiones. También lo hecho por conseguir una reforma en el sector de las organizaciones benéficas. “Me rebelé y lo que he conseguido es ser odiada. Pero no se trata de ser o no popular, sino de hacer lo correcto”.

Miller explica que se sintió obligada a hacer algo después del resultado del referéndum de junio y que por eso contrató con su propio dinero al bufete Mishcon de Reya. “Simplemente no podía seguir yéndome a la cama cada noche pensando bueno, ¿qué significa esto para mis hijos, qué significa para el futuro, qué significa para todos nosotros?”, se pregunta. “Sabiendo que no hay nada planeado y sabiendo que vamos a hacer frente a un futuro incierto... sentí que no tenía otra alternativa”.

Objetivo de insultos y amenazas

La preocupación que siente Miller por el resultado del referéndum la sienten muchos otros, pero toda esta gente no se citó con sus propios abogados para emprender acciones judiciales ante el Tribunal Superior. “Está en mi naturaleza, es lo que hago. Me rebelo y lo manifiesto cuando veo que se está produciendo algo que no funciona”.

Sus campañas anteriores pueden haberla hecho impopular en ciertos círculos. El mes pasado aseguró en The Times que en la City algunos la llamaban la “viuda negra”. Pero eso no es nada comparado con los insultos e incluso las amenazas de muerte que ha sufrido desde que se ha erigido como el principal desafío legal de los planes del gobierno para el Brexit. Tras el fallo del tribunal, la gente arremetió contra ella en las redes sociales llamándola “extranjera”, “puta rica” y preguntándole que quién se pensaba que era.

No ha querido comentar los abusos que ha recibido con mucho detalle. “Han sido considerables”, apunta. “Todo lo que diré es que la gente que quiso apoyarme lo ha hecho de manera discreta en lugar de a gritos porque estaban asustados”, asegura.

Miller es de Guyana pero ha vivido en Reino Unido desde que tenía 10 años. Cuando le preguntas si cree que un hombre blanco hubiera recibido un nivel similar de odio se ríe, poco divertida: “No. La respuesta es simple. No, de ninguna manera”.

En ciertos momentos, la reticencia de algunos a apoyarla públicamente ha sido decepcionante para Miller. “Pero, en general, me ha llevado a pensar que eso es exactamente la razón por la que necesitaba hacerlo, porque tenemos que unirnos”, añade. “No podemos tener una sociedad fracturada como la que tenemos en este momento”.

Miller ha experimentado tanto la pobreza como la riqueza. Nacida en la entonces Guayana británica, fue enviada a Reino Unido por sus padres para asistir a Roedean, el prestigioso internado de Sussex, pero se escapó después de haber sufrido acosos, confesó en The Times. Esa experiencia, según dice, “la hizo de hierro desde muy joven”.

Se ha descrito como una “inadaptada” que una vez aspiró a ser abogada pero a la que le dijeron que “el colegio de abogados no era lugar para una mujer”.

Se casó joven y tiene una hija con diversidad funcional de casi 30 años que sigue viviendo con ella. Posteriormente, entrados los 40, tuvo dos hijos más con Alan, su tercer marido. En diferentes etapas de su carrera profesional ha sido camarera, modelo y empresaria. “Siempre me han atraído las industrias dominadas por los hombres y las actividades llenas de adrenalina”, ha escrito.

Miller se mostraba tranquila en las escaleras de los Reales Tribunales de Justicia frente al montón de periodistas y equipos de televisión allí agrupados tras el fallo. “El resultado hoy nos afecta a todos nosotros, no solo a mí o a mi equipo”, explicó. “Es sobre nuestro Reino Unido y nuestro futuro... Este caso trata el proceso, no la política”, añadió.

Niega que su denuncia esté intentando revertir el referéndum. “No creo que eso sea posible”, señala a The Guardian. En su lugar, afirma que es un intento para obtener claridad legal sobre si el gobierno tiene la capacidad de activar el Artículo 50 o si este debe ser aprobado por el Parlamento.

“Es una extensión de mi trabajo benéfico”

“Toda la gente que ha estado diciendo 'necesitamos recuperar el control', 'necesitamos soberanía', pues no puedes defenderlo y a la vez decir: 'Voy a ignorarlo ahora y no voy a consultar a los representantes en el Parlamento'”, asegura. “Simplemente no se pueden hacer las dos cosas”.

Miller añade: “Si no tenemos la seguridad legal de que lo que estamos haciendo es vinculante, ¿cómo podríamos saber lo que nos depara el futuro? Podríamos enfrentarnos a tantos desafíos y pesadillas legales... ¿No es mejor que la seguridad jurídica se fije ahora y no más tarde?”

Miller también tiene proyectos benéficos, incluida la Campaña Verdadera y Justa por la transparencia y el escrutinio en los fondos de pensiones.

La demandante declara a The Guardian que contempla la acción legal como una forma de servicio público. “Mi filosofía, los principios básicos de mi vida, ha sido lo que yo llamo capitalismo consciente... He trabajado por todo lo que tengo y no puedo pensar en una forma mejor de usarlo que levantarme por lo que es correcto y lo que se necesita para construir una sociedad mejor. Así que para mí es una extensión de mi trabajo benéfico”.

Miller está financiando el caso de su propio bolsillo, aunque no comenta cuánto se ha gastado hasta ahora o cuánto espera gastarse. “Va mucho más allá del dinero”, señala. Ahora, con la llegada del caso al Tribunal Supremo el 5 de diciembre y saltándose el paso del tribunal de apelaciones, Miller se enfrenta al último impulso.

Aunque contenta por el fallo del Tribunal Superior, afirma estar decepcionada con la velocidad con la que el gobierno anunció que recurriría “en lugar de tomarse el tiempo de leer toda la sentencia y reconsiderar su posición”. “Simplemente no veo por dónde pueden conseguir algo diferente en el Tribunal Supremo de lo que han conseguido hoy”, declaró.

Miller está más segura que nunca de que interponer la demanda fue hacer lo correcto. “Nunca he huido y, de hecho, el nivel de división desencadenado me ha convencido todavía más de que no había alternativa”, señala. “Había que hacerlo”, concluye.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti y Cristina Armunia Berges

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