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La situación del 'ebook': un gran transatlántico varado

El Primer Congreso del Libro Electrónico celebrado esta semana en Barbastro evidenció por qué los grandes agentes tecnológicos, Amazon, Google y Apple se están llevando la mayor parte del pastel del libro digital.

Pequeños y medianos editores y agentes de la edición digital pugnan por crear un modelo de negocio rentable, beneficioso y de calidad mientras la gran industria permanece a la expectativa.

De izda a decha: Jordi Pérez Colomé, Patxi Beascoa, Antón Castro, Manuel Vilas y Diego Moreno, participantes en el I Congreso de Libro Electrónico. Foto: Álvaro Calvo / @CongresoEbook

De izquierda a derecha: Jordi Pérez Colomé, Patxi Beascoa, Antón Castro, Manuel Vilas y Diego Moreno, participantes en el Primer Congreso de Libro Electrónico. Foto: Álvaro Calvo / @CongresoEbook

Imagínense la escena: un enorme transatlántico navega con lentitud entre aguas embravecidas. Por sus laterales le adelantan pequeñas lanchas que, sin embargo, tienen que retroceder una y otra vez para ponerse a la estela del gran barco, ya que es este el que lleva el cargamento necesario para poder sobrevivir en la tierra. Esta imagen es la que define lo ocurrido durante las jornadas del I Congreso de Libro Electrónico celebrado esta semana en Barbastro (Huesca), según la experta en el mundo digital Arantxa Mellado del portal Actualidad Editorial.

Grandes editoriales y librerías que, aunque son conscientes de que el ebook ya está aquí, aún no parecen atreverse a dar los pasos necesarios, y pequeños agentes del sector que intentan adaptarse a este nuevo universo pero sin las herramientas necesarias para ello. Y mientras, los gigantes tecnológicos, Amazon, Google y Apple, frotándose las manos a la espera y sin mover demasiado sus fichas.

Una evidencia que se plasmó el mismo día en el que, además, la plataforma de lectura digital BiblioEteca publicó los datos del primer estudio sobre los hábitos de lectura digital que confirman que entre 2010 y 2013 los lectores en estos dispositivos han pasado del 47% al 80%. A esta cifra se suma el hecho de que el 50% de usuarios compran en tiendas online, el 72% se descargan ebooks habitualmente en la red. En definitiva, un lector digital multiplataforma: un 50% usa las tabletas, un 60% prefiere el e-reader y todos lo simultanean con ordenadores y smartphones.

Las diferencias tecnológicas

No obstante, como recalcaron los editores Pablo Barrio (Ganso y Pulpo), Valentín Pérez (Minobitia), el diseñador de ebooks Emiliano Molina (Cuadratín), y el editor y grafista Jaume Balmes, uno de los mayores problemas al que nadie se quiere enfrentar es la unidad de formatos cuando hoy en día ya existe un formato estándar como es el EPUB3, que “ofrece una implementación activa desde hace varios años y se podría usar y hacer libros muy bonitos dando al lector una experiencia de lectura que fuera más allá”, señaló Molina. El hecho de que nadie se ponga de acuerdo es lo que hace que algunos ebooks no se puedan leer en determinados dispositivos.

Otro asunto fue el de la edición de los libros electrónicos. Para los diseñadores –y también algunos editores– que trabajan en pequeñas empresas, los grandes aún siguen empeñados en una edición de calidad, pero para el libro impreso, no para el digital, que muchas veces llega al lector sin una portada cuidada, lleno de erratas y con una versión  que le acerca más al PDF. “Aquí nadie se ha preocupado hasta ahora por ofrecer un ebook bien hecho. No hay oficio de editor, y el ebook tampoco puede prescindir de los oficios del libro. Quizá lo que hay que hacer es empezar a tener pérdidas para luego empezar a ganar”, manifestó Diego Moreno, editor de Nórdica que, aunque posee un fabuloso y cuidadísimo catálogo en papel, también ha desarrollado aplicaciones para sus libros en iPad.

Claro que, si se habla de dinero, los pequeños hacedores hablan de precarización, como denunció Pablo Barrio, que realiza trabajos de edición de ebooks: “En muchas editoriales he tenido la experiencia de la India: me tienes que hacer un precio indio porque, si no, no me sale a cuenta. Es muy tentador llamar a la India, y es barato”. “El libro electrónico tiene un coste. Y ahora, con la precarización, no estamos haciendo libros electrónicos”, añadió Balmes.

El dilema de los precios

Y ahí se llega a la cuestión del precio del ebook y la puesta en duda de la ley del precio fijo. El gran caballo de batalla. Y ahí sí que aparecieron las enormes diferencias entre el transatlántico y las pequeñas lanchas. Si bien, Ezequiel Szafir, vicepresidente de Kindle Europa, señaló que era necesario que los ebooks fueran más baratos, los grandes editores se manifestaron en contra. “No vamos a tirar los precios, ya que está el trabajo del autor y nuestra vida”, manifestó Patxi Beascoa, director comercial y de marketing de Random House Mondadori, quien a su vez señaló que “el ebook no es caro, lo que pasa es que nos hemos quedado con esa etiqueta”. En estos momentos, el precio medio de un ebook está en 6,70 euros, aunque todavía se pueden encontrar muchas novedades a más de 10 euros.

Esta una discusión que parece moverse en los extremos. Roger Domingo, director de los sellos de empresa de Planeta, lanzó el debate manifestando que “si acostumbramos al lector a un precio de 2,99 euros, será difícil mantener los márgenes que tenemos ahora. Estamos buscando la horquilla entre ese coste y los 17 euros”. Sin embargo, para Ernest Folch, director editorial de Ediciones B, con una vocación más clara de lanzarse al digital, precisamente esa no es la discusión: “Ya no estamos en los extremos. Y mientras que el precio alto es el que fomenta la piratería, el precio bajo capta lectores”. Para Folch sería necesario encontrar con rapidez un precio justo y aumentar la oferta de títulos digitales. Y menos miedo a la piratería.

En el medio de estas dos proposiciones se colaron también los pequeños y medianos editores, para los que es difícil estar en el mundo, como explicó Luis Solano, de Libros del Asteroide: “Nuestros ebooks están un 60% y un 50% más baratos que un libro en papel. Es la única manera de que el negocio sea sostenible. Y la industria no puede decirle al lector que puede conseguir un libro bueno a dos euros. No es tanto un problema de educación como de que el negocio se mantenga”. Y su negocio hoy en día sigue siendo el papel.

De la misma opinión fue Donatella Lanuzzi, de Gallo Nero, para quien elaborar un libro electrónico tiene un coste alto, mucho más que el que pueda tener una gran editorial. Y si quiere que su sello no muera, tampoco puede tirar el precio en su versión electrónica. No es tanto un problema de piratería, puesto que sí está dispuesta a que se experimente con la dinamización de los precios, al igual que Diego Moreno: “No estaría mal que hubiera propuestas, quizá más Días del Libro”. Pero para ello se necesita un consenso en el que las grandes aún no parecen dispuestas a entrar.

Portales online, los beneficiados

Y mientras tanto, el canal de venta online es el gran beneficiado. Si bien las ganancias por la venta de ebooks aún no son muy significativas –nadie da cifras, pero editores y autores hablan  de centenares de títulos vendidos–, son estos gigantes, Amazon, Apple y Google, los que miran desde arriba mientras grandes y pequeños se pelean en el barro y buscan salidas. Ellos han llegado trastocando toda la cadena de valor del libro, cambiando porcentajes y márgenes. Aunque la cadena tradicional desgajaba el precio de venta al público (PVP) de un libro en el 30% para el editor, el 30% para el distribuidor, el 30% para la librería y el 10% para el autor, el universo digital se ha comportado como un enorme big bang haciendo saltar por los aires estas cifras. Y eso también echa para atrás a los pequeños, como sostiene Lanuzzi: “No quiero colocar mis libros en los portales de venta que existen ahora, donde tu libro compite con un videojuego. A mí me gustaría que mis libros estuvieran en un portal más amable”.

Pero esta posición, que a pesar de todo abre la puerta al portal online, no es la del Gremio de Libreros (CEGAL), ya que aunque tiene previsto lanzar sus títulos en digital a través del portal Tagus de la Casa del Libro –su presidente Juan Manuel Cruz, anunció que estaría listo este mes de noviembre–, la reflexión es que “la librería tiene que seguir como está”.

Para él, “parece que se da por hecho que el libro en papel ha desaparecido cuando en nuestro país la venta digital no llega al 3%, por no hablar de la descarga ilegal”. Neus Arqués, escritora y analista digital, se mostró contraria a este discurso y apuntó una de las cegueras de la industria en los últimos años: “Amazon se ha apropiado de la palabra ‘librería’, y es una palabra que evoca sensaciones placenteras. Por eso muchas librerías intentan parecerse ahora a Amazon”. Y agregó un análisis interesante: el valor de nuestros datos. “Es la nueva moneda. Estamos cediendo nuestros datos y, a raíz de esto, estoy convencida de que somos lo que leemos, y por tanto, quien decide lo que leemos y que sabe lo que leemos es fundamental”.

¿Y el futuro?

El futuro, como el pasado, no existe, y pese a las divergencias, las conclusiones del congreso abogaron por no caer ni en el pesimismo ni en el victimismo. “El futuro no es digital o papel, sino digital y papel, ambos en un 50%. La crisis nos ha puesto en nuestro sitio, y por eso ahora no es posible vender 800.000 ejemplares de un bestseller que ponías a 29 euros en papel”, apuntó Patxi Beascoa. El escritor y periodista Jordi Pérez Colomé insistió en que la generación que nació en los setenta “va a convivir con los dos formatos”, aunque también apostilló que precisamente a él el ebook le ha supuesto un nuevo género para escribir y “puede sumar lectores”. Diego Moreno ratificó que lo esencial es buscar el modelo de negocio: “Y lo fundamental es la inversión, pensar que debemos tener pérdidas”.

El escritor Daniel Gascón apuntó en la inauguración del Congreso una frase lapidaria de Maimónides muy acorde con la situación que vive la industria editorial y el libro electrónico: "El Mesías viene, pero podría retrasarse". Veremos qué queda de todas estas propuestas el año que viene y si el transatlántico adecúa su rumbo de navegación al de las pequeñas lanchas.   

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