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The Guardian en español

Un tiroteo a plena luz del día convierte una ciudad mexicana en zona de guerra

Autobús incendiado por los narcos durante el ataque en Guadalajara como parte de los narcobloqueos para obstaculizar las operaciones policiales.

David Agren

Ciudad de México —

Los testigos afirman que el tiroteo parecía sacado directamente de una película de acción. Hombres fuertemente armados entraron de improviso en un lujoso restaurante japonés cuando un antiguo fiscal salía tras una larga comida. Los guardaespaldas de Luis Carlos Nájera respondieron a los disparos e inmediatamente estalló un tiroteo por las calles de un barrio mexicano moderno y a la moda en la ciudad de Guadalajara.

15 personas resultaron heridas en el ataque. Los posteriores narcobloqueos –barricadas con autobuses y otros vehículos en llamas con el objetivo de obstaculizar las operaciones policiales– dejaron otros 15 heridos. Un bebé de ocho meses falleció a causa de las graves quemaduras tras un ataque contra un autobús y su madre sufrió quemaduras en el 90% del cuerpo.

Milagrosamente, Nájera, actualmente secretario de Empleo en el Estado de Jalisco, escapó solo con una mano herida. Posteriormente declaró en una rueda de prensa que vio entrar a varias personas sospechosas en el restaurante y que ordenó a sus guardaespaldas bloquear la entrada con su vehículo blindado. Las autoridades han confirmado que seis sospechosos fueron detenidos.

Incluso en un país acostumbrado a historias cotidianas de crimen y violencia –cada uno más espectacular que el anterior– un vídeo rudimentario se hizo viral rápidamente. 'Terror en Guadalajara', rezaba la portada del periódico El Universal de este martes.

México declaró la guerra a los cárteles de la droga a finales de 2006 y desplegó soldados en rincones abandonados del país para contener sus actividades. La campaña contra las drogas se ha cobrado más de 200.000 vidas, ha dejado más de 30.000 desaparecidos y parece que la cifra sigue aumentando. México registró 2.720 homicidios en abril, un aumento del 25% respecto al mismo mes en 2017.

Desde entonces, también se han producido tiroteos en los barrios más ricos de ciudades como Guadalajara, donde se cree desde hace tiempo que viven las familias de los jefes de los cárteles.

El ataque, que provocó carreras de los transeúntes por la Avenida Chapultepec poco después de las cinco de la tarde, es el último de una serie de incidentes violentos en la segunda ciudad más grande de México y en el Estado de Jalisco.

Los ataques, que incluyen grandes narcobloqueos, emboscadas a policías y secuestros y asesinatos de estudiantes, han horrorizado a México y han levantado sospechas sobre si las autoridades son realmente incapaces o si, por el contrario, no están dispuestas a actuar.

105 servidores públicos han muerto en el Estado de Jalisco desde 2013, incluidos políticos y el secretario estatal de Turismo, según el periódico El Universal.

Antes de convertirse en secretario de Empleo, Nájera trabajó en la Policía y más tarde como fiscal general, pero se vio obligado a dimitir después de que una de las facciones de la droga más violentas, el Cártel de Jalisco Nueva Generación, incendiase Guadalajara con 29 narcobloqueos en mayo de 2015.

Ese mes, el cártel hizo una demostración de fuerza lanzando una emboscada contra un convoy policial en el que murieron 15 agentes y derribando un helicóptero del Gobierno.

Los expertos afirman que ahora el cártel está envuelto en dos guerras territoriales simultáneas: una con un grupo escindido llamado Nueva Plaza y el otro por zonas en su día controladas por Joaquín El Chapo Guzmán, antiguo jefe del Cártel de Sinaloa que actualmente está a la espera de ser juzgado en Estados Unidos.

“Han matado a jefes de policía, alcaldes, secretarios estatales... Esto no ocurre en un contexto donde simplemente hay delincuencia común”, señala Francisco Rivas, director del Observatorio Ciudadano Nacional, una organización no gubernamental contra el crimen. “Esto ocurre en un contexto donde tienes un crimen organizado extremadamente poderoso que controla territorio”.

En marzo, tres estudiantes desaparecieron en Guadalajara tras grabar sin querer la propiedad de un supuesto narco para un trabajo universitario. Las autoridades afirman que sus cuerpos fueron disueltos en ácido, aunque las familias de los estudiantes tienen sus dudas.

Mientras la policía se lanzaba a la caza de los autores de la última explosión de violencia, una periodista lamentaba el destino de su ciudad: “¿En qué momento mi Guadalajara hermosa se convirtió en zona de guerra?”.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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