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Los retos de septiembre

España está bloqueada (en parte) por Catalunya, pero ésta no puede avanzar, si aquella no favorece condiciones de distensión y diálogo

Estamos comprometidas con ser un dique de contención contra los recortes, pero si el Govern sigue en el desgobierno permanente, las elecciones serán irremediables

Empleados públicos y estudiantes se manifiestan en Barcelona contra los recortes

EFE

1. Ha comenzado un nuevo curso político, que no hace falta repetir que será histórico. En primer lugar, por la situación de excepcionalidad y la sentencia del Tribunal Supremo sobre el juicio del procés, que está al caer y amenaza con ser dura. Una sentencia que marcará un antes y un después, y que puede degradar aún más la legitimidad del Estado entre una parte importante de la población catalana. En segundo lugar, por el agotamiento del proyecto del Govern Torra-Aragonès, dividido y que trata de disfrazar su fracaso con respuestas partidistas como la investidura de Puigdemont o el Govern de concentración de ERC. En tercer lugar, por el hecho de que las fuerzas políticas que echamos a Rajoy y a la corrupción del PP de la Moncloa contamos, tras los resultados del 28-A, con una mayoría parlamentaria suficiente para sacar adelante un gobierno progresista, una oportunidad que no deberíamos malbaratar frente al trifachito por una hipotética mejora electoral de Pedro Sánchez.

2. Más allá del ruido mediático y de las declaraciones del día a día, hemos de tener un análisis claro de las causas que nos han traído hasta aquí. España sufre la crisis constitucional más grave de la historia democrática reciente. Esa crisis, en buena medida, se expresa a través de Catalunya: un Estatut recortado e impuesto por el Tribunal Constitucional, una Declaración Unilateral de Independencia, la prisión y el exilio de los dirigentes independentistas… La historia es por todas conocida. Como ha dicho con una expresión afortunada Ferrán Requejo, Catalunya vive también un “conflicto congelado”: el independentismo no tiene suficiente legitimidad como para llevar adelante sus planes, pero el Estado y las fuerzas políticas y sociales “conservadoras” tampoco pueden mantener sin más el statu quo. Se da una paradoja: España está bloqueada (en parte) por Catalunya, pero ésta no puede avanzar, si aquella no favorece condiciones de distensión y diálogo. La excepcionalidad contamina el debate público y todas las esferas de la vida política y social. A pesar de todas nuestras diferencias, la mayoría política de la moción de censura debería ponerse de acuerdo para avanzar. La última repetición electoral provocada por la ruptura de negociaciones entre el PSOE y los partidos independentistas o la investidura fallida de Sánchez también son producto de esta inestabilidad. Los votantes no lo han hecho mal, sino que nos han dado unas condiciones más plurales y más exigentes para acordar. Hagámoslo. Lo que más estabilidad daría sería un gobierno de coalición.

3. Ante esta situación de excepcionalidad política e inestabilidad institucional, las fuerzas progresistas hemos de ofrecer unas certezas mínimas. Nuestro primer objetivo debería de ser mantenernos firmes en las posiciones de diálogo y conseguir, a través de las vías que reúnan consensos más amplios, que los dirigentes independentistas presos puedan volver cuanto antes a sus casas. Este es el primer reto de septiembre y el más urgente. Mucha gente no independentista puede rechazar el comportamiento político de los dirigentes independentistas, pero quiere desjudicializar el conflicto y además sabe que la excepcionalidad no puede alterar toda la discusión política ni alterar la convivencia. Debemos explorar todas las vías legales y pacíficas para alcanzar este objetivo cuanto antes, pero nosotros seguimos insistiendo en la necesidad de una reforma del Código Penal, en la que el legislativo aclare los límites de los delitos de rebelión y sedición, y ponga fin a interpretaciones discrecionales.

4. Después de años de bloqueo y de arrastrar unos presupuestos desde 2017, tenemos unos servicios públicos que se están degradando y una profunda desigualdad que fractura nuestra sociedad. La losa de la precariedad, la segregación y la falta de igualdad de oportunidades no pueden esperar y menos ante una coyuntura en que se asoma en el horizonte una nueva recesión. Por eso, Catalunya necesita unas cuentas que permitan avanzar en el blindaje de los derechos sociales, en más feminismo, y en la lucha contra la crisis climática. Nosotras estamos comprometidas con ser un dique de contención contra los recortes, pero si el Govern no da este giro y continúa en el desgobierno permanente, las elecciones serán irremediables.

5. Para terminar, quería referirme al tercer reto de septiembre, que tampoco puede esperar. El 27 de septiembre se producirá una huelga mundial por el clima, que en el Estado es convocada por más de un centenar de organizaciones y que tiene como objetivo exigir a las instituciones y las autoridades públicas que asuman su responsabilidad en la lucha contra la crisis climática. La juventud y los expertos están marcando el camino para que todas pongamos por delante el objetivo de salvar el planeta desde la colaboración y en un marco de soberanías compartidas: Europa, España, Catalunya y las ciudades, que son cada vez más protagonistas.

El conflicto no puede poner en pausa otros grandes retos que tenemos por delante.

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