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Sustituir a los políticos por robots

El robot Pepper se sube a la pasarela en Tokio con sus nuevos uniformes

Hubo un tiempo en el que la evolución se producía a una velocidad que permitía a la política y la parte pública buscar las respuestas adecuadas y desarrollar la legislación necesaria para hacer frente a esos cambios, a la vez que los ciudadanos y las organizaciones podían poner en marcha las medidas para hacer frente a los cambios con un resultado aceptable.

El avance de la tecnología, la implantación del ‘big data’ y la gran revolución que está suponiendo la inteligencia artificial, ha acelerado los cambios y promete aumentar la velocidad en un futuro próximo. Ante esto, las únicas que han demostrado poder hacer frente a estos cambios son las empresas privadas, lo que, sumado a la falta de contrapeso de la parte pública, está provocando desajustes y generando conflictos que previsiblemente irán en aumento.

El proceso que estamos viviendo podría compararse con el de un coche que circula a gran velocidad y que sigue acelerando. Cualquier decisión que se tome, incluso el no hacer nada, puede tener trágicas consecuencias. Es imprescindible que sea conducido por manos expertas y con la mayor información posible de lo que viene por delante.

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La Semana Santa de un “cristiano rojo”

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Mamadou, de Mali, enseña la herida que se hizo en un intento de salto de la valla de Melilla desde Marruecos./Fotografía: Ángel Navarrete.

En Jueves Santo, muchas mujeres y hombres de comunidades cristianas nos reunimos para rememorar la última cena de Jesús con sus colegas. Recordamos a un rebelde que lo compartía todo y que se rodeaba de gente de mal vivir, de esa gente a la que un padre normal no aconsejaría jamás acercarse. Un tipo que a veces sacaba el mal genio e incluso el látigo porque le dolía que se mercantilizase el templo y que los mercaderes precapitalistas lo convirtiesen en “una casa de ladrones”.  No quiero pensar qué haría ahora con una iglesia más cerca del poder y del dinero que del pueblo. Era un carpintero sencillo de Galilea en la Palestina del siglo I que anunció un mundo nuevo, sin ambiciones, sin discriminaciones, sin violencia, sin armas, sin guerras, sin hambre y que llamó a construir una sociedad igualitaria, justa, solidaria y fraterna. Alguien que solo vivía para aliviar el sufrimiento humano. Un “prenda”, vamos…

Recordamos que ese individuo, que sería tildado de sospechoso en la prensa y al que seguramente le amenazarían con querellas criminales, defendía que quien quisiera ser considerado el primero, debía arremangarse y ponerse al servicio de todas y todos. Por eso, esa noche, nos arrodillamos y lavamos los pies a los demás. No es un símbolo, debe ser nuestra forma de vivir.  

Las cosas que ese tío decía despertaron tanto entusiasmo entre la gente pobre y marginada como pánico entre los poderosos y las autoridades religiosas y políticas que, no en vano, lo veían como peligroso para sus intereses.

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Hacia un pacto Finanzas-Clima

El pasado 15 de marzo se celebró en París la conferencia Finanzas-Clima: ¿Y si Europa decidiese poner las finanzas al servicio del clima? Esta iniciativa, liderada por el Premio Nobel de la Paz Jean Jouzel y el economista francés Pierre Larrouturou, fue inaugurada por la directora general de la UNESCO Audrey Azoulay y reunió a más de cincuenta personalidades europeas.

El debate fue intenso y productivo y de él se extrajeron varias conclusiones. Todos señalamos la urgencia de actuar de forma inmediata. Los expertos del GIEC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático), reunidos en paralelo en la sede de la UNESCO, nos advirtieron de que quizás llegamos demasiado tarde. Sin embargo, eso no es excusa para no ponernos en marcha de forma inmediata. En diciembre de 2015, la COP 21 en París alcanzó un acuerdo político suscrito por los 193 países de Naciones Unidas. En sus conclusiones los dirigentes políticos mundiales se comprometieron a poner en marcha todas las medidas y políticas necesarias para reducir el calentamiento del planeta y que la temperatura de este no superase más del 2%. Sin embargo, casi tres años más tarde, seguimos constatando la insuficiencia de las acciones emprendidas y es cada vez más patente el sentimiento de que no se podrán alcanzar los objetivos suscritos en la capital francesa. Tanto por razones éticas, como por razones existenciales se necesita una cultura en favor de la lucha contra el cambio climático y la adopción de una agenda de sostenibilidad. Es necesario que la transición energética se acelere y que las energías renovables constituyan la mejor respuesta para reducir las emisiones de gas invernadero.

Pero no basta con que exista una voluntad política declarada si esta no se lleva a la práctica. Para ello es necesario contar con los recursos financieros suficientes para facilitar la aplicación de todas esas políticas de lucha contra el cambio climático. Se constató durante el debate que el mundo financiero parece haber comprendido que no hay alternativa y que existen múltiples mecanismos e instrumentos dentro del mundo de las finanzas que pueden acompañar este proceso. Todo un arsenal de iniciativas puede reivindicarse. Desde la actuación del Banco Central Europeo hasta la conversión del Banco Europeo de Inversiones en un Banco de Desarrollo Sostenible, pasando por el establecimiento de garantías públicas para proyectos de inversión en materia de clima como también la reforma en profundidad del mercado de cuotas de carbono. Todas estas actuaciones podrían quedar englobadas de forma más eficaz dentro de un Pacto Finanzas-Clima que solicitaría la puesta a disposición de mil millones de euros al año para este objetivo.

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¿Rebelión, sedición o fracaso político?

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Carles Puigdemont

1. Con los datos que hay sobre la mesa (los que se ponen de relieve en las resoluciones judiciales) no puede afirmarse que los políticos catalanes recientemente procesados por el Instructor del Tribunal Supremo hayan cometido un delito de rebelión. En efecto, el artículo 472 del Código Penal exige que los fines propios de ese ilícito se traten de conseguir mediante un alzamiento violento y público. Así, la violencia debe estar en una determinada relación típica con el alzamiento; es decir, no basta con que aparezcan circunstancialmente episodios violentos en un entorno de, incluso, alzamiento, sino que éste, desde un principio, debe poseer estructuralmente esos tintes violentos; así, se requiere que se haya concebido el dicho alzamiento como violento. No se trata, pues, de la mera acumulación de dos elementos, alzamiento y violencia, sino de un peculiar conjunto: el alzamiento violento. No concurriendo esta caracterización no es posible hablar de rebelión.

Se trata, la de la rebelión, de una configuración delictiva que impide, también, la construcción del tipo con dolo eventual, pues la estructura del precepto exige desde un principio esa configuración violenta del alzamiento en un tipo penal que históricamente se caracterizó, tanto en el Derecho militar como en el común, como de un alzamiento anudado a la traición (que los dirigentes de la rebelión fueran autoridades legítimamente constituidas,) o a la violencia (incluso al combate entre fuerzas): de ahí, precisamente, que la pena prevista para este delito haya sido tradicionalmente la de muerte (para los dirigentes o impulsores de la rebelión).

Añadido a lo anterior hay que afirmar que la violencia típica sólo puede entenderse como violencia física, tal y como se hace a lo largo de todo el Código Penal con la única excepción, suficientemente protestada desde antaño en homenaje al Principio de Legalidad, del delito de coacciones del artículo 172 del Código Penal. Con la referida singularidad, siempre que en el Código Penal el Legislador ha querido aludir a la intimidación o a la fuerza en las cosas, amenazas o engaño, lo ha manifestado expresamente, y así sucede en numerosos pasajes a lo largo del texto penal (artículos, verbigracia, 144, 172 bis, 173, 178, 237, 244, 455…); más aún: en el mismo Título del Código Penal en el que se incluye el delito de rebelión, cada vez que el Legislador se ha querido referir, como medio comisivo, a algo distinto a la violencia (física) lo ha dicho expresamente: artículos 489, 490, 493, 498, 503, 504, 515, 522…

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Lo que la prisión permanente revisable esconde. Breve manifiesto penitenciario

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una convención por la prisión permanente revisable

El bochornoso debate que presenciamos el jueves pasado en el Congreso de los Diputados sobre la derogación o no de la PPR merece una reflexión. Una reflexión que va mucho más allá de nuestra condición de convencidos penitenciaristas; se trata de una reflexión que hacemos como seres humanos. Tan seres humanos como aquellos que desgraciadamente sufren los delitos más atroces y, nos guste o no, tan seres humanos como los que aparentemente pierden su humanidad cometiéndolos.

El Derecho Penal nace como sustituto de la víctima para perseguir al delito y hacer proporcionada la respuesta social al mismo. La víctima no puede medir esa respuesta porque, salvo la increíble excepción y lección de humanidad que todos hemos visto estos días, a la víctima, por definición, lógica y legitimidad, cualquier respuesta social que se dé al delito le va a parecer insuficiente. Siendo esto así, volvemos al inicio, al bochorno, a la vergüenza que causa observar a nuestros representantes políticos hacer un uso interesado del ser humano que tanto ha sufrido. Nada se explica, nada se piensa y el debate se convierte en un gallinero donde ganan las pasiones. Aquí las pasiones, incluso las nuestras, están claras ¿Hay alguien que se anime a ir más allá?

Aportemos algunos datos. En primer lugar, nuestro CP de 1995, ha sido modificado, en sus poco más de 20 años de vigencia, en treinta ocasiones. Ello como claro síntoma de que lo que impulsa al legislador penal son las pasiones sociales y el rédito político que se quiere obtener de ellas. En segundo lugar, con una tasa de criminalidad en la cola de la UE -no alcanza la cifra de 48 por cien mil habitantes, muy lejos de la media europea de más de 70 por cien mil-, tenemos la tasa de encarcelamiento más alta de nuestro entorno geográfico más próximo -164 presos por cada cien mil habitantes-. Es decir, en contra de lo que comúnmente se transmite y de forma comparada con los países con los que compartimos tradición jurídica y democrática, somos un país donde se cometen pocos delitos pero se responde de la forma más severa frente a ellos. Como ejemplo de ello, y en concreto para la PPR, los ordenamientos en los que dice inspirarse sitúan la revisión de la cadena perpetua en torno a los 15 años -es el caso del ordenamiento alemán-. Nuestro art. 92 CP ubica esta posibilidad, en el mejor de los casos, tras 25 años de cumplimiento. Dicho de otro modo, el tiempo de cumplimiento que nuestra norma establece como requisito para el acceso a permisos y al tercer grado, es el mismo que sirve en Alemania para obtener la libertad definitiva ¿Se detecta la desproporción?

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URJC: Notablemente indignados

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Cristina Cifuentes

Quienes somos y hemos sido estudiantes de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), asistimos indignados a su deriva. Años de sacrificio, miles de horas en transporte público y súplicas por un trabajo precario con el que hacer frente a la matrícula, recompensados con un papel que no vale nada.

Ante la lamentable actuación de la URJC durante los últimos días, nos vemos obligados a defender, una vez más, nuestra dignidad frente a una institución caracterizada por su dilatado historial de corrupción. Con este artículo, no pretendemos otra cosa que reivindicar nuestro derecho a no sentirnos señalados.

El pasado miércoles, 21 de marzo, el rector Javier Ramos ofreció una rueda de prensa precipitada, con explicaciones confusas y difícilmente creíbles. La razón: unas calificaciones presuntamente falsificadas en el expediente de una alumna; el enésimo caso de desprestigio para la URJC.

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La verdadera historia de BiciMAD

Bicicletas del servicio de BiciMAD

Aunque algunos se empeñen en cambiar la realidad, la historia del sistema de bicicleta pública de Madrid, BiciMAD, desde que me convertí en responsable del Área de Medio Ambiente y Movilidad del actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid, es la crónica del rescate necesario, ineludible y urgente. Ha sido la solución para un servicio de movilidad que se había revelado de máxima utilidad para la ciudadanía que, por arte de la pésima gestión del gobierno municipal del PP, se había convertido en una pesadilla para los madrileños, en un auténtico quebradero de cabeza para el Ayuntamiento y en un pozo sin fondo desde el punto de vista económico-financiero.

La historia del servicio de bicicleta pública de Madrid comienza en 2009, momento en que el Partido Popular gobernaba el Ayuntamiento, con Alberto Ruiz Gallardón de alcalde. En ese año, el Consistorio encarga a la Empresa Municipal de Transportes (EMT) la realización de un estudio de viabilidad para la implantación de un sistema de bicicleta pública en Madrid. El 30 de diciembre de ese año salió a licitación, bajo el nombre MyBici, un sistema esencialmente idéntico a biciMAD: 1.600 bicicletas con 120 estaciones. El contrato salió por 51,4 millones de euros e iba a tener una duración de 10 años. Lamentablemente, en mayo de 2010 el PP se dio cuenta de que no había hecho bien las cuentas y de que con la enorme deuda municipal que provocaron no había dinero para MyBici. 

Cuatro años más tarde, en 2013, el mismo PP, ahora con Ana Botella a la cabeza, vuelve a licitar un sistema de bicicleta pública para Madrid: 1.580 bicicletas y 120 estaciones. Todo era similar a 2009 excepto un par de detalles: el precio y las condiciones del contrato. El PP lanza la licitación por 27,6 millones de euros, alarga la duración del contrato a 12 años e incluye un servicio adicional (la gestión de las vallas móviles de la ciudad). Es decir, el Partido Popular decide que el servicio de bicicleta pública puede costar tres veces menos al año que en 2009 y, todo esto, sin ningún estudio ni informe que lo respaldara.

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En defensa de la Rey Juan Carlos, frente a las intromisiones de la política

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Entrada del campus de Móstoles de la URJC. / S.P.

Ayer, de camino a la URJC recibí un misil informativo: personal de nuestra universidad parece que está involucrado en la obtención supuestamente poco ética de un título de máster de la presidenta de la Comunidad. Es desolador. Otra losa a sumar a la carga de desprestigio que vestimos cada día.

No quiero sumergirme en el fango de los detalles de este caso. Vivimos otra tormenta perfecta en el que todo lo peor de la clase política, mediática y universitaria se mezcla de forma turbulenta para conseguir el fin último; dar pábulo a ese mensaje trumptiano de que la universidad pública no funciona. No es momento de entrar a detallar los problemas derivados de la gobernanza de nuestras universidades, ni del sinsentido de la intromisión política en buena parte de ellas, ni de la falta de proyectos sólidos y estratégicos de servicio público, ni de las oportunidades perdidas durante las crisis padecidas para hacer de nuestras universidades un motor real de cambio de nuestra sociedad. Eso daría para muchas líneas. No, hoy sólo quiero reivindicar a muchos de mis compañeros y al trabajo que hacemos en esta denostada URJC.

Sé que todos tendemos a simplificar y estereotipar: los catalanes son… o los del Madrid hacen… Así, leemos con bochorno los comentarios vertidos sobre nuestra institución sin hablar con profesores y/o alumnos de la casa. La URJC es… lo peor de las universidades públicas; es la universidad del PP; es un cementerio de elefantes políticos. Duele, profundamente. Hace unas semanas en una reunión en Bruselas unos colegas alemanes se hacían eco de pasados calvarios y preguntaban sobre lo acontecido en la URJC en meses anteriores. Difícil tarea. Son muchos los grupos y áreas donde el trabajo es espartano y donde la dedicación a la academia absolutamente monacal. Ínsulas que forman muchos archipiélagos de éxito científico y visibilidad internacional, donde se habla de ciencia y se intenta trasmitir a los alumnos pasión por lo que se hace, honestidad y ética en el quehacer y en el cómo vivir. Si, sitios donde se habla de éxitos en publicaciones científicas de alto nivel, o donde se discute cómo mejorar las actividades docentes y llegar mejor a los alumnos. Lugares donde los estudiantes de doctorado preparan foros para discutir sobre cuestiones situadas en el mismo borde la ciencia, o donde la lista de visita de profesores de prestigiosas instituciones extranjeras o de colegas en régimen sabático es muy elevada. Áreas donde podemos escuchar muchas lenguas y donde se han conseguido generar entornos de impacto global y a dónde se acercan académicos de todo el planeta. Esto es URJC. Una universidad pública y joven del entorno más popular e históricamente abandonado de Madrid. En Móstoles, Fuenlabrada, Alcorcón no hay centros de organismo públicos de investigación, ni otras infraestructuras nobles. La URJC es su ventana a la modernidad. ¿Nos la cargamos?

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El feminismo no es ideología. O de por qué todas y todos debemos ser feministas

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Cabecera de la manifestación del 8M en Madrid

El 8M fue histórico, e histórico va a ser también el número de análisis, observaciones y reflexiones que va a generar. Una de las cosas que se repiten en medios antifeministas y/o de derechas (el antifeminismo no es de derechas por definición -pero este sería tema para otro artículo) es que la igualdad es transversal, es decir, afecta a y pasa por todas las posiciones políticas; acto seguido se añade el lamento de que es una pena politizar una jornada de huelga y de movilización por la igualdad. No siempre, pero a veces, esta apreciación se adereza con la queja añadida de que la huelga y toda la jornada del 8M en general se ha ideologizado.

No se sabe si “político” e “ideológico” son sinónimos, cabe la sospecha de que algunos interpretan ambos términos como similares o muy cercanos a “partidista”. El caso es que las feministas contestan, sorprendidas, que la huelga y las manifestaciones son per se una convocatoria política, porque el feminismo lo es. La queja por la supuesta o real politización y/o ideologización de la Jornada del 8M se vincula al hecho de que en alguno de los manifiestos que invitan a secundar la convocatoria se hace defensa expresa o implícita de alguna forma de anticapitalismo; es decir, según esta versión de la queja, la defensa de la igualdad (y tal vez el propio feminismo) serían apolíticos o estarían al margen de las ideologías. El anticapitalismo sería, en cambio, expresamente político-ideológico. De la misma manera, ante el reproche similar que dice que feministas somos todas, pero que esta es una huelga “ideológica”, algunas feministas replican que el feminismo es una ideología, ergo por supuesto que la del 8M es una huelga ideológica; no es que sea feminista y además ideológica, sino que sería ideológica precisamente porque es feminista. Resulta que para algunas tildar algo de ideológico es connotarlo negativamente. Para otras en cambio decir "es mi ideología" es como decir son mis ideas, mis principios (o sea, tengo ideas tengo principios), algo bueno. Qué lío ¿no?

Entonces: ¿es el feminismo una ideología o no lo es? Pues depende de cómo definamos ideología. Y feminismo. Claro. Recordemos además que las palabras tienen a veces varias acepciones, y también tienen connotación. E historia.

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Manipulación, verdad y colonialismo en los hechos de Lavapiés

Manifestación en Lavapiés por la muerte del mantero Mame Mbaye

La construcción de la realidad es un acto voluntarioso, no fortuito. La interpretación que hacemos de los hechos, la imagen que tenemos del mundo es construida socialmente. Cuando en una sociedad dada el poder tiene todos los mecanismos de interpretación de la realidad, educación, gran prensa, televisión… estos operan siempre en favor de los grupos privilegiados frente a las personas desempoderadas. Fácil es recordar que la esclavitud fue legal en su tiempo, ergo escaparse de un secuestro esclavista o incluso cuestionar dicha institución estaba perseguido y penado. Hasta la centuria 118 EH* (siglo XIX) los poderes financieros apoyaban la esclavitud, pero también la Iglesia Católica la apoyaba, y por supuesto el poder político incluyendo la monarquía, así como la mayoría de los filósofos y catedráticos de las instituciones culturales y educativas.

La esclavitud se basaba en la idea de “justa lid” esto quiere decir que se suponía que la esclavizada o el esclavizado debían haber sido capturados en una “guerra justa” generalmente aprobada por el papa de Roma, algo así como las que aprueba hoy en día el consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Con el correr del tiempo, cuando se comprobó que dicho argumento no se aplicaba a casi ningún caso, apareció una nueva idea, la de la inferioridad de la persona llamada “negra”. La persona “negra” era “inferior, inmoral, torpe y perezosa”, y había que civilizarla, aunque fuese a la fuerza, es decir esclavizándola, si eso era posible claro. Por eso las leyes sobre esclavitud de la centuria 115 EH (Siglo XVI) decían que no se debían llevar a Abya Yala (“América”) Ladinos es decir afrodescendientes hispanizados, “Mulatos” es decir personas de doble ascendencia y Jelofes, es decir Wólofs de Senegal. El motivo: que “ ….han intentado y probado muchas veces de se alzar y han alzado… y malaconsejaban a otros esclavos”. O sea, que no se dejaban someter.

Hoy en día algunas cosas no han cambiado tanto, los argumentos del poder para sojuzgar a las y los desempoderados de hace unos siglos y los de ahora se parecen más que bastante. Se podrían dar muchos ejemplos: las leyes sobre esclavitud prohibían a las y los esclavizados vender productos sin consentimiento de su secuestrador (“amo”) y a los españoles libres les prohibía comprar nada de los esclavizados porque podían ser objetos robados (cámbiese “robados” por objetos falsificados y ya tenemos el principal argumento contra la manta). También se prohibía a las y los esclavizados circular libremente, especialmente de noche sin la correspondiente cédula ¿les suena familiar? También existía la exculpación para el perseguidor de “negros”. Una ordenanza de la Isla Española decía: “ …que, si en la persecución o prosecución de los dichos esclavos alguno se defendiere o le mataren, porque de otra manera no les pueden prender, que no tengan por ello pena alguna, ni lo sean obligados a pagar.

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