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A Cajamadrid robando y al ciudadano, reventándole

En este país hay dos varas de medir: una inflexible que azota al ciudadano y otra flexible que soporta toda la corrupción de la casta sin quebrarse. Mientras se pide cárcel para manifestantes del 15M, los Rato, Blesa y compañía están en libertad (con cargos en grandes empresas, en algunos casos)

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El virus del ébola y el virus de las tarjetas negras han vuelto a poner al descubierto que hay dos varas de medir en este país. La vara inflexible con la que se golpea casi a diario al ciudadano común y la vara flexible capaz de soportar toda la corrupción de las élites sin quebrarse. A la enfermera contagiada el Gobierno le sacó la vara para azotarla por mentirosa, descuidada y culpable. Igualito que en Estados Unidos, donde las autoridades han llamado heroína a la infectada y han asumido la responsabilidad del contagio. En España, sin embargo, el ciudadano es lo contrario del cliente, nunca tiene la razón, siempre la culpa.

Otro ejemplo ayer mismo: la Fiscalía empuñó el flagelo para pedir un total de 74 años de cárcel para los 14 imputados por la manifestación que dio lugar al 15M de 2011. Para todos los casos menos uno, el fiscal solicita más de dos años, lo que obligaría a la entrada en prisión. O sea, Rato y Blesa, que nos han costado el mayor rescate bancario, el mayor recorte de servicios sociales y el mayor caos social de la democracia, disfrutan de una acomodada libertad (y en el caso de Rato, de una libertad con cargos en grandes empresas y bancos) mientras que los que salieron a protestar por tejemanejes como los suyos podrían acabar entre rejas. Nos están diciendo que en España es más grave quemar un cajero que robar el banco.

Evidentemente, si se probasen los actos violentos de los detenidos del 15M, deben recibir una sanción, pero parece desproporcionado pedir el ingreso en prisión por altercados que no provocaron ningún herido y dejar en libertad a dos individuos que son parte de la causa de la pobreza, del desahucio, del desempleo de miles de familias y de los recortes en sanidad, dependencia, educación, cooperación… que se ceban con los más desprotegidos. Los contenedores ardiendo llenan muchas portadas tendenciosas pero los destrozos que han provocado los Blesa, Rato y compañía son infinitamente más dañinos, profundos y costosos de restaurar. Blesa y Rato no han quemado cubos de basura, ellos son el fuego.

Y mientras el fiscal quiere entrullar a manifestantes del 15M, el más esperanzador movimiento de regeneración de nuestra democracia, descubrimos que los degenerados consejeros de Caja Madrid se seguían gastando cientos de miles de euros con sus tarjetas negras en gastos personales después incluso de haber cesado en sus cargos, después también de la quiebra de la caja y al mismo tiempo que la entidad desahuciaba a miles de familias. Pero por ahora sólo tres personas, Blesa, Rato y Barcoj, están imputados por el juez Andreu. El fiscal general del Estado, Torres-Dulce, anuncia con flema británica que está esperando a ver qué le dice la Fiscalía Anticorrupción al respecto. Mientras él espera, la ciudadanía desespera.

La prisa que se dan para fulminar jueces incómodos se transforma en insufrible lentitud cuando se trata de castigar a los amigos corruptos. La Justicia no debe ser un ente impermeable al desasosiego de la calle. Nos repiten una y otra vez que tiene sus ritmos, pero hemos visto con frecuencia cómo la política los acelera o detiene. Ahora este país necesita una respuesta contundente, rápida y decidida que tranquilice a una ciudadanía que se siente estafada y hastiada. Pero aparece otra vez la doble vara. Tenemos una justicia que no responde a las demandas sociales de limpieza pero sí responde a las demandas políticas de depuración.

Los partidos políticos y sindicatos también están tardando en depurar sus impurezas. Todos prometen medidas radicales pero llevamos más de una semana esperándolas. Cuanto más tardan, más crece sobre ellos la sombra de la duda y hay una duda que ya no pueden despejar: cómo lo permitieron todos estos años. Lo de los empresarios madrileños es aún más grave. Admiten que siga en su puesto su presidente, Arturo Fernández, no sólo implicado en las tarjetas negras sino en otros muchos oscuros asuntos. Con una vara azotan a los trabajadores, con la otra le dan golpecitos a la grupa de su presidente para que siga trotando alegremente.

Y no nos olvidemos de que el jueves de esta semana el Gobierno llevará al Congreso su ley mordaza para fustigar a los que osen protestar en voz alta contra todos estos insoportables desmanes. El PP nos amenaza con la fusta que jamás aplicó a sus Blesas y Ratos. Fiscales, políticos, empresarios, Gobierno, están enviando un mensaje desolador a la ciudadanía: a Caja Madrid robando y al ciudadano, reventándole.

Javier Gallego es director de Carne Cruda. Escucha aquí el último programa.

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