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Ser constitucionalista es condenar el franquismo

Si podemos celebrar cuatro décadas de democracia y Constitución en España, es porque previamente Franco y su dictadura habían dejado de existir

Para ser constitucionalista es imprescindible condenar la dictadura que negaba por principio precisamente la posibilidad de tener una Carta Magna

Víctimas del franquismo piden en el Congreso declararlo "régimen criminal"

EFE

El próximo 20 de noviembre se cumplirán 43 años de la muerte del dictador Francisco Franco. Unos días después, el 6 de diciembre, celebraremos el 40 aniversario de nuestra Constitución, y el comienzo de la mejor etapa de la historia de España en cuanto a libertades y desarrollo económico y social se refiere.

La secuencia de los acontecimientos es fundamental y, aunque es evidente, no hay que dejar de recordarla: Si podemos celebrar cuatro décadas de democracia y Constitución en España, es porque previamente Franco y su dictadura habían dejado de existir. Franquismo y Constitución, dictadura y democracia, son incompatibles. No lo olvidemos.

Sin embargo, aunque ha pasado tanto tiempo, el nombre de Franco sigue influyendo en la vida pública de nuestro país. Es lo que se conoce como "el genio del lugar". El sociólogo Enrique Gil Calvo hace la siguiente definición: "Puede entenderse por genio del lugar la singularidad incomparable de cada cultura política específica de un determinado territorio, derivada de la trayectoria histórica irrepetible seguida en el pasado que sigue ejerciendo efectos retardados sobre el presente y el futuro".

Franco y su dictadura representan "el genio del lugar" de nuestro país, puesto que ambos fenómenos inseparables han definido y configurado nuestro pasado reciente en gran medida, y continúan ejerciendo efectos sobre el presente. Lo que queremos los socialistas es que, de una vez por todas, dejen de hacerlo sobre el futuro. Y para eso debemos expulsarlo definitivamente y cerrar de una vez por todas una de las etapas más oscuras de nuestra historia.

El paso fundamental para conseguirlo es que aquellos que, aún hoy, mantienen una actitud tibia y ambigua con respecto al franquismo, lo condenen de manera rotunda y clara. Sin ambigüedades ni condiciones. Por ello, el Grupo Parlamentario Socialista llevará al próximo Pleno del Senado –que se celebrará a partir del 20 de noviembre– una moción que da la oportunidad al resto de los grupos políticos representados en la Cámara Alta de realizar esa condena clara que nuestro país necesita para que el "genio del lugar" de Franco deje de ejercer su influencia en el debate político y desaparezca.

Hay voces que dicen que esta iniciativa es una mirada al pasado y que no interesa a la sociedad, o que reabre heridas y divide a los españoles. No comparto esta opinión. Precisamente se trata justamente de lo contrario, de cerrar una profunda herida del pasado que sigue lamentablemente abierta para, de esta manera, unir a todos los españoles en aquello que nos identifica independiente del color político: los valores democráticos. Solo de esta manera podremos encarar el futuro con toda la normalidad democrática que merece este país.

Difícilmente se puede ser constitucionalista sin condenar la dictadura

Precisamente, el objetivo último de esta iniciativa en el Senado es defender y fortalecer los valores democráticos de nuestra Constitución en su 40 aniversario. Como he explicado al inicio de este artículo, nuestra Carta Magna existe porque Franco murió previamente, y con él su terrible dictadura que derrocó y persiguió la democracia y la Constitución de 1931 con la ayuda de los regímenes de Hitler y de Mussolini. Un régimen que durante casi cuatro décadas no permitió a los españoles y españolas vivir en libertad. La etapa de libertades, de prosperidad y de progreso que hoy disfrutamos con absoluta normalidad, hace solo un par de generaciones era simplemente un bonito sueño que sólo fue posible a partir de su muerte.

Por lo tanto, si se defienden los valores democráticos de nuestra Constitución es necesario condenar el franquismo que los trató de evitar y someter. Dicho de otra manera: para ser constitucionalista es imprescindible condenar la dictadura que negaba por principio precisamente la posibilidad de tener una Carta Magna. Se trata de un ejercicio de mera coherencia democrática y el mejor homenaje que podemos brindar a nuestra Constitución en su 40 aniversario.

El próximo 20 de noviembre todos los demócratas y constitucionalistas tenemos una oportunidad de oro para demostrar nuestra coherencia y nuestra defensa de los valores democráticos en el Senado gracias a una iniciativa del PSOE. Toca pasar de las palabras a los hechos.

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