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El Gobierno de Trump lleva ante el juez a niños migrantes que ni siquiera saben lo que es un abogado

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Captura de pantalla de un vídeo elaborado por Now This para denunciar la situación de estos niños sin abogado

"¿Sabes lo que es un abogado?". "No sé". "¿Tienes abogado?". "No". Estas son las dos preguntas con las que el juez de inmigración William Snouffer comienza las vistas cuando tiene delante a un niño migrante. Las negativas son las dos respuestas que dan un niño y una niña de menos de cinco años que miran al juez con incredulidad y miedo, como si esperasen que en cualquier momento apareciera el típico lobo de los espectáculos de marionetas.

Aunque no es una práctica nueva y todavía no hay datos oficiales, las ONG alertan de que con el Gobierno de Donald Trump se multiplicará el número de menores migrantes que se presenta solo ante un juez y que es incapaz de explicar qué hace allí o por qué tuvo que huir de su país junto a su familia. Al parecer, al comienzo de estos procesos de deportación, muchas veces los niños todavía no cuentan con un abogado para que les represente. La situación, en ocasiones, llega a ser ridícula dicen los defensores de derechos humanos.

The Trump administration is forcing children as young as toddlers to represent themselves in immigration courts pic.twitter.com/JTtEAooyQI

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Más cerca de otros cuatro años de Trump

Trump aplaude a Neil Gorsuch, su primer nombramiento en el Tribunal Supremo.

La mejor noticia para Trump se la ha dado esta semana un juez de 81 años. Anthony Kennedy, como cualquier persona de su edad, quiere estar en su casa leyendo el periódico o yendo a ver cómo avanzan las obras en el barrio, y no todo el día con la toga puesta y el culo pegado en la silla escuchando abogados. Todo esto no tendría la menor importancia si Anthony Kennedy no fuera uno de los nueve jueces del Tribunal Supremo de EEUU y si su sucesor, por supuesto, no lo fuera a nombrar Trump.

Os parecerá que el asunto no tiene mayor importancia: un juez viejo que se retira y un juez nuevo que lo sustituye. Pero si pensáis eso es que no sabéis que quien de verdad manda en EEUU es el Tribunal Supremo. Al final, son esos nueve jueces y no los políticos quienes hicieron posible que blancos y negros estudiaran juntos o que las parejas del mismo sexo se pudieran casar. Así que la capacidad de un presidente de nombrar a uno de sus jueces, y más sabiendo que es para toda la vida, es un poder enorme. Los cuatro últimos presidentes han tenido la suerte de colocar a dos cada uno. Trump va a colocar a dos en menos de dos años.

Un presidente no tiene forma más efectiva de moldear el futuro del país que a través de sus nombramientos para el Supremo. Al final, se trata de elegir al árbitro que tendrá la última palabra en las grandes disputas del futuro. Y los votantes también lo saben: uno puede ser un demócrata desencantado con Obama o un republicano al que Trump no le hace gracia, pero la posibilidad de que sea alguien del otro partido quien haga una elección que va a tener tanto poder y para toda la vida... eso te invita a votar por los tuyos aunque no te haga particular ilusión.

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El Trump más cruel: separa a los niños inmigrantes de sus padres

Las autoridades utilizan a los niños para convencer a sus padres inmigrantes de que acepten su culpabilidad y la deportación.

“Déjeme a la niña, tiene que ir a la ducha”. Una ducha que dura diez minutos, veinte, media hora... Y los padres ya inquietos le preguntan al guarda y entonces aparece la verdad. La niña no va a volver, la niña va a otro centro de detención, no saben cuál. Y la niña llora desconsolada al llegar, le dan juguetes pero no sirve, no para de sollozar. Poco más se puede hacer porque las normas de ese centro no dejan que las cuidadoras la cojan en brazos, que la toquen siquiera.

Este relato de terror es la realidad. Es la historia de al menos 2.000 menores que han sido separados de sus padres en solo seis semanas. 2.000 niños que cruzaron ilegalmente la frontera sur de EEUU y que han sufrido una calculada venganza por parte de Trump.

Ningún gobierno se había atrevido antes a hacerlo, pero a alguien se le ha ocurrido un plan brillante para aterrorizar a las familias que cruzan la frontera. La entrada ilegal en el país es una simple falta administrativa, pero ahora el Gobierno de Trump ha decidido procesar penalmente todos los que lo hagan.

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La lectura de Donald Trump de la foto del G7: "Fue un momento muy amistoso"

Merkel, Macron y otros líderes del G7 rodean a Trump en una reunión informal de la cumbre.

Brazos cruzados, miradas tensas, algunas caras largas y manos plantadas sobre una mesa en la que al otro lado solo está Donald Trump, el gran presidente. La última cumbre del G7 en Quebec dejó una foto para la historia que salió a la luz de la mano de la oficina de prensa del Gobierno alemán. En ella, Angela Merkel, inclinada sobre una mesa de pequeñas dimensiones, mira a Donald Trump que observa con una leve sonrisa al resto de líderes mundiales.

Parece que Macron le está diciendo algo, quizá pidiendo algo, y que el resto espera una respuesta del estadounidense. La foto ha dado la vuelta al mundo y ha tenido decenas de interpretaciones en medios y también en redes sociales.

The Last Globalist Supper pic.twitter.com/R7bPKr1iMa

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Trump, el presidente más presidencial de la historia y del mundo

Trump está convencido de que su grandeza no tiene parangón en la historia del universo.

Según me siento a escribir este artículo, Donald Trump acaba de tuitear sobre su HISTÓRICO paquete de recortes. Las mayúsculas son suyas, aunque a Trump no siempre le hacen falta para reforzar lo que quiere decir. El presidente es un personaje exagerado, extremo, hiperbólico. Y eso se refleja en su forma de hablar, de escribir, de tuitear...

Para comunicarse con lo demás, Trump es un adicto al superlativo.

Centrémonos por ejemplo en los últimos dos días y en su herramienta de expresión favorita: Twitter. Solo en 48 horas, Trump ha contado que en sus primeros 500 días de mandato (de “grandeza”) ha logrado “más que ningún otro presidente” y que ahora la economía estadounidense y el empleo están “mejor que NUNCA, porque NUNCA ha habido un momento mejor para encontrar trabajo”. De hecho, la actual economía es la “más grande en la HISTORIA de América”, como nos ha recordado varias veces.

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Por qué Silicon Valley odia el periodismo

Elon Musk

Al fundador de Tesla, Elon Musk, no le gusta el periodismo actual. Le gusta tan poco que quiere fundar su propia web de valoración de medios de comunicación y llamarla (ojo al chistaco) Pravda. Sí, Pravda, como el periódico oficial comunista de la Unión Soviética. Muy ocurrente, Elon, pero poco sorprendente. ¿Cuántos empresarios multimillonarios conoces a los que le guste la prensa libre?

Musk está muy enfadado porque en lugar de seguir hablando de lo guay que es mandar un coche a la Luna, los malvados periodistas también escriben artículos sobre los accidentes laborales que suceden en sus fábricas, o los problemas en sus frenos, o por qué intenta que sus trabajadores no se afilien a sindicatos. Elon no entiende por qué esos pesados no emplean más tiempo en jalear su chistosa campaña de venta de lanzallamas y sí en hablar de los obreros de sus subcontratas que se han quemado gran parte del cuerpo trabajando para construir el coche de moda entre los ricos. Estamos ante algo nunca visto antes: un magnate al que le gusta la publicidad, pero no el periodismo.

Para Elon Musk, el periodismo ha perdido toda su credibilidad porque nos pasamos el día buscando clicks y publicidad, pero cuando se enteró de que el medio de comunicación que publicó la exclusiva sobre sus accidentes laborales no tiene publicidad ni ánimo de lucro, cambió rápidamente de discurso y dijo que eran unos “extremistas” y “unos niños ricos que se tomaban demasiado en serio a su profesor de Ciencias Políticas”. Su cuenta de Twitter está llena de insultos y de diferentes variaciones de la frase “¿por qué hablas de XXXX en vez de hablar de XXXX?”. Nada nuevo bajo el sol.

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Trump llama "animales" a muchos de los inmigrantes indocumentados deportados

El presidente Donald Trump sonríe ante la bandera de Estados Unidos.

"Estamos deportando a gente que no se creerían lo mala que es. No son personas, son animales y los estamos expulsando a un nivel sin precedentes", afirmó Trump este miércoles delante de las cámaras. Pero no es la primera vez. El presidente estadounidense tiene una tendencia especial a rebajar a una categoría infrahumana a muchos inmigrantes indocumentados.

El presidente hizo estas declaraciones en una mesa redonda con líderes locales y federales sobre las leyes migratorias de California, "las más estúpidas del mundo", según Trump. "Por culpa de las leyes débiles entran rápido, los cogemos, los liberamos, los volvemos a coger y los volvemos a liberar. Es de locos", señaló el presidente. Trump ha llevado a los tribunales esta legislación, a menudo apodada como 'leyes-santuario'.

President Trump during California #SanctuaryCities Roundtable: "These aren't people. These are animals."

Full video here: https://t.co/alyS47LI5Vpic.twitter.com/ifXicTHHP0

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Así manipuló Rusia en EEUU: noticias falsas y broncas por Beyoncé

El presidente ruso, Vladímir Putin, conversa con el presidente estadounidense, Donald J. Trump

A veces las casualidades son asombrosas. Se calcula que 126 millones de estadounidenses vieron en Facebook contenidos diseñados por Rusia para manipularlos. 126 millones: exactamente el mismo número de personas que votó en las últimas elecciones presidenciales de EEUU. Asomarse a los más de 80.000 posts que los rusos colocaron en la red social para sembrar discordia y echar una mano a Trump es apasionante. Los demócratas acaban de publicarlos y el material dice mucho de los estadounidenses, de sus miedos y de sus esperanzas.

La gran operación rusa para influir en el resultado de las últimas elecciones estaba muy bien pensada. No se trataba de poner "Vota Trump" a diestro y siniestro en el Facebook de todo el país, era algo bastante más sofisticado. Sabían por ejemplo que les interesaban particularmente unos pocos estados, aquellos en los que el resultado no era seguro. Y tampoco hacía falta convencer a todos los votantes, bastaba con que determinados grupos de gente estuvieran tan cabreados como para ir seguro a votar y otros perdieran la motivación para hacerlo. Por último, si no conseguían poner a Donald Trump en la Casa Blanca, al menos iban a intentar sembrar toda la discordia y división posible en la sociedad estadounidense.

Estrategia electoral

Los rusos sabían, como sabíamos casi todos, que Hillary Clinton necesitaba una participación altísima de los afroamericanos y los hispanos para poder ganar. Con sus insultos racistas a los latinos, Trump tenía poco que rascar por allí, pero los agentes rusos hicieron un especial esfuerzo de desinformación contra la comunidad negra. Mediante falsos perfiles pagaron por aparecer en el Facebook de personas que la red social tenía identificadas como "con interés" en temas afroamericanos y promocionaron noticias llamando a la abstención y defendiendo que ambos candidatos eran igual de malos.

También quisieron aprovecharse de las divisiones entre los demócratas. A través de grupos falsos que llevaban el nombre de Bernie Sanders, el rival de Clinton en las primarias, siguieron atacando a la candidata durante la campaña de las generales. Aunque Sanders fue inequívoco en su apoyo a Clinton frente a Trump, muchos de sus seguidores estaban recibiendo información falsa que les invitaba a no votar.

Por supuesto no se trataba solo de intentar que los demócratas no votaran, sino también de que los republicanos lo hicieran en masa. A los usuarios con intereses conservadores, se los bombardeaba con metáforas religiosas y anuncios racistas, además de noticias falsas. En algunos casos, promocionaban contenidos de este tipo solo entre los usuarios que se definían como militares o policías. Miles de posts elaborados en San Petersburgo rebotaban de perfil en perfil hasta llegar a millones de votantes en EEUU.

Objetivo: el enfrentamiento

Muchos de los artículos que desde Rusia producía la Agencia para la Investigación de Internet (IRA) no buscaban favorecer a Donald Trump, sino simplemente crear conflictos y enfrentamientos en EEUU. Por ejemplo, usando tanto perfiles conservadores como otros de apariencia izquierdista, convocaban manifestaciones a favor y en contra de algo a la misma hora y en el mismo lugar, previsiblemente para provocar jaleo. Ese fue el caso de una protesta a favor y en contra de la cantante Beyoncé junto a la sede de la NFL. Lo mismo hicieron creando un grupo de musulmanes y otro contra ellos y convocando manifestaciones simultáneas en el mismo punto de Houston.

Según la inteligencia estadounidense, el misterioso organismo ruso que creó y difundió todo este material en Facebook tenía como "objetivo estratégico sembrar la discordia en el sistema político estadounidense". También afirma que Putin dio la orden porque "había desarrollado una clara preferencia por Trump" y que las metas de la campaña rusa eran "socavar la confianza pública en el proceso democrático de EEUU, denigrar a Hillary Clinton y dañar sus posibilidades electorales y su posible presidencia".

Gracias a los congresistas demócratas del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, conocemos algunas de las armas que los rusos usaron para conseguir esos objetivos. En total unos 4.000 anuncios y 80.000 posts solamente en Facebook. Pero la guerra que empezó en 2015 todavía no ha terminado. Aunque el presidente se dé públicamente por satisfecho con las explicaciones de Putin, su propia Administración reconoce que Rusia tiene puesta ahora la mirada en las próximas elecciones de mitad de mandato donde espera repetir su campaña de intoxicación. En Facebook, dicen, pero también en otras redes como Twitter e Instagram.

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Un indulto para el boxeador negro al que odiaba la América blanca

Jack Johnson fue apodado 'el gigante de Galveston'.

¿Cómo hace Rambo para ponerse en contacto con el presidente de EEUU? Es una buena pregunta que hacerse cuando Trump tuitea que ha hablado por teléfono con el actor Sylvester Stallone y que tras la conversación se está planteando indultar a un boxeador muerto hace más de 70 años. Pero este artículo no va de por qué un presidente que no escucha a nadie sí que hace caso a Rocky Balboa. Este artículo va de un boxeador negro al que los blancos odiaban porque salía con mujeres blancas, bebía champán con su leopardo y sobre todo porque no había quien le ganara en el ring. Todo ello antes de 1920.

Los padres de Jack Johnson habían nacido esclavos, pero él supo ganarse muy bien la vida a golpes. Le costó horrores que un campeón blanco aceptara subirse con él al ring, pero cuando por fin se enfrentó a Tommy Burns el día después de Navidad de 1908, no solo se convirtió en el primer campeón negro de los pesos pesados, sino que acabó con todos sus problemas para encontrar combates. ¿Por qué? Porque los blancos estaban locos por demostrar que todo había sido un accidente, que un negro no podía boxear mejor que el mejor de los blancos. Tardaron siete años en quitarle el título.

Johnson era todo lo que los racistas odiaban. Era el mejor en el ring, no tenía pelos en la lengua y disfrutaba de su fama y de su dinero, casi siempre rodeado de mujeres blancas. Tenía un club de jazz en Harlem que acabaría siendo el mítico Cotton Club y un estilo de vida extravagante. Para gran parte de la comunidad negra era un ídolo, el primer icono popular de los afroamericanos, que se hizo millonario no solo boxeando sino también haciendo publicidad de varios productos. Tenía cabeza para los negocios: desde que llegó a campeón no volvió a pelear con un negro. Sabía que el morbo racial de enfrentarse a blancos por el campeonato le reportaría bolsas mucho más abundantes.

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Periodismo para tiempos oscuros: la América de Trump a través de los premios Pulitzer

Pese a Trump, o tal vez gracias a Trump, el periodismo estadounidense goza de una renovada buena salud

"Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos", escribió Charles Dickens sin saber que esta frase es la definición perfecta de la situación que vive el periodismo estadounidense en la era Trump. Los grandes periódicos contratan periodistas en vez de despedir a sus veteranos y los canales de noticias viven una edad de oro en la que el público, lejos de huir de la política, demanda más y mejor información. Y al mismo tiempo, la confianza en los medios de comunicación está en mínimos y el acoso del poder es más intenso que nunca. Desde los premios Pulitzer del año pasado, Trump ha tuiteado el término "fake news" (noticias falsas) nada menos que 146 veces.

Observar el listado de los premios Pulitzer de 2018, los Nobel del periodismo estadounidense, es observar el país abierto en canal: sus glorias, sus miserias, sus esperanzas. El monumental trabajo de desentrañar las relaciones entre Rusia y la campaña de Trump ha sido distinguido con el premio a la mejor cobertura nacional compartido entre el New York Times y el Washington Post, pero es en el resto de categorías en las que mejor se ven las fuerzas que han llevado a Trump a la Casa Blanca o las que ha desatado desde allí. El racismo, el machismo o la epidemia de drogas que aterroriza a los blancos del Medio Oeste. No es tanto Trump, como la América de Trump.

Solamente el resurgir del racismo se ha llevado cuatro premios. La foto del año es la que captura el momento en que un extremista blanco embistió con su coche a una marcha antirracista en Charlottesville, matando a una mujer. Trump condenó entonces el "mal en los dos bandos" que se manifestaban aquel día. El Pulitzer al mejor artículo del año ha sido para una periodista, hija de un ghanés y una estadounidense, que hizo un helador perfil de Dylan Roof, el chico de 22 años que entró armado en una iglesia y asesinó a 9 afroamericanos. Ella pasó varios meses recorriendo Alabama, hablando con gente, hasta escribir 9.000 palabras que llevaban por título: "El terrorista más americano".

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