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Podemos: la urgencia de la pausa

Podemos nació como fruto de un gran análisis estratégico, con un cuadro dirigente de una capacidad intelectual y una generosidad vital inmensas

Las elecciones andaluzas nos ponen a todas las fuerzas emancipadoras ante el reto de levantar la bandera de la democracia

Para ello lo primero sería posponer los procesos internos que no sean absolutamente inaplazables, empezando por las primarias para unas elecciones generales sin fecha

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Iglesias llama a no convertir Podemos en un campo de batalla de corrientes

Echenique, Iglesias y Errejón en una imagen de archivo EFE

El resultado de las elecciones andaluzas es un desastre sin paliativos para quienes defendemos para España un cambio en clave emancipadora. España abre la puerta a la extrema derecha: por primera vez es palpable que la crisis institucional, territorial, social y política que acarrea España no tiene por qué tener sólo una alternativa democrática. Hoy hay un riesgo cierto de una involución agresiva en derechos humanos, libertades y conquistas sociales.

Hasta el pasado domingo estábamos muy orgullosos de que nuestro país fuera una de las pocas islas en las que no estaba emergiendo la extrema derecha. La crisis de régimen volvía a ser protagonista y pese a cierta pérdida de vigor no aparecía más alternativa real que la que representamos las fuerzas que gobiernan los principales ayuntamientos de España, Podemos, IU, Equo, Catalunya en Comú, En Marea, Adelante Andalucía, Compromís…

Quizás esa tranquilidad es la que nos ha facilitado centrarnos más en nosotros mismos que en el país. Podemos nació como fruto de un gran análisis estratégico de país y de momento histórico, con un cuadro dirigente de una capacidad intelectual y una generosidad vital inmensas. Podemos nació de la audacia y la inteligencia y de saber ilusionar a millones de ciudadanos que veían, por fin, un proyecto de país. Incluso en sus orígenes Podemos se excedió con la transparencia intelectual y veíamos artículos extensos destripando sus propios debates estratégicos, quizás como consecuencia de ser un partido cuya fundación estaba muy ligada a la Universidad.

Cuatro años después hay muchas razones para que no todo siga igual. Los debates estratégicos de país surgen en momentos de cambio como pudo ser sin duda 2014. De hecho las grandes ciudades, gobernadas por fuerzas políticas del cambio desde 2015, son hoy la principal herramienta de modernización y democratización en nuestro país. Pero es cierto que no sólo han menguado los debates estratégicos sino que ha cobrado un protagonismo inmerecido el continuo debate interno. No salimos de unas primarias locales problemáticas y nos metemos en unas primarias nacionales anticipadísimas. Y en medio nuevas exclusiones y conflictos que nunca ayudan a avanzar electoralmente ni a ilusionar a la ciudadanía.

Las elecciones andaluzas nos ponen a todas las fuerzas emancipadoras ante el reto de levantar la bandera de la democracia. Eso tiene algunas consecuencias que se derivan todas de la urgencia del debate sosegado (valga la paradoja) cuyo centro sea el país, no nosotros, no nuestro partido, nuestra facción, la facción o el partido de al lado… El país.

Para ello lo primero sería posponer los procesos internos que no sean absolutamente inaplazables (empezando por unas primarias para unas elecciones generales que no tienen fecha) y supeditarlos a debates mucho más importantes.

Si no, la gravedad de las palabras con las que recibimos el resultado andaluz se convierten en eslóganes sin contenido. Recordemos que los frentes antifascistas (nos parezca o no acertada su invocación en este momento) abarcaban, al menos vocacionalmente, desde la Unión Soviética a Churchill. Si de verdad nos planteamos algo así como una trinchera en defensa de la democracia, lo que tocaría es máxima apertura y fraternidad y una huida decidida del ensimismamiento partidario.

Llegamos a un momento clave de la historia de nuestro país con muchas oportunidades (fundamentalmente los ayuntamientos de las grandes ciudades y la fabulosa movilización feminista). Pero también con una gran fragmentación formal e informal mal gestionada que bien podría ser una oportunidad.

Ante la crisis institucional, social, territorial y política y la emergencia del riesgo de la extrema derecha habría que pensar en la construcción de un polo democrático ambicioso en el que puedan incorporarse todos los actores del cambio anteriormente enunciados y muchos jóvenes, mujeres movilizados estos años y cuantas personas hayan recibido el resultado del 2D con el susto más razonable.

Volvemos a la crisis de régimen. Pero ahora es más peligrosa que nunca porque se ha abierto la caja de Pandora (y PP y Ciudadanos parecen encantados al ver liberados los monstruos que había en su interior). De nuevo tenemos una responsabilidad histórica. No toca pensar en los bueyes que tiran del carro sino en hacia dónde tiene que ir el carro, por dónde debe ir, qué tipo de carro necesitamos. Es lo que hizo la ciudadanía en las plazas en 2011, es lo que hicieron los fundadores de Podemos en 2014, es lo que mejor se nos da hacer y lo que España necesita que hagamos ahora.

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