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La dignidad y el valor del oficio de la política

Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón durante el Congreso del PSOE en el que Rubalcaba fue elegido secretario general

La liturgia de la muerte en España insulta a veces a la razón. Viendo la lista interminable de personajes o personajillos excelentes que desde hace un día largo cantan las excelencias de Alfredo Pérez Rubalcaba, no cabe sino preguntarse dónde estaban esas gentes cuando, no hace mucho, este gran hombre político vio acabada su carrera. ¿Por qué ninguno pidió, al Estado o a quien fuera, que le encontrara un sitio adecuado para que pudiera seguir influyendo en la marcha del país? ¿Por qué nadie se indignó al saber que había terminado dando un par de clases de química a la semana?

En cambio, no cuesta mucho imaginar lo que habrían dicho muchos de los compungidos de hoy si Rubalcaba hubiera aceptado una de las varias ofertas que importantes instituciones privadas le hicieron para que se uniera a ellas, pagándole muy bien a cambio de un favor de vez en cuando. Nadie se lo habría tolerado.

El primero de ellos, él mismo. Porque el dinero, más allá del que necesitaba para pagarse sus moderados gastos, no le interesaba. Y porque tenía un alto sentido de la dignidad y una gran consideración por la función social que había ejercido durante buena parte de su vida madura. La de político. Una profesión que le encantaba y que consideraba una de las bonitas del mundo. Pero que él entendía que merecía el máximo respeto, empezando por el que él mismo había de tener por ella. Y eso excluía componendas. Que Alfredo comprendía en el caso de otros, o cuando menos eso era lo que decía, pero que consideraba inaceptables para sí mismo.

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Un hombre de Estado, un gran español

José Manuel García-Margallo y Alfredo Pérez Rubalcaba.

Alfredo Pérez Rubalcaba era mi amigo. Y eso es una palabra que yo administro con mucho cuidado. Su último mensaje es de apenas 10 días: "Soy Alfredo, ¿cuándo cenamos juntos?". Contesto: "Déjame terminar esta campaña electoral para echaros del Gobierno y nos vemos". Mi último mensaje no lo leerá nunca: "Alfredo, ponte bien pronto, porque somos muchos los que te queremos bien".

Alfredo fue el adversario político más temible que yo he conocido nunca. Él solo nos montó una operación político-mediática que nos costó las elecciones de 2004 que teníamos ganadas. Cuando llegué al Ministerio de Asuntos Exteriores, me ayudó de forma absolutamente transparente y leal. Porque Alfredo era sobre todo un hombre de Estado y un gran patriota. Un gran español.

Cuando los dos pasamos a la reserva, nos divertimos mucho haciendo debates a lo largo y ancho de España. Me maravilló siempre su inteligencia y su sentido del humor. Siempre me contaba que cuando en la calle alguien te paraba y te decía "Don Alfredo, cuánto te echamos de menos", él respondía: "Muchísimas gracias, pero ¿a que usted no me ha votado nunca?".

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¿Es posible alimentar a 10.000 millones de personas sin devastar el planeta?

Personas compran en un supermercado

En apenas un par de siglos desde la Revolución Industrial, la población humana se ha multiplicado por ocho. Desde 1800, ha crecido de unos 900 millones de seres humanos a 7.600, camino de los ocho mil millones y más allá.

La mayor parte de esa enorme expansión demográfica ha tenido lugar durante el período que sin duda hemos de llamar la Gran Aceleración, la posguerra de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): todavía en tiempos de mis abuelos, hacia 1930, poblaban el planeta Tierra solo 2.000 millones de seres humanos.

Esta humanidad enorme ha sido posible solo gracias a la agricultura industrializada que, con raíces en el siglo XIX, se desarrolló sobre todo a partir de 1920-1930. Supuso la eliminación progresiva del campesinado, la salarización de las y los agricultores, el uso de fertilizantes de síntesis y semillas híbridas (y luego transgénicas), la mecanización de las labores del campo, los grandes monocultivos, la irrigación de enormes superficies, los sistemas de distribución a larga distancia y los oligopolios agroalimentarios.

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28 A: La destrucción de los mitos

No hay nada mejor que una pasada por la realidad de las urnas para aventar unos cuantos mitos arraigados en nuestro debate público. El primero de ellos era que nuestra democracia estaba poco menos que en bancarrota porque la ciudadanía había dejado de creer en ella, sobre todo entre los más jóvenes. Una participación masiva del electorado, viejo y joven, masculino y femenino, del 76% de media -en no pocos sitios rozando el 80% como en Madrid o Barcelona-, ha hecho trizas la pertinaz cantinela sobre el agotamiento del ‘Régimen del 78’. La conmovedora visión del líder de Unidas Podemos blandiendo artículos de la Constitución cual puntos programáticos, en debate televisivo, puede servir de imagen icónica de lo que decimos. Siento comunicarles a los agoreros de turno que el sistema político español goza, por lo menos de momento, de bastante buena salud.

La segunda fábula, que ha quedado maltrecha, es aquella que contaba que éramos un país donde no se castigaba la corrupción en las urnas. El calamitoso resultado del PP en el conjunto de España y en particular en Valencia y Madrid, lugares donde se han concentrado buena parte de las expoliaciones, con pérdida de la mitad de los votos, indicaría que el sufrido personal no es tan panoli o sandio como se pensaba. Si incluimos en el análisis el retroceso de Junts per Catalunya, cuyos ancestros participaron en parecidas corruptelas, veremos confirmada nuestra tesis. Incluso el partido ganador, aun recuperando mucho apoyo en la Comunidad andaluza, donde también se dieron episodios venales, no ha crecido tanto como en otras circunscripciones electorales y fue duramente castigado en las recientes autonómicas. Es una buena noticia que las corrupciones se paguen ante los tribunales y las urnas, demostración de que, a pesar de todo, la moralidad pública no está tan postrada.

La tercera fantasía era que en España no había extrema derecha, pues muerto el dictador y conquistada la democracia, aquí todo el mundo se había convertido en demócrata y liberal de toda la vida, y ya se había encargado el genio político de los Fraga y Aznar de concentrar en el PP a todo el universo conservador. Algunos, quizá ingenuamente, intuíamos que era extraño que en toda Europa hubiera partidos de extrema derecha y que precisamente aquí no apareciese tan perturbador fenómeno. La única duda que albergábamos era sobre la proporción o alcance de tal trastorno, pues era bastante evidente que en las entrañas de la formación de la derecha tenía que anidar su versión más extrema que, en algún momento, aparecería y levantaría el vuelo. Así ha sido. ¿Cómo no iba a existir en España una extrema derecha cuando hemos sufrido, durante 40 años, una dictadura fascistoide que contó con copiosos apoyos sociales en sectores influyentes del país? El primer aviso a navegantes sonó en las recientes autonómicas andaluzas en las que Vox sacó el 10,97% de los votos y el 11% de los escaños. En las elecciones generales ha obtenido el 10,26% de los votos y el 6,8% de los escaños. En términos de voto, la proporción es similar y menor que los resultados de los partidos homólogos de Europa, lo que no es un consuelo ni es óbice para que pueda mejorar posiciones en el futuro, dependiendo de las políticas que se practiquen en España y en la Unión Europea. Si se siguen imponiendo programas neo-liberales aumentarán, sin duda, las opciones de derecha extrema.

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¿Semita(anti)semita?

Tanto la Real Academia de la Lengua, como todos aquellos que estudian y definen el término "semita" parecen estar de acuerdo: "Descendiente de Sem (primogénito de Noé); Del grupo de pueblos establecidos en la antigüedad en el Próximo Oriente, de lengua, cultura y religión nacidas de un tronco común: árabes, hebreos y otros".

Sin embargo, cuando nos referimos a la acepción "antisemita", las cosas parece que no cuadran. En concreto la RAE dice: "Enemigo de los judíos, de su cultura o de su influencia". Es como si la Academia estableciera una elipsis −un salto en el tiempo− entre los dos conceptos. Parece deducirse que algo debió ocurrir en un espacio temporal determinado, que no se menciona y de esta forma, deja sin explicar la contradicción.

En la práctica, lo que se constata es que la generalización del término "antisemita" entendido como odio a los judíos, no tiene argumentos etimológicos, antropológicos, ni etnológicos que lo hagan veraz. Prevalece la imposición de una parte interesada que conforma una supuesta realidad que no lo es.

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Nadie hablará de Europa

Seguimos en campaña electoral, una campaña larga con el cambio de ciclo político como seña de identidad. Casi podríamos hablar de una segunda vuelta de las elecciones generales que ahora, de cara al próximo 26 de mayo, se llaman europeas, autonómicas y municipales.

Sin embargo, poco o nada se hablará de Europa, salvo los tópicos trillados de la retórica del europeísmo. Sí es verdad que hay una novedad, el contrapunto añadido de la extrema derecha que, por primera vez desde España, cuenta con expectativas de obtener escaños en el Parlamento Europeo dentro de un bloque más eurófobo que euroescéptico.

En elecciones Europeas ha primado hasta ahora el debate en clave nacional, y no sólo en las últimas, con la aparición de Podemos al calor del 15M y el inicio del cambio en la representación política española desde un modelo bipartidista imperfecto hasta el actual modelo pluripartidista, todavía en desarrollo y transformación. Pero estas elecciones múltiples van más allá, dejan a las europeas en un segundo plano, al convertirse en una segunda vuelta de las elecciones generales anticipadas del 28 de abril.

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El clima político y el cambio climático

Impacto del cambio climático en glaciares

Existe un consenso científico generalizado en el que el cambio climático supone el principal reto al que se enfrentarán nuestras sociedades en las próximas décadas. Para evitar las peores consecuencias del mismo es necesario descarbonizar nuestras sociedades, lo que necesariamente implicará profundas transformaciones sociales, económicas y tecnológicas. Ahora bien, estas transformaciones tendrán que ser apoyadas por amplias mayorías socio-electorales dispuestas a enfrentarse a determinados intereses económicos particulares contrapuestos a estas medidas. Es por esto que tiene sentido preguntarse cuáles son las percepciones sobre el cambio climático y los problemas medioambientales entre quienes potencialmente van a movilizarse –participando electoralmente o de otras maneras– en los próximos meses o años, en los que el cambio climático podría ser una cuestión política clave. En este artículo utilizamos el barómetro del CIS del pasado mes de noviembre de 2018, que incluyó una batería de preguntas sobre el cambio climático, para intentar aclarar algunos aspectos sobre las sensibilidades y percepciones de la cuestión en España.

En primer lugar, confirmando lo observado en otras encuestas, el CIS muestra que en España no tenemos un problema de negacionismo climático explícito: el 83% de los encuestados cree que sí existe un cambio climático, frente a un 10% que lo niega y un 6% que duda. Además, entre quienes creen que el clima está cambiando, un 58,1% considera que la acción humana contribuye "mucho" a este proceso y un 35,3% que lo hace "bastante". Aun siendo positivos, estos datos quedarían lejos del abrumador consenso científico actual: el 97% de los científicos piensan que el cambio climático es real y que se debe completamente a causas antropogénicas, es decir, humanas. Utilizando la Encuesta Social Europea (ESS) podemos comparar esta cifra con la de otros países de nuestro entorno. En esta encuesta, los datos son similares a los obtenidos por el CIS: el 59% de los encuestados considera que el cambio climático está "Principal o completamente causado por la actividad humana" frente del 37% que aunque se esté dando no es completamente por causas humanas, pero a pesar de estos datos la diferencia con otros países con mayor apoyo al negacionismo climático es patente, como se ve en la figura 1. Considerando estas respuestas, la divulgación sobre el cambio climático debería partir de que el negacionismo climático en nuestro país es claramente minoritario (por gritón que sea a veces) y, por tanto, insistir en señalar que su causa es completamente antropogénica y en las diferentes opciones para frenarlo e impedir que suframos sus peores consecuencias.

Porcentajes de percepciones sobre el origen del cambio climático

Porcentajes de percepciones sobre el origen del cambio climático

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Urge una Europa sostenible

Marcha a favor de la Unión Europea en Berlín. Foto: Parlamento Europeo

El 26 de mayo se abre un nuevo ciclo político en la Unión Europea para los próximos cinco años. Tal vez sea la última oportunidad para poner el desarrollo sostenible en el centro de nuestra agenda política y emprender la transformación que requiere Europa. Cambiar la mirada para actuar de manera más humana y con mayor confianza, desde las instituciones y conectando con la ciudadanía, para lograr una transición justa hacia una sociedad de bienestar sostenible para todas y todos. 

Europa afronta hoy su futuro en una coyuntura de deterioro de las condiciones sociales, de aumento de la desigualdad e inseguridad de parte de su ciudadanía. Además, enfrenta la necesidad de abordar la crisis medioambiental con un nuevo modelo energético que necesariamente desembocará en un cambio de modelo de desarrollo económico.

Cuando el pacto social y generacional está en entredicho por la falta de oportunidades y el miedo a un futuro incierto, es necesario reivindicar el modelo social y de progreso que Europa debe representar. 

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¿Patinazos o prudencia? La importancia del principio de precaución en la telefonía móvil

Una mujer anda por la calle mientras usa su teléfono móvil

En un artículo publicado en eldiario.es por Esther Samper el 28 de abril titulado "Los tres mayores patinazos del ecologismo sobre la salud humana (I): de espaldas a la física", la autora, biotecnóloga, afirma que nunca se ha demostrado que la telefonía móvil o el wifi provoquen problemas de salud, sean capaces de provocar mutaciones en los seres humanos o cambios químicos en la materia y que "no existe absolutamente ningún estudio médico o poblacional que pueda demostrar que el uso de dichos aparatos causa cáncer u otras enfermedades". Incluso cuestiona que "a pesar de estas evidencias científicas la OMS decidió pecar de prudente y clasificar estas radiaciones como posiblemente cancerígenos para los humanos". Y afirma: "cuando el ecologismo se aplica de espaldas a la ciencia por una cuestión ideológica, se convierte en una religión envuelta en verde".

Nos extrañan las afirmaciones de la autora, pues suponen ignorar numerosas evidencias científicas al respecto, que es lo que mueve a Ecologistas en Acción a pedir que se aplique el principio de precaución. Aludiremos solo a tres.

Cuando la OMS realizó esta clasificación de las radiofrecuencias como posible cancerígeno en 2011 ya se había realizado el estudio europeo Reflex, que demostró la rotura de hebras simples y dobles de ADN en células expuestas a radiofrecuencias. Hardell había realizado un estudio epidemiológico que demostraba mayor incidencia de tumores cerebrales y neurinomas acústicos, un tumor benigno del nervio acústico, en personas con mayor uso del móvil. Entonces faltaban estudios con animales. Recientemente se han publicado dos muy extensos e importantes. El primero realizado por el Instituto Nacional de Toxicología de EEUU demuestra mayor incidencia de schwannomas (tumores benignos de corazón) y de tumores cerebrales –con menor evidencia– en ratas expuestas a radiofrecuencias. Esos resultados los ha replicado el Instituto Ramazzini que ha encontrado tumores de corazón y de cerebro en ratas expuestas a menores intensidades. Aclarar que los schwannomas afectan a las células de Schwuann, las mismas que se ven afectadas en los neurinomas acústicos encontrados por Hardell en humanos. Eso ha llevado a que, ante las demandas de numerosos científicos de que se aumente la clasificación de carcinogenicidad anterior, la IARC el organismo de la OMS que investiga sobre cáncer, haya anunciado recientemente que va revisar la clasificación que realizó en 2011 sobre radiofrecuencias.

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¿Es Carmen Calvo feminista?

Las diosas no lo quieran, pero más de una cosa de la noche electoral del 28 de abril me devolvió al año 2015. Los números dan y no dan, los resultados son malos pero no tan malos y, desgraciadamente,  de nuevo parecía abrirse el debate sobre las camisetas feministas de Inditex.

La actual vicepresidenta y ministra de igualdad en funciones, Doña Carmen Calvo, sale al balcón de Ferraz la noche electoral para celebrar su triunfo ( que en realidad no es tanto triunfo) con un traje de cuadros vichy rosa de Zara y una camiseta de Mango en la que se lee: Yes, I am a feminist. Tengo que decir que a mis 29, si yo fuese la vicepresidenta y ganase las elecciones, no descartaría salir con un modelito parecido al balcón de Princesa. Me gusta estética y políticamente. ¿Dónde está entonces el revuelo en la decisión de Carmen?

Ríos de tinta en Twitter y medios de todo el país han corrido rápidamente a detallar el asunto. Llama la atención el empeño en señalar su edad, como si una mujer de más de 60 años tuviese que pensarse dos veces lo que se pone. Es sorprendente también que una mujer que ostenta tal cargo de responsabilidad sea cuestionada por una camiseta de 17 euros de una firma catalana y no por lo demás. Carmen ha tenido que dar más explicaciones sobre sus decisiones de armario que sobre su postura frente al próximo gobierno. Qué país éste.

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