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INTERNACIONAL

Un superviviente por familia para que pudiera contar la última atrocidad del ISIS

Yihadistas del ISIS expulsados de otras zonas de Siria asesinaron a cerca de 250 personas en una provincia habitada por drusos

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Residentes sirios regresan al enclave del campamento de Yarmuk en mayo. EFE

La madre de Karam Monther colocó la caja de municiones en el coche de su hijo pequeño y se aguantó las lágrimas mientras lo veía alejarse hacia el frente con la luz del amanecer. Habían llegado noticias de que un grupo de miembros del Estado Islámico estaba asaltando hogares en el extremo oriental de Sweida, la provincia natal de Monther en el sur de Siria.

Monther se unió a una veintena de jóvenes que habían tomado las armas para luchar juntos hasta los límites de la cercana ciudad de Rami. Esparcidos por las calles, se iban encontrando los cuerpos de combatientes caídos y los restos de militantes del ISIS que habían saltado en pedazos al hacer explotar sus chalecos suicidas.

Una mujer salió de una de las casas tropezándose. “Los masacraron”, decía una y otra vez. Una vez dentro, señaló hacia el baño. “Sentí en mi corazón que allí había ocurrido un crimen”, dice Monther. “Abrí la puerta lentamente y vi a una madre que sostenía a sus hijos, pero por lo que parecía no había sido capaz de protegerlos de los disparos de Daesh (ISIS)”.

“Nunca olvidaré esa imagen en toda mi vida; no hay palabras para describirlo, me arrodillé y lloré de dolor”, dice.

Los residentes de Sweida comenzaron a enterrar a sus muertos el jueves, un día después de que la peor masacre del ISIS en los últimos meses se cobrara la vida de casi 250 personas. El número aún puede crecer. Decenas de personas fueron secuestradas y heridas. Muchos han desaparecido.

La matanza ha alterado la paz en la patria ancestral de los drusos, una etnia minoritaria que hasta ahora había evitado en gran medida la violencia que devastó la mayor parte del país.

Un ataque de doce horas

Las entrevistas con los habitantes de Sweida hacen pensar en un ataque tan brutal como bien planificado, que duró 12 horas. Fue una demostración del terror que aún puede sembrar el ISIS pese a sus repetidas derrotas en los campos de batalla y a su retirada en Siria y en Irak.

Los ataques comenzaron en tres frentes simultáneos alrededor de las 4 de la mañana. Los atacantes se infiltraron en pueblos y aldeas drusos del este y noreste de Sweida aprovechando la oscuridad. Algunos usaron a beduinos locales como guías.

Los terroristas llamaban a las puertas, a veces gritando el nombre de los habitantes, y masacraban a las familias. Fueron desplegando francotiradores frente a los límites de la ciudad y atrincherándose en los pueblos.

Según Monther, en la mayoría de las casas dejaban un solo superviviente para que sirviera como testigo de su brutalidad. Algunos de los combatientes del ISIS se ataron las piernas en lo que parecía una declaración simbólica: lucharían hasta la muerte sin huir.

A medida que corrió la noticia del ataque, los jóvenes y milicianos de la zona se alzaron en armas mientras cuatro terroristas suicidas entraban a la ciudad de Sweida. Uno de ellos se hizo explotar en el mercado de verduras; otros dos en el centro; y el cuarto detonó su chaleco después de que los residentes lo acorralaran en un edificio de la parte sur de la ciudad. Unas 30 personas murieron a manos de esos atacantes.

“Al principio, el ataque nos tomó por sorpresa, pero los heroicos jóvenes de Sweida se unieron rápidamente en el centro de la ciudad y en las aldeas que Daesh había atacado”, dice Osama Abu Dikar, escritor y periodista de la ciudad. “Estos combatientes locales de capacidades básicas se enfrentaron al ISIS en verdaderas batallas”.

“El pueblo de Sweida defendió y luchó con un solo corazón. Hoy la ciudad se está recuperando poco a poco. Hay una calma cautelosa y se espera otro ataque”.

Procedentes del desierto

El ataque coordinado puso en tela de juicio la competencia de las fuerzas del gobierno sirio, la fuerza del ISIS y su capacidad para sembrar el caos. También cuestionó los acuerdos de reconciliación impuestos por el régimen de Bashar al-Assad para recuperar el control del territorio en todo el país.

Cuando estaba en la cima de su poder en 2015, el ISIS llegó a controlar casi la mitad del territorio sirio. Desde entonces ha perdido vastas extensiones debido a las ofensivas de la coalición liderada por Estados Unidos y del Ejército sirio, teniendo que retirarse a sus escondites del desierto para coordinar la insurgencia.

Los que atacaron Sweida venían del desierto sirio oriental, en zonas al este y nordeste de la provincia. En ese área se han concentrado en las últimas semanas decenas de los yihadistas que accedieron a liberar el campamento de refugiados de Yarmuk, al sur de Damasco, a cambio de un paso seguro a la zona.

Su llegada a lugares situados entre 10 y 40 kilómetros de una provincia de mayoría drusa despertó mucha preocupación entre la población local. Según un periodista y activista local, “desde entonces ha habido activistas de la sociedad civil que se preguntan por qué trajeron a ISIS al este de Sweida”.

Nominalmente bajo el control del gobierno sirio, Sweida ha mantenido una delicada posición neutral que la ha aislado del caos que azota al país. La región ha servido como refugio para personas que huyen de otras partes de Siria. Aunque el gobierno controla algunos de los puntos de entrada a la provincia, no tiene puestos de control dentro de la capital provincial.

Una mezcla de milicias locales mantiene ligeramente la seguridad y miles de jóvenes drusos han evitado cumplir con su servicio militar obligatorio, una fuente de tensión con el régimen de Asad.

Pero los activistas de la oposición dicen que las fuerzas del gobierno podrían aprovechar la victoria militar para restablecer el control total en la región con el argumento de que la amenaza extremista justifica su regreso. Eso permitiría al gobierno aumentar las filas del ejército y reprimir a los opositores.

Es posible que el ISIS también esté intentando vengar la actual ofensiva del gobierno en el sur de Siria. Los ataques se produjeron mientras las fuerzas leales a Assad proseguían su campaña en la vecina provincia de Deraa para hacerse con el control del sur del país.

El ISIS aún controla parte del territorio de Deraa, en el valle del río Yarmuk y cerca de la frontera con los Altos del Golán, ocupados por Israel. En los últimos días, la zona ha sido objeto de incesantes ataques aéreos para forzar la rendición de los terroristas.

Pero ni siquiera la brutalidad del ISIS haría huir de su patria ancestral a la gente de Sweida, que trata de proporcionar seguridad y supervivencia a sus familias. “Amamos la paz y estamos ligados a nuestra tierra”, dijo Monther. “Nunca saldremos de aquí, ni subiremos a los autobuses, ni seremos desplazados. Nuestras raíces aquí son profundas y nos quedaremos. Si nos rodean por todos los lados, nos convertiremos en mártires”.

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