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Lo humanitario

El humano no es exactamente un xenófobo y un racista como afirman algunos medios de comunicación

El humano –considerado globalmente- es un animal territorial que se inquieta y siente miedo cuando alguien invade su territorio

Lateral del Aquarius

Buque Aquarius Olmo Calvo

¿Qué es lo humanitario? La definición indica: “Que siente afecto, compromiso o solidaridad hacia la gente, en especial con los más débiles o necesitados”. Muy bien, pero, ¿qué es ese afecto?, ¿una prueba de altruismo?, ¿de amar al otro por encima de sí mismo?, ¿por encima de Dios, en el caso de los creyentes, vulnerando el primer mandamiento? ¿Qué es lo que más ha hecho el ser humano a lo largo de su Historia?, ¿afecto y compromiso solidario en especial con los más débiles? No, lo que más ha ejecutado el humano en su vida es todo lo contrario: destrucción del otro, protección de lo propio; Darwin diría que eso es parte de la selección natural, la filósofa Ayn Rand llama “malvados” a los altruistas porque minusvaloran su individualismo para –supuestamente- inmolarse por los demás. Irvin Yalom, en su novela El día que Nietzsche lloró, le hace afirmar a Nietzsche: “nunca se ha hecho nada enteramente por los demás. Todas las acciones van orientadas hacia uno mismo, todo servicio sirve a uno mismo, todo amor es amor por uno mismo”.

Yo estoy de acuerdo con ambos filósofos, lo humanitario como altruismo es la excepción que se lleva a cabo pero por amor propio, no por amor a los demás, y ese amor propio origina también la norma genérica que ha sido la guerra, la violencia, ¿por qué no es eso también lo humanitario? Sin embargo, esto es demasiado duro reconocerlo, carece de marketing, y entonces tenemos que levantar imaginarios que es de lo que vivimos para que nuestra existencia posea algún sentido. No obstante, el migrante emigra por amor propio, para conservarse, el traficante de personas lo hace por amor propio, para sobrevivir, el miembro de una ONG actúa por amor propio y algunos por voluntad de poder, el que acoge a los migrantes también se ama primero a sí mismo y, por supuesto, el político. Ahora habría que pensar en cuántos tipos de amores propios hay pero eso de la entrega a los demás es falso, uno se entrega a los demás por amor propio, para vanagloria de sí mismo o porque carece de ella.

El humano no es exactamente un xenófobo y un racista como afirman algunos medios de comunicación. El humano –considerado globalmente- es un animal territorial que se inquieta y siente miedo cuando alguien invade su territorio. Por ese motivo y por lo que he dicho antes, sube el voto de la extrema derecha y se debilita la izquierda, porque la extrema derecha presenta ideas simples pero firmes y la izquierda es pura debilidad, incongruencia y confusión, ha tomado el papel de los misioneros y ha abandonado el de la izquierda.

Tal y como sostiene Wilson –el gran impulsor de la sociobiología- el humano actúa mediante el enfrentamiento de unos grupos contra otros y, dentro de los grupos, mediante la pugna de unos individuos alfa contra otros de su misma índole. La izquierda no quiere saber nada de esto, prefiere vivir en su mundo onírico –que incluye rechazar textos como el presente- y como esa base es falsa, la gente la abandona y ella misma no sabe qué ocurre realmente a su alrededor a pesar de que es víctima de la realidad que no quiere ver y sin embargo la está sufriendo dentro de sus filas.

Todo lo anterior es aplicable al hombre y a la mujer, la mujer ha querido participar de la orgía desbocada que ha sembrado y desarrollado el hombre y ahora tiene que pagar las consecuencias, tendrá que plantearse cómo superar el desmadre levantado por el varón pero está por ver si lo conseguirá puesto que la mujer es humana, por ahora es un factor cuantitativo pero no cualitativo, es una cuota obligada por ley, es decir, un fenómeno cultural y la cultura es eso que inventamos los humanos para no auto-destruirnos y para avanzar pero avanzar hacia dónde, nada de lo que he escrito aquí me gusta, es decir, no le gusta a mi cerebro deseante, emocional, porque le agrada más vivir en la inopia, como a tantos de mis congéneres. Pero no puedo vivir en un mundo falso que bracea en la superficie pero no se atreve a bucear, le falta valor. Y para nadar precisa incluso de entelequias como eso que llaman lo humanitario.

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