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¿Qué sabrán allí? La actualidad de los saberes indígenas en la crisis socioambiental

Hugo Viciana & Mina Kleiche-Dray ( Institut de Recherche pour le Développement, Centre Populations et Développement, IFRIS )

La concesión, este último año, del premio medio ambiental Goldman a la hondureña Berta Cáceres y del premio Martin Ennals de derechos humanos a la mexicana Alejandra Ancheita ha permitido subrayar, una vez más, la aparente colisión entre derechos humanos fundamentales y visiones del desarrollo económico que sufren comunidades locales y poblaciones migrantes en Latinoamérica que a menudo se ven afectadas por grandes proyectos estatales o de empresas transnacionales. Un choque de trenes entre lo local y lo transnacional que es si cabe más agudo en el ámbito de los conflictos medioambientales.

El área de Latinoamérica y el Caribe contiene aproximadamente un 50% de los recursos en biodiversidad del planeta. Al mismo tiempo, estos países se cuentan entre los más afectados y sus poblaciones entre las más vulnerables frente a determinados efectos de las dinámicas actuales de la globalización. Un mapa virtual de geolocalización de conflictos socioambientales elaborado por el Observatorio de la Deuda en la Globalización recoge alrededor de un centenar de regiones afectadas en Latinoamérica y el Caribe. El Atlas de Justicia Ambiental también señala a Latinoamérica como una de las zonas más calientes en el ámbito de los conflictos medioambientales.

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El fin de los alcaldes del ladrillo. ¿Llegaremos a los alcaldes del menos es más?

Las elecciones municipales han servido  para apartar del poder en muchas ciudades (no en todas) a una generación de alcaldes nacidos al calor del boom del ladrillo. Esto es una buena noticia ya que la política municipal ha sido uno de los lugares donde más se han cultivado dinámicas que nos han llevado a la burbuja inmobiliaria y a todo esto que llamamos crisis, pero es sólo un primer paso que no servirá de mucho si no sabemos atajar también otras causas más profundas.

Los nuevos gobiernos municipales surgidos tras el 24 de mayo se están centrando en paliar los estragos sociales: parar desahucios, regenerar la vida política, practicar una austeridad de verdad (es decir, la que empieza por arriba)... pero, aunque esas medidas sociales son las más urgentes y son muy necesarias, no deberíamos olvidar que el boom del ladrillo no sólo nos ha traído corrupción y deuda, también ha tenido importantes repercusiones ambientales. La burbuja inmobiliaria ha modificado nuestras ciudades y nos ha atado a unos hábitos de consumo energético con un impacto ecológico muy importante, y no debemos olvidar que todo lo ecológico tiene también, tarde o temprano, impacto económico.

En los últimos 20 años las ciudades españolas, que en 1992 se ajustaban al prototipo de ciudad compacta mediterránea, se han expandido enormemente sin que su población haya aumentado significativamente. Se ha extendido el modelo de viviendas unifamiliares y centros comerciales, lo que las ha hecho mucho más costosas de mantener en todos los aspectos: transporte, calefacción, refrigeración,  alumbrado, mantenimiento, dotaciones, etc.

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No somos Homo economicus, sino Homo socialis

Hace un algún tiempo, un alumno despechado quería retirarse de una de mis asignaturas en la UAM y me decía: "A mí no me evalúa cualquiera".

Qué gran error, qué mala lectura de la realidad. A los seres humanos, precisamente, nos evalúa cualquiera: todos y cada uno, y durante casi todo el tiempo. Igual que los chimpancés y bonobos en la intensa vida social de sus grupos, pasamos casi todo el tiempo midiéndonos los unos a los otros. La contingencia de la evaluación formal –mediante nota— que este alumno quería evitar no es sino un minúsculo caso particular de un fenómeno mucho más vasto. También él me estaba evaluando a mí, todos y cada uno de mis alumnos lo hacen cada vez que nos encontramos (incluso si no cumplimentan las encuestas de evaluación formal que la universidad diseña para ello).

He señalado a veces que individualmente podemos vivir mejor, ganando libertad y serenidad, si somos capaces de tomar cierta distancia respecto a esa incesante actividad evaluadora. Depender menos de la mirada de los demás –pero evitando la fácil y degradante vía del desprecio, claro está–. Salir en lo posible del incesante juego de las comparaciones: soy más que tú, soy menos que tú, voy a menoscabarte o dañarte para ser al menos igual que tú… Es uno de los caminos más valiosos para rebajar nuestra egocentricidad –y esto último me parece uno de los prerrequisitos para la vida buena–.

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Carta abierta a Martiño Noriega, un alcalde único

Martiño Noriega, de Compostela Aberta, alcalde de Santiago. / Efe

Estimado Martiño Noriega:

Como estaba previsto, el pasado sábado 13 de junio te convertiste en el nuevo alcalde de Santiago de Compostela. Quiero con estas líneas invitarte a considerar varias cuestiones, de cara a tu nuevo mandato. Precisamente la primera de ellas tiene que ver con la etimología de esa palabra: espero que desde el grupo de Compostela Aberta (C.A.) tendáis una mano a los otros grupos municipales, no para hacer lo que vosotros o ellos quieran, sino para hacer lo que manden las y los compostelanos. Tú bien sabes que la democracia directa es para mí la única digna de ser considerada verdadera democracia, y tienes gente en C.A. que comparte ideas en el mismo sentido, así que se debería notar en vuestra práctica de gobierno. La gente quiere —y es capaz de— decidir todo lo que le afecta. Y, en la medida en que se lo permitáis, haciendo que sea o povo quem mais ordene (como decía Grândola, Vila Morena, la canción de Zeca Afonso), estoy convencido de que vais a asegurar la continuidad de vuestro proyecto para la ciudad.

Pero el principal motivo de mi carta no es la obsesión por la democracia real ya, sino recordarte que tú serás un alcalde diferente a todos los demás que van a gobernar los diversos municipios del Estado Español. Tú eres único porque fuiste el primer regidor local en todo el Estado (cuando estabas al frente de la corporación municipal en el vecino concello de Teo, año 2009) en reconocer que existe un problema llamado Peak Oil o Cénit de la extracción mundial de petróleo y que eso nos expone, a todas las personas que habitamos en las sociedades industrializadas, a unas consecuencias devastadoras. Ahora te toca, por tanto, una enorme responsabilidad: ser el primer alcalde de una capital en Europa en convertir su ciudad en un modelo de adaptación a ese inminente nuevo estadio post-energía-fósil de la humanidad.

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Tras el 24M: territorios libres de proyectos impuestos

"Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo". Abraham Maslow, psicólogo americano conocido por su teoría de la jerarquía de las necesidades humanas.

El Estado español es un alumno avanzado por lo que se refiere a las infraestructuras y los proyectos mal planificados, mal ejecutados y con elevados presupuestos, que han acabado convirtiéndose en inútiles o cuasi inútiles. Las costosas líneas del AVE, que contaban con rutas de menos de 10 pasajeros en 2012, los aeropuertos sin aviones de Castellón, Corvera (Murcia) y Ciudad Real, con un precio de construcción de 150, 200 y 1.100 millones de € respectivamente, las urbanizaciones deshabitadas o parcialmente construidas de Seseña  (Castilla la Mancha), Aldea (Tarragona), Valdeluz (Guadalajara) y los despropósitos del sector energético, con compensaciones de 700 millones €/año a centrales que no entran en funcionamiento así como el fracasado proyecto de almacenamiento de gas Castor, con un coste de 4.700 millones de € que abonaremos entre todos, son algunos ejemplos.

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¿Un ecologismo nuclear?

El manifiesto para la ecomodernización redactado por el think-tank "post-ecologista” del Instituto Breakthrough, ha tenido sus días de fama en EEUU, publicitada en las páginas del New York Times, y no es difícil entender el porqué. Εl mensaje “optimista” del manifiesto, que apela ciertamente a los que están en el poder, es que “si queremos salvar el planeta, tendremos que decir adiós a la naturaleza“. A pesar de que el manifiesto no ha captado la atención en España, en latinoamérica, algunos comentaristas se han subido a bordo de este nuevo “ecopragmatismo” con entusiasmo.

El manifiesto comienza con premisas familiares para los que somos ecologistas políticos. La Tierra se ha convertido en un planeta humano. La naturaleza salvaje, en tierras remotas, ya no existe. Somos parte de la naturaleza y constantemente la transformamos. Qué tipo de paisajes producimos, cuáles conservamos y cuáles no, son cuestiones sociales y políticas. ¡No podríamos estar más de acuerdo! Y sin embargo, la mayoría de políticos ecologistas, incluso los más "modernizadores" de entre ellos, se sentirían incómodos (o eso espero) con la agenda resultante de la ecomodernización: energía nuclear, agricultura genéticamente modificada y geoingeniería contra el cambio climático. Y todo ello en el nombre de, bueno, preservar la naturaleza.

¿Cómo hemos llegado a este punto, a un ecologismo pro-nuclear?

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La economía actual es el problema, no la solución

El año no ha hecho más que empezar y ya ha sido inundado con terribles noticias: dos nuevos informes recogen más evidencias sobre el riesgo que supone para la Tierra la actividad económica humana, y nos impactan con algunos datos como que las 85 personas más ricas del planeta son igual de ricos que el 50% más pobre, y además la diferencia entre unos y otros se sigue ampliando.

Al mismo tiempo, se está invirtiendo una gran cantidad de esfuerzo para asegurarnos que el crecimiento económico y la economía capitalista son esenciales para solucionar lo que algunos llaman una "crisis de civilización". Los grupos de interés empresariales juegan con nuestros miedos y nos siguen subrayando que sólo el esquema de una economía basada en el crecimiento constante, independientemente de su injusticia y de la destructividad asociada a ella, puede garantizar empleos y seguridad.

En los países ricos nos movemos en nuestro día a día como si nada fuera a cambiar, como si nuestros estilos de vida no estuvieran profundamente vinculados a la pobreza existente en todas partes y al exceso destructivo que sacude el planeta en general. Parece que vivamos en medio de una gran negación colectiva que nos permite seguir confiando en los antiguos discursos en los que el crecimiento y la competencia siempre son buenos y la tecnología y los expertos son capaces de arreglarlo todo.

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Si no hay de todo para todos, ¿qué quiere decir ser libre?

En el nivel de consumo actual de España (a pesar de las enormes desigualdades y la violenta fractura social existente), el planeta no podría soportar más que a 2.400 millones de habitantes. Sobrarían, por tanto, más de las dos terceras partes de la humanidad. Aún más: en un mundo que utilizase sus recursos naturales y servicios ambientales al nivel en que lo hacen los EEUU hoy --¡que se proponen como modelo al resto del mundo!--, sólo podrían vivir 1.400 millones de personas. Así que, si continuamos por la senda de este “modelo de desarrollo”, los genocidios están preprogramados.

Centrémonos sólo en una necesidad básica, la alimentación. Si 9.000 millones de personas (la población en que se estabilizará quizá la demografía humana durante el siglo XXI) tratasen de comer como hoy lo hace el estadounidense promedio, harían falta las tierras de cultivo de más de dos planetas adicionales para soportar esa dieta: 4.500 millones de hectáreas –cuando en la Tierra sólo hay unos 1.400 millones de hectáreas de tierras de cultivo. El mismo cálculo, desde otro ángulo: con dieta estadounidense, y teniendo en cuenta que hemos de cultivar más cosas que alimentos en las tierras de labor (fibras por ejemplo, o materias primas para la producción) el planeta sólo podría dar sustento a 1.500-2.000 millones de personas (hoy somos más de 7.200 millones).

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La economía circular o la invención del círculo

Últimamente oímos hablar bastante de economía circular en las discusiones acerca del desarrollo económico y su interacción con el medio ambiente. En particular, en Europa se ha puesto de moda este término desde que el 25 de septiembre de 2014 se aprobara la comunicación de la Comisión Europea al Parlamento, al Consejo Económico y Social y al Comité de las Regiones, llamada " Hacia una economía circular: un programa de cero residuos para Europa".

El concepto no es para nada nuevo. China venía trabajando desde hacía tiempo en una iniciativa de consumo y producción sostenible, llamada economía circular, que ya se basaba en la mejora en el uso de recursos (eficiencia de uso), en el fomento del reciclaje y en la reducción de los residuos. Esto se materializó en forma de Ley el 29 de agosto de 2008, cuando se aprobó la  Ley de Economía Circular de la República Popular de China.

En ambos casos, el lado positivo es que se reconoce que hay que ir más allá de la linealidad del proceso económico que entiende la economía ortodoxa (se toman recursos del ambiente, se transforman con capital y trabajo, y se consumen). Se explicita que todo ese proceso implica generación de residuos y destrucción de la naturaleza, y precisamente se proponen mejoras en la eficiencia de uso y el reciclaje como soluciones. Sin embargo, como veremos, y a pesar de ser un paso adelante, esta propuesta sigue siendo insuficiente.

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La Unión Energética, ¡nos dará la fuerza!

Dependencia y vulnerabilidad frente a seguridad y mejores precios. La Unión Energética nos dará la fuerza para combatir la dependencia de las importaciones de la Rusia de Putin y nos hará menos vulnerables a sus autoritarias imposiciones. Si los Estados miembro hablan con una sola voz, este objetivo es más que posible. Y alcanzarlo no es cualquier cosa: conseguiremos la seguridad en el suministro y más competencia entre empresas energéticas a escala europea con el resultado de un mejor servicio a mejor precio para los consumidores.

A grandes rasgos, este es el discurso oficial de la Unión Energética, una suerte de win-win (todos ganamos) para Estados, empresas y ciudadanos europeos. Si decimos que la realidad es otra, sería demasiado pretencioso, digamos entonces que hay otra realidad e intereses que no aparecen explícitamente en el discurso oficial: el nuevo mapa geopolítico energético de la UE y la construcción del mercado único del gas. Veamos pues, como interactúan estas dos capas con dicho discurso.

Si llevas blancas, mueves primero.  El nuevo mapa geopolítico de la energía de la UE

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