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    <title><![CDATA[Vertele - Ignasi Franch]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Murder One': 25 años de la obra maestra olvidada que abrió la puerta a la televisión moderna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/murder-one-serie-obra-maestra-steven-bochco-television-moderna_1_7406977.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64538722-ac9c-4df3-a9a2-f32e1b6d3337_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Murder One&#039;: 25 años de la obra maestra olvidada que abrió la puerta a la televisión moderna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La apuesta del reputado showrunner Steven Bochco ('Policías de Nueva York') fue arriesgada: ¿una serie de abogados que explica una sola trama durante una temporada de 23 capítulos? El resultado chocó a una audiencia acostumbrada a propuestas menos exigentes</p></div><p class="article-text">
        Cada espectador puede se&ntilde;alar qu&eacute; series televisivas contribuyeron a cambiar el medio y abrir caminos a propuestas de mayor complejidad que trascend&iacute;an el esquema habitual de episodios autoconclusivos. Se suele hablar de <em>Twin Peaks</em>, <em>Los Sopranos</em>, <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em> o <em>The wire</em>, de <em>Expediente X</em>, <em>The shield</em> e incluso de <em>24 </em>por su apuesta por la narraci&oacute;n en supuesto tiempo real. Una de los habituales olvidados es <em><strong>Murder one</strong></em>, creado por un cl&aacute;sico de la ficci&oacute;n televisiva, <strong>Steven Bochco</strong>, junto a sus colaboradores Charles H. Eglee y Channing Gibson. Quiz&aacute; no es de extra&ntilde;ar porque otra important&iacute;sima aportaci&oacute;n de su creador, <em>Canci&oacute;n triste de Hill Street</em>, tampoco suele aparecer en estas quinielas.
    </p><p class="article-text">
        En 1981, <em><strong>Canci&oacute;n triste de Hill Street</strong></em> caus&oacute; impact&oacute; porque expandi&oacute; las convenciones de la televisi&oacute;n generalista de la &eacute;poca. Bochco, que se hab&iacute;a fogueado escribiendo guiones para series como <em>Colombo</em>, puso los fundamentos para que la ficci&oacute;n policial comenzase a modernizarse: emple&oacute; una est&eacute;tica agitada y una puesta en escena bulliciosa que buscaba un cierto verismo desmitificador, cont&oacute; con un grupo coral de personajes recurrentes cuyas relaciones cambiaban con el tiempo&hellip; y explic&oacute; tramas de largo desarrollo, adem&aacute;s de conflictos m&aacute;s acotados al cap&iacute;tulo semanal concreto.
    </p><p class="article-text">
        Una vez consolidado el &eacute;xito de esta apuesta relativamente rompedora, Bochco prosigui&oacute; en ese camino mediante los &eacute;xitos perdurables de <em><strong>La ley de los &Aacute;ngeles</strong></em> (estrenada en 1986) y <em><strong>Polic&iacute;as de Nueva York</strong></em> (estrenada en 1991). Su propuesta m&aacute;s ambiciosa quiz&aacute; naci&oacute; antes de tiempo. Lo que propon&iacute;a <em>Murder one</em>, cuyo primer cap&iacute;tulo se emiti&oacute; por primera vez el 19 de septiembre de 1995, fue demasiado audaz para su &eacute;poca: una temporada de veintitr&eacute;s cap&iacute;tulos volcados en una sola trama, en el caso de asesinato de una adolescente en Los &Aacute;ngeles y las andanzas de varios abogados que mantienen relaciones diversas con los sospechosos del crimen.
    </p><p class="article-text">
        En la premisa pod&iacute;an verse ecos de la m&iacute;tica <em>Twin Peaks</em>. Ambas propuestas part&iacute;an del hallazgo del cad&aacute;ver de una joven, de una imagen de destrucci&oacute;n de bellezas e inocencias. David Lynch tambi&eacute;n hab&iacute;a trabajado una sola trama de asesinato a m&aacute;s de diez cap&iacute;tulos vista. Con todo, el enfoque autoral y exc&eacute;ntrico de su obra la convert&iacute;a en algo especial, en un OVNI televisivo que cuidar. <em>Murder one</em>, en cambio, ten&iacute;a que ser solo una serie de abogados. Pero era <strong>una serie de abogados de una ambici&oacute;n casi desafiante</strong>.
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                Steven Bochco, creador de &#039;Canción triste de Hill Street&#039; o &#039;La ley de Los Ángeles&#039;                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">En un mundo oscuro</h2><p class="article-text">
        De nuevo, Bochco trabajaba para una televisi&oacute;n generalista que depend&iacute;a de los &iacute;ndices de audiencia y no de las suscripciones. Como buen posibilista, incluy&oacute; alguna concesi&oacute;n en su propuesta de riesgo: incrustaba tramas secundarias que duraban un solo cap&iacute;tulo y que facilitaban que un espectador casual no se sintiese tan perdido. A&uacute;n as&iacute;, ese enfoque supon&iacute;a una fuerte inversi&oacute;n respecto a din&aacute;micas previas: la <strong>trama de largo alcance</strong> era el grueso de la serie, y las situaciones que se resolv&iacute;an en cada episodio eran un complemento.
    </p><p class="article-text">
        Algunas reacciones fueron muy hostiles. Los responsables de la obra parec&iacute;an haber cometido un pecado de presuntuosidad. &iquest;El espectador televisivo, concebido entonces como perezoso y amante del cambio impulsivo de canal, deb&iacute;a encadenarse a una serie de trama continua y sin respiro durante seis meses de cita semanal? &iquest;Los di&aacute;logos no eran demasiado ambiciosos, demasiado largos, demasiado elaborados, casi petulantes?
    </p><p class="article-text">
        Vista hoy en d&iacute;a, <em>Murder one</em> se mantiene como una ficci&oacute;n de primer nivel en el desarrollo de una trama sostenida, en la creaci&oacute;n de di&aacute;logos y tambi&eacute;n en la caracterizaci&oacute;n de personajes. En este &uacute;ltimo aspecto, Bochco y compa&ntilde;&iacute;a contaron con algunos rostros conocidos de proyectos previos, comenzando por un <strong>Daniel Benzali</strong> que ofreci&oacute; una carism&aacute;tica interpretaci&oacute;n como el imponente abogado estrella Teddy Hoffman. Le secundaban nuevos fichajes como <strong>Patricia Clarkson</strong> o <strong>Stanley Tucci</strong> (nominado a un Emmy por su trabajo en la serie), que encarnaba a un inquietante magnate.
    </p><p class="article-text">
        Algunos detalles efectistas de montaje y posproducci&oacute;n nos recuerdan que estamos ante una obra a caballo entre dos &eacute;pocas: las herramientas anal&oacute;gicas comenzaban a ser desplazadas por la progresiva digitalizaci&oacute;n del medio. En los cr&eacute;ditos iniciales se hace un uso algo hortera de la creaci&oacute;n de im&aacute;genes computerizadas, que debilita el efecto de un sugerente tema musical a cargo de <strong>Mike Post</strong>. El compositor de las sinton&iacute;as de las mencionadas <em>Canci&oacute;n triste de Hill Street</em>, <em>La ley de los &Aacute;ngeles</em> o <em>Polic&iacute;as de Nueva York</em>, pero tambi&eacute;n de <em>El Equipo A</em>, <em>Ley y Orden</em> o la versi&oacute;n cl&aacute;sica de <em>Magnum</em>, recibi&oacute; su &uacute;nico premio Emmy por ese trabajo.
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            </figure><h2 class="article-text">Cr&oacute;nica de un pseudofracaso persistente</h2><p class="article-text">
        El trabajo legal de Hoffman y su bufete de abogados es el eje principal de esta serie donde, como afirmar&iacute;a despu&eacute;s el icono televisivo Gregory House, &ldquo;todo el mundo miente&rdquo;. O casi. Un crimen propulsa una serie de acontecimientos que salpican a <strong>multimillonarios arrogantes, ni&ntilde;atos de Hollywood adictos a las drogas, psic&oacute;logos sospechosos&hellip;</strong> La representaci&oacute;n del mundo del espect&aacute;culo y de las &eacute;lites sociales es tenebrosa: dominan la hipocres&iacute;a y los intereses turbios, a veces compartidos en redes secretas de complicidad entre personajes.
    </p><p class="article-text">
        En el mundo de <em>Murder one</em>, las puyas entre letrados y agentes de polic&iacute;a rozan el trash talking de un partido de la NBA, aunque raramente se pierdan las formas. Y no hay que olvidar el talante siniestro de la trama principal: una menor de edad que mantiene relaciones sexuales intr&iacute;nsecamente abusivas con adultos poderosos, a cambio de dinero y drogas, es asesinada durante lo que parece un juego sadomasoquista. Bochco complementaba ese relato sobre &eacute;lites corruptas y corruptoras con la escenificaci&oacute;n de circo medi&aacute;tico. En este aspecto, se inspiraba en un tema entonces candente en su pa&iacute;s natal: <strong>la cobertura del juicio por asesinato del deportista y actor O. J. Simpson</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los agoreros tuvieron raz&oacute;n: la apuesta era demasiado ambiciosa. <em>Murder one</em> alcanz&oacute; nueve nominaciones a los Emmy, pero los inicialmente prometedores &iacute;ndices de audiencia fueron debilit&aacute;ndose en los Estados Unidos. La gran recepci&oacute;n en el Reino Unido no supon&iacute;a un contrapeso suficiente a esa decepci&oacute;n. <strong>En Espa&ntilde;a, la serie se emiti&oacute; en Telecinco</strong> en un emplazamiento favorable (compart&iacute;a noche con una <em>Expediente X</em> en auge) con resultados discretos.
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                Abogados afrontando el intrincado caso de asesinato que centra &#039;Murder one&#039;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute;, <em>Murder one</em> tuvo una <strong>segunda temporada</strong>. Seg&uacute;n explica en su libro de memorias, <em>Truth is a total defense</em>, el mismo Bochco hizo m&aacute;s concesiones para intentar que el visionado de la obra fuese m&aacute;s f&aacute;cil, menos exigente. La segunda temporada constar&iacute;a de tres grandes arcos argumentales que se encabalgar&iacute;an: cuando un arco estaba terminando, el siguiente comenzaba a desplegarse. El mismo creador ser&iacute;a consciente de que, sin el concepto original, la propuesta quedaba desdibujada: &ldquo;Fue como quedarse ligeramente embarazada. O lo est&aacute;s o no lo est&aacute;s. Y nosotros no lo est&aacute;bamos&rdquo;, record&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Bochco tom&oacute; otra decisi&oacute;n de riesgo de cara a la nueva tanda de episodios: <strong>prescindir de Benzali</strong>, la estrella emergente de la serie. Fue audaz al contratarle (daba el protagonismo a un actor secundario en las ant&iacute;podas de los galanes televisivos) y tambi&eacute;n al despedirle. En <em>Truth is a total defense</em>, el showrunner da una versi&oacute;n bastante escatol&oacute;gica de los motivos del divorcio art&iacute;stico: el actor llegaba sistem&aacute;ticamente tarde a los rodajes por su ritual particular de tomar un caf&eacute; y esperar el momento de la defecaci&oacute;n antes de salir de su hogar. Su ritual no pod&iacute;a adaptarse ni en los horarios ni en los lugares, aunque la producci&oacute;n le ofreciese una casa m&aacute;s cercana al lugar de rodaje.
    </p><p class="article-text">
        Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s, el recuerdo de <em><strong>Murder one</strong></em> languidece injustamente. Las correspondientes ediciones videogr&aacute;ficas en formato DVD est&aacute;n descatalogadas, aunque pueden localizarse con cierta facilidad en mercados de segunda mano. Y las plataformas digitales no suelen recogerla en su cat&aacute;logo, aunque sea uno de los principales eslabones (&iquest;perdidos?) que une la televisi&oacute;n postcl&aacute;sica de <em>Canci&oacute;n triste de Hill Street</em> hasta <em>Expediente X</em> con el auge de una nueva seriefilia que explot&oacute; con el cambio de siglo. &iquest;Hacemos memoria?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Franch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/murder-one-serie-obra-maestra-steven-bochco-television-moderna_1_7406977.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2020 18:30:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Murder One': 25 años de la obra maestra olvidada que abrió la puerta a la televisión moderna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[series]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere Steven Bochco: el reformista que cambió la manera de plantear las series]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/steven-bochco-reformista-cambio-plantear_1_7411785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d90c9980-cd06-423c-a1b8-5e2fff82f7df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere Steven Bochco: el reformista que cambió la manera de plantear las series"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El creador de Canción triste de Hill Street o Policías de Nueva York apostó por géneros establecidos, por expandir convenciones más que por crearlas. Quizá por ello se ha infravalorado su aportación a la historia de la pequeña pantalla</p></div><p class="article-text">
        Cuando se trata de recordar aportaciones relevantes a la historia de las series, se repiten algunos sospechosos habituales: <em>Twin Peaks</em>, <em>Los Soprano</em>, <em>The Wire</em>... Pero no todas las series que han cambiado la ficci&oacute;n televisiva desprenden el fulgor de las propuestas autorales de David Chase, David Lynch o David Simon. Algunas han venido firmadas por profesionales m&aacute;s integrados en la industria, quiz&aacute; menos revolucionarios y m&aacute;s reformistas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n <em>Canci&oacute;n triste de Hill Street</em>, <em>La ley de Los </em><em>&Aacute;ngeles</em>, <em>Polic&iacute;as de Nueva York</em> o <em>Murder one</em>? Su creador: Steven Bochco, un profesional que, junto con otros guionistas como David Milch (<em>Deadwood</em>), dise&ntilde;&oacute; algunas series memorables.
    </p><p class="article-text">
        El estadounidense <strong>ha fallecido este lunes 2 de abril a los 74 a&ntilde;os</strong>, seg&uacute;n han confirmado su representante y su familia a medios locales.  Padec&iacute;a leucemia desde hac&iacute;a varios a&ntilde;os, y deja una carrera en la que ha trabajado g&eacute;neros tan consolidados como las ficciones de polic&iacute;as, abogados y m&eacute;dicos, dejando una huella profunda con varias de sus producciones.
    </p><h2 class="article-text">Una carrera de &eacute;xitos reconocibles</h2><p class="article-text">
        <strong>Canci&oacute;n triste de Hill Street,</strong><em>Canci&oacute;n triste de Hill Street</em> por ejemplo, supuso una sacudida en el panorama televisivo de 1981. En esa &eacute;poca, los cap&iacute;tulos de series sol&iacute;an ser autoconclusivos y pod&iacute;an visionarse de manera desordenada a trav&eacute;s de reposiciones. Las aventuras del teniente Columbo, por ejemplo, pod&iacute;an consumirse en cualquier momento. Los polic&iacute;as de Hill Street, en cambio, viv&iacute;an conflictos m&uacute;ltiples que iban plante&aacute;ndose y resolvi&eacute;ndose a lo largo de la serie, a varios cap&iacute;tulos vista.
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        La continuidad dejaba de ser patrimonio casi exclusivo de las telenovelas estadounidenses, las denominadas <em>soap operas</em>, para hacer acto de presencia en las ficciones de polic&iacute;as... y de abogados. El mismo Bochco crear&iacute;a, junto con Terry Louise Fisher, la tambi&eacute;n influyente y longeva <em>La ley de Los </em><em>&Aacute;ngeles</em>. Este ser&iacute;a el otro gran momento de gloria del guionista (con el permiso de la menos prestigiosa <em>Un m&eacute;dico precoz</em>) durante los a&ntilde;os ochenta.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su importancia hist&oacute;rica, <em>Canci&oacute;n triste de Hill Street</em> sigue resultando interesante. Se estren&oacute; en los inicios del reaganismo, bajo la influencia de los <em>thrillers</em> policiales <em>setenteros</em> de autores como Sidney Lumet (una de sus obras mayores, <em>El pr&iacute;ncipe de la ciudad</em>, se estrenar&iacute;a en el mismo 1981). Se pueden detectar ecos de la lucha por los derechos civiles y aceptaci&oacute;n de la conflictividad social. Aunque los relatos tiendan a una cierta autocomplacencia, supusieron un pu&ntilde;etazo en el est&oacute;mago para la audiencia de la &eacute;poca.
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            <span class="title">
                A lo largo de siete temporadas de emisión, Canción triste de Hill Street acumuló 96 nominaciones a los premios Emmy                            </span>
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        Se han loado repetidamente las innovaciones combinadas de la serie: protagonismo coral, enfoque realista en comparaci&oacute;n con los est&aacute;ndares del momento, filmaciones c&aacute;mara en mano que le daban un aspecto documental... Pero la suerte tambi&eacute;n jug&oacute; su papel: cuando la producci&oacute;n peligraba a causa de unas bajas cifras de audiencia, lleg&oacute; un espaldarazo en los premios Emmy en forma de ocho estatu&iacute;llas y un total de 21 nominaciones.
    </p><h2 class="article-text">M&aacute;s polic&iacute;as y abogados de calidad</h2><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de los noventa, Bochco sigui&oacute; lanzando series a un ritmo elevado. Sus dos principales triunfos ten&iacute;an ecos de sus &eacute;xitos previos. <em><strong>Polic&iacute;as de Nueva York</strong></em> fue una especie de nueva <em>Canci&oacute;n triste de Hill Street</em>, algo marcada por el contexto de hegemon&iacute;a neoliberal. De nuevo, se consideraba una propuesta pol&eacute;mica para los est&aacute;ndares de la televisi&oacute;n generalista. De nuevo, fue multipremiada y result&oacute; muy longeva. Otras ficciones policiales del guionistas y productor tuvieron mucho menos recorrido: ni <em>Brooklyn south</em> ni la extra&ntilde;a <em>Cop rock</em>, que intercalaba n&uacute;meros musicales en sus tramas, alcanzaron la segunda temporada.
    </p><p class="article-text">
        A mediados de los noventa comenzaba a ser frecuente que series ajenas al mundo de la telenovela incluyesen tramas abiertas de importancia creciente. En algunos casos, como <em>Expediente X</em>, el cap&iacute;tulo segu&iacute;a siendo la unidad de referencia. En otros, como <em>Babylon 5</em>, se iba experimentando con una narrativa algo m&aacute;s libre, con cap&iacute;tulos cada vez menos independientes y m&aacute;s interdependientes. En este contexto, naci&oacute; la injustamente olvidada<strong> </strong><em>Murder one</em>
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                Murder one fue una obra avanzada a su tiempo                            </span>
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        S&iacute;, <em>Murder one</em> era otra serie de abogados. Y pod&iacute;a destacar por su ritmo calmoso o sus di&aacute;logos cuidados, pero no se trataba de un experimento con las excentricidades de <em>Twin Peaks</em>, ni siquiera era una apuesta <em>freak</em> como <em>Cop rock</em>. Con todo, en el contexto de la televisi&oacute;n generalista de 1995, su planteamiento result&oacute; casi rupturista: los veintitr&eacute;s cap&iacute;tulos de la primera temporada se ocupaban de un &uacute;nico caso de asesinato.
    </p><p class="article-text">
        Una serie con una continuidad tan marcada se consider&oacute; dif&iacute;cil de seguir, provocando quejas de la audiencia y recelos de los ejecutivos. De cara a la segunda temporada, Bochco tuvo que defender un cierto posibilismo: en lugar de tratar de un solo homicidio, se abordar&iacute;an tres casos presentados de manera consecutiva. El empe&ntilde;o no cuaj&oacute;, y esta vez los premios no vinieron al rescate de una producci&oacute;n controvertida.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su escasa vida, <em>Murder one</em> fue una aportaci&oacute;n art&iacute;stica relevante. Evidenci&oacute; que quedaban caminos por abrir en el campo de la ficci&oacute;n televisiva. Bochco y compa&ntilde;&iacute;a plantearon un serial con visi&oacute;n de conjunto. Dejaron de considerar el episodio como la unidad narrativa principal y aspiraron a interesar a la audiencia sin lanzarle anzuelos constantes. Una cadena a la b&uacute;squeda de audiencias millonarias no pod&iacute;a correr el riesgo de perder a una audiencia acostumbrada a visionados casuales, pero plataformas como HBO ser&iacute;an m&aacute;s receptivas en el futuro.
    </p><h2 class="article-text">El Bochco del nuevo siglo</h2><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El &eacute;xito perdurable de <em>Polic&iacute;as de Nueva York</em> y la aportaci&oacute;n m&aacute;s incomprendida de <em>Murder one</em> han sido las dos &uacute;ltimas propuestas de Bochco que han impactado fuertemente en la manera de hacer televisi&oacute;n en los Estados Unidos. Su mirada a la denominada guerra contra el terrorismo,<strong> </strong><em>Over there</em> cay&oacute; tras una &uacute;nica temporada. Otras de sus ficciones, situadas en los habituales terrenos de la abogac&iacute;a (<strong>Philly, </strong><em>Philly</em><em>Ganando el jucio</em>) o la polic&iacute;a (<em><strong>Justicia ciega</strong></em>), encontraron un lugar discreto en el paisaje audiovisual y terminaron sus vidas con discreci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la aportaci&oacute;n m&aacute;s exitosa del Bochco reciente haya sido la apreciable serie de investigaci&oacute;n policial <em><strong>Asesinato en primer grado</strong></em>, estrenada en 2014. Su planteamiento fue an&aacute;logo al de <em>Murder one</em>: cada temporada trataba de un &uacute;nico caso, esta vez con los agentes de la ley en primer t&eacute;rmino. Lo que diecinueve a&ntilde;os atr&aacute;s fue un gesto valiente, se hab&iacute;a convertido en algo habitual. El empe&ntilde;o dur&oacute; tres temporadas.
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                &#039;Asesinato en primer grado&#039;, una de las últimas creaciones de Steven Bochco                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Franch]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2017 15:32:10 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Miedo y cinismo en tu televisor: las series y la cloaca geopolítica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/miedo-cinismo-televisor-series-geopolitica_1_7477872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdd6219a-59a5-4e96-8e36-8cdaf33a6e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miedo y cinismo en tu televisor: las series y la cloaca geopolítica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El politólogo Dominique Moïsi analiza la visión del mundo y de la política internacional ofrecidas en ficciones como House of cards, Homeland o Occupied</p></div><p class="article-text">
        El polit&oacute;logo Dominique Mo&iuml;si, comentarista en publicaciones como <em>The Guardian</em>, firma el libro <em>Geopol&iacute;tica de las series o el triunfo global del miedo</em> (Errata Naturae, 2017). Examina en clave geopol&iacute;tica ficciones de &eacute;xito como <em>Juego de tronos</em>, la versi&oacute;n estadounidense de <em>House of cards</em> o <em>Homeland</em>. El autor muestra  una visi&oacute;n pol&iacute;tica del mundo que se aleja del <em>think tank</em> derechista pero tampoco busca el choque contra el neoliberalismo.
    </p><p class="article-text">
        Generacionalmente, la propuesta tambi&eacute;n es particular. <em>Geopol&iacute;tica de las series</em> no est&aacute; firmado por un seri&eacute;filo <em>millenial</em> o de la generaci&oacute;n X, sino por un acad&eacute;mico que ronda los 70 a&ntilde;os.  A ratos, Mo&iuml;si parece nuestro padre o nuestro abuelo comentando series para hablar sobre pol&iacute;tica. Y ni siquiera ejerce de t&iacute;o provocador, como el fil&oacute;sofo esloveno Slavoj Zizek, porque el franc&eacute;s ejercita el pensamiento cr&iacute;tico pero se muestra m&aacute;s o menos cercano al <em>establishment</em> ca&iacute;do en desgracia de esa uropa que cre&iacute;a (o eso dec&iacute;a) en la cooperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mo&iuml;si combina la valoraci&oacute;n positiva de la calidad de las obras y la preocupaci&oacute;n por los mensajes que estas sugieren. Parte de la loanza a la teleserie como un arte narrativo maduro, que quiz&aacute; supera en calidad al cine comercial, y afirma que &ldquo;comprender el mundo de las series televisivas supone comprender el mundo&rdquo;. A la vez, considera que <em>Juego de tronos</em> y compa&ntilde;&iacute;a muestran una visi&oacute;n exageradamente pesimista de la naturaleza humana. El miedo deglute cualquier esperanza.
    </p><h3 class="article-text">Juego de tronos: que viva la muerte</h3><p class="article-text">
        <em>Juego de tronos</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Dominique Moïsi ve en &#039;Juego de tronos&#039; una cierta contemplación gozosa de la crueldad                            </span>
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        El &ldquo;winter is coming&rdquo; convertido en s&iacute;mbolo de la desconfianza en el futuro. Mo&iuml;si muestra una visi&oacute;n ambivalente de la adaptaci&oacute;n televisiva de la saga novelesca de George R. R. Martin como entretenimiento disfrutable que nos habla sobre algunos miedos de nuestro presente. <em>Juego de tronos</em> escenificar&iacute;a una inversi&oacute;n de las amenazas: si desde el Occidente actual se teme el calentamiento global y amenazas que vienen del sur, los adversarios de la ficci&oacute;n son el fr&iacute;o y un ej&eacute;rcito-masa que viene del norte.
    </p><p class="article-text">
        Mo&iuml;si recoge tambi&eacute;n una traslaci&oacute;n de las dinast&iacute;as y territorios de la serie al Oriente Medio real, ideada por la analista Alyssa Rosenberg. Y recalca la tendencia de la serie a presentar la empat&iacute;a y la piedad como debilidades. Todo ello visualiza una hegemon&iacute;a de la <em>realpolitik</em> en el peor sentido de la palabra: suele ganar el c&iacute;nico, el calculador, el despiadado. Aunque al final, dado el elevado &iacute;ndice de mortalidad de la serie, acaba venciendo solo la muerte. <em>Juego de Tronos</em>, dice el autor, nos sugiere que &ldquo;la Edad Media somos nosotros. No es 'regreso al futuro' sino 'ca&iacute;da en picado hacia el pasado'&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Downton Abbey: el pasado como refugio posible</h3><p class="article-text">
        <em>Downton Abbey</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Fiestas de la alta sociedad británica de inicios del siglo XX en &#039;Downton Abbey&#039;"
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                Fiestas de la alta sociedad británica de inicios del siglo XX en &#039;Downton Abbey&#039;                            </span>
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        Esta ficci&oacute;n brit&aacute;nica de se&ntilde;ores y criados ambientada en la Inglaterra de principios de siglo XX supondr&iacute;a una especie de inversi&oacute;n de la saga de Martin. &ldquo;Si <em>Juego de tronos</em> refleja nuestra fascinaci&oacute;n por el caos, <em>Downton Abbey</em> refleja un sentimento totalmente contradictorio, nuestra nostalgia por el orden&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mo&iuml;si ve en la serie una posible fascinaci&oacute;n por esplendores clasistas e imperiales del pasado. Por ello cita al historiador y jurista franc&eacute;s Alexis de Tocqueville, que describi&oacute; (&ldquo;con una mezcla de nostalgia, sentimiento de inevitabilidad y aprensi&oacute;n&rdquo;, recuerda) la creaci&oacute;n de los Estados Unidos en <em>La democracia en Am&eacute;rica</em>. A&uacute;n as&iacute;, tambi&eacute;n se&ntilde;ala que la serie puede criticar el presente explorando una cierta sensaci&oacute;n de aver&iacute;a del ascensor social.
    </p><p class="article-text">
        El franc&eacute;s especula sobre las maneras de mirar <em>Downton Abbey</em> en un mundo global. Desde el Reino Unido se escenifica un cierto proceso de convergencia con la sociedad estadounidense, porque la liturgia aristocr&aacute;tica se ve desplazada por el poder del dinero. A la vez, el espectador norteamericano puede observar ese viejo mundo con una cierta fascinaci&oacute;n. Y el p&uacute;blico chino podr&iacute;a mirar de manera altiva una ficci&oacute;n que parece a&ntilde;orar imperios pasados: &ldquo;Ya pod&eacute;is celebrar vuestro pasado, que el futuro nos pertenece a nosotros&rdquo;, resume Mo&iuml;si.
    </p><h3 class="article-text">Homeland: nosotros somos el enemigo</h3><p class="article-text">
        <em>Homeland</em>
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                La posibilidad de una infiltración enemiga es el punto de partida de &#039;Homeland&#039;                            </span>
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        <em>Homeland</em> versa sobre una sospecha. Su protagonista es un estadounidense repatriado de quien se teme que, despu&eacute;s de un cautiverio en manos de fundamentalistas isl&aacute;micos, pueda ejercer de agente doble. Si <em>Juego de tronos</em> puede apelar a miedos reales desde la fantas&iacute;a medievalizante, <em>Homeland</em> tratar&iacute;a directamente de la violencia vinculada con el fundamentalismo isl&aacute;mico.  Y del miedo al al terrorista inidentificable, al enemigo interior.
    </p><p class="article-text">
        Como recuerda Mo&iuml;si, <em>Homeland</em> es una ficci&oacute;n de espionaje. Por ello, tambi&eacute;n puede recordar a la Guerra Fr&iacute;a y a figuras hist&oacute;ricas como Kim Philby, un agente brit&aacute;nico de alto rango que se exili&oacute; en la URSS. En sus consideraciones sobre la serie, el autor lanza dardos a la diferente percepci&oacute;n de las amenazas de los atentados cometidos por pistoleros solitarios blancos y por otros pistoleros solitarios, en este caso de credo musulm&aacute;n, que dicen seguir &oacute;rdenes de Estado Isl&aacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        El polit&oacute;logo recalca el inter&eacute;s de la versi&oacute;n original israel&iacute; y parece detectar un impulso de cr&iacute;tica al intervencionismo que despunta a medida que pasan las temporadas de la serie. &iquest;<em>Homeland</em> se va decantado por el aislacionismo? Lo que es seguro es que su trama va ampliando la noci&oacute;n del enemigo interno: los agentes leales a la patria tambi&eacute;n pueden considerarse adversarios de las libertades.
    </p><h3 class="article-text">House of cards: fascinaci&oacute;n por el diablo</h3><p class="article-text">
        <em>House of cards</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;House of cards&#039; fomenta una turbia complicidad entre su despiadado protagonista y la audiencia                            </span>
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        Un adicto al poder, dispuesto a cometer todo tipo de cr&iacute;menes para conseguir la presidencia, es el protagonista de la versi&oacute;n estadounidense de <em>House of cards</em>. La compara con aquella <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em> que ahora, en tiempos de fascinaci&oacute;n televisiva por los soci&oacute;patas, es un prodigio de optimismo y luminosidad. Porque el Washington de <em>House of cards</em> es un escenario de <em>Juego de tronos</em>, plagada de figuras negativas, donde se trasciende el maquiavelismo para abandonarse a una cierta fascinaci&oacute;n por la crueldad.
    </p><p class="article-text">
        Por el camino, Mo&iuml;si ofrece un comentario a tener en cuenta. El original franc&eacute;s del libro fue publicado antes de las elecciones a la presidencia de los EE.UU. de 2016. Ya entonces especul&oacute; con la posibilidad que la serie protagonizada por Kevin Spacey y Robin Wright pudiese servir para explicar el posible fracaso de Hillary Clinton. Aunque la profec&iacute;a no es del todo acertada, porque el autor asum&iacute;a que el beneficiario solo pod&iacute;a ser un candidato republicano <em>centrista</em>.
    </p><p class="article-text">
        El franc&eacute;s tampoco parece acertar del todo cuando caracteriza a un audiovisual estadounidense autoflagelador, opuesto a las ficciones propagand&iacute;sticas que provienen de Rusia. Quiz&aacute; infravalora las hu&iacute;das autocomplacientes que permiten muchas ficciones tremendistas. O no asume que parte de la audiencia puede admirar a los ejecutores de soluciones dif&iacute;ciles y males dudosamente necesarios.
    </p><h3 class="article-text">Occupied: el mundo, comunidad de acosadores</h3><p class="article-text">
        <em>Occupied</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El fracaso de la comunidad internacional llega a una Noruega futurista en &#039;Occupied&#039;                            </span>
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        La &uacute;ltima serie analizada por Mo&iuml;si es <em>Occupied</em>, un <em>thriller</em> noruego de ficci&oacute;n pol&iacute;tica ambientada en un futuro cercano de cambio clim&aacute;tico y crisis energ&eacute;tica. Un pol&iacute;tico ecologista se convierte en presidente de Noruega y opta por detener la extracci&oacute;n de combustibles f&oacute;siles. La reacci&oacute;n es una invasi&oacute;n rusa, acometida con el benepl&aacute;cito de la Uni&oacute;n Europea y recibida con pasividad por Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Concebida por el novelista Jo Nesbo (<em>El mu&ntilde;eco de nieve</em>), la serie respeta algunas tendencias globales de la ficci&oacute;n televisiva. Aunque sea con una mirada diferenciada respecto al consenso neoliberal, ofrece otro retrato negativ&iacute;simo de la pol&iacute;tica mundial. Quiz&aacute; para compensar este fatalismo, Mo&iuml;sin acaba el libro con un cap&iacute;tulo de ensayo-ficci&oacute;n: imagina una serie de geopol&iacute;tica colaborativa, de aceptaci&oacute;n de la interdependencia y de cooperaci&oacute;n renuente de dos potencias como EE. UU. y China.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Franch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/vertele/noticias/miedo-cinismo-televisor-series-geopolitica_1_7477872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Oct 2017 14:27:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miedo y cinismo en tu televisor: las series y la cloaca geopolítica]]></media:title>
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