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El Trump más cruel: separa a los niños inmigrantes de sus padres

Las autoridades utilizan a los niños para convencer a sus padres inmigrantes de que acepten su culpabilidad y la deportación.

“Déjeme a la niña, tiene que ir a la ducha”. Una ducha que dura diez minutos, veinte, media hora... Y los padres ya inquietos le preguntan al guarda y entonces aparece la verdad. La niña no va a volver, la niña va a otro centro de detención, no saben cuál. Y la niña llora desconsolada al llegar, le dan juguetes pero no sirve, no para de sollozar. Poco más se puede hacer porque las normas de ese centro no dejan que las cuidadoras la cojan en brazos, que la toquen siquiera.

Este relato de terror es la realidad. Es la historia de al menos 2.000 menores que han sido separados de sus padres en solo seis semanas. 2.000 niños que cruzaron ilegalmente la frontera sur de EEUU y que han sufrido una calculada venganza por parte de Trump.

Ningún gobierno se había atrevido antes a hacerlo, pero a alguien se le ha ocurrido un plan brillante para aterrorizar a las familias que cruzan la frontera. La entrada ilegal en el país es una simple falta administrativa, pero ahora el Gobierno de Trump ha decidido procesar penalmente todos los que lo hagan.

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La lectura de Donald Trump de la foto del G7: "Fue un momento muy amistoso"

Merkel, Macron y otros líderes del G7 rodean a Trump en una reunión informal de la cumbre.

Brazos cruzados, miradas tensas, algunas caras largas y manos plantadas sobre una mesa en la que al otro lado solo está Donald Trump, el gran presidente. La última cumbre del G7 en Quebec dejó una foto para la historia que salió a la luz de la mano de la oficina de prensa del Gobierno alemán. En ella, Angela Merkel, inclinada sobre una mesa de pequeñas dimensiones, mira a Donald Trump que observa con una leve sonrisa al resto de líderes mundiales.

Parece que Macron le está diciendo algo, quizá pidiendo algo, y que el resto espera una respuesta del estadounidense. La foto ha dado la vuelta al mundo y ha tenido decenas de interpretaciones en medios y también en redes sociales.

The Last Globalist Supper pic.twitter.com/R7bPKr1iMa

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Trump, el presidente más presidencial de la historia y del mundo

Trump está convencido de que su grandeza no tiene parangón en la historia del universo.

Según me siento a escribir este artículo, Donald Trump acaba de tuitear sobre su HISTÓRICO paquete de recortes. Las mayúsculas son suyas, aunque a Trump no siempre le hacen falta para reforzar lo que quiere decir. El presidente es un personaje exagerado, extremo, hiperbólico. Y eso se refleja en su forma de hablar, de escribir, de tuitear...

Para comunicarse con lo demás, Trump es un adicto al superlativo.

Centrémonos por ejemplo en los últimos dos días y en su herramienta de expresión favorita: Twitter. Solo en 48 horas, Trump ha contado que en sus primeros 500 días de mandato (de “grandeza”) ha logrado “más que ningún otro presidente” y que ahora la economía estadounidense y el empleo están “mejor que NUNCA, porque NUNCA ha habido un momento mejor para encontrar trabajo”. De hecho, la actual economía es la “más grande en la HISTORIA de América”, como nos ha recordado varias veces.

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Por qué Silicon Valley odia el periodismo

Elon Musk

Al fundador de Tesla, Elon Musk, no le gusta el periodismo actual. Le gusta tan poco que quiere fundar su propia web de  valoración de medios de comunicación y llamarla (ojo al chistaco) Pravda. Sí, Pravda, como el periódico oficial comunista de la Unión Soviética. Muy ocurrente, Elon, pero poco sorprendente. ¿Cuántos empresarios multimillonarios conoces a los que le guste la prensa libre?

Musk está muy enfadado porque en lugar de seguir hablando de lo guay que es mandar un coche a la Luna, los malvados periodistas también escriben artículos sobre  los accidentes laborales que suceden en sus fábricas, o los problemas en sus frenos, o por qué intenta que sus trabajadores no se afilien a sindicatos. Elon no entiende por qué esos pesados no emplean más tiempo en jalear su chistosa campaña de venta de lanzallamas y sí en hablar de los obreros de sus subcontratas que se han quemado gran parte del cuerpo trabajando para construir el coche de moda entre los ricos. Estamos ante algo nunca visto antes: un magnate al que le gusta la publicidad, pero no el periodismo.

Para Elon Musk, el periodismo ha perdido toda su credibilidad porque nos pasamos el día buscando clicks y publicidad, pero cuando se enteró de que el medio de comunicación que publicó la exclusiva sobre sus accidentes laborales no tiene publicidad ni ánimo de lucro, cambió rápidamente de discurso y dijo que eran unos “extremistas” y “ unos niños ricos que se tomaban demasiado en serio a su profesor de Ciencias Políticas”. Su cuenta de Twitter está llena de insultos y de diferentes variaciones de la frase “¿por qué hablas de XXXX en vez de hablar de XXXX?”. Nada nuevo bajo el sol.

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Trump llama "animales" a muchos de los inmigrantes indocumentados deportados

El presidente Donald Trump sonríe ante la bandera de Estados Unidos.

"Estamos deportando a gente que no se creerían lo mala que es. No son personas, son animales y los estamos expulsando a un nivel sin precedentes", afirmó Trump este miércoles delante de las cámaras. Pero no es la primera vez. El presidente estadounidense tiene una tendencia especial a rebajar a una categoría infrahumana a muchos inmigrantes indocumentados.

El presidente hizo estas declaraciones en una mesa redonda con líderes locales y federales sobre las leyes migratorias de California, "las más estúpidas del mundo", según Trump. "Por culpa de las leyes débiles entran rápido, los cogemos, los liberamos, los volvemos a coger y los volvemos a liberar. Es de locos", señaló el presidente. Trump ha llevado a los tribunales esta legislación, a menudo apodada como 'leyes-santuario'.

President Trump during California #SanctuaryCities Roundtable: "These aren't people. These are animals."

Full video here: https://t.co/alyS47LI5V pic.twitter.com/ifXicTHHP0

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Así manipuló Rusia en EEUU: noticias falsas y broncas por Beyoncé

El presidente ruso, Vladímir Putin, conversa con el presidente estadounidense, Donald J. Trump

A veces las casualidades son asombrosas. Se calcula que 126 millones de estadounidenses vieron en Facebook contenidos diseñados por Rusia para manipularlos. 126 millones: exactamente el mismo número de personas que votó en las últimas elecciones presidenciales de EEUU. Asomarse a los más de 80.000 posts que los rusos colocaron en la red social para sembrar discordia y echar una mano a Trump es apasionante. Los demócratas acaban de publicarlos y el material dice mucho de los estadounidenses, de sus miedos y de sus esperanzas.

La gran operación rusa para influir en el resultado de las últimas elecciones estaba muy bien pensada. No se trataba de poner "Vota Trump" a diestro y siniestro en el Facebook de todo el país, era algo bastante más sofisticado. Sabían por ejemplo que les interesaban particularmente unos pocos estados, aquellos en los que el resultado no era seguro. Y tampoco hacía falta convencer a todos los votantes, bastaba con que determinados grupos de gente estuvieran tan cabreados como para ir seguro a votar y otros perdieran la motivación para hacerlo. Por último, si no conseguían poner a Donald Trump en la Casa Blanca, al menos iban a intentar sembrar toda la discordia y división posible en la sociedad estadounidense.

Estrategia electoral

Los rusos sabían, como sabíamos casi todos, que Hillary Clinton necesitaba una participación altísima de los afroamericanos y los hispanos para poder ganar. Con sus insultos racistas a los latinos, Trump tenía poco que rascar por allí, pero los agentes rusos hicieron un especial esfuerzo de desinformación contra la comunidad negra. Mediante falsos perfiles pagaron por aparecer en el Facebook de personas que la red social tenía identificadas como "con interés" en temas afroamericanos y promocionaron noticias llamando a la abstención y defendiendo que ambos candidatos eran igual de malos.

También quisieron aprovecharse de las divisiones entre los demócratas. A través de grupos falsos que llevaban el nombre de Bernie Sanders, el rival de Clinton en las primarias, siguieron atacando a la candidata durante la campaña de las generales. Aunque Sanders fue inequívoco en su apoyo a Clinton frente a Trump, muchos de sus seguidores estaban recibiendo información falsa que les invitaba a no votar.

Por supuesto no se trataba solo de intentar que los demócratas no votaran, sino también de que los republicanos lo hicieran en masa. A los usuarios con intereses conservadores, se los bombardeaba con metáforas religiosas y anuncios racistas, además de noticias falsas. En algunos casos, promocionaban contenidos de este tipo solo entre los usuarios que se definían como militares o policías. Miles de posts elaborados en San Petersburgo rebotaban de perfil en perfil hasta llegar a millones de votantes en EEUU.

Objetivo: el enfrentamiento

Muchos de los artículos que desde Rusia producía la Agencia para la Investigación de Internet (IRA) no buscaban favorecer a Donald Trump, sino simplemente crear conflictos y enfrentamientos en EEUU. Por ejemplo, usando tanto perfiles conservadores como otros de apariencia izquierdista, convocaban manifestaciones a favor y en contra de algo a la misma hora y en el mismo lugar, previsiblemente para provocar jaleo. Ese fue el caso de una protesta a favor y en contra de la cantante Beyoncé junto a la sede de la NFL. Lo mismo hicieron creando un grupo de musulmanes y otro contra ellos y convocando manifestaciones simultáneas en el mismo punto de Houston.

Según la inteligencia estadounidense, el misterioso organismo ruso que creó y difundió todo este material en Facebook tenía como "objetivo estratégico sembrar la discordia en el sistema político estadounidense". También afirma que Putin dio la orden porque "había desarrollado una clara preferencia por Trump" y que las metas de la campaña rusa eran "socavar la confianza pública en el proceso democrático de EEUU, denigrar a Hillary Clinton y dañar sus posibilidades electorales y su posible presidencia".

Gracias a los congresistas demócratas del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, conocemos algunas de las armas que los rusos usaron para conseguir esos objetivos. En total unos 4.000 anuncios y 80.000 posts solamente en Facebook. Pero la guerra que empezó en 2015 todavía no ha terminado. Aunque el presidente se dé públicamente por satisfecho con las explicaciones de Putin, su propia Administración reconoce que Rusia tiene puesta ahora la mirada en las próximas elecciones de mitad de mandato donde espera repetir su campaña de intoxicación. En Facebook, dicen, pero también en otras redes como Twitter e Instagram.

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Un indulto para el boxeador negro al que odiaba la América blanca

Jack Johnson fue apodado 'el gigante de Galveston'.

¿Cómo hace Rambo para ponerse en contacto con el presidente de EEUU? Es una buena pregunta que hacerse  cuando Trump tuitea que ha hablado por teléfono con el actor Sylvester Stallone y que tras la conversación se está planteando indultar a un boxeador muerto hace más de 70 años. Pero este artículo no va de por qué un presidente que no escucha a nadie sí que hace caso a Rocky Balboa. Este artículo va de un boxeador negro al que los blancos odiaban porque salía con mujeres blancas, bebía champán con su leopardo y sobre todo porque no había quien le ganara en el ring. Todo ello antes de 1920.

Los padres de Jack Johnson habían nacido esclavos, pero él supo ganarse muy bien la vida a golpes. Le costó horrores que un campeón blanco aceptara subirse con él al ring, pero cuando  por fin se enfrentó a Tommy Burns el día después de Navidad de 1908, no solo se convirtió en el primer campeón negro de los pesos pesados, sino que acabó con todos sus problemas para encontrar combates. ¿Por qué? Porque los blancos estaban locos por demostrar que todo había sido un accidente, que un negro no podía boxear mejor que el mejor de los blancos. Tardaron siete años en quitarle el título.

Johnson era todo lo que los racistas odiaban. Era el mejor en el ring, no tenía pelos en la lengua y disfrutaba de su fama y de su dinero, casi siempre rodeado de mujeres blancas. Tenía  un club de jazz en Harlem que acabaría siendo el mítico Cotton Club y un estilo de vida extravagante. Para gran parte de la comunidad negra era un ídolo, el primer icono popular de los afroamericanos, que se hizo millonario no solo boxeando sino también haciendo publicidad de varios productos. Tenía cabeza para los negocios: desde que llegó a campeón no volvió a pelear con un negro. Sabía que el morbo racial de enfrentarse a blancos por el campeonato le reportaría bolsas mucho más abundantes.

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Periodismo para tiempos oscuros: la América de Trump a través de los premios Pulitzer

Pese a Trump, o tal vez gracias a Trump, el periodismo estadounidense goza de una renovada buena salud

"Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos", escribió Charles Dickens sin saber que esta frase es la definición perfecta de la situación que vive el periodismo estadounidense en la era Trump. Los grandes periódicos contratan periodistas en vez de despedir a sus veteranos y los canales de noticias viven una edad de oro en la que el público, lejos de huir de la política, demanda más y mejor información. Y al mismo tiempo, la confianza en los medios de comunicación está en mínimos y el acoso del poder es más intenso que nunca. Desde los premios Pulitzer del año pasado, Trump ha tuiteado el término "fake news" (noticias falsas) nada menos que 146 veces.

Observar el listado de los premios Pulitzer de 2018, los Nobel del periodismo estadounidense, es observar el país abierto en canal: sus glorias, sus miserias, sus esperanzas. El monumental trabajo de desentrañar las relaciones entre Rusia y la campaña de Trump ha sido distinguido con el premio a la mejor cobertura nacional compartido entre el New York Times y el Washington Post, pero es en el resto de categorías en las que mejor se ven las fuerzas que han llevado a Trump a la Casa Blanca o las que ha desatado desde allí. El racismo, el machismo o la epidemia de drogas que aterroriza a los blancos del Medio Oeste. No es tanto Trump, como la América de Trump.

Solamente el resurgir del racismo se ha llevado cuatro premios. La foto del año es la que captura el momento en que un extremista blanco embistió con su coche a una marcha antirracista en Charlottesville, matando a una mujer. Trump condenó entonces el "mal en los dos bandos" que se manifestaban aquel día. El Pulitzer al mejor artículo del año ha sido para una periodista, hija de un ghanés y una estadounidense, que hizo un helador perfil de Dylan Roof, el chico de 22 años que entró armado en una iglesia y asesinó a 9 afroamericanos. Ella pasó varios meses recorriendo Alabama, hablando con gente, hasta escribir 9.000 palabras que llevaban por título: "El terrorista más americano".

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El FBI cerca a Michael Cohen, el ‘consigliere’ que guarda los secretos de Trump

Michael Cohen, abogado personal de Trump y exconsejero jefe de su grupo de empresas

Hace solo unas horas, algún desgraciado asesor ha recibido el encargo de entrar en el Despacho Oval y contar a Donald Trump que el FBI estaba haciendo un registro en el despacho de su abogado. Que 'su' FBI se ha plantado en varias de las oficinas de Michael Cohen en el Rockefeller Center en Nueva York y en la habitación del hotel donde vive en los últimos tiempos y que se ha llevado documentos. Muchos documentos, como por ejemplo el acuerdo al que Cohen llegó con la estrella porno Stormy Daniels para que se callara una aventura sexual a cambio de 130.000 dólares (unos 100.00 euros). Una aventura con Trump, no con Cohen.

Es difícil ocultar una sonrisa cuando un abogado de Manhattan dice muy serio a la prensa que se gastó 130.000 dólares de su propio dinero para proteger a un cliente sin que éste lo supiera y sin intentar jamás recuperarlo. Es raro, pero la verdad es que la relación entre Cohen y Trump también es rara.

Él mismo lo ha dicho en el pasado: "De verdad me preocupo por él y por su familia, más allá de ser un empleado y un abogado". O como cierta vez explicó: "Si alguien hace algo que disgusta al señor Trump, yo hago todo lo que está en mi mano para resolverlo en beneficio del señor Trump. Si haces algo malo, voy a ir y a cogerte por el cuello y no voy a soltarte hasta que haya terminado".

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Cuatro datos que dicen que 2018 va a ser terrible para Trump

Trump va a pasar un año pensando en las elecciones legislativas de noviembre.

¿Sabes cuando ves a alguien por la calle mirando el móvil mientras se dirige de frente a una farola? Pues Donald Trump va corriendo desbocado y con los ojos cerrados hacia un muro, un muro llamado elecciones de 2018. Las midterm o elecciones de mitad de mandato son en noviembre y muchas cosas pueden cambiar hasta entonces, pero ahora mismo están sonando todas las alarmas para los republicanos, aunque el inquilino de la Casa Blanca no se dé por aludido.

Trump no tiene que renovar el cargo hasta 2020 pero se la juega ya este año. Los votantes van a elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, donde ahora mismo los republicanos tienen 45 escaños más que los demócratas. Hace solo un año parecía imposible que cambiara la mayoría, pero ahora suena bastante razonable.

¿Por qué es esto tan importante? Porque es esta Cámara la que, por mayoría simple, puede iniciar el proceso de impeachment para destituir al presidente. Lograr una condena requiere dos tercios del Senado y es más difícil, pero al menos los demócratas podrían investigar a Trump con más medios y hacerle pasar por el trance de ser el tercer presidente de la historia en someterse al juicio político del impeachment .

Aluvión de jubilaciones

La primera señal de peligro para Trump está en las jubilaciones de los suyos: en la enorme cantidad de legisladores republicanos que, en vista de que puede ser un año negro, han decidido no presentarse siquiera a la reelección en 2018.

Nunca desde 1974 el partido que controla la Casa Blanca había sufrido tantos abandonos. Algunos están asqueados y sin ganas de tener que defender a Trump ante los votantes, pero la mayoría tiene motivos menos elevados: si cree que va a perder, a un congresista le resulta mucho más fácil encontrar un lucrativo trabajo como lobista si está todavía en el cargo que después de la derrota. ¿Para qué perder el tiempo haciendo una campaña perdedora?

Demócratas enfadados, republicanos de bajón

EEUU no es como España, donde uno va a su colegio electoral y vota. Allí, en la inmensa mayoría de los casos, necesitas haberte registrado meses antes como votante y además tienes que sacar un rato para ir a la urna un día entre semana... vamos, que no es fácil, y el éxito de una campaña casi siempre depende de su capacidad de ilusionar a sus votantes, sobre todo en elecciones de mitad de mandato donde participa mucha menos gente.

Ahí entra el juego el entusiasmo y la era Trump está motivando mucho a los demócratas y muy poco a los republicanos. En las nueve elecciones especiales que ha habido desde la victoria de Trump, el voto demócrata ha subido en todas ellas y en algunas el ascenso llega a 31 puntos respecto a una situación “normal”.

Candidatos muy locos

La victoria de Trump ha dividido mucho a los republicanos y ha dado alas a los elementos más extremistas del partido. Es evidente que el presidente, que tiene aún más de un 80% de aprobación entre sus votantes, goza de mucho peso en las primarias. Por eso están surgiendo candidatos radicales pero que lo tienen  difícil para ganar, como el que apoyó Trump en Alabama pese a las acusaciones de pedofilia.

La derecha trumpista puede hacer que se impongan en las primarias pero cuando llega la general, su extremismo les condena a perder incluso en lugares donde un republicano más moderado ganaría sin despeinarse. Lo hemos visto hace días en Pennsylvania, donde el candidato de Trump se las apañó para perder un distrito que el presidente había ganados por 20 puntos de diferencia.

Un presidente impopular

No olvidemos que, ahora mismo, la figura de Trump es más una carga que una ayuda para la mayoría de los candidatos de su partido. Según las últimas cifras, apenas el 40% de los estadounidenses aprueba su labor como presidente. Aunque Trump se jacta de haber despistado a las encuestas en el pasado, la historia no le augura nada bueno.

Las elecciones de mitad de mandato casi siempre son malas para el partido del presidente pero, además, si éste está por debajo del 50% de popularidad los suyos suelen perder una media de 36 escaños en la Cámara de Representantes. Trump está muy por debajo.

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