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    <title><![CDATA[Vertele - Marta Peirano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/marta_peirano/]]></link>
    <description><![CDATA[Vertele - Marta Peirano]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las valiosas lecciones de Halt & Catch Fire]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/valiosas-lecciones-halt-catch-fire_1_7477621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f149c47-29d9-48e5-a6ef-92432b51b433_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las valiosas lecciones de Halt &amp; Catch Fire"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie ya de culto se despide con un final que es la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás</p></div><p class="article-text">
        Empez&oacute; siendo un <em>Mad Men</em> para geeks y acab&oacute; siendo uno de los mejores dramas jam&aacute;s producidos sobre la era de la Informaci&oacute;n. El genio de <em>Halt &amp; Catch Fire</em> ha estado solo en conducir la chispa primigenia de la industria tecnol&oacute;gica como una gran met&aacute;fora para la vida, y hacerlo con emoci&oacute;n y grandeza. Porque &ldquo;la tecnolog&iacute;a no es La Cosa, es la cosa que te lleva a La Cosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Joe el visionario, Cameron la genio, Donna la ingeniera y Gordon el inventor: todos han cambiado para convertirse en una versi&oacute;n cada vez m&aacute;s depurada de si mismos. Han aprendido a dominar el demonio interior que les hace correr hacia adelante, pero tambi&eacute;n perderse. Con ellos hemos aprendido cuatro cosas important&iacute;simas. Son cosas que la propia industria tecnol&oacute;gica necesita empezar a aprender. 
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/919400075041783808?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h2 class="article-text">Eureka no existe, todo es prueba y error</h2><p class="article-text">
        Una de las cosas m&aacute;s deliciosas de H/CF es ver a sus personajes tener epifan&iacute;as jugando a videojuegos. Y tiene sentido, porque el algoritmo est&aacute; dise&ntilde;ado para ense&ntilde;arte a mejorar en el propio juego a base de repeticiones, afinando una y otra vez hasta dar con la soluci&oacute;n. &ldquo;Recurrencias, como cuando una funci&oacute;n espec&iacute;fica se llama a s&iacute; misma de manera repetitiva dentro de un programa de manera que, para resolver el problema grande, usa el mismo problema peque&ntilde;o una y otra vez como soluci&oacute;n para una situaci&oacute;n cada vez m&aacute;s compleja&rdquo;, explica Cameron.
    </p><p class="article-text">
        En la m&aacute;quina y en la vida, porque escribir c&oacute;digo es s&oacute;lo un 10%; el 90% restante es ejecutar el c&oacute;digo defectuoso una y otra vez y corregirlo hasta que llega hasta al final. En la cuarta temporada est&aacute; claro que todos han repetido los mismos errores, porque el car&aacute;cter es destino, pero siempre van a mejor. Y uno es m&aacute;s uno mismo que nunca cuando est&aacute; haciendo aquello en lo que es realmente bueno y le hace feliz. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pens&eacute; que esta vez funcionar&iacute;a&rdquo;, le dice Cameron a Joe. &ldquo;Y lo hizo, durante un tiempo&rdquo;. No como la primera vez. Cuando Cameron y Donna vuelven a las oficina de Mutiny/Comet y piensan en c&oacute;mo ser&iacute;a trabajar juntas de nuevo, son capaces de imaginar el recorrido entero de su proyecto, porque ya lo han hecho antes y saben donde est&aacute;n las trampas y lo bien que se les dan. Su empresa imaginaria se llama Phoenix, el ave que resurge de sus cenizas una y otra vez. 
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/919379211353239553?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h2 class="article-text">El fracaso no existe</h2><p class="article-text">
        Todos los personajes han apostado y han perdido; en sus relaciones, en sus empresas y en su visi&oacute;n de lo que ven&iacute;a despu&eacute;s. Eso no quiere decir que estuvieran equivocados, ni que su esfuerzo caiga en el vac&iacute;o. A veces solo que llegaron demasiado pronto. Como <em>Pilgrim</em>, el videojuego de Cameron que no termina de convencer a Atari porque ser demasiado complejo, aburrido y espiritual.
    </p><p class="article-text">
        Y la lecci&oacute;n es que <em>sabemos</em> que es Atari quien se equivoca, porque su presente es de Doom y de <em>Mortal Kombat</em> pero Cameron es un Jenova Chen, el <em>Wunderkind </em>chino que cambi&oacute; la industria con <em>Cloud</em>, <em>Flow</em>, <em>Flower</em> y<em> Journey. </em>Chen demostr&oacute; que la interacci&oacute;n en 3D es una herramienta demasiado poderosa para servir solo para pegar tiros. Tambi&eacute;n un veh&iacute;culo de transformaci&oacute;n interior.
    </p><p class="article-text">
        Pilgrim se descarta pero no se pierde como l&aacute;grimas en la lluvia, porque le trae a su siguiente <em>sponsor</em>, que le dice lo que nosotros ya sab&iacute;amos: no eres una dise&ntilde;adora de videojuegos sino una arquitecta de mundos. En los <a href="http://www.consumer.es/web/es/tecnologia/software/2005/09/08/145101.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">MMPORG</a>, el juego no consiste en ganar sino en quedarse y mejorar cada d&iacute;a. Al final de la temporada, Cameron aprende que para salir del bucle en el que est&aacute; atrapada tiene que dejar de huir y quedarse y mejorar. Porque la vida no est&aacute; en los aciertos sino en las equivocaciones. Vivir es aprender a equivocarse mejor.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/919993866668740609?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h2 class="article-text">Todos los problemas tienen m&aacute;s de una soluci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Los cuatro personajes comparten visi&oacute;n y lenguaje pero han chocado una y otra vez en la implementaci&oacute;n. Pero el progreso es solo una l&iacute;nea narrativa. El demonio-herramienta de Donna es un perfeccionismo, un demonio que la alimenta pero tambi&eacute;n que acaba destruyendo su relaci&oacute;n con las personas que m&aacute;s le importan, cuando las intenta controlar. En su epifan&iacute;a con <em>Pilgrim</em>, Donna se da cuenta de que Cameron es una ni&ntilde;a y que no busca dominar el mundo sino encontrar su lugar en &eacute;l. Y exorciza su demonio tirando las paredes de su oficina y dando un discurso inesperado y perfecto en el que se resume el extra&ntilde;o y complejo lugar de las mujeres en la industria, en la familia y en la historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>H&amp;CF</em> ha sido una gran serie sobre y para las mujeres. No solo por el volantazo de la segunda temporada, cuando Donna y Cameron empiezan Mutiny y ocupan el centro de la acci&oacute;n para no volver a dejarlo. Tambi&eacute;n porque la transici&oacute;n de Donna hasta convertirse en su amiga ejecutiva Diane Gould cuenta una historia de las mujeres en Silicon Valley, pero no es la &uacute;nica. Y porque la caravana que Cameron monta en mitad de la nada es <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Una_habitaci%C3%B3n_propia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la habitaci&oacute;n propia</a> del nuevo milenio. Una mujer debe tener dinero y una habitaci&oacute;n propia si desea escribir c&oacute;digo.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/919384890449080320?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h2 class="article-text">Para que empiece algo nuevo, algo tiene que terminar</h2><p class="article-text">
        Como la serie, aunque nos duela. Cuando va a que le lean el futuro, en un ir&oacute;nico gesto hacia su propio papel de vendemotos profesional, a Joe le sale un 10 de espadas. Una carta aparentemente negativa donde un hombre yace en el suelo con diez espadas clavadas en la espalda. Pero, como le indica Carol Kane en su delicioso cameo, para que llegue el futuro, el presente debe morir. A Joe MacMillan, como a su predecesor Don Draper, solo le gustan los principios de las cosas, cuando todo es potencia de futuro y nada se ha roto a&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Joe es el que dice que &ldquo;el ordenador no es La Cosa, sino la cosa que te llevaba a La Cosa&rdquo;, pero no lo entiende realmente hasta que recuerda que era algo que le dec&iacute;a a Gordon y que Gordon no est&aacute; para entenderlo. Se da cuenta de que La Cosa no era el primer PC port&aacute;til, Comet o Internet. Eran Gordon, Cameron, Donna, Haley. Nunca la idea, sino la conversaci&oacute;n. Por el visionario narcisista, su siguiente pantalla le devuelve literalmente al principio: un aula de Universidad. Un lugar lleno de Camerons, de Gordons y de Donnas con las que conversar. Las buenas ideas no son de nadie. Solo su implementaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/919400805215625216?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h2 class="article-text">Salir de la m&aacute;quina, boom boom boom</h2><p class="article-text">
        Total, que la vida iba en serio, y uno lo empieza a comprender m&aacute;s tarde. Pero la tecnolog&iacute;a puede ofrecer atajos, como la cinta desde la que Gordon le habla a Haley, su hija menor, cuando m&aacute;s lo necesita: &ldquo;Tienes que recordarte a ti mismo que no eres m&aacute;s que 160 libras de gelatina en mitad del universo gigante. Cualquier cosa que te est&eacute; jodiendo ahora mismo, cr&eacute;eme que pasar&aacute;. Todos los problemas parecen enormes en el momento pero Gordon, ya sabes que no es as&iacute;. Conc&eacute;ntrate en estar. Y trata de levantar la cabeza del ordenador de vez en cuando&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En una &uacute;ltima gran ocurrencia, Joe termina la serie con la misma frase que la empez&oacute;: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ntos de los aqu&iacute; presentes quieren ser programadores?&rdquo; Pero en realidad cierra con <em>Solsbury Hill</em>, de Peter Gabriel.
    </p><p class="article-text">
        Aunque estaba atrapado en la rutina
    </p><p class="article-text">
        de pensar lo que iba a decir
    </p><p class="article-text">
        y qu&eacute; conexiones cortar
    </p><p class="article-text">
        Me sent&iacute;a parte del escenario
    </p><p class="article-text">
        y consegu&iacute; salir de la m&aacute;quina.
    </p><p class="article-text">
        Mi coraz&oacute;n haciendo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=_OO2PuGz-H8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">boom, boom, boom</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Peirano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/valiosas-lecciones-halt-catch-fire_1_7477621.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Nov 2017 15:07:59 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Lecciones de Copyright para futuras estrellas del porno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/lecciones-copyright-futuras-estrellas-porno_1_7469902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb7c6701-4257-46a6-800b-a9214fd0f54e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lecciones de Copyright para futuras estrellas del porno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El venerado creador de The Wire y Treme vuelve con un retrato de la manzana más peligrosa del Nueva York de los años 70: Times Square. The Deuce cuenta los inicios del cine porno, un submundo habitado por autores, intérpretes y chulos, la mafia que lo financia y los agentes que tratan de contener su inevitable expansión</p></div><p class="article-text">
        Lo titularon<em> The Deuce</em> por el nombre que ten&iacute;a entonces el cruce entre la s&eacute;ptima y octava avenidas: West 42nd AKA &ldquo;forty-deuce&rdquo;. La calle m&aacute;s s&oacute;rdida del Times Square de 1971, el barrio m&aacute;s peligroso una ciudad desahuciada llamada Nueva York. Una manzana podrida de edificios cayendo a pedazos, ocupados por bandas, <em>dealers</em>, borrachos y yonquis.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la clase de ciudad que le gusta al experiodista David Simon, porque le permite recrear una econom&iacute;a compleja en un tablero relativamente peque&ntilde;o. Es lo que hizo con Baltimore (<em>The Corner</em>, <em>The Wire</em>), Nueva Orleans (<em>Treme</em>) y Yonkers (<em>Show me a hero</em>). Lo ha escrito con su colaborador habitual George Pelecanos y ha escogido a Michelle MacLaren para dirigir el piloto y el <em>finale</em>. Naturalmente, les pareci&oacute; imprescindible contar con el punto de vista femenino, dada la tem&aacute;tica en cuesti&oacute;n. 
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    </figure><p class="article-text">
        Si <em>The Wire</em> iba de droga y <em>Treme</em> de m&uacute;sica, <em>The Deuce</em> va sobre la industria del cine porno antes del advenimiento del <em>home v&iacute;deo</em> (que es la historia que cuenta <em>Boogie Nights</em>). James Franco est&aacute; correcto haciendo de los gemelos Martino y Gary Carr est&aacute; sublime como el chulo irresistible de navaja f&aacute;cil, pero las estrellas son las chicas.
    </p><p class="article-text">
        Todas consiguen ser cercanas sin caer en el clich&eacute;: la pueblerina que se cree m&aacute;s lista de lo que es (Emily Meade), la peque&ntilde;a veterana que llora viendo <em>Historia de dos ciudades </em>(Dominique Fishbank), la pija feminista con un lado salvaje (Margarita Levieva). Pero sobre todo, la serie es de Maggie Gyllenhaal, que no hab&iacute;a encontrado un escaparate a la medida de su talento desde <em>Secretary</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Gyllenhaal tiene la extra&ntilde;a cualidad de transmitir cosas opuestas al mismo tiempo. Parece fr&aacute;gil y fuerte, c&aacute;lida y calculadora, superficial y m&iacute;stica, contempor&aacute;nea y <em>vintage</em>. En <em>The Deuce</em> saca todo el arsenal a la calle, y tambi&eacute;n algunos de los mejores di&aacute;logos.
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                Maggie Gyllenhaal es Candy, la fulana con el corazón de oro | The Deuce                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">No mires a la c&aacute;mara</h2><p class="article-text">
        Es ella quien le explica a las chicas el concepto de <em>royalty</em>, porque cobran una vez por rodar una pel&iacute;cula pero no cada vez que alguien la ve, ergo est&aacute;n trabajando gratis y encima pierden un cliente. Tambi&eacute;n le explica a un joven cumplea&ntilde;ero en qu&eacute; se parece su trabajo al de su padre en el concesionario de coches. Y, al hacerlo, nos se&ntilde;ala nuestros propios prejuicios, una trampa en la que habr&iacute;an ca&iacute;do hasta el librepensador m&aacute;s radical.
    </p><p class="article-text">
        Cuando va a rodar su primera pel&iacute;cula, no un jard&iacute;n con piscina del valle sino un s&oacute;tano, tem&aacute;tica vikinga, el director le dice <em>101 del cine: no mires a la c&aacute;mara, rompes la ilusi&oacute;n</em>. Su cara es un poema, iluminada y c&oacute;mica a la vez. La tem&aacute;tica vikinga tambi&eacute;n tiene su historia. Todas est&aacute;n en <a href="http://espop.es/catalogo/es-pop-ensayo/el-otro-hollywood/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El otro Hollywood, la historia oral del Porno</em></a> de Legs McNeil. 
    </p><p class="article-text">
        La actriz exigi&oacute; ser productora como condici&oacute;n para firmar el contrato, para asegurarse de que la serie respetaba a los personajes femeninos d&aacute;ndoles la complejidad que merecen. Aunque a&uacute;n no est&aacute; claro que <em>The Deuce</em> sea <a href="http://www.vulture.com/2017/08/maggie-gyllenhaal-the-deuce.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una serie feminista</a>, s&iacute; podemos afirmar que Candy tiene el mismo problema que todas las mujeres en todos los trabajos del mundo: da igual lo buena que seas, lo mucho que te esfuerces y el &eacute;xito que tengas. Siempre hay un hombre que quiere protegerte, explotarte o darte una lecci&oacute;n de humildad. En el Times Square del 1971 y en el de 2017.
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                Si te gusta James Franco, toma dos tazas                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La manzana m&aacute;s s&oacute;rdida de Am&eacute;rica</h3><p class="article-text">
        Rolling Stone llam&oacute; a Times Square &ldquo;la manzana m&aacute;s s&oacute;rdida de Am&eacute;rica&rdquo;. Los viajeros que llegaban al aeropuerto de NY <a href="https://www.theguardian.com/cities/2015/may/18/welcome-to-fear-city-the-inside-story-of-new-yorks-civil-war-40-years-on" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">eran recibidos con manuales de supervivencia</a> que aconsejaban no coger el metro, no salir despu&eacute;s de las seis de la tarde y no ir a Times Square. No siempre hab&iacute;a sido as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera ten&iacute;a ese nombre hasta la llegada del New York Times, en 1904. Y en los a&ntilde;os 20 era la manzana m&aacute;s famosa y burbujeante de la ciudad. Era el epicentro del espect&aacute;culo norteamericano, con fabulosos teatros, majestuosos cines y grandes hoteles de lujo como el Astor y el Knickerbocker. En 1927 hubo 264 espect&aacute;culos en Broadway, y todo el transporte p&uacute;blico desembocaba en West 42nd soltando r&iacute;os de gente. Todo era champ&aacute;n, m&uacute;sica y Fred Astaire hasta que lleg&oacute; la Gran Depresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La clase media huy&oacute; en masa buscando alquileres baratos. Los teatros y musicales quebraron y se convirtieron en Peepland y Show World. Las actrices y bailarinas de aquellos teatros se hicieron coristas y despu&eacute;s prostitutas. La II Guerra Mundial aceler&oacute; su ca&iacute;da: el alcalde La Guardia orden&oacute; apagar todas las luces de noche y los soldados pasaban sus permisos all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La revoluci&oacute;n sexual de los 60 empuj&oacute; la pornograf&iacute;a bajo la protecci&oacute;n de la primera enmienda. Cuando llegaron las tiendas de <em>Peep shows</em> a 25 c&eacute;ntimos en el 66, el barrio era ya una favela de mafias, prostituci&oacute;n y droga. La polic&iacute;a era escasa y corrupta, el crimen una epidemia. Se puede oler el ambientazo en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=qzFZyfNiQS8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este documental de 40 minutos</a> que hizo el artista Charlie Ahearn desde su ventana. El Nueva York de los 70 no era precisamente una fiesta. Y, sin embargo, hay quien lo extra&ntilde;a. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Bill Murray en Times Square                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Nostalgia burguesa por la era del terror</h2><p class="article-text">
        Cuando el cine de los a&ntilde;os 80 retrataba aquella decadencia, lo hac&iacute;a desde el terror burgu&eacute;s que hab&iacute;a huido a los barrios residenciales. Un tema recurrente en aquellas pel&iacute;culas era tener que coger el metro de noche o quedarse tirado con el coche en un barrio del centro, una mezcla entre <em>The walking dead</em> y <em>Mad Max</em>. Eso era entonces. <em>The Deuce</em> es la &uacute;ltima producci&oacute;n (<em>The Get Down</em>, <em>Vynil</em>) que mira ese caos con algo parecido al afecto, como un momento de libertad entre dos bloques de hast&iacute;o, mediocridad y represi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, la ficci&oacute;n parece mirar con una nostalgia aquel enjambre pre-sida del que nacieron los <em>happenings</em>, el RAP y la Factory. Sue&ntilde;a con los bloques abandonados en los que abr&iacute;a sus bellos agujeros el bello Gordon Matta-Clark. Se imagina las noches del CBGB con Richard Hell y Blondie, <a href="https://www.lacasaencendida.es/cine/paris-burning-jennie-livingston-7627" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los bailes drag</a>, el <a href="https://www.megustaleer.com/libro/eramos-unos-ninos/ES0042862" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hotel Chelsea de Robert Mapplethorpe y Patti Smith</a>.
    </p><p class="article-text">
        Parecer&iacute;a la misma clase nostalgia que gener&oacute; <em>Good Bye Lenin</em> por los a&ntilde;os del muro, un pasado m&aacute;s simple donde el alquiler es barato, el amor es eterno y se lee mucho porque no hay televisi&oacute;n. Pero aquello era una fantas&iacute;a libre de capitalismo, mientras que <em>The Deuce</em> es el retrato en crudo del libre mercado, un capitalismo puro donde lo &uacute;nico que te separa de la muerte es el chulo que te sacude, y la &uacute;nica manera de tener un trabajo fijo es trabajar para un mat&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hoy Times Square vuelve a ser el rinc&oacute;n de los grandes musicales, las cadenas de restaurantes y los estudios de televisi&oacute;n, pero sin el glamour de Fred Astaire y con 60 millones de turistas al a&ntilde;o. Los productores tuvieron que peinar los cinco <em>boroughs</em> a conciencia hasta encontrar un trozo de calle remotamente parecido al &ldquo;forty-deuce&rdquo; original. Al final, han rodado en la Avenida Amsterdam de Washington Heights, entre West 163rd y West 165th. Han a&ntilde;adido los arcades, cines X y hoteles de habitaciones por hora porque, con nostalgia o sin ella, aquel Nueva York est&aacute; <a href="http://www.eldiario.es/cultura/fenomenos/ultima-portada-Village_0_689431587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tan desaparecido como el esp&iacute;ritu del Village Voice</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Peirano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/lecciones-copyright-futuras-estrellas-porno_1_7469902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Sep 2017 17:51:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lecciones de Copyright para futuras estrellas del porno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[The deuce]]></media:keywords>
    </item>
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