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Frankenstein y el arroz dorado

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Una plantación de maíz.

Llevamos utilizando herramientas de piedra desde hace por lo menos dos millones y medio de años, lo que significa que ya éramos una especie tecnológica al menos millón y medio de años antes de empezar a desarrollar inteligencia avanzada. Somos un mono cíborg incapaz de sobrevivir en ausencia de nuestro apoyo técnico. Para el ser humano no hay un edén pretecnológico al que volver: somos primates simbiontes con nuestra tecnología.

Y sin embargo a lo largo de la historia siempre hemos desconfiado de nuestras herramientas y temido sus efectos. El síndrome de Frankenstein, el temor patológico a nuestras propias creaciones, es real y muy antiguo: puede rastrearse desde la desconfianza de Platón hacia el efecto de la escritura en la mente humana hasta los movimientos luditas del siglo XIX pasando por el rechazo al ferrocarril, la electricidad o el telégrafo, el feroz odio a las vacunas por su carácter ‘artificial’ o el pánico a los móviles.

Lo nuevo genera rechazo, especialmente cuando afecta al mundo natural como ocurre con los cultivos genéticamente mejorados. La existencia de una tecnología capaz de modificar la herencia de los seres vivos le parece a muchos una abominación en el sentido religioso del término: algo pecaminoso, impuro. No importa que llevemos al menos 10.000 años modificando y adaptando a nuestras necesidades plantas y animales hasta el punto de crear seres vivos antes inexistentes como el maíz; no importa que las técnicas usadas hasta ahora sean mucho más imprecisas y provoquen más efectos secundarios.

De este modo surgen exigencias diseñadas no para garantizar la seguridad e idoneidad de estas técnicas, sino para bloquear su desarrollo. Se buscan pruebas de riesgos sanitarios, agrícolas, ecológicos, económicos o políticos y cuando no se encuentran se inventan o se fuerzan. Se exige demostración de una absoluta falta de riesgo imposible de proporcionar o se dificultan los adecuados ensayos y luego se dice que faltan datos. En algunos casos se destruyen campos experimentales y se amenaza o incluso se atenta contra los científicos implicados [pdf]. Técnicas de pura agitación.

Y como las pruebas científicas serias de daños reales faltan se añaden cuestiones económicas y políticas reales que afectan a la industria agrícola y al medioambiente, pero no son exclusivas de los cultivos genéticamente mejorados: prácticas extendidas como el comercio de variedades mejoradas y la prohibición de replantarlas, los abusos de posición dominante de empresas oligopolísticas, la incapacidad de los gobiernos para mantener mercados justos y el creciente impacto medioambiental de la agricultura industrial. Temas políticos importantes que es necesario abordar en sus ámbitos correspondientes, pero que nada tienen que ver específicamente con los OMGs (Organismo modificado genéticamente). La solución a los problemas agrícolas y alimentarios del mundo no es bloquear una tecnología incipiente, sino la acción política y la movilización.

Claro que un principio básico de la movilización es crear un enemigo y concentrar sobre él los ataques. El problema de los cultivos genéticamente mejorados no es tecnológico ni económico, sino político: quienes se oponen a determinadas prácticas y desean presionar a los gobiernos han convertido esta tecnología en el Coco. Y para ello han creado, como se hace en toda lucha política, una narrativa: los OMGs son malos para la salud, para el medioambiente y para la sociedad y es necesario limitarlos, regularlos y etiquetarlos.

Este es el problema: es perfectamente aceptable discutir los posibles males que se pueden derivar del uso de una tecnología, pero para hacerlo con seriedad hay que usar hechos. Y la afirmación de que los cultivos genéticamente mejorados son negativos para la salud o el medio ambiente es simplemente falsa. No hay ninguna prueba que indique que esta tecnología provoca enfermedades, como tampoco de que cause más problemas medioambientales que cualquier otra técnica agrícola estándar. Las pruebas que a veces se manejan son inadecuadas hasta acercarse a la grotesca manipulación.

Por eso el asunto del arroz dorado es un problema para organizaciones políticas como Greenpeace: porque desmonta su narrativa al probar que muchas de las objeciones a los OMGs no son más que engañifas, amenazas fantasmales sin sustancia real. No todos los cultivos genéticamente mejorados son propiedad de malvadas empresas monopolísticas como el supervillano Monsanto; no todos los cultivos mejorados mediante ingeniería genética son para aumentar los beneficios de unos pocos; no, estas variantes no necesariamente están vinculadas con plaguicidas; no, esta tecnología de mejora agrícola no es intrínsecamente mala, sino herramientas que se pueden utilizar incluso para ayudar a los más desfavorecidos.

Hoy tenemos 7.400 millones de seres humanos en el planeta Tierra, un número que  se estabilizará entre 9.500 y 12.500 millones de personas hacia el año 2100. Para honra nuestra en las últimas décadas la cantidad de gente hambrienta y malnutrida es la más reducida de nuestra historia en términos relativos, una reducción que se produjo gracias a la Revolución Verde de Norman Borlaug; un enorme salto tecnológico que permitió multiplicar la producción de alimentos en un momento crítico en el que análisis técnicos preveían el colapso económico mundial para el siglo XXI por absoluta carencia de recursos.

Pero el calentamiento global, la deforestación de nuestras selvas y múltiples crisis ecológicas demuestran que estamos otra vez alcanzando los límites: sin un nuevo cambio tecnológico habremos alcanzado el tope de nuestra producción agrícola y el hambre dejará de reducirse. Ya no quedan nuevas tierras que roturar sin causar un daño letal al conjunto del planeta. Nuestra única posibilidad es aumentar la productividad, a ser posible reduciendo además el uso de abonos y plaguicidas.

Como otras veces a lo largo de nuestra historia el ingenio del ser humano nos ha proporcionado conocimientos y herramientas para atacar este problema. Gracias a la ingeniería genética podemos manejar las características de animales y plantas con una precisión y una delicadeza sin precedentes y crear variedades con capacidades inimaginables: podremos cultivar en tierras infértiles con menos abonos y plaguicidas y mayor rendimiento.

Justo cuando nos hace falta la ciencia ha puesto a nuestra disposición una caja de herramientas útiles para resolver nuestros problemas alimenticios e incluso reparar los daños que hemos provocado antes. Esto forma parte de una tradición que se remonta a más de dos millones de años atrás, la historia de un primate simbionte con su tecnología que va aprendiendo no sólo a desarrollarla, sino a usarla cada vez mejor. Tirar por la borda esa caja de herramientas por cuestiones de ideología política, mala ciencia y visceral rechazo no sólo sería poco inteligente: sería una traición a lo que somos.

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Un tiempo nuevo

Pretender encontrar una única causa sobre lo ocurrido el 26J creo que es imposible, se cruzan demasiadas variables y no podemos compararlo con otro caso para comprobar qué hubiera pasado en otro supuesto si modificamos algunas de esas variables. Sin embargo, estoy convencido de que el debate y el reto fundamental al que se enfrenta Podemos tiene más que ver con el enfoque y las prácticas a desarrollar en el futuro. El debate sobre el futuro es la mejor forma de corregir lo pasado. Ahora le ha llegado el turno a la estrategia en detrimento de la táctica, ahora esas tinieblas abren un campo de posibilidad constituyente. ¿Qué es lo fundamental y cómo enfocarlo?

Aclaremos. Cualquier apuesta es inofensiva si no es capaz de transportar las sensaciones, los imaginarios, las proyecciones, si no consigue reinterpretar los miedos, temores y esperanzas de su época. En definitiva, sin una buena guía de las pasiones humanas y del modo en el que desea la sociedad, la política es inocua. Se trata entonces de poner por encima de las etiquetas e identidades particulares, la importancia por recordar que las reformas sociales no se logran nunca por la debilidad de los fuertes, sino por la fuerza de los débiles.

Entonces, ¿dónde está la fuerza, cómo encontrarla? Nos sucede como al filósofo Slavoj Zizek analizando la película Matrix, cuando a la hora de elegir entre las dos pastillas que Morfeo le ofrece a Neo, Zizek responde, ¡quiero la tercera pastilla! Exacto, no se trata de discutir sobre la base de ser más o menos "radical" dentro el mismo plano, se trata más bien de cambiar el propio plano. El virtuosismo de la política transformadora reside en el contenido, en esa materia capaz de movilizarse y hacer real la verdad efectiva de la cosa. La verdad siempre es un proceso sujeto a la impugnación. La fuerza, por lo tanto, está en aquella estrategia que permite crear racionalidades compartidas empujadas por un interés –deseo- democratizador.

Todo el imaginario neoliberal que proyecta la defensa de "la economía por goteo" junto con el prototipo del "triunfador"  a modo de motor dinámico de la economía, frente al vago, el que protesta y el “perdedor” que vive de las ayudas sociales, viene de una lectura reaccionaria del deseo por dejar de ser clase obrera. La paradoja de toda esta visión neoconservadora reside curiosamente en una potencia de liberación. Los años 80 de Thatcher y Reagan consiguieron ofrecer una “salida” a esa subjetividad surgida en los años 60 y los 70, ahí donde la izquierda solo consiguió “resistir” durante un tiempo pero sin ofrecer un nuevo encaje. El deseo de la “huída de la fábrica”, de la burocracia y la vida disciplinada, ha sido articulado por una racionalidad neoliberal que proyecta ese querer “dejar de ser clase obrera”, desde la perspectiva de la escapada individual en lugar de la emancipación colectiva. Esta posición se percibe en muchos de los argumentos que esgrimen los votantes del PP, pero sin duda, va más allá de ellos. Por lo tanto, insistir en la defensa de un imaginario pretérito identificado con una esencia fijada a una tradición concreta, que la propia fuerza de trabajo abandonó hace tiempo, fortalece esta posición. La cuestión de la política “radical” aparece cuando nos preguntamos cómo se reorienta ese mismo deseo hacia otras formas de relacionarse y de producir dentro de una racionalidad democrática.

Los procesos de transformación social que han ejercido la fuerza de los débiles siempre han compartido la noción de transversalidad. Son esos acuerdos sociales que resultan ser ampliamente asumidos por distintos grupo sociales y apuntan al núcleo de poder del adversario. Desde la Comuna de París al 15M, las experiencias tumultuosas han atravesado a la sociedad provocando de manera inédita y curiosamente armoniosa, el encuentro colectivo que remueve lo que era impensable. Transversales porque los de arriba se codean entre los de arriba fugándose de su la relación con los de abajo, y al igual que en la Francia que analizaba Marx, el Imperio los había arruinado económicamente con su dilapidación de la riqueza pública, con las grandes estafas financieras que fomentó.

En el tránsito hacia un modelo más aperturista, enraizado y regido por los tiempos de la estrategia, la tarea de Podemos debe ser doble. La primera pasa por empezar a dar pasos hacia una mayor articulación autónoma en la organización. La segunda tarea, que está relacionada con la primera, es servir de soporte para abrir espacios de agregación y participación donde se  encuentre la vida cotidiana. Extender una tupida red de Moradas por todo el territorio ofreciendo alternativas culturales de ocio, de resolución de problemas, y de construcción ciudadana, resulta fundamental. El movimiento popular se puede empezar pensando por lo más cercano. En Málaga se dio una iniciativa muy buena al respecto; “Podemos tomarte la tensión”. Un médico le tomaba la tensión en la calle a quien quería tomársela. Ese es el camino: micro abierto para rapear, torneos de Fifa con la playstation, talleres para ensayo de grupos musicales, clases de pilates o yoga, ludoteca, clases de refuerzo para colegiales, diseño gráfico, carpintería, gimnasio, fomento de una economía colaborativa con finalidad común, etc. 

Los ejemplos se encuentran rellenando los cuaderno de quejas locales para saber qué hacer, cómo intervenir, qué se demanda, y al mismo tiempo, qué se ofrece, quién se quiere ofrecer, y con qué conocimientos se cuenta para  compartir con el resto. Hacen falta más compañeros y compañeras que se vuelquen en esta tarea de generar sinergias. Se hace más política ahí donde menos lo parece y cuando no se habla “de política” demostrándolo en el día a día. Los movimientos políticos son por encima de todo motores que movilizan vida; una multitud cooperando. Son estos encuentros y conversaciones labrados desde abajo lo que produce sociedad y regiones de soberanía, pues para ofrecer soluciones la intervención política necesita tocarse, verse y sentirse. Podemos debe promover ese nexo territorial que produzca espacios donde reine lo cotidiano interpretado de otra forma.

Hasta ahora Podemos ha servido como un instrumento que traslada y emite voz, y así debe seguir siendo en el Parlamento, pero fuera tiene que devolver la palabra y escuchar para aprender y construir junto con los colectivos y actores sociales que ya existen esa malla de legitimidad. La transversalidad solo será efectiva cuando tome cuerpo y se haga pueblo. Esa comunicación entre los de abajo es lo que nos puede hacer ganar, es un escudo contra el miedo; una garantía de futuro.

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Unidos Podemos: En busca del voto perdido

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El 26J castiga a Unidos Podemos, que pierde más de un millón de votos

Unidos Podemos sigue en estado de shock. No saben que ha pasado, no entienden un fracaso tan rotundo. Culpan a las encuestas, los politólogos, y tímidamente aceptan hacer autocrítica antes de empezar con batallas internas que podrían llevar a purgas y salidas. Lo más importante en este momento para la formación morada es evitar esa tendencia un poco “autolesionistas” que estamos viendo y centrarse en un análisis mucho más sereno y menos emocional de este stop, quizás momentáneo, al sueño de poder.

1.089.760 personas de las que votaron a Izquierda Unida y Podemos el 20D han retirado la confianza a la coalición Unidos Podemos tan sólo seis meses después.

La mayoría simplemente se ha quedado en casa y entre las hipótesis más claras del fracaso, hay algunas bastante evidentes y de sentido común:

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La mediatización del Brexit

La pésima gestión política del atentado del 11 de marzo de 2004 produjo dos movimientos decisivos en las elecciones generales celebradas tres días después, según la opinión dominante entre los especialistas: el aumento de la participación (cinco puntos más de lo esperado) y la concentración en la papeleta del PSOE de todo el voto contra el PP. Un sentimiento de indignación colectiva señaló al gobierno de José María Aznar como responsable de una mentira de Estado y terminó de decidir el vuelco electoral.

Sin duda, las legislativas del pasado 26 de junio darán nuevo trabajo a los investigadores en procesos electorales. Con el tiempo llegarán datos y tendremos perspectivas más afinadas sobre lo ocurrido, pero de momento voy a centrarme en uno de los factores que pueden haber influido en el resultado, si bien, en lugar de medir su efecto --un objetivo imposible con la información que tenemos por ahora--, intentaré comprenderlo repasando la información que los españoles consumimos durante los últimos cuatro días de campaña. Me refiero obviamente al relato mediático sobre el referéndum del Brexit y para entenderlo propongo al lector un pequeño juego de Scrabble mental (señalaré en cursiva las palabras con premio).

"Reino Unido decide hoy sobre su futuro y el de Europa", titulaba El País en portada el jueves 23 de junio. Era la única de las grandes cabeceras nacionales que concedía el lugar principal al referéndum británico, mientras las otras se centraban en el escándalo de las escuchas al ministro del Interior en funciones. El marco informativo dominante era, por tanto, la corrupción. Resonaba detrás de cada información, salvo en RTVE que se negó a emitir las grabaciones. Mal escenario para el PP, peligrosamente parecido a marzo de 2004.

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Pedro, presidente

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Iglesias y Sánchez.

Sí, han leído bien el título. Desahóguense, láncennos lo que tengan a mano, despotriquen. No, no estamos locos. Es cuestión de analizar los escenarios y realizar una elección racional.

Escenario 1. Lo que todo el mundo espera ahora es que el rey encargue a Mariano Rajoy formar Gobierno, y que éste lo haga con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE, postura ésta que sostienen sus pesos pesados, encabezados por Susana Díaz y Felipe González.

La política legislativa, en este escenario, la impulsaría el PP y tendría que ser apoyada por Ciudadanos y el PSOE y, quizás en aspectos profundamente antisociales, por algún nacionalismo conservador. El que la iniciativa legislativa y la potestad reglamentaria partan del PP nos garantiza llevarla a los extremos de la crueldad, de la austeridad y la intolerancia sufridas en la anterior legislatura.

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A la militancia

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Iglesias y Garzón.

Estimados/as compañeros/as,

En primer lugar, quisiera agradeceros a todos los militantes y simpatizantes el esfuerzo hercúleo que habéis empleado en esta campaña electoral. Ha sido una campaña hermosa, con los actos más multitudinarios de la época reciente en España y con nuestra gente dedicándose en cuerpo y alma, como siempre, a la tarea política del momento. Habéis llevado nuestro programa y nuestro proyecto político a cada rincón de este país. Y además gracias a ese esfuerzo hemos avanzado mucho en la construcción de un espacio político unitario, algo tan necesario en estos momentos. Sin vosotros esto no hubiera sido posible. Gracias.

No obstante, los resultados de las pasadas elecciones no han sido los que nos esperábamos. No hemos cumplido los objetivos para los que pusimos en marcha la coalición entre Podemos e Izquierda Unida. El Partido Popular ha salido reforzado, con más de setecientos mil votos adicionales, mientras que la coalición hemos perdido más de un millón de votos respecto de la suma de votos de ambas organizaciones el pasado veinte de diciembre. No hemos logrado derrotar al PP ni tampoco crear las condiciones parlamentarias para que nuestro país tenga un gobierno de izquierdas.

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¿De qué casta proviene la soberbia?

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Los Socialistas solo hemos parado el golpe; hemos resistido contra las sonrisas que se dibujaban para acudir a nuestro funeral, contra el viento del derecho a decidir y las fuertes mareas. Nada más y nada menos. La enorme ilusión inicial de ayer noche, cuando los datos daban al PSOE 95 diputados, se fue convirtiendo en una elemental satisfacción por haber parado el golpe del sorpasso de Unidos Podemos.

Lo terrible es que las fuerzas de izquierda hemos retrocedido, eso es lo grave. Por contra, la derecha más inmovilista ha resurgido con fuerza. El mapa electoral resultante es un desastre, una derrota para todos los demócratas pensando en los millones de familias que lo pasan mal, en el objetivo de revertir las políticas que provocan sufrimiento y en la respuesta a la corrupción de todo tipo. Vienen más recortes y una Europa sumida en el desconcierto con Rajoy como espectador. A no ser que se produzca un milagro político en España llamado pacto reformista.

Hubo más de una oportunidad real de acabar con Rajoy en el proceso de investidura en base a un programa que en nada se parece a lo que nos espera si sigue Rajoy -que tiene muchos boletos- y que no merecía la descalificación que algunos hicieron del programa de cambio que defendió Pedro Sánchez.

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Brexit: amenaza u oportunidad

Hoy es un día triste para Europa. Con el resultado del referéndum los ciudadanos británicos renuncian a seguir formando parte del corazón de Europa y optan por un salto al vacío, lleno de incertidumbres y riesgos. Es evidente que estamos ante un momento histórico, pero muy doloroso. Los británicos han formado parte de la Unión desde hace más de 40 años y es la primera vez que un país decide salirse usando el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Desde su fundación y hasta hoy, el proyecto europeo se ha ido construyendo en base al esfuerzo y la generosidad de todos sus miembros, que desde su diversidad han compartido siempre el objetivo de una Europa en paz, fuerte y cada vez más unida. De una Europa del bienestar, de progreso, democrática, basada en el estado de derecho y los derechos humanos. Porque ha sido la Unión Europea la que ha posibilitado las mejores décadas de un continente inmerso durante siglos en interminables y devastadores conflictos bélicos.

Desafortunadamente, ganaron los que se aprovechan del malestar que ha dejado la crisis económica más dura que hemos vivido desde la gran depresión. El resultado del referéndum es un grito de la clase trabajadora británica contra un capitalismo global que las empobrece y las aliena. La crisis financiera que se inició en 2008 y sus efectos posteriores revelaron la peor cara de una globalización económica y financiera que genera tanta desigualdad e inseguridad económica para millones de trabajadores. Este contexto se ha convertido en terreno abonado para los populistas y nacionalistas, dentro y fuera de Europa, que expanden un relato simplista del miedo frente a un enemigo común que se erige en fuente de todos los males, ya sea la UE, el Estado Español, la clase política, los inmigrantes o el comercio internacional.

Sin duda, ganaron los que proponen soluciones demasiado fáciles y con argumentos falsos para problemas demasiado complejos, los que abogan con romper con todo lo construido hasta ahora, sin tener en cuenta las conquistas históricas que ha supuesto la construcción europea. Solo desde la falsa promesa de una arcadia feliz de que fuera de la UE el Reino Unido será más independiente y libre se puede entender que los británicos, gente tradicionalmente cauta y prudente, hayan podido dar este salto a la oscuridad e incertidumbre más absolutas. A ello también han contribuido unos dirigentes políticos irresponsables y carentes de cualquier tipo de liderazgo y pasión europeísta. Porque es difícil que un Euroescéptico tradicional, como es Camerón, o el mismo Corbyn que desde siempre ha visto a la UE como un gran proyecto neoliberal, pudieran generar gran entusiasmo a favor de la causa europeísta.  

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¿Por qué decimos que el PP es el partido de los desahucios?

Un lunes cualquiera en Barcelona a las 18h, Marta abre la persiana del local de la PAH para empezar el asesoramiento colectivo en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. En el decurso de la asamblea, ocho familias, angustiadas, anuncian que tienen un desahucio e Irene las tranquiliza, explicando cómo nos vamos a organizar para pararlos como hicimos con el suyo. Juntas, como siempre. Éste no es un hecho aislado, persianas similares se levantan cada semana en Sevilla, Vigo, Segovia y un largo etcétera de asambleas de las doscientas PAH que trabajan para poner fin a los desahucios en todo el estado.

Irene sigue: ahora explica las propuestas que tenemos para acabar con los desahucios, las deudas de por vida, la vivienda vacía y los cortes de suministros, "Las 5 de la PAH". Noelia, con mucha energía, aprovecha para convocar al escrache en un acto de la campaña electoral de Rajoy. Explica que el PP es el partido que, durante toda una legislatura, no solo no ha tomado medidas para acabar con los desahucios, sino que ha suspendido, a través del Tribunal Constitucional, cualquier ley autonómica que haya dado pasos en la conquista del derecho a la vivienda y por ende, recortado los privilegios de la banca.

Anita, de 65 años, nos cuenta que tiene el desahucio en julio y pregunta si se puede acoger a la "moratoria de desahucios" del Gobierno de Rajoy. Yolanda le responde que la falsa moratoria de desahucios es tan restrictiva que la inmensa mayoría queda fuera, que es un titular, pues no hay voluntad real de poner fin a los desahucios. Una voz al fondo de la asamblea recuerda con decepción y cabreo las palabras de De Guindos al anunciar la moratoria de desahucios: "Pararemos 120.000 desahucios en 2 años". La realidad es que durante su vigencia se han producido 274.000 desahucios y solo el 6% se han podido paralizar. No han solucionado el problema, sino que lo han empeorado, porque la deuda no ha parado de crecer. El mensaje concreto del PP al 94% de las familias con amenaza de desahucio es que quedan fuera de su moratoria: ¡qué os desahucien!

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Europa como futuro

Hoy es un día triste para los europeístas. Hoy se consuma la crisis política del proyecto europeo y debemos hacer una reflexión profunda sobre qué nos ha traído hasta aquí y qué tenemos que hacer para reconstruir ese proyecto ilusionante de paz, cooperación y libertad que soñaron nuestros abuelos y abuelas.

Este año hemos visto a Europa ser incapaz de responder ante la crisis de los refugiados, y hoy vemos cómo los británicos han decidido abandonar este proyecto común. Afectada por un enorme déficit democrático, aplicando ciegamente las políticas de austeridad, dando la espalda a millones de ciudadanos condenados a la incertidumbre, la exclusión y la pobreza, levantando verjas mientras los refugiados se ahogan en nuestras costas.

Estas políticas han conseguido lo que parecía imposible: que Europa hoy dude de su propio futuro. Una UE que no asegura los derechos sociales, que protege a los privilegiados mientras abandona a las mayorías no es una UE fiable ni atractiva. Si Europa funcionara, si garantizara la paz, la democracia y los derechos sociales, si tuviera un proyecto de futuro, de bienestar y progreso, nadie se querría ir y el resultado del referéndum habría sido muy distinto.

Por eso creemos que Europa debe aprender la lección y cambiar de rumbo. En este momento de crisis, debemos reafirmar nuestro compromiso con sus valores fundamentales: defender la democracia, los derechos sociales y la fraternidad entre los pueblos del continente. Y esto es lo que nosotros vamos a ir a defender en Bruselas.Además, el nuevo Gobierno que salga de las urnas debe tener como prioridad proteger los derechos e intereses de los cientos de miles de españoles/as que viven y trabajan en Reino Unido, y que se han visto obligados a abandonar nuestro país por las políticas austericidas que ha impuesto nuestro gobierno siguiendo el mandato de la UE. Es prioritario abrir conversaciones con el Gobierno británico para garantizar que sus derechos básicos no se vean afectados por la nueva situación y a ello nos vamos a dedicar desde todos los lugares donde estemos.

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