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The Guardian en español

La última jugada de Trump: culpar a Hillary Clinton por los escándalos sexuales de su marido

Hillary Clinton y su esposo en un acto de campaña.

Jill Abramson

Donald Trump se ha sacado un nuevo as de la manga: los derechos de las mujeres.

Sistemáticamente recuerda la conducta inapropiada que mostró en el pasado Bill Clinton con varias mujeres y acusa a Hillary Clinton de ser su “facilitadora”. En un mitin celebrado en Oregón hace unos días, Trump acusó a Hillary Clinton de haber intentado “destruir las vidas” de todas las mujeres que han afirmado haber sufrido acoso o abusos por parte del expresidente de Estados Unidos. “Hillary fue increíblemente desagradable, una instigadora cruel y se comportó con esas mujeres de forma lamentable”, afirmó, si bien no pudo ofrecer ninguna prueba convincente. Más tarde, en un acto celebrado en el Estado de Washington, volvió a hacer la misma afirmación. 

Los escándalos sexuales que protagonizó Bill Clinton en la década de los noventa, ¿Podrían dañar la campaña política de Hillary Clinton en 2016? Lo más probable es que no. Sin embargo, Trump cree que el pasado del ex presidente le puede ayudar a cerrar una brecha de género que podría alcanzar unas proporciones históricas en las elecciones de noviembre y a reducir el margen de la candidata demócrata, ya que las encuestas más recientes señalan que el 53% de las personas que votarán a Hillary son mujeres. 

Así que probablemente los nombres de Paula Jones, Kathleen Willey y Juanita Broaddrick, tres de las mujeres que acusaron a Bill Clinton de haber mostrado una conducta sexual inapropiada, empezarán a sonar en los mítines. Jones interpuso una demanda contra Bill Clinton por acoso sexual (llegaron a un acuerdo extrajudicial y el expresidente la indemnizó con 850.000 dólares). Willey lo acusó de haberla manoseado en la Casa Blanca. 

Broaddrick aseguró que Bill Clinton la violó durante su etapa como gobernador de Arkansas. Estas acusaciones, negadas una y otra vez por el ex presidente, volvieron a aflorar durante el escándalo de Mónica Lewinsky y el proceso de destitución posterior.

Lo cierto es que Trump tendrá que hacer frente a una brecha de género de proporciones históricas y al hecho de que siete de cada diez mujeres lo valoran negativamente. Hillary Clinton le saca una gran ventaja con las mujeres y también tiene el apoyo incuestionable de las minorías. Según los últimos sondeos, el 30% de los votantes no blancos la votará.

No hay suficientes votantes blancos no universitarios para que Trump llegue a la Casa Blanca. Y es por este motivo que busca desesperadamente temas que puedan debilitar el apoyo a Clinton. Las minorías raciales, étnicas y religiosas nunca le perdonarán sus promesas de deportar a los hispanos, construir un muro que separe Estados Unidos de México y prohibir la entrada a Estados Unidos de todos los musulmanes. Sus comentarios profundamente sexistas repugnan a muchas mujeres. Paradójicamente, ahora Trump no tiene reparos en afirmar que Hillary Clinton, no él, ha declarado la guerra a las mujeres. 

La estrategia de Trump no ha pillado a Hillary por sorpresa, pero no está claro cuándo y cómo va a responder. Durante las primarias ya tuvo que soportar abucheos constantes y gritos en defensa de las mujeres que denunciaron el comportamiento de Bill Clinton. Es muy probable que Hillary solo consiguiera llamar más la atención cuando tuiteó: “Las víctimas de una agresión sexual se merecen toda la atención, toda la confianza y todo el apoyo posible”. Poco después, una joven que asistió a uno de los encuentros celebrados en New Hampshire le hizo la siguiente pregunta: “Recientemente usted ha afirmado que todas las víctimas de violación se merecen que les crean. ¿Qué tiene que decir sobre las acusaciones de Juanita Broaddrick, Kathleen Willey y Paula Jones? ¿Deberíamos creerles?”

Clinton se había preparado la respuesta. “Bueno, creo que todos nos merecemos que nos crean hasta que las pruebas demuestran que no somos creíbles”, respondió con una sonrisa, seguida de una ronda de aplausos.

Sin embargo, esquivar este tema no va a ser tan fácil. “Para las votantes más jóvenes, algunas decisiones que tomó Hillary Clinton en el pasado la persiguen en 2016”, ha indicado Molly Roberts, una joven columnista: “Lo cierto es que la campaña de desprestigio que ella contribuyó a impulsar contra las mujeres que acusaron a su marido sería impensable en el actual contexto político”. 

“Los que han vivido lo suficiente como para ser testigos de los cambios sociales pueden comprender más fácilmente que una persona tome una decisión en un momento de su vida que sería impensable en otra. Para las jóvenes que han crecido con los valores actuales es difícil de comprender”, señala. 

Las feministas más jóvenes exigen una mayor protección para las víctimas de abusos sexuales y castigos más severos para los autores. Muchas de ellas desconocían el pasado de Bill Clinton, ya que los presuntos casos sucedieron hace dos décadas. Probablemente examinarán su comportamiento bajo el prisma actual; más duro con los presuntos autores.

Y esto es precisamente lo que Trump y algunos detractores de Clinton quieren fomentar. “Quiero hablar con los millenials y jóvenes que van a votar por primera vez y que no saben lo que pasó”, indica Willey.

Willey es la portavoz a sueldo de una organización creada por un amigo íntimo de Trump, y también asesor político, Roger Stone. La organización tiene el nombre de Rape Pac (Proyecto para la rendición de cuentas en torno a la violación) pero anteriormente se llamó Women against Hillary (mujeres contra Hillary).

A Stone le obsesiona lo que él llama “la guerra contra las mujeres” del matrimonio Clinton; este el título de un libro que ha publicado. Es un asesor republicano implacable que se dejó la piel trabajando para el presidente Richard Nixon (tiene la cara de Nixon tatuada en su espalda). Fue invitado al programa conservador de Alex Jones y prometió lanzar una estrategia parecida a la que en su día impulsaron contra Kerry para manchar con acusaciones falsas su expediente militar. Trump cuenta con el apoyo de Paula Jones y Janita Broaddrick.

Durante su etapa como primera dama de los Estados Unidos y ahora como candidata, Hillary hace bien en sospechar de los motivos ideológicos y partidistas que se esconden detrás de estas alianzas. En los noventa, un grupo de abogados conservadores que se hacían llamar “los elfos” conspiraron para que se siguiera hablando del caso de Paula Jones. 

Tras el escándalo Lewinsky y el fracaso del proceso para destituir a Bill Clinton, fui a una extraña cena de homenaje a Linda Tripp, la mujer que traicionó a la joven becaria de la Casa Blanca y la grabó afirmando que había mantenido relaciones sexuales con el presidente Clinton. Un grupo de derechas denominado Free Republic (República Libre) organizó el evento en una antigua plantación de Carolina del Sur. 

No resulta sorprendente que Trump despreciara a estas mujeres en el pasado. En declaraciones realizadas a Fox News en 1998, transcritas por The Daily Beast, Trump indicó: “Todos las integrantes de este grupo son poco atractivas…Linda Tripp, Lucianne Goldberg. Las veo en la tele y me entran ganas de vomitar. Son horribles. Todas ellas, Paula Jones, Lewinsky, son realmente desagradables”.

Trump debería prepararse para la reacción. Un anuncio de un candidato por Arkansas al senado ataca a su rival republicano y lo vincula con los comentarios más sexistas y polémicos de Trump.

Mientras, a Clinton les espera un mes complicado y podría perder las primarias en varios estados donde Sanders le lleva ventaja, entre ellos, West Virginia el martes, Oregón e incluso California, donde las previsiones no son las que se esperaban (la semana pasada tuvo que invertir dinero y esfuerzos en este Estado). Aunque lo cierto es que tiene de su parte a la mayoría de delegados y lo tiene todo atado para hacerse con la candidatura. 

Todo parece indicar que, una vez Trump se convierta en su único rival, los seguidores más fieles de Sanders, también las votantes más jóvenes, cerrarán filas en torno a Hillary. “Al final, lo que salvará a Hillary no es la aprobación de estos votantes sino lo mucho que desprecian a Trump”. Los defectos de su rival y no sus virtudes le allanarán el camino a la Casa Blanca. 

Traducción de Emma Reverter 

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