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Año Mariano

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Se ha cumplido el primer Año Mariano y ha habido de todo menos milagros, excepto el milagro de conseguir que casi nos olvidemos de lo incompetente que fue Zapatero porque Rajoy es otro tanto. Ha sido solo un año con Mariano pero se nos ha hecho muy largo porque han tenido tiempo de quitarnos lo que habíamos ganado en treinta años. Ha sido un año Mariano pero de 1974. Ha sido un año de engaños y decretazos, de ordeno y mando, de recorto y pego, de amnistías fiscales, rescates bancarios y desahucios. Ha sido un año Mariano pero no se nos ha aparecido la Virgen, se nos ha aparecido un ángel exterminador. Ha sido un año para olvidar pero para que no nos olvidemos en la vida de cuánta vida nos pueden robar en un año. Vamos a recordarlo.

Año Mariano, porque yo lo valgo. Mariano es muy mariano. Vamos que creyó que era la Virgen, que aparece y hace milagros. Rajoy pensó que bastaba con que él apareciese en la Moncloa para que bajara la prima de riesgo, acabase el desempleo y fluyese el crédito bancario. “Cuando yo gobierne bajará el paro”, dijo ufano. Porque yo lo valgo. Más de seis millones de parados hoy lo están recordando. Así se presentó a las elecciones, como un anuncio de champú, dándole jabón a los votantes y haciendo mucha espuma que se deshizo el primer día de mandato. Al segundo día vimos que no se había preparado para gobernarnos solo para ganar el cargo. Y al tercer día, empezó a engañarnos.

Año Mariano, año de engaños. Donde había dicho digo, dijo que iba a subir los impuestos. Trató de engañarnos aún más echándole la culpa a un agujero presupuestario que le había dejado el anterior Gobierno. Pero no coló porque el agujero también estaba en los arcas autonómicas que los suyos llevaban tiempo administrando. La excusa de la herencia recibida le duró dos telediarios. De TVE que los tiene controlados. También había asegurado que no subiría el IVA porque es un impuesto nada igualitario y se lo ha terminado subiendo incluso a la cultura y el material escolar. Pan y circo, esclavos, o sea, Eurovegas. Y mientras a los amos que llevan años defraudando, les regaló una amnistía fiscal que en lugar de perseguir a los ladrones, los ha legalizado. Año Mariano, año de desfalcos.

Año Mariano, año de esclavos, precarios y falsos milagros. A los pobres nos prometió los milagros de Fátima y resulta que se refería a Fátima Báñez. Nos prometió el milagro de la recuperación económica y la creación de empleo pero el único milagro de Fátima que hemos visto es la multiplicación de los parados de la ministra de Empleo. Su reforma laboral ha sido una demolición. Ahora en lugar de 5 millones de parados, tenemos 6 y pico. Sale tan barato despedir que a los empleados ya no los echan de uno en uno sino de ERE en ERE. Como dijo Andrea Fabra, que se jodan. Ahora además van a cobrar menos subsidio de paro. Menos mal que a los desempleados les queda Fátima, la ministra, que recientemente encontró la solución para ellos: se encomendó a la Virgen del Rocío “para crear trabajo”. Ole y ole. A dios rogando y con el mazo dando.

Año Mariano, a Dios rogando y con el mazo dando. Cuando echas tanta gente a la calle, es normal que la gente se eche a la calle a protestar. A Mariano y a los suyos no le gustan las manifestaciones que no han convocado. Prefieren modular el volumen de la gente hasta hacerla callar. Las manifestaciones ruidosas venden mal la “marca España” que su Gobierno está obsesionado en exportar como si España más que un país fuera un cartón de leche. En realidad, la marca España es una marca de leche. Es la marca que te deja en el cuerpo la leche de un policía nacional. Porque yo lo mando.

Año Mariano, ordeno y mando. En la calle, el Ejecutivo gobierna a porrazos. En el Parlamento, a decretazos. Han dejado el Congreso más inservible que el Senado. Cada viernes, el Consejo de Ministros anuncia un sablazo, un bajonazo a la Educación, a la Sanidad, a la investigación, al fomento del empleo, a la cooperación, al ciudadano en general. A los niños en el colegio ya no les amenazan con llevarles al consejo escolar sino al consejo de ministros. Ese elenco ministerial es para echarse a temblar. Cuando no es Wert el que te quiere españolizar, es Gallardón el que te pone a parir o De Guindos y Montoro, tanto monta monta tanto, los que te montan por detrás. No es un consejo de ministros, es un consejo de guerra. Y en esta guerra, cada día hay más bajas.

Año Mariano, desahucios, suicidios y rescates bancarios. En esta guerra hay dos bandos: los bancos y todos los demás. Los segundos hemos rescatado a los primeros aunque nos disparan con hipotecas abusivas, preferentes y desastres financieros. No podemos dejar que caigan, dicen que para evitar que caigamos nosotros. Pero nosotros ya estamos por los suelos. Algunos aplastados en el asfalto. Se han suicidado porque iban a ser desahuciados. Más bien los han tirado por la ventana de un “lanzamiento hipotecario”. Han tenido que morir dos personas para que el Gobierno de Mariano haga un decretillo muy insuficiente para detener unos pocos desalojos. Han puesto un parche a los desahucios. Se lo ha puesto en los ojos para no tener que verlos. 

Al que tampoco vemos es al presidente. Con semejante balance, no me extraña que las apariciones marianas de Rajoy en el Congreso y en los medios sean tan escasas como las apariciones de la Virgen. Y tan poco creíbles. 

Así ha sido el primer año Mariano por más que lo niegue Marhuenda. Tres más como éste yo no sé si los aguanto. Hoy empieza el segundo año. Que dios nos pille confesados.

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