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Lo del Popular no es lo que parece

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Banco Popular

"Entre todos la mataron

y ella sola se murió"

Los que están en el ajo saben bien que hace mucho tiempo que el problema del Popular dejó de ser un asunto puramente bancario, a pesar de las dificultades financieras obvias que afrontaba, y de los que son responsables en gran medida quienes la dirigieron y gobernaron hasta hoy.

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Colombia, ¿están amenazados los acuerdos de paz?

Imagen de archivo de guerrilleros de las FARC en Colombia.

I.- Después de una intensa semana en Bogotá, de múltiples reuniones con partidos políticos, fuerzas sociales, congresistas, incluyendo representantes de las FARC, llego a la conclusión de que hay voluntad, y necesidad, de que se cumpla lo pactado en la Habana pero, también, de que existen poderosos enemigos de la paz.

Terminar con 52 años de conflicto armado no es nada fácil sobre todo cuando fracasaron los numerosos intentos anteriores. Colombia sigue siendo un país en vías de desarrollo, con una renta por habitante un poco por encima de 6000 euros, uno de los más desiguales de América Latina que, a su vez, es la región más desigual del mundo. Si nos fijamos en las zonas agrarias, donde vive casi la mitad de la población del país, la desigualdad es abismal, –con un índice de Gini del 0,90– casi desigualdad absoluta. Para hacernos una idea más precisa tenemos que partir de que los predios de más de 500 hectáreas, en manos del 1% de los propietarios, suponen el 41% de la tierra, mientras más del 60% de la población campesina malvive por debajo del umbral de la pobreza. Saqué, pues, la conclusión de que éste es el problema histórico de Colombia, el probable origen de su violencia endémica y mientras no se resuelva poco se habrá avanzado.

II.- Sin duda, durante los últimos años, la situación ha mejorado, especialmente en las áreas urbanas. Un 10% ha salido de la pobreza extrema y, a partir de los acuerdos de paz, los muertos por actos violentos y los secuestros han descendido de manera considerable. Pero no han desaparecido del todo.

En una memorable sesión de la Comisión de Paz del Congreso de la República, representantes de los partidos defensores de los Acuerdos realizaron un duro alegato, con profusión de pruebas, sobre la actuación de los grupos paramilitares que siguen asesinando a líderes de las comunidades campesinas con la probable intención de que no se puedan presentar a las futuras elecciones. Acusación que el Gobierno niega aunque la realidad es tozuda. Representantes campesinos, que fueron llamados a declarar en la sesión, habían obtenido vídeos que demostraban de manera indubitable la actuación de los paramilitares.

Esta situación se mantiene por el hecho insólito de que extensas áreas del país, abandonadas por las FARC como resultados de los acuerdos de paz, no han sido ocupadas por el Estado colombiano, Ejército o Policía, sino por diversos cárteles de la droga, bandas de diferente pelaje y para militares, quedando así las comunidades campesinas más desprotegidas que antes. Prueba de la debilidad del Estado, otro mal endémico del país, si bien las FF.AA. colombianas son las segundas más numerosas de América Latina, con un coste cercano al 4% del PIB.

III.- El Gobierno Santos y la mayoría de los partidos políticos del Congreso son partidarios de que se cumplan los acuerdos de paz porque en ese envite se juegan el futuro de Colombia. Sin embargo, no hay que olvidar que en el referendo de octubre de 2016 triunfó el NO a los Acuerdos y fue gracias a la movilización, en la calle, de los colombianos lo que permitió retomar el proceso, renegociar lo pactado y alcanzar la aprobación definitiva por el Congreso en diciembre de ese mismo año. Demostración de la voluntad y flexibilidad de las partes de lograr el final del conflicto.

Por su parte, las FARC han dejado claro que, en ningún caso, van a regresar a la lucha armada. Su intención es celebrar en agosto de este año un congreso con la finalidad de transformarse en un partido político definido como marxista-leninistas bolivariano, con un programa en principio moderado: que se cumplan los acuerdos de paz. No han manifestado intención de presentar candidato a la presidencia de la República y se inclinan, en las legislativas, por intentar fórmulas de alianzas tipo el Frente Amplio uruguayo, cuestión bastante difícil a corto plazo.

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La lotería de la transparencia en España

Mariano Rajoy y Sorya Sáenz de Santamaría, en el Congreso de los Diputados.

Si la persona que en estos instantes lee esta tribuna tuviese que apostar, ¿a qué información diría que a día de hoy es más probable tener acceso: al salario del personal eventual que asesora a los ministros y ministras o a los documentos en los que el Consejo de Ministros se basa para tomar sus decisiones cada viernes?

Lo cierto es que hablar de la transparencia en España es como jugar a la lotería: la ausencia de una verdadera política de apertura y transparencia por parte del Gobierno hace que intentar acceder a la información pública se parezca más a un juego de azar que al ejercicio de un derecho fundamental.

Los órdenes del día del Consejo de Ministros son ahora accesibles, por primera vez en la democracia, aunque solo tras la resolución favorable del Consejo de Transparencia ante una solicitud de Access Info Europe.

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Plurinacionalidad: España frente al espejo sociológico

Varias personas sostienen una bandera "estelada" durante una manifestación de la Diada Nacional de Catalunya.

Pertenezco a esa generación que, mientras estudiaba, tuvo que leer la España invertebrada. Durante aquellos años agonizaba la dictadura y los barrios populares de Las Palmas de Gran Canaria se habían convertido en un hervidero. No obstante, se podría decir que había un abismo entre lo que decía el libro y lo que se vivía en la calle. Sucedía, si me permiten la comparación, algo parecido a lo que sucede ahora.

Ortega y Gasset intentaba demostrar en este libro la existencia de una fuerza centrífuga de carácter histórico que irremediablemente iba a condenar al país al desastre: los "nacionalismos particularistas". Una categoría que trataba de forma patológica a todas aquellas sensibilidades políticas que no se identificaban nítidamente con la imagen unitaria de España. Se refería, principalmente, a Euskadi y Catalunya.

Los años han pasado y, afortunadamente, ha cambiado bastante nuestra realidad social. Lo que hace todavía más sorprendente la manera en que, en cierto modo, aún pervive ese relato, convertido hoy en un auténtico mantra. Quizás por eso, ahora que hemos llegado a un momento en el que no se debería evitar el debate acerca de nuestro modelo de Estado, Mariano Rajoy y, en general, todos los partidos que de manera directa o indirecta han hecho posible que este continúe como presidente del Gobierno coinciden en retratar a quien se atreve a plantear esta cuestión como a "malhechores". ¿Su crimen? No participar de su absolutista visión de lo que constituye lo nacional.

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Trump, cazadores y pronucleares: Premios Atila para el Día Mundial del Medio Ambiente

El ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal

Hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, que así como día, suena bastante bien. Las redes se inundarán de tuits de nuestro Gobierno, de las empresas eléctricas que apuestan por un mundo más verde y hacen anuncios chulos en la tele, de nuestro comisario Arias Cañete diciendo lo malo que es Trump porque no cree en el cambio climático... Si a una la pillan despistada, tanto elenco de buenas declaraciones puede llevarla a concluir que estos señores se dedican de verdad a cuidar del medio ambiente, aunque sea un poquito. ¿Es esto cierto?, ¿aunque sea un poquito? A tenor de cómo evolucionan las cosas, lo cierto es que no, no es cierto. Piense en el cambio climático, en la contaminación del aire, en la deforestación de los bosques, en la incineración de residuos, o en la presión sobre los espacios naturales protegidos. No parece que la cosa vaya bien.

Y para visibilizar este sinsentido, el sinsentido de que quienes deben organizar y gestionar correctamente los recursos y los bienes comunes para que todas vivamos dignamente sean precisamente quienes no lo hacen, Ecologistas en Acción otorga cada año la víspera del Día Mundial del Medio Ambiente los premios Atila y Caballo de Atila a las peores conductas ambientales del año. Llevamos 25 años dando estos premios y el listado de premiados explica por sí solo por qué cada vez está peor lo que nos permite estar vivos (entendiendo aquí lo que nos hace estar vivas como todo aquello que mantiene sanos los ecosistemas de los que dependemos para respirar aire limpio, para beber agua sana, para que los insectos puedan polinizar las flores de las plantas que nos alimentan, para que nuestros suelos no estén contaminados, para que no tengamos que vivir cerca de un cementerio nuclear, para que siga habiendo peces en el mar…y cosas así). Ministros de medio ambiente, de energía, de fomento, presidentes de gobierno, bancos, instituciones europeas, grandes transnacionales…han sido los habituales de nuestra alfombra roja.

Este año nuestro premio Atila va compartido para Álvaro Nadal (nuestro ministro de Energía y Turismo) y para el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Así como premiados hay que reconocer que les falta glamour pero lo saben suplir elegantemente haciendo valer sus intereses. Hasta tal punto que siguen empeñados en reabrir la central nuclear de Garoña, a pesar de que ni sus dueños quieren hacerlo, y en ampliar la vida útil de las centrales nucleares españolas a pesar de que ya nadie se cree que esta energía nos vaya a traer (a los ciudadanos y ciudadanas de a pie, se entiende) nada útil.

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España en crisis (ecológica)

La lógica del actual modelo económico nos ha llevado a tres grandes crisis: económica, social y ecológica. Pero hay dos consecuencias terribles de la aplicación de la lógica del sistema que corren paralelas y desbocadas: la profundización de la brecha de desigualdad social, y el agravamiento del deterioro ecológico.  Los indicadores son cada vez más contundentes, y en algunos casos, como el deterioro ambiental, son ya irreversibles.

Esta situación global, se reproduce localmente de forma imparable. La crisis ecológica que sufre nuestro país es cada vez más profunda, y no se está actuando para detenerla.

El cambio climático tiene especial impacto en nuestra región. Pequeños cambios de temperatura o en el régimen de lluvias pueden tener efectos devastadores sobre nuestro entorno. Pensemos, por ejemplo, en el impacto que tendrá sobre nuestro litoral una subida del nivel del mar, aunque sea de unos pocos centímetros. En unas costas colonizadas por miles de edificios que están, en muchísimos lugares, a solo unos metros del agua, la subida del nivel del mar va a ser devastadora. Y la subida del mar no es una hipótesis, está ocurriendo ya. De hecho, algunos países europeos están tomando medidas preventivas ante lo que se nos viene encima. En nuestro litoral hay amplias zonas urbanizadas que, más temprano que tarde, van a ser alcanzadas por la subida del nivel del mar. ¿Cómo vamos a responder cuando esa situación llegue? Ese día cada vez está más cerca.

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¿Para qué sirve el pacto de estado contra la violencia de género?

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No hay que hacer un Pacto de Estado para mejorar una ley. Ni para ampliarla. Ni para analizar en qué está fallando. Un Pacto de Estado lo define el carácter excepcional ante una circunstancia que supera los postulados partidistas o ideológicos, porque afecta a la sociedad en su conjunto de una forma trascendental.

No hay que confundirlo con la propia idiosincrasia de gobernar, del sistema parlamentario, en la que los partidos buscan el acuerdo de las Cámaras para sacar adelante una u otra propuesta. Ni con la propia exigencia de pedir ese acuerdo para el bien del país respecto de algunas cuestiones.

Un pacto de Estado va más allá y, además del carácter simbólico, debe articularse en torno a la actuación conjunta de todo el aparato institucional. Y eso requiere, para empezar a hablar, de dotación presupuestaria y asignación de recursos.  Nadie debería haberse sentado a hablar con el Partido Popular sin esta premisa.

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Desigualdad y pobreza: el país de Donald Trump

Un homber sin hogar en la ciudad de Washington DC, en EEUU.

A menudo se afirma que la economía estadounidense es un modelo a seguir por la "vieja y desnortada" Europa.

Ya antes del estallido de la crisis este era un mantra muy utilizado en los círculos académicos, mediáticos y políticos. Lejos de evaluar las ventajas e inconvenientes de las economías situadas a ambos lados del Atlántico, quienes argumentaban en estos términos pretendían justificar la necesidad de implementar en Europa las políticas neoliberales que en su opinión tan buenos resultados daban en Estados Unidos; muy especialmente las que apuntaban al mercado de trabajo, exigiendo su desregulación (flexibilización, utilizando un eufemismo muy recurrente).

El crack financiero, cuyo epicentro fue precisamente Wall Street, fue un duro golpe para este relato, alimentado en el paradigma de "todo mercado". No obstante, cuando estamos a punto de cerrar una década de crisis económica –o, en el mejor de los casos, de lenta e inestable recuperación–, el icono estadounidense reaparece con fuerza. Este país, con un "mix" de políticas económicas acertado, estaría mostrando el camino de salida de la crisis.

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El PSOE no tendrá una segunda oportunidad

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Pedro Sánchez, tras su victoria en las primarias del PSOE, junto a Adriana Lastra y José Luis Ábalos.

Un amigo mío, que no está afiliado al PSOE ni a ningún otro partido, me contaba que había militado en el PCE desde 1967 a 1976. "Muerto el perro se acabó la rabia", decía, y dejó el PCE. De esto han pasado ya 41 años. En 1982 votó al PSOE. Al PSOE del cambio. El PCE le había defraudado porque en la Transición había renunciado a demasiadas cosas a cambio de un lugar en este mundo. Nunca fue comunista, me dice que simplemente fue un antifascista entre tantos estudiantes y jóvenes profesionales de los 60 y 70.

Pasado el tiempo, y con el recuerdo amargo de aquellos años, mi amigo ha acabado pensando que el franquismo fue poco más que pura mediocridad, corrupción y crueldad. Una construcción singular de este país nuestro –el nacional-catolicismo– cimentada en la paz de los cementerios y de una Iglesia Católica pagana carente de compasión, la más elemental de las virtudes de nuestra especie. Su única misión consistió en dejar arrasada y sembrada de sal la mejor España que había emergido de nuestro convulso siglo XIX y de la efervescencia intelectual y regeneracionista de los primeros años 30 del siglo XX. Y además se pregunta, irónicamente, que dónde estará agazapado el franquismo, porque estar está. A mi amigo no le cabe la menor duda. A mí tampoco.

La realidad es que a no pocos trabajadores, estudiantes y jóvenes profesionales que tuvieron la mala suerte de haber nacido 20 o 30 años antes de que el régimen franquista se extinguiera poco les importan hoy las disputas entre los progresistas y sus partidos. Y con una alta seguridad creo que también podría afirmarse lo mismo de quienes son más jóvenes. Me atrevo a decir, incluso, que lo que realmente les importa, por el contrario, es lo que tienen en común esos partidos que, en esencia, es todo. Si acaso en algo difieren es en las formas y ambiciones personales y corporativas que alcanzaron su cumbre en las "dos orillas", ese discurso anguitista digno también de otra mediocridad hispana de la que parece que somos incapaces de escapar. Siempre aparece algo –si no es una cosa, será otra– que impide discernir entre lo fundamental y lo accesorio. Así está la izquierda y así está nuestro país cuando se enfrenta al futuro, sea el de mañana o el de pasado mañana.

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Migrantes y activismo: tomemos de una vez la palabra

Imagen de archivo: manifestación en Barcelona el Dia Internacional del Migrante / ROBERT BONET

¿Podría alguien concebir que el espacio discursivo de la lucha feminista no fuese ocupado por mujeres? Nadie. ¿Por qué no ocurre lo mismo con la lucha por los derechos de las personas migrantes?

Desde hace un tiempo vengo debatiendo en diferentes espacios de activismo la necesidad de que las personas migrantes comencemos a ocupar la primera línea en el debate de todo aquello que nos incumbe. Nuestro colectivo sufre en primera persona, y en múltiples ámbitos, una serie de problemáticas que se relacionan con el hecho intrínseco de ser "migrante", categoría que tiene implicancias sociales, políticas y económicas para quienes formamos parte de ella. Sin embargo, estas problemáticas suelen ser "contadas" y "explicadas" por quienes no viven en primera persona esta situación.

Ejemplos hay muchos: debates televisivos, charlas, mesas redondas, foros, etc., en los que personas no migrantes –casi siempre blancas y españolas– hablan sobre lo que nos ocurre y afecta. Lo mismo pasa en las marchas y concentraciones que se hacen en favor de nuestros derechos, donde es común que la portavocía recaiga sobre una persona española. La premisa parece ser: "Yo soy capaz de contar mejor que tú lo que te pasa a ti".

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