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The Guardian en español

Moscú se presenta a los visitantes del Mundial de fútbol con el mejor aspecto de su historia reciente

Seguidores de la Selección de Argentina en el centro de Moscú.

Shaun Walker

Moscú —

El martes, cuando los cálidos rayos del sol bañaban Moscú, las calles aledañas a la Plaza Roja nos dieron una pista de lo que nos espera en las próximas semanas con la llegada del Mundial de fútbol.

Una docena de marroquíes que ondeaban sus banderas en el interior de los grandes almacenes GUM cantaban en perfecta armonía. Una familia rusa posaba para las fotografías con un cuarteto de mexicanos con sombreros de gran tamaño detrás de las cúpulas de la Catedral de San Basilio y tres peruanos ataviados con los colores de su equipo se unían a millones de moscovitas que paseaban por el Parque Zaryadye en el centro de Moscú.

“Es mucho más fácil moverse de lo que esperábamos y es una ciudad mucho más bonita”, cuenta Carlos de 39 años que ha viajado desde Nueva York para ver jugar a Perú en su primer mundial desde 1982.

Para ver el primer partido de Perú, viajará hasta la ciudad de Saransk en autobús nocturno porque no quedaban billetes de tren o avión. Sin embargo, explica que moverse por Moscú utilizando una combinación de Uber y de metro ha sido sorprendentemente sencillo.

El estadio Luzhniki de Moscú albergará el partido inaugural del jueves y la final del 15 de julio. Mientras tanto, se disputarán otros diez partidos en la capital, en los estadios de Luzhniki y el del Spartak. Se trata del mayor evento celebrado en la capital rusa desde los Juegos Olímpicos de 1980.

Durante el próximo mes, gran parte de la atención se centrará en las ciudades rusas más pequeñas, no acostumbradas a albergar grandes eventos y desconocidas para la mayoría de los visitantes extranjeros. Pero Moscú también tiene la oportunidad de proyectar una nueva imagen de capital europea moderna gracias a sus extensas renovaciones y programas de planificación urbana de los últimos años.

“Es una oportunidad para mostrar a todo el mundo que Moscú no es osos en las calles y balalaikas”, dice Alexander Poluakov, director del organismo público que controla la red de transporte de Moscú, recordando la creencia generalizada de que las preocupaciones de los extranjeros sobre Rusia tienen que ver con prejuicios injustos y mucha ignorancia más que con el comportamiento de Rusia en la escena mundial.

Algunos de los visitantes no esperan encontrar una metrópoli moderna con un centro urbano agradable. Pero bajo el mandato del alcalde Sergei Sobyanin, Moscú ha cambiado quizás más que cualquier otra ciudad de Europa en los últimos años. Se han peatonalizado calles completas, se han ampliado aceras para incluir carriles bici y hay más espacio para los peatones. También se han renovado y arreglado varios parques.

Gran parte de estas renovaciones se han llevado a cabo sin consulta pública, en medio de acusaciones de corrupción y, en el caso de las aceras, a menudo a costa de grandes molestias para los moscovitas. Pero no cabe duda de que el resultado es un centro urbano irreconocible desde hace una década.

La arquitectura y los monumentos estalinistas todavía dan a la ciudad un aire imponente, pero a nivel del suelo todo se ha vuelto más humano. “El ambiente en Moscú es diferente. Las calles tienen un ritmo diferente. Ahora es agradable y cómodo caminar por Moscú”, explica el teniente de alcalde Maxim Liksutov.

El mundo de los cafés y restaurantes se ha transformado, con los restaurantes de moda y los cafés artesanales más presentes que las cantinas al estilo soviético.

Las autoridades se esfuerzan por destacar la gran bienvenida que dará la ciudad a los visitantes durante el campeonato. Liksutov ha señalado que en los últimos meses se ha estado trabajando en el metro y en otros sistemas de transporte para asegurar que todas las señales y anuncios sean bilingües. El transporte público será gratuito en los días de partido para los que tengan entradas y el metro funcionará hasta las tres de la madrugada, después de los partidos que se celebren tarde.

El gobierno de la ciudad ha lanzado una app en seis idiomas para ayudar a los visitantes y ha proporcionado clases gratuitas de inglés a 5.000 de los 50.000 taxistas con licencia de la ciudad.

En Moscú funcionan varias aplicaciones de taxi, pero la ciudad no tiene un sistema centralizado de taxis que funcionen con taxímetro. “Hemos pedido a los taxistas que no suban los precios en el Mundial y contamos con su cooperación”, asegura Liksutov. Sin embargo, al preguntar a un taxista en la céntrica calle Tverskaya cuánto costaría ir al aeropuerto, contestó que unos 5.000 rublos (unos 70 euros), casi un 400% más que la tarifa estándar.

También existen otros peligros para los aficionados visitantes a pesar de las buenas intenciones. Aunque las autoridades rusas han reducido los requisitos de visado para los que tienen entradas, no han suspendido la incómoda obligación de registrarse en la policía. Esto es una formalidad para los que se alojan en hoteles, pero una posible pesadilla para los cientos de miles que se alojarán en apartamentos alquilados.

También sigue habiendo preocupación por posibles problemas derivados del racismo o el vandalismo, aunque en estos primeros compases parece que los problemas que se puedan producir van a ser menos serios. “Todo el mundo es muy agradable y no puedo ir a ningún sitio sin que intenten hacerse una foto conmigo. Estoy pensando que debería empezar a cobrarles”, dice Carlos, el seguidor de Perú.

Traducido por Cristina Armunia Berges

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