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Los 'okupas' de Oregón se preparan para hacer frente a la policía y al duro invierno

Bundy habla con los medios de comunicacióndelante del edificio de la reserva para informar que piensan seguir indefinidamente con la ocupación. /EFE

The Guardian / John M. Glionna

Burns, Oregón —

Si una milicia ciudadana quisiera luchar contra la supuesta tiranía del gobierno de los Estados Unidos y ocupar durante meses un equipamiento público situado en un lugar remoto, no existiría un sitio más estratégico que este. El Refugio Nacional de Vida Silvestre Malheur tiene una extensión de 77.000 hectáreas, algunas cabañas de piedra y otros edificios que prestan servicios al complejo. La base también tiene una torre de vigilancia desde la cual se puede contemplar y controlar toda la llanura del desierto alto de Oregón. El pueblo más cercano está situado a unos 48 kilómetros, lo cual permite el abastecimiento de productos de primera necesidad.

Y es precisamente aquí donde un grupo de milicianos de ultraderecha armados se ha encerrado para declarar la guerra a Washington. Es el mayor condado de Oregón y uno de los más remotos del país; una gran extensión de tierra que solo cuenta con 7.000 habitantes concentrados en dos comunidades vecinas: Burns y Hines. Con una táctica de ocupación parecida a la empleada en la Rebelión de Sagebrush de 1970, los 20 hombres de clase obrera consideran que el gobierno federal ha sobrepasado sus competencias en lo relativo a la gestión de miles de kilómetros cuadrados de tierra del Oeste estadounidense.

Los hombres siguen las instrucciones de los tres hijos del beligerante ranchero Cliven Bundy, que durante años libró una batalla contra la Oficina Federal de Gestión de los Suelos sobre los derechos de uso de los mismos. El pasado fin de semana celebraron una marcha en apoyo de dos ganaderos lugareños que, según ellos, fueron encarcelados injustamente por el gobierno federal. Y entonces, cuando nadie vigilaba, en una comunidad donde la mayoría de los habitantes no cierra la puerta de casa, los miembros de la milicia asestaron el golpe y ocuparon las instalaciones del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos, aprovechando las vacaciones navideñas de los trabajadores.

Los miembros de la milicia, que se hacen llamar “Ciudadanos por la Libertad Constitucional”, amenazan con permanecer en la reserva durante semanas, incluso meses, si sus peticiones, aún por concretar, no son atendidas.

A los milicianos, “ni agua”

El pasado martes, mientras los milicianos se preparaban para pasar su cuarta noche en la reserva, la tensión se podía palpar en las poblaciones vecinas. Los agentes federales han abierto una oficina improvisada en la sede del distrito escolar local y celebran reuniones con la fiscalía y el personal judicial para buscar soluciones a esta prolongada ocupación.

En declaraciones a la prensa, el sheriff del condado de Harney, David M. Ward, indicaba que se está evaluando la posibilidad de presentar cargos contra los milicianos y pedía a los residentes que “no les dieran ni agua”. Pese a sus palabras y al hecho de que en un inicio contaban con menos provisiones de las necesarias, todo parece indicar que los milicianos están ahora bien abastecidos y preparados para resistir el largo y duro invierno.

El martes por la mañana, mientras amanecía y el termómetro marcaba diez grados bajo cero, en la amplia cocina del barracón hacía calor y un reducido grupo de milicianos se preparaba un desayuno a base de panecillos y jugo de carne, beicon, café y zumo de naranja. Seis hombres de complexión fuerte estaban sentados frente a un televisor en un salón contiguo y se mofaban de un reportaje de Fox News sobre su ocupación. Aseguraban que si el gobierno federal cortaba la electricidad en la reserva todavía estarían más decididos a seguir allí. Señalaron que tenían suficiente gas propano y generadores para todo el invierno.

Neil Wampler, un trabajador jubilado de la industria maderera de 68 años, procedente del centro de California, se había levantado a las cuatro de la madrugada para ayudar a preparar el desayuno. Había llegado allí tras atender una llamada de petición de apoyo de la familia Bundy y no pensaba irse hasta que la ocupación llegara a su fin. “Nuestra situación es excelente en comparación con otras ocupaciones en las que he estado”, explicaba Wampler. Lucía una gorra de lana con el eslogan “Estado de Jefferson”, referente a un movimiento del sur de California y el sureste de Oregón para la secesión y la creación de un nuevo estado.

Wampler, que en 2014 participó en la ocupación armada organizada por Cliven Bundy contra los agentes de la Oficina de Gestión de Tierras en un rancho en las afueras de Las Vegas, explica que en la reserva de Oregón dispone de duchas con agua caliente, camas cómodas y los lunes cena espaguetis y salchichas con una ensalada y galletas caseras. “Esa cena es deliciosa, tío”, afirma, y añade: “Cuando estaba en el rancho de Bundy hacíamos el fuego con una estufa de gas propano en un cobertizo al aire libre y lavábamos los platos en una zanja, pero puedo acostumbrarme a la situación actual”.

También cuenta que unos ganaderos los visitaron el lunes por la noche con suficiente carne para llenar cuatro congeladores industriales, y los reabastecieron. Al día siguiente, Wampler paseó por el recinto, más allá de la maquinaria pesada y de unos letreros del Servicio de Pesca y Vida Silvestre en los que se podía leer “refugio de las carpas” y “hoyo de los coyotes” y se preguntó cómo podía ser que otros miembros de la milicia no hubieran acudido en masa hasta Oregón como ellos hicieron en 2014 cuando fueron hasta el rancho de Bundy. El humo de las chimeneas de los edificios le hacía suponer que tal vez el frío los había desalentado. Poco después, un miembro de la milicia pasó con un camión del gobierno federal con la insignia del Servicio de pesca y vida salvaje. “Encontramos las llaves por ahí”, explica Wampler esbozando una sonrisa.

La ocupación se percibe de forma muy distinta a 48 kilómetros de distancia. La población de Burns se siente sitiada. La mitad de los 5.000 habitantes de esta población trabajan para la administración local, estatal o federal. Ammon Bundy y sus socios pasaron semanas intentando conseguir que los lugareños apoyaran su causa. “Todo el mundo es consciente de que podría estallar la violencia en cualquier momento”, indica el alcalde de Burns, Craig LaFollette. “Queremos que este conflicto se resuelva pacíficamente, pero incluso si fuera así, estos forasteros han alterado nuestras vidas, nos hemos visto obligados a cerrar las escuelas. Ya viene siendo hora de que se vayan de aquí”.

La creciente preocupación por las consecuencias de la ocupación ha propiciado que el pasado martes algunos líderes locales celebraran una reunión de crisis con las autoridades federales. “Un estado de sitio permanente podría provocar una grave fractura en un condado como el nuestro”, explica Randy Fulton, uno de los participantes de la reunión a puerta cerrada. Nadie quiere que esta situación se prolongue. Fulton tiene 60 años y siempre ha vivido en el pueblo. Es un conocido hombre de negocios y el propietario del semanario local, el Burns Times Herald. Él también cree que la ocupación los está perjudicando.

Un gran número de agentes federales de policía han llegado a la localidad; el responsable de un hotel indica que 40 de las 114 habitaciones de su establecimiento habían sido ocupadas por ellos. Los empresarios locales temen que muchos turistas eviten la población por miedo a posibles enfrentamientos y que muchos de los trabajadores no quieran salir de sus casas por el mismo motivo.

Algunos lugareños que asistieron a la reunión quisieron saber por qué los agentes federales permiten que los milicianos compren provisiones en el pueblo. Los agentes aseguran que se están ocupando de la situación y que las unidades de 35 condados de Oregón también han ofrecido refuerzos. Lo cierto es que su estrategia sigue siendo una incógnita.

Fulton también explicó que un plan que habían sopesado para provocar un apagón de electricidad (The Guardian dio la primicia) se ha encontrado con algunos obstáculos. Los responsables locales del suministro eléctrico explicaron que esta jugada dejaría sin luz algunos ranchos cercanos a la reserva y que la única forma de aislar el refugio sería mandar a un grupo de hombres a cortar el suministro.

“Nadie quiere ser el primero en acercarse a este grupo”, dijo: “Los agentes federales aseguran que algunos milicianos son realmente peligrosos y que luego hay otros que simplemente los obedecen”. Explicó que el sheriff local ha recibido muchas amenazas. El variopinto grupo de constitucionalistas, granjeros y fanáticos de ultraderecha queocupan la reserva incluye, por ejemplo, un conocido activista anti-Islam vigilado por el FBI. “No creo que sea el momento apropiado para que nos presentemos allí armados”, afirma Fulton.

Es más que probable que por las calles de Burns ya se estén paseando agentes de incógnito. De hecho, en la reunión del martes, los oficiales de policía comentaron sin mucho secretismo que nadie debía extrañarse si se cruzaba con forasteros que parecían un “poco raros” pero que no eran “malos tipos”. “Algunos de estos tipos no parecen agentes del gobierno”, añade Fulton. Sin embargo, es difícil saber la identidad de los ocupantes de la reserva.

Los hermanos Bundy llegaron semanas atrás con el objetivo de organizar un movimiento de apoyo a Dwight y Steven Hammond, un padre y un hijo granjeros que fueron encarcelados tras ser acusados de incendio intencionado. La protesta culminó el sábado en una marcha y más tarde en una ocupación, que ha provocado una escalada de quejas mucho más extensas que la petición relativa a los dos ganaderos. Fulton indica que la manifestación del sábado atrajo a 325 personas pero solo una veintena eran habitantes del pueblo: “Los contamos, la mayoría de los participantes sostenía pancartas con mensajes de apoyo a los Hammond. Nadie hizo ningún comentario sobre la necesidad de desmantelar el gobierno federal”.

La falta de apoyo de los lugareños no parece que esté desmoralizando a los milicianos hacinados en el refugio, que aseguran sentir un sentimiento renovado de compañerismo. Tras muchos momentos de soledad ante la pantalla de sus ordenadores, leyendo las diatribas escritas por otros seguidores de la causa, estos hombres, que se consideran “patriotas”, disfrutan ahora de la compañía de otros que piensan como ellos.

El martes, la estancia donde desayunan parecía un pabellón de caza, con las esposas y las novias sirviendo desayuno a unos hombres de apariencia obrera, con barbas, camisas de franela y expresión hosca. Algunos hombres, como uno que dice llamarse Jason Patrick, parecían no tener una visión muy realista acerca de esta ocupación de estilo militar: “Tenemos rifles apuntándonos desde cada hoja de hierba”. Otros son más prácticos. Michael Stettler, un electricista de 49 años que llegó el lunes desde otro condado cercano reconoce que no se siente preparado para hacer frente a los disparos. “Si los agentes federales consiguen entrar y nos ofrecen la posibilidad de irnos, yo me voy”, asegura.

Sea cual sea el desenlace de la ocupación, Stettler sostiene que los milicianos serán respetuosos y dejarán el refugio como lo encontraron. En su habitación hay objetos personales de un funcionario que había vivido allí: “Abrí el armario y me encontré con medicamentos y ropa, y pensé !vaya! y lo cerré y no lo he vuelto a abrir; ahora tengo mis cosas en una esquina de la habitación”.

Traducción de Emma Reverter

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