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Ana Maiques: “Cuando reducimos las partidas de I+D minamos el futuro”

Entrevistamos a Ana Maiques, cofundador de la empresa de investigación StarLab, y que este año recibió el tercer premio a la mujer más innovadora de la Unión Europea

“Deberíamos animar a niños y a niñas, pero sobre todo a nuestras niñas a hacer robótica y a programar en el colegio”

Ana Maiques, fundadora de StarLab y Neuroelectrics

Ana Maiques, fundadora de StarLab y Neuroelectrics

En el año 2000, concluidos los estertores de la burbuja puntocom, Ana Maiques puso en marcha junto con su marido, Giulio Ruffini, la empresa de investigación StarLab. Ella es economista y él físico-matemático. Tal vez por eso en StartLab la investigación no pierde de vista el desarrollo de productos y servicios comerciales. La compañía cubre dos áreas dispares, como son la neurociencia y el sector espacial, pero su trabajo ha logrado que la empresa sea rentable. Su modelo de negocio se basa en lo que sale de las investigaciones.

¿Cómo surgió el concepto de StarLabs?

La visión era hacer investigación puntera, desarrollar tecnologías innovadoras y al mismo tiempo ser capaces de llevarlas al mercado. Ha sido difícil porque hay que ser buenos en hacer investigación, que no es fácil, y lleva mucho tiempo pasar de la investigación a un producto que se venda. Creo que en este sentido como empresa es muy innovadora, porque en España tenemos más centros de investigación y grandes empresas que hacen desarrollo, pero hay pocas empresas que hayan intentado ir de un lado a otro.

Se dedican a investigar en neurociencia y en el sector espacial. ¿Por qué estas dos áreas tan divergentes?

Cuando empezamos con la compañía pensamos que tanto en el sector espacial como en la neurociencia había muchísimas tecnologías por desarrollar. Eran campos muy nuevos. El nexo de unión es que los dos necesitaban de mucha inteligencia computacional a la hora de procesar los datos. El punto en común de las dos tecnologías era el procesamiento de los datos y el desarrollo de algoritmos y formas de extraer datos, tanto de los satélites como para entender el funcionamiento del cerebro humano.

Estas compañías que surgen en Silicon Valley y que van puramente al sector del consumidor se escapan de los procesos regulatorios médicos y estrictos

Cuando crearon StarLabs, ¿dieron importancia al procesamiento de datos porque ya existían las herramientas para llevarlo a cabo o apostaron por este campo y después han surgido las herramientas?

Nosotros teníamos una visión. Es verdad que cuando empezamos ya era más fácil comprarse un ordenador a buen precio con un buen procesador. Eso ya estaba cambiando. Creo que la visión que nosotros tuvimos en su momento se ha convertido en tendencia, que podía no haber pasado. Nosotros vimos que las herramientas estaban ahí y pensamos que eso iba a ir a más en el futuro. La conclusión es que realmente sí ha ido a más. Ahora estamos en un punto en el que por ejemplo los sensores, el sector salud, el big data y el cerebro están muy de moda, cuando hace 14 años no lo estaban.

¿Prevé que el mercado donde operan crezca?

Creo que sí. Nuestro fuerte es tanto el procesamiento de los datos como el desarrollo de sensores fáciles de utilizar y autónomos. Todo parece indicar que tanto en el medio ambiente como en la salud todo va hacia el tiempo real con muchos datos. Y luego a sacar inteligencia de esos datos.

¿Hacen hardware también?

Empezamos haciendo software, en la parte de procesamiento de datos. Pero llegó un momento en que nos dimos cuenta que los sensores que había no eran lo suficientemente adaptados a lo que nosotros queríamos procesar. Por eso acabamos desarrollando hardware. La verdad es que ha sido una tónica en la empresa: hacer software, modificar el hardware y volver a modificar el software. Y creo que eso también nos ha dado mucho valor añadido porque controlamos perfectamente los datos que podemos generar.

StarLabs tiene un spin off, que es Neuroelectrics. Esta empresa tiene dos productos: Enobio y Starstim. ¿Para qué sirve el primero?

Enobio es un lector inalámbrico de actividad cerebral. Cuando tú te haces un encefalogframa en el hospital te ponen un montón de cables con electrodos para medir la actividad cerebral. Enobio es fácil de utilizar y portátil. La idea es que este dispositivo incluso lo puedas utilizar a nivel domiciliario. Es para que la tecnología sea más cómoda, que sea más fácil de utilizar. Que lo pueda usar una enfermera y que lo puedas enviar con el paciente a casa.

Enobio y Starstim son dos cascos inalámbricos que miden la actividad cerebral

Enobio y Starstim son dos cascos inalámbricos que miden la actividad cerebral

¿Qué aplicaciones médicas tiene tanto en hospitales como a nivel domiciliario?

Se utiliza para el diagnóstico de la epilepsia, los desórdenes del sueño y temas como la hipertactividad. Pero nosotros siempre trabajamos en un entorno clínico y es el doctor quien prescribe el uso domiciliario de la tecnología.

¿Quién se ha interesado por el producto?

Nuestros clientes son hospitales o universidades y centros de investigación, que están trabajando en nuevos tratamientos o diagnósticos para diferentes patologías. En España tenemos algunos hospitales que están trabajando con nuestra tecnología.

Starstim aporta algo más que Enobio, ¿cómo es?

En el caso de Starstim es una tecnología nueva. Lo que hace es enviar corrientes eléctricas al cerebro y esas corrientes eléctricas son positivas o negativas de manera que podamos estimular la actividad cerebral o inhibirla. Esto tiene aplicaciones en el tratamiento del dolor neuropático, en la rehabilitación de un ictus o la depresión, por ejemplo. Es una nueva terapia para el tratamiento de estas enfermedades. De manera que en lugar de solo tomarte un fármaco puedes acudir a este dispositivo médico para tratar estas enfermedades.

¿Se está usando en hospitales?

Se está vendiendo en hospitales de toda Europa, donde está certificado médicamente. En Estados Unidos todavía no está certificado como dispositivo clínico, pero nos lo han comprado muchas universidades, como Harvard, el MIT y hospitales de veteranos. Tenemos clientes que lo están utilizando con sus pacientes a nivel de investigación.

¿Por qué cuesta más la regulación en Estados Unidos?

No hay ningún otro dispositivo en el mercado americano con esta tecnología que esté certificado médicamente. La FDA (Food and Drug Administration), que es el organismo regulatorio estadounidense, te obliga a hacer unos estudios muy largos y costosos para demostrar que tu dispositivo es seguro y también más eficaz que los fármacos que existen. Esto en Europa no te lo piden. En Europa te piden que la tecnología sea muy segura y que haya indicios de que es eficaz, pero no es necesario que sea más eficaz que un fármaco. Las autoridades estadounidenses son más exigentes en los procesos regulatorios que las europeas, aunque estas van cambiando hacia la dirección americana.

¿Cómo se investiga si los efectos de Starstim son positivos?

Lo que se hace es comparar, por ejemplo, un grupo de depresivos que solo toman fármaco con otro grupo que toma fármaco y hace estimulación mediante estas corrientes de bajo voltaje, que casi no nota el paciente. Mejoran más rápidamente que los que no solo toman fármacos.

Han surgido varios dispositivos que también usan la neuroestimulación TDCS, como la startup Thync, que quiere que su producto se dirija al mercado de consumo. ¿No se está banalizando un poco con estas herramientas?

Nosotros elegimos ir por el campo duro, pero seguro, de la medicina. Para que una tecnología médica llegue al mercado y te la certifiquen has de demostrar mucho la eficacia y sobre todo la seguridad. Como trabajamos con doctores que hacen estudios podemos certificar cuándo algo funciona o no y si es seguro o no. Y estas compañías que están surgiendo en Silicon Valley y que van puramente al sector del consumidor se escapan de los procesos regulatorios médicos y estrictos. Para mí es peligroso porque con cada nueva tecnología, sobre todo cuando está tocando el cerebro de alguien, tienes que tener muchos estudios se seguridad y longitudinales en el tiempo para asegurarte de que no tiene coste.

Nosotros no hemos elegido el sector consumidor. Hay otras empresas que sí han elegido utilizar esta tecnología para el consumidor y ya veremos cómo acaba. A mí me merece respeto pero no puedo opinar más porque tampoco conozco en qué datos sustentan sus ofertas.

¿Por qué dieron el salto a Estados Unidos?

Nuestra tecnología va al sector clínico, para hacer terapia o diagnóstico, o al sector de la investigación, para ver si la tecnología tiene impacto en diferentes patologías. En Europa hay un sector clínico donde tenemos todos los certificados para poder funcionar, pero Estados Unidos creo que es mucho más fuerte en investigación. La iniciativa Brain de Obama y la cantidad de universidades que están invirtiendo dinero en la investigación del cerebro son oportunidades muy interesantes para nosotros, para trabajar con grupos pioneros a nivel de investigación.

¿Hacen más investigación en España o en Estados Unidos?

Ahora en España muy poco, aquí estamos haciendo más desarrollo. En Estados Unidos estamos en más proyectos de investigación. En Europa lo que ha pasado es que el Programa Marco, que es la iniciativa de investigación de la Unión Europea, ha estado un poco congelado el último año, aunque ahora se empieza a reactivar. En España dependemos mucho de los fondos europeos para hacer investigación y esperamos que ahora se reactiven con el nuevo programa.

¿Por qué es tan difícil la financiación de proyectos científicos o tecnológicos en España?

Creo que no hay cultura de investigación en España. El cuerpo político o en general la cultura del país no es muy de inversión en I+D ni en tecnología. Creo que nos falta avanzar en este campo. Menos mal que tenemos Europa, donde sí que existe esa visión de invertir en el I+D. Pero en nuestro país desgraciadamente lo primero que se recorta es en investigación.

¿Será porque no se ve el nexo entre investigación y negocio?

La investigación debería ser una visión de medio-largo plazo más que de corto plazo. Y quizá nuestra política tiene una visión más de corto plazo, pero creo que en un mundo tan competitivo como tenemos ahora y tan globalizado, o aportas valor añadido, innovación y tecnología o es muy difícil competir fuera. Creo que cuando reducimos las partidas de I+D en el fondo minamos el futuro. Sé que estamos en una situación económica grave pero creo que se debería seguir apostando por la innovación.

¿De dónde obtiene financiación StarLab?

Como empresa de investigación, StarLab tuvo la suerte de contar con un cliente de referencia, que fue la Agencia Espacial Europea, para la que desarrollamos mucha tecnología. Hemos hecho unos sensores que pones en los parques y que, combinados con tecnología satelitar, te pueden decir la salud de los árboles, con el fin de gestionar mejor la irrigación en las ciudades, en función del agua que necesita cada zona de la ciudad. Esto por ejemplo nos lo ha comprado el Ayuntamiento de Barcelona. En neurociencia la parte de investigación ha estado más sustentada por programas de la Unión Europea.

¿Qué factor diría que ha sido imprescindible para el crecimiento de StarLab?

Vamos bien porque hemos sido capaces de internacionalizarnos desde el día uno. Tenemos una oficina en Boston, pero también tenemos una filial en el Reino Unido.

¿Qué están haciendo ahora en temas espaciales?

Para la Unión Europea estamos haciendo nuevos sistemas de radar y de procesamiento de satélite. Nosotros miramos el espacio, pero al revés. Miramos la Tierra desde el espacio. Por ejemplo, con los satélites que orbitan alrededor de la Tierra estudiamos el agua. En Chile estamos midiendo la nieve en los Andes para que empresas como Endesa puedan predecir la producción eléctrica que tendrán cuando venga el deshielo. En campos de irrigación medimos desde satélite la humedad del terreno para saber con cuánta agua tienes que regar en cada momento. Tenemos también algoritmos de detección de medusas que desde satélite te pueden estimar el riesgo de que aparezcan medusas en la costa, combinando la temperatura del agua, la materia en suspensión y otros parámetros.

Las mujeres en ciencia y tecnología, ¿están peor que en otros sectores?

Creo que en general estamos bastante mal. Siempre digo que el problema está en la educación. Creo que deberíamos animar a niños y a niñas, pero sobre todo a nuestras niñas a hacer robótica y a programar en el colegio. A nivel familiar y a nivel escolar tenemos que animar a las niñas a que también hagan tareas más tecnológicas.

 

Hemos hecho unos sensores que pones en los parques y que, combinados con tecnología satelitar, te pueden decir la salud de los árboles, con el fin de gestionar mejor la irrigación en las ciudades, en función del agua que necesita cada zona de la ciudad. Esto por ejemplo nos lo ha comprado el Ayuntamiento de Barcelona.

 

¿Tener una familia puede convertirse en un impedimento para las mujeres?

Yo tengo cuatro hijos y la empresa somos Guido y yo, que somos una pareja. Creo que es posible, pero también creo que es un tema de responsabilidad compartida. Creo que hoy en día las parejas son diferentes a las de hace 30 años y tanto las mujeres como los hombres están mucho más involucrados en el cuidado de los hijos y la gestión de la casa de lo que estaban hace años, porque los dos trabajan. Me gustaría pensar que esos modelos están cambiando. Además, creo que es bueno para los hombres, para los niños y para las mujeres que no caiga todo el peso como caía antes sobre la mujer. Creo que esto va cambiando desde que la mujer trabaja.

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