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Aparatos, militantes, simpatizantes y ciudadanos

Para acortar la distancia entre militantes y votantes, las primarias para candidatos a encabezar el gobierno han de ser abiertas para tener sentido. Pero en Europa hay un cierto cansancio ciudadano respecto a este tipo de selección, que en algunos casos, incluido algunos en España, se ha visto corrompida por la fuerza de los aparatos de los partidos

Patxi López en el Congreso, escuchando a Pedro Sánchez en su escaño / EFE

Imagen de archivo de Patxi López en el Congreso, escuchando a Pedro Sánchez. EFE

Las primarias parecen una buena idea. Las he defendido. Pero depende cómo y para qué. Pues se pueden corromper, como ya ha ocurrido. No hay duda de que los electorados andan inquietos y quieren no sólo caras nuevas, sino ideas nuevas, que son más fáciles de proponer que de poner en práctica. Lo que está ocurriendo en Francia puede ser un buen ejemplo, aunque Marine Le Pen y su Frente Nacional no sean nuevas, pero sí la manera en que se ha reforzado, en uno de los países (a diferencia de España o Alemania) donde la gente (un 80%, según una reciente encuesta) quiere un o una líder fuerte que rompa las reglas. Hablamos de Europa, pues EEUU es otro universo político, aunque haya paralelismos y razones compartidas para lo que está ocurriendo.

En Alemania, el caso de Martin Schulz, nuevo candidato socialdemócrata a la Cancillería, persona poco implicada en la política nacional (sí en la europea como presidente de la Eurocámara) puede resultar significativo. Su partido, en congreso y sin primarias, tras la dimisión de Sigmar Gabriel, lo eligió y optó porque no entrara en el gobierno de coalición con Angela Merkel para ampliar su margen de maniobra. Y, al menos de momento, parece que han acertado. Hay un "efecto Schulz" en las encuestas. En mayo el congreso del SPD deberá decidir si, como parece, se convertirá también en presidente de un partido que no gusta de bicefalias.

¿Quién ha de elegir al jefe, secretario/a o presidente/a de un partido? Lo más lógico es que sean los militantes. Lo pueden hacer por primarias como el PSOE, en congreso como el PP, o en asamblea como Podemos este fin de semana. En muchos casos, por lo que hemos visto hasta ahora en España, pesan los aparatos y las organizaciones territoriales de forma excesiva en los congresos e incluso en las primarias. La antigua Convergencia suprimió las suyas hace años por ser un gasto inútil pues siempre salían los candidatos que señalaba la dirección.

Sin embargo, hay ganas ciudadanas de saltarse los aparatos. A la vez que puede haber un creciente distanciamiento entre militantes y votantes, como se está reflejando en el laborismo británico, puede pasar en el socialismo español según quién gane las primarias, y hasta con Podemos a la vista de lo que ocurra este fin de semana en Vistalegre 2.

Son más lógicas unas primarias cuando se trata de elegir quién va a ser el candidato de un partido en unas elecciones. Cuando se trata de una selección por distritos, como ha pasado con el PSOE, los aparatos locales pesan demasiado. Y a nivel nacional, también. En estos, y más aún en casos de candidatos a la presidencia de la República (Francia) o del gobierno (España), sería aconsejable seguir el sistema francés de "primarias ciudadanas", en las que pueden votar los militantes, claro, pero también los simpatizantes o simples ciudadanos. Claro está, facilitando la labor y no dificultándola como lo hace el reglamento del PSOE. En Francia, por ejemplo, para republicanos o socialistas, basta acercarse a la urna local, firmar un documento de apoyo a unos principios muy generales, y pagar dos euros.

Y entonces llegan las sorpresas. Entre los republicanos (centro derecha) Nicolas Sarkozy y Alain Juppé fueron barridos por François Fillon (más a la derecha, y que ahora tiene problemas por nepotismo). Y entre los socialistas, Manuel Valls por Benoît Hamon, más a la izquierda. Pero en cabeza de los sondeos para la primera vuelta de las presidenciales, va Marine Le Pen, indiscutida en su Frente Nacional de derecha extrema, populista, xenófobo y antieuropeo. En segundo lugar, y con grandes posibilidades para la segunda vuelta, Emmanuel Macron, exfinanciero exministro independiente de François Hollande, que puede acabar siendo la gran sorpresa de estas elecciones en abril, con un partido social liberal –En Marche! (¡En Marcha!)– recién creado que luego habrá de disputar en mayo las legislativas, lo que puede dar lugar a cohabitaciones curiosas.

Si gana Macron, la cuestión de las primarias perderá centralidad en Francia y de rebote en otros países. De hecho, hay un cansancio ciudadano con las primarias que se ha hecho notar en la más baja participación en ellas en Francia, en las últimas demócratas en Italia (con un Matteo Renzi que, a pesar de su dimisión, puede volver), y en otros lugares. Porque los partidos, aunque no se haya inventado nada mejor para articular la democracia, han perdido fuelle y atractivo. Frente a los aparatos y los militantes, imperan los ciudadanos (si es que la digitalización no nos ha convertido en meros usuarios, manipulables por toda suerte de fuerzas).

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