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“La acción política va a estar cada vez más mediada por la tecnología”

Red de difusión de la fase de explosión. Realizado por Pablo Aragón.

Ander Iñaki Oliden

  • Javier Toret ha coordinado la investigación 'Tecnopolítica y 15M' en la que se aborda el papel de la tecnología en la gestación y desarrollo del movimiento

Javier Toret es licenciado en Psicología e investigador. Especializado en el análisis de las mutaciones de la subjetividad y las formas de comunicación, acción y organización colectiva de la socidad en red, ha coordinado el estudio 'Tecnopolítica y 15M' en el que ha participado el colectivo 'Datanalysis 15M'.

La investigación que coordina aborda el papel de la tecnopolítica en el 15M, pero ¿qué se entiende por tecnopolítica?

Es el uso táctico y estratégico de las redes digitales para la organización, la comunicación y la acción política colectiva. Es algo distanciado de lo que denominamos 'clicktivismo', que se limita a la recogida de firmas o 'me gustas' en Facebook, y del ciberactivismo, como activismo sólo en Internet. La tecnopolítica implica también utilizar la red para tomar el espacio urbano, que ha sido la gran potencia del movimiento 15M. La multiplicación de estas prácticas convirtió a miles de actores, pequeños nodos y entidades colectivas en un sujeto político distribuido y autoorganizado fundamental para la explosión, la gestación y el desarrollo del 15M.

En la investigación se considera la existencia de cierta 'cultura tecnopolítica' como elemento clave para que el movimiento surgiera en España en lugar de en otros países con una crisis similar.

Sí, la crisis es una condición necesaria, pero no suficiente para que haya una explosión social. En Italia, Portugal o Grecia había una situación similar de crisis, pero no existía un movimiento previo tan fuerte como el de la defensa de la libertad en Internet que tiene lugar en España entre los años 2007 y 2011.

En un determinado momento, en la lucha contra la Ley Sinde, se produce una transición de la defensa de la libertad en Internet a una crítica contra el bipartidismo, que ha legislado contra ese movimiento democrático, y que cristaliza en campañas como #nolesvotes. La mezcla de esa movilización en Internet y la popularización de las prácticas tecnopolíticas es un factor clave para convertir el malestar social en una potencia política que lleve a la gente a salir a la calle y creerse que se pueden cambiar las cosas. En ese sentido, también fue importante la Primavera árabe y su capacidad de contagio al demostrar que es posible salir a la calle para generar un cambio.

Sin embargo, las luchas por la libertad en Internet no reunieron a miles de personas en la calle, aunque sí movilizaron a miles de personas en la red.

El manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet lo firman 200.000 personas en unos días. Eso demuestra que existe una masa crítica tecnológica y social. #nolesvotes movilizó gente en la red contra el bipartidismo, pero no llevó el descontento a la calle. La campaña de Democracia Real Ya tiene como objetivo ese salto de la red a la calle. Su campaña inclusiva y viral consigue articular a esa masa crítica de Internet con ciudadanos descontentos en general y colectivos sociales que se estaban organizando, como la PAH o Juventud Sin Futuro, pero que no tenían esa conexión transversal que fue clave para desencadenar el 15M.

Entonces llega la manifestación del 15 de mayo, la acampada y la explosión del movimiento. ¿Cómo se vive eso en la red?

Antes de la manifestación existía un ecosistema vinculado a la lucha contra la ley Sinde, algunos activistas empezaban a hacer un uso político de las redes sociales, pero la red era pequeña. Entre el 13 y el 14 de mayo de 2011, la red del 15M tiene cerca de 3.000 nodos. Una semana después, son más de 110.000. Los primeros nodos son personas y grupos que vienen de la lucha por la libertad de Internet y los canales de DRY, que tienen un papel muy importante en la gestación y la explosión del movimiento, como se ve en nuestro estudio de topología de redes.

El desalojo y la posterior reconquista de la Puerta del Sol genera una explosión del movimiento. La retransmisión en directo de lo que ocurre produce una explosión emocional y un contagio tecnológicamente estructurado. Se multiplica el patrón simple 'una acampada, un Twitter y un Facebook' que combina la organización física con la digital. Los perfiles de DRY y de las acampadas locales crecen a una velocidad tremenda y se genera una estructura autoorganizada de comunicación de una manera orgánica y natural. Es una herramienta fundamental para tener autonomía comunicativa y producir los mensajes y estados de ánimo que permiten que la movilización se consolide y crezca.

Y todo al margen de los medios.

La estrategia de DRY era clara: usar todos los canales de comunicación posibles para generar una bola de comunicación y participación que rompiera el silencio de los grandes medios. El movimiento había creado antes del día 15 un medio distribuido de comunicación, pero después del desalojo y la reconquista de Sol eso se dispara y se crea una estructura digital de comunicación muy potente. Esta dinámica de autocomunicación con perfiles de los diferentes grupos, colectivos y acampadas rompe con la necesidad de intermediación y permite a los ciudadanos informarse directamente. Los medios llegan tarde a informar, después de ver la protesta en el portada del Washington Post, y no entienden la protesta. Esta autonomía comunicativa social ha supuesto un vuelco muy fuerte para los medios. Muy pocos han estado a la altura.

La investigación aborda también el lenguaje empleado por esa red. ¿Cómo es ese lenguaje?

En el trabajo de análisis del lenguaje del 15M que ha hecho @outliers_es llama la atención la sincronización del lenguaje. Lo habitual es que la gente hable en las redes de cosas muy distintas y muy diversas, pero con la explosión llega un momento en el que hay miles de personas hablando del mismo tema, al mismo tiempo y con las mismas palabras. Al mismo tiempo se produce una aceleración de lo que denominamos temperatura del lenguaje. No es solo un lenguaje sincronizado, sino que al mismo tiempo se renueva constantemente en torno a lo que está pasando. Sería como una especie de núcleo dinámico cognitivo que conecta a todos esos cerebros en torno a unas ideas.

En torno a unas ideas y unas emociones también.

Estábamos convencidos de que una de las claves de estos movimientos es la relación entre explosión emocional y tecnología. En las plazas se vivió una especie de catarsis colectiva que se contagió muy rápido por la red y que llevó a una movilización en torno a esas emociones. Hay una reacción emocional que lleva a la identificación y a la movilización.

De hecho, los tuits del 15M tienen el doble de carga emocional que los tuits normales. Sus picos de carga emocional alcanzan el 19%, cuando lo normal es tener entre un 5-7%. Los sentimientos más presentes son el empoderamiento y la indignación. La indignación parece evidente ante la situación social y económica, pero por sí misma no basta. La sensación de que existe el poder, la fuerza y la razón para hacer lo que se estaba haciendo es fundamental para la movilización.

En un mundo en el que todo va tan rápido y en el que lo que hoy es noticia deja de serlo mañana, ¿cómo ha logrado mantenerse el 15M?

El 15M se ha mantenido transformándose. Ahí es fundamental el papel de la red. Decir que todo empieza y acaba en la acampada es un error. Hubo un trabajo previo que creó una dinámica de autoorganización en la red y la dinámica de permanencia, pero al mismo tiempo de mutación, está muy vinculada a esa red.

Nuestro estudio llega hasta junio de 2012, aunque seguiremos más adelante, y aborda varias fases. Con el tiempo se observa que hay un momento en el que el movimiento no está tanto en el centro de la conflictividad social, sino que se convierte en un elemento inspirador, conector. Van apareciendo nuevos agentes, núcleos dinámicos catalizadores de la energía del movimiento en cada fase, como las mareas, la PAH o 15MPaRato. El movimiento no es una identidad fija, cerrada, sino que abre un espacio de transformación continua y participación.

¿Será posible a partir de ahora entender la política sin un componente de tecnopolítica?

Lo que está pasando en Turquía o Brasil confirma una tesis fuerte de la investigación que es que la tecnopolítica es un patrón de organización política en la sociedad red. No es una cosa pasajera. La acción colectiva va a estar cada vez más mediada por la tecnología. Estas prácticas tecnopolíticas permiten construir una dimensión performativa. Uno puede crear un evento en facebook o una web, pero es la interacción y la participación de la gente la que hace que la acción sea posible. Primero se previve en el ámbito virtual y después se actualiza en el mundo físico. A partir de ahí se abre un campo inmenso.

¿Cuáles pueden ser los próximos horizontes de la tecnopolítica?

Hay dos experiencias a tener en cuenta. Una es 'toqueabankia' como un protocolo de autoorganización de acción distribuida que supera la convergencia en un solo punto. Rompe con la idea de las manifestaciones unitarias y reiterativas y es muy innovadora al pensar en estrategias de intervención de forma distribuida.

Otro ejemplo interesante para pensar en la evolución de la tecnopolítica es el Partido del Futuro. Es la experiencia más innovadora ante el techo de cristal que se está encontrando el movimiento a la hora de atacar el sistema y que implica la entrada en las instituciones. Es innovador, no solo por la manera en la que se está organizando su lanzamiento en el mundo virtual y físico, sino también por las ideas que plantea en forma de mecanismos de control y Democracia.

Llegados a ese punto cabe pensar también en el uso de la tecnopolítica desde las instituciones.

Ese es uno de los temas. Será interesante observar el potencial de la tecnopolítica aplicado a la forma de gestión del Estado para convertirlo en un Estado más distribuido y al servicio de la sociedad. Sin embargo, creo que, aunque desde un Gobierno se incorpore parte de este aprendizaje para construir un tipo de Democracia en red que permita una colaboración más amplia de la ciudadanía, con mayor control y transparencia, que cambie el código fuente del poder, seguirá siendo necesaria una red ciudadana distribuida lo más poderosa posible para avanzar en los cambios. No basta tener el movimiento, ni basta tener el Gobierno. Se necesita una relación simbiótica inteligente entre unos movimientos vivos en red y un Gobierno abierto dispuesto a los cambios.

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